Capítulo 9

JJ

JJ iba tarde, últimamente siempre llegaba por lo menos diez minutos tarde a todas sus clases, e, igual que en las otras ocasiones, no tenía ninguna intención de acelerar el paso. Caminaba con la cabeza agachada, evitando mirar a los ojos a las pocas personas que se encontraba, incluso cuando la mayoría de ellas ni siquiera se molestaban en reconocer su presencia. Los pasillos no estaban solos, pero tampoco estaban llenos de estudiantes, y gracias a eso no tenía la horrible sensación de que su corazón latía tan rapido que se le iba a salir del pecho. Además, su paso lento le estaba dando tiempo para asimilar su inevitable llegada a clase, y organizar su cabeza lo suficiente como para planear paso a paso lo que iba a hacer.

Lo primero era revisar desde lejos que el profesor ya estuviera concentrado en dictar la clase, había descubierto que llegar mientras hablaba el profesor, y no uno de los estudiantes, hacía que mucha menos gente se fijara en ella al entrar. Después, se pararía discretamente justo antes de la puerta durante unos segundos, para asegurarse de que ninguno de ellos estuviera dentro de ese salón. Desde el incidente con Tony en medio de la clase de Baely lo ultimo que necesitaba era otro encuentro así, la aterraba la idea de cruzarse a alguno en sus clases y sufrir un ataque de pánico como el de ese día; con el primero ya se había ganado suficiente atención y preguntas que responder, no necesitaba que a alguien más se le pasara por la cabeza que ella no se encontraba bien, o que sintiera la necesidad de confrontarla por eso. Sin mencionar el terror que le causaba la idea de que volvieran a lastimarla.

El siguiente paso era entrar sigilosamente, sin hacer ruido y sin responder a las pocas miradas cuestionadoras que le lanzaran. Odiaba la atención, la hacía sentir como si todos los que la voltearan a ver supieran lo que había pasado, en ese pequeño recorrido de la puerta hasta su asiento siempre deseaba que la tierra se la tragara. Por suerte, la mayoría de las veces la gente se aburria rapido y devolvían su atención al profesor. JJ no respiraba de nuevo hasta que se hubiera sentado, escogiendo un lugar que estuviera alejado de todo el mundo, con al menos una silla vacía hacía cada lado. Esa vez también lo hizo, y apenas entró se ubico en la esquina derecha, al fondo, tratando de evitar cualquier tipo de contacto.

Tal vez fuera una estupidez, pero las sillas vacías se sentían como una barrera a su alrededor. Las pocas veces que se había sentado junto a alguien tuvo serios problemas para mantenerse calmada, porque la cercanía le jugaba una mala pasada a su cabeza: haciéndola ver cosas, escuchar e incluso oler algo que le recordara las horas que había pasado encerrada con esos cuatro desgraciados en la camioneta.

Si, estar lejos era bueno, así podía estar tranquila.

Poner atención seguía siendo difícil, y la mayoría de las veces se encontraba a si misma viendo pasar los segundos en su reloj hasta que por fin se acababa la clase, era insoportable, porque justo cuando ella las miraba las manecillas avanzaban mas lento, y cada segundo se le hacia eterno.

JJ solo sentía alivio cuando todos se habían ido del salón, guardaba sus cosas de la forma mas lenta posible, y siempre esperaba a que todos se hubieran ido para salir. Esa vez no fue diferente, y apenas el profesor desapareció de su vista la rubia se asomo lentamente a la puerta para evaluar cuanta gente había en los pasillos. A penas eran las 10:38 de la mañana, y la universidad estaba repleta, el corredor frente a ella rebosaba de estudiantes que intentaban correr para llegar a tiempo a sus clases. No quería salir del salón, estar en medio de la gente la hacia sentir increíblemente incomoda, se volvía prácticamente imposible que alguien no la tocara o la empujara, y el contacto físico se había convertido en algo insoportable, un pequeño roce la hacía temblar y cualquier cosa medianamente parecida a un abrazo la llevaba a entrar en una ataque de pánico.

Para su desgracia, los estudiantes que iban a usar ese salón estaban empezando a entrar, y ella se vio obligada a salir de el por completo. Respiro profundo y trató de planear lo que iba a hacer. Las escaleras de emergencia no estaban muy lejos y generalmente estaban desocupadas, si lograba llegar hasta ellas podría bajar y salir hacia la parte exterior del campus. Se movió rapido entre la multitud de estudiantes, los cambios de clase siempre eran los peores, porque era prácticamente imposible evitar las decenas de personas que iban por los pasillos. Hizo su mejor esfuerzo para no prestar atención a los pequeños roces que tenía con los demás, por no mirar a nadie a los ojos y por no detenerse. Los cuerpos se movían a su alrededor como una marea interminable, y ella sentía que eran olas intentando arrastrarla hacia el centro para poder ahogarla, se concentro el hacerse a un costado del pasillo, y se alivió cuando sintió como su mano derecha tocaba una de las paredes, la superficie lisa, de vez en cuando interrumpida por un pedazo de pintura faltante o la puerta de un salón le sirvió como un ancla.

Llegó a la puerta de las escaleras de emergencia, la empujo y entró sin preocuparse por si alguien la veía o no. Allí el aire era diferente, no había ventanas y todo olía a polvo, como si fueran un rincón olvidado del edificio, separadas del resto. Pero estaban solas, y eso era todo lo que JJ necesitaba. Una vez ahí se permitió parar, recostarse contra la pared y respirar profundo, el aire frio entró en sus pulmones como un calmante, reduciendo su respiración acelerada.

Las escaleras de emergencia y los pasillos más escondidos y solitarios de La Catedral se habían convertido en los lugares en los que se sentía mas cómoda, buscando escapar de la masa de gente los había descubierto poco a poco y se había adueñado de ellos. Para ese entonces, casi un mes después del ataque, los conocía tan bien que eran como un segundo mapa de la universidad que tenía trazado en su cabeza, a través del que se podía mover con mas libertad, sabiendo que era muy improbable que se cruzara con alguien. Se empezaba a parecer a un ratón, escondiéndose entre las paredes y tuberías de una casa para evitar que un gato se la comiera, aunque en su caso en realidad eran cuatro gatos.

Después de unos quince minutos pudo calmarse y pensar con claridad. Su siguiente clase era dentro de mas o menos una hora y media, así que debería intentar aprovechar el tiempo y adelantar alguna de las lecturas que tenía pendientes, en las que no había avanzado mucho.

Mientras bajaba las escaleras dejó que su mente divagara, pensando en distintas cosas: las lecturas, los trabajos, su próxima practica con el equipo... tenía tanto de que preocuparse, y de todos modos siempre terminaba pensando lo mismo, volviendo a las preguntas que había tratado de responder desde ese jueves en la noche. ¿Por qué ella? ¿Por qué había sido tan estúpida como para dejar que le pasara eso? ¿Alguien había notado como se estaba comportando? ¿Qué ya no comía tanto como antes? ¿Qué prácticamente no le hablaba a sus amigos? Sinceramente esperaba que no, desde lo que había pasado con Baely sabía que tenía que ser extremadamente cuidadosa, esa escena de por si sirvió para levantar suficientes sospechas, especialmente con Ana, que desde que se había enterado parecía vigilarla como un halcón. Por suerte se las había arreglado para no hablar con ninguno de los dos, y para no tener otro accidente en una de sus clases.

Salió por el costado del edificio y eligió su ruta casi de forma automática, mientras su cabeza seguía volando de pensamiento en pensamiento, sin ni siquiera intentar concentrarse en uno solo. A pesar de que el parque principal de la universidad quedaba justo en frente de La Catedral, JJ iba justo en dirección contraria, hacia los otros edificios, los cuales estaban bordeados de arboles y conectados por varios caminos de ladrillo que en ese momento estaban llenos de estudiantes que salían o entraban a sus clases. Pero ella no iba a utilizarlos, solo anduvo por ellos el tiempo necesario hasta desviarse hacia su verdadero destino.

El pequeño jardín que había encontrado ese día mientras de se escondía del mundo entero se había convertido en su lugar sagrado y, junto con su dormitorio, era uno de los pocos espacios donde podía relajarse, donde sentía la tranquilidad de estar lejos de las miradas de todo el mundo. Llegar no era complicado, solo había que rodear el edificio de ciencias y pasar por la pequeña cafetería que quedaba detrás de los laboratorios, un casi imperceptible camino empedrado guiaba al claro, rodeado de arboles y arbustos que lo ocultaban de todos los que no lo conocían. Y al parecer muy pocos lo hacían, porque en todo el tiempo que JJ levaba escondiéndose allí nunca se había encontrado a nadie mas que quienes tomaban onces en la cafetería.

Llegó y fue directamente a sentarse en una de las bancas, dejó su maleta en el suelo e inhalo profundamente. La cabeza le estaba empezando a doler, eso no era raro, ya le había pasado varios días seguidos, sobre todo en medio de sus entrenamientos con el equipo de futbol. Las pastas que le habían dado sus amigas para ayudarla no sirvieron para nada, y JJ estaba empezando a creer que el dolor se estaba volviendo una constante en su vida, porque a pesar de que ya se había librado del que tenia en el abdomen y la cintura, el de cabeza apareció de la nada para atormentarla interminablemente.

Respiro profundo mirando hacia las copas de los arboles que medio ocultaban el cielo, el aire frio y con un ligero olor a humedad era un gran alivio comparado con lo asfixiante que se sentían los salones y las escaleras de emergencia, era relajante. Concentrándose en él y en los sonidos camuflados de animales que correteaban y aleteaban a su alrededor se recostó en una de las bancas de piedra, con sus pensamientos mucho más organizados, a pesar del dolor punzante que iba y venia en su cabeza. Era lo que más le gustaba del jardín, le daba paz.

No supo cuanto tiempo pasó, pero cuando el dolor no era más que una pequeña molestia JJ se incorporo y levanto su maleta para ponerla a su lado. Tenía que adelantar las lecturas que no había hecho en cuatro semanas, y al igual que en sus otros intentos, en este no sentía ni el mas mínimo interés en leer lo que fuera que los profesores hubieran dejado para sus clases. Preferiría usar su tiempo para disfrutar de la paz que le daba ese lugar, pero una pequeña parte de si, casi una vocecita, le decía que tenía que seguir estudiando si quería mantener su beca en la universidad. No podía dejarse vencer de ese modo.

Igual que las otras veces, a pesar del ambiente tranquilo, no pudo obligarse a concentrarse y no pasó de las primeras dos paginas que estaba leyendo. A penas iba en el quinto párrafo cuando el dolor de cabeza volvió con mucha más fuerza que antes, y sin importar todos sus esfuerzos no hubo nada que lo disminuyera. Soltó un gruñido de frustración y puso la cabeza sobre el papel, trató de respirar profundo.

Una, dos, tres, cuatro, cinco... nueve, diez.

Sentía un cosquilleo en las manos y una presión en el pecho que a hacia querer gritar de impotencia, ya no podía mas con esto. Tiró las hojas con fuerza, estas se azotaron contra el suelo, haciendo un leve sonido por cada pagina que chocó contra las piedras. Se había sentido bien, pero no era suficiente, si seguía así no iba a lograr absolutamente nada. Mierda Jennifer, tienes que contenerte un poco, se dijo. Siempre que quería dedicarse a estudiar le pasaba lo mismo, y se pasaba el resto de su tiempo mirando las plantas que estaban a los alrededores del jardín, tratando de ver pequeños animales moviéndose entre ellas, ignorando las lagrimas de impotencia que caían por sus mejillas.

Sentía que desde el incidente con Baely eso era lo único que sabía hacer: perder el tiempo. Quería gritar, salir corriendo o darse un golpe lo suficientemente fuerte que la hiciera sentir liberada. Sentía ese deseo corriéndole vivamente por debajo de la piel, pero al mismo tiempo sentía su cuerpo medio dormido, pesado, con mucha energía deseando salir, pero sin poder mover ni un solo musculo.

Inútil. Exactamente así se sentía, no podía hacer nada mas que llorar y tener pesadillas, la imagen que tenía de si misma estaba cambiando, convirtiéndose en una criatura que creía que no servía para nada. Débil, por no ser capaz de tener algo que compostura y superar de una buena vez toda esa estúpida situación, por no ser capaz de caminar hasta su dormitorio en la noche, de subirse a un ascensor, de hablar por mas de dos minutos con uno de sus amigos, o de si quiera mirar a la gente a los ojos.

JJ estaba cayendo en un hoyo negro interminable, hundiéndose cada vez mas en su propia mierda, y lo odiaba, pero odiaba todavía mas no tener el valor suficiente como para hacer algo al respecto.


Después de pasar mas o menos dos horas llorando en el jardín, sintiendo otra vez asco y vergüenza de si misma se dio cuenta de que ya se le había pasado la hora de su siguiente clase, que para ese entonces iría casi por la mitad. Ya no valía la pena ir, y la verdad era que en ese momento no quería lidiar con nada ni nadie, solo quería irse a resguardar en su dormitorio, lejos de todo.

Con eso en mente se puso de pie y recogió sus cosas, se limpio las lagrimas de la cara y trató de acomodarse un poco el cabello, no quería salir viéndose como un muerto viviente y que alguien se preocupara innecesariamente por ella. Respiró profundo para recomponerse y salió del jardín teniendo cuidado de que no hubiera nadie al rededor, lo ultimo que necesitaba era que descubrieran su lugar secreto, o peor, encontrarse a Tony ahí mismo, en una de las zonas más solitarias de todo el campus.

El sol brillaba en el cielo, aunque el frio aire del inicio de otoño no permitía que sus rayos calentaran mucho. Aun así, era suficiente como para animar a algunos estudiantes a tomar sus almuerzos tardíos fuera de los edificios, disfrutando de el gran terreno verde que poseía la universidad. Eran casi las tres de la tarde, y aunque muchos estaban afuera, disfrutando, otros tenían clases, así que no era una multitud asfixiante como la que había tenido que atravesar esa mañana. JJ no miraba a nadie y procuraba que nadie la mirara, manteniendo la mirada en el piso, aunque siempre lo suficientemente alerta como para notar si alguien la seguía por demasiado tiempo.

Estaba pasando al lado de La Catedral cuando escucho que alguien la llamaba, era una voz masculina.

- Jareau! - No la reconoció, pero tampoco quería pararse a averiguarlo, así que empezó a caminar mas rapido, poniendo todo su empeño en ignorarla por completo.

Pero el dueño de esa voz no parecía querer rendirse, y continuó llamándola, acercándose lo suficiente como para poder tomarla del brazo con el objetivo de que ella se volteara. No fue rudo, pero de todas formas la hizo retorcerse aterrada, quien la había agarrado la soltó inmediatamente. JJ acabó volteando solo para encontrarse con la cara perpleja del profesor Nicholas Baely justo enfrente.