Royal Exchange

Capítulo veintiocho: Cuento de hadas

Senku salió de sus pensamientos solo al sentir una mano en su hombro.

Volteó, viendo a Ukyo mirándolo preocupado.

—Deberíamos irnos… los guardias comienzan a murmurar que si nos quedamos más tiempo nos echarán ellos mismos, tienen ordenes de limitar el contacto con… esta princesa.

Senku parpadeó lentamente.

—Sí… vámonos…

Dieron media vuelta y comenzaron a retirarse, cada uno perdido en sus propios pensamientos, pero solo avanzaron unos metros cuando de repente la puerta de la alcoba de la princesa mayor se abrió y Ruri, la verdadera Ruri, salió con un papel en mano.

—Lord Senku, quisiera darle esto. —Le tendió la carta.

—Princesa Ruri-sama, su padre dijo que… —Un guardia se acercó, pero Ruri le mostró la carta rápidamente.

—Solo es una lista con lo que deseo que me regalé para compensar por el tiempo que no estuve aquí, aparte de mis deseos de cómo debe comportarse conmigo —comentó con seriedad.

El guardia leyó la carta rápidamente, antes de encoger los hombros y dejar que Senku tomara la carta, para luego pedirle a Ruri que regresara a su habitación por el momento.

Ruri le dedicó una larga mirada a Senku, luego a Gen, que alzó una ceja. Entonces, ella volvió a sus aposentos.

Mientras iban en dirección al laboratorio-oficina de Senku, Gen ocultó su boca con sus manos y habló:

—La carta debe tener algún mensaje oculto. Y la princesa Ruri, la verdadera, sabe de mi rol como consejero y experto social, la princesa menor, la Ruri falsa, debió describirme, ella sabe que yo soy del tipo que descifra estos acertijos, no hay otra razón para que me haya dedicado esa mirada tan sospechosa~.

—La princesa menor se llama Kohaku —masculló Senku, con voz cansada y la mirada perdida en el frente—. Y sé exactamente lo que dice la carta, ya la descifre.

—¡¿QUÉ?! ¡Pero si solo le echaste un vistazo! —Gen casi se desmaya.

—Es un cifrado simple, solo lo suficientemente complicado para engañar a los guardias. Es el Cifrado de Vigenère, palabra clave: Kohaku. La princesa Ruri es una ávida lectora, por supuesto que lo conoce y armó un mensaje en cuestión de minutos. —Le arrojó la carta a Gen y frotó sus sienes.

Las pistas siempre estuvieron ahí, le dijeron que Ruri era una amante de la lectura, intelectual, tranquila y delicada, y él va y se topa con una leona que dio vueltas su mundo y aun así se sorprende cuando le dicen la verdad.

Esa leona nunca encajó con lo que le dijeron de la princesa Ruri, y si bien él sospechó que había algo raro desde el principio, nunca podría haber imaginado que era una hermana menor secreta.

"Me engañaste por completo, ¿eh, leona?… Incluso aunque siempre fuiste una pésima mentirosa…"

Llegaron a su laboratorio y Senku se dejó caer en un sillón con un suspiro completamente cargado de pesadez, mientras Gen y Ukyo terminaban de descifrar la carta.

—Intercambio… planeado por ambas… —leyó Gen—. Motivo es amor… ¿por cromo?

—Chrome. —Senku rodó los ojos.

—Ámbar real bien granjera injusta… —terminó de leer Gen finalmente, llevándose una mano a la barbilla después—. Ok, la hija de los tales Jasper y Turquoise no existió, era la Ruri real, o sea que la novia real de Chrome era ella, y eso nos da el motivo de por qué hicieron el intercambio en primer lugar.

—La princesa Ruri se enamoró de Chrome. —Ukyo asintió—. La comprometieron con Senku, ella no quería casarse con Senku, pero como Chrome es un campesino no habría podido casarse con él como princesa, entonces cambió lugares con su hermana que no tenía ataduras, o eso parece a simple vista —dedujo fácilmente.

—Eso explica la carta a Chrome —comentó Tsukasa, y Senku abrió mucho los ojos, porque se había olvidado por completo de esa carta que tantos dolores de cabeza le dio.

—Ah… tu querida prometida nunca estuvo enamorada de otro, pero tuvo que fingir que sí para que no la descubrieras~. —Gen rio suavemente—. Lo sabía, ella solo te ha amado a ti, se le notaba demasiado.

Senku apartó la mirada, su mandíbula tensa.

—Es una persona muy transparente, me sorprende que su mentira durara tanto —comentó Tsukasa, pensativo.

—Es transparente, y sin embargo no me dijo la verdad. —Senku cerró los ojos con fuerza—. Prefirió mentirme, no confió en mí.

Todo se quedó en silencio por un momento.

—Bueno… —Gen carraspeó—. Sea como sea, lo último es lo más importante, nos dice que la princesa que conocimos hasta ahora, Kohaku-chan, está bien, pero además nos confirma que Kohaku siempre fue la granjera, la que fue criada toda su vida lejos del palacio, sino no se hubiera molestado en aclararlo con las pocas palabras claves que podía darnos.

—También confirma que el rey no la castigará —acotó Ukyo—. Dice que está bien, o sea que no enfrentará consecuencias por suplantar a su hermana.

—Tampoco es que pueda, la ley dice que el primogénito real puede cederle la corona a algún hermano menor —aclaró Gen.

—Pero mentirle a la corte en algo de esta gravedad sí es delito —recordó Tsukasa.

—Sin embargo, el rey parece querer que las cosas sigan como siempre —dijo Senku, sin expresión—. Quiere que me case con la princesa Ruri…

—Solo que esta no es la princesa que quieres. —Gen suspiró—. Realmente tienes mala suerte, Senku-chan, enamoraste a una princesa y resultó ser la equivocada…

—¿Y qué harás ahora? —preguntó Tsukasa, y los tres lo miraron muy seriamente.

Senku tensó con fuerza la mandíbula, apartando la mirada con amargura.

—Necesito pensar…

Gen pareció querer decir algo, pero Ukyo colocó una mano en su hombro y finalmente los tres se retiraron, dejándolo solo, sumido en un pesado silencio.

Senku cubrió sus ojos con el antebrazo, gruñendo por lo bajo.

—Maldita sea, leona… Kohaku… ¿Por qué no me dijiste la verdad?

¿Qué acaso no confiaba en él? ¿Eso sobre amarlo también era mentira o qué? ¿En qué más mintió? ¿Acaso él realmente no la conocía tan bien como creyó conocerla?

Pero… no es como que esto lo extrañara demasiado.

De hecho, ahora muchas cosas cobraban sentido, y quizás se sentía tan ridículo porque viendo en retrospectiva era bastante obvio.

Una princesa sin entrenamiento, descrita como delicada, dulce y grácil, derribando caballos desbocados, con extenso conocimiento sobre el bosque y una actitud tan fiera, dispuesta a salvar vidas arriesgando la suya sin noción de lo mucho que valía… por supuesto que había algo raro.

Lo sospechó desde el principio, desde la primera vez que tomó su mano y vio las pequeñas cicatrices… pero claro, ella lo cautivo de tal manera que perdió sus facultades para pensar correctamente y ahora…

Ahora ella ya no estaba.

Todos sus planes juntos, todas sus expectativas, sus deseos para su futuro juntos…

Todo se esfumó.

Rio secamente.

—Era demasiado bueno para ser verdad ¿eh?...

.

Al día siguiente, Kokuyo, Ruri y Senku se reunieron en la sala del trono temprano en la mañana, los tres con profundas ojeras y rostros amargados, contrarios a la expresión complacida y expectante de Ibara.

—La que conociste hasta ayer, Lord Senku, fue mi hija menor, Kohaku —dijo el rey, su voz llena de pesar—. Ella convenció a Ruri para montar esta farsa con el objetivo de cobrar venganza contra mí y eventualmente echarme del palacio para ser la reina y tener más poder que nadie.

—¡Eso no es cierto! —clamó Ruri, ofendida.

—Yo mismo lo deduje, es lo que tiene más sentido —aseguró Ibara—. O sino, dinos, princesa Ruri, ¿cuál fue el motivo?

Ruri apretó la mandíbula.

Senku alzó una ceja.

"Claramente no puede decir nada de Chrome, lo buscarían y lo matarían por la sola sospecha de que pudieron tener algo indebido, pero podría inventar otra cosa… aunque dudo que vayan a creerle", pensó con ojos analíticos.

—Fue… mi idea —dijo Ruri finalmente—. Yo quería que ella conociera una vida de lujos y comodidad, además de que jamás he querido ser la reina… solo quiero una vida sencilla, creo que todos seríamos más felices si yo hubiera sido la que creció en esa granja. —Apartó la mirada.

—Claramente lo dice para proteger a su hermana descarriada, su alteza —dijo Ibara con su lengua venenosa.

—Ruri, tú fuiste la que recibió la educación adecuada para ser la reina, tú debes…

—¿Solo porque sé servir el té, solo porque sé un par de idiomas? —Ruri interrumpió a su padre con dureza—. Kohaku es fuerte, decidida, protectora, y conoce más del reino que tú y yo juntos, padre. Y sobre todo más que el ministro Ibara. —Le envió una breve mirada a Ibara, antes de bajar la mirada.

—¡La princesa menor quería deshacerse de usted, majestad, se lo recuerdo! —bramó Ibara.

—Solo no quería vivir contigo… —alegó Ruri—. ¿Puedes culparla?

Kokuyo tensó la mandíbula.

—Ya tomé mi decisión respecto a ustedes, Ruri. Tu hermana se quedará en la granja, y tú tomarás tu legitimo lugar como reina.

—Siempre y cuando… Lord Senku deseé desposarte después de todo… —Ibara miró a Senku con una sonrisa maliciosa—. Creo recordar que todo el mundo aseguraba lo bien que se llevaba con la princesa descarriada… Así que quizás no quiere el nuevo matrimonio…

Senku se tensó al sentir las miradas de todos en él.

—Dime, Lord Senku… ¿te interesa continuar con el matrimonio? —preguntó Kokuyo—. Fuiste engañado también, pero si consideras inaceptable este cambio, lo entenderé y puedes regresar al castillo de Lillian y vivir tu duelo de desamor como lo desees.

Senku apartó la mirada.

"Así que mis opciones son irme con las manos vacías al lugar del que vine o casarme con la hermana de la chica que amo para ser rey…"

Mantuvo el rostro cuidadosamente en blanco, consciente de la forma en la que Ibara analizaba cada pequeño detalle en él.

"Sin duda Ruri acabará casada con Mozu, a quien Ibara puede controlar fácilmente, entonces el reino seguirá su curso destructivo, decaerá cada vez más, todos mis planes quedarán en la nada y la gente de Akari continuará sufriendo esta decadencia…"

Bajó la mirada por un segundo.

—Me da absolutamente igual qué princesa sea la que debo desposar —dijo con voz plana—. Vine aquí para tomar la responsabilidad de la corona, no para andar con juegos de amor. Prometo cuidar de su hija y de su reino, así como lo prometí el primer día, nada cambió.

Ruri lo miró pálida, Ibara molesto y Kokuyo pensativo.

—En ese caso, solo te queda a ti decidir, Ruri. No te obligaré a casarte con él si de verdad no quieres, pero si no te casas con él, será con Mozu o alguien de rango similar.

Ruri bajó la mirada.

Parecía verdaderamente tentada a decir que no luego de escuchar a Senku decir que le daba igual, pero finalmente tomó aire y miró a su padre con total resignación.

—Yo solo quería una buena vida para Kohaku, padre… me da absolutamente igual con quien me casé, y estoy agradecida con Lord Senku por salvar mi vida y haber tratado bien a mi hermanita, así que aceptó casarme con él.

Ibara se notó visiblemente disgustado, pero puso una sonrisa falsa cuando Kokuyo lo miró de reojo.

—En ese caso, está decidido, el matrimonio continuará. Les recomiendo almorzar juntos este medio día, para que se vayan conociendo ya que por culpa de este… incidente, no han podido interactuar. El baile queda cancelado, pero la boda se realizará en la fecha pactada. ¿Alguna queja?

—No —contestaron Ruri y Senku al mismo tiempo, los dos con la voz totalmente vacía.

Ruri y Senku salieron de la sala del trono al mismo tiempo una vez Kokuyo se los permitió, y antes de que sus guardias se acercaran Ruri miró de reojo a Senku y habló:

—No hablabas en serio, lo sé… pero pudiste haber luchado para que te permitieran casarte con Kohaku de todos modos —susurró con voz dolida—. Mi padre te respeta, quizás te hubiera dejado casarte con ella, quizás aún puedan…

—Si lo hubiera hecho, hubiera perdido la corona —Senku la interrumpió con frialdad—. Vine aquí con la idea de ser el rey, todo esto ha sido porque deseó la corona, y el reino necesita un rey decente, no puedo dejarle ese papel a Mozu o alguien peor, ya me he decidido a aceptar esa responsabilidad y no retrocederé a mi palabra. Tengo mucho que hacer, corregir errores, cambiar leyes, engrandecer a Akari, avanzar la ciencia.

Ruri lo miró decepcionada.

—¿Acaso la corona te importa más que Kohaku?

Senku se quedó en silencio.

Los guardias llegaron y Ruri fue escoltada a su habitación, dedicándole una última mirada de tristeza.

—Kohaku solo fue una fantasía demasiado buena para ser verdad… ahora debo volver al mundo real —contestó en un susurro, mucho después de que Ruri se marchara.

Su princesa de cuentos de hadas fue una farsa, y ya era hora de despertar.

Tenía mucho que hacer como rey, ese siempre fue su objetivo, no iba a arriesgar todo por una farsa de alguien que ni siquiera confió en él lo suficiente para decirle su nombre real ella misma.

La felicidad nunca fue su destino, pero claro, la vida fue tan cruel que hizo que tuviera una probada de esta, para luego arrebatar todo de golpe, de una forma despiadada que aún hacía doler su pecho con cada recuerdo.

Ahora de esa felicidad solo le quedarían recuerdos, como pequeños puñales que lo torturarían por el resto de su vida, pero con todo y ese dolor era consciente de que había mucho trabajo por hacer, y lo haría.

Una felicidad tan grande, una princesa imposiblemente perfecta para él, un amor de cuentos de hadas…

Nada de eso fue real, nada de eso estuvo destinado a durar…

Y él nunca lo mereció, de todos modos.

Sonrió amargamente.

—Adiós, Kohaku…

Adiós a la felicidad… eso nunca fue más que un irreal cuento de hadas.

Continuará...

Holaaa :D

Me puse dramatica, pero no se depriman, se vienen cositas xP

Gracias por su apoyo al fic!

Espero q esto les haya gustado y me despido!

No olviden q se les ama~

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!