Capítulo 11:
JJ
JJ no pudo respirar sino hasta que salió de la oficina de Baely, pero antes de que pudiera sentir el alivio la voz del profesor la detuvo en seco.
— Jennifer, no sé lo que le pasa, pero a veces hablarlo ayuda. — Y sin decirle una palabra más volvió a la oficina y cerró la puerta.
Ella se quedó congelada. ¿Qué?
Tuvieron que pasar unos cuantos segundos hasta que logró procesar las palabras, no era fácil creer que de verdad Nicholas Baely hubiera dicho algo así, especialmente después de una reunión en la que se había portado como un patán con ella, actuando cómo si la despreciara profundamente y sin importarle en lo más mínimo lo mucho que le habían dolido cada una de sus palabras.
JJ sabía que su trabajo era un asco, pero jamás se imaginó que en esa última hora fuera a escuchar tal cantidad de insultos, una que no se comparaba ni siquiera a la que había recibido en su peor partido de fútbol. Escuchar el discurso de la decepción, la forma en que resaltaba su completa ineptitud para escribir unas cuantas paginas decentes y que la llamaran una "buena para nada" hicieron que estuviera tentada a contestarle, por lo menos a justificarse y dar una explicación decente.
Pero la forma en que le hablaba, todo el enojo que él estaba dejando salir, y que ella pudo sentir como una bofetada en la cara, la había paralizado. Vio en esos ojos marrones la sombra de los de Tony, y por algún motivo se sintió como si estuviera otra vez frente a él, sin poder mover ni un solo musculo bajo esa mirada penetrante llena de satisfacción por el dolor que estaba causando. Durante la primera reunión del semestre la frustración y la rabia habían comenzado a hablar antes de que JJ se diera cuenta de que había abierto la boca, pero en esta la tensión que flotaba en la oficina y el miedo que se acumulaba en su interior hacían que la mantuviera bien cerrada.
Y después de todo eso, de que le estuvo gritando inútil durante una hora completa ¿Baely actuaba como si estuviera preocupado por ella? ¿le daba consejos?
Nicholas Baely no tenía ni la menor idea sobre lo que había pasado, no entendía absolutamente nada.
No tiene derecho a decirme que hacer, no sabe de lo que está hablando, pensó, mientras sus manos agarraban las correas de la maleta con tanta fuerza que podía sentir el patrón de la tela imprimiéndose en su piel.
Era un completo imbécil, uno que estaba empezando a sacarla de quicio. Quería volver a gritarle que era un idiota, que no tenía ningún derecho de opinar sobre su vida. Y, sobre todo, que no tuviera el descaro de tratarla como una cucaracha para luego salir a darle un consejo completamente inútil.
Pero no lo hizo, en su lugar dio la vuelta y se fue caminando por el pasillo en dirección a la salida, hacia su dormitorio, donde podría dejar salir su ira en paz.
Casi tres días después, las palabras de Baely seguían resonando en su cabeza. A veces hablarlo ayuda. Claro, como si eso fuera a solucionarlo todo. Jamás funcionara, además ¿a quién se suponía que se lo iba contar? ¿a la policía? ¿a Baely? Cada opción era peor que la anterior y, para ser honesta, JJ creía que aunque tomara el riesgo de hablarle a alguien no había ninguna garantía de que le creyeran. Ni de que Tony, o Charlie, o Mark o John no se enteraran, y si eso pasaba...
Si le dices a alguien te prometo que no solo te mato, quizá también lo repitamos antes de cortarte el cuello ¿Que te parece?
De todos modos perderías el tiempo, linda, nadie se molestaría en creerle a una zorra como tú.
Es tu palabra contra la nuestra ¿de verdad querrías apostar quien ganaría?
— ¡Apúrate JJ! — le gritó Ana desde la puerta del camerino, sacándola de sus pensamientos.
Miró las medias deportivas que tenía en las manos, todavía no había terminado de ponerse sus tenis para salir al campo, a la ultima práctica con el equipo de futbol antes del primer partido de la temporada. Y no se sentía ni mínimamente lista. El inicio del torneo ya les estaba pisando los talones, y la tensión se sentía en cada metro cuadrado de la cancha. Para JJ, la presión era particularmente mala.
El futbol era de las pocas cosas que quería mantener en su vida, luchaba por no perder algo que podía hacerla sentir como si volviera a ser ella misma, aunque fuera solo por pequeños instantes. Eso sin tener en cuenta que absolutamente todo en su vida dependía de que pudiera mantener su posición en el equipo, su puesto en la universidad, la posibilidad de estudiar una carrera, si la echaban del equipo todo su futuro se acabaría antes de empezar.
Incluso sabiendo eso a la perfección le estaba costando, no se sentía con energía durante los ejercicios, y los días seguidos a esa noche se había inventado toda clase de excusas después de desaparecer de varios entrenamientos. Eso y su falta de concentración estaban empezando a agotar a su entrenador, Robert Swan, y prácticamente había estado caminando en la cuerda floja durante casi un mes entero. Al inicio decir que tenía un resfriado fue efectivo, pero después de otras dos sesiones en las que no se había presentado se le empezaron a acabar las excusas, y simplemente no podía faltar más.
La única razón por la que se lo habían permitido sin decirle mayor cosa era porque JJ era una de las mejores jugadoras, e incluso así ella era consciente de que no podía desaparecer y esperar que la universidad mantuviera su beca y su residencia estudiantil. Eventualmente tuvo que volver a presentarse, para dar una más que lamentable excusa que, estaba segura, absolutamente nadie había creído.
Ahora, mientras salía de los camerinos, sentía una horrible presión en el pecho, como si un elefante le estuviera aplastando las costillas y los pulmones con una de sus gigantes patas. Trataba de recordar cómo era cuando jugaba en East Allegheny, los nervios que siempre le llenaban en corazón cuando tenía que salir a la cancha, todas las emociones que siempre estaban presentes desde que sonaba el primer pitazo del arbitro.
Eso había desaparecido casi por completo.
Ahora solo le quedaba la ansiedad que la sobrecogía en los entrenamientos, ni si quiera el dolor físico que sintió los primeros días podía comparársele. No podía correr sin que pareciera que sus entrañas se estaban quemando desde adentro, y solamente los calentamientos eran suficiente para que se quedara sin aire y sintiera como si su cuerpo se partiera por la mitad, una completa tortura. Por suerte las heridas que tenía, cualesquiera que fuesen, ya habían cicatrizado, al menos lo suficiente para que en los últimos encuentros las punzadas de dolor en el vientre ya no fueran más que soportables molestias.
Pero no por eso los de la última semana habían sido más placenteros. Su ausencia y el comportamiento extraño que tuvo cuando reapareció habían sido suficiente para despertar la curiosidad de sus compañeras y de Swan.
JJ no era tan estúpida como para esperar que no la extrañaran durante esos días, pero si deseaba que nadie tuviera el suficiente interés en lo que le había pasado, que no la cuestionaran y que simplemente la ignoraran. Hasta ese momento, mientras salía del camerino, no había tenido tanta suerte.
Desde el momento en que pisó el campo, tres semanas y media después del ataque, podía sentir dos pares de ojos que siempre la seguían en la cancha, unos le pertenecían a Robert Swan, los otros eran de Ana. Esa tarde nada fue diferente, desde que empezó a dar las vueltas de calentamiento pudo sentir la mirada de su entrenador clavada en ella. A pesar de las incontables e insoportables charlas y advertencias menores que ya le había dado, no parecía confiar en que JJ volviera a estar a la altura del equipo. Aunque, si algo le había enseñado que la observaran constantemente era lo necesario que era aprender a disimular muy bien, desde su forma de correr hasta la de actuar y hablar, porque cualquier pequeño gesto podía levantar sospechas. El que después de tantos entrenamientos todavía no la dejara en paz le decía que estaba haciendo un pésimo trabajo.
Y en ese momento se estaba sintiendo muy desmotivada como para preocuparse de lo que hacía y de lo que no, después de la charla con Baely, de saber que se había puesto en evidencia tan fácilmente ¿Qué le garantizaba que Swan no empezara también a cuestionarla?
Estaban haciendo ejercicios en parejas, tratando de quitarle el balón a la otra para patearlo en uno de los dos arcos vacíos a los lados de la cancha. JJ iba perdiendo, hasta el punto en que ya no llevaba la cuenta. Su "oponente", Laura, no se estaba quejando, pero si parecía un poco confundida con la obvia falta de concentración de la rubia.
Después hicieron un partido, e, igual que en el ejercicio, JJ no tenía la cabeza en el juego, sino en sus pensamientos. Perdió dos valones y desperdició tres tiros al arco que podrían perfectamente haber terminado en gol, cosa que no le pasaba desde casi dos años atrás, cuando todavía estaba en la escuela. Nunca jugaba tan desastrosamente en el equipo de la universidad, su antiguo yo no lo habría permitido. Pero simplemente le era increíblemente difícil concentrarse en lo que estaba haciendo, tener los ojos en el balón y no en Swan, en Ana y en los alrededores para asegurarse de que nadie la estaba mirando más de la cuenta.
Esas dos horas fueron un completo desastre. Cuando se terminó Shawn la llevó a una esquina de la cancha, junto a las gradas, para hablar con ella, otra vez.
— Estas desconcentrada Jennifer, no miras a tus compañeras, pierdes los balones... ¿Qué te está pasando? — Ella ni siquiera se sentía capaz de mirarlo a los ojos, y trataba de mantenerse lo más alejada posible, sin tener idea de que decir.
— Yo... no me he sentido bien, — empezó a hablar despacio, cuidando bien cada una de sus palabras. — creo que son las clases... la presión de los trabajos parciales, a penas nos están entregando notas... y ya vienen otros...
Escuchó un suspiro profundo.
— Mira Jareau, eres importante para el equipo, necesito que lo que sea que tengas lo resuelvas, y pronto, porque si no pondré en tu lugar a alguien que sí este con la cabeza dentro del juego. — Lo único que pudo hacer fue asentir. — Si necesitas ayuda con algo dilo, porque sabes perfectamente que de lo académico también depende que sigas en este equipo.
Sonaba enojado, y en realidad tenía todo el derecho de estarlo, pero esa actitud igual la irritaba. Ya iban dos idiotas que le decían la misma estupidez.
— No se preocupe. — Fue lo único que contestó, y después de unos minutos demasiado largos en los que él esperaba una respuesta más elaborada que nunca llegó, decidió irse sin decir una palabra más.
JJ se dejó caer en una banca luego de unos segundos, tapándose la cara con las manos. No sabía que hacer, se sentía como si fuera a estallar. La rabia que sentía por dentro era insoportable, pero lo peor de todo era que no lograba entender ¿Por qué demonios todo el mundo se estaba fijando en ella tan de repente? ¿Por qué le repetían siempre lo que ya sabía? Se estaba volviendo una inútil, y también una cobarde, ya no era la misma persona que hace tres semanas, y a pesar de todos sus esfuerzos simplemente no podía volver a serlo. No se concentraba en clase, no era capaz de estar a solas con un hombre sin sentirse acorralada, tenía que caminar por lugares solitarios porque no soportaba estar en multitudes, pero al mismo tiempo se moría de miedo si se devolvía a su dormitorio sola al anochecer, y ahora ni siquiera aguantaba tener una conversación con un profesor, y tampoco jugar futbol.
De Jennifer Jareau no quedaba nada que ella misma pudiera reconocer. Necesitaba desahogarse de alguna forma y, por muy buena o muy mala suerte, Ana se sentó a su lado en la banca justo en ese momento.
— ¿JJ? —Su voz era suave, pero la rubia ni siquiera la miró. — Swan puede ser un completo idiota muchas veces, no dejes que sus regaños te afecten.
Se le salió una riza ahogada.
— ¿En serio?
— Oye, no sé qué fue lo que te dijo, pero si necesitas ayuda con algo... — JJ no la dejó terminar.
— ¿Ayuda? ¿Te estas escuchando? — La miraba con incredulidad, como si de pronto se hubiera vuelto completamente loca.
Ana estaba en shock, no esperaba una reacción así de su amiga, y JJ se dio cuenta de inmediato, pero no le importaba. Necesitaba dejar que saliera la frustración de que todos a su alrededor se estuvieran portando como un montón de idiotas.
— JJ...
— No! No tienes ningún derecho a decirme lo que tengo o no tengo que hacer. No tienes idea...
— Oye, cálmate.
— Y tu cállate, si lo único que vas a hacer es dar consejos estúpidos, mejor que ni abras la boca. — No se arrepintió en ese momento de lo que había dicho, ya habría tiempo después para hacerlo, por ahora solo quería que la dejarán en paz. Y su mensaje estaba siendo los suficientemente claro.
— ¿Qué mierda te pasa? — Ana parecía más confundida que enojada.
— Nada que te interese... solo deja de meterte en mi puta vida.
— Como quieras — dijo, levantando las manos como si JJ le estuviera apuntando con un arma, para luego recoger sus cosas e irse por donde había llegado.
Jennifer solo la miro mientras se alejaba, y, muy en el fondo, no pudo evitar preguntarse si tal vez su amiga, Baely y Swan tenían algo de razon.
