El último fin de semana de agosto Edward me despertó con mucha prisa y me llevó al aeropuerto.

-¿Qué estás haciendo?- le pregunto mientras baja la maleta del maletero frente a la puerta de entrada de la terminal.

-Seguir órdenes cariño.

-De mis amigas- intento adivinar.

-Secreto- me guiña.

Se ríe y me besa.

-Disfruta, pásalo bien. Llámame y por favor que no haya strippers- me pide.

Me río antes de besarle despidiéndome de él.

Sabía que mis amigas no se iban a quedar tranquilas con la no despedida.

-Voy a echarte de menos- le aseguro- dime al menos qué día vuelvo.

-Pasado mañana y yo también voy a extrañarte muchísimo- me dice besándome.

-¿Vas a salir?

-Algunos de mis amigos están en la isla, cenaremos esta noche y tal vez vaya de discotecas.

-¿Despedida de soltero encubierta?

Él se ríe y niega.

-Nada de eso, prometido. Dame un beso y corre al control de equipaje que vas a perder el vuelo.

-Pero si no tengo el billete- protesto.

-Alguien que va contigo en el avión lo tendrá. Puerta de embarque B14, corre nena- me dice dándome un cachete en el culo.

Me río mientras subo las escaleras mecánicas y escribo por el grupo de mis amigas para intentar sacar información en vano.

Me clavan los ticks azules las tres.

La puerta de embarque B14 está cerca del control así que llego rápido y en cuanto me acerco veo a una azafata sonriéndome.

-Discúlpame pero tengo órdenes estrictas de taparte los ojos hasta que embarques.

Ruedo los ojos y acepto.

Pobre mujer.

Esto es cosa de Victoria seguro.

Una vez dentro del avión me ponen unos auriculares y la azafata me indica que puedo quitarme todo una vez el avión ya ha cogido altura.

Intento sonsacarla información pero se limita a sonreír y a desearme buen vuelo.

Aprovecho para trabajar un poco.

La semana que viene nos vamos a Australia y muchos detalles de la boda tienen que quedarse hechos como por ejemplo el alojamiento de los invitados. Muchos vienen de fuera y no queremos que los suponga un gasto así que debemos coger varias habitaciones en un hotel mientras que nuestras familias se quedarán en nuestra casa.

Aun no estoy muy segura de meter a los padres de Edward y a los míos bajo el mismo techo pero él ha insistido. Habíamos decidido no celebrar preboda ni nada de eso, queríamos descansar bien porque el sábado nos casábamos por la tarde y preveíamos estar celebrándolo hasta la madrugada.

El vuelo aterrizó una hora después aproximadamente, así que no debía estar muy lejos.

-Bienvenidos a Milán- dijo el capitán por el interfono.

Nada más desembarcar vi a mis amigas esperándome en la sala de recepción de viajeros.

Nos saludamos con abrazos y asegurándolas que había sido una sorpresa.

El primer día visitamos el Duomo, la galería Vittorio Emanuele y diferentes museos.

Por la noche Lauren había reservado una mesa para cenar en un restaurante en la plaza del Duomo y tomamos un par de copas de vino.

Al día siguiente madrugamos para ir al lago di Como, alquilamos una lancha y conocimos el lago desde el agua. Nos explicaron la historia y nos mostraron los lugares más famosos que habían sido localizaciones especiales en películas.

Por la noche decidimos quedarnos en el airbnb, cenar comida a domicilio y beber todas las botellas de vino que habíamos comprado en el super.

-Bella, es tu despedida de soltera y esta es la buena así que tienes que pasar unas pruebas- me dice Rose cuando llevamos dos botellas de vino.

-Ay Dios…- anticipo.

-Vas a hacerlas todas pero ve cogiendo una- me dice Victoria acercándome un tupper con papelitos doblados.

Abro el papel y lo leo antes de echarme a reír.

-¡Lee en voz alta!- me ordena Lauren.

-Chupar una polla. Obvio no voy a hacerlo- les aclaro.

-Sí que vas a hacerlo. Rosalie saca la polla- le dice Victoria.

Rosalie se levanta y va hasta la cocina donde trae una especie de piruleta de chocolate de tamaño enorme y con forma de pene real.

Todas nos echamos a reír.

-Espera, espera- dice Lauren impidiendo que la coja.

Corre hasta la cocina y vuelve con un bote de nata para montar. Recubre todo el pene de chocolate con ella y me lo da.

-Dale, amiga, chúpala como se lo haces a Edward-

Me río y saco la lengua para comenzar probando la nata.

Mis amigas silban y me tientan a ir más allá.

Me introduzco la punta del pene de chocolate en la boca simulando hacerle una felación y todas ríen mientras muerdo el alimento rompiéndolo en pedazos.

-Era chupar, no comer- me reclama Rosalie.

-Hay que tragar. Siempre- le digo haciendo que todas rían.

-Siguiente- continúa Victoria trayendo el tupper con el resto de papeles.

Hay como seis diferentes y todos son asumibles menos el último.

-No creo ni que esté permitido hacer esto- les digo fuera de casa quitándome los pantalones.

-No te van a arrestar en bragas- expresa Victoria muy conforme con su teoría.

Me quedo únicamente en tanga y salto zambulléndome en el lago.

La última prueba consistía en bañarme desnuda en el lago di Como y lo había cumplido a rajatabla.

Todo fueron risas hasta que llegó el momento donde no sabía cómo salir porque las rocas resbalaban.

Nos asustamos un poco hasta que vi un embarcadero a lo lejos y me puse a nadar hasta allí para salir.

Cuando estuve fuera del agua respire tranquila hasta que miré que el embarcadero daba a la terraza de un restaurante donde la gente me miraba alucinada por salir de la nada del agua semidesnuda.

-¡Mierda!- digo tapándome el pecho y corriendo en dirección opuesta.

Tuve la mala suerte de encontrarme de frente con un coche de policía que obviamente me paró, me pidió una identificación que no llevaba encima y me multó por exhibicionismo.

-Podéis reíros- les digo a mis amigas una vez estoy de vuelta en casa y me he dado una ducha.

-La verdad está siendo la mejor despedida de todas- dice Lauren partiéndose de risa.

-La multa a compartir entre las cuatro- les recuerdo.

Completamente vestida de nuevo continuamos terminándonos las botellas de vino y la noche acaba con bailes encima de una silla.

A las tres de la mañana solo quedamos despiertas Victoria y yo y un culo de la última botella de vino blanco.

-Me alegra que no hayas desaparecido esta vez- comenta riéndose tumbada boca abajo sobre la alfombra.

-No te entiendo- respondo.

-Que no te hayas ido por ahí a follarte a otro para despedirte de tu soltería- me recuerda.

-Ah- me río- joder, nunca he podido resistirme a Edward- confieso.

-Lo sé. ¿Recuerdas cuando te volviste a Ibiza para estar con él? Pensé que estabas loca y que te iba a dar la patada y resulta que viviste el verano más romántico de tu vida.

-Cuando lo sabes, lo sabes- le digo cien por cien segura del paso que voy a dar en mi vida.

-Te veo muy feliz con él, desde siempre vaya, siempre que Edward ha estado en tu vida has sido feliz.

-Sí-

-Me alegro por ti, te lo mereces. Brindemos por Edward, por ser un buen marido y por habernos dado luz verde para hacer esta despedida- me dice chocando nuestros vasos.

-¿Él os ha dado luz verde?- pregunto curiosa.

-Me llamó y me comentó que podríamos hacerte algo este fin de semana. Que te vendría bien distraerte de tanto trabajo.

-Sí- sonrío pensando en que mi trabajo no es lo que me tiene distraída.

A la mañana siguiente me quiero morir de la resaca.

Literalmente me duele horrores levantar la cabeza de la almohada.

Lo primero que veo nada más abrir los ojos es mi móvil sobre la multa de ayer.

Después oigo a Victoria respirar profundamente a mi lado, señal de que aún está dormida.

Cojo el teléfono y salgo de la habitación hacia el salón y finalmente me siento en las sillas de la terraza observando el lago desde aquí.

Sonrío recordando la noche de ayer y niego al pensar en la cara de la gente del restaurante.

Hago una foto y se la mando a Edward por whatsapp.

No he hablado casi con él en todo el finde porque las chicas no me han dejado sola ni un segundo.

Veo que la foto adquiere dos ticks azules al momento y decido llamarle.

-Hola- le saludo.

-Hola nena, pensaba que te habías olvidado de mí ya- bromea.

Me río de su comentario.

-Las chicas me han tenido muy ocupada.

-¿Solo las chicas? ¿Ningún chico italiano?

-Me gustan americanos- le recuerdo.

Él se ríe al otro lado de la línea.

-Esto es precioso, tenemos que venir algún día juntos.

-Cuando quieras-

-¿Qué has estado haciendo estos días?- pregunto subiendo los pies a la silla y abrazando mis rodillas.

-Comí con los chicos el viernes y ayer tuve visita del sastre.

-¿Tienes problemas con el traje?- curioseo.

-No puedo hablar contigo de eso.

-Edward…

-Tú tampoco me cuentas detalles de tu vestido-

-Ya te dije que es blanco- río.

-¡Vaya cosa!- expresa riendo.

-Se supone que debe ser sorpresa-

-Quiero estar casados ya- me responde serio.

-Yo también- suspiro.

Estas semanas se me están haciendo eternas, además parece que siempre hay algún detalle que se te ha olvidado y que hay que solucionar.

-¿Vienes a buscarme al aeropuerto?

-Claro- me responde y noto una sonrisa en su voz.

-Llego pronto cariño- prometo.

-Más te vale- me advierte antes de colgar- disfruta mucho de Milán.

Me cuesta horrores levantar a mis amigas de sus camas salvo a Rose que está fresca como una rosa porque no bebió.

Mientras rebusca qué desayunar dentro de la nevera me quedo mirando demasiado tiempo su tripa de seis meses de embarazo.

-¿Tengo algo?- pregunta sonriendo.

-Un bebé ahí dentro- le señalo.

-Si algún día cambias de idea tú también puedes tener uno en un futuro.

Niego bajando la vista.

-Bella- me llama al ver mis ojos emocionada.

Niego de nuevo.

-No pasa nada- le digo calmándome y parpadeando para disipar las lágrimas.

-¿He dicho algo malo?

-No, no has hecho nada.

Ella frunce el ceño.

-No me mientas.

-No digas nada a nadie. Nunca. Prométemelo- le pido.

Ella asiente.

-Me quedé embarazada sin querer. Tuve un aborto en la semana 15- confieso finalmente.

Es la primera vez que hablo de este tema con alguien que no sea Edward o personal sanitario.

-Lo siento- me dice abrazándome- pero que hayas tenido un aborto no quiere decir que la próxima vez vaya a pasar lo mismo. Podréis volver a intentarlo.

-No queríamos ser padres, no estaba en nuestros planes pero cuando supimos que venía un bebé pues… nos emocionamos e hicimos ilusiones. De un día para otro nos había cambiado la vida y ésta nos volvió a cambiar sin avisar. Vino por sorpresa pero hemos vuelto a poner medios para evitar el embarazo. No quiero volver a pasar por eso.

-Lo entiendo.

-Así que no, por ahora no voy a tener hijos- le digo volviendo a sonreír.

Me da un abrazo de nuevo y dejamos el tema para hacer las maletas.

Me despido de ellas en el aeropuerto.

Lauren va a Francia, Victoria y Rose a Londres y yo a Ibiza.

Edward está esperándome en la zona de llegadas y cuando le veo salto a sus brazos.

Nos besamos y vuelve a ponerme en el suelo.

-¡Hola!- sonríe.

-Hola, te he echado de menos- le digo dándole la mano- vámonos a casa.

De camino al coche le cuento todo lo que hemos hecho, incluido el episodio de la multa.

-Así que tengo que pagar 300 al gobierno de Milán por andar desnuda por la calle.

-¿De verdad?- pregunta partiéndose de la risa.

-¡Sí! Tendrías que haber visto la cara de la gente del restaurante, ¡me quería morir de vergüenza!- recuerdo riendo.

Él continua riéndose al punto de que le saltan las lágrimas de los ojos.

-Cuando te dije nada de strippers debí aclarar que tú tampoco debías convertirte en una.

-¡Qué gracioso!- le digo poniendo los ojos en blanco y subiéndome al coche.

Conduce hasta casa y una vez allí cenamos cortes fríos de embutido y quesos que he traído de Milán.

-Me gustó más mi otra despedida- le digo para ver su reacción mientras como unas uvas a modo de postre.

Su ceño se frunce y no me mira mientras se acaba el helado de su bol.

-¿Por?- pregunta finalmente.

-Porque a media noche me fui con el hombre más guapo de toda la isla e hicimos el amor.

Él se ríe y levanta la vista para mirarme.

-En esta despedida no había hombres guapos- aclaro.

-Lo has dicho para enfadarme- me pica.

-Lo he dicho para que me hagas el amor- le respondo poniéndome de pie y sentándome en su regazo-

-Bella…-suspira.

-Ha pasado más de un mes desde el aborto. Ya no sangro, no me duele, estoy bien, estoy recuperada y quiero recuperarte a ti también.

-¿A mí? Nunca me has perdido- me asegura mirándome fijamente.

Miro hacia el techo y cojo aire.

-Tal vez no te he perdido como tal pero una parte tuya no está. Necesito recuperar las personas que éramos antes, necesito sentir la conexión que tengo contigo cuando estamos juntos en la cama.

Él no dice nada pero se me queda mirando fijamente.

Dejo un beso mojado sobre su cuello intentando excitarle pero al no obtener respuesta de su parte me aparto.

-No voy a forzarte si no quieres o si no te apetece pero yo necesito… es igual- le digo decepcionada levantándome de su regazo y recogiendo los platos sucios de la mesa.

No le oigo ponerse en pie ni caminar hacia mí pero de repente siento sus caderas encajando en mí desde atrás.

-Me apetece- me dice frotando su pene contra mi culo- me muero por ti, tócame- me pide cogiendo mi mano húmeda y poniéndola sobre su pantalón vaquero- pero no quiero hacerte daño. Recuerdo con absoluta claridad tus gritos sobre la camilla. Están en mi cabeza todo el tiempo y… no quiero provocarte ningún tipo de dolor porque durante tres horas sentí que te escapabas entre mis dedos. No quiero volver a sentir eso nunca más. Seré feliz si te tengo toda la vida conmigo así no tengamos sexo.

-Pues yo no- le digo girándome- lo que nos pasó ha supuesto un trauma enorme para ambos. Pero tú estás aquí, yo estoy aquí y nuestra vida debe continuar. Seguimos juntos y tenemos que superar esto. Te amo y amé ser la madre de tu hija pero Victoria se fue y nosotros seguimos aquí. No puedo imaginarme seguir viviendo toda mi vida con el pesar de perderla, necesito pasar página, no olvidarla pero sí… avanzar. Quiero recuperar mi vida contigo, el sexo, la alegría, las amistades, la vida, quiero recuperar mi vida.

-Lo haremos cariño, lo haremos- me promete.

-¿Si?- le pregunto poniendo ambas manos en sus mejillas y besándole.

-Sí, vamos a la a cama- me dice sonriendo y tirando de mí.

-No, aquí- le pido golpeando la encimera.

Ambos soltamos una carcajada como antes, libres y felices.

La ropa cae con facilidad y cuando llega el momento de penetrarme para.

-Espera, no podemos, no estamos protegidos y no quiero arriesgarme a un embarazo de nuevo- dice parando.

-Toma- le digo pasándole un preservativo que llevaba en el bolso.

Él se ríe cogiendo el paquete plateado.

-¿De dónde has sacado esto?

-He comprado una caja en el aeropuerto- me encojo de hombros- he vuelto de Milán con intención de seducir a mi futuro marido- le digo guiñándole el ojo.

-Eres increíble- me dice antes de rasgar el envoltorio con los dientes, sacar la goma de látex y desenrollarla por todo su pene.

Edward me coge en brazos y me gira tumbándome sobre la encimera de la isla de la cocina.

-Avísame si te duele lo más mínimo- me pide mirándome fijamente a los ojos.

Asiento besándole mientras noto su punta abriéndose paso en mi vagina.

Cuando está metido hasta el fondo le beso y le digo:

-Necesitaba esto, necesitaba sentirte mío de esta forma.

Cruzo mis piernas sobre sus glúteos al tiempo que le abrazo por el cuello atrapándole con mi cuerpo.

-Te he echado de menos- me indica entre embestidas.

-Te sientes tan bien- gimo.

Mis palabras son suficientes para hacer que confíe en que me está haciendo disfrutar y sus embestidas aceleran.

Ambos nos corremos sobre la encimera y entre besos nos separamos.

Él sale de mi interior, se quita el preservativo, lo anuda y revisa que no tenga fugas antes de tirarlo a la basura.

-Me encantas- me dice besándome- pero odio la goma- confiesa riendo.

-Yo también.

-Lo cual no quiere decir que no vaya a usarla.

Me río y le beso.

-Te amo, te amo infinitamente más que antes. No podría vivir sin ti- le aseguro.

-Y no lo harás, porque no te voy a dejar nunca, jamás- afirma besándome de nuevo.

Subimos a nuestra habitación donde vuelvo a hacerle mío y para finales de esa semana compro otra caja de preservativos.

No obstante pronto nos dimos cuenta de que el momento preservativo a veces cortaba toda la dinámica sexual. Adiós al sexo de improvisto.

Hoy habíamos cruzado una línea.

Estábamos en el jardín tomando el sol, luego nos empezamos a tocar y cuando llegó el momento de la penetración nos dimos cuenta de que ayer gastamos el último condón.

En el calor del momento me subí encima del regazo de mi prometido y durante unos minutos tuvimos sexo sin protección. Nos separamos justo a tiempo para que él se corriera en mi tripa pero cuando el deseo se disipó, la conciencia podía con nosotros.

-No debimos hacerlo- le digo mientras me limpio.

-Lo sé. Primera y última vez que hacemos esta tontería, compraré decenas de preservativos- me responde cogiendo la toallita de mis manos y terminando de limpiarme él.

-O podríamos dejar los condones- le propongo.

-¿Y qué usaríamos en su lugar?- pregunta mirándome y frunciendo el ceño.

-La píldora- le digo con seguridad.

Llevo varios días pensando en volver a tomarme la pastilla anticonceptiva, sé que el preservativo entre nosotros tiene los días contados. Ambos sabemos que lo que ha pasado hoy volverá a pasar tarde o temprano. En alguna ocasión el control se nos irá de las manos y será cuestión de suerte que yo no termine con un embarazo sorpresa de nuevo.

-No, no te iba bien, me lo contaste- niega.

El motivo por el que dejé de tomar la píldora es porque literalmente se llevó por delante todo mi deseo sexual y me provocaba unas migrañas increíbles.

-No quiero pasarme mi luna de miel buscando donde venden preservativos- le digo.

-Llevaremos de casa- expone como solución.

-No Edward- le digo poniendo una mano en su antebrazo para conseguir toda su atención- estoy cansada de la goma.

-¿Y crees que yo no? ¿Crees que no echo de menos el sentirte rodeándome? ¿Me has oído quejarme cuando estaba dentro de ti sin protección?

-Por todo eso creo que debemos cambiar de método. Hay otros- le digo poniendo mis manos en su pecho.

Él suspira y se cruza de brazos para escucharme.

-Están los parches o la inyección- le comento antes de coger el teléfono y buscar más información para enseñársela.

Valoramos juntos los pros y los contras y decidimos probar las inyecciones. Si algo no va bien o no nos da confianza volveremos al preservativo.

Al día siguiente fuimos a la finca donde tendría lugar la boda a revisar que todo estuviera como nosotros queríamos. Fue una visita breve porque recibí la llamada de Garret a los pocos minutos de llegar.

-Tengo que irme a Los Ángeles- le digo a mi novio tras finalizar la llamada.

-¿Por qué? ¿Cuándo?- pregunta frunciendo el ceño.

-Esta noche- suspiro.

-Bella nos casamos en dos semanas- me recuerda serio.

-Lo sé pero ha habido un problema- explico.

-¿Con qué?

-Tu sello discográfico ha cambiado de dueño y han modificado la norma de derechos de autor, lo que nos afecta directamente si quieres que los artistas con los que has trabajado durante los últimos años usen tus temas.

-Pues que se ocupe Garret-

-No, está de vacaciones.

-Lleva de vacaciones indefinidas meses- protesta.

-No Edward, esta vez estoy de su lado. Dijimos que no íbamos a eludir responsabilidades y cada uno iba a hacer la parte que le tocase. Él va a estar al mando desde que nos casemos hasta enero, por lo que creo que esto me corresponde arreglarlo a mí.

Chasquea la lengua y niega con la cabeza.

-Pero tenemos una boda que hay que terminar de organizar- protesta.

Bajo la mirada sintiéndome mal.

-Lo sé y quiero estar aquí contigo pero también quiero disfrutar de nuestra luna de miel sin pensar en el trabajo y eso no va a ser posible si no arreglo esto ya.

Él asiente aceptando.

-Odio a tu jefe- me comenta refiriéndose a sí mismo.

Suelto una carcajada.

-Es un cabrón sí- le respondo riendo- ¿me llevas a casa?

Abandonamos apresuradamente a Carmen disculpándonos con ella por interrumpir la visita antes de tiempo.

Hago una maleta en tiempo récord con lo más básico para dos días mientras Edward llama a su equipo para preparar el jet privado.

-Mantenme informada de la boda- le pido antes de despedirnos.

-Ten cuidado.

Asiento besándole antes de subir al jet y cruzar el atlántico.

Una vez llegué a Los Ángeles ni me molesté en ir a casa, fui directamente a la oficina donde todo era un caos.

Estuve toda la tarde reunida con abogados de nuestro equipo y del sello discográfico.

Llegué a casa a las nueve de la noche con la única meta en mente de usar el jacuzzi que mi novio se empecinó en poner cuando compró la vivienda.

Me desnudé completamente y me metí en el agua relajándome.

No sabía qué hora sería en Ibiza pero igualmente hice una videollamada a mi novio.

-Te he despertado- le digo pidiéndole perdón al ver su cara tras la pantalla.

-Sí, ¿pasa algo?- pregunta despertando del todo.

-Nada malo- le digo yo sonriendo.

Veo como él se acomoda en nuestra cama apoyando la espalda contra el cabecero.

-¿Qué estás haciendo?- pregunta bostezando.

-Usar el ostentoso jacuzzi que te empeñaste en comprar- confieso.

-¿Acabas de llegar a casa?- supone.

Asiento.

-O sea que llevas más de 24 horas seguidas sin dormir.

-Ni idea, he perdido el sentido del tiempo- le confieso riendo.

-No me gusta oír eso.

-Es por la luna de miel, piensa en ella. En que vamos a estar tú y yo solos sin trabajo, ni reuniones, ni sets, ni fechas límite, solo tú y yo.

Desde que recibí esa llamada de Garret solo he pensado en eso, en terminar pronto aquí para volver a Ibiza, casarme e irme de viaje con mi marido sin trabajo por medio.

-Pienso en ella todo el rato nena- me segura sonriendo y poniendo una mano en su nuca flexionando el brazo.

Me le como con la mirada a través de la pantalla.

-¿Recuerdas cómo funcionaba el sexo telefónico?- le pregunto.

-No lo recuerdo la verdad- miente riendo.

-¡Mentiroso!

Él suelta una carcajada y mueve la mano que tenía en su nuca fuera de la cámara.

-Enséñame tus tetas- me pide.

-¿Te estás tocando?

Asiente bajando el teléfono y mostrándome su pene erguido entre sus manos.

-Sal del jacuzzi, vete a la cama y fóllate con tus dedos como lo haría yo- me pide masturbándose.

Le hago caso y salgo de la bañera, me seco y voy hasta la cama donde mis dedos me penetran mientras imagino que es él.

Me corro cuando veo por la pantalla que él también lo hace derramando su semen en nuestras sábanas.

-¿Cómo es posible que esto nos gustase?- me pregunta limpiándose.

-A mí me ha gustado- le digo incorporándome.

-Y a mí también, no me malinterpretes, pero se siente… frío- me confiesa.

-No puede compararse a tenerte dentro de mí claro.

-No es solo eso, algunas veces nos hemos masturbado el uno frente al otro, sin tocarnos, pero la conexión estaba ahí, hacerlo a miles de kilómetros con una pantalla delante es una mierda-

Me río de su frustración.

-Por suerte para ti voy a estar siempre a tu lado, sin pantallas- le aseguro.

-Eso es a todo lo que aspiro nena porque mira- dice enfocándose de nuevo a su polla- me la has dejado con las ganas.

Me río y niego.

-Es insaciable, me gusta.

-A ella también le gustas.

-Para o voy a follarte en el jet privado en cuanto aterrice en Ibiza- le advierto.

-En cuanto a eso…- dice dejando de lado todo el erotismo de la conversación.

-¿Qué?

-No voy a poder ir a recogerte al aeropuerto. Hay un problema con los desagües de la piscina de la casa nueva y mañana y pasado voy a estar todo el día allí.

-Pufff.

-Siento no poder irte a buscar pero no me fio del fontanero, es la segunda cosa que hace mal.

-No me quejo por eso, me quejo porque parece que los problemas no terminan- me lamento- ¿qué será lo siguiente?

-Nos crecimos demasiado pensando que podíamos abarcar todo. Pero poco a poco lo vamos solucionando. ¿Qué pasa con los derechos de autor?

-Vamos a ver si podemos incluir una cláusula adicional al contrato donde se reflejen las excepciones de uso.

-Confío plenamente en ti pero si necesitas mi ayuda, llámame, puedo unirme a las reuniones de forma telemática.

-No hace falta cariño, te mantendré informado todo el rato pero al final son cosas de abogados. Realmente mi presencia aquí solo es necesaria para ver la viabilidad de las medidas que se tomen, ellos legislan sobre papel pero tú trabajas en los escenarios, ambos ambientes tienen que darse la mano para ir bien.

-Gracias nena.

-¿Por hacer mi trabajo?

-Y por hacerle así de bien- me guiña- ve a dormir, intenta mantener una rutina de sueño y de comidas por favor. Estábamos haciéndolo bien, estábamos teniendo una rutina normal y ahora todo se va a ir a la mierda.

-Edward, eso no es así y lo sabes. Sabes que este trabajo implica viajar y modificar horarios.

-Sí pero…

-Estoy bien, no me voy a romper- le aseguro.

Él aparta la mirada de la cámara.

-¡Eh, mírame!- le digo- estoy bien. Estoy sana, mi cuerpo está recuperado, me has metido en una bola de cristal desde que aborté pero ya es momento de que me saques de ahí.

-Porque no quiero que te vuelva a pasar- confiesa.

-Lo sé y yo tampoco quiero. También me estoy tomando mi salud más en serio desde entonces, prueba de ello es que la regla me ha vuelto a venir de forma normal.

-No del todo.

-Edward cuatro días de retraso no es nada. Voy a dormir en esta cama tan enorme que tienes aquí y voy a hacer todas las comidas de forma equilibrada, sentada y tomándome mi tiempo, prometido.

-Vale.

-Tú también me tienes que prometer que te vas a cuidar, estás muy estresado y además ahora te he dejado solo arreglando todo lo de la casa y lo de la boda. Tienes que descansar y tienes que relajarte.

-Yo estoy bien- se defiende.

-No, no lo estás. Vives preocupado todo el rato.

-Prometo relajarme.

-Bien, te amo y quiero que estos dos días se pasen rápido para volver a casa.

-Yo también te amo mi amor y sí, la casa está muy silenciosa sin ti.

Nos despedimos para que él comience su día y para que yo finalmente me vaya a dormir.

El asunto de los derechos de autor me retuvo en Los Ángeles dos días más así que el miércoles cuando salí de la oficina decidí coger el jet directamente y dormir durante el vuelo para llegar antes a casa.

Me estaba descargando varios episodios de diferentes series para ver durante el vuelo cuando una llamada entrante de Edward me bloqueó la pantalla.

-Hola mi amor- le saludo descolgando.

-Hola Bella- me responde una voz que no es la de mi novio al otro lado.

-¿Garret?- digo extrañada- ¿por qué me estás llamando desde el teléfono de Edward?

¿Cómo es posible que tenga el teléfono de mi chico cuando él estaba de vacaciones con su familia en Miami?

-¿Estás en casa?

-Estoy en el jet, despego en unos minutos. ¿Dónde está Edward?- pregunto.

-Edward está bien, de verdad que está bien, mantenlo en tu mente cuando acabe esta conversación.

Me siento derecha en el asiento comenzando a ponerme nerviosa.

-¿Qué ha pasado? Y no me mientas.

-Ha tenido un accidente.

.

.

.

¡Ay Dios! ¿Qué ha pasado ahora con Edward?

Como veis van volviendo a ser ellos mismos tras perder a Victoria. Sé que muchas no esperabais que sufrieran un aborto pero son golpes que las parejas tienen que superar. Edward tiene a Bella en una caja de cristal por miedo a que se rompa pero ella no necesita protección.

¿Habrá boda o no habrá boda con todo lo que les está pasando?

Deseando leer vuestras impresiones y suposiciones en los reviews y/o en el grupo de Facebook.

Subiré fotos en los próximos días.

¡Nos leemos! Gracias por seguir aquí una semana más.