FIREFLY PATH
DISCLAIMER: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, pero la historia es de mi autoría.
WARNING: Esta historia contiene descripciones y menciones de actos de violencia sexual, física y psicológica, así como de temas de abuso de poder y adoctrinamiento religioso. Por favor, tomarlo en cuenta antes de leer.
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Capítulo 9. Derechos de nacimiento y desarrollo.
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Desde niña, la mentalidad de Sakura nunca había sido muy difícil de entender, aunque, aun así, sus ideas podían ser tan simples y fáciles de empatizar, como elaboradas y sumamente personales.
Tenía una lista completa de sueños y metas que quería cumplir en el futuro que también se dividía de la misma manera.
Los objetivos clásicos iban desde crecer y convertirse en una bonita mujer adulta, viajar para conocer el mundo, enamorarse, casarse y tener un adorable hogar con esa persona especial, hasta finalmente llegar a ser una doctora al menos la mitad de buena que su quería tía Tsunade.
Por otro lado, en las metas más intrincadas y que ella nunca compartió con nadie que no fuera ella misma, había ejemplos como su deseo de que su padre un día se reconciliara con la idea de que ella era todo lo que tenía, que su tía se permitiera abrir ese duro caparazón que no dejaba entrar a nadie y la aislaba emocionalmente de todos, y, sobre todo, llegar a emular a esa madre que solo conocía por relatos, sueños e imaginaciones.
Esa persona que tanto admiraba a pesar de no conocer y que en su mente tenía una imagen impoluta y glorificada.
Kizashi solía decir que, cuando Sakura nació al inicio de la primavera, todos clamaron con alegría el buen augurio y fortuna que ella traía con su llegada.
Según sus propias palabras, aunque ella trajo la mayor e inimaginable alegría y luz a los Haruno, sin lugar a dudas, la más feliz y desbordante de todos fue su madre.
Mebuki solía ser una mujer calmada, pragmática, cariñosa y confiable. Todas esas cualidades que una madre debía ser para brindar el mejor cuidado y estabilidad a sus hijos. Rara vez dejaba que sus emociones le ganaran a su razón y su personalidad se asemejaba bastante a la de su hermana Tsunade, en el sentido de que era difícil que perdiera su elegancia y compostura innatas. Era toda una dama en el sentido más estricto de la palabra.
No obstante, cuando Sakura nació, se permitió liberarse y dejar fluir todo aquello que estaba acostumbrada a restringir: como una elocuente e improvisada risa, palabras amorosas y sin sentido que le salían del corazón y bailes alegres que la llevaban a recorrer toda la casa con su pequeña en brazos.
Mebuki estaba sinceramente extasiada de ser la madre de Sakura y por eso la pequeña fue llamada durante sus primeros años "el corazón de su madre".
Sakura también fue un bebé amoroso con su progenitora y la hizo disfrutar al máximo la alegría de ser mamá los pocos años que pudieron estar juntas.
Cuando una enfermedad incurable la atacó a los escasos tres años de su retoño, se vio incapacitada para cuidarla y, a pesar de los esfuerzos incansables de su hermana mayor, terminó sucumbiendo meses después.
Sakura ya no lo recordaba, pero su padre le dijo que, en el funeral, su tía no había dejado de abrazarla y pedirle disculpas por no haber podido salvar a su madre, a pesar de que ella no tenía entendimiento de lo que estaba pasando y mucho menos le reclamaría en ese momento o en el futuro una cosa así.
Ni siquiera se molestó con ella o la presionó a darle detalles de la muerte de su madre cuando creció y quiso averiguar los motivos de su fallecimiento. Como la niña educada y prudente que siempre le enseñaron a ser, aceptó de buen grado la negativa de Tsunade a revelarle el padecimiento de Mebuki y nunca volvió a sacar el tema, a pesar de que una pequeña parte de ella quería intentar estudiarlo y trabajar en una cura.
Sí.
Sakura siempre fue magnánima y complaciente.
Por eso se esforzó sobremanera por llenar de risas y juegos a su padre y así distraerlo del dolor que la pérdida de su esposa le provocó y fue por eso que puso atención y estudio mucho todas las lecciones escolares que su tía le impartió, para hacerla sentir orgullosa de su inteligencia.
Ella siempre quiso que las personas a su alrededor fueran felices y nunca le dio gran importancia a buscar algo más sustancial que pudiera hacerla sentir ese gozo exclusivamente personal.
Al final, incluso sus metas íntimas estaban conectadas a otros.
Kizashi y Tsunade lo sabían y se sentían asustados de esa parte de ella. La pequeña quería expiar penitencias que no le correspondían y asumía responsabilidades demasiado grandes para un ser tan joven como ella. Les preocupaba lo obligada que Sakura se sentía a siempre mostrar una sonrisa y lo buena que se volvió con los años para ocultar su tristeza.
"¿No debería haber un doctor para la mente, de la misma forma que hay uno para el cuerpo? Creo que deberíamos tener uno aquí en Konoha... ¿Y si yo me convierto en la primera?" La pelirrosa preguntó a su tía cuando tenía doce años, con evidente ilusión.
Tsunade había reflexionado un momento antes de responderle, pero finalmente terminó por acariciar su mejilla. Sakura sabía lo que eso significaba: un "no" rotundo.
"Existen ese tipo de doctores en otros lugares y, aunque ciertamente a Konoha le haría bien uno, preferiría que te mantuvieras alejada de ese campo"
La pequeña Haruno no lo supo hasta que su tía murió y se hizo poseedora de su diario, pero en ese entonces Tsunade y Kizashi habían estado planteándose la idea de llevarla precisamente con uno de esos especialistas para tratar sus problemas psicológicos.
El plan fue lo suficientemente elaborado como para inclusive contemplar una estancia permanente fuera de Konoha, pero al final no se concretó pues sus dos tutores no podían salir del pueblo y mucho menos separarse de ella.
Reconocían que eran la causa de los problemas de Sakura, pues estaban tan aferrados a ella como la niña a ellos y no habían hecho más que alimentar esa idea errónea que ella tenía sobre tener que ser la respuesta a sus tristezas.
Así pues, lo último para lo que la pelirrosa sería apta sería la medicina psiquiátrica.
A lo largo del tiempo y sobre todo en la adolescencia, Sakura preguntó por su madre en infinidad de ocasiones y no le importaba recibir los mismos datos, historias o reflexiones repetidamente. Lo que buscaba no era información nueva sobre Mebuki, sino ver el brillo de amor y nostalgia pura que inundaba las miradas de sus seres queridos cuando hablaban de ella.
La hacía feliz saber que su madre había sido tan amada en vida que ni siquiera en la muerte sería olvidada ni en el más mínimo detalle.
Además, le gustaba cuando le decían que en algún lugar en el cielo su madre la cuidaba y estaba contenta de haberla tenido como hija.
No mostró grandes mejorías respecto a sus tendencias psicológicas al crecer, pero sí se desarrolló físicamente lo suficiente para adquirir un sentido de personalidad que solo le pertenecía a ella.
Ni su madre o su padre había tenido ojos verdes esmeralda como los suyos o el cabello rosado como las flores más hermosas, como ella sí lo tenía. Mebuki tampoco había llegado a ser tan hermosa como Sakura sí lo era y por eso Tsunade la llamaba de cariño la primera "bailarina" de la familia, debido a su estructura corporal delicada y poco curvilínea, a diferencia de ella y su hermana.
Fue precisamente esa apariencia tan única lo que hizo que su tía comenzara a preocuparse.
Sobre todo, cuando se dio cuenta de la existencia de Sasuke Uchiha.
Tsunade siempre había sido una mujer muy observadora y analítica con su alrededor.
Había escuchado y era consciente de los horrores que se vivían a pocas casas de la suya.
Sabía del sufrimiento que el hijo menor de esa familia tenía que pasar y la razón por la que nadie se atrevía a interferir en su defensa.
Konoha era después de todo un pueblo rural todavía muy apegado a las costumbres que por años se habían seguido en ese pequeño lugar. Nadie se metía en la crianza de los demás y tampoco estaba mal visto disciplinar a los hijos si se creía necesario. Aunque era de conocimiento popular que Fugaku Uchiha llevaba a un extremo insano el cuidado de su hijo menor.
Sasuke ya estaba siendo maltratado activamente y vivía un infierno en su propia casa para cuando su sobrina nació y, aunque tanto ella como Mebuki y Kizashi no podían evitar voltear a ver a los Uchiha con censura cuando los veían, estaban demasiado concentrados en su pequeño rayo de sol como para preocuparse genuinamente por el menor de los Uchiha.
De hecho, Tsunade relató en su diario un breve encuentro con un Sasuke de seis años y lo describió como uno de los momentos más inquietantes de su vida.
Según su historia, habían estado fuera de casa en un improvisado día de campo, disfrutando de juegos y charla con una Sakura que apenas había aprendido a sentarse, cuando a lo lejos sintió que alguien los observaba.
Tal vez, para cualquiera, la presencia apenas oculta de Sasuke pudo haberle causado tristeza o enojo con la vida, pues se veía herido y abatido, pero todo lo que Tsunade sintió fue rechazo.
Algo en la mirada que ese niño les dirigió movió un sentimiento extraño y preocupante dentro de ella. Lo suficiente como para que sintiera el impulso de tomar a la bebé de cabello rosado y esconderla de su mirada obsidiana y vacía.
La primera vez que leyó ese relato, Sakura se sintió disgustada con su tía y ese mismo sentimiento se repitió todas las veces en que, fuera del papel, la mujer mostró aversión en contra de quien hoy en día era su esposo.
Una vez incluso hablaron de ello.
La pelirrosa indagó en los motivos por los que su tía y maestra miraba con malos ojos a Sasuke, llegando incluso a indicarle que ella se encargaría de atenderlo la próxima vez que fuera a consulta después de la primera y única ocasión en la que él visitó el consultorio.
"No me gusta su presencia y mucho menos la forma en la que te mira cuando está cerca"
"¿No me habías dicho que tenía que aprender a ignorar las miradas de los hombres si quería seguir esta profesión?"
"La de él no tiene nada que ver con deseo o carnalidad... Y por eso harás lo que te digo. Fin de la discusión".
Respecto al hombre al que ahora llamaba marido, Sakura muchas veces se encontró pensando en él antes de que su vida cambiara por completo.
Ella también supo lo que tenía que pasar viviendo en su hogar desde muy pequeña. Se preguntaba continuamente cómo podía seguir entero después de todo lo que le obligaban a sufrir y por las noches rogó a Dios para que lo ayudara, en incontables ocasiones.
Sentía mucha empatía y tristeza por él.
Muchas veces incluso deseó tener el valor de acercarse a él para preguntarle por qué si ya era mayor y estaba creciendo, no se defendía, pero al final no fue necesario.
Para cuando ella se sintió lo suficientemente valiente como para atreverse a hablarle, la muerte de la familia Uchiha sacudió al pueblo y con ello, Sasuke por fin se deshizo de las cadenas que lo aprisionaban.
Por fin fue libre y ya no necesitaba el auxilio de nadie.
Para entonces él ya tenía 17 años, pero al menos su libertad llegó mejor tarde que nunca.
En aquellos días solo Kizashi se había acercado a él para darle el pésame, pues sin importar las circunstancias, su tía ya estaba firme en que Sakura no debía estar cerca de él.
A Sakura no le importó.
De cualquier manera, no sentía que nada de lo que hubiera podido decirle hubiera sido sincero. Decir que lamentaba su perdida sería una descarada mentira. Aunque inmediatamente se regañó por pensar así, ella no sentía tristeza por la muerte de esas personas.
Rememorando el pasado, Sakura se daba cuenta de que muchas veces quiso compartir, aunque fuera un par de palabras con Sasuke. Sin importar que ella lo tuviera prohibido y que él no pareciera abierto a estar cerca de ninguna persona en realidad.
Algo en él siempre llamó poderosamente su atención y pese a que llegó a preguntarse si podría ser que tuviera sentimientos románticos hacia su persona, al final lo atribuyó nuevamente a su sentido del deber con la gente a su alrededor.
Por eso, aquel día en que fue a su consulta no se contuvo de darle las palabras que durante toda la vida había estado guardando para él. Ese: "estoy aquí para lo que necesites" que siempre quiso darle.
Por eso la orden de su tía de no atenderlo si algún día regresaba la había herido tanto y, aunque realmente nunca tuvo la intención de obedecerla, ese sentimiento de enojo contra ella solamente pudo desaparecer cuando la mujer falleció.
Cuando Tsunade ya no estuvo más en el mundo de los vivos, a pesar de la gran tristeza que la inundó por su partida, uno de esos pensamientos imprudentes e incorrectos que jamás se permitiría decir en voz alta al respecto fue que ya nada le impediría auxiliar a Sasuke si él acudía a ella.
Porque sí, Sakura era complaciente, pero cuando se trataba de él, inconscientemente, solo se preocupaba por satisfacerse a sí misma.
Lamentablemente, la oportunidad de acercarse a él no llegó de la forma en que ella esperaba, pues Sasuke regresó a su vida tras el episodio más traumático que le pudo suceder y en lugar de ser solo su doctora o una amiga, terminó convirtiéndose en su esposa.
Y lo que era aún más radical... Pronto sería la madre de su hijo.
En el presente, sentada frente al espejo de su habitación, Sakura se permitió observarse durante largos minutos.
Cómo suele suceder cuando uno ve su reflejo durante demasiado tiempo, su mente ya había dejado de reconocerla, y la imagen que le regresaba la mirada a través del cristal, ya se había tornado inquietante. Solo que aun así ella se negó a apartar los ojos.
Desde el incidente que cambió su vida no le gustaba verse en el espejo, pero, por alguna razón ahora se sentía necesitada de hacerlo.
Volver a identificarse era crucial.
Porque estaba en un momento donde ya se había disociado de sí misma más de lo que nunca había hecho.
Inconscientemente, llevó una de sus manos a su vientre todavía plano y su tacto casi tembló por la inseguridad y el creciente miedo que sentía de su estado.
Estaba embarazada.
En su interior había un bebé.
Un niño o niña que había llegado en el peor momento posible y que ella aun no decidía si quería tener.
Ese no era el momento indicado para convertirse en madre y sería tan sencillo como ir a su consultorio y preparar el remedio que su tía Tsunade le enseñó para casos como esos y corregir la situación.
No obstante, aún estaba indecisa sobre lo que quería hacer.
Independientemente de la conveniencia, los problemas que había que contemplar o su cada vez más desastrosa situación emocional y mental, Sakura estaba luchando por identificar lo que su corazón quería hacer con ese bebé.
La poca razón que quedaba dentro de ella le decía que sería un error traer al mundo a una inocente criatura que tendría una familia como la suya. Con una destruida madre y un aún más arruinado padre.
Ningún niño merecía nacer en un nido donde la desgracia opacaba cualquier amor o esfuerzo que sus padres pudieran querer hacer para darle una buena vida.
Sin embargo, otra parte de ella, las íntima y brutalmente egoísta, quería intentarlo.
Quería intentar ser la madre de alguien.
Esa persona que ella no pudo tener casi nada de tiempo y con la que toda su vida soñó conectar.
Esa que siempre se preguntó si podría llegar a emular, aunque fuera mínimamente.
Un bebé no era un experimento y mucho menos un objeto mediante el cual llenar los varios emocionales que Sakura tenía desde la infancia, pero aun así se sentía tentada a tenerlo.
No dudaba que fuera a amarlo sinceramente y que lo cuidaría y protegería con su vida si era necesario. Incluso estaría dispuesta a dejar atrás su pasado y sus cicatrices psicológicas con tal de dedicarse únicamente a él. Su hijo o hija nunca tendría que dudar de que su madre le daría el mundo si pudiera.
Además, una porción del deseo que tenía por quedarse ese bebé estaba destinada a Sasuke.
Él no decía nada ni la había tratado diferente para no presionarla, pero ella sabía que también estaba ilusionado con ese hijo en su vientre.
Algo en la forma en la que la miraba y la acariciaba se lo decía y Sakura se sentía tan débil ante ese anhelo en él que poco a poco se sentía más convencida de convertirlo en padre.
Tal vez ese pequeño le proporcionaría a esa alma que toda la vida soñó con ayudar, esa luz que le fue negada desde su nacimiento y que ella no se sentía capaz de darle.
Tal vez ese bebé sería un nuevo comienzo para ambos.
Solo tenía que decidir si quería tenerlo... A pesar de que su situación se había torcido más que nunca los últimos días.
—¿No has comenzado aun? — de repente Sasuke entró en la habitación y la cuestionó al encontrarla al pie del espejo, completamente estática.
—... Aun no — ella apenas respondió en un susurro, algo temerosa de molestarlo.
—No te preocupes. Yo lo haré por ti, tú descansa — sin embargo, Sasuke no lo hizo y, en cambio, de buen grado, comenzó a guardar con cuidado las pertenencias que se suponía que Sakura ya habría guardado en las maletas.
Tras aquel violento incidente con los habitantes del pueblo que quisieron invadir su casa, Sasuke concluyó que no podían continuar viviendo en Konoha y que debían irse tan pronto como fuera posible.
A pesar de la posibilidad de haber sido denunciados ante la policía y pasando completamente por alto ese infame episodio sexual que vino después y sacó lo peor de los dos, el Uchiha estaba sorprendentemente animado. Casi parecía alegre y Sakura no sabía cómo sentirse al respecto.
Ella aun sentía vergüenza por su comportamiento e incluso asustada por ese lado tan perverso y oscuro que guardaba en su interior.
No podía identificarse con esa algarabía que su marido sentía por encima de todo lo que estaba pasando en sus vidas.
Más aún cuando, a pesar de ser consciente de que era cierto que lo mejor sería que se fueran de Konoha, no podía evitar sentirse triste y culpable por ello.
Había pasado toda su vida en ese lugar y más allá de esa responsabilidad que sentía con el caso de la sombra del sendero de las luciérnagas, había mucho bagaje emocional que la ataba a ese pueblo.
Y precisamente por eso tenía que hacerle un pedido a su esposo antes de irse.
—Sasuke-kun...
—Dime.
—Yo... Quiero pedirte algo.
Al escucharla, Sasuke detuvo todo lo que estaba haciendo y se dirigió hacia ella apresuradamente.
Tomó su rostro por las mejillas y las acarició con más dulzura y cuidado del que nunca puso en ella, al tiempo que su mirada preocupaba vagaba por ella de pies a cabeza.
—¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? Pídeme lo que quieras. Sea lo que sea que necesites lo haré por ti.
La ternura de su esposo siempre había sido algo que causaba culpa y cariño en Sakura en partes iguales y decidía recibir, pues la hacía sentir tan amada como siempre quiso ser.
—E-es que aún hay cosas en mi casa que... Que me gustaría...
—¿Quieres que vaya por ellas? — rápidamente él adivinó, a lo que Sakura asintió, insegura —. ¿Están en tu habitación? ¿En la de tus padres?
—Todo está en el armario.
—Vale, no te preocupes. Iré por ellas ahora mismo.
Sakura no había querido que él cumpliera con su pedido en ese instante, pero no tuvo tiempo de decírselo pues él le besó la frente y salió de la habitación.
La mirada de la pelirrosa permaneció fija en la puerta un par de segundos, digiriendo esa atención y devoción a la que no podría acostumbrarse nunca, pero que debía admitir que remendaba su alma rota como si de agua e hilo se tratara.
Al voltear a su maleta rápidamente llamó su atención el cuidado con el que Sasuke había guardado su ropa y sintió que se conmovía más allá de las palabras al ver su vestido de novia entre ellas.
"Solo llevaremos lo necesario y más valioso" él había le indicado antes.
Sí, su marido definitivamente merecía que ella se esforzara un poco más por él, sin importar que una parte de su mente le dijera que sería un error.
Porque, a pesar de que sentía que su afecto por él se había hecho más fuerte, todavía no había abandonado la desconfianza y temor que le tenía.
Sasuke no perdió ni un solo minuto en salir de su hogar para ir a casa de Sakura, ni tampoco en entrar y comenzar a recolectar todo lo que creía que ella podría querer.
Afuera estaba lloviendo a cantaros y tenía la ropa casi empapada por completo, pero no le prestó la menor importancia.
El armario de los Haruno era más grande que los de las casas usuales, aunque las paredes de madera estaban sumamente desgastadas y hasta tenían agujeros. Al no contener muchos objetos estaba bien organizado, por lo que solo tuvo que apilar las cajas que estaban a su alcance una por una.
Tal vez tendría que hacer dos viajes, y definitivamente sería un problema llevar tantas cosas en la mudanza, pero no le importaba.
Mientras su esposa estuviera bien y tuviera todo lo quisiera, lo demás sería secundario.
Sakura había aceptado su marcha de Konoha con menos renuencia de la que se imaginó y se había mostrado cooperativa con el plan. Era mucho más de lo que podía pedir de ella y por eso también estaba tan contento.
No solo cumpliría su deseo de finalmente salir de ese pueblo de mierda de una vez por todas, sino que su esposa por fin estaba rindiéndose a aceptar que nadie sabía tanto lo que era mejor para ella, como él.
Con seguridad, de ahora en adelante las cosas serían más fáciles entre ellos y podrían llevar esa vida llena de tranquila y amor que se merecían. Más aún ahora que estaban por tener un bebé.
Su hijo o hija era la prueba de que las cosas estaban acomodándose para ambos y que su futuro estaba por comenzar.
Una inconcebible y gran sonrisa se abrió paso en sus labios pensando en la posibilidad de que su criatura se pareciera a Sakura. Con toda su belleza, su adorable sonrisa y su precioso corazón.
En algunas de las cajas había fotos de su esposa cuando era pequeña, pero no necesitaba verlas para tener una imagen nítida de cómo podría verse su futuro hijo. Tenía todo lo que necesitaba en su memoria.
Sasuke había nacido incapaz de olvidar ningún dato o detalle por más antiguo que fuera, pero, aun si no tuviera esa habilidad, para él sería imposible de olvidar a aquella pequeña niña tan bella, amada y feliz.
La primera y única persona genuinamente brillante que conoció.
El Uchiha logró reunir todas las cajas en una pila y se dispuso a salir de la casa con ellas.
Tal vez en otro momento o circunstancias se habría quedado a analizar lo que una vez fue el hogar de los Haruno y el sitio donde su amada creció, pero ya no tenía motivos para hacerlo.
Cualquier recuerdo que ese lugar contuviera debía quedar atrás, igual que su pasado y la vida que tuvieron antes de comenzar de nuevo.
Esperaba que así él pudiera un día olvidarse de todo y que su mujer también.
Deslizó la puerta principal torpemente y casi tira todos los objetos en sus manos cuando tropezó con una presencia inesperada.
Para su desconcierto, la persona frente a él impidió que las cajas cayeran en la entrada y aunque Sasuke nunca tuvo la intención de agradecer, su ceño se frunció al identificar al visitante.
—¿Qué está haciendo aquí? — preguntó con tirria.
—Fui a tu casa a hablar contigo, pero tu hermano me informó que habías salido y que estarías aquí — Kakashi Hatake se explicó con una pequeña sonrisa.
Demasiado intrigado como para detenerse en preguntarse cómo Itachi sabía su paradero, Sasuke bajó las cajas al suelo y se paró firme y hostil en contra del hombre.
Nunca había tenido una buena opinión de él y mucho menos demostrado algo que no fuera antipatía en su contra. Algo en el clérigo siempre le había producido desconfianza y la manera en que solía expresarse de Sakura había añadido asco puro a la ecuación.
Kakashi podía creer que su antipatía solo tenía su origen en la discusión que tuvieron el día que Sasuke acudió a pedir la licencia para casarse, pero, en realidad, venía de mucho más atrás.
De la época en la que, igual que los demás hizo la mirada a un lado para no ver su sufrimiento, pese a esa vocación magnánima y compasiva que decía tener.
Al final, como todo el mundo, no era más un vil hipócrita.
—¿Y de qué quiere hablar conmigo?
Kakashi exhaló aire pesadamente y se adentró en la casa de los Haruno, admirando su interior sin molestarse en disimular. Él sabía que la paciencia no era una de las virtudes por las que Sasuke fuera reconocido y ello pareció motivarlo a tomarse su tiempo.
El Uchiha por su lado sintió que la vena en su cuello que se hinchaba cuando estaba a punto de gritar se hacía más grande y realmente estuvo a punto de arremeter en contra del clérigo antes de que éste finalmente se decidiera a hablar.
—Al principio quería discutir contigo ese enfrentamiento que me enteré que tuviste con algunos vecinos de nuestro pueblo y tal vez reñirte un poco por tu comportamiento — Hatake se explicó caminando por la estancia principal y dirigiéndose a la cocina con las manos tras la espalda —. Pero, cuando llegué a tu casa y fui recibido por tu hermano, comprendí todo lo que está pasando.
—¿A qué mierda se refiere? — Sasuke arrastró las palabras con hartazgo.
—A que con Itachi de regreso, es imposible que te comportaras de otra manera — respondió como si fuera lo más obvio —. Su aparición no debió haberte hecho gracia y tal vez te tiene al borde de perder la cordura. Después de todo, tu familia siempre ha sido un catalizador para toda tu negatividad
—Usted no sabe nada de mí, aunque crea saberlo todo de mi relación con mi familia y por eso nada de lo que tenga que decir es de mi interés — Sasuke se dispuso a salir de la vivienda y dejarlo hablando solo—. Pierde su tiempo tratando de hablar conmigo.
Sin embargo, sus siguientes palabras lo hicieron quedarse y hasta soltar los objetos en sus brazos.
—Es curioso, ¿sabes? Eso es lo que todo el mundo me dice. Que seguir intentando razonar y ayudarte tanto a ti como a Sakura Es una pérdida de tiempo — Kakashi reflexionó bajando la mirada —. Pero simplemente no puedo darme por vencido.
—¿Por qué? ¿Porque se cree con derecho de meterse en la vida de los demás cuando su oportunidad de ser de ayuda ya ha pasado? — Sasuke hizo una pausa mientras se acercaba al hombre hasta estar frente a él cara a cara y sus orbes obsidiana se clavaron en los de Kakashi con la más pura de las rabias —. ¿O porque tiene una fijación con mi mujer que ya no puede disimular ni controlar?
A pesar de la acusación, el peliplata se mantuvo firme y calmado, sin siquiera hacer ademán de que la invasión a su espacio personal lo perturbara o de que las palabras del Uchiha lo tomaran con la guardia baja.
Parecía que se había anticipado a ese momento.
—No sé de dónde has sacado semejante disparate, pero quiero que sepas que no puedes estar más equivocado. No tengo ningún sentimiento por ella más allá de la preocupación que todos en Konoha me provocan.
—No intente hacerse el tonto. Tengo toda la experiencia del mundo aprendiendo a identificar las miradas, gestos o palabras de la gente.
—Tal vez las que te dan a ti, Sasuke, pero no puedes pretender saber de las intenciones hacia tu esposa.
— No pretendo saberlo, lo sé y ya — el Uchiha se mantuvo a la defensiva —. Sé cuando la observan con afecto genuino, porque conocí a su padre. Sé cuando son duros, pero bien intencionados, porque conocí a su tía. Sé cuando le hablan con el único propósito de aprovecharse de ella, porque conozco a todas las personas de este puto pueblo... Y créame, sé cuando miran a mi esposa con anhelo y lujuria porque me conozco a mí.
Kakashi hizo un movimiento brusco con sus labios al escucharlo y aunque el pelinegro se creyera el más astuto e inteligente de los dos, él sabía que no lo era tanto.
—Si eso es así... ¿Entonces qué has notado en el comportamiento de tu hermano?
La reacción de Sasuke al escucharlo traer a colación a Itachi fue impagable.
De la misma manera en que siempre hacía cuando estaba insanamente molesto, el Uchiha menor enderezó su columna pareciendo más alto, cuadró los hombros, pareciendo más ancho, su respiración se volvió densa como si fuera un animal hambriento y su expresión se tensó y endureció como si de la mismísima muerte se tratara.
Y no era para menos.
Sasuke Uchiha siempre había coqueteado con la locura y el descontrol.
Siempre que estaba cerca de él, Kakashi temía perecer en sus manos.
—¿Qué ha visto usted? — respondió con otra pregunta.
En efecto, el pelinegro había identificado todos esos deseos y pensamientos impuros que tanto aborrecía se dirigieran a su mujer, en su propio hermano.
Muchas veces estuvo a punto de golpear su rostro contra las paredes de su hogar hasta matarlo con tal de que dejara de analizar profunda y descaradamente a Sakura.
Su ubicación en la casa.
Sus acciones.
Sus movimientos.
Su expresión y estado de ánimo.
Los rasgos de su rostro.
Su cuerpo de pies a cabeza.
Itachi ya estaba más allá de cualquier rastro de decencia, por lo que nunca fue inesperado para él que se comportara como un enfermo pervertido y su objeto de deseo fuera su cuñada, quien además pronto sería la madre de su sobrino.
Únicamente se había detenido de tocar el tema y hacerle saber que lo tenía vigilado porque no quería que su esposa fuera a escucharlos ni por equivocación y se sintiera más asustada y perturbada de lo que ya estaba.
No quería que pensara que él había dejado entrar el peligro a su propia casa.
—No se trata de lo que he visto. Sino de lo que él mismo me dijo... Pero, para tu mala suerte, no creo poder romper el secreto de confesión.
Con la curiosidad y el odio creciendo más fuerte que nunca en su interior, Sasuke no vaciló en tomar del cuello al clérigo y apretarlo ligeramente.
—¿Qué fue lo que te dijo sobre Sakura?
Kakashi mantuvo la boca cerrada, negándose por largos segundos a ceder a la orden del Uchiha, pero no pudo mantenerse durante mucho tiempo, pues él apretó el agarre cada vez más y su respiración se vio imposibilitada, paulatinamente.
Intentó apartar las manos de Sasuke, pero éste era más fuerte y parecía que sus extremidades se habían vuelto cadenas.
Estaba a punto de ponerse morado y los ojos le lagrimearon por la presión, pero en todo momento mantuvo la mirada fija en el rostro de su atacante.
En la inamovible y dispuesta voluntad de un muchacho que había nacido sin nada y se rehusaba a perder lo poco que tenía.
Casi estuvo a punto de desmayarse, pero Sasuke supo cuando detenerse a tiempo y antes de desvanecerse cayó al suelo.
El Uchiha le dio un par de segundos para que se recuperara antes de agacharse a su altura y volver a someterlo a la misma tortura si era necesario.
—Tranquilo... Te lo diré... Para eso te busque en segundo lugar — Kakashi levantó una mano frente a él, pidiendo al Uchiha que le permitiera volver a tomar aliento.
Cuando lo logró, sus ojos normalmente calmados y sabiondos se elevaron hacia Sasuke, con una seriedad anormal en él.
Y Sasuke de inmediato lo supo.
—... Es él, ¿verdad?
Hatake dudó, pero no asintió ni negó su hipótesis, en cambio, se puso de pie y se pasó la mano por el cabello, en una clara muestra de creciente nerviosismo.
—No tengo idea... Pero a veces creo que puede que lo sea — murmuró y antes de que el pelinegro lo atacara a él o saliera de la casa en busca de su hermano, se explicó —. Antes de que desapareciera y que tus padres murieran, vino a mi para confesarse. Estaba muy sorprendido, pues siempre me pareció un muchacho virtuoso y que simple vista no podrías ni pensar que era capaz de pecar, ni de obra ni de pensamiento... Pero él afirmó estarlo haciendo precisamente de eso último.
—No le des vueltas al asunto, Kakashi. Dime que te dijo — Sasuke ordenó con la mandíbula cada vez más tensa y los ojos desorbitados.
—Dijo que había estado pensando noche y día en una persona. Alguien a quien catalogó como "imposible", pues, aunque estaba cerca y a su alcance, sentía que no estaba destinada para él... — hizo una pausa y luego le dio una mirada significativa al Uchiha —. Porque creía que había sido injustamente hecha por el cielo, para alguien que la necesitaba y quería más.
Sasuke parpadeó, analizando esa declaración y sus manos se hicieron puños al reconocer lo obvio que era que su hermano se había referido a Sakura en aquel entonces.
—¿Y tú te guardaste esta información durante...?
—No es más que información incompleta y apoyada en mi percepción. Fue hace mucho tiempo y lo último que pensé fue que sus ojos se hubieran fijado en quien un día sería la esposa de su hermano — Kakashi lo interrumpió con firmeza —. Además, sí hable una vez con la policía. Después de que Sakura fue la víctima y pude conectar los puntos, les dije que creía que Itachi Uchiha podía ser la identidad de la sombra del sendero de las luciérnagas, pero desestimaron mi opinión... Un secreto de confesión que bien pudo ser solo un desahogo por desamor no podía sostener una acusación como esa y, para colmo, Itachi ya llevaba mucho tiempo lejos para cuando tú esposa fue una más de las tantas víctimas que hubo antes y después de ella.
Sasuke no sabía eso.
Se suponía que tenía en su poder cada documento oficial sobre el caso de ese asesino, pero, al parecer, había datos que escapaban fuera de su alcance.
Aunque en ese momento, eso ya era lo de menos.
—Ciertamente puede no ser sustento suficiente para la policía, pero al menos debiste decirme a mí que tenías esas conjeturas — Sasuke lo acusó —. Si me lo hubieras dicho antes, ese pedazo de...
Mierda.
—Exacto. Por eso en vez de seguir aquí discutiendo conmigo creo que tienes que correr de regreso a tu hogar lo más pronto posible y sacarlo de Konoha, para siempre.
Sin intención de reconocer la "ayuda" que Kakashi les había brindado a medias y sin esperar a que dijera una palabra más, el Uchiha se dio la vuelta y salió de la casa de los Haruno a toda prisa.
No le importó dejar abandonadas las pertenencias preciadas que su esposa tanto necesitaba recuperar y tampoco le importó seguir interrogando a Kakashi, aunque tenía muchas preguntas y reclamos más que hacer.
Lo único claro en su mente fue la urgencia de regresar a casa y alejar a Itachi de Sakura.
Salvar a su esposa de su verdugo.
Ese que él dejó entrar en su hogar, poniendo a su preciado objeto de deseo a su alcance.
Su desesperación, rabia y preocupación lo hicieron llegar en tiempo récord a su hogar y, apenas entró, vio a Itachi, sentado en el porche mientras observaba la lluvia caer con una taza de té a su lado.
Más enojado de lo nunca había estado en toda su vida, Sasuke tomó el recipiente de cerámica y lo estrelló contra la cabeza de su hermano.
El mayor no pudo ni siquiera anticiparse a su ataque o reaccionar, pues el menor estaba dominado por la impulsividad y la violencia.
Como si fuera un cerdo al que había que poner en su hábitat, Sasuke tomó a su familiar por la ropa y lo lanzó al lodoso suelo del jardín.
—¿Creíste que jamás lo descubriría? — le gritó posicionándose encima de él para aplastar su rostro contra el barro y cortarle el oxígeno. Debajo de él, Itachi se retorció como pudo y gimió entrecortadamente —. ¡¿Pensaste que nunca me daría cuenta de lo que quisiste hacer?! ¡De lo que quieres hacernos a mi esposa y a mí!
Sin bajar ni un poco el nivel de agresividad, Sasuke le dio la vuelta al cuerpo del indefenso hombre y no se contuvo en comenzar a estrellar su puño contra su cara, una y otra vez.
—¡Sa-Sasuke! — el Uchiha mayor trató de gritar y levantar sus manos para detenerlo, pero fue inútil.
Lo último que Sasuke quería era escucharlo.
—¡No vas a volver a tomar nada de mi vida, nunca más! ¡Te lo dije a ti como se los dije a ellos! ¡Y no te dejaré tiempo ni de arrepentirte de haberlo intentado! — el menor le recordó y su grito apasionado resonó aun a través de la cada vez más fuerte lluvia —. ¡¿Querías terminar igual?! ¡¿Querías que te recordara lo que sucede cuando me molestan?!
Aun si Itachi hubiera respondido que no, no hubiera podido salir de ahí.
Su hermano menor lo estaba atacando con un salvajismo que dejaría mudo a cualquier espectador y poco a poco estaba perdiendo siquiera la capacidad de mantenerse despierto.
Sentía que la sangre que fluía por todas partes en su cara se mezclaba con la lluvia y hacia su piel arder aún más y apenas podía abrir los ojos lo suficiente para ver la locura y la cólera de Sasuke.
Esa era la segunda vez que la veía, pero esta vez no pudo contar con aquel alivio que sintió cuando el objeto de su bestialidad no fue él.
Antes de que pudiera intentar volver a llamarlo por su nombre, sintió que un par de manos se enredaban en su tráquea y lo apretaban como si fuera una simple rama que se rompería en cualquier momento.
—No debiste hacerlo, Itachi. Antes, ahora y para siempre... Él único que merece probar el paraíso soy yo.
Itachi sintió que el final estaba cerca, pues las fuerzas lo habían abandonado y sus ojos se sentían cada vez más pesados, pero antes de que por fin pereciera en la oscuridad, Sasuke fue sacado de golpe de encima suyo.
Con la casi inexistente energía que le quedaba, el Uchiha mayor comenzó a toser mientras se encogía en posición fetal.
A través de sus párpados hinchados pudo ver la figura entera y sana de su hermano, en comparación a él, siendo abrazada con fuerza en los brazos de su esposa.
No podía escuchar lo que Sakura le estaba diciendo para calmarlo, pues un zumbido molesto llenaba sus oídos por completo, pero por el movimiento de sus labios y la expresión acongojada en su rostro, no dudaba que fueran palabras de amor y consuelo.
"Mocoso... Engreído" pensó, inconscientemente extendiendo su mano hacia la pareja.
Era obvio que en su estado no podría hacerles nada, ni devolver el daño que le habían hecho, aunque quisiera, pero aun así Sakura lo vio y sus orbes verdes lo observaron con miedo y al mismo tiempo decisión.
—No lo harás... No dejaré que le hagas daño otra vez — su temblorosa y dulce voz llegó a los oídos de Itachi apenas como un susurro, pero fue lo suficientemente claro para que se sintiera tan devastado por dentro como se veía por fuera.
Lo último que Itachi vio antes de sucumbir al cansancio fue a Sasuke levantar el rostro del pecho de su mujer lo suficiente como para identificar el triunfo en su sonrisa.
Y lo último que pensó fue exactamente lo mismo que se dijo la noche en que sus padres murieron.
"Sasuke, no sé si eres el favorito de Dios o del diablo".
...
NOTAS FINALES:
Si de por si esto ya tenía potencia, ahora la tiene más! Agárrense fuerte, porque ya estamos en la recta final de esta historia y no tienen idea lo emocionada que estoy por ya escribir estos últimos capítulos.
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¿Qué piensan que va a suceder ahora? ¿Ya han podido dar su veredicto final sobre quien es el asesino de nuestra historia? Espero que sí y que estén en lo correcto. Por favor recuerden comentar abajo todas sus teorías, opiniones y demás ideas sobre este fic. Ya saben que me alimento de su retroalimentación y amo compartir la experiencia de escribir con ustedes.
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Mil gracias a todos por sus mil formas de apoyo y por seguir aquí mientras todo esté embrollo se va desarrollando. Espero se queden conmigo hasta el final y los siguientes capítulos satisfagan sus expectativas.
Nos leeremos pronto otra vez! Bye!
