Capítulo 12
JJ
Se les estaba acabando el tiempo, iban a perder, y se les estaba acabando el tiempo. Quedaban menos de diez minutos para que se acabara el segundo tiempo, si no hacían un gol quedarían empatados. No sería un mal resultado, pero no ganar el primer partido generalmente marcaba una mala racha para el equipo durante el resto del torneo.
El sudor le corría por la frente mientras sus pies hacían lo mismo a través del campo de la universidad tratando de acompañar a Naomi, que llevaba el balón por el lado izquierdo de la cancha. Una de las jugadoras del equipo contrario le pisaba los talones para quitárselo, pero ella seguía avanzando y en una fracción de segundo miro a JJ a los ojos y lo pateó hacia ella. La rubia lo recibió, buscando alguien más a quien pasarlo, no iba a durar mucho tiempo en el centro de la cancha, era la zona más difícil para moverse.
Se decidió por devolvérselo a Naomi, que ya se había quitado de encima a la chica que la perseguía, pero antes de que pudiera hacerlo otra de las jugadoras del equipo contrario la derribó pateando su tobillo derecho con los taches de sus guayos. Cayó al piso viendo de reojo como el balón se acercaba cada vez más a la portería de las Panteras de Pittsburg, pero el equipo rival, Las Celtas de Carlow, apenas alcanzaron a pasar la mitad de la cancha cuando el pitazo del árbitro las detuvo. Se levantó e inmediatamente sintió el dolor punzante del tobillo, no podía apoyar su peso en el; por lo menos no estaba fracturado, ella ya conocía el dolor de una fractura y este apenas se le acercaba.
Ana, que estaban cerca de ella, no tardó en llegar a su lado para ayudarla a mantenerse en pie, tomó la muñeca de la rubia y se la pasó sobre los hombros, el alivio fue inmediato.
—¿Puedes continuar? —Swan llegó a su lado sin que se diera cuenta, tal vez si no la hubieran estado sosteniendo habría saltado del susto.
—Si, no duele mucho —No sabía si era lo suficientemente convincente, pero no era mentira, las punzadas de dolor ya no eran tan intensas como hace unos segundos, y quería demostrarle a su entrenador que todavía se merecía un lugar en el equipo.
—Bien, entonces ese tiro es tuyo —Le lanzó una mirada que decía "no hagas que me arrepienta"
A unos metros de donde estaban el árbitro sacó una tarjeta amarilla para ponerla sobre la cabeza de la chica que la hizo caer. Deberían expulsarla, un poco más y me deja sin tobillo. Sin pararse a escuchar las protestas de sus compañeras tomó el balón y lo acomodó justo donde tenía que cobrarse el tiro libre. No lo dejó muy alejado de la portería, pero tampoco suficientemente cerca como para que fuera sencillo.
Miró a Ana y le dio una señal para que la soltara, ella lo hizo con cuidado, como si esperara que JJ se cayera a penas lo hiciera. Caminó hasta donde estaba el balón cojeando un poco mientras la arquera del otro equipo organizaba la barrera. Para hacer un gol limpio tenía que perfilarse para patear con su pie derecho y apuntar perfectamente a la esquina del arco. Si lo hacía bien, si lograba que el balón pasara por encima de la barrera sin que la arquera lo alcanzara, ganarían el partido. Se agachó para acomodarlo mejor, asegurándose de que ninguna montañita de pasto fuera a interferir con su trayectoria.
Retrocedió, cada paso marcado por el dolor de su tobillo derecho.
Respiró hondo, miró a Swan, él asintió. Respiro otra vez. Se imaginó cómo el balón iba a volar sobre la barrera, cómo iba a pasar a través de las manos de la arquera para chocarse con la malla que delimitaba el arco. Respiró hasta que los gritos del publico desaparecieron y el dolor se desvaneció.
El sonido del pito retumbó en sus oídos, abrió los ojos y corrió. Pateó sin el más mínimo indicio de duda con su pie derecho, inmediatamente después el dolor estalló y la hizo ver estrellas.
La pelota voló, las chicas de la barrera saltaron para alcanzarla sin éxito, continuó su trayectoria de forma perfecta. La arquera se preparó para interceptar, sus pies se despegaron del suelo, las puntas de sus dedos alcanzaron a rozar el borde del balón… pero no fue suficiente para detenerlo.
Fue un gol limpio.
El equipo se le tiró encima antes de que pudiera reaccionar, la abrazaron con tanta fuerza que no pudo respirar durante unos instantes, pero no se sentía atrapada ni acorralada, sino todo lo contrario. Por primera vez en mucho tiempo Jennifer Jareau estaba sintiendo algo muy parecido a la felicidad.
Una hora después de que se acabó el partido JJ estaba terminando de cambiarse en el camerino todavía con esa sensación de satisfacción en su pecho, era genial. Durante el primer tiempo no había hecho un trabajo extraordinario, solo lo suficiente como para que no la pusieran en la banca y el gol del segundo… fue lo máximo, hasta esperaba que la hubiera revindicado lo suficiente con Swan como para quitárselo de encima un tiempo.
Casi todas las chicas ya se habían ido, como el juego había sido en el campus de Pittsburgh la mayoría pudo irse caminando hasta sus dormitorios. A veces les gustaba salir después de un partido, pero todavía era muy pronto en el torneo para eso, e incluso aunque quisieran celebrar JJ probablemente preferiría irse a descansar, estaba agotada. Miro su reloj, marcaba las 6:23, estaba oscureciendo y llegar temprano ya se le había vuelto una costumbre.
Pero antes de irse tenía algo que hacer: buscar a Ana y disculparse. La forma en que la trató no fue justa y, aunque si funcionó para que la dejara en paz, no quería sentirse totalmente sola, tener a una amiga que se preocupara por ella y que estuviera pendiente de cómo se sentía era algo que después de unos días había empezado a extrañar. Tampoco ayudaba que ella siguiera actuando como si nada, excepto por el hecho de que prácticamente no se habían hablado en una semana. Ana era una de las pocas amigas cercanas que tenía en la universidad y, aunque definitivamente no estaba lista para contarle que era lo que la atormentaba, lo mínimo que se merecía era una disculpa. Justo iba saliendo del camerino cuando Swan la interceptó.
—Fue un buen tiro, Jareau, sigue así —Le dio una palmadita en el hombro y siguió su camino.
Ella sonrió para sí misma, tal vez no todo era un absoluto desastre, tal vez todavía podía parecerse un poco a la Jennifer del pasado.
Pero no podía ser tan simple cómo anotar un gol en un partido ¿cierto?
Pasó los camerinos y empezó a caminar por el campus, todavía había mucha gente a los alrededores de la cancha, de Pittsburg y de Carlow. Naomi y Laura, dos de sus compañeras, la detuvieron para preguntarle cómo seguía de su tobillo. Todavía le dolía cuando caminaba, pero no era nada insoportable.
—Oigan, ¿Han visto a Ana? Tengo que hablar con ella.
—Creo que iba a La Catedral a verse con Tania, ya sabes, a qué la "acompañe" hasta su cuarto o algo así —Naomi le guiño un ojo y JJ solo se rio.
Tania era la "casi algo" de Ana, se pasaban mucho tiempo juntas y no era extraño que su amiga hablara mucho sobre la estudiante de derecho. Las había visto juntas un par de veces en el campus o en la cafetería y era muy obvio que había sentimientos de ambas partes. Se despidió de Laura y Naomi y fue a buscar a Ana, caminó a través de la multitud, esquivando a varias personas. Por suerte su amiga no se había alejado mucho, la vio acercándose al edificio de Cine y Medios a paso lento.
No estaba muy lejos, podría haberle gritado, y estaba a punto de hacerlo cuando una mano agarró su muñeca e hizo que se volteara. Si no gritó fue porque quedó paralizada de miedo, Tony y Charley habían salido prácticamente de la nada.
Su mano le apretaba la muñeca, e igual que esa noche de jueves el frio le corría por la espalda, lo sentía en cada extremidad de su cuerpo. No podía moverse, solo temblaba por los escalofríos. Se había quedado completamente paralizada, sin poder moverse y sin poder emitir el más mínimo sonido.
Se vio otra vez al lado del parque, y sintió el olor particular que dejaba el paso del verano y en inicio del otoño en los árboles al otro lado de la calle. Se vio intentando forcejear, era extraño, como si estuviera parada al lado de sí misma viendo como su brazo se movía, pero sin sentirlo, solo sentía la fuerza opresiva de la mano de Tony sobre su muñeca. Él estaba hablando, pero no decía algo que ella pudiera entender. Se escuchaba como si la estuviera felicitando, ¿por qué la felicitaba? Y luego estaba preguntándole que hacía sola tan tarde…
Eran como dos voces que se sobreponían para no dejarla distinguir que era lo que decían. De pronto cayó en cuenta de que eso no debería importarle, tenía que preocuparse por salir de ahí, por escapar, porque se iba a arrepentir si no lo hacía. Tenía que correr, y si no se movía en ese momento ya no iba a poder hacerlo, la llevarían a esa camioneta a rastras… y…
—¡Hey! —Fue el grito de una mujer, provenía de una voz distinta a las que se apelotonaban en su cabeza, era clara y firme.
Lo más importante de esa voz era que no pertenecía a la escena que estaba viendo, tal vez por eso la escuchó con tanta claridad, o tal vez porque era la voz de la persona a la que estaba buscando.
—Oye, idiota, suéltala. ¿Cuántas veces tiene que decirte que no para que la dejes en paz?
Volver a la realidad se sintió como caerse en el campo otra vez: un golpe seco en las costillas que la dejó sin aire. Ana irrumpió la escena con tanta fuerza que la sacó de sus recuerdos, todo se hizo más claro, pero el frio que sentía hasta los huesos no desapareció.
Tony no la soltó de inmediato, le apretó un poco más la muñeca e hizo un ademan de querer acercarla más a él, pero fue demasiado rápido y en un parpadeo ya estaba libre. Se tocó la muñeca y notó la presencia de Ana junto a ella, era reconfortante, como si fuera un escudo que la estuviera protegiendo, al menos un poco, de los dos hombres que tenía enfrente.
—Relájate, solo queríamos felicitarla, estábamos viendo el partido y JJ se lució, ese gol fue genial —Mientras lo decía no le quitó la mirada de encima, sus ojos estaban clavados en los suyos con esa intensidad particular e insoportable.
—Ya la felicitaste, ahora largo —El tono de su amiga era increíblemente seco, JJ deseo ser capaz de hablarles así.
Tony subió las manos en señal de rendición y retrocedió casi imperceptiblemente, pero sin dejar de poner esa estúpida sonrisa de suficiencia en su rostro, como si ella fuera su cómplice de algún modo.
Resistió el impulso de ponerse detrás de Ana más de lo que ya estaba, no podía parecer que se estaba escondiendo, no podía ser tan obvia, mucho menos en frente de Tony. Ambos sabían que ella estaba alterada solamente con su presencia, y era más que obvio que disfrutaban su total incapacidad para hacer cualquier cosa al respecto.
Por suerte no estaba sola.
—¿Quieres algo más? ¿O puedes irte de una vez?
—Que genio, deberías parecerte más a JJ, desde que llegamos no ha dicho ni una palabra —Se lo dijo a Ana, pero la miró a ella, no podía ser un mensaje más claro: "así es como quiero que sigas".
Su amiga soltó un resoplido de exasperación, parecía lista para abofetear al jugador de futbol americano, y a pesar de lo mucho que JJ quería que lo hiciera no podía permitir que las cosas se salieran de control.
—Solo vámonos —Le dijo, mientras tocaba su muñeca suavemente.
Ana la miro con cara de "¿estás loca o qué?", pero no hizo nada más que voltearse sin mirar a los dos chicos e irse por donde había venido. JJ la siguió sin pensarlo dos veces, no iba a quedarse sola con esos dos.
—No te vayas muy lejos —Le gritó Tony cuando todavía estaba lo suficientemente cerca para escucharlo.
Lo ignoró y caminó más rápido.
—Oye… —Ni siquiera volteó a mirarla.
—No sé cómo los aguantas.
—No importa, oye, necesito hablar contigo —Siguió caminando.
Ya casi habían llegado a La Catedral y Ana seguía ignorándola. No se detuvo hasta que JJ la tomó del brazo y la obligó.
—Necesito hablar contigo —Le dijo con una seguridad que no había oído en si misma desde hace un buen tiempo, y funcionó.
—Bueno, dilo —Todavía estaba enojada, se notaba.
—Lo siento, ¿sí? Estallé contigo y no fue justo —No era suficiente—has hecho demasiado por mí las últimas semanas, en serio, no sé porque me comporté como una idiota contigo… y la verdad es que no quisiera perderte como amiga por culpa de una estupidez mía.
Cuando terminó de hablar su amiga sonrió.
—Ya basta, en serio suenas patética cuando te disculpas —Le dio un codazo amistoso—. Estas oficialmente perdonada por portarte como una idiota.
Caminaron durante unos segundos en silencio.
—Pero tengo que preguntártelo —Supo qué era antes de que lo dijera—. ¿Qué es lo que te ha estado pasando? Actúas muy extraño, es obvio que no estas bien.
No sabía cómo responder a esa pregunta.
