09/08/2024

Gracias a los comentarios de:

Cindy osorio, Karii Taisho, Annie Perez joiscar, arual17, Rosa.Taisho, Valentinehigurashi, MegoKa y Kayla Lynnet.

Y también mil gracias por seguir la historia y agregar a favoritos, me dan ánimos =')


¡Hola mis queridos lectores! =D

¡Mil perdones! Pero tuve muchísimo trabajo la semana pasada, con decirles que jueves, viernes y sábado dormí muy poco. Como hubo evento en la familia de mi mamá, varios me pidieron cortes de cabello, uñas postizas, tintes… ¡Fué agotador! Pero pude juntar mi dinerito para compar material que me hacía falta, y me sobró para el próximo viaje que haremos mi esposo y yo jiji

Y esta semana estuve ocupadisima en mis labores diarios OoO

Bueno, no me alargo más, les dejo el capítulo de esta semana n.n


CONVIVIENDO CON MI EX.

Capítulo 14: "Ella".

Al instante de decirlo, se calló repentinamente. Visiones de lo que iba a pasar surcaron su mente. La reacción de Inuyasha aún no llegaba, ella seguía esperándola. Y en un momento, se arrepintió de decirlo. No se movía, seguramente estaría furioso... ¿Estaría en shock? Sabía que ese tipo de secretos no tenían perdón, y más porque era su hija... ¡Su hija! Se perdió los primeros años de la vida de ella, lo privó de conocerla. Entonces volvió el miedo. Inuyasha era rico, fácilmente podría quitarle a su hija en los tribunales... Negarle verla. Dios santo, quiso morirse ahí mismo. Se había puesto la soga al cuello. Maldijo el impulso que la hizo hacerlo. Comenzó a temblar de los nervios, pero él no reaccionaba, seguía abrazándola. Fue entonces cuando volteó para verlo, pero...

Estaba dormido, total y profundamente dormido. Tenía una cara llena de paz y armonía. Ella le tocó la mejilla, y él ni siquiera se movió.

¿La habría escuchado? Se preguntó mientras se acurrucaba más a él. Al instante descartó la idea, había sido una noticia demasiado fuerte, y habría sido normal que le hubiera gritado unas cuantas cosas, pero no. En cambio, parecía tranquilo, y aquello la calmó un poco... Pero acababan de hacer el amor, tuvo cirugía cuando nació Moroha y le había quedado una cicatriz… Una cicatriz apenas visible, ¿no la habría notado? Esperaba que al despertar no le hiciera un interrogatorio, porque sería obvia la respuesta.

Se quedó dormida de nuevo, aún preocupada por lo que acababa de hacer.

El olor a pan tostado y café inundó sus fosas nasales. Sus ojos se abrieron despacio, y al ver un par de ojos dorados frente a ella, sintió un nudo en el estómago. ¿Acaso recordaba lo que había dicho? La miraba fijamente, se sintió nerviosa al instante y se quiso levantar, pero un fuerte brazo la mantuvo quieta.

–Buenos días –Inuyasha le sonrió y en un segundo lo tenía encima de ella dándole besos en la mandíbula.

¿Eso era un no? De haber sido un "sí", la habría reñido, la habría puesto entre la espada y la pared, pero... Estaba feliz, la estaba besando y no pudo evitar derretirse al instante, ni soltar gemidos de placer. Sus bocas se buscaron, y al tocarse suspiró de satisfacción, cerró los ojos y sintió como hacía a un lado las sábanas. Sonrió, ella deseaba volver a estar pegada a él... Unida a él. Deseaba sentir el roce de su piel, envueltos por las llamas de la pasión…

De pronto, él se detuvo y la miró con picardía. Ella se ruborizó, ¿Le había leído el pensamiento?

–Mejor desayunamos, o se enfriará.

Se levantó de la cama y la observó durante unos segundos antes de darle la espalda y alejarse. Iba directo al balcón, lugar donde provenía el olor delicioso. Kagome notó su desnudez, y en lugar de taparse, se levantó del lado contrario de la cama, sostuvo una sábana y tapó la mitad de su cuerpo, de manera que le cubría solo un seno y una pierna.

–Oye –Inuyasha se giró a verla, su mandíbula cayó al instante y la recorrió completamente–. ¿Estás... completamente seguro? –lo provocó, con su mano hizo su cabello hacia atrás y se mordió el labio inferior.

Notó como la mirada de Inuyasha brillaba al instante, había picado el anzuelo. Sonrió satisfecha y dejó caer la sábana por completo, dejando ver todo su cuerpo sin inhibirse.

–Supongo que el desayuno puede esperar un poco más... –su voz no mentía, estaba ansioso también.

Cuando lo vio caminar hacia ella, con una sonrisa maliciosa corrió hacia el cuarto de baño y se encerró soltando carcajadas.

–¡Kagome! –lo oía hablar con frustración, mientras intentaba abrir con desesperación. Vaya, sí que había cambiado pronto de parecer.

–Ya salgo, ¡prepárame un pan con mermelada!

Si él había jugado así de malvado, ¿por qué ella no? Pensó maliciosa mientras se enjuagaba la cara, había sido su pequeña venganza.

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–¡Gané! –exclamó Totosai mientras colocaba su pieza final de domino. Kagome bufó derrotada mientras lanzaba su última pieza a la mesa.

–¡Demonios! ¡Una ronda más! –con rapidez comenzó a voltear las caras del domino para revolverlas.

–Te ves muy animada hoy... ¿Sucedió algo bueno?

Aquella pregunta tan directa la hizo enrojecer. ¿Que si había pasado algo? ¡Había pasado más que "algo"! Esa mañana, después de desayunar en el balcón de la habitación, Inuyasha y ella se bañaron juntos, e hicieron nuevamente el amor en la bañera y después sobre la cama... Había dejado a Inuyasha dormido cuando salió de la habitación para venir a visitarlo. Dios, aún estaba ansiosa de él. De demostrarle cuánto lo deseaba, y decirle con acciones que lo amaba... Porque si se lo decía, la separación sería dolorosa, sólo quedaba poco tiempo con él. Y estaba decidida a aprovechar cada segundo. Suspiró con tristeza.

–Oh, veo que sí –escuchó a Totosai–. Y supongo que algo cambió en tu corazón... ¿Verdad? –no pudo evitar desviar la mirada.

–¿Por qué lo dice?

–Lo noto en tu mirada y tus movimientos. Hace apenas unos días te mostrabas tensa, incluso enojada cuando mencionaba a mi nieto... Ahora tus movimientos dicen otra cosa. Demuestran alegría, vitalidad, seguridad, la misma que ví en la chica que conocí años atrás.

Kagome no pudo evitar suspirar, el abuelo Totosai no era tonto... ¿Ella era muy obvia?

–No se le escapa ninguna, ¿verdad? –soltó mientras repartía las piezas de domino. Totosai soltó una carcajada antes de continuar.

–Niña hermosa, soy viejo, pero aún no me falla mi instinto.

Kagome sonrió soltando un suspiro.

–Supongo que sí –entonces, su voz cambió repentinamente–. Pero eso no cambia la situación, tendré que irme al finalizar todo esto. –soltó derrotada, y, sobre todo, triste–. Me he propuesto quedarme con lo mejor del pasado, gracias a él, soy lo que soy. Y me dió lo más valioso que tengo en el mundo –acarició su relicario con nostalgia–. Sólo quiero disfrutar de mis últimos días aquí en paz.

Era momento de cerrar los malos recuerdos con llave. No podía cambiar el pasado, no podía hacer que Inuyasha confiara en ella, no podia evitar que ella abandonara el hotel, con el corazón roto en mil pedazos. No podia hacer un reinicio y quedarse para hablar las cosas. Y si las cosas hubieran sido diferentes… ¿Acaso habrían criado juntos a Moroha?

No, tal vez estaba equivocada. Lo que le había dolido fué su desconfianza, que la creyera capaz de acostarse con Hakudoshi. Tal vez no habrían criado juntos a Moroha, porque no lo habría perdonado así como así… Pero sí habría estado presente en la vida de su hija. En cada paso pequeño y grande de su vida. Pero eso nunca lo sabría, y era mejor así, no podía arriesgarse cómo esa mañana. Estaba decidida a pasar los últimos días en paz y a cerrar la relación con Inuyasha de una vez por todas.

–Sólo quieres disfrutar del ahora – ella asintió con la cabeza, Totosai se llevó una mano a la barbilla, meditando lo que acababa de escuchar–. Te entiendo, Kagome… Entiendo que en su momenro te causó mucho dolor, y decidiste lo que creías mejor para los dos.

–Pense que él no nos necesitaba en su vida. Y yo me escondí para lamer mis heridas y criar sola a mi hija… –hizo una mueca–. Estos dias me he cuestionado más de una vez si hice lo correcto –se tapó la cara–. Dios, el comportamiento de Inuyasha me ha hecho dudar por un momento.

–Se muy bien que mi nieto nunca ha dejado de amarte, este lugar lo prueba, y también el hecho de no haber tenido alguna relación después de ti. –se acomodó en su asiento y soltó un largo suspiro–. También creo que te lo ha demostrado estos días…

–Sí, lo sé. A decir verdad, yo tampoco dejé de amarlo, me di cuenta que maduró con los años, de una manera impresionante. Cambió su forma de ver la vida, pero tuvo que hacer sacrificios, puso las cosas que quería su padre por sobre sus gustos y sueños… –miró sus dedos entrelazados–. Muchas personas dependen de él…

Y por esa razón tampoco podía quedarse, ella no era del agrado de Inuno, desconocía la razón, pero podría tomar represalias con Inuyasha.

–Tus sentimientos no murieron. Lo veo en tus ojos, él te ama, tu lo amas, ¿Que te impide seguir con él? ¿Por qué no intentarlo? He ahi el dilema.

Kagome tomó una ficha, y distraídamente comenzó a rasparla con sus uñas. Había meditado mucho, pero todas sus pensamientos finalizaban en lo mismo.

–Es por Moroha, no puedo dejar que Inuyasha sepa de su existencia. Jamás me perdonaría… No se como reaccionaria, podría quitarme su custodia.

Totosai cambió su semblante, de un momento a otro entristeció.

–¿Crees a Inuyasha capaz de hacerte algo así?

Kagome apretó los labios, no sabía que contestar a ello. A decir verdad, comenzaba a tener sus dudas… Pero no podía arriesgarse.

–No lo sé.

–Sigues con la misma decisión, ¿Cierto?

–Sí –afirmó, antes de soltar un suspiro de frustración.

–¿Y si las cosas cambiaran para bien? ¿y si..?

–No –interrumpió ella–. No puedo arriesgar a mi hija, no puedo jugar mi suerte y dejar que sufra por esto. Sí, he pensado que tal vez no terminaría mal si le dijera a Inuyasha, hay una minúscula posibilidad de que haya un final feliz. Pero nadie me lo asegura... ¡No puedo permitir que mi hija pase por los tribunales! Inuyasha me la quitará... Me negarán verla... ¡es muy pequeña! Necesita de mí.

Sin querer, comenzó a llorar. Por todo, porque no podía quedarse con Inuyasha, porque no podía decirle sobre su hija, porque arriesgaba la estabilidad de la vida de Moroha. ¡No renunciaría a su pequeña! Primero muerta.

–Niña, estás adelantando conclusiones, pero es tu decisión –le tendió una caja de pañuelos y ella tomó uno.

–Sí, lo sé –suspiró derrotada, secándose las lágrimas.

–Pero de mí no te libras, señorita. Las fotos de mi bisnieta no son suficientes. Recuerda que me la tienes que presentar y dejarme estar tiempo con ella, ese es el precio de mi silencio, ¿entendido?

Kagome sonrió, sí, lo iba a cumplir. Totosai sabía dónde vivía su hija, y podía ir cuando quisiera. Pero su situación era grave todavía, la enfermera se lo había dicho. Se las ingeniaría para presentarsela, antes de que fuera demasiado tarde.

–Ahora... ¿Crees que me podrás ganar en esta ronda? –la retó, y ella aceptó el reto con mirada decidida.

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El viernes se estaba pasando muy rápido. Se estaba divirtiendo mucho con Inuyasha, ya que la llevó a una habitación especial de videojuegos. Jugaron de todo, aunque ella era la que perdía. Había sido buena antes, pero ahora tenía demasiadas preocupaciones y tenía poco tiempo para ella. Miró como el semblante de Inuyasha cambiaba a cada momento. Su ceño decidido, sus ojos chispeantes de diversión, su sonrisa de triunfo tras derrotarla... Vió a Moroha durante un segundo, con sus mismas expresiones. Negó con la cabeza y se volteó al instante. ¿Acaso su conciencia quería atormentarla?

–Kagome... ¿Qué ocurre?

–¡Oh! Nada, nada –dijo soltando una risa nerviosa–. Pensé que me dejarías ganar –hizo una mueca fingiendo estar molesta. Inuyasha soltó una carcajada.

–Me encantas demasiado, es verdad –la tomó del mentón mientras la acercaba, Kagome cerró los ojos esperando el beso, pero él continuó sin besarla, y le susurró en la oreja–. Pero cuando inicia el juego... ¡Te conviertes en el enemigo! – dicho esto la recostó en el sofá que se encontraban y se levantó dejándola sin beso.

Kagome lo miró acercarse a la pequeña nevera del lugar, frunció el ceño.

–¡Oye! –exclamó indignada, se escuchó un chasquido metálico.

–Brindo por mi venganza –se volteó con una lata de soda en sus manos–. Porque ya no juegues sucio como en esta mañana –alzó la soda como si de una copa se tratase y le dió un trago.

Kagome lo observó con ojos entrecerrados. La expresión de Inuyasha no mentía, estaba disfrutando ganando. Pero él había empezado todo, ahora debía aguantarse, para que se le quitara la maña. No debió meterse con Kagome Higurashi. La próxima vez sería más cruel, y lo disfrutaría. Lo observó nuevamente, mientras bebía... entonces notó algo brillante que colgaba de su cuello… La cadena que vió la otra noche. Se acercó a él lentamente, no lo traía ayer, ¿qué sería?

Se levantó y caminó hasta él, dispuesta a averiguarlo. Pero cuando él terminó su soda, se dió la vuelta y sacó una más, se la ofreció a ella.

–¿Qué sucede?

Kagome miró su cuello fugazmente.

–Nada, solo que...

Tal vez era algo personal, porque lo tenía oculto de la vista, incluso de ella. ¿Sería biena idea preguntar? Quizas no, tal vez arruinaría el ambiente que habían creado en estos días, todo lo que estaban viviendo ahora. Lo que guardaría para siempre.

–¿Sí?

–Solo que... ¡Siento que te ganaré en el billar!

*

–¡Querido! –Izayoi entró a su despacho con su habitual energía, alzó la vista de su libro y le dedicó una sonrisa a su esposa.

–¿Qué sucede, querida? –volvió su vista al libro. Su esposa se paró frente al escritorio y tomó asiento.

–Te tengo una espléndida noticia –su voz emocionada lo hizo alzar sus cejas.

–¿Si? ¿Cuál? –pasó la hoja de su libro y de un momento a otro se lo arrebató su esposa.

–¡Por favor! Prestame atención –roló los ojos y se cruzó de brazos de manera molesta–. Es importante, es sobre mañana.

–¿Qué puede ser muy importante? Pusimos un organizador de eventos para la fiesta de mi padre, uno con excelentes referencias… ¿Qué podría salir mal?

–No es eso, es sobre Inuyasha y Kagome…

Hablaba muy animada sobre ellos, ya se había acostumbrado, pero lo cierto era que él no se creía el cuento de su relación. Y si fuera cierto, jamás volvería a aprobar esa relación. Tenía sus razones.

–¿Qué pasa con ellos? –se cruzó de brazos y apretó los puños, su esposa lo notó, ya que señaló sus manos.

–¡Agh! Otra vez con tu mal genio. Desde que menciono el nombre de "Kagome", pones esa cara de pocos amigos –entrecerró los ojos y se cruzó de brazos–. ¿Cuándo piensas decirme el por qué la detestas? Antes era de tu agrado…

–"Antes", tú lo has dicho, es tiempo pasado.

Nunca le había dicho a Izayoi, nunca le había platicado la razón de su rencor. No creyó que fuera necesario, puesto que no iba a regresar a sus vidas. Pero se había equivocado.

–¡Ay! Mejor no te platico nada –él giró su silla dándole la espalda.

–Es mejor así, no quiero saber. ¡Me importa un bledo saber de "ella"!

–Ka-go-me, ¡se llama Kagome! ¿Siempre será así? –su voz se fué apagando–. InuNo Taisho, ¿puedes alegrarte un poco por tu hijo? ¡Por fin se ve feliz!

Oh no, su voz estaba quebrándose y lo había llamado por su nombre completo. Se giró a verla y no le gustó el sentimiento de tristeza que tenía su esposa, sus particulares ojos alegres se habían apagado en cuestión de minutos. Se levantó y se acercó a su esposa, y cuando quiso limpiarle la solitaria lágrima que resbalaba por su mejilla, Izayoi se levantó y le dió la espalda.

–Querida, yo… –suspiró, buscando las palabras adecuadas–. No me gustó que le rompiera el corazón a Inuyasha, es todo –mintió, no era todo.

–¿Es que no puedes olvidar lo que pasó? Sí, a mi también me partió el alma ver a nuestro hijo tan deprimido y al borde del abismo –lo miró por sobre el hombro–. No soy insensible, es mi hijo y me dolía verlo tan bajo. Cuando supe que iba a traer una chica, me alegré por él. ¡Tenía fe de que su se volvería a ver plenamente feliz! Iba a aceptar a quien se hubiera ganado su corazón. Tenía que ser alguien muy importante para él, como para traerla unos días aquí con su familia… –se giró a verlo y lo fulminó con la mirada–. Iba a hacer que hiciera sus maletas de inmediato si sólo se trataba de una de las mujeres con las que lo has obligado a salir –inhaló y exhaló, calmandose un poco.

–Eran opciones, no iba a obligarlo a emparejarse con alguien que él no quisiera –se defendió alzando las manos.

–¡Eres..! –volvió a suspirar–. Bueno, admito que al verlo entrar con Kagome a su lado, me… No sé, tenía muchos sentimientos. Por una parte sentía felicidad, por otra me sentía frustrada, porque pudieron haber estado juntos desde su boda. No habría sufrido Inuyasha y ahora tendrían lo que Rin y Sesshomaru tienen: Una familia –Izayoi estaba cegada por la farsa de Inuyasha y "ella"–. Y, ¿sabes qué? Cuando los vi detenidamente, volví a ver a mi hijo. Al hijo enamorado de su novia, al chiquillo que pensé que no volvería a ver, a su antigua versión –se quedó pensando unos segundos–. Si conocieras a Inuyasha como yo, estarías feliz por él…

–Es mi hijo –interrumpió–. Y por esa misma razón, se que es bueno para él. Y "ella" no lo es.

–¡InuNo Taisho! ¿No te has puesto a pensar que lo que es "bueno" para ti, a él no lo hace feliz?

Aquel comentario lo dejó callado, le dolió sinceramente. Iba a decirle lo que pasaba, pero no… Tal vez no pensaría lo mismo que él. Guardó silencio y la verdadera razón por la que no la quería cerca, y lo que tenía planeado hacer para alejarla de sus vidas. Tragó hondo mientras veía como los ojos de su esposa volvían a humedecerse. Odiaba verla así, no era momento de decírselo, era muy sentimental y temperamental, terminarían peleando y empeoraría las cosas. Decidió que cedería a la farsa frente a la familia, pero a solas no lo dejaría pasar. Apretó sus labios y abrazó a su esposa.

–Tienes razón, querida… Discúlpame.

Le pedía perdón, pero no le había dicho que lo disculpara por lo que iba a hacer.

"Ella" siempre le pareció una chica buena, una mujer que podría hacer feliz a su hijo. Le agradó desde el momento que la conoció, le pareció una chica auténtica, una excelente influencia para su hijo. Jamás lo había visto tan feliz, fué la única novia que les presentó, y quedaron sorprendidos y encantados. Cuando se comprometieron, no dudó en encargarse de los gastos de la boda, planearon todo a la perfección. Pero algo pasó, notó cierta tensión en su hijo el día de la boda. Pero no indagó en ello, decidió esperar… Luego todo se volvió un caos.

"Ella" le mandó los papeles del divorcio, los medios se le fueron encima, exigiendo respuestas que ni él sabía. Inuyasha cayó en depresión y en la perdición, se negó a firmar hasta hablar con ella. Ya que la señorita se escondió del mundo… Le dolió verlo en ese hoyo de sufrimiento. Inuyasha se volvió irresponsable, y se encerró en sí mismo… Pero un día, mientras su hijo caminaba por las calles, confundió a una mujer con "ella", y al intentar alcanzarla, cruzó la calle y fué arrollado por un autobús.

Estuvo muy grave, tuvo cirugía en el cráneo y lo tuvieron en observación. Fue en ese momento cuando comenzó su odio hacia esa mujer. ¿Por qué no daba la cara? ¿Por qué no tenía valor de enfrentarlo de una vez por todas? Nunca tuvo respuestas. Lo que más le molestó, fué que nunca se paró en el hospital. Ni siquiera para preguntar cómo estaba. Tuvo la ilusión de que aparecería y apoyaría a su hijo en ese momento tan difícil, porque lo único que repetía era "Kagome" entre sus sueños. Pero cuando Inuyasha despertó, lo único que recibió fué a su abogado, insistiendo en que firmara los papeles de divorcio. Vió como su hijo, con las pocas fuerzas que tenía, firmaba los papeles al fin. Desde ese momento, jamás volvió a ser el mismo.

Aquello había sido la gota que derramó el vaso, "ella" sabía donde estaba su hijo, y jamás se apareció en el hospital. ¡Ahí mostró su verdadera cara! Por muy molesta que estuviera, no debió hacer eso. Se trataba de un ser que la amaba y buscaba. Un ser humano… ¡Solo debía preguntar por la salud de Inuyasha! Ni siquiera fue capaz de llamar a Izayoi, o algo. Ahí demostró su nivel de humanidad.

Entonces decidió dejar de permanecer al margen, comenzó su investigación. Fué cuando Kikyo Tendo, prima de esa mujer, apareció como ángel caído; le contó la verdad y le mostró las pruebas. Jamás pensó que sería capaz de engañar a su hijo, y jamás creyó que Inuyasha sería capaz de perdonar algo así, y lo estaba haciendo, estaba dispuesto a perdonarla y volver con "ella"… ¡Sobre su cadáver!

Por suerte, después del divorcio, jamás volvió a buscarla. Fué como si algo se reseteara en Inuyasha, porque abandonó sus absurdos sueños de estudiar gastronomía y retomó sus antiguos estudios. Se graduó con honores y vio como crecía en el campo laboral. Se volvió un hombre exitoso, un hombre del que se sentía orgulloso, aunque tuvo que sacrificar a su familia; lo veían pocas veces al año, debido a sus constantes viajes. Pero valió la pena, lo veía como un triunfador. Pero un día, todo cambió.

Consideraba que Inuyasha estaba apto para ser la cabeza de la empresa, pero necesitaba asegurar que la descendencia siguiera en el poder en el futuro. Tuvo la ilusión de que sus hijos fueran los encargados de la empresa, y los hijos de sus hijos sucesivamente, pero jamás pensó que Sesshomaru dejaría el cargo de jefe y lo cedería a Inuyasha. Lo dejó hacerlo, debido a la presión de su ex esposa; y también, porque su deseo aún podía cumplirse con Inuyasha. Cuando le platicó su condición para ser el jefe permanente, le hizo una pregunta: ¿Cuándo sentaría cabeza?

¿Qué recibió en respuesta? ¡Una carcajada! Inuyasha soltó una carcajada frente a su cara de incredulidad y le dijo que jamás volvería a pensar en casarse. Añadió que se olvidara de esa absurda idea de que formara una familia, que para él no era importante y le pidió que dejara de hacerle citas como una casamentera… Dios, se atrevió a reírse en su cara, una patada habría dolido menos. Entonces lo sentenció, si no conseguía una pareja pronto, Hakudoshi Tatewaki subiría como jefe permanente en determinado tiempo. Le dijo que él era una mejor opción, que veía más potencial, que tenía más ideas frescas y proyectos para la empresa… Le dio un discurso de media hora y concluyó con que lo había decepcionado.

No estaba orgulloso de lo que le dijo, pero le había dolido que se burlara de él. Pensó que meditaría las cosas y por fin entendería que sólo quería lo mejor para la empresa y él. Una compañera de vida lo motivaría y haría crecer como persona. Ahí entendería el concepto de responsabilidad. Pensó que cedería a su petición, tal como en el pasado, y cuando se enteró de que traería a su novia, se alegró demasiado. Hasta había empezado a cambiar sus planes de quitarlo como jefe y hablar con Hakudoshi… Pero nunca esperó que su pareja fuera "ella".

Algo le pareció extraño desde que los vio juntos y Kikyo Tendo no pudo aclarar su duda si eran una pareja o no… Pero sus contactos le dijeron lo que habían averiguado de "ella". Y esa información, junto con la de Kikyo, lo ayudaría a alejarla por completo. No quería una mujer interesada en la vida de su hijo.

–Así está mejor–Izayoi lo tomó de las mejillas y juntó sus frentes–. Quiero a mi esposo cariñoso, no al monstruo enojon que estaba antes.

Le sonrió negando con la cabeza.

–Prometo no transformarme de nuevo –recibió un beso en respuesta–. Ahora sí, dime que es lo que venías a decirme…

–Tuve una platica con Inuyasha hace un momento.

La sonrisa cómplice de Izayoi le cayó como agua fría, ya la había visto antes… Debía darse prisa con sus planes.

*

–¿Inuyasha está con las niñas? –la cara de Rin decía no creerlo.

Ella sonrió, antes de que Rin y Sesshomaru se ducharan, les habían encargado a las gemelas un momento, pero Inuyasha había insistido en llevarlas a dar un paseo por la casa en su carreola. Se había ofrecido hacerlo, y ella no pudo negarse. Pero había aprovechado para hacerle una larga llamada a su madre, y ahora se estaba preparando un poco de fruta para compartir con Inuyasha.

–¿Hace cuánto que está con ellas?

–Media hora, me parece –contestó Kagome, después de checar un reloj de la pared de la cocina–. ¿Qué sucede? –preguntó ella al verla demasiado sorprendida.

–Es que... Suele entrar en pánico después de cinco minutos –soltó una carcajada.

–Descuida, le enseñé algunas cosas para cuidarlas –dijo ella mientras colocaba el plato en una bandeja y se preparaba para buscar a Inuyasha.

–Sabes mucho sobre bebés, ¿verdad, linda? –aquella tercera voz la hizo detenerse en seco.

Esa voz, esa voz que había oído tantas veces, que se había esforzado por evitar. Porque su simple voz, la simple mención de su nombre, la hería. La hería mucho, le traía recuerdos dolorosos. ¿Ella? ¿Qué demonios hacia aquí? De todas las personas del mundo, de todos los lugares donde podía estar… ¿Por qué estaba allí?

–¿No me darás la bienvenida, Rin?

Cuando volteó, verificó la identidad de aquella persona; y cuando se acercó, notó la cara alegre de Rin. La saludó con un beso en la mejilla y le sonrió amablemente.

–Creí que por tus sesiones de modelo no llegarías para la fiesta del abuelo –comentó Rin.

Kikyo soltó una risilla, un gesto odioso para ella.

–Yo creí lo mismo, querida. Pero en cuanto supe por la familia que la hermosa novia de Inuyasha estaba aquí, cancelé todo y vine para conocer a tan hermosa criatura, de la que tanto... Se habla –su recelo en la voz era notorio, estaba disfrazado de un tono alegre.

Se agarró de una silla. Kikyo, su prima, su odiosa prima. La persona que siempre evitaba ahora estaba ahí, en la isla. En un lugar donde toda la familia Taisho se reuniría... Conocía la existencia de Moroha, la había visto embarazada en unas ocasiones. Y después, en otra boda de su familia, había visto a Moroha, de dos años de edad. Ella se había distanciado de su tía, pero aún asistía a uno que otro evento de la familia. Kikyo no era tonta, seguro sabía que era hija de Inuyasha.

–¿Kagome? –fingió no reconocerla, después fingió enfocar su mirada y abrió los ojos en "sorpresa"–. ¡Eres tú! ¿Quién lo diría?

Kagome no tuvo tiempo de reaccionar, cuando lo hizo, Kikyo se encontraba tomándola de los hombros y besando su mejilla antes de abrazarla.

–¡Prima, querida!

¿Qué sucedía? Estaba en shock, Kikyo estaba abrazándola, ¡Abrazándola! En frente de Rin... ¡En otras ocasiones Kikyo la habría menospreciado! Y ella habría estado encantada de demostrar el mismo desprecio.

–Sígueme la corriente, o diré todo –fué un susurro que solo ella escuchó.

Aquello bastó para asustarla. No, no podía permitir que Kikyo dijera sobre la existencia de Moroha. ¡Jamás! Con dificultad, alzó las manos y rodeó a Kikyo.

–¿Son familia? –Rin sonaba sorprendida. Rin, ni los Taisho sabían que Kikyo había sido novia de Inuyasha. Tanto Inuyasha como ella lo habían hablado antes de casarse, quisieron guardar ese secreto. Kagome pidió perdón a su orgullo por lo que iba a actuar ahora. Todo fuera por su hija...

–Sí, es mi prima –se separaron y sonrió ocultando sus verdaderos sentimientos–. Bueno, es una larga historia...

–Así es –dijo Kikyo sonriendo con triunfo, aunque para ella, era una burla–. Bueno, es hija adoptiva de mi tío...

Y comenzó a inventar una historia de cómo habían sido las primas más inseparables del mundo... Una historia totalmente diferente, que en varias ocasiones, hizo que se le revolviera el estómago por tantas mentiras. Cuando Kikyo terminó, Rin sonrió convencida de la falsedad de Kikyo, entonces las dejó solas y se fue a buscar a Inuyasha. Kikyo caminó y Kagome la siguió, fué guiada hasta una habitación al lado contrario de la mansión. Y una vez dentro, la relación amigable entre primas desapareció. Kagome observó la habitación, era obvio que se trataba de la de ella. Olía a su exagerado perfume.

Kikyo tomó asiento frente al espejo y sus ya acomodados cosméticos. Comenzó a cepillarse el cabello.

–Toma asiento, bueno, si es que quieres, primita.

Kagome apretó los puños y la fulminó con la mirada. ¿Qué hacía Kikyo en la mansión? Miró a los alrededores buscando una pista, pero no encontró nada. Examinó a Kikyo, vió un anillo brillante descansando en su dedo corazón, un anillo de compromiso. Miró hacía la cama, seguramente se había comprometido con un pariente de Inuyasha, eso explicaba su estadía en el sitio. Pero, ¿quién se atrevería a ser pareja de Kikyo? ¡Era una modelo con fama de cazafortunas!

Dejó eso de lado, y trató de pensar en una manera de convencerla de callar su secreto.

–Cuánto has mentido, Kagome –fué directo al grano–. ¿Novia de Inuyasha? Por favor, ambas sabemos que nunca lo podrían ser.

–Lo que haga no es de tu incumbencia –murmuró con los dientes apretados–. ¿Qué quieres por tu silencio?

Kikyo soltó una carcajada antes de verse las uñas.

–Kagome, sigues siendo tan tonta como antes, ¿no es así? –aquel tono tan burlón casi la saca de sus casillas–. Dinero me sobra, querida... Ya que no se me hizo con Inuyasha, tenía que ser con otro miembro de esta familia.

–Y tú sigues siendo tan cazafortunas como antes... –le sonrió con desdén–. ¿Quién fué tan tonto como para comprometerse contigo? –desconocía ese dato, puesto que últimamente no había sabido de ella por sus constantes ocupaciones. Lo último que supo, fue que Kikyo seguía soltera.

–Yo no me expresaría así si fuera tú, querida –Kikyo entornó la mirada a ella con superioridad, evitó responderle–. No estás en posición como para soltar veneno contra mí, no lo olvides. Tengo información que vale... Millones, ¿verdad? –alzó una ceja.

Kagome dejó de apretar los puños y se resignó. Si hacía enfadar a Kikyo, era capaz de hablar... Y era lo que menos quería.

–Pideme lo que quieras.

Kikyo volteó y la miró con burla.

–¿Y si te dijera que no me interesa guardar tu secreto?

–¡No, por favor! –rogó con la mirada y juntó sus manos–. Por favor, no les digas... ¡Sería malo para Moroha!

¿Sería capaz de tal cosa? ¿Sería capaz de crear caos solo para hacerla sufrir? La cara de Kikyo reflejaba, odio, odio y satisfacción. Sabía que se estaba humillando, y que Kikyo lo estaba disfrutando. Pero su hija valía más que cualquier cosa.

–No ganarás nada si hablas. Escucha –trató de disuadirla–, se que tenemos nuestras diferencias, pero dejemos las cosas así por la paz y…

–¡Aish! ¡Calla! –Kikyo la interrumpió, se sobó las sienes–. Eres muy ruidosa... No me dejas pensar como decirles todo. Podría enseñarles una foto, tal vez... Ó, ¿podría decirles la dirección de la casa de mis tíos y que lo descubran por sí mismos?

–No hagas eso –se acercó a ella y se hincó a sus pies; le tomó una mano con desesperación, sí, se estaba humillando–. Si lo haces, Inuyasha se enfadara, todos se enfadaran. Podrían quitarme la custodia... ¡Podrían quitarmela y nunca la volvería a ver!

Sí, estaba llorando, y esperaba que esas lágrimas desesperadas la hiciera cambiar de parecer. ¿Acaso Kikyo no tenía corazón? Era su hija... Su hija la necesitaba más que nada. Kikyo seguía hablando para sí misma... No la estaba convenciendo.

–¿Y si yo misma los llevó allá? ¡Imagina sus caras!

–¡Moroha necesita de mi! Me extrañaría...

Sentía las mejillas húmedas, sentía el corazón acelerado, no estaba funcionando. Kikyo no parecía querer guardar el secreto. Estaba perdiendo... ¡Dios! ¿Qué más podía hacer? Pensó, intentó pensar en algo más para convencerla. Su cerebro buscó formas para hacerla cambiar de opinión.

–Me preguntó que harán primero... –Kikyo se levantó, empujándola al suelo, como si se tratara de cualquier objeto. Caminó, alejándose de ella–. Oh, sí, Inuyasha se pondrá histérico. Pondrá a trabajar a sus abogados, y en unas semanas la niña estará con él –le dio la espalda y aplaudió aquella escena imaginada–. Sí, eso pasará...¡Jamás te perdonará!

¡Eso era! Había mencionado a Inuyasha... ¿Y si le metía miedo a ella? Era una jugada que podría usar, para mantenerla en silencio. Intentó dejar de llorar, y se levantó, se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y habló.

–¿Y si te equivocas? –aquello captó la atención de Kikyo, que la miró por encima del hombro. Era su momento, no debía flaquear–. ¿Y si me perdonara? Tal vez quiera a la niña tanto como yo, y tal vez al fin seamos una familia –vio que Kikyo fruncía el ceño–. ¿Qué? ¿No crees que es capaz de luchar por mi, por nuestra hija? Tal vez me ama tanto como antes... –recordó al Inuyasha que había conocido esos días, todo lo que pasaron juntos, así que aquellas palabras salieron de su corazón–. Incluso tal vez me ame más que antes, y me perdonará. Me pedirá matrimonio –se alejó unos pasos, y vio como los ojos negros e inexpresivos de su prima se encendían de rabia, había dado en el blanco–, tendremos la boda más envidiada, y mi hija cargará la cola del vestido de novia que usaré... Y viviremos felices, riéndonos de todo lo que tuvimos que pasar para llegar hasta aquí.

Kikyo perdió el control, dió la vuelta rápido y la tomó de los cabellos, la hizo caer.

–¡¿Crees que caeré ante eso, estúpida?! –soltó con veneno–. Se más que nadie que tú no tienes el valor de arriesgarte... –la tomó de la nuca y la hizo verla a la cara–. Sé que no te arriesgarías por tu querida niña –Kagome tragó saliva, Kikyo sonrió–. Por tu cara, deduzco que he dado en el blanco, ¿cierto?

Sí, no era capaz de atreverse. No era capaz de decírselo a Inuyasha y tentar su suerte...

–¿Qué es lo que quieres de mí? –Kikyo la soltó y ella cayó, sosteniéndose de sus codos–. ¿No te has divertido bastante? ¿Qué es lo que quieres, Kikyo?

La vio arreglarse los cabellos detrás de la oreja.

–Nunca es suficiente diversión, creeme –se volvió a sentar frente al espejo–. Pero para que veas que no soy tan mala, tomaré tus lágrimas como pago por mi silencio.

Kagome se levantó incrédula, de la nada decía eso, ¿había escuchado bien?

–Gracias –murmuró sinceramente, pero el gusto no le duró tanto.

–¡Eh! Aún no es todo… Quiero que te largues de la vida de Inuyasha, y de todo Taisho que conozcas.

Kagome se quedó estupefacta, ¿porqué quería alejarla de él? Ella no iba a quedarse, estaba segura, pero Kikyo... Kikyo estaba comprometida, ¿no? Entonces, ¿por qué la quería lejos de Inuyasha?

–¿Te interesa Inuyasha?

Kikyo soltó una risa repleta de sarcasmo.

–Por supuesto que no, querida. Ya estoy felizmente comprometida... –su sarcasmo era notorio; giró en su taburete y alzó el rostro con altivez–. Solo no te quiero aquí, ni a ti, ni a la bastarda que tienes por hija.

Kagome se acercó repentinamente, no iba a permitir que Kikyo hablara así de su hija... ¡No en su presencia!

–Puedes chantajearme, insultarme, e incluso golpearme, pero –la abofeteó, el sonido pareció hacer eco en la estancia–, no voy a permitir que hables así de mi hija.

Kikyo, que había ladeado la cabeza por la cachetada, la miró con una sonrisa burlona. Aquello la enfureció, pero se contuvo, no iba a darle el gusto de verla fuera de sus casillas otra vez, no por ahora.

–La chiquilla tiene carácter… –se tocó la mejilla–. Bueno, tal vez esa niña no tenga la culpa de tener una madre tan idiota como tú…

–¡No he terminado! –inhaló y exhaló, debía calmarse–. Haré lo que dijiste, pero no metas a mi hija en nuestras conversaciones. Me iré de la vida de los Taisho, no me volverás a ver cerca. Solo entonces serás feliz, ¿ok?

–Correcto –Kikyo asintió sobándose su mejilla, pero sonriendo de satisfacción–. Veo que no eres tan estúpida como creí.

–¿Cumplirás tu palabra?

–¡Por favor! –fingió ofenderse–. Yo siempre cumplo lo que digo… Y prometo no decirles que esa niña es hija de Inuyasha.

–Y yo prometo que desapareceré al acabar el fin de semana.

La sonrisa que le dedicó se le grabó en la mente antes de salir de la habitación. Caminó y caminó, hasta que no pudo más y se hincó a medio pasillo, abrazándose y rogando al cielo que Kikyo cumpliera su palabra. No podía exponer a su hija, ella era su vida; eso lo tenía más que claro, pero... ¿Por qué tenía que aparecer Kikyo y recordarle que debía alejarse de Inuyasha? Aunque ya lo tenía decidido, ahora le resultaba más doloroso. Había estado en un paraíso el día anterior, pero ahora... Ahora estaba en un infierno. Solo le quedaba el sábado y el domingo para estar con Inuyasha, y pensó que podría pasarlos en paz y en completa armonía, pero el chantaje de Kikyo había arruinado todo. Ahora no podría estar tranquila, no con su prima en el mismo sitio…

*

Kikyo tarareaba una canción mientras se examinaba el rostro. Afortunadamente, la estúpida de Kagome no le había dejado ninguna marca en la cara. Sonrió satisfecha al recordar el rostro de su estúpida prima. No, no lo había hecho por Inuyasha, esto era más personal.

"Kagome es el orgullo de tu tía Naomi, parece que se sacaron la lotería con esa niña".

"Kagome sacó excelentes notas en la escuela, ¿Por qué no le pides asesorías?".

"Kagome es muy amable, deberías aprender de ella".

"Kagome... Kagome..."

Su madre siempre estuvo encantada con Kagome, "la niña perfecta". ¡Ni siquiera eran parientes de sangre!

¡Ella sí! Para toda la familia, fue amada. Muchos la idolatraban por ser bonita, siempre demostró sus talentos. La familia de su madre siempre la quiso, todos estaban asombrados de Kikyo Tendo... Ojalá pudiera decir lo mismo de su madre, siempre la comparó con Kagome. La odiaba, nunca le había hecho algo malo... Hasta que se pasó de la línea.

Inuyasha había sido su novio, la respuesta a sus plegarias. Era heredero de una gran fortuna y futuro propietario de una parte de Taisho Corp., por lo menos así lo había visto ella. Pero Inuyasha siempre fue un aburrido, en cada fiesta que asistían él insistía en regresar temprano a su casa, debido a las tareas de la universidad. Luego le hablo de su estúpido sueño de estudiar gastronomía y olvidarse de la empresa de los Taisho. Fue difícil, pero lo convenció de olvidarse de ello, era un pez gordo, el cual ella había pescado con total éxito. No permitió que su valor bajara; aunque eso significó seguir con su estilo de vida, aburrido y ocupado.

Comenzó a salir sola para pasar el tiempo... Pero una noche, se embriagó y cometió un terrible error... Entonces, cuando Inuyasha se enteró, rompió con ella. Fue doloroso, porque habia perdido la estabilidad que ella habia buscado toda su vida… Pero no fue tan doloroso como lo que después pasaría.

¿Que tipo de persona se metía con el ex de su prima? ¡Kagome lo había hecho! Comenzó a oír que Inuyasha era visto muchas veces con ella, la universidad entera lo sabía. Y cuando se enteró de que eran pareja oficial, explotó. Eso había sido bajo... ¿Cómo había podido hacerle eso? Su prima, a la que su madre amaba y deseaba tener como hija... ¡Jamás estuvo de acuerdo con esa relación! Esa vez no lo iba a permitir, esa vez ella ganaría. Pero no... Por más que imploró, rogó y lloró, Inuyasha no cedió. Se mantuvo firme... Esa desgraciada lo tuvo comiendo de la palma de su mano.

Por eso, cuando tuvo la oportunidad de arruinar su relación, no lo pensó dos veces. Y al último momento, cuando Kagome estuvo a punto de salirse con la suya, logró su cometido. Ellos se casaron... ¡Pero se divorciaron al poco tiempo!

Al enterarse de ello se sintió más feliz que nunca. A la estúpida Kagome se le regresó todo lo que le había hecho. Le había quitado el amor de su madre y a Inuyasha. Al fin había hecho justicia el destino... Pero después, se enteró que Kagome había dado a luz una niña, al investigar, supo de inmediato que se trataba de una Taisho. ¡Maldita sea!

Pudo envenenar a Inuyasha contra ella, pero el muy maldito se había acostado con Kagome en su noche de bodas, ¡y esa desgraciada había accedido! ¡Dios! Esa niña complicó sus planes.

Justo ahora, corría más peligro que antes, todo lo que había hecho, la cizaña que había metido, las mentiras... Todo podrían descubrirlo los Taisho. Su estabilidad, su carrera, todo lo que había logrado conseguir, corría peligro. La echarían, y como siempre, Kagome saldría victoriosa. No podía permitirlo... A ella tampoco le convenía que supieran de la existencia de Moroha Higurashi. Así que ni loca hablaría de ella. Pero era una gran ayuda, porque así había podido chantajearla, por si se le ocurría la mínima idea de decir su secreto.

Sonrió mientras suavizaba sus hombros. Por lo menos ahora la tenía en la palma de su mano, como siempre había querido. Esperaba que así siguiera... Pero aún así, tenía a alguien más a su favor. Era su as bajo la manga. Kagome tenía que desaparecer de la vida de los Taisho.


Continuará...


¿Qué pasará ahora? ಠ﹏ಠ siento la misma ansiedad que ustedes jijiji

En este capítulo conocimos la versión del papá de Inuyasha, ahora comprenden un poco su rencor hacia Kagome… y lo que les dejo de tarea es pensar "¿Qué está planeando en su contra?"

¿Habrá spoilers de eso? Lo siento, pero me temo que a partir de aqui, no habfa mas spoilers muajaja

Me despido, ¡Nos leemos en otra ocasión!

¡Sayonara!