Capítulo 72 ― Temporada Simarik IIIPalacio de las Estrellas

La Emperatriz Shizuru estaba tan perdida en sus pensamientos que no notaba el ambiente a su alrededor. Era tan pesado que cualquiera que apreciara su trabajo, hizo bien en tomar otro camino que cruzar el suyo de camino al palacio de las estrellas. Entró por la puerta y así vio a su hermana, cuyos cabellos rojizos estaban desperdigados sobre sus hombros, mientras la luz del sol del crepúsculo la bañaba con su calidez. Ya pronto sería la última noche antes de la boda de su querida Mai, pero cuando esta se volvió a mirarla, no vio la alegría de una futura novia en un día tan especial.

—Shizuru, hermana… realmente viniste.— Sonrió finalmente.

—¿Pensaste que me lo perdería?— Negó con la cabeza, como si tal cosa fuera una herejía y con la alegría de verla, naciendo en su corazón. —No te desharás tan fácil de mí.

—Eres la Emperatriz, estás demasiado ocupada.

—Nunca para mi hermana.

Las jóvenes se abrazaron y se sujetaron la una a la otra, por lo que pareció demasiado tiempo. El afecto sincero que la hermandad ofrece fue más que consolador para ambas, cuyas dificultades, aunque diferentes, nacían de la misma emoción. El amor que sentían por sus esposas, de las cuales carecían en algunos aspectos.

—Te ves cansada. ¿Qué tienes?— El brillo que solía iluminar los ojos rubí parecía ausente.

—¿Y tú? Pareces realmente triste, en un día que debería ser feliz. ¿Estás segura de que casarte con Reito es la solución?

Como si aquello fuera una invitación para el desahogo, la joven prometida le musitó sus pensamientos. —Sé que he tomado esta decisión deseando que mi bebé nazca dentro de una familia y reciba el respeto que merece. Sabes lo dolorosa que es la indiferencia o los juicios, y los niños no son conocidos por su compasión.— Este secreto era la razón de que nadie hubiera hecho el anuncio feliz, ni la emperatriz celebrara en nombre de la nueva integrante de la familia que está por nacer.

—Mai…— Suspiró el nombre de la mayor. —Kanzaki te desea como mujer, no sé cuánto más va a tolerar el que no seas su esposa en los términos prácticos de la palabra.— La expresión de Shizuru se tornó culpable, porque ella misma había pensado una cantidad de barbaridades debido a su falta de intimidad. También pesaba en ella el recuerdo de sí misma diciéndole a Derha que no podía ocupar el lugar de Natsuki, supo que ese fue el momento exacto en el que rompió lo que fuera que estuviera surgiendo entre las dos y a veces, cuando pensaba en ello, se sentía fuera de lugar en su cuerpo. —Le negarás tu afecto a alguien que te ama y lo dejarás permanecer cerca.— Lo que Shizuru sabe bien, es la más horrenda tortura y no acabará de buena forma. —Eso es la fórmula perfecta para que terminen siendo enemigos si te permites seguir con esto adelante.

—Reito es un hombre en el que confío y que alguna vez creí que sería el padre de mis hijos, es el hombre más leal que conozco.— Mai no quería llorar frente a su amada hermana menor, pero no pudo evitar que los cristalinos se formaran en sus ojos. —Pero Mikoto es la vida que fluye en mi alma, el latido de mi corazón y es en todo lo que pienso. Estoy vacía por su ausencia y me duele cada segundo que no está junto a mí.

—Entonces no te cases, sabes que estás tomando una decisión que te hará infeliz. Sé fiel a ti misma.— Pronunciar las mismas palabras que Ceret le dijo en el invernadero, delató una fisura en el rostro normalmente sereno de Shizuru.

—Soy fiel a mis convicciones. No sé cuándo volveré a ver a Mikoto y yo esperaré por ella toda mi vida, pero nuestra hija necesita un hogar y Reito quiere ser un padre para ella, una familia para darle sentido e identidad. Cuando Mikoto vuelva la enfrentaré con dignidad y le daré a conocer a Nova. Pero por ahora esta es la decisión con la que viviré de ahora en adelante.— Sentenció con una expresión firme. —Ahora mismo, no solo puedo pensar en mí, mi hija es la prioridad más grande.

—¿Nova, así se llamará mi querida sobrina?— Tener un nombre para llamarla le hacía bastante ilusión.

—Supe que… es el nombre que Mikoto siempre quiso ponerle a su descendencia.— Sonrió con añoranza. —No dudaría en cumplir su deseo, además me parece un nombre precioso.

—Sin duda, es precioso— Shizuru la admiró un poco más, considerando lo que estaba dispuesta a hacer por su bebé y en realidad la entendía. Las mujeres que se convertían en madres 'solteras' vivían un tormento, casi eran tratadas como prostitutas dignas del acecho de los hombres lascivos e irrespetuosos. Los niños que fueran el resultado de tales circunstancias, no solo eran tratados como ilegítimos… en muchos casos se consideraban personas de segunda categoría.

—¿Me dirás lo que te agobia a ti?— Se atrevió a preguntar la mayor con un gesto que solicitaba el permiso de la más joven.

—He solicitado a los escribas la disolución de las responsabilidades conyugales y tengo los documentos en el cajón de mi despacho. Pero aún no he sido capaz de hacer que Natsuki los firme…— Las palabras salieron sin filtro alguno y puede que Mai tuviera un derrame momentáneo, porque era imposible que su hermana dijera tal cosa. —Así de felices han sido estos días.— murmuró con ironía que disimulaba la derrota de su voz.

—¿Me estás tomando el pelo? No es una buena broma, Zuru…— dijo Mai, con voz nerviosa.

—Desearía que así fuera.

La joven pelirroja no era ajena a los comentarios entre los miembros de la aristocracia, dado que habitaba el Ala Sanguinis del palacio de las Estrellas, empleado para las familias colaterales de la sangre real. Desde entonces había sido invitada junto con Takumi a un sinnúmero de eventos en los que departía con las hijas y damas de los nobles de alto estatus, enterándose de las habladurías. La verdad es que le ardían los oídos cada vez que se mencionan asuntos en torno a la imperatoria, lo mucho que su aspecto de caballero atraía la mirada de las mujeres, parecía hacer olvidar a muchas de ellas, el hecho de que su cuerpo fuera el de una mujer bajo los atuendos majestuosos. Era incluso más escandaloso que hablen la presencia de su majestad en la casa Rohan o que rumorearan de sus amoríos ocultos con una dama pelirroja, aunque con esta última mención casi se ahogó con el té aquella vez.

Pero, ¿Significaba esto que Shizuru lo creía? —¿Estás haciendo caso de los rumores de la corte?— Dijo intentando no incordiar más a su hermana. —No puedo ni pensar que nada de eso sea verdad.

Esas habrían sido las palabras de Shizuru en el tiempo en el que vivieron en el paso, pero no ahora con todo lo que había pasado. —Los relatos inician como pequeños fragmentos de verdad, que luego se exageran. No puedo saber los alcances de las acciones de Natsuki que hayan propiciado habladurías semejantes.— La frialdad en los ojos de la castaña heló la sangre de la mayor, porque esa mirada estaba llena de una oscuridad que no había visto nunca en su hermana y podría atemorizar a cualquiera.

Shizuru se preguntaba si los rumores en el castillo de Fukka, aquellos que Chie desmintió, habían sido solo la cobertura de una amiga cómplice, pero pronto dejó a un lado esos pensamientos nefastos. Suspiró, la verdad es que existía una persona a la que podría preguntarle los detalles, pero… estaban peleadas.

—Entonces, les estás dando peso de verdad.

Shizuru asintió con una mueca triste. —Tendría la fuerza para ignorar el barullo, de no ser, por nuestras diferencias irreconciliables.

—¿Irreconciliables?— Palideció, porque sabía que cuando su hermana tomaba una decisión tan radical, eso solo podía significar que Kruger había quemado ya todas sus oportunidades.

—Amo a Natsuki…— comenzó diciendo ese hecho que era una verdad innegable y con ello le dio una breve esperanza a los iris violáceos de Mai. —Pero he comprendido que el amor por sí solo, no es suficiente.— Era sorprendente que lo dijera con tal serenidad, aunque era más grande la derrota entre sus manos. —Ella es la Imperatoria perfecta y una madre maravillosa cuya devoción por nuestras hijas es incuestionable. Su caballerosidad es capaz de hacer suspirar a cualquier mujer. Su presencia es cautivadora y su hermosura… no es de este mundo.— Aún la codiciaba, pero ya sabía que no la tendría para sí. —Vivir en el paso tranquilamente, fue el paraíso que no sabía que tenía en ese momento. Desde la convivencia, su romanticismo, su cuidado hasta la intimidad que era tan apasionada como un fuego cuya llama se elevaba hasta los cielos, tanto como mi propio deleite lo hizo. Pero nada ha sido igual desde entonces.— Admitió con tristeza. —He reflexionado largamente al respecto y sé que la perdí como esposa la horrible noche en la que mi padre asesinó al suyo.

—Fueron los actos de nuestro padre y… ¡él ya está muerto!— Refutó con indignación. —Esa justicia ya ha sido cobrada— Pero pronto recordó las palabras de Mikoto aquel lejano día en el templo, sobre los horrores que su cuñada vivió en la morada de su enemigo y a manos de esa mujer despreciable. Los ojos de Mai se ensancharon, encajando con el hecho de que Natsuki no le había dicho a su hermana lo que Nao le hizo. —Tal vez, hay otras… razones.— corrigió rauda. —¿Natsuki te ha hablado de los incidentes en el castillo Barbarak? ¿De las cosas terribles que le hicieron?— Cuestionó intentando dirigir la conversación en un hilo tal que le permitiera a su hermana conjeturar sobre ese asunto.

—Lo vi con mis propios ojos, su piel desgarrada más allá de lo que puede ser siquiera imaginable.— murmuró, recordando lo mal que estaba su cuerpo aquella vez cuando cambió sus vendajes en el templo de jade, en Fukka. —Su vida, que pendió de un hilo por la confabulación de padre con Nagi. Cada herida y momento de tortura, es como un veneno de ira y dolor que la corroe.— Recordó el peso de aquellas palabras de Natsuki, las que confesaban su deseo de morir, pronunciadas el día del juicio cuando discutió sobre la gravedad de la sentencia de Satoru. —Mi terquedad sobre nuestro padre fue una debilidad en mi corazón. Lo arruiné al suplicar por su vida, incluso al rogar por una muerte rápida. Creo que esa fue la traición más grande ante sus ojos. Al final solo le di una razón entre muchas para odiarme…— Sentenció Shizuru con lágrimas bajando por sus mejillas.

—También le has dado inmensas alegrías.— Defendió Mai, porque no podría ver tanta felicidad en la cara de Kruger, como cuando sus hijas nacieron. —Sus hijas son un regalo para todos, incluida ella.

—Tal vez es por eso que no ha roto el matrimonio.— Dijo con una expresión que no escondía su angustia. Shizuru temía que su actuar sea una venganza silenciosa o que todo se redujera a algo simple y Ceret hubiera dicho la verdad, que Nao es mejor amante, más apasionada y en verdad hermosa… ¿Es que esa mujer realmente fue tan irresistible como para conseguir la pasión que ella no pudo despertar en Natsuki? Shizuru no pudo evitar pensar en ella y la imagen de su rival llenó su mente.

Sin otro remedio y con el secreto en la punta de la lengua, Mai abrazó a su hermana con el peso de la culpa que guardar tan valiosa información le ocasionaba. La menor se abrigó en el hombro que le fue ofrecido incondicionalmente con llorosos desconsolados y allí permaneció durante largos minutos, hasta que la calma llegó por sí misma con los suspiros entrecortados y el movimiento tembloroso de su espalda.

—No encuentro otra razón para que mi esposa me rechace tan evidentemente. Entiendo que fue torturada y detesta el contacto de las personas, pero… ¿Por qué me excluye a mí? ¿Estoy al nivel de esos mastines?— Soltó una risa amarga que contenía los nudos en su garganta. —Si no me conociera y esas culpas no pesaran en nuestra familia, en ese caso… ¿Tendría más oportunidades?— Negó con la cabeza, abatida. —Me conoce y aun así, ella me desprecia y rehúye de mi tacto.

—Si conozco un poco a Kruger, ella no posaría en tus hombros las faltas de nuestro padre. Tal vez se enoje por las circunstancias, pero no podría dejar de amarte por eso. ¿Has considerado que se deba a otra circunstancia? ¿Shizuru tú no ves cuanto te pertenece la Imperatoria?

El peso había atenuado con esta permisión y el pensamiento que se había arraigado en la cabeza de la joven se hizo una voz susurrada en sus labios. —Natsuki no es mía y no quiere serlo. La toqué y fue horrible para las dos.— Recordó los acontecimientos recientes, se había sentido la peor persona por tratar de hacerle el amor a su esposa, en la ducha… en el despacho y fue como si estuviera yendo contra su voluntad, rompiendo un hilo delgado entre las dos. —Creo que la forcé a complacerme.— Se cubrió la cara con las manos incapaz de admitir este pecado.

Los ojos de Mai se abrieron asustados. —¿La forzaste? Shizuru… esas son palabras demasiado graves.

—Necesitaba sentir que su amor aún late por mí. Anhelaba tanto que me amara y me demostrara toda la pasión que solía sentir. — Aceptó esta verdad con la voz ligeramente rota. —Ocurrió en medio de una discusión, estaba diciendo cosas frías y después, la tenía acorralándome. Fue un momento de desenfreno y tensión que me tomó por sorpresa. No la había tenido tan cerca en mucho tiempo, ni había visto sus ojos tan llenos de deseo, mis esperanzas volaron en las alas de las mariposas que revoloteaban en mi pecho y le permití hacerme el amor en mi despacho de una forma tan bochornosa e indigna.— La vergüenza tiñó sus mejillas porque nunca pensó que cedería a sus deseos en un lugar como aquel. Claro que… ese lado de su esposa la había deslumbrado y se sentía como un deseo culposo. Pero al final solo fue eso… un breve destello de una flama ahora extinta.

Mai eligió sabiamente el silencio, miró a su hermana, intentando no juzgar tales arrebatos porque tampoco es que fuera una experta en la materia. Sí, su noche con Mikoto fue larga y maravillosa. La primera vez fue intensa y desordenada, pero las siguientes estuvieron plagadas de dulzura y se reservaron al anonimato de sus aposentos privados. ¡Al averno! Le habría hecho el amor a Mikoto incluso si estuvieran en el bosque bajo la luz de la luna, así que no había nada juzgable o indigno en las palabras de su hermana, ¡eran esposas por todos los cielos! ¿Qué tan prohibido sería eso? Negoció finalmente la de ojos violáceos en su mente.

—No creo que hicieras nada malo, Zuru.— Se aclaró la garganta. —Es tu esposa y ambas lo querían. Te hizo el amor, aunque el lugar fuera un tanto fortuito… seguramente le pudo el deseo.— La joven intuyó que si la chica perdió los estribos cayendo ante su hermana como un lobo salvaje, no es que la pasión hubiera muerto, el problema era otro.

Lo mismo había creído ella, sonrió resignada Shizuru. —Pensé que todo se había solucionado y quise mostrar mi amor por ella a través de mis manos— Había notas de ilusión en la voz de la más joven, que se fueron apagando poco a poco. —Todo se torció horriblemente, cuando sus ojos me miraron con tanto repudio, me sentí la persona más miserable. Su toque y su pasión son cosas de las que no soy digna… o eso hizo parecer.

—¿Digna? Shizuru… no sé de alguien cuya dignidad hubiera sido más grande. Tú fuiste leal, hermana. Incluso cuando todos creímos que había muerto.

La aludida sonrió sabiendo que de nada servía. —La única razón que puedo encontrar para que las cosas sean así. Es que su odio fue más fuerte, pero me hizo lo que me hizo en mi oficina, porque era su deber conyugal, porque yo lo necesitaba. Fue como algo que haces porque tienes que hacerlo.— Desveló la espina que recibió y su rostro delató lo mucho que eso lastimó sus sentimientos. —Al final de las cosas, soy la hija de mi padre, el que asesinó al suyo y la dejó en una situación tan vulnerable con su peor enemigo. Por eso, tal vez… Natsuki ocupa su interés en las señoritas de la casa Rohan, saciando allí la lujuria que se reniega a ocupar conmigo para no ceder, no cuando soy yo quien intenta seducirla.— La desesperación de Shizuru alcanzó alturas sin parangón cuando reveló algunos de los temores que la atormentaban. —Dicen que las mujeres de la noche conocen secretos de cama, qué mujeres como nosotras desconocemos. ¿Acaso alguna de ellas ha robado su afecto de mis manos?— Se mordió la punta del pulgar con ansiedad. Incluso ella, que se jactaba de tener blindado el pecho, ahora desbordaba de emociones por otras personas que no eran exactamente su esposa. ¿Por qué Natsuki sería inmune en medio de tal distanciamiento?

—Ella no haría eso y lo sabes. Estás pensando demasiado en cosas que los demás dijeron.

La castaña asintió, suspirando largamente, para recuperar la calma que la eludía, porque se sumía en pensamientos demasiado oscuros cuando le daba tanta libertad a las dudas en su mente. —Es cierto, me estoy torturando con esos pensamientos y no tengo la certeza de su veracidad, porque son palabras que soltaron al viento con la intención de herirme.— Shizuru suspiró agobiada, porque no pudo encontrar a la fuente de tales aseveraciones maliciosas. Así que dejó de buscar y centró su atención en las pocas cosas que sabe. —Una cosa es cierta, aunque somos esposas… Ahora mismo no tengo a Natsuki. Entonces, nos convertimos en… ¿En amigas que crían a sus hijas con ternura?— No pudo encontrar otra descripción adecuada. —No quiero ser una persona desagradable que se aferra a ella… y me duele la vida entera soltarla. Pero, ¿crees que ella sería feliz si dejara de codiciarla? ¿Tal vez solo quiere que seamos las madres de nuestras hijas? ¿Si dejara de molestarla sería feliz finalmente?

—Zuru… ella se moriría si te pierde.

—... Moriría si pierde a Erin y a Tsukira.— Acotó, sabiendo que esa sería una estocada fatal para Natsuki.

Con esas palabras, Mai supo que ahora mismo no había nada que pudiera decir para cambiar las ideas de su hermana. —No creo que sea prudente poner a mis sobrinas en esa balanza, es una clase de amor diferente.

—Lo sé, ellas son mi vida y las amo con toda mi alma. Pero duele ver que mi esposa solo les muestra amor a ellas…— Shizuru pensaba que, el hecho de que ella fuera o viniera, incluso que se acostara con otra persona, era algo que a Natsuki no le importaba. —Si me acuesto con Derha o con… quien yo elija, ella lo dejaría ser. Y yo estoy muriendo de solo pensar que le haga el amor a otra mujer, entonces hay algo mal en mi forma de amar porque… soy tan egoísta.— Expuso con voz dolida, más que consciente de la ideología de los dioses en torno a las relaciones. —¿Realmente me prefiere en brazos de otra persona antes que en los suyos?

—¿Te dijo eso?— Mai abrió los ojos, con cara abrumada. Tenía muy poco de contexto sobre el hecho de que ahora había dos 'Natsuki's' caminando por el mundo, aunque una de ellas era una diosa milenaria y la otra, fuera la chica que conoció en Tsu como un sirviente infiltrado en su casa. Sin embargo, lo que más la espantó fue escuchar el asunto de los matrimonios múltiples.

Shizuru asintió.

¿Las relaciones celestiales eran así de libres? Claro que, contemplando la longitud de sus vidas, suponía que era lógico. Pero no se imaginó que fueran de este tipo. ¿Realmente, hablaban de tener intimidad con más de una persona, incluso sin un anillo de por medio? Su latido pudo pender de un hilo al suponer que Mikoto podría tener muchas esposas o amantes tan solo basándose en la idiosincrasia de los dioses. Recientemente, había charlado con Elfir y el asunto de sus dos esposas se mencionó brevemente, aunque ella tenía problemas con ser aceptada por De'Zire. —¿Crees que Mikoto piensa igual?

—No sabría decirte.— Shizuru levantó los hombros lamentando no saber. De hecho, no se había cuestionado si Mikoto, que es una diosa primordial de tercera generación y ha vivido milenios, no tiene alguna prometida por ahí, o al menos un interés romántico, semejante al caso de Shura. Incluso podría tener una esposa, como Ceret lo es de Derha… y rogaba porque no, pues eso causaría una enorme pena a su hermana.

—Espero que no… asesinaría a alguien si así fuera.— Dijo Mai y entonces comprendió más a fondo los sentimientos de su hermana, por lo que prefirió llevar la conversación a otras aguas. —Entonces, ¿cómo van las cosas con Ceret? ¿Sigue molestándote que sea la esposa de… esas dos?

Shizuru negó con la cabeza en respuesta, es cierto que ella no se tomó muy bien el matrimonio previo de Derha con Ceret, aunque ahora le parecía tan natural, como el hermoso color azul de un mar en calma en los iris de la dama; de hecho, no acaba de entender por qué no se sentía amenazada por ella, al contrario, la quería todo lo cerca que pudiera tenerla y verla sonreír era la clase de cosa que le alegraba el día, incluso era divertido recibir sus insinuaciones y jugar un poco con las palabras.

—Dijiste que se hicieron amigas…— añadió Mai ante el mutismo de su hermana.

—Pero peleamos y perdí algo más que una… amiga.— Shizuru se abrazó a sí misma sobre la cama, apoyando su mejilla sobre sus antebrazos cruzados y los ojos de Mai se abrieron. Tenía la misma mueca de pérdida que hace dos segundos cuando estaba hablando de Natsuki.

Mai intentó no hacerse ideas raras, después de todo Shizuru no tuvo demasiadas amistades y tal vez, una diosa milenaria tan hermosa como el lirio de sangre con púas azules, es… ¿Irresistible? ¿Enigmática? ¿Más que atractiva? ¡Rayos! ¿Shizuru podría ser atraída por su encanto? Mai se obligó a mantener la calma y centrarse en lo que su hermana necesitaba. —¿Pelearon? ¿Por qué?

—Ahora mismo no quiero creer que ella me dijera cosas tan crueles. Porque nada de esto tiene sentido…— se quejó con dolor en su voz, mirando en los ojos tiernos y preocupados de Mai, quien comenzó a sudar frío, temiendo que sentimientos nuevos estuvieran naciendo en su querida Shizuru. —La conozco y sé por su juicio que tales palabras son imposibles en sus labios, pero de todas formas se repiten en mis oídos como un eco odioso que me lastima.— Gimió un poco, porque sus emociones estaban lastimadas e intentar ser fuerte todo el tiempo era extremadamente difícil, pues no solo perdía a su esposa que es y será el amor de su vida; sino también a alguien que se hizo tan importante sin que siquiera se diera cuenta.

—¿Qué te dijo que fue tan terrible para ti?

—Me dio a entender que Nao es mejor que yo… para Natsuki. Sea por su belleza comparable a la de la propia Ceret o su pasión, que supongo se refiere a su habilidad en la cama.— Shizuru casi escupió las palabras, todavía indignada.

Mai pestañeó, incrédula. Por lo absurdo de la situación, siendo Ceret la diosa de la memoria, no le cabe la menor duda que la dama sabe lo que le pasó a Natsuki a manos de Nao y decir tales palabras, sería la ofensa más grande no solo a su hermana, ella podría ser odiada por la Imperatoria si esta se enterara. —Yo tampoco lo creo.

Shizuru se sintió satisfecha por las palabras de Mai. —Me confunde… hace una semana me salvó de romperme el cuello en las escaleras cuando resbalé. Entonces, ¿Por qué sigue cuidándome si esas odiosas palabras son ciertas? ¿Por qué salvarme? Su vida sería más fácil si yo muriera, pero… de todos modos, me salvó.

—Gracias a los dioses…— Mai posó su mano sobre su pecho, aliviada y agradecida por la protección de la diosa de la memoria, aunque a su pesar ya no le cabía duda que su hermana sentía por Ceret cosas mucho más fuertes que una simple amistad no explicaba, pero ¿Shizuru era consciente de ello? —¿Qué fue lo que pasó ese día?

—Ceret me abrazó en el aire cuando estaba cayendo y yo me aferré a ella. Aunque pasé un terrible bochorno por sostenerme de su… ancla.— Sonrió al recordar la forma en la que lo dijo con la cara ardiendo, pues aquello todavía la hacía sonreír con su recuerdo. Mai no entendió la idea del ancla, hasta que Shizuru señaló su propio pecho… sonrojándose en el acto.

Ahora su miedo se había multiplicado. Es obvio que Shizuru gusta de Ceret y no es del tipo fraterno… —Un accidente sin duda.— Susurró sintiendo una gota fría en su espalda.

La castaña asintió. —Paso de largo sobre mi vergüenza y fue tan natural, que nos reímos. Pudo haber calidez entre nosotras; por un momento todo fue como antes.— Suspiró, deseando que aquello hubiera permanecido de ese modo. —Pero hace dos días, yo estaba tan enojada en la discusión que tuve con mi esposa, que dije cosas horribles sobre ella y Natsuki, como si ellas se relacionaran a mis espaldas. Cuándo sé que Ceret, es incluso más repudiada por nuestra esposa.— y la realización del sentimiento, le hizo empatizar todavía más con ella, porque era horrible ser rechazada así. Su juicio de sí misma era peor con cada segundo que pasaba analizando las cosas. —Y hoy, hace unas horas… intentó hablarme, pero yo terminé corriendo en la dirección contraria cuando preguntó sobre nuestra discusión en el invernadero.— La desesperación era tangible en la faz de la castaña, quien se notaba fatigada física y emocionalmente con todas las cosas que pasaban a su alrededor.

—Shizuru, vas a colapsar si sigues así. Te ves pálida y cansada, por no decir, triste hasta la médula.— Mai volvió a acunarla en sus brazos.

—Esto me sobrepasa, he dicho y he hecho cosas que… me llenan de lamentaciones, culpa y vergüenza.— Confesó, escondiendo su rostro en sus brazos. —Es como si no fuera yo misma. Enloquecí… siento cosas que no entiendo y quiero hacer o decir algo, pero termino murmurando palabras horribles a las personas que amo. Me siento perdida y derrotada, estoy realmente sola…— expresó finalmente, la soledad se convirtió en su más frecuente compañera en los últimos días.

—Me tienes siempre, Zuru.— Le musitó con dulzura y consuelo, besando la coronilla de los cabellos castaños, cuyos preciosos bucles le hacían cosquillas en las mejillas. —Estás muy estresada, ser emperatriz no es fácil y ser madre… por dios. Son demasiadas responsabilidades juntas que pesan sobre tus hombros; y no hace mucho, eras la niña de nuestra casa que podía pasar sus tardes leyendo libros en el roble del jardín.— Acarició la espalda con ternura y afecto profundo. —Has afrontado adversidades impresionantes y apenas tienes tiempo para hacer cualquier cosa que te guste.

—Es verdad, me siento cansada y sin importar los alimentos sobrenaturales o el animus que abunda junto a Derha, Natsuki y Ceret, despertar me está costando cada vez más.— Suspiró, sin atreverse a decir que algunas veces querría no despertar, pero luego recuerda que tiene a sus bebés y se arrepiente profundamente sintiéndose una persona terrible.

—Entonces tomemos un tiempo, ¿quieres ir a casa?

—¿A casa?— Shizuru pensó que su hermana hablaba de ir al palacio de los lirios, pero ya tenía suficiente de estar allí.

—A Tsu, un tiempo… sin las presiones de la emperatriz.

La mirada emocionada de Mai hacía parecer aquello como la solución a todos los males y aunque le pareció descabellado en principio, cuanto más pensó en lo mucho que podría ver a sus bebés disfrutando de la naturaleza con la vista de los viñedos que tanto amaba, más agradable se le hizo la idea. —A decir verdad, suena bien.

—Vamos, piénsalo… si tomas un poco de distancia, puede que respirar aire fresco te dé una nueva perspectiva. Y si Natsuki te extraña, tal vez te persiga a casa. Después de todo es el lugar en el que todo inició…

Natsuki yendo a buscarla, fue una idea romántica y encantadora, aunque irrealizable. Lo demás tenía sentido. —Ordenaré mis deberes para que no sea demasiado inconveniente y entonces tomaré ese tiempo aparte.

—¡Iremos juntas!— Dijo la pelirroja de ojos violáceos con tono alegre. Shizuru no pudo contener una sonrisa ante la efervescencia contagiosa de Mai, quien feliz de recomponer los ánimos de su hermana menor, besó su mejilla y la abrazó con afecto sincero, sujetándola como si fuera un peluche de felpa muy lindo. —Así acapararé a mi hermana y a mis sobrinas. Les prepararé las galletas que más te gustan y nuestras niñas sabrán por qué a su mamá le gustan tanto.

La joven Viola jamás se había mostrado así ante su hermana, pero fue un alivio hacerlo, porque tenía alguien que la sostenía en sus brazos cuando le faltaban fuerzas para ponerse en pie. Le agradeció a los dioses dentro de su corazón, sintiéndose afortunada por tenerla consigo. —Te amo, Mai… gracias por ser mi hermana.

—Hay… que alegría que lo digas. Yo también te amo y ahora no voy a soltarte ni un poco.— Amenazó, con una ternura que eliminó el factor coactivo de las palabras.

Shizuru soltó una carcajada limpia mientras devolvía el abrazo con firmeza y ambas permanecieron así, hasta que una de las doncellas recordó a sus señoras que si no se arreglaban para la fiesta, llegarían demasiado tarde, lo cual sería sumamente descortés con las invitadas. Sin otro remedio, las dos se prepararon para el pequeño agasajo que tendría lugar en el Salón de los Cometas, sitio del palacio de las estrellas destinado a las recepciones y eventos cuya envergadura no ocupara el salón de baile del castillo Silene en el que podrían aceptar cientos de invitados. Dado que era un momento privado, apenas estarían presentes las personas más cercanas, por lo que las jóvenes se dirigieron al lugar tras ataviarse correctamente.

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La mansión Lombard.

La carta de invitación de Reito Kanzaki, quien se sentía como un desconocido para Akira, fue realmente una sorpresa inesperada. No sabía por qué había insistido en que asistiera al evento, aunque consideró que sería un desaire desagradable con el futuro concuñado de su majestad. Suponía que un agasajo del último día de soltero de un hombre, debería ocurrir con la presencia de sus amigos más cercanos; pero estaba claro para el marqués, que fue invitado por motivaciones diferentes. Sabía que la familia Lombard se había ofrecido a realizar el festejo en su casa recreativa y que algunos darían un brazo por acudir a sus celebraciones privadas, pero se preguntaba cuáles eran las intenciones de Bastian Lombard. El cabeza de familia de los Lombard era un viejo zorro y Hanzo, su padre, le había advertido que era alguien bueno para tener como amigo, pero peligroso como enemigo. Así que haría bien en no desairarle y aunque Akira no estaba demasiado entusiasmado de acudir a la velada, de todos modos fue.

Nada más arribar a la casa recreativa de los Lombard, Bastian no tardó en recibirle con amabilidad y fue llevado a la sala privada en la que se alivió de encontrarse con Natsuki, quien pareció realmente alegre de verlo allí. —Celebro su presencia, majestad…— La reverenció protocolariamente, dado que tenían puestas las miradas de muchos, aunque al mirarle le pareció que era más alta, de hombros más amplios y diferente. Se veía más andrógina, ¿eran figuraciones suyas?

—Yo celebro mi suerte…— admitió la de mirar esmeralda con voz baja, feliz de tener la compañía de Akira allí. —La idea de estar aquí solitariamente, en medio de una docena de ebrios, no se antojaba agradable.— murmuró lo último lo suficientemente bajo para no agraviar a Bastian, quien estaba realmente contento de que la imperatoria hubiera asistido. —Habría deseado quedarme con mi esposa e hijas en el palacio, pero me apenaría insultar a Mai con una conducta evasiva hacia su futuro esposo.— Mintió un poco, porque ni sus hijas estarían en casa debido a su tiempo de calidad con los abuelos, ni Shizuru quería verla… y ojalá la fiesta de las chicas fuera más divertida, se inclinó levemente como murmurando un secreto. —Es la parte mala de ser tratada como un señor de alto rango.

Con aquel movimiento, Akira vio la manzana de Adán en su garganta y comprendió que este era otro de los muchos misterios de su estimada majestad, por lo que simplemente lo aceptó sin decir una palabra, confiando como siempre. —Lo entiendo perfectamente, aunque admito que soy nuevo en esto de la hermandad masculina, por lo que tampoco entiendo ciertos preceptos entre los señores.— Akira sonrió apenado, aunque dada su proximidad con Natsuki y la tradición de la familia Okuzaki en la aristocracia, había sido fácil obtener aliados cada vez más numerosos. —El señor Lombard y yo ya hemos tratado anteriormente, sé que es bastante considerado en múltiples aspectos. Por lo que incluso si hay eventos destinados a la carnalidad más banal, con la presencia de las acompañantes de la casa Rohan, podremos excusarnos sin dificultad alguna, dado que yo estoy comprometido y usted está casada y con hijas.

—¿Carnalidad banal?— Natsuki palideció ante las palabras de su amigo, entendiendo por qué Shizuru había reaccionado tan visceralmente, ¿ella sabía el tipo de agasajo que sería? Era sorprendente la red de información de su esposa, aunque no estaba claro si las añadiduras que hablaban de su supuesto libertinaje, provenían de los rumores mismos o de la imaginación de Shizuru. Debía ser más cuidadosa de ahora en adelante, el hecho de que su esposa se enterara, solo podía significar que había espías vigilándola y debía, por su bien, discutir la situación con ella para explicarle sus motivaciones.

—Seguramente exagero, tal vez sea un baile y ya.— Akira se apresuró a calmar los ánimos de Kruger, un tanto sorprendido por la exacerbada reacción ante algo tan pequeño. Supuso que la Emperatriz no era alguien a quien quisieras indisponer con juegos extramatrimoniales o incluso el rumor de ellos. En realidad le pareció realmente hermoso que a su majestad le importara tanto la opinión de su esposa, incluso si ya no tenía que ocultar su rostro bajo la máscara del lobo.

—¿Dijiste, la casa Rohan?— Cuestionó Natsuki, considerando el hecho de que pudo haber escuchado mal. De entre todos los lugares posibles, Lombard había seleccionado esa casa para prestar sus servicios selectos. Suspiró, Lilibeth era la madame que había contactado para consultar sus dudas sobre la mejor forma de alejar pensamientos ingratos en medio del acto y también era la dueña de tan conocido lugar destinado al placer. Estaría en problemas si se cruzara con ella y fuera reconocida, así que se iría a la menor oportunidad.

Akira asintió, ¿acaso su majestad sabía de ese sitio? No encajaba en su mente bajo qué circunstancias podría conocerlo, pero no se atrevió a preguntar por cuanto estaban en la mansión Lombard y sería inadecuado tener una conversación tan delicada con tantos oídos prestos a escuchar.

Los eventos iniciaron y tuvieron la cortesía de felicitar a Kanzaki, participaron del brindis, observaron las danzas que tuvieron lugar con la presencia de bailarinas extranjeras cuyos movimientos podrían emocionar los corazones más frívolos. La algarabía creció con las copas y manjares dispuestos, los ánimos se elevaban con las risas de los hombres y la proximidad de aquellos con lazos más cercanos con el agasajado.

Mientras tanto, Akira y Natsuki permanecían contando los minutos para irse, teniendo presente los buenos modos y la cortesía. Hablaron de las trivialidades, desde los avances en los juicios, las obras en marcha, la reestructuración de diversas ramas de poder, hasta lo familiar en torno a las niñas que con solo balbucear ya tenían rendidos a sus pies a la mitad de la corte y embobados a la otra mitad con una sonrisa.

—¿Los cambios se han estabilizado?— musitó intempestivamente la joven monarca, interesada en saber cómo su leal amigo llevaba los cambios en su cuerpo y su vida.

El moreno asintió con una sonrisa discreta. —Gracias a su cuidado y los sellos que me impuso, he podido mantener el control de las mutaciones y con el rumbo de mi vida, que es feliz junto a Thália, la estabilidad ha llegado.— Inclinó un poco la cabeza con un agradecimiento profundo. —No he cambiado mi decisión acerca de permanecer como un varón por el resto de mi vida, pero tal como lo ha dicho su majestad, aguardaré hasta el día en el que la señora de la memoria, me obsequie su bendición.

—Si aún no ha ocurrido, es posible que sea porque aún no estás listo— Argumentó Natsuki, por si acaso su amigo se encontrara ansioso sobre la recuperación de sus recuerdos.

Akira recibió estas palabras con paciencia, pues consideraba que todo en su existencia estaba perfectamente. Salvo por lo triste que era la circunstancia para Takumi, a quien no le quitaba los ojos de encima un poco preocupado por la cantidad de copas que había tomado. Verlo en aquel lugar, era algo que había anticipado, pues no ignoraba el hecho de que Kanzaki y el señor Viola eran amigos cercanos. Intuía que fue invitado por la voluntad del castaño, quien quizás querría tener unas palabras, puesto que por la apretada agenda de ambos no pudieron coincidir pese a haberlo mencionado aquel día en el palacio.

Era una suerte que el hombre estuviera bebiendo junto a su amigo y participando de los espectáculos que fueron preparados, porque casi parecía haberse olvidado de su existencia, pues no habían interactuado a lo largo de la velada. Quizás fuera el escudo que la presencia de la Imperatoria le brindaba, pero era un alivio. Si era honesto sobre las cosas, la realidad es que simpatizaba con él, pues había vivido en zozobra durante los días en los que los sentimientos de Thália fueron un completo misterio. Al mismo tiempo, los iris violáceos del joven, que se sentían en su nuca como si lo tuviera en la espalda, no se había atrevido a despreciarlo por completo, pero tampoco quería hablar con él.

Fue cerca de la medianoche, cuando las botellas de alcohol estaban medio vacías, que se mencionaron un par de eventos divertidos, los caballeros abandonarían los modales y la hombría saldría a relucir, por lo que Natsuki eligió marcharse, dejando a Akira en representación suya.

El moreno no pudo contrariar a su majestad y no tuvo más remedio que unirse a las actividades. Cuando se acercaba al grupo, volvió a sentir la mirada de cierto castaño, pero prefirió ignorarlo y se acercó a la mesa en la que Reito se alzaba victorioso en una serie de justas de fuerza, conocidas como vencidas entre los hombres del arrabal. No tenía claro como principió la contienda, pero entendió que un amigo de la armada, dijo algo relacionado con que untarse las manos en aceites y perfumes, podría hacer que el futuro marido olvidara cómo sostener la espada y por descontado perdiera su fuerza.

—Hey Okuzaki, ¿quieres probar suerte?— Lo animó Lars, el compañero de armas de Kanzaki, que sin duda era un alborotador alegre, de cabellos castaños y ojos miel. —Una moneda de oro por cada intento, aprovecha ahora que Reito está cansado.— instó el hombre moreno con una sonrisa que estimaba una victoria fácil.

Takumi miró espantado a sus amigos, a nadie le había informado en detalle de las circunstancias de Akira porque consideraba que era algo demasiado privado. Y en parte porque apenas pudo referir que el compromiso se había deshecho con la voz rota, no había hablado con nadie sobre el asunto y se había ensimismado. Sabía que por ello ahora mismo, Reito no tenía a Okuzaki en alta estima, incluso no entendía por qué lo invitó. Supuso que lo hizo para que la imperatoria no se aburriera tan rápido, pues al parecer Kruger, no disfrutaba de los entretenimientos que las casas de citas pueden ofrecer, lo cual le aliviaba mucho, por el bien de su hermana. Pero, ¿por qué Akira no se fue cuando ella lo hizo? En realidad, era una dulce tortura verle de cerca otra vez, pero ese no era el punto.

Akira consideró que el alcohol podría ser un mal consejero, era un día de celebración para Kanzaki y no lo arruinaría venciéndolo en su propio juego. —Apostaré por el siguiente retador, por el día de hoy paso.

—Déjalo ser Lars, Okuzaki no es un hombre en toda regla— Dijo el pelinegro de ojos ambarinos con un tono de mofa, mirando a la que juzgaba una ambigua mujer que disfrutaba de vestirse como un varón y confundir a los hombres con quien sabe qué clase de engaños.

La mirada amatista de Akira se posó sobre los iris ámbares del festejado, con una tensión naciendo en su mandíbula por la ofensa recibida. No admitiría una burla como esa cuando el apellido de su familia podría ser puesto en duda en presencia de los Lombard y algunos de los señores más prestantes. Jugar con su honor era una cuestión que elevaba el problema a un nivel desagradable, pero en el fondo sintió cierta decepción al mirar a Takumi quien se mantuvo callado junto a su ofensor.

—Yo apuesto 1000 monedas por el señor Okuzaki.— intervino Bastian Lombard con una sonrisa suficiente, pues había visto en acción al muchacho de la guardia de Fukka. Mientras el señor Mikel Millard miraba a los incautos con una sonrisa divertida. —Me uno a la moción, que sean otras 1000 de mi parte.

Si el anfitrión les daba carta blanca, no desperdiciaría la oportunidad y pondría a Kanzaki en su lugar. Akira asintió, un par de palabras y todos los reunidos habían apostado por la victoria de uno o de otro. El marqués no tardó en retirar la elegante chaqueta y el chaleco de su traje, dejando perplejos a los presentes por los músculos que se marcaban bajo la seda blanca de su camisa y desanudó la corbata en su cuello, dejando la preciosa prenda que Thália eligió en su bolsillo. Desabrochó el puño y remangó la camisa desvelando un notable antebrazo que hizo dudar a Reito de todo lo que sabía sobre Okuzaki.

La mirada incrédula que el futuro novio le dedicó a Takumi, preocupó al castaño, pues no quedaba rastro de la mujer que él le mencionó que había sido su prometida. ¿Takumi era un desviado? Kanzaki no podía creer tal aberración, en esa familia no había más que personas antinaturales que iban en contra de todos los principios, apenas sacaba a Mai de la lista, porque después de todo, Mikoto era una diosa y ¿qué tanto podría negarse un mortal? Seguramente esa mujer tomó ventaja de su jerarquía y Mai era el tipo de mujer que relacionaba el sexo con el amor, así que ya pronto resolvería ese asunto, le mostraría a Mai lo que es un verdadero hombre y esposo. En ese orden de ideas, quizás no todo era culpa de Takumi, Akira podría haberlo engañado y pervertirlo en Fukka. Era necesario que su amigo conociera a las chicas de la fiesta y se estrenara con alguna para resolver este predicamento. Una vez intime con una mujer, las cosas se resolverán, pero por ahora… va a romperle el brazo a Okuzaki.

Tomaron asiento, los codos sobre la mesa y entonces Reito se lo tomó en serio, considerando lo macizo que el marqués era debajo de esa ropa insípida que suelen usar los nobles de alto rango. Se miraron a los ojos, estrecharon las manos derechas y asintieron en silenciosa confirmación, por lo que Mikel gritó que comenzaran. Kanzaki usó todas sus fuerzas desde el principio, pero por más que empujó, no pudo mover el brazo de Akira más allá de unos centímetros en el primer envite; sin embargo, el de iris amatistas se recuperó pronto y con una expresión inmutable movió su brazo poco a poco, hasta hacerle ver su suerte y su futura derrota, sin la cantidad de empeño que el hombre de Tsu ocupaba.

Aun con el rostro enrojecido y el cuerpo doblado en esfuerzo por el vigor empleado, finalmente los nudillos de Reito tocaron la mesa. Akira miró a Takumi con beneplácito y la barbilla elevada, pues no serían amigos al final de las cosas cuando había sido desalentadora tanta subestimación. Las voces victoriosas de los ganadores se hicieron escuchar en algarabía, con un coro afirmativo que se escuchó al unísono, mientras otros refunfuñaban por perder lo que parecía una apuesta segura. Una botella fue puesta ante Akira, por las manos del contento Mikel, que sin duda fortalecería cualquier acuerdo que hiciera con este chico dorado… y bebieron a grandes tragos, hasta que hubo algo de oposición.

—Vamos, esto no es divertido, Reito ya estaba cansado— murmuró Lars con la intención de excusar a su amigo, quien desvío la mirada incómodo, pues lo había dado todo y no se había sentido tan agotado como su amigo publicitaba.

Akira no permitiría que estas artimañas burdas se alzaran para apagar su victoria. —¿Qué tal si lo intentas tú? Yo no estoy cansado, en lo absoluto.

—Si resistes a Lars, tendrás que vencerme… señor Okuzaki.— dijo otro, bastante animado con la idea de enfrentarlo.

Ahora los demás querían probar suerte y ver si realmente el moreno era tan fuerte, cualquier subestimación fue olvidada con la camaradería de los buenos bebedores. Con la competitividad a flor de piel, pasaron los siguientes momentos realizando una vencida tras otra, con las respectivas celebraciones en honor de Akira, quien ciertamente derrotó a cuanto contrincante quiso retarlo. Eran las 2 de la madrugada cuando un Lars, algo pasado de copas, le derramó la bebida al que, según sus propias palabras, era la espada que querría tener a su diestra cuando los Orphan atacaran. El hombre fue reprendido y entonces Bastian tomó la oportunidad para presentar el siguiente evento, sesiones de masajes privados en compañía de las damas de la noche. Todos los hombres celebraron, conscientes de lo que tales palabras significaban…

Akira quien no entendía tanta alegría, miró extrañado al señor Millard. Mikel quiso sacarlo de su ignorancia raudamente, pues pensaba en Thália como una hija y realmente no querría que el muchacho fuera seducido por una mujer fatal en la velada. Sin embargo, Bastian se adelantó guiando al joven cuya ropa se había estropeado. —Estimado marqués, podemos facilitarle una muda nueva de ropa en vista de tan bochornoso incidente con el señor Lars.

Incapaz de rechazar la oferta, Akira asintió. Temió que si acaso llegara a casa apestando tanto a alcohol, Thália se haría una idea equivocada sobre su autocontrol con la bebida. Fue guiado a una de las habitaciones en las que una de las camas de masajes ocupaba el centro de la habitación y Bastian le informó que enviaría a una mucama con la ropa de cambio en un momento. Incluso le señaló la puerta del servicio en el que podría lavarse antes de que la sustancia se tornara pegajosa.

Akira reverenció al hombre con genuino agradecimiento y tan pronto se encontró a solas, entró en el cuarto de baño. Allí retiró la camisa que no tenía salvación alguna, se lavó el rostro e intentó repetir el proceso con su torso a causa del vino y el sudor de las victorias obtenidas. Escuchó entonces que alguien entraba en la habitación e hizo un poco de ruido, esta distracción hizo que algo del agua humedeciera sus pantalones. Uso una toalla y con ella secó su pecho prontamente, vio la tela y consideró que no se estropearon tanto, o al menos, no visiblemente. Luego ocupó algunas de las esencias para mejorar su aroma…

Volvió a escuchar sonidos inteligibles, por lo que suponiendo que se trataba de la criada de Lombard, abrió la puerta. La escena que se encontró, era todo menos agradable. ¿Era el señor Viola el que recibía el beso de la señorita Flore? ¿Qué hacía la hija menor de Bastian en ese lugar con Takumi a semejantes horas?

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Salón de los cometas

La fiesta había dado principio, con la presencia de las hermanas Viola haciéndose esperar. Cuando finalmente llegaron, entraron en el salón con la gracia y elegancia que caracterizaba la feminidad de las mujeres de aquella casta, incluidas Mizue y la abuela Kaede. Mai fue agasajada con toda clase de regalos y las conversaciones surgieron a su alrededor con la familia departiendo un rato. Los alimentos fueron servidos en la larguísima mesa en la que cabían al menos 20 comensales y solo se ocupaba la mitad, pues la emperatriz sólo contempló la presencia de las amistades cercanas a fin de que no fuera un evento más estresante de lo necesario. Media hora más tarde, Mizue y las abuelas Sanae y Kaede, sé retiraron raudas, para coincidir con los otros abuelos y abuelas de Erin y Tsukira, esperando no ser rebasadas demasiado rápido en la competencia de quien será la abuela favorita de las niñas.

La joven de ojos violáceos recibió presentes frecuentes como vestidos, joyas y hasta propiedades; también le fueron enviados artefactos mágicos y tesoros de gran valor, pues al parecer tendría que ocupar días enteros abriendo regalos que las deidades le remitieron junto a sus cartas, lamentando no poder presentarse. Sería una velada tranquila, pensó la joven novia bebiendo algo de té con su hermana, mientras charlaban con las invitadas, que no eran otras que las jóvenes Reinas y Emperatrices de los países vecinos, con los que habían formado lazos durante los lúgubres días posteriores a la luna escarlata. Mai había departido con Chie, Mashiro, Zire, Shana y Altria durante los días en que ellas y Shizuru se enfrentaron a los rezagados del ejército de Nagi Dai Artai, incluso permanecieron durante algunos de los días en los que ayudar a las personas afectadas era más importante, pues la situación había estado al nivel de un desastre catastrófico.

Después vinieron obsequios más personales, entre los que se incluía lencería bastante provocativa por parte de las Fendrak y los sonrojos no se hicieron esperar. Pero Mai no tuvo el corazón para mencionar que jamás en el mundo ocuparía tales atuendos en Reito, pues las remulianas ignoraban que aquella boda fuera un acuerdo conveniente, nada más. Así que mostró su gratitud pudorosamente, mientras Altria murmuraba que siempre podía consultar a las mujeres casadas, quienes conocen más de las artes amatorias de ese tipo. Considerándolo su momento para brillar, Midori tomó la batuta para explicar a las jovencitas las cosas importantes del coito, sin esconder algunas anécdotas escandalosas para los oídos de las presentes. Shizuru sonrió entre apenada y divertida, porque es evidente que Midori haría parte de la tradición de bodas de la familia Viola con situaciones tan indecentes que preferirían olvidar.

La vergüenza ajena de Mai no tenía límites, mientras la mujer hablaba de cuán delicadas deberían ser al momento de acariciar las partes que cuelgan en los hombres, pero cuán recomendable es sostener fuertemente el falo, sin omitir recomendaciones del uso de aceites al momento de consumar el acto; mientras los rostros de las nobles extranjeras que solo conocían el amor entre mujeres, aprendían todo lo relacionado con el tema, con una mezcla de curiosidad y desagrado.

Shizuru se cuestionó cuántas copas había tomado la parlanchina mujer, pero eligió hacer caso omiso de ella, más que agradecida con los dioses porque Natsuki no estuviera para escuchar semejantes cosas, no sea que despierten su curiosidad. Cuando la conversación concluyó, Altria y Shana tomaron un tiempo para ir al tocador, por lo que desaparecieron de la estancia.

Instantes más tarde, una estela de luz se formó en el centro del salón, advirtiendo la llegada de los seres Divinos, para curiosidad e interés de las damas presentes. La primera en arribar fue Elfir con su barullo frecuente… alegando que la fiesta estaba siendo muy silenciosa. Venía acompañada por Mashiro, De'Zire y sus hadas, que siendo como esferas luminosas, brillaron en el lugar con instrumentos de viento que flotaban mágicamente en el aire, llenándolo con su precioso sonido. La deidad fue secundada por Chie, quien aplaudió a sus doncellas para que hicieran uso de sus tambores y cítaras. La música llenó el ambiente y la danza expuesta por el séquito de la joven reina de Argos no se hizo esperar, cautivando las miradas con su intrincado baile.

Otro destello de luz se hizo visible unos minutos más tarde, gotas de agua se condensaron en un pequeño vórtice que luego se extendió hasta dar la forma a una puerta translúcida. Del portal emergió Shura, llevando a su prometida Ixel de su brazo derecho y con la presencia cercana de Erstin a su lado izquierdo, junto a un grupo de sus Selkies más confiables, quienes venían con cajas llenas de los licores más exquisitos de todo el mundo dispuestos en botellas cuyo aspecto delataba cristalería especial. La diosa de las plantas llenó las paredes y columnas del salón con hermosas enredaderas de flores, cuyos deliciosos aromas hicieron del lugar un espacio privilegiado.

Unos segundos más tarde, la puerta de agua se congeló, dando el aspecto de estar hecha de vitrales gélidos. Los sellos arcanos centellearon en el marco con fulgor dorado, el pomo se giró y la puerta abrió la entrada a la noche eterna del inframundo. De ella salió Derha con su refulgente melena iridiscente, flameando sobre la corona del Monarca Cristalino. A su lado, la hermosa presencia de Ceret cuyos dedos se entrelazaron gentilmente con los de su esposa, atrajo las miradas. Un séquito de Nilas también atravesó el portal trayendo frutos y manjares de los paraísos, alimentos únicos reservados a las almas dignas de los seres que han alcanzado grandes méritos.

El grupo de diosas tomó asiento en los espacios vacíos de la mesa, mientras que la deidad creadora se aproximaba a la agasajada. —Querida Mai, espero que esta velada sea dichosa para tí.— Con una sonrisa serena le entregó una caja con un brazalete dimensional, elaborado especialmente por su propia mano.

La joven prometida sonrió agradeciendo el gesto y atendiendo las explicaciones de su uso, que era inmensamente práctico. Mai miró con interés a la deidad mientras esta le contaba todas las posibilidades del artilugio, casi con la ilusión que un niño presenta un juguete nuevo a sus mejores amigos. Derha es una réplica de su cuñada o tal vez Natsuki es la copia de ella; supone que, salvo por el impactante efecto ingrávido y el fulgor de su cabello, podría decir que son idénticas. La corona y las vestiduras son otro factor que le dan la impresión de estar frente a un ser frío que tiene la última palabra en el mundo de los muertos, pero su expresión gentil trae una calidez especial que entibia su alma con solo mirarla, como si la reconfortara.

Esta sensación es familiar, de hecho, la ha sentido todos los días antes de dormir o cuando está en el jardín, incluso al visitar a sus sobrinas en el palacio de los Lirios. Los ojos violetas de Mai contemplan con más detenimiento a la hermana mayor de su adorada Mikoto y pudo ver la luz que brota de su ser, llenando cada espacio, incluso a ella. Sabe que es algo que solo Shizuru puede notar y que seguramente es natural entre los dioses, pero no acaba de entender por qué esto parece una acción intencional que se siente especialmente bien para su ser, para… ¿Su bebé?

La confrontación entre ambas era ineludible, el rubí líquido en los iris y la gema esmeralda, que solía significar esperanza, se encontraron de soslayo. El corazón de ambas late presurosamente, pero el dolor de la pérdida que ha ocurrido se hace presente, con el vacío en la faz de Derha, quien se esmera porque sus emociones no alcancen sus ojos y es quien retira su mirada primero, manteniendo las distancias con una mueca nostálgica. Se retiene a sí misma con sendos esmeros, la extrañaba terriblemente, aún quiere abrazarla, ansía el roce de sus manos y moriría por besarla, pero se recuerda a sí misma que no es, ni será, del interés de la bella castaña. La añoranza no se ha desvanecido, su amor aún no ha muerto y se pregunta si alguna vez lo hará, pero por ahora, cumplir con sus deberes en el inframundo, es una tarea tan ocupada como para alejar su mente de las cosas del mundo mortal y de Shizuru…

La castaña finge no ver y mucho menos saber sobre las cosas del primer pilar, pero tampoco pudo evitar los acelerados latidos en su pecho, quiere disculparse porque sabe que ha roto algo realmente importante, pero teme que su enojo con Natsuki trascienda a Derha quien no ha hecho nada malo realmente, no quiere hacerle más daño.

Tras breves momentos de conversación y un abrazo sentido, la deidad creadora se apartó de la festejada, lamentando el breve tiempo de disfrutar con la presencia de sus hermanas menores. —Tareas inaplazables me esperan. Lamento no poder quedarme, pero espero que la presencia de mi amada esposa, pueda compensar un poco mi ausencia.— Con modales perfectos hizo una tenue inclinación de cabeza, atrayendo la mirada curiosa de algunas cautivadas mujeres. —Estimadas señoritas, señoras, ha sido un placer. Espero verlas en la boda mañana.

Un asentimiento general y Derha se apartó para despedirse de su esposa, cuando la voz ligeramente tomada de cierta adivina se hizo escuchar. —No les parece que su excelentísimo… ¿Tiene un inmenso parecido con la Imperatoria?— Cuestionó por lo bajo Midori, quien se quedó en representación de Mizue para "cuidar de las jóvenes". Eso siempre que pudiera distraer su interés de la botella por algunos momentos. Mai sonrió con nerviosismo, mientras las hermanas de la aludida contenían una carcajada con dificultades.

—Mi Natsuki es única, son ideas tuyas… Midori.— Zanjó el asunto Shizuru y aunque la joven no lo dijera más que para callar la impertinencia de la vieja amiga de la familia, no se percató del rostro entristecido de Derha tras escucharla hablar de la singularidad de Natsuki Kruger, aquella con la que no podría equipararse jamás.

La diosa se detuvo frente a la puerta con la barbilla tensa, pero el gentil toque de la mano de su esposa a su lado, la consoló instantáneamente. —¿Estás bien?— Ceret acarició la mejilla de su triste amante, quien a pesar de haber evadido a Shizuru por algún tiempo, no parecía lo suficientemente fuerte como para que no le importara tanto. —¿Por qué no te quedas? Podríamos divertirnos.

—Aún necesito tiempo, tomé esa decisión, pero no es fácil ahora mismo.— Suspiró, sosteniendo la mano que acunaba su mejilla y prodigando tiernos besos en su envés.

—Lo aceptaré, esta vez…— susurró Ceret con una mirada comprensiva, pues no la obligaría a permanecer junto a la joven que hizo añicos su corazón.

Estaba claro que la paciencia de Derha se había agotado y no era totalmente culpa de Shizuru, pero Ceret tampoco sabía a quién adjudicar los hilos que la manipulan, necesitaba investigar más. Así mismo, se sorprendió de que fuera el primer pilar quien decidiera tomar acciones tan radicales, algo que solo podía significar que su amor por Zarabin también se había desmoronado. Era algo que el tercer Pilar había querido que pasara desde hace miles de años, pero odiaba el hecho de que esto causara demasiado dolor a su amada, quien estaba inconsolable dado que era una pérdida por partida doble.

—Además, la grieta que revisaste, se regenera constantemente en puntos aleatorios del camino de losas en el Isthagan y corrompe incluso más a las criaturas. Los Mare conocen la conexión entre caos y nuestra dimensión, por lo que no lo considero una casualidad. Sospecho que quieren retornar a nuestra morada en el paraje yermo que solía ser, para que otra crisis del animus ocurra, pero tranquila… sabes que no lo permitiré.

—Sé cuidadosa, por favor…— depositó un tierno beso en los labios de su esposa con la esperanza de transmitirle un mejor ánimo y lo consiguió, su contacto se hizo más apasionado después de un par de mimos cariñosos.

Ceret presionó un poco sus manos sobre el pecho de Derha, como un silencioso mensaje de autocontrol, por lo que ella sonrió ladinamente en medio de su beso, apartándose con desgana y mirando directamente en aquellos ojos del mar profundo. —Lo seré. Mañana vendré a la boda y disfrutaremos de la velada, ¿está bien?

—Es una promesa,— Ceret sonrió con sus ojos llenos de amor y la deidad creadora asintió antes de atravesar el portal. Poco después, la puerta fue borrada de la existencia y la Solaris se aproximó al grupo para integrarse alegremente, abrazando a sus hermanas y saludando cortésmente a las mujeres que les acompañaban.

Tras poner sus asuntos en orden, las Fendrak volvieron por el pasillo y al abrir la puerta del salón, se cuestionaron si habían vuelto al mismo lugar o dieron un mal paso en algún pasillo. El salón de los cometas rebosaba de vida floral, música y nuevos visitantes, así como alimentos y bebidas que no habían visto nunca. La comisura de los labios de Shana se curvó ligeramente cuando la frustración de su hermana alcanzó nuevos niveles con la presencia de una mujer hermosa que estaba sentada junto a Shizuru, una pelirroja de brillantes ojos azules. ¿Esa no era la custodia de la emperatriz? Se veía realmente impresionante cuando no usaba el uniforme de la guardia. Como si la dama pudiera percibir los ojos puestos en su espalda, les devolvió la mirada de soslayo y le dedicó una suave sonrisa a Shana, que a Altria le pareció una burla.

La odiosa presencia de la guardiana pelirroja que escoltaba a la emperatriz, agravió un poco la paciente espera de Altria, quien se lamentó de su infortunio, pues la mujer llegó durante su breve ausencia. ¿Acaso esa tal Ceret no se despegaba de las faldas de Shizuru ni siquiera al anochecer? ¡Por los dioses! ¿Qué tanto podría pasarle a la mujer en un castillo rodeado por caballeros suficientes como para defender un pequeño asedio? ¿Realmente era tan problemático dejarla festejar en privado la fiesta en honor de su hermana? La imaginación de la claustrofóbica vida de Shizuru enfadó un poco más a la remuliana, quien no tuvo más remedio que esperar a que la dama se relacionara primero con la familia sanguínea, antes de atreverse a realizar su primer movimiento.

Cierta dama de cabellos cenizos miró divertida las expresiones inocultables en la faz de su hermana. Sus ojos verdes, suspicaces, apreciaban un detalle que escapaba de la atención de los ojos glaciales, cuando, -teóricamente-, le favorecían. —Parece que los rumores que esparciste sobre la imperatoria han rendido sus frutos.

—¿Qué dices?— Un escalofrío recorrió su espalda. ¿Shana sabía que fue ella quien propicio este caos?

La sonrisa ladina de la mayor no se hizo esperar. —Supongo que ninguna mujer quiere oír asuntos relacionados con amantes o prostíbulos cuando se trata de su esposa. Kruger brilla por su ausencia en la velada.

—Su presencia es tan anodina que ni siquiera me di cuenta.— Musitó con desdén la mujer rubia.

Shana miraba a su hermana con disgusto, si ocasiona un alboroto como la última vez, sería realmente problemático. Enemistarse con un imperio naciente que es poseedor de tanta tierra en el continente y una posición estratégica envidiable, por no hablar de la presencia de dioses entre sus amistades cercanas, realmente podría ser el principio del fin de su nación. —No vinimos a hacer enemigos, espero que consideres ese detalle. ¿Realmente funcionará decir tantas falsedades? ¿Supones que Shizuru va a creerlo?

Altria negó con un movimiento de cabeza y mal fingida inocencia. Las dos sabían que cuando su interés estaba centrado en alguna dama, la regente tenía su propio modo para hacer menguar el afecto de los matrimonios, antes de hacer su movimiento. Ocupar espías vigilando a Kruger a cada minuto, fue sin duda una parte inteligente del plan, pero nada significaba si no podía doblar la voluntad y el deseo de Shizuru, quien no era lo suficientemente receptiva hasta el momento. Tampoco imaginó que la imperatoria se pondría la soga al cuello por sí misma, actuando tan absurdamente. La Fendrak, pudo ventilar cada uno de los errores de la pelinegra y a su suerte, las mujeres chismosas de la corte añadieron un poco más; y aunque no pudo encontrar nada sucio en cuanto a su forma de gobernar, su reputación como una imperatoria que busca el placer en los prostíbulos se extendió como la pólvora.

—No es un rumor, Kruger realmente tuvo un encuentro con una tal Lilibeth, la dueña de una casa de citas muy exclusiva…— Le hervía la sangre de solo pensarlo. Pagar por tener la pasión de una mujer era una circunstancia que la Fendrak menor jamás había necesitado y no podía excusar en otra persona. Ya habría cerrado los prostíbulos de Remulus si no fuera por el incremento adverso de las violaciones que eso ocasionaría. —Es un insulto para Shizuru, que esa mujer fuera a ese sitio en medio de la noche y fingiendo ser alguien más. ¿Quién en su sano juicio querría una prostituta teniendo una esposa tan deseada?— Eso era lo que más le dolía a la sororidad de Altria, que los esposos de sus amantes las menospreciaran tanto.

Suspiró con un tono de desgana el hada gélida, quien se debatía con sus propios sentimientos ahora mismo. Había tenido un poco más de Fe en la imperatoria, pues pensaba que esta Natsuki, quien fue alguna vez el amor imposible de Nina, no tendría las debilidades de la lujuria propias de los señores indiferentes de las casas nobles, pues le fue descrita de forma muy diferente. —Entiendo que quieras arruinar ese matrimonio por este caprichoso enamoramiento tuyo. Pero no me gusta que le ocasiones tantos malestares a Shizuru.— La mujer de la que había sabido por cartas no coincidía ni un poco con la infame libertina que su hermana describía. —Su humor no ha hecho más que empeorar y ha estado tan distraída durante nuestras sesiones de té… que temo se enferme por todos estos incidentes.

—Con mayor razón. Es una muestra de que su esposa no la cuida lo suficiente dando pie a tales malos entendidos.

—Además, me cuesta creer que las cosas sean así, Nina no la describió de ese modo. Es incluso una mujer tímida que pasaba desapercibida la mayor parte del tiempo…

—Dicen que la imperatoria vivió la mayor parte de su vida en el castillo de Fukka, un lugar alejado de las insidias de la corte. Fue debido a su desagradable aspecto, algo relacionado con una maldición deformante.— La triste historia de Natsuki Kruger era la última cosa que le fuera importante a la Regente de Remulus, pero estaba segura de que una infancia tan lamentable habría dejado huella y ella sacaría provecho de eso.

—En realidad es bastante atractiva, su parecido con Nina casi me hizo pensar que eran hermanas verdaderas la primera vez que las vi.— Shana sonrió, evitando mencionar la máscara del lobo que la mujer usaba en ese entonces, aunque la parte inferior de su rostro ya anticipaba una hermosura deslumbrante. —Creo que podrías equivocarte catastróficamente si continúas subestimándola. Por algo se convirtió en la esposa de la actual emperatriz de Windbloom.— Nina le dijo que la lealtad de Natsuki era tan irrompible como el metal más duro y que su abrazo, aunque firme, siempre fue cálido. Eso solo significaba que la dama tenía un corazón de oro, pero no es que hubiera interactuado demasiado con ella durante su compromiso con la Duquesa Sirene, por lo que solo podía confiar en la palabra de su anterior prometida.

—De nada sirve la belleza si la esconde bajo esos atuendos. Además, Kruger no es para nada femenina y seguramente se comporta como un hombre con ella, hasta en los espacios más íntimos.— Refutó la menor de las dos con una mueca que delataba lo desagradable que le hizo escuchar tales halagos venidos de Shana.

—Altria, tú no sabes cuanto esconde la tela en la piel de una mujer que, sin duda, mira a la Emperatriz como si fuera la persona que pone los astros en los cielos cada noche.— La emperatriz de Remulus suponía que los méritos de Natsuki para obtener el amor de la castaña no habían sido pocos.

—De nada va a servirle. Kruger no ha navegado aguas tan turbulentas como estas y será arrastrada por la corriente. Incluso Shizuru que es una mujer astuta, tampoco ha pasado demasiado tiempo en este hábitat hostil, lleno de palabras tan afiladas como dagas.— Altria sonrió tomando un sorbo del vino, sin perder la cuenta de las copas que cierta castaña bebía. —Su confianza ha sido magullada, así que espera y pronto cambiarán las tornas.

—¿Quieres apostar?— La trampa podría leerse a kilómetros en los ojos verdes de Shana.

—¿Qué dices?— Frunció el ceño enarcando las cejas rubias.

—Si no obtienes un beso de ella en una semana, entonces desistirás.— Shana lanzó una piedra sobre el ego de su hermana.

Aunque la remuliana tenía confianza en sí misma, no aceptaría tales condiciones gratuitamente. —¿A cambio de qué?

—Puedes preguntarme lo que quieras y te responderé sin dudar. Si no hay información que sea de tu interés ahora mismo, puedes tomarlo como una carta blanca para el futuro— La emperatriz de melena ceniza sonrió y la vista de todos los misterios que guardaba expuestos en bandeja de plata, pudieron ser muy tentadores para Altria. —Haré lo que quieras…— Repitió con un tono que sugería libertades nunca antes atisbadas.

—¿No me anticipas nada?— Altria alzó una ceja.

—Depende de lo que quieras saber.

—¿Qué hiciste ayer? Fui a tus aposentos y no te hallé allí.— Preguntó como si no le importara demasiado. Sin embargo, odiaba enormemente el hecho de que no hubiera podido sacarle una sola palabra a sus caballeros, ni siquiera cuando quiso comprarlos para conocer todos los movimientos de la joven.

La emperatriz remuliana sonrió, tomando algo de fruta mientras veía el intercambio de regalos que trajeron algunas de las ilustres amigas de la joven novia. Había una que llamaba enormemente su atención, tenía el aspecto de una persona que fue la única amistad honesta que pudo tener alguna vez. La emperatriz remuliana recordó que durante el tiempo en el que estuvo comprometida con la Duquesa, su amistad fue un bálsamo en su encierro en aquella jaula de oro y los relatos que compartieron, le hicieron preservar la esperanza. Es por eso que perderla todavía le dolía en el corazón, no era justo que Nina hubiera muerto en la batalla de la Luna escarlata. ¡Tonta! Incluso murió tan heroicamente que era odioso pensar que si fuera una chica egoísta, todavía estaría con vida.

—Fui a la tumba ceremonial que se construyó en honor de los caídos en la batalla de Fukka. Quería rendirle honores a Nina y llevarle flores.— Notas de tristeza escaparon de su control con una ligera expresión en su faz.

—Su cuerpo ni siquiera reposa allí.— Casi gruñó la Regente. —Pierdes el tiempo.

La mención de Nina fue un tanto desagradable para Altria, le ardía el pecho con solo escuchar el nombre de la que fue la prometida de su hermana… No sabía que tanto pasó entre ellas, pero las palabras de la Condesa al cuidado de Shana por aquel entonces, afirmó que el acuerdo fue exitoso. Una palabra que se usa para decir que las cartas fueron firmadas y surtidos los deberes. ¿Ellas se acostaron alguna vez? Era una pregunta que la agobiaba. Shana nunca lo negó, pero tampoco lo afirmó y se reía cada vez que se lo cuestionaba. A veces se preguntaba si aquello lo hacía solo para torturarla. Aunque teniendo en cuenta las cosas sobrenaturales de la casa Kruger, se cuestionaba si Verdín, su amada sobrina, es hija de la segunda Duquesa de Fukka. Si fuera el caso, ¿por qué esa mujer se atrevió a romper el compromiso en cuanto se supo del embarazo? La idea de que Nina Kruger despreciara a su hermana por ello, le hacía odiar el apellido de esa familia de desgraciadas.

—Es como tú lo ves, para mí… habría sido una maravillosa esposa, fue una mujer magnífica.— Susurró con una expresión que delataba cuanto se sumergía en sus recuerdos, con una nostalgia dolorosa por la ausencia que dejó esa gentil pelinegra de ojos magma. Shana levantó la vista y suspiró una vez más al ver a aquella mujer que, si bien lucía atuendos dignos de la más exquisita realeza, no se asemejaba a ninguno de los reyes o gobernantes que conocía. ¿Quién era esa mujer?

—¡Bien!— Se levantó de la mesa más que irascible. —No tendrás más secretos que ocultar cuando esta apuesta se complete.

La fiesta continuó su cauce y las parejas empezaron a ocupar el centro del salón para bailar al ritmo de los sonidos de Argos, en algunos casos con la diligente enseñanza de las bailarinas de la reina Chie si es que fueran primerizos. La agasajada fue la primera en ser llevada junto al grupo de mujeres con la venia de la sonriente reina argita y Shizuru quien leyó las intenciones festivas de aquella mujer, no tardó en unírseles, mostrando que había aprendido bien de la última temporada Simarik que se celebró en Fukka. Enseñándole los trucos a Mai, a quien la idea de bailar tan sugerentemente, le apenó un poco, pero después de un par de jugos y canciones había dejado atrás la vergüenza con el buen ánimo de sus amigas.

Shura permaneció sentada en los cómodos cojines, pues le costaba todavía desplazarse demasiado o tener demasiadas agitaciones, así que las miraba mientras bebía de una copa de una botella de vino azul. Volvió la vista sobre su interlocutora, escuchaba a Ixel hablar sobre los eventos que la joven acua se había perdido en el tiempo de su desfragmentación y especialmente la parte involucrada con amistades en común, que habían formado familias y habitaban en las dimensiones de las que eran oriundas sus parejas. Silenciosa, a unos cuantos asientos de distancia, permanecía Erstin, quien rogando porque la noche acabara pronto y Alanis junto a Krauss llegaran para la boda de Mai, dado que se aburría de solo escuchar la voz de la diosa en temas sobre los que realmente no podía opinar.

—¿Por qué nunca te casaste?— Preguntó de repente Shura, contemplando el hecho de que Ixel tuvo el tiempo y la oportunidad en numerosas ocasiones, todas las divinidades y sobrenaturales a su alrededor, habían dado el paso de algún modo. —No creo que te faltaran propuestas…— La de ojos magma sabía que Ixel pertenecía a la familia noble de los Vithas, dioses con la capacidad de dar vida y que estaban apenas por debajo de su madre, Amaterasu. Casarse con Ixel era un acto no solo conveniente por su afinidad en el pasado, era estratégica y políticamente la mejor decisión que hubiera tomado, pero cuando habló de nuevo con la deidad de la naturaleza se sorprendió de saber que no sería una segunda o tercera esposa, iba a convertirse en la primera.

Ante la inesperada pregunta, la de ojos glaucos sonrió. —Conocí seres interesantes y dotados de virtudes, pero las fibras en mi interior no se removieron ni un ápice. La pasión y el amor no son la misma cosa, por lo que no pude interesarme lo suficiente. La realidad es que la mayoría palidecieron al ser comparadas contigo, ni siquiera pudieron equiparar las pasiones que compartimos, querida mía.

La tercera hija de Amaterasu abrió los labios para decir algo, pero no habría honestidad en halagar la devoción de la diosa, si ella misma había perdido el corazón a manos de la joven rubia que fingía no escuchar. Se sentía terrible por obligar a Erstin a oír tales cosas, los cristalinos que se esmeraba por ocultar la mirada aguamarina, delataba que había entendido el significado de las palabras de su prometida; en el pasado, cuando Shura era una diosa de no más de 100 años de edad sus encuentros con Ixel no fueron exactamente amistosos, exploraron la sexualidad con un deleite considerable, pero ninguna de las dos conoció el amor a través de ello y eso no había cambiado.

—Ixi…— No era otra que Ceret, interrumpiendo brevemente la conversación. Quien le tendía la mano a la deidad de las plantas, con una sonrisa emocionada. —¿Hacemos nuestro baile?

—Entonces quieres secuestrarla…— Shura miró a las amigas con una sonrisa mientras levantaba una ceja, la realidad es que Ceret le había presentado a 'Ixi', podría decirse que debía esa historia a su hermana mayor.

—No seas posesiva, solo la robaré unos minutos…— Ceret le hizo un mohín encantador, incluso cuando estaba robando descaradamente a su amiga.

Desarmada ante tal gesto, Shura concedió con una mueca divertida, lo que le recordó algo importante a la deidad de las flores. —No es mi prisionera.

—¿Puedes cantar esa canción?— Preguntó, Ixel mirando a su prometida con una expresión picará. —Te compensaré adecuadamente— insinuó con tono ladino.

Ciertamente, Shura, se había enfriado enormemente, la mujer que solía ser todavía dormía en su interior, pero ella parecía lánguida y triste pese a sus notables esfuerzos por recomponer su fachada. —Claro que lo haré… si eso te complace, me bastará con tu sonrisa como recompensa.— Dijo con una tenue inclinación de su cabeza, siempre como muestra de respeto y reverencia por su futura esposa.

Ixel no pudo esconder su alegría y como el gesto que florece en primavera, sonrió deslumbrantemente sobre la faz de su amante. Luego sostuvo la mano de Ceret más que emocionada por los acontecimientos, claro que bailarina con su amiga. La diosa esperaba traer buenos recuerdos a su querida acua y sacarla del extraño sopor en el que se había sumido su antes cálido corazón. Shura se levantó con un poco de dificultad, pues no había recuperado la salud completamente, pero antes de que Erstin pudiera ofrecer su mano, Ixel se adelantó sosteniéndola de la cintura y eclipsando a la joven rubia por completo. Los iris magma contemplaron los glaucos de la deidad con ternura y la gratitud brilló en su rostro, dando un beso gallardo al envés de la mano que le dio soporte; mientras escondía el dolor físico que las maldiciones y las heridas en proceso de curación ocupaban.

Ceret desvió la mirada, sintiendo algo de pena por Erstin, quien padecía enormemente la maldición que Oren y Zek les impusieron, incapaz de alejarse cierta cantidad de metros de la presencia de Shura sin afectar el bienestar de ambas. La vida seguiría ocurriendo frente a sus ojos, pero la terquedad de su hermana podría ser realmente un impedimento. ¿Por qué no las tomaba a las dos simplemente? La diosa de la memoria sabía que Shura no tendría por qué limitarse y si ocupara correctamente sus palabras es plausible que las aceptaciones se dieran, pero sabía la pelirroja que era mejor no meterse donde no ha sido solicitado su consejo.

La joven aria de ojos aguamarinas, estaba ardiendo en deseo y celos cada día, estar a un paso de distancia del objeto de todos sus anhelos y deseos, sabiendo que ella sentía exactamente el mismo ardor, pero se aferraba a su orgullo, a su rectitud y permanecía con falsa indiferencia. Era incluso más cruel, cuando sus pensamientos suplicaban audiblemente por tenerla, una y otra vez, pero cada vez que se le acercaba, era rechazada tajantemente.

Nina le mencionó que desear algo no significaba que cedería a sus impulsos y que no la tocaría, por respeto a sí misma y a Ixel, su prometida. La joven herrera consideró que perdería la cordura en algún momento, pero de todos modos se había quedado junto a quien amaba con una promesa incondicional que no hacía las cosas más fáciles. Luciría las grietas de su lastimado corazón con orgullo, en tanto pudiera permanecer junto a la dama del agua y apaciguar su tormento… y cuando todo esto se resolviera tendría que dejarla ir de una vez por todas.

La humanidad de la diosa siendo la mujer que fue, que latía en su interior, deseaba con todo su ser volver al tiempo en el que todas estas disyuntivas no existían. Pero ya debía tocar y cantar, ¿cuándo fue la última vez que lo hizo? Sonrió amargamente, cantó 'Filigranas de silencio' aquel día de la fiesta en Tsu en la mansión Asakura, la misma noche en la que se conocieron más que solo con las miradas, se tocaron con las manos y el cuerpo entero, fundieron sus almas si cabe. Pero la hiel estaba presente en su garganta, porque ni siquiera se había atrevido a tocar a Ixel a causa de sus propios sentimientos. No quería darle tan poco, anhelaba entregárselo todo y en tanto no pudiera quitarse a Erstin del pensamiento cuando sus caricias intentaban subir la intensidad, sería solo una persona miserable entregando su carne con frialdad.

No hubo ocasión de pensar más, Elfir se acercó trayendo consigo un laúd de madera tallada por sus hadas y adornada con metales, tan precioso como para que la primera espada agasajara a los presentes con su hermosa melodía y su prodigioso cantar. Pero ella misma no permanecería impávida… La deidad del viento reverenció a la dama de cabellos plateados a su lado, plantando una de sus rodillas en el suelo alfombrado; sus ojos azules se posaron alegremente en el rostro de su sorprendida primera esposa, quien no esperaba tal demostración de afecto y se sonrojó irremediablemente.

Sin soltar un instrumento de viento que en sus hábiles manos producía un sonido precioso, como si múltiples flautas de diversos tipos tocaran con su voluntad. Elfir demostró su sentir hacia Mashiro y para molestia de Zire, quien había asistido únicamente por Mai, quien es una amiga atesorada para ella, tanto como Shizuru. De haberlo sabido, realmente no habría venido, al menos no con la compañía de esas dos.

Con una expresión de amor inocultable, la deidad introdujo la canción con voz prodigiosa:

Elfir-

Como un ángel venido de los cielos

Ha llegado cubierta de joyas preciosas

Ella ha venido hasta aquí para cautivarme…

Sus cabellos se adornaron con flores

Y todas las miradas se posaron en ella

Pues su belleza es resplandeciente.

Aquí viene la que es como una visión

Una reina a la que todos amarán…

El precioso Cisne de alas plateadas

Cuyas alas, mis sueños llevarán.

Aquello fue suficiente para hacer sonreír a Mashiro, quien se levantó para acompañar los movimientos de su esposa y aunque no fuera experta en la materia, se permitiría disfrutar de la velada con su dulce amor. Ceret e Ixel, que se apresuraron a tomar su lugar en el centro del salón. La dama pelirroja de ojos azules inició moviendo suave y grácilmente su cintura como si fuera las ondas del mar, moviéndose con las notas y cada cadencia, que por pequeña que fuera, era tan tentadora que la mayoría de las personas centraron en ella toda su atención. La mayor de las deidades Solaris, desplegó sus manos con posturas hermosas como si aquel baile estuviera destinado a complacer la vista de los presentes e hipnotizarlos.

"Toma mi mano y mírame con amor…" Susurraron las formas de los movimientos de las manos de Ceret en medio de su baile, un simbolismo con las expresiones de su rostro y ojos puestos en la dirección de las hermanas Viola, pero a quien buscó… tenía los iris del color de un rubí de sangre. "Embriágame con tu perfume y acércate a mí, no te arrepentirás…" añadió extendiendo las manos como si abrazara a una amante imaginaria, con un gesto seductor en su faz.

La dama del agua no se quedó atrás, con el laúd arábico y el fino arco en sus manos hizo sonar el instrumento en perfecto compás con los tempos de los tambores y las flautas dulces, que repicaban festivamente, así entonó con melismática voz la otra sección:

Shura-

Desde el momento en el que su mirada y la mía se cruzaron,

como dardos, como flechas, entraron en mi corazón…

Entonces, me volví loco de amor.

Loco, sí, como un loco, he enloquecido por tu amor.

Los ojos hechos de magma no pudieron evitar mirar de soslayo a Erstin, pensando que justamente eso había sido su amor, un dardo que atravesó su corazón. Indignada por sus propios pensamientos, centró su atención en las notas y volvió a cantar enfocándose en el relato de su idilio pasado con Ixel.

La historia de mi amada es legendaria y se ha vuelto famosa

Como es conocido por todos, cuan deslumbrante es tu hermosura.

Otros han intentado poseerte con tesoros y regalos,

Pero solo yo he amado libremente tu corazón.

Chie realmente se impresionó de que los seres sobrenaturales conocieran los mudras del arte escénico, todos los secretos de sus danzas del vientre. Pero no le gustó ni un poco que todas estas declaraciones románticas estaban dirigidas a la esposa de su querida Sharame, quien estaba ausente… mientras su mujer miraba con demasiada atención a la belleza pelirroja. ¿Qué rayos estaba pasando? —¿Quién es ella?— La reina argita le preguntó con un susurro a Mai, quien no estaba menos preocupada por la rara afinidad que había entre su hermana y la hermosa pelirroja.

La verdad es que la pelirroja de iris violáceos pensaba en el hecho de que los asuntos de los dioses tenían un nivel de complejidad diferente y sería un problema tremendo si la diosa intentara seducir a su hermana. —Ella es Ceret, la diosa de la memoria… la reina del inframundo.

Chie tragó saliva, incluso si tener a la emperatriz fuera un juego para un ser inmortal, su querida Sharame no tendría demasiadas oportunidades, después de todo era una diosa y ellos no se rigen por las mismas reglas. —Eso sí que es un dilema.— Musitó considerándose atada de manos y Mai, afirmó lo dicho.

Shura-

Tus pretendientes intentaron detenerme,

Pero estos sentimientos me trajeron hasta aquí.

Todos dicen, que Sirene se ha vuelto loco por ti.

Loco, sí, como un loco, he enloquecido por tu amor.

Entonces Ixel hizo su aparición replicando los movimientos de Ceret mientras se le acercaba por la espalda con una sensualidad inusitada, como si fuera el eco de su propia voz. Con una distancia decente acopló su cadera y sostuvo el antebrazo de la señora de la memoria, rozando la piel hasta alcanzar sus hombros y girarla en medio de su danza. Le dio algunas vueltas en medio del baile y formaron figuras preciosas con sus cuerpos en proximidad, realizaron bellas posturas en perfecta sincronización como si hubieran hecho esta coreografía en una centena de ocasiones.

Bailando al ritmo de las circunstancias, la señora del aire miró de soslayo a Zire, quien todavía estaba enfurruñada en su lugar, se cuestionaba si incluso ahora que tenían este lazo perpetuo, ella querría mantener las distancias eternamente y por un instante la mirada le fue devuelta.

Elfir-

Tu indiferencia me ha herido de tal manera…

Que como un necio he enloquecido por tu amor.

Todos dicen, que este tonto ha blandido su espada por ti.

Pero solo cuando viste las heridas viniste hasta mí.

Zire se mordió la boca, fingiendo no sentirse aludida, bebió de su vaso y cuando volvió a ver, Elfir y Mashiro bailaban con giros hermosos, mientras la mujer que era viento guiaba elegantemente sus pasos. El instrumento levitaba a su alrededor, todavía sonando mágicamente, sin olvidar a las hadas que como esferas luminosas parecían danzar más que contentas junto a sus gobernantes.

Shura-

Y después me sanaste con el suave toque de tu mano,

Con tu voz me has debilitado, me has sensibilizado

Qué débil y qué fuerte me hiciste con tu amor.

Ay, he probado la sangre en mis labios…

He probado el deseo en mis labios

Ese que estaba durmiendo en mis venas

Pero ahora está despierto.

Mai se preocupó, en cuanto Shizuru vació su copa de un solo trago, enfadada por la situación. En sus ojos rojizos, lo que inició como un espectáculo magnético y deseable que la obligaba a mirar siempre en la dirección de Ceret, ahora se le antojaba demasiado lascivo e inapropiado; pues parecía que, como una ladrona, Ixel tomaría directamente el corazón de su querida pelirroja. Esas manos levitaban sobre el escote del pilar del inframundo, cuyo cuerpo ejecutaba un hermoso arco, su espalda se apoyaba en la rodilla de Ixel y aunque no la tocaba realmente, era odioso verlo. Pero desde ese ángulo, las cosas podrían ser malinterpretadas, ¿realmente rozó su pecho por error? Shizuru se mordió la boca cuando algo ardió en su pecho y otra copa le fue tendida por las manos de Altria, quien tomó asiento a su lado y se aseguró de proveerle tanto licor como fuera posible.

Zire consideró que ya era más que suficiente, no se pasaría toda la noche viéndolas sonreír amorosamente. Se levantó dispuesta a marcharse, pero mucho antes de que pudiera alejarse demasiado, sintió una decena de pequeñas manos sostener sus ropas y luz a su alrededor, incluso pudo oír las voces infantiles rogando para que bailara con ellas. Era difícil para la remusiana negarse a las pequeñas hadas, que eran tan preciosas y tiernas, ellas la acompañaban en todo momento, permaneciendo a su lado y tratando de hacerle la vida más fácil. Así que no pudo evitar ceder a las acciones de las pequeñas hadas que la hicieron girar al compás de la música, brillando felizmente.

Elfir-

Ay, he probado la sangre en mis labios…

He probado el deseo en mis labios

Ese que estaba durmiendo en mis venas

Pero ahora está despierto…

Danzó al son de los tambores y las flautas, con los acordes del laúd que Shura hacía sonar, hasta que los giros se aceleraron y las copas le hicieron algún efecto a la coordinación. Hubo un tenue empujón y tropezó contra el cuerpo de otra persona, chocando su cara en un pecho femenino que, olía especialmente bien. Cuánta fue su mala suerte, que al levantar la cabeza se dio cuenta de que se sostuvo de la persona que más detestaba en ese momento, los ojos que eran un cielo despejado la contemplaron con sorpresa. Mashiro intentaba no reírse de la mala suerte de la heredera remusiana, soltaba la mano de Elfir para dejarlas ser y continuó bailando con las hadas cuya travesura nunca esperó, la diosa del Éter realmente miró a la astuta Silvy con una sonrisa divertida. Zire bufó y gruñó con reproche, sin dejar de mirar a la diosa que consideraba culpable de estas circunstancias, quien la mantuvo de pie pese a sus diferencias de opinión.

Elfir-

Los he tocado, a tus labios…

Desde la profundidad de mis anhelos.

Le susurró la melodía en el oído con esa voz que podía estremecerlo todo y sujetó las manos de Zire con sus dedos, dejándolas permanecer cerca de su pecho, moviendo su cuerpo y su cadera tan sensualmente que la dama rubia se quedó sin habla.

Ay, he probado el néctar en mis labios…

Trate de salvarme, pero aun así…

He enloquecido por tu amor.

La forma en la que la miraba, incluso la voz que brotaba de sus labios, la tenía atontada, aunque Zire prefirió pensar que era culpa del licor. Se sintió indefensa cuando su boca se acercó lo suficiente como para darle un beso, tal vez se rozaron… pero no estaba segura. No podía pensar con esos ojos que son la bóveda celeste, intensos y brillantes.

Este fuego se está extendiendo por todas partes

Por todo mi ser, y mi cuerpo se ha vuelto loco

Mi respiración se ha detenido junto a ti.

La maestría de la danza de Elfir era evidente, las manos que la movían sin tocarla por completo, ¿por qué sería una tentación tan grande? Se cuestionó Zire cuando el primer giro ocurrió y sus pies actuaron con voluntad propia. Quizás era su ser competitivo, que se negaba a perder frente a ella o es que en el fondo quería rendirse y sentirla un poco más. Fue abrazada por la espalda, mientras el movimiento nacía por sí solo en sus cuerpos, sintió el agarre sólido de Elfir en su cintura y la sincronización de sus caderas sinuosas; pero incluso en ese momento ella no unió sus cuerpos, como si se forzara a mantener las delgadas líneas del respeto. Qué cruel era, quien se hacía desear de esa manera y es que en realidad tembló cuando la diosa le dio un cálido beso a su hombro. Sus ojos se encontraron y se deslizaron sobre su boca, con la fantasía de tener los labios de la otra, pero las dos tragaron saliva y otro giro tuvo lugar.

Hasta ayer solía ser un alma libre

¿Cómo es que me apresaste con un beso?

Mi alma vuela, pero parece que mi corazón se ha unido a ti.

La castaña le sonrió, apartándose lo suficiente para moverse y estar a la vista de las dos mujeres con las que compartía toda su existencia, porque jamás se olvidaría de su primer amor y se permitiría ser, solo si la segunda lo quería también. Esta era su declaración, realizó movimientos de manos y posturas que aludían al servilismo de sus sentimientos, aquellos que esperaban pacientemente. A ella se le unió la deidad del agua, quien habría entregado el laúd a la comandante de sus Selkis, Nia, para disfrutar de la velada y apoyar a su hermana en el proceso.

Shura y Elfir-

La esencia de tu ser ha caído sobre mi piel

Has fluido silenciosa, entrando en mi interior

Y mi amor se ha desatado solo para ti.

Ahora no cabía la menor duda de que ellas eran parte de la tríada de las diosas de la espada, sus movimientos perfectamente ejecutados, esos rostros preciosos, sus ojos hechiceros, los rasgos, las ondas de sus cabellos y la alegría que transmitían con todo su cuerpo, dichosas de tener tal hermandad. Erstin pudo mirar y aunque no sabía bailar esta danza, ver a Shura moverse de esta forma, aceleró los latidos de su corazón, tanto más, cuando sus ojos hechos de magma la buscaban constantemente. La joven herrera se cuestionaba si tales letras estaban dirigidas a ella o solo se trataba de una casualidad, porque la diosa Ixel la mencionó como si fuera una melodía antigua y aun así estaba moviendo sus pies, la cabeza y puede que algo más mientras escuchaba.

Elfir-

Desde entonces nuestra historia se ha vuelto famosa

Tus pretendientes intentaron detenerme,

Pero estos sentimientos me trajeron hasta ti.

Shura-

Todos dicen, que Sirene (el que vino del mar)

Se ha vuelto loco por ti.

Loco, sí, como un loco,

He enloquecido por tu amor.

Para ese momento, las doncellas de Argos, las nilas, las selkies, las hadas y algunas de las parejas estaban bailando esta melodía, que se componía de tres actos. Ceret se acercó al grupo de la novia, prometiendo con su gentil semblante, que le enseñaría correctamente a Mai y con ello se distrajo, mostrándole lo básico. Muy pronto la agasajada comenzó a fluir con el ambiente, feliz de que su despedida resultara ser tan entretenida.

Tensa por ser ignorada tan deliberadamente, Shizuru miró a las pelirrojas cuya alegría no se le contagiaba y considerando que ya era intolerable, sintió la mano de Altria tomar la suya y notó sus ojos glaciales mirarla intensamente. —¿Quieres divertirte? ¿Danzamos?

Normalmente, se negaría, pero tampoco quería ser la oscuridad en la fiesta de su preciada hermana, tomó la mano y fue cerca de Mai para mostrarle que también gozaría del evento. Shana se aproximó a Erstin, que era la única que no estaba disfrutando del baile, incluso cuando su cuerpo la traicionaba con el tenue tarareo y las ondas de su cabeza. La deidad del agua las miró con cuidadosa atención, mientras volvía a tocar el laúd con el ceño fruncido, pues conocía los alcances de Shana y sus ardides cuando de Altria se trataba, rogaba porque no intentara seducirla solo para agraviar a la regente.

Shura-

Tanta belleza ilumina cada rincón

Solo tú has descendido a mis pensamientos

Este corazón está danzando, danzando por ti

Es un baile que haré una y otra vez sin cesar

Porque tú eres mi dulce flor, mi oasis precioso

Tu imagen es tan pura y tu belleza resplandeciente.

Todos dicen, que Sirene

Se ha vuelto loco por ti.

Pero tú también…

Enloqueciste por mí, amor…

La deidad de aura verdosa notó el malestar de su prometida, así que se apresuró a distraerla de las posibilidades. Llegó a su lado y tomó la muñeca que movía el arco magistralmente en las cuerdas del laúd, sin retenerla, simplemente siguiendo sus movimientos hasta que las notas se agotaron y pudo retirar el instrumento de sus manos. Una de las Selkis se apresuró a sostenerlo cuando Ixel enredó sus dedos en los negros cabellos de su amante y extendió sus manos unidas, deslizando sus pasos al ritmo cadencioso que lo impregnaba todo, mientras ella misma entonaba la parte de la canción que más le gustaba.

Ixel-

El amor es mendigo, es nómada

Este sentimiento es como el fuego

Que arde y fluye a través del mundo…

Todos los danzantes se sorprendieron de escuchar una nueva voz, no menos bella y cuya lírica ofrecía un matiz enriquecedor. Shura fue atrapada por el encanto de Ixel y con su voz, su cuerpo y el roce de sus pechos demasiado cerca, las curvaturas de sus formas se acoplaron mientras se robaban las miradas. No más lejos, Ceret se unió a la moción, con las manos en su corazón miró en la dirección de aquella a la que siempre protegía, sin esconder su adoración.

Ceret-

Quiero morir enamorada de ti

Me sacrificaría por tu amor

Ignoraré al mundo, los ignoraré a todos

Porque mi amor está totalmente loco por ti

En mis oraciones y en mi cielo, tu presencia está allí

En mis deseos y en el sonido de mis pasos al caminar

Tu dulce veneno permanece, he enloquecido por ti

¿Por qué no podía solo dejarlas en paz y continuar en sus asuntos? Maldita caja de sorpresas, incluso cantaba maravillosamente. Altria ardía de la ira, pues al fin había logrado aproximarse a Shizuru, pero la atención de la joven estaba puesta en su custodia. ¿Acaso sentía algo por ella? Susurró la parte más desconfiada de su mente, así que se apresuró a tomar la mano de la emperatriz y realizar un par de giros para cortar la intensidad de esas miradas. La remuliana disfrutó del desencanto que percibió en los ojos azules de la diosa, a quien más le valía seguir bailando con Mai.

Dos pueden intentar el mismo juego, deslizó sus dedos sobre la piel de la cintura de Shizuru, rozando sutilmente a la mujer castaña, e hizo lo mismo con su propio cuerpo en cada cambio de postura y fingiendo seguir el ejemplo de las mujeres argitas que les habían enseñado movimientos de parejas cuyos afectos fueran románticos. La mente apartada de la castaña dio algún margen de acción a Altria, porque la ausencia de la mente, le abría posibilidades insospechadas.

Ixel-

Te adoro y te deseo constantemente

Me he postrado a tus pies

Con tu ausencia estoy vacía

Sé que solo te necesito a ti

Hay amor en tus ojos

Brillando desde tu alma

Aquí, allá y en cualquier lugar

a donde sea que vaya

seré paciente para verte

aunque arda en desesperación

Ignoraré al mundo, los ignoraré a todos

Porque mi amor está totalmente loco por ti

Con el final de la canción en puerta, Altria elaboró un movimiento, entre giros y maniobras preciosas, que culminó con el arco del cuerpo de Shizuru, quien se inclinó hacia atrás, siendo sostenida por la Fendrak. Altria la retuvo en sus brazos y se aproximó rápidamente a su cara para coronar la figura con un beso soñado, algo muy parecido a lo que Ixel hizo con Ceret, salvo porque la mujer nunca tocó un solo centímetro de su piel. Cuando las otras parejas se volvieron a mirar la escena con contrariedad, las manos del tercer pilar robando la figura de la emperatriz y abrazándola contra su cuerpo, fueron incluso más rápidas que los labios de Altria en alcanzarla.

La vergüenza de la remuliana llenó sus mejillas cuando besó el aire y al levantar la vista encontró a Shizuru siendo sostenida cuidadosamente por Ceret, quien la miraba con sumo desprecio. ¿La robó en cuestión de milésimas de segundo? No lo entendía, Shizuru ni siquiera parecía desarreglada por el exabrupto.

No dejaré que te aproveches de ella…— Le advirtió con un tono realmente amenazante en la lengua natural de los remulianos, mientras el aura dorada ardía como pequeñas llamas en sus ojos marinos y era suerte que la tonada hubiera acabado. —Permítame escoltarla, parece algo mareada…— Esta vez le habló a Shizuru, cuya mano todavía sostenía entre sus dedos temblorosos, que apenas se contenían de golpear a Altria.

No hice nada que ella no deseara…— Refutó con la barbilla alta en su lenguaje paterno, sin saber que había otras personas aparte de Shana que entendían esa lengua. —Solo estás postergando lo inevitable…

—Yo estoy perfectamente.— Intentó refutar la de ojos rojizos, aún molesta con Ceret. ¿No estaba siendo cínica? No hacía más de unos minutos había pasado por las manos de Ixel y ¿ahora la interrumpe en el baile con la Regente?

—Zuru… estás un poco roja, hermana. ¿Quieres que te acompañe al tocador?— Intervino Mai, consciente junto a todos los presentes, que Altria estuvo a nada de besarla y de no ser por la hábil maniobra de Ceret, otro escándalo estaría ocurriendo en sus narices.

Shizuru entendió que si Mai estaba tomando partido, era porque su conducta no era la más adecuada, así que fue la voz de alerta que necesitaba escuchar. —Estoy cansada, iré a mi palacio.

Con tal reconsideración, Ceret no dudó ni un instante en llevarse a Shizuru del lugar, dejando a todos con un silencio incómodo. Chie aplaudió para que la música volviera a ocupar el espacio, las mujeres de la orquesta entendieron la indirecta y con obediencia volvieron a hacer sonar una melodía, esta vez más tranquila. La reina argita se aproximó a Mai lo más discreta que pudo y le habló con su voz susurrante. —¿No dijiste que era una diosa?

—Sí, también es la escolta personal de mi hermana.— Mai no tenía intención de aclarar que era la esposa de la vida divina de Natsuki y que por ello cuidaba a su hermana, aunque pareciera otra cosa… porque ni ella misma entendía la lógica de estos acontecimientos.

No mucho más lejos de allí, las hijas de la espada miraban altivamente a Altria, pues tampoco pasaron por alto las intenciones de la remuliana. Elfir fue la primera en hablar, cuando Mashiro se mantuvo a su lado, sosteniendo su mano para apaciguarla. —¿Realmente quieres que nuestras hermanas te destrocen? En tu posición, no incordiaría demasiado a quienes gobiernan el mundo de los muertos, porque sea como sea, irás a parar en sus dominios tarde o temprano.

—¿De qué hablan?— Altria pensó que era una amenaza demasiado velada, ¿hacían tanto escándalo por un beso?

—Hay personas que valoran muy poco su vida o su cordura.— Dijo Shura, con una sonrisa que más parecía una advertencia, mientras se cruzaba de brazos. —Si no fueras la hermana de Shana Fendrak, ya habría provocado una sequía en tu país.— Le murmuró con voz lóbrega, antes de pasar a su lado golpeando su hombro. Fue un gesto pequeño que de todos modos la tiró al suelo.

La joven guerrera remuliana ignoró el hecho de que fue empujada como si una muralla se hubiera movido en su dirección, pero ciega de ira y frustración, se puso de pie tan rápido como pudo, con la intención de resolver la afrenta con un duelo. Shana quien entendía el significado no demasiado oculto de las mujeres allí presentes, por no mencionar el inconmensurable poder que las envolvía, comprendió rápido que la menor cometería un error irreparable si alzaba la voz, por lo que se apresuró a taparle la boca. —Perdonen a mi hermana sus excelencias, parece que se ha pasado de copas y su comportamiento ha sido inadecuado, yo misma la llevaré a sus aposentos.

—Agradécele, le debes la vida a tu hermana.— Murmuró Shura, disimulando el malestar que enojarse demasiado le causaba a su cuerpo convaleciente. Se dio la media vuelta, considerando que debería ocupar algo de su tiempo para hablar con el hada gélida otro día, si había algo que quería conservar de su vida mortal, era su amistad.

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—"Casi no puedo creer lo que pasó, la puso en una posición difícil y casi le roba un beso… esa víbora"— se quejó Ceret mentalmente. —"¿Cómo es que no se dio cuenta de sus intenciones? ¿Acaso está un poco tomada?"

Estaba caminando en automático, a paso rápido y de camino a la salida del palacio, sin siquiera mirar a la castaña a quien llevaba más o menos a rastras. La quería lejos de la fiesta en ese palacio de las estrellas, que es locación de los huéspedes más célebres de la familia real y en especial de Altria Fendrak cuyas intenciones ya eran inocultables.

—Ahora incluso te tomas atribuciones innecesarias— Se quejó Shizuru con voz adolorida, siendo llevada por Ceret, quien esperaba serenar sus inquietas emociones y guiarla lo suficientemente lejos del grupo como para usar su afinidad con la luz. Sin embargo, su protegida no estaba por la labor de colaborar. —No debí confiar en ti… pero ya me traicionaste aquella vez.— reclamó con voz resentida, con algo de valor líquido en las venas.

—Yo no te he traicionado.— Se defendió la dama de la memoria, cuya contrariedad llenaba sus ojos azules, deteniendo sus pasos para confrontar el rostro de la castaña. —Cuido de ti, solo… eso.— musitó con voz disgustada y la memoria de su cercanía con cierta remuliana mujeriega, demasiado fresca.

Shizuru se detuvo abruptamente y apartó su mano, confrontando a la deidad con evidente molestia. —Soy más que capaz de defenderme. No tienes que cuidarme, no tienes que hacer esto por Derha o por Natsuki, eres de ellas… pero no eres mía.

—¿No?— Los ojos azules se abrieron sorprendidos. —No hago esto por ellas, te protejo porque me importas.— Dijo las palabras con firmeza. —Ella quiso besarte en presencia de todos las personas. Esto ni siquiera es una cuestión de fuerza, ¿en verdad podrías detenerla con las manos ocupadas y el cuerpo en pose tan vulnerable?— Reprochó Ceret acariciando el puente de su nariz, sintiendo tanta ira por el atrevimiento de esa mujer. —¿Te parece correcto que incluso debo proteger tu honor?— Había una nota de celos en su voz, por lo que inhaló aire para recuperar la serenidad y explicarse de otra forma. —Creo que has tomado un poco más de lo que acostumbras y hay personas que pueden tomar ventaja de eso. Eres la emperatriz y eso te convierte en objeto de deseo para personas insidiosas.— La deidad intentó sostener la mano de Shizuru otra vez, a fin de viajar a través de la luz. —La regente Fendrak ha sido especialmente atrevida esta noche.

Shizuru se cruzó de brazos para evitar que Ceret volviera a tomar su mano. No es que hubiera actuado inconscientemente, en realidad no pudo evitarlo, era demasiado competitiva con Altria y sentía chispas, incluso si sabía que no debía estar cerca de ella, ahora mismo quería sentirse valorada y querida, ¡dioses!… quería ser deseada. —No he tomado tanto y para que lo sepas. Ella y yo somos amigas.

—"Amigo el ratón del queso…"— Pensó la diosa, mordiendo la cara interna de su mejilla y con un pálpito desasosegado e incómodo en el pecho, sin poder esconder lo mucho que le revolvía las entrañas. Ceret miró por la ventana para disimular su enojo. ¿Realmente estaba haciendo una escena de celos? No era una persona de mente cerrada y no se consideraba alguien posesiva, pero no podía hallar paz sobre este asunto. ¿Tal vez odiaba el hecho de que Altria quería acostarse con Shizuru sin sentimientos de amor en su corazón? Cerró los puños, adolorida por la imaginación del acto si llegara a darse. Necesitaba advertirle, quería que conociera el riesgo. —Para ella eres el siguiente objetivo en la lista, no su amiga.— Soltó con disgusto.

—¿Estás insinuando algo?— Shizuru levantó una ceja con indignación, aunque confundida por la extraña conducta de su guardiana. ¿A ella le importaba lo que hiciera con su vida privada? ¿No era eso extralimitarse?

Los iris azules miraron directamente el bello rostro de la castaña. —Finges bastante bien el no ver las intenciones de la amiga que te corteja sin reparo.— Anunció ya de forma directa, mientras removió el escote de seda en su vestido, como si la tela le asfixiara un poco en ese momento; aceptó con desencanto que esa decisión pertenecía solamente a Shizuru y ella es libre de afirmar, no importaba lo mucho que eso arruinaría las cosas. —Espero que no te tome por sorpresa cuando sea más directa, salvo… que sea lo que realmente quieres.

Como si hubiera sido atrapada en medio de un juego deshonesto, se sintió juzgada. —Incluso si Altria me besara, te aseguro que no le irá nada bien… pero eso a ti no te importa.

Con la ausencia repentina de la música en la sala de baile, aquellas palabras se escucharon como un ruido atronador y un tenso silencio llenó el espacio entre las dos. —Estás a salvo en este lugar, por lo que no necesitas más de mí por esta noche, vuelve a la fiesta y disfruta de la velada.— Ceret no quería mostrar lo mucho que le lastimó escuchar tal cosa de Shizuru, por lo que escondida en su espalda estranguló la muñeca izquierda entre sus dedos. —Me disculpo por mi atrevimiento, no volveré a interferir en tus asuntos.— Algunos mechones de los largos cabellos rojizos cubrieron los ojos de la diosa mientras su barbilla se tensaba temblorosamente. —Lamento haberme interesado más de lo debido.

Ceret se apresuró a salir de la vista de su interlocutora, dando un par de pasos al costado para marcharse de allí como si escapara. Invocó su poder sobre la luz con la esperanza de viajar a su habitación, aunque ahora mismo no tuviera la mente tan serena como siempre y le estuviera costando concentrarse. Cuando el brillo llenó el lugar por un instante, escuchó el llamado de la castaña, miró de soslayo sintiendo sus dedos cerrarse alrededor de su muñeca tras un salto que la tomó por sorpresa; sin embargo, la luz ya hacía su trabajo llevándola al lugar que había querido.

El palacio de los Lirios

Ambas figuras emergieron del vórtice dorado en la extraña posición y con el efecto de la inercia en el momento previo a su viaje, por lo que la pelirroja resbaló, más que sorprendida por la intromisión de la castaña que se había arrojado sobre ella. Las dos cayeron sobre la suave alfombra de los aposentos privados de Ceret en su lado del Palacio de los Lirios, aunque la deidad fue la que resultó embestida por accidente.

—No dejes de interesarte, no… no te vayas.— Le murmuraba Shizuru con voz herida y sin quitarse de encima, apoyó la frente en el cuello de Ceret. —Te hiciste irremplazable en mi vida, ¿por qué tenías que ser así?— Volvió a decir con voz lacrimosa. —Debería estar detestándote. Pero me dueles… más y más de lo que pensé que podría ser posible.— Ya no podía hacerlo a un lado, la ausencia de Ceret le pesaba más que el agravio porque el conjunto de todas las cosas era irremplazable. Entonces necesitaba soltarlo todo y ser escuchada en el proceso, por lo que se aferró a las manos de la joven diosa, levantando ligeramente la cabeza para mirarla. —Odio lo que me hiciste en el invernadero, sabías que es un tema álgido para mí, pero aun así lo mencionaste. Dijiste que Nao era más apasionada que yo y que por eso Natsuki… ya no se interesa en mí.

Ceret abrió sus párpados desvelando las joyas del mar que eran sus iris y miró confundida a la castaña, ella jamás diría tal barbaridad, negó con la cabeza y el arco triste de sus cejas rojizas sin dejar de mirarla. —No… yo no dije eso.

Shizuru sintió un enorme peso desvanecerse de sus hombros, mientras sus ojos rojizos se distraían de su indignación inicial, con tan hermosa vista. Pasaba del enojo a la maravilla en la contemplación de la diosa, cuestionándose como es que sus ojos podían ser tan bonitos como los cielos despejados de un verano cálido o su rostro tan precioso y que sus labios entreabiertos fueran tan… deseables. Es una locura que su alma sea incluso más magnífica que su aspecto.

Antes de que se olvidara de lo que estaba hablando, cautivada por la mujer, continuó. —Y ni siquiera conoces mi pasión. Nunca podrías referir tal cosa, no es nada justo…— Reprochó con un dejo infantil en su voz.

¿No debería remediar tal ignorancia? Susurró la tentación en algún recodo de la mente de la emperatriz. ¿Cuánto más iba a negarlo? Lo mucho que había fantaseado con la joven o incluso cuánto se había obsesionado con mirarla. Tenía que mostrarle, necesitaba comprobarle que estaba en un error. Era imperioso corregir tal ignominia, así que Shizuru se inclinó sobre Ceret y los preciosos bucles castaños cayeron como una cascada a cada lado del rostro hermoso de la deidad. Ya sin recato se aventuró a probar sus labios, apresándolos entre los suyos con un beso tan ardiente y anhelante como le fue posible.

Durante lo que parecieron eternos segundos, la joven de Tsu pudo creer que aquellos labios no corresponderían y un vacío inmenso como el de un abismo se sintió dentro de ella. Entonces, las suaves manos de Ceret se liberaron de su prisión y sostuvieron sus mejillas con decisión; sus dedos la acariciaron con afecto genuino y se abrió paso en su boca para dejar que sus lenguas se conocieran con un baile febril. Se besaron con una sed que habían escondido lejos de las miradas de los otros y Ceret batalló bajo las capas de la tela del vestido de Shizuru, por alcanzar aunque fuera un pequeño fragmento de su piel.

Las dos enredaron sus piernas sintiendo las deliciosas formas femeninas bajo la tela y se aferraron la una a la otra, con el movimiento inquieto de sus caderas rozándose, pues ansiaban más, mucho más. Las manos que buscan, encontraron debilidades con sus caricias, Shizuru desató el corsé de seda que Ceret ostentaba como cinturón de su vestido, deslizando sus curiosos dedos sobre el vientre de la diosa, quien suspiraba de placer en su oído y gemía con la tórrida mordida que le prodigaba la emperatriz a su cuello.

La ansiedad de la castaña se intensificó y no pudo esconder la lujuria en sus ojos rojos. Se apresuró a desabotonar las prendas, sin dar un solo respiro a los besos de su amante inesperada. Las amarras que no pudo retirar con habilidad, las quitó con fuerza, desvelando la tela del sostén de Ceret. Ya se imaginaba las hermosas aureolas que escondía la tela cuando la jadeante y sonrojada pelirroja la llamó por su nombre. —Shizuru…

—¿Sí?— La aludida tragó saliva, mirando a los ojos a la chica debajo de ella, esperando sus palabras, pues no sabía qué decir en un momento así.

Los dedos de la diosa descansaron en el pecho de la castaña a la altura de su corazón, como una pequeña y débil oposición. —No quiero ser solo un objeto de lujuria que será olvidado cuando el alba llegue…— Ceret buscaba aire en sus pulmones, calmando sus deseos ya al borde del delirio que la preciosa castaña le había ocasionado. Claro que le gustaba, se lo había dicho sin reparos y le hizo bromas pícaras, la cuidaba y la protegía porque… tenía sentimientos por ella, más grandes y más fuertes de lo que quiso admitir en un principio. Pero lo que era un afecto real para ella, tal vez, para Shizuru no lo era. —Por favor… no juegues conmigo.— musitó con expresión especialmente vulnerable.

La de iris rubí, la vio desde su altura y contempló el brillo de los ojos azules que la veían con tanta intensidad, sintiendo algo tibio, algo que alivió las heridas que guardaba y un poco de felicidad iluminó su interior. —No hago más que verte y no… yo no quiero detenerme.— Confesó, sabiendo que intentar culpar a las copas que tomó sería un acto ruin. Ella tampoco era la clase de mujer que haría cosas así con cualquiera solo por una noche; sostuvo la mano de la pelirroja y la acercó a sus labios, depositando un beso en su envés, antes de enredar sus dedos entre los suyos, agarrando su mano.

—Entonces dime que serás mía también, porque no vas a dejarme ir.— Susurró las palabras con un hilo de voz y cristalinos, amenazando con salir de sus profundos ojos tan tempestuosos como el mar. Ceret todavía temblaba sintiendo el cuerpo de Shizuru sobre el suyo y detenerse no era bueno para su vientre, que comenzaba a doler por el inclemente deseo frustrado. Pero necesitaba saber, que no era unilateral… ¿Y si lo era? ¿Si fuera solamente una espina sacando otra? —Porque… si esto ha sido solo un error.— Su voz se rompió. —No te tocaré, ni te besaré y no te amaré nunca más.— Las lágrimas se desbordaron cayendo por sus mejillas, era intolerable para la pelirroja vivir con tanta incertidumbre acechando su corazón.

—Ceret… yo…— Shizuru no había intentado hacerla llorar y se sorprendió de su reacción, pues ella siempre parece tan tranquila, como si nada la afectara.

—Me confundes con tus actos… me acusaste de decir palabras tan nefastas y yo jamás diría tal cosa. Pero luego me besaste incluso cuando actúas como si lo creyeras. No puedo saber lo que harás o lo que querrás. ¿Acaso mañana tendré que ser otra vez indiferente al vernos? ¿O me darás un beso al despertar?— Se cubrió el rostro con la mano que tenía libre mientras dejaba salir el dolor que sintió durante los largos días de esta Guerra Fría. —¿Esto que haces para herirme es porque no me quieres?

Shizuru sintió dagas en el pecho con tal vista y ante tales palabras viniendo de esta voz lastimada. No imaginó que le había hecho daño, no pensó que ella también sufría mientras se distanciaban. Ignoraba que verse como si no se importaran, la hiciera llorar así. Esto era lo peor, le rompía el corazón incluso más y la necesidad de retirar toda la tristeza de aquel rostro divino, la hizo plantarle un tierno beso en los labios mientras le susurraba palabras consoladoras. —Me he vuelto tuya sin siquiera darme cuenta.— acarició su mejilla, esperando que Ceret quisiera volver a mirarla y dejara de llorar por lo que pasó, así que suplicó. —Ya no puedo alejarme de ti y no sé qué puedo hacer para que no te vayas. Salté sobre ti, pensando que iba a perderte y no sabía lo mucho que tengo miedo de que todo lo que hemos vivido se desvanezca como si jamás hubiera ocurrido, porque yo jamás podré olvidarlo.— La mano de la joven se apartó y el escozor de sus ojos llorosos fue visible ante los ojos rubí. —Lo siento… lo lamento. Sabe mi corazón que tú jamás dirías tales cosas, pero no pude reaccionar mejor, porque por momentos realmente lo creí y me dolió más de lo que quería admitir.

—¿Lo dices de verdad?— Había una ilusión casi infantil en el hecho, mientras Ceret se secaba los ojos con la manga, tratando de calmarse. Ella es realmente sensible a las palabras de las personas que quiere.

—Lo juro, no estoy jugando contigo.— Susurró acariciando y besando su rostro, lamentando que llorara en primer lugar.

Ceret asintió un poco más calmada, se irguió un poco, sintiendo el cuerpo de su amante sobre su regazo y evitó incomodarla con movimientos bruscos. Extrajo de su espacio dimensional un objeto realmente valioso, tendiendo ante los ojos de Shizuru una gema de rubí exquisita incrustada en un brazalete, la pieza encajaba perfectamente con su gusto en joyas y el oro blanco que lucía frecuentemente como emperatriz. —Entonces acepta esta muestra de mi afecto, por favor— propuso sin dilación.

Shizuru observó maravillada el objeto, tenía sus medidas exactas y estaba completamente personalizada, incluso la gema realmente emulaba fielmente el color de sus ojos de entre todas las tonalidades posibles. —¿Lo has traído siempre contigo?

La sonrisa confidente de la diosa salió a relucir junto a su asentimiento. —Lo preparé para tu cumpleaños desde hace unos días. Pero esta ocasión es más importante, porque es algo en lo que he depositado todos mis sentimientos— Posó el objeto en la palma de la mano de la castaña sin dejar de mirarla con alegría.

—Mi gratitud no puede medirse ahora mismo.— Shizuru entendió que ella pensó en su regalo, cuando incluso estaban peleadas, lo cual la conmovió un poco más y por un momento se dio cuenta de que había recibido demasiado sin dar lo suficiente de vuelta, quería retribuirla por todo, anhelaba mostrarle lo valiosa que era para ella.

—¿Sabes lo que significa?— Ceret insistió en preguntar, porque esta promesa no podía diluirse con palabrerías.

Hablar de la palabra matrimonio era demasiado para ella en ese momento debido a las heridas que le había causado Natsuki, su amor por ella no se había desvanecido todavía pese a su separación, pero amarla era como abrazarse a una esfera llena de espinas por razones inútiles. No, no iba a pensar en Kruger en ese momento porque obviamente ella también estaría disfrutando de la fiesta de Lombard. Su lealtad… se la debía a sí misma y tenía que ser honesta sobre lo que estaba surgiendo aquí.

—¿Quieres que seamos amantes?— Cuestionó mirándola salazmente y con sus dedos acarició la punta de sus labios. En respuesta, Ceret besó las yemas con una expresión sugestiva y luego mordió un poco la piel, trasladando corrientes eléctricas por la espalda de la castaña. Shizuru acarició la barbilla y el cuello, superando la seda blanca que continuaba abierta y allí tocó su clavícula. —¿Quieres que tengamos un vínculo de unión?

Ceret tembló con una sensibilidad intolerable que la hacía desear no cuestionar nada más y perderse en ella, como si encontrara la omnisciencia. Pero se contuvo, un asentimiento suave y pausado surgió con cierta dificultad, pues las caricias la estremecían y le dificultaban mantenerse a raya. Necesitaba hacerle el amor hasta saciarse y lo haría por una eternidad si se lo permitieran, pero la quería permanentemente y eso no era negociable. —¿Y tú? ¿También lo deseas?— Le dedicó una expresión deseosa, con un brillo azul de anhelo en su faz enamorada.

Los hermosos dedos cerraron el broche del regalo en la muñeca, como una silente respuesta de su afirmación a la promesa de Ceret. —Lo quiero, con vehemencia…— confesó la emperatriz, mirándola con las pupilas completamente dilatadas y un deseo que desbordaba por los poros de su piel.

Con una sonrisa más cálida que mil soles, la deidad tomó la mano de Shizuru besando la palma, en cuya muñeca un brazalete de compromiso brillaba con la luz de la luna. —A partir de este instante, soy tuya y tú… eres mía.— Sin razones para detenerse, Ceret acunó la mejilla entre sus dedos mientras le plantaba un beso lleno de sentimientos en los labios.

En medio del intenso deseo y la pasión que las embargaba, se permitieron conocerse de formas nuevas, porque cuando sus labios se rozaban, las sensaciones alcanzaron profundidades insospechadas en sus cuerpos, mentes y corazones. Sostenerse de las manos mientras sus bocas se exploraban deliciosamente y mirarse con magnética atención, sabiendo que ese instante, aunque efímero, no sería una banalidad… era algo que apartaba el miedo de sus pensamientos. La promesa de un futuro para compartir les hizo apreciar cada segundo de ese presente, que era como un regalo maravilloso e inesperado. Deslizar los dedos sobre la piel que se exponía con cada prenda que caía al suelo, era como trazar poesías; y así, con la bella noche adornando el lugar, las dos mujeres se desplazaron a la cama, dejando tras de sí el rastro del desapego que sintieron por la tela que les impedía sentir a la otra directamente.

Shizuru empujó gentilmente a Ceret sobre la cama, retirando las sandalias de los pies delicados de la diosa y tomándose un momento para contemplarla en toda su gloria; la piel cremosa y blanca, la larga melena rojiza brillando en el contraste de las sábanas azules, la forma tentadora de su cadera y sus prominentes pechos respingados, con una aureola rosada. Decir que la vista de la desnudez de la mujer pelirroja es divina, suena a redundancia, pensó la castaña; pero no encontraba otra forma de justificar en su mente tanta gracia y beldad que sus ojos tenían el privilegio de ver. La dama de la memoria le sonrió, incluso si un sonrojo plagaba sus mejillas cuando los besos de cierta castaña en sus pantorrillas, le parecieron la cosa más linda y cuidadosa. Desbordar el inmenso amor que podía sentir sin el más mínimo ápice de temor, era una cosa que la joven de Tsu no sabía que necesitara tanto, porque entender que volvía loca a Ceret con cada caricia y beso que le prodigaba, era como una magia sanadora reparando las heridas de su corazón.

Las caricias de sus dedos, conocieron todos los lugares, junto a los besos que ascendieron por la cara interna de las piernas estilizadas, adentrándose sobre los muslos con la guía de los hermosos suspiros que brotaban de los labios de la diosa y los tenues temblores de su ser. Los iris rojizos miraron el rostro anhelante mientras se abría paso en los tiernos labios menores, como quien desvela los pétalos de la flor más delicada. La voz de Ceret dejó escapar un largo suspiro de satisfacción en cuanto las caricias húmedas alcanzaron aquel botón destinado exclusivamente al placer.

El sonido la enardeció de deseo, haciéndole saber que Ceret le daría no solo su corazón, también todo su ser y todos sus hermosos lugares, como si fuera un sueño o la vida en un paraíso, donde solo sus cuerpos pudieran hablar por sí mismos. Shizuru tintineó con su lengua el hinchado botón y las caderas hipnóticas de la diosa se mecieron contra su boca con una suavidad extraordinaria, como si temiera herirla con un desenfreno mayor.

La delicia que era tenerla tan entregada, hacía brotar un manantial de su interior cada vez más excitado y receptivo. Así, Shizuru la escuchó ascender poco a poco con sonidos preciosos, mientras sus dedos se abrían paso en su interior con fluidez, fue recibida por ella como si no existiera nada más en el universo. Era querida, era amada y Ceret la veía como a la criatura más maravillosa; entonces se esmeró por complacerla, la hizo suya una y otra vez, con sus manos atravesando las barreras que existían para los demás y no conoció tarea más placentera que esa. El cuerpo tembloroso de la diosa, le recordó que podía enloquecer con sus manos, con sus labios y sus movimientos, a quien tocara tan apasionadamente, dándole a saber que no había nada malo en ella al momento de amar.

El éxtasis sacudió su alma y alteró la mecánica de sus latidos, se sumergió en sus entrañas como el más dulce veneno, uno por el que Ceret moriría con gusto. Tembló, gimió y susurró el nombre de su ahora esposa, Shizuru… como si el alma se le escapara en el proceso. La atrajo sobre sí, buscó sus labios y robó un beso que sabía a ella misma, mirando a través de sus iris rojizos con sus propias ventanas azules. La abrazó enredando sus cuerpos tan cerca, deslizó las manos por su espalda hasta aquellas sensuales pelvis y con apenas un movimiento la levantó sobre su regazo como si la castaña fuera una pequeña pluma entre sus manos.

Shizuru contempló impresionada a Ceret entendiendo cuanto contenía sus fuerzas divinas en cada movimiento; vio ese rostro atractivo, antes tierno e inocente, que la miraba como si fuera el más dulce pecado hecho mujer. Un sonrojo ardió en sus mejillas, dichosa por sentirse tan deseada mientras sus besos se esparcían por su barbilla y cuello, había sido elegida por la dama que era tan onírica como un sueño y ahora la poseía con su místico ser.

Estaría a la merced de la voluntad de la diosa, que la adoró con sus labios, beso a beso, hasta llegar a las excitantes formas de su pecho, atrapó cuidadosamente uno en su boca y el otro fue tocado por su mano cuyas caricias no se hicieron esperar. El otro lo lamió, enviando corrientes con la punta de su lengua tintineante, luego mordió ligeramente y dibujó la aureola como haciendo y deshaciendo cada línea en un lienzo. Shizuru arqueo la espalda y sus caderas se movieron inconscientemente contra la de Ceret, rodeó su cintura con sus piernas, queriéndola mucho más cerca, como buscando la llave de una cerradora que abriera la puerta a nuevos placeres. Sujetándola con una mano, ocupó la otra, en acariciar aquel íntimo espacio, el cúmulo de goce entre sus piernas expuestas, la tocó al principio con algo de temor a hacerle daño con su fuerza sobrenatural, luego se movió más segura cuando suspiros de placer de la castaña crecieron cerca de su oído.

Ceret retiró la mano y la depositó gentilmente en el lecho, posándose sobre ella, sintiendo el pubis de su amante en su vientre y las delicadas texturas de su intimidad húmeda contra su piel. Pero ya era el momento de que ella le demostrara a Shizuru las maravillas de los dioses, la luz inundó sus ojos complacidos y enamorados, llenando con su propia presencia en todas las cosas, la realidad se distorsionó y las pequeñas luces brillaron con más intensidad. La diosa se acomodó entre las piernas de su amante y sus intimidades se rozaron, pero el animus que era una extensión de la dama pelirroja, las unió sin la necesidad de otras extensiones… y Shizuru se sintió llena de ella cuando el primer envite ocurrió; pero no hubo dolor, todo lo que sintió fue placer en cada una de sus terminales nerviosas como si ella las tocara como a las cuerdas de un arpa. Su voz pronunció el nombre de la reina del inframundo, Ceret, con tal excitación, así la marca de las enredaderas se formaron en su vientre con dos vertientes de tonalidades, rojo de sangre y azul nenúfar.

El roce de sus lugares más preciados y la energía dorada que se adentraba en Shizuru poseyéndola por completo, hizo estallar el animus rojizo en sus ojos de rubí líquido. Ceret le hacía perder la cordura en cada embestida como si los nervios de ambas estuvieran conectados y un sentimiento nuevo creciera tanto como su placer. Era la sensación más extasiante, su piel unida a la de Ceret, sus botones en contacto, el temblor, la locura y la música detrás de cada respiro y gemido, más intenso y fuerte, más ansioso y rápido. Esa boca en su boca, su cadera buscándola ansiosamente, fue más veloz, subiendo el ritmo y la tensión que la excitó tanto, hasta que un repentino estremecimiento sacudió cada parte del cuerpo de la castaña y un sonido más ronco en la escala de su voz se deslizó por el espacio.

No fue la única en llegar, las hebras de los cabellos rojizos de la solaris, brillaron como si el fuego se adueñara de ella y un brillo dorado bañó su piel, mientras la unión se forjaba en la pelvis de Shizuru con múltiples enredaderas. Los bellos Nenúfares azules nacieron también en la cadera de la deidad, sin que pudiera atender a nada más cuando la sintió ascender; las manos de la joven Viola, la abrazaron con fuerza enterrando sus uñas en la espalda de porcelana de la diosa mientras el clímax se extendía por cada parte de su ser. Las imágenes de todos los momentos que compartieron acudieron a su mente; trazando su propia historia desde la perspectiva del tercer pilar, quien le mostró la infinidad de veces que la contempló en silencio, sin que sus ojos se encontraran y con ello su corazón se llenó incluso más.

Estaban abrazadas, los ojos azules estaban llenos de tal calidez al mirarla, la diosa esperó a que la presión en aquel predilecto lugar cesara y la relajación de Shizuru le dio la oportunidad de salir de ella, respingó ligeramente cuando lo hizo, desvaneciendo el nodo que creó especialmente para esa ocasión. Se acomodó junto a su amante en la cama, la cubrió con la sábana y besó el hombro desnudo mientras acariciaba con sus manos el lugar en el que la flor de su vínculo seguramente estaría.

—¿Cómo? ¿Cómo pude sentir lo que tú sentías?— Susurró una adormilada Shizuru, a quien tal derroche la había dejado sin fuerzas y con ello el sopor le atacaba.

—Soy la diosa de las ilusiones y de la memoria, aunque… mi poder está a un paso de crear realidades.— Sonrió, consciente de que con esa divinidad había formado un lazo entre ambas, incluso un hilo delgado la habría enloquecido de placer, pues no era un aspecto relacionado con la forma o el tamaño, siempre se trató de compartir sensibilidades. Ella misma gozó de todo el éxtasis y el clímax de Shizuru en su propia carne, pero eso era una ventaja inherente a su naturaleza. —Quise compartirte mi punto de vista y mi…— Dudó brevemente, ¿tal vez ella no estaba lista para oírlo? Pero sería absurdo esconder lo evidente. —Mi amor por ti.

Shizuru creyó haber escuchado mal, pero luego repitió la palabra. —Amor, ¿me amas?

—Es así, pero sé que son palabras que no sabes cómo recibir en este momento.— Le murmuró cálidamente, ayudándola a conciliar el sueño. —Te tengo entre mis brazos y eso es todo lo que me importa ahora mismo.— Ceret no necesitaba una respuesta vacía o forzada, la paciencia es una de sus mayores virtudes y sabe más que suficiente con lo que las miradas de esos ojos rojos pueden murmurar.

Incapaz de musitar otra palabra y presa del agotamiento, Shizuru asintió, cayendo dormida entre los brazos de Ceret, quien continuó velando sus sueños, mirándola con una alegría que ascendía a sus ojos azules, porque casi podía temer que fuera una ilusión lo que había pasado. Jamás creyó que ella le correspondería y es por ello que no había sido directa, ni intentó cortejarla con palabras, todo había sido más que sorprendente. ¿Este es el poder de las indirectas y la presencia que cuida? La verdad es que no tenía esperanzas al respecto y de hecho, había perdido los estribos por culpa de la regente de Remulus, así que no escondió mejor sus emociones. Pero cuán agradecida le estaría por las circunstancias, la bendecirá siempre que dejara en paz a su esposa. Acomodó un mechón de cabello castaño con un tenue brillo rojo del poder que no se había desvanecido todavía, ojos de sangre y melena como el vino, Shizuru era preciosa en todos sus estados.

Sin embargo, algo inquietaba profundamente al tercer pilar del inframundo. Sus ojos azules pudieron ver dos ramas de variantes diferentes, forjándose como un vínculo en la piel de su amante y no tenía la certeza de cuál de ellos surgió primero. Entendía que los preciosos nenúfares azules con bellas antenas doradas son el lazo entre las dos, pero las flores de sangre, ¿a quién le pertenecían? Solo podía haber una razón y no le gustaba que esa posibilidad existiese. Intuyó que para que aquello pasara, Zarabin debe haber recuperado la consciencia, ella vive pese a la herida mortal de la daga y eso solo puede significar que irá tras su primera esposa. Pero Derha ha decidido abandonar sus sentimientos por ella y no le cae en gracia en este momento, entonces no sería tan fácil. ¿Acaso Zarabin le hizo algo a Derha?

Suspiró profundamente, negándose la posibilidad de un acto forzado, después de todo eso solo produciría un florecimiento marchito y considerando el hecho de que Derha siempre fue vulnerable ante las palabras y expresiones de la dama del renacimiento, cabe la posibilidad de que su voluntad volviera a romperse en pos de su nombre. Ceret aceptó esta realidad, después de todo le había concedido su permiso para desposarla, pero mentiría si no dijera que creyó que este lazo nacería con la mujer que ahora reposaba en sus brazos.

Mira entonces la casualidad, de todas las posibilidades nunca creyó que esta ocurriría, porque parecía tan imposible que Shizuru la quisiera de vuelta. Al principio, cuando ella la besó, se tardó en responder porque supuso que las fortunas estaban jugando con sus sentimientos y revisó en cada parte de ella con su animus para encontrar el hilo que la estuviera manipulando; grande fue su sorpresa al entender que no había ninguno y estas acciones estaban ocurriendo por el genuino deseo de la joven.

Ahora entendía que si Zarabin se hubiera ocupado con alguien más, no se preocuparía de las acciones de su álterego. En ese caso, ¿ha sido ella quien ha manipulado a Shizuru todo este tiempo? Ceret tensó la barbilla. Si bien, haber hecho a Shizuru su esposa, la liberó de los hilos de las fortunas que no podrían manipular su vida nunca más. ¿Todavía seguiría siendo el vehículo de las voluntades de Zarabin? Ella ya la ha usado en el pasado para engendrar a las niñas y si la marca de otro lazo diferente se forjó con la flor de sangre en la pelvis de la mujer dormida, eso significa que su conexión aún permanece. Ceret se mordió la cara interna de las mejillas, si su teoría fuera cierta, no solo unió su ser con el de Shizuru, en alguna parte distante… Zarabin debe haber desarrollado la marca de los Nenúfares Azules. Es una ironía que ella también sea su esposa a partir de esta noche, pero Ceret sonrió divertida con el hecho y sin preocuparse demasiado, después de todo, tener a Shizuru valía cualquier precio.