PARTE 38 La Diosa y el Demonio
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Byleth poco a poco estaba cayendo en los silencios que llenaban sus días después de la muerte de su padre y antes de entrar a la Academia. Escuchar su propia voz comenzó a ser cansado, así que siguió repitiendo cual mantra las fechas de cumpleaños y los regalos favoritos de sus alumnos pero ahora con susurros que apenas si salían de entre sus labios. No dejaba de moverse, temía que la Diosa que dormía en el trono pudiera aprovecharse de su descuido y tomar control de su cuerpo, así que no paraba de moverse.
Eventualmente, Byleth se volvió el silencioso demonio que recorría Fódlan en busca de un trabajo que le permitiera comprar cerveza y pan, la carne y el pescado se los procuraba ella misma. Pero ahora no podía beber cerveza, tampoco comer pan, no podía pescar y tampoco atestiguar el bullicio de las tabernas, de las plazas y de los mercados.
Ese sitio la estaba acorralando con el silencio. Lo único que evitaba que sus alrededores fueran un perfecto vacío era el alto trono con la Diosa dormida.
Byleth estaba perdiendo el sentido del tiempo y eso la tenía sobrepasada, así que trataba de calcular qué cumpleaños estaba cerca, qué podrían estar haciendo sus alumnos, si Shamir le estaba dando un buen uso al arco, si Flayn ya había hecho nuevos amigos entre los alumnos del nuevo año escolar. Byleth trataba de llenarse la cabeza de todos esos escenarios.
Lamentablemente para la mercenaria, la Diosa despertó una vez más y tenía un gesto aburrido.
"Ya has estado jugando demasiado, Demonio, quizá debamos terminar con esto y darte la paz que claramente necesitas", dijo la Diosa mientras se ponía en pie.
Byleth se puso en guardia. "No".
"Como si tuvieras palabra en esto", murmuró la Diosa y al siguiente instante apareció a un lado de Byleth, lista para someterla, pero para sorpresa suya, la chica esquivó. Eso la hizo refunfuñar. "Pelear es inútil, Demonio". Sothis extendió su mano y usó su poder para tratar de aplastar a la chica justo como la primera vez que se enfrentaron, pero ella nuevamente resistió y eso la molestó un poco.
Byleth estaba sobre una de sus rodillas, mirando a la Diosa y dándole a saber que seguía y seguiría peleando. Sothis bufó mientras mantenía el ataque mágico, y aunque finalmente pudo ponerla de cara al suelo, ya no sentía deseos de terminar con esa ridícula pelea. Odiaba pensar que el poder que tenía en ese momento no era ni una fracción de su verdadero poder. Y esa chica era increíblemente terca, su espíritu era demasiado fuerte.
La Diosa detuvo su ataque y regresó a su trono, mirando a la chica con enojo. "Depende de ti cuánto tiempo va a durar éste encierro, no podrás salir de ésta prisión hasta que mi poder empape tu cuerpo".
La mercenaria frunció el ceño. "Entonces nunca saldremos de aquí..."
Sothis le miró largamente. "'¿Acaso no quieres volver a ver a la chica que cumple años en la Luna de la Guirnalda? A esa que hace que pongas un gesto estúpido".
Byleth se sorprendió al darse cuenta que la Diosa le había estado poniendo atención durante todo ese tiempo, pero no pudo decirle nada, ella volvió a cerrar los ojos, ignorándola a partir de ese momento. Parecía estar durmiendo de nuevo.
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Saber que su profesora fue abducida por la Arzobispa (¡transformada en un dragón!) hizo que los alumnos de los Leones Azules se fueran de Garreg Mach con preocupación en el pecho y la incertidumbre sobre lo que pasaría con ella, Dimitri les dijo que no tenían los medios ni el poder de ayudar a Byleth en ese momento, pero que su profesora estaría a salvo hasta que ellos pudieran ayudarla. Los Leones Azules sabían lo que significaría que ellos en especial se enfrentaran a la Arzobispa, el Reino dependía de la legitimidad que le otorgaba la Iglesia, los pobladores del Reino eran extremadamente devotos y el conflicto interno sería un desastre.
Shamir y Catherine hicieron bien en detenerlos aquella vez.
Sólo podían aferrarse a que su profesora al menos seguía con vida. Los recién graduados tenían un asunto más importante del cual encargarse: el tío de Dimitri, Rufus, logró escapar del encierro y organizó una rebelión con los pocos aliados que aún le quedaban, aliados que tuvieron que jugar la carta del honor y la lealtad para obligar a sus soldados a pelear por ellos y tomar control del castillo y la ciudad. Los soldados estaban atribulados, al final obedecieron pero claramente no querían pelear contra la persona que ayudó a sus familias a tener comida y calor durante la parte más cruda de la temporada fría.
Gracias a la rebelión, aquellos que significarían un problema para el pronto reinado de Dimitri se descubrieron solos y podrían enfrentarlos. Y aunque Rufus era el líder de la rebelión, no se atrevía a salir de los gruesos muros del castillo, no cuando el terror lo embargaba, no cuando todo ese tiempo estuvo teniendo pesadillas sobre un león devorándolo hasta los huesos.
"Alteza, lamento mucho haber fallado una vez más en mi deber de salvaguardar el Reino, él escapó y..." Pero Gilbert no pudo terminar de disculparse, no cuando Dimitri lo detuvo poniendo una mano en su hombro.
"Esto era necesario para limpiar Faerghus de aquellos que sólo le impiden prosperar", dijo Dimitri y estaba listo para poner a trabajar a su gente y a sus compañeros, quienes claramente apoyaban a su príncipe. "Por cierto", nuevamente se dirigió a Gilbert, "cuando esto termine, me gustaría mucho que tomaras un té con Annette, lleva todo el viaje queriendo verte y hablamos mucho de ti en la Academia".
Gilbert rápidamente puso un gesto de vergüenza y estuvo a punto de negarse, pero Dimitri no se lo permitió.
"Es una orden", dijo el príncipe. Si abusar de su autoridad ayudaría a sus más cercanos amigos con algunos problemas fuera de su control, entonces así lo haría. "Por ahora encarguémonos de todo esto".
Y eso hicieron, todos comenzaron a trabajar.
Rufus y sus simpatizantes tomaron el castillo y la ciudad completa, reafirmando a los pobladores del Reino que él era el legítimo Rey de Faerghus y que Dimitri no tenía ningún derecho a reclamar el trono. La gente estaba atrapada en sus casas, vigilados no sólo por soldados, si no por ladrones y otros bandidos que también se unieron a la rebelión, gente que vio la oportunidad de sacar provecho de la caótica situación.
Dimitri ya tenía un plan en mente.
Con la ayuda de los padres de Felix y Sylvain pudieron reunir algunas tropas de ataque, pero aún tenían la desventaja numérica a opinión de Rodrigue y debían priorizar las zonas más importantes a atacar. Poco sabía el Duque Fraldarius que el príncipe, su propio hijo y cada uno de los recién graduados habían aprendido mucho más de lo esperado en la Academia de Oficiales.
"Tenemos suficiente gente para poder recuperar el castillo", dijo Rodrigue mientras señalaba el mapa de la ciudad en la mesa al centro. Mención aparte, le causó sorpresa y alegría ver que su hijo se llevaba bien con el príncipe Dimitri. "Así que sugiero que entremos por el camino más corto para dividirnos y..."
"No", Dimitri lo interrumpió con seguridad y sin sonar rudo. Sin querer recordó lo sucedido en Remire y cómo avanzaron juntos, teniendo un grupo de ataque, uno de rescate y uno de protección para cubrir la huida de los pobladores. "Tenemos que liberar primero la ciudad. Si derrotamos a las tropas de la ciudad, dejaremos sin refuerzos a los que están en el castillo. Avanzaremos en un sólo bloque y seremos tan rápidos como sea posible, la prioridad ahora es sacar a la gente a salvo".
Felix sonrió por lo bajo. "¿Justo como en Remire, verdad?" Preguntó, recordando esa misión también. Fue una experiencia horrible para esas personas, para todos en general, y el espadachín había decidido dedicarle su espada sólo a los vivos desde la muerte de Glenn.
Dimitri asintió y Felix volvió a hablar.
"Entonces deja que dirija el frente de ataque".
"Iré contigo", se ofreció Ingrid de inmediato y el espadachín asintió.
"¡Yo también ayudaré!" Exclamó Annette con bravura. "Puedo atacar y sanarlos si es necesario".
"Sylvain, Ashe, ustedes me ayudarán con el rescate de las personas", continuó Dimitri y sus compañeros asintieron con firmeza.
Tanto Rodrigue como Gilbert se sorprendieron al escuchar eso. Esperaban que el príncipe Dimitri ayudara en el frente de ataque, ese era el estilo de pelea que siempre se le inculcó, uno totalmente ofensivo, él fácilmente podría limpiar el camino y...
"Mercedes, Dedue", continuó el príncipe, "ustedes encárguense de escoltar a las personas fuera de la ciudad. Pondremos a un grupo afuera para que cuide de ellos. Mercedes, lamento decir esto, pero guarda tu energía para las heridas mortales solamente".
"Puedo encargarme de cualquier otra herida de manera normal, no te preocupes, no me agotaré".
"Gracias".
"Alteza, usted debería estar al frente", intervino Rodrigue, incapaz de ocultar su sorpresa. "Su fuerza es superior y podría deshacerse de todos sus enemigos, no necesita..."
"No te metas con su estrategia, es la mejor", lo interrumpió Felix, "la fuerza de Dimitri es perfecta para ayudar a rescatar a la gente más rápido".
¿Felix defendiendo a Dimitri? ¿Dedue dispuesto a estar en una posición lejos de su príncipe? Rodrigue no podía creerlo, miró al príncipe y éste se mostraba firme como nunca antes. No titubeaba, no pensaba en una ofensiva total ni en destruir a todos los traidores en el camino, su primer prioridad fueron los pobladores.
"Por supuesto espero que ustedes también me ayuden de la misma manera con los soldados", continuó el príncipe, ahora dirigiéndose a Rodrigue, "poniendo a los más rápidos al frente para atacar, y manteniendo a los más fuertes con el trabajo de cubrir el escape de las personas. Cuando comience el ataque todo será un caos, muchos de los que tomaron la ciudad son simples bandidos, no soldados, así que ellos no tendrán problema en dañar a los pobladores y causar desastres".
"Como usted ordene, Alteza", fue lo único que pudo decir el Duque Fraldarius. Reconocía que el príncipe tenía razón, si asaltaban el castillo, los otros podrían dañar a los ciudadanos y también atacarlos, dejándolos encerrados entre dos frentes.
"Trataremos de recuperar a los soldados para que peleen de nuestro lado", continuó Dimitri. "Por lo que escuchamos, muchos de ellos fueron forzados por sus señores para pelear y mantener encerrada a su propia gente en la ciudad".
Eso tocó una fibra sensible en Gilbert. "Alteza, un soldado, un caballero del reino siempre debe pelear por su señor, si ellos deciden darle la espalda a sus señores entonces..."
"Entonces perderemos soldados que podrían ayudar a futuro. Si matamos a esos soldados, padres perderán a sus hijos, e hijos perderán a sus padres. No hay que pelear más si no es necesario", una lección que el príncipe aprendió de Byleth en cada ocasión que dejaron escapar a bandidos que conservaron sus vidas por poco. "Esos soldados nos sirven más con vida, son nuestra gente también".
Gilbert ya no dijo más, Rodrigue parpadeó un par de veces, ambos un poco contrariados por esas órdenes que iban en contra de cualquier principio de caballería, honor y lealtad.
Estuvieron un rato más detallando el ataque y organizando a los combatientes que tenían a la mano, incluso enviaron algunos mensajeros a buscar grupos mercenarios en poblados cercanos para aumentar la fuerza de ataque todo lo posible.
Tenían que recuperar la capital, y para ello salvarían primero a las personas que vivían en esa capital.
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Sothis tuvo otro combate contra Byleth con la idea de debilitar su espíritu. O al menos ese era el plan principal. La Diosa admitía que la atacaba a propósito, también, porque no tenía otra cosa por hacer ahí encerrada. Además, últimamente esa era la única manera de hacerla hablar. La chica pasaba largos periodos de tiempo en perfecto silencio, era difícil escuchar sus pasos y a momentos tenía que abrir los ojos para saber si la chica se estaba moviendo o no. El silencio también molestaba a la Diosa.
"Nada mal, pero necesitarás vivir mil años más para poder hacerme un arañazo, Demonio", dijo Sothis mientras tenía a Byleth contra el suelo, su pie en la espalda de ésta para impedirle levantarse. "Se siente bien darte una lección".
Byleth no sabía si le habían dolido los golpes recibidos en esa pelea, sólo que era la primera vez que sentía algo cercano al dolor. Bueno, esa era la primera vez que había hecho contacto físico con la Diosa.
"Si puedes tocarme... Entonces yo también podré tocarte", murmuró Byleth, intentando ponerse en pie, para enseguida ser puesta contra el suelo una vez más.
"Quieta, chiquilla engreída", Sothis puso más presión. "Ahora que lo pienso mejor, ni aunque vivas dos mil años podrías tocarme un sólo cabello".
La Diosa regresó a su trono, volviendo a su modo aburrido de costumbre. Byleth, por su lado, se notaba satisfecha. Podría hacerlo, podría enfrentarla...
¡Podría volver con sus alumnos! ¡Podría volver a ver a Edelgard!
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Lo último que Claude y sus amigos Ciervos necesitaban al regresar a casa luego de la noticia de lo sucedido con Byleth, era la seria amenaza de la declaración de invasión de Almyra a las tierras de la Alianza. Eso aceleró el nombramiento de Claude von Riegan como el nuevo Archiduque de la Alianza de Leicester. El abuelo claramente ya no tenía la energía, el temple ni los deseos de lidiar con esos problemas, dejó todo en manos de su nieto y éste no podía evitar reír ante el hecho de que el anciano en serio lo dejó ir a enfrentar a su medio hermano en una guerra de invasión.
"Con razón Edelgard detesta tanto a la nobleza", murmuró Claude mientras estaba con el resto de los Ciervos Dorados. No que odiara a su abuelo pero tampoco le tenía cariño, sólo el respeto que su madre le pidió guardar y nada más. Se encontraba en la Garganta de Fódlan y, por lo que sabía, estaban por su cuenta. Según mensajeros voladores se lo hicieron saber, Dimitri estaba lidiando con una rebelión en Fhirdiad y Edelgard tenía cuatrocientos pendientes encima por culpa del caos que reinaba en el Imperio.
Pero a diferencia de aquella misión donde hicieron retroceder a Shahid casi por accidente, ésta vez todo iba en serio. Y los Ciervos estaban más preparados que nunca. Hilda ya estaba con su hermano, reticente para pelear pero blandiendo la Reliquia familiar con toda la intención de proteger su hogar y apoyar a Holst. Lorenz y Marianne contactaron a sus familias y los presionaron para enviar tropas de apoyo a la frontera con Almyra; mientras que Leonie, Raphael e Ignatz fueron a los pueblos a reclutar gente.
Lysithea, por su lado, no pudo hacer mucho debido a la precaria situación del territorio de los Ordelia, pero sí contactó a Edelgard en secreto avisándole sobre lo que estaba ocurriendo en la Garganta de Fódlan. Además, se ofreció personalmente a participar en la defensa de la frontera junto con el grupo de magos más poderosos de la guardia personal de los Ordelia. Pocos pero poderosos.
Afortunadamente, las tropas defensoras contaban con armas y armaduras gracias a los metales del Reino, y con suficientes suministros para mantener a la gente gracias al Imperio. A mencionar que de los tres territorios de Fódlan, era el Imperio el que tenía problemas menos violentos y más políticos gracias al exterminio prácticamente total de las Serpientes.
"¿Y cuál es el plan, Claude?" Preguntó Lorenz, atento y serio. "Sé que tenemos al Campeón de nuestro lado, pero incluso él no podría detener semejantes números".
El ahora Archiduque sonrió. "Oh, mi querido Lorenz, te aseguro que tengo un par de planes en el bolsillo que no dudaré en usar si es necesario. Pero por ahora nos centraremos en mantener a suficiente gente en las nuevas ballestas. Según los informantes, hay tantos wyverns que podrían oscurecer los cielos".
"Y las tropas en tierra son lo suficientemente numerosas como para sobrepasar a los defensores sin importar a cuantos derroten", agregó Lorenz, que estaba al tanto de esos mismos informes.
"Hey, ¿de verdad van a sacrificar a tanta gente sólo para seguir avanzando?" Lysithea sonaba incrédula.
Es el modo de Shahid, cree que tiene derecho de pasar por encima de todos para conseguir lo que desea, pensó Claude. "Me temo que así será y ahí es donde podríamos perder la ventaja".
"¿Entonces qué sugieres?" Insistió Lysithea.
"Ser el gato sobre el tablero", respondió el arquero, confundiendo a sus compañeros. "Contendremos a las tropas con las ballestas que se están terminando de fabricar y pondremos muros, trampas y todo lo posible para dificultar el paso de las tropas en tierra. Tenemos que mantener al grueso de nuestras tropas peleando lo mínimo posible".
"Es seguro que los espías de Almyra nos vean poniendo las trampas", comentó Leonie.
"Exacto, deben ver que les será complicado avanzar, quiero que comiencen a pensar por anticipado que tendrán que esforzarse el doble para atravesar la zona", continuó Claude, ahora emocionado por poner en marcha sus planes con sus compañeros, sin secretismos, sin esperar que ellos cumplieran con un papel para el que no los había preparado.
"Oh, atacar primero la moral, es una buena estrategia", comentó Ignatz.
"Mostrarles el poder de las ballestas apostadas en todos los muros y hacerles saber que su avance por tierra será igual de complicado", murmuró Lorenz antes de sonreír. "Admito que es una buena estrategia".
"Apoyaremos a Holst con el ataque frontal. No tendremos que pelear demasiado con ayuda de las trampas" Claude sonrió más, mirando a sus amigos plebeyos. "Con las personas que ustedes reclutaron, crearemos más impacto visual. Les daremos uniformes y arcos, se quedarán formados atrás del Gorjal. Pero ellos ni siquiera necesitarán pelear".
Leonie sonrió. "Entonces los invasores que los vean a lo lejos creerán que aún tendrán que enfrentarse a toda esa gente si es que logran pasar". La chica temió por los pobladores, desde luego, por que no tenían formación militar ni de combate formal como ella lo consiguió en la Academia, pero ese plan no los ponía en riesgo y eso la alegró. Eran buenos cazadores, no guerreros entrenados.
Raphael rió. "Mientras a mi me dejes al frente, me encargaré de los que traten de llegar al Gorjal". Proteger a su familia era importante para él.
"Yo ayudaré todo lo posible, estaré al frente con ustedes curándolos", murmuró Marianne con su tímida voz.
"¡Y serás de gran ayuda, Mari!" Exclamó Hilda y le guiñó un ojo. "No nos dejes caer, ¿de acuerdo?"
"Claude..." Ignatz levantó tímidamente la mano.
"Te escucho".
"Creo que podríamos hacer las trampas como lo acostumbran los cazadores en las aldeas de las montañas", la voz del joven arquero ganó volumen, "escondiéndolas o cubriéndolas para hacerlas pasar como parte del paisaje, podemos usar ramas y hojas. Tendremos mucha vegetación de sobra entre las ramas y las hojas que están quedando del material para hacer las nuevas ballestas..."
"¡Me encanta esa idea!" Exclamó el Archiduque con genuino entusiasmo. "Les haremos saber a las tropas dónde están las trampas, así nosotros no tendremos que tropezarnos con ellas".
"Oh, sólo tenemos que cubrirlas por el frente, por detrás nosotros podremos verlas", agregó el joven arquero.
Fue el turno de Marianne de levantar tímidamente la mano y Claude le cedió la palabra.
"Me da un poco de pena pensar en los pobres wyverns que tendrán que caer con los soldados... Um... Si... Si pudiéramos alejarlos con algo como humo, conozco qué tipo de plantas no les gustan, con eso podremos alejarlos lo suficiente y no tendremos que lastimarlos".
"Hey, eso puede funcionar, así los jinetes voladores no podrán avanzar tan rápido como quieran", dijo Lysithea, contenta de ver a Marianne tan activa. A su modo, claro.
"Entorpecer la pelea todo lo posible", Lorenz rió, esa era una pelea digna del estilo de Claude. "Me agrada el plan". No habría necesidad de pelear y defender hasta el último hombre. Y el Archiduque justamente expresó esa idea.
"No tenemos que pelear tanto si no es necesario", dijo Claude y luego puso un gesto un poco triste. "A la profe le hubiera gustado nuestra estrategia..."
Hubo silencio unos segundos, todos sintieron tristeza al pensar en ella.
Leonie fue la primera en recuperarse y hablar, en su mano tenía la lanza del Quiebraespadas.
"¡Le va a encantar cuando le contemos todo! Tenemos que poner en orden nuestro hogar antes de rescatarla", la cazadora tomó aire, se notaba su apuro por la situación de su maestra, pero eso no la iba a desanimar. "Es la hija del Quiebraespadas, no caerá fácilmente".
Los demás sonrieron.
Leonie no podría estar más en lo correcto.
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"Vaya que eres terca", masculló la Diosa mientras veía que Byleth ésta vez no estaba de rodillas ante la presión de su energía aplastante. La chica se mantenía en pie de manera lastimosa, pero no de rodillas, no como las decenas de veces anteriores. Cada vez ganaba más fuerza, podía sentirla claramente.
"Tengo muchas cosas por hacer", respondió Byleth con voz tensa y la mirada fría del Demonio, los ojos azules que eran la tormenta y la perdición de aquellos que tuvieron la desdicha de conocer al Azote Sombrío. "Tengo que salir de aquí".
La Diosa estaba tratando de someter al Demonio. Y cada vez lograba menos...
"Y yo ya te dije cuál es la única salida de éste lugar".
"Si te derroto, entonces ya no estarás en mi cuerpo. Seré libre", dijo el Demonio.
La Diosa enfureció y en un parpadeo apareció ante la chica, dándole un buen puñetazo en la cara que la mandó a volar. Byleth rodó por el suelo un par de veces y se puso de pie ágilmente usando el empuje del mismo golpe. La mercenaria no dejaba de mirar a la Diosa como el infame Demonio de las Batallas que era.
Era la primera vez que el verdadero Azote Sombrío se mostraba ante la Diosa.
"Si así es como quieres que sea esto, entonces veamos si lo logras", Sothis comenzó a atacarla a golpe limpio y notó, con enfado, cómo la chica se adaptaba a su velocidad. "Pero tú sólo eres un pequeño Demonio, yo soy una Diosa. Nunca lo olvides".
"No podría olvidarlo..." Masculló Byleth, mirando a la Diosa con súbito enojo mientras evadía los golpes. "No puedo olvidar a una Diosa que nunca ayudó a una pequeña niña que pidió su ayuda y nunca acudió a ella..."
Sothis frunció el ceño.
"Una niña que fue torturada y encerrada en la oscuridad, una niña que pidió por la Diosa Madre para salvar a sus hermanos, pero esa Diosa nunca la escuchó... La Diosa no la ayudó, nadie la ayudó... " Byleth sintió el enojo hervir en su pecho y fue su turno para tomar la ofensiva. "¡No la ayudaste! ¡No la escuchaste! ¡Dejaste que sus hermanos murieran! ¡Dejaste que la torturaran y marcaran su piel!"
La Diosa estaba sorprendida por la ferocidad de esos ataques. Esos ojos eran fríos y el alma de esa chica estaba ardiendo.
"¡Esto es por ella! ¡Esto es por mi El!" Gritó Byleth y estuvo a nada de conectar un golpe en el rostro de Sothis, pero ésta sólo pudo sentir el roce de los nudillos en su mejilla antes de desaparecer como acto reflejo y reaparecer en su trono. Byleth casi perdió el equilibrio y miró a la Diosa resguardada en el trono. "¡Baja o subo por ti!"
Sothis mantenía un gesto enfadado, pero por dentro estaba francamente asombrada. Además, esos reclamos la hicieron sentir el pecho pesado.
"¡Sube aquí! ¡Hazlo y tu cuerpo será mío, Demonio!"
Y ese simple hecho era el que retenía a Byleth de subir por las numerosas escaleras de piedra y bajar a esa Diosa arrastrando por los pies.
Sothis se quedó en silencio y decidió descansar en su trono. Byleth también calló y se sentó en el suelo con las piernas y los brazos cruzados, sus ojos sin dejar de ver a la Diosa con genuina ira.
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"¡Estoy lista, Majestad!" Se reportó Shez, lista para partir a Leicester.
"Yo también estoy lista, Edie", Dorothea sonaba igualmente animada. Ella tenía por misión ir a Faerghus junto con una comitiva.
Shez tenía por misión ir a la Garganta de Fódlan para apoyar a Claude a repeler la invasión de Almyra, mientras que Dorothea iría en nombre del Imperio para acudir a la coronación del nuevo Rey de Faerghus. Dimitri se encargó de la rebelión liderada por su tío Rufus, liberó la Capital y ajustició a los Nobles opositores y a su tío de una manera que ignoró por completo las tradicionales ejecuciones públicas del Reino.
Dimitri hizo que los despojaran de todo menos lo que trajeran puesto. Fueron marcados con fuego en la frente como traidores y se dio la orden real de que nadie podría dañarlos pero tampoco podrían recibir ayuda, caridad ni servicio alguno incluso si tenían el dinero para pagarlo. Tampoco podrían abandonar el Reino. Estarían destinados a vagar por todo Faerghus cargando con la vergüenza de haber traicionado a su gente.
Edelgard estaba sorprendida, y contenta, de saber que antes de que se ejecutara el castigo, el tío de Dimitri confesó ante todos ser uno de los culpables de la Tragedia de Duscur. También admitió que sus aliados y él conspiraron para echarle la culpa a los Duscurianos para hacer que ellos cargaran con el crimen. Dedue lloró cuando Dimitri declaró inocentes a los Duscurianos y, ante todos, juró que sus territorios serían devueltos y recibirían ayuda para levantarse una vez más.
"¿Segura que no quieres que mande a alguien más contigo?" Preguntó una preocupada Edelgard a su amiga cantante. "Sé que las cosas en el Reino están más calmadas pero..."
"Estaré bien, Edie. Además, todos están muy ocupados y tú saldrás en unos días a Brigid con Petra y Bernie".
"De acuerdo", la Emperatriz suspiró hondo. Era la primera misión diplomática a la que mandaba a Dorothea. Confiaba en ella, en su carisma capaz de conquistar a cualquiera y también en su inteligencia, pero era normal sentir preocupación cuando el Sacro Reino acababa de salir de una revuelta civil. Enseguida miró a Shez. "Dile a la Capitana Berling que pueden tomar todo lo que necesiten de la armería".
"Tenemos todo lo que necesitamos. Iremos primero a dejar el encargo que nos pediste con los Ordelia, y luego iremos a la frontera".
Edelgard asintió. "Traten de llegar lo más rápido posible, por favor". Le hubiera gustado mandar a más gente, pero tenía a la armada imperial apaciguando pequeñas rebeliones de los Nobles simpatizantes de Aegir y Arundel que aún quedaban, además de encargarse de los bandidos que tenían muchas zonas del Imperio asoladas por culpa de esos mismos Nobles corruptos.
Todos tenían tanto trabajo y aún así no podían dejar de pensar en su maestra.
"A ella le encantaría ir de nuevo a la Garganta de Fódlan para ayudar al General Holst", comentó Shez, mirando la segunda daga que su jefa usaba en su cinturón.
Edelgard tuvo que tragarse su preocupación y poner un gesto fuerte, pero ante Shez y Dorothea no podía esconder del todo lo que pesaba en su corazón. La Emperatriz sonrió pese a eso.
"Se pondrá triste cuando sepa que se perdió de toda la acción en el Reino y en la Alianza", dijo Edelgard con una voz quebrada que ocultaba con forzado buen humor. No engañó a sus amigas, éstas tampoco estaban cómodas con la ausencia de Byleth. "Cuando regrese, espero saber lo suficiente de Brigid para ofrecerle un paseo por las islas".
"Eso suena lindo, Edie", sonrió Dorothea.
"Bien, yo me voy, la Capitana Berling sólo me espera para poder partir".
"Te lo encargo, Shez", dijo una recuperada Edelgard.
"Yo también parto, mi séquito me espera. Hubie eligió a esa gente especialmente para protegerme, así que puedes confiar en que estaré bien".
"Lo sé".
Dorothea se despidió de Shez dándole un breve y cariñoso abrazo, pero con Edelgard fue un poco más brusca, más amorosa. Le habló al oído.
"Ella volverá, Edie".
La Emperatriz sonrió por lo bajo. "Lo sé..."
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La única voz que sonaba en el inmenso sitio era la de Shamir. Visitaba a Byleth entre misión y misión y le hablaba en dagdano. Podían subir al trono después de todo, Rhea lo permitió.
"Hola, Pequeño Demonio".
Shamir no sabía si sentirse sorprendida o no, pero con el paso de las Lunas hasta convertirse en un año, Rhea dejó de visitar a diario el sitio y de hablarle a Byleth... Si es que le hablaba a ella, porque de las contadas veces que la escuchó, era como si no se dirigiera a la joven profesora si no a alguien más. Frases como "no tienes idea de lo mucho que he esperado por verte", ó "te he echado mucho de menos" no tenían sentido que se las dirigiera a Byleth.
Rhea pareció resignarse y dejó de aparecerse seguido en el Sagrado Sepulcro, sólo les pidió a los visitantes permitidos que le avisaran si había un cambio en ella. Y para todos era obvio que no se refería a la mercenaria.
Shamir se animó a acercar su mano a lo que propiamente era el cascarón de ese enorme huevo. El calor era intenso aún a distancia y sólo Rhea se había animado a tocar el material un par de veces, recibiendo una buena quemadura en cada ocasión, pero ésta vez Shamir se animó a poner su mano en el cascarón y sintió el calor pero no recibió daño alguno. Era un calor agradable y notó una reacción en el huevo, brilló un poco más por un momento antes de volver al brillo habitual.
En serio el calor que despedía el huevo era cómodo, se contagiaba... Era como cuando una Shamir recién escapada de Dagda estaba ante una fogata junto a una adolescente Byleth, ambas un poco lejos del grupo principal, Shamir hablando con ella en su idioma madre para que la joven mercenaria lo aprendiera. Una adolescente Byleth a la que no le cambiaba el gesto, pero cuya mirada brillaba y su gesto se iluminaba cada vez que Shamir la felicitaba por sus avances.
La arquera sonrió por lo bajo.
"Espero que puedas escucharme, Pequeño Demonio".
Y Byleth pudo escucharla. La Diosa también. Ambas pusieron atención, pero Sothis no se movió para nada de su posición, mientras Byleth miraba al techo y a los muros, como esperando que la dueña de la voz apareciera en cualquier momento.
"¿Shamir?" La mercenaria se puso en pie.
La familiar voz sonaba con eco.
"Ya te estás tardando en volver. Te has perdido de toda la diversión", la voz de Shamir sonaba entretenida. "Tus pequeños Ciervos en la Alianza tuvieron que detener un intento de invasión de Almyra, uno real ésta vez. Ese pillo de Claude llenó toda la Garganta de Fódlan de humo para alejar a los Wyverns, y puso trampas para contener a las tropas en tierra", contó Shamir. "Incluso Shez acudió para ayudarlos".
Byleth sintió una presión en el cuerpo, cayó de rodillas mientras miraba al techo.
"Tus Leones pelearon contra el tío de Dimitri para recuperar el control de Fhirdiad, el joven León ya es el Rey de Faerghus. Ha estado trabajando mucho para mejorar las condiciones de vida de su gente con ayuda del Imperio y de la Alianza", continuó Shamir.
"Claude... Dimitri..." Murmuró una triste Byleth.
"Y Edelgard es una gran Emperatriz. Logró forjar una alianza con Brigid luego de devolverle la independencia a las islas y reconocerla como nación independiente. Incluso firmó un tratado de No-Agresión con Dagda, escuché que tomó a todos por sorpresa cuando les habló en Dagdano", Shamir soltó un suspiro. "Ya tiene tratados comerciales con ambas naciones".
"Mi El..."
"Todos ellos quieren que regreses y vean lo que han logrado con todo lo que aprendieron de ti y de los otros profesores. Hanneman y Manuela no saben que estás atrapada en ésta cosa, pero están tristes porque te fuiste sin despedirte".
La mercenaria bajó el rostro, sobrepasada.
"Ya terminó el año escolar y el profesor que dejaron en tu lugar no te llega ni a los talones", continuó la arquera. "Flayn, Alois y Catherine te extrañan..." Shamir soltó una risilla. "Incluso Seteth echa de menos que lo hagas enfadar..."
La Diosa escuchó a Byleth soltar una risa quebrada y breve.
"Tienes que volver. No sé qué te hizo Rhea ni porqué, pero tienes que volver, todos te echamos de menos..."
Y pasados largos segundos, la voz de Shamir ya no se escuchó. La arquera había retirado su mano del cascarón. Sothis notó que Byleth quedó sentada en el suelo y abrazando sus rodillas. Torció los labios al darse cuenta de algo: el Demonio lloraba en silencio, pudo notarlo incluso a esa distancia.
"También los extraño..."
CONTINUARÁ...
