Sin previo aviso,la luz contenida en su palma se expandió de golpe. Fue un destello rápido, como una ráfaga de energía que cruzó el aire con un zumbido ensordecedor.El suelo bajo sus pies se agrietó instantáneamente, creando ondas de destrucción que se extendían hacia Bernardo.

El ataque no era solo una muestra de fuerza; era un recordatorio cruel de la abismal diferencia entre ambos.El cuerpo de Bernardo se tensó, sus músculos quemándose por el esfuerzo de resistir el impacto, pero incluso en su intento desesperado por avanzar, la presión lo obligaba a retroceder.

Peter bajó la mano lentamente, observando con calma el caos que había desatado. —Tienes fuerza, hermano. Pero no tienes lo necesario para controlarla.

El aire se volvió denso con un silencio aterrador.Peter, esta vez, no volvió a decir una sola palabra.Su presencia, antes acompañada de burlas y desdén, ahora se manifestaba en un mutismo perpetuo que resultaba aún más inquietante.El brillo en sus ojos reflejaba una frialdad calculadora, y esa calma sólo hacía que sus movimientos fueran aún más despiadados.

Sin previo aviso,los ataques de Peter se volvieron más precisos, más crueles.Cada golpe parecía diseñado para infligir un dolor insoportable sin causar la muerte inmediata.Su técnica era despiadada:apuntaba a las articulaciones, tendones y músculos. Un tajo dirigido al costado de Bernardo pasó a milímetros de perforar un órgano vital; otro golpe alcanzó su muslo, cortando profundamente pero evitando la arteria principal. Era como si Peter estuvieradiseccionándolo con frialdad, jugando con él como un depredador con su presa.

En sus manos, elmana denso se transformó completamente, tomando la forma de unaespada de luz pura.El filo resplandecía con un blanco cegador, tan intenso que el aire a su alrededor parecía vibrar. Cada movimiento del arma dejaba una estela brillante en el aire, como si estuviera tallando el espacio mismo. Era un arma letal en las manos de alguien que sabía exactamente cómo usarla.

El primer golpe de la espada cayó con precisión milimétrica.El filo rozó el hombro de Bernardo, abriendo un corte profundo que ardió como fuego. La luz pura que componía el arma no solo hería la carne; también quemaba el mana de su víctima, debilitándolo lentamente.Bernardo retrocedió, jadeando, mientras un dolor insoportable recorría su cuerpo.

Otro golpe siguió, esta vez dirigido a la rodilla. Bernardo apenas logró esquivarlo, pero el filo de luz dejó una herida superficial queprovocó un destello de dolor tan agudo que casi lo hizo colapsar.Cada ataque era calculado para desestabilizarlo, para quebrar su cuerpo y su espíritu.Peter no buscaba una victoria rápida; estaba disfrutando el proceso de destrucción.

Bernardo intentó contraatacar, lanzando un puñetazo hacia el rostro de su hermano, peroPeter se deslizó hacia un lado con una gracia casi etérea.La espada de luz brilló de nuevo y, en un movimiento casi imperceptible,atravesó el costado de Bernardo, perforando su carne sin tocar ningún órgano vital.La sangre comenzó a fluir, pero el verdadero daño era el mana ardiente que dejaba la hoja al pasar.

El suelo bajo sus pies estaba cubierto de grietas y sangre.Bernardo jadeaba, su cuerpo temblando mientras intentaba mantenerse en pie.Pero Peter no le dio respiro. Otro corte se dirigió hacia su brazo izquierdo, dejando una herida profunda que casi inutilizó el miembro. Cada golpe estaba acompañado por el zumbido ensordecedor de la espada de luz, un recordatorio constante del poder abrumador de Peter.

El silencio de Peter seguía siendo absoluto, pero su crueldad hablaba más fuerte que cualquier palabra.Era un verdugo implacable, y Bernardo estaba comenzando a darse cuenta de que no solo estaba luchando contra su hermano, sino contra un poder que lo superaba en todos los sentidos.

El enfrentamiento se había convertido en un espectáculo de brutalidad despiadada.La espada de luz de Peter cortaba el aire con precisión letal, y cada impacto resonaba como el eco de un verdugo que no daba tregua.La sangre de Bernardo manaba sin cesar, goteando de sus heridas y creando charcos oscuros que brillaban débilmente bajo el resplandor de la luz pura.Era un recordatorio cruel y tangible de su agonía, de lo cerca que estaba del abismo.

Peter avanzaba como una tormenta implacable, cada movimiento cargado de una intención brutal.No buscaba simplemente derrotar a su hermano; quería destrozarlo, reducirlo a nada más que un eco de lo que alguna vez fue.La espada de luz bailaba en sus manos, su filo desgarrando no solo carne, sino también la resistencia de Bernardo.Un tajo descendente rozó su clavícula, dejando un surco profundo que hizo brotar un grito ahogado de su garganta. El dolor era insoportable, como si el filo estuviera ardiendo directamente en sus nervios.

Bernardo intentó retroceder, sus piernas temblorosas luchando por sostenerlo.Su visión estaba borrosa, su cuerpo empapado de sudor y sangre.Pero Peter no le dio tiempo para recuperarse.Otro golpe cayó, esta vez hacia su abdomen.Bernardo apenas tuvo tiempo de alzar el brazo para desviar el ataque, pero el impacto lo lanzó hacia atrás, estrellándolo contra el suelo con un estruendo sordo. El aire escapó de sus pulmones en un jadeo agonizante, y por un instante, el mundo pareció detenerse.

¿Eso es todo? —murmuró Peter con desdén, su voz baja pero cargada de veneno.No levantó la voz; no lo necesitaba. La superioridad absoluta en su tono era suficiente para aplastar cualquier chispa de esperanza que pudiera quedar en Bernardo.

Con un movimiento fluido, Peter levantó la espada de luz y la dejó caer en un arco rápido hacia la pierna de Bernardo.El filo no cortó por completo, pero atravesó músculos y tendones, arrancando un alarido desgarrador de su hermano mayor.El sonido de carne siendo desgarrada se mezcló con el eco del choque, creando una sinfonía macabra que llenó el espacio.

Bernardo, con un esfuerzo sobrehumano, se giró y trató de usar su otra pierna para impulsarse hacia atrás.Pero Peter fue más rápido. Un pisotón dirigido al torso lo dejó inmóvil, con las costillas crujiendo bajo el peso de su hermano menor.El aliento se le cortó, y su cuerpo entero convulsionó mientras intentaba procesar el dolor.

Qué patético, Bernardo. Pensé que podrías entretenerme al menos un poco más —dijo Peter, su voz fría como el acero.

Bernardo intentó hablar, pero las palabras se atascaban en su garganta.El sabor metálico de la sangre llenaba su boca, y cada respiración era un esfuerzo monumental.Su mente era un torbellino de pensamientos rotos: recuerdos, resentimientos, y el grito lejano de una voluntad que se negaba a rendirse, aunque su cuerpo estuviera al borde del colapso.

Peter giró la espada de luz en su mano, observándola con una expresión casi aburrida.Sin previo aviso, levantó el arma y la dejó caer hacia el hombro de Bernardo.El impacto fue devastador, arrancando otro grito desgarrador mientras la carne se abría bajo la presión del filo ardiente.No era un ataque mortal, pero el dolor era suficiente para hacer que cualquiera deseara la muerte.

Esto no es una pelea, hermano —dijo Peter, inclinándose ligeramente para que sus palabras fueran un susurro cruel al oído de Bernardo—. Esto es una ejecución lenta.

Bernardo jadeaba, su cuerpo temblando como si cada fibra de su ser estuviera a punto de desmoronarse. Pero, incluso en ese estado,su mirada, aunque apagada, aún tenía un destello de desafío.Un desafío que no era para Peter, sino para el destino mismo.

Cada golpe, cada puño y cada patada resonaban como si las mismísimas armas arcanas estuvieran chocando en un combate ancestral, liberando un eco que estremecía hasta el alma.Sin embargo, el poder que acompañaba cada ataque de Peter era abrumadoramente horrendo, una fuerza que no solo buscaba herir, sino aplastar cualquier fragmento de esperanza que quedara en su oponente.

Bernardo, con cada fibra de su ser, intentaba contraatacar.Su estrategia había cambiado: ya no lanzaba golpes al azar, sino que apuntaba directamente a los puntos vitales de su hermano menor.Un gancho directo a la mandíbula, un codazo al cuello, una patada al estómago.Pero la fuerza de sus ataques carecía del impacto necesario.Era como si estuviera golpeando una pared inamovible, un muro de puro poder que absorbía cada intento de agresión y lo devolvía con una crueldad multiplicada.

Peter no titubeó.Su siguiente puñetazo golpeó el torso de Bernardo con una fuerza devastadora, el sonido del impacto resonando como un trueno.Las costillas de Bernardo crujieron bajo la presión, y el aire se escapó de sus pulmones en un jadeo ahogado.Antes de que pudiera recuperar el equilibrio, un rodillazo directo al abdomen lo dejó encorvado, incapaz de sostenerse por completo.

Bernardo reaccionó por instinto.Llevó ambos puños hacia arriba, dirigiéndolos al mentón de Peter en un intento desesperado de romper su postura dominante.El golpe conectó, pero el efecto fue insignificante.Peter apenas se movió; su cuerpo, fortalecido por el mana denso que lo rodeaba, absorbió el impacto como si fuera un simple roce.—¿Eso es todo lo que tienes? —dijo Peter, con una sonrisa burlona mientras se relamía, como si disfrutara del dolor que infligía.

Sin dar tiempo a respirar, Peter atacó de nuevo.Una patada giratoria aterrizó directamente en la pierna izquierda de Bernardo, el impacto tan fuerte que lo obligó a caer de rodillas.El dolor explotó como un incendio en su muslo, los nervios gritando por el daño.Antes de que pudiera reaccionar, Peter levantó su pierna y pisoteó el hombro de Bernardo, presionándolo contra el suelo destrozado.La fuerza del golpe era tal que una pequeña nube de polvo se levantó alrededor de ellos.

Bernardo se negó a quedarse abajo.Con un esfuerzo que parecía imposible para su cuerpo maltrecho, usó la mano libre para golpear el tobillo de Peter. Era un golpe dirigido a un punto sensible, pero carecía de la energía para siquiera desestabilizarlo.Peter lo miró con desdén, como si su intento fuera una broma.

¿Vas a seguir intentando, hermano? —preguntó Peter, su voz baja, casi un susurro cargado de malicia.Con un movimiento fluido, levantó a Bernardo del suelo agarrándolo por el cuello y lo lanzó contra una de las columnas que todavía permanecía en pie.El impacto fue brutal.La columna se resquebrajó, y Bernardo cayó al suelo con un golpe sordo, su cuerpo sintiéndose como una masa de dolor puro.

A pesar de todo, Bernardo se levantó tambaleante, la sangre cubriendo su rostro y empapando su puño derecho se elevó una vez más, temblando pero decidido.Lanzó un golpe directo al pecho de Peter, impactando justo en el corazón.El golpe conectó, pero no logró nada más que provocar una leve risa en su hermano menor.

Débil. Siempre has sido débil —dijo Peter mientras levantaba su espada de luz.Con un movimiento rápido, la deslizó por el costado de Bernardo, creando una herida que inmediatamente comenzó a derramar sangre.Bernardo retrocedió, presionando su mano contra la herida mientras sus piernas tambaleaban.

Cada segundo que pasaba era una pesadilla. Cada golpe de Peter no solo era físico; era un recordatorio de la abrumadora diferencia entre ellos, de cómola fuerza desmedida de Peter lo convertía en un titán, mientras que Bernardo apenas podía resistir como un hombre roto.

Peter, sintiendo cómo la fuerza de Bernardo comenzaba a desvanecerse pero notando un incremento inesperado en su velocidad, decidió intensificar su ofensiva.Sus ataques, ya brutales, se tornaron aún más implacables, precisos y despiadados. Cada movimiento era un acto de agresión meticulosa, diseñado no para terminar rápidamente la pelea, sino para desgarrar a su hermano tanto física como mentalmente.

Bernardo, jadeante y tambaleándose, intentó mantenerse firme.Aunque su cuerpo estaba al borde del colapso, su velocidad se había incrementado casi por instinto, permitiéndole esquivar algunos de los golpes que, de otro modo, habrían sido fatales. Pero su resistencia no era suficiente; Peter lo alcanzaba, lo golpeaba, y luego lo dejaba caer solo para alzarlo de nuevo con otro ataque.Era un baile macabro en el que Bernardo apenas podía mantenerse en pie.

De repente,el ojo sano de Bernardo captó algo extraño.En medio de sus movimientos desesperados, su mirada se cruzó con la de Peter, y durante un instante que pareció eterno, pudo ver algo más allá del rostro de su hermano:una bola de luz extremadamente deslumbrante que emanaba de su brillo era tan intenso que Bernardo sintió cómo la retina de su único ojo ardía, como si estuviera mirando directamente al sol.

¡ARGH! —gritó Bernardo, llevándose una mano al rostro.La luz, aunque efímera, casi lo dejó completamente ciego de su único ojo sano. Sus pensamientos se desbordaron en confusión y temor:¿Qué demonios era eso? ¿Era el mana de Peter o algo más?

Peter notó su reacción y sonrió con una satisfacción oscura.¿Lo viste, hermano? —dijo con un tono burlón mientras balanceaba su espada de luz con una gracia mortal—. Es mi poder. Algo que tú nunca podrás alcanzar. Esa luz que ves... es la diferencia entre nosotros.

Aprovechando la distracción momentánea de Bernardo,Peter se movió con una velocidad devastadora.En un parpadeo, apareció detrás de su hermano y propinó una patada giratoria directamente en la espalda baja de Bernardo.El impacto fue tan feroz que lo envió volando varios metros, su cuerpo girando sin control en el aire antes de estrellarse contra el suelo.

Bernardo, tosiendo sangre, intentó levantarse una vez más.Pero antes de que pudiera siquiera apoyar las manos en el suelo,Peter ya estaba sobre él.Con una velocidad inhumana, levantó su espada de luz y la bajó en un arco hacia el brazo de Bernardo, deteniéndose a centímetros de cortarlo por completo.

¿Vas a seguir luchando, o simplemente quieres morir aquí como el inútil que eres?—preguntó Peter, inclinándose hacia él, con una sonrisa tan cruel como la luz que emanaba de su espada.

Bernardo no respondió, pero algo en sus ojos, incluso mientras se llenaban de lágrimas de dolor y desesperación, no dejó de brillar.Era una chispa diminuta, un fuego débil que, a pesar de todo, se negaba a extinguirse."No puedo detenerme aquí",pensó, mientras intentaba levantarse una vez más, incluso sabiendo que el siguiente ataque de Peter podría ser el último.

Bernardo sintió cómo la rabia comenzaba a arder en lo más profundo de su ser, una llama que se negaba a ser sofocada por los golpes y el desprecio.Cada palabra cruel de Peter era un recordatorio de su propia lucha interna, un combustible que avivaba esa llama, convirtiéndola en un fuego voraz.El dolor en su cuerpo era insignificante en comparación con la humillación de ser tratado como un simple peón, una herramienta para las ambiciones despiadadas de su hermano menor.

Con cada latido acelerado de su corazón, la resolución creció en él como una fuerza inquebrantable.Sus músculos temblaban, no solo por la fatiga, sino también por el mana que, aunque inestable, comenzaba a responder a su voluntad.Las gotas de sangre que caían de sus heridas parecían marcar el suelo con un juramento silencioso: no sería derrotado.

¡No seré tu sacrificio!—rugió Bernardo, su voz cargada de una mezcla de furia y desafío. Era un grito que resonaba no solo en el campo de batalla, sino también dentro de su propia mente, arrancando las cadenas de la duda y la resignación.Cada palabra escapó de su garganta como un eco de su propia alma, afirmando que no era un objeto, no era un escalón para las ambiciones de Peter.

Peter se detuvo, sorprendido por la intensidad del grito de su hermano.Su espada de luz todavía brillaba con un resplandor mortal, pero por un breve instante, su expresión mostró una mezcla de desconcierto y fastidio. —¿Eso es todo lo que tienes? Palabras vacías. Nada de lo que digas cambiará lo que eres: un miserable fracaso.

Bernardo no respondió con palabras.En lugar de eso, apretó los puños con fuerza, sus uñas clavándose en sus palmas hasta que la sangre comenzó a gotear.Un aura oscura y turbulenta empezó a emanar de su cuerpo, un indicio de que su mana, aunque caótico, estaba siendo convocado de una manera más agresiva que nunca.

Con un rugido de pura voluntad, Bernardo canalizó su energía restante hacia un ataque desesperado.El suelo debajo de él se resquebrajó mientras impulsaba su cuerpo hacia adelante, lanzándose contra Peter con toda la velocidad y fuerza que podía reunir.Su puño, cubierto de mana enrojecido por su propio dolor, se dirigió directo al rostro de su hermano.

Pero Peter, con la misma calma cruel que había mostrado durante toda la pelea,alzó su espada de luz para interceptar el ataque.La colisión de energías creó una onda expansiva que desgarró el aire y lanzó fragmentos de piedra en todas direcciones.

No estás aquí para alimentarme, dices.—La voz de Peter era un susurro venenoso mientras la espada bloqueaba el golpe de Bernardo con facilidad.Su sonrisa se ensanchó, convirtiéndose en una mueca de pura maldad—. Pero eso es todo lo que eres, hermano: un sacrificio.

Antes de que Bernardo pudiera retirarse, Peter giró con una precisión quirúrgica, lanzando un tajo con su espada que rozó el hombro de Bernardo.Aunque no lo cortó profundamente, el impacto fue suficiente para desequilibrarlo y enviar un dolor abrasador por su brazo.Aprovechando la oportunidad, Peter lo golpeó en el estómago con su rodilla, expulsando el aire de los pulmones de Bernardo en un gemido ahogado.

Admite tu lugar, Bernardo,—gruñó Peter, agarrándolo por el cuello con una mano mientras la espada en la otra brillaba aún más intensamente—.Solo estás prolongando lo inevitable. Eres débil, y siempre lo serás.

Pero Bernardo, aunque atrapado y con el cuerpo destrozado, todavía tenía esa chispa en sus ojos.Su puño tembló, no por el miedo, sino por el esfuerzo de mantenerse en pie, de seguir luchando.Y en su mente, una verdad ardía más intensamente que nunca: no iba a ceder, no iba a morir como un sacrificio.

Las palabras brotaron de su garganta como un torrente indomable, cargadas de una ferocidad que parecía provenir de lo más profundo de su ser.Cada sílaba era un grito de guerra, un clamor desesperado por su propia existencia.En ese instante, no era solo una declaración, era un juramento grabado en el aire, como si el mismo universo lo estuviera escuchando.

¡No caeré! ¡No seré tu sombra ni tu sacrificio, Peter!—bramó Bernardo, y la intensidad de su voz reverberó por todo el campo de batalla.

El odio y la determinación se arremolinaban dentro de él, chocando como tormentas en conflicto.Podía sentir cómo esa mezcla caótica de emociones quemaba su interior, destruyendo las cadenas de la desesperanza y reemplazándolas con un propósito incandescente.Cada golpe de su corazón bombeaba no solo sangre, sino también mana, que comenzaba a fluir como un torrente indomable por su cuerpo.

Su cuerpo, aunque maltrecho, empezó a responder a esa energía interna.Las heridas que cubrían su piel parecían perder importancia frente a la fuerza que se acumulaba en sus extremidades.Los temblores en sus manos desaparecieron, reemplazados por un agarre firme y decidido.Las piernas, que momentos antes habían vacilado bajo el peso de la batalla, ahora se plantaban firmemente en el suelo destrozado, como raíces que se hundían profundamente en la tierra.

Peter, aún empuñando su espada de luz con una confianza imperturbable,se permitió una sonrisa burlona al observar cómo Bernardo intentaba levantarse una vez más.Sigues resistiendo, hermano. Pero la resistencia no es más que el preludio del colapso.—Sus palabras estaban llenas de veneno, diseñadas para aplastar cualquier chispa de esperanza.

Pero Bernardo lo ignoró.Sus ojos, uno ensangrentado y el otro cargado de resolución, se fijaron en Peter como si quisiera atravesarlo con la mirada.Alzó su mano, y el mana que fluía dentro de él empezó a concentrarse en su palma, formando una esfera irregular de energía cruda.Era inestable, chisporroteaba con una ferocidad que reflejaba la lucha interna de Bernardo, pero estaba llena de potencial destructivo.

No entenderías lo que es luchar por algo más grande que tu propio ego, Peter.—La voz de Bernardo era grave, casi un gruñido, mientras la esfera de mana crecía en tamaño y brillo.

En un abrir y cerrar de ojos, Bernardo cargó hacia adelante, su cuerpo impulsado por una velocidad renovada y una fuerza que brotaba de su deseo de sobrevivir.Con cada paso, el suelo bajo sus pies se rompía en fragmentos, dejando un rastro de destrucción a su paso.Lanzó un puñetazo directo al rostro de Peter, acompañado por la esfera de mana en su mano, que rugía como una bestia desatada.

Peter levantó su espada para bloquear el ataque, pero la intensidad del golpe hizo que retrocediera un paso.Por primera vez en toda la batalla, su expresión mostró una fracción de desconcierto.El impacto envió una onda de choque que hizo vibrar el aire y arrancó pedazos de roca del suelo.

Eso es todo lo que tienes, Bernardo. Sigue intentándolo, me estás entreteniendo.—Aunque había retrocedido, Peter seguía manteniendo su aire de superioridad, como si el resultado de la batalla ya estuviera decidido.

Pero Bernardo no se detuvo.Sus ataques comenzaron a caer como una lluvia implacable, cada golpe lanzado con una furia que buscaba romper el dominio de Peter. Aunque muchos de sus movimientos eran interceptados por la espada de luz, algunos lograban rozar a su hermano menor, dejando marcas de quemaduras y pequeños cortes en su piel.

Peter contraatacó con un tajo lateral, pero Bernardo, impulsado por su determinación,se agachó justo a tiempo y lanzó un golpe ascendente que impactó en el costado de Peter.El joven guerrero gruñó de dolor mientras era lanzado unos pasos hacia atrás.

¿Sientes eso, Peter?—espetó Bernardo, con una sonrisa amarga que asomaba en su rostro ensangrentado—.Es lo que significa ser humano. Sentir dolor, miedo... y aún así luchar. Tú nunca entenderás eso.

El odio que había sentido antes se había transformado en algo más profundo: un deseo inquebrantable de demostrar que no sería derrotado, que su existencia era más que el capricho de su hermano.

Cada impacto resonaba como un eco dentro del alma de Bernardo, un recordatorio visceral de las cadenas que había llevado durante toda su vida.La sangre que brotaba de sus heridas se mezclaba con el sudor y la tierra, convirtiéndose en una marca de resistencia, un emblema de su lucha por sobrevivir.Peter, con cada golpe que lanzaba, no solo buscaba destruirlo físicamente, sino quebrar lo que quedaba de su voluntad. Pero Bernardo se negaba a ceder.

No solo lucho contra ti, Peter.—Las palabras de Bernardo salieron como un gruñido, cargadas de una mezcla de furia y determinación—.Lucho contra todo lo que me ha intentado aplastar desde siempre.

Peter, con su espada de luz danzando en el aire como una extensión de su voluntad, lanzó un corte descendente con una precisión mortal.El filo brillaba con un resplandor casi divino, prometiendo una devastación que pocos podrían resistir.Bernardo giró sobre su eje, esquivando el golpe por un suspiro de distancia, mientras la energía de la espada cortaba el suelo, dejando una grieta humeante a su paso.

En ese instante, la lucha dejó de ser una batalla física y se convirtió en una guerra de ideales.Con cada paso que Bernardo daba hacia adelante, con cada golpe que lograba conectar, estaba reclamando algo que le había sido negado durante toda su vida: el derecho de ser más que una sombra, de existir fuera del control de su hermano.

Peter respondió con una furia casi mecánica, sus ataques precisos y despiadados, dirigidos a puntos estratégicos para desgastar a Bernardo.Lanzó un tajo horizontal, obligando a su hermano a retroceder, pero Bernardo, en lugar de acobardarse, utilizó el retroceso para impulsarse hacia adelante, esquivando un golpe vertical y lanzando un puñetazo directo al torso de Peter.El impacto fue como el rugido de un trueno, y aunque Peter apenas se tambaleó, su expresión mostró una breve chispa de desconcierto.

¿Eso es todo lo que puedes hacer, Bernardo?—Peter escupió las palabras con desdén, aunque una leve fisura en su tono traicionaba su confianza absoluta—.No importa cuánto luches, siempre estarás un paso detrás de mí.

Pero Bernardo ya no escuchaba sus palabras.Cada herida que adornaba su cuerpo, cada gota de sangre que caía al suelo, era un recordatorio de que aún estaba vivo, de que aún podía luchar.Con un rugido que parecía surgir desde las profundidades de su alma, Bernardo cargó hacia adelante, sus puños envueltos en un aura de mana que chisporroteaba como llamas descontroladas.

Peter levantó su espada para bloquear, pero el golpe de Bernardo fue más fuerte de lo que había anticipado.La colisión envió una onda de choque a través del aire, haciendo temblar el suelo y lanzando fragmentos de roca en todas direcciones.Por primera vez, la figura perfecta de Peter mostró un signo de debilidad, un ligero tambaleo que Bernardo no dejó pasar desapercibido.

La lucha se había convertido en algo más que un enfrentamiento entre dos hermanos.Con cada golpe recibido, con cada herida infligida, Bernardo estaba desafiando no solo a Peter, sino a la idea misma de que estaba destinado a ser menos, a vivir a la sombra de alguien más.Sus ojos, uno hinchado y casi cerrado, ardían con una intensidad que parecía rivalizar con la propia luz de la espada de Peter.

Con un grito de guerra que rasgó el aire, Bernardo lanzó un gancho ascendente que impactó en el costado de Peter, seguido por una patada lateral que lo envió retrocediendo varios metros.El sonido del impacto fue como el de un martillo golpeando un yunque, reverberando por todo el campo de batalla.Aunque su cuerpo temblaba de agotamiento, Bernardo avanzó, cada paso una declaración de que no se rendiría.

Esta lucha no es solo contra ti, Peter.—Las palabras de Bernardo resonaron con una fuerza que parecía desafiar al mismo destino—.Es contra todo lo que intentó quebrarme, y no pienso perder.

La batalla seguía, cada golpe más brutal, cada movimiento más desesperado.Pero en ese caos de destrucción, en ese intercambio frenético de fuerza y voluntad, Bernardo no solo estaba luchando por sobrevivir: estaba luchando por algo mucho más grande, por el derecho de ser dueño de su propia existencia.

Las partículas blancas revoloteaban con un fulgor burlón, como si quisieran recordarle a Bernardo lo pequeño que era frente al poder de su hermano.Cada fragmento luminoso se deslizaba por el aire con un movimiento etéreo, bañando la escena en un resplandor que solo acentuaba su desesperación.Sin embargo, dentro de él, algo comenzaba a encenderse, una chispa diminuta que se negaba a ser apagada.

Bernardo permaneció inmóvil, sus ojos oscilando entre los seis clones que ahora lo rodeaban.Cada uno de ellos tenía el porte arrogante y la mirada implacable de Peter, sus movimientos sincronizados como si fueran una extensión de una mente única.El verdadero Peter observaba desde la distancia, su rostro inmutable, aunque sus ojos parecían evaluar cada respiración entrecortada de su hermano.

Bernardo apretó los dientes, sus manos temblaban ligeramente mientras intentaba concentrar el poco mana que le quedaba.Lanzó un golpe al primero de los clones, un puñetazo rápido dirigido al abdomen, pero el impacto fue como golpear una barrera invisible.La fuerza se disipó sin causar daño alguno.El clon apenas se movió, solo giró la cabeza hacia él con una sonrisa fría que imitaba la de Peter.

No tienen sustancia... pero tampoco necesitan tenerla para derrotarte —dijo Peter, su voz resonando desde todas las direcciones, como si los clones fueran extensiones de su voluntad.

Bernardo retrocedió un paso, pero los clones avanzaron en perfecta sincronía, cerrando el círculo alrededor de él.Sin perder el ritmo, lanzó un gancho hacia el costado de otro clon, solo para sentir cómo su puño atravesaba el cuerpo ilusorio, dispersando momentáneamente las partículas blancas que lo formaban.A pesar de lo inútil del esfuerzo, siguió golpeando, cada puñetazo una declaración de resistencia.

Por un instante, su puño rozó algo más sólido, un núcleo momentáneo que pareció reaccionar a su toque.Una chispa de mana corrió por el clon, haciéndolo vacilar y tambalearse antes de recomponerse. Bernardo lo notó, aunque sabía que no era más que un destello efímero.Esa chispa no duraría, pero le daba un fragmento de esperanza.

Interesante... incluso cuando estás contra las cuerdas, todavía encuentras formas de resistir.—La voz de Peter sonaba curiosa, casi divertida, mientras uno de los clones se movía hacia Bernardo con velocidad implacable.

El clon más cercano lanzó un golpe recto, y Bernardo apenas logró esquivarlo, el aire cortado por el ataque rozándole la mejilla.Sin embargo, no tuvo tiempo para recuperarse. Otro clon atacó desde su punto ciego, conectando una patada que lo envió tambaleándose hacia atrás.El impacto fue como un mazo golpeando su costado, robándole el aire de los pulmones y arrancándole un gruñido de dolor.

Aunque sus movimientos eran más lentos, Bernardo no se detuvo.Reuniendo la poca energía que le quedaba, dio un giro rápido, lanzando una patada baja que atravesó a uno de los clones, dispersando su forma en una explosión de partículas blancas.Por un momento, los otros clones parecieron detenerse, como si evaluaran su estrategia.

¿Crees que puedes ganar con chispas? —dijo Peter, cruzando los brazos mientras observaba desde la distancia—. Esto es un juego que no puedes ganar, Bernardo. Yo no solo soy más fuerte... también soy más rápido, más astuto. Y estos clones... son solo una fracción de lo que puedo hacer.

El sudor se mezclaba con la sangre que goteaba de la frente de Bernardo, pero en lugar de sucumbir a la desesperación, sus labios formaron una sonrisa tensa, casi desafiante.

¿Sabes algo, Peter?—dijo, su voz débil pero teñida de una determinación que no podía ser ignorada—.Incluso una chispa puede encender un incendio... y tú no vas a apagarme.

Con esas palabras, Bernardo cargó hacia el clon más cercano, su cuerpo movido más por pura voluntad que por fuerza física.Lanzó una serie de golpes rápidos, cada uno dirigido a ese núcleo efímero que había sentido antes. Aunque los primeros ataques atravesaron el aire sin efecto,un puñetazo bien dirigido encontró su objetivo, y el clon estalló en una ráfaga de luz.

Por un instante, Bernardo pensó que podría equilibrar las cosas, pero los otros clones se abalanzaron sobre él sin piedad.Uno lo golpeó en el costado, otro le conectó una patada en la pierna, y un tercero lanzó un puñetazo que lo envió al suelo.A pesar de los ataques, Bernardo se levantó, tambaleándose pero con los ojos brillando con una intensidad feroz.

Las partículas blancas seguían danzando a su alrededor, burlándose de su esfuerzo. Pero Bernardo sabía que esta lucha no era solo contra los clones, ni siquiera contra Peter. Era una pelea para demostrar que no sería borrado, que no sería reducido a una sombra.

Con la respiración pesada y el cuerpo magullado, Bernardo se plantó, listo para enfrentar lo que viniera.Porque incluso en el abismo de la derrota, él había decidido arder como una chispa que se niega a morir.

Bernardo, con un movimiento rápido y desesperado, saltó a un lado, esquivando un golpe que estuvo a punto de aplastarlo.Aprovechó el impulso para empujar a uno de los clones con una fuerza que lo hizo tambalearse.El clon gruñó, una reacción extrañamente humana que solo intensificó la tensión en el aire.

Sin perder tiempo, Bernardo extendió la mano hacia uno de los fragmentos metálicos incrustados en su cuerpo.Con un grito de dolor que resonó como un eco de su furia, arrancó la pieza afilada de su carne, dejando un rastro de sangre que goteaba lentamente por su brazo.Su rostro estaba marcado por una mezcla de sufrimiento y determinación, pero sus ojos brillaban con algo más: una chispa de rabia inquebrantable.

Con la pieza metálica en mano, Bernardo giró sobre sus talones, y con una precisión brutal, la hundió profundamente en el cuello del clon más impacto fue crudo, despiadado; la "sangre" que brotó era un flujo de partículas de luz que chisporroteaban en el aire antes de disiparse.El clon se desmoronó en el suelo, dejando atrás solo un tenue rastro de energía residual.

Peter observó la escena con un brillo curioso en sus ojos.Su hermano, el mismo que consideraba inferior, había logrado algo más allá de lo que esperaba.Pero lo que realmente captó su atención fue lo que sucedió después: un destello repentino y eléctrico recorrió la mano de Bernardo, iluminando por un instante el espacio que los rodeaba.

¿Naturaleza de rayo? —pensó Peter, su mente procesando lo que acababa de presenciar.Sus ojos se entrecerraron con interés, mientras su lengua se deslizaba lentamente por sus labios, como si estuviera saboreando el desafío que ahora se presentaba ante él.Esa chispa... ese destello eléctrico. Desde cuándo eres capaz de usar esa naturaleza, Bernardo.

El silencio fue roto por un crujido en el suelo bajo los pies de Peter, como si el peso de su creciente interés se hubiera materializado.Sabía que su hermano ocultaba muchas cosas, pero este nuevo poder era más que una simple sorpresa; era un enigma que ahora exigía su atención.

Parece que te has guardado algunos secretos, hermano —murmuró Peter con una sonrisa perversa, su voz apenas audible pero cargada de mirada, antes teñida de desprecio, ahora brillaba con un peligroso entusiasmo, como si este descubrimiento hubiera convertido la batalla en un juego mucho más interesante.

Bernardo, por su parte, respiraba con dificultad.La sangre seguía goteando de las heridas que cubrían su cuerpo, pero esa chispa en su mano lo hacía sentir un poco más vivo, un poco más fuerte.Sabía que Peter lo estaba estudiando, evaluando cada uno de sus movimientos, pero no le importaba. Esa chispa eléctrica era la manifestación de algo que había estado enterrado dentro de él durante mucho tiempo, algo que ahora no podía seguir reprimiendo.

No pienses que esta pelea será tan sencilla —dijo Bernardo, levantando la vista hacia su hermano.Su voz estaba cargada de cansancio, pero también de una voluntad inquebrantable.—Si quieres jugar conmigo, tendrás que estar dispuesto a quemarte.

La sonrisa de Peter se ensanchó, mostrando sus dientes como un depredador que acaba de encontrar una presa interesante.

Entonces ilumíname, Bernardo. Déjame ver cuánto has estado escondiendo.

El aire entre ambos se cargó de tensión, la electricidad que emanaba de Bernardo parecía resonar con la energía misma del ambiente.Los clones restantes ajustaron sus posiciones, preparándose para volver a atacar, mientras Peter avanzaba lentamente, su espada de luz centelleando con una intensidad aún mayor.

La chispa en la mano de Bernardo brilló con más fuerza, como si respondiera al desafío de su hermano.En ese momento, ambos sabían que la batalla estaba lejos de terminar.Lo que se desataría a continuación sería algo más que una lucha; sería un choque de voluntades, un enfrentamiento entre dos fuerzas que se negaban a retroceder.

Peter aun desde su asiento miraba a su hermano, recordando cosas, que no debia saber.

María, la madre de Bernardo, era mucho más que una simple figura materna; su reputación como una estratega brillante y una combatiente prodigiosa la había convertido en una leyenda viva.En el campo de batalla, en las intrigas de los negocios y en cualquier tema que requiriera intelecto y precisión, María era una fuerza imparable.No era extraño que los rumores hablaran de su capacidad para prever movimientos con una claridad casi profética, y esa misma agudeza la hizo ver algo especial en Bernardo desde antes de su nacimiento.

Bernardo, un ser marcado desde su concepción, no era un niño cualquiera; el mundo mismo parecía inclinarse a su favor.Los ancianos susurraban que el viento soplaba distinto cuando él estaba cerca, que la tierra vibraba suavemente bajo sus pequeños pies, como si el universo reconociera su llegada.Era un "amado por el mundo", un título que no se otorgaba con facilidad, sino que se ganaba cuando las fuerzas primordiales depositaban su favor en un individuo.

Pero ese favor universal, esa chispa de grandeza que apenas comenzaba a formarse,provocó el miedo más oscuro en el corazón de un hombre: el emperador humano.Este hombre, el primero en despertar su mana y alcanzar el pináculo del poder entre los mortales, vio en Bernardo no a un niño, sino a una amenaza.Un potencial tan abrumador que podía desplazarlo, arrebatándole su posición de supremacía.

Lo que sucedió fue tan cruel como inaudito.Bajo el velo de la oscuridad, en un acto que sería enterrado profundamente como un secreto prohibido,el emperador tomó una decisión impensable: atacar a un recién nacido.En su paranoia y miedo al cambio, el hombre más poderoso de la humanidaddesató su poder contra el pequeño cuerpo indefenso de Bernardo, lisiándolo antes de que pudiera siquiera dar su primer paso.La naturaleza misma parecía rugir en protesta, pero ni el mundo pudo evitar el daño infligido por un hombre cegado por el miedo.

La ironía era amarga.¿Qué tan ridículo sería que el primer humano despierto, aquel que debía ser el protector de su gente, atacara a un bebé?Si la verdad saliera a la luz, la humanidad se partiría entre quienes buscarían justicia y quienes temerían que la grandeza de Bernardo desbordara sus propias expectativas.Por eso, aquel acto despreciable se mantuvo oculto, disfrazado como una desgracia cualquiera que había dejado a Bernardo marcado para siempre.

Sin embargo, lo que el emperador no comprendió fue queel favor del mundo no se podía apagar tan fácilmente.Aunque herido, aunque marcado por un dolor indescriptible,Bernardo continuó creciendo, fortaleciéndose, incluso cuando el peso del mundo parecía empujarlo hacia el abismo.María, con su astucia y amor inquebrantable, fue el escudo que protegió a su hijo, asegurándose de que, aunque las cicatrices lo acompañaran, su espíritu permaneciera intacto.

Ahora, en cada mirada de Bernardo, brillaba un fuego que ni siquiera el emperador había podido apagar.Su existencia misma era un testamento de resistencia, una promesa de que algún día,el niño que había sido lisiado por el miedo de un hombre se alzaría, y el mundo que lo amaba lo vería reclamar lo que siempre había sido suyo.

El nacimiento de Bernardo fue un evento que sacudió los cimientos del mundo mismo.En el momento en que dio su primer llanto,una aurora de luz iridiscente, que abarcó un radio de tres kilómetros, iluminó el cielo con una intensidad nunca antes vista.Este fenómeno, sin precedentes, marcó a Bernardo como el más poderoso entre los "amados por el mundo".Incluso los hijos posteriores de María, quienes ya habían demostrado ser prodigios con un potencial colosal, jamás habían desplegado un aura tan monumental al nacer.

La aurora de Bernardo no solo fue un espectáculo visual;fue un mensaje que resonó más allá de los límites de lo humano.Era un recordatorio de que este niño no solo era especial, sino único, un ser destinado a reescribir las reglas de su tiempo. Sin embargo, este milagro no fue recibido con alegría universal.Todos los altos mandos de la humanidad sabían que un fenómeno de tal magnitud no podía pasar desapercibido para la Madre Primigenia.

La Madre Primigenia, la fuerza primordial que gobernaba el equilibrio del mundo, observó con desdén el surgimiento de tal potencial entre los humanos.Para ella, los humanos siempre habían sido criaturas ambiciosas y peligrosas, ansiosas por dominar lo que no entendían. El nacimiento de Bernardo fue la gota que colmó el vaso, una afrenta directa al equilibrio natural.Como respuesta, la Madre Primigenia desató un castigo sobre la humanidad, debilitándolos en su conjunto y otorgando bendiciones adicionales a las bestias mágicas.Este acto fue su forma de inclinar la balanza, asegurándose de que los humanos no crecieran lo suficiente como para desafiar a las demás razas.

Los altos mandos de la humanidad entendieron el mensaje con claridad.Sabían que la existencia de Bernardo era tanto una bendición como una maldición.Por un lado, representaba la cúspide de la evolución humana, un ser que podría llevarlos a alturas inimaginables.Por otro, era una chispa que podría encender la ira de las fuerzas primordiales del mundo.

Y así, desde el momento de su nacimiento, Bernardo cargó con un peso imposible.Mientras su aurora se disipaba en el horizonte, el mundo entero comenzó a cambiar.Las bestias mágicas, ahora más poderosas y astutas, se convirtieron en una amenaza constante, mientras que la humanidad debía lidiar con su propia fragilidad recién adquirida.Aunque el bebé no tenía control sobre lo que había provocado, su existencia se convirtió en un faro de esperanza para algunos y en un símbolo de peligro para otros.

María, consciente de las implicaciones, protegió a su hijo con un celo incomparable.No era solo su amor de madre lo que la impulsaba, sino también su entendimiento de que Bernardo representaba la única posibilidad de redimir a la humanidad frente a la mirada de la Madre Primigenia.Si alguien podía restaurar el equilibrio sin caer en la destrucción, era él, el niño cuya aurora había desafiado al cielo mismo.

Durante dos décadas, el castigo de la Madre Primordial se mantuvo como una sombra constante sobre la humanidad.Aunque su amor por todos sus hijos era innegable,ella entendía demasiado bien la naturaleza autodestructiva de los humanos.A lo largo de la historia del planeta, las primeras cinco extinciones masivas habían sido tragedias inevitables, causadas por eventos naturales.Sin embargo, la sexta, la que nació de las manos humanas, fue la más devastadora de todas.Los humanos no solo erradicaron a casi todas las formas de vida del planeta, sino que transformaron la Tierra en un cementerio de ecosistemas, donde solo ellos mismos y los microorganismos más resistentes sobrevivieron.

Y ahora, dos milenios después, el peso de ese pasado aún se sentía.La Madre Primordial, en su infinita sabiduría, sabía que si dejaba que la humanidad alcanzara nuevamente un poder absoluto, se repetiría la misma historia. Por ello, su castigo no era un acto de odio, sino de prevención. Sin embargo, su juicio recaía más severamente sobre los "amados por el mundo", aquellos bendecidos con potencial desbordante.Para ella, cada uno de estos prodigios era un peligro que podía alterar el frágil equilibrio entre las especies.

Entonces, ¿cómo era posible que Peter, un muchacho talentoso pero común, no un "amado por el mundo", conociera estos oscuros secretos sobre su hermano mayor?La respuesta era tan irónica como simple:lo escuchó por casualidad.No había sido elegido para cargar con ese conocimiento, pero el destino tenía sus propias maneras de enredar los hilos.Peter, al descubrir la verdad, comenzó a tramar en silencio su ascenso.

El sacrificio de Bernardo, según los antiguos ritos y secretos que había oído, no era simplemente su muerte.Todo lo que él era, todo su potencial, su poder y la bendición que la Madre Primordial le había otorgado, pasarían a Peter. Era un rito cruel e irónico, porque Peter no era más que un sustituto, alguien que tomaría lo que Bernardo nunca tuvo la oportunidad de ser.Así nació en Peter una ambición oscura y desbordante, alimentada por la certeza de que su hermano, cuya existencia siempre lo había eclipsado, era la llave para su gloria.

Ahora, sentado en su trono hecho de luz, Peter observaba con una mezcla de desprecio y satisfacción cómo Bernardo luchaba.Como una bestia rabiosa, su hermano mayor despedazaba a sus clones con una furia incontrolable, un huracán de músculos, sangre y desesperación.Los ataques de Bernardo eran rápidos, casi brutales, pero carecían del filo necesario para destruir por completo a los clones, cuya resistencia nacía del propio mana de Peter.

Mírate, hermano —murmuró Peter, sin despegar los ojos del campo de batalla—.Toda esa fuerza, toda esa rabia... desperdiciada en alguien que nunca fue capaz de alcanzar su potencial. Pero no te preocupes, Bernardo.Yo seré lo que tú nunca pudiste ser.

Bernardo, ajeno a las palabras de Peter, seguía luchando, su cuerpo empapado en sudor y sangre.Cada golpe que propinaba, cada aliento que tomaba, era un grito contra el destino que le había sido impuesto. Sin embargo, las palabras de Peter resonaban en su mente, como un eco lejano que no podía ignorar del todo.Mientras despedazaba a otro clon, alzó la vista hacia su hermano menor, sentado en ese trono de luz que parecía burlarse de su sufrimiento.

Y entonces, por un breve instante,Bernardo dejó de luchar.Su ojo se clavó en Peter, no con odio, sino con una determinación renovada.Porque aunque el mundo lo había abandonado, aunque el destino lo había traicionado, sabía que no podía permitir que su hermano se convirtiera en el monstruo que el mundo temía.

Peter, sintiendo aquella mirada, simplemente sonrió, pasándose la lengua por los labios.Sabía que el tiempo de Bernardo se agotaba, y que pronto, todo lo que él era, pasaría a sus manos.

Peter levantó una ceja, sorprendido e irritado por lo que presenciaba.Su hermano, quien momentos atrás parecía estar al borde de la derrota,había comenzado a transformarse de una manera que desafiaba toda lógica.El cuerpo delgado y maltratado de Bernardo crecía frente a sus ojos, sus músculos tensándose y expandiéndose con una fuerza palpable.La piel morena de Bernardo ahora adoptaba un tono rosado vibrante, como si la sangre misma del planeta fluyera directamente por sus venas.

Lo que más perturbó a Peter fue el comportamiento del mana ambiental.Lo veía danzar alrededor de Bernardo como un perro leal que finalmente había encontrado a su verdadero dueño.Ese mana, que para Peter siempre había sido algo que debía dominar y doblegar, se entregaba sin resistencia a su hermano.Esto le provocó una rabia sorda, un odio que lo quemaba desde dentro.

¿Por qué a ti, Bernardo? —murmuró, con la mandíbula apretada y las manos temblando—. ¿Qué tienes tú que yo no tenga?

Pero Bernardo no respondió con palabras.Usando su mano desnuda como si fuera una lanza,la hundió sin titubeos en el cráneo de un clon, partiendo hueso y cerebro en un solo movimiento.El clon se desplomó como un muñeco de trapo mientras Bernardo desaparecía en un destello de velocidad. Antes de que Peter pudiera comprender lo que ocurría,Bernardo perforó el pecho de otro clon con sus dedos extendidos, hundiéndolos hasta el fondo con una precisión escalofriante.

La sangre brotaba en chorros gruesos, manchando el suelo y salpicando el rostro de Bernardo, quien ahora parecía más bestia que hombre.Los dedos de ambas manos perforaban carne como si fuera mantequilla, hundiéndose con un sadismo casi primitivo.Cada movimiento era rápido, eficiente y brutal, como si todo su cuerpo estuviera diseñado únicamente para destruir.

Y entonces, con un rugido que resonó como un trueno,Bernardo liberó un rayo de mana puro que atravesó los cuerpos de los clones restantes.Sus figuras se carbonizaron en un abrir y cerrar de ojos, sus gritos ahogados siendo lo último que quedó de ellos antes de que se desmoronaran en cenizas.

El último clon intentó atacar por la espalda, pero Bernardo no le dio oportunidad.Con un movimiento fluido y feroz,partió al clon desde el centro con sus propias manos, desgarrando carne y hueso como si no fuera más que papel.La sangre manaba a borbotones mientras los restos del clon caían al suelo con un sonido húmedo y grotesco.El campo de batalla quedó en un silencio sepulcral, solo roto por el sonido del mana aún zumbando alrededor de Bernardo, como un coro que anunciaba su renacimiento.

Peter, aún sentado en su trono de luz, apretó los puños mientras su rostro se contraía en una mueca de furia y desconcierto.La transformación de su hermano era algo que no había anticipado, algo que no podía controlar.

Esto... esto no es posible —espetó, su voz cargada de incredulidad y rabia—. ¡No debería ser tú! ¡Yo soy el que merece ese poder!

Bernardo giró lentamente la cabeza hacia Peter, su mirada era la de una fuerza desatada, incontrolable, pero consciente.Sus labios, manchados de sangre ajena, se curvaron en una leve sonrisa mientras el mana seguía abrazándolo como una segunda piel.

Tal vez el mundo decidió corregir su error, Peter —respondió, su voz grave y cargada de una amenaza palpable—. O tal vez... simplemente nunca debiste intentar jugar a ser dios.

Peter apretó los dientes, su cuerpo temblando de pura ira.Sabía que la lucha no había terminado, pero por primera vez, sintió el miedo latente de enfrentarse a alguien que ya no era simplemente su hermano.Bernardo no era solo un hombre; ahora era un monstruo, un avatar de furia y voluntad, y todo lo que Peter había planeado parecía desmoronarse ante sus ojos.

El aire entre ellos se tensó como un tambor listo para estallar.Con cada respiración, con cada movimiento, el mundo parecía detenerse por un instante, solo para ser destrozado por la tormenta desatada entre los dos hermanos.Bernardo sabía que este momento sería su última página, el epílogo de su existencia.La sangre que fluía de sus heridas no lo debilitaba; al contrario,era como el combustible que alimentaba la llama de su determinación.

Peter y Bernardo, de pie frente a frente,eran el retrato de dos fuerzas opuestas.La mirada de Peter, seria y calculadora, irradiaba ambición fría y la determinación de aplastar cualquier obstáculo en su camino. Por otro lado, el unicoojo de Bernardo brillaba con una calma inquietante, como si hubiera aceptado su destino, pero decidido a escribirlo con sus propias manos.

Y entonces, sucedió.Con un movimiento casi imperceptible, ambos se lanzaron el uno contra el otro, sus cuerpos convirtiéndose en borrones mientras el campo de batalla se llenaba con un torrente de golpes.Cada puño y cada patada sobrepasaban la velocidad del sonido, creando explosiones sónicas que sacudían el aire y el suelo.

Bernardo, ahora en su elemento, era como un río imparable.Sus movimientos fluían con una gracia brutal, cada golpe dirigido no solo con fuerza, sino con una precisión quirúrgica. Sin embargo, Peter igualaba su velocidad con una furia calculada, bloqueando y devolviendo cada ataque con la precisión de un depredador acechando a su presa.

El impacto de sus golpes creaba ondas de choque que partían rocas y levantaban escombros.Los ecos de la pelea resonaban como truenos, y cada colisión de sus cuerpos enviaba chispas de mana en todas direcciones. A pesar de su cuerpo desgastado,Bernardo se mantenía firme, impulsado por algo más profundo que el odio o la venganza: el deseo de redescubrir quién era realmente.

¿Esto es todo lo que tienes? —gruñó Peter mientras conectaba un golpe directo al rostro de Bernardo, enviándolo hacia atrás con la fuerza de una bala de cañón.

Bernardo escupió sangre, pero su expresión seguía siendo serena.Lentamente, se levantó entre el polvo y los escombros, limpiándose la sangre de los labios con el dorso de la mano. Su voz, aunque débil, resonó con una fuerza que hizo eco en el campo de batalla.

No se trata de lo que tengo... se trata de lo que soy.

Con esas palabras, Bernardo cargó de nuevo, desapareciendo en un destello antes de reaparecer frente a Peter con una velocidad que lo tomó por sorpresa.Su puño impactó directamente contra el torso de su hermano, enviándolo varios metros hacia atrás mientras la tierra bajo ellos se partía como vidrio bajo presión.

Peter gruñó al incorporarse, su mirada ahora teñida de frustración y furia.No podía entender cómo alguien que debía estar derrotado aún tenía fuerzas para seguir luchando.Esa serenidad en los ojos de Bernardo comenzaba a enloquecerlo.

¡Eres un desperdicio! —rugió Peter, liberando una ráfaga de mana que iluminó el cielo como un relámpago furioso—. ¡Todo lo que tienes debería ser mío!

Bernardo, jadeante pero imperturbable, enfrentó la tormenta de su hermano sin retroceder.La energía de Peter lo golpeaba como cuchillas, cortando su piel y quemando su carne, pero él avanzaba, un paso tras otro, como si el dolor fuera irrelevante. Sus manos, aún manchadas de sangre, comenzaron a brillar con un aura tenue pero firme.

Tal vez siempre debiste tenerlo, Peter... pero nunca entendiste que ser amado por el mundo no es un don, sino un peso que quema el alma.

Los dos se lanzaron de nuevo al combate, chocando con una ferocidad que superaba cualquier enfrentamiento anterior.Las cicatrices del terreno eran testigos del caos, mientras que el cielo se oscurecía, como si incluso el planeta contuviera la respiración ante la lucha de los hermanos.

Cada golpe resonaba como campanadas fúnebres, anunciando el inminente final de uno de ellos.Y aun así, en medio de la violencia, Bernardo no podía evitar preguntarse: ¿Era esto lo que el mundo había querido para él? ¿Ser un guerrero, un mártir, una chispa en medio de la oscuridad que su hermano representaba?

Pero ya no importaba.La sangre que manchaba el suelo, el ruido ensordecedor, el dolor abrasador en cada fibra de su cuerpo... Todo convergía hacia un único propósito:enfrentar lo inevitable, con el alma desnuda y la voluntad inquebrantable.

El campo de batalla era un caos de destrucción y energía desbordada.Los dos hermanos se movían a velocidades tan absurdas que sus figuras eran apenas destellos borrosos entre el aire denso, lleno de polvo y chispas de mana. Cada explosión sónica que creaban al moverse resonaba como el eco de truenos, rompiendo las rocas y dejando grietas profundas en el terreno.Ambos, impulsados por el mana que saturaba el ambiente, parecían bailar en un macabro vals de violencia.

Cada movimiento era un juego mortal, un despliegue de poder que, por un instante, incluso parecía teñirse de nostalgia. Peter y Bernardo se lanzaban golpes devastadores, no solo para destruir al otro, sino también como si estuvieran recreando, por última vez, una perversa versión de sus días de infancia.Un último acto de "diversión" entre hermanos, ahora convertidos en enemigos mortales.

Las ondas de choquede sus movimientos transformaban el pequeño espacio en una trampa de destrucción.El lugar temblaba como si estuviera vivo, desgarrado por la intensidad de su combate.Peter, con su estilo de lucha preciso y agresivo, sincronizaba sus ataques con explosiones de mana para intentar desequilibrar a Bernardo. Pero este último, con su cuerpo ahora fortalecido y regenerado, parecía ser capaz de absorber cada impacto como si su resistencia estuviera fuera de toda lógica.

Bernardoaprovechó un instante en el que Peter dejó abierta su defensa.Con un movimiento que cortó el aire como un relámpago,lanzó una patada directa al estómago de su hermano,impactando con tal fuerza que el cuerpo de Peter se arqueó violentamente hacia adelante. El sonido de huesos crujientes se mezcló con el gruñido de dolor de Peter, quien fue lanzado hacia atrás como un muñeco de trapo, estampándose contra una roca que se rompió bajo su peso.

Sin detenerse,Bernardo se impulsó hacia adelante con otra explosión sónica,moviéndose como una flecha letal.Su puño impactó directamente en el rostro de Peter, con tal violencia que varios dientes salieron disparados como fragmentos de vidrio, perdiéndose entre el polvo y los escombros. La sangre brotó de la boca de Peter, salpicando el aire, mientras un rugido de furia escapaba de su garganta.

¡Maldito bastardo! —escupió Peter, literalmente, mientras se limpiaba la sangre y escupía los dientes restantes con desprecio.Su mirada, aunque desfigurada por el dolor, brillaba con un odio puro y abrasador.—Esto no es una pelea... ¡es una ejecución!

Bernardo, sin embargo, no respondió.Sus ojos seguían siendo serenos, esa calma perturbadora que parecía hundirse en el alma de Peter como un puñal.Pero su silencio no era indiferencia; en su interior,su mente era un torbellino de emociones.Podía sentir el mana fluyendo como un río furioso dentro de él,obedeciendo cada comando de su cuerpo como si fuera parte de su ser.En contraste, sabía que Peter luchaba contra la resistencia del mana que tanto anhelaba controlar. Y eso lo enfurecía.

¿Eso es todo lo que tienes, Peter? —preguntó Bernardo, finalmente, con un tono neutral, casi melancólico—. ¿Todo este tiempo, toda tu rabia... y sigues siendo tan débil?

Peter gruñó, levantándose a duras penas.Su rostro estaba desfigurado por el golpe, pero su furia era un fuego que lo impulsaba más allá del dolor.

¡Débil! ¡Débil es depender de un mundo que te regala todo! —bramó Peter, liberando una explosión de mana que hizo temblar el aire a su alrededor—. ¡Yo he luchado por cada gramo de poder que tengo, mientras tú... tú solo existes para ser adorado!

La tensión entre ellos alcanzó su punto máximo.Peter cargó contra Bernardo, liberando un aluvión de golpes que parecían querer desgarrar cada fibra de su ser. Bernardo los bloqueaba, los desviaba, moviéndose como una corriente de agua que fluía en perfecta armonía con el caos que lo rodeaba. Pero en su interior,sentía la presión de cada impacto.Sabía que su cuerpo no podía aguantar mucho más, no importa cuánta energía absorbiera del mana ambiental.

"Esto no puede durar para siempre," pensó Bernardo, mientras desviaba otro golpe dirigido a su rostro.Cada movimiento le costaba más esfuerzo, pero no podía permitirse dudar. Esta pelea no era solo por él;era por todo lo que había soportado, todo lo que había perdido.Era el grito final de un hombre que había sido marcado desde su nacimiento, condenado a cargar con un destino que nunca pidió.

Las explosiones sónicas continuaron, cada una más devastadora que la anterior.El aire era un remolino de escombros y energía pura, y el terreno que una vez fue estable ahora estaba reducido a un campo de ruinas.Ambos sabían que el final se acercaba,pero ninguno estaba dispuesto a retroceder.

Bernardo se quedó quieto, imponente, mientras observaba a su hermano desplomado en el suelo.Su unico ojos oscuro parecían atravesar más allá de la carne, juzgando directamente el alma de Peter, escarbando en las inseguridades que este había intentado enterrar bajo años de ambición y envidia.Una sonrisa torcida y casi compasiva se formó en los labios de Bernardo, como si estuviera frente a un niño que aún no entendía las reglas del mundo.

Es cierto, hermano... no somos iguales.—Su voz resonó con una calma cortante, cada palabra cargada de un peso que se hundía profundamente en el orgullo herido de Peter—.Después de todo, ¿cómo podríamos serlo?

Hizo una pausa, su expresión cambiando a una mezcla de diversión y desdén.Dio un paso hacia adelante, inclinándose ligeramente, pero manteniendo la suficiente distancia como para que Peter supiera que no podía alcanzarlo ni siquiera en ese estado.Sus palabras, aunque suaves, eran como cuchillas cuidadosamente afiladas.

Soy alguien que nunca podrás igualar.—Bernardo extendió los brazos, como si estuviera mostrando un paisaje que solo él podía ver—.Donde tú encajas, yo destaco. Donde tú intentas brillar, yo soy la luz misma.

Peter intentó levantarse, su cuerpo temblando mientras la furia hervía en su interior, pero la mirada de Bernardo lo aplastó como una montaña.Cada palabra que su hermano decía se clavaba en él como una aguja ardiente, perforando las ilusiones que había construido sobre sí mismo.

No te confundas.—La voz de Bernardo se endureció, su tono adquiriendo un filo gélido que lo hacía aún más intimidante—.El que te adulen no es destacar, Peter. Es simplemente llamar la atención por el apellido que llevas, por algo que jamás ganaste por mérito propio.

Señaló su propio pecho, la sonrisa en sus labios transformándose en algo más feroz, más desafiante.

Yo, en cambio, soy reconocido por lo que soy. Por lo que he logrado. Por lo que he sufrido. Tú solo eres una sombra detrás de un nombre, un eco vacío que intenta gritar más fuerte que el original.

Peter apretó los puños, sus dientes rechinando mientras intentaba reunir suficiente fuerza para contraatacar, pero cada palabra de Bernardo lo hacía tambalearse má odio y la desesperación chocaban en su interior, incapaces de romper las cadenas de la verdad que su hermano acababa de lanzar sobre él.

¿Lo ves, hermano?—Bernardo dio media vuelta, con una seguridad que irradiaba desde cada fibra de su ser—.Por eso nunca seremos iguales. Porque mientras tú te conformas con ser un reflejo, yo soy el maldito sol.

Peter se incorporó con un movimiento fluido, sus heridas cerrándose rápidamente gracias al flujo del mana de luz que lo rodeaba.La sangre que antes corría libremente por su rostro desapareció, y aunque escupió un poco de lo que quedaba junto con algunos dientes rotos, su semblante estaba marcado por una arrogancia renovada.

Hermano, deja de decir tantas pendejadas.—Su tono era burlón, pero la rabia subyacente se filtraba en cada palabra—.Admito que yo también he soltado una que otra, pero vamos, ambos sabemos por qué estamos aquí. He venido para matarte y, sobre todo, para renacer.

Bernardo lo miró con una mezcla de desdén y diversión mientras Peter pasaba una mano por su mandíbula, comprobando la estabilidad de lo que quedaba de su sonrisa.

Oh, pero no te ves tan seguro ahora, hermano.—Peter escupió al suelo, dejando una pequeña mancha oscura—.¿Y qué demonios estás usando para lucir así? Porque luces... diferente.

Bernardo bajó la mirada hacia sus propios brazos, estudiándolos como si recién notara los cambios en su cuerpo.La tonalidad rojiza de su piel contrastaba enormemente con el tono moreno que había llevado toda su vida.Sus músculos parecían tensos, casi al borde de romperse, y un aura pesada emanaba de él como un río de lava contenida.

Oh, esto...—Bernardo levantó un brazo, admirando las líneas rojizas que ahora cruzaban sus extremidades como venas encendidas—.Es solo un estado de sobrecarga.

Peter inclinó la cabeza, una ceja arqueada en clara confusión.

¿Estado de sobrecarga?—repitió, con un tono que mezclaba escepticismo y curiosidad.

¿Qué pasa? ¿No lo sabes?—Bernardo respondió con una sonrisa casi burlona, ladeando la cabeza—.Pensé que tú, de entre todas las personas, lo sabrías. Déjame iluminarte, hermanito: cada ser humano, incluso los despiertos como nosotros, tiene un limitador. Algo que impide que vayamos más allá de ciertos límites.

Peter bufó, su expresión convirtiéndose en una mueca de desprecio mientras cruzaba los brazos.

¿Nosotros? Te recuerdo que tú eres un lisiado, hermano.

La sonrisa de Bernardo se desvaneció instantáneamente, reemplazada por una mirada cargada de furia.

Peter, cierra tu inmunda boca.—Su voz era baja, un gruñido profundo que resonó con un peso peligroso—.Por Dios, mocoso, ¿nunca te enseñaron modales?

Peter abrió la boca para replicar, pero Bernardo levantó un dedo, interrumpiéndolo con un tono sarcástico que rebosaba tensión.

Tu falta de respeto supera los 9 mil.

Por un instante, el aire pareció detenerse.Peter, que había estado preparándose para otra burla mordaz, no pudo evitar soltar una carcajada inesperada.

¡Oye! Entendí esa referencia.—Peter se llevó una mano a la frente, sonriendo ampliamente mientras sacudía la cabeza con incredulidad—.¿En serio, Bernardo? ¿Tú?

Bernardo soltó una risa por lo bajo, un sonido casi incongruente con el ambiente de batalla que los rodeaba.

Lo sé, siempre quise decirlo.

Ambos se quedaron en silencio por un momento, pero la tensión no desapareció.Aunque hubo un breve instante de camaradería, ambos sabían que esto no cambiaría el destino de su enfrentamiento.La sonrisa de Peter se desvaneció, y sus ojos brillaron con una intensidad renovada. Bernardo, por su parte, se preparó, con una expresión de determinación inquebrantable.

¿Listo para renacer, Peter?—preguntó Bernardo, su tono burlón pero cargado de amenaza.

¿Listo para morir, hermano?—replicó Peter, ajustando su postura.

El aire se cargó de energía mientras ambos se preparaban para el siguiente asalto, el último vestigio de ligereza disipándose por completo.

Bernardo dejó caer su brazo, su musculatura aún vibrando con la fuerza residual de su sobrecarga.Una ligera sonrisa cínica se formó en sus labios mientras observaba a Peter con calma.

Este limitador, Peter, está en cada uno de nosotros, un mecanismo natural del cuerpo humano para evitar que nuestros músculos se desgarren con simples movimientos.—Hizo una pausa y se señaló a sí mismo—.Pero en este estado de sobrecarga, ese límite se rompe. Los músculos, los huesos, los tejidos... todo se compromete.

Antes de que Peter pudiera interrumpir con una burla, Bernardo se movió.Su figura desapareció en un destello fugaz, dejando un rastro de ondas sonoras que vibraron en el aire.Cuando reapareció, su mano atravesaba el pecho de un guardia desprevenido.El hombre no tuvo tiempo ni siquiera de comprender lo que había sucedido antes de que su cuerpo inerte fuera lanzado a los pies de Peter, dejando un charco oscuro en el suelo.

Como por ejemplo esto.—Bernardo señaló el cadáver con un movimiento indiferente de la mano, su tono casi didáctico.

Peter lo miró, una mezcla de disgusto y admiración cruzando su rostro mientras daba un paso atrás para evitar el rastro de sangre que se extendía hacia él.

¿Y cuál es el precio de jugar a ser un dios, hermano? Porque, al menos según mi lógica, un estado como este te pasa factura rápidamente.—Peter cruzó los brazos, inclinando la cabeza mientras hablaba con un tono casi burlón—.Lo malo es que esto debe consumir una cantidad absurda de mana y tensionar tu cuerpo como si fuera una cuerda a punto de romperse.

Bernardo asintió con tranquilidad, aunque su respiración se había vuelto apenas perceptiblemente más pesada.

Exactamente, Peter. Este estado drena mana como un río seco bajo el sol y deja mi cuerpo en un estado lamentable después de un uso prolongado.

Peter sonrió ampliamente, aunque una chispa de incredulidad cruzó sus ojos.

Ya veo... Entonces, a menos que tengas habilidades relacionadas con la sangre o la vida, terminarás como un cascarón vacío tras unos cuantos momentos de "gloria". ¿No crees que es un poco estúpido jugarte la vida así?

Bernardo dejó escapar una risa corta y sin humor, un sonido seco que reverberó en el ambiente cargado de tensión.

Tienes toda la razón, hermano. Es estúpido. Muy estúpido.

Peter se inclinó hacia adelante, con una sonrisa de superioridad pintada en su rostro.

Entonces, ¿por qué lo haces? ¿Cuál es el punto de arriesgar tanto?

Bernardo dio un paso hacia adelante, la sangre fresca de su última víctima goteando de sus dedos.Su sonrisa desapareció, reemplazada por una mirada firme y cargada de algo más profundo que la simple determinación.

Porque hay algo que tú no sabes, hermano. Algo que jamás has entendido... y nunca entenderás.

La atmósfera cambió.El aire parecía volverse más pesado, el mana del ambiente fluyendo hacia Bernardo como un torrente incontrolable.Sus ojos, ahora brillando con un leve destello carmesí, se clavaron en los de Peter, quien sintió un escalofrío recorriendo su espalda.

¿Y qué es eso, Bernardo?—preguntó Peter, su tono aún teñido de burla, pero con una nota de inquietud que no pudo disimular.

Bernardo sonrió de nuevo, pero esta vez no había nada de humor en su expresión. Solo certeza, y un peligro latente que hizo que incluso Peter sintiera un nudo en el estómago.

Que algunos nacemos para morir luchando, mientras otros solo observan desde las sombras, soñando con un poder que jamás comprenderán.

Bernardo dejó escapar una carcajada tranquila, casi burlona, mientras su cuerpo regresaba lentamente a su estado natural.Su piel rojiza volvió al tono moreno original, pero el aura que lo rodeaba era distinta. Ya no era una fuerza descontrolada; era algo calculado, peligroso, como un arma perfectamente afilada lista para desatarse en el momento exacto.

Yo no soy cualquier persona, Peter, y allí entra mi siguiente estado.—La sonrisa despreocupada de Bernardo no hizo más que aumentar la tensión en el aire—.Han pasado años, hermano. Mi aparente caída al abismo, esa espera de la muerte que todos creyeron inevitable... solo fue una farsa. Un truco de mi parte.

Peter apretó los puños, sus ojos parpadeando con incredulidad mezclada con furia.

¿Una farsa? No eres más que un idiota que intenta darle sentido a su patética vida.

Bernardo rió por lo bajo, ignorando las palabras de su hermano mientras continuaba.

Este estado que ves, este flujo absoluto, es el resultado de años de perfeccionarlo. Mi mente, mi cuerpo, incluso mi alma, están alineados en un solo propósito. No soy el mismo hombre que conociste, Peter. No más.

Movió su mano con un gesto elegante, y una enorme ola de mana se materializó frente a él, golpeando directamente el rostro de Peter.La explosión sacudió el lugar, pero Peter apenas se inmutó, su cuerpo brillante con la protección del mana de luz.

¿Eso es todo? Qué débil.—Peter se burló, limpiando una pequeña mota de polvo de su hombro mientras sonreía con desdén—.¿De verdad esperas vencerme con algo tan patético?

Bernardo, lejos de sentirse ofendido, alzó una ceja y sonrió con una calma casi perturbadora.

¿Y quién dijo que te estaba atacando a ti?

Peter frunció el ceño, notando el cambio en la dirección de la mirada de Bernardo. Lentamente, giró la cabeza hacia atrás.Allí, parado con una expresión de desdén, estabaThomas, el primo de ambos y uno de los mayores abusadores de Bernardo en su juventud.

Thomas.—La palabra escapó de los labios de Peter como un susurro, cargada de sorpresa y algo de incomodidad.

Thomas dio un paso al frente, su postura desafiante como siempre.

Ha pasado tiempo, ¿no, idiota?—Las palabras de Bernardo salieron con un tono cargado de burla, pero sus ojos brillaban con un fuego contenido—.¿No querías verme en mi peor momento? Pues aquí estoy. Ven, Thomas. Ayuda a Peter a matarme. Al menos intenta hacer algo útil con tu vida.

Thomas levantó una ceja, pero en lugar de reaccionar, una sonrisa sarcástica cruzó su rostro.

¿Así que ahora el pobrecito Bernardo intenta provocarme? Vaya, qué patético.

Bernardo inclinó la cabeza hacia un lado, como un depredador estudiando a su presa.

Oh, ¿ya veo? Eres un cobarde que no se mueve.

Thomas dio un paso más hacia adelante, su expresión ahora cargada de furia.

¿Cobarde? No me hagas reír. No necesito moverme para aplastarte.

Peter, entre tanto, observaba en silencio, el desconcierto dibujándose en sus facciones.Él conocía bien a Thomas y su arrogancia, pero había algo en la forma en que Bernardo hablaba, en cómo manejaba la situación, que lo incomodaba profundamente.

Bernardo alzó una mano, deteniendo cualquier palabra que pudiera salir de los labios de Thomas o Peter.

No te preocupes, Thomas. Tendrás tu oportunidad. Pero antes, déjame decirte algo: tu arrogancia es tan insignificante como siempre. Juntos o separados, no son nada.

El aire en el lugar pareció volverse más pesado.Las ondas de mana se arremolinaban a su alrededor, el flujo absoluto de Bernardo listo para desatarse una vez más.La sonrisa que adornaba su rostro no era de felicidad, sino de absoluta confianza.

Vengan los dos. Al menos intenten matarme. Prometo que será entretenido... para mí.

El eco de sus palabras se mezcló con el silencio tenso del ambiente. Peter y Thomas intercambiaron miradas, sabiendo que este enfrentamiento sería mucho más de lo que habían anticipado.

¡No te metas, Thomas! —rugió Peter, sin apartar la vista de Bernardo.

El grito resonó en el lugar, un eco de furia que detuvo a Thomas en seco, aunque solo por un momento.Peter se giró hacia su hermano, su expresión transformada en pura rabia. En un abrir y cerrar de ojos, Peter cerró la distancia entre ellos, lanzándose hacia Bernardo con una rapidez devastadora.

Un golpe ascendente impactó directamente en el abdomen de Bernardo, arrancándole el aire de los pulmones y dejándolo brevemente paralizado.Fue un golpe perfectamente calculado, inesperado, pero brutal en su ejecución.Bernardo, aunque sorprendido, apenas logró esbozar una sonrisa torcida antes de que el siguiente ataque llegara.

Peter no le dio respiro.En un frenesí de movimientos, lo golpeó una y otra vez antes de que su cuerpo pudiera tocar el suelo.Cada impacto era un estruendo, un trueno que sacudía el aire y reverberaba en las paredes, como si el mismo espacio se estremeciera ante la intensidad del combate.

¿Qué pasa, hermano? ¿Es todo lo que tienes?—gritó Peter mientras lanzaba un puñetazo directo al rostro de Bernardo, que apenas tuvo tiempo de girar su cabeza, evitando que el impacto lo dejara inconsciente al instante.

Bernardo sintió cómo cada golpe hacía vibrar sus huesos, el dolor trepando como fuego por todo su cuerpo.Era como si Peter no solo buscara vencerlo, sino desmantelarlo, pieza por pieza.El rostro de Bernardo, sin embargo, no mostraba miedo, solo determinación y algo más... diversión.

Cuando finalmente tocó el suelo, el impacto levantó polvo y pequeñas piedras, marcando un cráter bajo su cuerpo.Pero incluso en su estado vulnerable,Bernardo reaccionó, alzando su brazo derecho en un movimiento instintivo.La extremidad, ya desgarrada por la pelea, se levantó como una última barricada contra la tormenta de violencia que se desataba sobre él.

¿Eso es todo, Peter?—jadeó Bernardo, con la voz ronca pero cargada de burla—.Pareces más desesperado de lo que me esperaba.

Peter, furioso, levantó ambos brazos, dispuesto a lanzar un golpe que podría haber acabado con todo.Pero en el último momento, algo en la mirada de Bernardo lo detuvo. No era miedo lo que veía en los ojos de su hermano, sino algo completamente distinto.Una chispa de desafío, un fuego que no se apagaba, incluso en ese estado destrozado.

Sigues hablando como si no estuvieras a punto de morir.—Peter apretó los dientes, retrocediendo un paso mientras su mana crepitaba a su alrededor.Una luz dorada rodeaba su cuerpo, intensificándose con cada segundo que pasaba.

Bernardo se levantó con lentitud, su cuerpo temblando bajo el peso del dolor, pero su sonrisa burlona permanecía intacta.

No estoy hablando, Peter. Te estoy enseñando que, incluso cuando crees tener el control, siempre hay algo que no ves venir.

En ese momento, el polvo alrededor de Bernardo comenzó a agitarse de manera antinatural.Su brazo derecho, que había servido como un escudo, ahora brillaba con un leve resplandor rojizo.Era un brillo que prometía más destrucción, más caos, pero también una resistencia casi inhumana.

Peter lo miró con incredulidad, mientras una sombra de duda cruzaba por su rostro.

¿Qué demonios...?

Te lo dije, Peter. No somos iguales. Y mientras sigas subestimándome, solo prolongarás lo inevitable.

El ambiente se volvió más pesado.Las energías de ambos hermanos chocaban entre sí, creando ondas de presión que hacían retroceder a Thomas, quien observaba desde una distancia segura con una mezcla de fascinación y terror.

¿A qué esperas, Peter?—Bernardo dio un paso adelante, su voz cargada de un desafío que se sentía como una daga clavándose en el orgullo de su hermano—.Ven, dame lo mejor que tienes. Pero te advierto... no será suficiente.

Peter gruñó, preparándose para el siguiente asalto. Pero en su interior, sabía que Bernardo no estaba jugando.Algo en él había cambiado, y esa certeza lo inquietaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

La pierna de Peter impactó contra el torso de Bernardo con la fuerza de un ariete, lanzándolo hacia atrás como si fuera un muñeco de sonido seco del impacto resonó como un trueno, y los guardias que observaban desde lejos sintieron un escalofrío recorrerles la espalda. Aun así, Bernardo se negó a caer por completo.

¡No!—su grito desgarró el aire, cargado de desafío y furia, una declaración de que aún no estaba acabado.

El único ojo de Bernardo brilló con una mezcla de locura y determinación, un destello que contrastaba con su rostro ensangrentado y su cuerpo maltratado.Ese destello no era miedo, ni siquiera ira pura, era diversión.En medio de aquel caos, Bernardo encontró algo que Peter no podía arrebatarle: el placer enfermizo de pelear con todo lo que tenía.

El ambiente era sofocante.El sonido de sus golpes, los rugidos de esfuerzo, y las ondas de mana que se desataban a cada movimiento llenaban el lugar.Cada intercambio entre los hermanos era brutal, una coreografía de violencia que no dejaba espacio para errores.

Para los guardias que miraban desde las sombras, no había duda alguna de quién estaba ganando.Para ellos, Bernardo no era más que un saco de carne siendo destrozado por el implacable Peter.

No sé por qué sigues intentándolo, hermano.—Peter caminó hacia él, su voz cargada de desdén mientras el dorado resplandor de su mana lo envolvía como una armadura divina—.Esto no es resistencia, es terquedad inútil. ¿Crees que estás logrando algo?

Bernardo se tambaleó mientras trataba de mantenerse de cuerpo estaba al límite, cada músculo desgarrado, cada hueso temblando bajo la presión de los ataques de su hermano.Pero no dejó de sonreír, una mueca torcida y ensangrentada que parecía burlarse de la aparente victoria de Peter.

Lograr algo...—jadeó Bernardo, escupiendo un denso chorro de sangre que aterrizó cerca de los pies de su hermano—.Claro que lo estoy logrando, imbécil. Estoy... jodiéndote la paciencia, y eso... ya vale la pena.

Peter frunció el ceño.Esa sonrisa, esa maldita sonrisa, era un recordatorio constante de que Bernardo no era alguien que simplemente aceptaría su derrota.

El cuerpo de Bernardo temblaba, pero su mente era un torbellino de resistencia.Cada fibra de su ser gritaba que debía detenerse, que no había esperanza contra alguien tan poderoso como Peter, pero algo en él, algo profundo y primitivo, se negaba a ceder.No podía darse el lujo de caer, no ahora.

En ese instante, el silencio entre ellos se rompió con un movimiento repentino.Bernardo, con una velocidad que desafiaba las expectativas de su condición,arremetió hacia Peter, lanzando un puñetazo directo hacia su mandíbula.No fue un golpe perfecto, no fue certero, pero tenía algo que los golpes de Peter no tenían: intención pura, un grito desesperado encapsulado en un movimiento.

Peter bloqueó el ataque con facilidad, pero en el fondo algo lo inquietó.

Sigues levantándote, Bernardo. ¿Por qué? Esto es inútil.

Porque soy más terco que tú.—Bernardo rió entre dientes, su voz era un eco ahogado por el dolor—.Y porque, hermano, mientras tú me estés golpeando... no estás pensando. Y eso me da la ventaja que necesito.

Los guardias intercambiaron miradas, algunos retrocedieron un paso.Uno murmuró en voz baja:

¿Cómo sigue levantándose ese tipo? Es un maldito loco.

No es locura, es que tiene más agallas que cualquiera de nosotros.—respondió otro, aunque su tono mostraba más miedo que respeto.

La batalla no era solo un enfrentamiento físico, era un choque de voluntades.Y aunque los golpes de Peter parecían la sentencia final, Bernardo sabía que su resistencia era su arma más poderosa.Si podía hacer que Peter perdiera el control, entonces tendría una oportunidad. Solo una, pero eso era suficiente para él.

Cada golpe de Peter era un relámpago de furia, y el sonido de los impactos resonaba como si una tormenta estuviera descargando sobre el cuerpo de Bernardo.A pesar del dolor y las fracturas que se acumulaban,Bernardo no cedía, se cubría con sus brazos, pero su expresión seguía siendo una mezcla de burla y satisfacción.Aunque parecía estar desmoronándose, su cuerpo no era el único componente de la pelea.Era su voluntad, su mente, la que seguía luchando.

Peter lo observó, sabiendo que su hermano no se estaba rindiendo, pero en ese momento algo en él cambió.La frustración comenzó a infiltrarse en sus movimientos, y eso fue suficiente para que Bernardo comenzara a entenderlo.Sin perder la oportunidad,Bernardo reaccionó ante la velocidad de Peter, logrando bloquear algunos de sus golpes, pero cuando la patada a su rodilla aterrizó, la situación cambió.

El impacto fue , que había estado sosteniéndose con el peso de su propio cuerpo, se vio obligado a doblarse, perdiendo el equilibrio de inmediato.Su rodilla, ya afectada por las secuelas de su sacrificio, crujió como si se tratara de madera rota,y una ola de dolor agudo lo atravesó por completo.Su cuerpo, ya al límite, se desplomó hacia el suelo con un rugido sofocado.El suelo absorbió el peso de su caída, y Bernardo se quedó allí, jadeando con desesperación.

Sabes, hermano,—dijo Peter, acercándose mientras sus respiraciones pesadas se entrelazaban—,no sé si es tu forma de resistir lo que me repugna o si es que... en el fondo, sigues creyendo que puedes ganar.

Bernardo, con su cuerpo torturado por las heridas, levantó la cabeza, esa mirada burlona aún brillando en su ojo en su mente, la desesperación comenzó a tomar forma, como una sombra que se arrastraba por el borde de su visió al borde del abismo, y por primera vez en mucho tiempo, la muerte parecía ser una opción más cercana.

Oh, créeme, Peter,—respondió, aunque su voz estaba quebrada por el dolor—.No me importa ganar... Solo me importa que sigas golpeándome, porque cuando me golpeas, me haces sentir vivo.

Peter lo miró, incrédulo, confundido por las palabras de su esa confusión no fue suficiente para que su furia disminuyera.Un último golpe, más fuerte,una patada a su abdomen.La fuerza con la que impactó no solo envió a Bernardo al suelo, sino que sus pulmones fueron comprimidos hasta el punto de que la respiración se convirtió en un esfuerzo doloroso.

El cuerpo de Bernardo, ya al borde de la ruptura, emitió un quejido ahogado.A pesar de la brutalidad de los golpes,algo en él se negaba a ceder.Su cuerpo,como un trozo de carne desgarrado, parecía una carcasa vacía. Pero en su corazón, en su mente, aún persistía el pensamiento:si muero, será a mi manera. No a la de él.

Peter miró a su hermano con desprecio, su respiración entrecortada, pero había algo más en sus ojos.No solo enojo, no solo odio. Había una pequeña chispa de incertidumbre,como si algo en el fondo de su ser comenzara a cuestionar lo que estaba no podía detenerse, no podía pensar en eso ahora.La pelea aún no había terminado.

Los golpes caían a una velocidad masiva, pero Bernardo solo se cubría, en un movimiento una patada de Peter golpeo la rodilla de Bernardo destrozándola, Bernardo solo miro la pierna.

El crujido que resonó en el aire fue grotesco, una sinfonía de hueso partiéndose y carne desgarrándose.Bernardo, en lugar de gritar o mostrar un ápice de sufrimiento en su rostro,simplemente inclinó la cabeza con morbosa curiosidad, observando cómo su propia sangre manchaba el suelo bajo él.

Vaya... realmente es cierto que las piernas de un humano son seis veces más fuertes que los brazos.

Su voz tenía un matiz casi académico, como si no estuviera sufriendo una herida devastadora, sino realizando un hueso blanco y desnudo sobresalía de la piel como una grotesca estructura,un recordatorio de la fragilidad del cuerpo humano, incluso en alguien como él.

Peter, en cambio,no compartía la diversión de su expresión de satisfacción inicial se tornó en un leve desconcierto.No porque le preocupase el dolor de Bernardo, sino porquesu reacción no tenía sentido.

Eres un maldito lunático.—Peter escupió con desdén, preparando otro golpe—.¿Acaso no sientes nada?

Bernardo inclinó la cabeza, su único ojo brillando con una mezcla de ironía y algo más oscuro... algo perturbador.

Oh, lo siento... y lo disfruto.

El solo admitirlo pareció hacer que el dolor se volviera más soportable, o al menos que su mente lo convirtiera en algo más.El sufrimientono era una debilidad para él, sino una revelación, una chispa que encendía su existencia.

Peter no le dio tiempo a seguir puño descendió con violencia sobre el rostro de Bernardo, aplastándolo contra el suelo con un impacto que hizo temblar la tierra.El suelo se agrietó bajo su cráneo, y la sangre salpicó como una pincelada grotesca en el campo de batalla.

Pero incluso entonces, cuando la oscuridad amenazaba con devorarlo, cuando su propio cuerpo temblaba al borde de la destrucción, Bernardo sonrió.

Hermano... sigues sin entenderlo, ¿verdad?

Peter apretó los dientes, su furia apenas contenida.

¡Entender qué, maldito demente!

Bernardo, con su cuerpo destruido y su sangre empapando el suelo, se rió...y esa risa resonó en la mente de Peter como un eco perturbador.

Su pierna, cuyos músculos se habían transformado en hueso debido a su enfermedad, no podía soportar el golpe. La sangre brotó mientras los huesos que ahora formaban el 80% de esa pierna sobresalían de su piel, un espectáculo desgarrador que hacía que cada respiración de Bernardo fuera un desafío. El dolor era agudo y punzante, como si cada fibra de su ser estuviera gritando por liberarse del tormento.

Pero extrañamente el muchacho no se quejaba es como si el abrazara todo es dolor esperando algo.

Tal vez era la mente ya rota de tu Bernardo, ya había enloquecido, aunque fueron entrenado para soportar cantidades masivas de dolor y daño, pero Bernardo este lunático, había estado acumulando daño tras daño, muchas de las heridas eran irreversibles, como el daño en su cuenca ocular, sin ese ojo es para que Bernardo se vuelva loco por el simple aire que chocaba con su cuenca vacía, las terminaciones nerviosas, estaban expuestas pero Bernardo permanecía impasible casi gozando esto.

Bernardo observó su pierna destrozada con una calma inquietante, como si analizara un problema matemático en lugar de enfrentar su inminente ruina.La información llegó a su mente con la frialdad de un diagnóstico ya conocido, uno que había convivido con él desde que tenía memoria.

Fibrodisplasia Osificante Progresiva.

Un nombre complicado para una enfermedad aún más cruel. Una maldición que lo había atormentado desde los cinco años, endureciendo lentamente su carne, robándole la movilidad y convirtiéndolo, poco a poco, en una estatua de su propio sufrimiento.Pero ahora... ahora había llegado más lejos de lo que jamás había esperado.

El enemigo silencioso se había infiltrado en su corazón.

No solo su cuerpo, sino su mismo núcleo vital estaba bajo ataque. Las raíces primordiales, aquellas que se formaron con él en el vientre de su madre, estaban comenzando a calcificarse, a morir en vida.Cada latido era un recordatorio de su fragilidad, cada contracción de su corazón era una soga apretándose lentamente alrededor de su destino.

Peter lo miró con desdén, sin comprender la gravedad de lo que sucedía dentro de su hermano.Para él, Bernardo solo era un saco de huesos y carne destrozado, un lisiado que se resistía a morir.

¿Qué diablos es tan gracioso?—preguntó con fastidio, viendo la sonrisa torcida en el rostro ensangrentado de su hermano mayor.

Bernardo soltó un leve suspiro, sin apartar la vista de su pierna.

Sabes, hermano... pensé que me quedaba más tiempo.

Su tono no era de desesperación. No era de tristeza.Era de aceptación, de un hombre que comprendía el destino cruel que se cernía sobre él.Incluso sin la pelea, incluso sin Peter, él ya estaba condenado.

Pero entonces, Bernardo hizo algo inesperado.

Su risa resonó entre los escombros y la sangre, una carcajada ronca y desgarrada, teñida de locura y determinación.

Pero qué idiota sería si dejara que esta mierda me detuviera.

El mana en su cuerpo se agitó como un huracán descontrolado.Sus músculos, sus huesos, su propia existencia se negaban a sucumbir.Porque si su destino era convertirse en piedra... entonces sería la piedra más maldita y afilada con la que Peter se hubiera topado jamás.

Bernardo tambaleó, con la respiración pesada y errática, mientras la realidad a su alrededor se desmoronaba como un sueño pierna, ahora una ruina de hueso y sangre, temblaba bajo su peso, pero su determinación lo mantenía en pie.

Peter lo observaba en silencio.Sus ojos no mostraban compasión ni crueldad, solo la expectación de un depredador que sabía que su presa estaba a punto de colapsar. Pero Thomas, su primo, tenía menos paciencia.La espada de agua en sus manos se retorció como una serpiente líquida antes de dispararse directo al pecho de Bernardo.

Fue un movimiento rápido, certero... letal.

Bernardo, sin embargo,giró su cuerpo en el último segundo.El filo acuoso pasó rozando su costado, cortando carne y arrancando un trozo de su abrigo empapado en sangre.Y aun así, en medio del dolor y la debilidad, encontró fuerzas para sonreír.

—¿Eso es todo, idiota? —se burló, su voz era apenas un susurro ahogado por el agotamiento, pero su tono estaba impregnado de una burla venenosa.

Thomas apretó los dientes con frustración.

—¡Deja de jugar, lisiado! —rugió, invocando otra corriente afilada de agua.

Bernardo se inclinó hacia un lado, esquivando con la precisión de un hombre que ya no le temía a la muerte.Pero su cuerpoestaba perdiendo la batalla.Cada movimiento lo hacía sentir como si miles de agujas perforaran su carne; cada latido era un martillazo dentro de su propio pecho.

No voy a caer.

Su visión era un torbellino de luces y sombras.El rostro de Peter se desdibujaba entre la sangre y el sudor.Thomas era una mancha azulada en el caos.

No voy a caer.

Sus piernas temblaban.Su respiración era un cuchillo clavado en sus costillas.

¡No voy a caer!—murmuró entre dientes, sus palabras más para sí mismo que para los demás.

Y entonces,sonrió.

Porque aunque su cuerpo estuviera en ruinas, aunque cada fibra de su ser suplicara descanso,sabía que aún tenía una última carta por jugar.

Con cada golpe recibido, con cada herida infligida,la lucha se transformaba en algo más grande; era un grito sordo contra toda expectativa impuesta y un desafío a las sombras que amenazaban con consumirlo.La batalla no solo era contra Peter; era contra todo lo que había intentado destruirlo desde dentro.

Mientras las partículas blancas danzaban a su alrededor como fantasmas burlones, Bernardo comprendió que esta pelea era divertida, no importaba su muerte solo quería destrozar a su arrogante hermano menor y claro mutilar al imbécil de Thomas.Era un enfrentamiento entre luces y sombras, entre quien realmente era y quien los demás querían que fuera. Este era el juego de Bernardo y nadie lo podría detener.

El mundo a su alrededor se reducía al retumbar de los golpes, al olor a sangre en el aire y a la adrenalina quemando su cuerpo como fuego lí impacto era una sinfonía de dolor y resistencia, una danza macabra entre la muerte y su propia voluntad de no ceder.

Peter lo golpeó de nuevo, directo al estómago.Un chorro de sangre brotó de los labios de Bernardo, pero él solorió.La carcajada salió entrecortada, casi sofocada por el propio líquido vital que inundaba su boca.

—Vaya,hermano... —escupió al suelo, su único ojo centelleando con un brillo maníaco—.Parece que realmente quieres matarme.

Peter apretó los dientes.

—¡Cállate!

Levantó el puño para otro golpe, pero algo cambió en postura ya no era la de un hombre a punto de derrumbarse, sino la de un demonio que disfrutaba cada segundo de su sufrimiento.

Las partículas blancas danzaban en el aire como copos de ceniza sobre un campo de batalla.Se adherían a su piel, a sus heridas abiertas, a la sangre que fluía libremente por su cuerpo.Eran el recordatorio de que su enfermedad lo estaba matando, pero también de que su carne marchita aún podía causar estragos antes de pudrirse por completo.

¿Sabes, Peter?—murmuró, su voz ronca pero llena de algo que hizo que su hermano dudara por una fracción de segundo—.Esto es divertido.

Y con un movimiento brusco,su mano, aún temblorosa pero letal, se cerró en torno al cuello de Peter.

Los ojos de su hermano menor se abrieron de par en par.

—¡Tch! —Peter intentó golpearlo de nuevo, pero Bernardohundió sus dedos en su piel, clavando sus uñas como garras en la carne.

No me importa morir aquí.—Bernardo inclinó la cabeza, una sombra burlona en su rostro destrozado—.Pero antes de eso...

Sus pupilas se posaron en Thomas, el bastardo que durante años se regodeó de su sufrimiento.

—Voy a hacer quegrites hasta desgarrarte la garganta.

Thomas retrocedió un paso.

—¡Mierda! —gruñó, creando otra espada de agua—. ¡Peter, suéltate de ese enfermo demente!

Pero Peter no podía moverse.

El poder de Bernardo no residía en su fuerza, sino ensu capacidad de arrastrar a los demás a su propio infierno.

Este era su juego.Y nadie lo detendría.

Peter gruñó, tratando de liberarse, pero los dedos de Bernardo se clavaban más y más en su piel, como si fueran garfios dispuestos a desgarrarlo.La presión en su tráquea se volvía sofocante, y por primera vez en mucho tiempo,el menor sintió el filo del miedo rozándole la nuca.

—¡Suéltame, maldito lunático! —Peter intentó golpearlo de nuevo, pero Bernardo, aún con la rodilla destrozada y el cuerpo al borde del colapso,giró bruscamente y lo lanzó contra el suelo con una brutalidad animal.

Peter impactó con violencia, el aire escapando de sus pulmones en un jadeo entrecortado.

Bernardo escupió sangre, pero su sonrisa seguía ahí,ensangrentada, perversa.

¿Qué pasa, hermano?—se burló, limpiándose la boca con el dorso de la mano—.¿No es esto divertido?

Thomas no perdió la oportunidad.

—¡Maldito engendro!

La espada de agua se disparó como una lanza directa al corazón de Bernardo.

Pero él ya lo había visto venir.

Con un giro de muñeca, desvió el ataque con una facilidad insultante, dejando que el filo líquido pasara a centímetros de su rostro antes de evaporarse en el suelo.

¿Eso es todo?—se burló, girando su único ojo hacia Thomas—.¿Toda tu jodida vida fuiste un matón y eso es lo mejor que puedes hacer?

Thomasgruñó, frustrado.

—¡Cierra la boca, monstruo!

Bernardorió de nuevo, aunque la tos ahogó parte de su diversión.Su visión era un caos de colores distorsionados, de dolor punzante en cada parte de su cuerpo, de huesos que se sentían como dagas dentro de su propia piel.

Peroeso solo lo hacía más emocionante.

—Ven aquí, Thomas —dijo con una calma escalofriante, extendiendo los brazos como si lo invitara a un abrazo—.Muéstrame qué tanto me odias.

Thomas vaciló.

Y fue en ese instante queBernardo se lanzó.

Como un depredador que había estado esperando pacientemente el momento de desgarrar la garganta de su presa.

Bernardo se movió con una rapidez antinatural, su cuerpo ignorando el dolor, su mente ardiendo en una mezcla de locura y furia.

Thomas apenas tuvo tiempo de reaccionar.

Los dedos de Bernardo se cerraron alrededor de su rostro con una fuerza monstruosa, hundiendo sus uñas en su piel.Thomas gritó, intentando zafarse, pero Bernardo no lo soltó.Con un movimiento violento, lo estrelló contra el suelo, la piedra resquebrajándose bajo el impacto.

—¡AHHH! —Thomas aulló, su nariz rompiéndose bajo la presión, la sangre brotando como un río carmesí.

Bernardo lo miró desde arriba,su único ojo brillando con un sadismo primitivo.

¿Dónde está toda tu arrogancia ahora, imbécil?—preguntó con una risa gutural.

Peterse levantó a duras penas, su mirada llena de rabia.

—¡No te atrevas a tocarlo!

Bernardogiró la cabeza lentamente, disfrutando cada segundo del terror reflejado en los ojos de su hermano menor.

—¿Oh? ¿Te preocupa, Peter? —Su tono era venenoso, burlón.Su mano aún sujetaba la cara de Thomas, sus dedos enterrándose más en su piel—.Eso es nuevo.

—¡SUÉLTALO!

Peter se lanzó hacia adelante, peroBernardo ya lo esperaba.

Con un movimiento brutal,levantó a Thomas del suelo y lo arrojó con todas sus fuerzas contra su hermano menor.

El impacto fue desastroso.Los cuerpos chocaron con violencia, huesos crujieron y ambos cayeron al suelo enredados en un torbellino de dolor y desesperación.

Bernardo se tambaleó, su cuerpo finalmente cobrando factura por el daño recibido.Su pierna destrozada ardía como el mismísimo infierno, cada respiración era una batalla, perosu sonrisa no desaparecía.

Vamos, Peter. No me digas que ya acabaste.

Peter se apartó de Thomas con dificultad, su mandíbula tensa, la sangre corriendo por su frente.

—Tú... ¡ERES UN PUTO MONSTRUO!

Bernardo inclinó la cabeza, su ojo brillando con una diversión oscura.

¿Y qué si lo soy?

El caos apenas estaba comenzando.

Peter, aún con la respiración agitada, se reincorporó. Su cuerpo temblaba, pero no solo por el esfuerzo:era furia, era miedo.

Bernardo lo observaba con su única mirada afilada,una bestia disfrutando del sufrimiento ajeno.La sangre manchaba su rostro y su cuerpo, pero él solo se pasó la lengua por los labios con una calma perturbadora.

—Vamos, Peter...haz algo más que gritar como un niño asustado.

El insulto prendió fuego en el interior de su hermano menor.Con un rugido, Peter arremetió contra Bernardo, su puño destellando con poder.

Pero Bernardo no esquivó.

El impacto resonó como un trueno.Su cabeza giró violentamente hacia un lado, su cuello chasqueó de forma espantosa, y una hilera de sangre salió disparada de su boca.

Pero seguía sonriendo.

¿Eso es todo?—su voz salió ronca, rota...pero burlona.

Peter sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Su golpe había tenido toda su fuerza,y aun así, Bernardo ni siquiera se tambaleó.

—¡CÁLLATE!

Otro golpe. Otro impacto brutal en el rostro de su hermano mayor. Luego otro. Y otro más.Peter lo golpeó con la misma rabia con la que se había contenido durante años.

Pero algo andaba mal.

Cada puñetazo hacía a Bernardo reír más fuerte.Su expresión era de éxtasis absoluto.

Más, más... ¡vamos, Peter!—jadeó, dejando que su sangre chorreara desde su nariz rota.

Peter, frustrado y con el miedo creciendo en su pecho,levantó su pierna y la hundió en el estómago de Bernardo con tanta fuerza que la tierra tembló bajo sus pies.

Bernardo finalmente se dobló, escupiendo un grumo espeso de sangre.Pero en lugar de caer, su risa se convirtió en carcajada.

Peter retrocedió, su corazón latiendo desbocado.Bernardo no estaba resistiendo... estaba disfrutando.

—Tienes cara de haber visto un fantasma, hermano.¿Te das cuenta ahora?

Peter no respondió. Sus manos temblaban.

Bernardo se enderezó lentamente, su cuerpo destrozado, pero su espíritu más despierto que nunca.Su único ojo ardía con locura.

No puedes matarme.

El aire se volvió pesado. Thomas, que apenas lograba moverse,tragó saliva con miedo.

Bernardo flexionó sus dedos y el sonido de sus huesos acomodándose resonó como el crujido de ramas secas.

—Pero tranquilo...yo sí puedo matarte a ti.

El infierno estaba a punto de desatarse.

Peter se movió rápidamente, saltó y pateó hacia la cara de su hermano, quien fue arrastrado por el piso por la fuerza del golpe.El sonido del impacto resonó en el callejón, un eco cruel de la brutalidad del momento, como si el mismo suelo temblara ante la violencia desatada.

Bernardo gruñó entre dientes, sintiendo cómo las armas clavadas en su espalda lo anclaban al suelo como un insecto atrapado en una red de acero.Cada punzada de dolor era una chispa avivando la locura en su interior.

Peter aterrizó con gracia, su mirada cargada de desprecio.Él lo tenía contra el suelo, lo tenía vencido.O al menos, eso creía.

¿Dónde quedó tu diversión, hermano?—Peter escupió a un lado, acercándose con pasos seguros—.Ya no te ríes.

Bernardo jadeó,su cuerpo estremeciéndose por el daño recibido.Pero entonces, sin previo aviso...

Sonrió.

Una sonrisa amplia, oscura, manchada con su propia sangre.Un rictus macabro de pura satisfacción.

—Ah, Peter... —su voz salió rasposa, rota—.Te equivocas... Esto apenas empieza.

Antes de que Peter pudiera reaccionar,Bernardo crujió su propio cuello y, en un movimiento antinatural, arrancó las armas clavadas en su espalda con un violento tirón.

Sangre. Tanta sangre.

La carne se desgarró aún más,pero su expresión no era de sufrimiento, sino de deleite.

—Mierda... —susurró Thomas al ver la escena, un sudor frío recorriéndole la nuca.

Bernardo se incorporó lentamente, su cuerpo herido, pero con una presencia que hacía que el aire a su alrededor se sintiera denso, sofocante.Un demonio alzándose de su propio infierno.

Peter retrocedió un paso. Un solo paso.Pero Bernardo lo vio.

¿Qué pasa? ¿Acaso sientes miedo?

Peter apretó los dientes y arremetió contra su hermano con otro golpe.Pero esta vez...

Bernardo lo atrapó.

Su mano, aún ensangrentada, se cerró alrededor del puño de Peter como un cepo mortal.La sonrisa nunca desapareció de su rostro.

Mi turno.

Y con una fuerza monstruosa,torció la muñeca de su hermano hasta que un crujido seco llenó el aire.

Peter sintió el impacto del puño de Bernardo como un martillo descendiendo con brutalidad sobre su rostro.El sonido del golpe fue seco, contundente, una sinfonía de huesos crujiendo y piel desgarrándose.Su cabeza se inclinó hacia un lado, y por un instante, su visión se tornó borrosa.

Pero el dolor solo lo hizo enfurecer más.

¡Maldita escoria!—rugió, escupiendo sangre, su mirada encendida por el odio.

Bernardo, en cambio, solo sonrió.Su expresión estaba cubierta de sangre, pero sus ojos reflejaban algo más que simple resistencia.Algo primitivo. Algo monstruoso.

Un ser que no debía seguir en pie... y sin embargo, ahí estaba.

Peter vio con horror cómo los dientes arrancados de su hermano volvían a emerger de sus encías, despuntando como pequeñas cuchillas afiladas.El cuerpo de Bernardo, maltrecho y al borde del colapso, simplemente... se reconstruía.

Tienes mucha razón, en varias cosas, pequeño también tienes muchos errores, el primer error es pensar que "Yo soy debil". Bernardo hablo y golpeo a Peter.

Soy lo mejor que tu padre pudo haber hecho.—Bernardo habló con voz firme, cada palabra impregnada de una convicción inquebrantable.

Peter gruñó con rabia y se lanzó nuevamente contra él, peroBernardo lo esperaba.

En un instante,su brazo se disparó como una bala y su puño destrozó el estómago de Peter, hundiéndolo en su propio cuerpo.

El hermano menor ahogó un grito, sintiendo cómo su piel y músculos cedían ante la abrumadora fuerza de Bernardo.La sangre burbujeó en su garganta.

Y no soy presumido...—continuó Bernardo, presionando su puño más profundo, disfrutando del sufrimiento reflejado en los ojos de su hermano.

Peter intentó golpearlo de nuevo, pero su cuerpo no respondía con la misma velocidad.El dolor lo estaba quebrando.

Soy todo lo que tú...—Bernardo inclinó su rostro hacia él, su aliento caliente rozando la oreja de Peter—.Nunca, en tu miserable vida tan patética e insignificante, podrás llegar a ser.

Y con una sonrisa macabra,lo lanzó contra el suelo con tanta fuerza que el impacto dejó una grieta en la piedra.

Peter intentó levantarse, pero su cuerpo se estremecía, cada fibra de su ser clamando por descanso.El dolor era una maldición, pero la humillación era aún peor.

Bernardo, en cambio, se irguió con calma, su rostro aún cubierto de sangre,su único ojo brillando con un fulgor inquietante.

¿Sabes qué es lo más intrigante?—murmuró, su voz arrastrándose como veneno.

Peter apretó los dientes, su cuerpo convulsionando por la furia contenida.

Se dice que toda persona tiene derecho a ser estúpida...—Bernardo rió con burla—.Pero algunos, como todo tu linaje, abusan del privilegio.

Peter intentó replicar, pero Bernardo continuó, su tono ahora más sombrío,más frío, más afilado que cualquier cuchilla.

Han agotado mi finita paciencia.

Thomas, que había estado expectante, sintió un escalofrío recorrer su espalda.Por primera vez, la presencia de Bernardo se sintió como un abismo insondable, un vacío que amenazaba con devorarlos enteros.

Aunque he perdido uno de mis ojos...—Bernardo se llevó los dedos a la cuenca vacía con una sonrisa torcida—.Mi visión sigue intacta.

Su voz no era la de un hombre derrotado,era la voz de un condenado que había aceptado su destino... y había decidido arrastrar a todos con él.

Acepto esta oportunidad.

Dio un paso adelante, la sangre chorreando de su pierna destrozada, pero aún asísu postura era imponente, inquebrantable.

Yo les abriré sus inmundos ojos.

Thomas tragó saliva, su agarre sobre su espada de agua temblando por primera vez.

Lucharé...—Bernardo avanzó un paso más—.Fracasare...—Su sonrisa se ensanchó, su único ojo clavado en ellos con una intensidad sobrehumana—.

Asesinaré... y seré asesinado.

Cada palabra caía sobre ellos como una sentencia de muerte.

Pero rendirme...—Bernardo inclinó la cabeza, su sombra alargándose bajo la luz mortecina del callejón—.Ese es un destino que me niego a aceptar.

Y en ese instante,el verdadero horror comenzó.

Thomas se sorprendió ya que en un parpadeo vio Peter volver hacia el, pero al siguiente parpadeo vio un puño, dirigirse a su cara.

Bernardo con una gran sonrisa uso todo su fuerza, peso y velocidad para hundir el puño en la cara de Thomas, el cual salió sangrando por los ojos, nariz y boca,.

Bernardo se levanto tambaleándose.

Thomas en cambio apretó los dientes y una pequeña esfera apareció en su masticar chicles ahora Bernardo hablo con calma pero reconoció que era esa cosa.

Thomasmiró su mano, con la esfera brillando débilmente entre sus dedos. El aire a su alrededor se volvió pesado, como si el tiempo mismo hubiera decidido ralentizarse, presagiando el cambio.Era claro que la esfera contenía un poder aterrador.

¿Quieres masticar chicles ahora?Bernardosoltó una risa burlona, disfrutando la agonía en la cara deThomas, a pesar de la furia que se acumulaba en su interior. Sin embargo, Bernardo lo reconoció al instante.Medicina de rango F, pensó, una sonrisa cruel cruzando sus labios.

Thomas, que apenas se podía mantener en pie, apretó los dientes con furia, su mano temblando ligeramente mientras la esfera resplandecía. Lafuerza de un guardiánestaba por activarse, y el poder que emanaba de él era palpable, el aire parecía vibrar ante su cercanía.

Bernardoevaluó rápidamente la situación. El golpe aThomashabía sido devastador, pero esta medicina... esto era una trampa para ganar tiempo. En los círculos de luchadores, solo los más desesperados usaban tales técnicas. Pero no importaba. El destino deThomasya estaba sellado.Su juego estaba lejos de terminar.

Esa cosa debió costar alrededor de 4 créditos de oro, tanto dinero para nada, Bernardo pensó

La fuerza de un verdadero despierto, eh...—dijoBernardocon una sonrisa sardónica."Todo eso para no llegar ni a la mitad de lo que soy."

Thomasdejó escapar una risita amarga, ya sabiendo que no había vuelta atrás. La esfera, casi como un latido, hizo que una ola de energía lo invadiera, y la transformación comenzó. Sus ojos brillaron con una intensidad feroz, sus músculos se tensaron, y una aura peligrosa se desató alrededor de él.De repente, se convirtió en algo completamente distinto, más fuerte, más rápido. La transición fue casi instantánea.

Es triste que gastes tanto para ser tan débil.—Bernardo observó fríamente, sabiendo que el verdadero poder estaba en algo mucho más complejo que una medicina barata.

Elpuño de Thomasvoló hacia él con la fuerza de un huracán, peroBernardo, con su velocidad sobrehumana,esquivó con una gracia letal.Un movimiento brusco y sin esfuerzo.

Tienes el poder de un despertado...—Bernardo se burló, alzando una ceja, su cuerpo ahora en guardia."Pero todavía no sabes lo que significa ser uno de verdad."

Thomascerró los ojos mientras labola azulse desintegraba en su cuerpo, y en un abrir y cerrar de ojos, su figura cambió por completo.Sus músculos se expandieron, su cuerpo seagrandócomo si cada fibra de su ser fuera absorbida por una fuerza imparable. La transformación fue grotesca, las venas y arterias sobresaliendo de su piel, ardiendo como si la sangre en sus venas estuviera hirviendo.

Una espesa aura azulenvolvía su cuerpo, como llamas azules que danzaban furiosas alrededor de su figura. Su respiración era profunda, casi gutural, y su rostro, una máscara de dolor, se iluminaba con una intensidad cegadora. Los ojos deThomasse volvieron completamente azules, un brillo sobrenatural en su mirada. Elpoder que emanaba de élera palpable, un tsunami de energía desbordante que parecía destrozar el aire mismo.Este era el despertar más brutal, el poder de un guerrero que no solo había alcanzado el límite de la humanidad, sino que lo había superado, como una bestia desatada.

Bernardoobservaba todo con una calma inquietante, su mirada fría e implacable, incluso mientras elpoder de Thomasse desataba frente a él.Este no era un poder común. La transformación deThomasera mucho más que simplemente un aumento de fuerza; era una monstruosidad, una representación de lo que ocurría cuando la naturaleza humana se desbordaba.

Peter, a su lado, se mantuvo alerta, viendo cómoThomasse preparaba para lanzarse hacia ellos. Ambos sabían que estaban más allá de lo que cualquier "despierto" común podría alcanzar.La pelea no era solo una cuestión de poder físico; se trataba dealmas fracturadas, dementes rotasque buscaban algo que ni ellos mismos comprendían. Pero algo era claro:su lucha ya no se regía por las mismas reglas.

¿Eso es lo mejor que puedes hacer?—murmuróBernardo, su voz baja pero llena de desdén. Sus ojos brillaban con una chispa de curiosidad, pero también con unaextraña fascinación."Lo que sea que estés haciendo, no te va a salvar."

La tensión entre los tres hombres era palpable. La energía deThomasera destructiva, peroBernardoyPeterya sabían que ellos también habían cruzado un umbral que muchos nunca conocerían. La línea entre lo humano y lo monstruoso era ahorauna mancha borrosa.

Bernardo, aún con su cuerpo roto y casi al borde del colapso, estaba dispuesto a demostrarle aThomasque, sin importar el poder que adquiriera, jamás podría alcanzar el verdadero potencial que él yPetercompartían.

Elgolpe de Thomasfue brutal. La fuerza del impacto envió aBernardovolando, y se estrelló contra la pared con un estruendoso ruido, el crujido de su cuerpo resonando en el aire.El dolor fue insoportable, pero a través de la oscuridad de su visión, unachispa de desafíose encendió en su corazón.Thomas, cegado por la euforia de su poder, no se dio cuenta de queBernardono estaba derrotado. A medida queThomasse acercaba,Bernardose movió con unaagilidad impía, sus músculos destrozados por el dolor, pero su voluntad aún intacta.

Con unmovimiento rápido,Bernardousó la fuerza residual deThomaspara redirigir su propio cuerpo, aprovechando la inercia del golpe para tomar ventaja.Golpeó con los brazos y las piernas, sus movimientos como los de una serpiente, rápidos y letales. Elimpacto de su ataquefue una explosión de energía, y aunque susheridasle dolían como mil cuchillos, lasatisfacciónde golpear aThomasde nuevo le dio unsinfín de fuerzas renovadas.

¿Cómo es que la basura sin habilidades innatas se atreve a jactarse de ser poderosa?—se burlóBernardo, su voz rasposa pero llena de veneno."Eso es una ofensa para el verdadero poder."

Apenas terminó de hablar, su manobrilló con una intensidad sin igual, un resplandor que parecía devorar la luz misma a su alrededor.El mana de naturaleza eléctrica surgió con furia, pero no era el tipo común de electricidad.Rayos negros, cargados de una energía oscura y venenosa, comenzaron a rodear su cuerpo como una tormenta. Losrayos eran diferentes, no solo en su color, sino también en su intensidad,una energía corrompidaque parecía consumir todo a su paso,como si la propia naturaleza estuviera siendo quebradapor la fuerza descontrolada de su poder.

Thomas, viendo la energía que emanaba deBernardo, retrocedió ligeramente, aunque su orgullo le impedía mostrarmiedo.El poder de Bernardoera unfenómenoextraño, algo que no podían entender del todo, pero el hecho de quesu hermano mayorfuera capaz de mantenerse tan desafiante a pesar de todo lo que había sufrido lo hacía sentir una mezcla deirritaciónymiedo.

¿Crees que con esa electricidad corrompida me vas a asustar?—gritóThomas, apretando los dientes mientras su cuerposeguía expandiéndosey suaura azulse volvía más densa, cubriéndolo como unescudo protectivo.

PeroBernardono iba a detenerse.Los rayos negrosarremetieron contraThomascomo unalluvia oscura, elaire zumbandocon la electricidad pura que desbordaba de su cuerpo.Las corrientesatravesaron su cuerpo, haciéndolo tambalear mientras la energía le consumía. Elrugido de la tormentaque generóBernardoresonó en el aire, como si el mismísimo cielo estuviera de su lado.

¡No tienes idea de lo que es el verdadero poder!—gritóBernardo, mientras su poder continuaba arremetiendo contraThomas."Esto no es solo una tormenta. Es mi destino."

La batalla no era solo una lucha física, eraun choque de voluntades, depersonalidades y destinosque se habían entrelazado desde siempre, yBernardono iba a dejar que su hermano, lleno de arrogancia, se saliera con la suya.

Los rayosarremetieron contraThomascon una furia inhumana, transformándose enmandíbulas eléctricasque se cerraron con un estrépito sobre su torso,rasgando su pielydevorando su carnecon un poder devastador. Losgritos de dolordeThomasfueron ahogados por el rugido de los rayos, que parecíanalimentarse de su sufrimientomientras lo mantenían inmovilizado en el suelo.Bernardono se detuvo. Con unmovimiento brutal,su pie aplastó la cara de Thomas, haciendo que su cráneo se estrellara contra el suelo con unruido espantoso.Thomasquedó desorientado, su cuerpo tambaleando bajo el peso de la brutalidad de su hermano mayor.

Bernardorespiró con dificultad, lafuerzade sus movimientos drenando lo poco que quedaba de energía en él. Aun así, susojos brillaban con una intensidadque mostraba su determinación a seguir luchando, aseguir aplastandotodo lo que se le interpusiera.

Ya lo dijo una vez la profesora Sam—murmuróBernardo, su voz teñida de unaoscuridad inquietante."Si nos toca caminar por el mismo infierno, es mejor caminar como un demon King que como un demonio común."

La sonrisa de Bernardose hizo mássiniestra, sus ojos reflejaban una mezcla deorgulloydesdén, como si estuviera listo para recibir el juicio de su propio infierno personal.

No lo crees, hermanito?—dijo mientrasmiraba a Peter, quien, una vez más, se habíarecuperadode los embates de la lucha, como sinadade lo que había sucedido le hubiera hecho mella.

Peter, con losojos llenos de ira y frustración, observaba a su hermano mayor, pero no era capaz deentendercompletamente lo que acababa de presenciar. ¿Cómo podíaBernardoseguir tanintacto?¿Por qué no caía?Lafuria de Peterse estaba mezclando con laadmiración, un sentimiento incómodo que le costaba aceptar.

Bernardono necesitaba respuestas.Había hablado.Y lo había hecho con lafuerzade alguien que había caminado mucho más allá de los límites de su humanidad, alguien que había decidido que, si iba a ser un demonio,sería el más aterradorde todos.

Peterdio un paso adelante, listo para continuar la lucha, pero en sus ojos también había unareverencia no deseada, algo que parecía reconocer en su hermano. A pesar de laviolenciay ladestrucciónque se había desatado,Bernardoera inquebrantable, y eso lo hacía máspeligrosoque cualquier otra cosa que pudiera enfrentar.

Elaire estaba cargadode electricidad y tensión, como si el mismomundo estuviera conteniendo el aliento, esperando ver qué másBernardopodría hacer en estedesgarrador enfrentamientoentre los dos hermanos.

Sigamos, hermano.—La voz dePeterera una mezcla de emoción contenida y desafío. Movió el cuello, dejando escapar un sonidoseco y brutal, como si cada vértebra fuera un mecanismo de guerra preparándose para la batalla.

Entonces,su cuerpo comenzó a brillar. Unacapa de luz blanca y metálicalo envolvió, moldeándose a su piel como una segunda armadura.Bernardoalzó una ceja, su ojo restante observandocon curiosidadel fenómeno que tenía ante sí.

Interesante manera de usar tu maná de naturaleza luz.—Su tono no era de burla, sino de un genuino interés analítico. Sin embargo, no le pasó desapercibido elalto consumo de concentración y energíaque requería la técnica.

Peter sonrió con arrogancia.

Esta es la Armadura de Lugh.

El nombre hizo queBernardo frunciera el ceño por un instante, su expresión cargada deextrañeza y desinterés.

—¿Lugh? —repitió, con un deje deincredulidaden la voz.

Peter chasqueó la lengua y negó con la cabeza, adoptando una expresión defastidio fingido.

Eres un hombre con poca cultura, hermano.—Suspiró teatralmente, como si la ignorancia de Bernardo le causara un sufrimiento insoportable.

Bernardo lo miró con desdén, sin inmutarse.

Déjame ilustrarte.—Peter sonrió con superioridad mientras la luz de su armaduraparpadeabacon un fulgor aún más intenso. —Lugh es el dios celta de la luz y del sol.Un serimponente, invencible en combate, dueño de todas las artes y habilidades. Un dios que no necesita un dominio único porque los posee todos.

Bernardorodó los ojos, cruzándose de brazos.

—Vaya, qué inspirador.Un dios que lo sabe hacer todo.Me pregunto si también era buenorecibiendo una paliza.

Peter apretó los dientes.

Idiota.

La tensiónse disparóen el aire.Los destellos de la luzque envolvían a Peter chocaban contra laschispas oscurasque danzaban en los dedos de Bernardo, como dosfuerzas opuestas preparándose para colisionar.

Era el choque entre laluz y la sombra, entreun dios y un demonio, entredos hermanos destinados a destruirseen un enfrentamiento quenadie más en el mundo podría igualar.

Peter dejó escapar una carcajadaseca y llena de desprecio, su expresión reflejando un disgusto absoluto.

Tanto tiempo en la academia y ni siquiera prestaste atención a las clases normales.—Su tono goteaba sarcasmo y burla. —No solo eres un lisiado, también un idiota en lo académico.

Bernardo seencogió de hombros, sin molestarse en responder de inmediato. Su ojobrilló con burla y desafíoantes de lanzar su réplica con una tranquilidad exasperante.

Saber algo de cultura antigua no sirve para aquel que morirá.

Peter lo miró con una mezcla de burla e irritación.

Tal vez tengas razón, Bernardo...—dijo con una sonrisa torcida. —Pero eso no quita que eres un imbécil que ni siquiera supo entender historia antigua.

La atmósferase cargó de electricidad, literalmente.Chispas oscuras crepitabanalrededor de Bernardo, mientras laluz metálicaque envolvía a Peter vibraba como si respondiera a la provocación.

No era solo una pelea. Erauna guerra de ideales, de orgullo, de poder absoluto. Y ninguno de los dos tenía intención de ceder.

Peter entrecerró los ojos, su mueca de burla transformándose en una expresiónmás seria y analítica.El aire vibrócon la energía que Bernardo estaba manipulando.

Dejando todo esto de lado, me sorprende que tengas las reservas necesarias para mantener esta armadura de luz.—La voz de Bernardo era un susurro cargado de ironía. —Pero ya que estás mostrando algo como esto, ¿te parece si te muestro cómo se hace una verdadera armadura?

Peterfrunció el ceñomientras observaba cada movimiento de su hermano con cautela.Sabía que Bernardo no desperdiciaba energía sin motivo.

Pero lo que más le inquietabano era la amenaza implícita, sino la sonrisa que apareció en el rostro de su hermano mayor.

Era una sonrisaamistosa, casi fraternal. Una que no encajaba en el contexto de la pelea.

Déjame mostrarte algo que debes seguir, después de todo, sigo siendo tu hermano mayor.

Bernardo levantó la mano y trazó un círculo en el aire.

El manáse congregó de inmediato, atrayendo colores que parecían arremolinarse en una danza caótica:rojo, como la sangre en el campo de batalla;azul, como el acero frío antes de desgarrar la carne;negro, como la sombra de la muerte acechando;gris, como la ceniza de la destrucción.

Era una visión imponente. Algo que no pertenecía a esta era.

Peter apretó los dientes,un escalofrío recorriéndole la espaldaal ver cómo aquella energía cobraba forma.

La armadura que se manifestó parecía salida de una era antigua, de un tiempo donde los dioses caminaban sobre la tierra y la guerra no era solo una batalla, sino un arte sagrado.

Cada placa de metal, cada filigrana grabada en su superficie, exudaba el peso de incontables conflictos.

Bernardose cruzó de brazos, divertido ante la reacción de su hermano.No lo hacía por necesidad, sino por burla.

Esta es la armadura del dios de la guerra, Ares.

El simplenombrehizo queel suelo crujierabajo sus pies.El peso de la historia mismaparecía retumbar con cada sílaba pronunciada.

Peter apretó los puños, su armadura de luz resplandeciendo aún más, como si intentararebelarse contra la presencia de algo que la eclipsaba por completo.

Pero Bernardo solorió con tranquilidad, como si todo esto fuera un simple juego. Un juego dondeél era el único que conocía las reglas.

Peter se congeló en su lugar, su cuerpo traicionado por un temblor que oscilaba entre laemocióny elhorror absoluto.

Podía sentirlo, más de lo que podía verlo:la energía mágica de Bernardo era varias veces superior a la suya.

Moldeo. Control. Ajuste. Potenciación.

Cada una de estas cualidades estabaperfeccionadaen la armadura de su hermano mayor.No era solo poder bruto, era un arte refinado, una manifestación tangible de una diferencia abismal.

Petertragó saliva, su mandíbula tensa mientras sentía que su propia armadura de luz comenzaba a vibrar,como si reconociera su inferioridad ante aquella monstruosidad bélica.

Pero entonces, Bernardosuspiró.

Como si todo esto hubiera sidonada más que un capricho.

Pero esta armadura no es necesaria…—su voz sonó hasta desinteresada, mientrasalzaba la mano con una calma casi insultante—.Solo lo hago para darte un buen ejemplo de lo que debes hacer a futuro.

Y con un movimiento fluido,la armadura de Ares se desvaneció.

Miles de motas de luz variocolorse dispersaron en el aire, flotando a su alrededor como cenizas de una deidad olvidada.Era un espectáculo hermoso y aterrador a la vez.

Peterexhaló con fuerza, solo ahora dándose cuenta de que había contenido la respiración.

Bernardolo miró con esa misma sonrisa fraternal de antes.

Pero Peter sabía lo que significaba.

No era orgullo. No era cariño.

Eracondescendencia absoluta.

Elolor a sangreimpregnaba el aire, un aroma ferroso que se mezclaba con el polvo y la energía densa que crepitaba entre los dos hermanos.

Peter respiró hondo, ignorando todo.

Bernardo, al igual que él, cambió su expresión.La tranquilidad había desaparecido.

Su mirada se tornóseria, afilada como un cuchillo al rojo vivo.

El ambiente mismo respondió.

Pequeñas rocas comenzaron alevitar y luego explotaron bajo la presión del manáde ambos hermanos. El aire crepitaba con energía pura, una danza de fuerzas opuestas que amenazaban con desatarse en cualquier momento.

Y Bernardo fue el primero en moverse.

Su puño se hundióviolentamenteen el estómago de Peter, arrancándole un jadeo.No le dio tiempo a recuperarse; su pierna se elevó en un giro letal, impactando con brutalidad en las costillas de su hermano menor.

Pero Peterno se movió ni un centímetro.

Bernardoretrocedió, frunciendo el ceño.

—Ya veo… la luzse comporta de manera extraña.—Su tono era frío, analítico—.No pude dañarte.

Peterenderezó su postura, sintiendo la ardiente energía recorrer su cuerpo.La Armadura de Lugh lo protegía de formas que ni siquiera él comprendía del todo.

No lo aceptó.

Volvió a la carga,rápido como un relámpago.

Puños. Patadas.

Cada golpe era una explosión de pura intención asesina.Pero no llegaban.

Los brazos y piernas de Peter los detenían con precisión perfecta.

La armadura de luz no solo le daba resistencia, sino también un aumento de fuerza monstruoso.

Y entonces…

Un solo golpe.

Directo. Aplastante.

Los dientes de Bernardosalieron volando.

El crujidoresonó como un disparo en la noche.

Se tambaleó, sintiendo la sangre caliente llenar su boca, pero antes de poder reaccionar…

Oye, esto es tuyo.—La voz de Peter era tranquila, casi burlona.

Bernardolevantó la vista.

En la mano derecha de su hermano,había un gran trozo de carne desgarrada.

Un escalofrío reptó por su espalda.

—¿Qué…?

Bajó la mirada.

Había un hueco en su costado.

El dolor lo alcanzó un segundo después, una ola abrasadora que perforó su sistema nervioso como un torrente eléctrico.

Petersonrió.

—No te mortifiques, hermano.Solo fueron dos costillas.

Mierda, eso duele.

Bernardo escupió un poco de sangre y soltó una risa seca, entre la burla y la adrenalina.

Pero al menos te llevaste las costillas que ya estaban dañadas por el cáncer.

Peter frunció el ceño, pero su mirada no se apartó del cuerpo de su hermano.Lo que vio lo dejó helado.

Las fibras muscularesde Bernardose movían como serpientes bajo la piel, contorsionándose,tejiéndose unas con otrasen un proceso grotesco y antinatural.Los huesos desgarrados crujieron y empezaron a formarse de nuevo, brotando como ramas de un árbol maldito.

En segundos, la herida estaba desapareciendo.

—Tu regeneración… —murmuró Peter—.Es absurda. Para alguien que es considerado un lisiado… esto es…

Bernardosonrió con suficiencia, limpiándose con el dorso de la mano la sangre que aún bajaba por su boca.

Lo sé, soy así de impresionante.—Alzó la cabeza con orgullo—.No hay necesidad de que digas lo obvio.

La arrogancia en su vozsolo hizo que Peter apretara los dientes.

Bernardono deberíaser tan fuerte.

Y sin embargo…lo era.

En un momento se volvió a lanzar y su puño fue detenido con facilidad por Peter. ambos comenzaron a intercambiar golpes de puños, Peter defendía con magistral habilidad y la fuerza de Bernardo se incrementaba.

Bernardo logro conectar un golpe al pecho de Peter, las venas recorrían su brazo moreno, mientras que su puño estaba allí sin ocasionar daño sobre Peter. Peter dio una sonrisa burlona y Bernardo contesto con mas fuerza sus golpes constantes en el pecho de Peter.

Peter detuvo a su hermano tomándolo por la cabeza.

Bernardo sintióla presión en su cabeza, los dedos de Peter se aferraban a su cráneo con una fuerza descomunal.El aire a su alrededor vibraba con la energía contenida en el choque de ambos hermanos.

¿Qué sucede?—Peter sonrió, con burla y superioridad—.Pensé que al descartar tu armadura era porque tenías la confianza para humillarme en una lucha.

Bernardo apretó los dientes,su orgullo le ardía más que cualquier golpe recibido.

Con esta poca fuerza jamás me derrotarás.

La frase fueun veneno que se deslizó en la mente de Bernardo,una burla directa que no solo lo retaba, sino que lo hacía arder en furia.

Peter era fuerte, sí.Su armadura de luz lo protegía de los golpes como una segunda piel impenetrable. Pero Bernardo…Bernardo no necesitaba esa mierda.

Una risa oscura escapó de sus labios.

Poca fuerza, dices…Su tono bajó, peligroso.

Peter sintió algo extraño,como si su agarre se debilitara por un instante.

Entoncesocurrió.

Los músculos de Bernardo explotaron en poder puro.Su piel se tensó, las venas latieron con un brillo enfermizo ysu energía eléctrica negra se arremolinó en su brazo derecho.

No necesito fuerza para romperte…

Peterintentó reaccionar, pero fue demasiado tarde.

Bernardo alzó su mano y con un movimiento brutal,hundió sus dedos en la armadura de metal divino crujió.

Peter arrojo a su hermano hacia el piso, su rodilla golpeo la cara de Bernardo, tirandole todos los dientes, el rodillazo en la cara impulso el cuerpo que caía hacia atrás, un puño en el estomago de Bernardo, seguido de otro golpe esta vez en el hombro de Bernardo que lo obligo a caer.

Peter extendió su mano y una lanza de luz se formo.

Veamos si puedes mantener consciente después de esto, hermano.

Peter se giro y vio a su hermano ileso.

Que hiciste?.

Nada especial, solo salte entre las capas de espacio.

Peter frunció el ceño.No era posible.

No era posible.

¿Qué demonios acabas de decir?—Su voz vibró con una incredulidad helada.

Bernardo, de piesin un solo rasguño,escupió sangre y sonrió.

Nada especial… solo salte entre las capas de espacio.

Peter sintió un escalofríosubiendo por su columna.

Espacio.

Manipulación del espacio.

Eso es imposible.

Bernardo giró su cuello, dejando que sus huesos crujierancomo una sinfonía de ruptura.

¿Tú crees que solo tú puedes hacer cosas sorprendentes, hermanito?

Peterapretó la lanza de luz en su mano, sus pensamientos giraban como una tormenta descontrolada.Saltos espaciales.Eso estabamás allá de lo que cualquier Despierto normal podía hacer.

No deberías ser capaz de eso.Su voz tembló apenas.

Bernardose encogió de hombros.

Supongo que la vida está llena de sorpresas…

Peter sintiósu garganta secarsemientras observabacómo la silueta de su hermano parecía distorsionarse, como si la realidad misma no supiera dónde colocarlo.

Pero como, ambos hablaron al mismo, ambos concientes de que el otro no tenia naturaleza de mana espacial.

Ambos hermanos comenzaron a luchar una vez mas solo que esta vez se movian entre las capas superficiales que componian el espacio. Pero era obvio que Peter al tener la natrualeza luz estaba ganando en rapidez y potencia.

En un momento Peter apareció tenia la pierna de su hermano en su mano derecha y el cuerpo de su hermano mayor estaba enterrado en el sedimento,

Bernardogruñó, sintiendo cómo su cuerpose hundía más en la tierra, su piel raspándose contra la piedra y el sedimento compacto.La presión del agarre de Peter era aplastante.

Te tengo.—Petersonrió, satisfecho.

Bernardo, sin embargo,rio entre dientes, escupiendo un poco de sangre.

¿Seguro?

Peterfrunció el ceño.Fue solo un instante,pero el cuerpo de su hermano vibróen una distorsión imposible.

Y entoncesdesapareció.

Peterapretó los ó un escalofrío recorrerle la espalda.

No pudo reaccionar a tiempo.

El puño de Bernardo emergió de la nada y le golpeó el rostro con una fuerza que quebró el aire.

Petersalió disparado hacia atrás, girando sobre sí mismo antes de estrellarse contra una formación rocosa, la cualse partió en pedazos.

Sangre brotó de su boca.

Bernardose sacudió el polvo, flexionando el cuello.

No importa qué tan rápido seas, Peter… si no sabes desde dónde vendrá el golpe.Su voz estaba teñida de diversión oscura.

Peter,con un hilo de sangre bajando por su frente,escupió a un ladoy sonrió con desafío.

Entonces tendré que golpearte lo suficientemente fuerte como para que no puedas moverte en absoluto.

Ambos hermanos se lanzaron una vez más, moviéndose entre las capas del espacio como depredadores en una cacería sin fin.

Peter lanzo a Bernardo, y lo siguió con un rodillazo con una fuerza abrumadora resonó en el lugar.

Pero al final Bernardo logro detener el ataque con sus dos manos.

Bernardo aprovecho y tomo de la cara a su hermano y le dio un cabezazo aunque el lastimado fue el, su puño una vez mas ataco el pecho de su hermano.

Pero Peter lo tomo del cuello.

QUE sucede no hace tiempo me tenias en la misma situación, hermano.

La mano de Peter presiono el cuello de su hermano y su traqueo comenzó a ser aplastada.

Suéltame, Bernardo se prendió en llamas lo que obligo a su hermano a retroceder.

Petersoltó a Bernardo, su manohumeaba, la piel chamuscada por las intensas llamas que su hermano había invocado.Frunció el ceño, sacudiendo la mano para disipar el dolor.

Bernardojadeó, llevándose una mano al cuello, su traqueadoloridapor la presión que había sentido.El aire entraba con dificultad en sus pulmones.

Bastardo...—murmuró con una sonrisa ladeada, aunque su voz salióronca y forzada.

Peterno respondió, pero su mirada hablaba por él:no pensaba detenerse.

Bernardose inclinó hacia adelante, las llamas en su cuerpoaumentaron, pero esta vezse tornaron negras y azules,pulsando como si tuviesen vida propia.

Haces que esto sea más divertido, Peter.

Peterapretó los puños, su armadura de luzbrillaba intensamente, como si respondiera a la amenaza de su hermano.

Ambosse observaron por un instante.

Un instante de calma antes del verdadero choque.

Luego, sin advertencia,se lanzaron el uno contra el otro.

El suelo tembló.

La tierra se partió.

El choque de sus golpesdesgarró el aire, creando ráfagas de viento y explosiones de energía pura.

El duelo entre hermanos había alcanzadosu punto máximo.

Hasta estrellarse contra una puerta, Peter volvió a aparecer en un punto de luz.Era como si se materializara de la nada, un espectro implacable que no daba tregua.Bernardo, intentando defenderse, lanzó un golpe hacia la cara de su hermano. Sin embargo, Peter esquivó con facilidad y sus golpes volvieron a caer sobre el cuerpo maltratado de Bernardo.

—¿Creías que podrías detenerme? —se burló Peter, disfrutando de cada segundo—. Eres más débil de lo que pensé.Las palabras eran dagas afiladas que se hundían en el corazón de Bernardo, cada sílaba impregnada de desprecio.

Bernardo gruñó, su cuerpo dolido por los golpes, pero la rabia crecía en su interior, alimentada por las palabras de su hermano."No eres el único que puede aprender a adaptarse."Los dientes de Bernardo crujieron mientras su energía comenzaba a hervir, una nueva fuerza surgiendo de las profundidades de su ser, un poder que estaba más allá de lo que cualquier de ellos había anticipado.

"¡No te subestimes, Peter!"gritó, mientras su cuerpo brillaba con una luz oscura y feroz que eclipsaba el entorno. Su mana fluía como un torrente de energía salvaje, rompiendo las leyes de la naturaleza mientras su pie se estrellaba contra el suelo, creando grietas que resonaron como un trueno.

El aire alrededor de Bernardo se distorsionó. Su figura se alzó, más imponente que nunca."No soy el débil que crees."La energía que emanaba de él empezó a formar una armadura oscura, una que parecía absorber la luz misma, dejando atrás un aura de poder absoluto. Mientras la armadura se consolidaba, la intensidad de la batalla aumentó.

Peter, sorprendido por el cambio, reculó un paso."¿Qué diablos es esto?"murmuró, mirando la espesa capa de oscuridad que cubría el cuerpo de su hermano. Pero no era tiempo para dudas. Aceleró, lanzándose con una rapidez letal, su luz brillando intensamente como un rayo a punto de golpear.

Los golpes de Peter eran rápidos, pero Bernardo los esquivaba con una agilidad que hacía que su armadura negra se moviera como si fuera una extensión de su propio cuerpo. La batalla había dado un giro, y ahora, los papeles se habían invertido. Cada ataque de Bernardo era más preciso, más mortal.

La tierra tembló bajo sus pies mientras Bernardo lanzaba un puño hacia el estómago de Peter. La armadura de luz de su hermano comenzó a crujir, una grieta apareciendo en su superficie."No soy el hermano que conocías."

Pero Peter no retrocedió. Con una sonrisa cargada de desafío, apretó sus puños."Esto recién empieza, hermano."

—Pero eres igual de insignificante, es tal y como lo dijo mi abuelo y mi madre —respondió Bernardo con una voz temblorosa pero desafiante.

La angustia comenzó a apoderarse de Bernardo mientras sentía cómo cada golpe lo debilitaba más.Era una lucha titánica contra la inercia del dolor; cada impacto era un recordatorio brutal de su fragilidad.Sin embargo, una chispa de resistencia aún ardía en su interior.

El sudor le recorría la frente mientras Bernardo se forzaba a mantenerse en pie. Cada golpe que recibía parecía deshacerlo un poco más, las costillas rotas, los músculos desgarrados, pero la chispa de su voluntad no se extinguía."No... no soy insignificante."Murmuró para sí mismo, casi como un mantra, luchando por controlar el caos interno que su cuerpo le exigía.

Peter, viendo la lucha interna de su hermano, intensificó su ataque."No importa lo que digas, Bernardo, nada cambiará el hecho de que siempre estarás a mis pies."Sus palabras eran como látigos, cargadas de desprecio y certeza, pero algo en los ojos de Bernardo se encendió.

"¿A tus pies?"Bernardo dejó escapar una risa amarga."Siempre pensaste que eso era lo único que importaba, ¿verdad?"Las palabras salieron de su garganta como una explosión, mientras se levantaba con la furia de alguien que ya no tiene nada que perder."Creías que todo esto era sobre el poder, sobre ser el más fuerte."

El dolor era insoportable, pero ya no sentía el mismo miedo. Cada golpe de Peter era una ráfaga de fuego que forjaba su resistencia. Algo dentro de él se quebró, pero en esa quiebra encontró una fuerza que nunca imaginó."Este cuerpo puede caerse, puede desmoronarse... pero no me rendiré."

Bernardo giró sobre sus talones, su brazo se extendió hacia el suelo, y con una ráfaga de luz oscura, lanzó un ataque de energía pura. La energía brillaba como un relámpago negro, surcando el aire hacia Peter, quien apenas tuvo tiempo de reaccionar."Si eres el futuro, hermano... yo seré la resistencia."

La explosión de poder destrozó parte del paisaje a su alrededor, dejando una nube de polvo y escombros. Peter, aunque herido, no estaba derrotado. Su armadura de luz brilló con más intensidad, su mirada fija en su hermano.

El aire se cortó con el rugido de la furia de Bernardo, su cuerpo al borde del colapso, pero su alma ardía como una llama inextinguible."¡Jodete, maldito mocoso!"Su voz retumbó en el espacio, un grito que no solo desafiaba a su hermano, sino a todo lo que lo había reducido a un ser al que solo el dolor parecía pertenecer. En su mente, la imagen de su madre, su abuelo, todas las veces que fue ignorado o subestimado, resurgieron con fuerza, alimentando su rabia.

Con una rapidez que desmentía su agotamiento, lanzó un puñetazo con lo que quedaba de su fuerza. Los músculos le crujieron al moverse, pero la furia eclipsaba el dolor. El golpe fue salvaje, descontrolado, pero Peter, como siempre, lo esquivó con una agilidad sobrehumana. La risa de Peter resonó como un eco cruel en el aire.

"¿De verdad creíste que podrías darme siquiera un rasguño?"Peter se burló, mientras sus golpes volvieron a destrozar el cuerpo de Bernardo. La brutalidad de sus ataques era insoportable; un golpe aquí, un puñetazo allá, cada impacto como una condena. Pero algo dentro de Bernardo seguía luchando, su cuerpo sangrante, su mente nublada por el dolor, pero la chispa de su voluntad aún brillaba.

Cada golpe de Peter parecía estar deshaciéndolo, su cuerpo se desmoronaba, pero Bernardo no se rendiría."No... no me rendiré. ¡No voy a dejar que me destruyas!"Su respiración era rasposa, sus ojos inyectados en sangre, pero las palabras salían con fuerza. Cada intento de resistir, aunque fútil, le daba un propósito, una razón para seguir peleando.

Los impactos eran como látigos de fuego, destrozando su piel, sus músculos, pero Bernardo, malherido, buscaba en su interior lo que quedaba de su humanidad."Soy más que tu juguete, Peter... soy más que la sombra que quieres borrar."Aunque cada palabra era un desafío que le costaba pronunciar, él lo decía con una determinación que no podía ser destruida.

Peter, viendo la resistencia de su hermano, pareció detenerse un instante, observando la expresión de desdén y dolor que cruzaba el rostro de Bernardo. No era el final aún, pero algo dentro de él comenzó a cambiar."Sigues siendo un estorbo."

Labrutalidaddel momento era abrumadora; cada golpe resonaba en el aire como un eco delsufrimientoacumulado a lo largo de los años. El sonido seco de los puños chocando contra la carne se mezclaba con el gemido del viento, llevando consigo elfragorde una lucha que parecía no tener fin. La sangre, oscura y espesa, manaba de las heridas abiertas, cada gota cayendo con una lentitud que reflejaba laagoníade un cuerpo al límite de su resistencia. Se esparcía por el suelo,mezclándose con el polvo del callejóny formando un rastro oscuro que simbolizaba su lucha incansable, suresistenciaante la adversidad.

Bernardo, cada vez másdeteriorado, se mantenía erguido a duras penas, como un árbol que lucha por seguir de pie pese a las ráfagas más violentas. Los golpes seguían lloviendo sobre él, pero algo dentro de su ser senegaba a ceder. Sucuerpo sangriento, a pesar de los huesos fracturados, las contusiones y las cicatrices que ya contaban su historia, se mantenía de pie, como un desafío al destino que había intentado arrastrarlo al abismo.

Peter observaba, su rostro una máscara fría desuperioridad, mientras su hermano se mantenía erguido ante él, a pesar de ladevastaciónque había sufrido. Las palabras de desprecio se acumulaban en su boca, peroalgoen el aire lo hacía vacilar, aunque solo fuera un instante. En ese instante,Bernardono solo peleaba por su vida, sino por cada momento que le fue arrebatado, por cada injusticia, por cada error que había cometido en su pasado. Cadagolpe, cadabrutalidadsufrida, solo añadía más peso a la carga, pero también más fuerza a su determinación.No cedería.

No... me rendiré... no te lo voy a permitir—murmuró con dificultad, su voz un susurro entrecortado por el dolor, pero aúnrepleta de una rabia indomable.

Peter, por primera vez,vaciló, la oscuridad de sus ojos brillando con una sombra que nunca antes había mostrado. Pero no se detuvo, no podía. Laluchano era solo contra su hermano, era contra todo lo que él mismo había llegado a representar, contra lassombrasde su propio pasado.

Bernardosintió cómo ladesesperanzacomenzaba a cernirse sobre él, como una sombra amenazante que lo envolvía lentamente, arrastrando consigo el peso de cada fracaso, cada golpe, cada palabra cruel. Pero en el fondo de su ser, algoinalterableresistía, una llamadiminuta, peroardiente, que se negaba a extinguirse. Era esa chispa interna lo que lo mantenía en pie, un instinto primordial que lo impulsaba a seguir,desafiandola lógica de su cuerpo destrozado, de su mente quebrada. Sabía que debía luchar, no solo por sí mismo, sino portodo lo que representaba su existencia: por el honor perdido, por los recuerdos de aquellos que ya no estaban, por cada injusticia que había tenido que tragar, por cada sacrificio que había sido invisibilizado.

Peter, sin perder un segundo, se lanzó hacia él, su figura tan implacable como siempre. Con una velocidad brutal,pateó la parte posterior de la cabeza de Bernardo, el impacto resonó como un trueno. El sonido del golpe hizo eco en sus huesos, como si el cráneo de Bernardo fuera aestropearsebajo la fuerza. Eldolorse disparó como una flecha envenenada, atravesando cada rincón de su ser. La herida en su cuenca ocularsangró más profusamente, la sangre caliente escurría por su rostro, y por un instante, la oscuridad pareció tragárselo. Cadalatido de su corazónera ahora un recordatorio insoportable de sufragilidad; el dolor no solo era físico, sino unrecordatorio de la vulnerabilidadque nunca había querido aceptar.

Sin embargo, mientras la oscuridad intentaba abrazarlo, esa pequeña chispa dentro de él seguía resistiendo. Uninstinto animalse apoderó de su ser, un rugido interno que le ordenabano rendirse, no dejarse consumir por la desesperación.No podía morir así, no podía caer sin dejar una marca en este mundo, sin que su existencia fuera reconocida, aunque fuera por su sufrimiento. Cada grano de sangre derramado, cada golpe, cada momento de dolor, alimentaba esa chispa.Se negaba a apagarse.

La imagen de su hermano, implacable y cruel, se distorsionaba ante sus ojos sangrientos.Peterpodía estar cerca deromperlo, peroBernardoaún tenía algo más que ofrecer. Algo más que lo mantenía en pie, algo más que su cuerpo roto y su alma desgarrada. Y aunque su visión comenzaba a nublarse, lafuerzade su voluntad seguía encendiendo un fuego imposible de apagar.

Vamos, hermano, no te alejes —se burlóPeter, dejando escapar una risa cruel que cortó el aire como unadaga afilada. Sudesdénera palpable, una mezcla desatisfacciónmorbosa por el dolor de Bernardo, como si cada grito de su hermano fuera una victoria personal. La risa de Peterresonabaen el callejón, un eco que se entrelazaba con elmurmullo del vientoy elgoteo lentode lasangreque caía al suelo. Era como si todo estuviera conspirando para recordarle a Bernardo suinevitablederrota.

Peterno se detuvo. Con unafuerza brutal, tomó lapierna izquierdade Bernardo, sujetándola con una mano como si fuera nada más que unabarrera en su camino. Sin previo aviso,lo arrojó contra la paredcon la furia de una tormenta. Elimpactofuedesgarrador. El sonido que resonó en el callejón fue como elgolpe seco de un martillosobre metal, un estruendo sordo que hizo que elsuelo vibrarabajo sus pies. Fue como si todo el universo se detuviera por un segundo.

Bernardo sintió su cuerpo desmoronarseal instante, cadahuesoymúsculogritando enagonia. Laparedlo recibió como un monstruo hambriento, absorbiendo su cuerpo con unruido espantoso. El dolorexplotóen su interior, viajando por cada fibra de su ser, haciendo que elmundoa su alrededor se desvaneciera en un manto oscuro. Sentía cada golpe como unaimplosión interna, como si su propio cuerpo estuvierareventandodesde dentro.Nadaparecía poder detener esa marea de dolor que arrasaba con su resistencia.

Pero aún así, en algún rincón de su mente, lachispase mantenía, esa llama débil que no terminaba de apagarse.Bernardocerró los ojos, y aunque el dolor se apoderaba de él, algo dentro le susurraba que aún no era el final. No, no mientras aún pudierarespirar, no mientras su alma estuviera dispuesta adesafiarla tiranía de su hermano.

Eres débil, hermano mayor—continuóPeter, su voz teñida dedesdén. Sus palabras caían como una lluvia dedagas afiladas, cada unahundidaen lacarnedeBernardo, dejando unaheridamás profunda que la anterior. La arrogancia en su tono era casi palpable, como si cada palabra fuera unaafrentaque lo humillaba aún más. —Es casi humillanteque mis hermanos y yo compartamos casi el mismolinajecontigo.

Las palabras dePetereranveneno, impregnadas de undesprecio absoluto.Bernardopodía sentir cómo sucorazón se hundíacon cada sílaba, cómo larabiase mezclaba con el dolor. Pero no iba acedertan fácilmente. Sumenteaúnardíacon la chispa de la resistencia, aunque elcuerpono pudiera seguir el ritmo.

Eres y siempre serás una basura, hermano mayor—la vozinfantildePeterseburla, como si su hermano fueranada másque un objeto para su placer. El tonosarcásticoy lleno dedesprecioparecíacondenarlo, reduciéndolo a algoirrelevanteypatético. Mientras pronunciaba esas palabras, extendió la mano, y en un parpadeo, laluzse concentróalrededor de él, como unaaurora cruelque oscurecía todo a su alrededor.

El aire secargóde tensión, la atmósfera pesada con unapresencia tangiblede poder.Peterlanzó sugolpe, no físico, sinoluminoso, casi como si la misma esencia deluzse volviera contraBernardo. Laexplosiónde energía lo alcanzó con lafuerzade un rayo,impactandoen su cuerpo con la brutalidad de unafuerza imparable. Elgolpelodesprendiódelsuelo, y, como una marioneta rota,Bernardocomenzó a caer, su cuerpo arrastrado por laviolenciade la luz.

A medida que su cuerpose desmoronabahacia el vacío,el dolorde su caída parecía no tener fin, como si suexistenciamisma estuviera siendoreducida a nada. Y mientrascaíadel edificio, la sensación defutilidadcomenzaba a apoderarse de su alma. Sin embargo, algo en su interior seguíagritandoque aún había más.

MientrasBernardoluchaba por mantenerse en pie, su cuerpodócilante el dolor, sus ojos comenzaron a recorrer lapenumbradelcallejón, buscando unasalidaque no lograba encontrar. Losguardiasque solían rodear el lugar ya no estaban, obedeciendo laordende suhermano menor, un recordatorio cruel de lasuperioridaddePeter. La atmósfera estaba cargada con unatensión palpable, como si el aire mismopresionaracontra supecho, haciéndole más difícil respirar.

Lassombrasque danzaban en lasesquinasparecían moverse con vida propia,acechandocada rincón con unaintensidadque hacía que elcallejónse volviera un lugar hostil y peligroso. Cada suspiro del viento, cada crujido en el suelo, era como unaamenaza latente, un recordatorio de que lamuerteo laderrotapodían ser alcanzadas en unparpadeo.

De repente, unsusurrorasgó la quietud de la oscuridad. La palabra fue como unecoaterrador que recorrió la mente deBernardo, susurrándole al oído con unafuerzaque parecía provenir de lo más profundo de su alma.Débil... La palabra le atravesó el corazón, como una daga afilada que rasgaba sudignidad. Era unmantraque se repetía, como unfantasmaque se negaba a irse, acechando sus pensamientos,aterrándolecon su mera presencia. En ese instante,Bernardono pudo distinguir si lavozprovenía de uno de los presentes o si era solo su mente,quebradapor la tortura. Pero lo que no sabía era que ese susurro no era suyo ni dePeter. Algo mucho más oscuro se estabacercando.

Mientras sumentese debatía entre larealidady eldelirio, lasombraen las esquinas parecíacrecer, como si alguien estuviera observando, esperando el momento adecuado para hacer su jugada. Pero, en sufatiga,Bernardono podía identificarlo, atrapado entre su dolor físico y lasdudasque lo consumían.

Ladesesperaciónse cernía sobreBernardocomo unasombraasfixiante, unaneblinaque envolvía su mente, haciéndole cuestionar hasta el último pedazo de su ser. Laspalabrasde su hermano flotaban en el aire como unvenenoinvisible, infectando cada rincón de sualma. Cada golpe que recibía no solo perforaba sucuerpo, sino quedesgarrabasuespíritucon una brutalidad aún más implacable. Lahumillaciónera un peso que aplastaba suorgullo, un recordatorio constante de lodébilque se sentía en ese momento. Cadagolpeera un recordatorio de sufracaso, de todo lo que habíaperdidoa lo largo de los años.

Pero, como una llama a punto de extinguirse, algoinsignificante pero indestructiblecomenzó a arder en su interior. Una chispa deresistencia. Era lavoluntadde no rendirse, deseguir luchando, aunque sucuerpoestuviera al borde de laquiebra. No era solo un deseo desobrevivir, era algo mucho más profundo, algo que provenía de lo másprofundode su ser, de unreflejo de su verdadero yoque se negaba a seraplastado.

Bernardoentendió que estaluchano era solofísica; labatallaque libraba era mucho más compleja. Era unaguerra interna, una lucha porredescubrirquién erarealmentefrente a lassombrasde su pasado. Frente a losdemoniosque habíaacarreadodurante años, contra lasmentirasque su mente le había obligado a aceptar comoverdades. Cada golpe, cadadolor, le empujaba aenfrentaresa realidad, areclamarsuidentidad, aunque todo lo que conocía parecía estardesmoronándosea su alrededor.

Bernardosabía que subatallano era solo contraPeter, ni contra losgolpeso laviolencia. Era unareivindicaciónde sí mismo, una últimaoportunidadde encontrarse y mostrarle al mundo queélseguía allí, a pesar de todo.

ElcuerpodeBernardoera un amasijo dedolor, una masa decarne maltrataday huesosadoloridosque apenas respondían a su voluntad.Cada golpelo empujaba más cerca de laoscuridad, como si su propiaexistenciase desmoronara en pedazos, arrastrándolo hacia un abismo del que no habría retorno.El mundoa su alrededor se desvanecía en una bruma desangre y agonía, los sonidos del callejón se volvíanlejanos, como si su conciencia estuviera al borde de romperse.

Pero allí, en la más profunda de lastinieblas, algo se aferraba con desesperación. Unachispa, unecode lo que alguna vez fue, se negaba amorir. Un fuegotenue, casiimperceptible, peroinquebrantable.

Con unesfuerzo titánico,Bernardoalzó lavista. Sus ojos, empañados dedolor, se fijaron enPeter, en la silueta de su hermano menor que se alzabatriunfante, regodeándose en susufrimiento. Pero aunque su cuerpo estuvieraroto, aunque su sangre manara enríososcuros sobre el pavimento, su espíritu aúnluchaba.

—No... no soydébil—murmuró, su voztemblorosa, pero con un filo de desafío.

Y entonces, unrugidosurgió desde lo más profundo de su ser.

—¡No me subestimes!

Laspalabrasestallaron de su boca como ungrito de guerra, atravesando laoscuridad, rompiendo laopresiónque lo aprisionaba. No era solo un desafío paraPeter, era un grito dirigido almundo, aldestino, a cada malditasombraque había intentado aplastarlo.No caería sin luchar.

Sucuerpopodía estaral borde del colapso, susangrepodía teñir las calles, peroBernardono estabaacabado. No aún.No mientras su llama siguiera ardiendo.

LamiradadePeterse tornó aún másfría, su rostro esculpido en unamueca burlonaque destilaba purodesprecio. Susojos brillaban, reflejando una mezcla dediversión sádicay una impaciencia apenas contenida. Cada segundo delsufrimientodeBernardoera un espectáculo que disfrutaba sin remordimiento.

—¿De verdad crees que puedescambiar esto? —su voz era unsusurro afilado, una daga que se deslizaba entre lahumillacióny lainevitabilidad.

Peterse preparó paraatacar de nuevo, susmúsculos tensándosecomo los de undepredadora punto de lanzarse sobre supresa. Sus pasos fueron lentos, deliberados, disfrutando de latorturade su hermano mayor.

Pero entonces, la vozvolvió.

—¿Terendiráscon esto?

Elsusurro,ajeno a la escena, resonó en la mente deBernardocomo un eco sutil, unacorriente gélidaque serpenteó por sumente cansada. Suprimer instintofue ignorarlo, pensar que era solo un delirio producto deldolor, pero esta vez... esta vez intentó encontrar suorigen.

Miró alrededor, los guardias se mantenían en sus posiciones,inmóviles, cumpliendo laorden de Peterde no intervenir.No había nadie más allí.

Y sin embargo, lavozestaba.

No era unpensamiento suyo. No era unaalucinación.

Era algomás.

Unapresencia, unaalternativaa la desesperación, uncamino que aún no había tomado.

Lavozno pertenecía a losguardias, aquellos testigossilenciososque lo observaban con laimpasibilidad de meros espectadores. No... eraalguien más.

Laconfusiónse enredaba con laagonía, una espiral dedesconcierto y sufrimientomientras susojos debilitadosexploraban lapenumbra, tratando dediscernirquién oqué le hablaba.

Su respiración erapesada, cada latido en su pecho unaexplosión de dolorque amenazaba con derribarlo de una vez por todas. Perono cayó.

Se puso de pie una vez más.

Su manotemblorosase cerró alrededor delmango de la espada, aquella hoja quese desprendió de su cuerpo, como si formara parte de él, unfragmento de su propio ser. La sangregoteabade su filo, unamezcla de su esencia y su sacrificio, cada gotabañando la tierra con la prueba de su resistencia.

Elmetal fríoera unrecordatorio tangiblede sudolor, pero también unsímbolode algo más.

De sudeterminación.

De queno iba a caer sin luchar.

Con unaúltima inhalación, ignorando losgritos de su cuerpo desgarrado,Bernardofijó su mirada enPetery se lanzó sobre él con unaferocidad que no parecía humana.

Los golpes no cesaban.

Cada impacto era unlatigazo ardiente, una sentencia grabada a fuego en su carne maltratada. Pero mientras sucuerpo sufría, sumente viajaba lejosde aquel callejón, lejos de la brutalidad de Peter.Recuerdosirrumpían en su conciencia, una sucesión de imágenes que lo envolvían en un torbellino de emociones.

Sushermanos menores... Susrisasresonaban en su memoria, puras e inocentes, contrastando con la realidad cruel que ahora lo ahogaba.Momentos felices. Momentos tristes.

Lasnoches en familia, cuandosolo eran ellos, unidos, inseparables.Aquellos tiempos...

Pero los recuerdos no solo traían consuelo; traían unrecordatorio.

"Este es un adiós, madre."

Bernardo alzó la vista, su ojo sangrante dirigiéndose alcielo ennegrecido. Las estrellas parecíandifusas, casi inalcanzables.

"Lo voy a conseguir... esa fue nuestra promesa."

Nunca hubo opciones.

No podíarendirse.No ahora. No nunca.

Cada golpe que recibía lo acercaba más a la muerte, perotambién lo empujaba a la verdad:no tenía la fuerza suficiente para retroceder.

"No fallaré otra vez."

"No puedo dejar que mi madre sea mancillada y humillada por mi debilidad."

Diez años...Diez años de fracaso, de sufrimiento, de lucha constante.

Lasangregoteaba de su cuerpo, pero algo más ardía en su interior.

No podía dejarlo pasar.

No moriría aquí.

No dejaría que lamemoria de su madre fuera pisoteada.No permitiría que su legado se convirtiera en una burla.

Su aliento eraentrecortado, pero en medio del dolor, encontró la fuerza paramirar a Peter, su hermano menor, el monstruo que había decidido acabar con él.

—Peter... ¿sabes por qué somos tan diferentes? —preguntó de repente, su voz rasgada pero firme.

Peter frunció el ceño,desconcertado. No esperaba que su hermanohablara en ese estado.

—No —gruñó—.Y no me interesa saberlo.

Su expresión se torció en una sonrisa despectiva.

—Toda tu vida... ya seapasado, presente o futuro... No significa nada.

Peter soltó unacarcajada seca, llena deburla y arrogancia.

—Toda tu vida tendrásbuena comida, buen alcohol, mujeres, dinero, estatus y gloria... todosolo por tu apellidoy por lo que quiero arrebatarte. —Se inclinó levemente hacia su hermano, con una sonrisa torcida—. ¿Y qué, Bernardo? ¿Estáscelosode que no tengas lo que yo tengo?

Bernardo, a pesar deldolor punzante en cada fibra de su cuerpo,rió.

Rió con desdén.

Rió con una furia contenida que se entrelazaba con su desprecio.

—Lo quetienes en este mundo, Peter... —sus ojos destellaban con un brillo inquebrantable—.Es demasiado fácil de obtener.

Peter frunció el ceño, su diversión inicial comenzando a resquebrajarse.

Bernardo escupiósangreal suelo y continuó:

—Al ser unlisiado, comprendí muchas cosas. ¿Para qué centrarme en cosastan banales? Descubrí quesolo se necesita una cosa.

Sus músculos temblaban por el esfuerzo, pero su voz no flaqueó.

—Y es la denunca dejar de mejorar.

Cada palabra era unpilar de su convicción.

—Desde que descubrílo que realmente soy, jamás dejé depracticar y entrenar. Me rompí,me reconstruí, y lo hice una y otra vez, simplemente paravolverme el más fuerteysalir de este estigmaque recayó sobre mí.A cambio del dolor más atroz.

Su respiración era entrecortada, pero su determinaciónera inquebrantable.

—Todas mis actividades biológicas fuerondedicadas a adquirir fuerza.Es lo único en lo que me esfuerzo.

Peter sonrió de lado, pero había algo en sus ojos... algodiferente.

—Entonces dime,¿por qué fingiste ser débil durante tanto tiempo?

Bernardo limpió la sangre de su rostro yvolvió a reír.

—Oh... —levantó la mirada hacia Peter con una expresióndesafiante—.Porque quería que me percibieran como lo que creían que era.Unlisiado.

Las palabras cayeroncomo un martilloen el silencio del callejón.

—Solo por esoaguantéyme esforcé.

Bernardodio un paso al frente, su sombra proyectándoseamenazantesobre Peter.

Sic Parvis Magna.

Peter alzó una ceja y soltó otra carcajada burlona.

—No me vengas con frases vacías...

Bernardo inclinó la cabeza levemente, su voz firme como una sentencia:

Ex Favilla, Nos Resurgemus.

Peterse tensó. Algo en el airecambió.

—Si quieres ser dramático, hermano...yo también puedo serlo.

Bernardolevantó su espada.

—Bien. En todo caso, prepárate, Peter.

Un viento helado recorrió el callejón mientras sumirada ardía con una resolución insondable.

Te mostraré que por encima de mí...

Ni siquiera las estrellas de este universo son lo suficientemente altas.

Peterabrió los ojos ligeramenteal notar el cambio en su hermano.

Yano eralapatética versión sumisa y calladaque solía ser.
Tampoco era ellunático desquiciadoque había emergido hace poco.

Este Bernardo...era diferente.

Si ese es mi hermano...—murmuró Peter para sí mismo, con una mezcla de sorpresa y desagrado.

Bernardo sonrió con una expresióncasi relajada, como si el caos de la batallano lo afectara en absoluto.

—¿Qué te puedo decir, Peter? —alzó los brazos levemente, como si se burlara de su propio destino—.Mi esencia no se explica... solo se vive y se disfruta.

Los dientes de Peterrechinaron con furia.

—¡Basta de esto, Bernardo!—su voz resonó como un trueno, su paciencia evaporándose—.Pelea.

Bernardo inclinó la cabeza, su sonrisadesafiante.

—No medigas qué hacer. Mejorobserva cómo lo hago mejor que tú,niño idiota.

Las palabras fueronveneno hirviendoen los oídos de Peter.

Con undestello blanco, Peterdesapareció de su lugary reapareció frente a su hermano.
Supuñosurcó el aire con una velocidadcegadorayse estrelló contra el rostro de Bernardocon un impactoatroz.

La sangresalpicó en el aire.

Pero antes de que pudiera caer al suelo...

Retrocedió.

Los ojos de Peter seensancharonal ver cómocada gota roja se deslizó de vuelta a la piel de Bernardo, absorbiéndose en élcomo si el daño jamás hubiera ocurrido.

—¿Sabes, Peter...? —la voz de Bernardo sonócalma, incluso divertidamientras giraba el rostro lentamente hacia su hermano.

Unasonrisa cruelse formó en sus labios.

Todo aquel que intente superarme... conocerá su límite.

Los músculos de Peter setensaron.

El aire alrededor de Bernardotembló.

—Dime... —su voz descendió a unsusurro burlónmientras daba unpaso al frente—.

¿Cuánto te queda... para llegar a tu límite?

Bernardo sintió cómocada gota de sangre derramadacomenzaba aretroceder, arrastrándose de vuelta a su cuerpo como siel tiempo mismo estuviera dando marcha atrás.

Las heridascomenzaron a cerrarsede maneraimposible, la carne desgarradase reconstruía, los huesos fracturadosvolvían a su estado original, como si nunca hubieran sufrido daño.

Pero había un detalle.

Las heridas queaún mantenían objetos incrustados—fragmentos de armas, astillas, metal retorcido—no se cerraban.
El dolor aún permanecía en esas zonas.

Bernardo lonotó por un instante, pero luegolo ignoró.

Esto...esto no era obra de un milagro.
Erasu propio poderen acción.

Era la segunda habilidad innata de Bernardo.

"VITA CARNIS."

Una habilidad derango S , que superaba incluso el poder de su habilidad ocular.

Naturalezas: Vida, Sangre y Tiempo.

Ladescripción era simple...pero su efecto, aterrador.

—El cuerpo del portadorserá el mejor.
—Sanación.
—Regeneración.
—Fuerza.
—Agilidad.
—Resistencia.
—Cada aspecto de su existenciase mantendrá en condiciones óptimas.

No importaba cuántas veceslo hirieran, cuántas veceslo golpearan, cuántas veceslo atravesaran.
Mientrasno estuviera muerto, su cuerpose restauraríahasta su mejor estado posible.

La perfecciónencarnada en carne y hueso.

Bernardocerró su puñomientras sentía la fuerzafluir nuevamente a través de él.
Su cuerpono solo sanaba...se volvía aún mejorcon cada regeneración.

Peterfrunció el ceño, sintiendo por primera vezuna punzada de inquietud.

Este no era el hermanodébil e insignificanteque había despreciado toda su vida.

No.

Este...era un monstruo.

Esta era la habilidad central.

La verdadera razón por la queBernardo sanaba tan rápido, la esencia de su poder, el secreto detrás de su inquebrantable resistencia.

La carnecerrándoseen cuestión de segundos, los músculosrestaurándose, la sangrevolviendo a su cauce como un río al revés.

Bernardosonrió.

Ahora lo entiendo, Peter.

Su voz resonó conburla y certeza, perforando la arrogancia de su hermano como una daga invisible.

Entiendo por qué me envidias.

Su mirada era una mezcla deconocimiento y crueldad contenida.

—Soy todo lo que deseas ser... Pero nunca podrás.

Peterse tensó.

Esa afirmación golpeó más fuerte que cualquier ataque físico.

Incluso siendo un lisiado...—Bernardo alzó la barbilla con altanería, disfrutando del momento—soy mucho mejor que tú, hermanito.

El rostro de Peterse crispóde furia. Sus manostemblaronde rabia pura.

Era la primera vez en su vida quese sentía inferior.

En ese momento, un grupo de guardias en las sombras murmuró entre ellos:

—¿Crees que podrá levantarse? —preguntó uno, con voz temblorosa.

—Es solo cuestión de tiempo antes de que Peter lo termine —respondió otro con desdén—. No hay forma de que ese débil resista.

No tantos giros retorcidos de parte de Bernardo hace que el destino de esta lucha sea casi imposible de definir. otro guardia dijo.

Las palabras resonaban en el aire como un eco cruel; cada comentario era un recordatorio del abismo al que se enfrentaba Bernardo. Pero él no podía permitirse escuchar esas voces; debía concentrarse en la batalla frente a él.

Bernardo se irguió con lentitud, cada movimiento suyo desafiando las palabras de los guardias, desmoronando su incredulidad poco a poco.

El miedo en sus miradas era palpable.No era normal.Nadie debería poder levantarse después de semejante brutalidad, y sin embargo, ahí estaba.De pie. Sonriendo.

Peter lo observó con el ceño fruncido. Por primera vez,su confianza se tambaleaba.

¿Qué demonios eres, Bernardo?

Bernardo soltó una carcajada baja, cargada de desprecio.

¿No lo ves, Peter? Soy la prueba viviente de que todo lo que crees inquebrantable... es solo una ilusión.

El murmullo entre los guardiasse convirtió en un silencio sepulcral.

Peter apretó los dientes.Ya no se trataba de demostrar su superioridad.Ahora...tenía que aplastar a Bernardo antes de que esa idea se propagara.

Con cada paso hacia adelante, Bernardo sentía cómo la adrenalina corría por sus venas; era un torrente que lo impulsaba a seguir luchando, desafiando las expectativas y el dolor.La espada brilló en su mano, y aunque estaba empapada en su propia sangre, representaba su última oportunidad para cambiar el rumbo de esta lucha.

Bernardo balanceó el arma y cortó la mitad del cuerpo de Peter; sin embargo, en lugar de sangrar, este se volvió transparente.La sorpresa inicial de Bernardo se transformó rápidamente en confusión, mientras su mente trataba de procesar lo que estaba sucediendo.

El sonido del metal cortando la carne fue ensordecedor, pero la sensación de triunfo de Bernardo duró apenas un segundo. La figura de Peter se desvaneció, como si su cuerpo fuera hecho de niebla. Bernardo dio un paso atrás, su respiración entrecortada, el sudor resbalando por su frente mientras intentaba comprender la extraña transformación ante sus ojos.

—¿Qué demonios...?

Peter no estaba herido. No sangraba, no caía. Simplemente desaparecía, solo para reconstruirse de nuevo, como si su existencia fuera una ilusión, una forma tangible pero efímera que cambiaba con cada golpe que recibía. La confusión se mezcló con la creciente desesperación de Bernardo. Cada golpe que había dado parecía inútil. No importaba cuánto se esforzara, algo no encajaba.

—Esto no puede ser real... —murmuró, intentando contener el miedo que comenzaba a apoderarse de él.

A su alrededor, las sombras del campo de batalla se alargaban como testigos silenciosos de su frustración. La arena bajo sus pies se sentía más densa, como si el mismo mundo estuviera resistiéndose a su avance. Y en medio de esa duda, la voz de Peter, ahora distorsionada y fría, volvió a resonar en el aire.

—Tienes que entenderlo, Bernardo. Todo esto... todo lo que has hecho, no es suficiente. Nunca lo fue.

Bernardo no podía apartar los ojos de la figura cambiante de su hermano. Cada palabra que pronunciaba Peter era una condena a su esfuerzo, un recordatorio cruel de lo insignificante que parecía ser su lucha frente a esa existencia que se deslizaba entre las sombras.

—No, esto no... no va a terminar así —dijo Bernardo, aferrándose a la espada con más fuerza, como si eso pudiera darle la respuesta que tanto necesitaba.

Una explosión de energía recorrió su cuerpo, una sensación de calor que comenzó a sanar sus heridas más profundas. La habilidad que había aprendido a dominar, su poder para regenerar su cuerpo, era su última carta. Pero el miedo seguía presente, invisible, agazapado en el rincón de su mente. ¿Sería suficiente esta vez?

Con los dientes apretados, Bernardo cerró los ojos un momento. Recordó su madre, sus hermanos, todos los sacrificios. Todo lo que había perdido, y todo lo que aún quedaba por ganar. Su lucha no solo era por él, sino por la memoria de su familia. No podía permitir que el ciclo de dolor y derrota continuara. Tenía que ser más. Tenía que ser lo que nunca creyeron que sería.

—Si esta es la última batalla, entonces... —su voz tembló con el peso de la determinación—. No voy a rendirme.

Con un rugido, Bernardo dio un paso hacia adelante, el sonido de su espada al cortar el aire tan agudo como la amenaza que había en su corazón. La arena que lo rodeaba parecía temblar con el mismo impulso, como si todo estuviera alineado en ese instante, esperando el desenlace de una lucha más grande que ambos.

Al principio, Peter se mostró sorprendido por las acciones de su hermano, pero rápidamente su diversión regresó.

—Muy lento, hermano mayor —dijo Peter con desdén.Su voz era un eco burlón que resonaba en el aire, intensificando la sensación de impotencia que invadía a Bernardo.Volvió a extender su mano y una esfera de luz golpeó a Bernardo con fuerza.

La esfera de luz fue como un relámpago atrapado en una esfera de cristal. Se desplazó con una rapidez mortal, iluminando el campo de batalla en una explosión cegadora. Bernardo intentó esquivar, pero la onda de choque lo alcanzó de lleno, lanzándolo varios metros atrás. El impacto fue brutal, un golpe que lo dejó sin aliento, su cuerpo tambaleando como si el suelo mismo intentara tragárselo.

El calor en su pecho se intensificó, y por un momento, la oscuridad lo rodeó, como si la vida se le estuviera escapando. Pero Bernardo se negó a caer. A pesar del dolor que lo recorrió desde la cabeza hasta los pies, algo en su interior seguía ardiendo. La fuerza de su voluntad no se quebrantaba, y la voz de Peter, llena de desprecio, era solo otro recordatorio de lo que estaba en juego.

—¿Eso fue todo? —Peter rió, una risa fría, vacía de emoción, como si estuviera disfrutando del espectáculo de su hermano desmoronándose. A medida que las últimas ondas de luz se disipaban, su figura se alzó, imponente y tan distante como siempre.

Bernardo respiró con dificultad, pero sus ojos brillaron con una determinación renovada. El calor de su regeneración seguía fluyendo por su cuerpo, reparando los daños mientras su mente luchaba por centrarse. No podía seguir cediendo. No podía seguir siendo el hermano insignificante, el que siempre estaba un paso atrás.

—Tienes razón —dijo Bernardo, su voz cargada de ira y concentración. Se incorporó con dificultad, los músculos doloridos, pero el fuego dentro de él ardía con fuerza. Sus ojos se fijaron en Peter, y esta vez, no vaciló. El tiempo parecía detenerse por un segundo, una quietud inquietante, antes de que la espada en sus manos brillara con un destello mortal.

—Esto no ha terminado.

El peso de su palabra resonó en el aire, y Bernardo, con un impulso inesperado, volvió a avanzar. Con cada paso, su cuerpo ganaba fuerza, la luz de su regeneración dándole una resistencia sobrehumana. No le importaba el dolor. No le importaba que todo estuviera en su contra. La batalla no era solo por él; era por todo lo que había perdido y todo lo que aún tenía que ganar.

Peter, al ver la renovada determinación de su hermano, frunció el ceño. Un destello de sorpresa pasó por sus ojos, pero rápidamente se disipó, sustituyéndose por una expresión de arrogancia.

—¿Crees que un poco de coraje y dolor te harán ganarme? Eres el mismo. Siempre lo fuiste, Bernardo.

Pero Bernardo no respondió. Sabía lo que su hermano pensaba. Sabía lo que siempre había pensado. Y esa era la última mentira que tendría que derribar. La espada de Bernardo cortó el aire una vez más, con la fuerza de todos sus años de sufrimiento y dolor acumulado. El ruido del impacto contra la energía de Peter fue ensordecedor, como si el choque de dos mundos estuviera por ocurrir. Pero esta vez, Bernardo no dejaría que su hermano tuviera la última palabra.

—Para ser un hijo amado del mundo, eres muy decepcionante, mocoso —la voz desconocida susurró nuevamente en los oídos de Bernardo.

—Eso es todo lo que puedes hacer. Has vivido tanto tiempo y aun así no has logrado nada, hermano. Es esto todo lo que eres. Ya veo por qué padre te ofreció como sacrificio.

La incomodidad se apoderó de Bernardo mientras esas palabras resonaban en su mente como un eco cruel.Sin embargo, en medio de la incomodidad , algo dentro de él comenzó a retorcerse. tal vez era su sanidad mental o su flujo de mana podía ser cualquier cosa.

Las palabras de esa voz desconocida seguían retumbando en su cabeza, cada sílaba una daga que perforaba su alma, y aún cuando Bernardo intentaba ignorarlas, el eco persistía, más fuerte con cada respiración. La mención de su padre como si fuera un sacrificio lo hizo estremecer. Un sudor frío recorrió su frente, y por un momento, su visión se nubló. La furia y la desesperación se enredaban dentro de él como una tormenta imparable, amenazando con arrastrarlo.

"¿Sacrificio? ¿Es eso lo que soy para él? ¿Un error que debe ser arrancado para que otros sobrevivan?"

Era como si la esencia misma de su existencia estuviera siendo arrancada a la fuerza, y la rabia crecía dentro de él con una ferocidad que no podía controlar. Pero no era solo rabia. Era algo mucho más profundo, algo mucho más antiguo, que había estado durmiendo en su interior hasta ahora.

El flujo de su mana comenzó a cambiar, no por voluntad propia, sino por una necesidad desesperada, como si su propio cuerpo estuviera buscando una salida. El poder que había estado reprimiendo durante tanto tiempo se elevó como una ola imparable, su energía vital y su ira fusionándose en una explosión caótica de fuerza bruta.

Los ojos de Bernardo brillaron con un resplandor nuevo, una luz cruda que parecía romper las cadenas invisibles que lo mantenían cautivo. Su cuerpo, aún drenado por la batalla, comenzó a recuperar fuerza, y su mente, aunque atormentada, se centró con una claridad aterradora. El mana fluía a través de él con una intensidad que no había experimentado antes, una energía tan pura que parecía estar rompiendo las leyes mismas de la naturaleza.

"Ya basta..." susurró Bernardo entre dientes, las palabras saliendo con una calma peligrosa. El suelo bajo sus pies tembló levemente, como si el mundo entero estuviera reconociendo el despertar de una nueva fuerza.

No podía permitirse ser la víctima otra vez. No podía seguir siendo el hermano insignificante, el objeto de burla. Todo lo que había sufrido, todas las humillaciones, todas las promesas rotas... todo eso ahora se convertía en combustible para su venganza.

Con un rugido interno, la energía acumulada dentro de él explotó en un destello cegador. La espiral de luz comenzó a girar a su alrededor, como si todo lo que había contenido finalmente se liberara. Bernardo no lo comprendía completamente, pero la sensación era indescriptible, un poder abrumador que comenzaba a desafiar las leyes de la física, de la lógica misma. En ese momento, el tiempo pareció detenerse, y la voz cruel que lo había acosado se desvaneció, como si el propio destino comenzara a retroceder ante la magnitud de su transformación.

"Soy todo lo que siempre quise ser", pensó, con una sonrisa que mostraba algo más que determinación. Era la certeza de que este era el momento, el punto de inflexión que lo cambiaría todo.

Con un solo paso, avanzó hacia Peter, la oscuridad del pasado y la luz del futuro fusionándose en su ser. La batalla no era solo por la supervivencia, sino por algo mucho más grande: su derecho a existir, su derecho a reclamar lo que le pertenecía. Y este era su momento de reclamarlo todo.

Las palabras de los guardias flotaban en el aire, llenas de desprecio y escepticismo. Cada comentario era una piedra más arrojada a la carga emocional de Bernardo, pero en lugar de derribarlo, lo alimentaba. La rabia se acumulaba, su pulso acelerado como un tambor de guerra, mientras su mirada se mantenía fija en Peter, quien lo observaba con una mezcla de diversión y superioridad.

No me jodas, bastardo—repitió Bernardo, sus palabras más fuertes, más firmes, como si el dolor y la humillación de todos esos años se estuvieran destilando en un solo grito de resistencia. Su voz, aunque rasgada, estaba llena de una determinación inquebrantable. El chico débil que todos habían conocido ya no existía. En su lugar, había un hombre que estaba dispuesto a luchar, aunque la vida misma lo desbordara.

Peter soltó una risa arrogante, pero algo en su mirada cambió. La sorpresa comenzaba a dibujarse en sus ojos, una pequeña grieta en su fachada de confianza. Quizás no esperaba que su hermano se levantara una vez más.

¿Ese lisiado sigue en pie?—la voz de uno de los guardias resonó desde las sombras, como si la cruel indiferencia del comentario se volviera tangible, pero para Bernardo, esas palabras no eran nada más que gasolina para el fuego.

Con un giro violento, Bernardo extendió la mano, y con ella, el poder que había comenzado a desbordarse se concentró en la punta de sus dedos, una esfera de energía oscura que vibraba con fuerza.

Es solo un espectáculo—dijo otro guardia, riendo con cinismo, pero su tono vaciló ante el cambio de ambiente. Algo no estaba bien, y el aire alrededor de Bernardo parecía cargado, electrificado. No había vuelta atrás.

Bernardo cerró los ojos por un segundo, concentrándose en el poder que fluía a través de él. No había marcha atrás. No podía rendirse. El destino de la batalla ya no dependía de las fuerzas externas, sino de él. Y ese poder oscuro que lo envolvía, ese poder que sus enemigos no comprendían, era su última carta.

Peter se adelantó un paso, pero esta vez no lo hizo con la arrogancia habitual. Su rostro mostraba una nueva expresión, más cautelosa, más alerta. Como si ya no estuviera tan seguro de que Bernardo fuera solo una sombra del pasado.

Con un gruñido, Bernardo levantó la mano, y la esfera de energía negra se disparó hacia Peter. En ese momento, el tiempo pareció ralentizarse, como si el mundo entero estuviera conteniendo la respiración, esperando el desenlace de lo que sería la última confrontación entre ellos.

Las sombras de los guardias se agazapaban, expectantes, pero algo en sus rostros mostraba dudas.¿Qué haría Bernardo?El chico que alguna vez había sido considerado un lisiado, el hermano insignificante... ahora se estaba transformando en algo mucho más peligroso.

La voz de Peter resonaba en el aire como un cuchillo que rasgaba la piel de Bernardo. Cada palabra parecía diseñada para desgarrar las últimas fibras de su resistencia, pero en lugar de hundirse en la desesperación, algo en su interior comenzó a arder con una intensidad desconocida.

¡Vamos, hermano! Levántate, pelea!—Peter gritaba con una mezcla de burla y desafío, su risa se deslizaba como veneno en el aire, intentando que el antiguo Bernardo, el que había sido su hermano mayor, volviera a ser su rival.—Muestrame a mi antiguo hermano; ¿adónde se fue tu confianza? ¿A dónde fue mi hermano mayor al que vi como el más fuerte?

Las palabras caían como golpes directos a la identidad de Bernardo, cada una destapando una herida profunda en su alma. Su cabeza bajó lentamente, como si el peso de los recuerdos y las expectativas lo aplastaran, y por un momento, la sombra de su antigua debilidad pareció envolverlo.¿Cuántas veces había sido derrotado antes? ¿Cuántas veces había sido ignorado, ridiculizado?Esas palabras de Peter, como dagas afiladas, golpeaban con una precisión mortal, rememorando todos esos fracasos que habían marcado su vida.

Pero no era el final. No lo era.

En el fondo de su ser, algo comenzó a revolverse, como si su cuerpo mismo estuviera reclamando algo que había sido enterrado. Su respiración se volvió más pesada, no por el cansancio, sino por la rabia que comenzaba a acumularse en su pecho. Los ojos de Bernardo brillaron con una mezcla de furia y determinación, y alzó la cabeza, observando a Peter con una expresión que no era de rendición, sino de desafío.

"No soy un sacrificio. No soy lo que tú piensas."

Los recuerdos, las palabras, las humillaciones del pasado, se mezclaron en su mente, pero no se convirtieron en cadenas. En lugar de eso, formaron el combustible de una furia contenida. No más. No sería el hermano débil.No volvería a serlo.

¿Confianza?—murmuró Bernardo, apenas audible, pero con una firmeza que desbordaba la sala. Su voz no tembló. —Te has equivocado, Peter. Yo nunca he perdido mi confianza. Solo que, antes, me guardaba todo esto para este momento.

Un destello de energía comenzó a rodear su cuerpo, un vórtice oscuro que reflejaba su lucha interna, su lucha por sobrevivir, por reescribir la historia.Peter había desestimado a su hermano, pero pronto descubriría que ese Bernardo que creía derrotado era mucho más peligroso de lo que había imaginado.

La espada que aún llevaba en la mano parecía cobrar vida, como si respondiera a la renovada determinación de su portador.Ya no importaba lo que Peter pensara de él. Ya no importaba lo que los demás esperaran de él. Lo que importaba ahora era lo que él mismo podía hacer.

Las palabras de Peter seguían resonando en el aire, como ecos crueles que se burlaban de la situación de Bernardo."Haz algo útil en tu insultante existencia..."La voz de Peter era un veneno envenenado con desprecio, disfrutando de cada momento, cada segundo, viendo a su hermano como una marioneta, luchando en vano.

Bernardo, sin embargo, no escuchaba esas palabras como antes. Sí, sabía lo que representaba para el mundo.Era un lisiado, un ser marcado por la debilidad, un hombre cuyo único propósito parecía ser ser pisoteado, una sombra de lo que había sido. Pero ahora... algo cambiaba dentro de él.Una chispa de esperanza comenzó a arder, pequeña al principio, casi imperceptible.

Mientras las risas de Peter se desvanecían, la mente de Bernardo se hacía más nítida, más clara. No era solo un intento de luchar, no era solo una cuestión de ganar o perder.Era una batalla interna, una lucha por redescubrir quién era realmente. Los recuerdos de los momentos oscuros de su vida se disolvían ante esta nueva comprensión:no importaba cuán bajo cayera, siempre había una razón para levantarse.

El cuerpo de Bernardo, aunque agotado, se mantenía firme, desafiando la gravedad, la fatiga y el dolor.Cada golpe recibidono lo empujaba hacia el abismo, sino hacia algo más profundo, más primordial:su voluntad de ser algo más que un recuerdo.Algo dentro de él, algo que había estado dormido durante tanto tiempo,se despertaba con furia.

La lucha no solo era física, como la guerra entre ellos dos, sino algo mucho más intenso y desgarrador:era un combate con las sombras de su pasado, con sus propios demonios.Cada golpe que Peter le daba se sentía como una herida de antaño, pero con cada herida, Bernardo crecía más fuerte, como si el dolor mismo lo estuviera alimentando.

"¿Cuánto tiempo más vas a seguir sufriendo?"pensó Bernardo, mientras veía las sombras de su pasado alzarse frente a él, burlándose de su sufrimiento. Pero algo lo detuvo."No soy lo que tú piensas. No soy lo que crees que soy."La batalla ya no solo era contra su hermano, sino contra el hombre que había sido: un ser que había sido definido por sus limitaciones, por su fracaso.

A medida que su cuerpo se llenaba de energía, sus heridas comenzaban a sanar, pero más importante aún, su mente se renovaba. Bernardo ya no era ese hombre derrotado.Ya no era la sombra de su hermano.

Con una mirada decidida,la chispa de esperanzaen su pecho se convirtió en una llamarada que lo envolvía por completo.Era hora de dejar de ser un sacrificio.

La furia de Bernardo se desató en ese grito,"¡Dice que solo soy un sacrificio! ¡Pero aun no me derrotas!"Las palabras resonaron con una fuerza casi sobrenatural, como si la misma tierra temiera el desafío que acababa de lanzar al aire.La rabia se transformó en una oleada que lo envolvía, alimentando su cuerpo, despejando sus pensamientos. No era solo una lucha por sobrevivir, sino porrecuperar lo que había perdido, lo que se le había arrebatado con tanto desdén.

Las sombras se movían entre los guardias como serpientes, deslizándose con sigilo mientras las voces de los hombres llenaban el aire."¿Qué está haciendo? ¿Acaso se atreve a desafiarlo?"La incredulidad en sus voces estaba teñida de un asombro palpable, como si aún no pudieran comprender el alcance de la fuerza que comenzaba a emanar de Bernardo.

Un murmullo recorrió las filas, algunas miradas de duda se cruzaron mientras otros se mantenían firmes, sin saber qué esperar de aquel ser que había sido considerado un simple sacrificio.

"Es una locura... pero quizás eso es lo que necesita para despertar su verdadero potencial."La afirmación de uno de los guardias flotó en el aire, como una semilla plantada en la mente de los demás.Potencial.Esa palabra, con su peso abrumador, comenzó a tomar fuerza, incluso entre aquellos que se habían burlado. La duda empezaba a calar en ellos, un hilo de incertidumbre que se tejía entre los murmullos.

En el fondo,Thomas, un hombre cercano a su abuelo, observaba con una sonrisa macabra en su rostro."¿Potencial? Un lisiado no tiene nada de potencial..."pensó, la burla evidente en sus ojos. Sin embargo, ignoraba lo que no estaba a la vista, no comprendía que,mientras él se regodeaba en la creencia de que su linaje y poder lo hacían invencible, su propio padre ya era un lisiado.Un hombre que había dejado de ser una amenaza para el mundo, y sin embargo, la guerra se estaba librando en lugares que él nunca vería venir.

El destino, como siempre, se movía en silencio, como la sombra de un pasado olvidado, que pronto iría a chocar con la arrogancia de quienes no sabían que,mientras todo parecía caer, algo mucho más oscuro y más fuerte comenzaba a despertar. La batalla de Bernardo no solo era contra su hermano, sino contra el peso de una vida llena de sacrificios, burlas y momentos rotos. Y al final de todo eso, lo que quedaba frente a ellos era la verdad:a veces el sacrificio no es el final, sino el comienzo.

El potencial de Bernardono estaba en sus poderes o habilidades, sino en su voluntad indomable dedesafiar el destino que los demás habían decidido para él.Y mientras Thomas seguía sonriendo,Bernardo estaba a punto de hacerle comprender que la verdadera fuerza no se mide por lo que se ve, sino por lo que un hombre es capaz de soportar antes de sucumbir.

La determinaciónde Bernardo ardía con una intensidad desmesurada en su pecho, mientras la sangre continuaba fluyendo desde sus heridas, mezclándose con el sudor y el polvo que cubría su cuerpo. Cada gota de su sangre parecía alimentarse de su ira, como si fuera el combustible que le daba fuerza para continuar enfrentando lo imposible.Este no era solo un combate físico; era una batalla por su alma, por la supervivencia de la esencia que se había mantenido intacta, a pesar de todo lo que había sufrido.

Con una respiración agitada pero firme,Bernardose preparó para lo que sabía sería el último enfrentamiento. No era solo una cuestión de ganar o perder; era una lucha para redescubrir su ser más profundo, una confrontación contra el peso de sus fracasos pasados, contra la sombra de su propio destino.Cada movimiento, cada corte, cada golpe estaba cargado de una desesperación que lo impulsaba a seguir, a pesar de las probabilidades en su contra.

Tomó unaarma empapada en su propia sangre, y, con una determinación inquebrantable, la balanceó hacia su objetivo.El metal brilló con un fulgor rojo, reflejando la luz de un mundo que se desmoronaba.Sin embargo, cuando su espada cortó la mitad del cuerpo de Peter, este se desvaneció de nuevo, como si nada hubiera imagen de su hermano desapareció, volviendo a transformarse en una ilusión, en un espectro intangible.

"No... no puede ser..."pensó Bernardo, la frustración invadiendo su mente mientras observaba la figura ilusoria de Peter disolverse ante él, como si nunca hubiera existido en primer lugar. Larealidadde su situación se le impuso de golpe:no había nada, ningún daño, ningún impacto que pudiera hacerle a su hermano.Peter estaba más allá de su alcance, invulnerable a su agresión, como si el universo mismo lo hubiera protegido con una barrera invisible, una que Bernardo no podía atravesar.

Elvacío de la impotenciacomenzó a llenar su pecho, como una ola oscura arrastrando su esperanza. No importaba cuán fuerte se volviera, cuántos golpes pudiera asestar; siempre sería un paso atrás.Nada podía detener a Peter. Nada podía hacerle daño.

Pero algo, en lo más profundo de su ser, comenzó a retumbar.La desesperación no era su final, era su impulso.En este momento de absoluta impotencia,Bernardose dio cuenta de la verdad: el poder no estaba en la espada, ni en la fuerza bruta.El verdadero poder residía en su resistencia, en su capacidad para continuar, a pesar de todo lo que le decían que era imposible.

No iba a rendirse.

Con los dientes apretados y una ferozdeterminación en sus ojos,Bernardodio un paso adelante, desafiando la ilusión y la cruel realidad que lo rodeaba. Aun cuando su hermano parecía invulnerable,él sabía que aún quedaba una última carta por jugar.

Quizá no podía dañarlo de la manera en que había imaginado, pero aún podía desafiarlo, aún podíaluchar por lo que era, por lo que podía ser, más allá de las sombras que lo intentaban devorar.

Peterobservó a su hermano con una sonrisa cargada de burla, pero, bajo esa capa de desdén, había una pequeña chispa de algo más. Algo que, aunque difícil de reconocer, se entrelazaba con la nostalgia."Hacerlo interesante, ¿eh?"pensó para sí mismo, mientras sus ojos no dejaban de seguir cada uno de los movimientos de Bernardo. Aunque despreciaba profundamente a ese hombre frente a él, lo que realmente quería, lo que realmente esperaba, era que su hermano hiciera algoimportante, algo que lo hiciera memorable.

Porque, en el fondo,Peter quería preservar al hermano que alguna vez admiró, ese hombre que, en su niñez, había sido su protector, el que lo defendió de su hermana mayor cuando ella intentó desmembrarlos en uno de sus arranques de locura.Era un hermano fuerte, imponente, alguien en quien Peter veía una figura de poder, aunque ahora todo eso se desvaneciera ante la crudeza de la situación presente. El tiempo había cambiado todo entre ellos, pero esa imagen de su hermano mayoraún vivía en su memoria, como un fósil preservado en las sombras de su mente.

"Si vas a morir, al menos hazlo de una forma que no me haga olvidarte",pensó, mientras su sonrisa se alargaba un poco más, pero con un toque más amargo.Quizás la única manera de conservar a ese hermano era dejar que peleara de la manera más feroz que pudiera.¿Por qué?Porque, en su retorcida forma de pensar, solo con una última lucha memorablepodría preservar esa imagen del hermano que una vez fue, antes de que se disolviera en nada, convertido en una sombra de sí mismo.

Peter sabía que su hermano nunca alcanzaría su nivel de poder, pero esperaba que, al menos, pudiera ofrecerle una batalla que valiera la pena.Una batalla que, aunque destinada a perderse, podría dar algo de gloria al recuerdo de su hermano perdido, al hombre que lo protegió, al hermano que alguna vez lo hizo sentir algo cercano al amor.

Aunque las palabras crueles y la violencia fluían de él como una corriente natural,Peter no era tan insensible como pretendía ser. Su forma de recordar lo que fue su hermano, aunque distorsionada por el odio y la frustración, era su forma torpe de aferrarse a algo que, aunque no podía cambiar, aún deseaba mantener vivo.Así que mientras Bernardo se alzaba, una chispa de esperanza que parecía irreal y vacía al mismo tiempo, Peter no pudo evitar desear que su hermano hiciera algo... algo digno de recordarse.

Para Peter, la única forma de preservar ese fragmento del pasado era permitir que su hermano luchara por él, incluso si era un último suspiro.

Las palabras dePeterseguían retumbando en la mente deBernardo, cada una como una lanza afilada clavándose en su ser."Nunca ganarás por el simple e indiscutible hecho de que eres común y débil..."La burla de su hermano resonaba en su interior,despertando todos esos miedos y dudasque durante tanto tiempo había reprimido. Se veía a sí mismo como unlisiado, un ser insignificante que jamás podría alcanzar la grandeza de Peter, la fuerza que su hermano ostentaba con esa arrogancia.

Sin embargo, algo dentro de él comenzó a cambiar.Esa chispa de desesperación, de impotencia, se convertía lentamente en fuego.La rabia se mezclaba con el dolor, y cada palabra venenosa de Peter lo empujaba hacia adelante, hacia algo más grande, más feroz. No iba a ceder, no iba a ser un simple sacrificio en el teatro macabro que su hermano había planeado.

"Haz que esta entidad entienda que la decisión del autor al ponerte de protagonista es interesante..."La frase se coló en su mente como un eco cruel, pero algo se encendió en su pecho, como si las palabras de Peter fueran el empujón final para lo que estaba a punto de suceder. Bernardo ya no era elhermano insignificante, el débil al que todos habían mirado con desdén. Esadecisión del autorpara ponerlo en esta historia, para ser el protagonista de su propio destino, tenía un significado más profundo ahora.

El calor en su pecho aumentómientras un flujo de poder corría por sus venas, como si todo lo que había sufrido, todo lo que había sido reprimido, estuviera a punto de estallar. Su mente dejaba de tambalear, y por primera vez en mucho tiempo,Bernardo se sintió completamente consciente de sí mismo, de lo que realmente significaba estar vivo, estar aquí, ahora.

Las sombras a su alrededor parecían vacilar, como si la misma oscuridad se inclinara ante su despertar.Un rugido de fuerza, de determinación, retumbó en su interior.Con cada paso, con cada respiración, Bernardo sentía cómo su cuerpo, su alma, se renovaba. No era solo el hijo débil, el sacrificio de un imperio, el hermano menor. No. Él era elprotagonistade esta historia, y en ese momento,las reglas cambiaban.

Con ungiro de muñeca, Bernardo alzó su espada, esta vez con un propósito, con una fuerza desconocida.El brillo de su acero, cubierto en sangre, reflejaba la nueva determinación que ardía en su interior.¡Él no iba a ser olvidado!No iba a ser simplemente el personaje secundario, el que solo existía para ser derrotado.Era hora de que el autor, el destino, entendiera que su historia iba a ser diferente.

"Si crees que soy débil,"murmuró Bernardo con voz grave,"prepárate para ver lo que realmente puedo hacer."Y con ese grito silenciado en su pecho,lanzó su cuerpo hacia Peter,dispuesto a cambiar no solo su destino, sino también la historia que lo había condenado a ser un simple sacrificio.

El aire se cargó de una tensión palpable, como si el mismo mundo estuviera conteniendo la respiración, esperando lo que estaba por suceder.Bernardose plantó firme, su cuerpo agotado, marcado por las heridas, perosu espíritu estaba más vivo que nunca. El eco de la voz desconocida se mezclaba con el desafío dePeter, creando una sinfonía de caos que vibraba en cada rincón de su ser. Cada fibra de su ser resonaba con el llamado a la batalla, no solo contra su hermano, sino contratodo lo que lo había condenado a ser menos.

Las heridas ardían,pero ya no importaba. Cada uno de esos dolores, cada rasguño y golpe, le recordaba lo que estaba dispuesto a perder.Bernardo ya no veía la batalla solo como una lucha externa; se trataba de enfrentarse a sus propios demonios internos: la duda, la debilidad, la sensación de ser siempre el perdedor."Muéstrame lo que puedes hacer", la voz retumbó una vez más, como un mandato.

Eldesafíono era solo para él, sino para todo lo que había sido hasta ahora. ¿Podría levantarse de sus propias cenizas y convertir su destino en algo diferente? ¿Podría finalmente romper con las expectativas, con las sombras de su hermano, y redefinir su existencia?

"Que así sea..."murmuró con una determinación que hizo que el aire mismo pareciera vibrar. Sus ojos brillaron con una furia renovada mientrassu cuerpo se llenaba de energía. Ya no era un hombre derrotado, un sacrificio en manos de fuerzas más grandes. No.Era Bernardo, el hermano mayor, el que ya había sido dado por muerto tantas veces, y ahora, en su interior, nacía un fuego que no podría ser apagado.

Con un rugido sordo,Bernardo levantó su espada, ya no solo un arma, sino un símbolo de su resistencia, de su rechazo a ser nada.La magia en sus venas, el poder que tanto había temido, fluía ahora sin restricciones.Su espada brilló con una intensidad sobrenatural, como si laoscuridad mismalo estuviera aclamando. No era solo una espada, erasu voluntad manifestada.

"Esto es lo que puedo hacer,"gritó, su voz llena de una rabia contenida durante años."Y no te va a gustar."

En ese instante,el suelo bajo sus pies tembló, y el aire a su alrededor pareció volverse denso, cargado con la energía que Bernardo liberaba. Losguardias, que hasta ese momento se habían mantenido distantes, observando con desdén, ahora retrocedían inconscientemente. Algo en la atmósfera había cambiado.El hermano menor ya no era el sacrificio; era el portador de una fuerza que podría destrozar todo a su paso.

Peterobservó en silencio, una sonrisa astuta curvando sus labios. Algo le decía que este no sería el final que había imaginado. Tal vez, solo tal vez, su hermano tenía algo más que ofrecer en esta lucha que parecía destinada a la derrota.El juego había cambiado.

La furia ardía en los ojos de Bernardo, cada músculo de su cuerpo tenso, cada paso hacia adelante marcado por la furia y la determinación.La sangre que brotaba de sus heridasno solo era un recordatorio del sufrimiento que había atravesado, sino que se convirtió en unallama encendida, alimentando su ira, su deseo de venganza.Cada gota de sangre era como un gritoque resonaba en su interior, exigiendo ser escuchado,exigiendo que su hermano viera lo que aún quedaba en él.

¡No soy solo un sacrificio!—gritóBernardocon toda la rabia contenida en su voz, la cual retumbó en el aire como un trueno, un desafío directo a las palabras crueles de Peter.

Peter observó, un brillo divertido en sus ojos, pero había algo en su expresión que comenzaba a cambiar. Aquel hermano que había visto siempre como una sombra, un ser destinado a caer ante él, estabaluchando con una ferocidadque no esperaba. A pesar de su desdén, algo en su interior comenzó a preguntarse siBernardorealmente podía hacer algo digno de recordar.

La espada de Bernardo brilló, cortando el aire con la rapidez de un rayo, el peso de su cuerpo y de su voluntad transmitiéndose a través de cada movimiento. No pensaba, no dudaba.Era pura acción,puro instinto. Cada músculo se movía con la precisión de una máquina de guerra, cada latido de su corazón resonando como una declaración de su nueva fuerza.

Peter, con su risa burlona, intentó retroceder, peroBernardo lo alcanzó.El choque fue brutal: la espada deBernardoencontró la defensa de Peter, un destello de luz y energía explotando cuando ambos impactos se encontraron. La energía que emanaba de la espada dePeterintentó disolver el ataque de Bernardo, pero este no se detuvo,no permitió que el miedo lo venciera. Había algo nuevo en su ser, unavoluntad ferozque se había encendido con fuerza.

¿Así que no te rendirás?—preguntó Peter, su voz ahora teñida de algo más que burla, algo cercano aldesconcierto.

No, hermano.—Bernardo respondió, conlos dientes apretadosy los ojos brillando con una mezcla de rabia y resolución."Aún no he caído, y no lo haré."

Las sombras en el callejónse estiraron como si el mundo entero estuviera observandoel desenlace.El aire estaba cargado de electricidad, y el tiempo parecía detenerse mientras los dos hermanos se enfrentaban, uno con su poder innato y otro con unavoluntad recién forjada.

En ese momento,Bernardono era un sacrificio.Era un hombre que había elegido luchar por su vida, por su honor, por la verdad que había permanecido oculta en las profundidades de su ser.Este no era el final, sino el comienzode algo mucho más grande.

El aire se espesó con una tensión palpable, como si el mismo tiempo se hubiera detenido para observar el desenlace de ese duelo fraternal.Cada golpede Bernardo no solo representaba un esfuerzo físico, sinouna manifestación de su alma destrozadaque se negaba a ceder ante la imagen de su hermano que había arrastrado su vida por los suelos.Cada movimiento era un grito sordo, un desafíoque surcaba el aire como un vendaval de furia contenida.

Peterretrocedió un paso, sus ojos llenos de incredulidad al ver la resistencia inesperada deBernardo.Esa chispa de fuego en su hermanolo sorprendió, pero al mismo tiempo, lo enfureció más.No era posibleque un ser tan débil, tan insignificante, tuviera el valor de desafiarlo.¿Qué esperaba realmente Bernardo?

¿De verdad crees que puedes cambiar esto?Peterse burló, su voz retumbando en el aire como una burla cruel, una risa vacía que llenaba el callejón."Es inútil, hermano. Este es el final. Solo un sacrificio más en la larga historia de tus fracasos."

La risa de Peterse apagó por un instante, mientras se preparaba para el contraataque.El aire se cargó de energíacuando una esfera de luz comenzó a formarse en sus manos, su poder desbordando todo límite. Sin embargo,Bernardo no vaciló. Su cuerpo sangraba, sus fuerzas estaban al límite, pero algo había cambiado.Algo dentro de él lo impulsaba, un instinto salvaje, una necesidad de demostrarle a su hermano y a él mismo que aún no estaba derrotado.

La espada de Bernardo, bañada en su propia sangre, brilló como un reflejo de su determinación.Los gritos del pasadoresonaban en su mente, pero ya no eran cadenas;eran llamas que lo empujaban a levantarse.El sacrificio, la humillación, la burla... todo eso quedaba atrás.Lo único que quedaba era la lucha.

No lo creo.—respondió Bernardo, su voz baja, pero firme."Este no es el final."

El viento soplaba más fuertemientras ambos hermanos se preparaban para la siguiente acometida. Los ojos deBernardoardían con el deseo de acabar con esta pesadilla, de romper el ciclo de humillación y dolor.Peter, por su parte, se reía con arrogancia, seguro de que su hermano nunca podría alcanzarlo,pero una chispa de duda comenzó a crecer en su interior.

La escena parecía desmoronarse a su alrededor, como si el mismo tiempo se hubiera detenido para observar ladecisión finaldeBernardo.Su corazóngolpeaba con fuerza contra su pecho,luchando por mantenerse en pie.La sangreque brotaba de sus heridas teñía su cuerpo, pero no importaba.El dolorya no era nada más que una extensión de sí mismo, una marca que dejaba en su paso, un recordatorio de cuán lejos había llegado.

Escupió sangre, pero no permitió que eso lo frenara.Con determinación, sumano sanase alzó, golpeando su pechoen un intento de mantener el ritmode su corazón, que comenzaba a desgarrarse debido a la calcificación que lo había estado consumiendo durante meses.La presión aumentaba, el costo de esta última jugada que estaba a punto de hacer.

"Que así sea", murmuró nuevamente, casi como una plegaria,un susurro de despedidaa su humanidad.La habilidadque había heredado, el poder ancestral de serhijo del maná y la naturaleza, no solo representaba su conexión con las fuerzas más antiguas del mundo, sino también susentencia de muerte.

"A cambio de mi vida restante, tendré una fuerza mayor..."La frase resonó en su mente como un eco, un recordatorio del precio que debía pagar. Su alma estaba al borde del abismo, su cuerpo ya no era más que un vehículo en el que suenergía vitalse disipaba.Pero mientras su vida se escapaba, una fuerza sobrehumana lo invadió, arrancando las últimas reservas de su ser.

El aire vibróa su alrededor mientras una energía abrumadora comenzaba a emanar de su cuerpo, envolviéndolo en una brillante aura demaná. Loscuerpos de los guardiasa su alrededor temblaron, sintiendo la creciente presión de un poder que ya no pertenecía al dominio de los mortales.Peter, al ver el cambio en su hermano, levantó una ceja, sorprendida y un tanto alarmado.

¿Qué demonios...?—murmuró Peter, sintiendo quealgo estaba cambiando. La arrogancia que solía dominarlo vaciló por un segundo, mientras su hermanocambiaba ante sus ojos.

Bernardono sentía miedo, solo furia.Las sombras del pasadose disolvían mientras lascorrientes de manárecorrían su cuerpo, atravesando cada fibra de su ser.Era su última oportunidad, y sabía queno duraría más de un minuto, pero en ese tiempo,sería suficiente para demostrarle a Peterque aún tenía algo que ofrecer al mundo.

Con un rugido gutural, el maná desbordó su cuerpo, ysu espadabrilló con una intensidad cegadora. No era solo un arma; ahora era una extensión de su propia voluntad.La fuerza que había deseado toda su vidalo atravesaba, arrastrándolo hacia adelante como un torrente imparable.

¡Esto no es el fin!—gritó Bernardo, sus ojos ardientes de furia y determinación.La lucha por su dignidad, por su vida, había comenzado de nuevo.

Elmanálo rodeó, y Bernardolanzó su ataque, dispuesto a mostrarle aPeter, y al mundo entero, que aún podía sermás de lo que esperaban.

El murmullo entre los guardias se disipó rápidamente, pero el aire seguía cargado de tensión. La incertidumbre flotaba en cada rincón del callejón.El guardia, al darse cuenta de la magnitud de lo que estaba sucediendo,murmuró casi para sí mismo:

¿Algo en el lisiado está mal?

La respuesta deThomasfue inmediata, llena de desdén, como si las preguntas de esos hombres fueran una pérdida de tiempo.

En serio, ¿recién te das cuenta, estúpido?—dijo con una sonrisa fría,su tono lleno de superioridad.

Uno de losguardiasvaciló por un momento,mirando a su alrededor, pero el silencio en el ambiente lo hizo reflexionar.Thomasle lanzó una mirada fulminante, y rápidamente guardó silencio, entendiendo que cualquier otra palabra podría traer consecuencias indeseadas.

Es solo un espectáculo—respondió otro guardia, con voz cargada de desdén, como si lo que ocurría frente a sus ojos fuera solo una muestra más de lainmensa diferencia de poderentre los hermanos.Petersiempre había sido el más fuerte, yBernardonunca había sido una amenaza.

Pero dentro deBernardo, algo estaba cambiando.El flujo de energíaque recorría su cuerpo no era solo una descarga de poder, era lamanifestación de su voluntad.Cada golpe recibido, cada palabra cruel dePeter, le proporcionabamás fuerza.Ya no era solo un hombre debilitado, era alguien que había decidido redimir sus propios demonios.

La luchaque enfrentaba no era solo contra su hermano, contra su cuerpo, o contra el poder de Peter. Eracontra todo lo que lo había destrozado internamentea lo largo de su vida. Cada vez que pensaba que había tocado fondo,algo dentro de éllo impulsaba a seguir adelante, a desafiar las expectativas de aquellos que solo lo veían comoun fracasado, un sacrificio.

Los murmullos de los guardiasse desvanecían ante la intensidad de lo que estaba a punto de suceder.Bernardoya no se sentía como unsacrificioo unlisiado; se sentía como un hombrerenacido, dispuesto a desafiar lo imposible, a desafiar aPeteren un último acto de resistencia.

La atmósfera se cargó de un aire pesado mientrasBernardosentía la última chispa de su vida vital desbordando su cuerpo, unadecisión irreversibleque dejaría huella. Sabía lo que significaba, conocía las implicaciones de usar ese poder prohibido, pero no había vuelta atrás.Las heridasque adornaban su cuerpo ya no eran más que marcas insignificantes comparadas con la tormenta interna que estaba por desatarse.El sacrificio de sangresería su última jugada.

Conla vista fija en Peter, quien parecía disfrutar de cada momento de su sufrimiento, Bernardo levantó su mano y, en un gesto tan decisivo como mortal,inició el ritual. Laenergía comenzó a elevarseen su interior, un poder oscuro, ancestral, que se alimentaba de su propia vitalidad.La sangre fluía aún más intensamentede sus heridas,tejiendo una conexióncon algo más grande, más antiguo.

HABILIDAD RANGO S: Blood Sacrifice...—murmuró Bernardo, la voz grave y llena de un eco ominoso. Las palabras parecían resonar no solo en sus oídos, sino también en los de su hermano, como un presagio de lo que estaba por ocurrir.

El aire comenzó a agitarse con un poder palpable.La naturaleza de la habilidad era clara:Sangre y tiempo.El sacrificio de su propia sangre, mientras sutiempo vital se desvanecía, abría un portal entre lo que era y lo que podía llegar a ser.Bernardo sabía que ya no quedaba tiempo, que su vida se desvanecería en un instante, pero con ello traería una últimatormenta de podercapaz de cambiar el curso de la batalla.

No tienes idea de lo que has desatado, hermano—dijo Peter, su tono ya no tan arrogante, una chispa dedudacruzando su rostro. Por primera vez,el hermano menorparecía sentir que algorealmente peligrosoestaba ocurriendo.

Lasangre de Bernardocomenzó a brillar con un resplandor rojo intenso, como si lavitalidadmisma del hombre estuviera siendo convertida en energía pura.Los guardiasobservaban, incrédulos, mientras larealidad mismaparecía distorsionarse. El tiempo comenzó a ralentizarse a su alrededor,el espacio se comprimíay lasangre de Bernardotomaba una forma casi líquida,como si el tiempo estuviera siendo consumido.

El sacrificio estaba completo.La habilidad había alcanzado su máximo poder, pero lo que se venía ahora era tanto sudestrucción como su salvación.

Lahabilidadque Bernardo estaba a punto de desatar no era solo un poder físico; era lamanifestación misma del sacrificio, un grito desesperado de resistencia contra el destino que lo había condenado desde su nacimiento.Blood Sacrificeera conocida entre los pocos que la entendían como unainvocación peligrosa y prohibida, capaz de cambiar el curso de cualquier batalla, pero con el precio más alto que un ser humano pudiera imaginar: su vida misma.

Elpoder ancestralcontenía una fuerza incontrolable que podía moldear el destino de aquellos lo suficientemente valientes, o estúpidos, para invocarlo.Bernardo, al ser el elegido para este último acto, sentía cómo cada latido de su corazón se tornaba más débil, como si una parte de él mismo se estuviera desvaneciendo en el aire.El tiempocomenzaba acorroer su existenciamientras susangreparecía ser absorbida por algo mucho más grande y oscuro, algo que rozaba los límites de lo divino y lo terrenal.

Con cada segundo que pasaba, latensiónen el aire se volvía palpable, y losguardiasobservaban, estupefactos, sabiendo que lo que estaba sucediendo en ese instante podría cambiar todo, para bien o para mal.

Peterno pudo evitar una sonrisa, aunque esta era más una mueca de incertidumbre que de victoria. Su hermano estabaperdiendo la vida, pero esarabiadesbordante que sentía por parte de Bernardo lo mantenía intrínsecamente cautivado, como si todo esto fuera el preludio de algo mucho más grande. Algo que ni él mismo podría prever.

Esto es... esto es demasiado—dijo, apenas audible, mientrasuna vibraciónrecorría el suelo, como si el mismocampo de batallaestuviera siendo moldeado por fuerzas más allá de su control.

Lasangre de Bernardobrillaba intensamente,el tiempo comenzaba a desmoronarse. Los segundos parecían eternos, pero la realidad estaba siendo alterada, distorsionada por elpoder de la naturaleza, el cual ya no solo fluía a través de él, sino que sefusionabacon su ser.

Y entonces, con un rugido sordo,el sacrificio alcanzó su ápice, yBernardose encontró suspendido en una realidad que no era la suya, dondeel tiempo y el espacio se diluían.El puente entre lo terrenal y lo divinocomenzaba aformarseante sus ojos, y con ello, laverdadera batallade su vida, una que no solo definiría su futuro, sino también el destino de aquellos a su alrededor.

Al activarse elBlood Sacrifice, la transformación en Bernardo fue inmediata y brutal. La sangre, que antes solo representaba sus heridas, comenzó acircular con fuerzaa través de su cuerpo, como si su misma esencia estuviera tomando vida propia. Cada gota que caía al suelono solo representaba la pérdidade su humanidad, sino también el despertar de un poder ancestral que latía en las profundidades de su ser. Las heridas abiertas en su piel seexpandieron y se multiplicaron, pero no de una manera dolorosa, sino comocanalesque conectaban a Bernardo con unafuerza primordialque alteraba la misma realidad a su alrededor.

El aire comenzó a vibrar, como si estuviera siendo distorsionado por una fuerza más allá de lo comprendido, uneco profundoresonó, envolviendo el callejón en una atmósfera pesada y cargada.El entorno mismo parecía temblarbajo la presión de su poder recién desatado. Las sombras comenzaron a moverse con voluntad propia,el suelo se agrietabaligeramente bajo sus pies, como si la tierra misma se estuvieradesmoronando ante la magnitud de su sacrificio.

La energía vitalde Bernardo, esa fuerza que lo había mantenido con vida hasta ahora,se entrelazabacon el flujo de lanaturalezay eltiempo. Cada gota de sangre derramadase convirtió en un conductohacia lo divino y lo arcano. No solo su cuerpo se veía transformado; el mismoespacioalrededor de él parecía volversemóvil y maleable, como si el tiempo dejara de ser lineal ycomenzara a distorsionarsea su alrededor. Lasleyes de la naturalezaestaban siendo quebradas por su sacrificio,una conexión ancestral se desatabaa través de sus heridas.

En ese momento, elrío de energíacomenzó a amplificarse, no solo nutriendo sucuerposino también modificando sumente y alma. Cada golpe recibido, cada palabra hiriente pronunciada por Peter, era ahorarevestido de poder. Bernardo sentía que ya no solo luchaba con la voluntad humana; era como si su ser estuviera siendo impulsado por lasfuerzas del mundo mismo, cada átomo de su ser irradiando con la energía detodo lo vivo,todo lo muerto, y lo que estaba más allá.

Peter, al ver lacambiada expresiónen los ojos de su hermano,retrocedió un paso, sintiendo un hormigueo en el aire, una presión que nunca había experimentado. No era miedo, pero sí unacertezade que algo más grande que ellos estabaa punto de suceder. Su sonrisa, arrogante e irónica,se desvaneció lentamente, dando paso a unasombra de incertidumbre. ¿Qué podría hacer él contrauna fuerza ancestralque ahora residía en su hermano?

Laluz de la esencia de la vidade Bernardo lo envolvía por completo, transformando su dolor y sufrimiento en un poder quedesbordabalos límites de lo posible.Cada heridase convertía en unapuertaque lo conectaba con unafuerza primordial, una que era capaz dedestruir y reconstruirel mundo mismo a su alrededor.

Pero, a pesar de este poder,Bernardosabía lo que estaba en juego. Este sacrificio no solo le otorgabafuerza; le exigíala entrega totalde su vida. Cada segundo que pasabaen este estado de transformaciónlo acercaba más a su final, pero élno se detendría. La batallano era solo contra Peter, sino contra todo lo que lo habíadebilitadoyderrotadodurante años. El destino lo había marcado como un sacrificio, pero ahoraél era el que decidíacómo sería recordado,siendo más que solo un sacrificio.

¡Ahora, hermano!—gritó Bernardo con una voz que resonaba comoel rugido de una tormenta. Sus palabras no solo retumbaban en el aire, sino que tambiénmovían el tiempoa su alrededor, alterando la percepción misma de la realidad.

Peter, inmóvil, observaba a su hermano. Este no era el mismo hombre que había conocido. Elpoder de la sangreno solo lo transformaba físicamente, sino que tambiéndespertaba algo dentro de él, unafuerza más allá de lo humanoque desafiabatodo lo que había conocido.

Los efectos de Blood Sacrifice son inmediatos y devastadores.A medida que el poder se acumula, la naturaleza responde con fervor: los árboles parecen inclinarse hacia él, las hojas susurran secretos antiguos y el viento lleva consigo ecos de aquellos que han caído antes.El sacrificio personal se entrelaza con el tejido del mundo, creando una sinfonía de energía que resuena con cada latido del corazón del invocador.

Sin embargo, este poder viene a un alto precio.El uso de Blood Sacrifice consume la vida del portador a un ritmo acelerado; cada momento de gloria está acompañado por la sombra inminente de la muerte.Es una habilidad que otorga fuerza descomunal por un breve periodo, pero también sella el destino del invocador en un camino oscuro y solitario.

Con cada segundo que pasaba, la transformación de Bernardo se intensificaba.La naturaleza misma respondía a su sacrificio, como si reconociera el poder ancestral que él desataba.Los árboles cercanos crujían, sus ramas se doblaban hacia él como si quisieran ofrecerle su propio poder, pero al mismo tiempo, sus hojas se desintegraban, cayendo al suelo como si fueran cenizas. Elvientoque antes soplaba de manera normal ahora parecía agitarse con unaintensidad ominosa, llevando consigoecos de voces olvidadas, susurrando historias de aquellos que, en su desesperación, habían hecho sacrificios similares.

La tierra tembló ligeramente, como si el propio planeta estuviera reconociendo elpactoque Bernardo había hecho con su vida y su destino.La sangreque fluía de sus heridasiluminaba el aire, transformándose en líneas luminosas que recorrían su cuerpo y el entorno, formando una red de energía que conectaba al hombre con lo divino y lo ancestral. Su dolor se disolvió en poder, cadalatido de su corazónresonaba con lafuerza de la tierra, cada uno de sus músculos parecíainflarse con energía primitiva.

Sin embargo, mientras esta energía desbordaba dentro de él, unasombraseguía a cada paso.El precio de la habilidadera claro: cada segundo de poder lo acercaba más a su fin. Su respiración se volvía más pesada, su corazón palpitaba desbocado, como si la vida misma estuviera siendo arrancada de su cuerpo en el mismo instante en que laenergía primordialtomaba su lugar.

Cada momento de gloria, cada grito de desafío hacia su hermano, era tambiénun paso más hacia la muerte. La habilidadBlood Sacrificeno sololo fortalecía, sino que también loconsumíalentamente. Las sombras de la muertese alzaban sobre él, y Bernardo sabía que el tiempo se deslizaba comoarena entre sus dedos. La pregunta no era si ganaría esta batalla, sinocuánto tiempo podría resistirantes de que su cuerpo colapsara completamente.

Peter, que hasta entonces había sido elagresor imparable, comenzó a dar pasos hacia atrás. Su expresión, antes llena de arrogancia y desdén, ahora mostraba unamezcla de sorpresa y respeto. Bernardo, al estar tan profundamente sumido en su sacrificio, ya no era elhermano débilque una vez conoció; habíadespertado algo más, unafuerza puraque parecía capaz de trastocar las leyes mismas de la naturaleza.

Laluz que emanaba de Bernardose intensificó hasta casi cegar, y con ungrito gutural, se lanzó hacia Peter, quien apenas tuvo tiempo de reaccionar.El impacto fue brutal: la energía contenida en cada parte de su cuerpo estalló en una ola de poderdesbordante, chocando contra su hermano con la fuerza de un huracán.El aire mismo se rompióbajo el peso de la magia ancestral que ahora rodeaba a Bernardo.

Pero, incluso mientras su hermano caía de rodillas, Bernardo sabía queno quedaba mucho tiempo. El sacrificio de su sangre estaba empezando a reclamar lo que quedaba de él, y lafuerza que lo había transformadotambién lodestruía desde dentro. Su cuerpo, aunqueimpulsado por la furia de la naturaleza, ya comenzaba acederante los efectos del precio que había pagado.

Con cada respiración que tomaba,su vida se desvanecía, y aunque estaba dispuesto adarlo todopor esta última oportunidad, Bernardosabíaque su sacrificio, por grande que fuera, no salvaría su alma de la condena que ya había comenzado a abrazarlo.

Con cada gota de sangre que caía al suelo, la conexión de Bernardo con la naturaleza se intensificaba.Su corazón latía más rápido, cada pulsación era un recordatorio de lo que estaba dispuesto a sacrificar. La sangre, como untributoa las fuerzas ancestrales, fluía no solo de sus heridas, sino tambiéna través de su alma, alimentando el poder que lo rodeaba.

La rabiaque sentía no solo era el impulso de luchar por su vida, sino undeseo profundo de trascender. Había sido unhombre comúnpor tanto tiempo, aplastado por la sombra de su hermano, pero en este preciso momento, en este último respiro de poder, setransformaba. La energíaancestralque había invocado le otorgaba la fuerza demil hombres, pero a costa de suvida, y lo sabía. Cada segundo que pasaba, suexistencia se deshilachaba.

El aire a su alrededor se tornó más denso, cargado de energía. Los árboles cercanos comenzaron ainclinarse hacia élcomo si se alimentaran de su sacrificio. Latierra misma respondía, abriendo grietas y enviando pequeñas raíces que parecíanadherirse a sus pies, como si la naturaleza reconociera su dolor y su lucha.Los vientos aullaban, trayendo consigo un rugido ancestral, un eco de todos aquellos que habían pagado el mismo precio.

Peter, observando la metamorfosis de su hermano, retrocedió por un instante, elresplandorde la transformación iluminando su rostro.Nunca había visto a Bernardo tan imparable, tanferoz, como si las sombras de la muerte no pudieran ya alcanzarlo. Sin embargo,Bernardo sabía la verdad: su cuerpo ya estaba agotado, suvidaya estabacasi consumidapor el poder que había desatado. Cada músculo le ardía, su visión se volvía borrosa, pero su voluntad era clara.

Es el último acto de mi vida, pensó Bernardo, mientras su respiración se volvía más errática.Esto es lo que soy,lo que siempre quise ser.¡Todo por una última oportunidad!

Con un grito lleno de dolor yfuria pura, Bernardo levantó sumano sangrientaal cielo, invocando la última oleada de poder de laBlood Sacrifice.El suelo bajo sus pies tembló, y una energía brutal surgió desde lo más profundo de su ser, enviando ondas dedestrucciónhacia su hermano. Lassombras y la luzse entrelazaban en una batalla interna, mientras lafuerza de la naturaleza misma lo consumía.

Peter, aún de pie pero tambaleándose, levantó la mirada hacia su hermano. Lasonrisa arrogantede antes había desaparecido, reemplazada por una mezcla deasombroyrespeto, y quizás, por primera vez en mucho tiempo, una pizca detemor.

Bernardo no necesitaba más que ese instante.Sabíaque no importaba lo que sucediera después.Había dado todo por esta lucha, y si debía caer, lo haría sabiendo que, por fin, había sidoalgo másque un simple sacrificio.

El suelo bajo sus pies crujió, como si la tierra misma estuviera reaccionando a la furia que brotaba de su interior. Las raíces se retorcían, buscando unirse a la fuerza que emanaba de Bernardo, y el aire, cargado de electricidad, se llenó con unatensión palpable, como si el mundo entero estuviera conteniendo la respiración.

Las voces del pasadoresonaron con fuerza en su mente, mezclándose con laenergía crecientedentro de él.Recordaba su vida pasada, los años de sufrimiento, las cicatrices, la humillación, y ahora todo eso se transformaba enfuerza. Era como si todo lo que había vivido hasta ahora, cada momento de dolor, lo hubiera llevado hasta este punto, estadecisión final.

La voz desconocida, esapresencia que lo había guiadoa lo largo de su tormento, volvió a hablar.No era solo un susurro. Era unrugido, una orden ancestral:

Hazlo, Bernardo... demuestra tu valía.

Entretén a esta omnipotente entidad.

Y sin que Bernardo lo supiera esta entidad era algo que influenciaría mucho en ella que había jugado con su destino desde el principio, la que había puesto a prueba su resistencia, observaba con atención. ¿Sería este su momento de redención o el último suspiro de un hombre marcado por la desesperación?

Pero Bernardo no dudó. La fuerza que lo atravesaba no era solo física; era algo mucho más profundo. Cada centella de energía se entrelazaba con suvoluntad indomable. Él no estaba simplemente luchando contra su hermano, no solo contra su destino.Estaba desafiando a todo lo que lo había condenado, despojándose de lamiseria de su pasado, de ladebilidad que le habían impuesto.

Lassombras del callejónya no eran solo un simple telón de fondo; se retorcían comoserpientesque se desvanecían ante su presencia.La sangre, que había sido solo un recordatorio de su fin, ahora erael combustiblede su poder. Cada gota caída no era una debilidad, sino untributoa la naturaleza, a la fuerza que lo estaba transformando.

El tiempo parecía ralentizarse. El aire estaba cargado de unapresión insoportable, y Bernardo, con una determinación férrea, extendió su brazo hacia adelante. Losárboles se doblaban, las raíces crecían hacia él, y el viento comenzó a girar con una fuerza desmesurada. En su pecho, su corazón latía con unafuerza sobrehumana, resonando como un tambor de guerra.

Peterobservaba, aún en su postura desafiante, pero algo en su rostro comenzaba adesdibujarse. Era como si la energía de Bernardo estuviera consumiéndolo todo,desmoronando su arroganciacon cada paso de su hermano hacia la oscuridad. Sin embargo, había algo en los ojos de Peter, un destello detemor. Tal vez, por primera vez,entendiólo que Bernardo había hecho, lo que estaba dispuesto a sacrificar.

El poder de laBlood Sacrificeya estaba a su máxima capacidad.El mundo a su alrededor parecía arder.La naturalezamisma lorespetaba, y la entidad omnipotente que observaba desde la sombra, con su voz resonante, apenas podía contener su propio interés.

Bernardocerró los ojos por un momento, sintiendo cómo la energíaconstruía su crescendo final.

Voy a destruir la sombra de mi debilidad.

Con un rugido que atravesó todo el callejón, su cuerpo se iluminó,el sacrificio definitivoestaba a punto de desatarse.

El aire se partió con un rugido ensordecedor mientras la energía contenida en el cuerpo de Bernardo estallaba en unresplandor cegador. La sangre que aún brotaba de sus heridas parecía volverseluminosa, fluyendo hacia el cielo en un espectáculo macabro y glorioso a la vez.Cada gotallevaba consigo lapromesa de destrucciónyrenacimiento, la manifestación de su sacrificio. Su cuerpo, al borde de la destrucción, se alzaba en medio de la tormenta de energía, convertido en elepicentrode un cataclismo que iba más allá de su comprensión.

Peterretrocedió, sus ojos entrecerrados mientras observaba a su hermano mayor, quien, por un momento, parecía más unafigura divinaque un simple hombre. La arrogancia y la burla de sus palabras se desvanecieron, reemplazadas por unapercepción de vulnerabilidadque nunca antes había sentido. Era como si el propiodestinose hubiera encarnado en la figura sangrienta de Bernardo.

—¡Hazlo, entonces! —gritó Peter, con una mezcla de fascinación y miedo en su voz, sin dejar de observar a su hermano quese despojaba de su humanidaden ese mismo instante.

Las sombras se agitaron a su alrededor, como si latierra mismacomenzara a temblar bajo el poder de Bernardo. La naturaleza respondía, alineándose con su sacrificio. Los árboles se inclinaban, las raíces parecían estirarse hacia él, mientras el viento comenzaba agirar con furia. La energía era tan densa que incluso el cielo parecía agitarse, como si la atmósfera misma estuviera siendotransformadapor su poder.

En sus ojos, lallama del sacrificioera más visible que nunca.Cada célulade su ser gritaba por un propósito, por un significado, porredención. No solo luchaba contra Peter, sino contratodo lo que había sido: la inseguridad, la debilidad, las cadenas del pasado.

Un segundo más.La respiración de Bernardo se volviópesada, el peso de su sacrificio a punto de desbordarse. Sabía que no quedaba mucho tiempo. La luz que lo envolvía era tan intensa que parecía consumirlo, pero en ese instante comprendió que, por fin, habíaencontrado su propósito.

Con una última explosión de energía,el resplandor alcanzó su punto máximo. Una ola de poder arrancó las raíces del suelo, haciendo que el aire vibrara, que los gritos de su sacrificio se convirtieran en unasinfonía de venganza. La energía estalló enun torrente devastador, buscando aniquilar todo lo que se interpusiera en su camino, incluyendo al hermano que había desecho su alma.

Y en medio de esa tormenta, en el centro de la furia desatada, Bernardo gritó una última vez, su voz una mezcla de rabia yliberación:

—¡Acabemos con esto!

La atmósfera se volvía más densa con cada segundo, como si el mundo entero estuviera observando elsacrificiode Bernardo. Latierra misma vibrabaen respuesta al poder que él desataba, y las sombras a su alrededor parecíansusurrar secretos antiguos, como si lanaturalezaestuviera escuchando su llamada. Laenergía vitalque fluía a través de sus venas, un torrente desangre y voluntad, no solo alimentaba su cuerpo, sino que se entrelazaba con la misma esencia de lavida y la muerte.

Que así sea—repetió Bernardo, un murmullo bajo, casi unaoración, mientras cerraba los ojos y sentía cómo la sangre de sus heridas se evaporaba en el aire, llevándose consigo su humanidad. Sabía que esta habilidad, la más poderosa y peligrosa de todas, requería unprecio impagable:su vida. Cadalatidode su corazón resonaba como un tambor de guerra, marcando el último compás de su existencia.

A medida que laenergíacomenzaba a acumularse, el cielo sobre él se oscurecía. Lasnubesse retorcían y chocaban entre sí, creando una tormentaensordecedoraque parecía reflejar lafuria internade Bernardo.Los árbolesa su alrededor se inclinaban hacia él, como si reconocieran el poder ancestral que se desataba en su interior.Raícesque se arrastraban por el suelo comenzaban a elevarse,como tentáculosen busca de algo más, algo más grande.

—Esto no es solo un sacrificio... —pensó Bernardo, sintiendo elpeso de la viday lamuerteentrelazados en cadalatido—. Es unabatallapor lo que soy. Por lo que siempre quise ser.

En ese momento, su cuerpo comenzó atransfigurarse. Lasheridasde su piel ya no eran simples marcas de dolor, sinopuertas abiertashacia unaenergía primalque recorría su ser.La sangreque aún fluía de sus heridas comenzó abrillar con intensidad, convirtiéndose en unaesencia líquidaque parecía resonar con la misma energía de latierra. La conexión era profunda, casi mística, como si su sacrificio estuviera no solocambiandosu destino, sino también el del mundo que lo rodeaba.

—Estoy listo —murmuró, levantando la cabeza hacia el horizonte, sus ojos brillando con unaluz sobrenatural. Lafuerza de la naturalezaque había invocado comenzaba a alcanzar su punto máximo.

Los guardias, que hasta ahora observaban desde lejos, comenzaron a retroceder. Un aire gélido comenzó a envolverlos, como si la propiamuerteestuviera acechando en la oscuridad. Ninguno de ellos se atrevió a acercarse. La atmósfera estaba tan cargada de energía que sentían que, en cualquier momento, podrían ser consumidos por ella.

Peterobservaba en silencio, una expresión de incredulidad en su rostro. En su corazón, sentía unmiedo palpable, una sensación depérdidaque no entendía del todo.Bernardo, su hermano, estaba a punto de hacer algo que cambiaríatodo.

El aire se tensó aún más, y la luz que emanaba de Bernardo se hizo tan brillante que casi parecía consumirlo todo. Unrayode energíainvisiblerecorría su cuerpo, llevando consigo lafuerza de la naturalezamisma. En ese instante, Bernardo no era solo un hombre, ni siquiera solo un sacrificio. Erala manifestación misma de la tierra y el cielo, lavenganzay laredención.

Latensiónera tan densa que casi podía cortarse con una cuchilla. El callejón, antes sumido en la oscuridad, comenzaba abrillarcon una luz sobrenatural.El vientose alzaba como una tormenta contenida, y lassombrasque se arrastraban a sus pies parecían cobrar forma,vibrandocon una energía antigua y primitiva. Bernardo, aunque exhausto, sentía cómo su alma se conectaba con unafuerza más grande, más profunda que todo lo que había conocido hasta ahora.

¡Vamos, pequeño engendro, no es esto lo que querías!—gritó Bernardo, con unarabiatan visceral que su voz resonó como un trueno. Cada palabra era como unaexplosión de energíaen el aire, una declaración de que no se rendiría, no importaba lo que el destino tuviera reservado para él. Su cuerpo, marcado por lasheridasy el sacrificio, temblaba, pero sudeterminaciónera inquebrantable. Era como si la mismanaturalezalo hubiera abrazado y le hubiera otorgado una fuerza indomable.

El aire se volviópesado, cargado demagia pura, como si lasleyesde la realidad misma estuvierancurvándosebajo el poder de la habilidad que había desatado.La tierraa sus pies comenzó aagrietarse, y lassombrasque antes se arrastraban hacia él, ahora parecíancrecer, como si fueran tentáculos buscando consumirlo.Cada rincón del callejónpalpitaba, vibraba con unaenergíatangible, como si todo elmundoestuviera a punto de ser destruido o transformado por su sacrificio.

Bernardolevantó la cabeza hacia el cielo, donde lasnubesoscuras se arremolinaban con furia, como si también ellas supieran que este era elmomentodecisivo. El cielo parecía dividirse en dos, y las estrellas mismas parecían esconderse tras la sombra de lo que estaba a punto de ocurrir. Cadalatidode su corazón marcaba elpaso finalhacia su destino. Con una respiraciónpesadayagonizante, Bernardoapretó los dientes, sin poder evitar que susangrecontinuara fluyendo, drenando lo que quedaba de su vida.

Lamagiaque fluía a través de su cuerpo se tornaba másintensa, un resplandorblancoy cegador envolvía su figura mientras lasangrede sus heridas comenzaba a tomar unaforma etérea, levitante, como si de alguna manera se hubiera convertido en algo más quesimple sangre. Cada gota que caía al suelo parecíasuscitar un ecoen las entrañas de latierra.

Lairay elsacrificiode Bernardo eranpalpables. Todo su ser estaba imbuido en el deseo decambiarel curso de su destino, deromperlas cadenas que le habían atado a la mediocridad. Sabía que no había vuelta atrás. Elcielolo observaba, y él no iba a ser elque cayeraante la adversidad.

—¡Este es mi momento! —gritó, sintiendo cómo su cuerpo, aunque al borde de la destrucción, adquiría unafuerzaque losuperabatodo.Peter, en su arrogancia, lo había subestimado, y ahoraBernardoera más que un hombre. Era lamanifestación de la naturaleza, de lamagia ancestralque no entendía de límites ni de muerte.

Elsuelodebajo de él comenzó aresplandecer, y lassombrasa su alrededor se disolvieron en unaexplosión de luzyenergía, como si la naturaleza misma lo hubiera elegido como sucamino de redención. Latormentaque se desató en ese momento fueviolenta, pero a la vez hermosa en sudestrucción. Como unrayoque rasgaba la realidad, laenergíade Bernardo se desbordó en unrugidoensordecedor,arrancandola vida de su cuerpo a cambio de una fuerza jamás imaginada.

Suúltimo sacrificioera ahora el últimoecode un hombre que, en su desesperación, había alcanzado loimposible.

¡Vamos, hermano!—gritó Peter, su voz resonando en el aire como uneco desafianteque golpeaba el alma de Bernardo. Cada palabra de su hermano era ungolpedirecto a su corazón, una provocación que lo empujaba a seguir adelante, alevantarseypelear, como si lapresiónfuera la única forma de probar su valía. Lafuerzade su desafío rebotaba en su pecho, haciéndolo hervir conrabiaydeterminación.

Bernardono vaciló. Con unrugidointerno, apretó los dientes y se levantó, desafiando el agotamiento, lasangreque seguía fluyendo de sus heridas y el peso de su propio sacrificio. Laadrenalinase disparó en su cuerpo, alimentando cada uno de sus movimientos, dándole una claridad feroz en medio de la tormenta de dolor. Sabía lo queestaba en juego, lo quePeterrepresentaba: no era solo su hermano, sinola prueba finalde su existencia.

Cada latidode su corazón era unallamada a la acción, un recordatorio de quequedaba poco tiempo.Peter, con susonrisa arrogante, se lanzó hacia él conferocidad. El hermano mayor, al verlo levantarse, dejó escapar unarisa burlona, disfrutando de latormentaque se desataba a su alrededor. Sin embargo, en el rostro deBernardono había miedo, solo unaresoluciónfría y calculada.

¿De verdad crees que vas a ganar, pequeño?—Peter siseó, sus ojos brillando condesdén. Pero su tono de burla se desvaneció al ver elresplandoren los ojos de Bernardo.

Sin un momento de vacilación, Bernardose lanzó hacia adelante, su cuerpo impulsado por una combinación deodioyesperanza. No iba a dejar quePeterlo humillara, no esta vez. Este sería elúltimo enfrentamiento.

Ambos hermanos chocaron con unestruendoque sacudió el aire, cada golpe retumbando en el callejón como untrueno. Elimpactode sus puños parecía capaz dequebrar el mundo, cada uno de ellos empeñado en demostrar quesolo unopodíasuperviviren esa guerra interminable.

Peterlanzaba susgolpes veloces, con unafuerza brutaque podía destrozar cualquier defensa. Pero Bernardo, con cada golpe recibido, se sentíamás vivo, como si laluzen su interior ardiera con más intensidad,alimentadapor su sacrificio.

¡Te voy a destruir!—gritó Peter, pero en sus ojos ya no había solo arrogancia, sino una crecienteincertidumbre.Bernardose mantenía en pie,desafiandocada palabra, cada golpe, hasta que finalmente, en un movimiento que parecía desafiar el tiempo mismo,Bernardocanalizó toda la energía de su sacrificio en ungolpe devastadorque envió aPeterde espaldas.

Elvientosilbaba a su alrededor, y por un breve segundo, todo sedetuvo.Bernardorespiraba con dificultad, su cuerpo al borde de laexhaustión, pero su mirada era la de un hombre que había tocado lo más profundo de sí mismo. La batalla había llegado a su punto álgido, y él no estaba dispuesto a ceder.Peteraún se levantaba, pero ya no era el mismo. El poder de Bernardo habíacambiado el curso de todo.

Laluzque lo rodeaba seguía brillando con fuerza, y en sumirada, Bernardo llevaba unacertezainquebrantable: esta batalla no terminaría hasta que su hermano comprendiera lo que realmente significabaluchar por su vida.

Laexplosión de luziluminó el callejón, y en undestello cegador, ambos hermanos seenfrentaroncon una fuerza que parecía desafiar la misma estructura de larealidad. Cadagolpede sus cuerpos resonó como unasinfonía de conflictos no resueltos, cada choque una reverberación de lasheridasytraicionesque llevaban en su interior. El aire secargóde energía pura, como si el propiomanátemblara bajo la presión de su batalla.

Bernardo, con sucuerpo robustoy sufuerza bruta, logró empujar aPeterhacia atrás, susmuslosybrazosllenos de unarabia inhumana. PeroPeter, más ágil y experimentado en el uso dehabilidades, no cedió tan fácilmente. Con un movimiento rápido,su rodillacayó sobre laespadade Bernardo, hiriendo lasarmasque aún atravesaban sucuerpo. Lapresiónhizo que lasheridasse agrandaran,alimentandoel dolor que recorría cada rincón de su ser.

¡Quítate!—gritóBernardoconfuria, su voztronandoen el aire.El ecode su grito recorrió elcallejón, cargado con una fuerzaprimitivaque parecía resonar con todos lostraumaspasados. En ese momento, susojosbrillaron con unaintensidad feroz, como si su alma misma estuviera dispuesta adesgarrarsepara liberar su rabia contenida.

Con unaúltima explosión de energía,Bernardocanalizó todo lo que le quedaba de suvitalidaden un golpe quehirióprofundamente a su hermano.Peter, con losojos desorbitados, sintió el impacto en surostroantes de que su nariz sequebrara, elsangresaliendo a borbotones. Eldolorlo hizotropiezar, pero en sus ojos ya no había soloira, sino tambiénsorpresa.

A pesar del daño recibido,Peterselevantócon una sonrisa amarga, lamiradallena dedesdénysangre.

Así que ese es todo tu poder, ¿eh?—murmuró entre dientes, tocándose lanariz rotay observando cómo lasangremanchaba susmanos. Susonrisase retorció en una mueca desafiante.

PeroBernardo, respirando con dificultad ysangrando profusamente, no retrocedió.Cadalatidode su corazón era un recordatorio de que la batalla no había terminado. De quea pesar del sacrificio, había algo en su interior que lo manteníavivo,lleno de rabia,lleno de necesidadde poner fin a todo aquello.

Conel rostro cubierto de sangre,Peteraún se mantenía de pie, pero su postura era másvacilante, suconfianzaya no tan sólida. Sabía queBernardoestabacerca de su límite, pero también comprendía que no podía subestimarlo.El manáseguía fluyendo, y elsacrificiode Bernardo, aunquedesgarrador,renovaba su fuerzacon cada segundo que pasaba.

Ambos sabían que la siguientemovidasería definitiva. Elsilencioera profundo, solo interrumpido por el eco de losgolpesde los corazones de ambos,luchando,muriendo, pero sin rendirse.

Laluzde la batalla seguía intensificándose, pero en elcorazóndeBernardo, todo parecía ralentizarse.Peterlanzabagolpescerteros, peroBernardo, inmerso en una especie de trance,esquivabacon una gracia inesperada, como si su mente estuviera fuera del alcance de la lucha misma. En medio de esadanza frenética, de pronto vio un destello. Al mirar hacia el suelo, viosu reflejo: pero no era elBernardoque conocía.

Ante él, con una sonrisa distorsionada, le devolvía la miradaun reflejo grotesco, como un eco deformado de su propiaalma. Era él, pero no lo era. Aquella figurareflejadaparecía más unasombraque unapersona, y al instante, algo en su interior hizo clic.

Todo lo que hago es tan perfecto que hasta los errores parecen admirables—pronunció con una risadelirante, casihipnótica, mientras su unico ojo brillaba conun fervor oscuro. La voz, suave y venenosa, quele susurrabadesde lo profundo de su ser, lo incitaba aperseguir lo desconocido, a abrazar sudestino oscuro.

AunquePeterseguía atacando,Bernardono lo percibía, como siel tiempoyla luchahubieran dejado de existir para él. En su mente solo quedaba el eco de la voz que loguiabay loempujabaa un lugar más allá de lo físico, dondesu mentese liberaba.Su cuerposeguía luchando, pero suespírituya había dejado de ser prisionero de su propia humanidad.

Prueba siempre tu fuerza, pues ahí yace el éxito—la voz continuaba, más fuerte y clara.Bernardosintió una oleada deenergía oscurainundando su ser, mientras su cuerpo, aunque destrozado, seguía de pie.

Nunca respetes la lástima ni la debilidad—le susurró la voz en su mente, como un mandato imparable.Bernardoasintió, su rostro endurecido por lasabiduría oscuraque le llegaba a través de las palabras no pronunciadas, las que solo él podía escuchar.

En ese momento, un suspiro salió de sus labios, y la voz loinstóa mirarhacia adentro.

Recuerda, Bernardo, no luches contra tus demonios.Tus demonios están aquí para enseñarte lecciones.Siéntate con ellos, toma una copa desangrey charla con ellos.Aprende sus nombresy comparte las historias de lasquemadurasen tusdedosy losarañazosen tustobillos. Y créeme, algunos de tusdemoniosson muyagradables.

Bernardosonrióal escuchar estas palabras. En su rostro se reflejaba una mezcla desabiduría amargaytensión. En su interior, laluzy lasombrase entrelazaban en una danza dedestrucciónyrenacimiento, mientras sentía quetodolo que había sido hasta ahorase desmoronaba. Pero, al mismo tiempo, algo nuevo emergía. Algodesgarrador, peroliberador.

Con cada paso hacia adelante,el pesode la batalla ya no era solo físico. Estaba enfrentando su propioalma rota, ycada golpe de su hermanoya no era una agresión, sino un recordatorio de queél mismohabía forjado su propiodestino.

Mientras tanto,Peterse detuvo, viendo cómoBernardoparecíasumergirseen un trance, sus ojosvacíospero llenos de una luz que no comprendía.

¿Qué demonios...?—murmuró, confundido y algotemeroso, peroBernardoya no lo veía. Estaba demasiado lejos, más allá de lalucha. Más allá de lamuerte.

La atmósfera se volvió densa, como si el mismo airepesarasobre ellos,cargado de la furiaque ambos hermanos compartían pero que, al mismo tiempo, los separaba.Peterhabía soltado una risa venenosa, cargada dedesdén, que soloavivabaelfuegode la rabia que ardía en elcorazóndeBernardo. Cada palabra de su hermano resonaba como unaprovocación, unaheridaque no solo se clavaba en su cuerpo, sino también en lo más profundo de sualma.

¡Eres raro, hermano!—exclamó Peter entre risas, mientras su cuerpose movía ágilmente, casi como si disfrutara del espectáculo.

El sarcasmo en su tono eraafilado. Para él, no era más que un juego, una lucha para demostrar susuperioridad. Pero en los ojos deBernardo, laluz internaque lo había invadido al activarseBlood Sacrificelo transformaba en algomás que un hombre. Ya no era solo una cuestión de ganar o perder.

Bernardo apretó lospuños. Larabiadentro de él burbujeaba como un volcán a punto de estallar, y las palabras de Peter soloacelerabansu caída hacia la oscuridad de su propiaredención. Pero, en lo más profundo de su ser, entendía la verdad de la lucha. No era solo una guerra contraPetero elmundo; era una guerra interna,contra sí mismo, contratodo lo que había sidoytodo lo que deseaba llegar a ser.

Sigamos. Veamos quién vivirá y quién morirá.—Peter sonrió, una expresión salvaje que no reflejaba más que eldesdénpor la lucha que se estaba librando, la cualno conocíaen su totalidad.

Con esosúltimosretoques de burla, Peter se lanzó hacia adelante, sus movimientos rápidos,feroces, una extensión de suentrenamientoy suexperienciaen combate. Sin embargo, Bernardo ya no sentía miedo ni duda.Todo lo que había sufrido, toda lasangre derramada, ya no lo definía.Su esenciahabía cambiado. Él ya no era el mismohombre rotoque había llegado a este enfrentamiento. Ahora, era unguerrerocon un propósito claro, una visión sangrienta de lo que podía ser.

Con cada paso que dabaPeterhacia él, el airevibrabacon la electricidad de una batalla más allá de lo físico.El manáflotaba en la atmósfera, respondiendo al impulso de loscorazonesde ambos hermanos, mientrasBernardoya no pensaba, solo actuaba. Con la fuerza de su último sacrificio, elpoder de la sangrelo impulsaba más allá de cualquier límite humano.

¡La lucha continuó!Pero esta vez, no era solo un choque de cuerpos. Era elchoque de dos destinos.BernardoyPeterno luchaban solo con armas.Estaban luchando por su propia humanidad, por el derecho de ser los dueños de su destino.

El aire estaba cargado de unaintensidad palpable, como si el mismísimomundoestuviera observando elenfrentamientoentre los dos hermanos. Cadagolpeque intercambiaban resonaba en el ambiente, uneco de su historia compartida, donde lasrencillasdel pasado se entrelazaban con las decisiones que ambos habían tomado en el presente.Bernardopodía sentir laadrenalinaardiendo en sus venas, su cuerpo reaccionando como uninstrumento de guerraa cada movimiento de su hermano.

Él no podía dejarse vencer.No podía permitir que la debilidad lo definiera. Este momento no era solo una batalla física.Era la prueba finalde todo lo que había sufrido, de lasheridasque le habían marcado. Este era sumomento de reivindicación, de demostrar queno era un hombre roto, que podíalevantar la cabezaante cualquier desafío, sin importar cuán grande fuera el precio.

Con un rugido de furia ydesdén, Bernardo levantó su espada, sintiendo cómo laempúñadurase ajustaba perfectamente a su mano. Era como si la mismaarmaestuviera conectada con él, como si cadafibra de su serestuvieralista para luchar, lista paraderrotar a su hermanode una vez por todas. La espada, más que un simple objeto,era una extensión de su voluntad, una voluntad que ya no tenía miedo, que novacilabaante lo que venía.

¡No te dejaré ganar tan fácilmente!—gritó Bernardo con renovada determinación. Lafuerzade su voz no era solo el grito de un hombre desesperado, sino elrugidode un guerrero que finalmente había encontrado su propósito.

Las sombras parecían danzar a su alrededor, y latensiónse volvió tan densa que incluso laluzdel ambiente pareció vacilar. En ese instante, todo se redujo auno solo: Bernardo, suhermano, y la guerra interna que se libraba en sus corazones.

Lasonrisa burlona de Peterse expandió, como si cada golpe que Bernardo le propinaba solo le diera másenergíapara continuar. No era solo la lucha física lo que disfrutaba, sino el hecho de que todo lo que había estado oculto entre ellos, todos esossentimientos reprimidos, finalmente salían a la superficie. Cadamovimientoera más que un simple intercambio de golpes; era unadanza peligrosaentre hermanos, unenfrentamiento visceralen el que no solo se jugaba la supervivencia, sino también elorgullode cada uno, el deseo dedemostrar quién era el verdadero guerrero.

Peter desapareció por un instante en la niebla de la batalla, solo para reaparecer de repente con unavelocidad impresionante. En un abrir y cerrar de ojos, sugolpeimpactó en elhombro derecho de Bernardo, desestabilizándolo momentáneamente. Pero Bernardo, alimentado por sufuria y determinación, no se dejó intimidar. Aprovechó el momento de Peter, conreflejos letalesy una agilidad que sorprendió a su hermano, lanzando unpuñetazodirecto hacia los laterales de sucabeza.

La fuerza de su golpe fuedescomunal, y aunque Peter intentó desviar el impacto, el sonido de lafuerzachocando contra su cráneo resonó con un retumbante eco. Aprovechando el desconcierto de su hermano,Bernardo lo sujetópor los hombros con unafuerza sorprendente, y con unmovimiento rápidoy brutal, loembistió con un cabezazodirecto, enviando a Peter hacia atrás, tambaleando por el impacto.

¡Suéltame!—gritó Peter, su voz teñida de frustración y dolor. Suintento de liberarsefue frenético, pero Bernardo, conel ardor de un hombre que ya no tiene nada que perder, no lo soltó. Labatallano era solo un enfrentamiento físico, era unalucha por el reconocimiento, por lalibertadque ambos buscaban en la lucha y eldesenlace de sus destinos.

El aire entre los hermanosestaba cargado de tensión. La lucha no solo era física, sino una guerra de voluntades, unabatalla emocionaldonde cada golpe, cada respiro,cada gota de sangrederramada era un testimonio de lo que alguna vez fueron, de los lazos rotos y de los recuerdos perdidos en laoscuridad del rencor.

Peter lanzó unapatada feroz, la cualBernardo bloqueó con su brazo izquierdo, una acción que, aunque parecía un simple gesto defensivo, fue un acto desupervivencia pura. Pero Peter, no dispuesto a ceder, intentógolpear nuevamente, buscando laoportunidad perfecta. Sin embargo, antes de que su brazo alcanzara aBernardo, este reaccionó de manera rápida, lanzando ungolpe certeroa labarbilla de Peter, con unafuerza brutalque resonó como untruenoentre el caos de la batalla. El sonido del impacto se extendió como si el mismoterremoto de la luchahubiera atravesado el aire.

El golpe fue tan fuerte que hizo que Peterperdiera varios dientes, cayendo de espaldas mientras lasangre salía de su bocacon una violencia inusitada. Eldolorrecorrió su rostro como una ola, pero en surabia, no dio tregua.Retrocedióunos pasos, escupiendo sangre en un esfuerzo porrecobrar el control, pero sus ojos, ahora más llenos de furia que nunca, se fijaron enBernardo, retándolo a seguir.

Bernardo, conadrenalina corriendo por sus venas, desapareció una vez más en undestello de velocidad, dejando solo un eco de su presencia mientras sepreparaba para desatar lo peor. En su mano, una esfera demaná blancocomenzó aformarse, brillando con unaintensidad cegadora, como si la mismaluz de la esperanzahubiera sido comprimida en ese pequeño punto de poder. Era el símbolo de sudecisión final, la única oportunidad paradominar el campo.

Peter, decidido a no ceder ante su hermano, intentó imitar su acción. También formó unaesfera de maná, aunque su luz, aunque potente,no alcanzaba la purezade la de Bernardo. En su desesperación,Peter olvidó un detalle crucial:Bernardoera más que un simple hombre. Su conexión con latierra y el manáera tan profunda quetodo el manádel entorno se dirigía hacia él, sin resistencia. Laenergía fluíahacia su cuerpo con lagracia de un ríoque nunca se detiene, como unhijo predilecto del planeta,bendecido por el mismo flujo de la vida.

Eldesfase de poderera evidente. Mientras Peter seesforzaba por controlar su energía, Bernardo ya estabapreparado para desatar el caos, su esfera demaná blancobrillando más que nunca.

Elcampo de batallaestaba impregnado de unatensión palpable, unsilencio que precede la tormenta. Los hermanos, en el centro de la lucha, se enfrentaban no solo confuerza física, sino con algo mucho más profundo: unaguerra de destinos, un choque de voluntades donde elpoder ancestralde Bernardo erala única constante, mientras que Peter, a pesar de sudestreza y habilidad, veía cómo su maná luchaba poralcanzar el nivel del de su hermano.

Cadagolpe de manálanzado porBernardoera unamuestra de su supremacía, undestello de pura fuerzaque lo hacíainvencible en este terreno. Mientras susesferasde energía aumentaban en intensidad, el poder de suconexión con la naturalezahacía que cada ataque fueravarias veces más destructivoque los de Peter, como siel mismo mundoestuvierarespaldando su causa, dándolesu fuerzade manera ilimitada, como unacorriente vivaque no se detenía.

Por otro lado,Peter, pese a su capacidad de combate,luchaba en vanopor alcanzar lamagnitudde lafuerzade su hermano. Cada intento por desatar su propio poder parecía sersuperadopor laabrumadora conexión de Bernardocon elmanáy latierra. A medida que ladistancia entre ellosse estrechaba, ladiferencia de poderse hacía aún más evidente. Peter intentaba con todas sus fuerzas controlar la energía quese desbordabade su cuerpo, perosu voluntadno lograbadominarlaferocidadde la magia que emanaba de su hermano.

Mientras elaire se cargaba de energíay elviento silbabaalrededor de ellos, ambos sabían que esta lucha no solo sería una cuestión defuerza física. Era unaprueba de resistencia, unabatalla de egos y destinosque marcaría el futuro de los dos. Cada uno sabía que lavictoria no solo decidiría al vencedor, sino también quién tendría el control sobresu propio destino, quién sería eldueño de su historia.

Y en ese momento, Bernardocomenzó a entenderlo todo. Cada golpe que lanzaba, cadaesfera de manáque disparaba hacia su hermano, estaba alimentada por algo mucho más grande que su propio ser: era eleco de todas las fuerzas naturales, lasabiduríade los que vinieron antes que él, laluz ancestralque siempre lo había acompañado. Mientras Peter luchaba por mantener su propio control,Bernardo ya era parte de la tierra, parte delciclo eterno.

Laesfera de manáque se formaba frente a Bernardo era más que solo energía. Era un reflejo de surenacimiento, de todo lo que había sufrido y perdido, y de todo lo que ahora podíaalcanzar. Eldestello de luzque la rodeaba no solo iluminaba su cuerpo, sino que parecía atravesar sualma misma, como si la naturaleza estuviera reconociéndolo por fin.

Duranteaños de sufrimiento, elmanáhabía sido sucondena, unveneno que lo desangraba, unremolino de dolorque lo atormentaba cada día. Sucuerpohabía sido su propioenemigo, rechazando el poder que ahora se volvía sualiado. El maná, esafuerza vitalque lo habíadesterrado, ahora se sentía cálido,suave, como unacaricia de la tierra misma, como si el mundo lo estuvierarecibiendo de nuevo, como si fuera unhijo pródigoregresando a suhogar.

Cada gota de maná que fluía por sus venas no era una amenaza.No más.Esta vez, elpoderno lodestruiría, sino que loalimentaba, lofortalecía, como un abrazo defuerzaque le prometía unasegunda oportunidad. Elmanáera suyo ahora,se fundía con su ser, y él erauno con la naturaleza, con todo lo que siempre había soñado alcanzar, pero que había temido por tanto tiempo.

Laenergía acumuladaen la esfera comenzó arevolotear, avibrarcon una intensidad tanabrumadoraque parecía que el propiocielo se partiera. Elbrillode la esfera erairresistible, como unaluz cegadoraque ya no era solo el producto de su habilidad, sino unsímbolo de su renacimiento. La sensación decalidezlo rodeaba,llenándolo de vidamientras el poder alcanzabasu punto álgido. Por primera vez, sentía que ya no era unreceptor de sufrimiento, sino unhacedor de su destino.

Y esaenergía infinitaque lo envolvía no era solo unpoder imparable, sino unsueño cumplido, eléxito definitivosobre los años de sufrimiento. Elhombreque una vez temió almaná, ahora lodominaría.

ElgritodeBernardoatravesó el aire como unaonda de choque, cargada de furia y determinación. Cadapalabraera uneco de venganza, una respuesta a lassufrimientosque había soportado, a lashoras de agoníaen que elmanálo habíadevorado. Ahora, con el poder de latierray eluniversoa su disposición, ya no habíalímitespara él. Esa sonrisa, que antes representaba unsufrimiento callado, se transformaba en unadeclaración de guerra.Bernardoya no era el mismo hombre.

Laesfera de manáestalló en un resplandor cegador, iluminando elpaisajecon undestello tan intensoque hacía que las sombras parecieran desvanecerse ante sumagnificencia. Era como si todo eluniversohubierarespiradoa través de sucuerpo, como si elsuelo bajo sus piesle respondiera con unrugido interno. El poder acumulado en suinteriorno solo se desbordaba, sino que parecíaromperlas cadenas de todo lo que había sido.

Veamos si soportas esto—repitió, esta vez con unarisa bajaque vibraba en supecho. Elmanáque rodeaba su cuerpo seconvulsionaba, en un torbellino que casi parecía tener vida propia,ansioso por salir, por destruir, porliberarlo de su sufrimiento eterno.

En ese mismo instante, unaoleada de energíase disparó haciaPeter, quien no podía más quemirarlocon una mezcla deasombroyterror. El aire secargó de electricidadmientras el poder deBernardoavanzaba como unrayo, imparable y absoluto. Laluzque emanaba de él ya no era sololuminiscencia: era unafuerza primordial, elúltimo alientode un hombre que había sidorotopor la vida y ahora se encontrabarenacido.

El suelo bajo sus pies crujió, como si la propianaturalezaestuviera respondiendo a sugrito. En ese momento, todoen el universopareció detenerse. Labatallano era solo entrehermanos, no solo entredos guerreros... era un choque entrefuerzas primigenias: lavenganzade un hombre que había sidodespojadode su humanidad, ahora dispuesto a tomar lo que le pertenecía.

Laexplosióndemanáfue tan intensa que elaire mismo temblóbajo su impacto. Elchoqueentre las esferasvibrócomo untruenoen un cielo cargado deiraydesesperación. Elresplandoriluminó todo a su alrededor, bañando la escena en unaluz cegadora, mientras lasondas de energíase extendían con tal fuerza que elsuelocomenzaba afracturarsebajo el peso de su poder. Cadaonda de choqueera una réplica delgritointerno de ambos hermanos, un grito que retumbaba en susmentesy que parecía resonar en losrincones más oscurosde sus almas.

Petersostuvo su posición, susonrisa desafiantecomenzando adesvanecersemientras sentía el poder deBernardoarrastrándolo. La luz que emanaba de su hermano era más que unpoder físico; era como si lafuerza misma de la naturalezaestuvieraalimentándolo, imparable y voraz. A pesar de suconfianzay su habilidad, ladiferenciaen la intensidad delmanáera innegable, yPetercomenzó a sentir cómo lapresiónlooprimía.

No perderé—repitióPeter, pero lafuerzade su voz temblaba bajo lacrecientetormenta de energía que envolvía todo a su alrededor. Sus palabras eran unafarsa, un intento de ocultar el miedo que comenzaba adesbordarsede su pecho. Lascostras de arroganciaque lo cubrían seagrietabanfrente a la magnitud de lo que estaba sucediendo.

Ambos hermanos estabanconscientesde lo que estaba en juego.Bernardono solo luchaba porsuperara su hermano; luchaba porredimirsu existencia, por encontrar unpropósitodespués de tantosufrimiento.Peter, en cambio, luchaba pormantenerlo que creía que era suyo, porpreservarsuorgulloy el control sobre sudestino.

Con cadachoquede sus poderes, el suelo seagrietabay laatmósferase llenaba de una tensión palpable. Laluzy laoscuridadse entrelazaban en una danza defuerzas cósmicasque parecían chocar no solo en elmundo físico, sino también en suscorazones. Elfuturode ambos hermanos estabaen juego, y en ese instante,Bernardosabía que ya no quedabavuelta atrás. Estabatallano era solo una lucha por lasupervivencia, sino pordefinirquiénes serían en esemundo.

La energía que rodeaba aBernardocontinuabacreciendo, iluminando el aire a su alrededor con unafuria cegadora. Lassombrasde su pasado, las que siempre lo habían perseguido, se desvanecían bajo laluzque emanaba de él. En ese momento, sentía que ya no eraun hombre roto, sino unafuerza puraque desafiaba su propio destino.Peter, aunque lo intentara con todas sus fuerzas, no podíadetenerlo.

—Eso es, mocoso. Al menos no eres tan lamentable —la voz volvió a expresarse con clara diversión por lo que sucedía.Era una voz que parecía disfrutar del conflicto, como si alimentara su esencia con cada golpe intercambiado entre los hermanos.

Las esferas de maná chocaron, provocando una explosión de energía que iluminó el callejón con una luz cegadora.El resplandor era tan intenso que momentáneamente borró las sombras, revelando la cruda realidad del enfrentamiento.

Bernardo sintió cómo su vitalidad se desvanecía, y su corazón, ya calcificado, se desgarraba, provocándole un dolor casi insoportable que parecía atravesar su pecho como dagas ardientes.Cada latido resonaba como un rugido atronador que se repetia una y otra vez en su mente, recordándole lo que estaba en juego.

El eco de losgolpesresonaba en el aire, unasinfonía de caosalimentada por el odio y la desesperación. Lavoz desconocidaseguíadivirtiéndosecon el sufrimiento deBernardo, como si disfrutara de su agonía, como si sudolorfuera unacomediamacabra.Bernardo, con cada respiración, sentía cómo sucuerpose desmoronaba bajo el peso de la batalla, pero suvoluntadseguía ardiendo con unfuego inextinguible. Lavitalidadque se desvanecía solo le daba más fuerza para seguir adelante; latensiónen su pecho, el dolorcasi insoportable, era solo una parte de lo que le impulsaba a continuar, un recordatorio brutal de lo que su vida había sido y de lo que aún podía llegar a ser.

Laexplosióndeenergíaera tanviolentaque lassombrasse disiparon momentáneamente, como si elmundomismo estuviera observando labatallaentre los hermanos. La luz cegadora reveló, aunque por un instante fugaz, lacruda realidaddel enfrentamiento:BernardoyPetereran más que dosguerrerosluchando porsupervivir. Eranreflejos distorsionadosde sí mismos, enfrentándose no solo en el campo de batalla, sino también en lasprofundidadesde sus propiasalmas.

CadalatidodeBernardoera como unrugido atronadordentro de sumente. El dolor no solo recorría su cuerpo, sino que segrababaen supsique, recordándole que lamuerteya estaba tan cerca, tanreal. Pero esa cercanía no era suficiente paradetenerlo. El dolor, el sufrimiento,alimentabansufuerza.Cada latidoque desgarraba supechole daba una razón más para seguir luchando.

No te detengas ahora, Bernardo—la voz seguía, burlona, como uneco lejanoque lo empujaba a seguir adelante, a ignorar loslímitesde su propio cuerpo. PeroBernardono se dejaba llevar por lavozni por el dolor. Había algo más profundo, másoscuro, que lo mantenía de pie. Algo que sedespertóen su interior con el primer destello deluz.

Laexplosióndemanádejó el aire cargado detensión.Peter, aunque todavía en pie, estaba claramente afectado por el poder de su hermano. PeroBernardo, aunqueheridoy al borde del colapso, sentía cómo elmanáfluía a través de él, como si elmundole estuvieraofreciendosu últimoaliento.

Elcalordel maná lo envolvía con unasensación cálidaque contrastaba con el fríovacíoque sentía en su pecho. Pero esacalidezera más que física. Era lapromesade que, incluso en susúltimos momentos, aún podíavengartodo lo perdido, redimir lo que había sido arrancado de él.Peter, su hermano, podía ser el obstáculo, pero no era más que unaparte de su historia, unapiedra en el caminoque debía sersuperadapara alcanzar lo que le correspondía.

Lo lograré...—murmuróBernardo, apenas audible, pero cargado de unaintensidadque parecía desafiar toda lógica. Losvientosde la tormenta que se desataba alrededor de él comenzaban aceder, y undestello finaldeluzlo rodeó mientras la batalla llegaba a suclímax.

Pero aun así, se negó a morir de esta manera.

El odio deBernardohacia supadreera una llama que loconsumíapor dentro, quemándolo con una intensidad que no podía apagar. Cada recuerdo de esatraición, de cómo había sidoutilizadocomo un simplesacrificiopara fortalecer a su hermano, lo hacía arder en un fuego incontrolable. Cadalatidode su corazón, cadarespiración, parecía marcar el peso de esatraición, un dolor que se grababa en su ser,más allá de lo físico.

El rostro de supadre, con su expresiónvacíay su constante intento deconsuelo, se presentaba en su mente una y otra vez, como un espectro imposible deescapar.Bernardosentía cómo ese hombre, el mismo que le habíadado la vida, lo había convertido en unapieza de sacrificio, unamera herramientapara su hermano.

Peter,el hijo menor, había sido elfavorecido, mientrasBernardose desangraba,roto, víctima de un planinsidiosoque había sido forjado mucho antes de su nacimiento. Y laimagende ese hombre,sumisoante las circunstancias, aceptando que su hijo mayor fueraentregadocomo unaofrendapara alimentar el poder de su hermano, era algo queBernardono podía perdonar. Cada miradacompasivaera un recordatorio de lamentiraque había sido su vida, un recordatorio de quenuncahabía sidoamadopor quien debía protegerlo. El dolor deBernardono solo venía del sacrificio, sino deverlocada día, y cada día era comodesgarrar una heridaabierta que nuncasanaría.

Elascose infiltraba en su mente, unasensaciónque lo devoraba, que lo impulsaba a actuar con una furia ciega hacia supadre. Él no era más que unfantasma, un recordatorio de que el amor en su familia no había existido, de que el sacrificio de su ser no había sido más que unamoneda de cambioen una guerra que nunca pidió librar.

Bernardono iba a ceder ante esamentira, y no dejaría que su destino fuera determinado por los caprichos de aquellos que nunca lo entendieron. Con cada impulso deodio, con cada chispa de esarabia acumulada, se alzabamás fuerte. Mientras su cuerpo colapsaba, el deseo de venganza seguíafirme, como unasombraque lo arrastraba hacia adelante. No moriría de esta manera,nodejaría que esa historia terminara así.

Te odiaré hasta el final—murmuró, su voz profunda y llena deveneno, como si el simple hecho de pronunciarlo pudiera darlefuerzapara continuar. Laluzde la batalla lo envolvía, pero dentro de él, unanoche oscuraseguíacreciendo, alimentada por cada recuerdo y cada doloroso suspiro de su existencia.Bernardono tenía miedo. Lo que temía era morir sin habervengadolo que le había sido arrebatado.

ElresentimientodeBernardose desbordaba con cada pensamiento que cruzaba su mente.La ideade terminar su vida comoun sacrificiomás, uninstrumentodescartable en laluchapor más poder, lodesgarrabapor dentro.La rabialo consumía, un fuego incontrolable que loempujabaa actuar, alucharcon una fuerza nacida del mismodesprecioque sentía por supadre.

Este hombre, que le habíadado la vida, no era supadre. Eraun traidor, unmonstruoque había vendido a su propiohijopara alcanzar susambiciones.Peter, su hermano, era solo unapieza másen un juego queBernardonunca aceptó. Pero él,Bernardo, no había sido más que un peón, unaherramientadesechable parafortalecera un hijo cuya vida nunca había sido más valiosa que lasangrede los sacrificios.

Latraiciónno era un simple acto de deslealtad; era unaherida profundaque atravesaba su alma. Un dolorincurableque no podía ignorar, y que solo se volvía másinsufriblecon cada recuerdo.Su padreno solo lo había entregado por poder, sino que, además, habíadisfrutadode eseéxito, sintiendo cómo elsacrificiode su propio hijo le daba el derecho deacostarse con la madre de Peter, dedisfrutarde un poder que nuncamereció.

LafuriaqueBernardosentía lo hacía temblar. Cada imagen de su padresonriendo, sintiendo que había logradocontrolarel destino de su hijo, lo llenaba de unascoindescriptible. Elhombreque debería haber sido suprotectorera laraízde su tormento, y latraiciónde este levació el alma, como una herida que no deja de sangrar.

Nunca olvidaré lo que me hiciste, viejo. Nunca.—el susurro deBernardoresonó en su mente, tan oscuro como lafuriaque sentía en su interior. Sabía que el final de esta batallano sería sencillo, pero senegabaa ser otro sacrificio más en una historia dementirasytraiciones. Élnosería la víctima esta vez.Bernardono dejaría que su vida terminara como unasombrade lo que podría haber sido.

El sacrificiode su ser, de suexistencia, no sería en vano.El poderde suiralo alimentaba, y con cadalatidode su corazón, sentía cómo el destino sereescribía. Sufuerzano era solo una cuestión de magia o habilidades; era una cuestión dedignidad, derecuperarlo que le había sido arrebatado.No sería una víctima.

Bernardo no necesitaba cerrar los ojos para ver la escena en su mente.El caosque su madre desató enese lugar, la furia tan pura y devastadora, seimpregnóen su alma como unamarca indeleble.Henry, su padre,desgarrado, su rostro congelado en una expresión dehorrormientras la venganza de su madre se desbordaba con una intensidad que superaba todo límite humano.

Ella había sidoun huracánderabiaydolor, desatada por las mentiras, las traiciones y laspromesas rotas.Bernardohabía sido testigo de laviolenciade su madre, quien se deshizo deHenrycomo si fuera un insecto, sin compasión, sin remordimiento. El hombre que había causado tanto sufrimiento, que habíaperpetradolamentiraque marcó su vida, fue arrancado de este mundo con una brutalidad que solo elodio más puropodía justificar.

Lafuriade su madre no conoció límites. Cada golpe, cadadesgarro, fue un grito mudo contra todo lo que había sufrido.Bernardosintió que su propia alma sequemabamientras veía como su madre sedeshacíade todo lo que representaba el maldito legado que supadrehabía dejado. Pero eso no fue lo más aterrador de la escena.

Lo quecasi hizocon la madre dePeteraún le helaba la sangre. Laincreíblecontención que su madre había tenido al saber queella estaba embarazada. Esaúnicapausa, esafragmentadabrecha de humanidad, había sido lo único que evitó un segundomasacre.Bernardocomprendió en ese instante que, a pesar de toda la violencia que su madre llevaba dentro, el instinto protector hacia unamadre embarazadaera algo más fuerte que su propiavenganza.

Ese impulsoprimitivo, eseinstintotan arraigado en la naturaleza humana, se convertía en el último vestigio de lo que quedaba de humanidad en ella.Aunque ambos compartían el mismo dolor, la misma historia detraición, ella no había sido capaz dedestruira alguien que estabacargandocon una nueva vida. No importaba cuán destrozada estuviera por dentro, había algo en sumaternidadque la mantenía almargende lo irreparable.

Bernardomiró atrás y entendió que ese momento, esadecisiónno solo había marcado a su madre, sino también a él. Había presenciado el poder destructivo dela venganza, pero también lafragilidadde aquellos que, incluso siendofierasde guerra, se ven doblegados por uninstintomucho más fuerte. Y aunque esa historia devenganzano terminó con su madre,Bernardoahora la veía en unnuevo contexto: eldesgarrador precioque pagaron las mujeres que se vieron atrapadas entreel amory elodio, entre laproteccióny eldesgarro.

El sacrificiono solo había sido suyo.

El recuerdo deHenry, patético ydesgarrado, se incrustó en su mente como unaobra maestra de justicia retorcida. Supadre, aquel hombre que lo había condenado desde su nacimiento, yacíaarrastrándoseen su propia miseria, con lastripas esparcidasen el suelo, sus manos temblorosas intentandosujetarlo que se deslizaba fuera de su abdomen. .Rogaba.

Pero ya era demasiado tarde.

Lasangreformaba un charco denso a su alrededor, un reflejo perfecto de lacorrupcióny latraiciónque lo habían definido en vida. Cadajadeo agonizantede supadreera como unasinfoníade justicia; cadalatido débil, un recordatorio de que el destino esimplacablecon quienes creen poder jugar con la vida de los demás sin consecuencias.

¡No toques a mi esposa! ¡Por favor! ¡Por favor!—había gritado Henry con lavoz ahogadapor la sangre que subía por su garganta. Sus ojos, desorbitados, miraban con desesperación a la mujer que, hasta ese momento, había sido intocable parala furia de su madre.

Bernardo sonrió.

No porque disfrutara de la desesperación de ese hombre —aunque, en cierto modo, lo hacía— sino porqueel cicloal fin se había cerrado.Cada lágrima, cada herida, cada grito sofocado en la oscuridadhabía encontrado su respuesta en esabrutal ejecución.

Y, sin embargo,su madre se detuvo. No porpiedad, no por compasión hacia la mujer que había tomado el lugar que alguna vez le perteneció.Se detuvo porque dentro de ella aún quedaba una chispa de humanidad.

Bernardo dejó escapar una risa amarga, seca, cargada de un odio que nunca se apagaría.

Henry humillado en el suelo, en la mismaposiciónen la que alguna vez quiso mantener a suprimogénito:humillado, vulnerable, roto. Pero la diferencia era clara.

Bernardo se había levantado.

Mientras la energía del maná seguía fluyendo a través de él, Bernardo sintió cómo cada recuerdo doloroso se transformaba en combustible para su lucha.La rabia lo envolvía como una armadura impenetrable; estaba listo para enfrentar no solo a Peter sino también a los demonios de su pasado.No permitiría que el sacrificio fuera en vano; cada golpe y cada lágrima contaban una historia que debía ser escuchada y reconocida.

La energía delmanáno solo fluía dentro de él, sino que ardía, vibraba con una intensidad que nunca antes había sentido.Bernardono era solo un combatiente en esta batalla; era un testamento viviente dedolor, traición y venganza.

Cada latido de su corazón deformadollevaba consigo la memoria de su infanciarobada, de las noches interminables donde sucuerpo lisiadoardía con un fuego frío, consumido por la desesperación de haber nacido comoun simple sacrificio. Ahora, ese mismo fuegolo fortalecía, lo reconstruía desde dentro.

Sus ojos, brillando con un resplandorsobrenatural, se fijaron enPeter, su medio hermano, el hijofavorecido.El legítimo. El protegido. El hijo por el que fue entregado.

No.

No volvería a seruna ofrenda.No volvería a inclinar la cabeza.

¡Peter!—rugió con un tono que hizo vibrar el aire—.¡Te enseñaré lo que significa cargar con un destino maldito!

La esfera demaná blancoen su manose expandiócomo un sol naciente, iluminando su figura con un resplandorabrasador, cargado de toda la furia contenida en su alma.

Peterapretó los dientes, sintiendo la presión del poder de Bernardoasfixiar el espacio a su alrededor. Su propia esfera de maná tembló ante la intensidad creciente de su hermano.Por primera vez en su vida, sintió que estaba en desventaja.

Pero Bernardono lo dejaría escapar.

No hoy. No jamás.

Mientrassu madrelo miraba con aquellasonrisa de suficiencia, él sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No era una simple expresión de confianza, no... era algo más profundo, más retorcido.Un desprecio absolutono solo por su adversario, sino por todo lo que representaba.Su mirada escudriñaba la escena con un juicio cruel, como si estuviera presenciando algo repulsivo que apenas merecía su atención.

A diferencia de ti, ella y toda sumiserable familiano atacaron aniños... y mucho menos a uno queaún está en el inmundo vientre de su madre.

Maríaescupió las palabras con veneno, sin apartar la vista de lamujer en el suelo, queparecía encogerse ante su presencia.Ojos desorbitados, labios temblorosos, la piel perlada de sudor frío.Su respiración era errática, apenas lograba articular palabra.La cruda realidad se desplomaba sobre ella, estrangulándola en su propio miedo.Sabía lo que venía.

El aire se volvió denso.El ambiente cargado de tensión y peligro era sofocante.El temblor en las manos de la mujerla delataba; quería moverse, quería hacer algo... pero el terror la tenía atrapada.María la miraba como un depredador que saborea el miedo de su presa antes de acabar con ella.

¿Y qué harás ahora?—su voz sonó con un retorcido tono de burla—.¿Suplicar? ¿Llorar? ¿Decirme que tienes miedo?

Cada palabra eraun puñal clavado en la dignidad de la mujer, que apenas pudo apartar la vista. PeroMaría no estaba dispuesta a permitirle el lujo de desviar la mirada.

No, no... Mírame. Mírame y dime si vale la pena rogar por tu vida.

El suelo estaba manchado de sangre, pero aún no la suya.

La sangre aún goteaba de sus dedoscuandola madre de Bernardotomóel frágil rostro de la mujer entre sus manos.La piel temblorosa bajo su tactole pareció un recordatorio delicioso de lo fácil que sería aplastarla como a un insecto.El miedo en los ojos de su víctimaera un reflejo perfecto del poder que ostentaba en ese momento.

Laexpresión de la mujer era un torbellino de emociones, un desesperado intento por aferrarse a la esperanza mientras el pánico la dominaba.Las lágrimas amenazaban con derramarse, pero ella sabía que sollozar solo haría que su verdugo disfrutara más de la situación.

La madre de Bernardo inclinó la cabeza con una sonrisa serena y cruel, una mezcla de compasión falsa y amenaza latente.El filo de su voz cortó el airecon una dulzura peligrosa:

Agradece a tu hijo que tu rostro siga intacto.

Cada palabra cayó como una sentencia.La mujer sollozó entre dientes, reteniendo un grito de horror, pero su captora la sostuvo con más fuerza, asegurándose de que no pudiera apartar la mirada.

Porque recuerda...—continuó, su tono tornándose un susurro helado, cargado de una malicia inquebrantable—en el momento en que mi hijo sea sacrificado... tú y él morirán de la forma más brutal que se me pueda imaginar.

El terror puro estalló en los ojos de la mujer, quieninconscientemente llevó las manos a su vientre, protegiendo lavida que crecía en su interior.Pero no había escapatoria.No había negociación posible.

La madre de Bernardo le ofreció una última sonrisaantes de soltarle el rostro bruscamente, como si el contacto con su piel la repugnara.El eco de su advertencia quedó suspendido en el aire, sofocante, ineludible.

La atmósfera se volvió asfixiante, como si el aire se hubiera vuelto denso y opresivo, cargado de un peso invisible que presionaba contra el pecho de la palabra de la madre de Bernardo era un puñal frío que se clavaba más hondo en su carne, en su mente, en su alma.

No solo torturaré tu forma física...—su voz descendió a un susurro venenoso, envolviendo a su víctima con su amenaza—tu alma será encarcelada hasta el final de mis días.

El rostro de la mujer palideció aún más, su respiración se tornó errática.No era solo una amenaza de muerte,era una condena eterna, una promesa que se extendería más allá de la carne, más allá del sufrimiento humano.Un horror más allá de la comprensión.

La madre de Bernardo sonrió entonces, un gesto que no tenía nada de calidez.Sus labios se curvaron con una burla cruel, un eco de desprecio puro hacia la mujer que temblaba ante ella.

Así que sé feliz, querida—dijo, su tono burlón impregnado de una ironía venenosa—,el día de hoy te has hecho enemiga de una madre que sabe que no puede hacer mucho.

La ironía de sus palabras era un filo doble que cortaba tanto a su enemiga como a sí misma.Sabía que, atrapada en este juego macabro, su capacidad de actuar estaba limitada...pero no por siempre.

Los ojos de la mujer, cargados de miedo, buscaron una salida, una esperanza que no existí la mirada que la sostenía era la de una madre desesperada, una madre que había perdido demasiado, y una madre que estaba dispuesta a arrastrar a todos al abismo con ella si era necesario.

Bernardo suspiró, dejando que el recuerdo se asentara en su mente como una brasa ardiente.Era, irónicamente,uno de sus mejores recuerdos, una mezcla deorgullo y tristeza, un fragmento del pasado donde su madre,como una leona furiosa, había dejado claro que no habría piedad para quienes amenazaran a su hijo.

Pero también sabía la verdad oculta tras esa desesperació inevitabilidad.

No importaba cuánto rugiera, no importaba cuánto amenazara.El destino ya estaba escrito en sangre.

Bernardo lo entendí lo había entendido.

Sabía quePeter y su futuro hermano menor estarían protegidos. Larama principal de la familia Q'illuse encargaría de ellos, asegurándose de que su linaje permaneciera intocable.Pero el resto...

El resto eran simples piezas de un juego cruel.

Los colateralessiemprehabían sido prescindibles. Siempre lo habían sido en esa familia.Y él lo entendía mejor que nadie.

Bernardo lo sabía.Si él moría esa noche,no solo la sangre de su padre empaparía la tierra, sino que toda la rama colateral pagaría el precio.No quedarían cuerpos enteros, no habría sepulcros ni tumbas.Solopedazos esparcidos, vísceras destrozadas y huesos pulverizados bajo la furia de quienes aún le eran leales a su madre.

Y eso no sería lo peor.

Los cuerposnoserían dejados a la naturaleza ni al olvido.Serían arrojados a las bestias, no para ser devorados al instante, sinopara ser profanados, mutilados y convertidos en carne irreconocible, hasta que lo que antes fueron personasse redujera a meros despojos, a restos sin identidad ni dignidad.

Esa era la profundidad de la locura en la que su madre se hundí era la furia de una mujer que sabía que, contra la familia principal, no tenía poder suficiente para reclamar justicia...

Pero sí tenía suficiente odio paradejar una cicatriz imborrable en la tierra.

Peter sintió un escalofrío recorrer su espalda.La llama blancaque envolvía el cuerpo de Bernardono solo era intensa, era algo primitivo, abrumador, un fuego que no solo destruía, sino que devoraba todo lo que tocaba.

El callejón tembló.Las paredes ennegrecidas crujieron y se resquebrajaron, el suelo se partió bajo la presión del maná condensado en aquella luz incandescente.El aire se volvió irrespirable, cargado de energía pura y asesina.

Peter apretó los dientes, sintiendo cómo la presión sobre su cuerpo aumentaba.Era como si la gravedad misma estuviera intentando aplastarlo.No podía negar lo evidente: su hermano mayor estaba alcanzando un nivel que jamás había imaginado.Pero no podía permitirse retroceder.

¡Tch...!—Peter frunció el ceño, llevando su propia energía al límite.Si su hermano iba a pelear con todo, él también lo haría.

Bernardo, por su parte, no apartó la vista de su hermano.La rabia aún ardía en su interior, pero ahora estaba fría, afilada.No iba a ser un sacrificio. No iba a ser un desperdicio.Si iba a morir... entonces dejaría algo en este mundo.Algo queni su padre, ni la maldita familia Q'illu, ni nadie podría ignorar.

Con una determinación renovada, Bernardo se agachó.Su mano sangrante tocó el piso, y las gotas de esencia roja comenzaron a viajar por todo su cuerpo, alimentando la llama que ardía en su interior como un fuego sagrado.Cada gota era un recordatorio de su sufrimiento, pero también un símbolo de su resistencia.La sangre, que había sido una fuente de dolor, ahora se convertía en poder.

—¡No seré solo un sacrificio! —gritó con todas sus fuerzas, sintiendo cómo la energía crecía dentro de él, desafiando el dolor y la desesperación que lo habían perseguido durante tanto tiempo.Su voz resonó en el callejón, un eco de desafío que retumbaba en las paredes y llegaba a los oídos de su hermano.

Peter sintió un escalofrío al escuchar aquellas palabras.No era solo un grito de rabia, era un rugido de alguien que se negaba a desaparecer.

La sangre de Bernardocontinuó expandiéndose por su cuerpo, fusionándose con el maná que ardía a su alrededor.La llama blanca brilló con más intensidad, pero ahora tenía un matiz carmesí, como si su propia esencia se estuviera mezclando con el fuego destructivo.El suelo bajo él se resquebrajó aún más, incapaz de soportar la presión de su energía.

Peter entrecerró los ojos.El aire se sentía espeso, pesado, como si estuviera siendo absorbido por la fuerza arrolladora que Bernardo estaba desatando.

Entonces, demuéstramelo...—respondió Peter, su tono calmado, pero con la firmeza de alguien que no retrocedería.

El maná comenzó a girar a su alrededor como un torbellino imparable.Sus propios poderes respondieron al desafío de su hermano, vibrando con un tono más oscuro y denso.No era solo un enfrentamiento de habilidades; era un choque de voluntades, de pasados manchados por el mismo dolor y la misma traición.

Las llamas de Bernardo rugieron, y en ese instante,el verdadero combate comenzó.

La atmósfera se cargó de electricidad mientras la llama blanca se intensificaba, iluminando el callejón con un brillo casi celestial.Era como si el mismo cielo respondiera a su llamado, llenando el aire con una energía palpable que hacía vibrar el suelo bajo sus pies.Peter retrocedió, sintiendo el poder creciente de su hermano; la sorpresa y el temor se mezclaban en su mirada.

El aire se volvió denso y espeso, como si la misma realidad se estuviera curvando alrededor de la furia de Bernardo.La energía era tan intensa que la humedad en el ambiente se condensó, formando gotas de sudor que caían por la frente de Peter.Era como si el mismo maná estuviera dispuesto a devorar todo a su paso, devorarlo a él también.

Peter no podía permitir que la situación lo superara.Su respiración se hizo más pesada, pero su expresión permaneció desafiante, incluso mientras sus pies se hundían en el suelo rostro de Bernardo estaba iluminado por el brillo cegador de su propia energía, sus ojos desbordando furia y determinación.Cada movimiento suyo era una explosión de pura potencia, como si el aire mismo se agitara a su alrededor.

¡No vas a ganarme, Bernardo!—exclamó Peter, con la voz más firme que pudo encontrar, pero incluso en sus palabras había un susurro de duda.El brillo blanco de la llama iluminó su rostro con una intensidad que casi lo cegó, mientras él levantaba su mano hacia el cielo, canalizando su propio poder.

El choque entre los dos hermanos no era solo físico; era un choque de destinos entrelazados por la traición, el odio y las decisiones de generaciones pasadas.En ese instante, el callejón parecía volverse un campo de batalla cósmico donde el futuro de ambos hermanos se decidiría en un solo aliento.El suelo se agrietó aún más, y el eco de sus poderes resonó en la distancia, llamando a todas las fuerzas del mundo a presenciar lo que estaba por suceder.

Peter y Bernardo sabían que este no era un combate común.Era la culminación de años de sufrimiento, rabia, y dolor acumulado, destilado en una confrontación que decidiría no solo sus destinos, sino también el de todos los que alguna vez los conocieron.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Peter, su voz temblando ligeramente ante la magnitud del poder que emanaba de Bernardo.Había visto a su hermano luchar antes, pero nunca así; nunca con tal intensidad y determinación.

—Facil, tener mas poder —respondió Bernardo, levantando la vista hacia su hermano con una mirada decidida.Sus ojos brillaban con una intensidad feroz; en ese momento, no era solo un hijo o un hermano, sino un guerrero listo para reclamar su lugar en el mundo.

La tensión en el aire se volvió casi tangible, como una cuerda tensada a punto de romperse. El poder de Bernardo era algo que no solo se podía ver, sino sentir; un zumbido en el aire, un estremecimiento en el suelo, como si la misma tierra temiera lo que estaba por desatarse. Peter dio un paso atrás, su respiración entrecortada, pero su orgullo no le permitió retroceder más.

¿Más poder?— replicó, su voz un susurro desafiante, intentando mantener la compostura a pesar del miedo que comenzaba a invadirlo. Sus ojos se entrecerraron, buscando una debilidad, algo que pudiera utilizar en su favor. Pero no lo había. Bernardo estaba más allá de su alcance, y la tormenta de maná que lo rodeaba era el testamento de su decisión.

Bernardo no respondió de inmediato, no necesitaba palabras. Su mirada fue suficiente; en ella se reflejaba no solo su hambre de poder, sino el deseo de venganza y justicia que ardía en su pecho. Esa llama blanca, ahora más brillante y viva que nunca, giraba a su alrededor como un círculo de condena, creando una atmósfera tan densa que el aire mismo parecía arder.

El sacrificio de mi vida no será en vano.— La declaración de Bernardo fue como un juramento sagrado, sus palabras llenas de la furia de años de dolor y traición. Los recuerdos de su madre, el sufrimiento de su familia, todo lo que había perdido, ahora se transformaba en una fuerza incontrolable.

Peter lo miró, su rostro tenso, reconociendo que esta vez no era solo una pelea entre hermanos; esta era una guerra. El maná de Bernardo no era solo un poder, era una manifestación de todo lo que había sufrido, de todo lo que había soportado en silencio. La diferencia entre ellos no era solo física, sino profundamente emocional, y esa diferencia iba a definir el destino de ambos.

La tierra bajo sus pies comenzó a crujir, como si el mismo universo estuviera observando en silencio.

Si piensas que el poder te hará ganar esto, estás equivocado.— Peter apretó los dientes, sus ojos ardiendo con una determinación que rivalizaba con la de su hermano. Pero sabía que había algo más en juego, algo mucho más grande que su orgullo o su ambición.

La lucha entre ellos se intensificaba; cada golpe y cada habilidad eran un testimonio del conflicto que había estado latente durante tanto tiempo. Era un enfrentamiento no solo físico sino también emocional; cada movimiento estaba cargado de resentimientos pasados y esperanzas futuras. Bernardo estaba listo para enfrentarse a su destino y reclamar momentáneamente su lugar en el mundo. La llama dentro de él ardía más brillante que nunca, simbolizando no solo su lucha por la supervivencia sino también su deseo de ser reconocido como algo más que un simple sacrificio.

El aire se volvió denso, impregnado con el choque de energías que los rodeaban. La vibración del maná era casi insoportable, recorriendo el suelo y las paredes del callejón como una presión constante, como si el mismo espacio entre ellos se retorciera bajo la intensidad de sus poderes.

Cada movimiento de Bernardo era una extensión de su dolor, de su rabia acumulada.El golpe de su puño contra el airehacía que el maná se comprimiera con tal fuerza que las llamas a su alrededor se extendían como serpientes voraces,devorando todo lo que tocaban. Cada vez que la llama blanca se alzaba,el fuego no solo iluminaba el callejón, sino que reflejaba la ira y el sufrimiento que llevaba dentro.Era un testamento de su resistencia, una furia que había nacido de la traición, pero también de la necesidad de ser algo más que una sombra del pasado.

Peter, por su parte, luchaba con la misma intensidad, pero su lucha no solo era externa.El dolor de la relación rota con su hermano, el peso de la familia que los había separado, todo eso lo atormentaba mientras combatía. Cada vez que se encontraba cara a cara con Bernardo, el remordimiento y la incertidumbre de su propia identidad se reflejaban en su mirada.No solo peleaba por vencer a su hermano, sino por resolver una verdad que nunca había tenido el valor de enfrentar.

¿Por qué no entiendes que esto no es solo por el poder?—gritó Bernardo entre dientes, su voz temblando de rabia y frustración, pero también cargada de una triste determinación.El peso del sacrificio de su madre, de todo lo que había perdido, lo había transformado en algo más que un simple combatiente. Era unafuerza arrolladora, dispuesta a destruir todo lo que se interpusiera en su camino.No solo luchaba por venganza, sino por redención, por encontrar un propósito que nunca había tenido la oportunidad de forjar.

Peter se mantuvo firme, pero su respiración se volvió más errática.La tormenta de maná que su hermano desataba parecía tragárselo. Su cuerpo, aunque lleno de poder, comenzaba a ceder a la magnitud de la energía desbordante.El poder de Bernardo era más que palpable.Era una manifestación de su sufrimiento, un sufrimiento que nunca había sido comprendido por él.

Lo que no entiendes, Bernardo, —respondió Peter con voz grave, aunque entrecortada—es que no quiero destruirte. No quiero que esto sea el fin. Pero en su interior, el miedo comenzó a crecer. Sabía que, al final, no podía dejarse llevar por las emociones; si lo hacía, sería su caída.

El choque de fuerzas siguió resonando en el aire.Cada habilidad, cada ataque parecía retumbar como una sinfonía desgarrada, una danza de destrucción y desesperación. No era solo una batalla por la supremacía; era la lucha de dos seres que, aunque unidos por la sangre,habían sido separados por el destino, por las decisiones que tomaron y las cicatrices que nunca sanarían.La llama dentro de Bernardo continuaba creciendo, transformándose en algo incandescente; su deseo de ser reconocido, su lucha por un futuro que no fuera marcado por su destino de sacrificio, lo consumían con una intensidad imparable.

El final de este enfrentamiento podría ser la liberación... o el principio de una tragedia aún mayor.

Con cada segundo que pasaba, la tensión aumentaba; el aire estaba impregnado de la promesa de lo que estaba por venir.Bernardo sabía que este era su momento; no permitiría que nadie decidiera por él cuál sería su destino.

La energía en el aire era densa, casi palpable.El suelo vibraba bajo sus pies, resonando con la fuerza de la batalla que se libraba no solo en el plano físico, sino en el alma de cada uno de los hermanos.El maná flotaba alrededor de ellos, formando espirales de luz y sombraque reflejaban la lucha interna que se desataba.El sudor perlaba las frentes de ambos, mientras la fatiga comenzaba a cobrarles factura, pero ni Peter ni Bernardo se detenían. Cada uno sentía que el fin de esta lucha definiría quién serían, ya no solo como hermanos, sino como individuos.

Bernardo, con los ojos brillando con una intensidad feroz, apretó los dientes, sintiendo cómo su cuerpo respondía a la presión de la batalla.La llama interna que lo alimentaba parecía tomar vida propia, creciendo con cada pensamiento oscuro, con cada recuerdo doloroso.La rabia que sentía se mezclaba con la desesperación, pero también con una fuerza renovada que lo empujaba hacia adelante, como un río desbordado que no podía detenerse.

Esto no va a terminar como tú quieres, Peter—su voz resonó en el aire, cargada con la promesa de una verdad dolorosa. No solo luchaba por sobrevivir, sino por hacer que su hermano comprendiera lo que estaba en juego.El sacrificio ya no era una opción;el sacrificio era lo que había sido, lo que le habían impuesto, pero no lo que él iba a ser.

Peter, con el rostro tenso y los músculos rígidos, sabía que no podía seguir siendo pasivo.Cada palabra de su hermano parecía calar hondo en su ser, haciéndolo dudar por un segundo, pero la lucha interna solo le daba más fuerza para seguir adelante.La energía de su propio maná comenzaba a fusionarse con el miedo y la confusión. En el fondo,sabía que esta lucha no solo era por el poder, sino por algo mucho más grande. Un enfrentamiento de identidad, de todo lo que ambos habían perdido y todo lo que ahora se jugaba en ese mismo momento.

Pero Bernardo no iba a ceder.El fuego ardía dentro de él con tal fuerza que parecía fundir la realidad misma, y, al mismo tiempo, su dolor lo mantenía en pie.No era solo el poder lo que lo mantenía luchando; era el deseo de ser libre, de tomar el control de su propio destino, y deromper con las cadenas invisibles que le habían sido impuestas desde su nacimiento.

Era su momento, y nada, ni siquiera su hermano, iba a detenerlo.

El aire se volvió más denso, cada respiración quemaba sus pulmones como si estuviera inhalando fuego.Las piernas de Bernardo temblaron, pero se negó a caer.Su visión borrosa comenzó a llenarse de destellos oscuros y plateados, como si su mente estuviera tambaleándose entre la realidad y algo mucho más profundo.

La sangre brotaba de sus heridas con mayor intensidad, tiñendo el suelo bajo sus pies con un carmesí cada vez más oscuro.El dolor se transformó en un zumbido lejano, como si su cuerpo estuviera dejando de responderle, pero su mente se aferraba a un solo pensamiento.

Entonces lo sintió.

Fue un escalofrío que recorrió todo su cuerpo, una vibración en su alma,una fuerza primigenia que despertaba en lo más profundo de su ser.Era la misma sensación que había experimentado cuando sus habilidades innatas despertaron por primera vez, pero esta vez era algo mucho más abrumador.No era solo un despertar, era una transformación.

Esto era lo que había estado esperando.

No tenía miedo.

Sabía que tarde o temprano esto sucedería.

Un temblor sacudió el suelo,el aire alrededor de él pareció desgarrarse, como si la misma realidad estuviera respondiendo a su llamado. Peter dio un paso atrás, con el ceño fruncido, sintiendo la presión creciente que emanaba de su hermano.La batalla aún no había terminado.

Un calor reconfortante lo envolvió, un abrazo invisible que le recordó a aquellos momentos en que su madre lo sostenía entre sus brazos, protegiéndolo del frío y del dolor.Era un consuelo que atravesaba su carne y llegaba hasta su alma, restaurando algo dentro de él que ni siquiera sabía que estaba roto.

Su cuerpo dejó de temblar.

El cansancio, el dolor y la desesperación fueron absorbidos por esa sensación de infinita calidez.Era como si el tiempo mismo se hubiera detenido para permitirle respirar, para darle un instante de claridad en medio del caos.

Su único ojo, antes de un marrón profundo, cambió.

Un resplandor azul platinado emergió de su iris, irradiando una luz antinatural, casi divina.Las sombras se distorsionaron a su alrededor, el espacio pareció fragmentarse en líneas irreales, como un espejo agrietándose en mil pedazos.La realidad se doblegó ante él.

El poder que dormía dentro de su ser finalmente había despertado.

Rango de Habilidad: SSS — Distorsión Espacio-Temporal

Naturalezas:Espacio, Tiempo y Realidad.

El aire vibró con una frecuencia desconocida, como si el mundo mismo reconociera su presencia.El suelo bajo sus pies se onduló como si fuera agua, las paredes del callejón parpadearon entre múltiples versiones de sí mismas, como si existieran en distintos momentos a la vez.

Peter sintió un escalofrío recorrerle la espalda.No era miedo… era instinto puro.

Su hermano ya no era el mismo.

Bernardo ya no era un simple sacrificio.

Era una anomalía.

Un ser que existía más allá de las reglas del tiempo y el espacio.

Descripción

"Con el nacimiento llega la muerte, y con el final de la vida de los portadores, la realidad, el espacio y el tiempo le conceden una última oportunidad."

Aquellos que despiertan esta habilidad no son simples mortales; son elegidos por las fuerzas primordiales que rigen el universo.El tiempo y el espacio se quiebran en su honor, dándoles el poder de desafiar lo inevitable.

El portador puede crear un Dominio Dimensional, un espacio dondela percepción del tiempo se distorsiona, extendiendo unos cuantos segundos casihasta la eternidad. Dentro de esta prisión de infinitos instantes, el portadortiene el control absoluto de la realidad.

El interior del dominio no responde a las reglas del mundo exterior. Es un planodiseñado por la voluntad del usuario, un lugar donde las leyes de la física, la lógica y la causalidad se pliegan ante su presencia.

Dentro de este espacio, el portador puede enfrentarse a seres de rango muy superior al suyo, alterando la realidad a su favor. Sin embargo,hay un límite: solo puede desafiarhasta dos rangos por encima del suyo.

Cada uso de la habilidad consume la esencia del usuario, pues es un don concedidoante la inminencia de su fin.Cada segundo dentro del dominio es un susurro de la muerte acercándose, recordándole que el tiempo que gana es robado, y que eventualmenteel precio será cobrado.

"El destino ya está escrito... pero dentro de su dominio, él es quien decide cuándo termina la historia."

El torrente de información que golpeó la mente de Bernardo era abrumador, pero dentro del caos de datos, hubo un último fragmento que se incrustó en su conciencia como un eco inquebrantable:

"Con el uso de esta habilidad, el espacio tomará todos los lugares que el usuario ha pisado a lo largo de su existencia... la realidad, a su vez, absorberá cada instante en el que su presencia haya sido registrada."

Era una sentencia absoluta, un precio esculpido en las mismas leyes del universo.La distorsión no era solo una habilidad, sino un pacto irrompible con el tiempo y el espacio.

Bernardo sintió su respiración entrecortarse mientras la comprensión lo golpeaba de lleno. No era solo poder…era un intercambio brutal de todo lo que había sido y lo que aún podía ser.

—Si esta es la ley de la equivalencia... —murmuró con una mezcla de asombro y aceptación.

El aire a su alrededor se estremeció, el callejón pareció expandirse y contraerse como un pulmón que respiraba con él.Cada paso que había dado en su vida, cada sombra en la que había permanecido, cada lugar en el que había existido… todo eso ahora formaba parte de la ecuación.

No había marcha atrás.

El asombro era palpable.Peter, los guardias, Thomas y el guardián impuesto por la rama principal de la familia Q'illuquedaron inmóviles, sus ojos reflejando el reflejo del dominio que acababa de materializarse ante ellos.

Un radio de 500 metros había sido reclamado por la realidad de Bernardo.Un firmamento azul profundo se expandía a su alrededor, como si el mundo mismo hubiera sido tragado por un océano etéreo.Matices violáceosdanzaban en su interior, retorciéndose como llamas incorpóreas, mientras quelíneas plateadasatravesaban el espacio como si fueran grietas en el tejido de la existencia.

Peter sintió su piel erizarse.

"Ya estaba sorprendido cuando logró recrear su primera habilidad innata... pero esto..."

Sus ojos se afilaron al fijarse en su hermano mayor, en cómo la energía del dominio vibraba en sincronía con él, respondiendo a su voluntad como si siempre hubiera estado esperando ser despertada.

"¿Cuántas habilidades innatas tienes, hermano?"pensó, su mente tambaleándose ante la revelación.

Porque esto... esto era yala cuarta habilidad innata de Bernardo.

Y eso no era solo inusual.

Era imposible.

Thomas, que observaba desde el cerco de guardias, compartía la misma incredulidad.

"Se suponía que Bernardo era un lisiado... Alguien sin habilidades innatas o adquiridas..."

Esa había sido la verdad absoluta durante años. Una verdad que ahora se hacía añicos frente a sus ojos.

Sin embargo, cuando sus pensamientos se asentaron, una molestia latente lo golpeó con fuerza.Recordó el puñetazo que había recibido de Bernardo.Recordó el ardor en su mejilla, la fuerza detrás de aquel golpe que en su momento había considerado pura brutalidad...

"¿Acaso fui un idiota olvidadizo?"

Era como si cada una de sus ideas sobre Bernardo estuviera equivocada, como si todo lo que creía saber se estuviera desmoronando en un solo instante.

Las habilidades innatas siempre habían sido una bendición codiciada.Mientras que las habilidades adquiridas requeríanmateriales raros, procedimientos costosos y una compatibilidad excepcional, las innatas simplementenacían con el usuario, evolucionando con él como parte de su esencia misma.

Lo natural seguía superando lo artificial.

Thomas lo sabía muy bien.Su propia habilidad adquirida, el control de agua, era apenas de rango D en el mejor de los casos.Un poder limitado, con reglas estrictas y un alcance mediocre.

Pero Bernardo...Bernardo era una anomalía.

No solo poseía habilidades innatas de rango superior, sino que ahoratenía dos habilidades que superaban el mismísimo rango "S".

"Esto es ridículo..."pensó Thomas, sintiendo una mezcla de celos y asombro.

Si antes había creído que Bernardo era un simple lisiado sin futuro, ahora la realidad lo golpeaba como una ola imparable:no solo era poderoso, sino que había estado ocultando su verdadero potencial todo este tiempo.

¡Señor, no se acerque! ¡Ese territorio es demasiado peligroso!

Un guardia empujó bruscamente a Thomas fuera del rango del dominio, su rostro tenso por la incertidumbre.

¿Qué hacemos?—preguntó otro, su voz traicionando el nerviosismo que recorría el grupo como un veneno invisible.

No lo sé...—admitió el de mayor rango, su mandíbula apretada.—Nunca imaginamos que este supuesto lisiado tuviera tantas habilidades, y menos aún que fueran de tal calibre. Pero en su estado... esto solo es su último intento de llevarse al hijo de la madam.

El silencio cayó sobre los guardias. No era miedo lo que los paralizaba,era la certeza de que algo estaba fuera de su control.

No les importaba Peter.Ese mocoso imbécil podía morirse en cualquier momento y no perderían el sueño por ello.

Lo único que importaba eran las órdenes.

Y sus órdenes eran claras:protegerlo y ayudarlo a cazar al lisiado hijo de Henry.

Pero ahora...ahora estaban atrapados en un escenario que jamás imaginaron.

Si Peter era asesinado, no solo ellos morirían... sino que toda su línea familiar sería exterminada sin dejar rastro.

Así de rencorosa erala perra madre de Peter.

Ningún error sería perdonado.Ningún fracaso sería olvidado.

Justo en ese momento, una voz resonó en el aire, fría y autoritaria.

Los guardias y Thomas se giraron al unísono, sus cuerpos tensándose instintivamente mientras buscaban al dueño de aquella voz.La presencia que irradiaba era sofocante, como si su mera existencia impusiera un peso sobre ellos.

Un guardia, con la garganta seca, logró balbucear:

S-Señor, ¿usted es…?

El hombre dio un paso al frente, su figura envuelta en una serenidad inquietante.No tenía prisa, porque sabía que el tiempo estaba de su lado.

Soy Patrick Q'illu.

El silencio se tornó más denso.Ese nombre era suficiente para hacer que la sangre de los presentes se enfriara.

El designado por la rama principal para supervisar la cacería de Peter.

Su mirada recorrió a los guardias como si analizara piezas en un tablero de ajedrez.Sin emoción. Sin duda.

Será mejor que solo los más fuertes de ustedes entren a ese dominio.

Y los demás… simplemente acepten su insignificancia.

Los murmullos de los guardias se intensificaron mientras sus miradas se clavaban en el dominio que envolvía a Peter y Bernardo.Desde el exterior, solo podían ver sombras distorsionadas, figuras que se desdibujaban como si la realidad misma se estuviera fragmentando dentro de aquella prisión dimensional.

S-Señor… este es… el mítico dominio espiritual…—murmuró un guardia, con el sudor resbalando por su frente. Su voz era apenas un susurro tembloroso—.El dominio que solo aquellos despiertos del más alto rango logran manifestar al comprender su sed de sangre… y las leyes centrales de sus naturalezas de maná.

Un silencio se apoderó del grupo.

Patrick Q'illu entrecerró los ojos.No había duda de que el dominio de Bernardo era anormal, pero…

—No —sentenció Patrick con frialdad, interrumpiendo el caos de suposiciones—.No es esa habilidad.

Los guardias se miraron entre sí, confundidos.

—¿Qué quiere decir, señor?

Patrick resopló, cruzándose de brazos.Su mirada transmitía desdén absoluto.

—Si unno despiertocomo él hubiese conseguidodespertar un dominio espiritual, ¿qué me convertiría eso a mí?

El tono de su voz dejó claro su desprecio por la idea.

Soy un despierto de rango B de la Capa Número 8.¿Me estás diciendo que un lisiado, un paria sin talento, ha obtenido algo que ni siquiera muchos despiertos de élite han logrado?

Su mirada recorrió a los presentes como si acabara de escuchar la estupidez más grande de sus vidas.

Si eso fuera cierto, entonces todos nosotros no seríamos más que insectos a su lado.

Los guardias tragaron saliva.La idea de que Bernardo pudiera haber alcanzado un poder semejante era absurda…

Pero entonces,¿qué demonios estaba pasando dentro de ese dominio?

Ese niño, el sacrificio, a despertado una habilidad de alto rango en su lecho de muerte, es una espada de doble filo y parece que es consiente de eso, por ello no duda en usar esta habilidad, penso Patrick.

La atmósfera se tensó aún más mientras el enviado de la familia observaba el dominio desde lejos, con una risa que rompió la quietud como un trueno en medio de la tormenta.Su carcajada resonó en el aire,un sonido tan descarado y desbordante que parecía burlarse de todo lo que había sucedido hasta ese momento.Una lágrima brilló en sus ojos mientras se limpiaba la comisura de su rostro con una mano,como si el espectáculo ante sus ojos fuera una broma cósmica.

Thomas, confundido y algo perturbado por el comportamiento del enviado, no pudo evitar formular su pregunta con cautela,su tono tan lleno de respeto como de curiosidad.

Señor, ¿qué es lo que pasa?

El enviado, aún riendo, desvió su mirada hacia Thomas y luego, como si al fin se percatara de su presencia, le dirigió una mirada cargada de una mezcla de desprecio y diversión.

Hmmm...—murmuró, antes de lanzarle una mirada al dominio donde Bernardo y Peter continuaban sumidos en su enfrentamiento.

Finalmente,se aclaró la voz con un tono lleno de morbo y conocimiento,como si estuviera revelando un secreto que pocos entendían.

Es sencillo.

Los guardias y Thomas se acercaron un poco más, esperando la revelación de la verdad detrás de todo este caos. El enviado, ahora mucho más serio, les brindó la explicación que había estado guardando.

Bernardo está usando su habilidad innata para controlar el tiempo, el espacio y la realidad.

El aire pareció volverse más denso al instante.Las palabras del enviado colisionaron con la realidad de los presentes como un rayo a plena luz del día.¿Bernardo, ese chico que todos pensaban estaba al borde de la muerte,estaba utilizando una habilidad de esa magnitud?¿Una habilidad que le permitía manejar los pilares mismos de la existencia?

Pero… ¿eso no es... imposible?—preguntó uno de los guardias, con incredulidad pintada en su rostro.

El enviado soltó una risa fría, pero con una intensidad peligrosa.

"Imposible" es un término que no existe en el mundo de los poderosos.—dijo, con una sonrisa venenosa expandiéndose en su rostro—.Este niño ha despertado un poder que debería haber permanecido sellado. El "sacrificio" que todos creyeron que sería solo carne para el altar de la familia...

Una pausa cargada de significado.

Ahora es una espada de doble filo.—el enviado rió nuevamente, de manera más maliciosa—.Y está más consciente de ello que nunca.

El peso de sus palabras aterrizó como una sentencia inquebrantable.Bernardo había despertado algo más que su furia; había desatado las cadenas del tiempo, del espacio, y de la realidad misma.Con este poder, ¿quién podría detenerlo ahora?

El enviado extendió su brazo, señalando hacia el epicentro del dominio, donde la lucha entrePeter y Bernardoalcanzaba nuevas alturas de brutalidad y complejidad. El aire alrededor de ellos parecía vibrar, distorsionándose a medida que las realidades se superponían y se retorcían.El dominio que Bernardo había invocadono solo era un campo de batalla físico, sino un campo donde el tiempo, el espacio y la realidad se entrelazaban de manera incontrolable.

¿Puedes verlo desde aquí?—preguntó el enviado, mientras su mirada se mantenía fija en el dominio, claramente encantado por el espectáculo que se desarrollaba.

Peter y Bernardo, en medio de su feroz confrontación, no solo luchaban consu fuerza física, sino que se encontraban enfrentándose en múltiples planos simultáneamente: pasado, presente y futuro. Los ataques que se cruzaban entre ellos no solo alteraban el espacio alrededor, sino que las consecuencias de sus movimientos afectaban el curso de los eventos en todos los tiempos posibles.Cada golpe parecía haber sido lanzado hace años, pero también proyectado a un futuro aún incierto.

Elenviado soltó una risa desbordante, casi eufórica, mientras observaba la lucha.

¡Jajajajajaja! Esto es magnifico.—su voz se llenó de emoción, como si lo que veía fuera un espectáculo glorioso—.Este sacrificio hará que nuestra familia resurja.

El tono de su risa se volvió más siniestro, casi desquiciado, mientras miraba con una mezcla de asombro y satisfacción.

Sacrificar a un amado por el mundo...—murmuró, su risa convirtiéndose en una mezcla de deleite y locura—.Jajajajaja, bien hecho, emperador humano, realmente le has hecho un favor a mi familia.

Elenviado cerró los ojos por un momento, como si disfrutara de la ironíadetrás de la situación, y luego continuó, con una sonrisa que parecía expandirse hasta alcanzar su rostro completo.

Sino fuera por tu miedo hacia Bernardo, y hacia su ilimitado potencial, mi familia no tendría esta oportunidad de ser mejor.

Sus palabras eran como una amarga bendición.Para él, lo que ocurría no era solo una lucha entre hermanos o una lucha por la supervivencia,era un sacrificio que conduciría a su familia hacia un nuevo comienzo.Bernardo, al estar dispuesto a sacrificarlo todo, se había convertido, sin saberlo, en el catalizador para el ascenso de los Q'illu.

El enviadose inclinó ligeramente, su rostro reflejando una admiración macabra.

Te lo agradezco, emperador humano. Eres el mayor benefactor de mi familia.

Mientras observaba la distorsión, la batalla se intensificaba más allá de cualquier medida, y el dominio parecía expandirse.Nada, ni siquiera el tiempo o el espacio, era capaz de limitar el poder que Bernardo estaba desatando.Pero,mientras el enviado se regocijaba en su destino, una sombra se cernía sobre todos ellos. Lo que estaba en juego podría desbordar todas sus expectativas, dejando atrás un rastro de destrucción.

Elenviadosoltó una carcajada estruendosa, un sonido tan fuerte que resonó en los oídos de todos los presentes.Sus ojos brillaban de entusiasmo, como si la escena frente a él fuera un espectáculo que lo cautivaba profundamente. Sin embargo, las miradas que le devolvían no eran de admiración, sino de incredulidad, como si intentaran comprender qué lo había llevado a reírse de una manera tan desquiciada en medio de tal caos.

Thomas, viendo aBernardoen el centro del dominio,sentía una mezcla de asombro y confusión. Era imposible para él procesar la magnitud de lo que veía.Bernardo, el lisiado,el imbecil que siempre había sido despreciado y golpeado,el débil que todos subestimaban, estaba ahora demostrando un poder que desbordaba todas las expectativas. Y lo peor era queel propio emperador humano, el ser despierto de mayor rango, había tomado medidas drásticas para mantenerlo a raya,por miedo a su potencial.

Ese imbecil que tanto degradé y golpeé…—pensó Thomas, su mente tratando de entender la realidad que se estaba desplegando ante él—.¿Es tan importante que el emperador haya hecho un movimiento para lisiarlo por miedo a su poder?

Un monstruo. Esa palabra resonó en su cabeza mientras observaba aBernardo. Inclusosiendo un lisiado,a punto de morir,Bernardo era capaz de hacer esto. ¿Qué haría en plena capacidad? La idea lo aterraba. El monstruo que habían subestimado era ahora la amenaza más grande de todos. El poder deBernardoparecía invencible, yThomas se sentía pequeño e impotenteante esa realidad.

En su pecho creció una furia, pero también una admiración aterradora.¿Cómo podía alguien que parecía tan débilllegar a poseer semejante fuerza?El miedo lo invadió por completo, y fue entonces cuando su mente se detuvo en un solo pensamiento.

Vamos, Peter...—musitó, su voz cargada de desesperación, casi como si supiera que no había vuelta atrás.Que Peter lo termine. Era lo único que quedaba por hacer. No había otra salida.El sacrificio de Bernardo debía cumplirse.

La lucha debía terminar, yPeterera el único que podía hacerlo.El joven parecía ser la última esperanzade que todo no se desmoronara.

Acaba con este amado por el mundo que ha caído en desgracia...—ordenó, mirando fijamente a su subordinado, mientras sentía que todo lo que había creído sobre el poder se venía abajo ante sus ojos.El destino de todos ellos dependía de ese joven, de su capacidad para acabar con alguien que parecía estar más allá de la comprensión humana.

En ese instante, el dominio que rodeaba aPeter y Bernardoera más que una simple pelea. Era una batalla por el control de la realidad misma. Peromientras Thomas miraba la lucha, sabía que las decisiones que tomaran ahora determinarían el curso de todo.¿Podría Peter acabar con su hermano?¿O serían ellos mismos los que se verían arrastrados por el poder incontrolable de Bernardo?

El impacto de los puños de ambos hermanosresonó con unestrépito ensordecedorque parecía atravesar el espacio mismo, como si el universo temiera ceder ante la furia desatada.Bernardo, con su respiración agitada pero controlada, se apartó rápidamente, sus movimientos cargados de una determinación feroz.El campo de batalla estaba teñido de la tensión palpableentre la vida y la muerte, entre el pasado, el presente y el futuro.Con un giro, su boca se abrió, y en un suspiro,una esfera azulcomenzó a formarse con una intensidad cegadora. Laesfera brillabacon una energía que parecía desafiar las leyes naturales.

Sin previo aviso,Bernardo disparó la esfera,un proyectilcargado con la esencia misma del tiempo, un arma letal para quien se atreviera a enfrentarse a ella.

Peter, decidido a no dejarse atrapar por el ataque, comenzó a moverse.En un destello de luz, su cuerpo se fragmentó enpartículas de pura energía, acelerando su velocidad al25% de la velocidad de la luz. Un resplandor cegador lo envolvía mientras se deslizaba a través del espacio, con la esperanza de esquivar el proyectil que venía hacia él.

Pero,aunque la velocidad de la luz era considerada la máxima en el universo,en ese instante, no fue suficiente. En una fracción de segundo,Peter vio cómo la esfera de Bernardolo alcanzaba, undestello azulque se movía con una velocidad que parecía romper las leyes mismas de la física. La esfera rozó supie derecho, y con el contacto,el tiempo mismo comenzó a desgastarlo.El ataque de Bernardo no era solo una explosión de energía, sino una distorsión del mismo tiempo.

Eldolor comenzó a expandirse por todo su cuerpo, pero lo peor no era el dolor físico, sino lacorrosión del tiempoque lo estaba devorando. Laherida en su pie se expandía, y lo que en principio parecía un simple rasguño pronto se convirtió en undesgaste irreversible, como si el propio tiempoestuviera reclamando su parte de la existencia de Peter.

Esta habilidad...—dijo Peter entre dientes, con ungrito sofocado de asombro y horrormientras observaba cómo lacorrosión temporalse extendía por su cuerpo.

Sí, exacto...—respondiò Bernardo, con una voz llena de gravedad, sus ojos brillando con la intensidad de su poder. —Es distorsión temporal.

Ladistorsión temporalno solo afectaba elpresente, sino que también alterabael flujo mismo de la existencia.

Nada puede superar la corrosión del tiempo—continuó Bernardo, su voz fría y distante, casi como si estuviera narrando un hecho inevitable. —Puedes vivir mil años, pero el tiempo es absoluto e infinito. No hay escape de su influencia.

Peter trató de moverse, de reaccionar, pero lacorrosión del tiempolo envolvía cada vez más.La sensación de estar siendo absorbido por la misma esencia del tiempoera aterradora.La distorsión no solo afectaba su cuerpo, sino que también comenzaba a distorsionar supercepción. Cada segundo que pasaba,el futuro y el pasado parecían desmoronarse a su alrededor, desintegrándose como polvo cósmico.

La lucha ya no era solo una batalla física. Era una batalla con el mismo concepto de la realidad, una guerra entre el poder de un hermano quehabía trascendido lo que se consideraba posible, y otro queno estaba preparado para enfrentar esa magnitud.

Bernardo abrió su boca, y en un abrir y cerrar de ojos,múltiples esferas azulescomenzaron a formarse,flotando en el airecomo orbes de poder y destino. Su mirada estaba fija enPeter, cuyo rostro mostraba una mezcla de incredulidad y desesperación.

Espero que te guste nadar...—dijo Bernardo, una sonrisaretorcidajugando en sus labios. —Porque las aguas del río del tiempo son eternas.

La amenaza era clara, y el tono de su vozfrío como el acero, pero cargado de unaoscuridad palpableque parecía retumbar en el aire.

Peter, desesperado, intentó reaccionar.Con una rapidez sobrehumana,cortó su piernapor debajo de la rodilla, eldolor intensole atravesó el cuerpo, pero era elúnico caminopara intentar escapar de la horrenda amenaza de Bernardo. Lapierna cortada cayó al suelo, y lasangre manó a borbotones.

Oh, eso debió doler...—comentó Bernardo, con una calma inquietante, casi disfrutando del sufrimiento de su hermano.

Entonces,sin perder un segundo, lanzó lasesferas de energía azulhaciaPeter. Losproyectiles brillaban con una intensidad ciega, cargados con la potencia suficiente paraalterar el flujo del río del tiempo, tal comoBernardo había advertido. Cada esfera parecía representar lacontinuidad misma del tiempo, una presencia inquebrantable, inevitable, que no perdonaba.

Peter, en un intento desesperado de esquivar, se lanzó hacia adelante,su velocidad aún era impresionante, pero elrío del tiempo no podía ser eludido. Las esferas lo alcanzaron,impactándolo de llenoydestrozando su defensa. Cada explosión que producía la esfera no solo lodesintegraba en el espacio físico, sino que tambiéndistorsionaba su propio tiempo,su percepción del presente y el futuro.

La distorsión lo consumió.El tiempo mismo parecía volverse un enemigoque lo atrapaba, arrastrándolo hacia un abismo del que no había salida. Sucuerpo se retorcía, y sumente se desbordaba con la sensación de ser arrancado de sí mismo, como si estuviera siendoborrado del propio flujo del universo.

Bernardo observabatodo esto con una calma aterradora, su rostro imperturbable.A su alrededor, el campo de batalla era solo un ecode lo que alguna vez fue.La distorsión temporal había alterado toda la escena, creando un caos en el quenada era real.Las esferas azules seguían surgiendo, cada una máspoderosaque la anterior,destinadas a sumergir a Peter en el caos absoluto.

El río del tiempo nunca olvida, hermano.—dijo Bernardo,con una última mirada llena de desdén y determinación.

Elenviado, manteniendo una expresión calculadora y fría,observó con atencióncómo el caos se desarrollaba dentro deldominio temporal. Las sombras distorsionadas dePeteryBernardose movían de una manera extraña, como si estuvieran atrapadas en un bucle, enfrentándose no solo en el presente, sino también en el futuro y el pasado, una imagenpura de confusión temporal.

Yo no puedo intervenir, ya que está prohibido...—la voz del enviado fuelenta y medida,completamente conscientede la magnitud de lo que estaba presenciando.Los ojos de todos los presentes se centraron en él, algunos con incertidumbre, otros conmiedoa lo que pudiera ocurrir. —Solo ustedes pueden hacerlo. Les sugiero que solo los más fuertes vayan. Después de todo, ese dominio es una dimensión diferente a la que estamos actualmente.

Su tono era tranquilo, pero su miradaafirmaba el peso de sus palabras. Habíamiedoyresignaciónen sus ojos. Nadie, ni siquiera él, sabía exactamente qué tanpoderosopodía llegar a ser este dominio,o lo que sucedería si alguien fuera a intentar interferir sin el suficiente poder.

Alrededor de ellos, losguardias se miraron entre sí, en unsilencio tenso. Sabían lo que estaba en juego:si fallaban, las consecuencias seríandevastadoras, no solo para ellos, sino paratoda su familia y su linaje.

Elambiente estaba cargadode una atmósfera deincertidumbreyexpectación.Thomas, uno de los más cercanos al enviado, miró aldominioy luego se giró hacia él.

¿Quién se atreverá a entrar en ese dominio, señor?—preguntó Thomas, con una voz quedelataba su duda, pero también el deseo decomprenderlo que estaba sucediendo.

El enviado lo miró conseriedad. No había una respuesta sencilla, pero su siguiente comentario fuecruelmente honesto:

Solo los más poderosos...—respondió el enviado, sus ojos llenos de un destello que *poco a poco se tornó en una especie deinterés extraño. —Aquellos capaces de enfrentarse a lo que este dominio les presentará. Nadie debe subestimarlo. Este no es un campo de batalla ordinario.

Unnuevo silenciose instaló entre ellos, solo interrumpido por losecos distorsionadosprovenientes delinterior del dominio.PeteryBernardocontinuaban con su lucha, y ladistorsión del tiemposeguía fluctuando como unmanto invisiblesobre todo lo que los rodeaba.

Finalmente, elenviadorompió el silencio con una risa baja, una sonrisa torcidaque parecía tanto una advertencia como una burla.

Será interesante ver quién realmente tiene lo necesario para enfrentar esto...

Lavoz del enviadoresonó con una mezcla de indiferencia y unaextraña admiración, como si estuviera disfrutando la caída inevitable de loshermanos. Su tono reflejaba la fría calculadora naturaleza de los miembros de lafamilia Q'illu, que, aunque conscientes del sacrificio, no dudaban enutilizar todo a su favor.

Tiempo, espacio y tal vez la propia realidad...—murmuró el enviado, sus ojos brillando con un interés perturbador. —Y quizás otras cosas puedan verse alteradas en este dominio. Sino fuera por el hecho de que es un lisiado, cuyo sacrificio nos hará más fuertes, me gustaría adoptarlo y que se someta al ritual de sangre...

Lafrialdad de sus palabrasflotaba en el aire, helando a todos los que lo escuchaban. Nadie osó interrumpirlo, perola realidad de su propuestadejó un rastro dedesgarradora verdad.Bernardo, el "lisiado" como algunos lo veían, era ahora unpoderoso sacrificioen potencia, un peón que podría serusadoparaamplificar el poderde la familia Q'illu.

Es una lástima, pero al menos debemos quedarnos con el premio de consolación que esPeter... —concluyó el enviado, su sonrisa fría e implacable.

El ambiente se volviópesado, como si unvelo oscurohubiera caído sobre la sala. Losguerreros y miembros de la familiaque escuchaban no sabían si sentir alivio por la mencionada recompensa, onerviosismopor el creciente peligro de las decisiones que se estaban tomando.

Mientras tanto, dentro del dominio creado porBernardo, eltiempo y espaciose retorcían como si fueran simples conceptos mal interpretados. Losecos de la distorsiónse escuchaban como si la propiarealidadestuvieradesmoronándosebajo la presión delpoder absolutoque Bernardo había desatado.Peter, al principio atónito ante la magnitud de la habilidad de su hermano, ahora observaba conasombrocómo las esferas de energíadel tiempoflotaban alrededor de Bernardo.

¿Qué es esto...?—pensó Peter, mientras susojos brillaban de sorpresa. El aire mismo parecíavibrarcon una sensación quedesbordaba la lógica. Cada esfera azul que Bernardoformabaparecía tener la capacidad dedevorar el tiempo mismo, como si pudiera hacer retroceder o avanzar lascorrientes temporalesa su voluntad.

A pesar de lapotente distorsión,Petersentía que suvelocidadera la única razón por la cual aúnno había sido devorado por el tiempo. Había esquivado las primeras esferas, y aunque suvelocidadera impresionante, elpoder de la distorsión temporalno era algo que pudiera simplementeevitar. Aún así, estaba claro queBernardono lo dejaría escapar tan fácilmente. Ladistorsión del tiempocrecía, más fuerte y más intensa con cada movimiento, como unrío turbulentoque empujaba a los dos hermanos hacia unacolisión inevitable.

Bernardo, por su parte, mantenía una calma inquietante, completamenteajeno al caosque creaba a su alrededor.La distorsiónque había invocado parecíaresponder a sus deseos, unamanifestación tangiblede su poder.

Petersabíaque tenía que reaccionar rápidamente.La velocidad de la luzle había dado una ventaja, pero ahorala brecha de tiempoque se había abierto entre ellos estaba comenzando a cerrarse.

Esto no terminará bien...—pensó Peter, mientras veía cómo ladistorsión temporalseguía afectando todo a su alrededor.

Elenfrentamientose volvía más brutal, más personal, y lasleyes de la realidad mismase volvían cada vez másinciertas. Laluchaentre los dos hermanos no solo era una batalla defuerzas, sino dedestinos opuestos, dondeBernardoluchaba por suexistenciayPeterporsupervivencia.

Bernardo permaneció en su lugar, observando con calma cómo lasaguas del río del tiemposedividíany sealterabandentro de sudominio, mientras el tiempo y espacio se retorcían a su alrededor. Ladistorción temporalque había invocado parecía tener una vida propia,fluyendo y expandiéndosea su alrededor como una corriente infinita.Pero esto no duraría mucho, se dijo para sí mismo, sintiendo la tensión en el aire.

Con la prolongación deltiempo, Bernardo podríarespirarun poco más, podríatomarse su tiempoparacontemplarla situación ysopesarcada movimiento. A cada instante, ladimensióna su alrededor parecía volverse más fluida, más maleable, como si estuvieraburlándose de las leyes del universomismo.

Fue entonces cuandoPeter, de pie frente a él, rompió el silencio con una pregunta queBernardono esperaba.

Hermano...—su tono, aunque lleno de curiosidad, no podía ocultar unaextraña mezcla de desconfianzayadmiración.

Bernardo lo observó con unamirada fija, mientras comenzaba a retirar lasarmasque aún permanecían incrustadas en su carne. El dolor era algo que ya no sentía, o mejor dicho, era tanintensoque se habíaconvertido en algo irrelevante. Solo le quedabauna preguntaen mente: ¿Qué haría con su hermano?

Dime, ¿qué es lo que quieres preguntar, Peter?—dijo Bernardo, su voz seca, casivacía de emoción. No le dio demasiada importancia a la pregunta, pero su mirada decía lo contrario. Estaba atento, esperando cualquier señal de lo que su hermano pudiera decir.

Peter, con lafrontera de la desesperacióna punto de invadirlo, no dudó en lanzar la pregunta que rondaba en su mente desde que vio laextraordinaria habilidadde Bernardo.

¿Cómo puedes usar mi habilidad innata?—La pregunta salió de sus labios como un susurro, pero sus ojos brillaban con unamezcla de incredulidadytemor.

Bernardo lo miró con una ligeracuriosidadque contrastaba con lafrialdaden su respuesta. Mientras las esferas dedistorsiónaún danzaban a su alrededor, se tomó su tiempo para responder. No tenía prisa, no ahora quecontrolaba el tiempoa su antojo.

¿Acaso puedes copiar habilidades?—Peter repitió, como si no pudiera creer lo que estaba viendo. La idea de que suhabilidad innatahubiera sidousurpadapor su hermano, unlisiadoen su lecho de muerte, le resultabaimposible de procesar.

Bernardo no sonrió, no mostró ni una pizca de emoción al enfrentar a su hermano. Solo asintió ligeramente, susojos fríosreflejaban la distorsión que aún tejía suvoluntad.

No es que copie habilidades...—Bernardo habló con una calmacasi inquietante. —Es más bien... una capacidad que surge al comprender la esencia de lo que eltiempoyespaciopueden ofrecer.

Peter, aunque seguía con lamenta nublada, escuchó atentamente.

Lo que has usado, tu habilidad innata, no es algo que puedas simplemente poseer,—dijo Bernardo, con una leve sonrisa que apenas se notaba. —Es algo que... se conecta con el flujo del tiempo, algo que podría decirse que pertenece a todo ser, a todos los momentos...

Peter frunció el ceño, no logrando comprender del todo lo que su hermano decía.Bernardosiguió, sin darle demasiada importancia a su confusión.

Las habilidades innatas no se copian, Peter. Se asimilan. Se absorben en el flujo deltiempo. Cuando uno de nosotros, el portador, llega al límite de susposibilidades, podemos... tocar algo mucho más grande que nuestra habilidad. Podemosheredar la esenciade otras habilidades. Pero a un costo. Un costo que solo aquellos como yo, al borde de la muerte, podemos asumir.

Peter parecía haber entendido, al menos en parte. El miedo comenzó a asentarse en su pecho mientras comprendía queBernardo, en suagonía, había alcanzado algoimpensable. No solo teníasu habilidad innata, sino que ahora comprendía algo mucho más profundo,algo que los humanos, incluso los despiertos, no podrían jamás lograr.

Eldominio temporalde Bernardo ahora seexpandíade una manera quedesbordabacualquier sentido común. El hermanoluchabapor entender cómo algo tanpoderosopodía provenir de alguien como él.Y en ese momento, se dio cuenta de la aterradora verdad:Bernardo no solo usaba su habilidad innata, sino que la había superado, transcendiendo el mismo concepto de habilidad.

Así que... es solo cuestión de comprenderlo.—Peter murmuró, mientras sus propios poderes parecían desmoronarse bajo el peso de larealidadde lo que enfrentaba.

Bernardo no contestó.Todo lo que quedabaentre los dos ahora era laluchamisma.

Bernardo miró a su hermano en silencio, su rostro inexpresivo mientras sus ojos brillaban con una intensidad casiabismal.Peterse mantenía tenso, expectante, pero en cuanto las palabras de su hermano rompieron el aire, su pecho sesacudiócon laferocidadde un golpe inesperado.

Eres un idiota—dijo Bernardo, su voz fría y cortante, como si estuvieracontemplando a un insecto despreciablebajo su mirada. No hubo emoción, no hubo piedad. Solo ladesdénmás absoluto.

Hubo un largosilencio, solo roto por el sonido de las distorsiones quefragmentaban la realidada su alrededor.Peter, sin embargo, no se atrevió a interrumpir, observando a su hermano conincredulidad. Pero Bernardo, implacable, continuó.

Copiar, yo...—Bernardo dejó que la ideaflotaraen el aire, como si la mera mención de tal cosa le resultarainsultante. —Te sobrevaloras demasiado.

Lapresenciade Bernardo se hizo más opresiva en ese instante,el espacio a su alrededor parecía comprimirsebajo suvoluntad.Petersentía elpesode esas palabras, ungolpe directoa suorgullo, pero Bernardo no se detuvo.

Yo no copio.—La certeza en su tono hizo que lasdudasse desvanecieran en el aire comocenizas.

Un leve movimiento, casiimperceptible, fue todo lo que hizo Bernardo al poner sumano en su mentón. Era como si estuviera evaluandoalgo mucho más grandeque lo que veía a simple vista.

Seré un lisiado, pero soy único e inigualable.—Bernardo terminó con unafirmezaque desbordabaseguridad, una declaración que resonó en el aire con unaintensidad aplastante.

Elpasado y futurose distorsionaban alrededor de ellos, pero ahora mismo, el único presente era larealidad de lo que Bernardo acababa de decir.Peterestabaperplejo, su mente procesaba lentamente lo que su hermano había revelado:Bernardo no necesitaba copiar, porquesu habilidad innataiba más allá de todo lo quePeterpodía comprender.

A diferencia de ti, pequeño engendro, no necesito de terceros para obtener habilidades.—Las palabras de Bernardo cayeron comopiedrasen el alma dePeter. Cada una era un golpe directo, unrecordatorio brutalde lo quenunca podría ser.

Peter, como si su propio cuerpo se viera forzado aretirarsebajo el peso de esas palabras, respiró condificultad. Lo que su hermano estaba diciendo le era demasiado ajeno, demasiadodesgarradorpara asimilarlo completamente.

Pero Bernardo no mostrópiedad.No había espacio para el arrepentimiento, ni para la duda.

No he copiado esa habilidad de tan bajo rango—dijo con un desdén palpable en su voz. Había algo en su tono que dejaba claro quePeterno solo era inferior a él, sino que lo que le había ofrecido,su habilidad, ni siquiera merecía sermencionada.

Entonces,Bernardodejó escapar una risacorta, como si se estuviera divirtiendo, pero al mismo tiempo, sus palabras marcaron latragediade la situación.

Ahora entiendo por qué el inepto que es nuestro progenitor me ofreció como sacrificio hacia ti.—La última frase fue ungolpe dolorosohacia Peter,una verdad amarga, la revelación de que supropio padrelo había visto como unobstáculomás que como un hijo.

Las palabras de Bernardo fueron unrecordatorio brutalde todo lo quePeterhabía olvidado, o quizás, de todo lo que nunca quisoadmitir. La realidad de que, en este mundo depoderysacrificio,él nunca había sido más que una pieza desechableen el gran tablero.

En ese momento,Petercomprendió loinsignificanteque era. Y frente a su hermano, ellisiado, elsacrificio, comprendió que su vida jamás habría sido suficiente para competir con elmonstruoque tenía delante.

Las palabras deBernardocaían sobrePetercomopuños de hierro,brutales,implacables. Cada frase parecía profundizar más la herida en suorgullo,desgarrandolentamente su imagen de sí mismo.

Soy un lisiado y tú solo serás un despertado de bajo rango, sin talento, sin herencia—la voz de Bernardo no mostró misericordia, ni un atisbo de duda. Cada palabra estaba impregnada de unacertezatan fuerte como unacondena.

Peter, apretando losdientescon fuerza, sentía como si unaola de furialo estuviera invadiendo, ahogándolo en un mar dehumillaciónyrabia. Jamás había sido tratado así, jamás había escuchado que suhabilidad innatafuera llamadabasura.

Algo que no tendrá futuro—continuó Bernardo, las palabrasdesnudasde cualquier compasión, como unsentenciaa su propio hermano. Eldesdénera palpable, y las distorsiones en el tiempo parecíancongelarsecon laintensidadde su tono.

El corazón dePeterlatía confuerzaen su pecho.Todo su ser temblabaante la brutalidad de las palabras de Bernardo, pero lo que más le quemaba era lairónica verdadque no podíanegar.

No te parece irónico que un lisiado tenga habilidades innatas... y lo reafirmo, habilidades en plural—dijo Bernardo con unasonrisa fría, como si estuviera disfrutando deldesgarramiento emocionalde su hermano.

Petersintió el golpe de esas palabras como unapunzadaen lo más profundo de su ser.Bernardono solo estaba afirmando que su hermano estabapor debajode él, sino que lo hacía con unacompleta arrogancia, como si todo lo quePeterhabía alcanzado no valiera nada en supresencia.

Mientras su hermano hablaba,Peterno podía dejar de pensar en supropia habilidad. La había despertado a losseis años, un logro que había sido aclamado, celebrado por su familia, una promesa de que él sería elelegido, el que llevaría el legado familiar más allá. Todos en su linaje habían confiado en él, pensando que suhabilidad innatalo haríainvencible.

Pero ahora, frente a su hermano, esos mismos halagos se sentían comomentiras vacías. Lamiseriade su habilidad, tanlimitada, tanúnica, eranadafrente a la magnitud de lo queBernardohabía demostrado.

Mientras que tú solo tienes esa miserable habilidad. Una. Solo una, y sin importancia.—Las palabras de Bernardorasgaron el aire, como si estuviera aplastando el alma de Peter, como si cada sílaba fuera ungolpe mortala suser.

Peter, por primera vez en su vida, sintió elvacíode su existencia. Esahabilidad innataque todos le habían alabado, esa que había sido lallavea sufuturo, ahora no era más quenadafrente a lo que Bernardo podía hacer.

LarabiadePeterse intensificó, y susdientes se apretaronhasta que lasencías sangraron. Nunca había sido tan humillado, nunca se había sentido tanvacío. Larealidadque su hermano le mostraba lo devoraba desde dentro.¿Cómo era posible?¿Cómo podía alguien tandestrozado, tanroto, tener algo que Peter jamás podría alcanzar?

Bernardo, con sucalmaimperturbable, lo miraba con esasuperioridadaplastante, como si todo esto fuera unjuegoy él ya estuviera en lavictoria.

¿Y ahora qué, pequeño engendro?—las palabras de Bernardo fueron laúltima daga, clavada en el corazón de Peter.

Peter, consumido por lairay lahumillación, sintió lapresenciadesu hermanocomo unmuro imparable, unaamenazaque nunca podríaderrotar. En ese mismo instante, se dio cuenta de algo aterrador:Bernardono solo lo había superado.Bernardo lo había dejado atrás, y lo había hecho de una maneratan devastadoraquePeterapenas podía comprender la magnitud de su propia impotencia.

Las palabras deBernardoseguían cayendo comoacido corrosivosobre elcorazóndePeter, desgarrando lo que quedaba de su orgullo y su esperanza. Ladespreciativa calmade su hermano lo abrasaba como el sol másintenso, y no podía escapar de ella.

Oh no te enojes, Peter—lamueca burlonaen el rostro de Bernardo creció mientras sus palabrasse deslizabande su boca comodagas afiladas—.Así tu patética excusa de padre no se molestará con este humilde sacrificio.

Peterapretó los dientes confuria, pero susmanosse cerraron enpuñosincontrolables. Sabía que lo queBernardodecía no era solo unamuestra de desprecio; era laverdadquePeterno quería admitir.

La humillación de no poder alcanzar el25% de la velocidad de la luz, de no poder siquierasoñarcon ese nivel de poder, lo carcomía por dentro.

Déjate de desviarte, ¿qué has hecho?Bernardolo interrumpió de nuevo, como si no le importara en lo más mínimo lo quePetersentía—.¿Cómo puedes usar mi habilidad?

Peterapretó los dientes con tantafuerzaque pensó que su mandíbula podríaromperse. La pregunta flotaba en el aire como undesafío.

Bernardolo observaba,calmado, casi como si disfrutara de la agitación interna de su hermano. Luego, sus palabras llegaron, como ungolpe finala la ya quebrada imagen dePeter:

Realmente no es difícil de realizar. Tu habilidad es controlar el mana y el flujo de la luz que existe en la naturaleza—explicó Bernardo con unatranquilidaddesbordante, como si estuviera enseñando una lección—.Puedes mover tu cuerpo en las partículas de mana de naturaleza luminosa en el ambiente.

Peterestabaperplejo. Las palabras deBernardoiluminaban lanaturalezade su habilidad, pero también lalimitaciónque existía en supropio ser.Su habilidaderalimitada, en comparación con la grandiosidad de lo que su hermano había alcanzado.

Pero es una lástima... con tu nivel no despierto, no eres capaz de siquiera obtener el 25% de la velocidad de rayoBernardosonrió con suficiencia. Había remarcado ladebilidaddePetercon esa declaración.

LahumillacióndePeteralcanzó su punto más alto. No solo lo había despojado de su orgullo, sino que también le había mostrado que, por más que lo intentara, él nunca alcanzaría lo queBernardohabía logrado.

Peterrespiró profundamente, elodor a derrotale llenaba los pulmones, mientras observaba a su hermano, que se encontraba tantranquilo, tan seguro de su poder, como si estuviera frente a unapresa fácil. Larabiaen su interior hervía, pero también había unasombra de desesperaciónal darse cuenta de lopequeñoque se sentía frente a su hermano, el que había trascendido más allá de loslímitesde lo que Peter pensaba que podía lograr.

Bernardono solo lo había humillado con suhabilidad, sino que también le había enseñado unalección cruel:no importaba cuántas habilidades adquiridas obtuviera Peter, él seguiría siendo solo un reflejo de lo que su hermano ya había alcanzado.

Peterno pudo evitar que unaoleada de furiainvadiera su ser al escuchar las palabras de su hermano. Eldespreciocon el queBernardolo miraba no solo era unaafrenta, sino unaheridaabierta en su orgullo.El lisiado, alguien a quien él siempre había consideradoinferior, le estaba diciendo, sin titubeos, que él no tenía ni lacapacidadpara siquiera alcanzar un mísero porcentaje de lo que él mismo podía lograr.

Bernardo, con esasonrisa fríay esa calmadesgarradora, continuaba desgarrando sus sueños con cada palabra.

No, incluso no eres capaz de obtener el 5% de esa velocidad, debido a tu cuerpo débildijo Bernardocon una burla evidente, como si fuera unaverdad irrefutable—.Y si te lo dice un lisiado cuyo cuerpo es moribundo, es mucho decir, ¿no lo crees, hermanito?

Las palabras calaron hondo enPeter.El lisiadocon el que siempre había jugado a compararse, a humillar, ahora se alzaba como una figuraincontenible, más allá de todo lo que él mismo podría alcanzar.

LarabiadePeterse intensificó, su cuerpo temblaba, no solo de ira, sino también de lafrustraciónque lo embargaba. ¿Cómo era posible que alguien comoBernardo, alguien que se suponíadespreciable, pudiera tener talpoder?

Peterapretó lospuñoscon fuerza, sintiendo como loshuesosde sus manos crujían. Pero lo peor de todo era el peso de esas palabras:el lisiadono solo estabavivo, sino que estaba más allá de cualquier cosa quePeterpudiera imaginar. Y si su hermano lo decía, no había manera de quePeterpudierarefutarlo.

Elodiose cernía sobre él, pero también ladesesperación. ¿Era cierto lo queBernardodecía? ¿Era realmente tan débil como para no poder siquiera acercarse a unaporciónmínima de esa velocidad?

Su respiración se volvió másrápida, y mientras elecode las palabras deBernardoresonaban en su mente, sucuerpocomenzó a arder con lanecesidadde demostrar queestaba equivocado. Sin embargo, sabía que no podía cambiar larealidadde su situación.

Bernardolo miraba con unamueca de superioridad, como un ser que ya habíatrascendidolainexistencia de límites, mientras quePeterse debatía entre larabiaque lo consumía y larealidadde seropacadopor alguien que siempre había considerado suhermano menor.

Lahumillaciónera tan grande quePetersintió como si elmundo enterose estuvieraburlandode él, y aunque aún mantenía suorgulloa duras penas, sentía cómo cada palabra deBernardohacía añicos lo que quedaba de suconfianza.

Bernardoobservó la figura frente a él, su hermano por alguna razon se habia detenido, con los ojosentrecerrados, sus pensamientos afilados como sangre empapaba cada rincón de su cuerpo, no había un solo lugar que no estuvieracubiertopor su propia esencia vital, pero a pesar del dolor que lo laceraba, su miradapermanecía inquebrantable.

Aunque había despertado esta habilidad de alto rango, la cual le permitía extender casi infinitamente estos últimos momento de su decadente vida no duraria mucho.

Elpesode sus habilidades lo oprimía;cuatro habilidades activas, cada una de un rangodescomunal, devorando su resistencia y su A, S, S y SSS...el tipo de poder que solo unos pocos en la historia podían siquieraimaginar manejar. Y sin embargo, incluso con este poder, no eratodopoderoso. Si lo fuera, habríaalterado completamente el flujo del río del tiempo,evitandoaquel destino cruel que lo convirtió enun lisiado desde su nacimiento.

Pero ahora, aquí estaba, enfrentando unaanomalíaque no debería existir dentro de supropio dominio.

El mundo a su alrededor había perdidosu color, todo se volvía un tonoopaco y muerto, como si el mismísimo concepto deexistenciaestuvieradesvaneciéndose. Soloély algunas entidades seguían brillando en lainmensidad de su dominio temporal.

Y entonces lo vio.

Unasiluetaemergía entre lascenizas ilusorias,un anciano decrépito, su cuerpodesgastadopor los siglos, su piel cuarteada como un pergamino viejo y roto por el tiempo. Pero lo verdaderamenteespeluznanteera lo que ocurría después.

Bernardo observó, atónito, cómo el cuerpo del anciano comenzaba a rejuvenecer.

Huesos frágiles tomaronfirmeza, músculos marchitosvolvieron a la vida, órganos colapsadosresurgieron, todo en unadanza macabrade la reversión del segundo que pasaba, el anciano se volvía más joven, su piel se tensaba, sus ojos recobrabanbrillo, hasta que finalmente quedó frente aBernardo, viéndose casi de la misma edad que él.

Esto... esto no debería ser posible.

—¿Qué eres? —preguntó Bernardo, su voz seca, sus palabras cargadas de una incredulidad que rara vez experimentaba—. ¿Cómo es posible que el flujo del tiempo sea alterado dentro de mi dominio?

El extraño sonrió, con la paciencia de alguien que habíavisto demasiado.

—El río del tiempo es omnipresente.—Su tono era pausado, casididáctico, como si estuviera explicándole algoobvioa un niño—.Incluso tu pequeña alteración no es más que una roca tratando de ir en contra de la corriente.

Mientras hablaba, su rejuvenecimientoterminó. Ahora parecía unjoven, su presenciadesconcertanteyfamiliarmente poderosa.

El aire se volvió ó unapresión extraña, algo que lo ponía en alerta. Este ser... no eranormal.

El recién llegado le dedicó una leveinclinación de cabezaantes de hablar de nuevo:

—Saludos, Bernardo Senz.

La mención de su nombre hizo que elcuerpo herido de Bernardo se tensara, su mirada afilándose aún más.

—Soy Andrés, antiguo amigo y compañero de tu padre.

El nombre no ledespertó nada. Bernardo simplementese mantuvo en silencio, observándolo concautela.

¿Un compañero de su padre?

¿Qué clase de truco era este?

El talAndrésno pareció molesto por su falta de respuesta.

—El río del tiempo te ha consumido.

—¿Se podría decir?—murmuró el hombre, encogiéndose de hombros.

Bernardo no loperdió de vista ni por un segundo. Algo en esta conversación no le que podía manipular el río del tiempo con semejante naturalidad...

Esto solo significaba una cosa.

Este hombre... no era alguien a quien pudiera subestimar.

Bernardono se movió. Sumirada gélidapermaneció fija en aquel hombre que, con total calma, había pronunciado palabras que deberían haberle puesto en guardia.

—Tranquilo, no soy tu enemigo —dijoAndrés, su tono casi amistoso, como si estuviera charlando sobre el clima—. Aunque, sinceramente, considero quetu padre es un idiota pomposo...

Elsemblante de Bernardo no cambió. Ya había llegado a esa conclusión hace mucho tiempo.

—...pero tu sacrificio esnecesariopara que la familia de mi señor Carlosse vuelva más fuerte.

Bernardo sintióasco. Otramarionetade aquel maldito hombre hablaba de su muerte como si fuera un trámite, como si su existencia solo tuviera valor comocombustiblepara el ascenso de otro.

Pobre iluso.

—Entonces, ¿vienes a detenerme?—Bernardo alzó ligeramente el mentón, su tono cargado de undesdén absoluto—. ¿Vienes a evitar que lecorte la cabezaa Peter? Porque, déjame decirte algo...con el tiempo detenido, puedo hacerlo cuando me plazca.

Si Andrés sentía algún tipo deamenaza, no lo demostró.

—No vengo a hacer lo que desees,Bernardo, no voy a detenerte.

Las palabras no eran una provocación, eranuna simple afirmación.

—Pero déjame aclararte algo...

Unsilencio pesadocayó entre ambos.

—Momentáneamente, soy un heraldo del propio río, y el río quiere lo suyo.

Y entonces ocurrió.

Andrés movió su manocon la delicadeza de quien realiza un gesto inofensivo.

En unparpadeo, unamarca luminosaemergió en la frente de Bernardo.

Un símbolo.

El infinito.

Un frío desconocido recorrió su cuerpo. Algo dentro de élse estremeció, una sensaciónprimordialse activó en su estaba mal.

—Listo, mi trabajo está hecho.

Andrés sonrió con satisfacción.

—Disfruta lo que te queda de tiempo.

El peso de esas palabrasno fue inmediato. Bernardo no entendía del todoqué le había hecho... perolo sabría pronto.

Un presentimiento oscurole oprimió el pecho.

—Oh, y por cierto...

Andrés giró apenas el rostro, observándolo una última vez.

—Si de algo sirve... tu padre se arrepiente de todo.

La mirada de Bernardo se endureció de inmediato.

Los ojos de Andrésbrillaron por un instante, comprendiendo lo inevitable.

—Bien. Rencor por toda la eternidad.

Su sonrisa se volviómelancólica.

—Eras único, niñ unalástimaque, dentro de poco, losconceptos existenciales desgarren todo tu ser.

El silencio entre ambosse hizo eterno, pero Andrés no se marchó sin antes dejar una última advertencia.

—Déjame decirte algo, ya que estás jugando con los conceptos existenciales...

Sus ojosse entrecerraron, su voz adquirió un tonosolemne.

—El tiempo parece infinito cuando lo miramos desde lejos, como si tuviéramos siglos o toda la eternidad para vivir. Pero con cada día que pasa, nos damos cuenta de lo breve que realmente es.

Elsímbolo en la frente de Bernardo palpitó.

—Cada segundo que perdemos se convierte en un recuerdo que jamás podremos recuperar. Por eso, debemos valorar cada momento como si fuera el último.

Bernardo no parpadeó.

—Lo que para nosotros puede parecer eterno, para otros será apenas un parpadeo.

El airevibróalrededor de ellos.

—Y el tiempo que pasamos en este mundo, aunque precioso, es fugaz. Por eso, debemos esforzarnos en conocer más a las personas, crear recuerdos inolvidables y aprender a valorar cada instante que la vida nos concede.

Elrío del tiempopareciórespondera sus palabras.

Andrés dio un paso atrás.

—Con esto dicho... me despido.

Y desapareció.

Lamarca en la frente de Bernardo ardiócon un calorinhumano.

Algodespertóen su interior.

Algo queno podía controlar.

Sin que Bernardo lo notara, algo más se estaba gestando.

Mientras lamarca del infinitoen su frentepalpitaba con un peso abrumador, otras fuerzasse activaron en silencio, entrelazándose con su ser sin pedir permiso.

Si elRío del Tiempoera una alusión a laomnipresencia, existiendo en elpasado, presente y futuro,no era el único concepto absolutoque había decidido marcarlo.

ElEspacio, eltejido que conectaba los nodos de la existencia,se movió.

Y con él, su representación:la omnisapiencia.

En lamuñeca derecha de Bernardo, como si elespacio se retorciera,algo comenzó a dibujarseen su piel. No fue tinta ni luz, sinouna distorsión en la realidad misma, unsello autoimpuestopor la mismísimaesencia del Espacio.

Susímbolose grabó en su piel:ℵ.

Pero no terminó ahí.

ElEspejo de la Realidad, la manifestación de todo lo queda forma a la existencia misma, también se movió.

Porquesi el Tiempo era omnipresente, y el Espacio era omnisapiente, laRealidad era omnipotente.

Suhuellaquedó marcada en sumuñeca fulgorbrilló por un instante antes de asentarse en unsímbolo incomprensible, uno que solo laesencia misma de la existencia podría interpretar.

.

Bernardo no reaccionó.

No porque no sintiera lo que ocurría... sino porque sumente no estaba en eso en ese instante.

Parpadeó.

Su miradavolvió a enfocarse en Peter.

Como sinada hubiera pasado.

No tenía sentido detenerse a reflexionar sobre lo que acababa de ocurrir.

No tenía casohablar sobre este Time Stop.

—No tengo igual.

La voz de Bernardoretumbó con un peso absoluto. Su tono no era de arrogancia...era de certeza.

—Déjame explicarte algo... hermano.

—No tengo paralelo.

Las palabras no eran fanfarronería ni orgullo desmedido. Eran undecreto.

—En este miserable mundo... o en este decadente universo... nadie es mi igual.

Peter lo miró, su ceja arqueándose con una mezcla de diversión y desdén.

—Qué arrogante te has puesto, hermano.*—dijo con una ligera alegría en la voz.

Pero Bernardono vaciló.

—Lo sé, Peter... créeme que lo sé.*—sus palabras fueron pausadas, calculadas—Pero es la inigualable. Soy perpetuo.

Dejó que su hermanoabsorbiera el peso de sus palabras, que el eco de su declaración quedara flotando en el airecomo una sentencia.

—Así que mírame bien.

Sus ojosardían con una intensidad que no tenía nada que ver con la luz, sino con elfuego de la convicción absoluta.

—Si ambicionas lo que soy y lo que seré, si deseas poseer la grandeza que cargo y las habilidades que domino... entonces ven.

Su voz descendió a un susurro afilado.

—Lucha por ellas, niñito.

Petersonrió, con un leve toque de arrogancia en sus labios.

—Hermano, eres más vocal que antes.—murmuró con una leve risa—Me recuerda a tu antiguo yo.

—No esa miserable versión de ti mismo que aceptó todo.

Bernardocerró los ojos por un instante, dejando que el aire llenara sus pulmones.

—Lo sé.—dijo con para todo hay un motivo.

Abrió los ojos, su mirada era un abismo insondable.

—Y no es necesario que sepas el porqué de mi calvario.

El airese volvió denso. Ambos cuerposse tensaron.

Bernardo respiró profundamente.

—Es hora.—se dijo a sí mismo.

Petertambién tensó su cuerpo, preparándose para lo inevitable. Pero antes, con una ligera sonrisa, le habló:

—¿Recuerdas lo que te dijo mi madre?

Bernardoasintió, y como un torrente incontrolable, el recuerdose desplomó sobre él.

La mujer.

Altiva.
Arrogante.
Cruel.

La recordabademasiado bien.

Recordaba cuandolo abofeteó.
Cuandolo pateó al suelo.
Cuando susfrías palabrasimpregnaron el aire como un veneno.

—Tienes dos opciones.

Ser un humano y morir en mis manos... o ser un buen hermano mayor y convertirte en el sacrificio para la prosperidad de tu hermano.

Petertambién lo recordaba.

El silenciose quebrócon la voz de Bernardo, cargada de veneno.

—Y aun así, mírame aquí, hermano.

Su sonrisa fuecruel.

—Sigo siendo humano... y tu madre...

Se inclinó levemente, disfrutando la confusión de Peter.

—Bueno, ¿no te parece raro que en los últimos dos años no haya podido hablar?

El rostro de Peterse endureció.

—¿Qué estás diciendo...?

Bernardo riócon burla, con una satisfacción maliciosa.

—Debe ser doloroso que te arranquen la lengua junto a las cuerdas vocales.

Elrostro de Peter palideció.

Bernardolo devoró con la mirada, como sisaboreara su reacción.

—Oh... ¿no sabías por qué tu madre estuvo aislada todo este tiempo?

Un brillosombríodanzó en sus ojos.

—Me pidió ser tu mascota obediente.

Su voz se tornóácida, impregnada de un rencor quetrascendía el tiempo.

—Me pidió que aceptara ser el sacrificio que te elevaría a una existencia mayor.

Bernardo riócon una risa baja y venenosa.

—Qué arrogante... qué vulgar...

Se lamió los labios, como sisaboreara cada palabra.

—Proponerle algo tan indecente a mi inocente yo...

Peterapretó los puños, pero Bernardo continuó, arrastrándoloal abismo de sus palabras.

—Pero dime, ¿cuál fue el resultado?

Su sonrisase torcióen algo que no era humano.

—Sí, sufrí las consecuencias.

Levantó la cabeza, mirándolocon un fuego oscuro en sus ojos.

—Pero recordar a esa perra arrogante...

Tirada en el suelo.

Llorando.

Temblando de miedo.

—Fue exquisito, hermano.

Peterardió en ira.

—¡Bastardo!—rugiómientras su dedo lo señalaba con furia.

Unabala de luzse disparó desde la punta de su dedo, rasgando el aire con un brillo ataque veloz, certero, letal...

Pero Bernardoni siquiera se molestó en esquivarlo.

Con unsimple movimiento de su dedo, la bala se desvió como siel universo mismo hubiera conspirado para obedecerlo.

—Este será el motivo por el que vas a perder, hermano.

Peterfrunció el ceño, su rabia aumentando como un incendio incontrolable.

—Oh, ¿así que la única y simple razón por la que perderé... es porque te he hecho enfadar?

Sus labios se curvaron en unasonrisa de desdén.

—Je... No me hagas reír, niño.

—¡Basta!—Peterexplotó en un destello brillante, desintegrando la distancia entre ellos en una fracción de segundo.

De repente,su puño se hundió en la cara de Bernardocon la fuerza de una estrella colapsando sobre sí misma.

Pero Bernardoni siquiera titubeó.

Su cabeza se movió con la trayectoria del golpe, disipando gran parte del impacto, perouna herida fresca se abrió en su piel.

Sangre goteó.

Petervio la grieta en su cuerpo y sonrió con satisfacción, peroesa victoria momentánea se convirtió en horror en el instante siguiente.

Unas manos férreas lo sujetaron.

—¿Eh...?

Antes de que pudiera reaccionar,la rodilla de Bernardo se hundió en su estómago.

El mundo de Peterse contrajo en un solo instante de absoluto dolor.

El aireescapó de sus pulmones en un jadeo violento, su cuerpose dobló como una hoja de papel piernas temblaron, cediendo, traicionándolo.

Cayó al suelo.

Los dientes de Peterrechinaron con furia, sus ojosplagados de venas carmesí.

No podía podía permitirlo.

Bernardose inclinó sobre él, su sombra cubriéndolo como un manto de fatalidad.

—Sabes, Peter...

Su vozgoteaba veneno, pero también una certeza absoluta.

—Quieres que sea tu sacrificio.

Peterse tensó.

—Porque sabes que no estás a mi altura.

Bernardoalzó la mirada hacia el cielo oscuroy dejó escapar un suspiro casi melancólico.

—Lo único que puede estar a mi altura... es mi propia sombra.

Sus ojos bajaron de nuevo, perforando el alma de Peter.

—Pero irónicamente, mi sombra siempre estará a mis pies.

Peter, jadeante,intentó moverse, intentó levantarse...

Pero Bernardo simplementesonrió con desprecio.

—Igual que tú.

Su pie se elevó.

—Aunque estés a mis pies...

Descendió.

—No eres mi igual.

Un impacto seco.

El cráneo de Peterse estremeció cuando la bota de Bernardo se estampó contra su rostro, enviándolorodando por el suelo.

Sangrebrochó la tierracon la violencia de un pincel destrozando un lienzo.

Peter quedóinmóvil, ecos de la humillación retumbaban en su mente.

Pero lo queno pudo ver, lo queno pudo notar en su agonía, fue elmínimo tambaleo en los pies de Bernardo.

Irónicamente, no tenía mucho tiempo.

—¡Jajajaja! ¡Bien dicho, mocoso! ¡Muéstrame más!

Lavoz resonó una vez másen los oídos de Bernardo, un susurro cargado de burla y expectativa, como siuna entidad desconocida estuviera disfrutando del espectáculo.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

Susojos se abrieron de par en par, llenos deterror y asombro.

Se giró de inmediato.

Su miradabarrió el entorno,buscó entre las sombras, en el vacío, en cada pliegue del espacio, en cada rincón donde pudiera ocultarsela fuente de esa voz.

Perono había nada.

Solo el eco desu propia respiración agitaday el lejano sonido de Peterretorciéndose en el suelo.

—¿De dónde viene esa voz?—se cuestionó, sus pensamientosretumbando en su mente.

Su habilidad seguíaactiva, lo que significaba queen este espacio, él era el dueño absoluto.

El único soberano.

Aquí, suvoluntaderala podía ocurrir sin su permiso.

Y, sin embargo...

Alguien le había susurrado.

Alguien que no debería existir en su dominio.

No.

Tal vezesa voz no era común.

Tal vezpertenecía a una existencia mayor.

Unser despierto de un nivel tan alto, que haría quesu patético padre pareciera un simple aficionadoen comparación.

Si ese era el caso...

La verdadera pregunta no era de dónde venía la voz.

La verdadera pregunta era...

¿Quién era?

¿A quién... o a qué... le pertenecía?

Bernardo apretó los dientes, sumente procesando a toda velocidad las implicacionesde este descubrimiento.

Pero al final,decidió ignorarlo.

No teníatiempopara buscar respuestas.

No teníalujo de investigar misterios.

Al final del día,sabía bien que no le quedaba mucho tiempo.

Peter se levantó lentamente,limpiándose la sangre que descendía por sus labioscon el dorso de la mano.

Sus ojos, ahorabrillando con ira contenida, se posaron en su hermano con una mezcla de desprecio y resentimiento.

—Te has vuelto muy arrogante, hermano—dijo, su tono goteando desprecio.

Una luz blanca y doradalo envolvió como una armadura celestial, y sus heridascomenzaron a cerrarse, a desvanecerse, a restaurarse con una rapidez inquietante.

Bernardo lo observó con calma,su expresión completamente inmutable. Aunque esbozó unasonrisa burlona.

—¿Arrogante?

Una ligera sonrisa se dibujó en su rostro.

—Oh, no. Lo el problema no es que me haya vuelto arrogante,es que tú jamás has aprendido lo que significa estar debajo de alguien más.

Los ojos de Peterse entrecerraron.

—No importa quién seas, todos alguna vez suben... y triunfa y se fracasa.

Su tono se tornó más frío.

—Pero dime, mocoso consentido... ¿alguna vez has entendido lo que trato de enseñarte?

Petersoltó una carcajada amarga.

—¿Y qué?—se encogió de hombros—.Las oportunidades están ahí para tomarlas. Solo hay que hacerlo.

Su sonrisa se volvió másferoz, máscruel.

El brillo dorado a su alrededorse intensificó, como si sus palabras lo fortalecieran aún más.

Oh, cierto... Padre nunca creó una oportunidad para ti. Solo para mi madre.

Bernardo permaneció impasible.

—Eso te hace más egoísta que yo, hermano.

Su voz se endureció.

—Yo no le robé todo lo que tenía mi madre.
—Yo no la obligué a sacrificarlo todo para mantenerme vivo hasta hoy.
—Eres un egoísta que nunca le ha servido a nadie.

El aire entre ambospareció tensarse, vibrando con el choque de voluntades.

Bernardo entrecerró los ojos ysonrió con burla.

—Cierto. Nunca he sido de ayuda para nadie... incluyendo a mi propia madre.

Una pausa.

Entonces su expresión se volviógélida, despiadada.

—Pero dime, Peter... ¿dónde has visto que un rey sirva a sus esclavos?

Peterrechinaría los dientes de la furia, pero Bernardono había terminado.

—Y respecto a tu pregunta sobre mi habilidad...

Susonrisa se amplió, reflejando unasombra de supremacía absoluta.

—Yo no copio habilidades.

Levantó la mano lentamente.

—Yo ordeno... y las habilidades vienen a mí.

El aire a su alrededorpareció vibrar, como si la propia realidad se doblara ante su voluntad.

Peterse tensó al instante.

—Dime, Peter...—continuó Bernardo, su voz goteando un retorcido placer—.¿Sabes cuál es la habilidad de Billy?

Peterapretó los puños.

—Billy... el Top 10 de los alumnos de cuarto año.

Respiró hondo yrespondió con voz grave:

—Flujo Infernal.

Sus ojosse oscurecieron con seriedad.

—Habilidad de naturaleza fuego... y de rango A.

Peter apretó los dientes con furia y dolor.

Bernardosonrió con suficiencia, disfrutando de la expresión de terror en el rostro de su hermano.

—Sí, esa habilidad crea un mundo.

Su voz era un eco de autoridad inquebrantable.

—Aunque menor a mi dominio... sigue siendo poderosa.

Dio un paso adelante, con una calma aterradora.

—Un mundo de fuego donde todo se vuelve cenizas.

Las llamas carmesí danzaron en sus pupilas.

—Incluso el propio espacio se ve influenciado por este poder.

Peter sintió un escalofrío recorrer su aire se volvió sofocante.

Bernardo levantó su dedo índice ylo movió con un gesto sutil, casi perezoso.

—Te ordeno... surge.

El terror de Peter se volvió real.

Justo frente a él,el espacio se quebró como un cristal frágil... ycomenzó a derretirse.

El vacío ardiente creció.Las llamas devoraban la realidad misma.

—¡Mierda!—exclamó Peter.

En undestello cegador,se convirtió en una partícula de luz y se alejó.

Pero no fue lo suficientemente rápido.

Un dolor abrasador perforó su mente.

Miró su mano derecha yel horror lo golpeó con fuerza.

No era solo una ceniza, un carbón quebradizo de lo que antes fue su carne.

Bernardorió suavemente, una risa cruel, burlona.

—Oh, eso debe doler, hermanito.

Levantó una ceja con fingida preocupación.

—Por favor, la próxima vez ten más cuidado.

Su voz adquirió un matiz casi juguetón.

—Me sentiría culpable si mueres de esta manera.

Su sonrisa se ensanchó, cortante como una cuchilla.

—Por favor, no mueras antes que tu débil hermano mayor.

Peterno respondió de respiración era errática, su corazónlatía con furia.

Su mano...su maldita mano.

La miró era una herida superficial. No era algo que pudiera sanar con facilidad.

Era destrucción recordatorio de la abrumadora diferencia entre ellos.

Bernardo lo miró con indiferencia, como si estuviera observando a un insecto agonizante.

—Hermano... dime, ¿sabes lo que pasa cuando la fuerza vital se descontrola?

Peter frunció el ceñ en la voz de Bernardo lo inquietó.

—¿Qué? ¿De qué demonios hablas?

Bernardo suspiró con burla, meneando la cabeza.

—¿Qué es esta falta de ingenio de tu parte, hermanito?

Su mirada se tornó gélida.

—¿Y así pensaste robar mis dotes?

Peter sintió un escalofrío recorrer su ía algo siniestro en la forma en que Bernardo lo miraba...

—Déjame explicarte, niño idiota.

Los labios de Bernardo se curvaron en una sonrisa cruel.

—Déjame mostrarte lo que significa potenciar tanto la vida... que al final, todas las cosas biológicas acaban.

Peter sintió su estómago retorcerse.

Bernardoelevó su mano lentamente, con la gracia de un director de orquesta sosteniendo su batuta.

El espacio a su alrededor comenzó a distorsionarse.

La realidadvibrócomo si algo indescriptible estuviera siendo invocado.

Su mano se movió con un ritmo perfecto, calculado.

El aire se enrojeció.

Un tenue resplandor carmesíse formó alrededor de su brazo, extendiéndose como una estela de sangre líquida danzando en el vacío.

—La sangre...—susurró Bernardo.

Peter sintió que algo dentro de él se estremecía.

Bernardosonrió, pero en su unico ojo solo había frialdad y simpleza.

—La sangre es la moneda del alma.

La temperatura del lugar descendió.

Bernardodio un paso adelante y la energía a su alrededor vibró con un peso sofocante.

—La sangre es la fuerza vital innata en cada ser vivo nacido en este planeta.

Peterretrocedió instintivamente.

Su cuerpole gritaba que algo andaba terriblemente mal.

Las palabras de su hermanoeran más que simples declaraciones.

Eran una sentencia.

Bernardo movió su mano con lentitud, deslizándola hasta su pierna.

Allí,una espada, similar a una katana,estaba incrustada profundamente en su carne, casi perforando su fémur.

Peter sintió un escalofrío al ver la escena.

No era solo la brutalidad de la herida... sino la expresión de su hermano.

Bernardotomó la empuñadura con firmeza, y con un movimiento deliberadorecorrió la hoja con su mano desnuda.

Una sonrisa torció sus labios.

Peter observó algo aterrador.

A medida que la mano de Bernardose deslizaba por la hoja,algo viscoso y oscuroparecía despertarse en el arma.

Un fluidosimilar a la sangreemergió,serpenteando alrededor de los dedos de Bernardo como si tuviera voluntad propia.

Entonces,Bernardo habló.

—Sanguinis Inordinatio.

Su voz resonó en el aire como un eco de algo antiguo y prohibido.

De pronto... el espacio volvió a resquebrajarse.

Miles de litros de sangrebrotaron como una cascada imposible.

El aire se volvió pesado.

Peterse movió instintivamente, alejándose del áreamientras la marea carmesífluíacomo si una herida en la misma realidad se hubiera abierto.

Pero algo no tenía sentido.

Peter frunció el ceño,confundido y horrorizado.

—¿Un dominio dentro de otro dominio?

Eso era absurdo.

Crear unespacio independientedentro del dominio principal era undespilfarro de energía monumental.

¿Qué estaba tramando Bernardo?

Entonceslo comprendió.

Las palabras de Bernardo resonaron en su mente.

"Si la vida no se controla, se sale de control."

Peter sintió un nudo en el estómago.

—No...

"Sin muerte, la vida se descontrola."

Los horrores de los antiguos monstruos exteriores, los abominables seres de las historias prohibidas...

Esto era lo mismo.

La vidasin restricción algunase transformaba en algo...impuro, antinatural, inhumano.

Y ahora, Bernardo estaba trayendo eso a la realidad.

Mientras Peter mirabaatónito,la sangreseguía fluyendodel espacio roto,como si el mundo mismo estuviera desangrándose.

Peter apretó los dientes con rabia.

—¿Qué es esta sangre...?

Bernardogiró la cabeza con desgano, como si la pregunta fuera infantil.

—Oh, esto...—alzó una ceja y esbozó una sonrisa burlona—.Verás, esta es mi sangre.

Peterparpadeó, confundido.

—¿Qué...?

Bernardosoltó una carcajada corta, luego lo miró con algo de decepción.

—Sabía que eras un imbécil, pero no esperaba que fueras tan lento.

Peter sintió su estómago revolverse.

Algono estaba bien en la forma en la que Bernardo hablaba.

—Sabes cuántos litros de sangre tiene un cuerpo humano, ¿verdad?—preguntó Bernardo con calma.

Peterfrunció el ceño.

—Sí, cinco litros en promedio.

Bernardoasintió con satisfacción.

—Correcto. Pero...—sus ojos brillaron con un matiz peligroso—¿quién dijo que esta sangre es de mi "yo" actual?

Peter sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Qué?

Bernardo levantó la mano con indiferencia, señalando el lago carmesí que se extendía ante ellos.

—Toda esta sangre es mía.

—Imposible...—susurró Peter.

Bernardorió con diversión.

—Verás, el flujo del tiempo es curioso.

Peter contuvo el aliento.

—Los seres humanos tenemos un promedio de cinco litros de sangre en el cuerpo.

Bernardo extendió la palma de su mano y la sangre que flotaba a su alrededor comenzó a danzar como si obedeciera sus pensamientos.

—Ahora bien, imagina que cada litro de sangre aquí presente es la acumulación de la sangre de cada versión mía expresada en minutos desde el momento de mi nacimiento.

Peterabrió los ojos con horror.

—No... No puede ser...

Desde algún punto indescifrable,una carcajada profunda se hizo eco en el espacio.

—Jajajaja, en otras palabras...—la voz desconocida habló con regocijo—este mocoso ha tomado sangre de cada versión de sí mismo a lo largo del tiempo para crear este dominio.

El enviado observaba la escena con asombro y diversión.

—Jajaja, mocoso, eres un maldito desgraciado.

Bernardono reaccionó ante la burla.

—Incluso tomaste sangre de la versión de ti mismo que dio su primer respiro...

Peter sintió ganas de vomitar.

—Todo un lago hecho de tu propia sangre...—su voz tembló con asco—¡maldito psicópata!

Su ira estalló.

Con un grito de furia,una espada de luz se formó en su mano.

Bernardosonrió ampliamente, mostrando los dientes.

Con absoluta calma,levantó su espada, la misma que tenía su sangre fluyendo por la superficie como si el arma estuviera viva.

—Jejeje...

Sus ojos destellaron con pura malicia.

—Se acabaron los juegos, hermanito.

Bernardo sonrió con desgano, como si todo esto fuera una conversación trivial.

—Oh, y como te mencioné... este campo está rebosante de vida.

Peterno respondió, sus ojos seguían clavados en su hermano, su agarre en la espada de luz cada vez más firme.

—Dime, hermanito, ¿no sientes curiosidad por lo que ocurre cuando la vida se sobrecarga?

Peterno dijo nada.

No iba a caer en su juego.

Con un rugido de furia,se arrojó hacia adelante, la espada resplandeciente trazando un arco en el aire.

Bernardo,con una expresión de fastidio, movió su arma con pereza, como si aún no se acostumbrara a su peso.

—Bien.

Las ondas en la superficie del lago de sangre se expandieron cuando dio un paso adelante.

—Es hora de que los juegos se acaben.

De repente, su cuerpo salió disparado hacia Peter.

El rojo de su dominiose arremolinó a su alrededor, la energía vital fluyendo como un torrente que sanaba su cuerpo y le concedía unos minutos más de vida.

El choque fue brutal.

Peterse movió más rápido.

Con un grito feroz,su espada de luz brilló y trazó una línea letal.

Un brazo salió despedido.

La sangre salpicó el aire, caliente, densa, inundando los sentidos de Peter.

Por un segundo,vio a su hermano pestañear, como si la pérdida no tuviera sentido alguno.

Entonces,con absoluta calma, Bernardo se inclinó, recogió su propio brazo cercenado y lo volvió a unir al muñón.

Peterobservó, horrorizado, cómo una niebla roja se arremolinaba alrededor de la extremidad.

El miembro cercenado volvió a su lugar como si nunca hubiera sido cortado.

—No te sorprendas.—Bernardoexhaló con desinterés, como si el tema le aburriera.

Levantó la mirada y una chispa de burla destelló en sus ojos.

—Mi vitalidad siempre ha estado al límite.

Petermantuvo su postura, pero su mente giraba en espiral.

—Tantos cánceres y enfermedades en mi cuerpo... crean una barrera.

Una barrera.

Las palabras de Bernardoresonaron en su cabeza.

—Impiden que mi cuerpo mute en un amasijo aborrecible de carne, huesos y células enfermas.

Peterno tuvo tiempo de responder.

Algo lo golpeó.

Una fuerza invisible.

Retrocedió de inmediato, su espada en alto,pero su cerebro tardó un segundo en procesar lo imposible.

Bernardo estaba a más de diez metros de distancia.

Eraimposibleque su ataque lo hubiera alcanzado.

Entonces lo vio.

La sangre.

El lago de sangrese movía, latiendo como si tuviera vida propia.

Bernardosoltó una risa baja, entrecortada.

—Jejeje...

Algo se agitó en la superficie.

Peterlevantó la mirada y vio la sangre moverse.

Como un látigo.

Antes de que pudiera reaccionar,el torrente rojo se lanzó hacia él.

Peter bloqueó, pero la fuerza lo hizo retroceder.

Entonces sucedió.

El dominio sangrientocobró vida.

Y de todas direcciones, los ataques comenzaron a surgir.

Pero Peter y sus clones lograron bloquear los golpes de sangre.

Bernardofrunció el ceño, visiblemente molesto.

—Eso rompe las reglas.

Peterparpadeó, confundido.

—¿Qué?

Bernardosuspiró, como si estuviera corrigiendo a un niño testarudo.

—Dije "cero clones".

En un instante, su cuerpo se movió.

Peterapenas tuvo tiempo de reaccionar cuando la superficie del lago de sangre tembló.

De repente, picos de sangre emergieron como lanzas afiladas.

Uno tras otro,los clones fueron empalados.

La sangre salpicó en todas direcciones.

El sonido de carne perforada y huesos quebrándoseretumbó en el aire.

Bernardose burló, satisfecho.

—Mucho mejor.

Peterapretó los dientes, su mirada encendida de rabia.

Sin dudarlo, levantó su espada y arremetió contra su hermano.

El choque de acero y energía sacudió el campo de batalla.

Bernardointentó repeler el golpe con su espada ensangrentada, pero esta vez Peter fue más fuerte.

Con un giro feroz,lo alejó de un tajo brutal.

Bernardose deslizó unos metros hacia atrás, su arma vibrando en su mano.

Peterse quedó observando, notando algo.

Una pequeña parte de la espada de su hermano no estaba cubierta de sangre.

Sonrió.

Bernardonegó con la cabeza.

—No creas que esto es un logro.

De inmediato, se lanzó hacia adelante.

Su arma se movió con velocidad abrumadora.

En cuestión de segundos,Bernardo comenzó a trazar una danza letal con su espada, generando una esfera de flujos de sangre a su alrededor.

Los ataques de Peter comenzaron a desviarse, rebotando en la barrera carmesí.

Aun así,Peter no se detuvo.

Siguió atacando, lanzando cortes de luz mientras se acercaba a Bernardo.

Pero en el instante en que volvieron a chocar,Bernardo giró su cuerpo con un movimiento fluido.

Con un golpe inesperado, Peter salió despedido.

Su espalda golpeó con fuerza contra la superficie del lago de sangre.

Pero el verdadero horror llegó cuando sintió que se hundía.

La sangre intentaba tragarlo.

Su pie derecho estaba completamente sumergido en la oscura y viscosa sustancia.

El contacto con la sangre cambió algo en él.

Un corte profundo se había abierto en su pierna durante el choque, pero al instante, la herida comenzó a sanar.

Sin embargo,algo extraño ocurrió.

El lago de sangre se filtró en la herida, sanando la carne, pero a la vez algo comenzó a deformarse.

Tumores grotescos empezaron a formarse en su pierna, deformando su estructura.

Peterse horrorizó.

Rápidamente, sin pensarlo, cortó su pierna.

La sangre salpicó por el aire y el dolor se intensificó, pero flotó sobre el lago, alejándose del horror que estaba en su carne.

¡Eso es!—pensó Peter, con la mente atónita.

Esta habilidad de su hermano no solo era peligrosa, sino absolutamente asquerosa.

Sin embargo, también comprendió que la verdadera monstruosidad residía en la psicótica mente de Bernardo, que manejaba todo este poder con una frialdad que sobrepasaba todo lo imaginable.

De repente,la voz burlona de Bernardo rompió el aire.

—Vaya, hermanito, no puedo creer que le tengas tanto miedo a la simple sangre.

En un parpadeo, Bernardo apareció justo frente a Peter.

Su sonrisa era macabra, casi disfrutando del tormento ajeno.

—¿Ya que no quieres tocar la sangre? ¿Te parece tocar el hierro?

Antes de que Peter pudiera reaccionar,un golpe brutal de Bernardo lo envió volando hacia el lago de sangre.

Pero algo extraño ocurrió.

Un pilar de hierro, forjado en el mismo flujo sanguíneo, emergió repentinamente, deteniendo la caída de Peter justo antes de que cayera completamente.

—Vamos, agradeceme. Estoy evitando que tu hemofobia se active.—la burla en su voz era clara, un tono venenoso.

Peter,desesperado por escapar de esa presión psicológica, rugió.

—¡Tsk! Así es como te educó tu inmunda madre y el parásito que dice ser mi padre.

—Por si no lo sabías, se dice 'gracias', maldito cerdo malagradecido.

Peter,enfurecido, no pudo controlar su furia.

—¡Mierda, mierda!—rugió como un animal acorralado.

Bernardo escuchó el grito, pero su rostro no mostró ninguna expresión de sorpresa o cambio.

Su mirada permaneció fría, indiferente ante la tormenta emocional de su hermano.

Era como si el sufrimiento ajeno fuera tan irrelevante como una simple brisa.

Peter avanzó sobre la superficie del lago de sangre.

Cada paso que daba hacía que la mirada de Bernardo cambiara sutilmente, un detalle casi imperceptible, pero real.

Y entonces ocurrió.

En el instante en que Peter se movió, una profunda herida apareció en el cuerpo de Bernardo, como si su mera existencia estuviera rasgando la carne de su hermano.

Bernardono se inmutó, pero su respuesta fue inmediata.

Balanceó su espada múltiples veces, creando una cúpula de flujos de sangre que lo envolvió por completo.

El lago entero reaccionó, convirtiéndose en un mar de ataques asesinos que buscaban devorar a Peter.

Petersabía que no podía permitirse un solo error.

Su velocidad era lo único que lo mantenía con vida.

Sus clones emergían y desaparecían, buscando desviar la atención de Bernardo.

Peroel ojo solitario de Bernardo lo seguía sin descanso.

No miraba los clones. No miraba los engaños. Solo lo miraba a él.

Peterya estaba herido.

Una enorme línea de sangre surcaba su brazo izquierdo, la herida era profunda, casi perforando el hueso.

Y entonces,Bernardo vio algo curioso.

Las células en el brazo izquierdo de Peter, aquel que sostenía la espada de luz, comenzaron a inflarse.

Crecieron de manera grotesca. Hinchadas, palpitantes, retorcidas.

Y luego...

Estallaron.

La carne voló en pedazos, dejando expuesto el hueso desnudo.

Algunos vestigios musculares quedaron colgando, temblando por el dolor que aún recorría los nervios destruidos.

Perono terminó ahí.

El rostro de Peter sufrió el mismo destino.

Su mentón y su frente fueron arrancados por la presión implacable de la mutación.

Ahora, en lugar de piel, solo había hueso.

Una máscara de muerte sobre su propio rostro.

Un corte descendente partió el rostro de Bernardo.

La herida separó su piel del músculo y el hueso que yacía debajo, dejando una visión grotesca de carne abierta.

Pero apenas un segundo después, su piel se regeneró, cerrándose como si jamás hubiera sido herido.

Mientras tanto,Peter tenía una parte de su cráneo expuesta al aire, como si su propia existencia estuviera siendo devorada desde adentro.

Ambos se separaron.

Bernardo sanó con el poder del lago de sangre, mientras que Peter permitió que la luz restaurara su cuerpo.

Y entonces,Peter volvió a convertirse en luz.

Un destello. Un movimiento imposible de seguir.

Y al instante, un profundo corte apareció en la mejilla de Bernardo.

El filo de la espada de luz había logrado marcar su piel.

Pero Bernardono mostró ninguna emoción.

Sus ojos miraron a Peter con la impasibilidad de un adulto que observa a un niño pequeño e idiota hacer una travesura insignificante.

Peter apretó los dientes.

No le gustaba esa mirada.

No quería esa condescendencia.

No la toleraría.

Ambosvolvieron a chocar armas.

El sonido del impacto resonó como un trueno.

Chispas estallaban con cada choque, iluminando brevemente la masacre que era su campo de batalla.

Cada golpe, cada destello de sangre o de luz, era una declaración de guerra entre hermanos.

"Je, deberías ser más consciente de ti mismo, hermano."

Peter habló con frialdad, y en el mismo instante, un clon apareció a espaldas de Bernardo.

La hoja de luz perforó su pecho sin resistencia e intentó desgarrarlo en un corte ascendente.

Pero la mano de Bernardo detuvo el ascenso del arma.

Sus dedos se cerraron en el filo con la misma facilidad con la que alguien detendría una brisa insignificante.

Peter frunció el ceño.

"Me das lástima, hermano."

Bernardoalzó una ceja, esbozando una media sonrisa burlona.

"Oh, qué conmovedor. Al menos sientes algo por mí."

Su voz rezumaba ironía.

"A mí ni siquiera me importa tu existencia."

La forma en la que lo dijo...no era arrogancia, no era odio, ni siquiera desprecio.

Era peor.

Eraindiferencia absoluta.

Peter apretó los dientes, y por un breve instante, su luz titiló con inestabilidad.

Bernardodejó escapar un suspiro exasperado y volvió a hablar con una calma implacable.

"Descuida, yo también siento pena de mí mismo."

Sus ojos recorrieron el cuerpo de Peter de arriba abajo, sin una pizca de emoción.

"Tener que escuchar las palabras de alguien que ni siquiera me llega a los talones... es algo verdaderamente bajo."

Petersintió un estallido de furia, pero antes de que pudiera reaccionar, Bernardo cerró los dedos con más fuerza.

Con un movimiento seco y brutal,forzó la espada y partió el cráneo del clon de su hermano en dos.

La cabeza se abrió como una fruta madura, y la luz se extinguió en un parpadeo.

Bernardoexhaló con aburrimiento, sacudiendo los restos de energía que aún chisporroteaban en su mano.

"Si esto es lo mejor que tienes, Peter... entonces me temo que este juego está a punto de terminar."

Bernardo se irguió con lentitud, girando la cabeza con desdén hacia la entrada de su dominio.

Los guardias irrumpieron en la escena, espadas en alto, formando un círculo defensivo alrededor de resplandor de sus armaduras contrastaba con la mórbida tonalidad carmesí que dominaba aquel infierno sangriento.

Bernardosonrió con burla.

—Así que los insectos quieren proteger a su joven maestro...

Su voz rezumaba veneno.

—Basura despreciable.

Sin esfuerzo alguno, movió su mano en un gesto perezoso.

El lago de sangre respondió como una entidad viva.

La superficie burbujeó, se agitó, y de su interior emergieron siluetas idénticas a él.

Clones de carne y sangre, retorcidos, perfectos en su imperfección.

Como una pesadilla renacida de la misma muerte.

Los guardias vacilaron por una fracción de segundo.

Solo una.

Fue suficiente para que los clones atacaran.

Uno de ellos se movió con una velocidad aterradora, hundiendo ambas manos en el pecho de una de las guardias antes de que pudiera reaccionar.

Un sonido húmedo, el desgarrar de la carne, el crujido de costillas fracturándose.

La mujer jadeó, su mirada descendió a su torso,donde las manos del clon se hundían hasta los codos en su carne.

Sus labios temblaron.

—P-Perdona... —susurró en un hilo de voz, sus ojos llenos de horror.

El clon ladeó la cabeza y sonrió con frialdad.

—No hay perdón.

Con un movimiento cruel, separó sus brazos en direcciones opuestas.

El cuerpo de la mujer se partió en dos, sus entrañas se esparcieron como barro caliente sobre la superficie del lago.

El hedor del hierro se intensificó en el aire.

Los guardiasrugieron de rabia.

El miedo se disipó en un instante.

Solo quedó la ira.

—¡MALDITO ENGENDRO!

Las espadas fueron alzadas y las sombras se movieron.

Los clones sonrieron con fiereza.

Nadie quedará vivo.

Y la masacre comenzó.

Bernardo observó a los guardias luchar, notando cómo su determinación no era por mera supervivencia, sino por ganar tiempo para Peter.

Lo permitió.

No porque subestimara la situación, sino porque le convenía.

Un combate prolongado no solo le brindaba la oportunidad de observar el desenvolvimiento de su nueva habilidad, sino que le daba el tiempo necesario paracomprenderla, moldearla, hacerla suya de verdad.

Las habilidades recién despertadas no se dominan por instinto.

Se pulen, se perfeccionan.

YBernardo no era un simple guerrero.

Era un arquitecto de la masacre.

Inspiró profundamente.

Cada inhalación comprimía su maná dentro de sí, enroscándolo como una bestia adormecida en su interior.

Sus músculos se relajaron, su mente se aquietó.

Su manáfluyó con una precisión quirúrgica.

Una estabilidad aterradora.

Podía pelear con una destreza innata, con un poder que lo situaba entre los más fuertes de su rango.

Y sin embargo...

Había sido marcado como un lisiado.

Alguien sin fuerza. Sin derecho a levantar un arma.

La hipocresía de aquellocasi le hacía reír.

El suelo de sangre se alzó.

Untrono de sangre cristalizadasurgió desde las profundidades, imponente, reflejando la luz de forma macabra.

Bernardose dejó caer sobre él, cruzando una pierna sobre la otra, apoyando el codo en el reposabrazos.

Cerró los párpados.

El eco de la batalla rugía a su alrededor.

No importaba.

No podía recuperar su ojo.

El pensamientohirvió en su mente como veneno.

Gruñó internamente.

Y la tierra tembló.

Una onda de choque estalló desde su trono, expandiéndose como una marea invisible.

El aire se estremeció.

Los guardias sintieron un escalofrío.

Uno de ellos, con el corazón latiendo con desesperación,levantó la mirada hacia el trono en lo alto.

Vio a Bernardo.

Sereno. Impasible.

Como un dios contemplando el destino de los condenados.

Los guardias sintieron la onda de choque como unlatigazo invisibleque sacudió sus huesos y destrozó el aire. Un escalofrío reptó por sus espinas dorsales al ver aBernardo en lo alto, en su trono de sangre cristalizada, observándolos como si fuesen meros insectos luchando en el fango.

Uno de los guardias tragó saliva con dificultad, apretando la empuñadura de su arma.

—Mierda...—susurró, sintiendo cómo su propio cuerpo se rebelaba contra él, temblando ante la presencia de aquel ser que no debería existir.

Otro intentó reunir coraje.

—¡No es invencible! ¡Atáquenlo!

Y lo hicieron.

Cargaron como una jauría de lobos hambrientos... pero eran perros contra un leviatán.

Los clones de Bernardose deslizaron entre ellos como espectros sangrientos, sus manos atravesando carne y hueso con la facilidad de una cuchilla caliente cortando mantequilla.

Uno de los guardias, una mujer de cabello corto y expresión feroz, intentó lanzar un corte a uno de los clones, pero su espada simplementeatravesó la silueta de sangre como si estuviese golpeando agua.

Un error fatal.

El clonse reformó en un instante y, sin darle tiempo a reaccionar, hundió sus dedos en su garganta.

Ellase atragantó con su propia sangre, sus ojos llenándose de pánico mientras el clon la observaba con una sonrisa torcida.

—¿Sabes qué es lo mejor de la sangre?—susurró, inclinándose sobre su rostro pálido—.Que recuerda.

Con un movimiento brutal, la partió en dos.

Los demás guardiasrugieron con furia y desesperación, pero Bernardo solo los observaba desde su trono.

No se movió.

No hizo nada.

No lo necesitaba.

Su dominioera absoluto.

Los cadáveres comenzaron a acumularse a su alrededor. La sangre empapó el suelo, y como si tuviese vida propia, comenzó aser absorbida por el lago.

Alimentándolo.

Fortaleciéndolo.

Bernardo sonrió.

—Vamos, sigan más sangran, más fuerte me vuelvo.

Y aún no he terminado con ustedes.

Los pocos guardias que quedaban se miraron entre sí, sus rostros manchados de sangre, sus cuerpos temblorosos y ían que no podían ganar, pero retroceder no era una opción.

Uno de ellos, un hombre de avanzada edad con cicatrices en su rostro, apretó los dientes y escupió sangre al suelo.

—Si vamos a morir... ¡que sea peleando, maldita sea!—rugió, cargando con su lanza en alto.

Los demás lo siguieron.

Era una carga había esperanza en sus ojos, solo furia y la determinación de morir como guerreros.

Pero Bernardo, sentado en su trono de sangre cristalizada,los miraba con aburrimiento.

—Qué idiotas...—suspiró.

Los pocos guardias que quedaban se miraron entre sí, sus rostros manchados de sangre, sus cuerpos temblorosos y ían que no podían ganar, pero retroceder no era una opción.

Uno de ellos, un hombre de avanzada edad con cicatrices en su rostro, apretó los dientes y escupió sangre al suelo.

—Si vamos a morir... ¡que sea peleando, maldita sea!—rugió, cargando con su lanza en alto.

Los demás lo siguieron.

Era una carga había esperanza en sus ojos, solo furia y la determinación de morir como guerreros.

Pero Bernardo, sentado en su trono de sangre cristalizada,los miraba con aburrimiento.

—Qué cansinos...—suspiró.

Levantó su mano yel lago reaccionó de inmediato.

De la sangre surgierontentáculos afilados, picos grotescos y garras carmesíes que se lanzaron sobre los guardias como bestias hambrientas.

Uno de los hombresfue empalado en el abdomen, su expresión de dolor apenas tuvo tiempo de formarse antes de que un segundo tentáculo le perforara el cráneo.

Otro intentó esquivar, peroel suelo bajo sus pies se volvió líquido y lo tragó en un último grito quedó ahogado en el océano rojo.

La sangrese convirtió en su verdugo.

Bernardo cerró los ojos por un momento, sintiendo el poder fluir a través de é muerte lo hacía más fuerte.

—Pobres necios.—Abrió los ojos y miró a Peter, quien aún flotaba sobre el lago,mirando la masacre con rabia en sus ojos mutilados.

Petersabía que no tenía mucho tiempo.

Respiró hondo ydejó que la luz lo consumiera.

En un instante,se convirtió en un destello cegador.

Bernardo entrecerró su ojo restante, observando con calma.

—¿Así que al fin dejarás de huir?—murmuró con burla.

Peter apareció frente a él en un parpadeo, su espada de luz descendiendo con la fuerza de un juicio divino.

Bernardolevantó su espada de sangre para bloquearlo...

Pero esta vez,la luz fue más rápida.

Un destello.

Un corte.

Y el mundo quedó en silencio.

Bernardobajó la vista lentamente.

Su trono de sangre cristalizadaestaba partido en dos.

Y en su abdomen...una herida brutal humeaba con luz dorada.

Por primera vez en toda la pelea,Bernardo frunció el ceño.

—Tch...

Peter, jadeando, con sangre corriendo por su rostro esquelético,sonrió con triunfo.

—Te tengo, maldito bastardo.

Bernardo sintió el impacto en su pecho como un trueno aire le abandonó los pulmones, su visión se distorsionó y, antes de poder siquiera reaccionar, su cuerpo se precipitó al lago de sangre.

El líquido carmesí lo envolvió como una prisión viviente.

Su piel ardió, su herida abierta gritó de dolor y su conciencia osciló entre la lucidez y la ó cómo la sangre intentaba invadirlo, consumirlo, deformarlo como lo había hecho antes.

Su suspiro a pesar de la herida se hiso notar.

Hermano eres un imbécil.

Dime donde estas.

Las palabras de Bernardo eran como si le preguntara a un ser inferior.

Antes de que Peter reaccionara un puño lo arrojo al lago de sangre.

Pero antes de que su mente colapsara, una voz rompió la tormenta de agonía.

—No pensé que llegaría a esto.

Peter abrió los ojos de golpe, la sangre aún cegá era Bernardo quien había hablado.

Flotando sobre el lago, con los brazos cruzados y una expresión neutra,una figura idéntica a Bernardo lo observaba con indiferencia.

Esta mal que piense que eres un psicópata.

Soy tu, se encogió de hombros Bernardo, mientras miraba a su versión de 5 años el cual flotaba en el aire.

—Bueno, ya lo sabes. Debes de prepararte.—La voz del nuevo Bernardo sonaba más joven, pero cargada de una autoridad inquebrantable.

Peterse impulsó fuera del lago, tosiendo y tratando de recuperar el ó la figura frente a él con incredulidad.

—¿Qué carajos...?

—Te quedan 15 años para que esto suceda.

Peterfrunció el ceño.

—¿De qué mierda hablas?

El Bernardo más jovensuspiró con fastidio.

—Lo vuelvo a preguntar, está mal que piense que eres un psicópata.

La respuesta no iba dirigida a Peter.

El Bernardo adultose encogió de hombros.

—Soy tú.

Peter sintió un escalofrío recorrerle la espalda.¿Qué demonios estaba viendo?

El niño que flotaba en el aire tenía la misma mirada fría y despiadada, pero había algo en él... algo quetodavía no se había roto.

—No puedo creer que esto pasara.

La voz infantil era extrañ era la voz de un asesino.

Era la voz deun niño que aún no entendía la monstruosidad que lo esperaba.

Bernardo le dedicó una sonrisa seca a su versión más joven.

—Te acostumbras.

El niño lo miró fijamente.

—¿Esto te pasó a ti también?

—Por supuesto.—Bernardo cerró su único ojo por un ía algo en su tono... algo que Peter no había escuchado antes.

Cansancio.

—¿Por qué crees que estás aquí? Este momento solo es un nodo de tiempo, algo resaltante.

Peterapretó los dientes.

—Basta de mierda filosófica, ¿qué está pasando?

Pero los dos Bernardoslo ignoraron.

El niño inclinó la cabeza.

—Oh, por cierto... cuando regreses, dale un fuerte abrazo a mamá. le dijo el Bernardo adulto.

El Bernardo niño no reaccionó al instante. Solo cuando el niñocomenzó a desvanecerse, su voz sonó con un peso que Peter jamás le había escuchado antes.

—Solo hazlo.

Y con esas palabras,el niño desapareció.

El mundo pareció tiempo volvió a fluir.

Y Peter...no entendía nada.

El río del tiempoactuó como un dios indiferente, borrando las heridas del cuerpo de Bernardo como si nunca hubieran trono de sangre cristalizada también fue restaurado,cada grieta reparándose como si el daño nunca hubiera ocurrido.

PeroBernardo ni siquiera parpadeó ante esto.

Su ojo seguía ignorando a Peter.

Ignorando el caos.

Ignorando todo.

Su atención estaba en un solo la llama que ardía dentro de él.

Cinco minutos.

No...ni siquiera la mitad de cinco minutos.

Bernardoobservaba su propia existencia desmoronarse.

Su vida,una vela al borde de la extinción.

Y la certeza lo golpeócon la fuerza de una sentencia divina.

—Voy a morir aquí.

No era miedo lo que sentí había sorpresa, ni rabia, ni desesperación.

Solo una certeza absoluta, inquebrantable.

Su vida llegaba a su fin.

Y Peter,su idiota y patético hermano menor,seguía vivo.

Por ahora.

Aquí tienes tu texto con todos los puntos aplicados en profundidad:

Madre... espero que no sufras tanto.

El pensamiento cruzó la mente deBernardocon la pesadez de un susurro en la tormenta. La imagen del rostro de su madre emergió en su mente como una visión fugaz, seguida por los de sustres hermanos, figuras que se desvanecían en la distancia de un pasado sonrisa añorante se dibujó en su rostro, un gesto que era más un reflejo de la memoria que de la mano, temblorosa y cargada de nostalgia, se extendió inconscientemente hacia la nada, como si intentara tocar aquello que le había sido arrebatado.

Pero al abrir suúnico ojo, solo encontrósoledad.

Y gritos.

Gritosconstantes,agónicos, un coro de muerte que retumbaba en el aire, saturándolo con el hedor del miedo y la guardias yacían en el suelo como muñecos rotos, sus cuerpos despedazados, sus miradas vacías aún reflejando la incredulidad de su destino.

Peterforcejeaba, desesperado, intentando escapar delDomino de Sangreque se cerraba sobre él como una trampa movimientos eran erráticos, torpes, presa del pánico, sin darse cuenta de que el verdadero peligro no estaba solo en el dominio que lo ataba, sino en el que lo acechaba: el Dominio Principal de Bernardo.

Un guardia, aún con vida, se aferró a su lanza con la obstinación de un hombre que sabe que su final es inminente pero se rehúsa a un rugido de determinación, descargó un ataque directo hacia el verdadero Bernardo.

No lo alcanzó.

Un clon se interpuso, esquivando con precisión inhumana, y en ese mismo instante, su puño atravesó la defensa del guardia con una brutalidad primer impacto le destrozó las costillas, el segundo hizo crujir su armadura como si fuera papel, y los siguientes golpes fueron una tormenta despiadada de destrucció entrañas del guardia se convirtieron en un amasijo irreconocible dentro de su propio cuerpo, sus órganos pulverizados antes siquiera de poder gritar.

El hombre cayópesadamente al suelo,escupiendo sangre oscura, la vida abandonándolo con un gemido ahogado.

El clonextendió su piey, sin titubear,aplastó la cabeza del guardia contra el suelo con un golpe seco y chasquido húmedo, seguido por el crujir de huesos fracturándose y el sonido viscoso de la masa encefálica esparciéndose en el piso.

Silencio.

El eco de la matanza era la única respuesta.

Bernardoobservó la escena con la misma emoción que un espectador aburrido en una obra de teatro sin interé cuerpos destrozados, los gemidos de los moribundos, la sangre empapando el suelo... nada de eso le provocaba el más mínimo sentimiento.

Movió su mano con desdén, y los guardias que aún osaban adentrarse en suDominio Sangrientofueron desplazados con una fuerza invisible, arrastradoslejos de su verdadera valían su tiempo.

—Los insectos no merecen mi atención.—Su voz resonó con la frialdad de una sentencia divina.

Se puso de pie sobre su trono, y en ese instante, suDominiorespondió.Algo cambió.El ambiente se tensó, como si la sangre misma reconociera el movimiento de su amo y se preparara para seguirlo sin vacilación.

El Lago de Sangre se agitó, su superficie burbujeando con una furia contenida antes de desatar su verdadera áculos carmesí emergieron como látigos vivientes,enredando y desgarrando a los guardias sin piedad, envolviendo sus cuerpos antes de aplastarlos contra el suelo con una violencia ahogados, huesos rompiéndose, la sangre derramada volviendo a la fuente de la que nació.

En lo alto,Bernardo movió su mano una vez más, yTRES PARES de alas se desplegaron en su espalda, formadas íntegramente de sangre vastas, grotescas y magníficas a la vez, un símbolo de poder y destrucción.

Descendiócomo undios vengador,su sombra devorando todo a su paso.

Peter no esperó.

El instante en que Bernardo se movió, el resplandor de su luz estalló y su cuerpo reaccionó de ía que quedarse quieto significaba morir.

PeroBernardo no necesitaba alcanzarlo con sus manos.

Desde el Lago de Sangre,plumas afiladas como cuchillas y látigos carmesíse lanzaron en su direcció veloces, imparables, diseñados para devorar a su presa sin darle espacio para respirar.

Peter se deslizaba entre ellos, su luz parpadeando con cada movimiento, esquivando la embestida letal que lo acechaba.

Pero¿cuánto tiempo podría seguir huyendo?

Bernardo descendió con la imponente majestuosidad de un dios que nunca ha conocido la presencia era un peso insoportable sobre los hombros dePeter, quien apenas podía mantenerse en pie ante la asfixiante presión de suDominio Sangriento.

Las plumas carmesí seguían surcando el aire, los látigos de sangre aún buscaban su carne, pero Bernardo no tenía del espectáculo de su presa esquivando, corriendo, resistiéndose al destino que ya estaba sellado.

Y entonces, habló.

—Sabes algo, Peter... No tengo que esforzarme para ser el mejor.

Su voz era tranquila, casi perezosa, como si el tema en cuestión fuera tan obvio que le resultara aburrido siquiera mencionarlo.

—Y la razón inmutable de esto es que simplemente...soy el mejor.

Sus palabras eran dagas, no un simple alarde, sino la verdad absoluta a la que el mundo entero debía inclinarse.

—Por eso deseas mis dotes.—Dio un paso, y el suelo crujió bajo su presencia.

Peter apretó los dientes, su luz parpadeando con furia contenida.

—Recuerda...—continuó Bernardo, con una sonrisa desdeñosa—,soy la chispa que nadie puede extinguir.

El resplandor escarlata de su dominio pareció intensificarse, como si cada gota de sangre vibrara con su existencia.

—El universo gira... y no porque yo exista, sino porque yo lo observo.

Peter sintió cómo algo se quebraba dentro de sí.¿Cómo podía alguien hablar con tanta certeza? Con tanta arrogancia sin siquiera pestañear?

Pero Bernardo no había terminado.

—Debes entender, estúpido hermano...Sin mí, el sentido se pierde. Sin mí, la grandeza se desvanece.

Peter sintió su corazón martillando en su pecho.¿Era rabia? ¿Era miedo?

Bernardo inclinó la cabeza, observándolo con fingido interés.

—Oh... ¿qué pasa con ese conflicto en tus ojos, pequeño imbécil?

Su sonrisa se ensanchó.

—No me digas que...jeje...

El sonido de su risa fue como un puñal en la psique de Peter, una burla sin compasión, un eco de superioridad absoluta.

Y entonces, con una mueca exagerada, puso una mano sobre su pecho.

—Mis más hipócritas disculpas.

Se inclinó en una burla cruel, como si realmente estuviera ofreciendo disculpas genuinas.

—Si te ofendí con mis sinceras palabras...

Su sonrisa se torció en algo aún más venenoso.

—Es que yo no nací para complacer a nadie.

Y con un movimiento de su mano, el Lago de Sangre rugió, listo para devorar a su hermano.

Peter, con el pecho ardiendo de rabia, apenas pudo contener el torrente de emociones que chocaban dentro de é palabras de Bernardo lo atravesaban como agujas afiladas, cada frase era una afrenta, un recordatorio de su impotencia frente a aquel monstruo de arrogancia.

Pero no podía luz que emanaba de su ser se intensificó, irradiando de tal forma que hasta la misma atmósfera pareció comprimirse bajo su poder.¿Cómo podía un ser como Bernardo hablar de grandeza?Si sólo se veía a sí mismo como una figura de dominio,un ser que pisoteaba todo lo que tocaba sin más propósito que el de alimentar su ego insaciable.

—No te engañes, Bernardo...Peter habló con furia contenida, su voz firme a pesar de la tormenta de sangre que lo rodeaba. —Tu dominio no te hace grande, tu vacío interior lo hace.

Pero Bernardo sólo sonrió más, como si la respuesta de Peter fuera la broma más divertida que había escuchado en siglos.

—¿Vacío?—La risa de Bernardo resonó con fuerza, como si se estuviera burlando de un niño que aún no entendía cómo funcionaba el mundo.

Con un gesto despectivo, levantó su mano, yel Lago de Sangre comenzó a agitarse aún más violentamente, los tentáculos rojizos buscando a Peter como si fueran las garras de una bestia que sentía la sangre de su ví amenaza era palpable, cada segundo que pasaba sentía cómo el aire se llenaba de presagio y muerte.

Sin embargo, algo había resplandor de Peterse volvió más fuerte, más ardiente, la luz que emanaba de su cuerpo se transformaba en una ola imparable,en un furioso vendaval de luz pura que parecía desafiar todo lo que Bernardo representaba.

—No...Peter avanzó, un destello de determinación brillando en sus ojos.—No me hables de grandeza cuando ni siquiera entiendes el significado de sacrificio.

La energía que emitía empezó a distorsionar el aire a su alrededor, cortando la presión de la sangre que lo paso que dabahacía que los tentáculos de sangre retrocedieran, como si de alguna forma la luz que emanaba de él les quemara.

Bernardono se movió, pero sus ojos reflejaron algo más que burla una chispa de interés, algo que rara vez mostraba.¿Podría ser que Peter estuviera cambiando? Que aún hubiera algo en él que pudiera desafiar la perfección de su dominio?

—Así que es esto...la chispa de algo que no entiende el poder verdadero.

Peter se lanzó hacia adelante,las plumas de sangre se acercaron como látigos para desgarrarlo, pero esta vezPeter no las esquivó.Las absorbió con la luz pura que emanaba de su cuerpo, dejando que la sangre las tocara solo para desintegrarlas al rugido de dolor se alzó desde las profundidades del Lago de Sangre, como si su propio dominio estuviera herido por la esencia de Peter.

—Impresionante...Bernardo murmuró, con la voz apenas audible ante el estruendo que generaba la lucha. —Pero sabes que la luz que traes no puede apagar lo que ya está en mi dominio.

Peterdudó por un segundo, pero en ese instante,Bernardo se lanzó hacia él,sus alas de sangre batieron con furia, abriendo una cortina de muerte a su alrededor. El choque estaba por llegar, yno sería fácil escapar.

Peter no dudó, el destello de luz en sus ojos alcanzó un nivel aire a su alrededor empezó a crujir, como si la misma atmósfera cediera ante la presión de su poder un solo movimiento,extendió su brazo hacia adelantey una explosión de luz pura surgió desde su núcleo, surcando el espacio con la rapidez de un relámpago,un haz cegador que cortó a través del aire y se estrelló contra Bernardo con toda su fuerza.

La luz chocó contra el cuerpo de Bernardocomo una tormenta arrolladora,y en un giro brutal de energía, la mano de Bernardo fue arrancada con una explosión de sangre que tiñó el extremidad flotó en el aire, dejando un rastro rojo mientras caía al suelo con un estruendo carne desgarrada brillaba con la intensidad de la luz, peroBernardo no reaccionó.

No hubo gritos. No hubo signos de rostro de Bernardo permaneció inmutable, su mirada fija en Peter, como si nada hubiera un resoplido de desdén, simplemente dejó caer la sangre de su muñón, como si la pérdida de su brazo fuera tan insignificante como una molesta picadura.

—¿Eso es lo mejor que tienes, hermano?La voz de Bernardo retumbó como un trueno, llena de burla.—Un simple brazo no me detendrá.

Antes de que Peter pudiera procesar lo que estaba ocurriendo, Bernardo se lanzó hacia él con una velocidad aterradora, sus alas de sangre batiendo con garras formadas por la sangre se estiraron, desgarrando el aire con un rugido un giro rápido,Bernardo saltó sobre Peter, utilizando su pierna libre para dar un violento golpe a su rostro, enviándolo a estrellarse contra el suelo.

Peter apenas tuvo tiempo de reaccionar, su visión borrosa por el impacto, pero en cuanto logró recuperar la compostura,los dientes de Bernardo se clavaron en su piel, como una tormenta de golpes que no golpe de Bernardo parecía estar cargado de toda la furia del universo, sus dientes eran como las astillas de un pedazo de metal roto, rasgando su carne mientras la sangre brotaba a chorros.

La expresión de Peter se distorsionó, pero su voluntad no se quebró.A pesar de la brutalidad del ataque, sus ojos brillaban con un fuego luz en su interior comenzó a resurgir, quemando los golpes que recibía, diseminando chispas de energía alrededor como una explosión constante.

Pero Bernardo no se cada dentellada, con cada golpe de su pie, su risa llena de desprecio llenaba el como si la batalla fuera un juego para él, un juego con su hermano, quien ya había perdido ante él antes incluso de que pudiera intentar hacerle frente.

—Te dije que sin mí, todo pierde su propósito...Bernardo dejó caer otra patada, levantando polvo y escombros mientras su mirada seguía fija en Peter, quien apenas podía mantenerse de pie.—Eres nada sin mí.

La batalla entre los dos hermanos había alcanzado un punto crí y Bernardo se separaron tras el intercambio de golpes, ambos heridos pero en pie, el aire entre ellos cargado de una electricidad se rehizo en un abrir y cerrar de ojos, más rápido que Peter, como si el tiempo mismo le hubiera obsequiado una ventaja imposible de superar.

Fue entonces cuando, por primera vez, Bernardo se detuvo a mirar sus propias sangre fluía libremente por su cuerpo, peroen un instante, como si la realidad misma se rendiera ante su poder,su carne se reconfiguró.Las heridas desaparecieron como si nunca hubieran existido, dejando solo la huella de su poder, el rastro de una regeneración indomable, una energía que se tejía sobre su carne de forma tan perfecta como si nunca hubiera sido rota.

—Dime, Peter, ¿tienes hambre?La voz de Bernardo se deslizó a través del aire con una calma perturbadora, una sonrisa cruel adornando sus labios.

—¿Qué... qué estás diciendo?La respuesta de Peter fue un susurro lleno de desconcierto, la sensación de que algo terrible estaba por suceder se cernía sobre él.

—Oh, nada... solo digo que mi invitado tiene hambre... y no apartó la mirada de su hermano, sus ojos brillaban con un desdén casi palpable.

Peter no entendió de inmediato, su mente todavía procesando las palabras extrañas de su hermano, pero fueel silencio pesado lo que finalmente lo alertó.Un escalofrío recorrió su espalda, yfue entonces cuando miró alrededor, buscando alguna señal de lo que estaba ocurriendo.

Todo parecía quieto, las aguas de sangre que antes se agitaban bajo el dominio de Bernardo estaban ahora estancadas, como si el tiempo mismo hubiera dejado de sintió una oleada de terror recorrerlo, una sensación tan visceral que le heló los en peligro.

Miró desesperadamente a su alrededor, buscando alguna salida, pero no vio nada, no hubo movimiento, solo solocuando su mirada se posó nuevamente en Bernardoque su hermano, con una sonrisa malévola,señaló hacia abajo.

Y fue ahí donde Peter vio el negro se abrió en el suelo de sangre, enorme, oscuro, y avanzaba con una fuerza incontrolable, tragándose todo lo que reaccionó al instante, su cuerpo estalló en luz pura, su velocidad alcanzando niveles imposibles, como un destello de energía no fue lo suficientemente rápido.

El agujero lo alcanzó, y las piernas de Peter fueron consumidas por la desesperación se reflejó en sus ojos mientras sentía cómo la sustancia negra lo arrastraba, como si todo su ser estuviera siendo desgarrado por una fuerza insondable.

Mientras Peter se elevaba en el aire, tratando de escapar, su visión se nubló por el caos. Y entonces,vio el rostro de su peor pesadilla, emergiendo del mar de sangre.

Una enorme cabeza de tiburón carmesí saltó hacia él, sus ojos llenos de hambre, de una sed insaciable que solo podía ser satisfecha por su destrucció monstruo, alimentado por la misma sangre que había engullido la tierra, abrió su enorme mandíbula, dejando al descubierto colmillos tan largos como rugido de la bestia llenó el aire, retumbando en los oídos de Peter como una sentencia de muerte inminente.

Mientras los demás observaban la escena con incredulidad, la atmósfera se volvía cada vez más poder que emanaba de Bernardo era palpable, como si el aire mismo estuviera bajo su guardias, que antes se mantenían firmes, no pudieron evitar sentir un nudo en sus estómagos al ver el monstruoso espectáculo frente a ellos.

—¡Eso... eso es un megalodón de sangre!Exclamó un guardia con voz entrecortada, sus ojos fijos en la criatura que se alzaba ante ellos.

Pero otro, con una sonrisa irónica dibujada en su rostro, negó con la cabeza.

—No. Esa cosa no fue enviado de la familia,dijo con seriedad,pero su sonrisa nunca desapareció, como si nada fuera realmente tan grave.

—¿Qué quiere decir, señor?El guardia, que no entendía, apenas pudo balbucear, su tono cargado de incertidumbre.

El enviado señalo a Bernardo, y luego alzó la mano y señaló hacia el monstruo que ahora se retorcía en el mar de sangre, un coloso carmesí que parecía desafiar toda lógica.

—Lo convocó, no, lo más exacto sería decir que lo arrebató.La voz del enviado era baja, pero llena de una oscuridad profunda que parecía penetrar en la mente de los presentes.

El monstruo, una bestia descomunal, no había sido creado por los esfuerzos de su hermano ni invocado por ningún ritual común, sino que había sidoarrancado del futuro , con su dominio sobre la sangre y el tiempo, había manipulado el tejido de la realidad para traer al monstruo de otro momento, un ser que ya pertenecía a la inmensidad de los mares sangrientos que se extendían más allá del tiempo mismo.

—¿Un... un monarca del océano de sangre?Preguntó un guardia que temblaba al contemplar la escena, el monoculo sobre su ojo reflejando la enormidad del voz era un susurro lleno de terror y asombro.

—Sí...respondió el enviado con calma,pero no es un monarca en su plenitud, es solo una cría en la fase de formación del núcleo sanguí más prodigio que sea, no podría controlar a los verdaderos gobernantes del océano de sangre.

Su tono, aunque cargado de certeza, no hizo que la sensación de peligro se monstruo, aunque joven y en formación, seguía siendo una amenaza si no era uno de los señores absolutos de ese dominio de sangre, su poder era innegable, y su sola presencia provocaba que el espacio mismo pareciera doblarse bajo su peso.

El guardia que había hablado antes, el que temblaba, tragó saliva, sus ojos no podían apartarse del monstruo que se agazapaba en el lago carmesí.La idea de que incluso una criatura tan "incompleta" podía ser tan poderosa le helaba la océano de sangre, un dominio tan vasto y profundo, no estaba solo en el control de lo que conocí la cría de este monstruo era capaz de tales proezas, ¿qué esperarían los verdaderos monarcas?

El enviado, con una calma calculada, observó la criatura del mar de sangre retorcerse ante él, pero sus palabras no reflejaban el miedo que debería generar tal espectáculo.

—Tranquilízate,dijo con voz pausada,los verdaderos Overlords del mar sangriento son demasiado poderosos para que el mocoso los pueda arrebatar de su tiempo origen.

Admito que la habilidad que el sacrificio esta usando es fuerte. el enviado hablo.

No obstante, en su interior, pensamientos más oscuros rondaban su mente, preguntas que aún no tenía que la habilidad que Bernardo estaba utilizando era fuerte era fácil, pero, al mismo tiempo, sabía que todo poder tenía un límite.Aún así, si Bernardo era capaz de arrancar una bestia mágica del océano de sangre, ese límite parecía cada vez más difuso, casi inexistente.

—Aunque, para todo absurdo, hay un límite, y ese es el límite de Bernardo.

El tono del enviado se mantuvo firme, pero una sombra de preocupación oscureció su idea de que alguien pudiera ser capaz de tal hazaña y sin esfuerzo visible le hizo sentir un escalofrío Bernardo tenía ese tipo de poder... realmente el concepto de "límites" comenzaba a desmoronarse.

El enviado dejó escapar un suspiro, su mente comenzó a recorrer una línea de pensamiento más sombría, más filosófica.

—El despertar de los seres vivos...su voz se tornó más reflexiva, como si estuviera analizando la magnitud de lo que eso comenzó, el planeta cambió de forma irreconocible. El mundo que conocíamos ya no era el mismo.

El planeta, ahora mucho más masivo que antes, se expandió en dimensiones que desbordaban toda comprensión humana.

—Decir que la tierra tiene de una luna a Marte no es exageración alguna,continuó el enviado, aunque sus palabras parecían más una declaración de hechos que una mera observació planeta ha crecido tanto que ahora, en realidad, es el centro del sistema solar.

El planeta no solo había crecido en tamaño, sino también en continentes habían emergido, y con ellos, mares y océanos desconocidos.

Y, como si la Tierra misma hubiera comenzado a recordar su naturaleza primordial, la madre tierra, su conciencia o mejor conocida como la madre primordial, había recreado antiguos continentes y mares que existieron y desaparecieron a lo largo de la historia.

Lo que era aún más desconcertante, y de alguna manera aterrador, era que el planeta seguía expandiéndose a un ritmo sabía hasta qué punto podría llegar, ni qué implicaba tal expansión.

—El mar de sangre...murmuró el enviado, una ligera sonrisa irónica asomando en su rostro mientras sus ojos se perdían en el un nuevo mar, creado por la madre í residen los seres acuáticos más fuertes, más feroces, más longevos y sanguinarios.

Su voz se tornó más grave, como si el peso de la verdad estuviera por caer sobre todos ellos.

—Es, de hecho, un campo de batalla constante contra las caminantes del vacío.

Los Void Walkers, aquellos seres de oscuridad pura, atacaban todos los continentes y océanos del planeta, pero el mar de sangre era el campo de batalla más importante y, al mismo tiempo, el mayor depósito de la última reserva, el último bastión contra los ataques de esas criaturas, pero también la mayor fuente de conflicto en todo el planeta.

El enviado se quedó en silencio, mirando hacia el horizonte, donde la sangre en el mar parecía moverse con una siniestra ía que la lucha contra los Void Walkers era inevitable, y el mar de sangre, por ser el lugar más fértil de poder, era su principal campo de batalla.

Esa batalla no solo era por la supervivencia de los océanos, sino también por el dominio de todo lo que vivía y respiraba en ese mundo expandido.

El enviado, con una mirada astuta y penetrante, observó detenidamente al monstruoso tiburón, sus movimientos eran erráticos, casi desesperados.

—Pero ese pececito está asustado...murmuró en voz baja, casi como si hablara consigo ía algo en su comportamiento que no encajaba, algo que no era normal en una bestia tan poderosa.

Un guardia cercano, con ojos llenos de incredulidad, señaló hacia el mar con cierto asombro.

—Esa cosa le tiene miedo a algo,dijo, casi como un susurro, sin poder creer lo que sus ojos veían.

Otro guardia, tratando de restarle importancia a la situación, se mostró más confiado.

—Tranquilízate. Incluso si es una bestia de ese tamaño, podemos tono denotaba una arrogancia que no compartía el enviado, consciente de la fragilidad de los humanos frente a lo que realmente acechaba en esas aguas.

Pero, como siempre, el enviado no se dejó engañar por las palabras vacías de los guardias. Su mirada se mantuvo fija en el monstruo, evaluando cada movimiento.

—Sí, pero ¿cuántos de nosotros moriremos antes de que esa cosa caiga muerta?La realidad de la situación se había instalado de inmediato, su voz grave reflejaba la seriedad del bestias mágicas no eran como los humanos, mucho más poderosas, mucho más letales, incluso en niveles bajos de poder. Y esta criatura...se encontraba en una fase de formación de núcleo sangriento, lo que la hacía aún más impredecible.

A pesar de la creciente tensión entre los guardias, el enviado no prestó atención a sus pensamientos estaban más allá de sus dudas y temores, enfocados únicamente en el comportamiento del tiburón.

Su mirada se volvió aguda, como un depredador que observa a su presa, pero en este caso, la presa estaba perdiendo el tiburón saltó del agua con una velocidad increíble, sus fauces se abrieron para intentar atrapar a Peter, pero... algo no estaba tiburón no utilizaba sus ataques naturales con toda su fuerza, y eso era un signo claro de que algo lo estaba perturbando.

El enviado frunció el ceño, la intriga recorriéndolo.

—Está muy agitado,pensó, observando cada espasmo de la bestia, cada vez más errática en su como si temiera algo más grande, algo que no podía ver, pero lo sentía acercándose.

El tiburón, una criatura del mar sanguíneo, estaba claramente fuera de control, su naturaleza primitiva chocaba con el miedo que lo pregunta surgió en la mente del enviado: ¿Qué podría aterrorizar a una criatura tan poderosa, un ser que había sido arrancado del futuro mismo por Bernardo?

La calma del enviado, siempre tan inquebrantable, comenzó a quebrarse por un ligero atisbo de mucho más oscuro acechaba en el mar, algo que incluso los monstruos más temibles temían. Y el enviado, por primera vez, comenzó a preguntarse si realmente estaba preparado para enfrentarse a lo que vendría.

El enviado se quedó completamente estático, sus ojos fijos en lo que acababa de emerger del mar de sangre que Bernardo había convocado.

Una figura monstruosa apareció, mucho más grande que el propio megalodón de sangre, sus dimensiones parecían desafiar la comprensión.

La cabeza, colosal, emergió con una fuerza abrumadora, y antes de que cualquier palabra pudiera escapar, la bestia comenzó a devorar al megalodón, como si fuera un simple bocado, y lo engulló sin esfuerzo, liberándose de las aguas carmesíes.

—¿Qué es eso?preguntó el hombre, la duda y el asombro se reflejaron en su rostro mientras miraba la gigantesca criatura que ahora se alzaba frente a había presenciado algo así. No había registro de tal bestia en ningún archivo, ni en leyendas ni en relatos de antiguos guerreros.

En este mundo nacian y morian miles, sino millones de especies, pero esta cosa enorme enfrente de ellos rompia todo el conocimiento que tenian.

La criatura parecía una mezcla imposible de especies, pero algo en su naturaleza, su imponente figura, le dio al enviado una certeza inquietante.

—Es un dragó uno de los guardias, pero su voz estaba cargada de duda, como si no estuviera completamente seguro de lo que veí miedo comenzaba a apoderarse de todos, pues sabían que este ser no era algo que pudieran enfrentar tan fácilmente.

No era simplemente un dragó algo mucho más primitivo, más alguna manera, esa criatura parecía haber desbordado la lógica de todo lo conocido.

El enviado frunció el ceño, observando sus caracterí extremidades, un par de alas masivas que superaban tres veces el tamaño del cuerpo de la bestia, dos pares de extremidades traseras y delanteras con garras tan grandes que podrían rasgar cualquier armadura con par de cuernos, similares a los de un toro de Libia, pero mucho más grandes, surgían de su cabeza, como si fueran una declaración de poder.

Sus escamas brillaban con un tono metálico, una mezcla de plateado y rojo sangriento que reflejaba la luz de manera movimiento de la bestia parecía hacer que la atmósfera misma vibrara con su fuerza.

Los guardias, temblando, comenzaron a susurrar entre ellos, sus voces llenas de miedo y desconcierto.

—Esto es... de rango B...uno de los guardias murmuró, incapaz de articularlo con embargo, el enviado, que entendía las implicaciones de esos términos, sabía que esto no era simplemente una bestia poderosa.

Su mirada pasó de la bestia a los guardias, y luego hacia el horizonte, como si tratara de entender lo que estaba sucediendo.

—No...dijo en voz baja, casi como si hablara para sí no es un rango B. Es algo mucho más peligroso. Esto se asemeja a un despierto humano de rango A.

El miedo recorrió la sala, pero no solo por la magnitud de la criatura, sino por lo que esa criatura equilibrio del poder estaba a punto de cambiar, y nadie sabía realmente hasta dónde podría llegar el caos.¿Qué más había en ese mar de sangre?¿Qué otras criaturas podrían ser arrancadas del futuro por Bernardo?

El aire se cargó de una tensión palpable, mientras la criatura, un dragón de una belleza aterradora, rugió, su sonido resonando como un trueno que sacudió la tierra batalla había comenzado, y ni siquiera los guardias, acostumbrados a enfrentarse a los más terribles de los monstruos, estaban preparados para lo que vendría.

¿Cómo era posible que Bernardo, un lisiado, pudiera mover tal ser a través del flujo del tiempo?

El enviado apretó los dientes, mirando la monstruosidad con desesperación.

—¡Maldita sea, Peter, úsalo!gritó el enviado, su voz cargada de urgencia y desesperación.

Peter, aún atrapado por la magnitud de la criatura, escuchó el grito, pero en su mente la idea de cómo enfrentar aquello parecía una embargo, cuando el collar dorado que llevaba se rompió, una esfera dorada lo rodeó por completo, una burbuja de protección ante las garras del dragón.

El dragón, furioso por haber fallado en su intento de aplastar a Peter, giró su mirada hacia el enviado, sus ojos brillando con furia, como si le reclamara por la tardanza.

La tensión se volvía insoportable mientras el mar sangriento comenzaba a moverse, una sensación de inquietud y terror crecía en el agua, esa sustancia sangrienta que Bernardo había invocado, comenzó a fluir hacia el hocico de la un parpadeo, el lago entero se condensó en una gigantesca esfera de energía de sangre, que empezó a comprimirse a una velocidad alarmante.

La fuerza y la brutalidad de la naturaleza misma parecían estar concentradas en ese criatura observó la esfera, como si la anticipara, con un conocimiento ancestral que solo los dragones podían poseer.

"Dragon..."susurró uno de los guardias, sin poder evitar el miedo que se reflejaba en su voz."Eran bestias míticas, legendarias... y como en los mitos, todos los dragones tienen un ataque característico."

El silencio se hizo aire parecía volverse pesado, cargado de una amenaza inminente.

—"Alarido."El enviado murmuró, comprendiendo lo que iba a suceder."Rugido, disparo de aliento... múltiples nombres, pero todo tiene un solo significado."

Destrucción.

Con un rugido ensordecedor, el dragón abrió su enorme boca, y la esfera de sangre comenzó a comprimirse aún más, como si el propio tiempo fuera ralentizado por la fuerza de la mar de sangre comenzó a agitarse violentamente, desbordándose en su furia.

El dragón, ahora liberado de cualquier restricción, dejó escapar un alarido que sacudió la misma rugido resonó como un trueno que atravesó el aire, y en ese momento, la energía contenida en la esfera se disparó en una explosión de pura destrucción.

La fuerza de ese ataque era tan abrumadora que el suelo bajo sus pies comenzó a agrietarse, y los guardias más cercanos fueron arrasados por la onda de choque, destrozados por la pura presión.

La batalla había escalado a una dimensión más allá de cualquier enfrentamiento lo que quedaba era el caos, la furia de un dragón y el peligro de lo que Bernardo había desatado al mover los hilos del tiempo y el destino.

¡Maldita sea!El enviado gritó en su mente, su espada corta desenvainada con rapidez, el filo brillando al reflejar la luz distorsionada del ataque del dragón.

El pilar de energía de sangre disparado por el dragón se desató con tal fuerza que la tierra misma pareció retumbar bajo sus rugido del monstruo era un caos puro, una explosión de sonido que podría haber destrozado cualquier otro ser que no estuviera protegido por el dominio de Bernardo.

Sin embargo, para Bernardo, el dominio era una muralla ataque del dragón simplemente atravesó el espacio, como si fuera parte de su mundo, sin la reacción del enviado fue rá espada se alzó, lista para interceptar la descarga, cortando el aire con una precisión mortal.

El choque fue inevitable, pero el poder de ambos ataques se encontró en medio de la guerra cósmica que ocurría en el distorsión del dominio de Bernardo deformó el flujo de la energía, haciendo que las fuerzas se enfrentaran de una manera que ni el enviado ni el dragón habían anticipado.

Todo a su alrededor se distorsionó: el espacio y el tiempo se desgarraron como si fueran tela, desgastados por el poder de la energía colisión de los ataques no solo creó una onda de choque que se extendió a través de la batalla, sino que también desgarró los mismos hilos del universo, como si las leyes de la realidad estuvieran siendo dobladas por el simple hecho de existir en ese dominio.

Pero al final, de manera tan surrealista como violenta, ambos ataques se anularon al mismo rugido del dragón se disipó, y la explosión de energía se extinguió, como si todo el conflicto se hubiera detenido por un solo latido.

El enviado, jadeando de agotamiento y furia, miró su mano, que aún temblaba tras el preciosa espada, forjada con magia ancestral y acero indestructible, comenzaba a desintegrarse en sus manos, reduciéndose a cenizas.

"¡Maldito lisiado!"murmuró, sus ojos llenos de rabia y frustración, mientras observaba cómo el dominio de Bernardo seguía intacto, parte de él quería destruir a su enemigo, pero Bernardo parecía más allá de su alcance.

Un silencio mortal cayó sobre la escena, interrumpido solo por el leve susurro de la desintegración de la espada, mientras los elementos de la batalla continuaban desgarrándose en el aire.

¡Maldita sea!El enviado gritó en su mente, su espada corta desenvainada con rapidez, el filo brillando al reflejar la luz distorsionada del ataque del dragón.

El pilar de energía de sangre disparado por el dragón se desató con tal fuerza que la tierra misma pareció retumbar bajo sus rugido del monstruo era un caos puro, una explosión de sonido que podría haber destrozado cualquier otro ser que no estuviera protegido por el dominio de Bernardo.

Sin embargo, para Bernardo, el dominio era una muralla ataque del dragón simplemente atravesó el espacio, como si fuera parte de su mundo, sin la reacción del enviado fue rá espada se alzó, lista para interceptar la descarga, cortando el aire con una precisión mortal.

El choque fue inevitable, pero el poder de ambos ataques se encontró en medio de la guerra cósmica que ocurría en el distorsión del dominio de Bernardo deformó el flujo de la energía, haciendo que las fuerzas se enfrentaran de una manera que ni el enviado ni el dragón habían anticipado.

Todo a su alrededor se distorsionó: el espacio y el tiempo se desgarraron como si fueran tela, desgastados por el poder de la energía colisión de los ataques no solo creó una onda de choque que se extendió a través de la batalla, sino que también desgarró los mismos hilos del universo, como si las leyes de la realidad estuvieran siendo dobladas por el simple hecho de existir en ese dominio.

Pero al final, de manera tan surrealista como violenta, ambos ataques se anularon al mismo rugido del dragón se disipó, y la explosión de energía se extinguió, como si todo el conflicto se hubiera detenido por un solo latido.

El enviado, jadeando de agotamiento y furia, miró su mano, que aún temblaba tras el preciosa espada, forjada con magia ancestral y acero indestructible, comenzaba a desintegrarse en sus manos, reduciéndose a cenizas.

"¡Maldito lisiado!"murmuró, sus ojos llenos de rabia y frustración, mientras observaba cómo el dominio de Bernardo seguía intacto, parte de él quería destruir a su enemigo, pero Bernardo parecía más allá de su alcance.

Un silencio mortal cayó sobre la escena, interrumpido solo por el leve susurro de la desintegración de la espada, mientras los elementos de la batalla continuaban desgarrándose en el aire.

—¡JAJAJAJAJAJA!

Bernardo se rió con una alegría oscura, una carcajada que resonó en el campo de batalla como una sentencia de esperaba que aquella bestia atacara directamente al enviado, pero tampoco le contrario, le resultaba hilarante.

Mientras su risa retumbaba, su cuerpo comenzó a músculos se expandieron, la piel se tensó sobre la carne creciente, y su altura se incrementó a niveles sombras de su dominio vibraron a su alrededor, como si el mundo mismo estuviera respondiendo a su transformación.

Peter, aún tembloroso, observó con horror cómo su propio cuerpo se extremidades, que habían sido consumidas por la brutal colisión de ataques, comenzaron a formarse de nuevo, la carne volviendo a tejerse con rapidez en lugar de alivio, un miedo innato lo devoró desde el interior.

No era miedo al dolor. No era miedo a la batalla.

Era miedo a su hermano.

Ese lago de sangre ya era una aberración, una imposibilidad que no debía existir. Pero ahora, con esas dos bestias mágicas manifestadas por su poder...

Esto no era simplemente una batalla.

Era una masacre anunciada.

—Todos morirán.

El decreto de Bernardo cayó como una maldición, su única mirada ardiendo con una luz había rastro de humanidad en su expresión, solo un hambre de destrucción que se filtraba en el aire como veneno.

Peter respiró hondo, tratando de mantener la calma mientras el maná ambiental se precipitaba en su regeneración se aceleró, pero su mente no podía ignorar el escalofrío que recorría su espalda.

Algo más estaba ocurriendo.

Y fuera lo que fuera... el mundo no estaba preparado para ello.

Aunque el decreto de Bernardo resonó en el aire como un juicio ineludible, no hablaba en quería ver la reacción de su el miedo en sus ojos, la incertidumbre en su rostro... pero pronto se aburrió.Peter era demasiado predecible.

Así que apartó la vista de él y se concentró en "esa cosa".

El monstruo que había devorado a su Megalodón.

—¿Y qué demonios es esta cosa?—pensó, sin molestarse en ocultar su asombro.

Esa enorme lagartija no solo había aniquilado a su bestia marina con la facilidad de un depredador jugando con su presa, sino que ahora devoraba su mar de sangre con una voracidad que perturbaba incluso a era un ser común, eso era seguro.Y lo que lo hacía aún más inquietante era que, pese a haber aparecido dentro de su dominio, él no la había llamado.

Eso significaba algo muy simple: esta criatura estaba fuera de su control.

Y eso... no le gustaba.

Bernardo entendía bien su propio habilidad y dominio le permitían mover seres del pasado, presente y era posible gracias al omnipresente Río del Tiempo, la estabilidad del Tejido del Espacio y el poder del Espejo de la embargo, había límites.

Y ese Megalodón masivo... había sido su límite.

Incluso con su dominio desplegado al máximo, arrancarlo de su punto en la historia le había costado una cantidad absurda de energí la criatura más grande y peligrosa que podía convocar sin romper su propio cuerpo en el proceso.

Pero entonces... ¿qué carajo era "eso"?

Si el tiburón era su límite... ¿cómo demonios había aparecido esta bestia por sí sola?

Bernardo nunca pensó que su enorme depredador marino, aquel titán de sangre y colmillos, terminaría como una simple lo peor no era eso.

Lo peor... era que su verdugo había sido arrebatado del futuro.

Un futuro que Bernardo, con todo su dominio sobre el tiempo, no había alcanzado a prever.

Mientras Peter aún jadeaba, tratando de recomponerse de la colisión de poderes, Bernardo lo ignoró por completo.

Su hermano ahora era un cero a la molestia irrelevante.

Su atención estaba fija en el coloso que se alzaba frente a él.

Dos alas.
Cuatro patas.
Dos cuernos.

Era la viva imagen de un mítico dragón occidental.

Y lo más perturbador no era su apariencia, sino su aliento de energía que acababa de liberar lo confirmaba: este ser era un dragón en toda regla.

Pero eso no tenía sentido.

Bernardo frunció el ceñ donde él sabía, ningún ser vivo había evolucionado hasta convertirse en una verdadera criatura mitoló humanidad apenas estaba comprendiendo los cambios que el despertar había traído, y sin embargo, este monstruo existía.

"¿Pero por qué un dragón?"—se preguntó.

Y más importante aún...

"¿Cuándo putas nació un jodido dragón en el planeta Tierra?"

Un escalofrío le recorrió la de miedo, sino de emoción.

El futuro será interesante.

Es una lástima que mi vida acabe hoy.

Bernardo se rió de desesperación. No de tristeza. Sino de pura y absoluta aceptación.

Bernardo permaneció inmóvil, su único ojo brillando con una intensidad casi febril mientras observaba el brutal choque entre el dragón y el explosión de energía, cada rugido ensordecedor, era una sinfonía de caos que resonaba profundamente en su ser.

Mientras el enfrentamiento se desarrollaba, fragmentos de conocimiento sobre las bestias mágicas comenzaron a surgir en su , lecciones olvidadas, mitologías de un pasado distante que la humanidad apenas había rozado en su ignorancia.

Los dragones...

Eran seres de leyenda, criaturas que la humanidad siempre había colocado en la cúspide del poder absoluto.

No importaba si provenían de las mitologías de la antigua humanidad o de las historias ficticias que los hombres contaban para entretenerse.

Los dragones, en cualquier interpretación, eran los únicos que podían proclamarse como la verdadera especie apex, el pináculo de toda criatura mortal.

"Si los dioses mitológicos son la cima de lo divino,"pensó Bernardo, con una sonrisa apenas perceptible en sus labios,"entonces los dragones son el escalón que les sigue, la cima de los mortales."

Y no era solo una cuestión de poder.

Según las leyendas, incluso los dioses temían a ciertos dragones.

Criaturas tan poderosas que, en lugar de ser simplemente mortales, se elevaban hasta rozar lo divino.

Existían relatos de dioses dragones, seres que no solo eran la personificación de la fuerza, sino la definición misma de la supremacía.

En la imaginación humana, los dragones no eran simples bestias.

Eran la verdadera afirmación de omnipotencia.

Cada escama era un escudo impenetrable, cada aliento una tormenta de destrucción.

Bernardo contempló la criatura ante él, el ser que había arrancado del era solo un monstruo.

Era la representación física de un poder ancestral, un eco de la grandeza perdida y del terror eterno.

"Esto..."susurró para sí mismo, apenas audible,"esto es un dragón."

Y en su presencia, la muerte misma parecía inclinarse, reconociendo a su verdadero maestro.

Los únicos seres vivientes en la Tierra que ostentaban el título de "dragón" eran aquellos reptiles y peces que antiguamente llevaban ese ninguno de ellos tenía el derecho de reclamarlo en el sentido más puro y temible de la palabra.

Sin embargo, existía un caso excepcional, un ejemplo vivo de lo que significaba ser un verdadero dragón.

El Dragón Gobernante de la Tierra Estéril.

Una aberración entre las bestias mágicas, un ser que la Madre Primordial tomó cuando aún no había roto su cascarón.

No era un descendiente de linajes míticos ni el producto de algún experimento divino.

Era un simple dragón de Komodo... o al menos, lo había sido.

La Madre Primordial lo había elegido, lo había moldeado, lo había transformado en el espécimen perfecto de su especie.

Un depredador absoluto.

Una bestia mágica Apex.

Y su leyenda no era solo una historia para asustar a los ignorantes.

Se decía que, con un solo aliento, este dragón había vuelto estéril un planeta masivo, reduciéndolo a un desierto sin vida.

Aquel mundo no era cualquier roca flotando en el espacio.

Era un planeta hostil a la Tierra, habitado por una de las castas más bajas de los temidos insectos cósmicos: los Escarabajos de Hierro Negro.

Seres aberrantes.

Criaturas carroñeras que usaban su mundo muerto como una nave espacial colosal, viajando por el vacío en busca de presas.

Conquistaban mundos, devoraban civilizaciones enteras y consumían todo lo que encontraban.

Incluso los Caminantes del Vacío, depredadores del cosmos, eran considerados por ellos como una simple fuente de alimento.

No eran guerreros honorables.

No tenían civilización, solo un hambre insaciable.

Eran parásitos del universo.

Pero incluso los devoradores pueden ser devorados.

El Dragón Gobernante de la Tierra Estéril no les dio oportunidad de huir.

El mundo que llamaban hogar era colosal, aproximadamente seis veces el tamaño de Júpiter, y sin embargo, su inmensidad no les salvó.

Con un solo aliento, el dragón extinguió toda forma de vida en ese planeta errante.

Los Escarabajos de Hierro Negro, su nido, sus larvas, su reinado en las sombras...

Todo desapareció en un instante.

Solo quedó un cascarón vacío flotando en la inmensidad del cosmos, un testimonio silencioso del poder absoluto.

Ese era un dragón.

Un ser que incluso los dioses debían temer.

Pero aun si aquel lagarto ostentaba el apelativo de "dragón", sus características distaban mucho de la imagen mítica que la humanidad había construido a lo largo de los siglos.

No tenía alas ni cuernos.
No poseía un cuerpo majestuoso ni una silueta imponente que evocara el temor de los dioses.
Era, en esencia, solo un simple dragón de Komodo, y la única razón por la que se le concedió aquel título fue porque ese era el nombre de su raza de origen.

Pero la criatura que tenía delante...

Esa era otra historia.

Un ser que parecía arrancado directamente de los animes de su infancia.

Dos alas inmensas, cuatro patas poderosas, cuernos como lanzas y una presencia que hacía que el mismísimo aire se sintiera pesado.

Un dragón de verdad.

Bernardo entrecerró su único ojo, analizándolo con atención.

Las respuestas llegaron a su mente casi de inmediato, cortesía de su ojo del Gran Sabio.

"Sangre. Vida. Oscuridad."

Una combinación extraña, incluso entre bestias mágicas.

La sangre representaba el poder, la fuerza innata de los depredadores supremos.
La vida simbolizaba regeneración, resistencia... inmortalidad.
Y la oscuridad... la oscuridad era lo más inquietante de todo.

¿Pero qué significaba realmente?

No tenía sentido.

Nada explicaba cómo este ser había cruzado el río del tiempo.

Bernardo chasqueó la lengua.

Su nivel original era comparable al de un humano de rango S, lo que de por sí ya era ridículo.

Pero había algo más... algo que le inquietaba.

Una conexión.

Una sensación extraña, profunda.

Como si este monstruo y él estuvieran atados por algo más que el simple azar.

Pero ¿por qué?

Si de todos modos él iba a morir, ¿qué importaba?

—¡Quítate, bicho! —gruñó, y sin siquiera girarse, agitó su mano.

A su lado, un clon surgió de la nada y, sin previo aviso, le propinó un brutal bofetón a Peter, quien había intentado atacarlo por la espalda.

El sonido de la carne impactando contra la carne resonó con violencia.

Peter fue lanzado varios metros, chocando contra el suelo con un gruñido de dolor.

—¡Maldita sea, hermano! —escupió sangre y se levantó tambaleándose.

Pero Bernardo ya no le prestaba atención.

No tenía interés en un cero a la izquierda.

Su mente estaba enfocada en aquel dragón, en esa extraña conexión, en la ridícula posibilidad de que esto fuese...

¿Destino?

¿Era esto lo que les pasaba a los protagonistas en las historias que leía y veía cuando era niño?

¿El fatídico "encuentro con la oportunidad"?

Bernardo se encogió de hombros.

Curioso o no, pronto estaría muerto.

¿Para qué perder el tiempo dándole vueltas a algo que no cambiaría su destino?

El aire pareció congelarse en el instante en que sus ojos se cruzaron.

Los iris del dragón, profundos como abismos y resplandecientes como brasas, perforaron la mente de Bernardo como dagas incandescentes.

Y en ese breve, efímero instante, sintió algo.

Un vínculo.

Una conexión tan intensa y visceral que su existencia misma pareció tambalearse.

Pero fue solo eso.

Un parpadeo fugaz.

Bernardo permaneció inmóvil, aún intentando procesar la sensación, cuando algo más lo alcanzó.

Una voz.

Una voz que no debería existir.

Era profunda, antigua, cargada de un poder incuestionable.

No era solo la voz de una criatura poderosa.

Era la voz de un rey.

Una entidad que observaba el mundo desde arriba, con la certeza absoluta de que todo lo que existía estaba por debajo de su grandeza.

Y entonces, la voz habló.

—No lo olvides.

—... ¿Qué? —Bernardo frunció el ceño.

—Quiero un fruto del Árbol del Mundo y también una tonelada de su savia.

Bernardo sintió un escalofrío recorrer su espalda.

No solo por la orden absurda, sino porque...

Porque el dragón estaba hablándole.

Directamente.

Sin mover los labios.

Sin emitir un sonido.

Era como si su mente hubiera sido invadida por la pura voluntad de la bestia.

Su desconcierto fue inmediato.

—¿Me hablas a mí?

—Sí, idiota. ¿A quién más?

La respuesta fue tan seca y directa que Bernardo parpadeó un par de veces, incrédulo.

El tono del dragón no solo era autoritario.

Era descarado.

Despreciativo.

Como si realmente creyera que hablar con él era una pérdida de tiempo.

—Pero... yo voy a morir —espetó Bernardo, sin poder evitarlo.

—Ese no es mi problema.

Bernardo sintió una punzada de fastidio, pero decidió ignorarlo.

Había algo más importante aquí.

—¿Y qué demonios es un "fruto del Árbol del Mundo"? ¿Y su savia?

El dragón permaneció en silencio por un segundo.

Un segundo que se sintió como una eternidad.

Entonces, su voz volvió a sonar en la mente de Bernardo.

—¿Estás bromeando?

—No.

—...Patético.

Bernardo sintió una vena hincharse en su frente.

—No recuerdo que tal cosa exista.

Esta vez, su tono dejaba ver su sorpresa y desconcierto sin ninguna reserva.

Porque, en efecto, en toda su vastísima comprensión del mundo, en todo su conocimiento sobre la historia, las bestias mágicas, los seres superiores y las aberraciones del cosmos...

Jamás había oído hablar de un "Árbol del Mundo".

¿Qué demonios estaba pasando?

"Debes recordar para el futuro."

El dragón respondió con ese tono que no dejaba lugar a dudas.

Imperioso.

Inapelable.

Pero había algo más. Algo que no dijo.

Bernardo frunció el ceño.

—¿Y dices que yo soy el idiota? —resopló—. ¿No entiendes que voy a morir hoy?

El dragón no se dignó a responder.

Simplemente giró su masivo cuerpo, ignorándolo por completo.

—Me encargaré de ese insecto.

Los cielos temblaron.

El dragón alzó su cuello y extendió sus alas, su silueta proyectándose como un titán indomable en el firmamento.

—Lo llevaré a la órbita. La Madre Primordial ya ha abierto un espacio para nuestra lucha.

Su voz no mostraba emoción.

Era un simple hecho.

Un destino ya escrito.

Entonces, antes de alzar el vuelo, dejó caer una última sentencia:

—No te rindas, Bernardo.

Bernardo entrecerró los ojos.

Algo en ese tono...

No era solo una orden.

Era una certeza.

—Sé merecedor del título de "Amado del Mundo".

El aire pareció fracturarse en un estruendo ensordecedor.

El dragón se movió.

Y en el instante en que lo hizo,su dominio se derrumbó.

Los Cielos Pilares, las inmensas columnas que sostenían la estabilidad de su control sobre el espacio y el tiempo, colapsaron como relámpagos enloquecidos.

Torres de luz ardiente descendieron sobre el cuerpo colosal del dragón, envolviéndolo en un resplandor cegador.

Bernardo vio cómo el tiempo mismo se fragmentaba a su alrededor.

Las fisuras en el tejido de la realidad se hicieron visibles, desdibujando la silueta del dragón.

Porque esa cosa... no pertenecía a este tiempo.

Ni a este mundo.

Ni siquiera a esta realidad.

El río del tiempo, la red espacial y el espejo de la realidad fueron los tres pilares que le permitieron cruzar barreras imposibles.

Pero sin eldominiode Bernardo como ancla...

El mundo lo rechazaba.

La dimensión misma intentaba expulsarlo.

Y aun así, el dragón no parecía resistirse.

No luchaba contra el destino.

Él mismo lo estaba aceptando.

Porque había un combate que librar.

Y ese combate no era en la Tierra.

Bernardo tragó saliva.

El titán alado ascendió, su silueta perdiéndose en la tormenta de luz y caos.

Y entonces, por primera vez, Bernardo sintió algo más profundo que el asombro.

Más allá del miedo.

Más allá de la incertidumbre.

Era la sensación de que estaba viendo la primera página de un capítulo que no debía existir.

—¡Maldición, lagartija con esteroides!—Bernardo gruñó, sintiendo cómo las acciones del dragón complicaban aún más su situación—.¡Tus simples acciones me joden!

No podía permitirse el lujo de seguir existiendo.

Sudominiodebía caer.

Y debía caer ahora.

Bernardo estiró las manos yel maná ambiental respondió.

No como un simple flujo de energía.

No como una mera extensión de su poder.

Sino como una tempestad devoradora.

Una llama plateada, incandescente y salvaje, se arremolinó en torno a su cuerpo.

El airese quebró.

La estructura del dominiose tambaleó.

Cada fibra de la realidad que había tejido con su existenciacomenzó a desmoronarse.

Cerró su único ojo sano, concentrando cada partícula de su ser endestruirse a sí mismo.

Porque ese era el precio.

Ese era el costo de enfrentar lo inevitable.

Y entonces,cuando el coloso alado abandonó su dominio, Bernardo abrió su ojo nuevamente.

Pero ya no era el mismo.

Sus pupilas brillaban con un plateado helado.

Un colordemasiado gélido para ser humano.

Demasiado frío para contener vida.

Y, sin embargo, en ese instante,él lo veía todo.

Las enormes olas que se alzaban en el Río del Tiempo.

Los lastres enredados de la Red del Espacio, como serpientes cósmicas revolviéndose en un intento de expulsar la aberración.

Los fragmentos del Espejo de la Realidad, reflejando infinitas posibilidades... y a la vez, negando la existencia del dragón.

Ese ser no tenía derecho a estar aquí.

El universo mismo lo rechazaba.

Y aun así...se mantenía firme.

Entonces, la voz del dragón irrumpió en su mente.

Grave.

Imperiosa.

Inquebrantable.

—Duraré solo unos pocos minutos... pero te prometo que lo lisiaré durante los próximos 150 años.

Bernardo no respondió.

No hacía falta.

Soloasintió.

Soloaceptó.

Y luego, sin dudarlo, giró su mirada hacia Peter.

Había algo más que hacer.

Había otra batalla que pelear.

El instante en que eldragón rompió la barrera de dominiofue como un golpe de hielo en el aire. Su merapresenciano solo desbarató las estructuras físicas, sino que también afectó lasleyes mismas del espacio-tiempo. Como si el universodetuviera su respiración, todos los seres de alto nivel en el planeta y en todo eldominio del sistema solarfueron atraídos por unafuerza invisible, como si la gravedad misma de su existencia se hubieraalineadohacia un solo punto.

La academia humana.

Ellugar de conocimiento y poder, ahora se convertía en elcentro de la atención cósmica. Pero¿qué hacía una criatura de tal magnitud allí?Nadie se atrevió a responder, porque todos lo sabían, pero no querían creerlo: ese ser era unanomaly.

A medida que los más poderososgiraron sus miradasy fijaron sus ojos en elinmenso cuerpodel dragón,algo se rompióen sus almas.

Esa mirada.

Era unamiradaque no solo cruzaba el espacio, sino quepenetraba el alma misma. Unapresenciatan antigua, tan abrumadora, queno podía ser ignorada. Y entonces ocurrió lo queni los más poderosos de la galaxia podían prever:sentían un miedo innato.

Era un miedo que no provenía de un enemigo en particular, sino dealgo mucho más grande que ellos. Algo queno podía ser entendido con sus limitados sentidos, unser que era más que una bestia, que era una fuerza de la naturaleza misma.

Solo aquellos verdaderamentefuertes, aquellos que habían llegado a los límites de su poder,se pusieron en pie de guerra.

Pero no era por orgullo ni por desdé por supervivencia.

Sabían que estahabilidad opresivaque emanaba del dragón era algo contra lo que, si no actuaban,sus vidas serían borradas en un suspiro. El miedono los paralizaba,los despertabaa la realidad de queeste ser no era una amenaza... era un destino.

Latensión se palpaba en el aire, como si la mismaestructura del universo estuviera a punto de romperse. Los seres que se considerabanpoderosos, aquellos que habían alcanzadoel pináculo de la vida, la dimensión, y la línea de sangre, ahora sentían un cambio profundo yperturbadoren sus entrañ solo competían en poder, sino que, de alguna manera, se les estaba comparando con un ser cuyagrandezaparecía inalcanzable, que transcendía todos los límites conocidos,incluyendo el suyo propio.

Losseres en el rango S, tanto humanos comobestias mágicas,sentían un miedo innatobrotar desde lo más profundo de sulínea de sangre. Era algo que no podían controlar, algo que nacía desde elcorazónde su ser, como si susancestrosles hablaran desde las sombras, diciéndoles que no estaban enfrentándose a una simple criatura, sino a unfuturo inclementeque los aplastaría sin esfuerzo.

Este ser,el dragón, no solo era una criatura que superaba las barreras de lobiológicoy grandezano residía únicamente en su poder físico, sino que también se extendía a loprofundode suexistencia, a lo más básico de lacreación misma. Estabapor debajo de los dioses, sí, pero solo por umbral de la divinidad.

Cuandose dieron cuentade esto, cuando sintieron lapresenciade algo que lesborrabade larealidad misma, algo se rompió en sus orgullode haber sido considerados comodiosesse deshizo en un solo instante,como cristal al impacto.

Rugieron,gritaron,se llenaron de iraante estahumillación cósmica, una ira que se elevaba hasta lasestrellas, pero que no podía , que eran eternos, queno podían morir por causas naturales, ahora sentían quealgo más grandeque ellos mismoslos acechaba, y esasombraerael dragón.

Un ser que no sololos enfrentaba, sino que losaplastabadesde elfundamento de su linaje.

La voz deldragón, resonó como un trueno que atravesaba lasmismísimas fibras de la realidad, su voz era tanprofunda, tanancestral, que parecía que todo eluniversomismo seencogíaante su poder. En sus palabras había unaautoridadindiscutible, unapresenciacapaz dedoblegarhasta proclamaciónllenó el aire detensión, mientras sus ojos dorados brillaban con un resplandor casi celestial.

"Escuchen, insectos,"su voz se expandió, como si cada palabra fuera unamarca de fuegoen los corazones de todos los presentes."Soy Xarathys, el dragón progenitor. El amado del mundo de la madre primordial. Señor de la vida, la sangre y la oscuridad. Yo, el día de hoy, proclamo..."

Ustedes seres inferiores, esperen mi nacimiento que los llevare a la gloria.

Elmiedode los seres presentes en laAcademia de la Humanidadera palpable. Se sentíanpequeños,insignificantesante su majestad, como si latierramisma temiera a ese ser que no era solo undepredador, sino el mismotejido de la creació profesores, aquellos que se consideraban losmejoresentre los mortales, se inclinaron bajo el peso de su poder, sus cuerpos temblaban sin control, mientras una presión indescriptible parecíaestrangularlesel aliento.

El dragónalzaba sus palabras como una declaración de guerra, no solo a los presentes, sino atoda la existencia. Cada sílaba era uncastigo, unasentenciaque los seres inferiores tendrían queenfrentar. Su presencia se expandió por el espacio,hundiendo el aireen unamuerte palpable, mientras él mismoarrojabaa los enviados de la familiaQilluhacia lacapa más exterior del planeta,más alláde la atmósfera, donde lagravedady lasleyes de la físicaparecían desvanecerse ante elpoder absolutodel dragón.

Losdos cuerposenviados de la familiaQillu, ahoraenvueltos en fuegoyenergíaincandescente, ascendían comoestrellas fugaces, cruzando elvacío espacialen una danzacatastrófica. Bernardo, observando el escenario con una mezcla deasombroymisterio, apenas pudo entender lo que sucedía, pero las imágenes que se desplegaban ante sus ojos no dejaban espacio para la duda.

"Así que eran dos..."Bernardo murmuró, sus pensamientos nublados por laconfusióny lasorpresa. Un vínculo, una extrañaconexiónparecía formarse en su mente."¿Quién es el otro?"pensó, sin poder evitar laintrigaque se apoderaba de él mientras el dragónseguía su rastrohacia esasesferasincandescentes, como si quisiera consumir eluniverso mismo.

Unmisterio aún mayorse tejía a su alrededor, y Bernardo sabía que, al igual que unpaseo a través del vacío, estabatallalo llevaríamás alláde lo que jamás imaginó.

Bernardo se giro hacia un lado cuando su hermano decapito a su clon.

Elfilo de la espada de luzpasósilbandopeligrosamente cerca del ojo deBernardo, quien, a pesar de laagresión, no podía evitar soltar unarisa salvaje, casimaníaca. La escena, teñida deviolenciaydesdén, era como unespectáculo macabroen el que las emociones se fundían en un torbellino derabiaydesprecio.

"Te estás alterando demasiado, Peter,"dijo Bernardo con unavoz llena de burla."Por favor, no seas un idiota irracional y hormonal..."Y entonces, como si lo hubiera recordado en el último instante, su tono se tornó aún más hiriente."Oh, cierto, aún lo eres... baboso puberto."

En ungesto rápido,Bernardoaprovechó laoportunidad,su rodilla se incrustó con fuerzaen el estómago de su hermano. Lapresiónfue tanintensaque el aire salióviolentamentede los pulmones dePeter, quienescupió sangreal impacto. Unresplandor rojobrilló en su mirada, pero nada de eso detuvo aBernardo. Su risa se volvió aúnmás estridente, mientras eldolorno parecía ser suficiente para quebrantar su arrogantedesdén.

Unescalofríorecorrió el cuerpo de Bernardo. Fue como unasensación visceral, como si un instinto oscuro lo estuviera advirtiendo. Aun así, no pudo evitarburlarsede su hermano con una sonrisa torcida.

"Hermana,"dijo, girando hacia una presencia que se deslizabacasi en las sombras, su tono era uneco sarcástico."Por esta vez, te haré los honores. Agradezco tu ayuda en el pasado para tu inútil hermano mayor."

Con unmovimiento elegante, Bernardo levantó sumano. En ella se formarondos esferasde luz,una doraday la otranegra, que se dividían,reflejando la dualidaden su ser, como si elpoderde su propia alma se manifestara en el aire. La luz dorada emitía unacalidezque casi podíaderretirtodo a su paso, mientras que laenergía negraparecíaabsorberla esencia misma de la existencia, dejando un vacío en su rastro.

El aire se llenó detensión. Labatallaentre hermanos había escalado a nuevas alturas, y el juego queBernardohabía comenzado parecía másoscuroymortíferoque nunca.

Lamano de Bernardose alzó hacia el cadáver a medio devorar delgigantesco tiburón, que aún mantenía elaroma de muertesobre su cuerpo. Con un susurro bajo, su vozoscuraresonó en el aire, como unmurmullo ancestralque activaba un poder olvidado."Arise, my dark light..."

Lasesferas de luzdorada y negra, comodos entidades opuestas,flotaronen el aire antes dedirigirseal cadáver, comenzando agiraralrededor de él. La luz comenzó ailuminarde manera intensa, pero laoscuridadno tardó enrebrotar, como sidesafiaran su propia naturaleza. Lassombrasy laluzsecombatían ferozmente, chocando yseparandoal cadáver, mientrashilos dorados y negroscomenzaron adevorarla carne en una coreografía de terror y caos.

El cuerpo, previamente unido en sumajestuosa magnitud, ahora se dividió endospartes. Una luz blanca brillaba con pureza, como unresplandor celestialque intentabaimponer su poder sobre la muerte, mientras que la otra, una luzoscura, parecía quererconsumirlo todo, tragándose el resplandor con unafuerza insondable.

Peter, observando la escena con una mezcla dehorror y fascinación, no pudo evitar sentir un escalofrío recorrer su espina dorsal."No solo juega con conceptos de vida y muerte..."murmuró, sus ojosarrepentidosde haber visto algo tanantitéticoa lanaturaleza misma."Sino que los gobierna con puño tiránico."

El cadaver se dividió en dos luces y Peter miro con horror una habilidad que el mismo catalogaba como una aberración.

Delante de él, ya no había unúnico tiburón masivo, ni siquiera elmonstruoso cadáverdel ser caído. Ahora, frente a él, habíados entidades. Una,blanca, resplandecía con la pureza de laluz divina, pero la otra,negra, exudaba unaoscuridadque devoraba la luz misma, como unaencarnación de la muerte.

Lasbestiasahora separadasrugieronen el aire, susformasllenas defuriaypoder, unaabominación dualque provenía de la voluntad de Bernardo. La batalla entreluz y oscuridadno solo había marcado su poder, sino que ahora estaba a punto de desatar unaguerra cósmicaentre los dos seres queni la muerte ni la vidapodíandetener.

Lo más irónico de todo esto era que, a pesar de su apariencia antagónica, lasenergíasque emanaban de lasdos entidadeserancompletamente opuestas, pero a la vezcomplementariasen una manera retorcida.

Eltiburón negro, que representaba la oscuridad, no solo emanabauna energía espesaysiniestra, sino que tambiéndesprendía una gran cantidad de poder vital, como si cada fibra de su ser estuviera alimentada por unafuerza ancestralque desbordaba vida, la misma vida que había sidousurpadaypervertidapara crear semejante monstruosidad. Era como sicada moléculade su ser estuvierallena de potencial, como si unaentidad corruptade la vida mismase hubiera reconstituidoen su forma, undepredador que no solo cazaba, sino quedevoraba la esencia vitalde todo lo que tocaba.

Encontraposición, eltiburón blancoemanaba una energía completamente opuesta, pero igualmentecolosal: una energía demuerte, densa yabrumadora, que parecía arrastrar todo lo que la rodeaba hacia un vacío eterno. No era simplementeuna presencia de muerte, sinoun vacío que devoraba todo rastro de vidaa su paso. La energíadesbordanteque emitía era la misma que se sentía cuando elfinde todo lo conocido acechaba, lapresencia imparablede laaniquilación. Parecía quela muerte misma había cobrado formapara gobernar laexistencia, para reclamarla, paraextinguirlasin piedad.

Peter, con los ojos desorbitados, solo pudo observar cómo estas dosentidades, cada una con supropia naturaleza, coexistían de manera tanirónica. Eltiburón negro, rebosante de poder vital,corría en dirección al abismo, mientras que eltiburón blanco, lleno de energía mortal, parecíahacer retroceder el tiempo, trayendo con él el final de todo lo que tocaba.

Bernardo, sabiendo lo que había creado,sonrió, satisfecho con su obra maestra. El mundo sedoblabaante su poder, pero lo que acababa de desatar parecía ser más que una simple batalla entre luz y oscuridad. Era lamanifestaciónmisma dela creación y la destrucciónllevada a un nivel que pocos seresmortalespodían imaginar.

Peter estaba aterrado, si se le decía a quien temía mas, esa respuesta era sencilla y era su hermano mayor.

Maya Senz, la inocente y regordeta segunda hija de María Senz y de un hombre del cual no se conocía el nombre.

Peter pensaba que eran hijos del mismo padre, pero una vez escucho a escondidas, que María Senz la madre de Bernardo ya tenia un nuevo compañero, un hombre de nombre Raúl, se decía que este nombre tenia la misma fuerza que Peter y Bernardo.

Aunque esta información no importaba, lo central era que Peter le tenia miedo a su hermana, solo por la habilidad que tenia ella.

El miedo que Peter sentía haciaMaya Senzno era infundado.

Podía soportar la presión que ejercíaBernardo, porque conocía su sadismo, su poder brutal, su frialdad, y aunquelo aborrecía, podía al menoscomprenderlo. PeroMaya... ella era otra sonreía demasiado, y Peter había aprendido con los años que quienesposeían su tipo de poder y aún podían sonreír, eranlos verdaderos monstruos.

Lahabilidad innatade su hermanano era una simple técnica, no era algo que se podíacontrarrestarcon fuerza bruta o estrategias comunes.

Era un concepto absoluto.

"Empress of Life and Death".

RangoSS, algo quetrascendíala lógica de las batallas convencionales. Sunaturalezano se limitaba a una sola especialización, sino queabarcaba cuatro fundamentos primordiales de la existencia:

Vida.
Muerte.
Creación.
Destrucción.

Unadualidadabsoluta.

Peter tragó ía lo que ía lo que podía hacer su hermana.

SiBernardose alzaba como untirano,Mayaerauna diosa caminando entre los hombres. Su poder no se basaba en el dominio de la magia, ni en el refinamiento de habilidades adquiridas con no necesitaba aprender a matar ni a simplemente lo hacía.

Porque su habilidadno requería fórmulas complejas, ni círculos mágicos, ni maná concentrado.

Siella quería que algo viviera, viviría.
Siella quería que algo muriera, moriría.
Siella decidía crear, lo haría desde la nada.
Siella decidía destruir, lo haría sin dejar ni rastro.

Peter recordó la primera vez que vio su poder en acció hombre la insultóen la calle por su apariencia dulce e infantil. Un segundo después,simplemente desapareció. Sin sangre. Sin gritos. Sin rastro alguno.

Cuando Peter le preguntóqué había hecho, ella solo sonrió.

—"Lo borré."

Y no hubo más explicaciones.

Ese era su poder.

Bernardo le aterraba porque era un monstruo despiadado y calculador.
PeroMaya le aterraba porque no era un monstruo.
Era algo mucho peor.

Peter no creyó lo que su hermana dijo de ese hombre y de hecho fue así, la habilidad de su hermana había hecho que el hombre sea su esclavo.

Peter sintió un escalofrío recorrer su habilidad de Maya ya era algo que desafiaba el entendimiento, pero verla reflejada enBernardoera una pesadilla en sí misma.

Maya dominaba lavida y la muertecomo una emperatriz inquebrantable,pero Bernardo no era una emperatriz, era un tirano. Donde Mayajugaba con sus presas, él lasdespedazaríasin dudarlo. Donde ellasonreía con dulzura, élse reía con locura.

Dos monstruos de la misma sangre.

El recuerdo delhombre esclavizadopor Maya atormentó a años enteroslo vio sirviendo a su hermana,obedeciendo cada palabra, cada deseo, cada capricho.

Como un símbolo de Yin y Yang, había dos replicas del mismo hombre, fue el esclavo de su hermana por dos años. Pudo resistir el tormento de la habilidad de Maya, ese es el peor efecto de la habilidad de Maya, el control de los muertos.

Su rostro era una máscara vacía, sus ojos sin vida,pero su alma aún ardía en el tormento de ser consciente de su propio estado.

Peter recordaba cómo el hombreintentó una vez intento débil, un murmullo apenas audible de súplica.

—"Mátame."

Y Maya solose inclinó sobre él, lo observó con curiosidad y sonrió.

—"No."

Esa fue su ía. Absoluta. Inapelable.

Dos semanas después,el cuerpo del hombre colapsó,su alma desgarrada por la presión de su límite había sido alcanzado.

Y ahora,Bernardo replicaba aquel poder.

Petergruñó entre dientes, su mandíbula apretada hasta doler.

"Malditos monstruos..."

Los tiburonesnegro y blanconadaban en el aire como heraldos del desastre, su presencia era un reflejo del caos queBernardoestaba ya Maya era un peligro,¿qué pasaría cuando su hermano dominara este concepto por completo?

Peterno podía permitirlo.

Si estos dos monstruos se soltaban completamente, el mundo no tendría escapatoria.

Peter lo sabí hermanano era dos personas,su alma estaba rota, dividida en dos mitades opuestas,como su propio habilidad la desgarraba, la hacía oscilar entre el dominio absoluto y la fragilidad de un espíritu quebrado.

Su hermana tenia una doble personalidad y esta habilidad era lo que ocasionaba esa doble personalidad.

Pero...¿era realmente fragilidad?

Peter tragó , Maya no era débil.

Ella era la personificación de la paradoja.

Lavidaes un horror, un grito interminablesilenciado solo por la muerte. Y sin embargo, lamuertees solo el preámbulode una nueva aberración, renacida bajo su mandato.

Esa era la distorsión de su poder.

Vida y y vida.

Un ciclo que no debía existir, una aberración contra el orden natural.

Pero ahí estaba.

YBernardo, con su risa desquiciada y su arrogancia sin límites,se estaba adentrando en ese mismo sendero, no como una emperatriz con un reino de sombras y luz, sino como untiranoque lo aplastaría todo bajo su dominio.

Peter sintió lasangre hervir en sus venas. SiMaya y Bernardo bailaban ese eterno vals, entoncesélsería el querompería la música.

Peter se movía entre las partículas de luz, esquivando las fauces de las bestias gemelas que lo acosaban sin cuerpo era un destello blanco, un reflejo fugaz entre el caos, pero cada vez que intentaba ganar terreno, el tiburón negro y el blanco lo obligaban a retroceder.

Mientras tanto,Bernardo observaba desde su trono recién forjado, con la calma de un emperador en plena ejecución de su voluntad.

Su poder no solo alteraba la realidad; la moldeaba a su antojo.

Su pierna izquierda descansaba sobre la otra, su cabeza inclinada en su palma derecha, con una sonrisa el rey de este macabro espectáculo.

Los tiburones no eran simples bestias;eran extensiones de su poder, de su retorcida concepción de la vida y la muerte. Cada uno representaba una paradoja,una ironía cruel que su hermano menor ahora enfrentaba en carne propia.

El juego era simple.

Gana quien muerda más y no sangre.

Y Peter, por mucho que corriera, sabía queera la presa en este juego de depredadores.

Peter apretó los dientes, sintiendo el sudor frío recorriendo su tiburones giraban a su alrededor como depredadores hambrientos, sus fauces entreabiertas y listas para cerrarse sobre su carne.

Desde su trono,Bernardo chasqueó los dedos, disfrutando cada segundo de la escena.

—Vamos, Peter, no me hagas aburrirme. Juega con mis pececitos.—Su voz era burlona, pero en su mirada plateada había un brillo cruel—.Ya conoces las reglas... Gana el que muerda primero al otro.

El tiburón negro atacó sin aviso, su boca abierta como un abismo saltó en el último segundo, pero en el aire,la bestia blanca lo interceptó con un movimiento demoledor.

Peter giró, cubriendo su cuerpo con partículas de luz para impulsarse y esquivar, peroel roce de los dientes del tiburón blanco cortó su mejilla.

Una gota de sangre cayó al suelo.

Desde su trono, Bernardo sonrió con diversión.

—Oh... parece que ya perdiste, hermanito.

Peter sintió cómo un escalofrío recorría su columna vertebral al escuchar esas palabras.

La gota de sangre apenas había tocado el suelo cuando los tiburones se detuvieron cuerpos, antes juguetones, ahora temblaban con un hambre ojos se volvieron oscuros, salvajes.

Desde su trono,Bernardo apoyó su mentón sobre su puño y sonrió con sadismo.

—Oh, hermanito...—susurró con placer, observando la escena—.Nunca te enteraste de que los tiburones aman la sangre.

Peter apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando el tiburón negro se lanzó contra élcon una velocidad inhumana, como un proyectil de esquivó por instinto, pero en ese momento,el tiburón blanco ya estaba encima de él.

Un frenesí de dientes, poder y muerte lo envolvió.

Bernardo chasqueó la lengua y fingió decepción.

—Qué lástima... esto solo es el inicio de su frenesí alimenticio.

Bernardo dejó escapar un suspiro,su mirada perdida en el pasado mientras su hermano luchaba por su vida, en el juego de las mordidas con los dos peces de Bernardo.

El recuerdo lo envolvió.

El día en queMaya despertó su habilidad...

Si hubiera sido más fuerte.

No...si no hubiera fingido tanto tiempo ser un lisiado inútil,su hermana jamás habría roto su mente en se habrían creado esos polos opuestos dentro de ella: el lado oscuro y el lado claro.

Él pudo haber intervenido.Él pudo haber guiado su no lo hizo.

Y ahora, aquella habilidad,tan absoluta, tan monstruosa,era un reflejo de su propio fracaso.

Regresó al presente.

Justo en el instante en quePeter desató su desesperación.

Una luz descomunal explotó a su alrededor,imitando la intensidad de una detonación ató brillo cegador atravesó a uno de los tiburones, quemando su carne con una fuerza abrumadora.

Pero Peterno contó con el segundo.

El tiburón restantese deslizó entre la luz como una sombra fauces se cerraron sobre la mitad del torso de Peter.

Un chasquido.

La carne desgarrada.

Un grito de dolor.

Bernardoparpadeó lentamente,sin mente aún estaba atrapada en la imagen de su hermana, en la culpa que lo corroía, en el peso de su propia indiferencia.

—Qué débil, Peter.—musitó, apoyando la mejilla en su puño—.¿Es todo lo que tienes?

El grito de Peter se ahogó en su propia bestia oscura no soltó su colmillos se hundieron más profundo, desgarrando músculos y huesos con una facilidad escalofriante.

Bernardono apartó la ó con la misma indiferencia con la que uno miraría una tormenta lejana.

La culpa y la apatía danzaban en su interior,en un duelo sin ganador.

—Qué decepción.—Bernardo suspiró, su tono teñido de aburrimiento—.Pensé que jugarías un poco más.

Peterapretó los luz se arremolinó en su mano, forzando una explosión dentro de la boca del tiburón.

¡BOOM!

La criaturarugió de mandíbula estalló en una lluvia de huesos y carne carbonizada.

El tiburónse retorció en el aire, su mitad superior casi desintegrada, peroseguía vivo.

Peterjadeó, dolor era torso sangraba profusamente, la carne destrozada colgaba de su costado.

Perono caería tan fácilmente.

—¿Realmente piensas que puedes jugar conmigo, Bernardo?—gruñó, su voz cargada de odio.

Bernardosonrió.

—¿Jugar?No, hermanito...esto no es un juego.

El aire se volvió pesado.

Las sombras a su alrededorse agitaron como bestias poderse expandió,envolviendo el campo de batalla como un manto sofocante.

El tiburón que había perdido la mandíbula comenzó a y hueso se tejieron con oscuridad, renaciendo en un parpadeo.

Y entonces,el segundo tiburón, el blanco, abrió sus fauces.

Pero esta vez no mordió.

Escupió un rugido que retumbó como un trueno.

Peterfue lanzado por los cuerpo se estrelló contra el suelo, abriendo un cráter de varios metros de profundidad.

El polvo se elevó.

Bernardochasqueó los dedos.

Las dos bestias se movieron en sincronía, descendiendo como depredadores sobre su presa.

Peterintentó moverse, pero su cuerpo no respondía.

Y en ese momento,entendió la diferencia entre él y su hermano.

Bernardono solo jugaba con la vida y la muerte.

Las gobernaba.

vamos hermano actúa como un buen cebo.

Mis pececitos están tristes que no quieras jugar con ellos..

El tono de Bernardo cambio y hablo con diferente voz y su mana hizo que las bestias rugieran.

Te ORDENO PEQUEÑO ENGENDRO, JUGAR CON MIS MASCOTAS TEMPORALES

Petersintió un escalofrío recorrer su voz de su hermanoresonó como un decreto absoluto, como si el mismísimo universo se doblegara ante sus palabras.

El suelotemblóbajo su cuerpo sombras danzaban a su alrededor,hambrientas, expectantes.

Las bestias gemelas no esperaban órdenes.

Se lanzaron sobre él.

—¡Tsk! ¡Maldito monstruo!—Peterforcejeó con su propio cuerpo, forzándolo a moverse.

Pero no fue lo suficientemente rápido.

CRACK.

Uno de los tiburoneshundió sus fauces en su pierna izquierda que acababa de hueso cedió con un sonido nauseabundo.

El otro mordió su hombro, sacudiéndolo como un muñeco de trapo.

La sangre voló en todas direcciones.

Bernardosonrió desde su trono.

—Vaya, é torpe eres... ¿Acaso te fallan las piernas?

Petergritó de ira.

La luz explotó desde su interior.

Un destello cegador envolvió su cuerpo.

Los tiburonesfueron arrastrados hacia atrás por la onda expansiva, rugiendo de frustración.

Pero Bernardo no se inmutó.

Chasqueó los dedos.

Las sombras se contrajeron.

Petersintió como si una garra invisible le estrujara el alma.

Su cuerpose dobló en un espasmo dolor lo atravesó como un cuchillo al rojo vivo.

—¿Crees que puedes desafiarme, hermanito?—susurró Bernardo, su voz cargada de burla y superioridad—.No seas ridículo.

Las sombrasenvolvieron el suelocomo una neblina viva.

Los tiburonesse regeneraron en un heridas se cerraron, sus colmillos volvieron a relucir.

Y volvieron a lanzarse sobre Peter.

—Juega con ellos, hermano.

—Te lo ordeno.

Peter intentó correr.

Peroel suelo se derritió en sombras, pegajoso como brea negra,aferrando sus tobilloscomo cadenas invisibles.

Los tiburonesse movían en círculos a su alrededor,sus cuerpos incorpóreos deslizándose entre la luz y la ocultaban, emergían, desaparecí ojosrelucían con hambre.

Jugaban con él.

Peterjadeó,su pecho subía y bajabadesesperado.

Escuchaba el agua goteando.

Pero no había agua.

Solo su sangre cayendo en la nada.

Bernardorió desde su trono,con los dedos tamborileando sobre el reposabrazos.

—Los tiburones son cazadores meticulosos, atacan de . el terror antes de devorar a su presa.

El airese volvió denso.

Petergiró en círculos, su respiración agitada.

No podía verlos.

Perolos sentía.

A su susurro.

A su rugido ahogado en la penumbra.

Detrás de él, algose movió.

Peterse giró, conjurando un destello de luz.

Nada.

El sudorresbalaba por su espalda.

Sus músculos estaban tensos.

Bernardoapoyó su mejilla en la palma de su mano y suspiró.

—Vamos, los hagas esperar.

Un gruñidoretumbó desde la nada.

Petergiró otra vez.

Y entoncesel primer mordisco llegó.

CHOMP.

Un dolor insoportable se extendió desde su pantorrilla.

Petergritó.

El tiburón negrose había aferrado a su colmillosperforaron la carne, aplastando el músculo como papel mojado.

Petertrató de patearlo, pero la bestia giró su cabeza en un ángulo imposible.

Y desgarró.

Un pedazo de su carne desapareció.

El segundo tiburónaprovechó la distracción.

Sus mandíbulas se cerraron sobre el brazo de Peter.

UnCRACKseco resonó en el aire.

El huesose partió.

Peterescupió sangre.

Pero la cacería no había terminado.

Los tiburonesse separaron.

Se desvanecieron en la penumbra.

Y entonces...volvieron a acechar.

Peterse tambaleó, su cuerpo tembloroso, su visión borrosa por el dolor.

Su sangreemanaba en riachuelos escarlata.

Podía oler su propio miedo.

—Oh, hermano...—Bernardo dejó escapar una carcajada—.¿Aún no te das cuenta?

Peterlevantó la mirada con dificultad.

Bernardosonreía.

—No están cazando para matarte.

Su voz fue un susurro venenoso.

—Están cazando para jugar.

Los tiburonesrugieron en la oscuridad.

Y la caceríacomenzó de nuevo.

Bernardoresopló, casi fastidiado.

—¿En serio, Peter?—su voz tenía un deje de burla, pero también de decepción—.¿No notas la diferencia?

Los tiburones eran pequeños, insignificantes al tamaño de casi 18 metros de la bestia original, y aun asi no eran comparados con lo que Maya podía invocar.

Mayano tenía dos sombras.

Tenía cientos.

Doscientas bestias deformes, hambrientas, devorando la realidad misma a su alrededor.

Bernardochascó la lengua.

—No puedo producir lo que ella hace.

Su unico ojo gris plateadobrillo,pero luegosuspiró.

Su miradavolvió a Peter, quien aún luchaba, su cuerpo temblando, su sangre goteando sobre el suelo maldito.

Los pequeños tiburonesse lanzaban contra él, desgarrando trozos de carne, jugueteando con su presa como si fuera un muñeco roto.

Peterse defendía con ataques de luz, pero era inútil.

El juego seguía.

Bernardoapoyó su cabeza en su mano, aburrido.

—Hermanito, qué patético.

Los tiburones no eran nada.

Eransolo un fragmentode lo que Maya podía crear.

Y sin embargo,Peter apenas podía mantenerse en pie.

Peterjadeó, sintiendo el calor de su propia sangre resbalar por su mordida, cada desgarro en su carne, era un recordatorio cruel de lo débil que era frente a su hermano.

Perono podía seguir huyendo.

Los tiburonesse movían en círculos, danzando alrededor de él con una paciencia monstruosa, disfrutando del juego antes de dar el golpe final.

Bernardosonrió desde su trono, con su unico ojo el cual tenia un desprecio burlón.

—Hermanito, ¿no te cansas de decepcionarme?

Nunca espere que me demuestres algo pero mira lo que paso.

Esto mas que decepcionante.

Peterapretó los dientes.

No podía morir aquí.

No podía perder en este maldito juego.

La luz a su alrededor tembló, vibró... y luego explotó.

—¡MUERAN, MALDITOS!

Su cuerpo se volvió un núcleo de radiación ardiente, un sol en miniatura que estalló con una fuerza cegadora.

Los tiburones se lanzaron hacia él, instintivos, hambrientos de su carne... pero esta vez, Peter fue más rápido.

El primero recibió un impacto de luz comprimida que perforó su crá estallido fue seco, tiburón negro cayó al suelo, convulsionando mientras su energía vital se extinguía en un charco de sombras humeantes.

El segundorugió, sus fauces abiertas buscando su garganta, pero Petergiro en el aire, reuniendo todo su poder en su puño derecho.

Golpeó.

La cabeza del tiburón blanco explotó en una lluvia de luz y carne calcinada.

El silencio cayócomo una guillotina.

Peter,cubierto de sangre y jadeante, miró los restos de las bestias con una mezcla de triunfo y horror.

Desde su trono, Bernardoaplaudió lentamente.

—Vaya, vaya... al final sí tenías colmillos, hermanito.

Pero su sonrisa no era de orgullo.

Era de diversión.

Como si lo que acababa de pasarfuera solo el primer acto de una obra mucho más grande y cruel.

Ya no puedo mantener las naturalezas que conforman la habilidad, Bernardo se puso de pie y el trono se disipo en el aire. Su cuerpo comenzó a caer, mientras que sus manos estaban en sus bolsillos que milagrosamente habían sobrevivido a los ataques. Bernardo coloco sus manos en su espalda y descendió, mientras veía a su hermano en el piso tirado como un perro muerto.

Bernardosonrió con burla, inclinando levemente la cabeza mientras aterrizaba con la misma calma con la que alguien bajaría de un escalón.

—¿No te divertiste, hermanito?—preguntó con fingida inocencia, sacudiendo el polvo de su ropa, aunque ni siquiera tenía una sola mancha.

Peterescupió sangre, su cuerpo aún temblando por el desgaste y las heridas. Sus brazos se sentían como plomo, su torso ardía como si le hubieran arrancado la piel a tiras, y su respiración era entrecortada, casi rota.

—Púdrete, psicópata…—gruñó, cada palabra empapada en odio.

Bernardose carcajeó, un sonido despreocupado y ligero, como si la situación le causara un entretenimiento infantil.

—Oye, si no querías jugar, lo hubieras dicho.—Se encogió de hombros.— Nadie te obligó a hacerlo.

Sus ojos brillaban con un placer cruel, sabiendo perfectamente que Peter nunca tuvo opción.

El suelose estremeció con el eco de su voz, como si la realidad misma reaccionara a su presencia.

Bernardose inclinó ligeramente, con las manos aún en la espalda, observando a su hermano con una mezcla de burla y desinterés.

—Pero ahora que has demostrado ser un mal perdedor… dime, ¿de verdad crees que el juego terminó?

El aire se volvió pesado.

Peter,con el cuerpo aún destrozado,sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Bernardo descendía, sintiendo cómo su cuerpose desmoronaba desde sangre ardía, su sudor se mezclaba con ella, y la agonía era una bestia hambrienta devorándole cada célula con cada aliento que tomaba.

Pero nada de eso importaba.

Suhabilidad estaba en el límite, su carnegritaba por descanso, su espírituse tambaleaba al borde de la aniquilación, pero no se detendrí ás.

Aquí,en su dominio supremo, donde su palabraera la ley, donde los cadáveresyacían a sus pies, recordándolea cada traidor, a cada hipócrita, a cada bastardo que había intentado someterlo, Bernardocomprendió algo esencial.

El mundo entero estuvo en su contra desde su nacimiento.

¿Y qué?

Nunca le importó.

Honor. Gloria.

¿A quién demonios le importa eso ahora?

Los hombresse aferran a esas mentiras, buscando validación en la mirada de otros, en el reconocimiento, en el peso de sus nombres siendo escritos en historias que eventualmente serán olvidadas.

Él no.

Nunca quiso ser admirado, ni respetado, ni aceptado.
Nunca quiso la compasión de quienes lo veían como un lisiado inútil.
Nunca necesitó la aprobación de nadie.

Porqueél siempre estuvo solo.

Desde el momento en quefue capaz de pensar, comprendió quesu existencia era una guerra solitaria.

Cada paso que daba.
Cada golpe que recibía.
Cada herida que marcaba su piel.

Todo era por un único propósito.

Y si para conseguirlotenía que ver al mundo arder, lo haría con entusiasmo.

No importaba el costo.
No importaban las consecuencias.

Porquedesde que fue ignorado, apartado, menospreciado,se dio cuenta de algo:

La mayoría de los humanos eran una plaga irritante.

Por eso quería destruirlo todo.

Solo cuando todo estuviera reducido a cenizas,podría contemplar el horizonte más curioso de todos.
Solo cuando el mundose hundiera en el caos, podríamostrarle a esos insectos el cielo y el infierno sobre la tierra.

Y cuando alzaran la vistahorrorizados, cuandoimploraran piedad, cuandoentendieran demasiado tarde que no hay redención en su mirada...

Bernardo sonreiría.

—Jejeje... Curiosa reflexión la tuya, niño.

La voz irrumpiócomo un eco entre los pliegues del tiempo, un sonido que no pertenecía a este lugar ni a esta sintió un escalofrío recorrer su espalda, no por miedo, sino por la certeza de que el flujo temporalhabía cambiado.

Aquí, en su dominio absoluto.
Aquí, donde su palabra era ley.
Aquí, donde nadie más que él podía dictar el destino.

Y, sin embargo,había alguien más moviendo los hilos.

Alguien que no solo existía dentro de su realidad... sino que la superaba.

—No busques. Todavía no es el lugar.

La voz resonó, grave y serena,como si el mismo universo hablara a través de ella.

—Debes saber que la muerte llegará.
Implacable. Silenciosa.

Serácomo el último suspiroquehace eco en el vacío, perdidoen la inmensidad de la realidad.

Lo sientes, ¿verdad?

Laspuertas de lo conocido se están cerrando.
Y con ellas,se lleva el último aliento de la vida.

Este esel final de todos los caminosque recorriste, que recorres y quepudiste haber recorrido.
Elocaso de tus sueños y esperanzas.

El fin supremo de todos los anhelos y miedos que alguna vez definieron a los seres vivos.

—Lo puedes sentir, Bernardo.

No puedes combatirlo.
Porquees el destino inevitable.

El punto final de tu historia.

Lamuerte no pide permisos ni explicaciones.

Sualiento gélidoes un recordatorio de que cuandosu abrazo llega, todo lo queambicionabas, todo lo que construiste, todo lo que fuiste...

Fracasa.
Desaparece.
Se vuelve polvo.

Y pronto lo sentirás.

El eco de tu existencia disipándose en un vacío sin retorno, dondeni siquiera los conceptosque componen esta frágil realidad pueden persistir.

Incluso aquellos que lo quieren todo de ti... no podrán tomar lo que ya no está.

Pero Bernardo solo se encogió de hombros.

—Hace mucho tiempo hice las paces con mi muerte.

No me interesa morir.
Pero tampocole temo.

Esta vida siempre fue efímera.

Sé quemi muerte destrozará a mi familia.
Sé quelos hará sufrir.

Pero solo quiero que sean felices.

Esa es mi única preocupación.

La voz guardó silencio por un instante... luego habló con una curiosidad renovada.

—¿Felicidad?

—No sé quién eres, pero dime algo...¿acaso no crees que la felicidad es el objetivo final de todo ser sintiente nacido en este universo?

Si mis mensajes, mis acciones, mi legado...
Si todo lo que dejé atrás los ayuda a ser felices...

Si mis seres queridospueden encontrar la felicidad y dejar de llorar mi muerte...

Lo que le pase al resto del mundo me da igual.

Ellos son mi única ancla en esta existencia.

La voz pareció sonreír en la penumbra de lo desconocido.

—Ya veo...Para que sean felices, hay que eliminar cosas comoel temor a un futuro incierto...
Y borrarel recuerdo de un pasado que no pudieron cambiar.

—Sabes mucho de mi familia...

Bernardoentrecerró los ojos, intrigado.

—Dime... ¿te conozco, voz desconocida?

Bernardo sintióel peso del tiempoencajar nuevamente en su sitio.

El flujo anormal que había sentidose disipócon la misma facilidad con la que había surgido.

Pero lo que realmente le llamó la atención fuePeter.

Las heridas que antes lo habían dejadotirado como un perro moribundose habíancerrado por completo.
La carnehabía vuelto a crecer.
Los huesosse reformaron sin dejar rastro del daño.

Y lo más perturbador de todo...

El mana ambiental, con la naturaleza de la luz, fluía a su alrededor con tal intensidad que el propio ambiente comenzaba a oscurecerse.

Bernardolevantó una cejaante la ironía de la escena.

—Curioso que un usuario de luz... oscurezca algo.

Pensó con sarcasmo mientras observaba el efecto.

El lugar, antes iluminado por una sutil claridad, ahoraparecía drenado de su propia esencia. Las sombrasse alargabanen direcciones extrañas, como si algo estuvieraabsorbiendo la luz misma y devorándoladesde su núcleo.

Y, por alguna razón que ni él mismo comprendía,decidió ayudar a Peter.

No tenía sentido.

No tenía por qué hacerlo.

Pero,¿y qué?

Moviósu voluntad sobre este dominioy aceleró el proceso, empujando su autoridadhasta su límitepara que la sanación fuera aún más eficiente.

¿Estaba loco? Probablemente.
Perosiempre supo que estaba loco.

Y aun así...sanó a su hermano.

Bernardono dijo nadamientras su hermano recuperaba la ó su presencia,su mirada,su respiración entrecortada.

Ya no era importante.

Había algo más en lo que debía centrarse.

Elprimo de Peter ya se había recuperado.

Thomas porque huyes de la diversión, Bernardo se quejo y su mano se estiro hacia la derecha.

Lostentáculos de luz plateadase retorcían en el aire, avanzando como serpientes hambrientas hacia su presa.

Thomas forcejeódesesperadamente en la frontera del dominio, sus movimientos torpes, errá intento de liberarse solo provocaba que las extremidades luminosas se cerraran más sobre él, como si disfrutaran de su agonía.

—¡Hagan algo!—rugió el joven, sus ojos llenos de desesperación al ver a los guardias.

Pero estosno supieron cómo reaccionar.

Se miraron entre sí,dudando, incapaces de decidir si debían intervenir o no.

Y entonces, Bernardosonrió.

—Vamos, Thomas... No dejes que la diversión no te incluya.

Su vozera una mezcla de burla y cruel entretenimiento, un eco de placer retorcido en la cacería.

Sumano se estiró hacia la derecha, y con ese simple gesto,los tentáculos respondieron con violencia.

La luz plateadabrilló con un resplandor amenazante, y las extremidades de mana seabalanzaron sobre Thomascon una velocidad brutal.

Él gritó.

Retrocedió, tratando de esquivar, pero era inú de los tentáculos se enroscó alrededor de su pierna, otro atrapó su brazo, y un tercero se deslizó hasta su cuello.

Los guardiasdieron un paso atrás,temerosos.

Uno de ellosdesenvainó su arma, pero su mano temblaba.

—¿A qué esperan?¡Mátenlo!—exigió Thomas, su voz teñida de pánico.

Pero nadie se movió.

Porque todos sabían lo mismo.

Atacar a Bernardo en su propio dominio era un suicidio.

Que cobarde le teme a mi débil dominio. Toda tu lineal familiar es igual, no es así Peter. Bernardo dijo miro por el rabillo del ojo sano a su hermano que se puso de pie.

Estas hecho mierda, se burlo Bernardo.

Lose Thomas siempre fue un inútil cobarde, Peter miro a su primo que forcejaba con los tentáculos del dominio

Déjalo de lado terminemos con esto.

Ambos hermanos intercambiaron golpes, el puño derecho de Bernardo golpeo la cara de Peter y a su vez el puño izquierdo de Peter le rompió la nariz a su hermano mayor.

Ambos hicieron la cabeza hacia atrás y una sonrisa se dibujo en su rostros magullados.

Si, esto es lo que deseaba. Esta es la sensación, la adrenalina que desea sentir correr por mis venas al tener un rival de mi mismo nivel, grito con alegría Peter .

Ambos hermanos se reían pero por distintos motivos.

Te estas debilitando Peter, Bernardo hablo mientras que con un pensamiento un rayó golpeo la espalda de su hermano arrojándolo al suelo.

Peter cayó de rodillas, jadeando, con el impacto resonando en su espalda como si un martillo lo hubiera aplastado.

Bernardono se movió, simplementelo observó desde arriba, con una mezcla de burla y superioridad en su mirada.

—Te estás debilitando, Peter.

Las palabras fueron un susurro afilado, casi decepcionado.

Peter escupió sangre y rió.

—No...no digas estupideces.

Con un movimiento brusco,clavó su mano en el suelo y se impulsó de vuelta a la batalla.

PeroBernardo ya estaba encima de él.

Supie chocó contra el pecho de Peter, enviándolo nuevamente contra el suelo,abriendo grietas en la superficie del dominio.

Thomas observaba todo, aún atrapado por los tentáculos de luz respiración era errá primo y su hermanose estaban destruyendo mutuamente, y en cualquier otro momento tal vez hubiera encontrado algo de consuelo en ahora... ahora entendía el verdadero terror.

Ellos no estaban jugando.

Cada golpe erareal.

Cada ataque eraletal.

Cada herida,una marca de guerra.

—Levántate, Peter.—Bernardo habló con calma, caminando lentamente hacia él—.Vamos, que la diversión aún no termina.

Peter,con la cara cubierta de sangre y tierra,sonrió con los dientes manchados de rojo.

—¿Y quién dijo que iba a rendirme?

La luz a su alrededorparpadeó violentamente, y en un instante,se impulsó hacia adelante, chocando contra Bernardo con una fuerza devastadora.

El sonido del impactoretumbó en todo el dominio.

Los guardias,incapaces de intervenir,solo observabancómo dos monstruosse desgarraban entre sí, riendo en medio del dolor,sin ninguna intención de detenerse.

En un instante Bernardo estaba enfrente de Peter, mas exacto la palma de la mano estaba justo en la cara de Peter..

Peter se difumino en partículas blancas de luz Bernardo se detuvo y miro hacia atrás y vio como es que en el aire 7 Peter estaban mirándolo.

Eres arrogante si crees que simples números me pueden superar.

Bernardo se movió en un paso su cuerpo se movió entre las capas de espacio y uso un poco del poder del rio del tiempo.

En un instante los clones fueron decapitados.

La luz necesita de espacio para moverse.

Pero el espacio no necesita de algo para moverse, Bernardo apareció y tomo la cara de Peter y estrello contra su rodilla.

El impacto fue brutal.

La rodilla de Bernardo chocó contra el rostro de Peter con una fuerza aterradora,hundiéndole la nariz en un estallido de sangre y hueso sonido sordoreverberó en el aire mientras la cabeza de Peterse sacudía violentamente hacia atrás, su cuerpo tambaleándose por la brutalidad del golpe.

Bernardo no se detuvo.

Aún sosteniéndolo del rostro, lo levantó con una fuerza absurda,como si no pesara nada, ylo arrojó con un giro de muñeca.

Peter se estrelló contra el suelo, su cuerpo rebotando con violencia y dejando un surco en la polvo y los fragmentos de piedra volaron en todas direcciones, cubriendo el campo de batalla con una neblina de destrucción.

—Si esto es todo lo que puedes hacer, me decepcionas.—La voz de Bernardo era un susurro de hielo,carente de emoción, como si estuviera observando la caída de un simple insecto.

Pero Peter...se rió.

Desde el suelo, con sangre escurriendo de su nariz destrozada yun ojo ya hinchado, Peterse carcajeó.

—¡Ja! Así que así es como peleas en serio...!

Un destello cegador de luz brotó de su cuerpo.

El mana de la naturaleza de luzexplotó a su alrededor, desintegrando la sangre que cubría su piel ysanando las heridas en un parpadeo.

Bernardo entrecerró los ojos.

Ese nivel de regeneración... No era simplemente su entorno mismo le estaba brindando apoyo.

—La luz puede necesitar espacio para moverse...—Peter se puso de pie, su voz exudaba una peligrosa confianza—,pero cuando hay demasiada...

El dominio se iluminó.

El suelo, el aire, las sombras...todo comenzó a irradiar luz.

Bernardo sintió algo extraño.

No era que Peterse estuviera moviendo más rápido.

Era que ahora,el espacio mismo respondía a su luz.

Y en un instante,Peter estaba frente a él, con el puño envuelto en un resplandor cegador.

—No hay dónde esconderse.

El golpe impactó de lleno.

Pero incluso siluz y espaciose unificaban, este seguía siendoel territorio de , espacio y realidadestaban de su lado, inclinándose a su voluntad como si fueran meras extensiones de su los elementos menoresa estos—el viento, la presión, la misma esencia del mundo—obedecían sus simples caprichos.

Bernardo apenasextendió un dedo, sin siquiera mover el brazo en dirección a su hermano. El gesto fue sutil, mínimo, como quien da una orden sin palabras. Su dedo se inclinó ligeramentehacia el suelo, y en ese preciso instante,el golpe de Peter se detuvo en seco.

Un silenciosepulcralse instaló en el aire.

Espacio. Un infinito espacio los separaba.

Peter, con el puño extendido,frunció el ceñoal notar que su ataque no llegaba a destino. La distancia entre ellos no era más queunos centímetros, pero Bernardo, con su control absoluto, habíaextendido esa brecha más allá de lo concebible, manipulando las capas de realidad de forma tanprecisa y despiadadaque su hermano no podía ni rozarlo.

Los ojos de Peterse oscurecieron con furia. Intentó avanzar, romper la barrera con su dominio sobre la luz, pero era inú luz necesitaba del espacio para moverse. Y el espacio... el espacio era de Bernardo.

Petergruñó, con la respiración pesada, sintiendo cómola frustración crecía en su pecho.

Mientras tanto, Bernardolevantó la mirada.

Con suúnico ojo, contempló el cielo, como si todo esto fuera un juego sin importancia, una distracción pasajera. En su rostro no habíaodio ni ira, solouna certeza absoluta de su dominio. Peter podía intentarlo una y otra vez, pero mientrasBernardo reinara sobre este terreno, cada esfuerzo seríaen vano.

Larealidadcomenzó adistorsionarseen la pupila deBernardo, un reflejo de su dominio absoluto sobre el mundo que lo rodeaba. En su ojo único, las distancias sequebrabancomo vidrio frágil, permitiéndoletraspasar los límitesde la percepción humana.

Más allá de su enfrentamiento con Peter, su visión se deslizóa través del velo de la existencia, cruzando dimensiones hasta encontrarse con otro escenario de caos y desesperación:la lucha del dragón contra los dos enviados de la familia Q'illu.

Lo primero que notó fuelo lamentable del estado de esos cuerpos rotos, jadeantes, cubiertos de heridasque contaban la historia de un combate frescamanchaba el suelo, gotas dispersas como testigos de su con dificultad, cada movimiento les costaba más, y aun así,seguían resistiendo, impulsados por una mezcla de desesperación y deber.

Frente a ellos, eldragónse alzaba con unacalma aterradora.

No se veía acorralado, no parecía luchar con furia o desesperació movimiento suyo era preciso, calculado, como si la batalla fuera solo un trámite para é ían con un brillo antiguo, y sumirada doradaproyectaba una seguridad que hacía parecer insignificantes los esfuerzos de los dos guerreros.

Pero lo querealmentellamó la atención de Bernardo no fue la batalla en sí, sino el hecho de quea pesar de estar luchando contra los dos hombres, el dragón también se resistía al rechazo del tiempo, del espacio y de la misma realidad de la dimensión actual.

Un ser que desafiaba el orden mismo del mundo.

Bernardoentrecerró su ojo, observando con una mezcla de interés y reconocimiento.

—"¿Y todavía sigues resistiendo...?" —murmuró para sí mismo, sintiendo por primera vez en mucho tiempo una leve... ¿intriga?

Quizás, solo quizás,este dragón no era un simple adversario más.

—Un linaje asombroso...—murmuró Bernardo, observando al dragón con una mezcla de fascinación y extrañeza.

Había algo en ese ser que lo inquietaba, algo que iba más allá de su evidente poder o su insólita sensación familiar, primitiva... como si su existencia estuviera entrelazada con la suya de alguna manera.

—Pero... ¿por qué sigo sintiendo esta conexión con esta cosa?

Su único ojo se entrecerró.La duda lo corroía.

Era parecido a lo que su madre solía describir cuando hablaba de susbestias compañeras: un vínculo forjado más allá del tiempo y el espacio, una conexión que trascendía lo físico, como si sus almas estuvieran anudadas desde el principio de los tiempos.

—Pero es imposible...

Incluso si el dragón venía de otra dimensión, la mayoría de ellosmoríancuando él llegaba a su edad. En casi todas las realidades,su destino era la lisiadura, la fractura de su propio ser antes de alcanzar su plenitud.

—Tal vez... tal vez esta sea una de las pocas realidades donde eso no ocurrió.

El pensamiento lo dejó en silencio. Si en esta realidad él no había sidolisiado, si su destino había sido distinto, entonces era posible que su vínculo con esa bestia aún existiera en algún nivel...

O peor aún, quehubiera existido en el pasado, lo suficiente como para dejar una marca en su sangre.

—Una bestia compañera... y tal parece que ese lazo fue tal que hubo un enlace de línea de sangre.

La revelación lo dejó en una inquietante calma.Él y esa criatura estaban conectados, no por voluntad propia, sino por algo más antiguo y profundo.

Pero entonces...

—¿Por qué me pediría darle ese fruto y esa savia...?

Si el vínculo entre ambos ya no existí el dragón aún no había nacido en esta dimensión.

Algo no cuadraba.

El dragónsabía algo. Algo que Bernardo aún no veía.

—Es una lástima...

Bernardo desvió la mirada del dragón y volvió su atención aPeter, su medio hermano menor. La diferencia entre ambos era tan abismal que apenas valía la pena llamarlo rival.

Peter jadeaba, su cuerpo temblaba por el expresión era la de un animal acorralado, con los ojos encendidos de furia, pero también de desesperación.

—Pareces una bestia rabiosa en tu actual estado.

Bernardo esbozó una sonrisa burlona, inclinando la cabeza con desinterés.

—Vamos, dijiste que tenías la armadura del dios de la luz...—susurró con tono mordaz—.¿Por qué no la usas?

El aire entre ellos se volvió gélido, pero Peter no respondió.Solo gruñó, con los dientes apretados, su orgullo ahogado en impotencia.

Bernardo no esperó má ó su mano con un gesto perezoso.

Un crujido metálico y un chillido helado resonaron en el aire.

Unaestaca de oroy otra dehieloatravesaron brutalmente el cuerpo de su hermano, perforando carne y hueso sin esfuerzo.

Peter escupió cuerpo se sacudió convulsivamente mientras la sangre cálida manchaba el suelo bajo él.

—Es lamentable...—susurró Bernardo, observando la escena con absoluta indiferencia—.Que no tengas la fuerza necesaria para poder detenerme.

El brillo de su único ojo reflejaba algo peor que crueldad:una absoluta falta de interés.

Bernardo intentó decir algo, pero su mente se mareó.

No lo mostró físicamente, pero la sensación de vértigo era flujo del tiempo, que siempre le había obedecido, ahora lo devoraba lentamente desde dentro.

30 SEGUNDOS.

El número resonó en su mente como una sentencia inquebrantable.

—Puedo distorsionar el tiempo por otros 20 minutos...—calculó en su mente, su razonamiento aún lúcido a pesar del caos interno—.Pero no más.

Solo 30 segundos de vida original.

Un escalofrío recorrió su espalda. No por miedo, no por por la certeza de lo inevitable.

—Je...—una risa seca escapó de sus labios—.Mi vida se acabará.

Sus ojos se entrecerraron, observando el horizonte dimensiones a su alrededor parpadeaban, como si el mundo mismo estuviera perdiendo consistencia.

—Tal parece que dentro de poco el sacrificio tendrá lugar.

Bernardo suspiró, no con resignación, sino con una extraña final estaba cerca, pero él aún tenía control sobre cómo llegaría a él.

—Detesto ser tu hermano mayor...

Las palabras deBernardose deslizaron entre el caos, pero su voz carecía de emoció psique estaba quebrada, rota por el peso de su propia existencia.

Odiaba a Peter.

Pero al mismo tiempo,sabía que este pequeño engendro codiciaba sus dones.

No era una suposició una certeza absoluta.

Bernardo lo sabí era el compatible con todos sus dones.

Las raíces primordiales.
El cristal del alma.
El consumo de la línea de sangre.

Todo en él... era compatible con Peter.

Era una burla cruel del destino.

El eco de innumerables voces resonaba en su lo maldecían con odio visceral, otras lo exaltaban como si fuese un santo.

Pero él no era ninguna de las dos cosas.

—Pero ya que moriré...—susurró para sí mismo—incluso si no tienes nada que ver... obtendrás lo que es mío.

El pensamiento lo consumió.¿Para qué había luchado tanto? ¿Para qué había doblegado tiempo, espacio y realidad si, al final, Peter lo heredaría todo?

Peter, sin embargo, no escuchó nada.

Porque en ese instante, su cuerpo se estremecía bajo una lluvia de golpes, su carne destrozándose casi sin descanso.

La brecha entre ambos hermanos se redujo en cuestión de segundos.

Decenas de metros desaparecieron en un parpadeo.

Bernardo estaba sobre Peter.

Su presencia era como una sombra ineludible.

Sus manos, sorprendentemente perfectas, sin callos ni cicatrices, mutaron.

Se convirtieron en guadañas.

El filo de su existencia misma se curvó hacia la muerte.

Bernardo observó con fría indiferencia cómoclones y guardiasse interponían en su camino. No hubo piedad en su único ojo, solo la mecánica certeza de su victoria.

Susdedoscomenzaron abrillar con un dorado carmesí, un resplandor quecontenía la condena de todo lo que tocara.

Uno de los guardiasque se interpusose mordió los labios, negándose a temblar.

Sabía que iba a morir.

Pero aun así,se obligó a permanecer impasible.

No permitiría que su miedo ensuciara sus últimos momentos.

Sus pies se afirmaron en el suelo.

Su pierna derecha aplastó el suelo con fuerza,una fisura extendiéndose como un relámpago de piedra.

Su cintura se torció.

Su cuerpo se inclinó hacia la derecha.

Y entonces...atacó.

Un crujido seco.

Los dedos de Bernardo perforaron la armadura del guardia como si fuera papel mojado.

Un destello dorado y carmesí cruzó su pecho,dibujando una marca mortal.

La sangre brotó de la herida antes de que siquiera sintiera el dolor.

Bernardo aterrizó con gracia inhumana, giró sin esfuerzo y volvió a atacar.

—¡Maldita sea!—los otros guardiasreaccionaron con furia y desesperación.

Sus armassilbaron en el aire, buscando su carne, peroninguna tocó a Bernardo.

El espacio mismolo protegía.

Era intocable.

Uno de los guardiasapretó los dientes con rabia.

"¡Mierda!"

El dolor y la humillación le quemaban más que la herida.

¿Cómo era posible que unlisiadocomo éllo redujera a esto?

¡Cómo podía ser humillado por ese maldito engendro!

No notó la mano que iba directo a su rostro.

El instante siguiente,un nuevo crujido desgarrador resonó en el aire.

El brazo completo de Bernardo atravesó la cara del guardia.

Sangre, fragmentos de hueso y materia cerebralse esparcieron en todas direcciones.

El cuerpo convulsionó por un segundo antes de desplomarse, sin vida.

—¡Basuras!—gruñó Bernardo, su voz cargada de asco y desprecio.

Pero los guardiasseguían entrando a su dominio.

No les importaba queninguno saliera con vida.

Solo queríansacar a Peter y al maldito cobarde de Thomas.

El único ojo de Bernardo, ahora de un plateado espectral,fulguraba con un brillo impío mientras su cuerpo se movía con precisión inhumana.

Pateó con brutalidad, quebrando costillas, aplastando gargantas,y con un giro elegante de su brazo,cortó el cuello de un guardia a su derecha.

Un chasquido seco resonó.

El hombre apenas pudo soltar un jadeo antes de Bernardo no se detuvo.

Aumentó su fuerza, su velocidad, su furia.

Atravesó con su guadaña viviente al guardia que estaba detrás,su hoja de carne y huesodesgarrando carne y hueso en una danza letal.

Los cuerpos caían a su pasocomo muñecos de trapo destrozados.

—¡LARGO!—rugió, su voz estremeciendo el espacio mismo.

Movió su mano, y la realidad respondió.

Una fuerza invisible golpeó a los guardias, lanzándolos como hojas secas en una tormenta, estrellándolos contra el suelo, las paredes, entre ellos mismos.

Gritos, huesos rotos, sangre esparcida.

Bernardose quedó de pie entre los cuerpos destrozados,su único ojo brillando con un resplandor helado.

Peter, ahora envuelto en la armadura del dios Lugh,se plantó firmemente frente a Bernardo, su postura desafiando la misma gravedad. La armadura brillaba con una luz dorada, como si reflejara la furia de los dioses.

Bernardosonrió ante el desafío,un destello de reconocimientocruzó su mirada, pero la misma sonrisa estaba teñida de desdén. Se movió,como si el espacio mismo fuera nada más que un papel arrugado entre sus manos, y con un simple movimiento,el espacio se retorció, como si el tejido mismo de la realidad se plegara ante su un parpadeo, apareció frente a Peter,supuño cargado de pura destrucciónse lanzó directamente hacia la cara del joven.

Un golpe que podría pulverizar un edificio entero.

Peroalgo cambió.

Bernardosentía que su vitalidad y dominio retrocedían desgarrón sutil pero creciente,como si la misma esencia que le daba fuerzacomenzara a desmoronarse ante algo invisible.

¡Maldición!Pensó Bernardo, pero no hubo tiempo para de que pudiera reaccionar,Peter atrapó su puño,su agarre imparablecomo el de una bestia mítica.

¡Golpe!

Petergolpeó con toda la fuerza de la armadura,impactando con tal furia que el suelo tembló,enviando a Bernardo hacia atrás,su cuerpo retrocedió violentamente,pero su mirada seguía fija en su hermano,llena de furia y desconcierto.

¿Cómo podía este niño...afrontarlo con tanta fuerza?

Maldito psicópata,Peter apretó los dientes, la rabia quemaba en su pecho mientras su dedo índice derechose levantaba con un propósito ese momento,una serie de rayos de luz blancase dispararon desde su dedo, iluminando la oscuridad con la furia de un sol de rayos impactaron a Bernardo con una fuerza cegadora, buscando desintegrarlo,pero Bernardo no se hizo esperar.

En un parpadeo,como una sombra que desafía el espacio,Bernardo reapareció detrás de un golpe brutal, unmazazo invisiblede fuerza colosalimpactó contra la espalda de Peter,enviándolo al suelo con una violencia imparable. El eco del impacto resonó en todo el espacio distorsionado, y el suelo tembló bajo su peso.

Ambos se recompusieroncasi al instante,como dos bestias salvajes enfrentándose en un campo de batalla sin tiempo parecía detenerse mientras seenfrentaban una vez más.

Las manos de ambos seentrelazaronen unforcejeo feroz, untirón brutaly unaflojamiento igualmente violento, como si cada uno intentaraimponer su voluntad sobre el ambos ejercían sobre el espacio y el tiempo hacía queel aire mismo se distorsionara, como si la realidad estuviera a punto deromperse.

Un choque constante,donde cada movimiento parecía mover el mismo tejido de la dimensió sonido de sus luchas, la vibración de sus cuerpos al colisionar, resonaban con una intensidad que hacía temblar el mismo suelo bajo sus era seguro, ni siquiera el aireque respiraban.

Fue Peter quien aprovechó la su poder sobre la luz, lanzó undestello cegadorhacia los ojos de su explosión de luz blancaperforó el aire, y por un instante,la realidad misma parecía volverse , momentáneamente desorientado, perdió el equilibrio.

Peter, implacable, vio su una velocidad aterradora,su rodilla se hundió en el estómago de Bernardo, haciendo queel aire fuera arrancado de sus pulmonesen unrugido de no fue suficiente para someter a la misma rapidez, Bernardo reaccionó,levantando su brazoen ungolpe brutalqueimpactó de lleno en la cara de Peter,enviándolo hacia atrás.

Ambos hermanos se atacaron sin piedad, cada golperesonando como un trueno,cada esquivahaciendo que el aire se músculos tensos, las manos entrelazadasen unchoque constante,golpe tras golpe, sin tregua.

Bernardo comenzó a esquivarcon una agilidad que parecía desafiar las leyes del tiempo,sus movimientos más precisos,su mente calculando cada segundo,cada ángulo.

"¡No huyas!"rugió Peter,su rostro una mezcla de ira y desafío, mientras su brazo se extendía paraatrapar a su hermano.

Huir...Bernardo se burló,su voz cargada dedesdén,como si nada pudiera afectarlo."¿Huir?"Su risa resonó, un sonido frío y cruel."Yo no corro, solo cambio las reglas del juego."

Una sonrisa macabra apareció en su rostro,la expresión de alguien que sabe que controla el destino de su propio cuerpo,incluso si eso significabajugar con la luz y la sombra,con el tiempo mismo.

Peter, con los ojos inyectados en sangre, rugió de puño surcó el aire como un meteoro, y cuandoimpactó en la cara de Bernardo,el sonido del golpe resonó con Bernardo no se movió.Su cuerpo permaneció estático, solosu cabeza giró ligeramente,como si el ataque hubiera sido poco más que una molestia.

Sin perder tiempo, Bernardo movió su brazo con precisión quirú de sus dedos tocaron el pectoral derecho de Peter,y enun solo movimiento, su puño se cerrócomo si atrapara el alma misma de su presión fue huesos de Peter crujieron, su cuerpo entero se sacudió por el dolor.

Bernardo sonrió con una calma aterradora.

—Vamos, Peter... mírate.Aún piensas que puedes vencerme.

Peter respiraba con dificultad, su pecho subía y bajaba mientras intentaba ignorar el dolor abrasador que le recorría.

—Mírame y mírate.—La voz de Bernardo era un veneno goteando con burla—.Solo compáranos y verás la diferencia. Un diamante... y un simple cobre devaluado.

La sonrisa de Bernardo se ensanchó,su ojo plateado centelleando con una burla despiadada.

—Vamos, mi querido hermano...Si tanto deseas mi atención, gánatela.Gánate el privilegio de ser nombrado mi hermano.

La furia de Peter estalló.

—¡BASTARDO!—bramó con un odio indescriptible.

Bernardo dejó escapar una risa seca, desprovista de cualquier emoción.

—¿Sabes lo hermoso del sarcasmo, Peter?—ladeó la cabeza, como un verdugo jugando con su víctima—.Solo los listos lo entienden... y los idiotas se ofenden.

Peter rechinó los dientes, la rabia latiendo en cada fibra de su no importaba cuánto odio sintiera,Bernardo seguía allí, intacto, burlón, cruel... inquebrantable.

Thomasse detuvo en seco al escuchar aquellas palabras. Sus manos se crisparon en puños temblorosos, no por miedo, sino por la furia que comenzaba a devorar su ía con una soberbia venenosa, disfrutando cada reacción que lograba extraer de su presa.

—Si tu prometida te viera, ¿qué diría de tu comportamiento, imbécil?—se burló, dejando que su voz destilara un veneno calculado.

El rostro deThomasse ensombreció, pero permaneció en silencio, esperando.

—Una vez pensaste que era inseguro y débil, ¿verdad?—prosiguióBernardo, sus palabras goteaban resentimiento—.Jejeje... pero fue decepcionante, ¿sabes? Decepcionante ver que mi supuesto reemplazo terminó siendo solo otro iluso.

Los ojos deThomasbrillaron con una furia contenida.

—Cuando te tuve delante de mí, con tu brazo rodeando su cintura, solo me sentí... superior.

Ese último comentario fue un golpe más brutal que cualquier herida fí ó cómo su respiración se agitaba, cómo su sangre herví sabía, lo estaba manipulando con precisión quirúrgica, y aun así, no podía ignorar el odio que crecía dentro de él.

—Alejandra...—Bernardopronunció su nombre con un desdén repulsivo—.Esa zorra es igual que su madre.

Un silencio mortal se extendió.

Thomas sintió que algo dentro de él se rompí era solo enojo... era rabia pura, era la furia de un hombre que había tragado demasiadas palabras, que había contenido demasiado odio.

Bernardodio un paso al frente, provocándolo aún más.

—Pero no te preocupes... me las arreglaré con ella en el futuro.

Fue la gota que derramó el vaso.

El suelo bajoThomascrujió cuando dio un paso adelante, su dominio envolviéndolo con un aura de pura músculos se tensaron, su mandíbula se apretó hasta el punto de doler.

Los guardias que aún quedaban en pie intercambiaron miradas. Algunos retrocedieron instintivamente, sintiendo el aire volverse más pesado, más cargado de algo primitivo y letal.

—Bernardo...—la voz deThomassonó baja, grave, como el murmullo de una tormenta a punto de desatarse—.Voy a matarte.

Y sin más advertencias, se lanzó hacia su enemigo.

Bernardoapenas se inmutó cuando sintió algo caer sobre él. Se giró con calma, y al voltear, vio el cuerpo de unguardiadesplomado a sus pies.

—Oh... avanzaste de rango. ¿Qué eres ahora? ¿Capa celestial, la cuarta...? ¿O la novena?—su tono destilaba burla mientras observaba al hombre agonizante.

Elguardiarespiraba con dificultad. Su piel, seca y resquebrajada como un lecho de río abandonado por el agua, palpitaba con una luz roja enfermiza que fluía entre las grietas de su carne. Cada aliento que tomaba era un esfuerzo titánico, pero en sus ojos aún ardía la determinación de un guerrero.

—Pero sigues siendo de rango F.—la sonrisa deBernardoera gélida, como si el espectáculo ante él no fuera más que una distracción menor.

Elguardia, con un rugido de desesperación, levantó su mano y de inmediato una esfera masiva de fuego se formó en el aire. Las llamas giraban con violencia, exudando un calor abrasador que deformaba el ambiente a su un fuego que devoraba, que ardía con la intención de reducir a cenizas todo lo que tocara.

PeroBernardono se movió.

Su expresión no cambió ni un ápice, solo dejó escapar un suspiro cargado de decepción.

—Hmmm... fuego.—ladeó la cabeza, como si analizara un juguete roto—.¿Realmente intentas atacarme con esto?

Las llamas rugieron con más fuerza, reflejándose en sus ojos con un resplandor carmesí.

—Bien...—levantó una mano lentamente, su tono aún despreocupado, pero con una frialdad cortante—.Déjame mostrarte por qué el elemento fuego solo se considera elemental primario... y no uno superior.

Y con un simple movimiento de sus dedos, el fuego delguardiacomenzó a o si tuviera voluntad propia, las llamas dejaron de obedecer a su invocador y, en un latido, se volvieron contra él.

Elguardiaapenas tuvo tiempo de comprender lo que ocurría antes de que su propia esfera de fuego explotara sobre su cuerpo.

Los gritos desgarradores se alzaron en el aire, mientras el fuego devoraba su carne como un amante observaba, con una expresión de superioridad absoluta. No hubo piedad en su mirada.

Solo el abismo entre los que nacieron para gobernar y los que nacieron para ser cenizas.

Y entonces,otro másse lanzó contraBernardo, ejecutando el mismo ataque.

Desde lo alto, una nueva esfera de fuego descendía como un meteoro, rugiendo con la misma furia que su llamas se arremolinaban, devorando el oxígeno a su paso, listas para incinerarlo todo.

PeroBernardoni siquiera parpadeó.

Levantó la mirada con aburrimiento, como si la escena se repitiera una y otra vez ante sus ojos.

—Otra vez lo mismo... ¿Acaso creen que esto funcionará?

Sin prisa, movió su mano.

Elrío del tiempose agitó.

Una ondulación invisible surcó el aire, como si la realidad misma temblara al aquel flujo temporal, un arma emergió en su palma.

Era una espada pequeña.

Demasiado corta para ser una espada larga, demasiado letal para ser simplemente una arma nacida en otra era, traída a este momento por su capricho.

Bernardodeslizó sus dedos sobre la empuñadura con familiaridad y, con un simple gesto, levantó apenas la hoja de su funda.

En el instante siguiente,múltiples luces plateadasirrumpieron en el espacio.

El tiempo se rompió.

El ataque enemigo simplementedesaparecióen el vacío, borrado antes de poder tocarlo.

Bernardo avanzó.

El espacio a su alrededorse distorsionó, los ecos de su movimiento resonaron en múltiples direcciones.

Un segundo después, la espada ya estaba nuevamente en su funda.

Y su oponente...

Se quedó en el aire, con los ojos abiertos de par en par, sin comprender qué había sucedido.

Entonces, su cuerpo se desmoronó.

Cortes limpios y precisos lo dividieron en fragmentos perfectos,como si el propio universo hubiese decidido borrar su existencia en orden geomé hubo sangre, solo vacío.

Bernardoni siquiera lo miró.

Con la misma indiferencia con la que la había llamado, lanzó la espada de vuelta alrío del arma desapareció, regresando a su época original, como si nunca hubiera estado allí.

—No importa cuánto avances en tu poder.—La voz deBernardoera baja, pero resonó como una sentencia absoluta—.Mientras estés dentro de mi dominio... nada podrá ganarme.

Y siguen llegando.

El suelo se estremecía con el estruendo de pasos tras otro, los enemigos emergían de la nada, como una plaga que se negaba a ser erradicada.

Bernardoapareció frente a un guardia antes de que este pudiera reaccionar.

Su puño se hundióbrutalmente en su estómago.

El impacto fue devastador.

El cuerpo del guardiase arqueópor el dolor, el aire fue expulsado de sus pulmones en un gemido silueta fue levantada del suelo, lanzada al aire como si no tuviera peso alguno.

Y antes de que la gravedad pudiera traerlo de vuelta,Bernardo lo estampó contra el suelo con una fuerza descomunal.

Un crujido seco se escuchó en el aire.

—Oh, buenos instintos.—Bernardoinclinó la cabeza, fingiendo interés—.Te protegiste... Pero ahora no tienes antebrazos.

La burla fue cruel y afilada.

Los ojos del guardiase abrieron de par en paral notar lo queBernardodecía.

Sus brazos, ahora desgarrados, apenas colgaban de su cuerpo.

La piel y los músculos se habían roto de manera huesos astillados asomaban entre la carne destrozada.

El guardiacayó de rodillas, jadeando en agonía,intentando mover lo que ya no respondía.

—¿Piensas pelear con solo las piernas?—Bernardorió, con una diversión venenosa en la voz.

La respiración del guardia era errá dolor era insoportable, pero aún peor era la certeza de su derrota.

—Maldito... monstruo...—escupió las palabras con odio, con un temblor de desesperación en la voz.

PeroBernardosimplemente sonrió.

—Oh, sé que lo soy.—Levantó las manos con una teatralidad burlona—.Pero por favor, si voy a morir, permíteme ser narcisista por primera vez en mi vida.

Los ojos del guardia temblaron.

—Después de todo... después de hoy seré incapaz de sentir remordimiento.—Bernardodejó caer la cabeza levemente hacia un lado, como si probara el peso de sus propias palabras—.O sentir... algo.

El guardiatembló.

Había visto fanáticos, asesinos y bestias en su vida. Peroesto... Esto era diferente.

—Loco.

Bernardo rió.

—Oh, no lo digas en ese tono.—Su sonrisa se ensanchó mientras observaba la miseria frente a él—.No soy vanidoso... Simplemente soy consciente de lo increíble que soy.

—Mira a mi hermano, por el que has sacrificado tanto...

Bernardohablaba con una calma antinatural, como si la violencia a su alrededor no fuera más que una molestia pasajera.

Señaló con un leve movimiento de cabeza.

—Míralo, esforzándose desesperadamente para destacar...

Sus ojos se clavaron en el guardiaagonizantefrente a é desprecio en su mirada era palpable.

—Mientras que yo...—se agachó con una elegancia casi felina—yo no necesito esforzarme para destacar. Simplemente lo hago... porque soy yo.

El guardia intentó moverse, pero fue inútil.

Bernardotomó su brazo con una lentitud deliberada, sujeta su muñeca con fuerza.

—¿Sientes eso?

El agarre se cerró como un cepo de acero.

La pielse amorató en cuestión de segundos, la circulación cortadapor la presión dolor fue instantáneo.

Antes de que el guardia pudiera siquiera gritar,Bernardo alzó el codo y lo dejó caer con una fuerza brutal.

CRACK.

El hueso se partió.

El grito del guardia se convirtió en un chillidoinhumano, desgarrador.

Pero Bernardo no había terminado.

Con una facilidad escalofriante, su mano descendióy desgarró la piel de su rostro.

Las uñas penetraron la carne, arrancándolaen tiras sangrientas, dejando al descubierto músculo y ojo del guardia quedó colgando por su nervio óptico, mientras su boca se torcía en un grito ahogado de puro horror.

Otro guardia apareció, lanzándose al ataque.

PeroBernardo no se movió como un humano.

Se desvaneció y apareció a su espalda en una fracción de segundo.

Tomó su cabeza con una manoy, con un solo movimiento seco,lo estampó contra el suelo.

El sonido fue grotesco.

La sangre salpicó.

El cráneose fragmentó como una cáscara de huevo, esparciendo hueso, masa encefálica y tejido por el suelo.

Bernardo suspiró.

—Vamos... No pueden ser tan decepcionantes.

Otro guardia cayó de rodillas, su rostro retorcido en puro pánico.

—¡Maldición...! Los elementos... No puedo controlarl—

—Silencio.

Bernardo le pateó la cara con tal brutalidad que su cuello se torció en un ángulo imposible.

El cuerpo se desplomó sin vida, como una marioneta con los hilos cortados.

Bernardo chasqueó la lengua, fastidiado.

—Qué aburrido.

—¿En qué estábamos?

Bernardose giró con indiferencia, su mirada cayendo sobre el guardia que aún se retorcía en el suelo, sin antebrazos, su cuerpo temblando de puro dolor.

Con un solo movimiento,su pie atravesó el pecho del hombre como si su cuerpo fuera de papel.

El sonido delcrackde costillas partiéndose resonó en el aire.

El guardia escupió sangre, sus ojos desorbitados por el sufrimiento.

—¿Es que acaso no se rinden?—preguntóBernardo, su tono carente de toda emoción.

El silencio fue la única respuesta.

—¿No saben... que no habrá piedad?

Su voz era un susurrohelado, implacable.

Los guardias que quedaban se miraron entre sí.

Algunos tenían el ceño fruncido en desesperación. Otros simplemente temblaban,sus cuerpos paralizados por el terror.

—Solo habrá dolor...

Bernardo avanzó lentamente.

Cada paso era una sentencia.

—Y sufrimiento...

Uno de los guardias trató de correr,pero Bernardo lo alcanzó en un parpadeo.

—Hasta que todos derramen sangre... para lavar la mía.

Su manoatravesó el pecho del hombre en un instante.

La carne se desgarró. Las costillas crujieron.

Y en su mano... palpitaba un corazón aún latiendo.

Los ojos del guardia se abrieron de par en par.

Su boca se movió, tratando de decir lo único que salió fue sangre.

Bernardo apretó el órgano en su puño.

El corazón explotó en un charco carmesí.

Los demáscontuvieron la respiració miedo en sus rostros era absoluto.

Bernardo sonrió.

—Satisfacer mi deseo más sádico...

Levantó la vista.

—Esa será su única función.

—¿Acaso nunca pensaron que este lisiado tendría una personalidad vengativa y rencorosa?

Bernardoinclinó la cabeza, fingiendo curiosidad, su único ojo plateado reflejando puro desprecio.

La mujer temblaba ante él,las lágrimas corriendo por su rostro cubierto de suciedad y sangre.

—Lo siento, Bernardo. Perdóname... tengo dos hijos.—suplicócon la voz rota.

Los demás guardias, aún con vida, contuvieron la respiración.

El silencio eraespeso, cargado de desesperación.

Bernardo sonrió.

—Es una lástima...—murmuró, inclinándose hacia ella.

La mujer sollozó.

—Ahora tus hijos serán huérfanos...

Un destello de esperanza apareció en sus ojos.

Tal vez, solo tal vez, él los perdonaría.

Pero entonces,Bernardo susurró la verdad más cruel.

—Y en este mundo, los huérfanos son tratados como meros esclavos con derechos.

El rostro de la mujer se descompuso.

Su garganta se cerró en un grito ahogado.

—Dales las gracias.

Bernardo tomó su mentón entre sus dedos fríos y la obligó a mirarlo.

—Les has abierto las puertas al sufrimiento.

La mujer sollozó más fuerte.

Su cuerpo se sacudió, sus labios murmuraban sin voz.

Bernardo ladeó la cabeza.

—¿Estás rezando?

Un destello de burla cruzó su rostro.

—Qué tierno... pero inútil.

Bernardomiró a la mujer con una calma perturbadora, su rostro aún iluminado por el brillo cruel de su único ojo plateado. En ese momento, los demás guardias se convirtieron en meros detalles, incapaces de interrumpir lademolición que estaba llevando a cabocon un solo gesto de su voluntad. Sin embargo, su atención seguía centrada en la mujer, mientrassu hermano menor y Thomaserantorturados sin piedad.

Bernardono necesitaba palabras para destruir, su poder los destrozaba con una rapidez impresionante, como si simplementelos cuerpos de aquellos hombres fueran objetos frágiles y quebradizos.

—Hmmm... fe, religión...—murmuró, casi en tono de reflexión.

El silencio era absoluto, salvo el sonido de la agonía de sus víctimas y el tenue eco de sus propios pasos. Bernardo giró lentamente hacia la mujer, quien luchaba por mantener el control.

—Debes saber que los hombres se arrodillan ante un dios que no escucha.—su tono era frío, mordaz.—Y no se dan cuenta de que se arrodillan ante sí mismos.

Las palabras se clavaron en ella como cuchillos, y la mujer se estremeció. Pero no podía apartar la mirada, como sialgo la mantuviera atrapada en ese juego de palabras macabras.

Bernardosonrió, pero fue una sonrisa sin alegría, vacía, como si estuviera disfrutando cada segundo del sufrimiento que causaba.

—Esa fe tuya es solo miedo disfrazado de esperanza.

La mujer se encogióbajo su mirada penetrante.¿Cuántas veces había rezado?

—Esperanza que vivirás en tus últimos pensamientos, que verás una vez más las sonrisas de tus hijos.—su voz se tornó cruel, casi un susurro mortal.

La mujer tembló, sintiendo el peso de esas palabras. Laúnica imagen que le quedaba era la de sus hijos, pero sabía que ni siquiera en su mente se salvarían de la oscuridad que él representaba.

—Dime, cuántas veces has orado.—preguntó Bernardo, con una calma abrumadora.

Ella no podía responder, su mente estaba demasiado llena de imágenes, recuerdos, desesperación.

—Cuántas veces Dios nunca te ha respondido... pero sigues insistiendo. Sigues buscando esa excusa para decir que ese Dios sí te respondió.

Las palabras resonaron en su cabeza como un martillo golpeando un sílaba era un golpe, yla verdad detrás de ellas la dejó paralizada.

La mujerseguíallorando, sus lágrimas caían comoríos de desesperación, peroBernardono mostró ni un atisbo de piedad. Cuando levantó su mano, el aire a su alrededor se cargó de una energía densa, unapresencia inhumana. Él mismo parecía dispuesto a destruirla en ese mismo instante,para callarla definitivamente.

Pero ungrito desesperadorompió la quietud del momento, una súplica que hizo queBernardopausara.

—¡Por favor, no!—la voz temblorosa de un hombre.

Bernardose giró lentamente, su expresión permaneció fría, implacable. En cuanto vio al hombre,un nombre emergió de su memoria, uno que no había invocado en mucho tiempo.

—Oh, eres tú, Alexander.—Bernardolo reconoció al el infiltrado de su madre.O al menos,eso es lo que había supuesto durante tanto tiempo.

Una ligera mueca se dibujó en el rostro de Bernardo, la única muestra de que algo realmente había causado que su interior se moviera, aunqueni siquiera la sorpresa se le permitió mostrarla de forma completa.

Bernardono podía evitar sentir ciertadiversión sádicaal ver que aquel hombre ahora searrodillaba ante él, suplicando.

—¿También orarás a lo divino?—dijo, con una burla cruel. —¿Esperarás que ellos bajen a este infierno y salven sus vidas putrefactas?

Alexanderya no se podía mantenerse de pie, su rostroarrugado por el terror y la desesperació lágrimas en sus ojoseran una mezcla de horror y miedo real.

—¡Por favor, Bernardo!—su voz se quebró, desesperada, mientras sus palabras se aceleraban. —Es mi esposa... mis hijos... no pueden...

Bernardoobservó aAlexander, como si todo lo que estuviera presenciando fuera solo un espectáculo pasajero. Se tomó un momento para estudiar al hombre, su mentellenándose de pensamientos crueles.

Él estaba tan acostumbrado al poder, al control absoluto, que las súplicas de este hombre le parecían solo una distracción, un intento inútil de salvar lo que ya estaba condenado.

Sin embargo,algo cambióen la atmó tensión, casi palpable, se intensificó, mientraslos gritos de aquellos que sufrían bajo su poderse apagaban a medida quesu atención se centraba completamente en el hombre frente a él.

Un silencio mortalcayó sobre ellos, yBernardocontinuó observando aAlexander, quien aún se esforzaba por encontrar alguna respuesta, alguna forma de evitar la inevitable caída que lo aguardaba.

Y eso me debe interesar por...

Bernardoavanzó con pasos lentos y decididos, rodeando a lamujerque yacía en el piso, su cuerpo tembloroso aún impregnado de lasangrede aquellos que ya no estaban.

—Es una linda mujer, Alexander.—dijoBernardo, mirando fijamente al hombre mientras su voz se deslizaba con frialdad. —Dime, ¿tuviste una vida feliz?

Se agachó frente a ella, su rostro marcado por un rastro deburla cruely unafrialdadque parecía calar hasta los huesos. Su mirada se fijó enla mujer, y su voz se tornó venenosa:

—Tus hijos te dan felicidad. Dime, ellos son tu todo.—la sonrisa deBernardose ensanchó, una mueca macabra que nunca llegó a iluminar su rostro.

Alexandertemblaba al ver cómoBernardohablaba de sus seres queridos como si fueranmeros objetossobre los que se podía hacer lo que quisiera. Lapresencia de Bernardo, su poder, su mirada llena de desprecio, convertía aAlexanderen nada más que un espectador impotente de una tragedia que ya no podía detener.

Bernardocontinuó,sus palabras retumbando con la fuerza de un condena irreversible.

—Pero ¿Qué pasa con mi madre?—preguntó, su vozahogada por el eco del odio. —Dime mujer, ¿entiendes el dolor que mi madre sentirá el día de hoy?

Se inclinó hacia la mujer, su único ojo reflejando un tormento interno del cualella no podría escapar. El fríose intensificóen el lugar mientras las palabras deBernardoretumbaban con la misma intensidad que unabombaa punto de estallar.

—¿Por qué no eres una buena samaritana y dejas que tu marido y tus hijos sientan el mismo dolor que mi madre y mis hermanos sentirán cuando sepan de mi muerte?—su voz se tornó un susurro venenoso, como si estuviera invocando lamaldiciónde todos los que alguna vez lo habían traicionado.

Lamujerno pudo responder, sus lágrimas cayendo comoríos de desesperaciónmientras elsilencio pesadollenaba el esperaba respuestas, no buscaba redención ni justicia. Élya había decididolo que iba a hacer.

La escena era ,arrastrabasu cuerpo mutilado por el piso, dejando un rastro de sangre a su paso. Cadasuplica, cadagrito desgarradorque salía de su boca soloalimentabala monstruosidad queBernardohabía desatado en el lugar.

El aire se sentía pesado,saturadode desesperación, de las voces entrecortadas de los que ya sabían que sus vidas terminarían en ese instante. Elgrito de dolordeAlexander, al igual que los sollozos de lamujer, parecían resonar por toda la sala, peroBernardoseguía inmóvil. Su rostro, impasible, reflejaba una calma perturbadora.

Finalmente,Bernardolevantó con rudeza el rostro de la mujer, sujetándola con fuerza como si fuera un simple objeto entre sus ojos de ella, llenos de lágrimas, buscaban respuestas, pero no había nada en la mirada deBernardomás que vací vacío tan profundo como el abismo.

—Mujer, he aquí tu marido.—dijo con voz profunda, casi burlona, mientras le mostrabaAlexanderarrastrándose por el suelo, su cuerpo ya marcado por laviolenciay ladesesperación. Lamujerlloraba, rogaba, pero no recibía más que una fría indiferencia.

Bernardosoltó a la mujer y dio un paso haciaAlexander, quien apenas lograba mover su cuerpo con lo que quedaba de sus fuerzas.

—Marido, aquí está tu esposa.—la voz de Bernardoera uneco de condena.

No hubo respuesta, solo el sonido desuplicas,oraciones, de voces que se ahogaban en dijo nada más. No le único que escuchaba eran las súplicas de aquellos que ya estaban condenados.

Bernardoobservaba con frialdad a lossuplicantesque se desmoronaban a sus pies, su unico ojovacíos deempatía. Las voces demiseriase mezclaban en el aire, una sinfonía de dolor, pero él se manteníaajeno, como unadivinidad despiadadaque no se conmueve por laagoníaque ha desatado.

—Hmmm...—el sonido de su voz era unsusurro frío, pero cada palabra que salía de su boca parecía cargar el peso demiles de años de sufrimiento.

La religión, ese refugio que muchos consideraban elúltimo bastiónde esperanza, era unamentiraque había quedado expuesta ante los ojos deBernardo. Para él, solo era unaherramienta, un medio más paracontrolara las masas, paramantenera los débiles a raya.

—Deberían saber que la religión es un arma de doble filo—siguió él, con vozcortante. —Un refugio para ustedes los débiles... y a la vez, una herramienta para mí, el más fuerte.

Su tono erasádico, lleno de desdén. Para él, todo lo que la gente considerabasagradono era más que unatrampaque los manteníaesclavizados, siempre esperando unmilagroque nunca llegaría.

—Esta es su promesa de algo más allá de este mundo impuro, —añadió, caminando lentamente entre lasvíctimas. —Un consuelo para ustedes temerosos que no saben afrontar la realidad.

Bernardo se detuvo, sumirada fríase posó sobrela mujer. Su rostro, una mezcla dedesesperaciónydolor, ya no era más que unvacíoen medio de untorbellino de terror.

—Vamos, recen... y den razón.—dijo, como si les estuviera otorgando elúltimo favor, al permitirles que se aferraran asus creenciasen ese último suspiro.

La religiónno podría salvarlos de lacrueldadde este ía que, aunquerezaranhasta el último aliento, elinfiernoque temían no era un lugar apartado, ni unfuego eterno. Era este mundo queélhabíacreado, lleno deodio,indiferenciaysufrimiento.

—Este infierno... no es aquel lugar distante rodeado por el fuego eterno.—dijo, su voz resonando conintensidad. —Saben muy bien que es este mundo, lleno de crueldad humana.

La verdad era unacicatrizque nunca sanaría. Elmundoera elinfiernoyBernardo, eldemonioque lo gobernaba.

—Cuánto tiempo tardarán las almas de sus pequeños hijos en consumirse en este odio, indiferencia y sufrimiento eterno.

Y con esas palabras,Bernardono necesitaba más. Lasoracionesysúplicassolo eran el eco de lo que ya estaba decidido: lamuertesería lo único que encontrarían.

Bernardoobservó a laparejacon una miradavacía, como si estuviera analizando algoinsignificante. Sus ojos,brillando con un plateado frío, se posaron enAlexander, el hombre que ahora yacíamutilado, arrastrándose en su propiamiseria.

—Sigues estando a favor de mi madre... sigues siendo su espía.—su voz eraseca, carente deemociones, pero cada palabra parecía unaespinaque se clavaba en la piel de su interlocutor.

Alexander nonegónada. Nointentójustificarse. Soloasintióde manera casiimperceptible, aceptando su destino.

El gestosutilfue suficiente para queBernardotomara sucabezacon una brutalidaddespiadada, enredando susdedosen el cabello de Alexander yarrastrándolopor el suelo. El sonido de sucuerpo golpeandocontra la tierra era un ritmomacabro, una melodía dedolorydesgraciaque se mezclaba con el murmulloagonizantede los demás moribundos.

—Sabes, en este tipo de situaciones hay muchos enfermos que se follarían a la mujer del tipo enfrente suyo, solo para humillarlo más.

La vozdesconocida, esa sombralatenteen su mente, volvió a resonar dentro de él.

Bernardo sedetuvo, surostro inmutable, su respiración tranquila, como si lo que acababa de decir no tuvierapeso alguno.

—Yo no hago eso.

Su voz no teníadudaniremordimiento.

—Soy un psicópata con la psique fragmentada, pero no soy una aberración que hace eso.

Seagachólentamente, acercando surostroal deAlexander, su aliento helado chocando contra la pieltemblorosadel hombre.

—Mi madre me enseñó a no caer tan bajo.

Hubo unsilencio espeso, un vacío donde solo se escuchaban lossollozosahogados de la mujer y larespiración agitadade los condenados.

Bernardo soltó a Alexander deimproviso, dejando que su cuerpochocaracontra el suelo como unpedazo de carne inservible.

No necesitababajezas. No necesitabadegradarseen actosinsulsos.

Élya era un monstruo.

Y eso eramás que suficiente.

Alexandermiró aBernardocon un terrorrenovado, como si la locura del hombre frente a él hubiera alcanzado unnuevo nivel. Pero más allá delmiedo, hubo algo que le hizo estremeceraún más: la sospecha de queBernardo no estaba soloen su mente.

Había unaconversación oculta, una presenciainvisibleque le susurraba en su interior.

Alexander noquería imaginarlo, pero las palabras de Bernardo... las palabras de esavoz...

Sintió unescalofríorecorrer su espalda, un sudorfríoempapando su piel quería saberlo que esa mente fragmentada albergaba en su interior.

Se revolvió en el suelo, incapaz de moverse con facilidad debido a la pérdida de suspiernas, pero su alma se retorcía aún má ó a María, la madre de óque hubiera criado a su hijo con una enseñanza, con una línea queni siquiera este demonio cruzaría.

Porque si no lo hubiera hecho...

Si Bernardo no tuvieraese límite, ese resquicio de algohumano...

Alexander sabía que el dolor que habría sufrido habría sido peor que la muerte misma.

Porque, ¿qué hombre podría soportar ver a su mujer serprofanadapor otro mientras él yacíaimpotente, reducido a nada?

El pensamiento lodevoró.Se sintió enfermo, mareado.

Sería un tormento peso que lo perseguiríahasta su último aliento.

Morir con la imagen grabada en su mente, con el eco de los gemidos forzados resonando en su cabeza.

Peroese destino no sería el suyo.

Por más queBernardo fuera un monstruo,no era un monstruo sin reglas.

Y en ese detalle, por más mínimo que fuera, Alexander encontró un resquicio de alivio en medio de su desesperación.

Jojo, ya veo... así que tu madre te educó medianamente bien.

Lavoz desconocidaresonó con una diversióncruel, burlándose de la respuesta deBernardo, como si su postura moral fuera unchistedentro de la masacre que había provocado.

PeroBernardono reaccionó con ira ni molestia. Simplementecerró los ojos un instante, como si ese detalle no mereciera más de su atención.

—Mi madre crio a un a unabasuraque se rebajaría a abusar de esa manera a otro ser humano.

Lavozseentrecortópor un momento, como si estuvierasopesandolas palabras de Bernardo.

—¿Ahora los ves como seres humanos?—preguntó, con un matiz dedivertida incredulidad—. ¿No eran insectos anteriormente?

Bernardosonrió de lado. Una sonrisaseca, vacía, pero con un dejo decerteza absoluta.

—Siguen sié algo asíva en contra de todo lo que mi madre me enseñó.Es simplemente repugnante.

Lavoz desconocidasecallópor un momento.

—Si tú lo dices...—murmuró finalmente, como sidejara la conversación en el aire, sin darle importancia.

Pero Bernardo sabía queesa vozsiempreestaba esperando.

Bernardoposó suatenciónenAlexander, con una mirada que parecíatraspasar su alma.

—Alexander, en estos momentos soy tu dios redentor y misericordioso.

Su voz tenía un matizdivino y cruel, como si estuviera pronunciando unasentencia sagradaen el umbral de lacondenación eterna.

—No soy el bien ni el justo, porque en mí vivenla luz y las tinieblas.

Alexandertragó saliva, sintiendo unescalofríorecorrer sucuerpo mutilado.

—Después de todo...no puedo evitarlo—continuóBernardo, con un tono defalsa modestia—.Soy magnánimo y maravilloso.

Levantólas manos ensangrentadas, como si esperara que Alexanderse postraraen un acto de devoción.

—Ahora dime...¿Aún eres leal a mi madre?

Alexandercerró los ojosun instante, como si buscarafuerzaen suconvicción inquebrantable. Y entoncesrespondió, con unaresolución firmeen su voz.

—Sí.Soy el informante de tu podré olvidar lo que ella hizo por mí y mi familia.

Su confesiónno tembló,no titubeó.

A pesar deldolor, a pesar de lasombra de la muerteque lo acechaba, sulealtadpermanecíainamovible.

—HMMM, bien. Tomaré tu palabra.

Bernardomovió sumano, deslizándola lentamente por laspiernas mutiladasdeAlexander. Su expresión se torció en una mezcla deasco y fastidio, un gesto casi infantil en medio del baño desangre y brutalidadque lo rodeaba.

—Esto es desagradable...

Escupió al sueloconrepugnancia, su cara reflejando eldesprecioque sentía por la tarea que estaba a punto de hacer.

ParasanaraAlexander, necesitaba comprendercada centímetro de su destrucció tenía nada de cintura para abajo, lo que significaba que debíareconstruirlopor completo.

—Tch. Es desagradable ver y reconstruirle la polla a otro hombre.

Uneco burlónresonó en sumente, como un puñal clavado con purosarcasmo venenoso.

—Ja. GAY...

Lavoz desconocidasedivirtió, soltando la palabra con un tonocargado de burlaymaldad burlona.

Bernardoapretó los dientes, su ceñofruncido con furia.

—Oh, jódete, mirón bastardo.

Lavoz riócon másfuerza, disfrutando de lamolestia evidentedeBernardo.

—Oye, deja de pensar en esta desagradable cosa.

Bernardoalzó lavoz, como si pudieraahuyentar la presencia maliciosacon pura rabia.

Pero lavozsolose carcajeó, disfrutando de sufrustracióncomo si fuera unmanjar exquisito.

Bernardose apartó deAlexandercon una expresión deasco mal disimulado.

—Bien, Alexander. Te he regresado lo que tenías.

Suvozrebosabadesagrado, como si hubiera cometido un actoindigno de su ó la mandíbula, irritado por la situación.

—No digas nada... o te vuelvo a mutilar.

Alexandertragó saliva yasintió rápidamente, con la piel aún fría por el dolor reciente y la sensación extraña de haber sidoreconstruido.

Bernardose giró y caminó hacia lamujer, que aúntemblabaen el suelo.

—Dame las gracias. Ahora podrás tener más hijos con ese idiota.

La mujer norespondió, suslabios temblaban, incapaz deprocesarsi aquello era unabendición o una amenaza.

Bernardono esperó. Simplementese cruzó de brazos y suspiró con aburrimiento, como si la escena ya no fuera de su interés.

—Lárguense.

Pero antes de queAlexanderpudiera mover un solo músculo,Bernardoinclinó la cabeza y sonrió con puracrueldad.

—Oh, por cierto... te he puesto un sello de tiempo y realidad en tu corazón.

Alexandersintió su pechooprimirsede inmediato, un pesoinvisibleque no estaba ahí hace unos segundos.

—En el momento en que engañes con información incorrecta a mi madre... morirás.

Unescalofrío recorrió su espalda.

—Y todo tu linaje también.

Lafrialdadcon la queBernardolo dijo hizo que lamujer sollozara aún más fuerte.

—Pero eso es lo de menos.

Bernardochasqueó la lengua, como si la idea de exterminar generaciones enteras le pareciera un detalletrivial.

—Ahora, largo. Y por favor... no follen en callejones. Es un mal lugar para concebir a un niño.

Unsilencio incómodose apoderó del lugar.

Entonces, lavoz desconocidareapareció con su tonovenenoso y burlón.

—Leíste mucho de su pasado al reconstruirle la polla al hombre.

Bernardose detuvo en seco, suojo plateado brillando con furia contenida.

—Púdrete, mirón.

Gruñócon los dientesapretados, sintiendo un impulso casiirracionaldearrancar su propio oídopara no escucharlo más.

Pero lavozsolorió, disfrutando cadasegundo de su frustración.

Larisa burlonaresonó en su cabeza como un eco venenoso,deslizándoseentre sus pensamientos como un parásito que se negaba a soltarlo.

—Oh, vamos, Bernardo. No me digas que no fue interesante...

Bernardocerró los ojos con fastidio, su pacienciadeshilachándosecomo un hilo a punto de romperse.

—Calla.

—¿Qué fue lo peor? ¿Sentir la textura? ¿Ver los recuerdos de cómo la usaba? ¡O quizá el simple hecho de haber tocado algo tan íntimo de otro hombre!

Elojo plateadodeBernardobrilló con furia, su mandíbula se tensó como si estuviera a punto detriturarsus propios dientes.

—Dije que te calles.

—Admite que fue divertido.

—No fue divertido. Fue repugnante.

—Oh, pero no te detuviste.

Bernardosintió que sumúsculo en la sien palpitaba, unsíntoma clarode que la paciencia que le quedaba estabadesapareciendo.

—Lo hice porque era necesario. No porque quisiera.

Lavoz desconocidadejó escapar unsilbido burlón, como sisaborearael enfado del joven.

—Excusas, excusas... Pero, oye, al menos ahora puedes decir que literalmente le diste a un hombre otra oportunidad de follar.

—PÚDRETE, MIRÓN.

Sugritoretumbó en el lugar, haciendo queAlexander y la mujer dieran un respingo, mirándolo con auténticoterror.

—No fue mi intención escuchar tanto sobre ese imbécil. Solo fue un maldito efecto colateral.

Lavozse rió, como si disfrutara verlorechinando los dientes de ira.

—Sí, sí. Como digas.

Bernardorespiróhondo, intentando contener el deseo dehundirse los dedos en el cráneoy arrancarse esavoz intrusivade su mente.

Sedio la vueltasin decir más yempezó a caminar, sin molestarse en mirar atrás.

Detrás de él,Alexanderse aferró al pecho, aún sintiendo el pesomalditodel sello, y la mujerlloró en silencio, con la única certeza de que esa noche no saldría de sus pesadillas.

Elespacio se distorsionócuandoBernardoabrió una puerta en su el menor esfuerzo, agarró a los esposos y losarrojó sin miramientos, deshaciéndose de ellos como si fueranbasura sin valor.

No quería seguir viéndolos.

Si los tenía más tiempo frente a él, sentía quevomitaría.

El aire cambió.

Suojo plateadodestelló con intensidadcuando una nuevapresenciaentró en escena.

Unasonrisa cruelse dibujó en su rostro cuandosus ojos se posaron en el recién llegado.

—Por fin llegaste, Thomas.

Su voz goteaba malicia.

Dio un paso al frente, con la gracia de un depredador que finalmente había acorralado a su presa.

—Me desquitaré contigo.

Bernardocomenzó a caminar lentamente por los alrededores, disfrutando de cada segundo que precedía alinevitable castigo.

—Te habías tomado tu tiempo en llegar.

Sus pasos resonaron, llenando el aire de unatensión venenosa.

—Parecía que estabas filmando un video para adultos.

Torció el gesto con burla, su sonrisa se torció en puro asco.

—¿Acaso eres una perra que se revuelca con tentáculos?

La burla fue un látigo en el aire.

—Dime, Thomas... ahora eres una vulgar ramera que disfruta ser profanada por esas cosas.

El desprecio en su voz era casi tangible.

—Eres un hombre repugnante... y tus gustos son aún más raros.

Sus pasos se detuvieron.

Levantó la mirada y sonrió ampliamente.

—Muy bien, ramera barata...

Chasqueó los nudillos.

—¿Te parece si empezamos?

El aire se volvió denso, casi irrespirable.

Lavoz misteriosasonó con sutono venenoso y burlón, disfrutando del tormento deBernardo.

—Oye, Bernardo...

La burla en su tono era palpable.

—Tú creaste los tentáculos, así que... en cierta medida, te acostaste con Thomas.

Silencio.

Uncrujidoresonó en el aire, un sonido apenas perceptible quemarcaba el quiebre de la paciencia de Bernardo.

Pero la voz no se detuvo.

—Eres tan...

—¡SILENCIO!

El rugido de ira de Bernardo estalló, su eco retumbó en su dominio, haciendo que las estructuras a su alrededortemblaran con una violencia aterradora.

La voz, sin embargo, siguió con suburla cruel.

—Oh, solo decía. Después de todo, este dominio es parte tuyo... y bueno, si dijiste que es una ramera, inconscientemente quisiste acostarte con él.

Bernardo sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Eres repugnante.

Su estómago se revolvió.

—Oye, yo no discrimino. Si te lo quieres coger, cógetelo.

Las palabras eran como puñaladas en su orgullo.

—Pero no seas tan bizarro. Hace milenios que la humanidad no tiene material tan llamativo.

Bernardo se puso verde del asco.

—Por cierto... ¿cómo diablos sabes información sobre ese tipo de porno?

Un silencio mortal cayó sobre el lugar.

—Eres, sin duda alguna, raro.

El asco lo invadió con tal fuerza que, sin pensarlo, se apuñaló la pierna.

Lamano atravesó su carne con brutalidad, un chorro de sangreoscura y densase derramó sobre el suelo, pero eldolor físico fue nada comparado con la náusea que lo carcomía.

Respiró hondo.

Su mandíbula temblaba de rabia contenida.

—Maldito mirón...

Su voz salió entrecortada por la furia.

—Eres repugnante.

La vozriócon satisfacción.

—Solo digo.

Hubo un breve silencio.

—Pero mejor empieza.

Bernardo sintió una extraña presión en el aire.

—He distorsionado el tiempo para que nuestra comunicación no te afecte tanto.

Bernardo respiró hondo.

Era momento de hacer trizas a Thomas.

El cielo se desgarró.

Unpilar de maná plateadose alzó con una fuerza devastadora, perforando la atmósfera y desatandoondas de energía caóticasquearrasaron el entorno. Edificios seresquebrajaron, el suelo seagrietóy una presión abrumadoraaislóaPeter, Thomas y Bernardoen un círculo de puropoder destructivo.

La tierrarugió, como si undios iracundohubiera descendido.

—¡Bastardo arrogante!—rugióThomas, sus ojos ardiendo de furia.

Su cuerpo se tensó y se lanzó con toda su velocidad hacia Bernardo, la rabia impulsándolo como un proyectilmortal.

Pero a medio camino...

Se detuvo.

Algo no estaba bien.

Susinstintos gritaban peligro, pero su mente no entendía qué ocurría.

Fue entonces cuandovio la mirada de Bernardo.

Una expresión depura indiferencia.

Fría.

Vacía.

Como siThomas no valiera ni el esfuerzo de parpadear.

Y entonces ocurrió.

Su cuerpose quedó estático, como si una fuerza invisible lo hubieraanclado en el aire.

Los músculos deThomasno un solo nervio obedeció su voluntad.

Y Bernardo se movió.

Con un solo golpe.

Una embestidamonstruosa, brutal en su simpleza, pero devastadora en ejecución.

El sonido del impactoretumbó como una explosión, y el cuerpo deThomas salió disparado como una bala destrozada.

520 metros.

Su figuraatravesó estructurascomo si fueran de cartón, su carne desgarrándose con cada choque, su espalda quebrándose con cada impacto.

Finalmente,se estrelló.

El polvo se elevó en unanube sofocante.

El mundo quedó ensilencio.

Solo el vientoaullaba, llevando consigo el eco de una derrotaabsoluta.

Bernardo miró el cuerpo inmóvil de Thomas y bufó con desprecio.

—¿En serio? ¿Solo aguantaste un golpe y te desmayaste?—su voz goteaba burla y asco—.Eres un fanfarrón debilucho.

Peroalgo dentro de él se retorció.

Sucorazón.

Unapunzada desgarradora, un le quedaba mucho tiempo.

No importaba.

Peter seguía ahí.

Bernardoextendió su manoy, con un movimiento fluido, unaesfera de maná plateadose materializó en su palma, pulsando como uncorazón agonizante.

—Veamos si eres capaz de salvarte.

El airese comprimió.

Unrugido ensordecedorestremeció la realidad cuando la esferaestallóen unaexplosión masiva.

El impacto fuedescomunal.

PeroPeter ya no estaba ahí.

Su cuerpose disolvió en partículas de luzantes de que la onda expansiva pudiera alcanzarlo.

Bernardoentrecerró los ojos.

—Falta poco…—Peterpensó, su cuerpo aún flotando entre fragmentos de luz.

Habíanotado algo crucial.

Eldominiode su hermanose tambaleaba.

Un detallemínimo, unafisura imperceptible… pero suficiente para confirmar su teoría.

Bernardo estaba debilitándose.

—Parece que es el momento.

Unasonrisa se dibujó en el rostro de Petermientras sentía cómo elmaná de naturaleza luzse filtraba en cada fibra de su ser.

El poderardíaen su interior, palpitando con una intensidadabrumadora.

Y Bernardo… simplemente permaneció en su lugar.

Sucuerpo firme, susbrazos cruzados, su ojopenetrante.

Pero nodetuvoa Peter.

Permitió que el maná de luz lo envolviera.

Como si…quisiera ver hasta dónde podía llegar.

Bernardoescupió al suelo con indiferencia.

—Dejé inconsciente a esa zorra.

Giró la cabeza ymiró a Thomas.

Ni un solomovimiento.

—Aparte de puta, débil. Es una combinación exacta.

No se molestó en seguir vié valía la pena.

El verdadero problema estaba frente a él.

Peter.

Bernardosintió el cambio, una alteración sutil en la estructura misma del maná de su hermano.

—Oh… ¿Humano, rango H?

Su tono era burlón, casi desinteresado, pero sus ojosbrillaban con una intensidad fría.

—Ahora has entrado entre los comodines… H.

Un leve ascenso.

Peroseguía siendo débil.

Bernardo observó cómo lasobrecarga de manáen Peterdesencadenaba chispas de energía puraque serpenteaban por su piel, generando unadanza caótica de relámpagosa su alrededor.

—Te confías demasiado por acceder a ese estado.

Sin necesidad de mover siquiera un dedo,múltiples balas de maná de diversas naturalezasse manifestaron en el aire ydispararon sin piedadhacia Peter.

Peter reaccionó de inmediato.

Su cuerpo semovió en un destello de luzmientrasdesviaba las balascon una velocidad impresionante.

Pero lo queno esperaba… era a Bernardo justo delante de él.

Antes de que pudierareaccionar por completo,Bernardo se materializó en su punto ciego.

¡CRACK!

El puño de Peter impactó en el rostro de su hermano.

Por unsegundopareció un acierto…

Hasta queBernardo sonrió.

Sin inmutarse,levantó su mano y abofeteó a Peter con tal brutalidad que varios dientes saltaron por el aire en un rocío de sangre.

Antes de que Peter pudieraprocesar el golpe,un uppercutle destrozó la mandíbula y loelevó varios metros en el airecomo si su cuerpono pesara nada.

Bernardo no parpadeó siquiera.

Se quedó viendo cómo su hermanose retorcía en el aire, con una expresión querozaba el aburrimiento.

—No te alejes, hermanito. ¿No ves que tengo que cuidarte?

Bernardosonrió con una dulzuracruel, condescendiente, como si realmente creyera en sus propias palabras.

—Si te vas de mi lado, ¿cómo puedo protegerte?

Peterapenas tuvo tiempo deprocesar el veneno de sus palabrascuando sintió undolor punzante en su pierna.

Bernardo lo había atrapado.

Y en unparpadeo,se movió entre las capas del espacio, arrastrando a su hermano consigocomo si no pesara nada.

Elmundo se distorsionó.

Y entoncesimpactó su cuerpo contra el suelo.

—¡AAAHH!

El grito dePeterresonó con y dientessalieron disparados de su boca, esparciéndose en todas direcciones.

PeroBernardo no había terminado.

Con una precisiónimplacable, atrapó nuevamente el cuerpo dePeter, antes de que pudiera escapar del impacto.

Loalzó… y loestrelló de cara contra el suelo, con tanta fuerza que el cráneocrujió.

Un nuevochorro de sangrese esparció sobre el piso, junto confragmentos de dientesrotos.

Peter apenas podía respirar.

Cada inhalación era unamezcla de sangre y dolor insoportable.

—¡Defiéndete, niño!—rugióBernardo, su tono una mezcla deburla y furia contenida.

PeroPeter no pudo responder.

Y eso solo lo enfureció más.

Una esfera de energía crepitantese formó en la palma deBernardo.

Sin más preámbulos, ladisparó directamente a su hermano.

El impacto fuedevastador.

Unacúpula de energía masivaemergió del punto de colisión, expandiéndose en todas direcciones con una fuerzaaplastante.

Laonda expansiva arrasó el entorno, levantando fragmentos de piedra, polvo y escombros.

Bernardo sonrió.

El simple hecho de verla explosión de poderle resultabasatisfactorio.

—Bien. Se está adaptando perfectamente.

Bernardoobservaba con una sonrisa torcida, viendo cómo su hermanose aferraba a la vida, cómo su cuerpoasimilaba el dolor y la brutalidadque él mismo le había impuesto.

Dentro de laesfera de maná,Peterluchaba.

La energía deBernardolo mantenía atrapado, labala de manáejerciendo una presión abrumadora sobre él.

PeroPeter no se rendía.

Apretó los dientesyconcentró su maná, su fuerzadesviando la bala de su hermanoen el último momento.

Y sin perder un solo segundo,se lanzó directamente a Bernardo.

—¿Me retas, pequeño engendro?

La voz deBernardovibró con una mezcla defascinación e ira, su tono como el de undepredador que encuentra entretenimiento en la resistencia de su presa.

Su cuerpose envolvió en llamas plateadas, una energía tanintensa y densaque el simplepisoteode su piedestrozó el suelobajo él, generando unaexplosión de escombros y ceniza.

Los dos hermanosse encontraron en un nuevo choque.

Fuerza contra fuerza. Poder contra poder.

Suspuños se encontraron en el airecon un impacto tan brutal querayos de energíase esparcieron en todas direcciones, iluminando el campo de batalla.

Ambos fueron empujados hacia atrás.

PeroPeterfue el primero en avanzar.

Saltó con velocidad inhumanay surodilla se estrelló contra la cara de Bernardocon una violencia brutal.

—¡Toma esto!

El sonido del impacto resonó como untrueno, peroPeter no se detuvo.

Giró en el aireydescargó una serie de patadasdirigidas a lacara y los hombrosde su hermano, golpe tras golpe, cada uno más potente que el anterior.

Bernardo retrocedió.

Por primera vez en esa batalla, sucuerpo cedió ligeramente ante los ataques de su hermano.

YPeterno dejó pasar la oportunidad.

Reunió maná con una intensidad colosal, su cuerpo brillando con una luzdesgarradoramientras formaba uncañón de energía pura.

—¡Eso es todo!

Con una sonrisa de burla,Bernardo se irguió, sin siquiera intentar esquivar.

El cañón de maná de luz lo golpeó de lleno.

Unacolumna de luz cegadorase elevó hacia el cielo, y la explosiónsacudió todo el entorno, haciendotemblar el espacio mismo.

Entre la grava y las llamas producto del ataque, el aire vibraba con la energía latente.

Petermiró con los ojos abiertos de par en par.

El cañón de maná de luz había sido un ataque debería haber quedado en pie después de eso.

Pero ahí estabaBernardo.

Ileso.

—¿Qué…?—susurró Peter, sintiendo un escalofrío recorrer su cuerpo.

Bernardo sonrió.

—No te sorprendas tanto.

Antes de quePeterpudiera reaccionar,Bernardo se moviócon una rapidez monstruosa.

Suantebrazose estrelló contra elestómago de Peter,doblándolo en dosmientras la fuerza del impacto expulsaba el aire de sus pulmones.

Pero no fue solo el golpe.

Cuatro paredes masivas de piedrasurgieron de la nada,erguidas por un solo pensamiento de Bernardo.

El cuerpo de Peter fue lanzado con una brutalidad inhumana.

Atravesó la primera pared.

Luego la segunda.

La tercera crujió con un estruendo ensordecedor cuando su cuerpo la destrozó.

Y la cuarta se resquebrajó por completo cuando Peter la rompió con su propio peso.

El impacto final sacudió todo el entorno, lanzando escombros y polvo al aire.

El lugarretumbó con la violencia del ataque.

Y en ese instante…

Thomas abrió los ojos.

Unescalofrío recorrió su cuerpo, pero pronto fue reemplazado por algo más.

Una sensación cálida.

Unpoder desconocidoque latía en sus venas, creciendo con cada latido de su corazón.

—Sí…—susurró, con una sonrisa torcida formándose en sus labios.

—Por fin.

—Por fin la tengo.

Undestello doradocruzó sus pupilas.

Su habilidad innata había despertado.

Y entonces, su expresión cambió.

Sumirada se posó en Bernardoy su sonrisase torció en una mueca de furia.

—¡Maldito lisiado!

Lasondas de choque resonaban en el lugar, la batalla entre Bernardo y Peter continuaba con unaferocidad que desgarraba el aire.

Pero ahora,Thomas estaba en movimiento.

—¡Te mataré de una sola vez, lisiado!

Sin dudarlo,se lanzó al combate.

Sucuerpo se envolvió en la energía de su recién adquirida habilidad, sintiendo cómo la fuerzase acomodaba en sus músculos, cómo su velocidad aumentaba con cada paso.

Aún estabafamiliarizándose con su poder.

Pero eso no importaba.

Solo tenía un objetivo: destruir a Bernardo.

HABILIDAD DE RANGO B: TEMPESTAD

NATURALEZAS: AGUA Y RAYO.

La energía vibró en el aire mientrasThomasse acercaba con una velocidad brutal.

Pero antes de que pudiera intervenir…

Bernardo golpeó la cara de Peter con una fuerza arrolladora.

Sin dudarlo,Peter respondió con una patada giratoria, su pierna cortando el aire como una cuchilla.

Y así comenzó.

Ambos se enfrascaron en una lucha intensa, sus cuerpos disolviéndose en destellos de luz.

El choque de sus golpes resonaba en todo el campo de batalla, generandoondas de choqueque partían el suelo.

En un instante,Peter lanzó un golpe feroz.

PeroBernardo desapareció.

Apareció en el cielo.

Y luegocayócomo un meteoro.

Sus pies se estrellaron contra la espalda de Peter.

El impacto fuemonstruoso.

Peter fue lanzado al suelo como un proyectil, destrozando el terreno y levantando una gigantesca nube de polvo.

Un gemido escapó de sus labios al sentir la presión brutal recorrer su cuerpo.

Pero no se rindió.

Abrió los ojos.

Se levantó.

Y entonces,vio el brillo plateado.

El espacio comenzó a distorsionarse a su alrededor.

Algo poderoso estaba en marcha.

Bernardo sonrió.

—Te daré un regalito muy especial.

Cerró la mano, y unabala de manásurgió de su palma, flotando con una energía aterradora.

Sin perder tiempo,Peter levantó un domo de luz.

El choque fue inmediato.

Las energías chocaron en un punto muerto, crepitando con una tensión insoportable.

PeroBernardo no se detuvo.

—Hmmm…—murmuró con diversión antes de dispararvarias balas de maná adicionales.

Justo en ese instante…

Thomas llegó.

Conuna velocidad electrizante, formódos discos de agua giratorios, la esencia de su habilidadTempestadvibrando en ellos.

Los lanzó con precisión quirúrgica.

Bernardolos vio venir y sonrió con burla.

—¿En serio crees que puedes atacarme sin que me dé cuenta?

Sin inmutarse,levantó un escudo de maná.

El impacto fuefulminante.

Los discos y el escudo se anularon entre sí en un estallido de energía.

Pero ese instante fue todo lo quePeter necesitó.

Aprovechando la distracción,concentró el maná de luz en sus manos y lo liberó en un rayo concentrado.

Un haz de luz pura atravesó el aire como un disparo celestial.

Bernardo fue golpeado de lleno.

Su cuerpofue arrastrado por la fuerza del ataque, dejando una estela de energía brillante a su paso.

Peterse recompuso con un jadeo, sacudiendo la cabeza para despejar el dolor que aún recorría su llegó a su lado, su mirada fija en el enemigo caído.

—¿Estás bien?—preguntóPetercon la respiración entrecortada.

Thomas sonrió con confianza.

—Ya casi está.

Señaló hacia el horizonte, donde eldominio de Bernardocomenzaba a estructuras de maná se derrumbaban, retorciéndose como si estuvieran siendo devoradas por una fuerza invisible.

PeroPeter no parecía impresionado.

—¿Y qué importa eso?—gruñó con frialdad—.Hay que matarlo ahora.

Los ojos de Thomas brillaron con determinación.

—Es mejorcompletar el sacrificio de una sola vez.

Con los brazos cruzados,miró hacia donde Bernardo había caído.

Pero entonces…

Un escalofrío recorrió sus cuerpos.

—¿A dónde miras? —preguntóPeter, su tono gélido.

—Ese bastardo me ha jodido demasiado.

Ambos se tensaron.

Unpilar de energía plateadaemergió del cráter dondeBernardohabía sido derribado.

El aire se estremeció.

El suelo tembló.

La presión se volvióasfixiante.

La energíadesgarró el cielo, pintándolo dedestellos plateadosque latían como un corazón descontrolado.

Thomas gruñó con incredulidad.

—Su capacidad de maná dentro de este lugar es una puta locura.

Peter tragó saliva.

Apretó los puños yse giró hacia Thomas.

—¿Has despertado tu habilidad innata?

Thomasasintió sin dudarlo.

—Sí.

Ambosalzaron las manos al mismo tiempo.

Susdedos índicesse alinearon, y la energía comenzó a arremolinarse en la punta.

El manáchisporroteó, transformándose enrayos de pura energía.

Con un rugido, dispararon alunísono.

Losrayos de manácruzaron el campo de batalla en uninstante.

Impactaron directamente en el pecho de Bernardo.

Pero entonces…

Nada.

Ni una marca.

Ni una herida.

El cuerpo de Bernardo ni siquiera se inmutó.

Peter y Thomas quedaron helados.

El pilar de manárugió aún más fuerte.

Bernardolevantó la mirada.

Y sonrió.

Bernardolos miró con absoluta superioridad, una sonrisa de desdén dibujada en su rostro.

—No pueden hacer mucho.—Su voz resonó en el campo de batalla—.Muchos de sus ataques no se comparan ni con uno solo mío.

Con un solo movimiento,levantó la manoy señaló a sus primos, de la misma manera en que ellos lo habían hecho.

Perola diferencia era abismal.

El rayo de maná dePeter y Thomaseraun hilo fino de menos de 2 centímetros de ancho.

El deBernardo, en cambio…

Era unpilar colosal de casi medio metro de grosor, ardiendo con un resplandor destructivo.

—Hmm… jodido lisiado.—Bernardo gruñó, con desdén.

Ambos primos se lanzaron al ataque.

Sus figurasse desvanecían y reaparecían, rodeando a Bernardo comosombras fugaces.

Las ráfagas de vientorugíancon cada impacto.

Sus golpes caían comomartillos, destrozando el suelo y generando ondas de choque quehacían temblar el aire.

Pero Bernardo ni se inmutó.

Aguantó.

Resistió.

Y cuandoel momento fue perfecto, susantebrazos se alzaron, deteniendo los golpes de amboscon absoluta facilidad.

El choque resonó como una explosión.

Los tres desaparecieron nuevamente.

La batalla se volvió untorbellino de destellos, puños y patadascolisionando en todas direcciones.

Thomassintió de repente ungolpe brutal en el estómago.

El impacto le robótodo el aire de los pulmones, haciéndolodoblarse en dos.

Antes de que pudiera reaccionar,Bernardo lo tomó del cuello, levantándolo sin esfuerzo.

PeroPeter no desperdició la oportunidad.

Con los ojos encendidos de furia, se abalanzócon un cuchillo de manáen la mano, buscando atravesar el corazón de Bernardo.

El filo cortó el aire…

Pero entonces…

CRACK.

El golpe descendente de Bernardo fue implacable.

El mana se hizo trizas antes de siquiera tocarlo.

Thomas maldijo en su mente.

¿Cómo carajos era tan resistente?

Pero no tenía tiempo para asimilarlo.

Con un giro,aprovechó la inerciay le lanzó una patada a la cara.

Bernardo labloqueó sin esfuerzo, su brazo ni siquiera tembló con el impacto.

Peter y Thomas no se detuvieron.

Descargaron ráfagas de maná, tratando de romper su defensa.

PeroBernardo apenas movió un dedo.

Una cúpula de energíasurgió a su alrededor, disipandotodos los ataques como si fueran simples brisas de viento.

El suelo se agrietó.

El aire vibró.

Y entonces… chocaron.

Los tres se movieron ensincronía perfecta, lanzando golpes y patadas en unbaile mortal de pura violencia.

Cada choque generabaondas de choque masivas, destruyendo los alrededores.

Elmundo entero temblabacon cada golpe.

Pero…

Bernardo no retrocedía.

No titubeaba.

No sangraba.

Y su sonrisa… seguía allí.

Bernardose deslizó hacia atrás con fluidez, perosus primos no le dieron respiro.

Thomasfue el primero en abalanzarse, lanzando un golpe directo a su rostro.

PeroBernardose movió con precisión quirúrgica.

Un puñetazo certeroal pecho de Thomas lo envióvolandohacia atrás, su cuerpo rebotando contra el suelo antes de deslizarse varios metros.

Peteraprovechó la distracción.

Se lanzó con furia, peroBernardo ya lo había leído.

Un golpe ascendenteal mentón de Peter hizo que su cabezase sacudiera violentamente hacia atrás.

Antes de que pudiera reaccionar, una patada brutal lo golpeó en el abdomen, doblándolo en el aire y arrojándolo varios metros.

PeroThomas no había terminado.

Apretó los dientes, ignorando el dolor, yse deslizó por el suelo, golpeando con fuerza la parte trasera de la rodilla de Bernardo.

El impacto hizo quesu pierna flaqueara.

En ese mismo instante, Thomas giró sobre sí mismo y lanzó una patada giratoriadirecto a la espalda de Bernardo.

El sonido seco del impactoretumbó como un tambor de guerra.

Bernardono cayó… perosu cuerpo se inclinó levemente hacia adelante.

Peter lo vio.

Y no desperdició la oportunidad.

Se impulsó con todas sus fuerzas, lanzando una ráfaga de patadas veloces.

Bernardolevantó los brazospara cubrirse, bloqueando los primeros impactos con su antebrazo.

Pero Peter ya lo tenía planeado.

De repente,se impulsó con ambas piernasyuna doble patada explosiva impactó de lleno en su guardia, haciendo que los brazos de Bernardo se separaran por la fuerza.

Peter giró en el aire… y su pie cayó como un martillo sobre el rostro de su hermano.

El impacto fuedemoledor.

El cuerpo de Bernardose estrelló contra el suelo con violencia, rebotando varias veces por la fuerza del golpe antes de deslizarse por la tierra, dejando un surco de destrucción a su paso.

Peter aterrizó con firmeza, sus pies golpearon el suelo con tal intensidad quela tierra bajo él se agrietó.

Pero…

Su instintole gritó peligro.

Antes de que pudiera siquiera parpadear…

Bernardo saltó desde el suelocon una precisión inhumana,como si no hubiese recibido daño alguno.

Justo en el momento exacto en que los pies de Peter tocaron el suelo.

Los ojos de Peterse abrieron de par en par.

—¡Mierda!

No tuvo tiempo de reaccionar.

El puño de Bernardoiba directo hacia su rostro…

Las partículas de luz parpadearon en el aire, recomponiendo el cuerpo dePetera unos metros de distancia.

Su respiración era pesada, su frente perlada de sudor, pero sus ojos seguían ardiendo con determinación.

Bernardo, con los brazos en alto,detuvo el puño de su hermano, pero no pudo ignorar la presión creciente a su alrededor.

Su dominio se estaba desmoronando.

Las paredes de energía que había levantadotemblaban, resquebrajándose lentamente.

Thomasaprovechó la oportunidad ycanalizó su mana en un ataque de energía pura, su aura chisporroteando con destellos azulados y plateados.

PeroBernardo no se quedó quieto.

Con un movimiento preciso,rompió la guardia de Peter, su puño estrellándose contra su estómago con un impacto seco y brutal.

El airese escapó de los pulmones de Peter en un jadeo, perono cayó de inmediato.

Apretó los dientes, endureció su núcleo y respondió con un codazo directo a la mandíbula de Bernardo.

El impacto resonó como un trueno.

Bernardosintió la vibración recorriendo su cráneo, pero su atención ya estaba en otro lado.

El ataque de Thomas se acercaba como un cometa fulgurante.

Los músculos deBernardose tensaron.

Extendió sus manos y atrapó la esfera de energía, pero la potencia fue tal quesus pies se deslizaron contra el suelo, dejando surcos en la tierra mientras era arrastrado.

Su cuerpo vibró por la intensidad del impacto, pero con una explosión de fuerza,desvió la esfera hacia el cielo, donde estalló con un destello cegador.

Thomas no perdió tiempo.

Se lanzó hacia adelante como un proyectil.

Su puño se hundió en el abdomen de Bernardo con una fuerza aplastante,obligándolo a inclinarse ligeramente.

Pero Thomas no se detuvo.

Con una sincronización impecable,elevó la rodilla y la estampó contra la barbilla de su primo, obligando a su cabeza a sacudirse hacia atrás con violencia.

Bernardosintió su visión temblar por un segundo…

Peroreaccionó con puro instinto.

Giró sobre su eje, yuna patada demoledora impactó de lleno en el rostro de Thomas.

Unchasquido secoresonó en el aire.

Thomassalió despedido hacia atrás, su cuerpo girando en el aire antes de estrellarse contra el suelo.

Peter, viendo esto, rugió de furia y volvió a la carga.

PeroBernardo ya lo estaba esperando…

El suelo tembló bajo los pies deBernardomientras los dos primos se lanzaban hacia él con una sincronicidad el primero en atacar, su puño impactando contra la cara deBernardocon la fuerza de una explosión. Inmediatamente después,Thomasaprovechó la apertura y lanzó un golpe directo a la rodilla de su hermano, causando que la pierna deBernardocediera momentáneamente.

El impacto fue vertiginoso, pero no bastó para ó con rapidez, peroPeterno lo dejó reaccionar, golpeando con un mazazo certero que retumbó en el aire. La patada deThomasle siguió al instante, enviándolo avolar por el aire. El cuerpo deBernardotocó el suelo con fuerza,pero la llama plateada que lo rodeabano se apagó, aunque su respiración se volvía cada vez más pesada.

Los dos primosse colocaron uno al lado del otro, observando a su rival mientras su dominio parecía desmoronarse a su alrededor. El aire estaba cargado de energía, losataqueschocaban y resonaban como truenos.

"Sigues siendo débil, hermano."La voz deBernardoera un susurro burlón, aunque sus palabras tenían un matiz de desafío. Su cuerpo ardía con la intensidad de la llama plateada que lo envolvía, la cual reflejaba su ira contenida."¿Crees que puedes con esto?"

PeteryThomasno respondieron de inmediato, sus ojos brillando con determinación.

El espacio alrededor de Bernardo crujió,la presión de la batalla alcanzando niveles críticos. Unpilar plateado emergió desde el suelo,colapsando hacia abajocon un estrépito dominio de Bernardo se desmoronaba, y aunque su poder aún era palpable, podía sentir cómo el control se deslizaba entre sus dedos.

"Queda poco tiempo…"murmuró Bernardo entre dientes,su mirada llena de furia y concentración,la presión que sentía era insoportable. Pero no se rendiría tan fácilmente.

El aire vibró con la fuerza de los ataques lanzados , con su imponente presencia, avanzó sin detenerse, ignorando por completo lasbalas de manaque se dirigían hacia él. Cadaimpactopasaba de largo, como si su cuerpo estuviera hecho de puro , sin poder reaccionar a tiempo, recibió elpuño de Bernardoen la cara, siendolanzado al aire, el impacto resonando por todo el campo de , intentando aprovechar la apertura, no fue capaz de esquivar el siguiente movimiento de su hermano,una patada brutalque hizo crujir sus costillas, enviándolo al suelo con un grito ahogado de dolor.

Los dos primosno se dieron por vencidos, lanzandorayos de manacon toda su fuerza, peroBernardo, sin inmutarse, extendió un dedo yformó una pequeña esfera de mana. Esta esfera colisionó con los rayos, creando unaexplosiónque sacudió el terreno a su alrededor, pero al momento de que la niebla se despejó,Bernardo seguía de pie, inquebrantable, como si nada lo hubiera tocado.

"Es mejor deshacerme de esta peste de una vez por todas…"Bernardomurmuró, con una expresión fría mientras sumirada se centraba en su hermano, Peter. Un destello plateado comenzó a envolver su cuerpo, y al instante, la habilidad dePeterfue absorbida, formando parte de la energía deBernardo. El proceso era casi imperceptible, pero la fuerza queBernardohabía adquirido en ese momento era aterradora. Un resplandor de pura energía invadió el aire, como si el mismo espacio temblara ante su poder.

"No pueden detenerme…"agregó, mientras unaura de intensidad y dominiolo rodeaba, más fuerte que nunca, su poder desbordando cada rincón del campo de batalla. Los dos primos, aunque agotados y gravemente heridos, se preparaban para lo que vendría, sin saber que ahora enfrentaban a unBernardomás peligroso que nunca.

La batalla se volvió más salvaje, un espectáculo brutal defuerza y resistencia. Los tres luchaban sin tregua, loshuesosymúsculosdesgarrándose y regenerándose al instante, mientras el terreno se transformaba en un campo de devastación. Cada golpe parecía más fatal que el anterior, pero en todo momentoBernardoseguía dominando, su poder abrumando aThomasyPeter.

En un movimientorelámpago,Bernardose colocó frente aThomas, sus ojos fríos como el hielo, como si no hubiera un ápice de emoción en su , en ese instante, no pudo reaccionar a ó sus manos y las colocó sobre sucara, rodeándola por completo. ElpoderdeBernardoaumentó aún más, mientras su sonrisa era la de un predador a punto de devorar a su presa.

"Siempre quise hacer esto…"dijoBernardo, con una calma que contrastaba con la brutalidad del momento.

En un movimiento rápido,Bernardoaplicó su fuerza,rompiendo el cuello de Thomascon ungiro brutal de 360 grados. Elruidofue espantoso, y el cuerpo deThomascayó, sucabeza completamente torcida, mirando hacia el suelo en un ángulo imposible. Sin darle tiempo a un último suspiro,Bernardolanzó su cuerpo fuera deldominio, donde el lugar mismo parecía rechazarlo.

Lasanacióncomenzó, lenta pero constante, gracias a laspocas guaridasque aún resistían, intentando salvar lo que quedaba deThomas. Sin embargo, el daño era no tenía esperanza, sucuerpo desmoronándosemientras las últimas chispas de vida se apagaban lentamente.

Peter, ahora solo, vio como el último de los dos caía. Su cuerpo se tensó, su respiración agitada, sabiendo que labatallaaún no había terminado, pero algo en su interior comenzó a quebrarse. Estaba solo contraBernardo, y la diferencia de poder nunca había sido tan clara.

Bernardoobservó en silencio el alboroto alrededor de losguardias, que intentaban inútilmente salvar aThomas. Su risa llena de desprecio resonó en el aire, una sonrisa fría que reflejaba su absoluta superioridad sobre todos los presentes."Veamos qué harán para salvar a esa sabandija insignificante…"murmuró, mientras sus ojos seguían la escena de caos, sabiendo que, aunque intentaran,nadie podría salvar a Thomasde la condena que ya le había impuesto.

De repente, en un destello blanco,Peterapareció frente aBernardo, tratando de aprovechar un momento de distracción. Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar fue Peter el que vio como pasaba su puño atreves de una ilusión de su hermano mayor.¿, unguardia del abuelo de Peterse interpuso, deteniendo aBernardopor un instante.

PeroBernardono se detuvo, supoderseguía creciendo, su furia y arrogancia dominaban el un solo puño, elguardiafue enviado hacia atrás, sucara destrozadapor el impacto. El cuerpo delguardiaretrocedió violentamente, pero nunca tuvo oportunidad de reaccionar.

Bernardono tardó en aprovechar ladesventajadel guardia. Con unaagilidad sobrehumana, apareciódetrás de él, y antes de que pudiera darse cuenta,su puñose estrelló contra lacabeza del guardia. Ungolpe de martillotan fuerte que lacabeza del guardiacolapsó bajo la presión, y sucuerpo cayó al suelo como una marioneta sin hilos.

El lugar quedó en un tenso silencio, solo roto por los ecos de la violencia y la ó elcuerpo caído, sumiradafija y calculadora, y se giró haciaPeter, dispuesto a continuar el espectáculo con su hermano. Sabía quePeterno tenía más oportunidades.

Elcuerpo de Bernardose elevó con unaviolencia inhumana, elmanáque fluía hacia él parecía abrazarlo con familiaridad, como si fueranviejos amantes, inseparables y unidos tras una larga separación. Con cadapulso de energía, sucuerpo se cargaba de poder, y en un abrir y cerrar de ojos, suspies perforaronelcuerpo del guardiaque había intentado detener su avance. El sonido de huesos rotos resonó en el aire mientrasBernardose acercaba con unadeterminación imparablehacia su hermano.

Peter, aún sorprendido por la repentina ferocidad deBernardo, intentó reaccionar, pero suhermanoera un torbellino de poder desatado, un ser que había trascendido las limitaciones humanas.

Otroguardiaintentó interponerse, pero lasombra de Bernardofue más rápida que el golpe brutaldestrozó la cara delguardia, lanzando su cuerpo al suelo, antes de queBernardolo tomara delbrazocon una fuerza despiadada. Sin mostrar ningún signo de compasión,Bernardogiró con unbrutal movimiento, como si elguardiafuera una simple muñeca rota,desgarrando su brazocon una facilidad escalofriante. Losdedos de Bernardose cerraron con la fuerza de unaprensa hidráulica, perforando la carne del guardia.

Y en un gesto aún más macabro,Bernardo congeló el brazodesgarrado y, sin titubeos, lo usó como unaestaca hundió en el pecho del guardia, elcrujido del huesoresonando mientras la vida se desvanecía de su víctima, el cuerpo colapsando sin resistencia alguna.

Elsilencio reinó brevementemientrasBernardopermanecía sobre el cadáver, sus ojos fríos y calculadores, con elmaná a su alrededor vibrando, anticipando el siguiente movimiento. La atmósfera estaba impregnada de unaviolencia indescriptible, y mientrasPeterobservaba el brutal despliegue de poder de su hermano, supo que ya no quedaba ningún rastro de humanidad en él.

Bernardoextendió su dedo índice, y al instante, elmanárespondió a su voluntad, formando unamasa densa y poderosaen su mano. Laenergía brillaba con intensidad, iluminando elcallejóncon una luz tan pura que casi parecía celestial, como si lafuerza misma del universolo respaldara en su destino. Lasensación de poderrecorrió su cuerpo, y con cada pulsación, sentía como si pudiera destruir todo a su paso.

—¡Muere!—gritó Bernardo, el sonido de su voz rasgando el aire, mientras lafuerza acumuladadentro de él estallaba en unaexplosión de energía. La presión que emanaba de su ataque era palpable, como si el mismo espacio a su alrededor se estuviera retorciendo ante la magnitud de su poder.

Peter, paralizado por un instante, observó a su hermano con una mezcla deasombro y terror. El brillo delmanáen las manos deBernardoera cegador, y aunque el aire estaba impregnado de una tensión insoportable, sabía que esta batalla no estaba cerca de su fin. Cadamovimientode su hermano parecía ser unapromesa de destrucción.

Con elrostro de Bernardocontorsionado por la ira y la determinación, laintensidad de la batallase solo estaba luchando por sobrevivir; estaba dispuesto ademostrar su supremacía, avengar su sacrificio. Con ungrito gutural,se lanzó hacia Petercomo una tormenta desatada, elmanáa su alrededor brillando con furia mientras avanzaba,preparado para todo.

Peter, reconociendo la gravedad de la situación, se preparó para lo inevitable. Sabía que su hermano estaba a punto de llevarlo allímitede lo que ambos podían soportar. La batalla entre los dos ya no era solo una cuestión de poder; era unaprueba de voluntad, y ambos sabían que solo uno saldría de allívivo.

Elcallejónse llenó con el estrépito de losgolpes, y laluzque emanaba de ellos cegaba todo a su alrededor, mientras ambos luchaban,destinados a enfrentarse hasta el último aliento.

Larabiaquemaba enBernardocomo unallamaimparable. Había sido unespectadorsilencioso durante tanto tiempo, unasombraen la familia que nunca pudo alcanzar las expectativas que otros tenían para él. Siempre lo vieron como undesperdicio, un error que solo existía para servir como ejemplo de lo que no debía padre, elhombre que todo lo controlaba, había dejado claro quién era su , ese bastardo consentido, siempre se mantuvo bajo el manto protector del padre, siempre elogiado, siempre favorecido, incluso cuando no hacía nada paradefendera su hermano.

Bernardo recordaba aquel día, con unaclaridad hiriente, cuando su padredestruyóa la familia que había intentado acabar con su hermano. Mientras elsangrese derramaba a su alrededor,Peterpermaneciósilencioso, inmóvil, observando desde la distancia sin siquiera intentar proteger a su propio hermano. No levantó ni un dedo. ¿Por qué? ¿Por qué no lo hizo? ¿Por quése quedó de brazos cruzadosmientras él era golpeado, humillado, y marcado por la brutalidad de aquellos quese creían superiores?

Ese vacío en su pecho, esa sensación detraición, había estado ahí desde ía sidosutilmente ignorado,despreciadoincluso, mientrasPeterdisfrutaba de laadoraciónque siempre se le dio. Pero ahora… ahora todoiba a no era el hermano débil ni el hijo desechable. Teníauna nueva razón para pelear, unnuevo propósitoque lo empujaba a desafiar todo lo que le habían dicho queera.

Con losojos encendidospor la furia, elmanáen sus manos brilló como unrelámpagolistos para ser desatados en un sologolpe devastador. No era solo su hermano a quien iba a desafiar, no era solo a su padre o a su familia. Estaba listo para desafiarsu destinomismo. Elpesode años deinjusticiayabusolo había forjado en algo mucho máspoderoso.

—Voy a demostrar que soy más que un error—murmuró para sí mismo, mientrassu poderaumentaba exponencialmente. Lafuriade los años pasados loimpulsaba, transformando su dolor en una fuerza destructiva ytotalmente imparable.

Peterobservó a su hermano con una mezcla deincredulidadymiedo, dándose cuenta demasiado tarde de que la batalla ya no solo era por para arrasar con todo, dispuesto aromperlos lazos familiares, destruir laamistad de sangrey demostrar que no importaba cuán fuerte fuera elfavoritismode su padre. Él ya no sería lasombra.

Este sería el fin de la historia de unhermano olvidado. Elcomienzode la historia deBernardo, el que nonecesitabala aprobación de nadie.

Elrayo de manáque Bernardo había acumulado en su dedo brillaba con tal intensidad que parecía desafiar a la misma naturaleza, una tormenta en miniatura concentrada en su ser. Lafuriade todos sus años de sufrimiento se reflejaba en ese poder que ahora desbordaba, unpoder destructivoque ya no era solo una manifestación de su habilidad, sino unadeclaraciónde su existencia.

—Déjenme mostrarles lo que vale este desperdicio—las palabras de Bernardo resonaron en el aire, cargadas deira, de unresentimientoacumulado que finalmente estallaba en unaexplosión de poder.

Peter lo miraba, congelado, mientras su propiomiedocomenzaba a , por otro lado, no podía ocultar lahorrorizadaexpresión en su rostro al ver cómo el poder de su hermano loenvolvía todo. Pero cuando Bernardo apareció a su lado, en undestellode puravelocidad, Thomas sintió que el aire se volvíapesado, cargado de unaamenaza inminente.

El golpe no llegó a destino. En esepreciso momento, como si el propiouniversohubiera querido intervenir,la vitalidad de Bernardocomenzó a desvanecerse, desbordándose ensilencio, como si el mismoalmade su cuerpo fuera arrancada. Lostruenosresonaron violentamente, sacudiendo elmanto del cieloy haciendo que lasmontañastemblaran bajo su fuerza. Elpoderque Bernardo había convocado se desvaneció lentamente, como si lafuerza de la naturalezamisma reclamara lo que se le había dado en exceso.

Bernardo, que había sido testigo de tantas tragedias y había vivido la sombra de su hermano, ahora caíaal suelo, sus rodillas tocando elfrío suelocon un sonido sordo. Eldolorse reflejaba en cada uno de sus movimientos, pero no tanto como elvacíoen su interior. Lasangrebrotaba de sus orificios, como si su cuerpo mismo estuvieracediendoa lamagnitud de la batallaque había librado, de todo elsufrimientoque había acumulado.

Eldominio, esa poderosa barrera demanáque lo rodeaba, sequebrócomo si fuera vidrio bajo una presión brutal. Era el final de uncaminotortuoso, el desenlace de una historia escrita enoscuridad y desesperación.

—Se acabó—murmuró, sin fuerza, mientras sucuerpocomenzaba a ceder por completo. Sus palabras fueron un susurro, como un últimoalientoantes de la caída definitiva. La vida, que había brillado con lapromesa de venganza, se desvaneció, igual que sus fuerzas.

El eco de sus palabras se disolvió en el aire, mientras laruinade su ser se mezclaba con el caos del mundo que lo rodeaba. Lo que quedaba era solosilencio, un silencio tan pesado como el propio peso de latragedia.

Elcielose abrió en su furia, como unojo cósmicoque observaba a la humanidad, derramandorayosytruenoscon talintensidadque el suelo temblaba bajo las pisadas de aquellos que aún quedaban de pie. Loscontinentesparecíangritar, la tierra misma estremeciéndose por el peso de lo que ocurría. Había algoprimordialen ese momento, algo tan antiguo como laexistencia misma: el llanto delmundo, latragediade un hijoabandonadoa su suerte, perdido en su propio camino hacia la destrucción.

A pesar de lalluvia de poderque azotaba el cielo,Bernardosentía cómo eldolorlo atravesaba, como si su cuerpo estuviera siendo desgarrado en mil pedazos. Pero en lo profundo de su ser, en lasprofundidades de su alma, una chispa, un destello de algo que no era desesperación, sinoresistencia. Unavoluntad indomableque se negaba a ceder, a dejar que su historia fueraolvidadaentre las sombras de su sacrificio.

Eldolorera insoportable. Cada músculo, cada hueso, cada fibra de su ser gritaba por rendirse, por abandonar la lucha que parecía su corazónseguía latiendo, cada vez con más fuerza, como si hubiera algo más allá del tormento. Algo que le decía queno era el fin. Quesu historiano terminaba aquí, que laoscuridadno sería la última palabra.

Con un esfuerzo casisobrehumano,Bernardocerró los ojos por un momento, respirando con dificultad, pero con ladeterminaciónde un hombre que aún no ha dicho su última palabra. A pesar de que su cuerpo ya no respondía como antes, a pesar de que lafatigalo consumía, suespírituse mantenía firme, como unaantorchaque, a pesar de los vientos más feroces, seguía ardiendo.

—No... no terminará así...—murmuró para sí mismo, sus palabras apenas un susurro que se perdía entre el retumbar de los truenos.

El mundo seguía destruyéndose a su alrededor, el cielo llorando la caída de un hijo que nunca fue comprendido. Pero Bernardo, aunque al borde del colapso, seguíaluchando. Y en ese momento, en el que su cuerpo parecía rendirse, algo dentro de él despertó con fuerza, como si eleco de su voluntadresonara en las estrellas mismas.

Latormentarugía confuria, como si el propiocieloestuviera reaccionando alclamorde un alma rota, desgarrada por sus propiosdemonios. Bernardo,de rodillas, luchaba contra lafatigay eldolorqueacorralabansu menteestaba oscurecida por los recuerdos de lo que había hecho y lo que había perdido, pero en lo más profundo de su ser, unachispita de esperanzase mantenía viva,tímida, como unallama moribundaluchando contra el viento.

—Lo siento mamá... perdona mi debilidad...—se dijo a sí mismo, las palabras escapando de sus labios como unaúltima plegaria. Peronadapodía detener larealidadde su cuerpo, ya casiroto, yagastadopor la guerra interna que libraba consigo mismo y con eluniverso.

Elmanáseguía fluyendo hacia él, como si el propiocosmosle diera unaúltima oportunidadde levantarse, unaúltimaoportunidad de luchar, de redimirse. Pero,aunque su deseo era grande, su cuerpo no respondía. Era como uneco lejano, unesfuerzo inútil, un último suspiro de alguien yamuerto por dentro.

Las heridasya no solo eran físicas. Lafatigaera más profunda, mucho más allá de losgolpesycicatricesque adornaban su piel. Su espíritu estabaexhausto, su alma marcada por ladesesperacióny laculpaque no podía dejar ir.

La tormentallorabapor él, pero no importaba cuánto luchara, sufuerzaestaba desapareciendo. Eluniversole había dado unaúltima oportunidad, pero sucuerpoya se había rendido. Como si sus propios esfuerzos fueransimples eco de un muertointentandolevantarse, larealidadlo golpeó una vez más:su tiempoya había llegado.

Lashabilidadesque alguna vez lo hicieroninvencibleahora le cobraban vitalidadse desvanecía, cada segundo que pasaba era como unpaso máshacia el abismo de laoscuridad. El mundo lo observaba,el cosmos se cerrabasobre él, y aunque sudeseo de lucharseguía vivo,su cuerpoya estaba pagando el precio de suambición.

Su vida, su sacrificio, ahora eran solocicatricesen un paisaje que parecía no recordar lo que alguna vez fue.

Elrío del tiempose desbordaba sobre Bernardo, arrastrando consigo cada instante que alguna vez vivió. Cada segundo de suexistencia, desde su concepción hasta eseúltimo aliento, era consumido sin piedad, como si eluniversomismo reclamara larealidadque había sido suya. Lared del espaciocomenzaba a tejerse a su alrededor, absorbiendo cada rincón que alguna vez fue testigo de supaso, despojándolo de todo lo que había conocido, desde los momentos másbrillanteshasta los másoscuros.

A medida que loshilos del destinose apoderaban de su ser, elespejo de la realidadcomenzó adevorar su existencia. Cada pedazo de lo queera Bernardose desintegraba, como si fueracenizaque se esparcía en el viento de la eternidad. Su cuerpo, su historia, sussueños... todo se disolvía ante elespectáculo inevitabledelfin.

Pero, en el último momento, unaluzparecía brillar en medio de , al ver a su hermano en los últimos estertores de la vida, no permitió que todo fuera en desesperaciónlo empujó a actuar, a intentar lo imposible.

Con lasangre de su hermano,Petercomenzó a trazarrúnicas arcaicassobre el aire, sus manos moviéndose conprecisió de poder ancestral, de aquellas que sólo unos pocos elegidos podían comprender y círculoscomenzaron a formarse, brillando con un resplandor que se entrelazaba con lassombrasdel tiempo y elespacio.

Bernardo y Peter estaban ahora dentro de esos círculos, atrapados entre los límites deltiempoy elespacio,en un trancea punto de cambiar el curso de su destino.

El primer paso era claro:el consumo de la línea de sangre. Esa conexión inquebrantable entre los dos concentró, sintiendo cómo lafuerza ancestralcomenzaba a tomar forma, un poder que nunca antes había tocado, un poder capaz de desafiar los límites de larealidadmisma.