FIREFLY PATH

DISCLAIMER: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, pero la historia es de mi autoría.

WARNING: Esta historia contiene descripciones y menciones de actos de violencia sexual, física y psicológica, así como de temas de abuso de poder y adoctrinamiento religioso. Por favor, tomarlo en cuenta antes de leer.

Capítulo 3. Las dos versiones (o más) de dos personas.

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Los últimos días, Sakura había estado sola en casa debido a ausencias no explicadas por su marido.

Aunque realmente no necesitaba escucharlo decirle sus razones para saber lo que estaba haciendo.

Sasuke tenía una habitación en la casa que servía como oficina y ella entraba a limpiarla solo una vez por semana, por lo que en algunas ocasiones encontró documentos o notas escritas a mano, cuyo objeto de investigación no era otro que el acechador del sendero de las luciérnagas.

Aún si ya no trabajaba como oficial formalmente, su esposo no había abandonado sus esfuerzos por ayudar a resolver el caso.

Se suponía que eso debía hacerla sentir agradecida y optimista. No todo el mundo allá afuera podía gozar de la fortuna de tener a alguien peleando por obtener justicia para ellos, pero la verdad era que Sakura se sentía... Perturbada.

Varias veces, durante los primeros meses de su matrimonio, llegó a temer que aquel criminal fuera a convertir a Sasuke en su nueva víctima, más aún tomando en cuenta las circunstancias en las que su padre falleció, y, aun cuando el tiempo había demostrado que quizá el Uchiha ya estaba fuera de peligro, ella no podía sacarse de la cabeza el que un día él podría nunca volver a casa.

Pensar en que Sasuke estuviera activamente trabajando en atrapar a ese criminal, cuando ella preferiría que solo se quedara a su lado por siempre, hacía su corazón temblar de angustia.

La pelirrosa sentía que la muerte la acechaba a ella y a quienes estuvieran cerca suyo, todo gracias a ese desconocido que ni siquiera sabía de qué manera había provocado para que la lastimara tanto. Una concepción que muchos en Konoha también tenían y por la que la mayoría se había distanciado de ella.

Todos a excepción de unos pocos.

—Sakura-san... — escuchó una masculina voz al otro lado de la puerta llamarla y no tuvo dificultades en reconocerla —. ¿Está en casa? Necesito hacer una consulta urgente con usted.

—Hyugga-san, estoy aquí, pero mi marido ha salido y no sé si vaya a volver pronto — ella respondió sin abrirle la entrada. Tenía prohibido hacerlo, sin importar si se tratara de la visita de un conocido.

Neji Hyugga dudó un momento sobre su siguiente movimiento, renuente a aceptar su negativa a atenderlo.

Sabía que la Uchiha no dejaba entrar a nadie sin autorización de su esposo, fuera cual fuera la gravedad de la situación del paciente que acudía a ella, pero marcharse tan fácilmente no era una opción.

—Lo sé, lo entiendo, pero realmente necesito su ayuda... Y también su consejo — el hombre intentó apelar a ese sentido de solidaridad que Sakura siempre había tenido tan fuertemente arraigado a su personalidad —. Es sobre mi tío.

—¿Le ha pasado algo? ¿Tiene que ver con sus dolores de cabeza? — ella rápidamente lo cuestionó.

La pelirrosa había atendido al señor Hyugga un par de veces con anterioridad y durante sus sesiones él le había hablado de extraños y repentinos mareos que lo atacaban incluso cuando estaba en completa tranquilidad, mismos a los que les seguían dolores en el cráneo, intensos deseos de vomitar y culminaban con violentas convulsiones.

Había pasado mucho tiempo repasando sus notas y libros de medicina tratando de encontrar una enfermedad o padecimiento cuyos síntomas coincidieran con los del hombre mayor y, a su vez, tratado de ayudarlo con algunos remedios y tratamientos que conocía, sin embargo, desde su última visita no había vuelto a saber nada de él, a pesar de que realmente le interesaba su caso.

—Lamentablemente sus molestias aún persisten, por eso también quería hacerle una visita, Sakura-san... — Neji continuó insistiendo —. Yo sé que su esposo es muy estricto al respecto, pero no pienso quitarle mucho tiempo, y, si usted piensa que eso puede aminorar su disgusto, me quedaré hasta que él regrese y le explicaré todo yo mismo.

Sakura dudó durante largos segundos que les parecieron como horas a ambos, pero finalmente decidió que lidiar con el enojo de su esposo valía poder ayudar a dos personas que la necesitaban. Además, conocía al par de Hyuggas desde niña y no desconfiaba de ninguno en lo absoluto.

Si la posibilidad de que el acechador fuera tan descarado como para buscarla en su propio hogar era el motivo de las rígidas reglas de su cónyuge, entonces no sería un problema el que le permitiera la entrada a alguien que podía asegurar no era la verdadera identidad de ese desconocido.

Aunque la posibilidad de que su desobediencia fuera a resultar en desgracia nunca estaba completamente extinta.

Con las manos temblorosas por la inseguridad, Sakura deslizó lentamente la puerta y lo primero que se encontró fue el rostro sorprendido de Neji. Al parecer, ni siquiera él se había esperado verla ceder con tal facilidad.

Por unos segundos, al visitante se le cortó la respiración cómo siempre le sucedía cuando la veía.

Era difícil deshacerse de los efectos del enamoramiento juvenil y, por más que él se había esforzado a lo largo de los años por superarlo, la voluntad no era suficiente para evitarle recaer.

Sobre todo, cuando Sakura había nacido con unos ojos como los suyos.

—Tendrá que ser muy rápido. Preferiría que Sasuke-kun no te viera aquí cuando regrese — la Uchiha lo recibió y se hizo a un lado, permitiendo su entrada.

La sala donde atendía a los pacientes era una habitación entre la puerta principal de la casa y la cocina. Sasuke así lo había dispuesto con el propósito de que ella estuviera segura incluso en los aspectos logísticos. Estar cerca de la salida y de un lugar donde él pudiera escucharla la pondría en una ventaja estratégica, si la situación lo llegaba a ameritar.

Al menos, con el tiempo, el pelinegro había llegado a permitirle llevar a cabo su trabajo a solas con sus pacientes, pues antes prefería estar presente en la habitación y no le importaba cuan nerviosas ponía a las personas, incluida ella.

Él era y siempre sería así de desconfiado.

Lo primero que Neji hizo fue contarle acerca de la extraña alergia que había comenzado a tener en la espalda y respondió a cuestionamientos básicos como cuándo había aparecido, bajo qué circunstancias y si había recibido algún cuidado o tratamiento. Él respondió a todo con tanto detalle cómo le era posible, pese a que varias veces tropezó con sus palabras, producto de los nervios.

Sakura lo había atendido un par de veces con anterioridad y su cercanía, su voz, aroma y el tacto de sus manos lo afectaban tan poderosamente al punto de nublar su mente. No debía ser una sorpresa que recibir sus atenciones en esa ocasión también atontara su razón, solo que algo se sentía diferente de encuentros anteriores.

Más íntimo.

Más cardíaco

Más...

... Incorrecto.

Tal vez se debía a que presentarse con el torso expuesto frente a una mujer no era algo que lo que estuviera acostumbrado y su naturaleza pudorosa le recriminaba exhibirse así frente a una mujer tan respetable como Sakura, quien además era una mujer casada.

Por lo menos, dado que estaba habituada al cuerpo humano y a verlo solo como objeto de estudio, ella no pareció darle ni la menor importancia y, en cambio, se dedicó a evaluar metódicamente el sarpullido.

—Puede que se trate de algo que comiste... ¿Probaste algún alimento nuevo recientemente? — ella lo cuestionó, haciendo una anotación en un bloc de notas.

—Visite a mi prima Hinata hace poco y me dio un postre que nunca había probado, pero no sé su nombre o qué contenía, lo siento.

—Descuida, aunque desconocemos el origen exacto podemos tratar de curarlo de la forma tradicional — de una estantería cercana, Sakura extrajo un pequeño frasco que no dudo en abrir y mostrarle a su paciente —. Esto ayudará con molestias como la comezón o el ardor y poco a poco desaparecerá la inflamación con su uso constante... ¿Te parece bien si lo aplico por ti? ¿O prefieres hacerlo tú mismo en casa?

Un poco dubitativo, Neji asintió y, aunque no debía ser la gran cosa, se crispó al sentir su piel entrar en contacto con los suaves y delicados dedos de la doctora. Aun cuando la sensación se diluyó debido a la crema medicinal, el corazón masculino se aceleró y todo a su alrededor se hizo ilegible. Lo único en lo que podía concentrarse era en la cercanía con la mujer a sus espaldas. Ni siquiera pudo captar ninguno de los nombres de los ingredientes que Sakura le estaba contando contenía el medicamento.

En lo único que podía pensar era en la gloria que ese momento íntimo con ella le ofrecía.

En sus más puros y secretos anhelos románticos había soñado con experimentar ese tipo de cercanía con ella, cada día por el resto de su día.

Como solo un hombre que ha logrado hacer una vida al lado de su más grande amor puede hacer.

Lamentablemente no pudo disfrutarlo durante mucho tiempo y cuando ella se separó, inconsciente de lo que le había provocado y actuando tan normal como siempre, no pudo evitar sentirse un pervertido.

Sakura no veía en él nada más que un paciente.

Para ella, ninguna persona era alguien real, en todo sentido de la palabra.

Nadie era digno de entrar completamente en su consciencia.

Nadie que no fuera su marido, por supuesto.

—Por cierto... Es muy raro que Sasuke no esté aquí contigo en casa — Neji apuntó al hecho tratando de sonar lo menos interesado posible, mientras se ponía de vuelta su camisa —. ¿Está todo en orden?

—Claro... ¿Por qué no lo estaría?

—Bueno, cada vez que ese lunático aparece todo el mundo se inquieta y dado que Sasuke es tu esposo pensé que él estaría aún...

—¿Qué dijiste? — Sakura detuvo en seco su accionar. En sus manos el frasco que sostenía comenzó a temblar, producto del shock que escuchar a su interlocutor le había causado —. ¿Q-que ese tipo q-qué?

Cuando Neji se giró a verla, se encontró con su expresión ensombrecida en puro terror y aflicción contenida.

Mierda.

Ella no tenía idea.

Acababa de cometer un gravísimo error.

—Sakura, yo...

—Sasuke-kun no me dijo nada — volvió a interrumpirlo y sin querer sus ojos comenzaron a moverse frenéticos sobre el Hyugga, como si buscara alguna señal de que él le estaba mintiendo.

—Me imagino por qué no lo hizo. Por favor, olvida lo que te dije. Esto no tiene que preocuparte — Neji se levantó rápidamente y caminó hasta plantarse frente a ella, con su propia desesperación comenzando a rivalizar con la suya —. Discúlpame... Y-yo no pretendía hacerte daño con esto. Preferiría morir antes que provocarte cualquier mal.

Sakura no respondió y, en cambio, envolvió sus manos alrededor de sí misma. De repente le había entrado un frío capaz de volver sus huesos en frágil cristal.

—Eso lo sé, no te preocupes — a pesar de su estado, ella trató de tranquilizarlo.

Lo conocía de toda la vida, al igual que la mayoría de personas en Konoha, y había convivido lo suficiente con él para saber que Neji era incapaz de hacerle daño a alguien de forma intencional. Él era un buen chico y no merecía sentirse mal por un pequeño error accidental.

El Hyugga por su lado la observó por un breve momento, evaluando la forma en que la verde mirada de la mujer que tanto le había gustado durante años se perdía en sus pensamientos y no pudo evitar compararla con la versión que una vez había conocido.

Esa alegría, confianza ciega en el mundo y dulzura que tanto habían caracterizado a Sakura, además de su vibrante belleza, habían sido reemplazados por una cautela, miedo y tristeza que se reflejaba en su físico de forma evidente.

Quien una vez fue Haruno distaba de la ahora Uchiha, como el día y la noche.

¿No se suponía que, ahora que estaba casada y tenía a alguien que la amaba y ella quería de vuelta, debería estar mejor?

¿Por qué seguía estando tan asustada y deprimida?

¿Acaso en lugar de ayudarla, su esposo estaba haciendo aún más difícil que ella recuperara su luz?

Tomando en cuenta lo excesivamente vigilante y autoritario que el Uchiha siempre había sido, no le parecía que esa última pregunta fuera tan descabellada.

Todo el mundo siempre solía decir que Sakura era afortunada de tener un esposo que la cuidara y protegiera a cada minuto del día, incluso la llamaban malagradecida y rastrera por aun así seguir luciendo tan miserable como en los primeros días después de que fue atacada y su padre murió. Para ellos, las acciones de Sasuke se trataban del cuidado caballeroso y atento que el marido perfecto tendría con su mujer amada... Pero, para Neji, no eran más que desagradable evidencia de que estaba enfermo.

Enfermo de poder.

De control.

De posesividad.

No podía verse de otra manera el aislamiento tan crudo al que Sakura había sido sometida, el monitoreo de sus actividades incluso cuando estaba en casa, la lista de prohibiciones que sabía le había impuesto para impedir que ella se le escapara y, sobre todo, ese temor no verbalizado pero real que la pelirrosa tenía a hacerlo enojar.

El Hyugga quiso indagar un poco en la situación real de su matrimonio y hacerle saber a quién consideraba una amiga de la infancia, más allá de un amor platónico, que podía ser sincera y contar con él si lo necesitaba, pero en ese preciso instante fue detenido por una nueva presencia entrando a la habitación.

Entonces se giró para identificarlo y comprendió a una velocidad indescriptible los sentimientos de Sakura.

El temor que le invadió al ver la expresión oscura y furiosa de Sasuke había sido algo que nunca había experimentado.

Ni siquiera sabía que alguien podía lucir así de aterrador.

De repente le pareció más alto de lo que siempre había sido, sus fuertes hombros se cuadraron haciéndolo parecer un inquebrantable muro y el sonido de su respiración encolerizada le erizó cada vello en su cuerpo, como si un animal salvaje le estuviera respirando en la nuca.

Por su lado, sobre cargada con demasiados sentimientos, la pelirrosa simplemente bajó la cabeza y comenzó caminar en dirección a donde la pomada que le había recetado estaba, para acto seguido, entregársela.

Con la mirada del Uchiha aun sobre él e incapaz de él mismo apartarla, Neji tomó la medicina en sus manos y su boca se abrió y cerró varias veces tratando de vocalizar palabras, sin éxito. Parecía que había sido hechizado por los ojos que lo observaban con hostilidad y odio puro, pues se habían quedado mudo. Incluso petrificado, pues no podía ni moverse.

Al menos no hasta que finalmente Sasuke rompió el silencio que se había apoderado de la habitación desde su llegada.

—Vete — ordenó con esa voz de ultratumba que lo caracterizaba.

—Sasuke, yo...

—Dije que te fueras — el Uchiha repitió sin necesidad de alzar la voz, pero con una firmeza que no dejaba lugar a replicas y luego apartó su mirada de él para dirigirla a su esposa —. Sakura ya te ha atendido, así que lárgate de mi casa.

—Oye sé que esto te molesta, pero... — él mismo se detuvo, pues no se le ocurrió una forma de excusarlo ni a él ni a Sakura.

Al final, así fueran reglas ridículas y abusivas las habían roto.

—Exacto, sabes que esto que has hecho es un error y aun así no pudiste esperar a que volviera para ver a Sakura — lentamente, Sasuke se adentró en la habitación y, bajo la mirada cada vez más angustiada de su mujer, tomó al Hyugga por el cuello de la camisa y comenzó a arrastrarlo fuera de su hogar.

La pelirrosa se cubrió los oídos tratando de no escuchar el intercambio de palabras entre su esposo y su paciente y se hizo un ovillo en una esquina de la habitación por la abrumadora cantidad de emociones que la estaban invadiendo.

Había recibido un paciente sin autorización de Sasuke y él acababa de descubrirla.

Sasuke estaba enojado por su desobediencia.

Neji, quien no había tenido ninguna mala intención, acababa de ver el lado más oscuro y cuestionable de su marido.

Probablemente le esperaba una reprimenda monumental por lo que acababa de hacer.

... Y Sasuke no le había contado que ese hombre sombra había vuelto a atacar.

Inconsciente de en qué momento él se había apresurado a regresar y se había plantado sobre ella, Sakura solo regresó a la realidad cuando fue levantada bruscamente por un tirón en sus brazos.

—¿Por qué hiciste esto? — Sasuke siseó con la expresión deformada en una mueca que asustaría hasta el más valiente.

En respuesta, el temor de la Uchiha no hizo más que crecer al ver sus ojos bravos y frenéticos inspeccionarla, su mandíbula apretada como si se estuviera conteniendo para no perder el control y su respiración chocando contra su rostro con toda la fuerza de sus indignados pulmones

—Yo... Él... Neji-san vino a pedir ayuda para él y su tío — explicó pronunciando cada palabra entrecortadamente y aunque ella no lo había notado, había comenzado a temblar en brazos de su esposo.

—No veo a su tío de mierda aquí — Sasuke refutó, apretando sus dedos como garras a su alrededor —. Recibiste a ese imbécil a solas, ¿tienes idea de lo que has hecho?

—No es para tanto, solo atendí un paciente, nada más que eso — a pesar de su miedo, Sakura sintió que tenía que defenderse y por ello trató de hacerlo.

—¡¿Nada más que eso?! ¡Maldita sea, Sakura! ¡¿Y si ese tipo fuera el asesino que camina suelto y a sus anchas por todo Konoha?! — el Uchiha la sacudió como si quisiera hacerla reaccionar de un trance —. ¡Habrías metido al enemigo a nuestra casa y hubieras estado a solas con él! ¡A solas para que él hiciera lo que quisiera contigo!

—¡Pero no lo era! — ella gritó y, cómo pudo, se quitó a su esposo de encima, poniendo distancia entre ambos —. ¡No era él! ¡Era solo Neji! Lo conozco desde que tengo cinco años y sé que puedo bajar la guardia con él. Que es quien y lo que dice ser. Jamás me haría daño.

—¿Entonces prefieres confiar en él que en mí? ¡¿Es eso?! — el pelinegro vociferó como un rugido y la vena en su cuello se hinchó al nivel de su furia. Su propia pregunta lo había enojado más allá de los límites.

Que alguien estuviera por encima de él en algún aspecto respecto a Sakura lo volvía demente.

—¡¿Pero qué dices?! ¡No es eso a lo que me refiero! ¡Solo digo que él es de las pocas personas en las que puedo permitirme confiar!

—¿Has perdido el juicio? ¡En tus circunstancias no puedes permitirte hacer tal cosa! ¡Siempre tienes que tener cuidado!

—¡Pues no quiero tener cuidado toda mi vida, con todo el mundo, todo el maldito tiempo! — gritó, desesperada desde el fondo de su corazón.

Al instante, Sasuke se sintió consternado de verla responderle de ese modo. Lo común era que recibiera sus reprimendas o advertencias en silencio y aceptara sin replicar todo lo que él decía.

Se suponía que ella no sería nunca capaz de desafiarlo.

De repente había pasado de ser la esposa sumisa y abnegada que conocía, a la joven testaruda y osada que una vez había sido. Una Sakura que existió, pero fue reprimida por todas las cosas que había tenido que pasar.

Una Sakura a la que él tenía que controlar por su propio bien.

—No sabes lo que dices. Es precisamente lo que yo trato de evitar — el Uchiha intentó acercarse, pero la pelirrosa retrocedió y vio en ella claras intenciones de huir —. ¡Yo te cuido para que tú puedas estar tranquila y no necesites ocuparte de ti misma!

—¡Pues a veces no me gusta cómo lo haces! ¡Terminas ocultándome cosas que quisiera saber!

Esa declaración fue suficiente para que la furia de su marido se evaporara y, en lugar de gritarle de vuelta, solo se le quedó mirando, sabiendo exactamente de lo que ella hablaba.

Ese imbécil no solo había entrado en su casa a sabiendas de que lo tenía prohibido, sino que también había soltado la lengua sin importarle lo que podría causar.

Si a Sasuke su furia le había parecido tan rara, a Sakura la consternación de su marido le pareció de otro mundo. Era completamente antinatural que él se quedara callado en una argumentación.

Sasuke Uchiha era de los que interrogaban y obtenían respuestas, no de los que tenían que darlas.

Ese hecho fue suficiente para envalentonarla.

—¿Por qué no me dijiste que ese asesino había vuelto a aparecer? — lo cuestionó directamente, con la voz temblorosa.

Sus manos se afianzaron en la tela de su vestido, justo donde estaba el corazón, pues había comenzado a dolerle.

Confiaba en Sasuke. Sabía que él también formaba parte de ese grupo de personas de las que no tenía que tener la necesidad de cuidarse, pero aun así... Era difícil saber que él no era totalmente honesto con ella.

El Uchiha abandonó todo rastro de la furia que antes lo había consumido y su postura cambió hasta parecer tan desolado como la mujer.

Repentinamente ya no parecía que ella fuera la más necesitada de consuelo, sino él.

—Yo... Es que yo no quería... N-no quería... — fue todo lo que pudo decir.

Se suponía que su trabajo como oficial lo había entrenado para tener una mente ágil, capaz de responder a cualquier imprevisto, pero Sasuke perdió hasta el rastro de dichas habilidades. La actitud de su mujer y que ella lo atacara con una duda tan válida lo había desarmado.

Sakura esperó a que él le diera una respuesta, pero los segundos pasaron y no obtuvo más respuesta que una estampa de aprensión en el rostro de su esposo, una que poco a poco dio paso al arrepentimiento.

—Sasuke-kun... En el fondo sé por qué haces esto, pero... No está bien — la pelirrosa se acercó a él lentamente, como si temiera asustarlo.

Pocas veces había visto así de frágil a su esposo y, si acaso lo que él pensaba iba en la dirección que ella sospechaba, tenía que aclararle las cosas con el mayor tacto posible.

A pesar de parecer un animalito asustado, Sasuke se quedó quieto incluso cuando ella tocó su rostro tomándolo por las mejillas.

—Todas estas precauciones que tomas me hacen daño y me hacen sentir incluso más indefensa — continuó, dejándolo sentir una vaga, pero suave caricia en su piel—. Quisiera que pudieras confiar más en que no me derrumbare ante el menor inconveniente. Puedo lidiar con lo que pasa a mi alrededor mejor de lo que parece... Es mi propia cabeza quien me hace daño, lo sabes muy bien.

—Se supone que tengo que protegerte en lo que pueda, pero soy un inútil para lo que realmente me necesitas — él murmuró, cerrando los ojos y dejándose llevar por la calidez de su tacto —. ¿Para qué sirvo si no es para ponerte a salvo?

—¿No puedes aplicar a ti mismo lo que me dijiste el otro día? ¿Lo de ser más que suficiente únicamente para ti?

—No cuando yo no me importo en lo absoluto, y menos en comparación con lo mucho que me preocupo por ti — él suspiró y enterró ambas manos en el cabello de su amada por detrás de sus orejas para acercarla más —. Y te aseguro que me interesa aún menos cualquiera fuera de esta casa...

Sin pedirle permiso y ebrio por su cercanía, Sasuke atrapó los labios de su esposa en un suave y lento beso.

La primera reacción de Sakura fue sorprenderse y afianzar sus manos a su camisa en un intento por frenarlo, sin embargo, la forma en que él la besaba era tan delicada y dulce que se sintió mal de despreciarlo. Era el tipo de beso que quiere comunicar una súplica. En el caso de su marido, un pedido para que se quedara. Así que decidió relajarse y permitirle tomar lo que quisiera de ella, al menos por el momento.

Después de todo no era la primera vez que ambos tomaban esa ruta para evitar la confrontación.

Entendiendo la rendición que su esposa le mostraba, el hombre bajó sus manos para sujetarla por la espalda y abrazarla como si la vida se le fuera en ello. Inconscientemente comenzó a acelerar el beso y a respirar con profundidad como siempre hacía cuando la pasión lo embargaba. Cuando compartían cualquier tipo de intimidad, sobre todo esa en específico, le era imposible no perderse en el júbilo que solo su mujer podía proporcionarle. Sentir su frágil y suave cuerpo, aspirar el aire que solo era puro si estaba mezclado con su aroma, beber en su boca cada centímetro de su ser y reconocer que Sakura era tan suya como él era de ella.

Porque ningún otro hombre además de él la había tenido de esa forma en sus brazos y jamás lo haría.

De nueva cuenta, en tanto los labios masculinos se volvían más agresivos, sus palmas se movieron para sujetarla por el trasero, elevándola para que pudiera sentir en su bajo vientre lo excitado que lo tenía.

La combinación de sensaciones hizo que la pelirrosa gimiera con el poco aire en sus pulmones y Sasuke supo aprovechar esa pequeña separación para comenzar a besarla en las mejillas y poco a poco ir a por su cuello.

—Tu cuerpo entiende mejor que tu razón lo que mis acciones quieren decirte... — él murmuró contra su clavícula para después marcar su pálida piel con un sello rojo que por la fuerza de la succión después de volvería morado —. Lo mucho que te adoro y quiero que estés conmigo por el resto de nuestras vidas.

Las manos del hombre siempre habían sido especialmente agiles y, perdida en el éxtasis de sus caricias, Sakura apenas pudo darse cuenta de cuando bajo el cierre de su vestido y lo dejo caer a sus pies.

Sasuke se arrodilló frente a ella para poner su boca entre el valle de sus senos y bajar por su estómago. Sus manos se aferraron a su cintura con fuerza y completamente perdido en su devoción por ella, le abrazó pegando su rostro a sus bragas.

Desde abajo, el Uchiha la vio sonrojarse al máximo como una virgen y sintió que su lujuria se incrementaba aún más cuando sintió sus tímidas manos acariciarle el cabello. Ella siempre decía poco o nada cuando tenían sexo, pues su forma de darle consentimiento siempre había sido mediante ese tipo de pequeños gestos.

Si ella no escapaba o trataba de frenarlo, significaba que estaba dispuesta a entregarse hasta el final.

El pequeño afecto en su cuero cabelludo hizo que los ojos se le oscurecieran y de inmediato la levantó entre sus brazos como un siervo haría para cargar una figura de su Dios y la llevó a su habitación.

Levantó el rostro para besarla y Sakura bajó el suyo para posibilitarle las cosas. Ni siquiera se separaron cuando el Uchiha la dejó en el suelo y sacó a trompicones el futón del armario para extenderlo en el suelo. Tampoco cuando inmediatamente después la pelirrosa cayó de espaldas sobre la tela. En cambio, como si tuvieran vida propia, las manos femeninas comenzaron a ayudar a su marido a desvestirse en tanto sus bocas se devoraban mutuamente.

El calor en el cuarto era insoportable y ambos sentían un fuego interior exigiéndoles que lo hicieran aún más grande con la calidez de sus cuerpos juntándose.

Mientras poco a poco él iba quedando desnudo, se encargó de apartar la ropa interior del dulce cuerpo de su mujer con la boca o los dientes. Únicamente uso sus manos para deslizar sus bragas por sus largas piernas, las cuales besó castamente en un camino que lo dirigió a su entrepierna.

—Sasuke... — Sakura gimió cuando lo sintió lamer descaradamente su vagina y se deshizo en más llamados febriles cuando comenzó a chupar y besar su clítoris —. Sasuke-kun... Vas a hacerme...

—Eso es lo que quiero. Lo único en lo que tengo la certeza que soy bueno... Hacerte correr.

No pasó mucho para qué con sus esfuerzos redoblados, el pelinegro lograra arrancarle un largo gemido y hacer que su cuerpo se retorciera en un orgasmo.

Sin apartar su boca de su zona íntima, los ojos oscuros la vieron arquearse seductoramente en tanto trataba de soportar los efectos del éxtasis. Los clímax de Sakura solían ser duraderos e intensos, así que aun cuando todavía no había terminado de experimentar el primero, Sasuke metió dos dedos en su interior, al mismo tiempo que con su otra mano apretaba uno de sus pechos.

Inconscientemente, ella gritó por la sorpresa, pero no se apartó. Lo que él le estaba haciendo se sentía realmente bien, sobre todo porque comenzó a bombearla con constancia y velocidad.

—Ven otra vez Sakura. La meta de esta noche es que te corras por lo menos ocho veces y la mayoría de ellas tienen que ser con mi pene dentro de ti — él le ordenó antes de bajar su boca a la suya y comenzar a usar su lengua para tortura.

Por un momento se le había cruzado por la cabeza castigar a su mujer por su desobediencia reteniendo su placer y usar su cuerpo para satisfacerse solo a él mismo, sin embargo, eso le produciría el efecto contrario. Él únicamente podía encontrar su propio éxtasis a través de complacer a su Sakura y si no podía cumplirle en eso entonces a él tampoco le tocaría nada.

De nueva cuenta la pelirrosa sintió que estaba cerca y se lo anunció a su marido.

Perverso como siempre había sido, Sasuke movió sus dedos en su interior con más intensidad y los arqueo para estimularla todavía más. El efecto de sus acciones fue de inmediato. La Uchiha abrió sus ojos al máximo, con las pupilas dilatadas y un velo oscuro ensombreciendo sus orbes esmeraldas, y su boca no pudo contener un largo jadeo agudo.

Por su lado, Sasuke sintió como sus paredes internas apretaban sus dedos deliciosamente y ello fue suficiente para desear que reemplazarlos con su pene.

Aunque aún quería hacer una cosa antes que eso.

—¿Sasuke? — ella lo llamó con el cuerpo y la voluntad débiles al verlo levantarse, pero antes de que pudiera preguntarle a dónde iba, él movió su cuerpo hasta casi sentarse sobre su pecho y puso su erección frente a su cara.

Siempre había habido algo sumamente irresistible para Sakura en su miembro. No era solo su fuerte y erótico aroma, su largo y grueso tamaño, las venas hinchadas que lo recorrían o el exuberante vello púbico oscuro del que nacía. Era algo que la hipnotizaba hasta hacerla perder todo pudor y vergüenza. Algo que la hacía querer que ese gran pene la usara y denigrara cómo y cuándo él quisiera.

Por ello, la pelirrosa le permitió a su marido pasar la punta por sus mejillas, dejando un rastro de presemen en su piel y gustosa abrió sus labios para darle la bienvenida en su interior.

Aun cuando su boca era pequeña, Sakura tomó tanto de él cómo pudo y cerró los ojos, complacida, cuando sintió su sabor picante en su lengua. Sin esperar mucho comenzó a chuparlo con gula y respondió hundiendo las mejillas y succionando con fuerza cuando su esposo comenzó a embestirla, primero con delicadeza y luego poco a poco aumentando la agresividad.

—Eso es. Justo así — él siseó, loco de lujuria por la estampa que tenía en enfrente.

Su mujer nunca le había parecido más hermosa que en ese momento. Con el cabello rosado esparcido a su alrededor, la piel húmeda, caliente y ruborizada, su pecho subiendo y bajando conforme la respiración le comenzaba a faltar, la mirada perdida y concentrada en saborearlo hasta el cansancio y, por supuesto, su dulce e hinchada boquita alrededor de su miembro tomándolo con diligencia.

Sakura estaba haciéndolo pedazos con sus atenciones y él casi pierde el control cuando se dio cuenta de que mientras le hacía sexo oral, ella había llevado su mano a su propio centro para masturbarse.

Entonces decidió no prolongar más lo inevitable.

—Por ahora es suficiente — le dijo al tiempo que se alejaba y volvía a bajar de su cuerpo para darle la vuelta y colocarla a cuatro patas.

Sakura volvió a jadear gustosa cuando sintió un caliente beso en su espalda, así como en las mejillas de su trasero, quienes además recibieron mordiscos y duras bofetadas, de pura adoración.

A Sasuke le gustaba hacerlo en esa posición. Decía que le encantaba ver esa parte de su cuerpo enrojecer por sus embestidas y que amaba aferrarse a sus caderas para tomar impulso.

—Levanta el culo... Muy bien...

La punta roma de su pene bromeó un poco rozando su interior y ella tuvo que contenerse de protestar para que la penetrara de una vez, aunque seguro debió haber tenido una expresión lamentable en su rostro pues escuchó a su esposo reír levemente a sus espaldas y acto seguido la complació adentrándose en ella por fin.

Como siempre, Sakura ronroneó y cerró los ojos mientras se adaptaba a su gran tamaño y disfrutaba del estiramiento al que él la sometía en su interior.

Sasuke por su lado maldijo en voz alta por lo resbaladiza y caliente que estaba, para después comenzar a embestirla lenta, aunque profundamente.

A lo largo de su matrimonio, el Uchiha había dominado todas las formas en las que a Sakura le gustaba hacer el amor y sabía que, si bien un ritmo crudo, rápido y despiadado la hacía correrse intensamente, hacerlo lento, pausado y con penetraciones duras era lo ideal para prolongar su placer y reducirla completamente a su merced.

Esa ocasión no fue la excepción y con cada acometida intensa, la pelirrosa sintió que poco a poco perdía la cordura y se volvió inconsciente de los sonidos lascivos que salían de su boca y que, en combinación con el ruido acuoso de su vagina respondiendo mientras era penetrada, hacían una sinfonía que volverían loco a cualquier hombre.

Sobre todo, a su esposo, quien tenía un fetiche con los sonidos eróticos que podía escuchar del cuerpo de su amada.

—Mierda, tómame más profundo, Sakura. Quiero estar tan dentro de ti que cuando me corra no puedas deshacerte de mi existencia con nada — él ordenó también jadeando audiblemente —. Necesitas recordar a quién perteneces y quién es el único que puede disfrutar de siquiera pensarte.

—Eres tú... — Sakura murmuró con los ojos cerrados y las uñas aferrándose al futón bajo ella.

En respuesta su esposo comenzó a penetrarla más rápido y con más fuerza, lo que la hizo gritar todavía más.

—¿Quién? ¡Dilo! ¡Di mi nombre!

—Tú, Sasuke-kun. Solo tú.

—¡Grítalo! ¡Quiero asegurarme de que realmente lo dices tú y no mi alma desesperada por tu amor! — él rugió sintiendo que estaba cerca, aunque esa no sería la única vez que se correría esa sesión —. ¡Mi nombre! ¡Di mi nombre!

—¡Sasuke! ¡Sasuke! ¡Sasuke! — ella respondió con todo el aire que sus pulmones podían soltar.

Complacido, el nombrado sonrió abiertamente.

"Eso es mi Sakura, tienes razón... En tu mundo, solo hay espacio para mi" pensó victorioso, echando libremente su cabeza hacia atrás como si fuera un rey en la cima mundo.

Un conquistador.

Un maldito ganador.

Y mientras él reclamaba su triunfo y tenía como prueba de ello los llamados y excitantes lamentos de la mujer bajo su cuerpo, una persona afuera de la casa no tenía de otra más que también reconocerlo como el vencedor.

Tras ser sacado de la casa a rastras y quedar inconsciente de un solo puñetazo en la cara, Neji despertó alertado por una voz a su alrededor.

En un primer momento pensó que su dueña podría estar sufriendo, sin embargo, después se dio cuenta de que era todo lo contrario y que la sirena que clamaba el nombre de su poseedor no era otra que esa a la que sabía ya debía dar por perdida.

Aunque, como ya había dicho, un enamoramiento como el suyo no desaparecía con tanta facilidad y por ello se quedó unos minutos más a escucharla exclamar el nombre de alguien que no era él.

Quizá así conseguiría hacer entrar en su cabeza que ella jamás sería suya.

Tal vez de esa forma por fin aprendería la lección.

...

NOTAS FINALES:

Termine este capítulo a pesar de que ya ando en la recta final para ir a ver al patrón. Aun no me la creo. No siento que esté lista, al contrario, siento que me faltan mil cosas jajaja.

La próxima vez que actualice será habiendo pasado el mejor día de mi vida.

Así que plis recen mucho por mi para que todo salga bien en el viaje y regrese a mi casa sana, salva y media cuerda. Se los agradecería un montón.

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Como siempre, quiero darles las gracias por acompañarme en una actualización más y por todo su apoyo. Porfi cuéntenme que le pareció este capítulo y recuerden que me interesan mucho sus teorías jiji.

Esta vez el mensaje aquí será corto, así que, por ahora, muchas muchas gracias y nos leemos a la próxima! Bye!