Capítulo 21
El Sacrificio del Corazón
Nanoha había estado en China antes, pero jamás había presenciado una seguridad tan estricta. Desde su llegada al aeropuerto, había notado que cada movimiento estaba vigilado con precisión militar. Soldados de la milicia china patrullaban los pasillos con rifles listos para la acción, y la seguridad privada, vestida con trajes oscuros y lentes de sol, se mantenía de pie en cada punto estratégico, observando con atención cualquier anomalía.
El transporte desde el aeropuerto hasta los hoteles de lujo donde se estaban hospedando había sido igual de meticuloso. Escoltas armados, drones de vigilancia sobrevolando las rutas, incluso la disposición de los vehículos en la caravana de transporte sugería que las medidas de seguridad estaban en su punto más alto. Para Nanoha, todo esto resultaba excesivo, pero guardó sus pensamientos para sí misma.
Al llegar al hotel, la fachada elegante y moderna contrastaba con la arquitectura tradicional que Nanoha esperaba ver. Los enormes ventanales reflejaban la luz del sol de media tarde, mientras que el personal del hotel, vestido impecablemente, se mantenía listo para recibir a cada huésped con una reverencia formal.
Un hombre de mediana edad, con un traje negro y una insignia discreta en la solapa, se acercó rápidamente al grupo. Su rostro era serio, pero su tono fue educado cuando habló en mandarín.
—欢迎来到龙井酒店。您的房间已经准备好了。需要我们协助登
(Bienvenidos al Hotel Long Jing. Sus habitaciones están listas. ¿Requieren asistencia con el registro?)
Nanoha, que no entendía del todo el idioma, miró a su traductor asignado, uno de los guardias de seguridad que la acompañaban. Kenji, un hombre japonés-chino con años de experiencia en operaciones internacionales, inclinó la cabeza y tradujo rápidamente.
—Dice que sus habitaciones están listas y pregunta si necesitan ayuda con el registro, señora.
—Por favor, que procedan. —respondió Nanoha con una sonrisa ligera.
Mientras el personal del hotel comenzaba a organizar los registros, Fate se acercó a Nanoha y le tomó la mano con suavidad.
—Este lugar se siente… diferente, ¿no crees? —susurró Fate, sus ojos escaneando el vestíbulo con discreción.
Nanoha asintió, apretando un poco la mano de su esposa.
—Sí, pero no siento hostilidad, al menos no todavía. Es más como si todo estuviera demasiado controlado.
—Controlado? Yo diría que es eficiencia cultural. —intervino Hayate, mientras se quitaba las gafas de sol y observaba las lámparas de cristal que colgaban desde el alto techo del vestíbulo—. Los chinos son meticulosos cuando se trata de organizar eventos importantes. Estamos hablando de la coronación de una emperatriz. ¿Qué esperaban? ¿Globos y serpentinas?
Carim, que estaba un paso detrás, bufó y cruzó los brazos.
—Pues un poco de informalidad no estaría mal. Este lugar se siente como si estuvieras entrando a una junta de negocios, no a una celebración.
En ese momento, Kenji regresó con un par de tarjetas magnéticas y un papel para firmar.
—一切都准备好了。这是您的房卡。(Todo está listo. Aquí están sus llaves de habitación.)
Kenji tradujo inmediatamente:
—Dice que todo está listo. Sus habitaciones están en el piso quince, suites ejecutivas. Las vistas dan hacia la avenida principal y cuentan con seguridad privada en cada pasillo.
—Perfecto. —respondió Nanoha, tomando las tarjetas y distribuyéndolas entre su grupo—. Gracias, Kenji.
Las cuatro mujeres subieron en el ascensor mientras el ambiente se relajaba un poco. Nanoha se recargó en la pared del elevador, cerrando los ojos por un momento.
—Al menos la parte del hotel parece normal.
—Aún. —corrigió Fate con un tono suave, aunque sus ojos seguían observando la pantalla que indicaba el número de pisos ascendidos.
Cuando llegaron al piso quince, un par de guardias del hotel estaban apostados en cada extremo del pasillo. No llevaban armas visibles, pero sus posturas rígidas y la discreta comunicación a través de auriculares indicaban que estaban listos para actuar si era necesario.
Kenji se adelantó y deslizó una tarjeta magnética en la puerta principal de la suite.
—Voy a inspeccionar primero.
Entró con profesionalismo, revisando las esquinas, los puntos de acceso y la caja fuerte antes de dar un asentimiento de aprobación.
—Todo limpio. Pueden pasar.
La suite era amplia, con un diseño moderno y detalles en madera oscura. Los grandes ventanales ofrecían una vista panorámica de la ciudad, donde las luces comenzaban a encenderse mientras la tarde se desvanecía.
Nanoha dejó su maleta junto a la cama y se acercó a la ventana, admirando el horizonte.
—Es impresionante.
Fate se acercó por detrás y rodeó su cintura con los brazos, descansando el mentón en su hombro.
—Sí… pero no dejes que la vista te relaje demasiado.
—¿Siempre tan paranoica, Fate? —bromeó Hayate, lanzándose sobre uno de los sillones y estirando los brazos.
—No es paranoia si sabes que hay algo fuera de lugar.
Carim, que había dejado su bolso en una mesa auxiliar, miró el reloj.
—Tenemos un par de horas antes de partir hacia la Ciudad Prohibida para el evento de apertura. ¿Qué tal si aprovechamos para descansar un poco?
—Descansar suena bien. —dijo Nanoha, sentándose en la cama y desatándose las botas—. Pero primero quiero darme una ducha.
Kenji, que había permanecido en la entrada de la suite, se acercó con su tableta en mano.
—Lady Nanoha, acabo de recibir el itinerario actualizado para la coronación.
—La procesión de bienvenida comienza mañana por la mañana, pero esta noche hay una recepción informal en uno de los pabellones interiores. No es obligatoria, pero su presencia sería bien vista.
Nanoha suspiró.
—Perfecto, otra oportunidad para estar bajo la lupa. Dile que asistiré, pero con un equipo mínimo de seguridad.
Kenji asintió.
Cuando el guardia se retiró, Hayate se levantó del sillón y se estiró.
—Bueno, mapache, parece que vamos a jugar a ser diplomáticas esta noche.
Carim se rió mientras sacaba su teléfono para revisar mensajes.
—Si eso significa vino caro y bocadillos pretenciosos, cuenta conmigo.
Nanoha miró a Fate, quien solo sonrió con resignación.
—Un día más en la vida de los Takamachi.
Horas después, ya listas y con sus mejores atuendos para la ocasión, las cuatro mujeres salieron de la suite, con Kenji liderando el camino.
Kenji indico:
—El transporte ya viene. Las llevarán directamente a la entrada principal de la Ciudad Prohibida.
Nanoha tomó la mano de Fate mientras avanzaban por el pasillo.
—¿Lista para enfrentarte a la élite china?
Fate apretó suavemente su mano y sonrió.
—Siempre.
Con eso, el grupo se encaminó hacia la verdadera prueba que les esperaba: una celebración envuelta en incertidumbre y peligro.
La caravana de transporte avanzaba por las amplias avenidas de Pekín, custodiada por motocicletas policiales y vehículos blindados. Nanoha miraba por la ventana del auto, observando cómo la vida cotidiana continuaba más allá de la burbuja de seguridad que las rodeaba. Los puestos de comida, las bicicletas pasando entre el tráfico y los transeúntes apresurados contrastaban con el ambiente rígido y controlado en el que se encontraban.
—Esto se siente como si estuviéramos transportando a un jefe de estado. —comentó Nanoha, con los brazos cruzados mientras miraba por la otra ventana.
—No estamos tan lejos de eso. —respondió Hayate, revisando su teléfono—. Recuerda que estamos en un evento de poder. Aquí no solo se corona a una emperatriz, se definen alianzas y se marcan territorios.
Fate, sentada junto a Nanoha, permanecía en silencio, observando cada esquina y cada movimiento sospechoso. No era paranoia, sino instinto de supervivencia.
Finalmente, la caravana llegó a una imponente entrada adornada con relieves dorados y banderas rojas: la puerta sur de la Ciudad Prohibida. A pesar de la modernidad circundante, el lugar emanaba un aura de historia y tradición, como si cada ladrillo contara siglos de secretos.
Nanoha se inclinó hacia adelante para observar mejor mientras el vehículo se detenía frente a un puesto de control. Guardias chinos con uniformes impecables y rifles automáticos mantenían la posición, escaneando cada vehículo con dispositivos portátiles.
Uno de los guardias, con un brazalete rojo que indicaba rango superior, se acercó y habló en un tono firme:
—请出示您的邀请函和身份证明。(Por favor, muestren su invitación y documentación.)
Kenji, que viajaba en el asiento delantero, ya estaba preparado. Bajó la ventana y entregó un sobre lacrado con el sello de la familia Takamachi, junto con las copias de los pasaportes.
—这是他们的邀请函和证件。(Aquí están sus invitaciones y documentos.)
El guardia revisó los papeles con atención, luego habló por radio en voz baja. Después de unos segundos, asintió y levantó la mano para indicar que podían continuar.
—欢迎光临,祝您玩得愉快。(Bienvenidos. Que disfruten su estancia.)
La caravana avanzó lentamente por el adoquinado histórico de la Ciudad Prohibida, flanqueada por muros de color bermellón y techos de tejas doradas que brillaban bajo la luz del atardecer. A medida que se acercaban al corazón del recinto, la seguridad se volvía más visible. No solo estaban los guardias chinos, sino también hombres y mujeres en trajes oscuros con discretos auriculares.
—Esto ya no es solo seguridad gubernamental. —murmuró Nanoha—. Estos operativos son de élite, no soldados comunes.
Y entonces lo vieron.
En la entrada principal del Salón del Dragón de Oro, de pie como una estatua inamovible, estaba un hombre de figura imponente. Li Wei, jefe de seguridad personal de la princesa Xiaomao.
Su presencia era abrumadora. Vestía un traje gris a rayas finas que, a pesar de su elegancia, no podía ocultar la musculatura masiva que se notaba bajo la tela. Su rostro estaba marcado por las cicatrices de una vida en el campo de batalla, y sus ojos, oscuros y penetrantes, parecían analizar cada detalle con la precisión de un halcón.
Kenji se tensó al reconocerlo.
—Ese es Li Wei. —murmuró en japonés para el grupo—. Ex-comandante de las fuerzas especiales chinas. Ahora es la sombra personal de la princesa. Si él está aquí, significa que la seguridad está completamente bajo su control.
Nanoha intercambió una mirada con Fate. Sabían que enfrentarse a alguien como Li Wei en cualquier circunstancia sería un desafío considerable.
El propio Li dio un paso adelante mientras la caravana se detenía. Levantó una mano, y los guardias a su alrededor se separaron como si obedecieran a un comandante supremo.
—停下。让他们下车。(Deténganse. Que bajen del vehículo.)
Kenji tradujo automáticamente, y Nanoha asintió, tomando la iniciativa.
—Vamos. Si actuamos con naturalidad, no habrá problemas.
Las puertas del auto se abrieron, y el grupo descendió con elegancia medida. Nanoha al frente, seguida de Fate, Hayate y Carim. Detrás de ellas, los guardaespaldas asignados permanecían atentos, aunque desarmados, ya que las armas habían sido retenidas en la entrada.
Li Wei se acercó con pasos firmes, como si cada movimiento estuviera calculado. Se detuvo a un metro de Nanoha y la observó en silencio por un momento, luego habló en un mandarín claro y autoritario:
—欢迎来到紫禁城,贵客。请遵守安全规定,一切都会顺利。
(Bienvenidos a la Ciudad Prohibida, distinguidos invitados. Sigan las normas de seguridad y todo saldrá bien.)
Kenji tradujo rápidamente, pero Nanoha, decidió responder directamente en japonés.
—Entendemos y seguiremos todas las normas.
Los ojos de Li Wei se entrecerraron, evaluándola con una mezcla de sorpresa y respeto. Luego, asintió con la cabeza.
—很好。请跟我来。(Muy bien. Síganme.)
Sin más palabras, se giró y comenzó a caminar hacia el interior del complejo. El grupo de Nanoha lo siguió, intercambiando miradas de inquietud.
—Bueno, ya conocemos al dragón guardián. —murmuró Hayate en tono sarcástico, mientras ajustaba la correa de su bolso.
—Ese hombre no es solo un guardia. —respondió Vita con seriedad—. Es un ejecutor. Si algo sale mal, será el primero en actuar.
Nanoha asintió, su mente ya trabajando en todos los escenarios posibles. No era solo una ceremonia. Este evento era un tablero de ajedrez político, y cada pieza estaba siendo colocada con cuidado.
Li Wei se detuvo frente a una enorme puerta tallada con motivos imperiales y habló brevemente por radio.
—让公主知道,贵宾已经到达。(Informen a la princesa que los invitados han llegado.)
Una guardia femenina respondió por el auricular y la puerta se abrió lentamente. Del otro lado, la majestuosa silueta de la princesa Xiaomao se recortaba contra la luz dorada del salón.
La partida había comenzado.
Nina nunca había viajado al extranjero. Lo más radical que había hecho era ir a Tokio en un viaje escolar, utilizando el Shinkansen como medio principal de transporte. Nunca había subido a un avión y ni siquiera tenía pasaporte. Así que, cuando le comentó a Ruby sobre el viaje a China y esta se lo mencionó a su madre Lindy, la eficiencia con la que se gestionó todo fue asombrosa.
En menos de una semana, Nina tenía en sus manos un pasaporte completamente nuevo, algo que, según le habían contado sus amigos, solía tardar semanas si no tenías contactos. Pero ahí estaba, la prueba tangible de lo que podía lograrse cuando alguien como Lindy Harlaown movía los hilos adecuados.
La llegada a China fue otro choque para Nina. Pasar por aduanas y controles policiales fue un desafío en sí mismo. Los oficiales hablaban en chino y, cuando intentaban comunicarse en inglés, el acento y la formalidad la dejaban aún más confundida. Pasó casi treinta minutos intentando aclarar su situación, mostrando documentos y tratando de explicar, con un inglés torpe y gestos exagerados, que era parte de la comitiva Harlaown.
Ruby, al otro lado de la barrera de seguridad, miraba la escena con creciente preocupación. Varias veces estuvo a punto de ignorar las advertencias de su madre y correr a "rescatar" a su novia, pero Lindy, con la paciencia de alguien acostumbrado a lidiar con crisis diplomáticas, le puso una mano en el hombro.
—Déjala, Ruby. Es parte de la experiencia. —Lindy sonrió con tranquilidad—. Lo logrará, y será una anécdota divertida para después.
Finalmente, Nina emergió del área de control con el rostro rojo de vergüenza y frustración. Ruby corrió a abrazarla sin importarle las miradas de los guardias.
—¡Dios, pensé que te deportarían! —exclamó Ruby, apretándola contra su pecho.
—Yo también lo pensé —bufó Nina—. Pero tus notas de "cómo no parecer una amenaza en aduanas" salvaron mi pellejo.
El trayecto al hotel fue igual de impactante para Nina. Al igual que con los Takamachi, la seguridad era extrema. Vehículos negros escoltaban la caravana, mientras drones de vigilancia sobrevolaban la autopista. Soldados y personal de seguridad privada se mantenían en cada intersección, como si la ciudad entera estuviera en estado de alerta máxima.
Las habitaciones en el hotel se distribuyeron rápidamente bajo la supervisión de Alexandrina. Lindy y sus esposas compartían una suite, Chrono tenía una habitación individual, mientras que Alexandrina y Amy compartían otra. Por supuesto, Ruby y Nina también compartirían cuarto, pero no estarían completamente solas: Ririka, la maid personal de Ruby, se encargaría de su asistencia y, evidentemente, de vigilar que la pareja no se saliera de control.
Una vez en la habitación, ambas chicas se dejaron caer en la cama matrimonial con un suspiro de alivio.
—No puedo creer que estemos aquí —murmuró Nina, mirando el techo decorado con molduras doradas.
—Yo sí. Mi mamá mueve montañas cuando se lo propone —respondió Ruby con una sonrisa de satisfacción.
Mientras hablaban, Ririka se desplazaba por la habitación como una sombra eficiente, ordenando la ropa en el armario y asegurándose de que todo estuviera impecable.
Nina miró a Ruby y susurró:
—¿No podíamos quedarnos solas? Digo, podríamos tener algo de privacidad…
Ruby rio bajito y acarició la mano de su novia.
—Mamá organizó esto. Supongo que quiere asegurarse de que no te pases de lista esta noche.
—¿Yo? —Nina levantó una ceja, fingiendo indignación—. Si mal no recuerdo, la última vez tú fuiste la que me atacó como una leona. Tenías fuego en los ojos cuando estabas encima mío.
Ruby se sonrojó violentamente y le tapó la boca con la mano.
—¡Cállate! Riri-chan nos va a escuchar.
Nina rio, liberándose suavemente del agarre.
—Así que no lo niegas.
En ese momento, la maid se acercó con su característico rostro neutro, pero con un brillo divertido en los ojos.
—¿Negar qué cosa, señorita Iseri?
Nina se congeló y miró a Ruby, quien, recuperando la compostura, respondió rápidamente:
—Nada, Riri-chan. Solo hablamos de cosas de la escuela.
Ririka hizo una leve reverencia, tomando los pliegues de su falda como muestra de respeto.
—Milady, la ceremonia de apertura es por la tarde. Me encargaré de dejar su vestido y el de la señorita Iseri listos. Las llamaré cuando sea momento de cambiarse y peinarlas. Por ahora, pueden descansar.
Nina la miró con incredulidad.
—¿Cambiarme?
—Así es, señorita Iseri. ¿O acaso piensa ponerse el corsé usted sola? —dijo Ririka con una sonrisa ladina—. Descuide, soy muy buena en lo que hago.
La incredulidad de Nina solo creció mientras asentía lentamente.
Con otra reverencia, Ririka salió de la habitación, dejándolas finalmente solas. Nina se estiró en la cama con un suspiro de satisfacción.
—Al fin solas…
Ruby rio y se acomodó sobre su pecho.
—Sí… al fin solas.
El silencio se extendió por unos segundos hasta que Nina, con su característico estilo directo, preguntó:
—¿Quieres hacerlo?
Ruby se rio, aún con la cabeza apoyada en su pecho, y le lanzó una almohada.
—¡Pervertida!
Nina atrapó la almohada y sonrió de lado.
—¿Eso es un sí?
No dio tiempo a responder. Se inclinó sobre Ruby y la besó en los labios, sellando el momento con la misma intensidad que había sentido desde que pusieron un pie en China. Afuera, la seguridad continuaba su vigilia, pero dentro de esa habitación, el mundo se sentía mucho más pequeño y seguro.
Nina cerró los ojos mientras besaba a Ruby, saboreando el momento. La calidez del cuerpo de su novia bajo el suyo y el suave aroma de su perfume, un toque floral con notas de vainilla, la envolvieron por completo. Sin embargo, el toque juguetón de Ruby no tardó en aflorar. Con una sonrisa entre besos, la pelirroja empujó suavemente a Nina, separándolas con las mejillas encendidas.
—Eres incorregible —murmuró Ruby, apartando un mechón del rostro de Nina—. ¿Así quieres empezar tu primer viaje internacional?
Nina se echó a reír y rodó a un lado, dejando que Ruby se acomodara a su lado, compartiendo la misma almohada.
—Bueno, técnicamente ya empezamos —respondió Nina, mirando el techo con un suspiro—. Aunque, para ser sincera, esto no se siente como unas vacaciones. Todo es demasiado… oficial.
Ruby asintió, entrelazando sus dedos con los de Nina.
—Es porque no es un simple viaje. No solo venimos a ver la coronación de la princesa. Este tipo de eventos siempre son una danza política. Mi mamá lo mencionó antes de partir: las alianzas se fortalecen y las enemistades se disimulan bajo sonrisas elegantes.
Nina giró la cabeza para mirarla, frunciendo el ceño.
—Suena agotador.
—Lo es. Pero no te preocupes, te tengo a mi lado. —Ruby sonrió y le dio un beso rápido en la nariz—. Vamos a estar bien.
El sonido de la ducha encendiéndose en el baño contiguo les recordó que no estaban realmente solas. Ririka, siempre puntual y diligente, seguramente se estaba preparando para dejar todo listo.
—¿Sabes? —dijo Nina, volviendo a recostarse—. Nunca pensé que necesitaría ayuda para vestirme.
Ruby soltó una risita.
—Es parte del protocolo. Vas a ver, te encantará cómo te ves con ese vestido. Mamá eligió uno que resalta tus ojos.
—¿Y cómo sabes eso?
—Porque fui yo quien se lo sugirió.
El corazón de Nina dio un pequeño vuelco. Ruby, como siempre, pensaba en cada detalle.
Antes de que pudieran continuar la conversación, un suave toque en la puerta interrumpió el momento. Alexandrina, vestida con un impecable traje de maid principal, asomó la cabeza.
—Milady Harlaown, señorita Iseri. La matriarca quiere que bajen en veinte minutos. Habrá una pequeña reunión informativa antes de la ceremonia.
Ruby asintió y se sentó.
—Entendido, Lexie, muchas gracias.
La mujer hizo una leve reverencia y cerró la puerta tras de sí.
Nina se dejó caer de espaldas en la cama.
—¿Más formalidades?
Ruby se levantó y le extendió la mano.
—Vamos, guerrera. Si sobrevives a esto, te invito a un postre chino esta noche.
—¿Solo un postre? O estamos hablando de "tu" postre —dijo Nina moviendo las cejas pícaramente.
—Depende de lo bien que te portes.
Entre risas, ambas se pusieron de pie y comenzaron a prepararse, sabiendo que la verdadera prueba aún estaba por comenzar.
Chrono había recibido el mismo aviso de Alexandrina sobre la reunión en el primer piso. Mientras se miraba en el espejo de cuerpo completo, se preguntaba el verdadero motivo de su presencia en China, un país en el que no deseaba estar. Xiaomao no lo había hecho venir por simple cortesía. Nada de lo que esa mujer hacía era en vano; debía haber un motivo oculto que, con el transcurso de la semana, seguramente descubriría.
Con un suspiro, se acomodó la camisa de seda dentro del pantalón de vestir y ajustó el cuello. China era un país mágico, lleno de historia y cultura, pero la sensación de estar siendo observado no lo abandonaba. Desvió la mirada hacia la cama donde pasaría los próximos días: vacía, extraña, incompleta. Sabía lo que faltaba, o mejor dicho, alguien. Amy.
Unos veinte minutos después, Chrono descendió al lobby central, donde sus madres ya lo esperaban. Lindy, siempre la madre amorosa, se acercó para acomodarle el cuello de la camisa y acariciar su mejilla.
—Te ves guapísimo, hijo.
Chrono soltó una leve risa.
—No me he vestido diferente de como lo hago siempre, mamá…
Aún le resultaba extraño llamar "mamá" a Precia, pero había encontrado cierto consuelo en la calidez con la que ella lo trataba, como si fuera su propio hijo biológico.
—Amor —intervino Saori, con una sonrisa serena—, Chrono siempre se va a ver guapo con lo que se ponga. No te sorprendas.
Precia, al lado de Saori, asintió divertida. Ella, a diferencia de Precia, se dirigía a él por su nombre, y Chrono hacía lo mismo, llamándola "Saori-san". Ambos parecían entender que aún era pronto para adoptar términos más íntimos, pero el respeto mutuo era evidente.
Minutos después, Ruby y Nina bajaron juntas. Chrono ya había conocido a Nina en el avión, y la reacción de la chica al enterarse de que Ruby tenía un hermano mayor había sido cómica.
Cuando todos estuvieron reunidos, Lindy tomó la palabra:
—Mis amores, es posible que en este evento se encuentren con muchas personas de diferentes familias y casas conocidas, pero recuerden: aquí ninguno de nosotros está en terreno neutral. Estamos dentro del juego de los chinos, y por eso debemos actuar siempre con precaución.
Miró directamente a Nina, quien se mantuvo atenta, aunque algo confundida.
—Nina, solo síguenos a nosotros. Si alguien intenta hablar contigo, sé educada, y si preguntan algo, Ruby estará para ayudarte.
La adolescente asintió lentamente. Todo aquello le resultaba un mundo completamente ajeno, pero confiaba en su novia y en la familia Harlaown.
Terminado el encuentro, todos regresaron a sus habitaciones. Allí, Ririka ya las esperaba con una sonrisa profesional, dos perchas cubiertas por fundas de tela y un carrito con un neceser de peinado y maquillaje.
—Milady, señorita Iseri —saludó con una inclinación perfecta—. Es hora de prepararse.
Nina, sentada en la cama, parpadeó un par de veces.
—¿Prepararse?
Ririka sonrió con la confianza de quien tiene todo bajo control.
—Así es. Los vestidos están listos y sus peinados deben reflejar la elegancia de la ocasión. No se preocupen, están en buenas manos.
Ruby, acostumbrada a la formalidad de su entorno, se levantó con un suspiro resignado y estiró la mano hacia Nina.
—Vamos, si te resistes, solo harás que Riri-chan se vuelva más estricta.
Nina, aún algo reacia, tomó la mano de su novia y se dirigió al vestidor improvisado.
La maid retiró las fundas de los vestidos, revelando dos piezas exquisitas. El de Ruby era un vestido largo de seda azul medianoche con detalles bordados en hilo dorado, representando ramas de ciruelo en plena floración. El escote era discreto, pero elegante, y la falda caía en suaves pliegues que le daban movimiento con cada paso.
El vestido de Nina, en cambio, era de un tono rojo carmesí vibrante, tradicional en la cultura china, pero con un toque moderno. Tenía un corsé ajustado que realzaba su figura sin ser incómodo y una falda con una leve abertura lateral. Los bordados en dorado dibujaban delicadas flores de loto que ascendían desde el dobladillo hasta la cintura.
—¿Vamos a usar… esto? —murmuró Nina, sintiéndose fuera de lugar.
—Vas a lucir preciosa. —Ruby la tomó de la mano y la arrastró suavemente hacia el tocador.
La preparación fue casi ceremonial. Ririka, con la precisión de una artista, comenzó por el peinado. A Ruby le recogió el cabello en un moño bajo y elegante, adornado con una horquilla de jade con forma de mariposa.
En cuanto a Nina, optó por algo más sencillo pero igualmente hermoso: una coleta alta, pulida y sujeta con una cinta de seda roja a juego con su vestido. Un par de mechones sueltos enmarcaban su rostro, dándole un toque juvenil y sofisticado.
El maquillaje fue sutil: un toque de rubor en las mejillas, delineado suave en los ojos y un labial coral para Nina; mientras que Ruby llevó un tono rojo oscuro que contrastaba perfectamente con su vestido azul.
Cuando ambas se miraron en el espejo, Nina parpadeó, sorprendida.
—No parezco yo…
—Pareces tú, pero en tu mejor versión —dijo Ruby con una sonrisa radiante—. ¿Lista para conquistar China?
Nina rio nerviosamente.
—Más bien, para no tropezar y hacer el ridículo.
Ririka, satisfecha con su trabajo, dio un paso atrás y les hizo una reverencia.
—Milady, señorita Iseri, están listas. Los autos ya están esperando.
En el lobby, Chrono ya esperaba, impecable en un traje negro con una corbata color borgoña que hacía juego con la vestimenta de su familia. Alexandrina, siempre profesional, daba instrucciones a los guardias.
Lindy, Precia y Saori bajaron poco después, cada una irradiando elegancia a su manera. Lindy llevaba un qipao verde esmeralda con detalles plateados; Precia optó por un vestido negro clásico con un broche de perlas; y Saori lucía un conjunto en azul profundo que resaltaba su cabello dorado.
Cuando Ruby y Nina descendieron juntas, todos los ojos se posaron en ellas.
—Parece que alguien se robó el show —comentó Chrono con una sonrisa ladina.
—No empieces, onii-sama —replicó Ruby, rodando los ojos.
Lindy se acercó para ajustar un pliegue en el vestido de Nina y le dio un guiño tranquilizador.
—Perfectas. Ambas.
Las puertas del hotel se abrieron, revelando la fila de autos negros esperándolos. Los guardias, atentos, formaron un corredor seguro para que los Harlaown avanzaran sin contratiempos.
Nina respiró hondo, tomó la mano de Ruby y le susurró:
—¿Es tarde para arrepentirme?
Ruby le apretó la mano con fuerza y sonrió.
—Demasiado tarde, mi amor.
Con paso firme, la comitiva abordó los vehículos y partió rumbo a la Ciudad Prohibida, donde el destino las esperaba con promesas de esplendor y peligro oculto bajo la sombra del poder.
La mesa asignada a los Takamachi se encontraba estratégicamente ubicada cerca del centro del salón, un lugar ni tan apartado como las familias menores, pero tampoco tan expuesto como las casas directamente aliadas de la familia Tang. Sobre el mantel dorado y blanco, brillaba con orgullo un letrero de marfil donde se leía claramente el apellido TAKAMACHI en letras gruesas y elegantes. Lo curioso era que no estaba escrito ni en japonés ni en chino, sino en un alfabeto internacionalmente reconocible, para que cualquier invitado, sin importar su idioma nativo, pudiera identificar de quién era esa mesa.
Nanoha observaba el letrero con una mezcla de orgullo y extrañeza. No estaba acostumbrada a ver el nombre de su familia exhibido de manera tan ostentosa. En Japón, la familia Takamachi era poderosa, sí, pero su padre siempre había manejado el poder desde las sombras, evitando brillos innecesarios. Aquí, en China, parecía que todo debía ser anunciado y glorificado.
No muy lejos de la mesa, elevada en lo que parecía ser una especie de altar decorado con símbolos ancestrales y seda roja, se encontraba la princesa y futura emperatriz, Xiaomao Tang. Su figura destacaba incluso entre el lujo del salón. Vestía un hanfu blanco con bordados dorados que imitaban la forma de un dragón enroscado alrededor de su torso. Su cabello verde oscuro estaba recogido en un elaborado peinado tradicional, adornado con horquillas de jade y oro, y en su rostro había una expresión que, aunque diplomática, escondía algo más.
Para todos los presentes, Xiaomao parecía mirar a la multitud en general, manteniendo esa sonrisa calmada que se espera de una futura líder. Pero Nanoha sabía que no era así. Ella la había visto. Varias veces durante la noche, Xiaomao la observaba directamente, con una mirada penetrante, como si la estuviera evaluando. Era como si sus ojos la escanearan, desnudándola más allá de lo físico, leyendo sus intenciones y su alma.
Nanoha se inclinó ligeramente hacia Fate, quien estaba sentada a su derecha, y le susurró en voz baja:
—La princesa me está mirando. Me está evaluando, amor. Lo sé.
Fate levantó una ceja y disimuladamente observó hacia el altar. Xiaomao parecía, desde esa distancia, completamente desinteresada.
—¿Estás segura? Tal vez es tu imaginación. Luce más concentrada en mantener su postura de princesa que en mirar a nadie.
—No amor —insistió Nanoha—. Lo ha hecho varias veces. Es discreta, pero yo lo noto. Algo está tramando.
Fate le dio un pequeño apretón en la mano, en un gesto de apoyo.
—Quizás solo te está estudiando porque tu padre no está aquí. Sabe que al no tener a Shiro presente, tú representas al clan Takamachi esta noche. Es normal que te observe, después de todo, eres la heredera. ¿Por qué no te levantas y la saludas? Sería un buen gesto diplomático.
Nanoha soltó una risa seca, nerviosa.
—¿No has visto al gorila que tiene al lado? —susurró señalando sutilmente con la cabeza hacia Li Wei, el imponente guardaespaldas personal de Xiaomao. Su complexión era la de un guerrero endurecido por el combate. Su postura rígida, su mirada cortante y la forma en la que mantenía sus manos cruzadas al frente, con los nudillos blancos por la tensión, lo hacían parecer más una estatua viviente que un simple guardaespaldas.
—Si me acerco sin permiso, lo más probable es que termine estampada contra el suelo. Prefiero seguir viva y digna, gracias.
Mientras hablaban, los meseros comenzaron a llegar con copas de cristal y bandejas con pequeñas porciones de aperitivos. Sin decir palabra, dejaron frente a cada invitado una caja pequeña, negra y rectangular, acompañada de un auricular delgado.
—¿Qué es esto? —preguntó Fate, observando el objeto con curiosidad.
—Es un traductor —intervino Hayate desde el otro lado de la mesa—. La princesa es lista, sabe que no todos hablan mandarín, así que nos está dando este aparatito para traducir en tiempo real lo que diga. Un bonito detalle, aunque…
—¿Aunque qué? —Nanoha la miró con sospecha.
—He escuchado que en algunos eventos de alto perfil manipulan estos audios —continuó Hayate, con una sonrisa traviesa—. Lo que realmente dicen y lo que los traductores transmiten puede ser muy diferente. Así que cuidado, podríamos estar escuchando propaganda filtrada en vez de lo que realmente sucede.
Nanoha la miró con incredulidad.
—Hayate… dejas de ver películas de espías por favor.
—¡Oye! No es culpa mía, a Carim le encantan —dijo Hayate, riendo mientras le daba un codazo suave a su novia.
Carim, que había permanecido en silencio hasta ese momento, sonrió de medio lado y pellizcó con cariño el muslo de Hayate.
—Calla, mapache conspiranoica.
Nanoha sonrió ante esa interacción tan cotidiana entre ellas. A pesar de la tensión que flotaba en el aire, sus amigas lograban romper el hielo y devolverle cierta sensación de normalidad.
A lo lejos, Li Wei hizo un leve movimiento con la cabeza hacia uno de los guardias chinos apostados cerca de la mesa de los Takamachi. Un gesto tan sutil que pasaría desapercibido para cualquiera… excepto para Signum, quien lo captó de inmediato. Desde su asiento en el extremo de la mesa, la guardiana se puso alerta, con su radar interno encendido al máximo.
—Esa mole no es solo músculo —susurró Signum por la radio interna, comunicándose con Vita y Zafira.
—Lo sé —respondió Vita desde la parte trasera del salón—. Lo vi analizando las entradas y salidas desde que llegamos. Ese tipo es un monstruo con cerebro.
Zafira, oculto entre las sombras cerca de una de las columnas, intervino:
—Li Wei… ese nombre ya lo había escuchado. Sirvió como instructor en campamentos especiales de la inteligencia china. Si está aquí, es porque la princesa confía su vida solo a él.
Nanoha, ajena a la conversación táctica de su equipo, se concentró en el auricular y lo conectó a su oído. Su mirada se cruzó fugazmente con la de Xiaomao, y esta vez no hubo dudas: la princesa le sonrió, una sonrisa pequeña, apenas perceptible… pero que hablaba de conocimiento y expectativa.
Como si supiera algo que Nanoha aún no.
El primer gong ceremonial resonó en la sala, indicando que la ceremonia de apertura estaba por comenzar.
Nanoha tragó saliva, mientras la voz del traductor comenzaba a resonar suavemente en su oído:
"Damas y caballeros, bienvenidos a la ceremonia de ascensión de Su Alteza Xiaomao Tang…"
La noche apenas empezaba, y el juego ya estaba en marcha.
El viaje de los Harlaown hacia la ciudad prohibida había comenzado de forma tranquila, pero se convirtió rápidamente en una prueba de paciencia. En un inicio, pensaron que estaban a tiempo; sin embargo, el tráfico en las estrechas calles de Beijing resultó ser mucho peor de lo esperado. Un mar de autos, buses y motocicletas los envolvía, moviéndose a paso de tortuga. Lindy miraba el reloj en su muñeca con creciente preocupación, mientras Precia suspiraba por quinta vez en el último tramo.
—Parece que todos los invitados han salido al mismo tiempo —murmuró Saori desde el asiento trasero.
Cuando finalmente lograron llegar a la entrada de la ciudad prohibida, el problema no terminó ahí. La seguridad china era meticulosa, y al revisar la lista de invitados oficiales, el apellido Iseri simplemente no existía. Nina no estaba registrada. A ojos de los guardias chinos, era una completa desconocida que intentaba colarse en un evento de alto perfil.
Nina, parada junto a Ruby, mantenía la mirada fija en el suelo. Sus zapatillas relucientes se sentían demasiado elegantes para ella, y en ese momento lo único que deseaba era desaparecer.
—No debí venir —susurró con la voz quebrada—. Estoy causando problemas.
Ruby, sin dudarlo, tomó suavemente la mano de su novia y se aferró al brazo de Nina, inclinando la cabeza sobre su hombro.
—No digas eso… me encanta que estés aquí conmigo.
Nina alzó la vista, sus ojos reflejaban una mezcla de vergüenza y miedo.
—Pero le estoy causando problemas a tu familia —insistió.
Ruby sonrió con dulzura, acariciando con el pulgar el dorso de la mano de Nina.
—Sabíamos que esto no iba a ser fácil. No solo esto. Toda nuestra relación es un desafío, ¿no? —le guiñó un ojo.
Y entonces, Nina lo entendió. Esto no era un simple obstáculo, era una de tantas pruebas que vendrían. Formar parte del mundo de Ruby no era sencillo. Ser pareja de alguien como Ruby Harlaown implicaba caminar sobre un suelo lleno de reglas y etiquetas, y si quería estar a su lado, tendría que aprender a enfrentarlas.
Suspiró con resignación y alivio mezclados, y justo cuando iba a responder, un gong resonó desde la entrada principal. La ceremonia estaba por comenzar.
Lindy, consciente de que estaban retrasados, aceleró el paso guiando a toda la familia al interior. Las miradas de algunos invitados se posaron inmediatamente sobre ellos, analizando cada detalle de sus atuendos y su comportamiento. Lindy avanzaba con elegancia, su postura impecable, como si haber llegado tarde fuera parte de un plan deliberado. Cuando el guardia de la puerta principal les lanzó una mirada poco amistosa, Lindy solo le devolvió una sonrisa educada, como quien dice "gracias por su paciencia".
La seguridad personal de los Harlaown, liderada por Alexandrina y acompañada por Amy, tuvo que quedarse fuera, uniéndose al resto de escoltas y guardias de las demás casas. Era un espacio solo para invitados. Amy lanzó una última mirada a Chrono, quien le respondió con un sutil asentimiento.
Una vez dentro, el peso de todas las miradas cayó sobre ellos, como un alud invisible. Xiaomao desde su trono improvisado observaba la escena con una diversión casi imperceptible, como si aquel retraso le pareciera un entretenimiento adicional. A su lado, Li Wei proyectaba una dureza implacable, su mirada era hielo puro, evaluando a cada miembro de la familia Harlaown como si fueran potenciales amenazas.
Lindy avanzó al centro de la sala, deteniéndose para ofrecer una inclinación formal hacia la princesa y sus asesores.
—Lamentamos profundamente el retraso, honorables amigos y, por supuesto, honorable princesa Xiaomao —dijo Lindy en un tono claro y diplomático—. Unos imprevistos en el camino y en la entrada nos retuvieron más de lo esperado, especialmente por temas de seguridad. Les pedimos disculpas.
林梅 (Lin Mei), la consejera personal de Xiaomao, se inclinó ligeramente hacia la princesa y le susurró la traducción de lo dicho por Lindy. Xiaomao esbozó una pequeña sonrisa y realizó un gesto con la mano, indicando que no había problema alguno. Un perdón cortesano para un error inevitable.
Lindy se inclinó nuevamente en señal de agradecimiento, y entonces la familia Harlaown continuó avanzando hacia su mesa. Lindy encabezaba el grupo con la serenidad de una veterana en estas situaciones, flanqueada por Precia y Saori, mientras Ruby y Nina llegaban tomadas del brazo, visiblemente unidas y ajenas —o al menos eso creían— las miradas se clavaban en ellas como dagas. El murmullo entre las otras casas era evidente. Algunos se mostraban curiosos, otros ligeramente molestos. Y una mirada en particular destacaba entre el resto.
Desde la mesa rusa, desde la casa de los Volkov, Reiko Yamauchi las vio.
El corazón de Reiko se detuvo por un segundo. Sus ojos oscuros se abrieron de par en par, incapaces de procesar lo que estaban viendo. Ruby… su Ruby, estaba radiante. Su cabello dorado recogido en un peinado elaborado, con pequeñas horquillas brillantes que simulaban estrellas atrapadas en su melena. Su vestido era de un azul medianoche, que resaltaba la claridad de su piel y hacía juego con sus ojos rojos. Era, literalmente, la imagen de una princesa sacada de un cuento de hadas.
Pero no estaba sola.
Ruby llegó abrazada del brazo de una chica. Cabello marrón, ojos azules, un poco más alta que Ruby, pero más baja que ella. Su vestido era un rojo carmesí que armonizaba con el de Ruby, como si de alguna forma hubieran sido pensados en conjunto. ¿Quién era?
Reiko no la conocía. Nunca había visto a esa chica en su vida. Y en ese instante, su mente explotó en preguntas, cada una más dolorosa que la anterior. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Quién demonios era ella para Ruby? ¿Acaso Ruby… tenía a alguien más?
Lentamente, Reiko apretó los puños sobre la falda de su vestido. Quería pararse, caminar hacia Ruby y arrebatarla de los brazos de esa desconocida. Quería exigirle una explicación, preguntarle por qué, cómo, cuándo... todo. Pero, al mismo tiempo, ¿qué derecho tenía?
¿Qué era ella para Ruby ahora?
Una simple conocida.
Una persona del pasado.
Nada más.
La garganta de Reiko se cerró, un ardor incómodo se acumuló detrás de sus ojos, y por un momento, creyó que iba a romper en llanto ahí mismo, frente a todos. Quería salir corriendo. Quería tirar la copa de vino que tenía en la mano y mandar a la mierda ese evento, la coronación, China entera. ¿Para qué estar ahí si lo único que deseaba ya no le pertenecía?
Pero entonces, una delicada y fría mano se posó suavemente sobre su puño cerrado.
Ekaterina Dmitrievna Volkov, su prometida, estaba a su lado. Aquella chica rusa de piel nívea y cabellos platinados la miraba con esos ojos violetas tan serenos, tan pacíficos que parecían ver directamente dentro de su alma.
—Она, да? Та японка, которую ты не можешь забыть. (Es ella, ¿verdad? La japonesa que no puedes olvidar.) —susurró Ekaterina en ruso, sin dejar de acariciar con calma sus dedos crispados.
Reiko sintió un escalofrío recorrerle la espalda. ¿Era tan obvio? ¿Tan transparente? Trató de desviar la mirada, pero Ekaterina no la soltó. Se inclinó un poco más cerca, hasta que sus labios rozaron la oreja de Reiko.
—Я же здесь. Я сказала тебе, что заставлю тебя забыть её. (Estoy aquí. Te prometí que te haría olvidarla.)
Y con esa misma calma, depositó un beso suave en la mejilla de Reiko.
Reiko cerró los ojos, intentando ordenar sus emociones. No era justo para Ekaterina, no era justo para ella misma, seguir arrastrando esos sentimientos por Ruby. La historia entre ambas había terminado, Ruby no le debía explicaciones. Y sin embargo, dolía. Dolía más de lo que cualquier orgullo herido podía soportar.
Respiró hondo, exhaló lentamente y forzó una sonrisa temblorosa.
Ekaterina le devolvió el gesto, sabiendo perfectamente que la batalla interna de Reiko estaba lejos de terminar.
Cuando Reiko volvió a mirar hacia Ruby, la escena solo empeoró esa herida. Ruby reía suavemente con esa chica de cabello marrón, acariciándole la mejilla con una naturalidad íntima que no se tiene con una simple amiga. La forma en que se miraban, la forma en que esa chica le respondía con sonrisas tímidas… era obvio. Esa chica era alguien especial. Alguien que había ocupado el espacio que alguna vez ella quizo tener.
Y Ruby, completamente ajena a la tormenta que había desatado sin querer, seguía riendo y conversando con Nina, como si el resto del mundo no existiera.
Reiko tragó saliva. Aún no sabía cómo iba a sobrevivir esa noche, pero algo le quedaba claro: el mundo de Ruby había seguido girando… y ella no era parte de él.
Los murmullos del salón se apagaron en cuanto Xiaomao se puso de pie. Su figura esbelta, cubierta por un hanfu blanco con bordados dorados, parecía irradiar autoridad sin esfuerzo. En su mano sostenía una delicada vara dorada, adornada con pequeños grabados en forma de dragones entrelazados, símbolo de la realeza. Con un movimiento preciso, Xiaomao hizo sonar una pequeña campana de plata. Su sonido fue suave, pero vibrante, extendiéndose como una brisa musical por toda la sala.
Cuando habló, su voz resonó clara y elegante, cada palabra medida al milímetro.
"很高兴大家都在这里。"
(Me alegra que todos estén aquí.)
A un costado de la princesa, una larga mesa cubierta de blanco albergaba a los traductores oficiales, cada uno equipado con micrófono, auriculares y pantallas de apoyo. Todos, impecablemente vestidos de blanco de pies a cabeza, parecían monjes de un templo moderno. Cada uno tradujo la frase al idioma correspondiente, y el mensaje de bienvenida se esparció entre los asistentes.
Xiaomao, con una expresión que combinaba amabilidad y picardía, hizo un gesto breve hacia los Harlaown.
"有些人比其他人更早到达。"
(Algunos llegaron más temprano que otros.)
El traductor de japonés repitió la frase y Lindy, lejos de ofenderse, simplemente sonrió con esa elegancia diplomática que la caracterizaba. Sabía que era parte del juego político.
—"你们能来到这里,来到我的国家,来到我的家,是对我们彼此信任和尊重的最好证明。在这里,人人平等,这是我们这片土地共同的理念。所以,请放松心情,尽情享受,再次欢迎你们来到中国。" (El hecho de que estén aquí, conmigo, en mi país, en mi casa, es un voto de confianza y respeto mutuo. Todos aquí son iguales, esa es la filosofía que compartimos en esta tierra. Así que, por favor, relájense, disfruten y sean nuevamente bienvenidos a China.)
Xiaomao terminó con un delicado golpe final a la campana, ganándose los aplausos formales de la sala. En sincronía perfecta, los meseros y meseras, vestidos con trajes tradicionales en seda roja, azul y dorada, ingresaron portando bandejas de bebidas y platillos exquisitamente decorados. El aroma de especias, salsa de soya, jengibre y ajonjolí llenó el aire.
Nanoha respiró hondo. Conocía la comida china. Y ese era precisamente el problema.
Frente a ella, sobre un plato delicado de porcelana blanca con borde de oro, había algo que parecía ser una pata de pollo… entera. Con sus garras y piel arrugada, bañada en una salsa rojiza que apestaba a puro picante infernal.
La sonrisa de Nanoha se congeló. Fate, a su lado, levantó ligeramente una ceja, tratando de contener la risa.
Hayate, sin embargo, no tenía problemas. Con la emoción de quien ama probar cosas nuevas, vertía aún más salsa picante sobre su propio plato, como si fuera ketchup. Carim la miraba horrorizada.
—"¿Cómo es que puedes comer eso sin prenderte fuego?" —susurró Carim.
—"Es un talento natural," —respondió Hayate, orgullosa, mientras su lengua ya parecía inmune a cualquier sensación.
Nanoha, por su parte, estaba en problemas. No podía simplemente no comer. No solo era una descortesía, era un insulto directo al anfitrión, y ella estaba representando a los Takamachi. Tragó saliva, agarró los palillos y, temblorosa, tomó la pata de pollo.
—"Dios, dame fuerzas…" —murmuró para sí misma.
Con un valor que solo podía compararse al de un samurái marchando al campo de batalla, Nanoha se metió la pata a la boca. El infierno se desató instantáneamente.
Su lengua ardió, su garganta quemó y unas lágrimas traicioneras asomaron a sus ojos. El picante perforaba cada rincón de su boca como agujas de fuego.
Desesperada, buscó algo para beber. Lo único que encontró fue su copa de vino. Sin pensar, la tomó y se la bebió de un solo trago. El líquido dulce apenas mitigó el ardor, pero al menos le dio una excusa para tragar y respirar.
Unas risas suaves resonaron detrás de ella.
—"我看到你更喜欢葡萄酒而不是我们国家的美食, 高町女士。"
(Veo que le agrada más el vino que la comida de mi país, Lady Takamachi.)
Nanoha se giró lentamente, aún con los ojos llorosos, para encontrarse cara a cara con la misma princesa Xiaomao, quien la observaba divertida. A su lado, Lin Mei, la traductora y consejera de la princesa, ya estaba lista para convertir esas palabras en japonés.
—"Princesa… no la vi acercarse…" —balbuceó Nanoha, aún tratando de recuperar el aire.
—"No es lo que piensa, yo… yo no soporto el picante…"
Xiaomao levantó una ceja con fingida sorpresa.
—"那你为什么不提前告诉保安呢?"
(Entonces debió informarlo al equipo de seguridad para que el chef tuviera consideraciones.)
Lin Mei tradujo con calma, mientras Nanoha sentía su dignidad reducida al tamaño de un grano de arroz. Fate le dio una palmada en el muslo por debajo de la mesa, como señal de apoyo.
—"你, 过来。"
(Tú, ven aquí.)
Xiaomao llamó con un gesto a uno de los meseros, quien se acercó pálido como papel, convencido de que había cometido un error fatal.
—"高町女士不能吃辣。告诉厨师准备一些不辣的菜。明白吗?"
(La señorita Takamachi no tolera el picante. Informa al chef que prepare algo sin especias para ella. ¿Entendido?)
El mesero asintió repetidamente, hizo una profunda reverencia y salió disparado hacia la cocina. Lin Mei tradujo las indicaciones para Nanoha y ella no sabía si sentirse aliviada o aún más avergonzada.
Xiaomao le dedicó una sonrisa calmada, pero con esa chispa de "te estoy observando" brillando en sus ojos.
—"希望您享受您的逗留时间, 高町女士。"
(Espero que disfrute su estadía, Lady Takamachi.)
Con un elegante giro, Xiaomao y su séquito continuaron hacia otra mesa. Nanoha dejó caer la cabeza sobre la mesa, golpeando suavemente la superficie con la frente.
—"Bien hecho, Nanoha… excelente primera impresión…"
Fate apoyó la cabeza sobre el hombro de su esposa, sonriendo con ternura.
—"Si te sirve de consuelo, fue bastante adorable."
—"Me sirve cero…" —murmuró Nanoha.
Desde el otro lado del salón, Li Wei, el imponente guardaespaldas, había observado toda la escena sin cambiar ni un milímetro su expresión. Como una estatua de piedra, evaluaba cada gesto de cada invitado, grabándolos en su mente como piezas de un tablero de ajedrez que él estaba destinado a proteger.
Lindy Harlaown observaba atentamente desde su asiento. Desde que Xiaomao se había acercado a Nanoha, no había perdido detalle de la interacción. Conocía bien a su ahijada, y esa torpeza dulce y transparente de Nanoha era parte de su encanto... pero no cuando representaba oficialmente a los Takamachi. Ese pequeño desliz con el picante iba a ser motivo de una charla privada más adelante, eso lo tenía decidido.
Sin embargo, el enfoque de Lindy cambió cuando notó que la princesa Xiaomao comenzó a caminar directamente hacia su mesa. Con un sutil toque de uñas sobre la superficie, avisó discretamente a los Harlaown que se prepararan. En automático, Ruby acomodó su postura, Chrono se ajustó las mangas de su camisa, y Nina, aún algo desorientada, sintió la suave presión de la mano de Ruby sobre su pierna, como una advertencia silenciosa.
La figura de Xiaomao se acercó con esa gracia majestuosa que parecía natural para ella. Su hanfu blanco ondeaba al ritmo de sus pasos ligeros, y su sonrisa parecía la de alguien que disfruta de la incomodidad ajena, pero sin ser cruel, más bien divertida.
"我很高兴你们能来, 我还以为哈尔劳恩家族已经放了我们鸽子呢。"
(Me alegra que pudieran llegar, me estaba preguntando si la familia Harlaown nos había dejado plantados.)
Lin Mei, eficiente y con voz dulce, tradujo de inmediato, suavizando ligeramente el tono, consciente de que la franqueza china a veces resultaba demasiado directa para oídos occidentales. Sin embargo, antes de que alguien más pudiera responder, fue Chrono quien dio un paso al frente.
—"陛下,哈尔劳恩家族从不食言。我们可能会迟到,但我们答应过来,所以我们来了。"
(Su Majestad, los Harlaown nunca faltamos a una promesa. Podemos tardar, pero prometimos estar aquí, y aquí estamos.)
El mandarín fluido de Chrono tomó por sorpresa a varios presentes, incluida la misma Xiaomao, cuyos ojos se clavaron en los suyos con renovado interés. Sus miradas se cruzaron, ambos con ese tono azul característico, como si midieran quién parpadearía primero.
—"你的中文说得很好。这很好。为什么要学中文?"
(Tienes un buen manejo del chino. Eso es muy bueno. ¿Por qué lo estudiaste?)
Chrono respondió sin dudar, aunque sentía el peso de la atención sobre él.
—"因为我们认为与中国保持良好关系非常重要。"
(Porque es importante para nosotros tener una buena relación con China.)
La princesa sonrió de lado, con una mezcla de satisfacción e ironía.
—"良好的关系..."
(Buena relación...)
"克罗诺·哈洛温,我会相信你的话。"
(Chrono Harlaown, voy a tomar tu palabra.)
Chrono sintió un escalofrío recorrerle la espalda. ¿Había metido la pata? No estaba seguro, pero esa sonrisa velada no era precisamente reconfortante.
Xiaomao entonces recorrió con la vista al resto de la familia y, cuando sus ojos se posaron en Ruby, su tono cambió ligeramente.
—"很高兴看到你,黄金小公主。"
(Es un gusto verte también, princesita de oro.)
Lin Mei tradujo, y Ruby se sonrojó ligeramente, inclinando la cabeza con educación, pero sintiendo el corazón acelerado. Esa forma de llamarla "princesita de oro" era dulce y burlona a la vez, como quien acaricia y lanza un dardo al mismo tiempo.
Entonces, los ojos de Xiaomao se desviaron hacia algo —o mejor dicho, alguien— que no reconocía. Una chica de cabello marrón y ojos azules, sentada al lado de Ruby. Su mirada se convirtió en un escaneo completo, de pies a cabeza. Nina sintió la incomodidad clavarse en su piel como agujas invisibles.
—"我不认识你。你是谁?"
(No te conozco. ¿Quién eres?)
Lin Mei tradujo. Nina sintió la sangre drenar de su rostro. Quería hundirse bajo la mesa, pero Ruby le dio un apretón en la mano, recordándole que tenía que responder. Respiró hondo y, con la voz un poco temblorosa, dijo:
—"Nina Iseri, 14 años. Estudio en Shirayuri Joshi Kōtō Gakkō, soy cantante... y la novia de Ruby."
Lin Mei tradujo al chino, sin omitir ni una sola palabra. Xiaomao alzó ligeramente las cejas, sorprendida, pero sonrió con esa elegancia que parecía bordada en su ADN.
—"歌手?在你回国之前,我希望能听到你为我演唱一首歌。我非常喜欢音乐。"
(¿Cantante? Espero entonces que puedas interpretar una pieza para mí antes de que regreses a tu país. Me encanta la música.)
Nina tragó saliva. Perfecto. Ahora tenía un compromiso directo con la futura emperatriz de China. ¿Podía haber algo más intimidante?
Xiaomao entonces dirigió su atención a Lindy, que seguía observando la escena con la calma estratégica de quien siempre juega ajedrez en su mente.
—"琳迪,希望我们稍后能聊聊。还有你,克罗诺·哈洛温。"
(Lindy, espero que podamos conversar luego. Y tú también, Chrono.)
Lin Mei tradujo para cerrar el pequeño intercambio, y Xiaomao se retiró elegantemente hacia otra mesa, su séquito siguiéndola con precisión coreografiada.
En cuanto se alejó, Nina dejó escapar el aire que había estado conteniendo. Ruby, sin soltar su mano, se inclinó hacia ella con una sonrisa cómplice.
—"Ánimo. Solo tienes que convencer a la princesa de todo un país con tu voz."
Nina la miró con la boca abierta, incrédula.
—"¡No ayudas!"
Ruby rió, y sin preocuparse por las miradas curiosas, le plantó un beso suave en la mejilla, ignorando por completo a la facción rusa al otro extremo de la sala, donde Reiko Yamauchi las observaba la interacción de ambas chicas.
La cena en el palacio principal había concluido, y ahora los jardines exteriores se convertían en el nuevo punto de reunión. Los caminos de piedra, iluminados por faroles tradicionales, creaban un ambiente elegante, casi onírico. Puentes curvados atravesaban lagos decorados con lotos y carpas doradas que se movían perezosamente bajo el reflejo de la luna. El aire estaba impregnado de ese aroma inconfundible de jazmín mezclado con la frescura nocturna.
Nanoha caminaba junto a Lindy, con las manos delicadamente cruzadas delante de ella, su postura era recta, elegante, y aunque en su interior aún lidiaba con la incomodidad de su pequeño "incidente culinario", por fuera mantenía el rostro sereno que tanto había practicado en eventos sociales. Nanoha no era una novata en diplomacia, pero esta vez sentía un peso diferente. Era la primera vez que representaba a toda la casa Takamachi sin la presencia de su padre. El apellido Takamachi tenía un valor político y simbólico demasiado alto en círculos internacionales como para permitir errores. Y lo sabía.
—"Nanoha." —Lindy rompió el silencio suavemente, con ese tono que usaba cuando el mensaje no era solo una sugerencia, sino una advertencia maternal camuflada—. "Sé que ya lo sabes, pero es mi deber recordártelo. En este momento, no solo estás aquí como Nanoha Takamachi. Estás aquí como la cabeza visible de tu familia. Cada gesto, cada palabra, incluso la forma en que sostienes tu copa, es observado y evaluado. Este no es solo un banquete, es un tablero de ajedrez, y cada uno de nosotros es una pieza en juego."
Nanoha respiró profundo.
—"Eso me recuerda a las lecciones de mi padre cuando era adolescente. Siempre me decía que una Takamachi debe brillar en la luz y también en la sombra."
Lindy asintió con una sonrisa suave.
—"Me lo dijo antes de que partiéramos. Shiro te respalda, Nanoha. Pero me pidió que esté cerca, por si necesitas una mano."
Nanoha detuvo sus pasos por un instante, girando el rostro hacia Lindy, aunque su expresión no era de molestia, sino de reflexión.
—"No voy a mentirte, tía Lindy. Me pesa que me vea todavía como si necesitara alguien que me cuide a cada paso. Sé que esto es grande, pero no soy una niña."
Lindy le sostuvo la mirada.
—"Lo sé, y créeme que Shiro también lo sabe. No se trata de que dude de tu capacidad, Nanoha. Se trata de que este juego no siempre se gana con fuerza o experiencia. A veces, se gana con alianzas inesperadas, con acuerdos en las sombras o con pequeños gestos que parecen irrelevantes. Esa es la parte que aún no has enfrentado por completo. Y es lo que me pidió que te enseñara... en el campo de batalla real."
Nanoha suspiró suavemente, entendiendo el peso real de sus palabras.
—"Así que esta es mi primera prueba sin red de seguridad, ¿eh?"
Lindy sonrió de medio lado.
—"Yo soy la red, cariño. No voy a tomar decisiones por ti, ni voy a hablar en tu lugar. Pero si alguna vez sientes que el suelo se vuelve inestable, estaré cerca."
Nanoha asintió con una pequeña sonrisa.
—"Aprecio eso, de verdad. Aunque, debo admitirlo, aún me incomoda sentir que hay tantas miradas encima de mí."
Lindy rio bajito.
—"Bienvenida al mundo de las cabezas de familia. Si esperabas privacidad, te equivocaste de apellido."
Nanoha rió suavemente, esta vez con menos tensión en el cuerpo.
—"Si esto es el precio por ser Takamachi, supongo que tendré que pagarlo."
Lindy le dio un leve golpecito en el brazo.
—"Y te aseguro que vale la pena. Ahora, anda, socializa un poco. Recuerda que, entre cena y cena, es cuando se firman las verdaderas alianzas."
Nanoha respiró profundo y asintió con decisión.
—"Entendido, tía Lindy."
Con renovada seguridad, Nanoha enderezó aún más la espalda, ajustó el dobladillo de su vestido y dejó que la noche siguiera su curso. Esta vez no era la estudiante brillante, ni la hija ejemplar. Esta vez era Nanoha Takamachi, heredera de una de las casas más influyentes de Japón, y estaba lista para demostrarlo.
Nina estaba sentada en una banca de piedra tallada, sus manos entrelazadas sobre sus rodillas, mientras observaba a Riko con una mirada fulminante. La peliazul no paraba de reírse de ella, como si todo lo ocurrido en el evento fuese una especie de comedia personal. Claro, Nina sabía que era esperable encontrarse con Riko —ella misma había dicho que vendría con su familia—, pero después de la odisea de llegar tarde, el bochorno de aduanas, y el compromiso repentino de cantar para la futura emperatriz, lo último que necesitaba era que su amiga se burlara de ella.
—Es increíble, Nina. No solo llegas tarde, sino que encima te comprometes a cantar frente a la figura más importante de China y, para coronar, rompes un plato de porcelana como si estuvieras en una boda griega. ¡Por favor, nunca cambies! —se carcajeó Riko, sujetándose el estómago.
Nina cerró los ojos, conteniendo las ganas de gritarle.
—¿Terminaste? —preguntó con un tono seco e irritado.
Riko asintió aún entre risas. Ruby, a su lado, cubría su propia boca con una mano para no soltar una carcajada. Ni siquiera ella había visto a su novia tan torpe en un solo día. Entre risitas, Ruby tomó la mano de Nina y la acarició suavemente para calmarla.
—Hoshisora-san, creo que es suficiente —dijo Ruby, aunque su tono traicionaba la diversión que ella misma sentía.
Riko dejó escapar un suspiro y se dejó caer al lado de Nina.
—Solo porque tu novia me lo pide —bromeó, y en respuesta recibió un manotazo en el brazo.
—Auch, violenta —fingió dolor Riko, dramatizando su reacción, lo cual solo hizo que Ruby y Nina se miraran y negaran con una sonrisa compartida.
—Es raro vernos aquí fuera de la escuela, sin uniformes ni deberes encima —comentó Riko, mirando alrededor al resto de las familias.
—No me siento precisamente libre —contestó Nina, apoyando su mejilla en la palma de su mano.
—Cada vez que alguien me mira, siento que me están evaluando como si fuera algún tipo de rareza.
Ruby rió suavemente, pero antes de que pudiera responder, una voz firme pero suave las interrumpió.
—...Ruby.
Las tres voltearon la cabeza al mismo tiempo. Ruby abrió los ojos como platos. La figura frente a ella era imposible de confundir.
—¿Reiko? —su voz era una mezcla de sorpresa y confusión.
Nina, sin siquiera preguntar, endureció la mirada. Aunque no conocía a Reiko personalmente, Ruby sí le había contado, a su manera, sobre "esa chica" que fue parte importante de su pasado. Nina se puso de pie de inmediato, con la clara intención de ponerse frente a Ruby como escudo. Sin embargo, Riko la detuvo, sujetándola del brazo.
—Calma. —susurró Riko—. Ella es Reiko Yamauchi, la heredera de su casa. Su familia es influyente y poderosa. Piensa bien antes de hacer alguna locura.
—Reiko, ¿qué haces aquí? —preguntó Ruby, aún confundida.
La expresión de Reiko era una mezcla de nervios, emoción contenida y una profunda melancolía.
—Estás hermosa —dijo, sin responder la pregunta directamente.
Ruby sintió el leve calor de un sonrojo subiéndole a las mejillas, pero se obligó a mantener la compostura.
—Eso no responde mi pregunta.
—Mi casa fue invitada... y los Volkov también. Somos aliados de China, así que no tuve opción. —explicó Reiko, sin apartar la mirada de Ruby.
El corazón de Nina latía con fuerza. Sabía quién era Reiko, al menos por las pocas conversaciones incómodas que había tenido con Ruby sobre su pasado. Sin embargo, no esperaba encontrársela así, frente a frente.
—Ruby, tengo tanto que decirte... Han pasado tantas cosas... No sé ni cómo empezar. —Reiko bajó la mirada, su voz temblaba ligeramente.
Ruby iba a responder, pero fue Reiko quien desvió la mirada hacia Nina. Sus ojos la recorrieron de pies a cabeza con curiosidad y una creciente incomodidad.
—¿Quién es ella? —preguntó Reiko—. Nunca me hablaste de ella. ¿Estás saliendo con ella? Después de lo que...
—Alto. —la cortó Ruby con firmeza.
Ruby respiró hondo antes de continuar.
—Reiko, tú desapareciste. Te fuiste sin avisar, sin una llamada, sin un mensaje. Yo intenté buscarte, esperé noticias, pero no hubo nada. Desapareciste del mapa y ahora apareces aquí... pidiendo explicaciones de con quién estoy. ¿Te parece justo?
—Ruby... lo siento. Pero me obligaron...
—¿Y acaso me lo dijiste? —la interrumpió Ruby—. ¿Esperabas que lo adivinara? Lo intenté, Reiko. Te busqué. Pero desapareciste.
Las palabras pesaban en el aire. Reiko dio un paso hacia Ruby, pero Nina se tensó al instante. Riko la mantenía sujeta, como si fuera a soltarla y Nina se fuera directo a la yugular.
Pero entonces, una voz suave y delicada sonó en ruso.
—Думаю, у тебя было достаточно времени, чтобы попрощаться.
(Creo que ya tuviste suficiente tiempo para despedirte).
Ekaterina Dmitrievna Volkov apareció al lado de Reiko, luciendo un vestido morado de elegancia absoluta, con una cola larga que deslizaba por el suelo de piedra. Su presencia exudaba nobleza y autoridad. Todos en el grupo la miraron, excepto Reiko, quien ya la esperaba.
—Я знаю (Lo se) —respondió Reiko, suspirando.
Luego, miró nuevamente a Ruby.
—Ella es Ekaterina Dmitrievna Volkov, heredera de la casa Volkov de Rusia... y mi prometida.
Ruby parpadeó, sorprendida. Por un instante, una leve punzada se clavó en su pecho, pero no era celos. Era el cierre definitivo de un capítulo.
—Ya veo. Tú también seguiste adelante —dijo Ruby con una sonrisa suave, de esas que duelen un poco, pero son necesarias.
Ambas se miraron, como reconociendo mutuamente que el tiempo no perdona, que lo que fue, ya no es.
—Ella es Nina Iseri. —dijo Ruby, tomando la mano de Nina con firmeza—. Es cantante, y te aseguro que su voz va a llegar lejos. Y sí... es mi novia.
Reiko ya lo había sospechado. Esas caricias, esas miradas, y la forma en que Ruby la protegía lo decían todo. Aún así, escucharlo dolía más de lo que esperaba.
—Ya... veo. —murmuró, incapaz de decir algo más.
Hubo un silencio incómodo, uno que solo rompió Reiko tras varios segundos.
—Creo que es mejor que me retire.
Ruby respiró profundo y dio un paso al frente.
—Reiko... tú siempre serás especial para mí. Fuiste la primera persona que me extendió la mano cuando entré a este mundo. No quiero perder eso.
Reiko bajó la mirada.
—Lo sé. Pero ahora mismo... no puedo.
Dio media vuelta para marcharse, pero se detuvo un instante.
—¿Puedo... darte un abrazo? —preguntó, casi como un susurro.
Ruby asintió. El abrazo fue corto, intenso, y cargado de emociones que ninguna de las dos podía expresar con palabras. Fue un adiós y un gracias, todo a la vez. Cuando se separaron, Reiko regresó junto a Ekaterina, quien le ofreció una mano.
Nina observaba la escena con una mirada fría, casi como si quisiera perforar la espalda de Reiko. Ruby, sin soltar la mano de Nina, le dio un leve apretón, como diciéndole "estoy contigo."
Y así, bajo el cielo estrellado de China, un capítulo se cerraba mientras otro apenas comenzaba.
Cuando Reiko y Ekaterina desaparecieron entre la multitud de invitados, Ruby soltó un suspiro largo, como si de pronto el peso de los recuerdos y las emociones acumuladas se derramara en ese único aliento. Nina, sin embargo, no se movió ni un centímetro. Seguía mirando en la dirección por la que Reiko se había ido, sus labios apretados en una línea tensa y sus ojos entrecerrados, reflejando una mezcla de celos, incomodidad y una pizca de inseguridad que intentaba esconder bajo su habitual fachada sarcástica.
Ruby lo notó al instante.
—Nina... —su voz era suave, casi temerosa de interrumpir sus pensamientos.
—No me digas que me calme —respondió Nina de inmediato, sin mirarla, aún con la vista clavada en el punto donde Reiko había estado de pie.
Ruby tragó saliva. No era la primera vez que veía a Nina celosa, pero esta vez era diferente. Había algo más profundo, algo que iba más allá de simples celos adolescentes. Era miedo. Miedo de no ser suficiente.
Nina se puso de pie de golpe, haciendo que Ruby soltara su mano por la sorpresa.
—¿Sabes qué es lo peor de todo? —dijo Nina, cruzándose de brazos, sin mirarla todavía—. No es que sea bonita. No es que venga de una familia importante o que tenga conexiones políticas. No. Lo peor es que ella fue parte de tu vida antes de que yo siquiera existiera para ti. Yo... soy la nueva. Soy la reemplazo.
—¡¿Qué?! —Ruby abrió los ojos, sorprendida.
Nina apretó los puños, sus emociones derramándose como una represa rota.
—Soy la chica que apareció después de que ella desapareció. Eso es lo que soy, ¿no? La opción B. ¡Ni siquiera me conocías cuando estabas con ella! ¡Y ahora me entero de que era tu primera amiga y... y probablemente la primera chica que te gustó de verdad!
Ruby sintió un nudo en la garganta.
—Nina, no es así...
—¿Ah, no? —Nina por fin la encaró, sus ojos azules brillando con lágrimas contenidas—. ¿Entonces cómo es? ¡Porque desde que ella apareció no has dejado de mirarla como si todavía fuera importante para ti! ¡Y lo peor es que yo soy tan tonta que vine a este viaje pensando que era especial por acompañarte, cuando en realidad solo soy la niña nueva que no entiende cómo funcionan estas cosas de la alta sociedad! ¡Y encima me hacen cantar delante de la emperatriz! ¡Dios, Ruby, yo no pertenezco aquí!
Ruby dio un paso adelante y tomó a Nina de ambas manos, sujetándolas con firmeza.
—Escúchame bien, Nina Iseri. —su voz era suave, pero con esa firmeza que solo Ruby podía transmitir cuando hablaba desde el corazón—. Sí, Reiko fue mi amiga. Sí, la quise mucho. Y sí, me dolió perderla. Pero eso es el pasado. Lo que tengo contigo es ahora. Es real. Y no es un reemplazo de nada, porque lo que siento por ti nunca lo sentí por ella.
Nina trató de esquivar su mirada, pero Ruby no se lo permitió.
—Tú me haces sonreír cada día, Nina. Tú eres la que me haces querer ser mejor persona, mejor hija, mejor novia. Y no me importa si no vienes de una familia importante, o si no sabes cómo moverte en este mundo lleno de reglas estúpidas. Lo que me importa es que me tomas la mano cuando tengo miedo y que me haces reír cuando quiero llorar. Tú. No Reiko. No nadie más.
Nina parpadeó varias veces, sus emociones en conflicto, hasta que finalmente sus hombros se relajaron y las lágrimas comenzaron a caer. Ruby la jaló suavemente hacia su pecho y la abrazó con fuerza, dejando que Nina escondiera el rostro contra su cuello.
—No eres un reemplazo —susurró Ruby en su oído—. Eres mi presente... y quiero que seas mi futuro.
Nina se aferró a Ruby como si fuera su ancla en medio de una tormenta.
—Perdón por ser tan tonta... es solo que me asusté. —admitió, su voz quebrada.
—Tienes derecho a asustarte. —Ruby acarició su cabello—. Pero no tienes que enfrentarlo sola. Estoy aquí.
El viento nocturno sopló suavemente, moviendo el flequillo de Nina mientras seguían abrazadas. Ninguna de las dos habló por un largo rato, disfrutando ese momento de intimidad en medio de un evento lleno de máscaras sociales y apariencias.
Finalmente, Nina levantó la cabeza, sus ojos aún algo rojos por las lágrimas.
—Prométeme algo, Ruby.
—Lo que quieras. —respondió ella sin dudar.
—Si alguna vez te sientes... no sé, confundida, o si vuelves a pensar en ella, dímelo. No me dejes en la oscuridad. Prefiero que me duela saber la verdad, a que me dejes fuera.
Ruby sonrió y besó suavemente su frente.
—Lo prometo.
—Bien. —Nina respiró profundo y se limpió las lágrimas con el dorso de la mano—. Porque después de todo esto, si encima te pierdo por ella, juro que me vuelvo monja.
Ruby soltó una carcajada sincera, aliviada de ver a su Nina bromista de vuelta.
—No tienes que preocuparte. —se inclinó hacia ella y le robó un beso suave—. Me gustan las traviesas, no las santas.
—Eso me lo guardo para después. —dijo Nina, logrando sonreír.
Ambas se tomaron de la mano y comenzaron a caminar por el jardín, lejos de las miradas y de las tensiones. Porque, al final del día, lo único que importaba era que, a pesar de sus miedos e inseguridades, seguían juntas. Y eso, al menos por esa noche, era suficiente.
Cuando Nina y Ruby finalmente se separaron del abrazo, aún tomándose de la mano, un sonido conocido rompió la atmósfera cargada de emociones.
—Kyaaa~ qué cursis son! —se escuchó la risa de Riko, que estaba cómodamente sentada en la banca donde todo había comenzado, con los brazos cruzados detrás de la cabeza y una sonrisa tan amplia como burlona—. Por dios, me dieron diabetes con tanto azúcar.
Nina volteó con una mirada afilada.
—¿Tú sigues aquí? Pensé que ya te habías ido a molestar a otra persona.
Riko se encogió de hombros.
—¿Y perderme el show? Ni loca. —Le guiñó un ojo a Nina—. Además, ¿cómo me iba a perder la confesión romántica de la princesa Harlaown? Fue como ver una novela en vivo. Solo faltaba la lluvia y la música dramática de fondo.
Ruby rodó los ojos, pero estaba sonriendo.
—Hoshisora-san, ¿acaso naciste para fastidiar o tomaste un curso intensivo?
—¿Curso intensivo? Por favor, Harlaown-chan, esto es puro talento natural. —Riko se puso de pie con un salto ligero y se acercó a las chicas, rodeando a Nina con un brazo por el cuello como si fueran las mejores amigas del mundo—. Pero fuera de bromas... me alegra ver que arreglaron las cosas. Estaba a punto de amarrarlas a las dos en un closet hasta que lo hicieran.
Nina suspiró, pero no pudo evitar sonreír un poco.
—Gracias por la "preocupación", Riko. Eres todo un encanto.
—Lo sé. —Riko sacó pecho orgullosa—. Pero hey, ahora que ya pasó el drama, deberíamos aprovechar el resto de la noche. ¡Estamos en China, chicas! ¡En un palacio real! Y aunque me gustaría decir que esto es un sueño, la verdad es que la comida es tan picante que mi lengua todavía me odia.
Ruby soltó una risa sincera y Nina le siguió. Era increíble lo rápido que Riko podía cambiar el ambiente, de tenso a relajado, como si fuera un torbellino de caos bien intencionado.
—Por cierto, Nina. —Riko la miró con una sonrisa traviesa—. Me debes una canción. No creas que me olvidé del compromiso con la princesa. Vas a brillar, querida. Y yo voy a estar en primera fila grabándolo todo para cuando necesites recordarlo por el resto de tu vida.
—¡¿Qué?! —Nina la miró horrorizada—. ¡Riko, no te atrevas!
—Demasiado tarde, ya lo decidí. —Riko sacó su teléfono y le mostró la app de grabación lista para usarse—. Tranquila, solo lo guardaré como material de chantaje para cuando te pongas demasiado orgullosa.
Ruby, sin poder contener la risa, le dio un suave codazo a Nina.
—Vamos, amor. Demuéstrales por qué me enamoré de la mejor cantante de Shirayuri.
Nina suspiró dramáticamente.
—Las odio... —dijo, aunque su sonrisa sincera delataba lo contrario.
Las tres caminaron juntas por el jardín, dejando atrás la tensión de la noche y disfrutando, aunque fuera por un breve momento, de la sensación de ser simplemente adolescentes compartiendo un momento único en un lugar histórico.
Riko, como siempre, iba en medio, hablando sin parar y buscando nuevos chismes, Ruby seguía sosteniendo la mano de Nina, y Nina... bueno, Nina sentía que por más complicado que fuera este viaje, al menos no estaba sola.
La noche había avanzado y la brisa fresca de los jardines empezaba a colarse entre los vestidos y trajes de los invitados. La cena había terminado oficialmente y, poco a poco, las familias comenzaron a retirarse. Los Takamachi, siguiendo el protocolo asignado, aguardaron a que las casas anfitrionas dieran el primer paso antes de proceder a abandonar el recinto.
Nanoha estaba cansada. No solo por la tensión de la cena y el incidente con la princesa Xiaomao, sino por la constante presión de saber que cada palabra, gesto o expresión podía ser interpretada de mil maneras. Representar a los Takamachi no era sencillo, menos aún cuando Shiro, el verdadero rostro de la familia, no estaba presente.
Signum, siempre eficiente, se acercó discretamente al oído de Nanoha.
—Lady Nanoha, los vehículos están listos para trasladarnos de regreso al hotel. Hay un pequeño contingente de seguridad esperando en la salida. Todo ha sido coordinado con el equipo de seguridad chino.
Nanoha asintió, mientras Fate le tomaba la mano y la apretaba suavemente, transmitiéndole un poco de esa calma que solo ella podía darle. Hayate y Carim, que habían estado conversando con miembros de la delegación alemana, también se acercaron al notar que era hora de retirarse.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Hayate con una sonrisa ligera.
—Como si hubiera corrido un maratón usando tacones de aguja —respondió Nanoha con una sonrisa cansada.
El grupo de las Takamachi comenzó a caminar hacia la salida, donde los vehículos asignados los esperaban. A pesar de que la velada había transcurrido sin incidentes graves, la sensación de que algo estaba fuera de lugar no abandonaba a Signum ni a Vita, que seguía lanzando miradas sospechosas a cada sombra y movimiento.
—¿A qué hora es exactamente la ceremonia mañana? —preguntó Carim, mientras revisaba en su teléfono una serie de mensajes.
—El programa oficial marca que comenzará a las diez de la mañana, hora local —respondió Signum—. Pero el protocolo exige que todas las casas estén formadas y en sus lugares al menos una hora antes. Nos recogerán del hotel a las siete y media. Hay que estar listas a las siete.
—Perfecto... —Hayate suspiró dramáticamente—. Levantarnos temprano para ver cómo coronan a una niña de 16 años. Me encanta el turismo cultural.
Nanoha sonrió de lado.
—Si quieres, puedo pedirle a Xiaomao que te dé un tour privado y te cuente la historia completa de cada ladrillo de la Ciudad Prohibida.
—No juegues con mi corazón así —respondió Hayate, poniendo una mano en su pecho de forma teatral.
Mientras subían al vehículo, Signum dio algunas indicaciones a los guardias chinos que escoltarían la caravana. Zafira ya estaba esperándolos dentro de uno de los vehículos, habiendo regresado antes para asegurarse de que el perímetro estuviera despejado. El viaje de regreso fue tranquilo, aunque las calles de Beijing todavía conservaban algo de movimiento nocturno.
Nanoha apoyó su cabeza en el hombro de Fate, cerrando los ojos por un momento.
—¿En qué piensas? —preguntó Fate en un susurro.
—En mi papá... —respondió Nanoha—. Siempre se ve tan cómodo en estos eventos, como si nada lo tocara. Ahora que estoy en sus zapatos, me doy cuenta de lo pesado que es llevar el nombre de Takamachi en un lugar como este.
Fate deslizó sus dedos entre los de Nanoha.
—No estás sola. Tienes a todas nosotras aquí. Y créeme, lo hiciste bien hoy.
Nanoha no estaba tan segura de eso, pero el cansancio le impidió seguir pensando demasiado en ello. Cerró los ojos mientras el vehículo se deslizaba por las avenidas iluminadas, acercándolas de vuelta a la comodidad —y relativa seguridad— del hotel.
Una vez en el hotel, Signum se encargó de supervisar que las habitaciones estuvieran seguras antes de permitir que el grupo subiera. Dentro de la suite de Nanoha y Fate, las dos se quitaron los zapatos apenas cruzaron la puerta.
—Dios mío, no sé cómo las mujeres chinas pueden aguantar esos tacones toda la noche —se quejó Nanoha, dejándose caer en la cama.
Fate rio suavemente.
—Nosotras somos mujeres japonesas, cariño. Tenemos otro tipo de entrenamiento.
Nanoha se cubrió el rostro con una almohada.
—Mañana será peor, ¿cierto? Todo el evento, la coronación, los discursos, las cámaras...
Fate se sentó a su lado y le apartó la almohada.
—Lo será, pero lo haremos juntas.
Nanoha la miró con una mezcla de ternura y cansancio.
—¿Cómo haces para ser tan perfecta?
—No soy perfecta. Solo te amo mucho.
Ambas compartieron un beso suave, antes de que el agotamiento las terminara de vencer. En la habitación contigua, Hayate y Carim también se preparaban para descansar, mientras Signum y Vita mantenían comunicación constante con la seguridad del hotel y el equipo chino asignado.
El reloj marcaba las 11:37 pm cuando finalmente las luces de la suite Takamachi se apagaron. El día siguiente sería largo, complicado y lleno de momentos críticos, pero por esa noche, la familia Takamachi podía darse el lujo de dormir en paz.
Al menos, por ahora.
