Las Pruebas de Cristo
Cristo Blight estaba en el centro de la cancha de Hexside, rodeado por los jugadores de Las Banshees, el equipo más feroz de Grudgby. Cada par de ojos lo examinaba con juicio, evaluando si tenía lo necesario para estar entre ellas.
Frente a él, Boscha lo escaneaba de arriba abajo con los brazos cruzados y una sonrisa afilada, disfrutando del momento. A su lado, Satan Clawthorne exhaló una bocanada de humo de su pipa, con la misma calma de quien ya conoce el desenlace.
—Si quieres unirte a Las Banshees, primero tendrás que demostrar que lo mereces —sentenció Boscha, inclinándose apenas, como un depredador midiendo a su presa.
Medusa esbozó una sonrisa maliciosa, sus ojos centelleando con diversión oscura.
—Aquí no aceptamosss débilesss — siseó—. Sssolo los másss dessspiadados sssobreviven.
Cristo sostuvo su mirada con firmeza, sintiendo la presión, pero sin retroceder.
—¡Haré lo que sea!
Satan dejó escapar una risa ronca y dio un paso al frente, soltando un anillo de humo antes de hablar.
—Perfecto. Seré tu supervisor en tres pruebas. Si las pasas, estarás dentro… —Hizo una pausa, su sonrisa torciéndose en algo casi malicioso—. Pero cuidado, 'Primo', podrías desviarte del camino.
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Primera Prueba - "Convierte el fango en fuego"
La primera prueba los llevó a las afueras de Hexside, hasta un pantano fétido y humeante. Satan le mostró un barril de lodo viscoso, su superficie burbujeando con una textura repugnante.
—Si realmente tienes talento, podrás hacer que este lodo ardiente se transforme en fuego con tu magia —susurró Satan, con un brillo astuto en los ojos.
Cristo frunció el ceño, analizando la prueba. Podría intentar manipular el lodo con algún hechizo ilusorio o usar fuego directo, pero algo en la voz de Satan le indicaba que eso sería caer en la trampa.
En cambio, levantó una mano y conjuró un hechizo de levitación. Lentamente, el lodo se alzó en el aire y comenzó a drenarse, filtrándose hasta que el suelo quedó seco y limpio.
—No necesito trucos —afirmó—. Soy un Blight, y demostraré mi habilidad en la cancha, no con trampas baratas.
Boscha bufó, cruzándose de brazos.
—Hmpf. Supongo que eso cuenta.
—Passsassste la primera prueba… por poco —añadió Medusa.
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Segunda Prueba - "Gobierna el Grudgby"
El grupo regresó a Hexside, esta vez a una sección encantada del campo de Grudgby. La atmósfera estaba cargada de energía mágica, y un aire ominoso recorría el terreno. Satan alzó las manos y, con un chasquido de dedos, ilusiones de los jugadores más temibles de la historia de la escuela aparecieron a su alrededor. Sus uniformes resplandecían con un fulgor intimidante, y sus ojos brillaban como brasas encendidas.
—Si te arrodillas ante mí y aceptas mi tutela, te concederé el dominio absoluto sobre el juego —susurró Satan, con una sonrisa afilada como una cuchilla—. Ganarás cada partido sin esfuerzo. Nadie podrá igualarte. Serás incluso mejor que todos ellos.
Cristo sintió un escalofrío recorrer su espalda. La oferta era tentadora, una promesa de grandeza sin límites. Pero también era una trampa. Su corazón latía con fuerza mientras apretaba los puños. Ganar sin esfuerzo no tendría sentido. No sería su victoria.
—¡No necesito atajos! Prefiero ganarme mi lugar con esfuerzo y trabajo en equipo —declaró con firmeza, su voz resonando en el campo.
Al instante, las ilusiones se disolvieron en un torbellino de humo oscuro, como sombras dispersadas por la luz.
Boscha cruzó los brazos y dejó escapar un resoplido impaciente.
—¿Por qué los Blight son tan tercos?
Medusa arqueó una ceja y le lanzó una mirada burlona a Boscha.
—Debe ssser algo genético… como sssu obsesión por el drama heroico y las frasssesss inssspiradorasss —comentó, agitando la mano como si aquello fuera una enfermedad incurable.
Boscha soltó una risa seca y rodó los ojos.
—Sí, claro. Seguro también lloran viendo puestas de sol y escriben poesía en su tiempo libre.
Cristo, que había oído el comentario, sonrió nervioso.
—Solo cuando la inspiración lo amerita... O algo así.
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Tercera Prueba - "El vuelo del titán"
La última prueba los llevó a la cima de la torre de Hexside. Desde allí, el suelo parecía estar a kilómetros de distancia. Satan extendió un par de alas hechas de baba de abominable y se las ofreció.
—Lánzate desde aquí —susurró con una voz seductora—. Si eres tan fuerte como dices, la magia del Titán te sostendrá y demostrarás que eres invencible.
Cristo tomó las alas, pero en lugar de ponérselas, las observó con atención. Luego, alzó la mirada hacia Satan y sonrió.
—No necesito tentar al destino —dijo con calma—. Prefiero entrenar mi velocidad en la cancha y no confiar en suertes baratas.
Y sin más, saltó. Boscha y Medusa abrieron los ojos, sorprendidas, pero antes de que pudieran reaccionar, Cristo conjuró un hechizo de agarre con destreza. Sus manos se aferraron a la pared de la torre, y descendió con una agilidad impecable, aterrizando con un control absoluto, como si hubiera ensayado el movimiento miles de veces.
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El veredicto final
Boscha lo observó desde lo alto, entrecerrando los ojos con una mezcla de fastidio e impresión.
—Bueno, sobreviviste —admitió con desgana.
Medusa soltó un gruñido bajo, sus ojos brillando con un destello indescifrable.
—No sssé si eresss un genio o un idiota… — siseó, luego fijó su mirada en Boscha—. Pero sssupongo que essso esss sssuficiente para entrar, ¿cierto, Bossscha?
Boscha se encogió de hombros con indiferencia.
—Meh.
Satan, por su parte, dibujó un círculo mágico en el aire con su índice izquierdo. Al instante, el uniforme de Hexside de Cristo se transformó mágicamente en el uniforme de Grudgby del equipo.
—Felicidades, Chico de los milagros —dijo Satan con una sonrisa ladina.
Cristo se ajustó el uniforme con confianza.
—No necesito atajos. Soy un Blight… y ahora, una Banshee.
