The Witch and the Beast es propiedad de Kousuke Satake.


5

Llamada


—Guideau, nos detendremos aquí.

—¿Otra vez?

El reclamo cargado de fastidio hizo eco en todo el pasillo. Para cuando Guideau se dio cuenta de que había alzado demasiado la voz, ya era tarde. Ashaf solo suspiró con paciencia, y salió del ascensor primero.

—¿No querías deshacerte de tu ropa lo antes posible? —ironizó, levantando una de sus finas cejas.

Guideau se adelantó, empujando sus hombros en el proceso. Si de ella dependiera, se arrancaría las molestas prendas allí mismo. Le apretaban demasiado, especialmente en el pecho y la cintura. Su piel estaba sensible y sentía una presión e irritación constantes donde el corset se ajustaba. Además, las innecesarias capas de ropa la hacían sentir que se asfixiaba. Pasó a los vestidores, conociendo el camino de memoria aunque solo había estado allí una vez, y Ashaf la siguió, caminando con parsimonia.

Dentro, una joven vestía un maniquí. Era una habitación grande, con banquitos para sentarse, mesas con bebidas, maniquíes, y muchos espejos. El descontento rostro de la bestia se reflejaba desde todas las direcciones.

Ashaf saludó con educación, mientras que Guideau entró sin saludar, arrancándose la capa antes de haber llegado al biombo.

—Por aquí, por favor —la muchacha se apresuró a señalar al bimobo más cercano. Lo desdobló rápidamente, ocultando a Guideau de la vista, y Ashaf desvió la mirada.

—Venimos a devolver estas prendas y cambiarlas por ropa de la superficie —explicó al fin.

La joven asintió, y cruzó la habitación en busca de las prendas solicitadas. Ashaf, mientras tanto, se dedicó a quitarse los guantes, sacar el pañuelo, y quitarse el abrigo. Estaba en eso, cuando recibió una llamada de otro sirviente.

—Señor, su llamada.

Ashaf tomó el anticuado modelo de teléfono, y se apresuró a contestar. Mientras, Guideau esperaba —impacientemente— detrás de la pantalla. Sacudía su pie, haciendo resonar la punta de su bota contra el suelo de madera, sin poder quedarse quieta.

—Sí, partimos en media hora —decía Ashaf al teléfono—. Envíanos un transporte.

Guideau gruñó. Esa mucama se estaba tardando demasiado para su gusto. Ashaf la miró de soslayo, y volvió la vista al frente, concentrándose de nuevo en su interlocutor. Este le hacía preguntas, y Ashaf le respondía. La cosa continuó así, con Ashaf hablando por teléfono, y Guideau esperando, sin señales de la mucama.

Guideau no lo soportó más.

—¡Oye! —exclamó, en dirección a la joven, lo bastante alto para que se oyera hasta el otro lado de la línea—. ¡Apúrate o me voy a vestir—!

Guideau se cortó a mitad de oración cuando Ashaf la miró de soslayo, con una expresión que no admitía reclamos. Ella apartó la mirada con el ceño fruncido, y cruzó los brazos sobre su pecho. Ashaf volvió a centrar su atención en su interlocutor, solo para encontrarse con un silencio incómodo.

—Ehm... —titubeó la voz a través del teléfono, algo azorada—. Me parece que está ocupado. Llámame cuando hayas regresado.

Le siguió el ruido de la estática. Le habían colgado.

Ashaf se llevó una mano desnuda a la frente.

—Cielos —murmuró derrotado.


Estuve como media hora buscando el término "biombo". Me sentí idiota ja, ja.

¿Por qué solo se me ocurren ideas sobre malentendidos?

Esta historia está ambientada en el capítulo 42 del manga, cuando termina el arco de Orlencia Sett.