Capítulo 11. Un día "medicinal."
Lycan Vlasturi Diecisiete años - Distrito 7 - Tributo de Alphabetta.
-¡He hice el ridículo en el trabajo! Ahora me llaman Manny Besaárboles!
-No me parece una mala práctica. La naturaleza es importante. -Solté antes de que mi padre abriera la boca. Él había tratado de ser educado con este tipo, pero siempre era la misma canción. Y cada vez le repetíamos lo mismo.
-No tomes ese tono conmigo, Vlasturi! Debes ser más educado con tus clientes.
-Mira, Manny. Cada quince días vienes, pides un poco de ungüento para los cayos de los pies y cada día después de ese vuelves y te quejas de nuestras medicinas. Sabes qué vendemos. Sabes qué ocurre si te pones la crema... ¿Entonces por qué vienes a increparnos y comprarnos más después? Si tan mal te hace, entonces la culpa no es nuestra. Es tuya. Háztelo mirar, porque podría ser una alergia. O la carne que consumes. Los animales no son comida.
Y por eso odiaba a la gente, la sociedad en su conjunto... Y cada individuo, a decir verdad. Besaárboles no escuchaba lo que le estaba diciendo. Aseguraba que nunca volvería a comprarnos y que les diría a sus compañeros de trabajo que no vinieran.
Nos amenazaría con los agentes de la paz si no fuera un cobarde. De todos modos, ellos no harían nada porque se beneficiaban de nuestras... Medicinas únicas.
Besaárboles se fue, cabreado. Papá y yo sabíamos que volvería. Siempre lo hacía.
Fui a recoger más plantas para nuestros remedios. Hacía dos días había tenido suerte con las frutas y llevé un montón a casa. También encontré un zorro muerto al que destripé y marqué algunos árboles con su sangre para que su espíritu animal pudiera vagar libre. También porque había que tener contentos a los dioses, sobre todo a la diosa loba. Ella era una hembra, por supuesto, eso me había dicho Selene. Según mi compañera loba, las hembras eran más inteligentes en las cuestiones importantes. Yo no tenía una figura materna, así que no sabría si se aplicaba lo mismo a los humanos, pero conociendo a algunas de las que venían por aquí, me decantaba por un rotundo No. Sin embargo, los machos tampoco eran el palo más afilado del bosque. Quizá los humanos éramos estúpidos y punto. Debía ser una regla suprema por poder hablar y todas las cosas que se nos permitía crear.
De todos modos, yo estaba más a gusto entre animales. Los humanos eran agotadores y no podía ni quería soportar su presencia durante mucho tiempo.
Me comí una seta por el camino. Tenía algo de hambre y la seta me saciaría hasta que llegara a casa.
Selene no tardó mucho en aparecer. Ella nunca estaba conmigo cuando los humanos venían en busca de nuestros remedios. Ella decía que era porque no le apetecía acercarse a tontos. Yo estaba de acuerdo. Ojalá pudiera evitarlos como ella. Sin embargo, para algunas cuestiones, el dinero era necesario.
_Estás pensativo, pequeño lobo.
-Es por los humanos. Cada vez me es más tedioso tratarlos. Papá dice que es necesario, pero...
_Lo sé, pequeño lobo. Pero él es tu alfa y debes obedecerlo hasta que puedas salir por tu cuenta y crear una manada. O ser un solitario. Que parece que es lo que prefieres.
-Sí, lo prefiero. Me plantearía tener un cachorro, para enseñarle todo lo que sé, pero para eso tendría que acercarme a una hembra, mantener una conversación o dos y luego aparearnos. He imaginado cómo sería... Con una humana. Me guste o no, yo soy un bípedo y como tal, siento atracción hacia esos humanos a los que quiero evitar.
_Aparearse es importante. Las enseñanzas no deben morir con uno. Es triste.
-Pero Selene...
_Pequeño lobo, no gimotees. Ya no eres un lobezno. Casi eres un adulto.
-Si pudiera aparearme, la hembra querría querer algo que ver con el cachorro y aunque sé que tuve una madre, no pude venir de un árbol aunque ojalá, mi padre tuvo suerte cuando ella se fue o murió o... Lo que fuera que decidiera hacer. Estamos mejor solos.
Me gustaba ver a Selene. Ella era sabia y siempre me hacía sentir mejor. Aunque aún no quería aparearme con una humana. Seguramente algún día lo hiciera, Cuando fuera un adulto. Quizá en tres años... Y si no tuviera que ver a la humana después de la entrega del cachorro, mucho mejor. Entre papá y Selene me enseñarían a cuidarlo.
Recogí bastantes hierbas. Como vivíamos en el bosque, los agentes de la paz no patrullaban mucho por la zona y así podíamos encontrar cosas que no nos sería posible si viviéramos más cerca de la civilización.
Selene desapareció a medida que llegaba a casa, eso quería decir que había alguien más por allí. Alguien que no era mi padre.
Me preparé para el próximo inconveniente bípedo.
Me quedé escondido tras un árbol cuando la vi. Ella era mi humana. O lo sería durante unos días, hasta que le hiciera un cachorro. Era fuerte y de buen ver, haríamos un buen lobezno. Claro que ella tendría que consentir primero...
-...Y acaba de casarse, ¿sabe? Y yo soy su madre y me lo cuenta todo. Entonces hace un par de días me comentó que...
-¡Mamá!
-Juniper, no te escandalices. ¿Cómo va a ayudarnos Fenrir Vlasturi si no le decimos tu problema?
Oh, no. Era la Señora Greengrass. Ella había tenido opiniones muy fuertes acerca de que yo no tuviera una figura femenina en mi vida. Decía que todo joven necesitaba a su madre. Papá al principio intentaba ser educado, pero un día le dio una pasta que le hizo crecer granos y así Jasmine Greengrass dejó de meterse donde no la llamaban.
-Exacto, Señorita...
-Es Señora ahora. Señora Pinetree. -Jasmine interrumpió. -Recuerda que te he dicho que mi June se ha casado hace poco.
Me pregunté si Juniper Pinetree eran de las que respetaba a su marido o si quizá prefería tener algo extra. Porque si era lo segundo, quizá tendría una oportunidad.
"Ay, Selene. Me haces pensar en cosas que no quiero. Como en cachorros."
-Sí, disculpe, Señora Pinetree. ¿Cuál es el problema que le aqueja?
-Su marido no consigue... Ya sabe... Y claro, ellos quieren consumar el matrimonio, pero si el sauce no se yergue...
-Quizá le gusten otros... Hombres. -Ofrecí. -Por eso su... ¿Sauce? No funciona como debe.
Salí de entre los árboles ante la atenta e iracunda mirada de la Señora Greengrass.
-¿Pero cómo dices tales suciedades? ¡Nunca en mi vida...!
-No es tan raro, Señora. En la naturaleza algunos machos se dan placer mutuamente aunque no puedan procrear.
A la mujer podría darle un ataque al corazón, de verdad. Y si no fuera porque mi padre me pidió que llevara las hierbas a casa, podría haber seguido horrorizándola.
Más tarde debía preguntarle cómo tenía que hacer para que una hembra humana quisiera aparearse. Si quería conseguir un cachorro en los próximos tres años, necesitaba saber cómo no hacer que una mujer saliera corriendo.
