UNA NUEVA OPORTUNIDAD

La onda expansiva de la explosión fue tan grande que arrasó con todo a su paso, dejando una estela de destrucción y devastación sin precedentes. El choque de poderes había sido inevitable. Deku, yendo en contra de las indicaciones de Kacchan, se había lanzado contra Shigaraki en un último ataque temerario. Había usado en su totalidad el One For All tanto para atacar al enemigo como para defender a los que se encontraban a su alrededor. La batalla contra Shigaraki había sido dura y cruel, y había terminado justo como había comenzado: con Deku y Shigaraki enfrentándose, superando sus miedos y diferencias, en un ataque mortal que todos habían presenciado con una mezcla de incredulidad y horror por partes iguales. Bakugo se había sentido frustrado y desesperado al no poder hacer nada para ayudar a la única persona que le importaba en la vida. La guerra al fin había terminado, los héroes habían conseguido recuperar la paz que se les había arrebatado, el lugar se llenó de risas y gritos eufóricos al comprobar que Shigaraki por fin había caído. A excepción de dos personas.

Las lágrimas salieron de los ojos carmesí de Katsuki mientras se acercaba al lugar en donde se encontraba tirado Deku. Lo supo incluso antes de llegar a él, que Deku también había muerto. Las heridas de Katsuki eran graves, tenía un brazo destrozado y la pierna derecha seguramente también estaba rota o a punto de romperse porque el dolor que lo recorría cada vez que la arrastraba para poder avanzar era insoportable. Aun así, siguió caminando hasta que pudo llegar con Deku y entonces se dejó caer de rodillas, provocando un ruido sordo entre los escombros de la zona. Con cuidado abrazó a Izuku con delicadeza, como si este se fuera a romper de un momento a otro y escondió su rostro en aquel cabello verde que nunca pareció querer acomodarse por voluntad propia. Solo entonces se permitió derrumbarse, llorando desgarradoramente mientras sentía su corazón y alma partirse en millones de fragmentos. Si tan solo no hubiera sido tan imbécil en el pasado. Si tan solo hubiera aprovechado el poco tiempo que les quedaba juntos. Si tan solo le hubiera dicho abiertamente a Izuku cuánto lo amaba.

Pronto los gritos desesperados de Katsuki opacaron la algarabía generada por la victoria, provocando que todos se dieran cuenta de la terrible realidad: Izuku Midoriya había muerto en batalla. Se había sacrificado para que todos tuvieran una oportunidad para recuperar la paz que les habían arrebatado de aquella manera tan cruel. El rubio no dejó de llorar incluso cuando escuchó pasos acercarse hasta donde se encontraba, pero cuando levantó la mirada no le sorprendió ver a su otro yo acercarse con el rostro por completo devastado. Aquello enfureció a Katsuki a niveles que no podía entender. Durante los últimos meses, luego de que descubrieran de que existían otros universos con versiones idénticas a ellos en donde al parecer cometían los mismos errores para terminar enamorándose irremediablemente, Izuku y su contraparte pasaban mucho tiempo juntos como si se conocieran desde siempre. Aquel Katsuki que siempre llevaba el torso desnudo, una capa de piel roja y las joyas más extrañas que habían visto, había pasado los últimos meses más cerca de Izuku, SU Izuku, de lo que él mismo lo había estado. En un intento por diferenciarlos ya que llevaban el mismo nombre, habían decidido simplemente decirle majestad pues se suponía que aquella versión de él pertenecía a un clan de cambia formas dragones y era el rey. Y aunque Izuku no miraba a su copia barata como un prospecto romántico, no podía evitar sentir celos cada vez que los miraba juntos o cuando el bastardo conseguía hacerlo sonrojar. Él no era tonto, había visto en la mirada de su contraparte el amor y el anhelo con el que miraba a Deku, por eso nunca le terminó de gustar su compañía, a pesar de que sus estrategias los habían conducido a la victoria contra Shigaraki.

— Tu lo sabías, ¿verdad? Lo que haría Deku. — Mencionó con rabia Katsuki mientras abrazaba con más fuerza el cuerpo de Izuku contra su pecho. — No. Tú mismo se lo sugeriste.

El rey Bakugo se arrodilló enfrente de su otra versión y a pesar de la notable molestia de su contra parte, estiró su mano para poder cerrar los ojos de quien se había convertido en su confidente. Aquel chico era tan idéntico a su Izuku que no podía controlar el dolor en su corazón ante la perspectiva de llegar a perderle para siempre. El dolor resultaba tan insoportable que incluso respirar le estaba costando mucho trabajo. No tenía idea de cómo su contra parte estaba lidiando con ese mismo dolor sin intentar seguir a su amado al otro mundo. — Era la única manera y no, aunque la llegué a pensar nunca se la mencioné. Llámame egoísta, sé que él no es mi… — El rey dudó un momento pues en su mundo ni siquiera se había atrevido a confesarse a su propio Izuku. — Sé que él no es mi Izuku, pero siento el dolor de su pérdida como lo debes de estar sintiendo tu. No haría nada que pudiera provocar estos resultados, la sola idea de perderlo, de no verlo o escuchar su voz… es insoportable. —Respondió finalmente mirando a Izuku contra el pecho de su otra versión, con los ojos cerrados parecía que simplemente estaba dormido. — Pero él…

— El siempre ha sido el más inteligente de todos. — Completó Katsuki lo que su otra versión quería decir para después cerrar los ojos con fuerza cuando una luz cegadora cubrió el lugar. — ¡¿Qué carajo?! — Mencionó el rubio al cubrir con su cuerpo el del peliverde como si quisiera seguir protegiéndolo a pesar de que era evidente que ya no necesitaba protección.

— Se parece al portal por donde entré a este mundo. — Mencionó con cierta incredulidad el rey al ver aquella luz, por un momento había creído que nunca podría regresar a su mundo. Con duda se levantó con toda la intención de ir hacia el portal aun con la duda plasmada en su mirada.

Katsuki suspiró mientras observaba el rostro sereno de Izuku. Con dolor acarició la mejilla pecosa para finalmente besar su frente. Sentir la piel del peliverde cada vez más fría solo provocaba que su corazón volviera a partirse en miles de pedazos. — Supongo que eso significa que ya puedes irte.

El rey se detuvo un momento solamente para poder ver de reojo a la pareja antes de regresar su atención al portal. — ¿Seguro? Intenté invocar muchas veces ese portal y nunca pude hacerlo. ¿Si me lleva a otro lugar?

Katsuki lo meditó un momento mientras acariciaba el rostro de Izuku con delicadeza. — Supongo que ya cumpliste con lo que tenías que hacer aquí y ahora ya puedes marcharte. — Respondió con cierto tono de melancolía. — Antes de que te vayas solamente quiero que me hagas un favor.

El rey se volteó por completo para poder ver a su contraparte de frente, aunque éste se rehusaba a verle por ver el rostro pálido del peliverde. — Lo que quieras.

— No pierdas el tiempo y cuida a tu Izuku. No te permitas perderle como yo, pero sobre todo no seas imbécil y enmienda todos los errores que cometiste contra él, protégele. Izuku se merece todo lo bueno del mundo en este y en todos los universos. — Katsuki volvió a abrazar a Izuku, escondiendo su rostro en el cuello del pecoso para volver a llorar con libertad.

El rey asintió, aunque su contraparte nunca volvió a dirigirle la mirada. — Lo juro. — Prometió para finalmente correr hacia el portal con la esperanza latente de poder ver a su Izuku una vez más y no perder el tiempo.


A Bakugo lo recibió la brisa fresca del viento, el atardecer y el trinar de las aves que, revoloteando entre los árboles, buscaban un refugio para poder descansar durante la noche. Inspiró con fuerza, deleitándose de inmediato con el aroma de su hogar. Al fin estaba en casa y solo en ese momento fue consciente de lo mucho que había extrañado su reino. Corrió antes de que su cerebro procesara qué lo estaba haciendo, riendo encantado mientras esquivaba los arbustos y ramas del bosque. ¡Había regresado! Su alfa interior se encontraba aullando eufórico ante la expectativa de reencontrarse con su omega. Si bien el Izuku que había conocido en aquel mundo tan extraño era increíblemente parecido físicamente a quien desde niño consideraba como su pareja, no era su Izuku, no era con quien quería compartir el resto de su vida y formar una familia. Haber sido testigo de la muerte de ese Izuku le había hecho replantearse muchas cosas. Cumpliría la promesa que le había hecho a su contraparte y se aseguraría de hacer feliz a su omega en todos los aspectos.

Cuando Katsuki llego al acantilado, se dejó caer al vacío disfrutando de la adrenalina que le provocaba sentir el viento rozando cada poro de su piel. Después, tan sencillo como lo era respirar, su cuerpo se transformó en el del gran dragón carmesí. Rugió desde el fondo de su mismo ser, mostrando todos sus dientes cuando sonrió ampliamente con la firme convicción de encontrar a su omega.


Izuku se encontraba como todos los días en la cabaña que Katsuki había construido para el cuándo se dio cuenta que pasaba más tiempo clasificando yerbas, que en la aldea. Una ligera sonrisa se apoderó de sus labios mientras su mirada se pasaba en cada cosa que conformaba aquel sitio. Con el pasar de los años tanto él como el propio Katsuki habían ido trayendo cosas para poder acondicionar apropiadamente la cabaña. Había ropa suya y de Kacchan. Había un montón de libros sobre botánica y diarios que el mismo había detallado, pero también estaban las distintas armas con las que Kacchan entrenaba. Al principio, cuando Kacchan había desaparecido en medio de aquella luz tan cegadora, regresaba a la cabaña para poder sentir su aroma, pero con el pasar de los días, que luego se transformaron en semanas y finalmente en meses, el aroma a canela del alfa se había desvanecido por completo. No quería perder las esperanzas de que regresara, pero que nadie pudiera localizarle lo tenía con los nervios de punta. No quería pensar en lo peor, pero su ausencia lo estaba consumiendo lentamente. Lo único que lo distraía era su trabajo, así que sacarlo de la enfermería resultaba realmente complicado. Era un cambia formas que no podía transformarse en dragón, todos lo consideraban inservible así que intentaba compensar sus fallas con ser el mejor curandero de la región. Extrañaba demasiado a Kacchan. Su omega lloraba de angustia por no saber nada de quien ya había aceptado como su alpha. No sentirlo se sentía siempre tan asfixiante, que ya no sabía cómo lidiar con la sensación. Se sentía tan inútil y frustrado por no poder hacer nada que al final del día siempre tenía que volver a la cabaña para recordarse que Katsuki Bakugo seguía presente ahí.

Cuando la puerta se abrió, supo que alguno de sus amigos le había seguido así que suspiró resignado. — No me importa quien seas, pero no voy a volver ahora así que vete.

El omega por lo regular era amable, pero había momentos como ese, en donde la ausencia del alpha lo aplastaba por completo, que simplemente no podía ser cordial. Sin embargo, cuando una ráfaga de viento se coló en la estancia quedó paralizado. Reconocería aquel aroma en cualquier lugar. Katsuki sonrió cuando el peliverde se giró lentamente como si temiera que cuando volteara se esfumaría. — Izuku. — El corazón del rubio se expandió con alegría al reconocer al omega. Que este estuviera en la cabaña que había hecho especialmente para el y en donde habían compartido tantos momentos lo llenaba de una alegría inmensa.

— ¿K-Kacchan? — Murmuró con suavidad, llevando sus manos a su boca en un intento de reprimir el jadeo de sorpresa que había dado mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. ¡Al fin había regresado su alpha!

Katsuki sonrió aún más cuando aspiro el aroma de Izuku que rodeaba todo el lugar, confirmando sus sospechas de que el peliverde había frecuentado la cabaña todos los días que no estuvo a su lado. — He vuelto. — Susurró al extender sus brazos, invitando a Izuku a un abrazo que ambos necesitaban. Y entonces lo vio, vio aquel Izuku qué había muerto tan valientemente en aquella batalla como un reflejo atrás de su omega sintiendo un nudo en la garganta. Allá afuera existía alguien parecido a él, alguien que también había amado con intensidad a su Izuku y que justo ahora se encontraba sufriendo el dolor más desgarrador al no haber podido hacer nada para poder salvar al amor de su vida. Definitivamente no cometería los mismos errores, cumpliría con su promesa y se aseguraría de proteger y hacer feliz a su omega por sobre todas las cosas.

Izuku no lo dudo dos veces, río en medio de un mar de lágrimas mientras corría al encuentro del cenizo para poder abrazarlo con fuerza, casi como si temiera que volviera a desaparecer de un momento a otro. Katsuki rodeó la fina cintura del omega con firmeza, apegándolo más contra su cuerpo e igual que como había hecho su contraparte en aquel mundo tan distinto al suyo, escondió su rostro en el cuello del peliverde para poder aspirar de forma más directa el aroma a hierbas medicinales y sándalo que tanto había extrañado. Cerró los ojos sintiéndose al fin en casa.

— Te amo. — Susurró Katsuki apretando un poco más el agarre con el omega. Izuku se quedó paralizado ante la confesión tan inesperada. — Por favor, otórgame la dicha de ser tu pareja. Conviértete en mi omega, Izuku. No quiero separarme de ti nunca más, se mi compañero.

— P-Pero… ni siquiera puedo transformarme en un dragón. — Musito conmovido al aferrarse al abrazo del alpha.

Katsuki gruñó con cierta irritación. — ¿Qué mierda de pretexto es esa? — Preguntó separándose un poco del abrazo para poder verle a los ojos. — Eres el ser más maravilloso que conozco, no hay nadie que conozca mejor las hierbas medicinales que tú, te entregas tanto a tu trabajo que eres capaz de sacrificar tu integridad con tal de asegurar el bienestar de otros. Y has conseguido todo eso por tu propio esfuerzo sin la necesidad de transformarte, Izuku. Quizás no puedas pelear un combate cuerpo a cuerpo, pero tú también peleas a tu manera y nos brindas la seguridad de que nuestras heridas serán curadas. Así que deja de pensar idioteces y se mi pareja… o… ¿Acaso no quieres? — Preguntó finalmente con duda, ¿y si en verdad Izuku no lo quería de la misma manera? Era una posibilidad, pero hasta el momento nunca creyó factible considerarla. Izuku y el siempre habían estado juntos.

Izuku rio con suavidad mientras enmarcaba con sus manos el rostro del alpha. Después sonrió con ternura, llorando sin remedio. No solo había recuperado a su alpha, sino que además se convertiría en su pareja. — Alpha tonto. — Susurró suavecito al pararse de puntas para así alcanzar mejor el rostro del rubio. — Claro que quiero. Siempre te he pertenecido, Kacchan.

Katsuki sonrió amplio y sin resistir más tiempo, elimino la distancia que los separaba para poder capturar esos dulces labios en un beso que representaba todos los sentimientos que ambos habían estado almacenando desde hacía mucho tiempo. Porque su amor, sin importar las circunstancias, siempre prevalecería en este y en todos los universos para toda la eternidad.