10/09/2024
Gracias por el apoyo en sus reviews:
Annie Perez, lykel18, Karii Taisho, Cindy Osorio, MegoKa, joiscar, Rosa Taisho, Valentinehigurashi y Kayla Lynnet.
Nunca voy a terminar de agradecer el apoyo que le han brindado a esta historia. Hemos rebasado los 170 comentarios, casi lloro al darme cuenta de lo mucho que me apoyaron e influyeron en esta historia (porque sí, cambié cosas con forme leía sus reviews y editaba los capítulos).
¡Les mando miles de besos!
¡Holo, inufans! =D
He estado poniéndome al corriente con unos fanfics que tenía por leer, y tuve un compromiso familiar el fin de semana. Esas fueron las razones de que no haya publicado capítulo la semana pasada. Pero no quise dejarlas esperar por mucho, y heme aqui.
*cof cof* Avisé esto en mi página de FB "Eline H. T" (guiño publicitario ja, ja).
Volvemos con las actualizaciones, ahora intentaré un nuevo estilo de escritura, ustedes me dicen si les gusta o volvemos a leer sólo la perspectiva de Kagome e Inuyasha ;D quiero poner la perspectiva de otros personajes, me gustó eso en el fanfic "Un encuentro que cambio mi destino" de mi colega Kayla =) (vayan a leerlo, les va a encantaaaaar). Pero lo haré en tercera persona, así que aquí vamos. Quiero intentarlo en este capitulo =D lean y comenten si les gusta =)
URGENTE: Mi app está fallando, me repite partes de párrafos, quita otros y desordena todo. No se que pasa, podrían avisarme si ven ese error. Estuve una hora "arreglandolo", ojala haya quedado bien está millonésima vez =(
CONVIVIENDO CON MI EX.
Capítulo 17: Desagradable sorpresa.
–No perdiste el tiempo, libidinoso –le sonrió a su amigo con sinceridad–. Veo que tal vez yo te daba mala suerte. Me ausento unos días y ya tienes a nuestra recepcionista en la palma de tu mano.
–¡Ey! No lo había pensado –respondió, tomando las dos copas que le ofrecía el mesero–. Tal vez, cuando ya no seas el jefe, Sango y yo lleguemos al altar –le guiñó un ojo, ofreciéndole una copa.
–¡Cállate, Miroku! –le dio un codazo antes de agarrar la copa–. No bromees con eso, no dejaré que pase.
–¿Mi boda? –bromeó, quitándole un poco de tensión a la conversación.
–No, idiota. Lo de la empresa –se tomó el líquido al instante; el calor recorrió su garganta.
–¿Y ya le dijiste a tu enamorada sobre la situación de Taisho Corp.?
Casi se ahoga con la bebida y tosió para aliviar la sensación en su nariz y garganta.
–No, de hecho… lo había olvidado, iba a decírselo a Kagome hace un rato.
Pero había quedado completamente anonadado con ella y ese vestido que le quedaba tan bien. Quiso olvidarse de la fiesta y mantener a Kagome cautiva, para hacerle el amor una y otra vez, pero eso no se lo haría saber a Miroku. No hablaría de lo que Kagome y él vivían en la intimidad, de la manera salvaje que se dejaba llevar, de los gemidos guturales que daba cuando la embestía y la manera que gritaba su nombre al llegar al clímax… Eso jamás se lo contaría a nadie. Era sólo de ellos.
–Inuyasha, ¿cómo pudiste olvidarlo? La última vez que hablamos, me dijiste que se lo dirías –Miroku lo observaba con una ceja levantada–. Veo que la señorita Kagome te trae como adolescente –le sonrió con complicidad.
Inuyasha lo miró, intentó no curvar los labios, pero falló. Miroku, sonrió, lo conocía muy bien.
–Lo sé. Es solo que he estado checando detalles del orfanato, haciendo llamadas al arquitecto, sobre todo… Bueno, me mantuve ocupado esta mañana –respondió mientras pasaba una mano por su cabello.
–Tienes que decírselo. Ella es parte de esto. Si alguien más se lo dice, tal vez lo tomará de mal modo –se llevó una mano a la barbilla, pensando–. Si yo estuviera en su lugar, me molestaría que no fueras sincero.
Inuyasha asintió, sabiendo que su amigo tenía razón, no tenía que perder tiempo. Al alzar la vista, notó que Kagome descendía por las escaleras junto a Sango. Sango le decía algo y ella asentía, escuchando atentamente. Lucia animada. Sonrió; tendría que ganar la confianza de Sango otra vez, porque quería estar en la vida de Kagome de forma permanente.
–¿Y cuándo piensas decírselo, Inuyasha?
–Este es el momento –susurró, acomodándose el cuello de la camisa.
Dejó la copa vacía con Miroku y se alejó. Su mirada decidida se situó en Kagome, quien ahora estaba sola y se dirigía a la barra.
–Hola, querido Inuyasha –aquella voz nada bienvenida lo hizo detenerse. Su camino fue obstruido por la odiosa Kikyo Tendo–. Pero si es el «ex» jefe de Taisho Corp. –el tono burlón de Kikyo lo hizo apretar los puños.
Quiso hacer caso omiso de ella, quiso rodearla y hacer como si no la hubiera visto, pero ella volvió a impedirle el paso. Su rostro tenía dibujada una sonrisa maliciosa.
–No tengo tiempo para tus juegos, Kikyo…
–¿Qué pasa? ¿Ni siquiera vas a saludarme? –fingió un tono triste. En cambio, Inuyasha se cruzó de brazos, fulminándola con la mirada–. ¿Qué? ¿Acaso te incomoda que diga la verdad? –Se cruzó de brazos con arrogancia, enganchando más su sonrisa.
A Kikyo le encantó ver el molesto rostro de Inuyasha. Era el rostro del hombre del que una vez estuvo enamorada, pero él la cambió por la estúpida de su pequeña prima. Pagaría aquello con creces, nadie cambiaba a Kikyo Tendo por una pequeñez.
–No me hagas perder el tiempo –Inuyasha la tomó de un codo, con la intención de quitarla del camino, pero ella soltó una risa antes de soltar su veneno.
–¿Qué se siente que InuNo no te considere apto para liderar? –Inuyasha tensó su agarre al instante; supo que había dado en el clavo–. Vaya, veo que eso te afecta.
–Cállate –susurró con rencor y la soltó.
–Qué poco delicado eres con la futura señora Tatewaki... –Kikyo se sobó el codo–. ¿Te molesta que finalmente se demostró que mi prometido es mucho mejor que tú?
Inuyasha cerró los puños, sintiendo cómo la rabia crecía. Miró a su alrededor y notó las miradas curiosas de los invitados, así que se contuvo. No le daría el gusto de hacer una escenita frente a todos. Intentó relajarse, soltando un suspiro. Entornó los ojos a Kikyo, más sereno que un momento atrás.
–Mi tiempo es oro, Kikyo –le sonrió con desprecio–. No pienso desperdiciarlo contigo, tengo cosas más importantes que hacer.
Esperaba que aquello le afectara, pero ni siquiera se movió. En cambio, ensanchó más su sonrisa. Frunció el ceño, aquello no le gustó para nada; esa sonrisa la había visto antes… era una señal de mal augurio.
–¿Qué?
–Nada, Inuyasha… Solo pensaba en algo, ya que mencionaste «cosas importantes»... –suspiró teatralmente y le dio la espalda–. Hay tantas cosas importantes que no sabes, Inuyasha. Cosas que nadie te ha contado… Y que te ha estado ocultando Kagome.
Aquel comentario fuera de contexto lo hizo fruncir el ceño.
–¿Cosas?
Kikyo sonrió internamente. Había mordido el anzuelo. La confusión en su voz casi la hizo soltar la verdad, pero no lo haría… Por lo menos no en su totalidad.
–Cosas, Inuyasha... Solo eso. Cosas que Kagome ha estado ocultando de ti todo este tiempo.
Inuyasha estuvo a punto de exigirle respuestas… Pero no. No caería en sus redes, por lo menos no de la forma que ella pensaba. Debía sacarle información. Tal vez sabía que habían empezado su relación fingiendo, pero ahora era algo diferente. Debía ser cauteloso y medir sus palabras. Se acercó a ella un paso, quedando a la altura de su oreja.
–¿Qué demonios estás insinuando, Kikyo? –Kikyo lo miró sobre su hombro–. ¿Qué es eso que no sé?
–Lo siento, Inuyasha, pero... –se burló, llevándose una mano al corazón–. Le prometí a alguien no decir nada. Aunque me encantaría ver tu cara cuando descubras todo.
Durante un instante, el recuerdo de hace años surcó su mente... Y no, no pensaba caer esta vez en sus redes. De seguro Kikyo sabía sobre el «novio» de Kagome… ¡Agh! «Novio», más bien «ex-novio». No dejaría que Kikyo lo envenenara de nuevo, porque confiaría en Kagome por completo.
–Qué misteriosa eres, Kikyo… Pero lamento desilusionarte. No volveré a caer en esto... Esta historia ya me la sé –soltó con firmeza–. Confío en Kagome. Ya no soy el idiota de antes… El idiota que tuviste comiendo de tu mano.
Kikyo giró sobre sus talones, demasiado molesta por no obtener la reacción que esperaba. Lo estudió de arriba abajo, y no, no había ni una pizca de duda sobre Kagome en él. Maldita Kagome, ¿qué le había dado?
–Tal vez me he equivocado, sí que eres un idiota, Inuyasha. El hecho de que confíes en Kagome lo delata… Tiene muchos secretos que ocultar, y no te das cuenta.
Por un momento creyó ver sinceridad en Kikyo, pero descartó la idea. Kikyo jamás era sincera, solo quería envenenarlo contra Kagome. Negó con la cabeza y, con las manos en los bolsillos, le restó importancia y la rodeó para alejarse de ella. Sin embargo, cuando su mirada se desvió hacia la barra, su corazón se detuvo. El hermoso rostro de Kagome mostraba muchísima incomodidad. ¿La razón? Hakudoshi la tenía sujeta del codo. Su expresión incómoda y atemorizada hizo que la sangre le hirviera.
–¡Kagome! –masculló y empezó a caminar con prisa, decidido a alejar a Hakudoshi de Kagome.
Kikyo lo vio alejarse, abriéndose paso entre la multitud; la había dejado por ir con su estúpida mujercita. Apretó los puños con furia. Siempre Kagome. Siempre ella. La odiaba. Odiaba que todo girara en torno a esa mujer.
Había intentado meterle una espina de duda en la cabeza, para que dudara de Kagome... Había deseado torturarlo mentalmente, pero el infeliz ni siquiera la tomó en cuenta. No le había mentido esta vez, y, sin embargo, Inuyasha no le había creído. Maldita fuera ella. Maldecía la hora en que Kagome había nacido… Desearía que Kagome desapareciera para siempre.
Fue en ese momento que una sonrisa genuina se dibujó en sus labios. Eso estaba muy cerca de ocurrir. Y todo gracias a que ella sabía algo que Inuyasha no. Y eso haría que Kagome no dudara en alejarse. Lo haría para proteger su secreto… Para proteger a su estúpida Moroha Higurashi.
Vaya, si Inuyasha supiera eso, se volvería loco… Pero prefería que se volviera loco de otra manera: con el abandono de Kagome, cosa que estaba por ocurrir.
–Al final, yo gané –susurró para sí misma. Al fin Kagome desaparecería.
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Después de retocarse el maquillaje, decidieron volver a la reunión. Kagome ocultó la tristeza que ahora sentía. Al bajar las escaleras, Sango corrió a los sanitarios, argumentando que había tomado demasiada agua en el viaje. Kagome se acercó a la barra a pedir una bebida sin alcohol; aunque necesitaba valor para aguantar la noche, no era buena idea hacerlo. Tenía que estar en sus cinco sentidos esa noche, Kikyo andaba por ahí, no podía estar tranquila. Cuando tomó la pequeña copa entre sus dedos, alguien rozó su codo y casi la hizo tirar la bebida.
–Oh, lo siento, señorita... –esa voz, esa odiosa voz.
Kagome sostuvo la copa con fuerza antes de girarse. Se encontró cara a cara con él, el hombre que menos deseaba ver ahora: Hakudoshi Tatewaki, el hombre que más despreciaba en el mundo.
Hakudoshi no podía creer lo que veía. Frente a él estaba la mujer que una vez había deseado tener, pero era la misma que el inútil de Inuyasha había conseguido. Kikyo no le había mentido; al parecer, Inuyasha había vuelto con Kagome y la había traído a la isla. Una sonrisa se formó en sus labios, vaya sorpresa se había llevado. Kikyo también había acertado en otra cosa: Inuyasha planeaba usurpar el puesto que InuNo le había ofrecido, y Kagome había accedido a ayudarlo. Pero ni en sus peores pesadillas permitiría que le arrebataran lo que, por derecho, le correspondía. Había demostrado que era mejor que Inuyasha.
–Pero qué grata sorpresa, es la bibliotecaria Kagome Higurashi. Los rumores eran ciertos, volviste con Inuyasha.
Kagome sonrió falsamente y asintió. Pero ella lo consideraba una desagradable sorpresa.
–Sí, coincidimos en una ocasión, una cosa llevó a otra… Y volvimos a retomar nuestra relación.
–¿Coincidieron? –alzó una ceja–. Qué pequeño es el mundo, qué extraña y afortunada coincidencia.
Hakudoshi no le creía nada, Kagome estaba al tanto de la situación en Taisho Corp., tal como Kikyo había dicho. Habían creado una alianza momentánea para impedirle llegar a su meta. ¿Tan desesperado estaba por demostrar que era «mejor»? Había decidido «retomar» una relación muerta para impedirle tomar su lugar. Pero esta vez no lo permitiría, porque esta vez se lo había ganado de buena manera.
–Sí, así es. Las coincidencias hacen que te encuentres con personas maravillosas… Y también con personas que no lo son –soltó con veneno, mirándolo como si se tratara de un animal rastrero.
–¿No dicen que el mundo es pequeño? –dijo, sin borrar su sonrisa fanfarrona–. Tal vez por eso coincidieron… Y por esa misma razón, nos hemos reencontrado tú y yo.
–Tienes razón, el mundo es pequeño... Pero ojalá no lo fuera tanto, me evitaría la molestia de encontrarme con personas como tú –le dedicó una mirada de desprecio–. Bien dicen que la maleza aparece cuando menos la quieres.
Kagome esperaba encontrarlo esa noche, pero nunca pensó en dirigirle la palabra o acercarse a él y darle la oportunidad de soltar su veneno. Maldita suerte. Hakudoshi seguía siendo el mismo, si no es que más engreído y orgulloso. Notó que la mirada que siempre mostró intimidante ahora se mostraba triunfal. Y cómo no estarlo, si Kikyo y él tenían un plan para alejarla de sus vidas. Hakudoshi soltó una risa baja, que resonó como un eco en la mente de Kagome. Él se acercó un poco más, invadiendo su espacio personal. En ese momento, quiso escupirle en la cara, pero se contuvo.
–Vaya, veo que Inuyasha te ha enseñado bien. Antes solías hablarme con amabilidad, pero ahora tienes esa misma manera hostil y clásica de él.
–Es bueno aprender algo nuevo y usarlo cuando es necesario –respondió, antes de dar un paso hacia atrás, recuperando su espacio.
–Claro que es bueno aprender. Es una pena que uses tu lengua afilada con alguien tan importante como yo –dijo con una sonrisa ladeada, llevando su copa a los labios–. ¿Dónde quedó esa forma tan amable de tratarme, querida Kagome?
–¿No dicen que «lo que siembras hoy, cosecharás mañana»? –ella puso los ojos en blanco y se giró para ignorarlo. Ahora que sabía lo que planeaban, sentía más repugnancia hacia él. ¿Cómo podían caer tan bajo? Utilizando a su hija para alejarla de los Taisho y lograr sus metas.
–Guau –Hakudoshi aplaudió dos veces, en su interior–. La señorita tiene carácter... No son parientes sanguíneas, pero tú y Kikyo tienen un gran parecido. Tienen ese coraje que tanto me gusta.
Kagome iba a alzar la mano para golpearlo en la cara, detestó ser comparada con Kikyo. Pero Hakudoshi la detuvo a medio camino. Sonrió de lado y susurró:
–¿Acaso quieres hacer un show? ¿Qué pensará la familia de Inuyasha?
Kagome se tensó y mordió su lengua para no responder. Tenía razón, si de por sí el padre de Inuyasha pensaba mal de ella, ahora sería peor.
En cambio, Hakudoshi estaba estudiando su rostro. Durante años se preparó para ascender en Taisho Corp., y ahora aparecía Kagome, apoyando a Inuyasha. ¿Sería por simple venganza? Admitía que en el pasado no se había portado bien. Se había equivocado. Pero ya había superado esa faceta rastrera; había cambiado su manera de hacer las cosas, ahora era diferente. Se ganaba todo justamente, no como en el pasado. Su oscuro pasado. Pensó que Kagome e Inuyasha también habrían cambiado con los años, pero no. Ahí estaban, fingiendo una relación que no existía. Todo para vengarse de él por lo que les hizo. Ellos seguían estancados, él habia dejado eso atrás.
–Así me gusta –soltó su mano–. No se te olvide que me han escogido por sobre Inuyasha... Soy mejor que él. Mándale a decir que acepte su derrota. Por fin se ha demostrado quién es mejor. Brindemos por eso –alzó la copa y se tomó lo que quedaba de su bebida. No pudo evitar sonreír con satisfacción ante la cara atónita de Kagome Higurashi.
–Con trampas tan bajas, obvio ibas a ganar –respondió con desprecio.
Hakudoshi frunció el ceño, completamente desconcertado. Había hecho méritos para ganar el título en Taisho Corp. de manera limpia y justa. Incluso InuNo lo había felicitado. ¿De qué trampas hablaba Kagome?
–¿Qué?
Kagome notó que Hakudoshi mantuvo su expresión seria unos segundos, pero también vio el leve temblor en sus manos mientras colocaba la copa vacía sobre la barra. La expresión de Hakudoshi cambió a una total extrañeza.
–Lo que oíste.
–¿Trampas? –preguntó, intentando ocultar la molestia en su voz, disimulando su orgullo herido–. Estás delirando, Kagome. Todo lo que he conseguido es por mis esfuerzos.
Kagome soltó una risa sarcástica.
–Vaya, ahora finges no saberlo –dijo Kagome, apurando su copa antes de dejarla con fuerza sobre la barra–. Tú y Kikyo son iguales. Usan trampas y mentiras para conseguir lo que quieren. Es increíble hasta dónde puede llegar la gente por un poco de poder... Disfruta tu victoria vacía.
Le dio la espalda, lista para marcharse, pero Hakudoshi la sujetó firmemente del codo, obligándola a girarse hacia él. Kagome sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Sabía de lo que Hakudoshi era capaz, se lo había demostrado hace años. La forma en que se había metido en su departamento, casi desnudarla y tomar esas fotografías... Todo eso había sido una advertencia de lo peligroso que podía ser. No debía confiar en él ni por un segundo.
–¿De qué demonios estás hablando? –preguntó, molesto y ofendido.
Kagome lo observó por un momento, intentando leer su expresión. Parecía genuinamente confundido, como si no tuviera idea de la amenaza de Kikyo. Pero Kagome lo conocía demasiado bien. ¡Era un maestro del engaño!
–Tú sabes de qué hablo.
Kagome notó cómo Hakudoshi seguía con esa expresión atónita; su sonrisa arrogante se había desvanecido por completo. Parecía que iba a decir algo más, pero fue interrumpido.
–¿Todo bien, cariño? –la voz firme de Inuyasha sonó a sus espaldas, haciendo que Hakudoshi la soltara de inmediato.
Kagome sintió un alivio instantáneo al escuchar a Inuyasha, quien se interpuso entre ellos, protegiéndola con su cuerpo.
–Solo... saludaba a Kagome –dijo Hakudoshi, tratando de sonar despreocupado.
–Pues ya lo hiciste, así que te agradecería mucho si te alejas de nosotros –respondió Inuyasha, con la voz tensa y los puños visiblemente apretados–. O tal vez quieras que te aleje a la fuerza.
Hakudoshi estudió la expresión de Inuyasha por un momento. Luego, alzó las manos en un gesto de rendición.
–Está bien, no busco problemas. Fue un gusto saludarte, Kagome –murmuró antes de alejarse.
Mientras caminaba, Hakudoshi frunció el ceño, profundamente pensativo. Kikyo le había dicho que Kagome e Inuyasha solo estaban fingiendo una relación, pero el imbécil de Inuyasha seguía actuando como si fuera su auténtico novio, igual que en el pasado. Por un instante, Hakudoshi dudó de las palabras de su prometida. Las insinuaciones de Kagome sobre hacer «trampas» empezaban a resonar en su cabeza. ¿Acaso había algo que no sabía? Definitivamente, tendría que interrogar a Kikyo Tendo... Se detuvo abruptamente; un pensamiento cruzó por su cabeza. ¿Acaso había hecho algo, otra vez?
Kagome observó la retirada de Hakudoshi hasta que lo perdió de vista, y sólo entonces pudo respirar más tranquila.
–¿Estás bien? –le preguntó Inuyasha, mirándola con preocupación. Había llegado justo a tiempo, eso era evidente. Si Kikyo no lo hubiera entretenido momentos antes, tal vez habría evitado ese desagradable encuentro para Kagome.
Kagome asintió, aunque su corazón aún latía con fuerza. El encuentro con Hakudoshi la había perturbado demasiado. Sin decir una palabra más, lo abrazó con fuerza, agradecida por su presencia.
–Estoy bien –suspiró cansada. Lidiar con Kikyo, InuNo y ahora Hakudoshi la había dejado agotada mentalmente–. No esperaba cruzar palabra con ese hombre.
–Es culpa mía –recargó su barbilla en su cabello–. Debí apartar a Kikyo a la fuerza y…
–¿Kikyo? –interrumpió en un susurro.
Sintió cómo Kagome se tensaba en sus brazos al instante. Demonios, no debió mencionarlo. Pero debía ser sincero con ella. A partir de ese momento, le diría todo… Incluso le contaría sobre la situación de Taisho Corp., o se enteraría por otros medios y se enfadaría por ocultarle ese dato importante. Debía hablar con la verdad desde ese momento, para evitar malos entendidos en el futuro.
Kagome sintió que el piso se movía bajo sus pies. Kikyo se había cruzado con Inuyasha… ¡Dios! ¡¿De qué le había hablado?! Por un momento, sintió que el miedo la dominaba, el miedo a que le dijera sobre Moroha… Pero se contuvo, pasó saliva con dificultad y se separó para encararlo.
–Sí, ella… –suspiró, era hora de ser sincero–. Ella insinuó algo sobre ti.
Kagome dejó de abrazarlo, y él desvió la mirada. Hablar de Kikyo le resultaba incómodo. Pero debía ser sincero con ella, no le guardaría nada de ahora en adelante. Solo el pequeño dato del orfanato, porque era una sorpresa lo que encontraría al regresar a la ciudad.
–¿Y qué te dijo? –inquirió ella, sintiendo el corazón bombear sangre a gran velocidad. Kikyo, maldita desgraciada, ¿acaso no tenía palabra?
–Kagome –comenzó, tomando aire–. Kikyo intentó hacerme dudar de ti, como hace años… Insinuó que había cosas que yo no sabía de ti. Cosas importantes, que me has estado ocultando.
Notó cómo la curiosidad de Kagome se transformaba en preocupación.
–¿Qué tipo de cosas?
–Esa misma pregunta le hice yo –admitió y continuó–. Pero no quiso decirme qué. Solo me dejó con la duda… –le tomó un mechón de su cabello y lo enredó en su dedo–. «Quiero pensar que se trata de tu… pareja» –sólo lo pensó, y aún así le costaba admitirlo.
Kagome sintió cómo desaparecía un peso de encima. Maldita, había metido dudas en Inuyasha. Ahora la cuestionaría, buscando respuestas que ella no estaba dispuesta a dar.
–¿Y le creíste? –evitó verlo, dándose cuenta de que la historia se estaba repitiendo otra vez…
–No –aquella afirmación la sorprendió–. No le creo –le tomó el mentón y la hizo verlo. Los ojos de Inuyasha no mentían–. Esta vez no dejaré que me envenene. No como lo hizo antes.
Kagome entornó sus bellos ojos en él, lo estaba estudiando, lo sabía. Pero al mismo tiempo, parecía tener miedo, un miedo que él había creado en ella. La preocupación de que creyera en las palabras de Kikyo.
–¿Qué más te dijo de mí?
–Eso fue todo. Pero, Kagome –le acarició una mejilla–, no me importa lo que Kikyo me diga de aquí en adelante –afirmó, mirándola con determinación–. Confío en ti, Kagome. No voy a volver a caer en sus trampas –la abrazó, ocultando su rostro en su cuello. En ese momento, se prometió que jamás volvería a creer en Kikyo.
Inuyasha estaba siendo sincero, su tono de voz se lo decía. Correspondió a su abrazo con fuerza. Kikyo había insinuado algo, y ese algo sabía que era la existencia de Moroha. Pero Inuyasha no le había hecho caso. Había confiado en ella.
"Confía en ti… En una maldita mentirosa." Pensó.
Sintió una punzada en el pecho. Inuyasha confiaba en ella, y ella… Ella lo iba a decepcionar. Le iba a mentir y a romper el corazón… ¡Iba a destruir su confianza!
–Kagome… Hay algo que quiero decirte –Inuyasha la sacó de sus pensamientos–. Algo muy importante –se separó un poco y suspiró pesadamente–. Es sobre la empresa. –su tono era preocupado.
Inuyasha apretó los ojos un momento y tomó valor. No sería fácil decirlo; tal vez reaccionaría de mala forma… Pero debía ser sincero con ella. No más mentiras.
–Mi padre quiere quitarme del mando de Taisho Corp. –soltó–. Debido a que me he negado a formalizar una relación y casarme… –Kagome ya sabía eso, pero fingió sorprenderse, llevándose una mano a la boca–. Esa fue otra razón para pedirte que fingieras ser mi novia, quería ganar tiempo… No puedo permitir que Hakudoshi tome el mando.
–Inuyasha…
–¡Perdón! –volvió a abrazarla, pero con fuerza, como si temiera que ella desapareciera–. No te lo dije antes porque pensé que no era necesario. Porque al principio solo quería convertirme en tu amigo, para formar parte de tu vida… –le susurró–. Pero ahora, no puedo conformarme con ser tu amigo, quiero ser algo más.
Con lentitud, le correspondió al abrazo y recargó su mejilla en él. Los latidos de Inuyasha estaban frenéticos; podía sentirlos perfectamente. Pasó saliva con dificultad, sintiendo un dolor en el pecho… Un sentimiento que había sentido durante días.
–¿Por qué me dices esto ahora?
–Porque no quiero malentendidos en el futuro. No quiero que pienses mal y te hagas otras ideas en la cabeza.
La confesión le dio un golpe en el pecho. Estaba diciéndole la verdad, estaba aclarando lo que ella ya sabía para evitar malentendidos. Y sí, durante un segundo pensó que la había usado… Pero no podía reclamarle eso porque ella estaba ocultando algo mayor. Si no hubiera sido por Sango, Inuyasha se lo habría dicho… Una parte de ella se sintió conmovida porque estaba siendo honesto, y otra parte sintió culpabilidad. Culpa, porque, mientras él era sincero, ella estaba ocultando una grave verdad: una vida que la esperaba en casa de sus padres. Presionó sus dedos en él, sintiendo el peso de sus palabras. La culpa la carcomía por dentro, y en ese momento deseó poder decírselo todo, ser sincera con Inuyasha, como él lo estaba siendo con ella. Pero no podía. No cuando había decidido qué hacer con su vida de ahora en adelante.
–Inuyasha…
–¿Sí, Kagome?
–Lo siento tanto –se separaron un poco y buscaron sus miradas–. Me parece injusto que tu padre haga eso –frunció el ceño–. Es una tontería cambiarte por otro. Has hecho crecer la empresa desde que llegaste.
Inuyasha sintió que un peso se le quitaba de encima. Kagome no había reaccionado mal ante su confesión, al contrario, lo apoyó. Sin embargo, notaba algo diferente en ella. Pero tal vez era su imaginación; tal vez las palabras de Kikyo lo habían afectado. Decidió ignorar ese mal presentimiento que tenía, creería en Kagome de ahora en adelante.
–Lo sé, pero es decisión de él todavía.
–¿Puedo hacer algo por ti?
–Ya lo has hecho –le sonrió con sinceridad–. Has permanecido a mi lado, como mi novia… Aunque mi padre no creía al principio en lo nuestro, ahora lo veo más relajado y no ha vuelto a mencionar que dejemos de fingir. Tal vez he ganado un poco de tiempo.
–¿No nos creía?
Vaya, tal parece que desde el inicio InuNo había desconfiado de ella, debido a sus antecedentes. Eso explicaba sus miradas hostiles.
–No, pero mi madre lo hizo entrar en razón –le tomó un mechón de cabello y se lo llevó a los labios antes de proseguir–. Lo curioso aquí es que ya no estoy fingiendo… –el aroma a frutos rojos de Kagome inundó sus fosas nasales, deseaba que aquella fragancia se pegara en él para siempre–. Ahora me esforzaré para ti; tengo una dura competencia, así que debo dar todo de mí.
–Tienes razón –le sonrió, sintiendo incomodidad en su interior. «Competencia». Hablaba del supuesto novio que tenía. Dios santo, estaba siendo una completa mentirosa, animándolo a seguir con esto. Pero era parte de su plan.
–Pero, ¿sabes qué? Presiento que llevo ventaja –le sonrió de lado, lo cual hizo que su corazón brincara en su pecho.
La boca de Inuyasha se presionó sobre ella, y no pudo evitar corresponder. Era una acción automática, que había instalado en su sistema durante los últimos días.
Mientras lo besaba, seguía pensando. InuNo estaba siendo injusto. Inuyasha tuvo que renunciar a su sueño de estudiar gastronomía solo para complacerlo y regresar a la universidad para terminar su carrera de administración de empresas. Lo había preparado por tanto tiempo, y ahora lo dejaba de lado, como si echara a la basura un proyecto de muchos años. Le parecía un chantaje que impusiera esa condición absurda de formalizar una relación. Dejar que Hakudoshi tomara el mando era una pésima idea. Sabía que, si Hakudoshi ascendía, habría cambios bruscos en la empresa, similares a los que hacía su padre. Y tal vez no beneficiarían a los demás. Naraku Tatewaki, su padre, tenía mala fama. Compraba empresas, las explotaba a más no poder, y terminaban cayendo en picada debido a la mala administración. Al final, muchos quedaban sin empleo porque vendía lo poco que quedaba de ellas. Si Naraku era así, ¿qué le esperaba a Taisho Corp. con Hakudoshi? Muchas personas dependían de esto, entre ellas, sus amigas.
En ese momento, se prometió que intentaría ayudar antes de desaparecer. Inuyasha se había ganado ese lugar con el sudor de su frente; nadie más que él merecía seguir en ese puesto. Sería una forma de redimirse un poco del daño que le causaría más adelante. A pesar de que estaba decidida a alejarse, tenía que asegurarse de que Inuyasha tuviera una oportunidad para reclamar lo que le correspondía.
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Entre toda la multitud, pudo visualizar a Kikyo en una esquina, hablando amablemente con un grupo de personas. Se acercó a ella y la miró con la duda en su mente. La invitó a bailar; Kikyo se disculpó con las personas y tomó su mano, caminando a la pista de baile. Solo entonces pudo hablarle con tranquilidad. Su tono fue calmado, demasiado tranquilo para lo que iba a preguntar.
–Kikyo –le llamó, lo suficientemente cerca para que solo ella lo escuchara–. ¿Le hiciste algo a Kagome?
La sintió tensarse un poco, pero su rostro no se inmutó. Qué extraño.
–¿A Kagome? –Kikyo fingió sorpresa y confusión–. No. ¿Tendría que hacerle algo? Sabes que ya no me importa lo que pase con ella –añadió, fingiendo sinceridad lo más que pudo.
Hakudoshi no estaba convencido de su comentario. Le recorrió el rostro, buscando un atisbo de nerviosismo o mentira en ella. Pero permanecía serena, como si nada ocurriera. Sin embargo, había algo que lo inquietaba todavía, tenía un mal presentimiento. Decidió no insistir.
–De acuerdo –la sospecha seguía en su cabeza–. Es solo que hace un instante tuve un altercado con ella –Kikyo apretó su mano–. Kagome dijo algo sobre mi ascensión en Taisho Corp., que he hecho trampas para obtenerlo… ¿Hay algo que quieras decirme? –le dio una última oportunidad. Ojalá no haya hecho algo como años atrás.
–No seas ridículo –contestó cortante, demasiado rápido y a la defensiva–. Cielo, no soy la misma de antes. Ya no juego a esos juegos. Estoy concentrada en nuestro futuro… ¿Vas a dudar de mí a estas alturas?
Hakudoshi negó después de unos segundos. La voz de Kikyo sonaba sincera, pero no le quitó aquella semilla de duda que Kagome había plantado.
Admitía que años atrás se alió con Kikyo para destruir la relación de Kagome e Inuyasha. Ya que la consideraba parte de sus amigos... Y él habia sido el causante de que Inuyasha la dejara, se había acostado con Kikyo en una de tantas borracheras. No sabían como se había enterado, pero ocurrió.
Al principio, acudió a la biblioteca para molestar a Inuyasha, pero la inocencia y amabilidad de Kagome hicieron que creciera un deseo por tenerla. No lo veía como un Tatewaki, sino por lo que era, lo veía como Hakudoshi. En su tiempo, ya no fue solo por su competencia con Inuyasha y la venganza de Kikyo, sino también por ganar su corazón. Se convirtió en algo que deseaba tener. Le gustó pasar tiempo con Kagome, y pensó que ella también le sonreía correspondiendo a sus sentimientos. Pero cuando lo rechazó, sintió como su mundo se desmoronó por completo. Perdió los estribos y casi hizo una locura: golpearla.
Su deseo de venganza nació, y quiso destruir su relación a cualquier costo. Kikyo y él lo planearon todo; él fue su fiel cómplice en ese plan. Aquella noche, cuando Kagome ya estaba algo ebria, Kikyo notó que aún podía mantenerse consciente por más tiempo. Entonces se encargó de pagarle al bartender para que le enviara bebidas con más alcohol de lo normal. Y lo logró: Kagome terminó completamente ebria. Tanto, que sus amigas se la llevaron cargando a su departamento.
Una vez logrado esto, se prepararon para la parte crucial del plan: Él debía acostarse junto a Kagome, fingir que habían hecho algo, y luego llamar a Inuyasha para que los descubriera en ese momento. Pero no contaron con que las amigas de Kagome la dejarían en su recamara y se quedarían en su departamento. Tuvieron que recurrir al plan B. Como no pudieron entrar por la puerta, se colaron por la ventana, que daba justo a las escaleras de emergencia del edificio. Entraron y Kikyo casi desnudó a Kagome; luego él hizo lo que ella pidió y tomó las fotografías. Kikyo guardó todo.
Esa noche, cuando llegó a su departamento, recordó lo que habían hecho. Pareció despertar de un trance y se dio cuenta de la gravedad del asunto. Pensó que sentir el tacto de la piel de Kagome le gustaría… Pero no había sido así. Se dio una ducha esa noche, pero sentía que había hecho algo malo y sucio. Como si hubiera abusado de ella… Y detestó esa sensación. La sed de venganza y la necesidad de demostrar que era mejor que Inuyasha lo cegaron, y cometió una locura, un delito grave. Pensó que si llegaban a hacer algo en su contra, tendría que pagar por su error. Pero ese día nunca llegó; en cambio, Kikyo obtuvo lo que quiso: separó a Inuyasha y Kagome.
Reflexionó muchas veces sobre ello, especialmente durante las largas noches de insomnio por la culpa. Y aunque se había arrepentido, en medio de todo, había desarrollado sentimientos románticos por Kikyo. Siguieron en contacto después de lo sucedido, y ella lo ayudó y escuchó en sus noches de insomnio. Lo apoyó, diciéndole que él solo la había obedecido y que olvidara ese tema, como ella lo haría. ¿Cómo no podía amarla si sabía cada detalle de él? Había estado en sus momentos de debilidad, sintiéndose culpable por lo que habían hecho. Pero ahí estuvo, sin juzgarlo ni menospreciarlo. Con el tiempo, se quedó profundamente enamorado de ella y enterró esa parte de su pasado. Después, una cosa llevó a otra, y ella no dudó en aceptar ser su pareja cuando él se lo propuso, ni se negó cuando le pidió matrimonio. Eso le dio esperanza, porque Kikyo ya no tenía esa sed de venganza ni mencionaba el tema. La idea de que podían construir algo real y genuino lo hizo olvidar el pasado. Tal vez había cambiado y madurado, como él.
Luego, todo fue mejorando. InuNo le confió un proyecto en la isla vecina. Administrar uno de sus negocios que había adquirido. Aunque habia sido un proyecto secreto, tuvo éxito bajo su mando. Nadie sabía de eso, ni su padre ni Kikyo. Solo él e InuNo conocían la verdad. Hakudoshi pensaba que era por su preparación y los resultados que había demostrado que InuNo lo consideraba una mejor opción para liderar la empresa. Su carrera estaba en ascenso, y gracias a ello tendría una vida estable que ofrecerle a Kikyo y a sus futuros hijos, una vida muy distinta a la que su padre le había dado.
No era tonto; su padre solo sabía destruir empresas con su mala administración y ambición. Lo había intentado ayudar en más de una ocasión, pero su maldito orgullo le impidió aceptar esa ayuda. Solo podía seguir órdenes de su padre porque era su jefe. Pero esta oportunidad haría que empezara su imperio. Estaba decidido a no seguir sus huellas y evitar que su padre metiera las manos en Taisho Corp.
Pensaba que todo mejoraría de ahora en adelante. Él había cambiado, demostrando su capacidad para liderar por su propia cuenta. Kikyo parecía haber superado sus prejuicios con Kagome. Todo parecía ir viento en popa.
Sin embargo, ahora había algo que Kikyo le ocultaba. Su corazón se encogía con una pequeña duda: ¿habría cambiado Kikyo de verdad o simplemente había aprendido a mentirle? Quería creer en ella, pero no podía ignorar la posibilidad de que sus viejas mañas seguían ahí, amenazando con salir, y que hubiera hecho algo contra Kagome en ese momento.
Cuando Hakudoshi se alejó con la intención de saludar a los invitados, la sonrisa de Kikyo se desvaneció lentamente. Tenía que ser cuidadosa, porque Hakudoshi empezaba a sospechar algo de ella. No podía permitir que sus planes se vinieran abajo. Maldita sea, había olvidado ese detalle: evitar que Hakudoshi y Kagome hablaran. Por poco le creyó a Kagome, pero había aprendido a mentirle. Tenía que tener cuidado solo por un par de días más, ya que Kagome se iría lejos y su presencia ya no sería un problema. El plan estaba avanzando tal y como lo había previsto; ojalá este pequeño incidente no cambiara nada entre ellos.
Tendría que seguir jugando el papel de la prometida perfecta, hacer que él creyera que había cambiado. Tenían un futuro estable. ¿Lo malo? Él quería hijos, pero ella... ella no podía tener hijos. ¿Podría buscar un método? Sí. Pero no se arriesgaría a ser madre. Tenía una mala experiencia vivida, no pensaba tenerlos y compararlos con otros niños, como su madre lo había hecho. Ella no, no estaba dispuesta a eso.
Kikyo alzó la copa que tenía en la mano y brindó silenciosamente por lo que estaba por venir. Kagome estaba a punto de desaparecer, y ella se aseguraría de que, esta vez, fuera para siempre.
Continuará…
¿Esperaban este giro? Yo creo que no. Se vienen giros y cosas por el estilo.
He leído varios comentarios. Y déjenme decirles que tienen razón. Kagome está siendo egoísta en no decirle la verdad. Pero es parte del personaje, así fue mi idea desde el principio. Por un momento pensé en que debía retractarse en esta parte y decir la verdad (desde hace 3 años que tenía esta historia guardada je, je). Pero cuando me convertí en mamá -aunque Dios se lo llevó al cielo-, comprendí que un hijo debe crecer en un ambiente de amor y aceptación, y evitar lo más posible a las personas tóxicas. Comprendí el dicho: "el árbol genealógico, también se poda". Ya que si hubiera estado en su lugar, habría protegido la existencia de mi hija de cualquier persona que nos quisiera hacer daño. Kikyo en este caso, y el hecho que InuNo también se sumó a su lado.
Pero no se preocupen, no crean que Kagome se saldrá con la suya. Tal vez le toque pagar el precio de su error más adelante, no lo saben, sólo yo (muajajajaja).
Las quiero mis fieles lectoras, ¿recuerdan que les dije que ya estamos tocando el final? :') Hice mal mis cuentas xD siento que ya me extendí demás ja, ja, ja.
¡Nos leemos en otra ocasión!
