PARTE 31 Una Segunda Oportunidad

~o~

Había una pequeña reunión de tres en el dormitorio de Edelgard. Hubert vigilaba afuera.

"Déjame ver si entendí..." Shez juntó sus palmas y respiró hondo por la nariz mientras terminaba de organizar toda la información recibida en el último rato. "Kronya pertenece a un grupo que ustedes llaman las Serpientes de las Tinieblas".

Edelgard asintió.

La mercenaria continuó. "Su líder era un tipo que mató y sustituyó a tu tío, y ellos hicieron estos experimentos que mataron a tus hermanos, lamento que eso pasara... Y todo para poder usarlos para pelear contra su enemigo de muchos, muchos siglos, que es la Iglesia de Seiros. Fuiste tú quien sobrevivió, me alegra que estés aquí".

La princesa sonrió.

"Ese tipo Solon fue quien atacó la villa de Remire y el que sustituyó a Tomas el bibliotecario, y también el que secuestró a Monica porque querían sustituirla con esa chica Kronya".

"Por suerte, ustedes me rescataron a tiempo", comentó Monica, que no podía estar más agradecida.

"Esos tipos han hecho desastres en todo Fódlan por mucho tiempo y ahora la Iglesia los ha estado persiguiendo, por eso no hemos visto a Sir Alois", siguió listando Shez. "Y ese sujeto que la profe mató junto con la bestia gigante era su líder, el tipo que mató y sustituyó a tu tío... Wow".

"¿Puedes creerlo?" Porque Edelgard a momentos no lo creía. "Ahora los Caballeros de Seiros los han estado persiguiendo y están a nada de terminar con ellos".

Shez se cruzó de brazos mientras pensaba quizá con demasiado esfuerzo. "Si te querían como un arma contra ellos, ¿no crees que la Iglesia te vaya a relacionar con esos tipos?"

"No temas por eso, Shez, la Arzobispa está más que al tanto de que soy una víctima más en todo éste desastre", y Edelgard no mentía. "No voy a negar que tengo mis propias razones para no gustar de la Iglesia y mucho menos de los Emblemas, pero me alegra ya no estar bajo el yugo de esos monstruos. Podré moverme por mis propias razones y con mis propias fuerzas cuando llegue el momento".

"Aún tengo muchas preguntas pero... Supongo que no me has dicho más detalles porque no lo crees conveniente".

"Lo mejor es que no los sepas. La Iglesia y las Serpientes siguen peleando, aún existe el riesgo de que la Arzobispa sepa lo que hicieron conmigo y decida que soy un peligro, así que entre menos personas sepan de esto, mejor. No quiero arrastrarlos a éste desastre, al menos no tan pronto y contra su voluntad", agregó Edelgard mientras se encogía de hombros.

"O con un contrato de por medio..." Dijo Shez con pícaro gesto.

"Exacto", sonrió la princesa.

"Sé que no hay necesidad de repetirlo, Shez, pero no digas nada de esto, por favor", pidió Monica a la mercenaria.

"Hey, no soy una soplona, no le diré nada a nadie", aclaró la mercenaria de inmediato. "Pero sí me gustaría saber qué piensan hacer con esa chica Kronya, lo único que me queda claro es que no van a matarla, ¿verdad?" Algo interesante considerando que Shez peleó con esa chica, ambas dispuestas a matar para ganar.

"Si la profesora Byleth consideró no matarla, confío en su decisión", dijo Edelgard de inmediato y enseguida miró a Monica. "Si incluso tú dudaste, entonces no puedo ir en contra de tu decisión tampoco, y tú eres quien más derecho tiene a cobrar por lo que trataron de hacerte".

Monica suspiró hondo. No era necesario preguntar para saber que recordaba perfectamente bien cada uno de los días que estuvo cautiva en ese fuerte, recordaba cada hechizo y cada vez que Solon y Monica, junto con los magos, iban a verla y decían lo útil que sería. Recordaba cómo cada vez le costaba regresar a la realidad, recordaba las crueles palabras de Kronya y las amenazas de "darle un buen uso a su lindo rostro". La joven maga aún temblaba al recordar todo eso.

Y ahora no podía sacar de su cabeza el genuino miedo con el que Kronya las miró, el terror, la desesperación que nunca había visto en otra persona hasta ese momento. Había algo más en su rostro: el dolor de la traición.

Cuando las tres encontraron a Kronya, Byleth fue quien le pidió a Monica y a Shez guardar distancia mientras ella se acercaba. De hecho, Byleth tuvo que despertarla porque la joven asesina estaba desmayada y se notaba delgada, estaba cubierta por trozos de tela que poco hacían para protegerla del frío y el aguanieve de la temporada.

Y cuando despertó y vio a la mercenaria, Kronya lanzó un débil grito de horror mientras trataba, torpemente, de alejarse. Notó a Monica y a Shez también.

"¡No dejaré que me maten! ¡No me van a matar!" Gritaba Kronya fuera de sí. "¡Largo! ¡No se acerquen!"

Con una señal, la profesora le indicó a las chicas que no se movieran.

"Nadie está aquí para matarte", dijo Byleth con calma. En otras circunstancias tendría a la asesina amagada con su espada, o directamente la hubiera matado ya, pero Byleth sabía distinguir entre alguien peligroso y alguien asustado. Y esa chica estaba totalmente aterrada. "A menos que me des una razón para hacerlo".

"Sólo quiero largarme de aquí antes de que ellos me encuentren", se lamentaba Kronya mientras intentaba ponerse en pie, pero sentía el cuerpo entumecido. Empuñó su daga pero sus dedos fríos le dificultaban sostenerla correctamente. Maldijo entre dientes al notarlo. "¡Déjenme ir!"

"¿Quién te persigue?" Preguntó Byleth, aún alerta y conservando la calma.

"¡Solon! ¡Ese bastardo intentó matarme! ¡Quería arrancarme el corazón para un hechizo!" Gritó Kronya con su voz desgarrada. "¡No puedo volver a casa porque todos ya deben saber que yo debía morir para ese hechizo!" La chica lloriqueó un poco. "No tengo a dónde volver..."

Byleth frunció ligeramente el ceño, esa chica estaba aterrada y perdida. Shez no pudo evitar sentir algo de pena por su lamentable situación, mientras que Monica no sabía qué pensar a eso... La asesina que constantemente la intimidaba y amenazaba ahora lloraba como una niña perdida... Era una niña perdida y abandonada ahora que la veía mejor. Las tres notaron lo joven que parecía ser, posiblemente rondando la edad de las presentes.

Byleth, como era su buena costumbre, tenía comida en su abrigo así que le ofreció carne seca y unas galletas a la chica. Kronya la miró entre lágrimas sin entender lo que trataba de hacer. Vio lo que Byleth le ofrecía, luego la vio a la cara.

"¿Acaso quieres envenenarme con eso?"

"Es comida", dijo Byleth con su voz parca pero tranquila, ella misma le dio una mordida a uno de los trozos de carne seca. "Si no quieres, se lo daré a los gatos".

Kronya se mordió sus labios resecos y le arrebató la carne a Byleth, la comió tan rápido como pudo, incluso empezó a toser, señal de que tenía la garganta seca. La profesora rápidamente le ofreció de beber, lamentablemente sólo traía licor consigo, así que la pobre chica comenzó a toser más. Kronya nunca había bebido licor...

"¿Estás bien?" Preguntó Byleth.

"¿¡Estás tratando de matarme con ésta cosa!?" Gritó Kronya, sintiendo el ardor en la garganta.

"Oh, vamos, no es para tanto", bufó Shez, "sólo es licor barato".

"No es tan barato", se defendió Byleth y le dio un trago al licor, pero con el único propósito de demostrarle a la chica que no intentaba dañarla.

Monica negó con la cabeza, un poco exasperada, y se acercó a la asesina. "¿Estás diciendo que Solon trató de matarte, verdad?"

"¡El bastardo me quería usar como catalizador para un hechizo especializado de portales!" Kronya se terminó la carne seca pero como aún tenía hambre, le arrebató las galletas a Byleth y... El sabor... Ese sabor nunca lo había sentido en su vida. Su gesto se transformó por completo. "¿Qué es esto?"

"Galletas", respondió Byleth. "¿Adónde quería transportarse Solon?"

"A Garreg Mach usando como guía un arma que está ahí adentro, algo que le mandaron a la princesa hace no mucho", respondió Kronya entre voraces mordidas, las galletas se acabaron pronto. Ese sabor le era tan desconocido que no podía ponerle nombre, sólo sabía que era delicioso. No notó el gesto de las tres chicas.

"¿Princesa?"

Y las tres supieron a quién se refería Kronya. Shez fue la única en sorprenderse.

"¿Hablas de Edelgard?"

Monica se lanzó encima de Shez y le tapó la boca. "No digas nada, prometo que te explicaremos todo, pero no se te ocurra decir nada de esto a nadie".

Sorprendida aún, Shez asintió. Byleth miró a la joven asesina.

"Entonces... ¿Ya no estás con ellos?"

"No me voy a quedar con unos bastardos que quisieron matarme", la voz de Kronya sonaba cada vez más débil, tener algo en el estómago y el súbito calor que sintió por culpa de esa bebida la tenían mareada. "Ellos no me buscarán cerca al Monasterio... Ya quedan pocos en el poder, todo es un maldito desastre", masculló la chica y se abrazó a sí misma. El frío ya la tenía harta, sus ojos comenzaron a cerrarse sin que pudiera oponer resistencia. "No... No quiero morir..."

Kronya quedó nuevamente inconsciente en el suelo. Byleth, Shez y Monica se miraron entre sí.

"¿Qué hacemos con ella?" Preguntó Shez. Le era imposible olvidar que en serio peleó a muerte contra esa rara chica en su primera misión en la Academia.

Monica seguía un poco sobrepasada por el encuentro, Kronya seguía siendo la asesina cruel que estuvo a nada de reemplazarla con la única misión de vigilar a la princesa Edelgard, pero verla así de débil e indefensa era difícil de ignorar.

"No podemos dejarla aquí", sentenció Byleth y miró a Monica. "Sé que debe ser complicado para ti".

"No negaré que lo es", musitó Monica.

"Y sé que también entiendes la importancia de mantenerla viva. Yo me encargo de ella por mientras, ustedes vuelvan a la Academia y avísenle a Edelgard sobre esto, es posible que Hubert conozca alguna manera de mantenerla quieta y que no dé problemas".

La maga se encogió de hombros, comprendía la decisión de Byleth, Kronya seguramente tendría información importante para su princesa. Suspiró hondo. "Primero compremos mantas para mantenerla cálida o morirá de hipotermia".

"Me sorprende que no la encontráramos congelada, mira la ropa que usa", comentó Shez con tono sorprendido. Y entre más la miraba, más detalles podía notar. "Ese siempre ha sido su tono de piel, ¿verdad? La recuerdo de la primera vez que peleamos". Era un tono de piel casi grisáceo, un tono similar al de Solon ahora que excavaba un poco más en sus memorias.

"Prometo que te explicaremos todo, Shez. Vamos a comprar las mantas y volvamos rápido al monasterio, la profesora tiene que regresar antes del toque de queda", y lo último que Monica quería era otra confrontación con Seteth.

Y Shez obtuvo la explicación prometida esa misma noche antes de la hora de dormir.

Hubert siempre tenía agentes de los Vestra al alcance de un hechizo mensajero y estos fueron a encontrarse con Byleth para llevarse a Kronya a un sitio seguro. Edelgard dio la orden de mantener viva y segura a la chica, no iba a ser ella quien echara por la borda la bondad mostrada por su profesora. Además, Edelgard en parte le debía a Kronya el no haberse dejado matar, si Solon hubiera logrado su objetivo entonces no habría manera para la princesa de deslindarse de eso, su arma quedaría al descubierto y su plan a largo plazo se hubiera echado a perder.

Sentía que le debía eso a Kronya y Edelgard no dejaba deuda sin pagar.

"¿Y qué harás con ella, Edelgard?" Cuestionó Shez.

"Primero, preguntarle qué ha pasado con el resto de las Serpientes", respondió la princesa de inmediato. "Por el momento nos hemos mantenido a distancia para que los Caballeros de Seiros no encuentren ni por accidente la presencia de los hombres de Hubert, pero es importante que sepamos cuántos monstruos siguen en pie".

"¿Tú estás bien con esto, Monica?" Fue la siguiente pregunta de la joven mercenaria.

"No puedo olvidar que ella iba a reemplazarme, pero tampoco debo ignorar el hecho de que ella probablemente no conoce otro modo de vida", Monica suspiró. "¿Viste su cara cuando la profesora le dio la carne y las galletas?"

"Sí, se notó que era la primera vez que las comía. Digo, yo no había comido galletas de repostería fina hasta que llegué aquí, pero sí conozco los dulces de fruta y la carne seca", agregó Shez. "Además, saber que eres desechable debe doler".

Desechable.

Edelgard comprendía ese sentimiento. A pesar de todo el esfuerzo que las Serpientes pusieron en darle el poder de la legendaria Cresta de Fuego, el saber que a Thales no le importaba ni un poco que ella hubiera muerto en el ataque de la Bestia Demoníaca que planeaba soltar... Eso la tenía posicionada en el mismo escalón que Kronya.

Un arma. Una herramienta. Un objeto hecho para cumplir con un propósito antes de ser desechado.

En realidad, Edelgard no era muy distinta de Kronya.

"Hay muchas cosas de las que aún debo ponerte al tanto, Shez, pero no es el momento, lo lamento".

La mercenaria sonrió e hizo un movimiento con la mano para indicar que estaba bien. "Hey, con lo que me confiaste tengo para rato y ya dejaste en claro que es para mantenerme segura. Además todo esto suena complicado y peligroso y admiro que puedas con tanto. Yo sólo soy una mercenaria y tendremos un contrato cuando acabe el año escolar, ¿o no? Puedo esperar hasta entonces, por mientras seguiré mejorando para ser la mejor mercenaria que vas a contratar jamás. Valdré cada moneda que me vayas a pagar, lo prometo".

"Muchas gracias, Shez".

"¿Nos vamos a dormir, Monica? Ya casi es hora del toque de queda".

"Enseguida te alcanzo".

"De acuerdo".

Shez salió del dormitorio de la princesa y se pudo escuchar cuando se despidió de Hubert. Hubo silencio unos segundos antes de que Monica suspirara hondo una vez más.

"Prometo tratar el tema de Kronya con mesura, Lady Edelgard, no es que la quiera muerta ni nada de eso, es sólo que..."

Edelgard tomó las manos de Monica con toda la intención de relajarla. "No tienes que estar cerca de ella, te protegeré, no te preocupes. Sé que tú eres una de esas personas que simplemente no pueden olvidar, estoy segura que recuerdas bien todo por lo que tuviste que pasar mientras estuviste encerrada".

Monica tragó saliva, su gesto se descompuso un poco mientras sentía la calidez de las manos de la princesa, incluso con los guantes de por medio. "Lady Edelgard..." No tardó en apretar los párpados y negar muchas veces con la cabeza. "Si usted pudo lidiar con Thales por mucho tiempo luego de todas las monstruosidades que sufrió, entonces yo puedo con esto".

"Monica..."

"No niego que cuando veo a Kronya recuerdo todo lo que pasó en mi encierro, pero tampoco es como si me hubieran torturado o algo... Digo, me iban a matar pero al final no pasó y estoy aquí... Y ahora que sé que Kronya es desechable para esos monstruos y que la hubieran matado cuando ya no la necesitaran me hace sentir... Triste".

Edelgard sonrió. "Eso es porque eres una persona maravillosa, Monica".

La maga se sonrojó de manera intensa. "Milady..."

"De todos modos nada indica que debas estar cerca de Kronya a futuro, decidiré con Hubert qué hacer con ella en base a lo que nos pueda decir".

"¿Y una vez que les diga todo, qué harán con ella?" Preguntó Monica con seriedad.

"Bueno, eso ya lo veremos, por el momento te puedo asegurar que no tengo intenciones de ser como las Serpientes, por eso he hecho todo lo posible por apartarme de ellos, porque no quiero ser el monstruo en el que trataron de convertirme".

Monica sonrió. "Usted nunca será un monstruo, Lady Edelgard, usted está destinada a grandes cosas y yo quiero estar ahí para atestiguar cuando cambie la historia".

Fue el turno de Edelgard de sonreír.

~o~

El cumpleaños de Marianne fue tan animado como la chica lo permitió, aún tenía problemas en aceptar que sus compañeros se le acercaran demasiado pero no por ello escapó ni se mostró reacia a recibir los regalos, todo el tiempo tuvo una pequeña sonrisa en los labios.

La misión de limpieza de monstruos sería en un par de días y los alumnos de los Ciervos Dorados estaban listos. Además, según se sabía, algunos de esos monstruos tenían en sus cuernos, colmillos y hasta en sus huesos materiales que los herreros usaban para mejorar las armas. Era importante aprovechar todo lo que pudieran obtener cuando la oportunidad lo permitía.

Dimitri estaba en la Catedral, miraba a la gente llegar y rezar con fervor, con todo su corazón, sin saber que todo en lo que creían y basaban sus vidas era una mentira creada por un ser milenario que tenía controlado todo Fódlan desde las sombras.

Saber que Edelgard no mentiría con algo como eso lo hacía más difícil de sopesar.

Saber que Edelgard tenía pensado hacer algo al respecto, aunque Dimitri no estaba al tanto de cuál era su plan, lo tenía un poco ansioso y bastante pensativo.

Y saber que los Emblemas nunca fueron una bendición de la Diosa si no un poder robado, hacía que todo en lo que él mismo creía perdiera fuerza. En Faerghus los Emblemas dictaban qué personas tenían el derecho, el deber y el honor de gobernar al pueblo. El pueblo aceptaba esa regla. Por eso Miklan fue dejado de lado, por eso Ingrid seguía recibiendo cartas de su padre instándole a casarse en lugar de estar jugando a los Caballeros que servían a un rey, por que ella era la única de su familia con Emblema que podía seguir legitimándolos como una casa noble; Mercedes también recibía esas cartas de parte de su padre adoptivo, por cierto, ¿y porqué fue adoptada y aceptada en la casa Martritz? Porque tenía en su sangre el Emblema de Lamine, sólo por eso. De Annette también se esperaba que se casara y le heredara su Emblema a sus futuros hijos. Y de Sylvain muchas chicas buscaban su Emblema para poder acomodar a sus familias entre la nobleza de Faerghus.

Todo eso era un desastre...

"¿Qué piensas hacer, Edel?" Fue la pregunta que hizo Dimitri.

"Tratar de hacer de éste mundo un lugar mejor, para que nadie pase por lo que nosotros hemos tenido que pasar..." Fue la respuesta de la orgullosa princesa de Adrestia.

Para Dimitri era raro tener su mente en silencio luego de varios años de albergar en su cabeza las voces de los muertos hablándole todo el tiempo. Estar a solas con sus propios pensamientos era abrumador a momentos.

"Hey", le saludó una voz seria.

"Felix", Dimitri apreciaba la inesperada compañía y distracción. "¿Puedo ayudarte en algo?"

"Sólo quiero entrenar contigo antes de que te vayas en misión con los Ciervos", respondió Felix. "¿Vamos?"

"Vamos".

Ambos alumnos fueron camino a la plaza de armas, que por la hora tenía a los Caballeros novatos entrenando, pero tampoco que no fueran a tener espacio para entrenar.

"¿Seguirás trabajando en tu defensa?"

"Quedó claro que debo mejorarla, no pude derrotar a Edelgard en la batalla".

Felix refunfuñó. "Ninguno de los dos lo hicimos bien..."

"No me lo recuerdes..."

Ambos suspiraron de decepción al mismo tiempo antes de mirarse el uno al otro y sonreír, fue Dimitri quien cedió a una risa. Felix se sentía contento de ver que la bestia sedienta de sangre dentro de Dimitri se había ido. Fue un esfuerzo en conjunto de todos y buscaría la manera de agradecer a los profesores su intervención, porque no era como si su padre y el resto de los adultos en la capital fueran de ayuda a Dimitri luego del incidente, ninguno de ellos lo fue. Lo único que hacían esos inútiles era parlotear sobre el honor de los caídos y que debían cumplir con los sueños que ellos tuvieron en vida. ¡Vaya tontería! ¡Abandonar su camino y sueños por los de aquellos que ya no marchaban entre los vivos!

Para Felix, ver que Dimitri marchaba con los vivos y no entre los pasos de los muertos era maravilloso.

"Escucha, la princesa no es más veloz que yo, así que te ayudaré a defenderte mejor contra oponentes veloces".

"Y yo te atacaré cuando sea mi turno, para ayudarte a ser más ágil y resistente de lo que ya eres".

"Lo creas o no, he estado practicando con la cantante de las Águilas, también con la princesa de Brigid".

"Oh", Dimitri se mostró interesado. "¿Son buenas?"

"La cantante ataca y esquiva como si bailara, y la princesa extranjera es veloz como el viento, créeme".

"¿Me invitas cuando entrenes con ellas?"

Felix asintió. Ambos comenzaron a practicar, y entre estocadas y ataques, Dimitri decidió hacerle algunas preguntas a su amigo.

"Oye, Felix".

"Hmm".

"Es increíble que ellas dos sean tan hábiles y fuertes sin necesidad de un Emblema, ¿verdad?" Eso lo dijo en baja voz.

"No lo necesitan, todo se logra con disciplina y esfuerzo, y ellas se esfuerzan y trabajan mucho", respondió Felix.

"Entonces... ¿Estás de acuerdo en que Miklan por su esfuerzo y talento debería tener el lugar que le corresponde como primogénito?"

El espadachín refunfuñó. "Sylvain me contó que recién recibió una carta de su estúpido padre y le contó que Miklan está haciendo un buen trabajo defendiendo la frontera, pero que apenas Sylvain se gradúe, tiene que tomar el sitio y mejorar el trabajo de su hermano", explicó con enojo. "Vaya estupidez. No digo que Sylvain no sirva para ese trabajo, el idiota es un genio y sé que lo haría bien, pero su padre insiste en darle preferencia a alguien mucho más joven y menos experimentado sólo porque tiene el Emblema de la familia".

Al parecer, Felix también compartía el descontento general con respecto a las Crestas.

"¿Y a ti no te molesta tu Emblema?"

El espadachín se encogió de hombros. "De nada me sirve un estúpido Emblema que me da más poder de ataque, si no puedo conectar un ataque contra oponentes que lo valgan. Es día que no logro tocar un sólo cabello de nuestra profesora durante los entrenamientos".

"Justo como yo", rió el príncipe, una risa pequeña y apenada.

"Todas esas tonterías de las batallas honorables uno contra uno como se dice en los cuentos de caballería no sirven, no cuando es la segunda vez que una princesa que me llega al pecho y una cantante de apariencia inútil me derrotan trabajando en equipo", se quejó Felix.

"Si te sirve de consuelo, con la princesa me basta para ser derrotado".

Y ésta vez, Felix rió. Dimitri se sintió feliz de ver a su viejo y mejor amigo reír una vez más.

~o~

La misión de los Ciervos Dorados de ese mes fue exitosa, limpiaron los caminos aledaños al Monasterio de manera exitosa y los alumnos cada vez aprendían a guiar mejor a sus grupos sin que la profesora Byleth tuviera que intervenir, a menos que fuera necesario y la integridad de los alumnos estuviera en juego. Los materiales que recolectaron de las Bestias servirían para mejorar las armas predilectas de los alumnos.

Por su lado, los Caballeros de Seiros regresaron con una victoria a medias en las manos.

Arrasaron con la ciudad denominada como Shambhala, pero Solon y otros dos Generales Agarthanos escaparon junto con un puñado de sus hombres. Qué iban a saber los Caballeros de Seiros que se salvaron de caer junto con la ciudad, porque ninguno de los Generales restantes tenía el hechizo y el poder requerido para activar las más peligrosas armas con las que contaban: los gigantescos venablos de luz.

Los Caballeros se encargaron de sellar esas puertas para siempre bajo una montaña de tierra y rocas de las mismas montañas.

Rhea estaba satisfecha con el resultado de la misión que tomó Lunas enteras. El saber que Solon y otros Generales de cuidado seguían sueltos la tenía un poco ansiosa, pero les habían quitado la ciudad, a toda su gente y tenían el rastro mágico de Solon, sólo tendrían que esperar a que ellos decidieran asomarse una vez más para poder atraparlos.

Mientras ese momento llegaba, sus Caballeros merecían un descanso, sólo un terco Gilbert se negó a abandonar el Reino para seguir vigilando al regicida Rufus. Rhea no insistió a sabiendas de la delicada situación en el Reino. Alois, Catherine y Shamir regresaron a Garreg Mach el primer día de la Luna Etérea, justamente en el cumpleaños de Alois y ya los profesores estaban prestos para salir a celebrar con él al pueblo.

"¡Una caña nueva! ¡Me encanta! ¡Podré pescar chistes nuevas!" Exclamó el alegre hombre antes de reír ruidosamente ante su lamentable intento de broma. Ninguno de sus acompañantes dijo nada. "Muchas gracias, joven Byleth".

"Por nada", respondió una satisfecha Byleth. Sabía que la caña de pescar sería un éxito.

"Y gracias a todos por festejar conmigo, no podría pedir mejor compañía", agregó el Capitán.

"Soy yo a quien le gustaría tener una mejor compañía, pero ésta noche no hay mucho de dónde elegir", se quejó una ligeramente ebria Manuela mientras miraba a su alrededor. No había un sólo galán que le llamara la atención, sólo los pobladores de siempre que a esa hora pasaban a relajarse a la taberna. "No hay un sólo caballero que valga la pena".

"Si tuvieras más modales seguramente llamarías la atención de algún gentilhombre", la regañó Hanneman y señaló lo desalineada que estaba en ese momento por culpa de su borrachera en aumento. "Pero mira cómo estás ahora".

"¡Tú cierra la boca, vejete! Estás tan enamorado de tus Emblemas y tus libros, que nunca comprenderás el dolor de un corazón de mujer que anhela un buen amor".

Catherine rió a carcajadas mientras le daba unas palmaditas a Manuela en la espalda, procuró no ser brusca. "Oh, puedo presentarte a algunos compañeros si quieres".

"No te vendría mal una cita para el gran baile de la celebración de ésta Luna", dijo Shamir entre tragos. La única señal de que ya llevaba al menos media docena de cervezas era un ligero rubor en su nariz.

"¿Celebración?" Byleth, que hasta el momento bebía y comía en silencio, puso atención.

"Ésta Luna es el torneo de baile entre las Tres Casas, el día 16, te adelanto que debes elegir a alguien que represente a tus Águilas", avisó Catherine.

"Debo abstenerme de sugerirte a alguien para el torneo, soy jueza para el evento junto con Shamir y Alois".

"Y somos jueces muy severos, te lo advierto", continuó Alois. "Y el día 25 es la Celebración de la Fundación de Garreg Mach, habrá un gran baile donde alumnos y personal del Monasterio celebrarán", informó Alois.

"Un baile", Byleth frunció el ceño de manera apenas notoria.

"No te veo muy emocionada", comentó Catherine.

"No sé bailar", confesó la joven profesora.

A Shamir no le sorprendía el dato, con el poco tiempo que estuvo trabajando con el grupo del Quiebraespadas, supo que sus celebraciones después de cada batalla se limitaban a beber y comer hasta caer, algunos cantaban pero sólo como parte de la celebración. Incluso cuando había festivales en los pueblos y sus visitas coincidían, los mercenarios se limitaban a beber y comer, y a mal bailar cuando ya estaban ebrios. La pequeña Byleth sólo comía y observaba, normal que nunca aprendiera a bailar.

"Oh, bueno, puedo darte clases de baile, cariño, estoy absolutamente segura que los alumnos querrán bailar contigo", ofreció Manuela de inmediato. "Y tú no querrás desairarlos".

Byleth miró a Manuela con graciosa seriedad. "Por favor". A su mente llegó la súbita idea de bailar con Edelgard, eso sería fantástico. Sí, seguramente bailaría con muchos de sus alumnos, pero quería su primer baile formal con Edelgard. Ese sólo deseo hizo que sus mejillas se encendieran en un rojo que se podía esconder como parte de los efectos de la cerveza. "¿Tú sabes bailar, Shamir?"

"Sí, yo le enseñé", fue Catherine quien respondió antes que la arquera, para enseguida reír y abrazarla bruscamente por los hombros.

"Y admito que fue una buena maestra, lo suficientemente buena para que me elijan a mi en lugar de a ella como juez del torneo", agregó Shamir con parca malicia y pidió más cerveza.

"¿Y hay algún premio para quien gane el torneo de baile?" Preguntó Byleth.

"Además del reconocimiento público, recibe una técnica especial que le permite dar más vigor y energía a sus compañeros para seguir combatiendo sin resentir el cansancio", explicó Alois.

"Por eso es importante saber elegir quién representará a cada clase, debe ser alguien que además pueda sacar el mejor provecho de esa técnica", dijo Manuela. Ella, como posibles elegidos, tenía a Claude y a Hilda, pero de todos modos consultaría a todos sus Ciervos por si alguien más quería intentarlo.

Por su lado, Hanneman tenía en mente a Mercedes y a Annette, pero incluso Dedue prometía ser un buen prospecto, el enorme chico no era un bruto en lo absoluto.

El resto de la celebración de cumpleaños siguió con más cervezas, comida y charla hasta entrada la madrugada. A ninguno de los profesores parecía preocuparle demasiado amanecer con una resaca de campeonato.

Por supuesto, los profesores reprochaban semejante decisión a sus Yo de la noche anterior.

"Profesora mía... ¿Estás bien?" Preguntó Edelgard con preocupación al verla sujetarse las sienes luego de terminar las clases y el entrenamiento del día.

"Fue una mala idea beberme toda la cerveza que no he podido beber en semanas", murmuró Byleth luego de sentir y resistir una nueva punzada de dolor.

Edelgard rió suavemente. "Pensé que al poderoso Azote Sombrío no le daban resacas".

"Las sufro también, soy humana, sólo que me sentí segura con Manuela y los demás y bebí más de la cuenta... Supongo que extrañaba ponerme ebria".

"No puedes beber mucho cuando celebras con nosotros, eso lo comprendo bien", agregó Edelgard con una sonrisa pequeña. "Si te sientes muy mal, deberías ir a descansar".

Byleth tenía muchas ganas de abrazar a Edelgard, pero estaban en medio de la plaza de armas donde muchos reclutas y novatos de los Caballeros de Seiros estaban entrenando. No era el mejor momento ni el mejor lugar. Los pensamientos de Edelgard no eran muy distintos de los de Byleth, por cierto.

"Anda, vamos a que te recuestes a tus aposentos, profesora mía, seguramente los demás entenderán que no estás en condiciones de unirte a nosotros para comer".

La profesora estuvo a punto de negarse pero lo pensó mejor. Así como estaba no disfrutaría de las actividades que le gustaba compartir con sus alumnos, aceptó.

"Discúlpame con los demás cuando vayas al comedor".

"Lo haré. ¿Está bien si te acompaño?"

Byleth asintió a la pregunta de la princesa y ambas caminaron juntas. Edelgard desde hace tiempo tenía curiosidad de conocer los aposentos de su profesora. Normalmente los alumnos no iban a esa zona del monasterio, no que lo tuvieran prohibido pero tampoco era lo usual. Byleth la llevó hasta la zona cercada por piedra, plantas y un hermoso trabajo de herrería. Los cuartos eran un poco más grandes que los dormitorios de los alumnos, había un hermoso jardín al frente.

La sorpresa de la princesa fue agradable al ver el cuarto de su profesora, estaba relativamente ordenado, había bastantes libros y su arco descansaba en el muro junto a la cama.

"Por cierto, Edelgard".

"Dime".

"¿Qué harán con esa chica Kronya? Sólo por curiosidad", preguntó Byleth mientras comenzaba a quitarse el abrigo y el remedo de armadura que usaba.

Edelgard se sonrojó al verla, pero no que alejara la mirada. "Los hombres de Hubert la llevaron a Enbarr, la tienen bajo vigilancia en una celda cálida y cómoda, tendrá la mejor comida que le podamos ofrecer. No fue necesario forzar ninguna respuesta, ella dijo todo lo que sabía".

"Me alegra escuchar eso", murmuró la mercenaria mientras quedaba solamente en sus shorts, sus medias floreadas y su camisa corta que poco dejaba a la imaginación.

La pobre princesa tragó saliva. "Eres mala, profesora mía".

Byleth dibujó una pequeña sonrisa. "Me has visto desnuda".

"Ese no es el punto".

Sin hacerla esperar más, Byleth se acercó a Edelgard para poder besarla de manera lenta, profunda y suave.

"No puedo hacer más, la cabeza me está matando, pero te besaré todo lo que quieras cuando nos duchemos".

"No es necesario que vayas hoy, descansa".

"De acuerdo".

Compartieron unos besos más antes de que Edelgard fuera quien detuviera el íntimo momento para arropar a su profesora.

Ya que habían tomado el tema de Kronya, Edelgard estaba dispuesta a escuchar la historia de esa chica y, quién sabe, esperar que ella aprovechara la oportunidad que le estaba dando el destino para poder vivir una vida de verdad. También debían confirmar cómo les fue a las Serpientes luego del ataque de los Caballeros de Seiros.

CONTINUARÁ...