Capítulo 8
Baely
Incluso él se quedó mudo cuando vio a Jennifer Jareau salir corriendo por la puerta. Se necesitaba mucho valor para hacer algo así en su clase, eso o estar totalmente desesperado, sospechaba que a Jennifer le pasaba lo segundo, pues desde el inicio parecía ansiosa por irse. Aunque, por más afán que tuviera, lo que le había dicho era cierto, mejor que no hubiera ido a qué interrumpiera su explicación, gracias a eso todo el mundo se había distraído, y los estudiantes miraban la puerta mientras un silencio sepulcral cubría el salón. Poco a poco la atención se trasladó a él, especificamente a su reacción, así que hizo lo que sabía hacer mejor: seguir con su explicación como si nada.
De todos modos, aún estaba molesto, no le gustaba que lo interrumpieran, lo que fuera que ella tuviera que hacer le importaba poco, y Nicholas le tenía preparadas algunas palabras en caso de que se volviera a aparecer. Aunque, le parecía extraño, Jareau era de esas estudiantes que no causaban problemas nunca, y, si no fuera por cierto encuentro hace unas semanas, probablemente ni siquiera se acordaría de su nombre. También sabía que estaba en el equipo de fútbol, y que esa era parte de la razón por la que se preocupaba en entregar escritos decentes y mantener su promedio alto. Era una estudiante responsable, no del tipo que inventan excusas o salen de clase cuando se les da la gana.
Además, si la memoria no le fallaba, nunca había faltado a una clase, a menos que hubiera algún partido al que tuviera que ir, así que sin duda lo que acababa de pasar era algo inusual.
El resto de la clase transcurrió con mucha tranquilidad, incluso con fluidez. Al final, Baely recogió los trabajos que estaban programados para entregar ese día mientras el salón se vaciaba poco a poco. Organizaba sus cosas para irse cuando vio un cuaderno olvidado en la segunda fila, justo debajo de la mesa también había una maleta. Eran las cosas de la chica, al parecer no iba a regresar a recogerlas, y tampoco a entregar su escrito. De nuevo se le hizo extraño, jamás le había dado una excusa para no presentar algo.
Justo cuando estaba a punto de marcharse, el sonido suave de pasos sobre la alfombra llamó su atención, Jennifer Jareau había regresado. No pareció notar que él aún estaba en el salón, pues siguió derecho y comenzó a guardar sus cosas con rapidez, era obvio que quería salir de ahí cuanto antes.
—Jareau... — ella prácticamente saltó cuando lo escuchó, y, cuando volteó, él pudo ver que tenía los ojos rojos y rastros de lágrimas marcando todavía sus mejillas. Durante unos segundos no supo que decir, se veía muy mal, hasta parecía asustada. — No me entregó el trabajo.
Fue lo único que se le ocurrió, pero surtió el efecto necesario, Jennifer pareció reaccionar, se pasó la mano por los ojos y empezó a buscar en su maleta. Cuando le entregó los papeles, Nicholas noto que evitaba mirarlo a los ojos. Sin decir ni una palabra se colgó la maleta en el hombro y salió del salón, dejando atrás a un muy confundido profesor. Todo lo que había pasado en las últimas dos horas era muy extraño, no pudo evitar preguntarse qué era lo que le sucedía, que habría podido dejarla en semejante estado.
Oficina de Nicholas Baely, dos días después.
Cómo conclusión general, Baely diría que la mayoría de sus estudiantes eran un montón de idiotas, aunque siempre había algunos que parecían tener una o dos neuronas útiles. De todos modos, tenía que reconocer que sí podía ver un poco de mejora con respecto a la entrega anterior, pero aún era evidente que muchos todavía no entendían el punto del ejercicio; trataban de complacerlo en lugar de defender sus propias ideas.
Por fin llegó a uno de los trabajos que le daba más curiosidad, el de Jennifer Jareau, quería leerlo no solo por lo que había presenciado aquel día en clase, sino también porque su primer ensayo había sido uno de los mejores del curso. Además, tenía un mal presentimiento, una pequeña inquietud, por llamarlo de alguna forma, desde que la vio ese día en clase. Después de leer con atención las tres páginas que había escrito, la confusión lo inundaba completamente, pues siempre era fácil conocer a alguien por medio de lo que escribía y de cómo lo escribía, pero el trabajo de Jennifer era increíblemente contradictorio. La primera página estaba muy bien trabajada, algo que Nicholas le podía atribuir fácilmente, pero desde inicio de la segunda las ideas parecían dividirse, estaban sin desarrollar y sin justificaciones.
Había mucho esfuerzo en la primera parte, aunque el resto parecía hecho apresuradamente, sin cuidar la redacción y la coherencia, eso era lo que lo más desconcertante. Quizá simplemente lo había terminado sin tener tiempo, pero aún así había algo que no terminaba de encajar, mientras que la primera Jennifer parecía centrada, responsable y lógica con lo que proponía, la segunda era desordenada y nerviosa. No pudo evitar recordar lo sucedido en su clase un par de días antes, como su alumna salió sin previo aviso del salón y regresó llorando cuando ya no quedaba nadie, lo que sea que le hubiera pasado la había afectado demasiado.
Estás exagerando, no es la primera vez que alguien se va de tu clase llorando. Pensó, y era cierto, seguramente ella tendría una buena explicación para que su trabajo estuviera tan mal hecho. Entonces, lo único que quedaba era poner una nota provisional y esperar a las reuniones de la próxima semana, dónde los alumnos irían a su oficina para discutir sus trabajos (y cambiar las calificaciones si lo convencían de que tenían una opinión decente).
Además, aunque no quisiera admitirlo, esas sesiones eran interesantes, en más de una ocasión los estudiantes lo sorprendían mientras defendían sus textos. Y la última vez Jennifer había conseguido ganarse su respeto, no pudo evitar sonreír al recordarlo.
Cinco semanas atrás - oficina de Nicholas Baely.
—Adelante. — dijo en cuanto oyó el golpe en la puerta de su oficina, aunque no levantó la vista de los papeles que estaba revisando, solo lo hizo cuando su estudiante se sentó en una de las dos sillas cafés que estaban frente a su escritorio.
Era una chica rubia de ojos azules, la había visto un par de veces en clase, parecía inteligente, al menos a simple vista. Bueno, a ver qué tal lo hace ella. Pensó antes de dejar a un lado lo que estaba haciendo y mirarla a los ojos.
— ¿Nombre? — Preguntó.
— Jennifer Jareau.
Continuo haciendo contacto visual un par de segundos antes de empezar a buscar en la pila de trabajos que estaban a su izquierda, le pareció que Jareau dejó salir un pequeño suspiro de cuando dejó de ser su centro de atención. Encontró el que estaba buscando, lo leyó un poco por encima para recordar bien de que se trataba: era sobre las posibilidades de improvisar en un discurso de acuerdo a las reacciones que el orador obtuviera del público. En el trabajo se defendía que era una técnica válida para que lo que se quisiera decir tuviera un mayor impacto en los oyentes, sin mencionar aportaba ideas y reflexiones propias que contribuían a desarrollar el tema.
La mayor parte estaba bien hecha, y le había puesto 4.6 en la calificación preliminar, dependiendo de cómo respondiera a sus preguntas eso podría disminuir, mantenerse o aumentar. Que empiece el juego.
— Bueno, Jareau, su trabajo es... interesante, aunque creo que hay algunas cuestiones que vale la pena revisar. — Ella no dijo nada, simplemente asintió y esperó a que el continuara.
Después de unos diez minutos de preguntas tramposas y respuestas variadas, el profesor se dio cuenta de que la chica de verdad sabía de lo que estaba hablando, las pocas ideas que no se habían planteado bien en el papel estaban notablemente claras en su cabeza, las podía explicar sin dificultad. Aún así, todavía faltaba lo más difícil.
—Su ensayo está bien estructurado, Jareau. — Empezó diciendo, y vio que ella se relajo ligeramente. —Pero, hay algo que me hace dudar de su capacidad para ser periodista... y es el hecho de que usted no parece tener una buena habilidad para el análisis, aunque su escrito lo contradiga parcialmente. Quizá alguien con su perfil no es idónea para una profesión como esta.
Sus palabras surtieron el efecto que estaba esperando, Jennifer quedó atónita, definitivamente no esperaba un ataque personal de forma tan directa, ahora solo quedaba ver como respondía. Durante un segundo sus ojos azules tuvieron una chispa de rabia, pero desapareció tan rápido como había aparecido. Nicholas podía ver cómo estaba evaluando la situación, sabía que había tocado un nervio importante de su orgullo, y también sabía que se estaba esforzando por dejar a un lado el sentimiento de irá que eso le producía.
La habitación se empezó a llenar de una tensión que era casi palpable, y el no iba a hacer el menor esfuerzo por disminuirla, todo lo contrario, se estaba concentrando en que su expresión y lenguaje corporal transmitieron seguridad y superioridad. Después de un par de minutos Jennifer se decidió a hablar.
— Quizá es usted quien no es apto para ser periodista, o profesor, o cualquier otra cosa, ya que se deja llevar por la impresión de un perfil superficial. — lo dijo con toda la calma que pudo, mientras lo miraba a los ojos.
Tenía que admitir que era una buena respuesta, ella parecía segura, y lo más importante era que le había dado un giro completo a la conversación, dirigiéndola hacía el, y utilizando sus propias palabras en su contra. La chica es buena, pensó mientras una pequeña sonrisa invadía sus labios, sonrisa que se volvió de suficiencia justo antes de que ella tuviera tiempo para interpretar correctamente la reacción del profesor.
— Jareau ¿En serio es tan ilusa como para creer que puede cuestionarme de esa forma? Dígame cuánto sabe sobre periodismo, técnicas de escritura, de discurso, que experiencia tiene publicando artículos o dando clases, usted no es nadie para decirme que perfil debo considerar apto y cuál no. Y considero que el suyo no es apto. Ahora váyase de mi oficina, también evalúe retirar mi clase, y de paso la carrera. — Apenas lo dijo bajo la mirada a su escritorio, apartó el escrito como si fuera un estorbo, algo insignificante, y siguió trabajando como si ella no estuviera ahí.
Eso la había dejado sin palabras, él lo sabía, ahora solo faltaba que saliera de su oficina, honestamente no creía que fuera a contestarle algo.
— No se trata de experiencia, y si usted cree que nadie puede cuestionar sus decisiones, o que puede decirme para que sirvo, entonces no solo no es apto para el puesto, también es un imbécil. — La rabia se le notaba, y apenas terminó de hablar salió de su oficina dando un portazo, sin darse cuenta de que había dejado al profesor con la boca abierta.
Nunca un estudiante lo había llamado "imbécil" en su cara, si lo había oído por otros profesores o a sus espaldas en los pasillos. Pero jamás alguien se lo había dicho tan de frente cómo acababa de hacerlo Jennifer Jareau. Después del shock inicial por lo que acababa de pasar, se encontró a si mismo sonriendo por la audacia de la chica, tenía un carácter fuerte, y lo mejor de todo era que lo había puesto en su lugar utilizando sus propias palabras.
No dejó de sonreír mientras cambiaba la nota del trabajo a una calificación perfecta.
Oficina de Nicholas Baely, día de reuniones.
El reloj marcaba la 1:45, Nicholas estaba en su oficina esperando, ya era hora de que pasara el siguiente estudiante, pero nadie tocaba la puerta. Revisó la lista donde se suponía que tenían que inscribirse para separar sus turnos, repasando los nombres que habían ahí se dio cuenta de que justo ese espacio estaba vacío. Volvió a leerlos uno por uno, y, efectivamente, no había nadie anotado, cosa que no tenía sentido, el mismo se aseguró de abrir treinta y dos turnos, justo el número de alumnos que tenía, así que no debería sobrar ninguno.
Comparó la lista de Escritura y Sociedad con los nombres que tenía marcados, y se dio cuenta de que alguien no se había inscrito para una sesión: Jennifer Jareau.
Hola! Perdón por la desaparición tanto tiempo, la universidad me está matando, pero espero que ahora sí pueda escribir un poco más seguido. Cómo siempre, se aceptan críticas y recomendaciones :). Y, cómo no tengo lector beta, también se busca uno/a.
En fin, espero que vayan disfrutando de la historia.
