Preludio a una aventura caotica.
El sol brillaba intensamente sobre los campos cercanos a Axel, donde Ranma, en su forma masculina, se preparaba para su segundo round contra los sapos gigantes. Con un cuchillo recién comprado en la mano, su determinación era evidente. Aunque su trabajo como arcipreste no era precisamente ofensivo, Ranma no iba a dejar que eso lo detuviera.
—Muy bien, no será lo mismo que la última vez —murmuró para sí mismo, ajustando su postura mientras observaba a un sapo gigante acercarse lentamente. Su ropa habitual ondeaba ligeramente con la brisa, y aunque no llevaba una armadura imponente, su confianza era su mejor escudo.
El sapo lanzó su lengua con rapidez, pero Ranma, con movimientos fluidos, la esquivó hábilmente. Se deslizó por el suelo, acercándose al monstruo, y con un corte limpio en el abdomen, lo derribó en cuestión de segundos. La criatura cayó al suelo con un sonido sordo, y Ranma se enderezó, limpiando el cuchillo con un gesto casual.
—Eso fue bastante genial —comentó Dust, que había estado observando desde una distancia segura. Silbó, claramente impresionado—. No sabía que se podía hacer eso sin una profesión afín. Digo, se supone que eres soporte, no ofensiva. En todo caso, ¿por qué elegiste soporte si eres tan hábil? Podrías haber elegido algo como cruzado, espadachín o asesino.
Ranma se encogió de hombros, guardando el cuchillo. —¿Qué puedo decir? Me gustan los retos. Además, la mayoría de los monstruos mueren por ataques físicos, y eso es mi especialidad. Pero si hablamos de cosas como un no muerto, un lich o algo similar, sería útil tener habilidades de arcipreste, ¿no?
Dust asintió lentamente, aunque todavía parecía un poco confundido. —Supongo que tiene sentido... pero aún así, ¿por qué soporte?
Ranma soltó una risa ligera. —La verdad es que... como no me decidía por una profesión, lancé una moneda al aire.
Dust se quedó en silencio por un momento antes de estallar en carcajadas. —¡Jajajaja! ¿Lo dices en serio? ¿Confiar en la suerte? ¡Creo que seremos grandes amigos! —exclamó, cruzando un brazo alrededor del hombro de Ranma de forma amistosa.
Ranma, sin embargo, no estaba de humor para bromas. —Si intentas mojarme con algo caliente, te romperé la mano —amenazó, recordando todas las veces que Dust había intentado transformarlo en su forma femenina "por accidente."
Dust levantó las manos en señal de rendición, aunque con una sonrisa traviesa. —Está bien, está bien, no lo haré. —Sin embargo, discretamente derramó el agua caliente que tenía en un termo que había comprado, murmurando para sí mismo—: Es un crimen no mostrar al mundo tu forma femenina.
Ranma lo miró con los ojos entrecerrados, claramente irritado, mientras Dust mantenía su expresión de picardía. La tensión cómica entre ambos era palpable.
—En todo caso, creo que ya no necesitarás que te rescaten de los sapos... —comentó Dust con calma, cambiando de tema.
Ranma sonrió con confianza, señalando al sapo derrotado. —Pues no, como ves, no tienen oportunidad contra mí. Ahhhhhhhhhh—. Su grito resonó en el campo cuando una lengua gigante lo envolvió de repente y lo arrastró a lo lejos.
Dust se quedó mirando la escena, parpadeando lentamente antes de soltar una carcajada. —¡Eso es lo que pasa por confiarte demasiado, Ranma! —gritó, aunque no hizo ningún movimiento inmediato para ayudar.
—Te odio —murmuró Ranma con irritación mientras se liberaba del sapo. No es que fuese particularmente difícil, simplemente podría haberlo hecho explotar con un ataque de energía, pero había aprendido por las malas que si había algo peor que el olor a baba de sapo, era el hedor de sus vísceras. Así que, en lugar de eso, intentó usar su fuerza sobrehumana para zafarse. Sin embargo, antes de que pudiera lograrlo, Dust apareció con su espada y cortó al sapo, que cayó al suelo con un golpe sordo.
—Vamos, no me culpes. No estabas atento~ —dijo Dust con una sonrisa burlona, claramente disfrutando de la situación.
Ranma, ahora en su forma femenina, suspiró profundamente, irritada. —Otra vez tengo que esperar 24 horas para cambiar.
Dust, con su habitual tono travieso, no perdió la oportunidad de añadir: —¿Ves? ¡El mundo quiere que seas mujer! ¡Deberías rendirte y aceptarlo de una vez!
Ranma, con los ojos entrecerrados y una expresión de paciencia agotada, levantó su cuchillo y lo apuntó directamente a la entrepierna de Dust. —Tal vez debería convertirte en mujer a ti.
Dust retrocedió de inmediato, cubriéndose la entrepierna con ambas manos y con una expresión de puro terror. —¡Oye, oye, solo bromeaba! ¡No es necesario ponerse violento!
—¡Hump! —Ranma giró sobre sus talones con un aire de indignación. —Bien, iré a darme un baño. Nos vemos en el bar del gremio más tarde. ¡Tú invitas!
Dust levantó las manos en señal de protesta. —¡Oye, oye, no tengo dinero!
Ranma se detuvo, girándose lentamente hacia él con una sonrisa que no auguraba nada bueno. —¿En serio? —dijo, mientras peinaba su trenza de forma dramática y sacudía el pecho, provocando que estos rebotaran tres veces de manera exagerada. —Es una pena... pensaba usar ropa ligera hoy~.
Dust, con los ojos abiertos como platos y un rubor evidente en las mejillas, levantó las manos en señal de rendición. —¡AH, está bien! ¡Está bien! ¡Yo invito!
Ranma sonrió triunfante y se alejó con un aire despreocupado, mientras Dust se quedaba atrás, murmurando para sí mismo. —Es un crimen que alguien tan manipulador tenga ese cuerpo...
Algunos momentos más tarde en el baño publico
Ranma se dirigía al baño público, decidido a disfrutar de un momento de tranquilidad después de su día. Sin embargo, cuando intentó acceder a la sección masculina, una encargada robusta, con un delantal impecable y una postura firme, le cerró el paso.
—Alto ahí, señorita. En este establecimiento no toleramos comportamientos indecorosos en las áreas de aseo —dijo la encargada, cruzando los brazos.
Ranma frunció el ceño, visiblemente irritado. —Señora, le aseguro que soy hombre... al menos la mayor parte del tiempo… o asi era antes…
La encargada negó con la cabeza, manteniendo su postura. —Lo siento, pero ha habido quejas. Algunas chicas no están cómodas con que sus novios compartan instalaciones contigo. Con esas curvas y esa melena roja, está causando... distracciones.
Ranma parpadeó, incrédulo. —¿Entonces qué se supone que haga?
La encargada suspiró, como si esta conversación fuera una rutina. —El consenso general es que usted es una señorita, independientemente de lo que diga. Así que diríjase al área femenina —sentenció, señalando una puerta adornada con un cursi letrero de flores.
—¿Pero no les incomodará mi presencia? —preguntó Ranma, cruzando los brazos con frustración.
La encargada se encogió de hombros, como si no fuera su problema. —Tiene un cuerpo de mujer y no puede hacerles nada. Además, supongo que está acostumbrada a verse, así que confiamos en que no estará mirando descaradamente a las demás. ¡Por favor, no obstruya el paso!
Ranma abrió la boca para replicar, pero una voz familiar lo interrumpió.
—¡Ranma! ¿Qué sucede? ¿Por qué te quedas petrificada en la entrada? —Lynn apareció detrás de él, con una palmadita amistosa en la espalda.
Ranma se giró hacia Lynn, gesticulando con vehemencia mientras le explicaba la situación. Lynn escuchó atentamente, y cuando Ranma terminó, soltó un suspiro dramático.
—¡Eso es terrible! —exclamó Lynn, con una mezcla de empatía y diversión contenida—. Estás absolutamente seguro de que tu interés romántico se limita al género femenino, ¿verdad? Últimamente has causado... cierta fascinación. Una amiga me contó que su novio no dejaba de suspirar sobre "esa sexy pelirroja con curvas impresionantes" después de verte en el área de hombres.
—¡Por supuesto que sí! ¡Es ridículo! Solo quiero darme una ducha sin que me traten como un fenómeno —protestó Ranma, agitando las manos con frustración.
Lynn sonrió con complicidad. —Entiendo... bueno, en ese caso, ¡al baño de damas! No te preocupes.
Ranma la miró con sorpresa. —¿De verdad no te molesta?
—Por supuesto que no. Confío en ti lo suficiente como para saber que no harás nada inapropiado. Además, prefiero tenerte vigilada a que sigas sembrando el caos hormonal en el baño de hombres.
Algunos momentos más tarde, Ranma se encontraba sentada en un banco de madera, y con su toalla cubriéndole los ojos a modo de venda, impidiéndole ver nada, por supuesto, por supuesto, no podía ver, pero si escuchar murmullos de las chicas en los baños, hablando sobre su cuerpo, muchas alabándola por su apariencia mientras otras maldiciendo no tener un cuerpo tan atractivo como ella.
Principalmente las palabras se referían a sus pechos, que resaltaban a la vista fácilmente por su lo grandes que eran, también la forma en que parecían rebotar con cada movimiento que hacía, o sus piernas voluptuosas, o ese trasero perfecto en forma de melocotón, también el hecho de que no tenía vello púbico en absoluto, ni rastros de depilación, por lo que asumieron que era un rasgo distintivo de ella.
—Lynn…. No se suponía que todas me consideraban una chica… y que confiabas en mi… entonces porque soy la única con los ojos vendados…
—Una cosa es que confié en ti, otra cosa es que te permita verme en mi estado más vulnerable… — Lynn suspiro mirando nuevamente la figura imponente de la pelirroja, y por figura imponente era precisamente a su pecho exageradamente grande, que rebotaba con cada leve movimiento, como si estuviesen burlando de sus propias inseguridades.
En el fondo Lynn quería apretarlas, no es que tuviera gusto por las mujeres, pero se sentía tentada a estrujarlas, por un lado, para ver cómo se sienten, y por otro lado desaguar utilizándolas como pelota anti estrés, al final no pudo contenerse y las toco ligeramente, haciendo un gesto como si intentara robarlas y ponérselas ella misma, provocando risa contenida entre las demás damas.
—Oye, ¿qué estás haciendo y por qué se ríen? —preguntó Ranma, con una mezcla de confusión y sospecha.
—Solo estoy enjabonándote— Lynn contesto mientras seguía moviendo sus manos, como si estuviese tomando algo invisible, como si con eso lograra robar los atributos de su amiga
—Puedo enjabonar esa parte por mi cuenta… —
—No, no, no, ya estoy lavándote la espalda, ¡así que déjame hacerlo bien! — Lynn rio nerviosa prometiendo ser más cuidadosa
—Claro, claro, ¿porque luego me dejaras lavarte la espalda, ¿no? – Ranma pregunto con un tono jocoso en su voz
—uh… me tienes… está bien, está bien… no te tocare los pechos— Lynn se disculpó en señal de rendición, pero Ranma no había terminado de molestarla asi que hizo una pausa.
— No es que me moleste del todo, pero sería agradable que me inviten un café primero antes de pasar a esa parte — Ranma bromeo con picardía, provocando que Lynn riera, entonces le dire a Dust que te invite uno.
—¿Es en serio, Lynn? ¿¡Dust!? ¡Ese tipo no tiene dinero ni para comprarse un pan, mucho menos un café!
Lynn no pudo contener la carcajada, llevándose una mano al estómago.
—Bien, bromas aparte, creo que ya es hora de enjuagarte— Lynn dijo eso con una sonrisa pícara Ranma no podía ver gracias a la venda en sus ojos, —Bien, ponte de pie.
—¿Eh?, ¿porque o qué? —
—¡Sin preguntas! — Lynn hizo que la pelirroja se pusiera de pie y con una sonrisa pícara la enjuago con agua fría.
—¡Brrrrr, esta fría! —dijo Ranma al sentir el contacto del agua en su piel.
En ese momento, todas las chicas que habían estado presenciando la escena chasquearon la lengua al unísono al ver que la transformación de Ranma no ocurría.
—¡Tendremos que intentarlo la próxima vez! —dijo una de ellas con una sonrisa mientras se daban cuenta de que sería imposible cambiar a Ranma en este momento.
Algunos días mas tarde..
Ya en la noche, en el gremio, Dust y Ranma compartían una mesa mientras bebían burbujeantes y conversaban sobre las misiones recientes. Lynn, que estaba cerca, había dejado caer una sonrisa al observarlos, divertida por la dinámica que ambos tenían. Aunque no siempre lo mostraba, también le intrigaba cómo el caos de Dust parecía encontrar un punto de equilibrio cuando interactuaba con Ranma.
Ranma tomó un sorbo de su bebida, frunciendo ligeramente el ceño al recordar una misión en la que Dust había insistido en que era "una forma de conocer la cultura local," aunque habían terminado escapando de una vendedora enojada que les reclamaba por usar su puesto como escondite. —Sabes, Dust, a veces pienso que tu definición de "aventura" es simplemente meternos en problemas.
Dust soltó una carcajada, dejando su jarra sobre la mesa. —¡Eso es porque las aventuras aburridas no son aventuras, Ranma! Además, si todo sale mal, siempre podemos culpar a Keith. Él tiene experiencia lidiando con eso.
—¿Keith, eh? —repitió Ranma, inclinándose hacia Dust con curiosidad—. He oído su nombre varias veces, junto con alguien llamado Taylor. ¿Son parte de tu grupo, verdad?
Dust asintió, tomando otro sorbo de su burbujeante antes de responder con una sonrisa juguetona. —¡Oh, claro que sí! Keith y Taylor son mis compañeros de aventura. Cada uno tiene su encanto... y sus problemas. ¿Quieres saber más?
Ranma asintió, cruzando los brazos mientras esperaba la explicación. —Sí. He oído sus nombres, pero aún no los he conocido. ¿Qué tipo de personas son?
Dust apoyó los codos en la mesa, adoptando una postura teatral como si estuviera a punto de contar un gran secreto. —Keith, nuestro arquero, es un tipo bohemio. Le encanta hacer bromas y, bueno, digamos que también tiene una afición por las chicas. Siempre está intentando impresionar, aunque sus métodos no siempre son los mejores. Una vez practicó besos frente al espejo, ¿puedes creerlo?
Ranma dejó escapar una risa seca. —Eso suena... interesante. Y por lo que dices, parece que no tiene mucha suerte con las chicas.
Dust se encogió de hombros. —Es más terco que desafortunado. Pero en batalla, es bastante confiable. Tiene buena puntería y sabe rastrear enemigos como nadie. Es una combinación extraña de útil y problemático.
Ranma asintió, interesada. —¿Y Taylor? Por cómo hablas de él, parece más tranquilo que Keith.
—Ah, Taylor... —Dust tomó otro sorbo, esta vez con un toque de respeto en su tono—. Él es nuestro cruzado. Serio, estoico, siempre con una actitud de "seguir las reglas." Es como el ancla del grupo, asegurándose de que no terminemos haciendo algo demasiado imprudente... aunque no siempre tiene éxito, especialmente conmigo y Keith. —Dust soltó una risa nerviosa al final.
—Suena como el tipo que mantiene las cosas bajo control —comentó Ranma, apoyando la barbilla en su mano mientras reflexionaba.
Dust hizo una mueca. —Más o menos. A veces es demasiado rígido. No comparte nuestro amor por los "planes espontáneos," pero lo hace por el bien del grupo. Aunque, si algo sale mal, no dudará en sermonearnos hasta que le duela la garganta.
Ranma sonrió, imaginándose la dinámica. —Debe ser interesante tener dos compañeros que son tan opuestos entre sí.
—¡Y lo es! —Dust golpeó suavemente la mesa para enfatizar su punto—. Especialmente cuando yo estoy en medio. Es un arte mantener el equilibrio entre su caos y su calma.
Ranma soltó una pequeña risa, intrigada por lo que acababa de escuchar. —Bueno, espero conocerlos pronto. Parece que va a ser un viaje... interesante.
Dust levantó su jarra en un brindis improvisado. —¡Eso te lo garantizo! Nunca falta el entretenimiento cuando estamos juntos.
El tiempo siguió pasando, el bullicio del bar del gremio llenaba el aire. Ranma, en su forma masculina, estaba relajado en una mesa con una jarra de burbujeante en la mano. Aunque no era precisamente un bebedor fuerte, disfrutaba del ambiente despreocupado del lugar. Dust, como era habitual, ya llevaba varias rondas encima, entreteniendo a cualquiera que lo escuchara con sus historias exageradas.
Un grupo de aventureras se acercó a Ranma, atraídas por su carisma y figura destacada. Entre ellas, una espadachina de cabello corto tomó la iniciativa.
—Así que este es el famoso Ranma —dijo con una sonrisa astuta—. He escuchado cosas interesantes sobre ti. Dicen que eres muy hábil para ser relativamente nuevo.
—Tengo que admitir que es bastante lindo~— dijo la maga de cabello castaño oscuro, de pie junto a su compañera, con una mirada de deseo evidente.
Ranma rió, llevándose la mano a la nuca. —Bueno, solo intento no hacer demasiado desastre... aunque no siempre lo logro.
Ambas se autoinvitaron a la mesa, y comenzaron a charlar con ellos, y por ellos me refiero a solo con Ranma, la conversación fluyó con facilidad, y las aventureras parecían disfrutar genuinamente de su compañía. Una de ellas, una maga con cabello oscuro, le lanzó una sonrisa coqueta.
—¿Qué te parece si seguimos platicando en un lugar más privado? Podríamos relajarnos un poco... —dijo con un tono sugerente.
Ranma estaba a punto de responder, nervioso pero halagado, cuando una ola de calor recorrió su cabeza. Miró hacia arriba justo a tiempo para ver a Dust sosteniendo una jarra vacía de sake caliente, su sonrisa traviesa confirmando que el derrame no había sido un accidente.
—¡Ups! —dijo Dust con falsa inocencia.
En segundos, el cuerpo de Ranma se transformó. Su cabello oscuro cambió a un rosado brillante, su complexión se redujo y, para horror suyo, volvió a su forma femenina.
—¡Así que por eso pediste sake caliente, cuando ni siquiera te gusta! ¡Maldito! —espetó Ranma, con el rostro encendido de ira.
Las aventureras, boquiabiertas por el cambio repentino, intercambiaron miradas entre ellas. Pero la maga, en particular, se encogió de hombros y sonrió.
—No me importa si eres hombre o mujer, aún podemos divertirnos...
Ranma, completamente sonrojada, alzó las manos con rapidez. —¡Lo siento, pero no me siento cómoda con esta forma! Tal vez en otra ocasión, cuando recupere mi forma masculina...
La maga pareció decepcionada pero no insistió. Dust, mientras tanto, no podía contener su risa.
—¡Vamos, Ranma, no es justo que siempre te salgas con la tuya! —dijo entre carcajadas—. Además, ¿no crees que eres más simpática en tu forma femenina?
Ranma crujió los nudillos, su expresión mostrando claramente que Dust estaba a punto de aprender una lección. Con un rápido movimiento, le propinó un golpe contundente en la cabeza, haciendo que Dust cayera al suelo con un sonoro "¡ay!" mientras el chichón comenzaba a formarse.
—¡Ya verás la próxima vez, Dust! ¡Esto es tu culpa! —exclamó Ranma, furiosa.
Luna, que había estado observando todo desde el mostrador, se acercó con su característico aire de autoridad.
—No hace falta que diga esto, pero las peleas están prohibidas dentro del gremio. Si rompen algo, tendrán que pagarlo... —dijo Luna con una mirada fría que hizo que Ranma tragara saliva de inmediato.
—Lo siento, no volverá a pasar... —dijo Ranma con una inclinación rápida de cabeza, aunque claramente todavía molesta. Dust, desde el suelo, murmuraba algo ininteligible, tratando de no cruzar más miradas con ella.
Las aventureras rieron por lo bajo, y antes de volver a sus mesas, quedó claro que el caos de Ranma ya se había ganado otra historia para contar en el gremio.
La noche estaba en su apogeo en el bar del gremio. Las jarras de burbujeantes y venían, y el ambiente estaba lleno de risas y conversaciones animadas. Ranma, en su forma femenina, estaba sentada junto a Dust, ambos con las mejillas ligeramente sonrojadas por el alcohol. Aunque Ranma no toleraba tan bien el alcohol como Dust, había aprendido a disfrutar de estas noches relajadas, incluso si Dust siempre terminaba diciendo algo absurdo.
—Te lo digo, Ranma —dijo Dust, con una sonrisa torcida mientras levantaba su jarra—. Antes de todo esto, yo era un caballero dragón. ¡Uno de los mejores! Podía enfrentarme a cualquier cosa, desde wyverns hasta dragones ancianos.
Ranma, que estaba tomando un sorbo de su burbujeante, casi se atragantó de la risa. —¿Caballero dragón? ¿Tú? Vamos, Dust, ni siquiera puedes mantenerte en pie después de tres jarras. ¿Cómo esperas que alguien te crea?
Dust se encogió de hombros, claramente ofendido pero demasiado borracho para discutir. —¡Es la verdad! Solo porque ahora prefiero una vida más relajada no significa que no tenga un pasado glorioso.
Ranma rodó los ojos, pero decidió no presionar más. En cambio, se recostó en su silla y dejó que sus pensamientos vagaran. El alcohol siempre parecía abrir una puerta a recuerdos que prefería mantener cerrados.
—¿Sabes? —comenzó Ranma, con la mirada perdida en su jarra—. Tuve muchas prometidas en mi vida anterior. Demasiadas, diría yo.
Dust levantó una ceja, intrigado. —¿Prometidas? ¿Qué tan afortunado eras en tu mundo?
Ranma soltó una risa amarga. —No lo llamaría suerte. Akane... ella era... bueno, si no fuera tan mojigata y celópata compulsiva, podríamos habernos divertido. Pero siempre estaba tan preocupada por cosas que ni siquiera importaban.
Dust asintió, aunque claramente no entendía del todo. —¿Y las otras?
Ranma tomó otro sorbo antes de continuar. —Ukyo era una buena amiga. Siempre estuvo ahí para mí, pero... no me gustaba que quisiera meterse en mis pantalones. Era incómodo, ¿sabes? Prefería mantener las cosas simples.
Dust soltó una carcajada. —¿Y qué hay de esa tal Shampoo? Suena como un nombre interesante.
Ranma se quedó en silencio por un momento, su expresión suavizándose. —Shampoo... ella era una diosa. Muy hermosa, con una presencia que podía hacer que cualquiera se quedara sin palabras. Si tan solo no se convirtiera en gato... —Ranma se detuvo, frunciendo el ceño mientras trataba de recordar algo—. Espera, ¿por qué me molestaba eso? ¿Por qué no elegí casarme con ella? O... divertirnos juntos, al menos.
Dust, que había estado escuchando con atención, se inclinó hacia adelante con una sonrisa burlona. —¿Divertirse juntos? Ranma, eso suena como algo que deberías haber aprovechado. Aunque, conociéndote, probablemente te habrías metido en más problemas.
Ranma suspiró, dejando caer la cabeza sobre la mesa. —Tal vez. Pero ahora todo eso está en el pasado.
Dust levantó su jarra en un gesto de brindis. —Bueno, Ranma, al menos tienes buenas historias para contar. Y si alguna vez decides que quieres ser un caballero dragón como yo, puedo enseñarte un par de trucos.
Ranma levantó la cabeza, mirándolo con incredulidad. —¿Caballero dragón? Dust, ni siquiera puedes mantenerte sobrio. Pero gracias por el ofrecimiento.
Ambos rieron, dejando que la noche continuara con su ritmo despreocupado.
La noche en Axel estaba tranquila, salvo por el tambaleante dúo que caminaba por las calles casi desiertas. Ranma y Dust, después de gastar sus últimas monedas en el bar, se dirigían al establo. Ambos se apoyaban mutuamente, balanceándose de un lado a otro y chocando ocasionalmente contra las paredes de los edificios. Las risas y murmullos de su conversación llenaban el aire.
—Oyeee... —murmuró Dust, alargando las palabras mientras intentaba mantener el equilibrio—. Dimeee, Ranmaaa... ¿qué opinas de... las súcuboosshh?
Ranma parpadeó, procesando lentamente la pregunta mientras intentaba no tropezarse. —¿Súcubosh? —repitió, arrastrando las palabras—. ¿No son esas... domonios que... comen hombres?
Dust soltó una risita, apoyándose un poco más en Ranma. —Sss... síí, eso dicen, pero... pero imagina esto... —Levantó una mano con un dedo tambaleante como si estuviera a punto de compartir una verdad universal—. ¿Si conocieras unaaa... la atacaaríasshh?
Ranma frunció el ceño, esforzándose por enfocar sus pensamientos mientras esquivaba otra pared. —¿Tú... no? ¿No son... malas?
Dust sacudió la cabeza exageradamente, casi perdiendo el equilibrio. —Bueeeno... no todas... imaginaaa que... te dan sueños agradables... a cambiooo de un poquito de dinerooo... y algo de vitalidaaad... naaah más... —Se detuvo un momento para dramatizar su siguiente punto—. ¡Que no afecta tu vidaaa... ni tus... actividadddeshh!
Ranma resopló, todavía tambaleándose. —Supongo que... si no matan gente... y si tratan de... trabajar con la gente... no habría por qué... atacar, ¿verdad?
Dust asintió vehementemente, tropezándose un poco antes de volver a equilibrarse sobre Ranma. —¡Esooo digo yo! Súúúcubos... trabajadoras... honestas... ¡merecen respetooo! —dijo, señalando al aire como si estuviera pronunciando un gran discurso.
Ranma dejó escapar una risa ronca, moviendo la cabeza mientras pensaba en lo absurda que se había vuelto la conversación. —Tú... de verdad necesitas... aprender a decir no... a cualquier cosa con... una sonrisa.
Ambos se rieron mientras finalmente llegaban al establo. Dust se dejó caer pesadamente sobre el heno, todavía murmurando algo sobre "la injusticia contra las súcubos trabajadoras," mientras Ranma sacudía la cabeza con una mezcla de cansancio y diversión antes de dejarse caer al lado de su caótico compañero.
El sol apenas comenzaba a asomarse por el horizonte cuando Ranma despertó con un dolor de cabeza punzante. Se quejó en voz baja, llevándose una mano a la frente mientras intentaba recordar cómo había terminado en el establo. Al girar la cabeza, vio a Dust, quien también parecía estar despertando... pero con el cuerpo completamente atado con cuerdas.
—¿Era necesario todo esto? —gruñó Dust, moviéndose torpemente en un intento de liberarse.
Ranma, todavía con los ojos entrecerrados por la resaca, suspiró. —No voy a arriesgarme a dormir cerca de ti estando borracha. No confío en tus manos inquietas.
Dust puso los ojos en blanco, aunque su expresión mostraba un toque de nerviosismo. —¿De verdad crees que me atrevería a hacerte algo después de ver cómo tu habilidad con el cuchillo? ¡Casi partes a ese Sapo por la mitad!
Ranma se encogió de hombros mientras comenzaba a desatar las cuerdas. —Eso no significa que confíe en ti. Eres como un niño con demasiada energía y cero autocontrol.
Dust bufó, claramente ofendido. —¡Vamos, Ranma! ¿Qué clase de amigo ata a alguien como si fuera un criminal? Esto es una falta de confianza total.
Ranma lo miró con los ojos entrecerrados, su expresión dejando claro que no estaba de humor para sus quejas. —No creas que no recuerdo nada de anoche. Trataste de tocarme el trasero veinte cinco veces. Estate feliz de que todavía conservas tus manos.
Dust se quedó en silencio por un momento, su rostro pasando de la sorpresa a una sonrisa nerviosa. —Bueno... eh... estaba borracho. No cuenta, ¿verdad?
Ranma terminó de desatarlo y se cruzó de brazos, mirándolo con una mezcla de irritación y cansancio. —Cuenta. Y si lo intentas de nuevo, no solo te ataré, sino que te dejaré colgado de un poste para que todos en el gremio te vean.
Dust se frotó las muñecas, claramente incómodo pero lo suficientemente inteligente como para no seguir discutiendo. —Entendido... entendido. Pero, oye, al menos no intenté nada mientras dormías, ¿verdad? Eso debería contar para algo.
Ranma rodó los ojos y se dejó caer sobre el heno, suspirando. —Solo cállate, Dust. Mi cabeza ya duele lo suficiente sin tus excusas.
Dust, aunque todavía un poco molesto, decidió dejar el tema y se recostó junto a Ranma, ambos dejando que el silencio de la mañana calmara sus dolores de cabeza
El aire fresco de la mañana llenaba el establo mientras Ranma se masajeaba la cabeza, todavía lidiando con los efectos de la resaca. Dust, por otro lado, estaba sentado en el suelo, con las manos y pies desatados pero aún ligeramente aturdido.
—¿Sabes? Esto no es justo —murmuró Dust, cruzando los brazos con indignación—. No soy tan malo como para merecer que me ates como un criminal.
—¿En serio? —respondió Ranma, lanzándole una mirada cansada—. Creo que fue perfectamente razonable. Después de lo que intentaste anoche, deberías agradecer que no te dejé atado a un poste en el gremio.
Dust soltó un bufido, pero antes de que pudiera protestar más, la puerta del establo se abrió de golpe. Lynn entró con pasos apresurados, claramente preocupada. Al ver a Dust vivo y relativamente intacto, dejó escapar un suspiro de alivio.
—Por lo menos, sigues respirando —dijo, cruzando los brazos mientras miraba a Dust con una mezcla de molestia y alivio.
Dust, que ya estaba en modo dramático, se lanzó hacia Lynn y se aferró a sus piernas con lágrimas de cocodrilo. —¡Lynn, por favor! ¡Dile a Ranma que confíe en mí! ¡Soy un hombre honorable, no merezco este trato!
Lynn lo miró con una ceja levantada antes de suspirar. —Si yo hubiera estado en lugar de Ranma, también te habría atado. Es más... te habría colgado del techo para asegurarme de que no hicieras nada inapropiado.
—¿Qué? —exclamó Dust, soltando las piernas de Lynn y poniéndose de pie con indignación—. ¡Eso es cruel, incluso para ti! ¡No tienes idea de cuánto sufro por esta falta de confianza injustificada!
Lynn se encogió de hombros, claramente sin ganas de discutir más. —Tal vez si dejaras de actuar como un idiota la mitad del tiempo, la gente confiaría más en ti.
La conversación entre los dos continuó con pequeñas discusiones y quejas de Dust, mientras Ranma observaba con diversión desde su lugar en el heno. Cuando finalmente se calmaron, Ranma no pudo evitar añadir un comentario con una sonrisa traviesa.
—Oye, Lynn, ¿viniste aquí solo para asegurarte de que Dust siguiera respirando? —preguntó, mirando de reojo a Dust antes de volver su atención a ella—. Si estás tan preocupada por él, tal vez deberías admitir que te gusta. No te preocupes por mí, no tengo interés.
Lynn, completamente roja, tosió rápidamente y levantó una mano en señal de calma. —¡Claro que no! Solo vine porque me preocupaba que Dust causara problemas... ¡Eso es todo!
Ranma se recostó en el heno con una sonrisa burlona. —Claro, claro. Cambiemos de tema, entonces. ¿Qué trajiste contigo para nosotros?
Lynn, todavía un poco avergonzada, recuperó la compostura y señaló un pergamino enrollado que llevaba consigo. —Hay una misión interesante que podemos tomar juntos. Es una escolta a Arcanretia, la ciudad famosa por sus aguas termales y el culto de Axis. Si aceptamos, será un viaje largo pero bastante sencillo, y la paga no está nada mal.
Ranma levantó una ceja con curiosidad. —¿Escolta? ¿Qué llevaremos?
—Una caravana con suministros para las termas. Nada demasiado complicado... siempre y cuando no aparezcan monstruos en el camino.
Dust, que parecía haber olvidado su indignación, frunció el ceño ligeramente y soltó un suspiro. —Preferiría no acercarme a esos locos, pero estoy quebrado, así que cuenta conmigo.
Ranma rodó los ojos, pero asintió. —Está bien, Lynn. Tú lideras. Solo espero que Dust no arruine las cosas.
El grupo se reunió temprano en el gremio, con Lynn encabezando la organización y repasando un mapa extendido sobre una de las mesas. Dust bostezaba ruidosamente mientras se tambaleaba hacia la mesa, todavía medio dormido. A su lado, Ranma, ya en su forma femenina, lo seguía con una expresión que mezclaba resignación y curiosidad. Era su primer encuentro con los otros miembros del grupo de Dust, y tenía cierta intriga sobre cómo serían.
—¡Llegamos! —exclamó Dust con los brazos abiertos como si fuera el héroe de la historia. Luego, al notar que Lynn no lo miraba, añadió con un toque de irritación—. Oye, al menos un saludo, ¿no?
—Te saludo cuando no llegues tarde por una vez, Dust —respondió Lynn sin levantar la vista del mapa.
Antes de que Dust pudiera protestar, dos figuras más entraron al gremio. El primero era un hombre alto con cabello desordenado y una sonrisa confiada. Llevaba un arco a la espalda y saludó despreocupadamente al grupo.
—¡Buenos días! ¿Este es nuestro nuevo compañero? —preguntó, dirigiendo su atención a Ranma.
—Sí, soy Ranma. Un gusto conocerte —respondió Ranma, estrechándole la mano.
—Keith, arquero profesional, rastreador y, modestamente, el miembro más confiable del grupo. —Keith le guiñó un ojo mientras terminaba su presentación.
Ranma levantó una ceja, divertida. —¿El más confiable? ¿O eres como Dust, siempre causando problemas?
—¡Oye! —protestó Dust, visiblemente ofendido.
Keith rió y señaló a Dust con el pulgar. —Bueno, digamos que, comparado con él, cualquiera parece confiable.
La conversación fue interrumpida por el ruido de pasos pesados. Un hombre con una armadura brillante y una gran espada a la espalda se acercó al grupo. Su presencia era imponente, y su expresión seria contrastaba con la actitud relajada de Keith.
—Taylor, cruzado. Es un placer trabajar contigo, Ranma. Espero que puedas seguir el ritmo del grupo —dijo con un tono respetuoso pero firme.
Ranma le estrechó la mano, saludándolo con un apretón firme. —Haré mi mejor esfuerzo. Parece que este grupo tiene un poco de todo.
Keith, que claramente no podía resistirse a una broma, añadió—: Bueno, excepto dinero. Entre Dust y sus deudas y mi… estilo de vida, digamos que somos un grupo con "recursos limitados."
—"Estilo de vida" es tu forma elegante de decir que gastas todo tu dinero en bares y en comprar ropa interior nueva para impresionar a chicas que no sabes si vas a conocer —comentó Lynn sin levantar la vista.
Dust soltó una carcajada mientras Keith fingía ofenderse. —¡Eso es un ataque personal, Lynn! Pero no niego nada.
—Este grupo es… único, eso seguro —murmuró Ranma para sí misma mientras observaba la dinámica.
Taylor se cruzó de brazos, mirando a Dust y Keith con desaprobación. —No podemos permitirnos ningún tipo de irresponsabilidad en esta misión. Nos esperan varios días de viaje, y no quiero que tengamos problemas porque alguien decidió gastar todo en burbujeantes antes de tiempo.
—¡Hey, fue una vez! —Dust levantó las manos en señal de inocencia, aunque su rostro decía que no estaba tan convencido de su propia defensa.
Lynn cerró el mapa y miró al grupo. —Muy bien, tenemos todo lo que necesitamos. La caravana nos estará esperando afuera. Así que vamos a movernos antes de que Keith tenga otra "brillante idea" para impresionar a alguna chica en el camino.
Ranma no pudo evitar reírse mientras seguía al grupo hacia la salida. Ya podía ver que este viaje sería de todo menos aburrido.
La espera en las puertas de Axel se extendió un poco más de lo planeado, dando tiempo a Ranma para observar los alrededores con curiosidad. El bullicio de aventureros que entraban y salían era constante, cada uno con sus propias historias. Sin alejarse demasiado del grupo, sus ojos se detuvieron en una escena peculiar.
Una mujer alta, de cabello rubio brillante que caía en cascada hasta la cintura, avanzaba con paso orgulloso, aunque claramente magullada. Sus prendas, una armadura dorada parcialmente abollada que no cubría demasiado, pero destacaba por su diseño elegante y funcional, llamaban tanto la atención como su radiante sonrisa. Ranma parpadeó, preguntándose cómo alguien podía verse tan feliz mientras llevaba moretones en cada esquina visible de su cuerpo.
A su lado, una chica mucho más bajita caminaba con un aire de exasperación. Tenía el cabello plateado cortado en una melena desordenada, con ojos vivaces y un semblante que parecía esconder un ingenio agudo. Llevaba una capa ligera, ropa de cuero práctico, y un cinturón lleno de bolsillos y pequeñas herramientas. Había algo en ella que no se sentía del todo "humano," algo que Ranma no podía describir, pero le daba una extraña sensación.
Ranma observaba con creciente intriga cuando la mujer rubia dejó escapar un suspiro que sonaba, en lugar de cansado, casi... placentero.
—Ah... si esos goblins me hubieran atrapado... ¡oh, solo de pensarlo mi corazón late más rápido! —dijo la mujer rubia, llevando una mano a su pecho en un gesto dramático.
Ranma sintió un escalofrío recorrerle la espalda al escuchar esas palabras. ¿Qué clase de persona quisiera ser atrapada por gobblins?
La chica plateada, claramente molesta, se giró hacia la mujer alta con las manos en la cintura. —¡Darkness! ¡Te dije que no hicieras algo tan estúpido! Saltar al medio de un grupo de goblins y usar "Provocar" cuando solo estábamos tú y yo... ¡¿En qué estabas pensando?!
Darkness, que al parecer respondía al nombre más adecuado para alguien tan caótica, sonrió sin rastro de arrepentimiento. —Chris, no podía dejar que se concentraran en ti. Si querían atraparnos, ¡tenían que pasar sobre mi cuerpo primero!
Chris suspiró, llevándose una mano a la frente como si ya estuviera acostumbrada a esto. —¡Eso no lo hace mejor! Si me hubieras escuchado, podríamos haber evitado todo el enfrentamiento. Pero no... ¡tú tenías que lanzarte directo al peligro como siempre!
Mientras las dos discutían, Ranma simplemente observaba, sintiendo que la energía caótica de la mujer llamada Darkness lo incomodaba de formas que no podía explicar. ¿Cómo alguien tan... peculiar... puede ser una paladín? pensó. El contraste entre la seriedad de Chris y la actitud despreocupada de Darkness hacía que Ranma no pudiera apartar la mirada.
Darkness, aparentemente ajena a la incomodidad que su conversación podía causar, se giró hacia Chris con una sonrisa que bordeaba la euforia. —Pero si no hubiera hecho eso, ¿qué clase de paladín sería? Mi deber es proteger, incluso si eso significa enfrentar las garras de los goblins... o algo peor...
Chris, al borde de perder la paciencia, levantó una mano en señal de advertencia. —¡Ni te atrevas a continuar esa frase! ¡Deja de hacer que todo suene raro! ¡Hablas como si quisieras que te atraparan!
En ese momento, la chica de cabello plateado giró ligeramente hacia Ranma y le saludó con la mano, como si lo conociera. Ranma le devolvió el gesto, pero optó por no detenerse a interactuar; simplemente empujó a su compañera, quedándose con una inquietante sensación que no podía ignorar.
De regreso con su grupo, Dust notó la dirección de la mirada de Ranma hacia las dos recién llegadas y, divertido, se acercó a su lado. —¿Qué pasa, Ranma? ¿Has visto algo que te interese?
—Acabo de ver a unas chicas bastante interesantes —respondió Ranma, manteniendo un tono casual.
—¿Dónde? ¡Dime, dónde! —exclamó Dust, emocionado.
—Ya salieron de mi rango de visión… —respondió Ranma, con un dejo de resignación.
El carruaje, está cargado con suministros y listo para partir hacia Arcanretia, se encontraba estacionado junto a las puertas de Axel. Sin embargo, no todos estaban listos para el viaje, ya que una discusión acalorada surgía entre los miembros del grupo sobre quién tendría el dudoso honor de viajar en la parte trasera del carruaje.
—Bueno, como la única dama del grupo, obviamente debería ir en la cabina —declaró Lynn, cruzándose de brazos con un aire de autoridad.
Ranma, en su forma femenina, levantó una ceja y fingió indignación. —¡Disculpa! ¿Y yo qué? ¿No soy también una dama... al menos de momento? —dijo, llevando una mano al pecho dramáticamente, provocando que Lynn soltara una carcajada.
—De acuerdo, de acuerdo. Tú también eres una dama temporalmente. Supongo que podríamos ir juntas, entonces, ¿no? —respondió Lynn, su tono lleno de complicidad.
Antes de que la discusión escalara, Taylor sugirió con voz tranquila pero firme: —¿Por qué no votamos? Así evitamos discusiones innecesarias.
Todos estuvieron de acuerdo, y una vez finalizada la votación, la decisión fue unánime: Dust sería el primero en viajar en la parte trasera. Cuando Dust escuchó el resultado, dejó escapar un grito de consternación.
—¡¿Yo?! ¿Por qué siempre soy yo? ¡Esto es injusto! —protestó Dust, cruzando los brazos con el ceño fruncido.
Keith, al escuchar que sería el siguiente, levantó las manos en señal de queja. —¡Oye, oye! ¿Por qué yo después? ¡Deberíamos alternar con más equidad!
Ranma, sin perder la compostura, respondió de inmediato con una sonrisa sarcástica. —Dust, si no querías perder, deberías haberte esforzado en convencer a alguien.
— Y Keith... digamos que es justicia divina por todas las veces que te gastas el dinero del grupo en ropa interior "por si acaso." — agrego Lynn con burla en su voz haciendo una paisa, y añadió con un tono afilado. —Y si siguen protestando, puedo reconsiderar y hacerlos caminar todo el camino hasta Arcanretia. ¿Algún otro problema?
Ambos hombres gruñeron en resignación, con Dust lanzando una mirada acusadora hacia los demás mientras subía a la parte trasera del carruaje.
Con la partida decidida, el carruaje comenzó a avanzar lentamente, alejándose de las bulliciosas puertas de Axel. El viaje transcurría tranquilo, aunque el paisaje monótono pronto comenzó a aburrir a algunos. Ranma, siempre curiosa, observaba los alrededores en busca de algo que llamara su atención. Fue entonces cuando se encontraron con una caravana que venía en dirección contraria.
En la caravana, dos figuras destacaban entre los demás viajeros: ambas tenían el cabello negro y unos ojos rojos intensos. Aunque compartían esos rasgos, eran muy distintas en apariencia. Una era alta, con unos pechos generosos que probablemente rivalizaban con los de Ranma, mientras que la otra era más baja y completamente plana, aunque poseía unas caderas más anchas. Sin embargo, lo que más captó la atención de Ranma fueron esos inusuales ojos rojos y su cabello azabache, únicos entre los viajeros. Intrigada, Ranma inclinó la cabeza hacia Lynn y preguntó:
—Oye, esas chicas... ¿por qué tienen esos ojos? ¿Son humanas?
Lynn, que también las había notado, soltó una sonrisa divertida. —Ellas son del clan de los demonios carmesí, un grupo de magos increíblemente poderosos... y completamente chiflados. Tienen nombres estrafalarios y una forma teatral de hablar que puede confundirte si no estás acostumbrado. Pero si alguna vez necesitas un hechizo de alto nivel, puedes confiar en ellos
—¿Chiflados, eh? Bueno, no me cuesta imaginarlo con esos rasgos tan llamativos —murmuró Ranma, observando a las chicas mientras la caravana continuaba su camino hacia Axel.
De repente, una luz azul brillante descendió en dirección a Axel, iluminando el cielo detrás de ellos. Ranma se giró rápidamente, con los ojos muy abiertos por la sorpresa. —¡¿Qué demonios fue eso?!
Lynn frunció el ceño mientras intentaba adivinar el origen del fenómeno, pero sacudió la cabeza. —No lo sé. Nunca había visto algo así.
Antes de que pudieran seguir especulando, otra anomalía apareció. Círculos mágicos se formaron en el cielo no muy lejos de donde estaba la caravana que había pasado junto a ellos, seguidos por una explosión colosal que reverberó en el aire.
—¿Y eso qué fue? —preguntó Ranma, tratando de procesar la magnitud del espectáculo.
Esta vez, Taylor fue quien respondió con su tono calmado pero serio. —Eso fue un hechizo de explosión. Es uno de los hechizos ofensivos más poderosos que existen. Tiene un alcance y un impacto devastadores... aunque consumiría una cantidad insana de magia para ser lanzado.
Ranma, aún impresionada por la explosión, miró en dirección al resplandor que se desvanecía. —¿Quién lanzaría algo así? ¿Y por qué? —se preguntó en voz alta, sin obtener una respuesta clara.
El grupo continuó su camino, intrigados por lo que acababan de presenciar, mientras una sensación de curiosidad y misterio quedaba flotando en el aire
Bien, bien, tendrán que conformarse con eso de momento, necesito consinar algo… caótico, digno de los cultistas de Axis para la siguiente parte.
