Capítulo 6
JJ
No podía respirar, sentía el frío suelo debajo de ella y una presión casi insoportable sobre su cuerpo. También habían sombras que se reían y le susurraban cosas al oído mientras trataba de escapar. Pero eso no era lo peor, porque al mismo tiempo que se burlaban la estaban tocando de forma demasiado íntima y Jennifer definitivamente no lo estaba disfrutando, sin importar lo mucho que las sombras dijeran lo contrario.
— No finjas JJ, se que te gusta. — Murmuró una de ellas. Por supuesto que no era cierto, pero cada vez que intentaba decirlo lo único que recibía como respuesta eran carcajadas.
Quería salir de ahí, pero ni siquiera podía ver con claridad lo que la estaba rodeando, todo estaba increíblemente borroso y cuando trataba de moverse siempre chocaba contra lo que parecía ser un cuerpo, o unas manos la agarraban y la detenían. Estaba atrapada, sin salida. Y las estúpidas sombras seguían riéndose.
De repente había una horrible presión en su cuello, no podía respirar, el aire se le acababa poco a poco y pudo sentir las lágrimas cayendo de sus ojos.
Luego algo más le estaba pasando, sabía exactamente qué era, pero no quería creerlo, no quería ni siquiera pensarlo, quizá así iba a dejar de sentir cada cosa que le hacian. Aunque, eso no evitaba que se sintiera terriblemente asqueada, mientras tanto, las malditas voces se reían, lo estaba disfrutando. Todo se volvió más brusco y más íntimo, JJ estaba desesperada, no supo que hacer hasta que volvió a encontrar su voz y lanzó un grito desgarrador, alguien tenía que escuchar y ayudarla.
—Cállate — le gritó una de las sombras mientras la golpeaba en la mejilla
Sabía lo que sucedía, en el fondo estaba segura de lo que estaban haciendo y no podía hacer nada para detenerlo, lo único que podía hacer era ignorarlo y esperar a que acabara. Se estaba volviendo eterno.
—No sabes cuánto tiempo espere por esto, y lo mucho que lo voy a disfrutar.
Entonces las sombras empezaron a tomar forma, parecían personas, tenían rostro, pero ella solo podía distinguir uno a medias. Lo miró a los ojos, había un brillo siniestro en ellos. Las lágrimas le nublaban la vista y pudo sentir sus manos pegarla más a un cuerpo, no podía alejarse y la desesperación la estaba consumiendo lentamente. Gritaba y se retorcía, pero era inútil, lo que le sucedía ahora parecía ser imposible de parar.
—Eres hermosa.
Después abrió los ojos.
Instintivamente se llevó la mano al cuello, ya no había nada sujentandola. Miró a su alrededor, las sombras habían desaparecido, y ella estaba en su cuarto, en una de las camas, completamente sola. Fue un sueño, pensó, estoy bien, no fue real. Tuvo que respirar profundo varias veces para tranquilizarse, pero le costó dejar de temblar. Todavía podía escucharlos, como ecos, y la aterraba la idea de que de verdad estuvieran ahí, esperando para poder atacarla otra vez. Quería sacarlos de su cabeza, pensar en cualquier otra cosa.
Se levantó para correr un poco las cortinas de las ventanas, todavía estaba soleado, debían de ser como las dos o tres de la tarde. Había gente caminando en la calle, parecía un día tranquilo. Sin embargo, se sentía incómoda parada en la ventana, no quería que nadie la viera, no sabía por qué, pero la simple idea le producía nervios, así que se apartó y se dirigió hacia la cocina. Buscó un poco de hielo y se lo puso sobre la mejilla izquierda, estaba peor de lo que recordaba, casi negra y un poco inflamada. A parte de eso, pasó el resto de la tarde del mismo modo que los otros días, se ducho, comió poco y durmió mucho, a veces con pesadillas que la hacían despertar sudando.
El poco tiempo que le dedicaba a sus emociones la desesperaba, no sabía qué hacer, ni siquiera sabría decir cómo se sentía, lo único que tenía claro era estaba confundida, se preguntaba una y otra vez porque, ¿Porque ella? De todos modos, esto siempre la llevaba a lo mismo: llorar. Y prefería evitar a toda costa que por su mente pasara hasta la más mínima imagen sobre lo que había sucedido esa noche.
Era domingo, casi las ocho y media de la noche, cuando de repente se acordó de la universidad. Los días anteriores habían pasado de forma rápida, y eran como una niebla borrosa en su cabeza, no recordaba mucho, pero estaba segura de que el ataque había sido el jueves, y desde entonces no se había movido de su cuarto, no había ido a clase el viernes, ni a sus prácticas con el equipo el fin de semana. En ese momento la verdad era que no le importaba, pero a medida que pensaba más y más en eso comenzaba a angustiarse
Siempre habría creído que estudiar una carrera le iba a permitir salir adelante, después de todo, conseguir una beca universitaria había sido un gran logro para ella, así que hasta hace cuatro días se había esforzado al máximo en todo lo relacionado a mantener su beca, pero ahora se sentía sin ganas de pararse de la cama. En el fondo sabía que debería intentarlo, que no podía dejar que nada la frenará, pero parecía que simplemente no tenía energía. Pudo haber pasado fácilmente una hora antes de que se decidiera a hacer algo, le costó mucho ir hasta la puerta a recoger su maleta, el dolor había disminuido un poco, pero no lo suficiente como para que ya no la molestará.
Abrió sus notas, pero no podía leerlas con claridad, ni siquiera sabía muy bien de que era el trabajo que tenía que terminar. Trató de releer lo que ya tenía, aunque tuvo el mismo resultado, la cabeza le daba vueltas y no era capaz de concentrarse. Aún así, esto era mejor que seguir recordando lo que había pasado. Tuvo que obligarse a estudiar dos horas más, lo suficiente como para recopilar un trabajo medianamente decente.
Cuando por fin acabó se sentía agotada y le dolía la cabeza, así que no perdió tiempo para ducharse y acostarse de nuevo.
Inevitablemente llegó el lunes, y JJ tuvo que tomar una decisión, podía seguir en su dormitorio o podía intentar salir. No sabía realmente porque, pero hizo su mejor esfuerzo para levantarse y arreglarse, aunque le temblaban las manos. Muchos de los moretones estaban mejorando, así que fue relativamente sencillo esconderlos con el maquillaje.
Salir no fue lo más difícil, al menos no hasta que llegó a la calle y quiso correr de vuelta a su dormitorio. No fue capaz de tomar uno de los transportes, todos iban llenos, y si estaba segura de algo, era de que quería evitar el contacto con otras personas todo lo que pudiera. Sin embargo, todavía estaba herida, y después de un rato de caminar el dolor se convertía en un ardor insoportable que la obligaba a hacer pequeñas paradas para recuperarse, por suerte no era una distancia larga.
Mientras caminaba hacia el edificio principal trató de mantenerse al margen de todo, tomó los caminos que estuvieran más alejados y solos, no miraba a nadie a los ojos, aunque constantemente se aseguraba de que no la estuvieran siguiendo. La aterraba la idea de que hubiera alguien oculto entre las sombras observándola.
Después de un rato tenía a la vista el edificio principal de la universidad, la Catedral del aprendizaje, así se llamaba. Era una construcción demasiado alta, muy imponente a la vista, que parecía tener otros edificios más pequeños pegados en cada uno de sus costados, aunque en realidad todo era parte del mismo. Era de un color beige claro que parecía perla o blanco cuando resplandecía con la luz del sol, sin mencionar el bonito contraste que hacía con el verde de los parques que lo rodeaban y el azul del cielo.
A JJ le encantaba esa vista, La Catedral, era impresionante y le encantaba como su silueta era la única que resaltaba en la zona. Pero hoy no sentía ni la mitad de todo eso, por el contrario, la inmensidad del edificio la intimidaba, no podía evitar pensar que se erguía sobre ella para caerle encima y aplastarla.
Aunque eso no se comparaba con la sensación de temor que la invadió en cuanto llego a la universidad. Había mucha gente, y ella sentía como si todos la estuvieran mirando, parecía que sabían exactamente lo que había pasado, en todos los ojos que veía creía que había una mezcla de lastima y asco, la última siempre más fuerte que cualquier otra cosa. Se quedó congelada a unos metros de la puerta mientras sentía como el pecho se le oprimía, no podía respirar, no podía moverse, a pesar de que tenía unas inmensas ganas de salir de allí. Comenzó a entrar en pánico, le faltaba el aire, sentía que iba a ahogarse en un mar de gente que la miraba como si fuera basura.
Alguien chocó contra ella y la hizo caer al suelo, pero eso no ayudo a que volviera a la realidad, solo causo que la cabeza comenzará a darle vueltas. La estaba invadiendo la angustia, y su respiración se volvía más forzada a cada segundo que pasaba, sentía que iba a desmayarse. Ya no podía ver nada cuando empezó a escuchar una voz, parecía muy lejana y no sabía de quién era, pero estaba segura de que estaba diciendo su nombre, así que se concentró en ella.
Aún no veía nada cuando creyó que la estaban arrastrando, mientras la voz seguía llamándola. Sentía como alguien apretaba su brazo. Durante un segundo entró en pánico, no sabía quién la agarraba, y no tenía la energía para forcejear. Pero, en cuanto se dio cuenta de que esta persona la estaba alejando de la multitud, pudo relajarse un poco, cada vez los pasos y las voces de los estudiantes se oían más lejanos, y en poco tiempo eran casi imperceptibles. Finalmente sintió que estaba recostada contra una pared y pudo por fin empezar a calmarse, respirar mejor e intentar concentrarse en la voz que todavía seguía pronunciando su nombre.
—Jennifer! — La voz era de una mujer. — ¡Jennifer reacciona! — Se le hacía conocida, pero no estaba del todo segura sobre quien era, siguió repitiendo lo mismo una y otra vez, era tan insistente que JJ acabo cediendo, abrió los ojos poco a poco.
Al inicio no pudo ver mucho, la luz le molestaba, y no podía enfocar bien lo que estaba frente a ella. Pero a medida que su respiración se calmaba era capaz de distinguir con mayor claridad lo que estaba a su alrededor.
Ya no se encontraba en la entrada del edificio, sino a uno de los costados de la puerta, el derecho específicamente, justo en una las esquinas donde casi no había estudiantes, en cuanto se dio cuenta de esto dejo de sentir que se ahogaba. También percibía el frío bajo los dedos de las manos, y en la espalda, proveniente de la pared contra la que estaba recostada. Luego sus ojos se centraron en la persona que se arrodilló frente a ella.
Era una chica castaña de unos diecinueve años, tenía los ojos verdes, el cabello, un poco crespo, estaba recogido en una cola de caballo que le llegaba hasta los hombros. Vestía jeans y un buzo de color azul con tres líneas doradas en los brazos, que además tenía una pantera mordiendo un balón de fútbol en el pecho, eran los colores oficiales de la universidad, y el símbolo del equipo de JJ. Cuando lo reconoció, inmediatamente el nombre de la chica vino a su mente, la miró a los ojos, como si en realidad no pudiera creer que estuviera ahí, frente a ella.
—Ana... ¿Que...? —Empezó a decir, pero antes de que pudiera continuar, Ana la interrumpió.
—JJ! Gracias a Dios! Pensé que nunca ibas a reaccionar ¿Que te pasó? ¿Te sientes mal? Parecía que ibas a desmayarte allá en la entrada. — Hablo muy rápido, pero se notaba que sentía un gran alivio, sus brillantes ojos verdes estaban fijos en los azules de Jennifer, como si no quisiera perderla ni por un segundo.
—Yo...—No sabía que contestar, pero no podía dejar que sospechara— Ya estoy bien... Gracias...
Ana Lewis era otra de las jugadoras del equipo, ella y JJ se conocieron poco tiempo después de que la rubia entró a la universidad oficialmente. Fue una de las pocas con las que se llevó bien desde el inicio, a pesar de que era un año mayor que Jennifer, siempre la estaba ayudando, tanto en lo académico como lo deportivo. Después de un par de meses la rubia ya la consideraba como una de sus mejores amigas.
Sintió alivio cuando supo que era ella quien la había rescatado de la multitud, sabía que podía confiar en Ana. Porque si podía confiar en ella, ¿no? Trató de ignorar ese pequeño sentimiento de incomodidad.
—¿Estas segura? — Le preguntó su amiga, que ahora la miraba como si tratará de analizar lo que le había pasado.
—Si —Respondió, pero al ver que la otra no estaba satisfecha, añadió —No es nada, en serio, solo no me he sentido bien en los últimos días. —trató de sonar lo más segura posible, y de sonreír al final de la frase, cosa que no pareció convencer a Ana.
—¿Por eso faltaste a los entrenamientos? — JJ asintió sin mirarla.
—Tuve un resfriado, pero ya me siento mejor.
—Yo no clasificaría eso como un resfriado, parecía que tenías un ataque de asma o algo así, como si te estuvieras ahogando.
Ya se estaba empezando a hartar, quería terminar con la conversación, la incomodidad de que la cuestionara se estaba volviendo enojo.
—Si, pero ya estoy bien ¿Okay? — dijo de forma brusca y tajante, no quería hablar más del tema. Luego vio la cara de perplejidad de su amiga y se sintió mal al instante, no debería haberla tratado así. Respiró profundo y metió la cabeza entre las manos. — Lo siento An, es solo que quiero entrar de una vez y acabar con esto.
Cuando la volvió a mirar a los ojos, Ana todavía parecía no entender del todo la situación, pero no la cuestionó más y la ayudó cuando ella intento levantarse, cosa por la que JJ estaba muy agradecida.
—Al menos deja que te acompañe hasta tu primera clase, solo para asegurarme de que estás bien.
JJ observó la multitud en la puerta, se imaginó atravesandola hasta llegar al vestíbulo, haciendo la fila para los ascensores y luego dentro de uno de ellos, la sola visión hizo que se sintiera ansiosa, no quería pasar todo eso sola. Algo de compañía no estaría mal. Cruzaron miradas de nuevo antes de que la rubia contestará, su amiga todavía estaba preocupada, y ella supo que no aceptaría un no por respuesta.
—Esta bien —le dijo, pero esta vez no intentó sonreír.
Y las dos se dirigieron a la entrada del edificio.
