PARTE 33 Herejía
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La Celebración estaba a la vuelta de la esquina. Trabajadores del Monasterio vestían de gala la enorme sala de recepciones, las mesas eran cubiertas por blancos manteles, los cocineros preparaban los mejores platillos para la ocasión y botellas de vinos espumosos se colocaban junto con largas copas de cristal. La misma orquesta que tocó durante la competencia de Baile sería la misma que daría vida a la celebración, los músicos afinaban sus instrumentos y hacían ensayos de las piezas que interpretarían esa noche.
Ese día no hubo clases pero tampoco que los alumnos tuvieran que prepararse mucho, usarían sus uniformes limpios de temporada y sus espadas ceremoniales. Las alumnas pensaban usar maquillaje y perfumes y varias de ellas buscaban a una reacia Ingrid, la caballero pegaso no era muy amena a usar maquillaje y sus amigas la estaban cazando para dejarla linda.
Byleth, por su lado, aprovechaba su día libre para platicar con Shamir. Ya que habían "socializado" lo suficiente ante los demás, podían volver a hablar como antes. Compartían una taza de café en una de las mesas de los jardines. Platicaban en dagdano y procuraban voz baja, había cosas de las que Shamir se sentía curiosa pero de las que nadie más necesitaba escuchar.
"¿Y cómo ha ido tu asunto con Rhea?" Preguntó la arquera mientras disfrutaba del amargo sabor de la bebida. Regalo de Byleth, por cierto. La chica seguía siendo tan detallista como cuando era adolescente, con la diferencia que ahora malgastaba el dinero que le daba el Monasterio y no la paga que recibía de su padre. "¿Ya no ha estado encima de ti?"
"No. Hace tiempo que no hablo directamente con ella, con quien veo todos los asuntos de las clases y las misiones es con Seteth", respondió Byleth igualmente entre tragos pequeños al café. "La última vez que se dirigió a mi fue después de la misión en Remire, pero fue para calmarme... Casi le di un puñetazo a Seteth".
La arquera no se mostró sorprendida al escuchar eso. "No tienes ideas de cuántas veces yo he querido hacer lo mismo. Esa misión fue un desastre".
Byleth asintió. "Al menos el sitio ya está reconstruido y las personas tendrán tiempo de sanar, he escuchado que más gente se está mudando a la villa para recuperar su población. Me alegra".
"A mi también".
Las dos bebieron más café.
"En las próximas misiones que tengan, Alois, Catherine y yo estaremos ayudándoles. Normalmente es así, alguno de nosotros debió asistirlos en la misión de Remire, pero tuvimos que ocuparnos de otras misiones importantes", explicó la arquera sin entrar en detalles.
"Comprendo. Quiero verte de nuevo en acción".
"Y yo quiero ver cuánto has mejorado con el arco luego de despedirnos".
"Lo suficiente para que mi padre me diera su arco".
Shamir abrió más los ojos. "¿Hablas del Arco de Zoltan?"
"Sí, ese mismo".
"No entres en detalles o comenzaré a sentir envidia".
Byleth hizo silencio unos segundos mientras bebía más café. "Te lo puedo prestar después".
"Por favor".
Antes de que alguna pudiera seguir con su tema de conversación, alguien más se asomó a la zona de recreo.
"Oh, profesora, lamento mucho interrumpir", se disculpó Flayn apenas notó a la arquera. "Sir Shamir, buenos días".
"Buenos días, Flayn".
"Puedo volver en otra ocasión".
"¿Nos acompañas con una taza de café?" Ofreció Shamir. "Puedes ponerle tres cubos de azúcar como ella".
Flayn juntó sus palmas con emoción y miró a Byleth. "¿Puedo?"
Byleth asintió. "Siéntate". Era bueno ver a Flayn, su hermano era demasiado sobreprotector en ocasiones. Pudo notar que los alumnos quisieron acercarse a ella para saludarla pero no tuvieron oportunidad. Ella misma le sirvió una taza de café a Flayn y ésta decidió beberlo tal como estaba: amargo. Le gustaba experimentar sabores nuevos.
"¿Estarás en el baile de hoy?" Preguntó la arquera.
"¡Por supuesto! He preparado mi mejor vestido y espero poder bailar muchas piezas", dijo la chica aún con viva emoción. "Seguramente bailaré primero con mi hermano, pero me encantaría bailar con ustedes también".
"Será un honor", respondió Shamir.
Byleth volvió a asentir. "He visto que están llevando muchas bebidas al salón, ¿de verdad dejarán que los estudiantes beban?"
"Sí, es la única noche del año escolar que lo permiten. Los alumnos tienen permitido hacer algunas cosas prohibidas, como colarse a la Torre de la Diosa", comentó la arquera.
"Y es tan romántico", agregó Flayn luego de beber un poco más de café.
"¿Romántico? ¿De qué hablan?" Byleth sonaba curiosa. "Pensé que nadie tenía permitido acceder a la Torre", sólo la había visto de lejos y la puerta siempre parecía estar cerrada. Sólo la Arzobispa podía entrar a esa Torre por lo que había escuchado.
"Oh, es cierto, aún no conoces todas las costumbres de Garreg Mach", recordó Flayn. "Se dice que ésta noche en especial, si vas a la Torre de la Diosa y pides un deseo, es seguro que la Diosa te cumplirá ese deseo. La parte romántica viene ahora, se dice que la persona con la que te encuentres esa noche en la Torre y pidan un deseo al mismo tiempo, se convertirá en una persona especial para ti".
"Oh", Byleth definitivamente tenía que visitar la Torre esa noche. Su mente rápidamente se fue a la imagen de Edelgard. Ella debía estar preparándose para la celebración junto con sus compañeras, Edelgard en especial cuidaba mucho de su imagen y sobre todo de su cabello, no era mucho de maquillaje pero sí procuraba oler a flores y mantener su cabello brillante y sus blancos guantes impecables.
Quería ver a Edelgard.
Por su lado, la princesa estaba en su habitación aplicándose algunos aceites aromáticos en el cabello, aceites especiales que además la ayudaban a evitar la resequedad y a protegerlo del frío. No estaba sola, desde luego, el resto de las Águilas estaban ahí. Una elegante Dorothea ayudaba a trenzar el cabello de Petra, durante esos días aprendió a hacerlo siguiendo sus instrucciones y se encargaba de colocarle algunos aceites de flores también. Bernadetta estaba bañada y más o menos peinada y ninguna de sus compañeras le pedía más, bastaba con que estuviera ahí para bailar con ellas un par de canciones y ya. Shez se peleaba con su propio cabello, lo cepillaba con ayuda de Monica. Monica estaba lista, elegante y preparada para pedir al menos un baile a su princesa.
Y por lo que sabían, Linhardt prometió que Caspar iría presentable, Ferdinand se alistaba con sus mejores galas y Hubert incluso se estaba tomando el tiempo para rasurarse y cortar su cabello. Todos ellos bailarían con sus compañeras.
"Listo, deja de alborotarte el cabello, ya te ves bien", dijo Monica, tomando a Shez por los hombros y dejándola verse al espejo.
"¡Genial! Gracias, Monica. Tú también te ves genial", agradeció Shez.
"Es una de las ventajas de tener el cabello corto, es más fácil y rápido de arreglar. Sólo me puse unas esencias de flores".
"Hueles bien".
"Quien también está lista es nuestra querida Petra", anunció Dorothea con voz orgullosa, dejó que todas admiraran a la princesa de Brigid. "¿Qué tal?"
"Petra siempre luce muy bonita", dijo Bernadetta de inmediato, estaba en la cama de Edelgard abrazando uno de los osos de peluche de la princesa. "Pero ahora se ve mucho más bonita".
"No puedo estar más de acuerdo con eso", comentó Edelgard.
"Yo agradezco mucho sus palabras", murmuró una sonrojada Petra. "Dorothea ayudó a verme bien".
"Es sencillo trabajar con una chica linda", la cantante encaró a la princesa de Brigid, no soltaba sus hombros. "Y tú definitivamente eres linda", le guiñó un ojo al decir eso.
Petra se sonrojó de manera intensa. Para las demás chicas en el cuarto era más que evidente la coquetería de Dorothea hacia Petra. De hecho, en esas últimas semanas notaron que Dorothea había dejado de salir en citas con soldados y caballeros del monasterio, como si su importante plan de encontrar una buena pareja para asegurarse un futuro ya no fuera tan prioritario.
"Tú bailar primero conmigo, ¿verdad?" Preguntó Petra.
"¡Por supuesto! Soy una chica de palabra", aseguró la cantante con toda la propiedad posible antes de revisar al resto de sus amigas, todas lucían hermosas. "Sólo debemos esperar un par de horas hasta el gran evento. ¿Hay alguien con quien quieran bailar primero?" Por supuesto, era hora de la plática de chicas.
"Puedo esperar por mi turno para bailar con Lady Edelgard", respondió Monica de inmediato.
"Creo que todas aquí queremos un turno para bailar con ella", agregó Shez con una sonrisa y enseguida miró a la princesa. "¿Qué se siente ser tan popular?"
Edelgard se sonrojó. "Bailaré con todas, lo prometo. Pero quiero tener mi primer baile con alguien en especial", lo mejor era dejar ese punto en claro para que nadie más pidiera su primer baile.
Y no era necesario que la princesa mencionara a quién había elegido para tal honor, todas ahí lo sabían.
"Por supuesto, haremos fila para bailar con la profe Bylie", comentó Dorothea. "Los alumnos de las otras Casas querrán bailar con ella también".
"La profesora es muy popular, es normal", comentó Monica. Tampoco le molestaba esperar su turno para bailar con ella. Y ya que hablaban del gran evento. "¿Tienen planeado ir a la Torre de la Diosa?"
Sólo Petra y Shez pusieron cara de confusión al notar a las demás ponerse graciosamente nerviosas.
"¿No se supone que ese sitio está prohibido? Escuché que sólo la Arzobispa y su gente tienen permitido ir ahí", comentó la mercenaria.
"Yo escuchar lo mismo", agregó Petra.
"Oh, bueno, esa noche en especial dejan las puertas de acceso sin llave y es normal que los alumnos se cuelen a la Torre, sobre todo cuando la leyenda reza que la persona con la que te encuentres esa noche en la Torre, será una persona muy especial para ti", contó Monica. "Yo no fui a la Torre cuando estuve el curso pasado, no fui demasiado cercana a nadie". Tampoco podía dejar de lado el resto de la leyenda aunque nadie en ese cuarto sintiera mucha fe hacia la Diosa. "También se dice que si pides un deseo en la Torre de la Diosa en ésta noche en especial, se cumplirá".
Y justo como la maga supuso, ese agregado no levantó mucho interés en las presentes.
"Dejando el asunto del deseo a la Diosa de lado", continuó Dorothea, "suena muy romántico tener un encuentro en un sitio tan secreto y prohibido".
Y ese punto en especial hizo que la imaginación de Edelgard volara un poco lejos, pero no estaba segura de si su profesora estaba al tanto de esa leyenda en especial. Ella misma conocía una historia que involucraba la Torre de la Diosa como escenario de un encuentro.
"¿Habrá de comer en la celebración?" Preguntó Shez de repente mientras se sujetaba el estómago. "Tengo hambre".
"Sí, habrá un banquete luego del brindis y del baile inicial", respondió Monica de inmediato. "Pero aún faltan unas horas para eso, ¿les parece si bebemos té y comemos unos postres para entretener el estómago? Algo que no nos quite mucho apetito para el evento".
"Tengo algo de té aquí", ofreció Edelgard.
"Voy al comedor por unos postres", dijo Shez y salió corriendo.
Aún tenían tiempo antes del gran evento.
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La enorme sala de recepciones estaba lista, la orquesta se encontraba en una esquina y los músicos sólo esperaban la señal para comenzar a tocar. Alumnos, profesores y personal del monasterio en general estaban ya reunidos en el sitio y listos para comenzar con la celebración. El brindis fue dirigido por la Arzobispa Rhea, que agradecía a la Diosa por un año más de la fundación de Garreg Mach, cómo éste servía como un importante corazón para todo Fódlan. Rhea animaba a todos a seguir haciendo un gran trabajo, instó a los alumnos a sacar todo el provecho de la oportunidad que tenían por haber entrado a la Academia de Oficiales, e hizo un rezo a la Diosa para que siguiera velando por toda la gente de Fódlan.
Todos levantaron sus copas cristalinas llenas del mejor vino y brindaron junto con ella.
La música de la orquesta comenzó a sonar con un suave pero festivo vals que invitaba a bailar, claramente todos esperaban a que alguien diera el primer paso y abriera el baile.
Edelgard se ajustó bien los guantes, el brindis le pasó completamente de largo, su mirada estaba más atenta a su profesora que, para sorpresa de nadie, se presentó al evento vistiendo su ropa de siempre; a favor de Byleth, su ropa estaba limpia y su (escasa) armadura brillaba como si recién la hubiera pulido. Se diferenciaba rápidamente de su par de colegas. Manuela vestía su mejor vestido, un maquillaje que resaltaba de elegante manera y una presencia fuerte. Hanneman vestía su mejor traje y un elegante pañuelo, había recortado su barba e incluso el monóculo en su rostro brillaba. Y junto a un par de respetables profesores se encontraba Byleth, enfundada en su ropa de siempre.
Y antes de que la princesa de Adrestia diera un paso más, Byleth la miró fijamente antes de ser ella quien diera los primeros pasos para cruzar lo que ahora era la pista de baile, pasos firmes y la mirada al frente, no perdía de vista a Edelgard y ésta tragó saliva mientras se preparaba para lo que estaba por pasar.
"¿Me concederías la primera pieza?" Pidió Byleth en firme voz mientras estiraba su mano hacia la princesa y hacía una respetuosa y ligera reverencia. No despegaba sus ojos de los de Edelgard.
"Me encantaría", respondió Edelgard con un respiro y tomó la mano de Byleth. Lo siguiente que sintió fue como su profesora la guiaba al centro de la pista de baile, la sujetaba con firmeza y era ella quien tomaba el control del baile. "Profesora mía..." La princesa sujetó la mano y el hombro de su profesora y simplemente se dejó llevar.
"Gracias, Edelgard".
El siguiente en tomar la pista de baile fue Dimitri, que fue directo con la profesora Manuela y le pidió el primer baile. La sanadora aceptó, gustosa. El príncipe de Faerghus les debía mucho a los profesores, pero principalmente a la profesora Manuela, que fue quien identificó y supo cómo atacar a los fantasmas que se aferraban a la cabeza de Dimitri. Aún tenían reuniones semanales y ella seguía al pendiente de su bienestar. Eso era algo que quizá Dimitri nunca iba a poder pagar.
"Muchas gracias por todo, profesora Manuela", agradeció el príncipe de Faerghus con voz seria y cálida.
"Lo hago con gusto, querido. Ahora bailemos, anda, que muchas personas quieren bailar contigo", rió Manuela. "Gracias por el primer baile".
"Al contrario, le agradezco que me diera el honor"
Por su lado, Claude debía esperar su turno para bailar con las profesoras, no creía muy adecuado bailar con el profesor Hanneman y decidió pedirle el primer baile a Hilda, quien felizmente aceptó. Dorothea, tal como prometió, bailó con Petra. Shez fue corriendo hacia Lysithea y le pidió un baile, sus compañeras le enseñaron a bailar, aunque Shez sin duda tenía un buen talento para el baile y el vals no fue un reto. Todos los alumnos no tardaron en encontrar pareja, incluso Marianne fue llevada a la pista de baile por un siempre correcto Lorenz. La pobre Bernadetta casi fue arrastrada por Caspar pero Linhardt la rescató y fue él quien bailó con ella después de prometerle a Caspar bailar con él después. Caspar, entonces, decidió sacar a Monica a bailar. Las Águilas Negras no tenían empacho en bailar chicos con chicos, así como lo hacían chicas con chicas, por lo que Hubert bailó la primera pieza con Ferdinand y a ninguno le importó llamar un poco la atención.
Byleth miró a sus alrededores y sonrió de manera suave al ver la pista llena con sus alumnos y sus colegas profesores. También personal del monasterio se unió, pudo ver a Shamir con Catherine, mientras Seteth bailaba con Flayn, Alois compartía el primer baile con una trabajadora del monasterio y... ¿Acaso Jeritza estaba bailando con Mercedes? Eso fue sorpresivo.
Pero la atención de la joven profesora rápidamente regresó a Edelgard, su sonrisa se hizo un poco más visible.
"Bailas muy bien", comentó una cálida Edelgard. Su corazón latía con fuerza mientras disfrutaba de manera consciente del firme agarre de Byleth en su cintura. Sus cuerpos estaban bastante cerca y el ridículo busto de su profesora pegado a ella. Podía percibir el aroma a flores y a su ropa limpia, incluso notó que se cortó un poco el cabello, pero a saber cómo o quién se lo cortó, porque se notaba desnivelado. Y eso era parte del encanto de su profesora. "En serio dominas muchas habilidades".
Byleth negó. "Nunca he bailado, ni siquiera en festivales de pueblos. Manuela, Shamir y Catherine me enseñaron a bailar vals", aclaró la profesora de inmediato. "He estado practicando éstas noches que he salido con ellas".
Edelgard soltó una risa pequeña. "A veces me pregunto si realmente duermes, haces muchas cosas todos los días".
"Me gusta hacer cosas, me gusta estar ocupada", respondió Byleth y enseguida se acercó para hablarle a la princesa al oído. "Me gusta contarte sobre lo que hago y compartir contigo lo que sigo aprendiendo".
Edelgard sentía tantas ganas de besarla... Pero no era el momento ni el lugar. Lo haría después.
"Y yo sigo aprendiendo mucho de ti, profesora mía, quiero seguir aprendiendo más".
"¿Y cómo van tus planes?" Preguntó Byleth, refiriéndose a los otros planes de la princesa.
"Viento en popa".
"Me alegra".
Byleth hizo girar a Edelgard al ritmo de la música, sin soltar su cintura y sus dedos rozándola de delicada manera. La princesa podía sentir el cálido tacto de su profesora y tuvo que contener un suspiro y un gesto enamorado. Ambas siguieron bailando en silencio, sus miradas sin despegarse hasta el final de la música. El vals terminó y todos aplaudieron, todos menos ellas dos, que se quedaron perdidas en los ojos ajenos.
No hubo tiempo para más. Rápidamente Byleth y Edelgard fueron abordadas por otras personas para bailar la siguiente pieza, y luego la siguiente, y la siguiente, proceso que se repitió hasta bien entrada la noche.
Byleth tuvo que aprovechar una oportunidad para escapar de la sala de recepciones y tomar algo del aire fresco de la noche. No estaba acostumbrada a las multitudes de ese tamaño a menos que fuese una batalla, se sintió un poco sobrepasada luego de varias docenas de bailes y necesitaba tomar un respiro. Se recargó contra el tronco de un árbol al costado del sendero mientras cerraba los ojos y respiraba hondo, sólo necesitaba unos minutos para recuperarse.
Y entonces, a lo lejos, vio algo: la Torre de la Diosa. De inmediato recordó lo que le contaron sobre ese sitio y decidió ir a explorarlo por primera vez. En parte lamentaba no poder haber platicado con Edelgard de la Torre. La parte de las oraciones a la Diosa no le era muy importante, pero el detalle de compartir un sitio especial con una persona especial era un escenario más prometedor. El escenario perfecto para el beso que tanto deseó darle durante su primer baile juntas. Vio a Edelgard bailar con el profesor Hanneman para el momento en que escapó de la celebración.
Pasados unos minutos, ya con el cuerpo lleno de aire fresco, Byleth se dirigió a la Torre de la Diosa guiada solamente por simple curiosidad, nunca había entrado ahí, era uno de esos pocos sitios del Monasterio en los que no había puesto pie. Los otros lugares eran los edificios meramente administrativos que se encargaban de los asuntos de la Iglesia, Byleth no tenía ningún asunto ahí.
La Torre de la Diosa se levantaba entre el oscuro paisaje, no había nadie cerca ni dentro de la Catedral.
El paso de Byleth no sonaba, sus pasos siempre fantasmales.
Al llegar al tan especial sitio, descubrió que la puerta estaba sin llave y se animó a entrar, era un sitio realmente antiguo, se notaba en los muros. Subió los escalones, mirando el paisaje por las ventanas. Y al llegar a la cima, la vio.
"Edelgard..." Murmuró Byleth mientras su corazón daba un salto.
Alumbrada por la luz de la luna que entraba por las enormes ventanas, estaba Edelgard mirando el sitio con ojos cálidos.
"Oh, profesora mía", el corazón de la princesa también saltó de emoción al ver a su profesora, de inmediato se acercó a ella y tomó sus manos. "¿Qué te trae aquí?"
"Me contaron sobre unas leyendas de ésta Torre, sentí curiosidad y vine y... No tuve tiempo de contarte sobre eso después de nuestro primer baile", explicó Byleth.
"Oh, ¿entonces escuchaste sobre los rezos y que si te encuentras con alguien aquí, te espera algo especial con esa persona?" Preguntó Edelgard con una sonrisa, su profesora asintió mientras estrechaba sus manos con cariño. "Yo ya sabía esa historia, mis padres se conocieron aquí".
"Oh", Byleth puso un gesto curioso pero tampoco la presionó para seguir con la historia, no fue necesario, ella continuó.
"Mi madre era una estudiante de la Academia, mi padre estaba de visita y... Bueno, ya sabes que la realeza tiende a conseguir varios consortes para asegurar descendencia, esa es la razón por la que tuve tantos hermanos", medio hermanos en realidad, pero Edelgard los consideró como hermanos verdaderos y los amó como tales. "La conexión entre ellos fue inmediata y me atrevo a pensar que sus sentimientos de amor fueron genuinos".
Byleth sonrió. "Es una historia linda".
"No creo que rezarle a la diosa realmente logre algo", comentó la princesa mientras miraba el cielo estrellado por la ventana. Y no lo decía sólo por decir, en esas frías noches en el calabozo rezó tanto a la Diosa y a la Santa Seiros que a veces perdía el sentido del tiempo. Ni la Diosa ni la Santa Seiros respondieron, porque la Santa Seiros estaba ocupada controlando Fódlan y la Diosa hacía mucho que no estaba en ese mundo.
"¿Entonces está bien que demuestre interés en la otra leyenda?" Preguntó Byleth mientras cerraba toda distancia entre ambas y la sujetaba por la cintura. "No esperaba encontrarte aquí y... Aquí estás".
"Verte me hizo sentir feliz", murmuró la princesa, abrazándose al cuello de su profesora con ambos brazos.
Aún a esa distancia se podía escuchar la música que seguían tocando en la sala de recepciones, un sonido lejano pero suficiente para ser disfrutado e incluso bailado, porque eso comenzaron a hacer Byleth y Edelgard. Bailaban con pasos lentos, sus cuerpos pegados y sus rostros casi nariz con nariz de no ser por la diferencia de estaturas. El baile era íntimo, romántico y privado. Ambas podían sentir sus corazones latir cada vez más rápido.
"¿Entonces crees que tendremos algo especial en nuestro futuro?" Preguntó la princesa luego de unos segundos de silencio, sus ojos no dejaban de ver los de su maestra.
"Nos encontramos aquí sin planearlo, yo creo que sí", Byleth cada vez hablaba más cerca de Edelgard aunque eso la obligara a inclinarse un poco más, las puntas de sus narices ya se rozaban, se tocaban, sus alientos chocando.
"Me gusta como piensas, profesora mía", Edelgard quería sentirse más cercana a su profesora. "¿Puedo?" Preguntó, rozando sus labios con los de ella.
La única respuesta de Byleth fue besar a Edelgard mientras seguían bailando al suave ritmo del vals, un largo beso cálido y lo suficientemente profundo para que ambas pudieran saborear el sabor del vino en la boca ajena. Edelgard se dio el tiempo de acariciar el cabello desnivelado de su profesora, mientras que Byleth la sujetaba con firmeza por la cintura para pegarla a su cuerpo todo lo posible.
Poco a poco dejaban de bailar, el sonido de la orquesta lejana se vio opacado por el húmedo sonido de sus besos. Edelgard se perdía entre los brazos y los labios de Byleth y de pronto sintió su espalda contra el muro de roca más cercano y sus pies ya no tocaban el suelo. Sin pensarlo, Edelgard rodeó la cintura de su profesora con las piernas para tenerla tan cerca como fuera humanamente posible. El beso no paraba, al contrario, se volvía más hambriento, más profundo, más salvaje, más intenso.
"¿Cortaste tu cabello?" Preguntó Edelgard entre labios, entre besos que apenas la dejaban respirar.
"Sí, anoche antes de dormir", respondió Byleth, "usé mi cuchillo".
"Se nota", dijo la princesa con una risita, "me gusta cómo se ve".
"Gracias".
Más besos mientras ahora una de las manos de Byleth buscaba cualquier hueco en la ropa de la joven princesa, cualquiera le servía pero el uniforme era un enemigo poderoso. Sus labios, sin embargo, encontraron un espacio para besar en el cuello de Edelgard, y eso hizo. Besaba y halaba el cuello del uniforme haciendo más espacio. Byleth la deseaba, quería devorarla y Edelgard no estaba poniendo ninguna resistencia.
Al notar que Byleth tenía problemas peleando contra su chaqueta y que podría romper algún botón o cordón, Edelgard liberó una de sus manos para abrir al menos el cuello de su prenda. Sus cuerpos frotándose de manera desesperaba aumentaba el calor entre ambas, las ahogaba y la ropa comenzaba a estorbar, Byleth lo daba a saber por medio de sus manos y sus labios sedientos. Edelgard la mantenía pegada a su cuerpo mientras sentía los labios, la lengua y los dientes de su profesora devorar su piel al descubierto... La cuál no era mucha, así que tenían que arreglar ese problema.
Para darle a saber a su profesora lo que iban a hacer justo en ese momento, Edelgard deslizó el pesado abrigó de Byleth por sus brazos, claramente tratando de deshacerse de la prenda. Byleth lo entendió y se separó sólo lo suficiente de ella para dejar que el abrigo cayera al suelo con un ruido seco, recordándole a las presentes lo pesado que era. Al tener espacio suficiente, Edelgard rápidamente se quitó la chaqueta del uniforme y sus blancos guantes, prendas que pronto se unieron al abrigo en el suelo.
Piezas de armadura y otros accesorios comenzaron a caer uno a uno.
Byleth quedó en sus prendas ligeras, al menos de la cintura hacia arriba, Edelgard sólo sintió cuando su profesora decidió tomar el trabajo de personalmente desabotonar la prenda que aún cubría su pecho. La pieza de ropa no se fue, no era necesario, la mercenaria ya tenía espacio para trabajar. La princesa la dejó hacer lo que quisiera, y lo que Byleth quería era besar sus pechos, lamer sus cicatrices y marcar su piel con sus dientes. Edelgard podía sentirla y podía confiarle sus cicatrices a esos hambrientos labios.
"El..." Byleth gimió contra su cuello mientras sus manos masajeaban el par de lindos pechos de la princesa.
"Byleth... Sigue, por favor..."
Para la mercenaria, las palabras de la princesa eran órdenes.
Los besos seguían, Byleth no paraba de besar la piel de leche de la princesa y ésta, buscando sacar lo mejor de la situación, levantó la blusa de su profesora lo suficiente para liberar ese par de pechos que siempre le causaban tentación. Tuvo que imponerse físicamente para poder ser ella quien ahora se sirviera del cuerpo de la joven profesora. Y ésta lo permitió.
"El..." Byleth tuvo que quedarse quieta mientras Edelgard chupaba sus pezones y hundía sus dedos en la suave piel de sus pechos. La sensación era agradable, tuvo que morderse un labio mientras hacía poco y nada por contener sus gemidos.
Edelgard no se sintió contenta si no hasta sentir que Byleth jalaba un poco su cabello por culpa del placer que le estaba provocando. Su profesora no fue brusca, sólo se expresó de una manera que le dio a saber a Edelgard que podía seguir, que podía ser más intensa, que debía hacer una pausa o poder admirar sus gestos de placer. La princesa se sentía plena y contenta.
Princesa y mercenaria no tardaron mucho el buscarse para un beso más, sus labios realmente no podían estar separados por mucho tiempo. El tener que contenerse en sus demostraciones de afecto durante los días normales era complicado, hacía que los deseos se acumularan y, al menos, tenían la oportunidad de hacer algo íntimo una vez más.
Byleth, diestra como era, volvió a tomar el control y cayó de rodillas ante la princesa, adorandola, mirándola como si ella fuese lo que más brillaba esa noche, como si toda su atención estuviera en ella y nadie más. Edelgard se sintió temblar mientras la profesora le bajaba sus pantalones cortos y sus mallas rojas, dejando la más sagrada zona de su cuerpo al descubierto.
La profesora se lamió los labios y, apenas se encargó de liberar al menos una de las piernas de Edelgard, hizo que esa misma pierna descansara sobre su hombro para poder tener más espacio y atacar a la princesa con su boca.
Edelgard gimió con fuerza. El eco de sus propios gemidos la sorprendió un poco y temió ser escuchada, así que con una de sus manos se tapó la boca mientras la otra la tenía ocupada en el cabello de Byleth. La princesa quería ser la que tuviera la oportunidad de tocar más a su profesora pero ella fue más rápida, no que tuviera quejas, pero en serio quería tocar más su cuerpo, acariciar sus músculos, ahogarse en ese par de pechos y dejar a sus dedos sentir la más cálida humedad de la joven mercenaria.
Pero por el momento la princesa estaba a merced de su profesora y lo disfrutaría.
Pasados unos minutos, Edelgard sintió que los dedos de su profesora entraban en ella, primero uno y después un segundo dedo apenas estuvo lista. Y esos dedos que sabían lo que hacían, en combinación con una boca sedienta, le dieron un orgasmo tan intenso que ahora sí sintió la necesidad de gritarlo, de hacerle saber a esos muros que alguien la adoraba y le prodigaba esa adoración a punta de besos y caricias.
Edelgard casi cayó al suelo por culpa de una súbita debilidad en sus piernas, pero Byleth la atrapó en sus brazos y la dejó pegada a su cuerpo. Byleth le miraba con suavidad, con cariño mientras besaba su frente y su cabello.
"By..."
"Oh, me gusta ese apodo, El".
Edelgard tragó saliva, se sentía sedienta y sólo atinó a besar a Byleth mientras terminaba de recuperar sus fuerzas.
"Profesora mía, me gustaría que..."
Y de pronto Byleth la hizo callar mientras miraba hacia las escaleras que iban a los pisos inferiores. Edelgard no tardó en escuchar unas voces que venían desde el piso de abajo. Voces femeninas.
Se trataba de Dorothea y Petra, imposible no reconocerlas. Mercenaria y princesa se vistieron tan rápido como pudieron, temiendo que ellas subieran a ese piso, pero no sucedió. Ya un poco más cubiertas, Byleth y Edelgard se asomaron por las escaleras. Grande fue la sorpresa de ambas al ver que Dorothea tenía acorralada a la princesa de Brigid contra un muro mientras le cantaba al oído, podían saberlo porque la canción era apenas audible. Incluso a la distancia era posible notar que Petra temblaba de emoción mientras estaba aferrada a los hombros de la cantante.
Ese momento no era suyo para ver, así que ambas buscaron la manera de escapar de ahí sin ser vistas. Byleth tuvo que echar a Edelgard a su espalda, para enseguida hacer gala de sus mejores habilidades y escapar usando sus fantasmales pasos para pasar desapercibida.
Gracias a la leyenda, la Torre estaba llena de parejas que buscaron espacios para compartir un momento especial, por lo que su escape se convirtió en una inesperada aventura que tenía a ambas emocionadas de muchas maneras. De entre todas las parejas que vio Edelgard ahí, a quien no podría olvidar era a Lysithea poniendo un gesto de genuino contento mientras tenía a Shez sujeta de la mano.
Apenas sintieron el aire fresco de la madrugada golpearles el rostro, Byleth y Edelgard suspiraron de alivio al mismo tiempo.
"Admito que eso fue emocionante", murmuró Edelgard apenas puso ambos pies en el suelo. "Creo que no fuimos las únicas que tuvieron la suerte de encontrarse en la Torre de la Diosa".
Byleth se llevó una mano al mentón. "No sé si exista esa diosa, pero si es verdad que ve todo, quizá no fue correcto hacerte todo eso en su Torre".
Edelgard no evitó una risa divertida. "Felicidades, ahora eres oficialmente una hereje como yo... Y como las otras parejas ahí adentro que quizá no puedan contenerse como nosotras".
"Bueno, Shez parece ser muy respetuosa con Lysithea".
"Pero la que no parecía muy respetuosa era Dorothea con Petra".
Ambas se miraron un poco más antes de reír. Edelgard tomó a su profesora de la mano y la animó a salir de ahí. Aún no decidían si volver a la fiesta o ir a otro lado.
"Me encantaría tener la oportunidad de poder tocarte", murmuró la princesa.
Byleth sólo sonrió. "Después, lo prometo".
CONTINUARÁ...
