23/07/2024
Gracias a los comentarios de:
joiscar, Annie Perez, Rosa.Taisho, Karii Taisho, MegoKa, Kayla Lynnet, Cindy osorio y Valentinehigurashi.
De todo corazón, gracias por no abandonarme, a pesar de mis ausencias =') son un amorrr. (Besos)
Como lo he prometido, volvemos con las actualizaciones frecuentes =D intentaré que sean una vez por semana n.n
Mil gracias por seguir la historia ;u; llegamos al momento que todos esperábamos =D
Edit: Perdonen, mi app falló y me repitió escenas n.nU ahora si, ya está editado =3 gracias Rosita, por ayudarme a darme cuenta =D
CONVIVIENDO CON MI EX.
Capítulo 13: Solo estos días.
Su maletín tenía combinación. No contenía más que una USB y un sobre amarillo, pero esos elementos eran la clave para alejar a la bastarda Higurashi. No iba a perder esta oportunidad, porque si descubrían lo que Hakudoshi y ella habían hecho, le costaría Taisho Corp.
El maldito Totosai había llamado a Hakudoshi el otro día, argumentando que tenía que hablar con ellos el sábado por la noche. El viejo seguía vivo; pensó que no tardaría mucho más tiempo, ya que Hakudoshi le había platicado sobre su salud. El viejo tenía un temperamento fuerte, y ella nunca fue de su agrado, lo cual era una mala combinación. Esperaba que su prima no hubiera abierto la boca con ese anciano, porque le pondría las cosas más difíciles.
Guardó el maletín entre sus pertenencias y cerró la maleta. Todo debía salir tal cual su plan, así alejaría a la estúpida de su prima de una vez por todas. Y con la ayuda de su as bajo la manga, todo saldría a la perfección.
Se retocó el labial y se ajustó el escote de su vestido rojo. Su mirada se notaba decidida en el reflejo del espejo: debía acabar con Kagome Higurashi. Eso o dejaba de llamarse Kikyo Tendo.
Era la noche más cálida que había vivido esa semana, hacía mucho calor. Le ayudaba la pijama ligera que había elegido. Por suerte, Inuyasha había dado con el lugar donde habían guardado sus ropas y las había traído de regreso. Ahora estaba cómoda, ya que las "pijamas" que habían colocado en el clóset eran lencería en lugar de ropa de dormir. Sus mejillas se enrojecieron al recordar todo lo que había, parecían las ropas de una recién casada.
Usualmente, a esa hora ya debía estar durmiendo, pero se despertó mucho antes de que amaneciera y ya no pudo seguir acostada. Se levantó de la cama y se escabulló al balcón. No podía dormir y pensó que no volvería a hacerlo después de todo lo sucedido esos días. No podía dejar de pensar en nada más que en Inuyasha y todo lo que había descubierto de él. Desde los más pequeños detalles hasta que había construido esa mansión por ella... para ella… tenía todo lo que ella había especificado: piscina, playa, sol... Todo lo que soñaron: un lugar para una familia.
Recordó la manera en que se preocupó por ella cuando le dio su ataque de ansiedad. A su mente volvió cómo recordaron viejos tiempos y cómo se sinceró con ella. Y el día anterior, él logró hacerla sentir una calidez, una calidez que inundó su corazón e hizo que el amor renaciera de las cenizas. Tal como el Fénix que tenía Inuyasha, era un sentimiento que opacó lo que había sentido en los últimos años.
Suspiró y se frotó los codos. A su mente volvió cómo Inuyasha convivió con las gemelas y la manera delicada de tratarlas, el cariño en sus ojos, y cómo fue que lo encontró dormido. Eso le dio un piquete de celos, puesto que Moroha no había vivido aquello con él… Pero eso era a causa de ella; ella había decidido privar a Moroha de esos momentos, y a Inuyasha lo había privado de tener una hija maravillosa. Negó con la cabeza, estaba pensando mucho en eso últimamente. Pero ella había tomado su decisión, las cosas estaban bien tal cual eran… En poco tiempo, volvería a su rutina y se alejaría de Inuyasha, esta vez para siempre. Su corazón se estrujó ante tal pensamiento, pero se convenció de que era lo mejor para todos, así iba a evitar problemas… Mientras tanto, disfrutaría de los pocos días que le quedaban al lado de Inuyasha, porque volvería a irse. Daría un cierre a esa historia que habían tenido.
Definitivamente, algo había cambiado en ella, había vuelto algo que tuvo miedo de volver a sentir. Porque esos días eran momentáneos, como un sueño del que tarde o temprano despertaría. Se dio cuenta de que el sentimiento de amor no había muerto; que aún lo amaba. Pero... Tenía miedo, tenía miedo de quererlo, de amarlo con la misma intensidad de antes... Porque aquello no duraría, terminarían separándose, tendría que dejarlo... Y aunque aquello le dolía en el alma, no había vuelta atrás a su decisión.
–¿Intentando volver a escapar de mí? –escuchó a Inuyasha a su espalda. Ella sonrió melancólica, porque tenía razón, iba a escapar de él otra vez, y esta vez, para siempre. Pero él no lo sabía.
–No, solo que ya no pude dormir bien –lo escuchó acercarse por detrás y se giró a verlo. Lo observó un momento y notó que se veía relajado y feliz, lo opuesto a lo que mostraba en el trabajo.
–Ya que no puedes dormir bien, ¿qué te parece si damos un paseo matutino? –ella asintió con la cabeza, sonaba mejor eso, así despejaría su mente.
El silencio que los acompañaba era cómodo, como si no hubiera necesidad de intercambiar palabras. Sus miradas lo decían todo; sentía una tranquilidad que no había sentido en varios días. La última vez que había estado así de tranquila, fue cuando pasó tiempo con Moroha. Ahora se daba cuenta de que Moroha e Inuyasha eran las únicas personas capaces de darle esa paz y tranquilidad mental. Las únicas personas capaces de hacerla feliz.
Tomaron un té en la cocina y ahora paseaban a la orilla de la piscina trasera. Se sentó en el borde y metió los pies en el agua. El agua reflejaba la luz de la luna y el cielo repleto de estrellas.
–¿En qué piensas? –Inuyasha se acercó y se colocó detrás de ella.
–En ti, en las gemelas... y en que de veras no sabes cómo cambiar pañales –mintió, y le sonrió. Le hizo un gesto con la mano para que se sentara en la orilla de la piscina con ella.
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¿Lo estaba invitando a estar con ella? ¿No lo estaba soñando? Se sentó, emocionado, y sintiéndose aún más cerca de ella, de su corazón. Él pensaba lo mismo; se había sorprendido de manera impactante de lo bien que cuidaba a un bebé. Estaba impactado y, a la vez, curioso por eso. ¿Dónde había aprendido tanto?
–Mi campo son los negocios, y veo que cuidar niños se te da muy bien… Serás una excelente madre –no le respondió, decidió no volver a hacer ese comentario o echaría todo a perder–. Te agradezco la ayuda, sin ti no hubiera sabido qué hacer –le colocó una mano encima de la suya y la vio sonreír con dulzura. Aquella dulzura que había extrañado durante todos esos años.
–Te habrías vuelto loco sin mí.
–Sin ti me vuelvo loco, Kagome…
Aquello había salido desde el fondo de su corazón. En ese momento, Kagome volvió su vista a él; tenía las mejillas ruborizadas. Pero su atención se fue directo a la boca de Kagome. Sus labios lo llamaban, su labio inferior, aquel labio que capturó antes, quería volver a probarlo. Quería probarlos y saciarse… pero nunca sería suficiente, nunca se podría saciar de Kagome. Estuvo a punto de hacerlo, estuvo a punto de tomar su rostro y besarla como en la tarde, pero ella volvió a desviar la mirada y volvieron a quedar en silencio. Pero esta vez había un aire diferente entre ellos, una tensión cargada de sentimientos encontrados.
–Hace mucho calor –ella apartó su mano y comenzó a echarse aire en la cara.
–Sí, hace muchísimo calor.
Sonrió, de repente tuvo una pequeña idea. Se levantó y se quitó la playera, incluso se quitó las sandalias y las bermudas que traía, quedó solo en bóxer. Ella lo miró exasperada y roja; aquello le gustó. Incluso cuando la besó en el ferry, le gustó aquel sonrojo en sus mejillas, la hacía ver tímida y tierna al mismo tiempo. Verla sonrojada fue y siempre sería uno de sus placeres más preciados.
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Su corazón latía a mil por hora, se quiso levantar cuando lo vio desnudarse, pero él colocó una de sus manos en su hombro. Se quedó estática, pero se tapó la cara con las manos. Inuyasha se metió al agua y ella se quiso levantar, pues el agua la salpicó. Pero Inuyasha fué más rápido, colocó ambas manos en sus rodillas, impidiéndole moverse.
–¡¿Estás loco?! –no pudo evitar tartamudear–. ¡Te…! ¡Te vas a resfriar!
–Hace mucho calor, no pasará nada, además, el agua está perfecta.
Abrió sus dedos para poder verlo, y lo vió justo entre sus piernas. Era una piscina que a él le daba por el cuello, supuso que a ella el agua la taparía completamente.
–¿Q–Qué haces? –susurró cuando él la jaló un poco a la piscina. ¿Qué tenía mala memoria? ¡Ella odiaba estar en el agua!
–Te ayudaré como tu lo hiciste conmigo hoy –la soltó, y le extendió una mano, sin dejar de mirarla a los ojos–. Te ayudaré a superar tu miedo… Ven, confía en mí.
Kagome sintió que su corazón latió a mil tras las últimas palabras. La luz de la luna hacía que los ojos de Inuyasha fueran más brillantes, como los faros del barco de su confianza. Que la guiarían a salvo de la tempestad... Sí, debía confiar en él, solo quería ayudarla a superar aquel miedo, empezando por algo pequeño, como una piscina. Dudó unos segundos, antes de extender su mano y comenzar a sumergirse en el agua. Cuando el agua le rebasó los hombros, comenzó a patalear. Su miedo comenzó a hacerse presente.
–No puedo, no puedo, no puedo… –comenzó a alarmarse, apretó los ojos en ese momento.
–Todo es mental, Kagome… –lo escuchó pero no podía evitar sentir miedo. Comenzó a respirar más rápido de lo habitual–. Estoy aquí, confía en mí…
Inuyasha la ayudó a flotar, tomándola de los codos, ella se sostuvo de sus hombros,
–No pasa nada –la abrazó, ella contuvo la respiración–. Todo estará bien...
– Es que... –ella se abrazó a él–. Tu bien sabes que...
–Tu miedo te hace entrar en pánico –la interrumpió y le acarició la cabeza–. Te ayudaré.
Comenzó a darle clases de natación, sobre cómo flotar, la manera correcta de respirar, la forma de mover sus pies y brazos. Y después de unos minutos, comenzó a calmarse un poco más. Inuyasha estaba ahí, si llegaba a hundirse él la ayudaría, la salvaría. No estaba sola, como en esa noche, cuando cayó al mar y por poco muere. Su visión acerca del implacable jefe que tenía fué borrándose, y en su lugar apareció está versión que nadie del trabajo conocía. Un hombre amable, paciente, cuidadoso, confiable… Un hombre del cual estaba enamorada.
–Te dije que podías hacerlo –se sostuvo de sus hombros, después de haber logrado flotar sin su ayuda. Le sonrió en agradecimiento.
–Un poco más y podré nadar sin ayuda.
–Yo sé que puedes hacerlo –los ojos de Inuyasha mostraban la sinceridad de sus palabras.
No pudo evitar acercarse a él y abrazarlo con euforia. Se sentía tan feliz que, si seguía practicando, podría ir a la playa y meterse al mar sin ningún problema. Además, podría subir a un bote o un barco sin temor a caer y ahogarse… Estaba abriendo la puerta a más posibilidades. A dejar se vivir con ese miedo que la atormentaba.
–Muchísimas gracias.
–Sí pudiera hacer más, lo haría… Quisiera borrar ese trauma que viviste, pero es imposible.
–Pero si ya lo estás haciendo –susurró muy cerca de la oreja de Inuyasha.
–¿Yo?
Se apartó y lo miró con intensidad.
–Estás quitando ese recuerdo, y me estas dejando este momento en la memoria.
Cuando él le sonrió, su corazón brincó en ese instante. Fue entonces que notó lo cerca que estaban el uno del otro. Sus senos estaban pegados por completo a él, y sentía aquellos pectorales marcados contra ella. Se sonrojó, no estaban desnudos, pero se sentía como si lo estuvieran… Y más cuando sintió un bulto duro contra ella. Cerró los ojos, empezó a sentir más calor, a pesar de que estaban en el agua. Y no tardó en sentir como su temperatura corporal aumentaba debido a la cercanía y a su aliento contra las mejillas. Sintió las manos temerosas de él recorrer su espalda, Con temor a ser rechazadas.
Se abrazó a él con toda la confianza del mundo. Esos pocos días le habían demostrado que podía confiar en él... Aquello le recordó el momento en el Ferri, sus corazones acelerados, el beso frenético que se dieron… En ese momento, quiso continuar lo que habían empezado.
«Sólo estos días»
Se dijo y recorrió con sus dedos los hombros desnudos de él, instándole a continuar su caricia. Sólo esos días disfrutaría del momento, solo quedaban unos cuantos días. Días que podía contar con una sola mano, ¿qué más daba si se cedían al deseo que los consumía? Ambos lo necesitaban, ambos necesitaban hacerlo. Ella lo deseaba, estaba claro, debía dejar de negarlo, y él le demostraba con cada mirada, con cada tono de voz que también la deseaba. Y como olvidar el brillo en sus ojos, era tal como antes...
No, era mucho más que antes. Tantos años reprimidos, por lo menos en ella, estaban aflorando en esos últimos días. Nunca sintió eso por otro hombre… O más bien, nunca deseó besar a otro hombre. Él era fuego, y ella dinamita. Y ahora, estaba dispuesta a explotar junto con él. Rompió el abrazo y suplicó.
–Bésame –pidió ella aún sin abrir los ojos.
Lo besó con pasión, recorrió cada rincón de su boca, reconociendo cada parte de él. Sus lenguas se enlazaban y acariciaban con frenesí, sólo paraban un segundo por una bocada de aire, y después continuaban. De pronto aquello no les pareció suficiente, sin saber como, Kagome se encontró acorralada entre la orilla de la piscina e Inuyasha. Quería más, quería sentirlo pegado por completo a ella, fundirse como el acero… Justo debajo del agua, fue capaz de enlazar sus piernas a Inuyasha, y al sentir el roce de sus sexos, comenzó a soltar gemidos ahogados por la excitación.
–Kagome… –Inuyasha se detuvo y hundió el rostro en su cuello, depositó un par de besos y los hormigueos no se hicieron esperar–. Sí seguimos así, no podré detenerme.
–No quiero que lo hagas –murmuró en un hilo de voz. Inuyasha dio un respingo al instante y volvió a verla, parecía que no creía lo que escuchaba–. Quiero… continuar.
Aquellas dos palabras hicieron que en un rápido movimiento la alzara y la sentara en la orilla, la miró con intensidad desde la altura de sus piernas.
–¿Estás segura? –susurró con los labios pegados en su muslo. Aquella zona le hormigueó con intensidad.
Sí, estaba muy segura. Lo amaba, y estaba dispuesta a hacerlo. A dejarse llevar… sólo por unos días.
Asintió con las mejillas rojas y al instante los labios de él besaron sus muslos. Gimió al sentir como una corriente le recorría la espalda, y no a causa de la ropa mojada. Era por él, porque ahora estaba subiendo más y más por sus muslos. Cuando pensó que iba a continuar, lo vio salir de la piscina y ponerse sus ropas. Lo miró sin entender… hasta que Inuyasha le ofreció su mano y la tomó sin dudarlo.
*Advertencia: Lemon (Eline: siii ya esperábamos este momento xD)*
Al cruzar la puerta de la habitación, comenzaron a besarse con desesperación, como si sus vidas dependieran de ello. Las manos de él se situaron en sus glúteos, pegándola a su visible erección. Aquel movimiento la hizo contener el aliento, su clítoris sintió el choque de caderas como la gloria.
–¿Estás segura de esto? –le susurró él de nuevo.
Lo miró con deseo y se puso de puntillas para capturar el lóbulo de su oreja. Lo escuchó contener el aliento, y al instante lo sintió intensificar su agarre y la frotó contra su evidente erección. Aquello la hizo dar un respingo y contestarle.
–Sí –le succionó un poco de piel del cuello–. Necesito tenerte...
Aquello bastó para él. Porque la apartó y comenzó a besarla de forma salvaje.
Había pensado en el camino las consecuencias de lo que harían esa noche, incluso llegó a pensar en el novio de Kagome. Y que aquello estaba muy mal, a pesar de que ambos lo necesitaban. Pero su respuesta había sido clara, ella lo necesitaba, tanto como él a ella. No podía creer que su sueño de tenerla otra vez se volviera realidad. Mandó al diablo al malnacido que la pretendía, y la besó con tal ferocidad, que hasta él mismo se sorprendió. La cargó de modo que ella le rodeara la cintura con sus largas piernas y la recostó en la cama de la habitación. Las prendas mojadas arruinarían aquel encuentro, gruñó cuando le costó quitarle la blusa.
La escuchó reír, y alzó el rostro para mirarla, le parecía divertida aquella escena, pero tenía el deseo visible en los ojos. La ropa pegada a su cuerpo estaba dificultando todo, cuando estuvo a punto de rasgar la tela, Kagome lo ayudó a quitarse la ropa. Quedando sólo en ropa interior. cuando ella estuvo a punto de soltar el Bra por detrás, él la recostó al instante. Se puso de pie y comenzó a admirarla desde esa altura. Comenzó a quitarse la ropa sin dejar de verla, le gustaba lo que veía. Era como una Diosa en persona, todo en ella era perfecto… Su personalidad, su cuerpo, su alma… Hasta su mal genio.
Amaba todo de ella.
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Vagamente tuvo un deja–vu. Recordó su noche de bodas, los besos candentes, las caricias incesantes, su ferocidad... Aquella noche no le hizo el amor como prometió hacerlo, fue sólo sexo al principio, sólo sintió pasión y deseo de ser tomada, pero no se sintió amada desde el principio, sólo sintió sus caricias diferentes al final. No la había lastimado físicamente, pero... No se había sentido unida a él en el alma, y a pesar de todo, le había gustado aquel encuentro. Y por eso se odió a sí misma todos esos años, Inuyasha la había tratado diferente, y ella no lo detuvo. Tuvo miedo de vivir esa experiencia otra vez, ¿y si en ese momento era igual que años atrás?
Estuvo a punto de retractarse. Quiso taparse, correr al baño más cercano y llorar por ser tan débil, pero cuando él se quitó los boxers, y subió por su cuerpo besando todo a su paso, no pudo más que arquearse para recibir más de sus caricias, más de él. Sintió algo diferente, algo que la hizo desistir de huir. Sintió cariño, a diferencia de la primera vez... Ternura, suavidad, pero al mismo tiempo, pasión y amor.
En un momento él le desprendió el sostén, y sus senos fueron liberados en totalidad. Sintió la brisa sobre sus pezones duros, y suspiró cuando sus pechos quedaron aplastados por el cuerpo de Inuyasha. Se sorprendió de lo suave que era su piel a pesar de estar ejercitado, se abrazó a él con la intención de disfrutar más de aquella sensación que la invadía. Inuyasha aprovechó y comenzó a besar y lamer detrás de la oreja lentamente. No pudo evitar gemir al sentir deliciosos cosquilleos, con las yemas de sus dedos recorrió cada músculo de esa amplia espalda masculina, grabándose en su memoria para jamás olvidar esa noche. Las manos de él viajaron por sus costados hasta situarse en sus caderas, sus piernas fueron separadas lentamente y los dedos masculinos ágilmente deshicieron los nudos a los costados de su ropa interior. Agradeció en silencio que esa noche había decidido usar como ropa interior la lencería que le había dado Izayoi, de lo contrario, le había dado pena usar sus pequeños boxers de florecitas.
Ésta vez era el hombre que amaba a quien se estaba entregando, quien le haría el amor. Aquellos besos húmedos en su cuerpo la hicieron olvidar el pasado. Porque esta vez era diferente, había ternura más que sólo pasión. Había algo cálido que no se situaba sólo en su cuerpo... Era algo más, algo que le calentaba el alma.
–¿Sucede algo malo? –fue más un susurro que una pregunta. Inuyasha veía con curiosidad hacia sus pechos.
Inuyasha dejó de mirar sus senos y la vio a los ojos, su semblante cambió de curiosidad a fuego nuevamente. El corazón de Kagome latió más rápido.
–Nada –le dijo antes de continuar su antigua labor–, había olvidado como eran... –susurró con el otro pezón en su boca.
Kagome pensó que aquello era lo más delicioso que había sentido, pero entonces sucedió: los dedos de Inuyasha se situaron en su sexo. Se retorció cuando sus dedos recorrieron la línea de su intimidad y presionaron en su clítoris.
–¡Ah, ah! –gemía entrecortadamente cada vez que presionaba su punto de placer. Dejó los cabellos de Inuyasha para apretar la sábana de la cama. La mano de Inuyasha abrió sus pliegues íntimos, y comenzó a jugar con su clítoris lentamente. Soltó un grito entrecortado, aquello estaba siendo una tortura.
–¿Te lastimé? –Inuyasha se detuvo y la miró con preocupación.
Ella sonrió en respuesta, su corazón se conmovió.
– Es... demasiado –susurró mientras se arqueaba contra él, instándole a que continuara.
Inuyasha le sonrió satisfecho en respuesta y continuó. Ella se sentía en la cúspide del placer, Inuyasha estimulaba su clítoris con el pulgar, hacía círculos con él y presionaba... Aquello hacía que su sexo se lubricara más y más. Quería más, aquello era delicioso, pero había algo pedía su cuerpo. Un fuego interno la estaba consumiendo, y ella sólo jadeaba, se retorcía, gemía y balbuceaba cosas incoherentes.
–¡Ah! –jadeó cuando un dedo entró, quedó unos segundos con la espalda arqueada, y luego se dejó caer. Aquello era parte de lo que pedía su cuerpo...
–Santo cielo –lo escuchó balbucear–, dime que esto es real.
Inuyasha dejó sus senos, y bajó trazando una línea con su lengua. Ella se retorció al sentir cosquillas, rió un poco y después gimió. Inuyasha repitió el movimiento con su lengua, y ella volvió a reír y luego gemir, ¿su cuerpo podía sentir cosquillas y placer al mismo tiempo? Se sorprendió a sí misma, nunca esperó aquello. De nuevo lo tuvo frente a frente, y al verlo a los ojos, su corazón latió más rápido. Él parecía no creer lo que estaba pasando. A decir verdad, ella también pensaba que era un sueño. Pero si era así, disfrutaría cada momento, cada caricia, cada beso... Hasta que despertara. Inuyasha, la miró mientras sus dedos jugaban con su intimidad. Se retorció cuando los dedos de Inuyasha salieron y entraron simultáneamente… Hasta que comenzaron a entrar más rápido.
– Ya casi estás lista –susurró y se llevó los dedos húmedos a la boca, la saboreó cerrando los ojos–. Mmm… –los introdujo de nuevo en ella.
Se retorcía ante cada embestida de los dedos de Inuyasha. Lo acercó a ella, y le beso el cuello y los hombros con frenesí, Inuyasha comenzó a gemir en respuesta. Lo sintió colocarse entre sus piernas, la sensación de sus piernas contra ella era una experiencia tan placentera e indescriptible. Se movió contra él para volver a sentir la suavidad de su piel, de su calor corporal... Estaba ardiendo, lo necesitaba. Lo necesitaba más que nunca.
Kagome se abrazó a él cuando movió más rápido sus dedos, le besó y mordió su oreja y al escucharlo maldecir, sonrió satisfecha. Quiso repetirlo, escucharlo otra vez. En ese momento, deseó oírlo al borde de la locura, quiso hacerlo tocar el cielo como él lo estaba haciendo. Se sintió egoísta, sólo ella estaba disfrutando. Lentamente bajó una de sus manos, sintió el rostro ruborizado en su totalidad cuando sus dedos se toparon con el miembro erecto de Inuyasha. Su mano fué tomada al instante y colocada sobre su cabeza.
–Esta noche, es sólo para ti, cariño...
Ella sintió una calidez en su corazón, la dulzura de su voz la hizo recordar al Inuyasha de su noviazgo. Al que con un sólo roce de sus labios la hacía enloquecer de amor y de deseo... Se dejó llevar por los recuerdos.
El cuerpo de Inuyasha casi se pegó por completo al de ella, pero no lo suficiente como para ser una molestia. Sus senos estaban completamente pegados al pecho masculino, la electricidad que la recorrió fue una delicia, casi estaban unidos. Inuyasha se detuvo de sus antebrazos para no aplastarla, y la miró fijamente, con dulzura, con un sentimiento tan profundo que la hizo sentir el corazón al mil por hora. Ella le acarició los cabellos, y se mordió los labios al sentir una presión en su zona íntima... No eran los dedos de Inuyasha. Era algo más grande, caliente y húmedo, cerró los ojos gimiendo de satisfacción.
–Kagome... –susurró y le besó ambas mejillas–, siempre has sido tú la mujer que he deseado –lo escuchó susurrar contra su oreja–. La mujer… la única que me enloquece…
–¡Ah! Inu… yasha…
Ahogó una exclamación y se abrazó a él cuando sus húmedos pliegues fueron abriéndose más y más para Inuyasha. Sí, aquello era lo que su cuerpo necesitaba. Comenzó a besarle el cuello con desesperación cuando entró por completo en ella. Aquello era lo que buscaba, lo que imploraba su cuerpo. Era algo que no podía describir, una sensación gloriosa. Cuando Inuyasha se retiró un poco y volvió a empujar contra ella creyó ver estrellas, los gemidos y jadeos en ella no se hicieron esperar. Mientras él repetía los movimientos, en ella crecía el deseo de sentir más... ¡De ir más allá!
Comenzó a gemir aún más fuerte cuando Inuyasha aumentó el ritmo de sus embestidas. Pero aún no, necesitaba más... ¡Aún más!
–¡Kag…! ¡Kagome!
Lo rodeó con sus piernas y se impulsó para aumentar más el ritmo.
–¡Inu… yasha! –exclamó cuando el primer impulso le hizo sentir más placer.
Lo sintió más dentro de ella, más unido a ella. Lo besó y mordió cuando las embestidas se volvieron casi salvajes. Inuyasha repetía su nombre y gemía contra su oreja, y también murmuraba algunos otros susurros no pudo entender. Incluso su respiración agitada dificultaba entenderlo del todo.
En la habitación reinaba el sonido de sus voces agitadas, sus gemidos, sus jadeos… A ello se sumaba el sonido húmedo de sus sexos al unirse y el chocar de sus cuerpos. El colchón se movía al compás de sus movimientos... Sus cuerpos sudaban, Pero no importaba, aquello valía la pena. Cada segundo que habían pasado en esa habitación haciendo el amor valía todo el cansancio que sentirían al día siguiente, al menos eso pensaba Kagome. Necesitaban aquello, porque necesitaba expresar de alguna manera lo que sentía su corazón. Aquello que jamás podría decirle otra vez... Que seguía amándolo con cada poro de su piel. Y que ella nunca había podido dejar atrás sus sentimientos.
Cuando sintió que alcanzaba la cima, sus músculos internos comenzaron a estrecharse. Al besarlo le mordió el labio inferior, era demasiado para ella... Había alcanzado la cima.
–¡Inuyasha! –gritó antes de dejarse caer y temblar. Un líquido salió de su sexo, anunciando su clímax.
–¡Kagome! –Inuyasha tembló y la apretó de las caderas, al instante sintió que algo caliente la llenaba, Inuyasha había llegado al orgasmo.
Inuyasha salió de ella lentamente, en un instante lo tuvo encima de ella sin aplastarla, temblaba sin parar y trataba de recuperar el aliento. Kagome lo rodeó con sus brazos y le besó la coronilla con dulzura. Sintió satisfacción por haberlo hecho llegar. En un movimiento Inuyasha se recostó a un lado y la abrazó pegándola a su cuerpo. Kagome sonrió tratando de recuperar el aliento, en esa posición podía sentir contra su mejilla el pecho de Inuyasha, se movía rápido, tratando de calmar su respiración… y su corazón palpitaba con frenesí.
Por primera vez en años se sentía completa, acompañada... Dejó que la rodeara con los brazos. Y ella se deleitó con el roce de sus cuerpos desnudos. Pasaron unos minutos, y comenzó a sentir el cansancio.
—Kagome... —lo escuchó susurrar. Ella sintió que la tapaba con las sábanas, pero no quiso moverse; se sentía cansada. Los párpados le pesaban.
—¿Hmm? —susurró.
Inuyasha dijo algo mientras le besaba la frente, pero ella no alcanzó a descifrar lo que había dicho. La calidez de su cuerpo, sumada al cansancio que ahora sentía, la hizo quedarse dormida con varios pensamientos en mente: que lo amaba profundamente y que lo había extrañado durante aquellos tormentosos años... El pensamiento de decirle su secreto la dominó por completo, su pequeño y a la vez gran secreto. ¿Y si se arriesgaba? Ya estaba cansada de mentir; tal vez era hora de arriesgarse…
Dio un respingo cuando se despertó de su sueño. Pero, al sentir las manos de Inuyasha rodeándola y al mismo Inuyasha suspirar detrás de ella, se tranquilizó. En ese instante, recordó todo lo que habían hecho. Cómo hicieron el amor... Sonrió, se sentía feliz, completa. Había tenido lo que hacía falta en su corazón: había tenido a Inuyasha. Suspiró, pegándose más a él. Ya era de día; se veían los primeros rayos de sol entrando por el balcón. Se estiró sin girarse.
—¿Qué sucede? —escuchó a Inuyasha susurrar con voz apenas audible. Aparentemente seguía medio dormido.
Kagome miró sus manos abrazándola. Los pensamientos que había tenido antes de caer dormida habían vuelto otra vez. Deseaba dejar de mentir, de ocultar su secreto a Inuyasha; debía dejar de ser mentirosa. Sus almas seguían entrelazadas, tal vez era una señal del destino de que ambos se pertenecían. Recordó cómo había tratado de enmendar las cosas con ella, cómo cuidaba a su familia... Y recordó cómo sus sentimientos revivieron hacia él lentamente. Sinceramente, no creía que él fuera capaz de negar la caridad a los niños, y lo más importante, estaba segura de que sería incapaz de quitarle a Moroha.
Sabía que su secreto podría dificultar las cosas... O tal vez no. Nunca lo sabría. Debía tentar su suerte; debía averiguarlo ahora mismo.
—Inuyasha...
Fue un susurro temeroso, pero recibió en respuesta un sonido de afirmación por parte de él. Tragó saliva, midiendo las palabras que iba a decirle. Instintivamente, lo acercó más a ella y apretó los labios. Un minuto después, susurró su más oculto y preciado secreto.
—Yo… —inhaló aire y lo sacó lentamente—. Bueno… Tenemos… Una hija.
Continuará...
Ya esperábamos este encuentro, ;) no soy muy buena escribiendo Lemon, pero espero que les haya gustado el resultado (o, en dado caso, me dejen consejitos para mejorar n.n hago esto por hobbie).
Respondiendo un comentario que me hizo mi linda Karii Taisho en el capítulo anterior.
"Spoilers": sí, hay demasiada tranquilidad, ¿no sientes que algo malo va a pasar? D: pero no puedo decírtelo =O
¡Nos leemos en otra ocasión! n.n
