Capítulo II

Mientras sostenía en sus piernas un libro con ilustraciones del reino animal y observaba el documental en televisión, notó el movimiento en el personal. Poco a poco el panorama se fue dilucidando a medida que la servidumbre se alineaba hacia el ascensor. Entonces los osos y sus costumbres dejaron de tener interés en él y sus pequeñas manos cerraron la enciclopedia.

Bason fue el último en colocarse en la entrada central, cuando las puertas metálicas se abrieron en su totalidad.

Estaba acostumbrado al protocolo con que todo operaba en el edificio, aun así se dio el lujo de no dejar de observar. Su padre dejó el maletín y el abrigo a cargo de su hombre de más confianza, que a su vez lo pasó a otro para colocarlo en el estudio en el piso inferior inmediato.

—Lamento mucho que haya tenido tantas dificultades en Osaka, señor—dijo Bason—Me aseguraré de que el plan de emergencia tenga un segundo jet esperándolo lejos de una zona costera.

Ren se limitó a responder solemne.

—No es necesario, el vuelo fue a tiempo.

Incluso él se sorprendió con la respuesta, porque en palabras de su tía Jun, la demora fue debido a un clima incompatible con el plan de vuelo. Caminó entre ellos, como siempre, porte erguido, el traje impecable y esa presencia imponente, que podía distinguir con facilidad en él; sin embargo, había algo diferente. No era su apariencia. Era algo que no lograba identificar, hasta que se sentó en la sala con él.

Su energía se sentía distinta.

—Bienvenido, padre—le recibió con la formalidad habitual.

Ren lo miró y sonrió.

—Gracias, Men.

Ahí fue donde identificó el punto de inflexión, en ese perfil más relajado, ajeno al hombre rígido e imponente que siempre era. El que muy seguramente, hubiese despedido— y recontratado— a Bason por permitir que perdiera el vuelo en tiempo por un tifón, aunque el hombre poco hubiese podido hacer contra la fuerza de la naturaleza. Pero era preferible combatir tormentas que la furia de su padre.

Era sutil.

Apenas algo perceptible en su faceta, porque inmediatamente solicitó el té y preguntó por el menú de la cena.

—La señorita Jun nos acompañará esta noche—informó Bason—Debe estar por llegar.

—Bien—se limitó a decir, mientras tomaba la taza de té de la bandeja que acababan de colocar en la mesa—Asegúrate tener un buen postre al término.

—Por supuesto, señor.

Pudo notar que Bason se sintió agradecido por la benevolencia de Ren, lo cual solo llamó más su atención al verlo recargarse en el sillón, como si solo quisiera encontrar la mejor postura para descansar. Si su mayordomo—y hombre de mayor confianza— había salido bien librado, eso significaba que estaba de muy buen humor.

Pero quería probarlo por su cuenta.

—¿Japón fue interesante?

Ren bajó la taza y le miró con atención.

—Hice buenos negocios.

—Siempre haces buenos negocios.

Aquella sonrisa confiada solo se incrementó más con su respuesta rápida.

—Eres observador, Men.

Por supuesto, a sus cuatro años, sabía bien quiénes formaban parte de su círculo. Conocía sus gestos, su tono de voz al dar una orden y sabía que pocas veces sonreía con tanta naturalidad como ahora.

—Cerré un buen trato y también…—notó el breve espacio en su silencio, como si analizara la segunda parte de su respuesta—Me reencontré con viejos recuerdos.

Volvió a sonreír, pero esta vez, no supo identificar el sentimiento.

Quiso formular una pregunta más, pero él se adelantó.

—¿Alguna novedad en casa?

Negó con la cabeza.

—Igual que siempre.

—Me alegro, tus tutores me han mandado tus gráficos, veo que has estado progresando bastante rápido en tus clases complementarias.

No había mucho por añadir. Cada vez podía leer más palabras. Las sesiones de terapia con su terapeuta no habían cambiado mucho los últimos meses, seguían conversando sobre su madre. Las lecciones de matemáticas, era de esperarse que fueran sobresalientes, porque él lo era. Los negocios y la etiqueta, lo llevaba en la sangre y sus abuelos reforzaban las lecciones todos los miércoles a la hora del té. El francés era su segundo idioma, por lo que no veía gran dificultad al conversar. El japonés tenía su dificultad, pero nada que no pudiera dominar con el tiempo.

En general, solo hacía lo que debía, a parte de ir al Colegio.

—No son grandes desafíos.

Percibió el orgullo en su mirada y se dio el lujo de sonreír para corresponder el reconocimiento implícito de su padre.

—Soy un Tao.

—Claro que lo eres.

Perfecto.

Entonces podrían retomar el tema de Japón ahora que ya todo estaba claro en cuanto a la actualización de sus asuntos familiares. Sin embargo, Ren anticipó su marcha.

—Haré una llamada antes de la cena—anunció, levantándose— Supongo que Jun debe estar por llegar, así que ve preparándote.

Como si fuera un guion ensayado o así había sonado por lo distraído que estaba con el reloj. No creía que fuera por Jun, ya que su presencia era frecuente, ya sea en el edificio o en Grupo Leidi. Tampoco sonaba a una llamada de negocios, pero si no lo era, entonces qué era.

Uno de sus niñeros se acercó a él, mientras tomaba el control de la televisión para apagarla.

—¿Desea practicar las tarjetas de palabras antes de la cena, joven Men?

Negó con la cabeza, aun pensativo.

—¿O tal vez seleccionará su lectura para esta noche?

Demasiadas preguntas.

—Estoy bien—dijo cerrando el libro en sus piernas—Solo esperaré a la cena.

No hubo más objeción. Se limitó a observar el camino que había seguido Ren. conociéndolo, seguro estaría en su despacho. Tenía cinco pares de ojos sobre él, incluido los de Bason, que apenas se bajó del sofá, quiso auxiliarlo. Pero sabía muy bien cuánta energía proyectar para tocar el piso sin dificultad.

—Iré a refrescarme.

Era su petición tácita para asegurar que ninguno lo seguiría.

Caminó por el pasillo y se giró hasta bajar una pequeña escalinata que lo guiaba al ala norte del apartamento. Era la zona más privada, entre la biblioteca y la zona de vigilancia. Consideraba esto como un acto de baja clase, así que tuvo que tocar su pecho con ambas manos y repetirse que de haber obtenido todas sus respuestas en el momento adecuado, no tendría que hacer esto.

—Joven Men, ¿qué hace aquí? —preguntó el guardia de turno.

—Quiero ver la cámara del despacho.

El hombre dudó y lo hizo por un largo minuto.

—No estoy autorizado a….

Cruzó los brazos e incrementó la seriedad en su rostro. Pudo notar el predicamento, observando la cámara apagada y luego a él. Ambos sabían que era el espacio más privado de la casa, pero de que había vigilancia, la tenía, como todo el edificio que su padre compró para no tener que compartir con gente extraña.

Su pequeño pie comenzó a tocar con insistencia el piso.

—Está bien…—dijo resignado—Pero si su padre se entera…

—No sabrá—se apresuró a decir—Ponme la cámara.

El encargado tecleó el código especial y la imagen de Ren se proyectó en pantalla. Tomó los audífonos de la mano del hombre y subió con esfuerzo a la silla giratoria delante del monitor. Si alguien preguntaba si no era mejor ir a escuchar detrás de la puerta, tal vez lo sería para una casa común con puertas ligeras, pero en este lugar las puertas eran de madera gruesa y operaban con código, y en el caso del despacho, solo su padre tenía acceso.

Observó con detenimiento. Hasta ahora, Ren estaba sentado en su silla, revisando el celular, nada anormal. Estuvo así por diez minutos más. Tal vez ya había realizado su llamada, como había dicho, y esto solo era algo intrascendente. Estuvo por darse por vencido y admitir que esto era lo más ridículo que había hecho en su breve existencia, cuando lo vio tamborilear los dedos sobre su escritorio y poner el teléfono sobre su oreja.

No podía verlo con tanta claridad como quisiera hacerlo en vivo. Así que no identificó su expresión, pero sí podía decir que…

—Pero qué veo. —sintió el ligero tirón de la silla y el movimiento de su asiento— Mi pequeño hermano sí que te ha causado curiosidad como para que vengas a espiarlo hasta el salón de vigilancia.

La sonrisa de Jun permanecía, esperando una respuesta, mientras él solo quería seguir viendo a su padre.

—Men, sabes que este no es un cuarto para jugar, la gente toma su trabajo muy enserio.

Pensó argumentar, aunque tampoco es que pudiera hacerlo sin develar que le causaba demasiada curiosidad la calma anormal de su padre. Jun le quitó los audífonos y se los puso ella. Entonces quedó fuera de contexto cuando ahora ella usurpaba su lugar y veía con atención la pantalla.

—Oh… vaya.

¿Qué? ¿Qué significaba eso?

—Esto es… curioso. —dictaminó mirándolo— ¿Por eso estás aquí?

¿Qué se supone que tenía que responder si ni siquiera sabía de lo que ella hablaba o de lo que su papá hablaba? Se limitó a cruzarse de brazos, mientras Jun le sonreía y lo bajaba de la silla.

—Me interrumpiste.

Acarició su cabeza, cómo si eso fuera suficiente consuelo por su desmerecido fracaso.

—Créeme, es mejor darle su espacio.

Se levantó y entregó al guardia los audífonos, pidió que no volviera a suceder este incidente o Ren Tao se enteraría de ello. Con eso tuvo para cerrarle todas las puertas futuras a ese sitio, porque era claro que nadie se sentía tan audaz para ir en contra del jefe máximo.

—Vamos, no queremos hacerlo esperar.

Suspiró y la siguió con los brazos cruzados. Su niñero estaba ahí, cerca para preguntarle si necesitaba algo, pero lo único que requería no lo tenía. Alzó los brazos para ser colocado en la silla especial, aquella que, aunque no era para bebés, era más alta para estar a la altura del resto de los adultos en la mesa. Jun se sentó delante de él, mientras la servidumbre les acercaba toallas húmedas calientes para asear sus manos.

—Entiendo tu frustración, pero debes ser paciente.

De nuevo, quiso argumentar, pero Ren se encargó de abolir su intento.

—Jun.

Su padre se sentó en la cabecera de la mesa, siendo atendido por Bason, mientras colocaba ahora la toalla recién usada en una bandeja de plata. Ahora era un punto innegable, al verlo sereno y sonreír con levedad, aun sin ningún estímulo adicional. Ésa no era una reacción originada por ver a su hermana en la mesa, quién seguía impávida y solo le miró de reojo, como alguien que necesitaba verificar lo improbable.

Tuvo que incluso beber un sorbo de su copa de vino para hablar.

—Veo que tuviste un buen viaje, a pesar del clima.

La servidumbre comenzó a servir la cena.

—¿También harás las mismas observaciones que Men? —preguntó con un gesto más arrogante, que le resultaba más familiar.

—Por supuesto, recuerdo el viaje a New York y lo frustrado que estabas cuando te quedaste atorado en el Kennedy por seis horas—relató sin pena Jun—Bason casi tuvo que movilizar a la armada estadounidense para ver si podían quitar la nieve más rápido.

Ren escuchó atento, no relajando su semblante.

—Un viaje de tres horas nunca será comparable con otro en el extremo del planeta.

Men tuvo que reconocer que esa lógica era poderosa y a eso sí estaba acostumbrado, a escucharlo hablar como si todo fuera una verdad absoluta.

—Pero te quedaste toda una noche en un refugio temporal. Sin electricidad ni amenidades, algo bueno debió tener la experiencia.

Ren cortó la carne con una suavidad medida, mientras la miraba escéptico.

—Igual que le expliqué a Men, solo avivé algunas memorias.

—Claro…—soltó su hermana—Como Ren Tao es un hombre muy nostálgico, puedo con esa explicación.

Soltó un gruñido mientras bebía algo de vino.

—No necesito dar mayores explicaciones.

Jun se divirtió y lo miró a él, alzando la copa con agua a modo de brindis.

—Eso sí es propio de Ren Tao.

Aunque su padre se quejara, era verdad. Levantó la copa de agua para corresponder el gesto. Él decidió ignorarlos, cambió el tema al cuestionar a Jun sobre la Fundación Jeanne, donde ahora fungía como presidenta.

—Hemos tenido buen avance en la última remodelación del refugio, pero creo que necesitaremos más capital, ya le he invertido de mi propio dinero al proyecto—respondió con más seriedad ella— O tal vez reducir el número de beneficiarios.

Él estaba acostumbrado a escucharlos hablar de negocios, por lo que sentía que cada oportunidad en la mesa era oro puro para su aprendizaje.

—Debemos mantener el número de personas, eso no está a discusión.

—Pero… hace meses que no somos rentables, aun con el presupuesto de Leidi— argumentó Jun— Todo ha incrementado su valor, no podemos pretender que no necesitamos hacer ajustes.

—No podemos, pero no permitiré que la imagen de Jeanne decaiga, así que asegúrate de mantener en orden la Fundación, haré una inyección de mi propio capital para subsanar los gastos.

Llevó a su boca un trozo de la suave carne que disfrutó acompañado de cada palabra que Ren dictaba como estrategia para hacer resurgir el proyecto de vida de su madre. Era estimulante verlo dirigir una simple cena como una junta extendida de negocios y ver a su tía agotarse por extenuante vida social que eso conllevaba.

—La vida era más sencilla en Grupo Leidi…

Como si extrañara su antiguo puesto de vicepresidenta en el corporativo y aunque la entendía, él aun no era capaz de sostener su primera microempresa en el colegio como para asumir el rol de presidente.

—Ustedes dos me deben la vida misma. —objetó señalándolos a ambos con la copa en mano— Después de la siguiente gala, necesitaré vacaciones.

—Padre correrá con los gastos—le aseguró sin dudarlo.

Ren giró a verlo con aprobación por su decisión recién tomada.

—Por supuesto, envía los recibos a mi oficina.

Jun respiró mucho más aliviada y comentó los últimos inconvenientes en las reuniones sociales. Ella parecía haber olvidado todo el tema referente anterior, pero él no, y no pasó por alto el momento en el que Ren recibió un mensaje y sacó el teléfono de su bolsillo.

Nunca interrumpía una cena familiar por cuestiones externas, esta vez se levantó y se excusó un momento.

Jun continuaba su monólogo hacia la isla paradisiaca perfecta, mientras su mirada iba discreta hacia su padre en una esquina del salón, con el oído y el teléfono inclinado como para escuchar un audio. Su expresión fue… un lienzo de colores vivos en su máximo esplendor.

Sonrió, como si acabara de cerrar el negocio de su vida.

Y tal vez así era, pero cuando volvió a la mesa, no hizo mayor comentario, salvo la aprobación de todo cuanto su hermana requería en el spa como compensación por su loable labor humanística.

No sabía qué estaba pasando, solo sabía que algo en la mesa se sentía diferente y que los negocios en Japón estaban cambiando a su padre.

Continuará…


N/A: ¡Hola a todos! He vuelto después de una larga ausencia con este fic, que por fortuna dejé en el principio y no a mitad de historia, lo que me facilitará entrar en mejor ritmo para escribir. De antemano, agradezco mucho su paciencia, sé que a veces soy una caja de ideas y que debo tener un mayor enfoque, a veces es inevitable. Sin embargo, aquí estamos en el tercer capítulo y vendrán pronto más.

Gracias por sus comentarios, sobre la noche en el refugio…. En el siguiente episodio veremos esto con más claridad y los personajes que se añaden a las dinámicas de cada círculo social. Es la primera vez que uso el personaje de Men y Hana en forma regular, así que espero que como yo, disfruten la experiencia.

Agradecimientos especiales: Rozanji, Aoi Phantomhive, Zasuke22, Ellie Asakura, Alexamili, AkariaGB, anneyk.

Gracias por leer.

Nos vemos en el siguiente.