Hetalia: Axis Powers (y sus derivados) son propiedad intelectual de Hidekaz Himaruya. Yo no tengo propiedad de los personajes y el propósito de este fanfiction es solo de entretenimiento. No está permitida su comercialización.


Eredità Delle Regine

oOOo…

Marcas del destino Pte.2

No creo que haya que lamentarse sobre el propio destino, pero a veces es muy duro.

—Svetlana Stalin (1926-?) Escritora soviética

A la mañana siguiente, Kiku se levantó como rutinariamente, al alba antes de que los primeros rayos del sol atravesaran la puerta de su habitación. Pero las mañanas eran frescas en la isla Pinku, por lo que siempre le resultaba difícil separarse del tatami. Pero su intento infructífero de alargar su descanso terminó definitivamente cuando Kenji Naniwa deslizó las puertas de su habitación.

—Mi señor, debe levantarse —le dijo Naniwa, provocando un leve suspiro por parte de Kiku.

Sin rezongar más, el hombre bestia en el tatami frotó una última vez sus orejas puntiagudas, antes de finalmente salir de entre las cálidas colchas.

La mañana continuó rutinaria, un nutritivo desayuno preparado por Kenji: pescado frito, arroz y frutos recién recolectados. Para después, Kiku se cambiara de ropa para la calle, y salir de compras y recados que tenían planificados para el día.

—Todo listo —le aseguró su asistente, en lo que se acomodaba en la espalda un cargamento de contenedores de cristal lleno de todos sus alimentos de la alacena.

Sin más, ambas bestias salieron a la calle. La fresca mañana en la isla que volvía perezosos a la mayoría de sus habitantes. Kiku dio una olfateada al viento, captando el dulces aromas de los cerezos en flor y los puesteros callejeros que iniciaban a preparar sus alimentos.

Ramen con camarones fritos, su favorito.

Ante la soledad de las calles, rápidamente llegaron a la principal tienda de la isla, el comercio de la familia Tachibana.

—Bienvenidos —los saludaron dos jóvenes con oreja de borrego, hermanas gemelas, que atendían la entrada principal del local.

Tachi y Riuka eran sus nombres. Desde muy pequeñas, los dueños de su madre las habían intercambiado a la familia Tachibana por un bote de quince pies. La señora Tachibana estuvo muy satisfecha con la transacción, ya que al ser tan jovenes fácilmente podría entrenarlas a su gusto. Era lo que se acostumbraba.

Por ello, cada vez que la mujer solicitaba una cita con Kiku, este se aseguraba que Kenji la hiciera sentarse en el cojín más incómodo durante la larga espera de su turno. Kiku sentía una cierta satisfacción cuando la veía siempre entrar a su salón cojeando.

—Necesitamos unas maletas —comentó tranquilamente a las gemelas que rápidamente le indicaron los diferentes modelos que tenían disponibles.

—¿Acaso los señores efectuarán un viaje? —preguntó Riuka dando un leve brinquito.

—Algo por el estilo —contestó Kiku con una sutil sonrisa.

Tan pronto terminaron con las compras, retomaron sus visitas por el pueblo, ya con el sol más alto en el firmamento y las calles transitadas por sus habitantes. La mayoría de ellos saludaban a Kiku a su paso, fueran humanos o bestias, pero las últimas siempre incluían una reverencia. Una acción entendible, él era un modelo al que ambicionaban convertirse.

Pronto llegaron al templo de los suspiros, uno de los siete lugares sagrados en el archipiélago Rosado. Según las leyendas, aquellos que llegan en comunión con la gran mano del destino, podían escuchar sus designios son como susurros en el viento. Muchos acólitos y maestres dedicaban su vida a tratar de escuchar tales susurros, sin siquiera conseguir una palabra.

Oncluso, existía el viejo rumor, de que en realidad los suspiros no pertenecían a la gran mano, sino a los jokers, agentes del caos, burlándose de los más devotos.

Cualquiera que fuera la verdad, no afectaba que el templo de los suspiros fuera utilizado como un centro de fe, ayuda y guía, para los diferentes peregrinos que cruzaban las aguas del archipiélago en visita a los siete templos.

—Muchas gracias, amo Honda —le agradeció el acólitos Yuang, al recibir los diferentes donativos por parte de ambas bestias —. Que la gran mano bendiga su generosidad con benevolencia en el futuro.

Kiku respondió a sus palabras con otra suave sonrisa y reverencia. Yuang era uno de sus clientes favoritos. Su método de relajación era té de jengibre y una sutil conversación, una de las favoritas de Kiku.

—Confiamos que será equitativo en la distribución de la generosidad —comentó Kenji con una mirada algo acusatoria —. Dándole prioridad a los "verdaderos" necesitados…

Kiku alcanzó a presenciar la expresión de sorpresa en el rostro de Yuang ante tal acusación, pero su respuesta quedó perdida en el viento, en lo que la mirada de ojos negros de la bestia se enfocó en uno de los nichos del templo.

Tres hombres meditaban con las piernas cruzadas en suelo blanquecino del nicho, sus rostros pasivos mostraban la gran concentración de sus meditaciones, en lo que sus ropajes simples de colores rojizos sacudían levemente con la fresca briza marina. Pero lo que atrajo la atención de Kiku fue un pequeño niño de cabellera rubia y de ropa más negra que la noche. El pequeño sonreía maliciosamente, en lo que susurraba algo a los oídos de aquellos hombres.

Ninguno pareció reaccionar a su presencia o acciones.

Después de unos segundos, el chiquillo alzó la vista y su mirada azul penetrante quedó atrapada con la de Kiku, como si fueran los unicos dos que existieran en el mundo. El niño le sonrió antes de llevarse su dedo índice a los labios y pedirle silencio.

Kiku trató de mantener la vista en el chico, pero tan pronto volvió la vista o parpadeó, no estaba seguro, el niño ya había desaparecido.

Esa extraña visión lo mantuvo distraído a Kiku la mayor parte de la tarde, casi no compartió palabra durante la hora de la comida y en el trayecto de regreso a su hogar. Aún mientras preparaba sus pertenecias para su larga ausencia, no podía alejar de su mente de aquel niño. Nunca lo había visto en su vida, y su forma de vestir era muy particular, no pertenecía a ningún reino, pero aun así había algo en él, que lo hacía sentir conectado.

—¿Ya ha terminado, mi señor? —le preguntó Kenji sacándole de sus pensamientos. Kiku lanzó una silenciosa mirada a la habitación. La mayoría de sus objetos personales estaban cubiertos o guardados en cajas, solo aquellos de los que no estaba dispuesto a desprenderse, se encontraban asegurados dentro de las maletas.

—Estamos a tiempo —dijo Kiku con calma. Y como si sus palabras fueran premonitorias, la campana de la entrada de su hogar comenzó a razonar.

¡Clank! ¡Clank!

La visita no era un cliente, Kenji se había asegurado de cancelar todas las citas del día. Era un grupo de soldados de corazones, ataviados con sus flamantes armaduras blancas y rojas, armados con imponentes espadas y alabardas.

Al frente del grupo había dos soldados que destacaban del resto por lo elegante de sus armaduras. Eran dos hombres jóvenes, muy atractivos, y de gran estatura; y por una extraña razón, preferían estar lo más alejado el uno del otro.

—Somos el dos y tres de corazones—anunció altanaramente uno de ellos, aquel que portaba un par de gafas que ocultaba perfectamente sus ojos—. El oráculo nos ha indicado esta ubicación como el paradero de la nueva reina.

—Estamos aquí para llevarla al palacio —dijo el otro hombre calmadamente mientras sujetaba un extraño tablero que brillaba con una intensidad rojiza.

—¿Podrían llevarnos hasta a ella?

Kiku observó con calma a ambos visitantes y, dando un paso hacia delante, les informó:

—Soy a quien buscan —dijo —. Los estaba esperando —agregóante la mirada atónita de ambos miembros de la corte, que solo pudieron intercambiar una que otra mirada de sorpresa ante ellos.

oOOo…

La ciudad capital del reino de diamantes, Oronia, se extendía por las faldas de la montaña rocosa y se incrustaba en su roca. Las casas de piedra apretadas en entre ellas, formaban pequeñas callejuelas donde los vehículos de vapor no podían acceder. Esa la importancia de la crianza de los cabritones, rumiantes caprinos de casi dos de altura y tres de largo, de seis patas y largos cuernos. La principal fuente de transporte y fuerza en diamantes provenía de estos animales, mientras que su energía se mantenían en los auracristalis. Principal razón por la escasa de tecnología de vapor en la capital del reino.

Pero esa desventaja, traía un efecto onírico de la ciudad, que, a pesar de los pasos de los años, conservaba su aspecto medieval y clásico.

El rey disfrutaba aquel detalle de su ciudad, por lo mismo, había dedicado muchos recursos en su mantenimiento. Pero curiosamente, durante su recorrido de regreso por la ciudad, su atención estaba en otra parte, en lugar de las decoraciones clásicas y antiguas de las calles.

—¡Por favor! ¿Acaso no piensas devolverme la palabra algún día? —dijo Francis fingiendo estar dolido con la actitud de Vash. El Jack se había negado en hablar con él desde que había salido de corazones.

Lo que podría tomarse como un viaje largo, pesado y silencioso, fue todo lo contrario, ya que Francis disfrutó al máximo al tratar de encontrar el punto de quiebre del Jack.

—En serio, piensas en perderte la oportunidad de recalcarme todo lo malo que algo —continuó dándole un leve puntapié en la rodilla, al estar cada uno frente a frente en carruaje —. Sé que lo disfrutas —agregó, deslizando seductoramente su pie por la pantorrilla del Jack.

Vash actuó de inmediato, lo apartó sacudiendo sus piernas. Pero de sus labios solo salieron un leve chistado.

—Vamos, di algo —siguió Francis haciendo pucheros —. Sé que te mueres por decírmelo. Vamos, dilo, dilo, dilo.

Con cada insistencia, Francis se fue aproximando más a bash hasta que sus rostros quedaron a una palma de distancia, cuando este se volvió para verlo.

—¡Ya basta! —bramó el Jack furioso aportando al rey de sí, de un empujón.

Francis soltó una carcajada en lo que se retorcía en su asiento de la risa.

—Eres… —masculló Vash con furia y frotando su rostro con la manga de su ropaje —el peor rey que he conocido.

—Eso no es tan malo —se burló Francis posando dignamente en su asiento —, solo conoces cuatro.

—¿No puedes tomarte las cosas enserio?

—La vida es muy corta para estar serio todo el tiempo —le respondió el rey con una sonrisa —. Además, se me arrugaría el rostro. Deberías preocuparte por eso también.

Vash solo pudo rechinar los dientes. Al ser nativo de diamantes, los actos de Francis antes de ser coronado, no eran un tema desconocido para él. Era del conocimiento general del reino, sus actos libertinos, su actitud pomposaoy su desinterés por la seriedad. Ni siquiera su madre, pudo corregir ese comportamiento.

Ya una vez nombraron Jack de diamantes, descubrió más sobre el comportamiento impudico de su rey, pero ante testimonios de otros habitantes del castillo, el Francis ya había mejorado un poco con el tiempo, y al menos ya no compraba esclavos para su deleite personal.

—¿Por qué lo hiciste? —le preguntó Vash después de unos incómodos minutos de silencio, en los que su rey lo fulminaba con sus brillantes ojos azules.

—¿Y por qué no? —respondió el otro descaradamente, encogiendo los hombros.

—Eres un sínico…

—Por el amor al destino, Vash —se quejó el rey rodando los ojos —. Eres peor que Ludwing. ¿Qué hay de malo que quisiera algo de diversión? Y por lo rápido que respondieron los cortesanos de corazones, me doy cuenta de la rigidez que debe tener Ludwing en el palacio. Y no me refiero a lo que hay en sus pantalones.

—Arg…

—Sin mencionar que Feli estuvo de acuerdo.

— Yo difiero de esa opinión —musitó Vash con un mohín —. Te aprovechaste del pobre idiota. Siento pena de la pobre alma desafortunada que ahora tendrá que reinar contigo.

—¿Cómo tú? —dijo Francis al soltar otra carcajada.

Vash rechinó de nuevo los dientes, a ese paso pronto se quedaría sin dentadura. El Jack no había sido nunca precisamente una persona paciente y solía desquiciarse con su perfeccionismo. Pero fueron esas cualidades las que lo hicieron destacar en la academia Aeternum, superar a sus rivales y convertirse en uno de los pocos seleccionados para ser un Jack de un reino.

Pero si hubiera sabido que sería enviado al reino de diamantes y ser parte de la corte del rey Francis, probablemente hubiera renunciado antes de que le colocaran su marca en su piel.

Al menos Francis no tuvo mucho tiempo más molestándolo, ya que antes de que se dieran cuenta ya se encontraban frente a las puertas del castillo "La fortaleza de brillo infinito". Sin perder el tiempo, Vash abandonó la carroza, tan pronto se detuvo, que ni siquiera le ordenó a los criados en bajar el equipaje.

Lo único que quería era alejarse lo más posible de Francis sin saber que estaba por quedar atrapado en otro problema.

—¿Lily?

En el recibidor principal del palacio, aquel decorado con los elegantes estandartes amarillos y dorados del reino, y piso de intrincado azulejo, se encontraba su joven hermana, vistiendo un fresco vestido campestre blanco con listones amarillos. A un lado, en un banquillo se encontraba la abuela de ambos, adormecida por la espera. Junto a ellas esperando, se encontraba Antonio, el as de diamantes, recargando su peso en su alabarda.

—Hermano —lo saludó Lily, dando un leve respingo.

—¿Qué haces aquí? ¿Por qué trajiste a la abuela?

Pero antes de que la chica alcanzara a responder las preguntas de su hermano, Francis alcanzó a Vash y se lanzó colgándose de sus hombros.

—¿Qué manera tan vulgar de saludar a tu hermana? —dijo este, apartando al Jack antes de que este se desembarazara de él —. Hermosa, Lily, como siempre es un deleite verla en persona —dijo tomando la mano enguantada de la joven para besarla —. ¿Acaso han venido a visitar a tu gruñón hermano?

Aunque los labios de Francis nunca tocaron la mano de la joven, ya que rápidamente Bash respondió alejándolo de un empujón.

—Ni. Lo. Pienses —dijo amenzazondo al rey con su dedo indice, para luego volverse en dirección de su hermana —. Lily te dicho miles de veces que no me gusta que me visites sin previo aviso. Y especialmente que traigas a la abuela.

—Tal vez deberías dejarla hablar primero —ocmentó Antonio ante el nerviosismo de la jovne de responder a los regaños su hermano.

—Tú no te metas —lo amenzó Vash por igual.

—No le hagas caso, Antonio —comentó Francis —. Nuestro querido Vash pasó muy mal el viaje y estancia en corazones.

—¿Es cierto, hermano?

—Es… —tartamuedeó él tratando de no recordar los traumas que le había causado el rey en aquel viaje — complicado.

—No tanto, yo puedo platicarle todo —Fracis apresuró sus pasos para poner su brazo sobre los pequeños hombros de Lily.

Vash lo quería muerto, pero el escandalo finalmente despertó a la abuela.

—Ah, veo que ya han llegado —dijo esta forntandose el rostro con su dedos nudoso. Pero antes de que los recien llegados la saludaran agregó —: ¿Ya les contaste?

—¿Contar qué? ¿Qué ha sucedido?

Lily le dirigió a su hermano una mirada lastimosa que le provovó a Vash mala espina, pero no se atrevió a decir nada, en lo que ella se retiró sus bellos guantes blancos. El Jack sintió el verdadero horror cuando divisó la cresta de diamantes grabada en la piel blanquecina del dorso de la mano de su hermana.

Vash definitivamente había tenido un my mal día.


Personajes

Sadick Aalan (dos de corazones) — Turquía

Heracles Krapasi (tres de corazones)— Grecia

Antonio Carriero — España

oOOo…

Perdón por la espera de más, pero fueron unas semanas donde muchas cosas ocurrieron y me mantuvieron ocupada. Pero finalmente traje el nuevo capítulo. Espero que los disfruten, cualquier duda del capítulo pueden comentarlo.