Capítulo 7
JJ esperaba que ya estando en clase su ansiedad disminuyera, pero el nerviosismo de estar rodeada de gente causaba que no se pudiera concentrar y que constantemente mirara al profesor y a sus compañeros, como si en cualquier momento fueran a saltar sobre ella. Además, de forma completamente involuntaria, se había sentado lo más cerca posible a la puerta del salón, y luego se dió cuenta de que tenía que forzarse a no salir corriendo por ella.
Después de sus dos primeras clases, tomar aire fresco fue la mejor sensación que había tenido en mucho tiempo, le sirvió para calmarse. Aún así, trato de evitar tener contacto con cualquiera que se le acercara, incluyendo a Ana, que había ido a buscarla para preguntarle cómo se sentía. Cuando se vieron, JJ le dijo que tenía que irse, y no le dió oportunidad de que la siguiera. Así, tratando de evitar cualquier roce con otra persona, se encontró a si misma en uno de los rincones más alejados del campus, justo atrás de uno de los edificios. Había unas cuantas bancas blancas puestas en círculo alrededor de una pequeña plaza de piedra, pero nada estaba ocupado, y los árboles y arbustos que rodeaban el lugar la ayudaban a sentirse resguardada, a salvo.
Sin embargo, cada vez que escuchaba voces o pasos acercarse, sentía que su corazón se aceleraba, y esa sensación de estar ahogándose regresaba. ¿Y si los próximos en pasar por ahí eran ellos? ¿La habrían seguido otra vez? Para su alivio, nadie reparaba en el pequeño claro, y cuando lo hacian, ni sé detenían a observarlo.
Después vino el entrenamiento con el equipo de fútbol, y ya no pudo volver a librarse de las preguntas de Ana; había faltado a la práctica del viernes, y tuvo que inventar la excusa de que había estado enferma desde la mañana de viernes hasta la noche anterior. No sé atrevió a explicar porque no podía correr o hacer pases como normalmente lo haría, y tratar de jugar de forma decente fue un infierno. Aún así se las arregló para que nadie, ni siquiera su entrenador, tratará de preguntarle qué era lo que le pasaba.
El martes no fue diferente, y con cada día que pasaba JJ sentía que pertenecía cada vez menos, ya no estaba cómoda prácticamente en ningún lugar que no fuera el pequeño jardín que había encontrado. No quería estar dentro de sus clases, no podía concentrarse y ni siquiera se sentía parte del equipo de fútbol.
Pasaron un par de días y las cosas no cambiaron.
Aunque Jennifer tenía esperanza, pues ese día iba a una clase que, antes, era de las que le parecían más interesantes, así que tenía muchas expectativas, esperaba que pudiera sentirse un poco más cómoda. Sin embargo, tenía un nudo en el estómago que parecía decirle que, pasara lo que pasará, no podía ir, y en cuanto llegó al salón se dió cuenta porque. Mientras entraba y buscaba un lugar para sentarse vio a Tony en la tercera fila, estaba hablando con un chico que ella no conocía. Por suerte no la había visto.
La rubia se quedó paralizada, se le había olvidado por completo que en esa clase también estaba él. No sabía que hacer, no podía moverse, y los recuerdos estaban volviendo de manera descontrolada a su cabeza, se estaba sumergiendo en ellos, como si estuviera en medio de una pesadilla. Un cuaderno siendo estampado contra un escritorio la hizo volver a la realidad. Tenía que irse de ahí de inmediato.
Salió prácticamente corriendo cuando una voz masculina y autoritaria la detuvo antes de que llegara a la puerta.
- ¡Jareau! ¿A dónde demonios cree que va? — Era Nicholas Baely, el profesor de Escritura y Sociedad, la materia de la que estaba intentando huir en ese momento, no sabía en qué momento había entrado.
Se quedó quieta justo dónde estaba, ya no había forma de que logrará escapar, Baely era increíblemente estricto en sus clases, no permitía que los estudiantes que llegarán más de cinco minutos tarde e igualmente no dejaba a nadie salir si ya había iniciado. Así que no tenía ninguna posibilidad de irse, pero tampoco podía quedarse, le temblaban las manos del pánico que le daba estar tan cerca de Tony. Se sentía físicamente incapaz de quedarse ahí, mucho menos de sentarse y tratar de prestar atención con él estando tan cerca, así que trato de intentarlo.
— Profesor, yo... — Se volteo para hablarle, pero no pudo mirarlo a los ojos, y tampoco tenia idea de que era lo que iba a decir — tengo que recoger algo de... — Ni siquiera la dejo terminar.
—¿A usted le parece que a mí me interesa lo que tiene o no tiene que hacer? — lo dijo de forma muy calmada, pero JJ sabía que si intentaba presionar más se iba a meter en un problema, además, sentía un extraño escalofrío en la nuca y sus nervios parecian aumentar a cada segundo — Lo que sea que tenga que hacer lo hace fuera de esta clase, y si es tan importante, créame, es preferible que no venga.
— Si señor, lo siento, yo solo...
— Siéntese Jareau — Fue suficiente para que cerrara la boca y se sentará en el primer asiento vacío que encontró.
En ese corto recorrido se dió cuenta de que prácticamente todo el salon la estaba mirando, incluyendo a Tony, podía sentir sus ojos con una espantosa claridad, y por eso no sé atrevió a devolverle la mirada. Tuvo que ubicarse en la segunda fila, no exactamente frente a él, pero todavía lo tenía muy cerca, no quería que estuviera cerca.
Tenía un frío que le recorría desde la nuca hasta la espalda baja, como una serpiente que constantemente subía y bajaba por su cuerpo, la hacia estremecerse. Sabía que la estaba observando, no sé atrevía a moverse, estaba completamente quieta en su lugar, ni siquiera se sentía capaz de estirar la mano para tomar un cuaderno. La sensación de miedo que la acompañaba en sus pesadillas no solo estaba presente en ese momento, sino que era más fuerte que nunca, cómo su estuviera volviendo a esa noche. Todo estaba volviendo.
Trató de poner atención, el profesor estaba hablando sobre el discurso, fue lo único que pudo captar, sus pensamientos se desviaban constantemente a los ojos que la estaban observando ¿Porque no podía dejar de mirarla y ya? ¿Porque toda esta mierda tenía que pasarle a ella? Quería que la dejarán tranquila, quería ser capaz de concentrarse en sus clases, y de no estar día y noche reviviendo lo que le habían hecho. De todos modos, el enojo era solamente una pantalla que cubría lo que sentía en realidad: miedo.
Cuando no pudo soportarlo más giro ligeramente la cabeza para mirar a Tony, cómo esperaba, sus ojos se fijaron en los de ella, eran justo como los recordaba, burlones y arrogantes, pero aterradores. La miro como la había mirado esa noche, y de pronto estaba volviendo a ese momento, sentía todo claramente, besos, caricias, rasguños, golpes, su cuerpo encima del suyo que lo la dejaba respirar, la desesperación, el asco, el miedo... y en el centro de ese recuerdo estaban esos ojos oscuros que la observaban como si fueran los de un cazador que mira a su presa.
Podía sentir sus manos temblando, las lágrimas acumulandose detrás de sus párpados, de algún modo, supo que iba a sufrir un ataque igual al que había tenido unos días antes en la puerta de la universidad. Intento respirar más lento, pero no podía apartar la vista, y mientras más miraba esos ojos, más se sumergía en los recuerdos, justo antes de que se perdiera completamente un pequeño movimiento la distrajo. Anthony le guiñó un ojo y luego se llevó un dedo a los labios, JJ se quedó helada. Recuerda quedarte callada.
De pronto fue consciente de que su comportamiento podría, no solo llamar la atención, sino que también causar que le hicieran preguntas que por ningún motivo podía responder.
Estaba aterrada de hacer algo que le advirtiera a alguien lo que le había pasado, ese pequeño gesto hizo que la amenaza rondara su cabeza una y otra vez, siempre que la recordaba podía sentir el cuchillo cortando de nuevo su piel, la seriedad con la que Tony le había dicho que iba a asesinarla y la promesa de que todo se iba a repetir. El solo pensarlo hizo que le dieran náuseas. No, tenía que controlarse, disimular un poco, no podía llamar la atención.
Con eso en mente se esforzó por desviar la mirada y sacar sus cosas e intentar tomar notas de la clase, logró escribir lo poco que estaba en el tablero: "discurso", "consistencia" e "intención". Llamar lo que estaba en la hoja palabras era generoso, parecían más bien garabatos inentenigibles, probablemente porque sus manos no podían dejar de temblar. Todos sus esfuerzos no servían de nada, no se concentraba en lo que estaban diciendo, solo en los ojos que todavía la observaban.
Trató de respirar, pero no funcionó.
De pronto algo pequeño apareció en la mesa, justo al lado de su brazo, era una bolita de papel, y parecía que tenía algo escrito. Quería distraerse, así que no pudo evitar tomarla. Empezó a desdoblarla, definitivamente tenía algo escrito, a media que la iba estirando podía distinguir líneas azules encima del papel arrugado. Cuando estuvo lo suficientemente plano leyó lo que estaba ahí automáticamente, y su corazón se detuvo. Había una sola frase:
Estás casi tan hermosa como esa noche. - T
No podía creerlo, se le hizo un nudo en la garganta, y ya no pudo ocultar más las lágrimas. No, no, no. Todo regreso de golpe, quedó atrapada en sus recuerdos, y cuando revivió el momento exacto en que él la había obligado a mirarlo a los ojos mientras acababa sintió unas náuseas insoportables. Iba a vomitar.
Salió corriendo, todo estuvo borroso hasta que se recostó en la puerta del cubículo del baño donde estaba. Se limpió los labios con un poco de papel y respiro profundo, el nudo que tenía en la garganta no desapareció, estaba al borde de las lágrimas, ya no podía contenerse más.
Estuvo un largo rato llorando, lo hizo hasta acordarse de que sus cosas aún estaban en el salón. No quería volver, no sabía si la clase ya se había acabado o si él seguia ahí, no quería que la mirarán más. Así que se quedó durante un rato largo, tenía frío, se acurrucó en la esquina del cubículo y trato de olvidarlo absolutamente todo.
