Royal Exchange

Capítulo veintiuno: El deseo

(Advertencia: Contenido erótico, leer con precaución).

Kohaku sintió que podría desmayarse al escuchar a Senku.

—¡¿A-a-atrapados?! ¡Eso es terrible! ¡¿Y ahora qué haremos?!

—Simple. —Senku se sentó calmadamente, comenzando a quitarse los zapatos y la chaqueta, ya que estaba empapado—. Esperamos. Y demos gracias que tenemos la luz de estos cristales.

—¡¿Qué?! ¡¿Esperar?! —Lo miró boquiabierta—. No pensé que fueras del tipo que se quedara sentado cruzado de brazos… —Lo miró algo decepcionada.

—No es eso. —Bufó—. No tenemos materiales, no hay sogas, no hay madera, y la única manera que se me ocurre para salir es arriesgándonos por los túneles, pero yo no podría, yo no aguantó tanto la respiración, hubiera muerto de no ser porque me ayudaste, entonces la única que podría salir de aquí eres tú, arriesgándote a irte por el lugar equivocado y morir… Y no arriesgaré tu vida. —La miró tan seriamente que ella se quedó sin palabras—. La opción más segura es esperar, eres la princesa, enviarían a todo el ejercito a tapar los túneles con sus malditos cuerpos si es para salvarte.

—Eso no me hace sentir mejor…

—Es una exageración. —Rio entre dientes—. Pero hay formas, como usar sogas, aunque es arriesgado, pero lo bueno es que nos vieron caer, no es como que nadie sepa que necesitamos ayuda, y siendo tú quien eres, van a movilizar todos los recursos de la isla si es necesario para salvarte, así que no necesitamos que te juegues la vida yendo sola por los túneles, solo hay que esperar.

Kohaku lo miró en silencio, aún preocupada, pero podía ver la lógica en sus palabras.

Abrió la boca para preguntarle si gritar por ayuda serviría, pero entonces él comenzó a quitarse la camisa y las palabras se le murieron en la garganta.

—¿Q-qué haces?...

—Intento no morir de hipotermia, ahora no es que haga frío, pero puede que esperemos mucho y las temperaturas bajen, y la ropa se secará más fácil si la cuelgo.

—Oh… También debería quitarme la ropa, entonces. —Comenzó a jalar los cordones de su vestido, sin notar como Senku repentinamente se congeló.

—No creo que sea bu… —se interrumpió—. Bueno, tampoco deberías arriesgar a enfermarte, pero…

—¿Eh? ¿Hay algún problema? —Lo miró confundida mientras desajustaba el lazo en su cintura.

—N-no… Es mejor que no te arriesgues a enfermarte. —Apartó la mirada, terminando de quitarse la camisa junto con su corbata y quedándose solo con sus pantalones.

Mantuvo la vista lejos de Kohaku mientras ella se desvestía hasta sus paños menores, y luego ella notó que había comenzado a mirar con demasiada atención a la pared.

—¿Hay algo interesante en las rocas?...

—No, por desgracia. Intento averiguar si tal vez hay alguna grieta que podríamos aprovechar para romper las piedras y salir fuera, pero no encuentro nada. —Apoyó las manos en la pared, para luego dar unos golpecitos con un puño—. También parece bastante sólida, bien podríamos estar en medio de la cueva y si tratamos de romper la piedra nos caerían más rocas o bien agua. —Bufó, frotando su nuca—. La mejor opción sigue siendo esperar a ser rescatados.

—Ja, puedo ver que no estás contento con eso. —Sonrió suavemente.

Antes por un momento pensó que Senku estaba siendo un cobarde dispuesto a quedarse sin hacer nada y esperar la muerte, pero ahora veía que él solo estaba haciendo lo que era más razonable para que ambos salieran de ahí con vida.

—Claro que no, sería mejor salir solos, así nadie más tendría que arriesgar su vida, pero no encuentro una manera factible. —Se sentó a la orilla del lago, sus pies sumergiéndose en el agua—. Es un poco frustrante que… —Se calló de repente, frotando su pie contra las piedras bajo el agua—. Hmm, hay algas aquí… —Se puso de pie en el suelo de piedra y arremangó su pantalón, para luego saltar al agua.

—¡¿Senku?! ¡¿Estás loco?! ¡Pueden arrastrarte los túneles! —Kohaku corrió a la orilla.

—Tranquila, no me sumergiré demasiado, solo quiero colectar esas algas. —Desapareció bajó el agua unos segundos y volvió con un puñado de algas en una mano—. ¡Podemos hacer cuerda con esto!

—¿Cuerda?...

—Esperamos a que se sequen… —Aplastó el puñado en una roca y extendió las algas lo más posible— y luego las trenzamos y así obtendremos una cuerda medianamente resistente, un marinero español me enseñó este truco en mis viajes por Europa.

—¡O-oh, ya veo! ¡En ese caso también ayudaré! —Saltó al agua sin pensarlo mucho y comenzó a juntar algas, aunque no había muchas cerca de la orilla, pero con su gran vista pudo ver muchas más en lo más profundo del lago.

Frunció el ceño y emergió, viendo a Senku poner a secar más algas en las rocas.

—Senku… hay muchas algas en lo más profundo del lago… Creo que las corrientes están más a la izquierda, si me mantengo a la derecha…

—No, olvídalo —la interrumpió, muy serio—. Tomaremos las que estén cerca de la orilla. Primero veremos cuánta cuerda hacemos, luego pensaremos en casos más extremos.

Aunque frustrada, Kohaku asintió.

Luego de recolectar más algas, se sentó junto a Senku y lo miró trenzar las algas ya secas, pero al inclinarse más cerca de él para ver mejor su técnica, notó sus dedos volverse torpes y él gruñó y tuvo que comenzar de nuevo.

Kohaku se levantó para buscar más algas secas y luego volvió a sentarse a su lado, muy cerca de él, notando rápidamente que sus dedos volvían a ponerse torpes y temblorosos.

Estuvo a punto de preguntarle qué le pasaba, cuando lo notó mirarla de reojo y de repente recordó el hecho de que estaba vestida en paños menores.

"Oh, cierto…"

Carraspeó y se sentó un poco más lejos de él, aprovechando su buena vista para ver su técnica para trenzar las algas.

Él finalmente abandonó su incomodidad y empezó a darle consejos sobre cómo trenzar mejor las algas, con cuidado de que no se rompieran.

Estuvieron concentrados en eso un largo, largo rato, hasta que Kohaku se quedaron sin algas y Kohaku bufó, acercándose a la orilla y remojando sus pies.

—¿Y crees que esa cuerda nos sirva para algo?

—Son unos tres metros… —calculó Senku solo con la mirada—. No es inútil, pero necesitaríamos mucho más si quisiéramos intentar escapar por nuestra cuenta.

—¿Cuánto tiempo ha pasado ya? Se siente como una eternidad…

—Solo ha pasado poco más de una hora. —Senku rio entre dientes—. No te preocupes, seguro ya han avisado al rey con algún jinete o con un ave mensajera, nos rescatarán pronto, pero si no lo hicieran… podemos arriesgarnos con la cuerda, para que tú salgas.

Ella lo miró preocupada.

—¿Por qué dices que solo yo?...

—No hay remedio, yo no aguanto tanto la respiración. —La miró mortalmente serio y ella solo se angustió más, a lo que él sonrió suavemente—. No te preocupes, si sales, puedes pedir ayuda para mí, tampoco es que planee morir.

—Ja… no te lo permitiría. —Se acercó un paso más a él, sintiendo el impulso de besarlo, pero al verlo sin camisa se puso algo nerviosa y prefirió mejor darle la espalda—. ¡B-bien, creo que deberíamos buscar más algas! No todas están tan al fondo, hay unas rocas más cercanas que están llenas también, ¿no tienes quejas sobre esas, verdad?

—Bien, pero vayamos juntos. —Comenzó a quitarse el pantalón y Kohaku se crispó, todavía más nerviosa que antes.

"Espero que el rescate no se tarde mucho más…"

.

—¡Te lo digo, tenemos que avisarle al rey! ¡Su hija bien podría estar a punto de morir! —gritó Gen, sudando profundamente, pero Mozu siguió negando con la cabeza.

—¡De ninguna manera, no le diremos al rey que la princesa casi muere en MI guardia!

—¡Tu reputación no es más importante que la vida de la princesa! —gritó Amaryllis.

—¡Yo soy el general del ejército, yo estoy a cargo aquí! Ryusui dijo que tiene sus propios rescatistas, usaremos eso ¡y nadie informará al rey! —sentenció con ferocidad, su mano posándose encima de su espada.

Gen chasqueó la lengua, mirando a la entrada de la cueva donde Ryusui estaba gritándole ordenes a sus sirvientes para que fueran a buscar cuerdas, barriles, botes y a los nadadores y rescatistas más calificados.

Ryusui inspiraba confianza, claro que sí, pero la búsqueda bien podría durar horas o incluso días, ¿y si alguno de los dos estaba herido? ¿Y si estaban flotando en el agua, pasando frío? Mozu bien podría estar condenando a los futuros reyes…

Y… tal vez eso era exactamente lo que quería… Después de todo, él quería la corona.

Miró de reojo a Mozu, viéndolo bastante enfadado, sus ojos llenos de ira contenida, por lo que rápidamente negó con la cabeza.

"No, no puede ser tan estúpido como para no saber que si no lleva a la princesa sana y salva con su padre lo van a sentenciar a muerte sin duda, y la pena para un general negligente con la vida de la realeza es ser quemado vivo, así que…"

Sin embargo, también entendía en parte que no quisiera buscar ayuda del rey, ya que el hombre era tan temperamental y sobreprotector con Ruri que bien podría llamar a esto negligencia con su hija y quemarlo vivo de todos modos…

Y… esa era una carta que Gen bien podría usar a su favor…

Sonrió tétricamente, pero rápidamente deshizo su sonrisa y fue a buscar a Ryusui para preguntarle cómo iba la operación de rescate.

Pensaría en estrategias luego, ahora lo primordial era encontrar a esos dos con vida… o todos iban a ser asados en una hoguera.

—¿Qué tal va todo? —preguntó Gen a Ryusui, que lo miró de reojo, su expresión seria y preocupada.

—Mis sirvientes están reuniendo a los mejores nadadores y rescatistas, están trayendo los botes y estamos recolectando cristales, que también brillan bajo el agua. —Suspiró.

—Parece que quieres decir algo…

—Sí, veo que realmente eres un experto en la mente. —Rio suavemente, antes de ponerse serio otra vez—. Pudieron ser arrastrados por cualquier túnel, ni yo los he explorado todos, hay algunos que llevan a cámaras aisladas, otros donde apenas hay un hueco por el cual respirar, otros donde el agua parece interminable… —Se llevó una mano al rostro, preocupado—. No hay muchas rocas que puedan lastimarlos, pero… algunos túneles son tan largos que… no cualquiera aguanta la respiración.

Gen empezó a sudar profundamente, pensando en la poca resistencia de Senku.

—Senku-chan probablemente no pueda aguantar mucho… pero la princesa es más ruda de lo que parece, espero que ambos estén bien.

—Lo primero es localizarlos, si el túnel por el que pasaron es demasiado para que aguanten, podemos usar los barriles para que respiren y aguanten el traslado.

—¿B-barriles?

—Cuando los colocas boca abajo, conservan el aire de la superficie y el agua no se mete, es un método que los rescatistas ya han usado antes, pero lo primero es localizarlos… y eso podría tardar… Espero que no estén heridos… y que los dos estén bien.

Gen suspiró largamente.

—Yo también… yo también…

.

Pasó otra hora, Kohaku ya se había aburrido de trenzar algas, pero Senku seguía incansable, algo que admiraba mucho de él.

Eventualmente, sin embargo, se quedaron sin algas otra vez.

—Puedo ir a buscar las del fondo… Estoy segura de que no hay corriente en esa parte, nosotros vinimos de más a la izquierda.

—No voy a arriesgarte, leona. —Él negó con la cabeza—. Si alguien fuera, sería yo, de todos modos el rey me mataría si algo te sucediera.

Ella lo miró algo ofendida.

—¿Tanto miedo te da lo que te pueda hacer mi padre? Ya sabes que no soy precisamente una delicada damisela. Yo puedo con algo tan sencillo, y puedo mejor que tú.

Él la miró mortalmente serio, tanto que ella descolocó un poco, parpadeando lentamente.

—No es solo por eso, alteza, me imagino que no es ningún secreto lo que siento por usted, tampoco es como que haya estado intentando ocultarlo, y ya hizo suficiente salvándome antes… ¿No lo entiendes, leona? No quiero perderte, eso es todo.

Ella apartó la mirada, profundamente sonrojada.

"E-este bastardo sabe sí que sabe cómo dejarme sin palabras cuando le conviene…"

—Pero… yo tampoco quiero que tú te arriesgues… —dijo con voz suave.

—Entonces… supongo que podríamos arriesgarnos juntos. —Rio entre dientes, frotando su oído con falsa indiferencia—. Pero aún no, esperemos más tiempo a ver si llega el rescate.

—Ja, me parece bien. —Sonrió suavemente—. Esperamos, pero cuando llegue el momento… espero que tomemos el riesgo juntos, Senku. Quiero estar a tu lado… siempre que pueda, en lo bueno y en lo malo. —Se acercó a él sin perder la sonrisa.

—Je, ¿ya practicas los votos matrimoniales? —Rio suavemente, también acercándose a ella, sus ojos fijos en los suyos.

—¡Ja, por supuesto! Porque saldremos de aquí y te arrastraré directo al altar. —Se acercó lo suficiente para envolver sus brazos alrededor de su nuca, ya sin importarle que ambos estuvieran en paños menores.

—¿Arrastrar? No hay necesidad, iré saltando en un pie si es necesario. —Rio divertido, rozando su nariz con la suya.

Ella se sonrojó más, antes de jalarlo en un beso suave.

—Oye, esto… —Senku habló entre beso y beso— es una muy mala idea…

—Ja… no me importa. —Se pegó contra él y lo besó más profundamente.

Él levantó ambas manos y las mantuvo prácticamente flotando sobre sus caderas, antes de por fin posarlas contra la tela de su fino vestido usado como ropa interior, casi temblando mientras ella se presionaba contra su torso desnudo, compartiéndole su calor ahora que la temperatura estaba comenzando a bajar, aunque… en ese momento, la temperatura estaba más bien subiendo como nunca.

Y Kohaku estaba muy dispuesta a dejarse llevar aún más.

.

Senku era muy consciente de que debía detenerse.

Si no lo había matado la corriente y los túneles mortales, lo iba a matar su suegro si es que los llegaban a descubrir ahora, en paños menores y besándose y toqueteándose… aunque bien que esa leona era la que tenía las manos más inquietas, pasando las manos por su espalda, su nuca y sus hombros, a veces tirando suavemente de su cabello, volviéndolo loco.

"Mierda… me van a ejecutar en la plaza", pensó, riendo para sí mismo mientras subía sus manos por su espalda suave y cálida cubierta por esa tela tan fina, aún devorando sus labios con pasión peligrosa.

Esto era demasiado, demasiado peligroso, estaban más solos que nunca, sin nadie que pudiera detenerlos, pero al mismo tiempo en cualquier momento podrían llegar rescatistas asomando la cabeza desde el lago, el mismo Mozu podría asomarse y sacar a Senku de ese lago solo para llevarlo a la plaza frente al palacio y cortarle la cabeza él mismo.

Sí… ese debería ser un incentivo suficiente para que se detuviera… pero no lo hizo. ¿Cómo podría? si ella se estaba abrazando desesperadamente a él, pegando su cuerpo al suyo y entreabriendo sus labios rosas para soltar los más invitantes y dulces suspiros que había escuchado en su vida, haciéndolo olvidarse incluso de la situación de riesgo mortal en la que se encontraban…

No, lejos de apartarse y romper aquel contacto prohibido, él sujetó sus caderas con más firmezas, pegó sus pelvis, y ella arrastró una mano desde el comienzo de su nuca hasta el final de su espalda, haciéndolo estremecerse por completo mientras gruñía contra su boca.

—Senku… —Ella levantó una pierna lentamente, bajo su atenta mirada, antes de enredarla en su cintura, mirándolo con ojos anhelantes mientras él alzaba la mirada hacia arriba, indispuesto a verla a los ojos, ya que era muy consciente de que ella ya se había dado cuenta de su evidente estado de excitación que desde hace tiempo había pasado el punto de lo moralmente aceptable.

Y ella tampoco se estaba comportando de forma muy moralmente aceptable que se diga… empujándolo hasta sentarlo en el piso y sentándose encima de él.

Se miraron en silencio un momento, y, justo cuando Senku logró juntar la fuerza suficiente para parar esta locura, ella se lanzó a besarlo de tal forma que toda su mente comenzó a nublarse otra vez.

"Me ejecutaran en la plaza al diez billones por ciento… pero valdrá la pena", pensó ya rendido ante ella, empujándola sobre el suelo de piedra y besando hambrientamente su boca, antes de bajar hasta su cuello y probar tentativamente el sabor de su piel, gimiendo suavemente al sentir su calidez y su perfume, para luego reír cuando ella se estremeció, aunque su sonrisa se esfumó cuando ella llevó ambas manos a su cabello y tiró suavemente.

—Senku… —Envolvió sus piernas alrededor de su cintura y él hizo un último intento de recuperar la cordura, pero… ella lo atrajo hacia su cuerpo, frotando su muslo contra la prueba de su excitación, a lo que él gruñó y enterró el rostro en su cuello, mordiéndola suavemente, arrancándole otro gemido—. ¡Ah! —Y ahí ya no fue capaz de pensar.

Pasó la lengua descaradamente por la piel de su cuello, besándola, mordiéndola y chupando, mientras pasaba las manos sin reparo de arriba abajo por su cintura, escuchando complacido sus pequeños gemidos y jadeos.

Cuando sus manos rozaron sutilmente uno de sus pechos, se congeló por un momento, recuperando algo de cordura y preguntándose qué estaba haciendo.

No obstante, antes de que pudiera terminar de ordenar sus pensamientos, ella repentinamente tomó sus manos y las posó sobre sus pechos, haciéndolo casi desmayarse por el repentino golpe de calor en el rostro.

Ella lo miraba tan sonrojada como él debía verse, mordiéndose el labio.

—N-nos casaremos pronto, así que… s-si quieres tocar… puedes hacerlo… —Senku tragó saliva, estrujando sus pechos de forma casi inconsciente, al borde del desmayo por lo suaves que se sentían—. Y si quieres ver… puedes hacerlo… —susurró ella de repente, apartando sus manos y desatando las ataduras frente a sus ojos incrédulos y expectantes, hasta finalmente bajar la tela poco a poco… hasta revelar algo que Senku solo había visto en cuadros, estatuas y libros sobre el cuerpo humano.

Tragó saliva, incapaz de apartar los ojos.

Con razón tenía tanta mala suerte, toda su suerte se le había ido en ser comprometido con esta leona, eso por sí solo lo volvía el bastardo con más suerte en todo el maldito mundo.

Su respiración se volvió más pesada, jadeante, y sin pensarlo dos veces volvió a llevar las manos a sus pechos, maravillándose al sentir como sus pezones se endurecieron bajo las palmas de sus manos. Soltó una breve risa, entre incrédulo y maravillado mientras masajeaba sus senos, sintiendo su calor, su suavidad, el como se movían al ritmo de la respiración de su leona, como le cabían perfectamente en las manos…

Jadeo, sintiendo como se le hacía agua la boca, y sin pensarlo dos veces bajó la cabeza hasta atrapar un pezón en su boca, tocándolo apenas con la punta de la lengua, siendo eso suficiente para que ella gimiera desde el fondo de su garganta, apresando con fuerza su cabello en un puño, haciéndolo gruñir entre dolor y placer.

Su miembro casi parecía querer estallarle confinado en su ropa interior, y él ni siquiera lo pensó dos veces y comenzó a frotarse contra ella, arrancándole ahora un breve gritito, pero ella no rechazó el contacto, al contrario, afianzó su agarre de su cintura entre sus piernas, sacudiéndose también contra él, volviéndolo loco.

Chupó con fuerza su pezón y ella gritó, sacudiéndose desesperadamente contra él, que gruñó y soltó su pecho, solo para jadear y rápidamente pasar al otro, llevando su mano a su cintura y luego, más envalentonado, hacia sus glúteos, donde la tocó por todas partes antes de ayudarla a mecerse contra él, embistiendo casi como si estuvieran sin ropa, deseando estar sin ropa, deseando estar en una maldita habitación, que fuera su maldita noche de bodas y poder entrar en ella sin temor… sin contenerse, sintiéndola por completo, uniéndose a ella en cuerpo y alma.

Esta vez, sin embargo, esto tendría que bastar para saciar el deseo que llevaba tiempo atormentándolos.

Gruñó y llevó ambas manos a sus nalgas, jalándola con más ahincó para frotarse descaradamente contra su entrepierna, soltando su pecho para dirigir su boca a la suya y besarla con todo y lengua, sintiendo como ella llevaba ambas manos a sus hombros y lo arañaba con fuerza tal que lo hizo sisear y que de algún modo fue lo que terminó de hacerlo llegar a la cúspide mientras ella gritaba y se retorcía, llamando su nombre.

Ambos se retorcieron desesperadamente… y se cayeron directo al agua.

El golpe de agua fría no hizo nada por calmar el ardor aún persistente en su piel, y por un momento se sintió tan relajado que bien se habría dejado hundir, pero ella lo jaló de regreso a la superficie y a la orilla, jadeando y sonriendo, acariciándole el cabello para apartarlo de su rostro.

—Hay que hacer esto más seguido… —bromeó con voz jadeante.

—Sí, claro, como a ti no te matarán en la plaza… —Rio sin aliento.

—Ja, habló de cuando nos casemos. —Se abrazó a él, sin dejar de sonreír—. Pero mientras no nos casemos… no me importaría hacer esto de nuevo…

—Preferiblemente no encerrados en una cueva con peligro de morir. —Sonrió juguetonamente, tirándose al suelo con ella sobre él.

—No lo sé… la privacidad es agradable —bromeó, acurrucándose sobre su pecho.

Senku solo pudo reír, negando con la cabeza.

Esta leona iba a ser la causa de su muerte, diez billones por ciento seguro.

Continuará...

Holaaa :D

Al principio no planeaba hacer explicitas las escenas subiditas de tono de la OTP, pero la patrocinadora decidió q si uwu

Así q bueno, espero q les haya gustado 7w7r

Muchas gracias por su apoyo al fic!

Me despido!

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!