Nota: Estoy haciendo esta nueva versión por que me he dado cuenta de que existen algunas pequeñas GRANDES cosas que no tome en cuenta en la historia anterior. Como sea, aquí voy de nuevo:
Aviso: El funcionamiento de los Miraculous será un poco distinto al show original.
Aviso 2: Este AU no parte de ningún lugar especifico de la serie pero si quieren más o menos orientarse sería de la temporada 1, excepto lo de Lila y algunas cosas más que no me acuerdo XD
Los años que tiene los protagonistas; 14 años (a inicio), 15 años (intermedio), 40 años (al finalizar).
Incluye: Consumo de sustancias dañinas. Utilización de armas (fuego/blancas) Lenguaje agresivo y lascivo. Relaciones sexuales (mencionado). Contacto con la policía (directos o indirectos) Asesinatos, masacres, tiroteos y secuestros. Matrimonios forzados. Negligencia infantil. Trastornosde estrés postraumático. Megalomanía. Perfeccionismo. Abuso laboral. Abuso infantil. Lavado de cerebro, etc...
Descargo de responsabilidad: Miraculous Ladybug. Es propiedad de: Thomas Astruc, Zagtoon, Method Animation, Toei Animation, SAMG Animation, AB Droits Audiovisuels y SK Broadband.
—[Hace mucho tiempo]— Se vio una imagen en 3D de la tierra girando sobre su mismo eje en el espacio solitario —[En los registros de la historia de laTierra misma]— Se abrió un libro antiguo, en un espacio oscuro. El cual pasaba las páginas con ayuda del viento —. [Se remonta hace siglos atrás específicamente]— se detiene en una de las páginas y se adentra en ella. Pasa una transición parecida a un viaje. Cómo si cayeras de un avión hacía el suelo. Se iba adentrando a la tierra —, [La anécdota de dos joyas mágicas que podían ser la salvación o la perdición del universo entero].
[Por; Paige Turner]
—[Los Aretes de la Creación o el Anillo de la Destrucción]— el anillo giró en su propio eje en el centro de la nada de color rojizo difuminándose a negro. Los dos aretes giraban, haciendo una traslación alrededor del Anillo Negro —, [Dos objetos cuyos poderes lo eran todo para aquellos que conocían el alcance de éstos]— una luz blanca salió del centro del aro del Anillo perteneciente a la escena anterior, abarcando toda la pantalla.
—[Por lo que tuvieron que ser custodiados por grandes guerreros]— se ve claramente el templo de los guardianes —, [Su función era utilízalos para defender el destino de prójimo]— se ven hileras e hileras de cajas antiguas donde guardaba los Miraculous.
[Por; Jardín Danniel]
—[Así nacieron los defensores, en derivación a los símbolos, de la Mariquita y el Gato Negro]— se ven las siluetas de dos personas. Un hombre y una mujer parados uno junto al otro —, [Su propósito era proteger el equilibrio del mundo]— se ven las dos manos de cada uno, en sus palmas residían el Miraculous de cada quien, y su mano se cerró en un puño, simbolizando la frase 'Proteger'
[Por; Paige Turner]
[...]
Eso es tan peculiar... (Es peculiar...)
Dentro de lo que era uno de los centros de eventos más grandes de parís, se encontraba el personal de la empresa Agreste, intentando cubrir todo lo necesario para que el lanzamiento de la colección que se encontraban presentando en ese preciso instante, intentando que saliera lo mejor posible.
Todo lo que nos paso... (Todo lo que pasó...)
En el interior del edificio, los modelos se encontraban ya tomando cada uno sus hermosos atuendos, listos para exhibirlos al mundo.
[...]
El sol brillaba con fuerza y el viento soplaba suavemente esa mañana. Era un día escolar y Marinette, que vivía justo al lado de su colegio, dormía profundamente en su habitación rosa.
Su reloj marcaba que faltaban treinta minutos para que cerraran las puertas del colegio. Aunque Marinette siempre llegaba tarde, tenía suerte de no ser expulsada.
Su alarma sonó ruidosamente, despertándola de golpe. Se levantó rápidamente, vio la hora y gritó al darse cuenta de que estaba tarde. Corrió hacia su armario buscando su ropa limpia mientras murmuraba maldiciones.
"¡Listo! ¡Al baño!", exclamó mientras se cambiaba. Salió del baño mojada y vestida, se peinó y se hizo sus típicas coletas.
"¡Rápido Tikki! ¡Vámonos!", llamó a su compañera invisible mientras se colgaba el bolso y bajaba al primer piso.
Al salir por la puerta, un borrón rojo y negro la siguió.
[...]
Te escucho decir (parece un sueño)
En uno de los camerinos se encontraba un joven modelo frente al espejo, acomodándose la corbata. El joven parecía nervioso, pero intentó disimularlo checando que cada prenda sobre su cuerpo se encontrara acomodada correctamente.
En eso, llegó la asistente de su padre, quien lo llamó, haciendo que suspirara.
[...]
Cuando se despertó, supo que tenía que enfrentar la dura realidad.
Aunque le gustaba ver a Adrien y Sabrina en clase, hoy no tenía ganas de ir al Collège. Con un suspiro y lágrimas contenidas, se levantó de su cama desordenada y apagó la alarma.
Se estiró perezosamente, sintiendo sus huesos crujir. Murmuró maldiciones mientras observaba los rayos de sol entrar por la ventana.
Tomó su celular y vio un montón de notificaciones de redes sociales. No tenía ánimo para leerlas, así que volvió a dejar el teléfono en su lugar.
Era, sin duda, la peor mañana de todas.
[...]
Y te miró así... (Lo siento, no sé que me sucedió)
Lo siguiente que sucedió para él, fue que se encontraba dando pasos firmes sobre la superficie blanca a la que su padre le gustaba llamar pasarela.
Te lo digo una vez más, esto fue cuestión de tiempo. Créeme...
Escuchó varias voces al fondo, pero el sonido de la música no lo dejaba enfocar ni una palabra, lo que lo obligó a concentrarse en la tarea que tenía entre manos.
Todo lo que ocurrió, fue algo escrito hace mucho... entiende, entiende, entiende...
Los pasos del rubio continuaron hasta que llegó hasta el final del camino y posó ante las cámaras. La cual emitían una molesta luz blanca por todos lados.
[...]
Una chica jadeaba y sudaba por el calor mientras corría. Su cabello en dos coletas largas se agitaba, y sus ojos azules buscaban peligros a su alrededor. Sus brazos se movían rápido y sus piernas trataban de llevarla lo más rápido posible a su destino.
"¡No, no, no! ¡no puedo volver a llegar tarde otra vez, por favor!", murmuró nerviosamente mientras se dirigía apresuradamente al Collège.
[...]
La verdad fue inevitable, algo que una vez ví, la verdad es algo que se reflejo, en este mundo...
La verdad fue inevitable, algo que una vez ví, la verdad es algo que se reflejo, en este mundo...
Y aun así sonrió, intentando destacar su vestimenta lo más posible, para que después de un minuto de eso, se regresara por el mismo lugar por donde vino, utilizando el mismo ritmo lento de antes. En eso, sin querer vio a lo lejos a su compañera de clases Marinette (la cual se encontraba en el fondo de la habitación, buscando la manera en la que pudiera ver mejor la pasarela, ya que desde su lugar parecía no ser capaz. Lo que la levó a estar saltando varias veces, haciendo que atrajera atención no deseada). Así que, mejor apartó su mirada no queriendo incomodarla, antes de perderse al final del pasillo.
Y cuando entró fue abordado por Nathalie "Buen trabajo, Adrien" fue lo que escuchó cuando pasó junto a ella.
La mansión Agreste era una maravilla arquitectónica, llena de detalles lujosos y decoraciones elegantes. Sin embargo, a pesar de su belleza, la mansión carecía de cualquier sentimiento de hogar y calidez. Parecía una fortaleza diseñada para aislar a sus ocupantes del mundo exterior, eliminando incluso el sonido más mínimo.
En las familias de alto estatus, era común mantener una alta seguridad y tener un comportamiento reservado, pero la familia Agreste llevaba esto a extremos exagerados, convirtiéndolo en una característica distintiva de su hogar.
Adrien, a pesar de estar cansado y frustrado con la situación, no tenía el poder de cambiar nada. No era el dueño de la propiedad ni tenía una voz lo suficientemente fuerte para cuestionar las decisiones erráticas de su familia.
Gabriel Agreste, por su parte, era el único con poder en la mansión, era un magnate inmensamente rico y el diseñador de moda más famoso del país. Las revistas lo elogiaban constantemente.
Adrien, su hijo único, por otro lado, era el modelo principal de la marca Agreste, de la cual Gabriel había heredado de su padre, Félix Agreste. Y si le preguntabas a Adrien cuánto tiempo llevaba trabajando para su padre, te diría 'desde que tengo uso de razón'. Sin embargo, a menudo se quedaba pensando porque no recordaba con exactitud cuándo comenzó su carrera de modelaje.
Gabriel Agreste crió a Adrien para que fuera el hombre perfecto y dirigiera la empresa familiar. Antes de eso, Adrien debía asistir a muchas clases extracurriculares que su padre había organizado para él.
El rubio iba a todas las clases, siguiendo las órdenes de su padre y la agenda que Nathalie Sancoeur le había preparado.
Al principio, todo le parecía bien, ya que quería hacer feliz a su padre. De niño, veía el modelaje como un juego y una forma de pasar tiempo con su padre. Pero con el tiempo, el juego dejó de ser divertido.
A medida que crecía, se dio cuenta de que las fantasías que había formado en su mente se habían roto hace mucho tiempo. Solo quedaban fragmentos de un sueño destrozado que nunca podrían ser restaurados.
Ahora, a sus 14 años, aunque seguía siendo un niño, podía ver con más claridad su situación. Se dio cuenta de que había estado ciego ante la verdad durante mucho tiempo.
Esta revelación le dio un motivo para querer huir desesperadamente de la prisión dorada en la que había vivido todos esos años: la jaula dorada de los Agreste.
En ese mismo momento, Adrien tomó una decisión por primera vez en su vida. Con valentía, cometió un acto que su familia consideraría imperdonable: se matriculó en una escuela pública en la ciudad.
Al final, no solo logró su objetivo, sino que también encontró amigos y muchas otras cosas más.
"Adrien" recibió el llamado de la asistente de su padre. En lo que entraba por la puerta del comedor. Su mirada glaciar, se posó en el chico de cabellera dorada y ojos color verde lima, que se encontraba tomando su desayuno en la única mesa que coexistía allí "ya casi es momento de que te vayas al Collège. Te recuerdo" empezó a leerle la información que traía consigo en la agenda, mientras sostenía con sus manos la tablet de color blanca "tu clase de chino se aplazara esta semana a los jueves. La clase de mandarín se moverá a los lunes. Y la de esgrima, se mantendrá en los sábados ¿Está claro?" alzó una ceja expectante.
"Sí, Nathalie" devolvió el tenedor a la mesa en conjunto al cuchillo, para prestarle atención a la mujer. Aunque con una actitud un poco desganada.
"Bien" no lo dejó respirar, cuando miró su muñeca y le regresó la mirada, clavándosela como dagas "Lo siento, pero terminó el tiempo para alimentarte. Es hora de que nos vayamos" se hizo a un lado y ocultando cualquier emoción, llamó nuevamente "Sal"
El joven observó el plato medio lleno "Como digas" sin volver a tocar los cubiertos, se puso de pie, alisando su ropa de marca. Después de todo, no debía estar menos que perfecto una vez que saliera por esa puerta.
[...]
El cielo estaba totalmente lleno de nubes oscuras, completamente cargadas de agua, truenos, relámpagos y mucha, mucha, tempestad. Gotas de lluvia comenzaron a caer, el agua besó suavemente la superficie del suelo. Evitando, aún, empapar todo de una sola lamida.
El aire había reseado, los pastizales de las afueras de la cuidad, se mecieron en un baile lento con dicho elemento a su alrededor. El olor a humedad se extendió sin piedad por toda la atmósfera. La tierra húmeda se mantuvo absorbiendo todo lo que podía intentando ayudar a drenar todo el líquido de la parte posterior de las calles o terrenos, ubicados en la zona del aguacero.
En la cuidad de París, Francia. En el centro, justo donde se encontraban los suburbios. Unos pasos resonaron en el pavimento. Era una joven que se encontraba desplazándose de forma apresurada. Intentando alejarse por todos los medios de lo que sea que la estaba haciendo escapar de tal manera.
La muchacha, cada dos por tres, observaba sobre su hombro, para ver si nada, ni nadie, la venía siguiendo. Los pies chapaletearon a través del agua que ahora caía más rápido. Su respiración se volvió cada vez más agitada con cada tirón de sus pies hacía delante. Y el largo cabello azabache azulado se revolvió con el viento.
Llevaba puesto un uniforme de batalla color gris, totalmente ligero para usar. Consistía en una blusa gris oscuro con manga corta y una de malla debajo para acompañar. El pantalón era del mismo color, el cual le quedaba hasta media pantorrilla. Sus pies por otro lado, se encontraban descalzos y en cada brazo, lo combinaba con unas muñequeras del mismo triste tono.
Su aliento agitado resonó como si a su alrededor existiera una clase de eco, en lo que salía de sus labios entreabiertos. Y su pecho, oh, su pecho, dolía como el infierno ante el esfuerzo ejercido junto a sus pies, los cuales punzaban como aguijones venenosos.
Sus preciosos ojos azules océano, revolotearon de un lado a otro como picaflor, demostrando la total a presión en la que se ahogaba. El sudor frío comenzaba a correr de forma palpable contra su mejilla. La fémina estaba cubierta por sangre en su mayoría del cuerpo. Sin embargo, donde más se notaba era en su cabello y rostro.
La niña, se encontraba demasiado ensimismada intentando ver lo que le rodeaba, que no se dio cuenta de que un auto se acercaba a toda velocidad hacia su dirección. Y cuando, lo notó, ya era muy tarde.
Abrió los ojos como platos ante la impresión, sus iris fueron llenándose de terror en un ritmo dolorosamente lento. Su boca se entreabrió y un gritó de agonía se quedó atorado en su garganta.
Congelada en su lugar, tan solo pudo quedarse a observar cómo el automóvil se acercaba a quemarropa directamente hacía ella. Sin poder hacer nada para salvar su vida.
Sin embargo, algo sucedió en ese momento, la peli azul no pudo digerirlo del todo, más que sentir como unos brazos cálidos la cogían y la sacaban del camino de un empujón.
Estaba a salvo ahora.
El vehículo, por su parte, no tuvo tanta suerte. Éste continúo su camino. Derecho, sin siquiera reducir la velocidad, tan endemoniada en la que iba. Pasó a su lado y la de su salvador, hasta que chocó crudamente con otro auto que venía en dirección contraria.
Un estruendo perturbador tronó en el aire. Y se derramó sobre el ambiente húmedo de esa congeladora tarde.
Sangre, humo, quejidos, sollozos, pitidos y sonidos de derrapación, uno tras otro, se escucharon en esa fracción de segundo.
La ojiazul estaba azorada y en shock. Sus ojos estaban fijos en el cielo borrascoso, mientras que su mandíbula se encontraba abierta ante la sorpresa. El frío viento y el agua que caía, sin parar no podía despertarla de ese pequeño episodio.
La chica tampoco podía procesar correctamente sus emociones, ante tal incidente.
El cielo tronó.
"¿Estás bien?" tan solo fue la voz masculina que provenía de su izquierda, la que la hizo volver a la realidad. Justo cuando el aliento cálido, la golpeó.
Los ojos azules se deslizaron había donde provenía dichas cuerdas vocales. Sin embargo, por algunarazón,su tono casi la hizo delirar cuando lo escuchó por primera vez. Por fin, sus iris pudieron captar a dicha persona que la sostenía delicadamente en sus brazos y solo así fue, pudo ver a ese hermoso espécimen hechoniño.
Los gentiles esmeraldas le devolvieron la mirada. El tacto de sus brazos o el abrazo en sí, le devolvieron la calma. Estos, habían hecho efecto, incluso antes, de que ella pudiera experimentar algún indicio de pánico.
Su piel clara revitalizante y expresión de preocupación, la empapó.
Ella sin aliento, asintió. Cerrando la boca, relajó los músculos de su rostro. Aunque, eso no signifique que aún no esté atónita por lo que acababa de pasar.
El rubio que la tenía en sus brazos, suspiró de alivio, cuando ella le confirmó que se encontraba bien. Cuando finalizó, le envío una sonrisa tranquilizante en su dirección.
Ese gesto, la paralizó e hizo que su corazón saltara por la calidez. Por primera vez, desde hace mucho tiempo.
Se quedo allí sin saber cómo reaccionar, exactamente, ante está alma tan buena, que la había salvado de las garras de la muerte.
"¡Madeimoselle!", gritó alguien a lo lejos.
Volviendo en sí, la niña al fin pudo escuchar la voz de su cuidador. Parpadeó, quitando cualquier velo atónito que aún quedara en su cuerpo. Y es así, como pudo darse cuenta delcaosque habíanacidoa su alrededor.
Gente lloraba, había gritos desgarradores, palabras altisonantes, órdenes dadas a diestra y siniestra. E incluso, el sonido de pasos apresurados, le dio picazón.
La agitación tensa, flotaba en el aire y de inmediato se dio cuenta del aura demuertesembrada en la zona.
La garganta se le secó ante este macabro escenario. Sus dientes tiritaron ante la escena cruda ante sus ojos.
Los brazos cálidos la estrecharon entre sí, aún más.
Su atención volvió al rubio que la tenía en su regazo. Este, por alguna razón, no había despegado su vista de ella. Pero a la chica no le importó. Es más, hasta prefirió que todo esto se aplazase para poder continuar aquí mucho más tiempo.
Este tipo, tenía un poder increíble sobre ella, se dio cuenta. Pero no le dio mucha importancia. Realmente no lo hizo.
Sus manos, se alzaron hasta los costados de la tela blanca lentamente y sus dedos suavemente se aferraron a las solapas de la camisa abierta. Y utilizando sus uñas, las clavó allí, aferrándose al muchacho; como si soltarlo, significará perder la maldita cordura.
Los iris de la azabache se mantuvieron fijos en el rostro cincelado del niño. Queriendo absorber cada detalle, bebiendo desesperadamente cada forma, cada trazo, cada sombra, cada imperfección o rasgo, solo quería marcar ese precioso rostro en su mente con fuego. Pero de inmediato, se dio cuenta que simplemente no podía dejar de tener más de él. No podía detenerse de querer más y más.
Estaba extasiada con toda su imagen. Y ella ahora, sabía que podía quedarse toda laeternidadmirándolo si quería.
Sin embargo...
El joven que la sostenía se agitó repentinamente "Esto..." jadeó "¿sangre? ¡Oh dios mío! ¡Père! ¡PÈRE! ¡Esta herida!", la fémina entre sus brazos despertó de su ensoñación. Mientras, el joven miraba hacia otro lado, gritando en dirección donde presuntamente se encontraba su padre; aún sentado en el suelo con ella, arregostada en su regazo mientras la abrazaba.
Ella, por su parte, entró en pánico. No quería que nadie la viera.
¡No deseaba que nadie la reconociera!
Bajó la mirada, pidiendo en su mente que algo o alguien la ayudará a salir de este lío. Se mordió el labio inferior y por primera vez en todo el día, se percató del desastre que era. Tenía mugre, sangre y sudor impregnados en ella muy fuertemente.
Se avergonzó de que el chico o cualquier otra persona la viera así.
Tuvo que retener las lágrimas.
"¡MADEIMOSELLE!" el gritó provino aún más cerca ahora.
La joven de un latigazo hizo girar su cabeza de una forma que pudo mirar como su guardián venía corriendo desesperado en su dirección.
Ella no quería separarse del joven que la tenía en sus brazos. Pero tampoco quería que alguien supiera dónde estaba.
Justo cuando su mayordomo se acercó lo suficientemente a dónde se encontraba. Hubo un chasquido que resonó entre la oscuridad, salpicando destellos verdes por todas partes. Y haciendo que el rubio a su lado, cayera desmayado repentinamente.
Jadeando del susto al verlo caer, quiso decir algo. Pero sus palabras murieron en su garganta.
El hombre, que por fin parecía haberla alcanzado, la tomó de uno de sus brazos y la jaló hacía él para comenzar a escapar. La niña tropezó con sus propios pies y con una expresión lastimera, permitió que el castaño tironear de ella como si fuera un trapo viejo "¡Debemos irnos ahora mismo! ¡No es seguro quedarnos aquí por mucho tiempo! ¡Nos atraparán!", sus ojos picaron, mientras las lágrimas se acumulaban en las esquinas de las cuencas de los ojos de la ojiazul. Su garganta obtuvo un nuevo nudo y sus piernas temblaron "¡deprisa Madeimoselle!"
La tipa sintió que su pecho quemaba y un sabor amargo se instaló en su boca. Se encontraba completamente triste, porque estaba siendo arrancada sin piedad de los dulces brazos de su salvador. Aunque irónicamente, toda su vida había odiado la idea de tener uno, en realidad.
Comenzó a hiperventilar en lo que era dirigida lejos de él. Con su mano, intentó alcanzarlo. Quería llegar a él y fundirse de nuevo en su pecho. Sin embargo, la mano de su guardián se aferró aún más a su muñeca.
Cuando vio que no podía hacer nada para quedarse, se resignó.
El lugar que había dejado la peli azul atrás era un desastre total. Un automóvil había chocado con una camioneta de batea y terminaron exprimidos en su totalidad por la parte frontal. Los pasajeros terminaron muertos y existían heridos alrededor del accidente. Más allá de eso, a unos pocos metros se encontraba, Adrien Agreste, desmayado aún lado de la calle. Ahora mismo, siendo socorrido por su guardaespaldas, Plácido IT (Gorila), el cual apenas había logrado llegar a la escena.
Su respiración estaba agitada. El jadeo era constante. Sudor escurría por su frente detrás de su flequillo, al aflorar de sus poros sobre exigidos gracias al calor infernal que estaba haciendo en ese momento. Su cabello largo atado en dos coletas largas, se agitó. Los iris azules se deslizaron desplazándose de un lado a otro para intentar captar cualquier peligro a su alrededor. Los brazos le revolotearon hacía adelante y hacía atrás para aumentar la velocidad. Por otra parte, sus piernas se deslizaron dando un paso tras otro queriendo llegar de una buena vez a su destino.
"¡Oh! ¡No puede ser! ¡No puede ser!" balbuceó entre dientes mientras jugaba con sus meñiques como una forma inconsciente y poco convencional de señalar un tic nervioso "¡llegare tarde por que jodidamente olvide poner la alarma!" puso los ojos en blanco en lo que seguía reprendiéndose a si misma de camino al Collège.
Continúo mascullando entre dientes, en lo que llegaba hasta las escaleras del instituto. De pie, inmóvil allí, arregló su mochila mejor en su hombro, pues la muy ingrata, solo se le venía resbalando todo el maldito camino hasta aquí. Y al levantar la vista, dejó que sus ojos vagaran por la estructura desgastada y aviejada de la instalación.
El coro de 'Buenos días' cobró vida una vez que se acercó a la puerta principal. Este saludó no hacía más que bañar al director todos los endemoniados días, haciendo que el adulto a cargo se sintiera un poco más superior de lo que ya era.
Lamentablemente, ella no fue diferente al resto de los alumnos. Especialmente porque todos estaban obligados a hacerlo en primer lugar.
De hecho, sospechaba perfectamente que ninguno de sus compañeros quería hacerlo en realidad. Y no era para menos, quiero decir, solo se le debía poner atención a cada uno de ellos y encontrarías la respuesta.
Los individuos no hacían más que estar llenos de ojeras, ojos inyectados en sangre y cargados cada uno, por lo menos, con un enorme vaso de café negro hasta el tope.
Y tal y como había dicho antes, no era muy difícil adivinar que estos chicos estaban dispuestos a quemarse los ojos (en el mejor de los casos) con todo ese líquido, antes de siquiera empezar a saludar con genuino entusiasmo al director, un miércoles por la mañana.
Pobres almas en pena sintió un poco de lástima: Ojalá alguien se apiadara de nosotros.
Siguió su camino a través de la enorme puerta de roble en dirección fija hacía las escaleras al fondo de la cancha.
Atravesó un mar de gente, que no hacía más que absorber tu vitalidad si te descuidabas por un solo segundo.
Queriendo no quedar atrapada en aquella aglomeración de carne humana, se deslizó de silenciosamente hasta que pudo (con un poco de trabajo) llegar hasta las escaleras.
El sudor volvió a ella y la falta de oxígeno allí abajo comenzaba a ser asfixiante.
Apresurándose, subió las escaleras.
"Oye ¿estás bien?" la mirada de la joven de cabellera azabache, se dirigió hasta una parte más alejada y profunda del pasillo del segundo piso "¡despierta!"
Era una tipa tratando de reanimar a un chico de huesos grandes, el cual apenas y había podido resistir a la oleada de esa hora.
"¿Quieres que llámenos a algún profesor?", preguntó otro chico. Sí, ya se había hecho un pequeño círculo de gente alrededor del pobre desafortunado que se desmayó.
"Por favor" la joven, presuntamente amiga del chico inconsciente, comenzó a soplarle con uno de sus cuadernos para apunte "¡Vamos Mickey!" llamó la chica observando al moreno, con una expresión preocupada "¡tan solo despierta! ¡Tengo una exposición en ciencias! ¡maldición!"
Bridgette puso los ojos en blanco¿Es enserio? dio un paso adelante y luego otro, así hasta que llegó a estar frente a la chica arrodillada junto a su amigo.
Esta levantó la mirada observándola de forma curiosa.
Se movió. Sacando de uno de los compartimentos de su mochila, una botella de alcohol medicinal. Le quitó la rosca y se agachó hasta tenderle la tapa a la nariz de 'mickey'. Dejándola por un minuto en su nariz.
El chico, pronto reaccionó.
Estornudando a toda potencia, se levantó hasta quedar sentado en la superficie suelo.
Ella hizo una mueca en lo que enroscaba esa tapa en su lugar. Y metía la botella a la mochila.
"¡Oh, Mickey! ¡Me alegra de que estés bien!" chilló la chica de cabello caramelo. Mientras abrazaba al llenito por detrás. Para luego girarse a encararla "Vaya, no sé cómo agradecerte por esto" comentó sonando genuina.
Pero la Slogan lo sabía mejor. La muchacha frente a ella ciertamente le estaba dando las gracias, pero no por salvar a su amigo de la inconsciencia.
Se encogió de hombros, sintiéndose un poco incómoda "N-No quiero nada. Solo haz que tu compañero no se desmaye otra vez ¿quieres?" después de pedir eso, tan solo se dio media vuelta y se marchó.
Sin embargo, al entrar en su salón de clases, inmediatamente se quedó paralizada. Pues allí en la primera fila, se encontraba Adrien Agreste ¡Oh dios mío! ¡está aquí! casi se le escapa un chillido lleno de emoción ya está aquí ¡Oh cielos!
Por otra parte, Adrien se encontraba sentado en su mesa-banco, hablando animadamente con Nino Lahiffe.
Regresando con Bridgette, esta negó con la cabeza, intentando deshacerse de cualquier cosa que la distrajera, antes de volverse y acomodar su mochila mejor en su espalda, respirar hondo y tranquilizarse. Dio media vuelta y casi tropezó, pero logró estabilizarse antes de que alguien notara su error. Se llevó una mano al pecho, tratando de calmar su acelerado corazón, y luego se limpió el rostro con nerviosismo Debo dejar de tropezar así, pensó, apretando la correa de su mochila mientras caminaba, esforzándose por ocultar lo nerviosa que estaba al pasar frente a ellos. Frente a Adrien. Afortunadamente, pareció funcionar, aunque dudaba que alguien realmente prestara atención a lo que hacía.
Suspiró al llegar a su asiento, ubicado en la parte trasera y más solitaria del salón. Dejó su mochila en el piso y, algo desanimada, se sentó. Lo que más le dolía era no haber visto ninguna señal de que Adrien siquiera se hubiera percatado de su presencia.
En lo que la azabache se echaba una pequeña siesta de media mañana. La clase de Madame Bustier por fin había comenzado. El problema; no estaba completamente lleno.
Co un factor tardío, Chloe Bourgeois abrió la puerta del salón de clases y entró. Esto no hubiera sido una sorpresa si no fuera por las enormes ojeras que se cargaba o las sombras que se aferraban sin compasión a su preciado rostro.
En conocimiento general, casi como si fuera una ley en el país de Francia. Se sabía que la joven rubia, era alguien que se preocupaba infinitamente por su cutis y maquillaje. Así que, este tipo de aspecto tan desastroso era absolutamente lo opuesto a lo que la hija del alcalde reflejaba todos los días.
Y era preocupante. Por qué nadie la había visto la ir de tal forma desde que la conocían.
"Madeimoselle Bourgeois ¿Está usted bien?" la mujer pelirroja, encargada de implementar la educación a todos estos jóvenes frente a ella, la cuestionó suavemente "No me parece que tenga el semblante adecuado para poder estar presente el día de hoy" la observó acercarse a su propio asiento con semblante desganado "¿Desea que llamé a su Père para enviarla de regreso al hotel?"
Se congeló en el acto y bajó la mirada al suelo, mientras algunas sombras se empezaban aferrar a su rostro 'su père' la mente de la rubia comenzó a trabajar, recordándole cosas desagradables, arraigadas detrás de aquel sencillo apodo "Papi" la simple palabra le sabía a cenizas en su lengua "Père..." murmuró lentamente por segunda vez, sintiendo como su corazón se oprimía por segundos y su lengua se secaba de golpe. Sus ojos comenzaron a picar y buscó por todos los medios, mantener su postura margen estándar, que se requería para seguir siendo la gran Chloe Bourgeois. Aquella que nunca flaqueaba ante nadie y estaba demasiado llena de sí misma "el Alcalde. Ma Père..." casi escupió. Pero se detuvo, alzó su mirada sombría hasta clavarla completamente en la aguamarina aguda de Caline Bustier "No" cerró los ojos y respiró hondo "estoy bien"
Sabrina desde su asiento, la observó con ojos de cachorro, totalmente preocupada por su aspecto, tomándose la solapa inferior de su suéter de lana de color esmeralda.
Pero la niña de vestimenta de abeja no estaba mirando. Sabía que esto le molestaría a su mejor amiga, pero aun así decidió ignorarla. Reconociendo la contracción de su estómago al cerrarse, enmudeció. Así que, alejando con mucho cuidado sus ojos glaciares de la profesora, retomó su camino en dirección a su asiento correspondiente.
"¿Qué demonios ha sido eso?" Marinette escupió totalmente desconcertada, con los ojos desorbitados, captándolo todo en vivo y en directo.
Alya Cesaire, su mejor amiga y confidente. También se encontraba descolocada por la entrada poco natural de Chloe Bourgeois a la clase ¿Qué es lo que le había pasado por la cabeza a la hija del alcalde y primogénita de Audrey cuando salió a la calle con esas fachas? o es que ¿se había perdido de alguna primicia o algo así?
Boquiabiertas, vieron como Bustier hablaba con ella y luego está, la dejaba con la palabra en la boca, para tan solo retirarse a su lugar, después de negarse a regresar a casa con su preciado 'papi'.
"¿qué está pasando aquí?" fueron las primeras palabras que salieron de Niño, después de haber despertado del shock.
"No lo sé. Pero esto bastante aterrador" contestó Cesaire aún atónita. Cerró los ojos y luego los abrió, cayendo en una postura burlona "quiero decir, tan solo mírenla" soltó una pequeña risa contra el dorso de su mano "ahora sí parece más a una bruja"
Ante su comentario, los otros dos soltaron una risa también. Burlándose de la que siempre había sido su matona durante este y el año pasado.
Por otro lado, Adrien se encontraba mirando a su amiga de la infancia con confusión y también preocupado por su condición esa mañana.
[...]
Tenía una sonrisa en sus labios que dejaba que la baba escurriera. Mientras sus ojos seguían cerrados del sueño, en lo que estaba arrecostada sobre la madera de la superficie de su escritorio.
"Me encanta cuando me abrazas, Adri—"
"Madeimoselle Slogan, Madeimoselle Slogan ¡despierte! ¡Ya se acabó la clase!", la profesora la movió.
La azabache poco a poco fue abriendo sus ojos, tan solo para pegarse un susto al ver qué la profesora la estaba llamando "¡¿Si?!" tenía una expresión de horror en su rostro.
"Se acabó la clase, Madeimoselle Slogan" repitió dulcemente la mujer.
Era la profesora de Biología. Esta era una mujer canosa que mantenía ya por lo menos 60 años de edad. Y francamente, Bridgette no entendía cómo demonios seguía viva en este momento, pero bueno, más bien era que tal vez la dama en realidad solo se veía acabada.
Las arrugas resaltaban mucho. El rosa pálido la había visto angelical, pero eso no distaba mucho de hacerla ver aún más anciana de lo que era. Su sonrisa suave reflejaba su noble corazón y sus ojos cerrados la hacía ver casi como las abuelitas de las caricaturas. Sus manos callosas y suaves, la empujaron a tomar una siesta más que en despertarla.
Y aunque no dudaba que había sido hermosa en sus años de oro. Ese tiempo ya había pasado.
"Uh, muchas gracias, señorita Romandy" se desperezó, estirándose como un gato y una vez que ya pudo estar bien, se encargó de guardar todas sus cosas y salir por aquella puerta.
Caminó por el pasillo angosto, notando cómo todo estaba atiborrado de personas, los cuales iban en todas direcciones sin detenerse siquiera a tomar aire. Se encogió en sí misma hasta que a empujones llegó a las escaleras. Y bajó los peldaños para llegar al primer piso.
Aterrizando a trompicones. Se dirigió hacía la puerta de la cafetería.
Al abrirla. Lo encontró de nuevo, allí, en una de las mesas color esmeralda. Dándole la espalda y comiendo, en compañía de sus amigos.
Se quedó allí, de pie, tratando de procesar correctamente lo que estaba presenciando. Bajó la mirada y observó el mármol color blanco del suelo liso. Su reflejo le devolvió la mirada, empañado. Pero, la tristeza era visible aún con ese limitado vistazo.
Al alzar la vista una vez más, se le quedó mirando a todas esas personas que se encontraban almorzando con él. Una de ellas, era Alya Cesaire; joven estudiante de Françoise Dupont que iba a su mismo grado. Pero, que, en sus ratos libres, se dedicaba a ser una reportera aficionada, obsesionada y empeñada por acosar todos y cada uno de los pasos de los superhéroes, Ladybug y Chat Noir, religiosamente. A su lado, su novio Nino Laffihe, quien como había dicho, era el mejor amigo del modelo. Y junto a ellos, se encontraba sentada Marinette Dupain-cheng, nada destacable que decir de ella. en realidad. Más allá de que tan solo era la hija de unos famosos panaderos en París, su personalidad era torpe/dulce. Y que se encontraba enamorada de Agreste al igual que todo el mundo.
Cerró los ojos y apretó los puños, uno de ellos, se encargó de apachurrar las asas de la bolsa de plástico, que traía consigo. Al menos, hasta que sus nudillos se volvieron blancos, girándose un poco disgustada. Abriéndolos de nuevo, se desplazó, intentando no chocar con cada mesa llena o la gente que caminaba por cualquier rincón. Hasta que por fin llegó a una de las mesas vacías y pudo sentarse.
Aun celosa por no poder estar con la persona que quería y ellos, sí. Se sintió un poco incómodo cuando tomó asiento. Siendo la única persona que ocupaba esa mesa, se dio cuenta más que nunca, que siempre ha estado sola. Encogiéndose en sí misma, intentó no pensar mucho en ello.
Colocó la bolsa transparente sobre la superficie esmeralda y desempacó la comida que traía en un tóper. Si, su madre le había preparado el desayuno. Lo destapó y cogiendo los palillos que venían adjuntos, los partió permitiendo que pudieran usarse de forma independiente del otro. Tomando uno bocado, se lo llevó a los labios y masticó.
Una bola de oscuridad con varias partículas de energía densa rodeándolo, palpitó. Otra energía de color verde, la entornó haciéndola ver más peligrosa. De paso, también fueron expulsados, varios rayos del mismo color desde su núcleo.
Su mirada se desvió en ese momento hacía Adrien Agreste y tragó sus sagrados alimentos. Ahora, quitando la mirada, continúo almorzando, tranquilamente.
En ese momento, su celular vibró dentro del bolsillo de su chaleco oscuro. Dejando de lado un poco su comida, palmeó el bolsillo derecho. Más al que encontró fue a su Nokia apagado. Frunció el ceño; esto solo pudo significar una cosa.
Palpó ahora el bolsillo derecho y efectivamente; era su otro celular el que estaba sonando.
Con mucho más cuidado que con el otro, sacó de entre su ropa un Smartphone último modelo y lo apartó de las miradas indiscretas. En la pantalla encendida, pudo notar que había recibido un mensaje. Lo desbloqueó, colocándole el PIN correspondiente y luego lo abrió.
[Los preparativos de la reunión anterior se realizaron con éxito. El resultado ha sido enviado a nuestros clientes.
¿Algo que desee agregar, Madeimoselle?]
Se quedó pensando, observando hacía arriba, ceñuda y con los labios levemente fruncidos. Texteó algo antes de bloquear el aparato una vez más.
[Por ahora nada. Gracias. Por cierto, me alegro de que todo haya salido bien]
[...]
Sabrina estaba clavándole la mirada como un halcón en este momento.
Y, francamente, no le importaba si lo hacía, después de todo, ella ya estaba enterada que la había desde hace un rato. Pero ¿era realmente necesario que lo hiciera justamente cuando estaba almorzando?
Joder, ahora su hambre se había largado.
Gracias mejor amiga pensó con sarcasmo, mientras devolvía la cuchara nuevamente al bowl con disgusto, suspiró "¿Cuándo dejarás de mirarme así?" los ojos zafiro se incrustaron en la figura menuda de la hija del Oficial Roger "es molesto ¿sabes?"
"Lo siento" su disculpa fue tosca, si no la conociera como la conoce, se habría sorprendido de su actitud "Pero la verdad, es que odio que me dejes fuera de lo que sea que te está molestando" un silencio se instaló entre ellas, mientras se encontraban sentadas en esa enorme mesa apartadas de los demás "Soy tu mejor amiga ¿verdad?"
"Por supuesto" su respuesta, llevó aún más firmeza que la que la peli naranja le había escupido hace un momento. Parpadeó, sintiendo como sus ojos comenzaban a picar nuevamente "Pero" una incómoda sensación se instaló en su pecho, estrujando su corazón. Inhaló con brusquedad "no lo sé" su voz se adelgazó y ahora parecía un pequeño hilo. Sabrina tomó la mano de su mejor amiga, por debajo de la mesa, totalmente preocupada "Esta vez siento que es algo que simplemente, no puedo decir ¿entiendes?" sus ojos se aguaron y las lágrimas estaban en puerta, listas para derramarse en cualquier momento.
"Chloe..."
"Yo..." los iris zafiro observaron todas las direcciones posibles, intentando captar si alguien la estaba viendo ser patética "Yo..." sentía el aire viciado. Sabía que una sensación congelante se había colado en su cuerpo y recorría su columna vertebral, como si fuera una serpiente deslizante, invadiendo su zona de confort "Tengo que irme" de golpe, se levantó de su asiento. Soltándose del agarre de su mejor amiga, quien la vio con un semblante de tristeza. Ella tragó saliva e hizo todo lo posible, por ignorar aquella expresión, la cual la hacían de alguna manera vulnerable.
Se dio media vuelta y comenzó a caminar rápido en dirección a la salida. Cuando salió, la joven se apresuró por los pasillos desconsolada, con las manos hechas puño. Sus zapatos casi derraparon en el azulejo color gris del pasillo viejo. Y su cabellera dorada de agitó en esa gran cola de caballo que traía todos los días con ella al Collège.
No podía decírselo a Sabrina, todavía no. La noticia era demasiado reciente como para contárselo a cualquiera. No es que considerará un desconocido a su mejor amiga. Pero es que ni siquiera podía pronunciarlo sin sufrir en el proceso.
Y dolía.
Le lastimaba sentirse sola en esto.
¿Por qué tuvo que haber sido así?
¿Por qué?
Al fin, pudo ver la puerta del baño de damas al final del pasillo y se adentró allí, sin pensarlo demasiado. El silencio caló en su alma, una vez que traspasó la entrada a su nuevo santuario personal. No es que le agradará mucho desahogarse en este pequeño lugar, pero era el único que había encontrado primero.
Y dios sabía, que lo necesitaba en este momento.
Dando ahora pasos lentos, se adentró aún más al sanitario y se metió en uno de los últimos cubículos. Dentro, no hizo más que desmoronarse.
Sin poderse controlar más, empezó a llorar sin restricción.
Su cara de volvió roja y arrugada. El agua salada empapó sus mejillas sonrosadas en su totalidad. Y sus mocos se aflojaron.
Mientras se desahogaba a garganta viva, pensó una y otra vez en lo que había descubierto la noche anterior.
Sus padres—
Sus padres—
Una mariposa negra voló en su dirección. Y fue entonces que la poseyó. Haciendo que el miasma morado se la engullera.
[...]
La baba casi se le caía directamente de sus labios, en lo que veía al chico frente a ella con ojos de corazones.
Con las mejillas rojas y calientes, Marinette, quien se había recostado sobre su mano. Sonreía soñadoramente, manteniendo su codo sobre la superficie de la mesa esmeralda.
Sabía que mirarlo de forma tan intensa como lo estaba haciendo, no era moralmente correcto. Pero, es que, realmente no podía apartar la mirada de la figura masculina delante de ella.
Adrien Agreste, era el muchacho que le había robado el corazón al inicio del año escolar. Cuando le regaló aquel paraguas aquella tarde después de clases.
Desde entonces, ella no podía dejar de pensar en él como la persona con la que quería pasar el resto de la eternidad.
El tipo era caballeroso, guapo y perfecto. No había nadie igual a él y lo quería egoístamente para ella. Sí, puede que sus sentimientos no sean los más puros, pero ¿qué podía hacer?
Estaba enamorada.
Por lo que, aunque no podía dejar de tartamudear más de tres oraciones frente al joven. Se esforzaba al máximo para obtener cualquier información del sujeto en cuestión, por cualquier medio que fuera. Horarios de clase, su cumpleaños, hobbies favoritos y talla de zapatos o ropa. Igualmente, hacía (a escondidas) algunas cosas más por él, como; regalos (por lo menos de aquí a sus 50 años, todos adelantados); bufandas (aunque solo fue una y fue camufladas como regalo de Gabriel para su hijo, cosa que ella no había previsto, pero lo dejo pasar), macarrons de su sabor favorito y la lista seguía. Sin contar las cosas oscuras e ilegales que había hecho por él.
De todos modos, aunque se empeñaba por hacerlo todo bien y hacía un puño de cosas así. Aun así, eso la dejaba en la misma posición. Pues ella no dejaba de ser la buena amiga Marinette. Por más que lo intentaba.
Cosa que le irritaba demasiado, pero como no podía hacer nada más que estar de acuerdo con él y sonreír, pues, así seguía su situación. Ya que no le gustaría molestarlo, para nada. Ya que eso significaría que dejaría de ser una buena persona a sus ojos ¡y eso, no podía permitirlo!
A su lado, Cesaire, quien se encontraba demasiado ensimismada en su celular, la escuchó y apartó sus ojos del dispositivo para mirarla.
"¿Sucede algo chica?", su ceño se arrugó. El cuarteto se encontraba en una de las mesas centrales de la cafetería del instituto.
Saliendo de su ensoñación, la Franco-China se sobresaltó por la pregunta "No, no. Estoy bien", sonrió dulcemente.
"Si tú lo dices" se llevó un pedazo de pan a la boca. Aun echándole un vistazo, antes de volver a sumergirse en su celular.
Sabía que, Alya estaba atenta a las noticias de Nueva York. Ya que, aunque Ladybug era su prioridad, aún era gran fan de Magestia. Pero lo que tenía picada a la morena, era la extraña misión que estaba llevando a cabo la heroína. Se trataba un caso de rescate de ¿cadáveres? Sí, extraño pero cierto. Resulta que dichos occisos eran antiguos miembros de una organización llamada Eleven y dicha organización era un secreto de estado, por aquellos lares.
No se sabía casi nada de Eleven, ni tampoco de los que intentaban robarse a esos pobres restos. Pero lo que si se sabía es que la heroína, ya estaba detrás de los malhechores, lista para hacer justicia.
Sonrió, estaba completamente feliz de saber que al menos Ladybug no era la única que cargaba con el peso del mundo. Y hablando de su alter ego...
Bajó su mirada hasta donde se encontraba su bolso y parpadeó, esperaba que Tikki la perdonara por no dejarle absolutamente nada del almuerzo de hoy.
Es que había estado tan concentrada viendo al Agreste, que se lo había terminado todo, antes de siquiera poderle guardar un poco. En eso, la aglomeración de estudiantes se volvió completamente loca, moviéndose de un lado a otro en total frenesí. La señal de alarma había sido activada y ahora todo el mundo estaba enterado de que existía un nuevo Akuma suelto.
Ahora, cada uno de ellos, como ya sabían, debían seguir las medidas preventivas necesarias para poder dirigirse uno por uno a su lugar designado de seguridad. Excepto, porque había algunas personas que se saltaban ese tipo de protocolos. Como Alya Cesaire, Marinette Dupain-Cheng e incluso el famosísimo Adrien Agreste.
[...]
Verity Queen, frente a la zona de la Torre Eiffel, tomó del cuello a un niño pequeño, que se había encontrado entre la multitud de transeúntes. Y sin piedad alguna, lo arrojó por los aires. Al menos, hasta que este cayó rápidamente hasta un bote de basura, que se encontraba del otro lado de la avenida principal, donde había estado de pie.
Todos los presentes que se encontraban en medio del desastre jadearon preocupados por el infante.
La Akumatizada hizo una mueca desagradable al ver qué tuvo que ensuciar su manicura para ello. Sus lágrimas de sangre no dejaron de caer como cascadas en lo que daba un paso u otro en cada dirección de los suburbios de la parte central de la cuidad parisina.
Su coleta larga hasta la mitad de su cadera se agitó con el viento lentamente. Sus lentes oscuros arriba de su cabeza brillaron destellantes ante la presencia del sol ese día. Su piel dorada resplandeció con la misma luz, dándole un beso suave al ambiente que la rodeaba, reflejándose en casi la mayoría de las cosas en las que pasaba.
Su vestimenta consistía de ser todo de color oscuro, blusa negra sin mangas, suéter negro encima, pantalones entubados combinados con dos cinturones como decoración en cada lado de la cadera, guantes de púas y botas de soldado. También, llevaba labial oscuro y uñas pintadas del mismo color.
Sus ojos eran rubí y su esclerótica era tan negra como el traje. Cuyo diseño conservaba bordes dorados.
Su poder, por otro lado, consistía en sacarle todos sus secretos a cada una de las víctimas que eran atacadas por un rayo suyo de su dedo derecho donde llevaba un aparato color plata.
La joven rubia sonrió de lado. Estaba completamente satisfecha de que todo París estuviera aterrorizada, simplemente por qué sería la encargada de exponer todos sus trapitos al sol.
Si, ella les enseñaría a no mentir de nuevo. Por supuesto.
Y todo hubiera seguido bien, si en una lamida del viento sobre su rostro, no hubiera traído el sonido de un Yo-yo, acercándose.
Chasqueo la lengua, sabiendo exactamente qué ocurriría a continuación.
"¡¿Qué demonios Chloe Bourgeois?!" Ladybug aterrizó con gracia sobre la superficie del suelo. Casi como si todo se diera, para que se viera, como escena de película de cine "¡¿Es que acaso no te cansas de hacer sus vidas miserables?!" la encaró con una expresión indiferente en el rostro, posando sus manos echas puños en sus caderas.
Una esfera de energía roja flotaba entre un espacio en blanco. Y mientras coexistía allí, su brilló se atenuó un poco.
Sabía que la única razón por la que la de manchas era capaz de hablarle de esa manera, era por qué no había cámaras cerca, aún. Y por qué, los pocos civiles que estaban allí, se encontraban totalmente de acuerdo con sus palabras. Aunque, también podría ser porque eran absolutamente devotos a la heroína.
Ladybug para ellos era un ser casi divino que había bajado del cielo para protegerlos. Más no se daban ni la pequeña tarea de ver a través de los lentes rosa y notar la realidad.
Esta mujer los estaba manipulando a todos, para conseguir su objetivo a como diera lugar.
"Ladybug" escupió con veneno en su voz. Ella pudo haber idolatrado a esta fémina antes, pero con la bomba que le había caído el día anterior. Ya no podía estar segura de quién era ella misma, así que lo dreno completamente en la heroína por qué simplemente era más fácil hacerlo. Intentando encontrar en ello la calma que no podía recuperar por sí misma "Yo no hago las vidas de esta pobre gente, miserable ¡Deja de mentir! ¡En realidad eres tú quien las hace así! Así que ¡¿por qué no nos muestras tu verdadera identidad y respondes a tus errores por una vez?!"
"¿De qué estás hablando? La única que comete errores y no los paga ¡eres tú!" exclamó la dama de rojo, haciendo que los parisinos chismosos y asustados que se encontraban cerca, victorearan a su alrededor "Además, jamás mostraré mi identidad a nadie. Es demasiado peligroso" se cruzó de brazos, cuadrándose en su lugar.
"¿Acaso no te cansas de ser tan fastidiosa?" Verity Queen, la observó para nada impresionada "¡Por qué estoy segura de que si no fuera por ti! (aun buscando glamour al no querer arriesgar tu identidad)" extendió los brazos hacía a la altura de su pecho, sintiendo como un sentimiento de superioridad, se encendía y canalizaba por todas sus extremidades "¡Tal vez, solo tal vez, Le Papillon hubiera sido misericordioso con esta pocilga y nos hubiera dejado en paz a todos! ¡Pero no! ¡no podías entregar unas simples joyas a ese tipo y hacer que París fuera un lugar mejor!"
"¿Buscar glamour?" la azabache se río de una forma que te congelaba los huesos, o sea, sin humor "Tu realmente no sabes nada" apretó su puño frente a ella, hasta que sus nudillos crujieron "Si supieras lo que en realidad estás diciendo" la miró con una indiferencia de lo más arraigada en su alma "No estarías hablando tan a la ligera sobre eso en primer lugar, niña" reprendió duramente con sus ojos azules, brillando como témpanos de hielo.
"¿Qué es, Ladybug?" sus ojos rubí reflejaron malicia, mientras sonreía suavemente, estando de pie esperando su respuesta "¿hum? ¿Qué es lo que no se?"
Pero la superheroína no le iba a responder absolutamente nada. Al contrario, solo se deslizó con su yo-yo saliendo del lugar. Mientras, Chat Noir, por fin, llegaba a escena.
Se enfureció con la chica, por dejarla, allí sola, con su mascota. De inmediato, su primera reacción fue seguirla, pero fue detenida frenéticamente por el gatito, quien le bloqueó el camino con su bastón de plata. Chasqueando la lengua, la Bourgeois comprendió que el felino debía ser uno de los primeros en probar sus nuevos poderes.
De pie, completamente quieta, llevó sus manos hasta donde se encontraba su boca y conjuro "¡âme nue!" hizo aparecer una bolita de luz, en las puntas de estos. Y luego se la arrojó a su objetivo.
