JJ
Con el semestre a punto de volver a empezar, JJ había tomado una decisión: iba a contar su versión de la historia. Su determinación casi se derrumba cuando comenzó a armar su horario y se dio cuenta de que ya no estaba en East Allegheny, lejos y a salvo. Si las cosas salían mal... no quería ni pensarlo.
Volvió a tener un poco de tranquilidad cuando pasó la primera semana y confirmó que Tony no estaba en ninguna de sus clases. En ese tiempo no lo había visto en el campus, ni a él ni a los otros. Tal vez era muy pronto para festejar, pero comenzaba a sentir que todo iba poco a poco volviendo a la normalidad.
Incluso ahora tenía una nueva compañera de cuarto, se llamaba Sharon y era estudiante de ingeniería.
Todo era tan extraño y... familiar al mismo tiempo, tanto que JJ sentía que podía seguir con su vida como si nada hubiera pasado, enviando los recuerdos de esa horrible noche a lo más profundo de su mente. Incluso las pesadillas comenzaron a disminuir y a ser cada vez menos frecuentes. Todavía evitaba atravesar el parque durante las noches, pero por lo menos ya no sentía que la estaban persiguiendo a cada segundo.
Eventualmente se los encontró en los pasillos y en los campos de entrenamiento, pero para su sorpresa ellos simplemente la ignoraron, ni siquiera la miraban cuando estaba cerca. Se comportaban como si la peor noche de su vida no hubiera existido.
Era algo que la llenaba de rabia ¿Por qué ellos sí podían andar a sus anchas por el campus? ¿Por qué nadie se daba cuenta de que en realidad eran unos monstruos?
Se demoró casi tres meses, pero logró reunir el valor suficiente para presentarse en la estación de policía del campus. Cuando llegó sentía que le faltaba el aire y que las manos le temblaban, pero ya estaba en la puerta y no se iba a permitir arrepentirse. En teoría no debería ser tan complicado ¿Por qué le costaba tanto si ya estaba decidida?
— ¿Te puedo ayudar con algo? —le preguntó.
— Quiero reportar... una... una... violación —la última palabra fue un susurro y tuvo que repetirla para que la mujer la escuchara bien.
Idiota, pensó cuando el calor le subió a las mejillas.
JJ no la estaba mirando a los ojos, pero pudo escuchar un suspiro resignado mientras asentía y buscaba unos papeles en los cajones de su escritorio.
— Tienes que llenar estos datos mientras llamo a un oficial que hable contigo —su voz, llena de lástima, solo la hizo sentirse más miserable.
No se imaginaba que escribir cosas tan sencillas como su nombre y fecha de nacimiento fuera a ser tan difícil, sus manos no dejaban de temblar. Se tardó una eternidad y el oficial que iba a hablar con ella se demoró lo mismo en atenderla. Casi deseaba que se olvidaran de que estaba ahí, para que pudiera hacerle caso a esa parte de su mente que le decía que lo mejor era salir corriendo mientras todavía tenía tiempo. Respiró profundo para calmarse, no era momento de acobardarse.
Por fin llegó. Parecía un policía promedio: alto, blanco, ojos cafés, pelo negro, uniforme azul y una carpeta de cartón en la mano. En la placa de su nombre se leía "Higgins".
— ¿Eres la que viene a reportar la violación? —ella solo asintió mientras jugaba ansiosamente con el esfero—. Bien, dame eso y sígueme.
Le entregó los papeles y lo siguió a través de los pasillos de la estación, entre más avanzaban más sentía que el corazón se le salía del pecho y que se quedaba sin aire. Llegaron a una pequeña sala en la que había una mesita de café y un sofá de cuero negro, Higgins la dejó pasar primero y cerró la puerta. Le hizo una seña para que se sentara y JJ obedeció sintiendo como las uñas se le enterraban en las palmas de las manos.
Dejó la carpeta en la mesa y se acomodó para quedar frente a ella.
— Necesito que entiendas que, incluso teniendo tu declaración, es necesaria una investigación —su voz era plana y monotona—. Hay que buscar pruebas antes de determinar a un culpable.
Es mejor que nada.
— Entiendo.
El asintió, sacó una libreta pequeña y un esfero del bolsillo frontal de su camiseta.
— Muy bien, entonces cuéntame lo que pasó.
JJ respiro profundo y se abrazó a sí misma, no dejó que su voz temblara cuando comenzó a hablar.
No lloró, por lo menos no hasta que llegó a su habitación y se encerró en el baño. Las manos todavía le temblaban cuando cerró la puerta, su respiración era agitada y se sentía mareada, pero lo había hecho.
Casi no podía creerlo, había hablado.
Se suponía que tenía que sentirse feliz, liberada, como si se hubiera desecho de un peso imposible de cargar, pero era todo lo contrario; le parecía que el mundo se le venía encima. Sentada en el piso del baño, con la espalda apoyada contra la puerta, cerró los ojos y puso las palmas de las manos en el suelo, la frialdad de las baldosas le ayudó a no dejarse llevar por el pánico, se concentró en eso.
Su fuerza de voluntad cedió, sus lagrimas comenzaban a escaparse por debajo de sus párpados. No era un llanto incontrolable y desesperado como esos a los que ya se había acostumbrado, era suave.
Tranquila, lo hiciste, ya lo hiciste. Se quedó así un tiempo, hasta que unos golpes en la puerta de su habitación la devolvieron a la realidad. Apenas se estaba levantando cuando escuchó la voz de Sharon, amortiguada por la distancia que había entre ellas.
— ¿JJ? ¿Me puedes abrir?
Cuando se miró al espejo se dio cuenta de que en realidad no se veía tan mal, sus ojos no estaban tan rojos y pudo disimularlo bastante bien salpicándose un poco de agua en la cara.
— Gracias, olvidé mis llaves esta mañana —dijo Sharon mientras entraba—. ¿Por cierto... por qué aseguras la puerta? no es como que alguien vaya a intentar meterse en nuestro cuarto.
— Es por costumbre.
No le dio más importancia al asunto.
Dos semanas después de su visita a la estación a JJ la carcomía la incertidumbre, no sabía nada de la denuncia. Le había dado al oficial la dirección y el número de su dormitorio para que le enviaran allí las notificaciones formales, pero no llegaba nada.
Era lógico que se demorara, podían pasar semanas antes de que recibiera alguna noticia.
En realidad no era el silencio de la policía lo que le preocupaba, sino que había comenzado a notar de nuevo las miradas de Tony, Charlie, Mark y John. Casi que de un día para otro comenzaron a seguirla de nuevo en los pasillos y después de los entrenamientos.
No le decían nada, no le hacían nada, solo la miraban.
Volvía a sentirse como en esas primeras semanas después del ataque: perseguida. Eso la aterraba. Al final, su desesperación creció tanto que decidió ir de nuevo a la estación de policia del campus.
Cuando llegó la recibió el oficial Higgins y, antes de que ella pudiera preguntarle algo o mencionar lo que le estaba pasando, él le dijo que tenía noticias sobre la investigación.
— Lo mejor es que hables directamente con el jefe—le hizo una seña para que lo siguiera y la guió hasta la parte de atrás de la estación, donde había una puerta de madera oscura con una placa dorada en la que se leía "Rodrick Frisman".
La hicieron pasar a la oficina y tomar asiento frente al escritorio, el detective, un hombre con gafas que tendría unos treinta años, ya la esperaba. JJ supo que algo iba mal incluso antes de que Frisman comenzara hablar.
— Estuvimos revisando tu caso, Jennifer, y la verdad es que no encontramos suficiente evidencia para respaldar tu denuncia —lo dijo con la mayor tranquilidad del mundo, pero a ella le costó procesar sus palabras.
— No entiendo...
Él se quitó los lentes y suspiró, indiferente a la ansiedad que se apoderaba de JJ.
— ¿Qué era lo que buscabas con esto? —le dijo mirándola a los ojos— ¿Querías que echarán a Anthony y a los otros de la universidad? Porque si es así, dejame decirte que no lo vas a conseguir.
JJ no podía creer lo que estaba escuchando.
— ¿Qué? No... No quiero... —pero él no la iba a dejar hablar.
— Jennifer, hablamos con ellos y asegurarón que todo lo que pasó fue consensuado —tomó de su escritorio una carpeta de cartón que tenía el logo de la policía y la abrió.
El detective sacó cuatro hojas de papel y se las mostró, JJ reconoció el formato; era el mismo que le habían dado a ella para escribir su declaración el día que hizo la denuncia. Pero ninguna de esas era la suya, no reconocía la letra.
— Los cuatro aseguraron que fuiste con ellos voluntariamente —eso no era cierto, pero antes de que pudiera protestar él levantó la mano para indicarle que no hablara—, aquí la única con una versión diferente de la historia eres tú, y entenderás que no puedo arruinarles la vida a cuatro muchachos tomando de base una simple suposición.
No sabía que decir, una parte de ella quería reírse por lo ridícula que era toda la situación.
— ¿Usted no me cree? —en realidad no era una pregunta.
— No importa lo que yo crea, lo que importan son los hechos.
Eso era demasiado.
— No me venga con esas estupideces, si lo que importara fueran los hechos no estaría diciéndome esto —ahora sentía rabia— ¿Quiere que le cuente a detalle todo lo que me hicieron, detective?
A Frisman no parecía importarle en lo más mínimo su indignación. La miraba como si fuera la cosa más insignificante del mundo, y en sus siguientes palabras no pudo disimular el fastidio que sentía hacia ella.
— Ya lo hiciste —dijo—. Tienes que entender, Jennifer, no se merecen que les arruine la vida así.
JJ sintió lágrimas acomodarse en el borde de sus ojos.
— No es justo ¿y mi vida qué? ¿ellos hacen lo que quieren y yo no puedo decir nada? —no lo creía, que le estuviera diciendo todo eso a un policía.
El tono desesperado y furioso de JJ tenía sin cuidado al detective, que volvió a guardar las declaraciones en la carpeta. La miró a los ojos antes de hablar.
— No puedes esperar que tú comportamiento indecente vaya a ser cubierto con una falsa denuncia —¿Comportamiento indecente? Eso sí le había dolido—. Estos chicos están a punto de graduarse, solo les falta un año, no voy a quitarles esa posibilidad.
De repente se sentía como una completa idiota ¿Por qué había creído que iba a lograr algo? Ellos tenían razón, siempre la habían tenido, su palabra no valía nada.
— ¿Entonces no van a hacer nada? —su voz salió ahogada y temblorosa, no quería llorar, no frente a él.
Frisman abrió un cajón de su escritorio, sacó otro papel y comenzó escribir sobre el.
— Si no vas a retirar los cargos archivaré el caso y daré por terminada la investigación —firmó la hoja en la esquina inferior derecha—. Son buenos muchachos, los conozco, no se merecen lo que les estás haciendo.
