Capítulo 2
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Tres años después...
— ¿Qué es esto, Frederick? —exclamó Marie, horrorizada al ver las macetas que el proveedor colocaba sobre el mostrador.
El hombre, visiblemente apenado, levantó las manos como si intentara calmarla.
—Lo sé, Marie, lo sé. Sin embargo, es lo que llegó este mes. Estamos escasos de ese modelo; la fabricación está sufriendo retrasos.
Con un profundo suspiro, Marie regresó las macetas a las cajas. Mientras caminaba hacia el escritorio, un pensamiento fugaz cruzó su mente: tomar ese tedioso curso que había estado posponiendo podría haberle evitado este contratiempo.
—Bien, acepto estas —comentó al fin, tocándose el puente de la nariz con evidente resignación—. Pero quiero un descuento, por favor.
Federico muy aliviado. —Eres cliente frecuente, ¿Cómo decirte que no? —dijo mientras aceptaba el pago en efectivo—. Que tenga buen día, señorita Dwyler.
Una vez que Frederick se marchó, Marie tomó asiento frente a su computadora portátil. Aún quedaban entregas por verificar y un paisajista que contratara para sumarse al proyecto de remodelación de la tienda. El tiempo se escurrió más rápido de lo esperado, y cuando levantó la vista, la noche ya había caído. Con un suspiro, reconoció sus cosas y partió hacia la casa de Angela Weber.
Angela la recibió con una cálida sonrisa.
—¿Mucho trabajo? —preguntó mientras abría la puerta.
—No tienes idea —respondió Marie, abrazándola antes de entrar—. Creo que será así por un tiempo. Me desanima dejar tanto tiempo solo a Ethan.
Dentro de la casa, el bullicio de los niños jugando llenaba el ambiente. Marie se relajó al escuchar las risas.
— ¿Causó mucha molestia? —preguntó mientras se quitaba el abrigo.
Angela negó con vehemencia, riendo suavemente.
—¿De qué hablas, Marie? Ese niño es un ángel, tan sensato. Agradezco que sean amigos, Max a veces me saca cañas verdes —comentó con una carcajada—. Ethan nunca causa molestia, todo lo contrario.
Marie suena con alivio mientras ambos se sentaban en la sala. Angela té sirvió de frutos rojos y comenzó a hablar con entusiasmo.
—Cuéntame cómo va la tienda. Estoy tan emocionada por ti, Marie. Te has esforzado tanto, nunca pensé que Esme vendería ese lugar.
Marie ascendió, sujetando la taza caliente entre sus manos.
—Fue un buen trato —respondió antes de dar un sorbo.
Marie dejó la taza sobre la mesa y comenzó a relatar su experiencia.
—Ella realmente tenía la tienda abandonada. Estaba más enfocada en la empresa de Alice, así que vi la oportunidad. Le propuse un trato y aceptará.
Angela escuchaba atentamente mientras Marie le contaba cómo había llegado a realizar ese trato con Esmeralda Cullen.
Los primeros meses en Forks habían sido difíciles, pero había logrado encontrar trabajo en la tienda de los Newton y más tarde en el consultorio dental del señor Korber. Durante ese tiempo, había ahorrado cada centavo del dinero y estaba usando el dinero que había heredado el cual Jasper le depositó a una cuenta, destinándolo a la educación de Ethan ya un fondo de ahorro.
Hace un año y medio, la señora Cullen le había ofrecido trabajar en su tienda de flores. Marie aceptó, dejando el consultorio y más tarde la tienda Newton, se había matado en tener dos empleos y su salud estaba cobrando factura de cierta forma. Esme se convirtió en alguien importante en su vida, no solo como jefa, sino como una figura materna. Cuando Esme tuvo que ausentarse para apoyar a su hija Alice tras un rompimiento amoroso, dejó la tienda bajo el cuidado de Marie. A su regreso, Esme quedó tan impresionada por las mejoras que Marie había hecho —nuevas plataformas en redes sociales, un sitio web y una renovación general— que decidió venderle la tienda, aunque la realidad era que Esme no podría dedicarle más tiempo a ese negocio y al notar que Marie era útil, prefiero traspasarla que cerrarlo para dedicarse al negocio junto a su hija, bajo la condición de que siguiera siendo su proveedora directa de plantas.
— ¿Y cómo van las mejoras? —preguntó Ángela, con los ojos brillando de emoción.
—El pequeño botánico está casi listo —respondió Marie con entusiasmo—. Mañana limpian el espacio, y el jueves llegan las semillas y plantas para llenarlo. La próxima semana comenzarán a construir el primer piso del local, respetando los ventanales. Después de eso, solo quedará la remodelación interna.
—Estoy tan orgullosa de ti, Marie. Ya no eres aquella chica perdida que conocí en la tienda — Angela presionó la mano de Marie con afecto.
Marie suspiro, tratando de reprimir la emoción que brotaba en su interior.
—Oh, vamos, Ang. No te pongas sentimental.
Angela rodó los ojos, fingiendo molestia, pero ambas rieron.
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De vuelta en casa, Ethan suspiro mientras se tocaba la barriga.
—Comí mucho en casa de Angi. No debí comer tanto.
—Eres un goloso —Marie sonriendo y despeinó su cabello castaño.
—Debiste detenerme. Se supone que las mamás hacen eso.
Ambos rieron mientras entraban en su rutina nocturna. Marie ordenó la sala, lavó los trastes y puso ropa en la lavadora, mientras Ethan arreglaba su cuarto y preparaba sus cosas para la escuela. Al final, calentaron macarrones con queso para la cena.
La noche era uno de los momentos favoritos de Marie. Ella y Ethan cenaban en el porche trasero, admirando el cielo y conversando sobre su día. Más tarde, mandó a Ethan a la cama y permaneció en su pequeña oficina en la planta baja, enviando correos, actualizando publicaciones en redes sociales y terminando cursos en línea sobre jardinería y germinación de semillas.
Cuando el reloj marcó la una de la madrugada, se dio cuenta de cuánto había trabajado. Su rostro reflejaba el cansancio al día siguiente, justo cuando recordó su cita con la maestra Tania.
En la oficina de la maestra, Tania extendió varios exámenes frente a Marie. Cada uno tenía una calificación perfecta.
—¿Esto es malo? —preguntó Marie, confundida. Tania negó, sonriendo.
—Todo lo contrario, Marie. Ethan podría estar en el curso equivocado. Es un chico extraordinario. Sociable, aunque tímido. Comprometido y leal— suspiro e hizo unos ademanes— Pero se aburre en clase porque domina los temas demasiado rápido. Decidí aplicarle evaluaciones de nivel superior, dos grados por encima del suyo, y estas son sus calificaciones.
Marie tomó las hojas que la maestra le ofrecía y las revisó con atención. Cada una muestra resultados impecables.
—Entonces, ¿es un niño dotado? —preguntó, todavía procesando la información.
—Es una posibilidad —respondió Tania—. Podríamos adelantarlo de dos a tres años. Sin embargo, sería bueno que lo hablara con la psicóloga.
—No estoy segura de que eso sea lo correcto. Perdería parte de su infancia, y los niños mayores podrían molestarlo —Marie negó con firmeza.
—Entiendo tus preocupaciones, pero te sugiero hablarlo con Tamara, la psicóloga. Ella podría entenderte mejor —Tania se inclina comprensiva.
Marie dejó la oficina con el reporte en la mano, su mente inundada de pensamientos. No podía evitar recordar las similitudes entre Ethan y alguien más...
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—Pero mira quién está de regreso —exclamó Jacob al ver a Marie, abrazándola con entusiasmo y levantándola del suelo mientras daba vueltas.
—¡Me harás vomitar, cabeza hueca! —protestó ella, golpeándole el pecho para que la soltara.
Jacob la dejó de pie, riendo, mientras que Emmett, apoyado contra su patrulla, observaba la escena con una sonrisa divertida.
—Te desapareces, chica—comentó Emmett con un tono neutral, aunque sus ojos denotaban cierta familiaridad.
—Hola a usted también, comandante —levantó una mano en forma de saludo.
—Solo Emmett para los amigos, cariño —le guiñó el ojo, lo que hizo que bufara con una ligera sonrisa.
—Bien, ¿Qué te trae por aquí? —preguntó Jacob, cambiando su expresión a una de curiosidad.
—Te traje mi auto, necesita su servicio, y tú eres el único que puede hacerlo —respondió ella, señalando su vehículo estacionado al otro lado del taller.
— ¿Esa chatarra todavía funciona? — Emmett alzó una ceja, burlón
—Oye, ese auto necesita respeto —replicó Marie, ofendida—. Puede ser el abuelo de esa espantosa patrulla que conduces.
Emmett se burlo por lo bajo, sacudiendo la cabeza mientras miraba a Jacob.
—Es un Volkswagen Golf I —explicó Jacob con cierto orgullo—. Por si no lo sabes, es un clásico, grandulón ignorante.
La discusión se prolongó un poco más hasta que Emmett recibió un llamado urgente. La señora Murphy había informado que su gato estaba perdido. La "emergencia" hizo reír a Marie, mientras Jacob negaba con la cabeza, tratando de contener una carcajada.
—Ven, almorcemos. Hice tortas de carne y no aceptaré un no como respuesta —dijo Jacob, guiándola hacia la parte trasera del taller, donde tenía su casa.
Mientras comían, Jacob volvió a sacar a relucir su persistencia.
— ¿Cuándo me aceptarás una cita? —preguntó por octava vez en tres años.
—Jacob, ¿de qué hablas? Tenemos citas… —Marie suspiro y dejo su vaso en la mesa.
—Citas de amigos, Marie. Yo quiero una cita de… —insistió él, dejando la frase incompleta.
—Jake… por favor —pidió ella, agotada por el tema.
Jacob era un buen amigo, alguien en quien confiaba. Lo había conocido un año después de llegar a Forks, cuando le vendió su primer auto. Desde entonces, se habían congeniado fácilmente. Él era divertido, infantil para su edad y claramente atractivo, pero Marie solo lo veía como un amigo. Aunque en algún momento hubiera sentido algo más, sabía que no podía corresponderle. Una parte de ella seguía atrapada en el miedo a huir nuevamente, a dejar atrás todo lo que había construido.
Jacob suspiro, resignado. —Ya sé, ya sé. Solo me ves como amigo. Pero seré paciente, ya lo verás.
Marie cambió de tema rápidamente, logrando desviar la conversación, aunque su mente permaneció en otro lugar durante el resto de la tarde.
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De vuelta en casa, intentó calmar su ansiedad ocupándose en las tareas del hogar. Después de poner a Ethan a dormir, salió al porche con una botella de vino y una copa. El silencio de la noche la envolvía, pero su mente estaba lejos de estar tranquila.
Sin darse cuenta, su dedo marcó un número en su teléfono.
—Jasper al habla —respondió una voz adormilada al otro lado de la línea.
—¿Te desperté? —murmuró Marie, sintiendo cómo su voz se quebraba ligeramente.
Hubo un silencio momentáneo antes de que Jasper preguntara, con ansiedad en su tono: —¿Isabella?
— ¿Cómo estás, Jas? —preguntó ella, sin saber cómo iniciar la conversación.
El suspiro de Jasper fue audible. —¿Qué cómo estoy? —repitió, con un tono entre frustrado y aliviado—. Te he estado buscando. No sé nada de ti desde hace más de un año, Isabella Swan. ¿Qué pasa contigo? Te dije que me mantuvieras al tanto cada cierto tiempo y ¿Qué haces? Todo lo contrario. Pensé que ese imbécil te había encontrado. Estaba muerto de miedo. Te busqué por todos lados, usé mis medios y nada…
—Te extraño—lo interrumpió ella con un susurro cargado de tristeza.
—Esto no es un juego, Bella.
—No, claro que no. Si tú no pudiste encontrarme, él tampoco lo hará —replicó, intentando sonar firme.
Jasper se quedó en silencio, dejando que ella continuara.
—Me establecí, Jasper. Estoy haciendo una vida. Ethan está creciendo feliz; Tiene una infancia, un hogar. Pero tengo miedo de perder esto —las lágrimas comenzaron a correr por su rostro, sin poder contenerlas.
—Fue mi error. Debí prever que contrataría a un hacker —admitió Jasper, frustrado, recordando como huyo Isabella de la última ciudad en donde estuvo—. Pero he mejorado y quiero saber dónde estás. Esto no volverá a pasar, te lo prometo.
Marie negó con la cabeza, aunque él no podía verla. —No puedo permitirme depender de nadie, Jas. Tengo que proteger a Ethan, y eso significa que no puedo arriesgarme.
Antes de que Jasper pudiera insistir más, Marie terminó la llamada. La sensación de vacío volvió a instalarse en su pecho, pero no podía permitirse mostrar debilidad.
FLASHBACK
— ¿Qué se supone que haga con ella? —gritó una histérica Renée mientras azotaba la puerta de la habitación de Isabella.
—No es mi puto problema, mujer. Apáñatelas como quieras, pero si tú no vas, llevaré a alguien más —amenazó el novio de Renée con un tono cortante.
La pequeña Isabella se acurrucó en su cama, abrazando con fuerza a Teddy, su conejo de peluche, el último regalo de su padre. Sabía que tenía que ser silencioso. No quería molestar a su madre, menos cuando ella estaba extraña, probablemente debido a esas cosas que solía ponerse en la nariz.
Los gritos continuaron unos minutos más, hasta que un portazo hizo temblar la casa. Luego, el sonido de pasos se acercó a su habitación. La pequeña sintió que el aire se congelaba cuando se abría la puerta.
—¿Qué se supone que haré contigo, Isabella? —espetó su madre con el rostro torcido por la molestia. Su mirada de desprecio hizo que Isabella se encogiera aún más en su cama—. No me dejas vivir mi vida, carajo —masculló antes de marcharse.
FIN DEL FLASHBACK
—Estás distraída, cielo —comentó Esme, sacudiendo las manos frente a su rostro para llamar su atención.
Marie se sintió apenada y enfocó su mirada de la mujer.
—Lo siento, ha sido un día difícil —murmuró, volviendo a teclear en su computadora.
— ¿Quieres hablar de ello? —preguntó con su característica calidez maternal.
Ella negó con un movimiento de cabeza, ofreciéndole una sonrisa comprensiva. Había notado la reserva de Marie respecto a sus sentimientos, problemas y preocupaciones, pero siempre respetaba su privacidad.
—¿Te parece si paso por Ethan mañana por la tarde? —preguntó Esme mientras acomodaba las plantas en las nuevas repisas de la tienda.
—Sería estupenda. Gracias —respondió Marie, ayudándola a ordenar las plantas recién llegadas.
—Oh, cariño, antes de que se me olvide —dijo , deteniéndose un momento—. Necesito retomar la remodelación del ático de mi casa. Mi pequeño estará de vuelta por una temporada, por trabajo, y quiero que se sienta cómodo.
—Eso es estupendo. Hace tiempo que no lo ves, ¿verdad?
—Cinco años —suspendido, con una sombra de melancolía en su rostro—. Quiero que todo esté perfecto para su llegada. Esas hermosas plantas que me mostraste la otra ocasión, ¿podrías pedir unas cuantas junto con enredaderas? Me gustaría colocarlas en ese lado de la casa.
Marie había escuchado sobre el hijo de Esme. Sabía que trabajaba en la administración de inmuebles en Nueva York, específicamente en las zonas más exclusivas. Aunque Ella hablaba con orgullo de él, Marie también había notado la tristeza en sus ojos al mencionar cuánto lo extrañaba.
Hace una semana, había escuchado a ella hablar con Alice, la cual había hecho un comentario burlón sobre su hermano, llamándolo "cabeza hueca" y mencionando lo fácil que era manipularlo con "una falda corta y grandes tetas". Esme había silenciado rápidamente a su hija, visiblemente molesta. Marie supo entonces que en dos ocasiones su hijo había planeado visitar a sus padres, solo para cancelar a última hora. Recordó encontrar a Esme llorando en una de esas ocasiones.
Espero que esta vez sea diferente. Al menos Alice si esta para Esme. Pensó Marie, mientras sonreía con calidez.
Alicia …sonrió.
Las últimas semanas, Alice Cullen se había convertido en una presencia constante en la vida de Marie. Su nueva amiga incluso había organizado "noches de chicas" en su casa, alegando que ambas necesitaban algo de diversión. A pesar de su naturaleza entrometida, ella había demostrado ser una buena amiga.
FLASHBACK
El viento soplaba con fuerza aquella tarde mientras Marie acomodaba unas macetas nuevas en el escaparate de la tienda. El tintineo de la campanilla en la puerta anunció la llegada de alguien, y cuando Marie levantó la vista, se encontró con una figura pequeña y enérgica que intentaba mantener en equilibrio una pila de repisas de madera.
—¡Oh, mierda! —exclamó la mujer al tropezar, dejando caer todo al suelo con un estruendo que hizo eco en la tienda.
Marie se apresuró a ayudarla mientras Esme bajaba rápidamente de la oficina.
—¡Cariño! Por fin estás en casa —exclamó abrazando a la joven con entusiasmo.
Marie observó la escena con curiosidad. Sabía, por las múltiples conversaciones con Esme, que esa chica debía ser Alice Cullen, la hija menor. La había escuchado hablar con ella por teléfono en más de una ocasión e incluso compartieron charlas móviles cuando ella hablaba en búsqueda de su madre, pero esta era la primera vez que se veían en persona.
—Así que esta es la famosa Marie Dwyler —dijo Alice, dirigiéndose a Marie con una amplia sonrisa mientras le ofrecía la mano.
Marie respondió al gesto, estrechando su mano con calidez. —Y tú debes ser Alice. Tu mamá habla mucho de ti.
—Espero que cosas buenas —replicó Alice con un tono juguetón, mientras miraba a su madre, quien rodó los ojos en respuesta.
Esme las dejó solas para recoger las repisas, mientras Alice comenzaba a inspeccionar la tienda con una mezcla de curiosidad y admiración.
—Mamá siempre dice que eres su heroína. Dice que no sabe qué haría sin ti aquí —comentó Alice mientras se inclinaba para inspeccionar unas enredaderas en el mostrador.
Marie río suavemente, aún un poco incómoda con los halagos. —Solo trato de hacer mi trabajo. Tu mamá ha sido muy generosa conmigo.
Alice se giró hacia ella con una expresión que combinaba entusiasmo y determinación.
—¿Sabes? Creo que vamos a llevarnos bien.
—Eso espero —respondió, sorprendida por la facilidad con la que ella llenaba el silencio con su energía.
En las siguientes semanas, Alice se convirtió en una presencia constante en su vida. Su llegada a Forks había sido parte del plan de Esme para iniciar un proyecto de planeación de eventos, y, aunque al principio ambos parecían necesitar tiempo para acostumbrarse a la compañía de la otra, pronto descubrieron que compartían una dinámica única.
Alice era extrovertida, hablaba rápido y tendía a tomar decisiones impulsivas, mientras que Marie era más reservada, observadora y analítica. A pesar de sus diferencias, Alice logró convertirse en una amiga cercana, alguien en quien Marie podía confiar.
Durante una de sus "noches de chicas", Alice, con una copa de vino en la mano, había compartido detalles de sus desastres amorosos, arrancándole a Marie más risas de las que ella misma podía recordar haber tenido en mucho tiempo.
—Mira, Marie, sé que soy un poco invasiva —dijo Alice esa noche, con una expresión culpable—, pero de verdad aprecio nuestra amistad. Siento que puedo ser yo misma contigo y para ser sincera... No cualquier me aguanta.
Marie sonriente, alzando su copa en un gesto de brindis.
FIN DEL FLASHBACK
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Los primeros dos fines de semana de su diplomado de paisajismo habían sido agotadores para Marie. Adaptarse a la nueva rutina no era sencillo: dejar todo listo para Ethan, quien se quedaría con Esme, preparar las maletas, conducir hasta Seattle... Todo parecía acumularse. Sin embargo, disfrutaba esos viajes en carretera, escuchando música a alto volumen y cantando.
El curso resultó enriquecedor y satisfactorio, algo que compensaba el cansancio.
De viernes a domingo, después de las 3 pm, tenía tiempo libre, el cual solía ocupar en cursos en línea sobre redes sociales. Era una rutina solitaria pero tranquila, hasta que Leah Smith decidió interferir en ella.
La interceptó justo cuando Marie salía del edificio del curso.
—Marie, ¿cierto? —preguntó la morena, cerrándole el paso con una sonrisa audaz.
—Ah, sí. Tú debes ser Leah, ¿verdad? —respondió Marie, incómoda.
—Ella misma. —Leah cruzó los brazos y se inclinó hacia ella ligeramente—. Escucha, estamos organizando una salida a un club en el centro. Lo hacemos casi todos los sábados, pero siempre sales corriendo y no he podido invitarte.
—Gracias por la invitación, Leah, pero...
—Oh, vamos, anímate. Ven hoy, y si no te gusta, no te molestaré más —rogó Leah con un puchero convincente—. La verdad es que las otras chicas son unas estiradas, y no congenio con ellas.
Ella titubeó.
—La realidad es que no soy mucho de salir a fiestas y, además, mañana...
—Ay, por favor, ¿Qué edad tienes? ¿50? —Leah rodó los ojos, antes de sonreírle con picardía—. ¿Tienes novio acaso?
-No...
—¡Más a mi favor! —exclamó Leah, tomando a Marie de los hombros—. Eres hermosa, tienes un buen trasero y un cuerpo respetable. Vamos a cazar algún hombre.
Marie sintió que el rubor invadía su rostro.
—Salgamos a divertirnos, no seas aguafiestas. Hay que vivir un poco —insistió Leah.
Fue entonces cuando las palabras de Marcus, el terapeuta de Marie, resonaron en su mente: "¿Alguna vez hiciste algo típico de una chica de tu edad? Has asumido responsabilidades que no te correspondían. ¿Te has divertido alguna vez?"
Marie suspiro y sonrió tímidamente.
—Supongamos que no estaría mal probar algo nuevo. ¿Dónde y a qué hora nos vemos?
—¡Yupí! —aplaudió Leah con entusiasmo.
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Esa tarde, Marie inspeccionó su maleta, buscando algo que pudiera usar para la salida. Su ropa era completamente casual: pantalones de mezclilla, blusas holgadas, pantalones deportivos... Nada parecía adecuado. Optó por unos jeans ajustados y una blusa de tirantes que solía llevar debajo de una camisa de cuadros.
Después de secarse el cabello y aplicar un poco de rímel, escuchó que tocaban a la puerta, debería ser aquella chica.
— ¿Qué tienes puesto? —preguntó Leah al verla, frunciendo el ceño mientras se acomodaba la mochila de su espalda.
—Ropa? —respondió Marie, insegura.
—Claro, pero vamos a un club, no por un café o al bosque... —Leah entró al cuarto cargando varias bolsas.
—Sabía que esto pasaría, como mencionaste que venias de fuera, supuse que no cargas con nada para la ocasión. Traje algunas cosas de mi casa —anunció, mientras vaciaba el contenido sobre la cama. Había vestidos, tops y faldas de todo tipo.
—No creo que necesite más que esto —protestó Marie con un suspiro.
—Calla. Estoy haciendo milagros aquí —murmuró Leah mientras la inmovilizaba suavemente por los hombros.
Después de media hora de ajustes, quejas y risas, Leah dio un paso atrás con una sonrisa triunfal.
—Quedaste perfecta. —Exclamó, mientras terminaba de aplicar las sombras—. Mírate al espejo.
Marie se paró frente al espejo y, por un instante, no se reconoció. Su cabello estaba recogido en una alta coleta, ahora ya era más largo, casi a media espalda, con mechones sueltos que enmarcaban su rostro. Las sombras marrones acentuaban sus ojos, y el rímel destacaba sus pestañas. Su atuendo consistía en una falda negra ajustada que llegaba a la mitad del muslo y un top que se amarraba al cuello, dejando sus hombros al descubierto. Unos tacones rojos completaban el look.
Por primera vez, Marie se sintió sexy. Ya no veía a la niña temerosa del pasado; Veía a alguien diferente, alguien que empezaba a aceptar su valor.
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El club no quedaba lejos del hotel, y Leah la presentó a varios compañeros del curso junto con sus parejas. Aunque Marie no estaba acostumbrada a beber, Leah ordenó ambas margaritas, palomas y otros cócteles. Pronto, se encontraron bailando en grupo, riendo y dejando que la música llenara el aire. Su compañera no la dejo sola, ambas eran las únicas solteras del grupo, pero eso cambio cuando un rubio alto se acercó a Leah.
Cuando sus pies comenzaron a doler por los tacones y dado el nuevo entretenimiento de la morena, Marie decidió retirarse a la barra para descansar un poco. Estaba absorta observando a Leah, quien bailaba animadamente con el chico, cuando sintió un aroma fresco y varonil a su lado.
—Una cerveza, por favor —dijo una voz aterciopelada.
Marie giró su rostro hacia la fuente del sonido y lo vio. Un hombre de cabello cobrizo, despeinado, con pestañas largas y ojos verdes. Su mandíbula era firme y definida, tenía camiseta negra ajustada insinuaba un físico trabajado.
—¿Te gusta lo que ves? —preguntó él de reojo, con una sonrisa que hizo que las mejillas de la chica se sonrojaran.
Sus miradas se cruzaron, y ella sintió que el tiempo se detenía.
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Gracias por acompañarme en este nuevo capítulo. Su apoyo y comentarios hacen que cada capítulo cobre vida.
No olviden decirme qué piensan de este giro en los comentarios ¡Nos leemos pronto!
;)
