Capítulo 22

La Emperatriz

El cielo sobre Beijing aún era de un azul oscuro cuando las luces del Hotel Imperial comenzaron a encenderse gradualmente, anunciando el inicio de un día trascendental. Era la mañana de la coronación de Xiaomao Tang y, para la familia Takamachi, significaba prepararse para uno de los eventos más importantes en la historia contemporánea de China.

Nanoha abrió los ojos al sentir un leve rayo de sol filtrarse por las cortinas de la habitación. Su cuerpo se sentía pesado después de la cena de la noche anterior, y la vergüenza de su incidente con el picante aún resonaba en su mente. Fate, quien dormía a su lado, respiraba con tranquilidad, con su cabello dorado esparcido sobre la almohada de seda.

La alarma del despertador sonó suavemente a las 5:30 a.m. Fate frunció el ceño y se enterró más en las mantas. Nanoha, en un intento de aferrarse un poco más a la calidez de la cama, rodó sobre su esposa y la abrazó con fuerza.

—Cinco minutos más… —murmuró Fate con voz somnolienta.

Nanoha rió levemente y la besó en la frente.
—Si seguimos así, Hayate entrará aquí a golpearnos con una almohada.

Fate rio ante el comentario —Lo dudo mucho, vamos a tener que ser nosotras las que la despertemos si es que Carim falla en el intento.

Fate suspiró y, resignada, se estiró perezosamente y, tras unos segundos, se incorporó. La habitación estaba tenuemente iluminada, pero la elegancia del mobiliario resaltaba aún en la penumbra. Era una suite decorada con un estilo imperial moderno, con detalles dorados y muebles de caoba oscura.

Nanoha se pasó la mano por el cabello, despeinándolo aún más.
—¿Cómo crees que nos vea el mundo después de hoy? —preguntó con seriedad.

Fate le miró de reojo mientras se levantaba de la cama y se ponía las pantuflas.
—Eso depende de cómo se desarrollen las cosas… pero tengo la sensación de que la política china se encuentra en una cuerda floja. Y nosotras estamos caminando sobre ella.

Nanoha se sentó en el borde de la cama y suspiró.
—Eso suena demasiado filosófico para esta hora de la mañana.

—Lo digo en serio, Nanoha. —Fate la miró con suavidad pero con firmeza—. Algo en todo esto me pone en alerta.

Nanoha tomó las manos de Fate y entrelazó sus dedos.
—Yo también lo siento. Por eso, hoy más que nunca, debemos estar juntas y actuar con precaución.

Fate asintió y, con una sonrisa, le besó la mano.
—Entonces, comencemos el día.

Sin embargo, cuando Nanoha se inclinó para levantarse, Fate la jaló suavemente de la muñeca y la hizo recostarse de nuevo sobre la cama.

—¿Fate? —preguntó Nanoha, sorprendida.

Fate no respondió de inmediato, simplemente la miró con esos ojos borgoña que aún tenían un rastro de somnolencia, pero que ahora reflejaban algo más. Su mano acarició la mejilla de Nanoha, recorriendo la línea de su mandíbula hasta deslizarse con suavidad hacia su cuello.

—No quiero levantarme aún… —susurró Fate, con una sonrisa cómplice.

Nanoha la miró, confundida por un momento, pero pronto comprendió. Fate se inclinó sobre ella, sus labios rozando apenas los de su esposa antes de sellar el contacto en un beso lento y profundo. Nanoha sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando Fate la atrajo más hacia sí, deslizando su pierna entre las de ella en un gesto inconsciente de cercanía.

Las manos de Nanoha encontraron su camino hacia la cintura de Fate, acariciando la tela de la fina camisola de seda que su esposa llevaba puesta. El roce de la tela contra su piel solo aumentaba la calidez entre ellas. Fate, sin apartarse del beso, se acomodó mejor sobre Nanoha, apoyando una mano en la curva de su cadera, mientras sus labios descendían suavemente por su cuello.

Nanoha exhaló un suspiro tembloroso cuando sintió los labios de Fate dejando pequeños besos en su clavícula. Fate sonrió contra su piel y la miró con una mezcla de diversión y deseo.

—¿No decías que teníamos que prepararnos? —murmuró Nanoha con una sonrisa traviesa, acariciando la espalda de Fate con lentitud.

—Podemos tomarnos unos minutos más… —susurró Fate, inclinándose para besarla nuevamente.

Nanoha no tuvo argumentos en contra. Se dejó llevar por la sensación de su esposa contra ella, por la forma en que Fate exploraba cada centímetro de su piel con caricias lentas y besos cargados de ternura y deseo. Se sentía como una burbuja suspendida en el tiempo, un momento solo para ellas dos, lejos de la política, de la tensión y de la responsabilidad que las esperaba.

Pero, inevitablemente, el tiempo avanzaba.

Con un último beso profundo, Fate se separó ligeramente, apoyando su frente contra la de Nanoha. Sus respiraciones estaban entrecortadas, y ambas sonrieron al notar lo difícil que sería dejar la calidez de la cama.

—Ahora sí… tenemos que levantarnos. —dijo Nanoha con una voz suave, aún recuperándose.

Fate suspiró, resignada, y asintió.
—Sí… pero definitivamente vamos a continuar esto después.

Nanoha rió suavemente y le dio un beso fugaz antes de deslizarse fuera de la cama. Fate la observó por un momento antes de hacer lo mismo, sintiendo aún el calor del cuerpo de su esposa en sus labios y en sus manos.

Mientras se preparaban para enfrentar el día, ambas supieron que, sin importar lo que sucediera en la coronación, tendrían un momento al final del día para volver a encontrarse, solo ellas dos.

Y eso era suficiente para seguir adelante.

El despertador resonó en la habitación con un tono suave pero insistente. A pesar de su volumen moderado, el sonido parecía retumbar en los oídos de Hayate, quien gruñó y se hundió aún más en las sábanas, cubriéndose la cabeza con la almohada como si eso pudiera bloquear la realidad de la mañana.

Carim, en cambio, ya estaba despierta desde que el sol comenzaba a iluminar la habitación a través de las cortinas. Había pasado los últimos minutos en silencio, disfrutando la tranquilidad de la mañana mientras acariciaba con suavidad el cabello de Hayate, quien dormía profundamente con la respiración pausada y serena.

Cuando la alarma finalmente sonó, Carim soltó un suspiro, ya anticipando la batalla que se avecinaba.

—Hayate, es hora de levantarse. —su tono era paciente, pero firme.

—Cinco minutos más… —murmuró Hayate, arrastrando la voz con pereza y sin moverse ni un centímetro.

Carim sonrió con resignación. Sabía que su novia detestaba madrugar, y hoy, con la coronación de la princesa en la agenda, no había excusas para seguir durmiendo.

—Amor, no hay cinco minutos más. —Carim deslizó sus dedos suavemente sobre la espalda de Hayate, en un intento de despertarla con dulzura.

—¿Por qué las coronaciones tienen que ser tan temprano? ¿Por qué los chinos no hacen estos eventos por la tarde?—se quejó Hayate con la voz aún ahogada por el sueño.

Carim rio con suavidad y, con un movimiento calculado, se inclinó sobre ella, dejando un beso en la mejilla antes de susurrarle al oído:

—Porque el mundo no gira alrededor de tu horario de sueño, mi amor.

Hayate entreabrió los ojos con el ceño fruncido.

—Pues debería… —protestó en voz baja antes de abrazar la almohada con más fuerza.

—¿Sabes qué va a pasar si no te levantas? —Carim apoyó su peso sobre Hayate, atrapándola debajo de ella.

—¿Qué? —preguntó Hayate, con una voz que mezclaba fastidio y curiosidad.

—Voy a llamar a Signum y decirle que vienes retrasada.

Hayate se estremeció. Su mano salió de debajo de las sábanas y le lanzó una mirada de advertencia a su novia.

—¡Eso es jugar sucio, Carim!

Carim sonrió con inocencia.

—Solo digo la verdad.

—Ugh… —Hayate finalmente se destapó la cara y dejó caer los brazos a los lados—. Dame al menos una razón por la que debería salir de esta cama tan cómoda.

Carim la miró con una sonrisa traviesa y, sin previo aviso, se inclinó y le dio un beso lento y suave en los labios. Hayate sintió la calidez de su novia invadiéndola como un golpe placentero de energía, y aunque intentó hacerse la dura, sus labios respondieron instintivamente, hundiéndose en el beso con más profundidad de la que había planeado.

Cuando Carim se separó apenas unos milímetros, Hayate la miró con los ojos entrecerrados.

—Eso fue un buen intento, pero no suficiente.

Carim arqueó una ceja con diversión.

—¿Ah, sí?

Antes de que Hayate pudiera responder, Carim dejó otro beso, esta vez en su cuello, luego otro en su mandíbula, y otro en el lóbulo de su oreja. Hayate sintió un leve escalofrío recorrer su cuerpo y apretó los labios, intentando contener una sonrisa.

—Sabes que esto es una trampa, ¿verdad? —dijo con voz aún ronca.

—¿Acaso no está funcionando? —Carim susurró contra su piel, dejando otro beso en su clavícula.

Hayate suspiró y se llevó una mano al rostro, aceptando su derrota.

—Eres un demonio disfrazado de ángel, lo sabes, ¿cierto?

Carim sonrió con aire victorioso.

—Y sin embargo, sigues enamorada de mí.

Hayate finalmente se estiró, dejando escapar un largo suspiro antes de abrazar a Carim con fuerza, haciendo que ambas rodaran sobre la cama. Carim dejó escapar una risa ligera mientras Hayate escondía su rostro en su cuello.

—Solo cinco minutos más.

—Hayate…

—No puedes detenerme ahora.

Carim suspiró, rindiéndose momentáneamente al calor de la cama y a los brazos de Hayate que se negaban a soltarla. Después de todo, cinco minutos más no harían daño… o tal vez sí, pero en ese momento no le importó.

Sabían que el día sería largo y complicado. Pero por ahora, podían permitirse unos momentos más en su pequeño mundo privado.

El comedor privado del hotel estaba iluminado por la cálida luz de la mañana. Para la buena suerte de Nanoha, el hotel servia un desayuno internacional, lo cual incluía comida de distintos países, como Japón. El aroma del té recién servido se mezclaba con el de arroz caliente, pescado a la parrilla y miso, creando un ambiente sereno y acogedor. A pesar de ello, la tensión en la habitación era palpable.

Nanoha observó la mesa. Cada uno de los miembros de su familia se preparaba mentalmente para el evento del dí , como siempre, tenía una expresión serena mientras servía el té con elegancia. Zafira y Signum mantenían una postura firme, listos para lo que fuera que pudiera ocurrir.

Y luego estaba Hayate.

—Dime, Nanoha. —dijo la castaña, removiendo su arroz con los palillos sin mucho interés—. ¿Cuánto tiempo crees que nos va a tomar ver a una niña de 16 años recibir una corona, sonreír a las cámaras y luego escuchar un discurso de unidad y prosperidad? ¿Cuatro horas? ¿Cinco?

Nanoha la miró con paciencia.

—Sabes que esto es más que una simple coronación.

Hayate sonrió de lado.

—Por supuesto que lo sé. Pero si vamos a estar de pie durante horas mientras las familias más importantes de China se felicitan entre sí, al menos quiero que me dejen tomar mi café en paz.

Fate dejó su taza sobre la mesa con calma.

—¿No será que simplemente odias las formalidades?

—¿Yo? ¿Odiar las formalidades? —dijo Hayate con fingida sorpresa—. No, no, Fate, para nada. Me encanta estar rodeada de gente hipócrita con sonrisas falsas que te clavarían un cuchillo en la espalda si les dieras la oportunidad.

Carim rodó los ojos y tomó un sorbo de su té.

—Hayate, no estamos aquí solo para ver la coronación.

—Lo sé, lo sé. —Hayate suspiró y apoyó el codo sobre la mesa, dejando caer la cabeza sobre su mano—. No soy tonta, Carim. No subestimo lo que esto significa. Si hay algo que todos en este lugar están haciendo ahora mismo es medir fuerzas.

Nanoha asintió con seriedad.

—Exacto. Este evento es un punto clave en la política internacional. Con tantas casas reunidas, la balanza del poder podría inclinarse en cualquier dirección.

—Y eso incluye la nuestra. —agregó Signum con tono firme.

Zafira, quien había permanecido en silencio, finalmente intervino.

—No subestimen lo que está en juego. Esto no es solo una ceremonia. Es una demostración de poder. Y en este tipo de eventos, siempre hay alguien esperando la oportunidad para mover sus fichas.

Hayate cerró los ojos y sonrió con ironía.

—Por supuesto, porque sería demasiado pedir que podamos asistir a un evento de esta magnitud sin que haya riesgos de atentados, traiciones o conflictos diplomáticos.

Nanoha apoyó los codos sobre la mesa y entrelazó los dedos.

—No sabemos lo que puede pasar, pero algo está ocurriendo en las sombras. Lo único seguro es que debemos mantenernos alerta.

Fate le tomó la mano por debajo de la mesa y la apretó suavemente, en un gesto de apoyo silencioso.

Hayate suspiró y tomó un bocado de su arroz antes de mirar a Nanoha con una sonrisa ladina.

—Muy bien, jefa. Ya entendí el mensaje. Mantendré mi elegante y refinada boca cerrada durante la ceremonia y solo hablaré cuando sea estrictamente necesario.

Carim sonrió con diversión.

—¿Eso incluye dejar de hacer comentarios sarcásticos cada cinco minutos?

Hayate la miró con fingida inocencia.

—Carim, por favor. Eso sería como pedirme que deje de respirar.

Nanoha rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír levemente. El ambiente había cambiado un poco, pero la tensión seguía ahí. Sabían que estaban caminando sobre una cuerda floja, y cualquier paso en falso podría significar el inicio de algo mucho más grande.

Minutos después, cuando todos terminaron de desayunar, Signum revisó su reloj y se puso de pie.

—Es hora.

Nanoha respiró hondo y miró a su equipo. Fate le dedicó una sonrisa tranquilizadora, mientras Hayate estiraba los brazos con desgano.

—Bien. Vamos a ver cómo una adolescente se convierte en emperatriz.

Zafira dejó escapar un leve gruñido de advertencia, y Hayate levantó las manos en señal de rendición.

—Lo dije con respeto. Lo juro.

Nanoha se puso de pie, con una expresión seria.

—Vamos. Es hora de hacer nuestra entrada.

El amanecer se filtraba suavemente por las cortinas de la elegante suite, tiñendo de tonos dorados las sábanas de seda y los muebles finamente decorados. El aire olía a la suave fragancia de lavanda y té, un aroma sutil que la servidumbre del hotel había dejado para despertar a los huéspedes con delicadeza.

Sobre la gran cama, dos figuras estaban enredadas en un abrazo cálido y protector.

Nina sostenía a Ruby contra su pecho con una expresión pacífica, su respiración lenta y acompasada mientras sus brazos envolvían a su novia con posesividad. Su mentón descansaba sobre el cabello dorado de Ruby, su calor protegiéndola instintivamente. Ruby, por su parte, estaba completamente acurrucada contra Nina, con su rostro escondido en el cuello de la castaña, disfrutando inconscientemente de la seguridad que le brindaba.

A un lado de la cama, de pie e inmóvil, Ririka observaba la escena en absoluto silencio.

Su expresión era inescrutable, pero sus ojos evaluaban la imagen con atención. Había llegado a la habitación para asegurarse de que las jóvenes se despertaran a tiempo para prepararse, pero al encontrarse con aquella escena, se quedó en su sitio sin hacer ruido.

Los segundos se convirtieron en minutos.

Las sábanas estaban enredadas alrededor de los cuerpos de ambas, y la forma en la que Nina la sujetaba demostraba una cercanía que no muchas parejas compartían en tan poco tiempo. Aun dormida, Ruby se aferraba a Nina con dulzura, como si soltarla significara perder algo invaluable.

Ririka cerró los ojos por un instante.

No era su lugar juzgar ni hacer comentarios, Nina era oficialmente la novia de la señorita Ruby, aprobada por su misma madre, pero había algo en la manera en que Nina protegía a Ruby incluso en el sueño que le generaba una extraña sensación. Quizás… su señorita ya no era la niña tierna e inocente que llego a la mansión en un primer momento.

Después de algunos minutos más, el reloj digital en su muñeca le recordó que debía actuar. Con pasos silenciosos, se dirigió a una mesa cercana y colocó con precisión algunos elementos para la mañana: un par de tazas con té, toallas húmedas y una pequeña caja con accesorios para el cabello.

Finalmente, después de asegurarse de que todo estaba en orden, salió de la habitación en completo silencio, dejando a las jóvenes disfrutar de unos momentos más en su burbuja privada.

Nina fue la primera en abrir los ojos, sintiendo la calidez de Ruby contra ella. Sus brazos la rodeaban con firmeza, y el simple hecho de verla ahí, acurrucada en su pecho, hizo que una sonrisa suave apareciera en su rostro.

Deslizó una mano hasta el cabello dorado de Ruby y lo acarició con lentitud, disfrutando de su suavidad.

—Eres hermosa… —susurró, su voz aún ronca por el sueño.

Ruby se removió levemente y murmuró algo ininteligible antes de abrir lentamente los ojos. Sus pupilas azuladas brillaban con la luz del amanecer, y lo primero que vio fue el rostro de Nina tan cerca del suyo.

—Mmm… buenos días… —susurró con una sonrisa somnolienta.

Nina bajó la mirada y le dio un suave beso en la frente.

—Buenos días, princesa.

Ruby se encogió un poco en su abrazo, disfrutando de la calidez.

—No quiero levantarme.

—Tampoco quiero que lo hagas.

Ambas se miraron con una sonrisa perezosa, y antes de que Ruby pudiera responder, Nina aprovechó para deslizar una mano por su espalda, atrayéndola un poco más hacia ella.

—¿Sabes? —murmuró Nina con un tono juguetón—. Podríamos quedarnos aquí y "accidentalmente" llegar tarde otra vez.

Ruby rió suavemente y mordió su labio inferior antes de apoyarse un poco más sobre el pecho de su novia.

—Tienes ideas peligrosas, Nina.

—Oh, vamos. Solo un rato más…

Las manos de Nina descendieron lentamente, deslizándose por la cintura de Ruby mientras la miraba con ojos traviesos. El rubor en el rostro de Ruby aumentó, pero no se apartó. En cambio, se dejó llevar por la calidez del momento, acercando su rostro al de Nina hasta que sus labios se encontraron en un beso lento y profundo.

Los dedos de Nina se aferraron levemente a la tela del camisón de Ruby, mientras la rubia subía una mano hasta su cuello, intensificando el beso.

El ambiente comenzó a cambiar.

Los corazones de ambas latían más rápido, y la sensación de proximidad las envolvió por completo. Nina deslizó su mano con suavidad por la espalda de Ruby, sintiendo su piel a través de la fina tela.

Justo cuando el beso empezaba a volverse más profundo, un sonido seco interrumpió el momento.

—Ejem.

Ruby y Nina se separaron de golpe, con los rostros encendidos, volteando lentamente hacia la puerta.

Ahí estaba Ririka, con su expresión impasible, mirándolas en completo silencio.

—Señorita Ruby. Señorita Nina. —dijo con calma—. La ceremonia de coronación es en unas horas, y la familia Harlaown ya está en proceso de preparación.

Ruby sintió que su alma abandonaba su cuerpo. El nivel de vergüenza que experimentaba en ese momento no tenía precedentes.

—¡Riri-chan! ¿Desde cuándo estás ahí?

Ririka mantuvo su expresión inmutable.

—El tiempo suficiente.

Nina, por su parte, intentó no soltar una carcajada, pero el rubor en su rostro delataba su estado de ánimo.

—Podrías haber tocado, ¿sabes? —dijo Nina con una sonrisa nerviosa.

—Lo hice. Tres veces. —respondió Ririka con neutralidad.

Ruby cubrió su rostro con ambas manos.

—Dios mío…

Ririka dio un paso al frente y colocó una bandeja con té sobre la mesa.

—Les recomiendo que se preparen pronto. La señora Lindy estará esperando en el comedor en breve.

Dicho esto, dio media vuelta y salió con la misma calma con la que había entrado.

Cuando la puerta se cerró, Ruby cayó de espaldas sobre la cama con un gemido de frustración.

—Voy a morir.

Nina, por su parte, comenzó a reírse sin poder contenerse.

—Hey, al menos no nos separó a la fuerza.

Ruby le lanzó una almohada a la cara.

—¡Cállate, Nina!

Pero incluso con la vergüenza, ambas sabían que ese había sido un hermoso despertar.

Sin más opción, se levantaron para prepararse para el gran evento.

Después de la inesperada (y bochornosa) interrupción de Ririka, Nina y Ruby finalmente lograron salir de la cama.

—Voy a darme una ducha rápida. —dijo Ruby mientras tomaba una toalla y se dirigía al baño.

Nina, con una expresión pícara, se acercó sigilosamente detrás de ella y le rodeó la cintura con los brazos.

—¿Qué tal si ahorramos agua y nos duchamos juntas? —susurró contra su oído, haciendo que Ruby se estremeciera.

Ruby giró la cabeza y la miró con una sonrisa divertida.

—Sabía que ibas a decir algo así.

—¿Y eso es un sí?

—Eso es un no. —respondió Ruby con una risa ligera mientras se liberaba del agarre de Nina.

—¡Oh, vamos! No tiene que pasar nada… solo compartir el agua.

Ruby negó con la cabeza y, con un rápido movimiento, entró al baño y cerró la puerta antes de que Nina pudiera hacer algo más.

—¡Eres cruel! —se quejó Nina desde afuera.

—¡Tienes que aprender a controlarte, Iseri! —respondió Ruby en tono burlón desde dentro de la ducha.

Nina cruzó los brazos y suspiró resignada. No le quedaba de otra más que esperar su turno.

Mientras tanto, se acercó a la maleta donde Ririka había colocado sus vestidos la noche anterior. Con cuidado, deslizó los dedos por la tela fina del conjunto que usaría en la coronación. Era un vestido sobrio y elegante, de corte recto con detalles bordados en los bordes, hecho para realzar su figura sin ser demasiado llamativo.

—Supongo que me veré decente… —murmuró para sí misma, un poco nerviosa.

Justo en ese momento, la puerta del baño se abrió y Ruby salió envuelta en un albornoz, con su cabello húmedo cayendo en ondas doradas sobre sus hombros. Se veía increíblemente hermosa y Nina tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no lanzarse sobre ella.

—Te toca. —dijo Ruby con una sonrisa mientras usaba una toalla pequeña para secar su cabello.

—Me hiciste sufrir demasiado.

—Sobrevivirás.

Nina resopló y tomó su toalla antes de meterse a la ducha.

Después de que ambas se ducharan y se vistieran con elegancia, finalmente bajaron al comedor donde el resto de la familia Harlaown ya estaba reunida.

La gran mesa estaba adornada con una variedad de platillos que formaban un desayuno internacional. Había desde croissants y café negro hasta opciones más tradicionales como sopa de arroz y dim sum. La elegancia del comedor, con sus grandes ventanales que dejaban entrar la luz matinal, solo resaltaba la opulencia del evento.

Lindy estaba sentada en la cabecera de la mesa, con Precia y Saori a sus lados, mientras Chrono, Amy y Alexandrina ocupaban los demás asientos.

Cuando Nina y Ruby entraron, todas las miradas se dirigieron a ellas.

—Vaya, parece que la princesita de oro y su prometida finalmente decidieron unirse a nosotros. —bromeó Chrono mientras tomaba un sorbo de café.

—…Onii-sama, no me llames así, estuvimos preparándonos. —respondió Ruby con naturalidad mientras guiaba a Nina hacia sus asientos.

—Espero que no les hayamos retrasado demasiado. —dijo Nina con un tono de ligera vergüenza.

Lindy les dedicó una sonrisa comprensiva.

—No se preocupen, aún tenemos tiempo. Pero es importante que terminemos el desayuno pronto para estar listos antes de partir.

—Sí, claro… —murmuró Nina mientras observaba el buffet frente a ella.

Sin embargo, antes de que pudiera tomar algo, se sintió observada.

Levantó la mirada y se encontró con la intensa mirada de Alexandrina.

—¿Qué? —preguntó Nina, sintiéndose un poco incómoda.

Alexandrina entrecerró los ojos levemente y luego miró a Ruby.

—Espero que hayan descansado bien.

Ruby, con una sonrisa perfectamente inocente, tomó un croissant y lo mordió.

—Oh, sí. Dormimos maravillosamente.

Nina sintió cómo el rubor subía por su rostro mientras mordía un panecillo para evitar hacer un comentario incómodo.

Alexandrina no dijo nada más, pero su expresión dejó claro que había tomado nota de algo.

—Bueno, dejando de lado eso… —intervino Precia con una sonrisa mientras servía un poco de té—. Hoy es un gran día, debemos asegurarnos de que todo salga perfecto.

—Tranquila mi amor, esos chinos no van a arruinar nuestra luna de miel —Dijo Saori mientras acariciaba una de las piernas de Precia. —además, nuestra fuerte esposa Lindy lo tiene todo controlado verdad amor? —dijo mirando hacia Lindy.

Lindy asintió sonriendo.

—La coronación no es solo un evento político, también es una oportunidad para establecer relaciones con las demás casas. No sabemos cómo se desarrollarán las cosas después de hoy, pero recuerden: siempre observen, analicen y no bajen la guardia.

Ruby y Chrono asintieron, mostrando su comprensión.

Nina, por su parte, tragó saliva. Por primera vez, sintió realmente el peso de lo que significaba estar allí.

No era solo una acompañante de Ruby. Era parte de algo mucho más grande.

Con ese pensamiento en mente, tomó un respiro y se preparó mentalmente para lo que vendría.

El trayecto desde el hotel hasta la Ciudad Prohibida fue un viaje envuelto en una atmósfera solemne. A medida que los vehículos avanzaban por las calles de Beijing, la presencia militar y de seguridad se hacía cada vez más ópteros sobrevolaban la zona, y las patrullas armadas bloqueaban los accesos que no estaban destinados a los invitados oficiales. Era una escena imponente, una ciudad bajo un orden casi absoluto.

Nina, que nunca había estado en un evento de tal magnitud, miraba por la ventana con fascinación y un leve nerviosismo. Sentía que todo lo que estaba viendo no era parte de la realidad, sino una escena sacada de una película.

—Esto es impresionante… —murmuró sin poder contenerse.

A su lado, Ruby le sostuvo la mano con suavidad.

—China siempre ha sido un país con un fuerte sentido de la disciplina y el protocolo. Para ellos, la seguridad de su futura emperatriz es prioridad.

Nina tragó saliva. Todo esto era demasiado grande para ella.

Finalmente, tras unos minutos de escolta y estrictos controles de acceso, la caravana de los Harlaown llegó a la entrada del Palacio Interior dentro de la Ciudad Prohibida.

Dentro del Palacio Interior, lejos del bullicio del Patio Central, Xiaomao Tang se encontraba en sus aposentos privados. Su mirada permanecía serena, analítica, mientras observaba una gran pantalla de vigilancia donde se proyectaban las imágenes de los invitados llegando. Las cámaras de seguridad del recinto ofrecían una visión completa del evento en tiempo real, permitiéndole ver cada movimiento, cada detalle, cada expresión de sus futuros aliados y enemigos.

A su lado, Li Wei permanecía firme, con los brazos cruzados y una postura imponente. Su expresión era estoica, su mente en alerta constante. Vestía su uniforme ceremonial, aunque su simple presencia seguía exudando la autoridad de un soldado preparado para la guerra. Lin Mei, por su parte, se mantenía unos pasos detrás, sus ojos afilados analizando las conversaciones y la dinámica del evento.

Li fue el primero en romper el silencio.

—La seguridad del recinto ha sido asegurada. —afirmó con voz firme—. Los accesos están resguardados, las revisiones de los invitados han sido minuciosas y los agentes encubiertos están posicionados en puntos estraté hay algún intento de atentado, lo detectaremos antes de que ocurra.

Xiaomao sonrió con diversión, aunque su mirada reflejaba una comprensión más profunda de la situación. No era la sonrisa de una joven inocente, sino la de alguien que entendía la complejidad de la política y el peligro que la rodeaba.

—No importa cuánto refuercemos la seguridad, Li. —respondió con calma—. Sabemos que ellos harán su movimiento de todas formas.

Li Wei no respondió de inmediato. Él lo sabía. La facción tradicionalista, aquellos que se negaban a aceptar que una joven de 16 años tomara el poder de China y dirigiera su futuro, no se quedarían de brazos cruzados. Para ellos, el solo hecho de que Xiaomao estuviera en el trono era una ofensa.

Xiaomao suspiró suavemente y entrecerró los ojos.

—Ellos me desprecian porque quiero abrir China al mundo. No quieren aceptar que nuestra nación puede prosperar sin necesidad de encerrarnos en nuestras propias cadenas. Para ellos, soy solo una niña con ideas demasiado revolucionarias…

Se giró ligeramente hacia Li, su expresión ahora más seria.

—¿Fengxian está lista?

Li Wei asintió de inmediato.

—Sí, está siendo vestida por las sirvientas en este momento.

Xiaomao se mantuvo en silencio por un momento antes de hablar de nuevo.

—Bien. —Su tono fue decidido—. Tienes que estar con ella en todo momento, Li. No te separes de su lado.

Li Wei la miró con leve sorpresa.

—Mi principal tarea es protegerla a usted, huánghòu.

—Y lo harás. —Xiaomao le miró directamente a los ojos—. Pero Fengxian es mi sombra. Hoy, ella tomará mi lugar frente al público. Si algo sucede, si hay un intento de atentado, tú serás la única barrera entre ella y la muerte.

El rostro de Li Wei no cambió, pero sus ojos se afilaron.

—Cumpliré sus órdenes, huánghòu.

Xiaomao asintió con satisfacción y luego dirigió su mirada a Lin Mei.

—Tú también debes estar con ella, Mei. Fengxian puede parecerme, pero no tiene mi facilidad con las palabras. Si hay algún tema político que no pueda responder, estarás a su lado para manejar la situación.

Lin Mei inclinó la cabeza con respeto.

—Como usted ordene, huánghòu.

Justo en ese momento, un golpe suave resonó en la puerta.

—huánghòu, pido permiso para entrar.

Xiaomao no dudó.

—Adelante.

Las puertas del aposento se abrieron con suavidad, y una joven de complexión esbelta ingresó con pasos cuidadosos. Fengxian llevaba un hanfu de tonos dorados y escarlatas, con un bordado intrincado de dragones que reflejaban la grandeza de la Casa Tang. Su rostro era casi idéntico al de Xiaomao, aunque sus gestos delataban un nerviosismo que no podía ocultar.

Era la sombra de la futura emperatriz.

Xiaomao la escaneó de pies a cabeza y, tras unos segundos de evaluación, sonrió con aprobación.

—Te ves perfecta.

Fengxian tragó saliva y se inclinó con respeto.

—huánghòu… es un honor recibir esta tarea.

Xiaomao notó la tensión en su voz. Era natural.

—Fengxian, no temas. Li estará contigo en todo momento. No permitiré que nada te suceda.

Fengxian respiró hondo y asintió con firmeza.

—Haré mi mejor esfuerzo, huánghòu.

Xiaomao le dedicó una sonrisa tranquilizadora antes de girarse nuevamente hacia Li y Lin Mei.

—Muy bien. Demos comienzo a la ceremonia.

La atmósfera en el Palacio Interior era solemne. Fengxian, acompañada por Li Wei, Lin Mei y un destacamento de guardias de seguridad de élite, avanzaba por un corredor de mármol rojo y oro, rumbo a la Tribuna Imperial donde se llevaría a cabo la ceremonia de coronación. Cada uno de sus pasos resonaba en el vasto pasillo, amplificando su nerviosismo.

Fengxian intentaba mantener la compostura, pero el temblor en sus manos la delataba. Aunque había pasado semanas ensayando cada uno de sus movimientos, nada podía prepararla para la presión de tener al mundo entero observándola.

Lin Mei, caminando a su lado, notó su rigidez y con voz baja pero firme le susurró:

—呼吸, 放松。你是皇帝的影子, 这是你的荣誉。 (Respira, cálmate. Eres la sombra de la emperatriz, este es tu honor.)

Fengxian tragó saliva, intentando encontrar consuelo en las palabras de Mei. Respiró hondo, intentando calmar el latido errático de su corazón. Pero el peso de la historia y la tradición sobre sus hombros la hacía sentir como si estuviera caminando sobre una cuerda floja.

Al llegar al final del pasillo, las puertas doradas de la tribuna se abrieron lentamente, revelando la inmensidad del Patio Central.

Cuando Fengxian salió al aire libre, una ola de murmullos se extendió entre la multitud. Miles de personas estaban reunidas en el gran patio, y más allá de ellos, millones estaban viendo la transmisión en vivo por televisión.

Cámaras estratégicamente ubicadas captaban cada uno de sus movimientos. En lo alto, drones de seguridad flotaban entre las nubes, transmitiendo la ceremonia en alta definición.

Fengxian se mantuvo inmóvil por un momento, sintiendo que su respiración se volvía irregular.

—冷静下来, 你已经训练好了。 (Cálmate, ya entrenaste para esto.) —susurró Lin Mei a su lado.

La joven cerró los ojos por un breve instante, respiró hondo y los abrió con una nueva determinación. Sus pies avanzaron con firmeza, siguiendo el sendero de alfombra roja, custodiada por guardias imperiales con armaduras negras y lanzas decoradas con cintas de seda roja.

Al llegar a la Tribuna Imperial, Fengxian se arrodilló sobre el cojín de seda blanca preparado para la ocasió a ella, sobre un pedestal de jade, se encontraba la corona dorada de los emperadores Tang, decorada con zafiros y rubíes que reflejaban la luz del sol.

Un anciano con túnicas bordadas en dragones dorados, el Gran Sacerdote de la Corte Imperial, se acercó con solemnidad. Era el encargado de llevar a cabo la ceremonia oficial. A su lado, dos ministros sostenían rollos de pergamino con los decretos ancestrales.

El sacerdote alzó la voz con un tono fuerte y solemne.

—唐朝皇族的继承人, 你是否准备好承担帝国的重任? (Heredera de la Casa Tang, ¿estás lista para asumir la responsabilidad del Imperio?)

Fengxian, manteniendo la compostura con dificultad, respondió en voz alta:

—我准备好了。 (Estoy lista.)

El sacerdote tomó el pergamino y comenzó a leer los decretos de sucesión imperial, los cuales detallaban el linaje y la legitimidad de la nueva emperatriz. Cada palabra resonaba en los altavoces del palacio, llegando a todos los rincones del país.

Uno de los ministros desenrolló el Edicto de Ascensión y lo sostuvo en alto para que todos lo vieran. Era un documento sellado con el dragón dorado imperial, declarando oficialmente a Xiaomao Tang como la nueva emperatriz de China.

El sacerdote tomó la corona dorada con ambas manos y la sostuvo sobre la cabeza de Fengxian.

—以龙的名义,以先帝的意志,我正式加冕你为中华帝国的皇帝! (En nombre del dragón, por la voluntad de los emperadores pasados, te corono como Emperatriz del Imperio Chino!)

Con extrema precisión, el sacerdote colocó la corona sobre la cabeza de Fengxian, sellando oficialmente la ascensión de Xiaomao Tang al trono imperial.

Mientras el pueblo aplaudía y la ceremonia avanzaba con éxito, los Takamachi y los Harlaown permanecían en sus asientos de honor, observando atentamente cada momento.

En lo alto, Zafira, posicionado en un edificio cercano, mantenía su mira fija en la multitud, escaneando cualquier anomalía. Su radio crepitó con una señal de alerta.

—Signum, algo no está bien.

Signum, que permanecía entre los invitados, se tensó inmediatamente.

—¿Qué sucede?

—Los guardias están moviéndose de forma errática. Algunos han abandonado sus puestos y están corriendo en dirección contraria a la tribuna.

Signum frunció el ceño.

—Mantente en posición, observa y reporta cualquier movimiento sospechoso.

Pero antes de que Zafira pudiera responder, una nueva alerta surgió en su visor.

—Signum, tengo un dron acercándose desde el norte.

—¿Está armado?

Zafira ajustó su mira.

—No puedo confirmar con certeza, pero parece que lleva una carga debajo.

Signum apretó los labios y avanzó con rapidez entre la multitud hacia Nanoha y las demás.

—Lady Nanoha, tenemos un problema.

Nanoha giró la cabeza, su expresión cambiando de inmediato al ver la seriedad en el rostro de Signum.

—¿Qué ocurre?

—Zafira detectó movimientos extraños en la seguridad y un dron sospechoso acercándose.

Nanoha sintió un escalofrío recorrer su espalda.

—¿Qué hacemos?

Zafira intervino en la radio.

—No tenemos mucho tiempo. O derribamos el dron ahora o lo dejamos pasar.

Signum cerró los ojos por un instante, calculando sus opciones.

Si el dron era inofensivo y lo derribaban, podrían generar pánico innecesario. Pero si estaba cargado con explosivos y lo dejaban pasar…

—Derríbalo.

Zafira exhaló lentamente, alineó su mira y presionó el gatillo.

Un silencioso disparo atravesó el aire. El dron explotó en mil pedazos sobre el cielo del Palacio Interior.

Un estruendo sacudió la plaza. Gritos de pánico surgieron entre la multitud, algunos se agacharon, otros corrieron a refugiarse.

La explosión del dron enemigo iluminó el cielo con una violenta llamarada, esparciendo fragmentos metálicos en todas direcciones. Los gritos de la multitud se alzaron en el patio imperial mientras muchas personas se agachaban por instinto o se cubrían la cabeza, creyendo que algo más estaba por venir.

Fengxian, aún de rodillas en la Tribuna Imperial, sintió su pulso acelerarse. Miró con terror los destellos en el cielo, sin comprender del todo lo que estaba ocurriendo.

Li Wei, con los sentidos agudizados, se movió inmediatamente para cubrir la posición de Fengxian, su mirada analizando cada ángulo, buscando la dirección de un posible ataque secundario.

Pero el siguiente golpe no vino del cielo.

—¡BANG!

Un disparo seco y preciso rasgó el aire. Un destello de luz delató su origen, proveniente de uno de los edificios situados en los márgenes del patio.

Li Wei giró con reflejos sobrehumanos, pero no fue lo suficientemente rápido.

El proyectil iba directo hacia Fengxian.

Pero antes de que pudiera alcanzarla, un guardia de seguridad de la unidad de élite de Li Wei saltó en su dirección, interponiendo su cuerpo como un escudo humano.

—奉先,快下来!(¡FENGXIAN, ABAJO!)

El impacto fue brutal.

La bala atravesó la espalda del guardia con un sonido húmedo y seco. Un gemido sofocado escapó de sus labios mientras su cuerpo se estremecía por la fuerza del impacto. El proyectil le había perforado el pulmón.

Fengxian sintió el cuerpo del guardia chocar contra ella y cayó al suelo con él, su vestido de ceremonia empapándose de la sangre caliente del hombre que acababa de salvarle la vida.

La multitud rompió en caos.

Las alarmas del recinto imperial se activaron inmediatamente.

Lin Mei se lanzó hacia Fengxian, cubríendola con su propio cuerpo mientras Li Wei rugía órdenes a sus hombres.

—狙击手!保护皇帝!封锁整个区域! (¡Francotirador! ¡Protejan a la emperatriz! ¡Cierren toda la zona!)

Los guardias imperiales, que hasta hace un momento se mantenían estáticos, reaccionaron de inmediato. Algunos cubrieron a Fengxian y la escoltaron fuera de la tribuna, mientras que otros sacaban sus armas y buscaban la dirección del tirador.

Desde lo alto, Zafira escaneó rápidamente el área con su visor táctico.

—Signum, el disparo vino del este.

—¿Tienes visual?

—Negativo. Se esfumó después del disparo.

Signum presionó la mandíbula con frustración.

—Maldita sea, esto estaba planeado.

Zafira intentó moverse de su posición para obtener una mejor visión, pero algo captó su atención en el aire.

Un dron de vigilancia aliado había girado su cámara en su dirección.

—Signum, tenemos un problema.

—¿Qué pasa?

—Me detectaron.

El dron de seguridad chino comenzó a emitir un pulso de alerta. Inmediatamente, los guardias chinos en tierra recibieron la notificación de un posible francotirador en la azotea del edificio donde Zafira estaba posicionado.

Las rápidas órdenes en mandarín se transmitieron entre los guardias imperiales y los militares chinos que estaban presentes en la ceremonia.

—有一个武装嫌疑人!立即行动! (¡Hay un sospechoso armado! ¡Procedan de inmediato!)

En cuestión de segundos, los comandos chinos movilizaron un equipo táctico hacia la ubicación de Zafira.

Desde su punto elevado, Zafira vio las luces láser de los rifles apuntando hacia su dirección.

—Mierda…

Su instinto le decía que corriera, pero sabía que si hacía un solo movimiento en falso lo llenarían de plomo sin pensarlo dos veces.

La radio en su oído crujió.

—Zafira, baja el arma y no hagas nada estúpido. —Era Signum. Su voz estaba tensa.

Zafira cerró los ojos y soltó un largo suspiro.

Cuando los primeros soldados llegaron al tejado, rápidamente lo rodearon, apuntando con sus rifles.

—放下武器!把手举起来! (¡Baja el arma! ¡Levanta las manos!)

Zafira levantó ambas manos lentamente, dejando su rifle de francotirador en el suelo.

Un soldado avanzó con cautela y lo inmovilizó en el suelo, colocando su rodilla sobre su espalda.

Uno de los oficiales gritó una orden.

—逮捕他! (¡Arrestenlo!)

En cuestión de segundos, Zafira fue esposado y escoltado fuera del edificio.

Desde abajo, Signum y los demás miraban la escena con impotencia mientras veían cómo los chinos se llevaban a su compañero como principal sospechoso del atentado.

Nanoha se mordió el labio con frustración.

—Esto es malo… muy malo.

El primer día de la emperatriz se había convertido en una escena de caos absoluto.

El atentado contra la emperatriz Xiaomao había sacudido al mundo entero.

En menos de 24 horas, las imágenes del dron explotando y del intento de asesinato se transmitieron en noticieros internacionales. Pero lo que más había encendido la polémica era la captura de un supuesto francotirador japonés dentro del Palacio Interior.

El gobierno chino acusaba directamente a Japón de un intento de magnicidio, mientras que Japón se defendía alegando que no tenía ninguna intención de atentar contra la emperatriz y que todo esto era una confusión.

Sin embargo, los hechos jugaban en su contra.

El sospechoso, Zafira, era japonés.
Tenía formación militar.
Formaba parte de la seguridad personal de una de las familias más influyentes de Japón, los Takamachi.

En los días posteriores, la situación se volvió más grave.

China movilizó barcos de guerra hacia la frontera marítima con Japón, una demostración de fuerza directa.

Japón respondió de la misma manera, desplegando su propia flota en la zona y activando patrullas aéreas con aviones caza listos para intervenir.

La situación estaba a punto de romperse.

Cada día que pasaba, la presión internacional aumentaba, con líderes mundiales llamando a la calma mientras los diplomáticos chinos y japoneses no llegaban a ningún acuerdo.

A pesar de que el gobierno japonés negaba cualquier vínculo con el atentado, la detención de Zafira hacía que sus palabras fueran poco convincentes.

Los chinos exigían una explicación clara.

Japón no podía darla.

El equilibrio estaba a punto de romperse.

Zafira llevaba una semana encerrado en una celda dentro del Palacio Interior de la Ciudad Prohibida.

No lo habían torturado.
No lo habían golpeado.
Pero lo interrogaban todos los días.

—¿Quién te dio la orden de disparar al dron?

—Yo mismo lo hice. Era una amenaza clara.

—¿Para quién trabajas? ¿El gobierno japonés estaba detrás de esto?

—No. Formo parte del equipo de seguridad privada de los Takamachi.

—¿Sabías que había un francotirador en la ceremonia?

—No. Me di cuenta después de que dispararon.

Las respuestas siempre eran las mismas.

Zafira no tenía nada que ocultar.

Había disparado al dron porque su instinto y entrenamiento le decían que era una amenaza.

Y había acertado.

Si ese dron hubiera explotado sobre la tribuna imperial, Xiaomao habría muerto.

Pero eso no importaba.

A los ojos de China y el mundo, él era el único sospechoso detenido en la escena.

Los chinos lo mantenían con vida porque sabían que era más valioso como rehén diplomático que como prisionero anónimo.

Mientras tanto, Nanoha y su grupo no podían salir de su hotel.

Oficialmente, no estaban bajo arresto.

Pero en la práctica, estaban detenidas.

Las cámaras de seguridad del hotel eran monitoreadas 24/7.
Había guardias en la entrada y en los pasillos.
Cada movimiento que hacían era observado.

Para Hayate, esto era lo mismo que estar en una cárcel.

—Dicen que no estamos arrestadas, pero si tratamos de salir, ¿qué crees que pasará? —murmuró mientras miraba por la ventana, viendo a los guardias apostados en la entrada del hotel.

—Nos arrestarían formalmente. —respondió Signum con un tono neutro, su mirada igual de seria.

Nanoha se masajeó las sienes.

—No podemos quedarnos de brazos cruzados.

—No tenemos opción. —dijo Signum. Sus brazos estaban cruzados, su expresión era de puro enojo contenido. —Si hacemos un movimiento en falso, lo usarán como excusa para acusarnos de algo peor.

Nanoha apretó los puños.

—Zafira está en una celda, y nosotros estamos atrapadas. Si no hacemos algo pronto, esto se convertirá en un desastre.

Fate miró a su esposa con preocupación.

—Nanoha, ya es un desastre.

La emperatriz Xiaomao Tang no había abandonado el Palacio Imperial desde el atentado.

El aire estaba cargado de tensión.

Desde los pasillos hasta las salas más privadas, la seguridad había sido duplicada.

Los guardias de la élite imperial patrullaban cada rincón del palacio, sus rostros ocultos bajo cascos negros, sus miradas ocultas tras visores tácticos.

Pero ninguno de ellos estaba más cerca de Xiaomao que Li Wei.

El hombre no se había separado de su lado desde el atentado, y en ese momento, se encontraba de pie junto a ella, su expresión seria e inmutable.

Xiaomao estaba sentada en su despacho privado, observando un monitor de noticias que mostraba la creciente tensión internacional.

Los barcos de guerra chinos y japoneses se mantenían en la frontera marítima, sus cañones listos para disparar.

Los aviones de combate realizaban rondas amenazantes en el cielo.

Un paso en falso y la guerra sería inevitable.

Xiaomao desvió la mirada de la pantalla y fijó sus ojos en Li.

—¿Cómo se encuentra Fengxian?

Li mantuvo su postura rígida mientras respondía con precisión militar.

—Se está recuperando bien. Solo sufrió lesiones menores y está bajo cuidado médico.

Xiaomao asintió lentamente, pero su expresión no mostraba alivio.

—¿Y qué hay de los responsables?

Li entrecerró los ojos.

—Sabemos que el Clan Cheng está detrás del atentado. —su voz era baja, controlada—. Hemos rastreado sus movimientos y estamos en proceso de localizarlos.

Xiaomao suspiró pesadamente.

Era obvio.

Era su intento desesperado de retener el poder.

Se giró nuevamente hacia la pantalla, observando cómo los analistas internacionales discutían la posibilidad de una guerra entre China y Japón.

—Están tratando de manipular la situación. —murmuró—. Quieren desviar la atención del verdadero enemigo y provocar una guerra que no les afectará directamente.

Li asintió.

Era una táctica clásica de los juegos de poder.

Los Cheng querían que China y Japón se destruyeran mutuamente, y luego ellos recogerían las piezas y tomarían el control.

Xiaomao desvió la mirada de la pantalla.

—¿Y el prisionero japonés?

—No ha sufrido ningún daño. —respondió Li de inmediato—. Está bajo la protección de la seguridad del palacio.

Xiaomao se recostó en su silla, entrelazando sus dedos.

Por un momento, permaneció en silencio.

Después, levantó la mirada con decisión.

—Quiero que encuentres a Xinxue Cheng.

Sus palabras fueron contundentes.

Li afirmó con la cabeza.

—¿Instrucciones?

Xiaomao fijó sus ojos en él.

—Quiero que lo traigas vivo.

Li no dudó.

—Entendido.

Se giró para salir, pero antes de que pudiera hacerlo, Xiaomao agregó una última orden.

—Y una cosa más.

Li se detuvo y la miró.

Xiaomao sonrió ligeramente.

—Convoca a Nanoha Takamachi. Quiero verla aquí, en el palacio, frente a mí.

Li asintió con un movimiento rápido.

—Será hecho.

El juego estaba en marcha.

Nanoha avanzaba con pasos firmes por los pasillos del Palacio Imperial, escoltada por la seguridad del recinto.

A su lado, Hayate Yagami caminaba con un semblante serio, aunque intentaba disimular su incomodidad.

Detrás de ellas, Signum mantenía su postura rígida y alerta, su mirada afilada analizaba cada ángulo del entorno.

Las tres eran las únicas representantes de los Takamachi en esta reunión.

Carim y Fate se habían quedado en el hotel, bajo la protección de Vita y el resto del equipo de seguridad.

Fate había insistido en acompañarlas, pero Nanoha se negó.

Si las cosas salían mal, al menos una de ellas debía permanecer a salvo.

Nanoha no sabía qué esperar.

Había sido convocada personalmente por la emperatriz Xiaomao Tang, y la situación era lo suficientemente tensa como para imaginar lo peor.

Pero antes de que la ansiedad pudiera atraparla, Hayate intentó aligerar el ambiente.

—Cuando enseñaba historia, mi mayor problema era evitar que los alumnos se durmieran en clase. —suspiró con un leve tono sarcástico—. No entiendo cómo terminé metida en una crisis diplomática internacional.

Nanoha soltó una leve risa.

—Lo siento, Hayate.

—Sí, sí… —murmuró ella con una sonrisa ligera—. Siempre lo dices, pero las cosas nunca cambian.

Nanoha iba a responder, pero en ese momento, llegaron a su destino.

La sala en la que ingresaron era una de las más majestuosas que Nanoha había visto.

Las paredes estaban cubiertas de grabados dorados, con intrincados dragones imperiales que parecían moverse bajo la luz de las lámparas colgantes.

El aire olía a incienso y madera de sándalo, y al fondo de la sala, frente a un imponente escritorio de caoba oscura, estaba Xiaomao Tang.

La emperatriz no llevaba su corona imperial, pero su mera presencia imponía respeto.

Sus ojos azules como el hielo se posaron en Nanoha con una expresión inescrutable.

Nanoha no perdió el tiempo.

Se adelantó con pasos decididos, mantuvo su postura firme y habló con voz clara.

—No tenemos nada que ver con el atentado.

La emperatriz no reaccionó de inmediato.

Nanoha continuó.

—Zafira es inocente. Fue arrestado injustamente y queremos su liberación inmediata.

Xiaomao alzó una ceja.

Entonces, soltó un suspiro.

Se puso de pie lentamente.

—我不是为此召见你的。 (No te convoqué por eso en particular.)

Lin Mei, quien se encontraba junto a Xiaomao, tradujo al japonés para Nanoha.

Nanoha frunció el ceño.

¿Entonces cuál era el motivo?

Había esperado preguntas, acusaciones, incluso una negociación política, pero no esto.

Xiaomao la miró fijamente y luego señaló una puerta lateral.

—我们需要私下谈谈。 (Necesitamos hablar en privado.)

Lin Mei tradujo y Nanoha parpadeó con confusión.

¿Privado?

La emperatriz le estaba pidiendo que estuvieran a solas.

Nanoha miró de reojo a Hayate y Signum, ambas se tensaron de inmediato.

—Si quiere discutir un tema importante, entonces—

—单独。 (A solas.)

El tono de Xiaomao fue cortante.

Lin Mei tradujo, aunque su propio rostro reflejaba incertidumbre.

Nanoha apretó los labios.

—Está bien.

Se puso de pie y caminó hacia la puerta lateral.

Hayate y Signum intentaron seguirla.

Xiaomao alzó la voz.

—我说了,单独。 (Dije, a solas.)

Nanoha se giró a tiempo para ver a Lin Mei y Li Wei intercambiar miradas.

El guardaespaldas de Xiaomao frunció el ceño con desaprobación.

Pero la emperatriz no cedió.

—这也适用于你们。 (Eso los excluye a ustedes dos.)

Lin Mei se tensó.

Li Wei parpadeó, su rostro permaneció estoico, pero su mirada se volvió aún más vigilante.

Nanoha no pudo evitar pensar que hasta la propia seguridad de la emperatriz encontraba extraño este encuentro.

Aun así, entró en la sala privada.

Xiaomao la siguió.

Las puertas se cerraron tras ellas, dejando a todos mirándose entre sí en el exterior.

Ahora Nanoha estaba completamente sola con la emperatriz.

Y no tenía idea de por qué.

Nanoha se había sentado en una de las dos sillas disponibles dentro de la sala. El espacio era reducido, con apenas unos muebles y una mesa central que se sentía demasiado imponente en la atmósfera tensa del lugar. La acústica era extraña, como si las paredes absorbieran cualquier sonido.

Era evidente que la habitación estaba a prueba de ruido.

Xiaomao se sentó frente a ella, apoyando el mentón en sus manos mientras la observaba con una sonrisa enigmática.

Nanoha se sintió incómoda bajo esa mirada escrutadora.

No sabía chino, lo que significaba que no podría leer las intenciones de la emperatriz a través de sus palabras.

Pero su mirada lo decía todo.

Xiaomao iba a jugar con ella.

Sin embargo, lo que escuchó después la tomó completamente por sorpresa.

—Luces nerviosa, tanto te preocupa estar frente a mí? —dijo la emperatriz en un japonés fluido y perfecto.

Nanoha parpadeó, confundida y sorprendida.

—¿Sabes japonés?

Xiaomao rió a carcajadas, su risa resonó por toda la habitación como la de una adolescente disfrutando de una broma.

—Por supuesto que sé japonés. —dijo con confianza—. Lidero una nación, una de las más grandes de Asia. Debo saber el idioma de al menos los países más importantes de la región.

Nanoha, todavía atónita, trató de procesar la información.

—Entonces, ¿por qué siempre llevas a una traductora?

La sonrisa de Xiaomao se amplió.

—Porque nunca debes entregarle toda tu información a las personas que tratan de hundirte.

Nanoha abrió la boca para responder, pero se detuvo.

—¿Y eso no soy yo?

Xiaomao ladeó la cabeza con diversión.

—¿Acaso intentas hundirme, Nanoha Takamachi?

Nanoha negó rápidamente con la cabeza, incapaz de ocultar su nerviosismo.

—No, no, no. Solo… ¿por qué yo?

Xiaomao volvió a reír, pero esta vez su tono fue más bajo, casi como un susurro que contenía un significado más profundo.

—Esta sala es a prueba de sonido, a prueba de espías. No hay cámaras, no hay micrófonos. Lo que pasa aquí es privado. —la emperatriz tomó su taza de té y le sirvió a Nanoha—. Puedes asesinarme aquí mismo y afuera no escucharían mis gritos…

Nanoha se tensó ante aquellas palabras, pero Xiaomao solo rió de nuevo.

—Aunque dudo mucho que puedas salir de aquí después de eso.

Nanoha se sintió observada, analizada.

La emperatriz se estaba divirtiendo.

—Me gustan esas expresiones, Nanoha Takamachi.

Nanoha tomó su té con las manos algo temblorosas.

—Desde que nací, supe que mi vida nunca sería fácil. —Xiaomao continuó—. Mis padres murieron, y desde los 6 años he sido criada para gobernar China. Desde entonces, he vivido una vida estricta, llena de responsabilidades. Esta sala… me da libertad. Aquí puedo ser yo, Xiaomao, no la emperatriz Xiaomao Tang.

Nanoha bebió un sorbo de su té sin decir nada.

—¿Por qué yo? —preguntó finalmente.

Xiaomao apoyó los codos en la mesa y la miró directamente a los ojos.

—Porque, al igual que yo, eres una persona que no buscó el poder, pero al que se lo han dado, y no tienes más opción que asumir tu responsabilidad.

Nanoha sintió un escalofrío recorriendo su espalda.

—Tu padre… es un corrupto. —soltó Xiaomao con calma—. Es un hombre que ve por sus intereses propios y es capaz de traicionar a sus aliados por el bien de su apellido.

Nanoha frunció el ceño.

—Mi padre es estricto, pero no es lo que usted dice.

Xiaomao soltó una risa baja y fría.

—Lo es. ¿Conoces realmente a Shiro Takamachi? ¿Sabes cómo maneja su casa? ¿Conoces la historia de los Fiasse?

Nanoha parpadeó, confundida.

—¿Los Fiasse?

Xiaomao bebió otro sorbo de té antes de continuar.

—¿Sabías que los Fiasse eran originariamente chinos? Antes de llevar ese nombre, tenían otro apellido. Fueron secuestrados por los Takamachi… y convertidos en lo que son ahora.

Nanoha sintió un nudo en el estómago.

—¿Sabes cómo ha sobrevivido tu clan todos estos años?

Nanoha no podía responder.

—Pregúntale a tu padre cuando regreses a tu país.

Nanoha sintió que su mundo se tambaleaba.

—¿Por qué me dices esto?

Xiaomao dejó su taza sobre la mesa con suavidad y la miró con una sonrisa paciente.

—Porque Shiro Takamachi habrá hecho cosas malas, pero sus hijas… son lo mejor que ha hecho.

Nanoha no sabía cómo reaccionar.

—Nanoha, muchos esperan que las cosas sigan igual. Pero desde que asumí el liderazgo de China, voy a hacer que cambien. —Xiaomao se recargó en la silla—. Voy a abrir a China al mundo.

Nanoha la miró en silencio.

—Esa mentalidad hará que más enemigos aparezcan. Pero no sigo lo que los conservadores y corruptos quieren. Hago lo que creo que es mejor para el país.

Nanoha sintió un leve respeto por la emperatriz en ese momento.

—Pero no puedo hacerlo sola. Dentro de China sí, pero fuera de ella, no. —los ojos de Xiaomao brillaron—. Necesito gente en la cual pueda confiar.

Xiaomao se inclinó un poco hacia adelante.

—¿Puedo confiar en ti, Nanoha?

Nanoha sintió que le faltaba el aire.

Pero solo hubo una respuesta posible.

—…Sí.

Xiaomao sonrió ampliamente.

—Me casaré con alguien que no es chino. Eso generará controversia.

Nanoha parpadeó, todavía procesando todo.

—Tranquila, no eres tú. Así que no te pongas nerviosa.

Nanoha suspiró con alivio.

—Su alteza, soy casada…

Xiaomao rió a carcajadas.

—¿Y eso qué? Yo puedo tener los esposos y esposas que quiera.

Nanoha rió nerviosa.

La sala quedó en silencio por unos instantes.

Xiaomao dejó su taza y miró a Nanoha con seriedad.

—Su personal de seguridad está a salvo con nosotros.

Nanoha se tensó.

—Sabemos que ustedes no iniciaron el ataque y que detuvieron el atentado antes de que tomara más vidas.

Nanoha exhaló con fuerza.

—Entonces, ¿por qué no nos liberan? Las tensiones están al borde del colapso.

Xiaomao negó con la cabeza.

—Este es el plan del verdadero culpable. Pronto lo tendremos. Por ahora, tratamos de calmar las cosas diplomáticamente.

Nanoha la miró con escepticismo, pero Xiaomao parecía convencida.

—Confía en mí.

Nanoha cerró los ojos y suspiró.

—De acuerdo.

Xiaomao se puso de pie.

—Debemos salir. Li debe estar nervioso.

Nanoha también se levantó, sabiendo que nada de esto terminaría aquí.

Nanoha aún sentía su corazón latiendo con fuerza cuando las puertas de la sala se abrieron y Xiaomao salió con una expresión completamente relajada, como si la conversación que acababan de tener nunca hubiera ocurrido.

La luz de la sala principal contrastaba con el ambiente cerrado y silencioso del cuarto en el que habían estado.

Lin Mei, Li Wei, Hayate y Signum las esperaban con rostros tensos.

Nanoha no dijo nada.

Por su parte, Xiaomao simplemente sonrió.

—Espero que podamos hablar más seguido, Nanoha. —dijo susurrando en japonés solo para Nanoha.

Nanoha sintió un escalofrío.

No porque la emperatriz la asustara, sino porque sabía demasiado.

La joven emperatriz había tocado un punto que Nanoha jamás había cuestionado en su vida:

¿Quién era realmente Shiro Takamachi?

Su padre siempre había sido una figura de autoridad imponente en su vida.

Fuerte.
Frío.
Calculador.

Pero también era el hombre que la había criado, el que la protegió y le dio las bases para ser quien era ahora.

"Shiro Takamachi es un zorro. Un viejo zorro."

Las palabras de Xiaomao se repetían en su cabeza una y otra vez.

¿Hasta dónde llegaba el poder de su padre?
¿Qué cosas había hecho para mantener el control de su casa?
¿Y qué era lo que realmente sabía Xiaomao que ella ignoraba?

Nanoha apretó los puños.

"Pregúntale a tu padre cuando regreses a tu país."

Eso no sonaba a una simple especulación.
Sonaba a un hecho.

Cuando Nanoha levantó la vista, se encontró con la mirada severa de Li Wei.

El guardaespaldas parecía medirla con la mirada, buscando cualquier signo de amenaza o engaño.

Por su parte, Lin Mei entrecerró los ojos, curiosa por la conversación que acababan de tener.

Sin embargo, ni uno ni otro preguntaron nada.

Era evidente que Xiaomao no compartiría lo que se había dicho dentro de esa habitación.

Hayate fue la primera en romper el silencio.

—¿Puedo asumir que no estamos en problemas?

Lin Mei al lado de la Emperatriz tradujo al chino lo que habia dicho Hayate

—他们看起来有麻烦吗?(¿Acaso parecen estar en problemas?)

Signum permaneció en silencio, pero Nanoha sintió su mirada penetrante.

Hayate cruzó los brazos y suspiró.

—Eso depende de cómo definas "problemas", su alteza.

La emperatriz rió suavemente y se giró hacia Li Wei.

—李,别担心。没有暗杀企图。(Tranquilo, Li. No hubo intento de asesinato.)

El guardaespaldas no pareció aliviado.

Pero tampoco dijo nada.

Xiaomao se volvió hacia Nanoha una última vez.

—现在,你最好先回去和你的人在一起。事情很快就会平静下来。(Por ahora, lo mejor será que regreses con tu gente. Las cosas se calmarán pronto.)

Nanoha mantuvo su postura firme, pero dentro de ella sabía que nada de esto estaba cerca de resolverse.

La guerra entre China y Japón no iba a desaparecer por arte de magia.

Pero si Xiaomao estaba segura de algo, entonces debía haber más cosas moviéndose en las sombras.

Y Nanoha tenía que descubrirlas.

Sin decir más, Xiaomao se giró y comenzó a alejarse, sus ropas doradas brillando bajo la luz de los pasillos del palacio.

Nanoha cerró los ojos un momento y suspiró.

—Vámonos. —dijo finalmente.

Signum y Hayate asintieron y comenzaron a caminar tras ella.

Pero algo dentro de Nanoha le decía que esto apenas estaba comenzando.

El camino de regreso al hotel fue un viaje sumido en un tenso silencio.

Nanoha, sentada junto a la ventanilla, miraba las luces de la ciudad pasar como si fueran destellos lejanos de otra realidad.

No escuchaba lo que Hayate y Signum hablaban entre sí, apenas asentía cuando le preguntaban si estaba bien.

En su mente, Xiaomao y sus palabras retumbaban como un eco constante.

"Tu padre es un zorro… uno viejo."

"¿Sabes cómo ha sobrevivido tu clan todos estos años?"

"Pregúntale a tu padre cuando regreses a tu país."

Nanoha cerró los ojos y apoyó la cabeza contra el respaldo del asiento.

Sabía que debía hablar de esto con Hayate y Signum más adelante, pero por ahora, todo lo que quería era llegar a su habitación.

Cuando finalmente pusieron un pie en el hotel, Fate prácticamente corrió a recibirla.

—Nanoha. —su voz sonaba preocupada.

La abrazó con fuerza, como si quisiera asegurarse de que su esposa estaba realmente allí, sana y salva.

Nanoha, sintiendo el calor reconfortante de Fate, simplemente la envolvió en un abrazo igual de fuerte.

—Estoy bien.

Fate se apartó solo lo suficiente para mirarla a los ojos.

—¿Segura? Te ves… preocupada.

Nanoha le sonrió con suavidad, aunque Fate podía notar la fatiga en sus ojos.

—Solo necesito descansar.

Fate asintió, sin presionarla. Sabía que Nanoha hablaría cuando estuviera lista.

Las horas pasaron, y Nanoha se encontraba acostada en la cama, su mirada perdida en el techo.

El sonido del aire acondicionado llenaba la habitación con un zumbido lejano.

Fate, sin embargo, no estaba dormida.

Estaba acostada sobre Nanoha, con la cabeza sobre su pecho, sintiendo los latidos de su esposa bajo su oreja.

—¿En qué piensas? —preguntó con voz baja.

Nanoha suspiró.

—La emperatriz… sabe demasiado sobre nuestra familia. Y si sabe tanto de nosotros, probablemente también sepa mucho sobre las demás casas con las que está interesada.

Fate cerró los ojos y se acurrucó un poco más.

—¿Te preocupa lo que dijo?

Nanoha dudó un momento antes de responder.

—Dijo cosas sobre mi padre… cosas que me dejaron muchas dudas.

Fate levantó la cabeza para mirarla.

—¿Sobre Shiro?

Nanoha desvió la mirada al techo.

—Sí… y tendré que hablar con él cuando volvamos a Japón.

Fate se mantuvo en silencio por un momento antes de asentir.

—Cuando llegue el momento, estaré contigo.

Nanoha le sonrió, pasando los dedos por su cabello dorado.

—Lo sé.

Fate se acercó un poco más, rodeándola con los brazos.

—No tienes que cargar con todo sola, Nanoha.

Nanoha cerró los ojos y la abrazó con fuerza.

En ese momento, todo lo demás podía esperar.

Las noticias no tardaron en explotar en todo China.

Las pantallas de los canales nacionales mostraban a la emperatriz Xiaomao de pie en un imponente salón dorado, con los emblemas de la dinastía Tang detrás de ella.

A su lado, esposado y de rodillas, estaba Xinxue Cheng, la cabeza de su clan.

Su rostro reflejaba frustración y derrota, pero trataba de mantener la compostura.

El silencio en la transmisión era absoluto cuando Xiaomao tomó la palabra.

—Pueblo de China.

Su voz era clara, firme.

—Hace dos días, mi coronación como emperatriz fue manchada por un acto vil y cobarde. Un atentado que pudo haber cobrado muchas vidas.

Las cámaras hicieron un breve enfoque en la marca de bala que aún quedaba en la tribuna real.

Xiaomao continuó con su discurso.

—El pueblo merece la verdad.

Se giró lentamente hacia Xinxue Cheng.

—El Clan Cheng, que durante siglos ha sido parte de la historia de China, traicionó a su nación en un intento desesperado por resistirse al cambio.

Los murmullos en la audiencia se hicieron audibles en la transmisión.

La imagen en pantalla mostró a miembros del Clan Cheng arrestados, esposados y rodeados por soldados armados.

Xiaomao no desvió su mirada de Xinxue Cheng.

—Los Cheng orquestaron el atentado en un intento de eliminarme.

Las pruebas aparecieron en las pantallas: grabaciones interceptadas, transacciones financieras, movimientos de hombres armados…

Xiaomao inhaló profundamente antes de pronunciar la sentencia.

—China no tolerará la traición.

Se giró hacia la cámara, su mirada cortante como una daga.

—Declaro la extinción completa del Clan Cheng.

Las cámaras enfocaron a los altos oficiales militares asintiendo solemnemente.

Xiaomao alzó la barbilla con autoridad.

—La traición a la patria se paga con la vida.

Un silencio absoluto reinó en la transmisión.

Las caras de los oficiales eran implacables.

Xinxue Cheng apretó los puños, pero sabía que su destino estaba sellado.

China había cambiado para siempre.

Y el mundo lo estaba observando.

Las tensiones entre China y Japón comenzaron a disiparse poco a poco luego del impactante anuncio de la emperatriz Xiaomao. Los barcos de guerra que hasta hace unas horas se mantenían en una postura hostil en la frontera marítima de ambos países empezaron a replegarse. La diplomacia finalmente había entrado en acción, y con el arresto y condena del clan Cheng, el gobierno chino tenía una narrativa clara para justificar la estabilidad del país. La presión sobre Japón también disminuyó, permitiendo que los líderes internacionales respiraran con un poco más de alivio.

En las primeras horas de la mañana, Zafira fue liberado. Acompañado por la seguridad del palacio, fue escoltado fuera del complejo donde había permanecido detenido desde el atentado. No tenía heridas ni señales de maltrato, pero su expresión estaba marcada por la tensión acumulada. Al salir, fue recibido por Signum y Vita, quienes lo esperaban con seriedad. Sin decir una palabra, intercambiaron miradas antes de escoltarlo de vuelta al hotel, donde lo esperaban el resto de los Takamachi.

Mientras las noticias continuaban transmitiendo el mensaje de la emperatriz, los Harlaown permanecían en su hotel. Lindy había estado monitoreando los acontecimientos junto a Chrono, revisando cada detalle en las transmisiones diplomáticas. Sin embargo, su atención fue interrumpida cuando un mensaje formal llegó a su habitación: una invitación de la emperatriz Xiaomao Tang para reunirse con ellos en privado.

—Parece que nos llegó nuestro turno —murmuró Chrono, cruzándose de brazos.

Lindy asintió, leyendo el mensaje con detenimiento. No había amenazas en el tono, pero la emperatriz quería hablar "a solas" con ambos. La cuestión era: ¿qué quería realmente de ellos?

—No podemos rechazar esto —dijo Lindy, cerrando el mensaje y dejándolo sobre la mesa—. Preparémonos.

Chrono asintió, tomando su chaqueta y preparándose para lo que les esperaba.

El majestuoso Palacio Interior de la Ciudad Prohibida se alzaba imponente frente a ellos, un símbolo milenario de la dinastía china que ahora albergaba a su joven emperatriz. Lindy y Chrono Harlaown avanzaban por los pasillos flanqueados por columnas de madera roja con inscripciones doradas, mientras el sonido amortiguado de sus pasos resonaba en el mármol frío.

Los guardias de élite, vestidos con uniformes negros y armaduras ceremoniales, los escoltaban en silencio. El aire tenía un ligero aroma a incienso y sándalo, mezclado con la historia que impregnaba las paredes del palacio.

Finalmente, llegaron a un gran salón decorado con intrincados tapices dorados y rojos, donde la emperatriz Xiaomao los esperaba, sentada con una gracia absoluta detrás de un escritorio de caoba finamente tallado. Li Wei y Lin Mei estaban a su lado, observando con atención a los recién llegados.

Xiaomao los recibió con una sonrisa controlada, pero con la misma chispa en los ojos que mostraba su espíritu astuto.

欢迎,哈洛温夫人和克罗诺·哈洛温先生 (Bienvenidos, señora Harlaown y Chrono Harlaown.) —dijo en chino, con un tono formal pero cálido.

Lin Mei tradujo, aunque Chrono ya entendía perfectamente el mensaje.

感谢您的接待,陛下,我们荣幸至极 (Agradecemos su hospitalidad, su majestad. Es un honor estar aquí) —respondió Chrono en un chino fluido, inclinando la cabeza respetuosamente.

Xiaomao alzó una ceja, satisfecha con su pronunciación.

请坐 (Siéntense) —dijo Xiaomao, extendiendo su mano con elegancia.

Ambos tomaron asiento frente a ella

Xiaomao entrelazó los dedos sobre la mesa y adoptó un tono más serio.

中国正在变革之中 (China está en medio de un cambio) —comenzó, su tono firme pero calmado.

Lin Mei tradujo para Lindy mientras Xiaomao continuaba.

过去,我们的国家长期封闭,不愿意适应世界的潮流 (Durante mucho tiempo, nuestro país ha permanecido cerrado, renuente a adaptarse a los cambios del mundo) —prosiguió.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

但如果我们继续保持这种状态,我们终将被淘汰 (Si seguimos así, eventualmente seremos dejados atrás) —declaró con frialdad.

Lindy escuchaba atentamente, comprendiendo la magnitud de lo que la emperatriz estaba diciendo.

我需要盟友 (Necesito aliados) —dijo Xiaomao con seriedad, clavando sus ojos en Chrono.

Chrono asintió levemente, sabiendo que esta conversación estaba tomando un giro estratégico.

您想要盟友来推动您的改革?(¿Quiere aliados para impulsar sus reformas?) —preguntó con cautela.

Xiaomao sonrió con satisfacción ante su perspicacia.

没错 (Exactamente) —asintió.

但这不仅仅是政治上的支持 (Pero no se trata solo de apoyo político) —continuó, su tono más calculador.

Se reclinó en su asiento, observándolos con intensidad.

我需要让世界知道,中国在变 (Necesito que el mundo sepa que China está cambiando) —declaró.

Tomó su taza de té y la llevó a sus labios antes de hacer su siguiente declaración.

所以,我将从一件最具象征意义的事情开始 (Por eso, comenzaré con algo que tenga un gran valor simbólico) —dijo con calma.

我要娶一位外国人 (Me casaré con alguien que no sea chino) —anunció sin rodeos.

Lindy y Chrono intercambiaron una mirada.

Xiaomao continuó con una sonrisa astuta.

这不仅是个人选择,更是一种政治宣言 (No es solo una elección personal, sino una declaración política) —dijo.

Después de un breve silencio, Xiaomao miró a Chrono directamente.

我希望和克罗诺单独谈谈 (Quiero hablar a solas con Chrono) —dijo de repente.

Lindy alzó una ceja, pero asintió con serenidad.

当然 (Por supuesto) —dijo Chrono simplemente.

En la sala privada, Xiaomao cruzó las piernas con elegancia y observó a Chrono con una expresión tranquila.

我要和你结婚 (Quiero casarme contigo) —dijo sin rodeos.

Chrono parpadeó, sorprendido por la franqueza de la emperatriz.

陛下… (Su majestad…) —comenzó, midiendo sus palabras.

—我知道你有一个伴侣 (Sé que ya tienes a alguien) —dijo Xiaomao con una sonrisa.

Chrono entrecerró los ojos.

那么您应该知道我的回答 (Entonces, debería saber mi respuesta.) —respondió firmemente.

Xiaomao inclinó la cabeza levemente.

这不是普通的婚姻 (No sería un matrimonio común) —dijo con tranquilidad.

Se acercó ligeramente.

你可以继续你的感情生活,我不会干涉 (Puedes seguir con tu relación, no me interpondré) —explicó.

但我要一个象征,一个承诺,一个继承人 (Pero necesito un símbolo, un compromiso, un heredero) —concluyó.

Chrono cerró los ojos un momento y luego los abrió con una expresión seria.

让我考虑一下 (Déjeme pensarlo) —dijo finalmente.

Xiaomao sonrió.

我会等你 (Te esperaré) —respondió con calma.

Ambos salieron de la sala privada, y Chrono se reunió con Lindy. La conversación no había terminado, pero su impacto se quedaría con él por mucho tiempo.