Capítulo 13

JJ

No sabía que contestar a eso, porque si le decía la verdad…

Si se lo dices a alguien te mato, peo tal vez lo repitamos antes de que te corte el cuello. No, hablar, aunque fuera Ana, era una opción descartada.

—No lo sé… es solo que tengo demasiadas cosas en la cabeza…

Ana resopló con irritación.

—Por favor, JJ, ni siquiera tú te crees eso —Por supuesto que no lo creía, para este punto ya debería saberlo.

Ella suspiró, no sabía que decir, pero tampoco quería mentirle más.

—Mira, si no me quieres decirme lo entiendo, y no te voy a forzar, pero no deberías guardártelo así —asintió, la verdad era que ya no quería hablar más del tema.

Pronto la conversación volvió a fluir, hablaron de Swan, que era un sargento insoportable, de que pronto empezarían los parciales que serían una pesadilla para todas las chicas del equipo y sobre el torneo, tenían que ganarlo, no había opción de fallar.

Pronto estuvieron cerca de La Catedral, donde su amiga iba a reunirse con Tania. Ya la estaba esperando en la entrada cuando llegaron, se saludaron con un beso en la mejilla y un abrazo que casi parecía solo de amigas.

JJ sabía que ya era momento de que ella se fuera, no quería entrometerse en el encuentro de esas dos, pero la idea de caminar sola a casa cuando ya estaba oscureciendo hacía que se le formara un nudo en el pecho. ¿Y si la seguían otra vez? ¿Tony y Charley estarían enojados porque ella los rechazara en público? Probablemente sí. No quería irse sola, pero no creía que tuviera alguna otra opción.

—Y… JJ ¿iras a tu dormitorio? —Ana interrumpió sus pensamientos.

—Si, estoy cansada, diviértanse —Trató de darles una media sonrisa para disimular su nerviosismo.

Por favor díganme que me puedo ir con ustedes, por favor díganme que me puedo ir con ustedes…

—Entonces que descanses, nos vemos en el entrenamiento del miércoles —Sin decirle ni una palabra más las dos chicas se fueron juntas.

Respiró profundo, tenía un largo camino por delante.


Baely

No podía sacarla de su cabeza, desde que recibió la confirmación de que ya no estaba en su clase no había logrado dejar de pensar en Jennifer Jareau. Ese cambio repentino en su actitud, en sus trabajos, todo era completamente desconcertante. Quizá lo peor era que no pudiera quitarse ese deseo de saber porque, necesitaba entender, y esa necesidad lo estaba impulsando a hacer cosas ridículas como ir a ver un partido de Las Panteras de Pittsburg solo para observar a cierta estudiante.

El golpe que recibió durante el segundo tiempo fue muy salvaje, pero igual de impresionante que el gol que Jennifer hizo justo después. No lo entendía ¿Cómo era posible que todo ese carácter hubiera desaparecido de la nada? Alguien que tenía la determinación para reponerse con tanta rapidez y para seguir con la cabeza fría no podía cambiar su personalidad de la noche a la mañana.

Después del partido, mientras paseaba por al campus hacia la salida, vio una escena que le llamó la atención de inmediato.

Jennifer estaba hablando con un par de chicos, ella estaba de espaldas y a Nicholas le costó un poco distinguir a uno de los dos que estaban con ella: Anthony Miller. También estaba en esa clase, y solo resaltaba porque su arrogancia se sentía a kilómetros de distancia.

Si no lo reconoció de inmediato fue porque toda su atención estaba concentrada en la forma en que él estaba agarrando la muñeca de la rubia. La mantenía cerca y no la soltaba, Jareau se veía demasiado incomoda. Inmediatamente recordó la reunión, en ese momento se veía tan vulnerable como se había visto ese día en su oficina. Si esa escena se le hubiera presentado al inicio del semestre lo que habría esperado de ella era una reacción que fuera al mismo tiempo explosiva y firme: un insulto inteligente y una bofetada. Ahora, el que no hiciera nada para quitárselo de encima estaba empezando a parecerle "normal".

Notó como no estaba mirándolo a los ojos, y parecía estar paralizada, solo reaccionó cuando apareció otra chica, una de las jugadoras del equipo, lo supo porque tenía puesto el característico buso negro con la pantera en el pecho. Anthony la soltó casi de inmediato, ella retrocedió y, después de unos minutos de tensión, las chicas se fueron, Jennifer unos pasos atrás de su amiga. Parece como si estuviera huyendo de algo, pensó mientras la veía alejarse.

Los dos chicos todavía estaban ahí, se dijeron algo que él no pudo escuchar, pero los vio reírse y chocar las manos.

Eso había sido extraño, esa interacción, la forma en la que Jennifer actuaba… tenía la sensación de que esos dos tenían algo que ver con lo que fuera que la hubiera hecho cambiar tanto. No debería interesarle, pero la curiosidad estaba empezando a ganarle, y el deseo saber qué era lo que le sucedía cada vez se hacía más fuerte.


JJ

La felicidad que siguió el haber marcado ese gol, tres semanas antes, se esfumó en cuestión de horas, ni siquiera días. JJ estaba justo en medio de la época de parciales del semestre y cada día era peor que el anterior, no podía concentrarse en responder a las preguntas que le hacían en ninguno de los exámenes, y cada ensayo que hacía se sentía como un patético intento de presentar algo por compromiso.

En medio de la oscuridad de su dormitorio, acostada en una de las camas mirando hacia el techo, se sentía como un absoluto fracaso. La ansiedad y la preocupación de no obtener el promedio mínimo para mantener su beca y su posición en el equipo la estaba comiendo por dentro, se sentía como si un elefante la estuviera aplastando. Ya se había prometido a sí misma que, pasara lo que pasara, no podía dejar que la echaran de la universidad.


Esa determinación fue lo único que le ayudo a sobrellevar los exámenes y los partidos de futbol. Al final logró entregar cosas "decentes", lo suficiente para pasar sus materias, pero no sabría si el promedio sería suficiente para conservar su beca hasta que la universidad enviara la carta de respuesta a su solicitud de renovarla.

Por lo menos sabía que su puesto en el equipo ya no dependía de mantener a Swan contento, se había esforzado por jugar bien, y las Panteras lograron llegar hasta la final del campeonato, no ganaron, pero su desempeño había sido lo suficientemente bueno como para que no la volvieran a amenazar con sacarla. Sin duda que había sido un gran descanso, aunque todavía no podía dormir con tranquilidad, faltaba su beca. Los últimos dos días se los había pasado en su cuarto caminando de un lado a otro, y justamente eso estaba haciendo en ese momento, en un par de días las cartas de respuesta estarían disponibles para que los estudiantes las recogieran.

Paseaba entre las cosas que estaba empacando para llevar a casa. Iba a pasar Navidad en East Allegheny con sus padres, volvería por primera vez desde que había entrado a estudiar. Un año, volvería después de un año.

Después de que su hermana había muerto las navidades en su casa se habían vuelto deprimentes, la alegría que sus padres solían sentir se esfumó por completo. Esperaba que no fuera una decisión de la que acabara arrepintiéndose, pero la idea de quedarse en el campus sola, sabiendo que estaría casi totalmente vacío… le daba terror. Ya no sentía que fuera un lugar seguro para ella ¿Qué pasaría si Tony o alguno de los otros decidía quedarse también? No quería esperar a averiguarlo, prefería las peleas navideñas con su familia.

Hubo un ligero toque en la puerta de la habitación, el corazón le dio un salto y se le heló la sangre.

—¿JJ? ¿Estás ahí? Tengo tu carta de la beca, vi que ya estaban en la oficina y la traje —dijo la voz de Ana a través de la puerta.

Reaccionó, se sacudió las manos y respiró profundo, cuando abrió la puerta su amiga estaba sonriendo con dos sobres de papel en la mano. Ella también tenía una beca deportiva y estaba esperando su renovación con tanta ansiedad como JJ.

Se sentaron en la cama, le pasó el sobre.

—¿Lista?

Contaron hasta tres y los abrieron al mismo tiempo.

"Jennifer Jareau, estudiante de segundo semestre de Periodismo y comunicación, se le informa que su solicitud de renovación de beca deportiva para jugar con Las Panteras de Pittsburgh ha sido aceptada para el próximo semestre".

Ha sido aceptada para el próximo semestre.

—¡Me aceptaron! ¿y a ti?

Su amiga la abrazó gritando "si" una y otra vez, JJ se reía incontrolablemente, por fin estaba recibiendo buenas noticias.