20/09/2024
Gracias por sus lindos reviews =D
MegoKa, Rosa Taisho, Cindy Osorio, Karii Taisho, Annie Perez.
¡Les mando millones de besos y un abrazote! \(n3n)/
¡Hola, mi querida comunidad! =D
Esta semana tenemos capítulo. ¡Siii! Al fin a tiempo xD.
No tengo mucho que decir, he tenido días tranquilos. La pregunta aquí es… ¿el capítulo será tranquilo? =O
Los dejo leyendo =D
(Cualquier error, favor de avisarme, porfiii)
CONVIVIENDO CON MI EX.
Capítulo 18: Promesa.
–¡Uf! Demasiada agua –Sango suspiró aliviada mientras regresaba junto a Kagome. Al notar la presencia de Inuyasha, le lanzó una mirada amenazante–. Te salvaste de mí. Si Kagome no me hubiera explicado lo que está pasando, sería otra historia –lo señaló con el dedo.
Inuyasha tragó saliva y asintió con la cabeza, incómodo ante su agresividad.
–¿Sucede algo? –preguntó Sango, al notar la palidez en el rostro de Kagome. Miró alrededor, frunciendo el ceño al ver a Hakudoshi llevando a Kikyo a la pista de baile–. ¡Ese malnacido! Esta vez sí lo castro.
Sango dio un paso decidido, pero Kagome rápidamente se interpuso en su camino, negando con la cabeza.
–No vale la pena armar un escándalo por él –le dijo, con voz suave pero firme.
Sango arrugó la nariz, disgustada por ver a Hakudoshi y Kikyo bailando juntos.
–Maldita bruja –susurró con veneno.
Por un momento, en la mente de Kagome apareció la imagen de la mirada confusa de Hakudoshi. ¿Por qué había fingido no saber del plan que estaba armando Kikyo? ¿Acaso él no estaba involucrado? Se preguntó, pero rápidamente desechó el pensamiento. No tenía razones para hacerlo, ese plan la alejaría de los Taisho, algo que pondría todo a su favor. Ambos saldrían beneficiados.
–Hola, señoritas... –la voz despreocupada de Miroku interrumpió el momento. Apareció detrás de Sango, sonriendo.
–¿Señoritas? –murmuró Inuyasha alzando una ceja.
–Oh, perdón, Inuyasha. No vi que estabas allí, ja, ja – se dirigió a Kagome con una amplia sonrisa y le extendió una mano–. Miroku Houshi.
–Un gusto –dijo Kagome, esbozando una sonrisa, decidió dejar de lado sus preocupaciones por un segundo–. Kagome...
–Higurashi –completó Miroku, guiñando un ojo mientras envolvía la cintura de Sango con su brazo, acercándola a él–. La amiga de mi querida Sanguito.
Sango se ruborizó hasta las orejas y se apartó bruscamente.
–Oye, oye, mi nombre es Sango.
–Pero creí que "Sanguito" sonaba mejor, querida –bromeó Miroku, besándole el dorso de una mano, claramente disfrutando del momento.
–Nada de "querida" –le advirtió Sango, presionando un dedo firme en su pecho.
Kagome reprimió una carcajada mientras los veía discutir, la tensión desapareció.
–Definitivamente, tal para cual –intervino Inuyasha, mientras rodeaba los hombros de Kagome con su brazo.
–¿Ves? Hasta nuestro jefe lo afirma –Miroku no perdió la oportunidad y tomó las manos de Sango, acercándolas a sus labios–. ¿Cuánto tiempo más me vas a dejar esperando para aceptar ser mi pareja?
–Ya, Sango, no lo hagas sufrir más… –murmuró Kagome, sonriendo al ver el rostro enrojecido de su amiga.
–Amiga, no me ayudes… –suspiró Sango, resignada, aunque no pudo esconder la pequeña sonrisa que se formó en sus labios. Al final, su mirada se encontró con la de Miroku, y en ese instante, el cariño entre ambos se hizo evidente. Kagome lo vio en los ojos de su amiga, esa chispa que reconocía demasiado bien, porque en los últimos días había estado viendo a Inuyasha de la misma manera, sin poder evitarlo.
Inuyasha también lo notó, pero en lugar de decir algo, simplemente apretó suavemente los hombros de Kagome. Algo que a Kagome le hizo sentir una mezcla de calidez y tristeza, sabiendo que su historia con él terminaría dentro de poco. Pasaron unos minutos compartiendo el momento, riéndose de las bromas de Inuyasa y Miroku. Hasta que él arrastró a Sango hacia la pista de baile, dejándolos solos. El aire cambió ligeramente, volviéndose más tranquilo entre Inuyasha y Kagome. Fue entonces cuando Izayoi, desde el otro lado, le hizo una seña a Inuyasha, invitándole a bailar con ella.
–Ve –lo instó Kagome, sonriéndole para animarlo.
Pero Inuyasha negó con la cabeza, preocupado.
–No quiero dejarte sola. ¿Y si Hakudoshi o Kikyo se acercan a ti? No quiero hacerte pasar un mal rato.
Inuyasha tenía razón, la presencia de Hakudoshi y Kikyo todavía era algo que la incomodaba. Sin embargo, la insistencia de Izayoi era evidente; no dejaba de hacerle señas para que Inuyasha se uniera a ella.
–Estaré bien –le aseguró Kagome con una sonrisa, antes de que su mirada se desviara hacia otro lugar. Al lado de Izayoi, estaba el abuelo Totosai, que le sonreía–. Ve con tu madre. Yo iré con el abuelo Totosai.
Le dedicó una mirada tranquila y segura. Inuyasha la miró dudando por un segundo, finalmente asintió con un suspiro.
–Está bien... pero si algo pasa, avísame, ¿sí?
Kagome hizo un sonido afirmativo, Inuyasha le dio un beso en su frente y caminó hacia su madre, mientras ella se dirigió a Totosai. Totosai lucía un traje muy elegante color petróleo, por primera vez, lo veía sin la compañía de la enfermera Yura, sólo estaba apoyado en su bastón. Al verla acercarse, amplió su sonrisa.
–Tan radiante como el sol, y tan hermosa como una rosa.
–Gracias –susurró Kagome, devolviéndole la sonrisa y dándole un abrazo–. Feliz cumpleaños... Lamento no haberle traído un regalo como corresponde, pero...
–Querida, ya te he dicho qué regalo es lo que quiero.
Kagome se separó de él, sonriendo.
–Por supuesto.
Le había prometido pasar tiempo con Moroha, y lo iba a cumplir. Ya tenían todo planeado. La vería el próximo fin de semana en la ciudad.
–¿Y bien? ¿Qué has decidido? –preguntó Totosai, con un tono diferente.
Kagome sintió un nudo formarse en su garganta. Sabía que Totosai quería que hablara con la verdad, que él estaba dispuesto a interceder para que nadie le quitara a Moroha. Sabía que era cierto, pero… Totosai estaba delicado de salud. Una pelea con su propio hijo podría causarle la estocada final en su corazón. No podía hacerlo, no podía arriesgarlo. Sonrió con tristeza, y negó con la cabeza. Ya había tomado una decisión.
–No puedo... –dijo en voz baja. Él le dió unas palmadas suaves en la mano.
–Ay, Kagome… Solo te recuerdo que yo he prometido guardar silencio, pero no puedo evitar que alguien más lo diga. Y quién sabe, tal vez ya no estaré para ayudarte. Tarde o temprano, la verdad siempre sale a la luz. –su voz sonaba firme, como una notable advertencia.
Kagome lo miró, sintiendo que tenía razón. La dejó pensando un largo momento antes de proseguir
–Eso sí, te pediré dos cosas para mantener mi promesa. Primero, quiero pasar tiempo con Moroha. Y segundo... –Totosai hizo una pausa levantando un dedo–. Quiero que le cambies el apellido a Moroha. Debe llevar el apellido Taisho. Es lo que le corresponde por derecho.
Kagome sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Aquello lo cambió todo. Sabía que Totosai tenía razón, pero cambiar el apellido de su hija significaba registrar a Inuyasha como su padre.
–Sé que no es fácil –continuó Totosai–, pero Moroha es una Taisho, igual que Inuyasha; y él es su padre.
Kagome bajó la mirada, asimilando lo que él decía. Dirigió su vista a la pista de baile, Inuyasha le sonreía con cautela a su madre. Sí, tenía que hacerlo. Se lo debía a Inuyasha. Asintió con una leve sonrisa.
–Está bien. Moroha conocerá a su abuelo y llevará el apellido Taisho.
Totosai sonrió, satisfecho, eso sería de ayuda en un futuro. Kagome lo tomó del brazo mientras ambos miraban hacia la pista de baile.
–Si tuviera las mismas fuerzas de antes, te invitaría a bailar.
–Así está bien –respondió ella, suspirando.
Miró alrededor, notando cómo la fiesta le recordaba a la boda que había tenido con Inuyasha. Y al igual que esa noche, Kikyo andaba entre las personas, sonriendo y disfrutando todo... Un escalofrío la recorrió, y no pudo evitar sentir dolor al recordar el final de aquella ocasión. Pero había algo diferente, porque esta vez ella iba a arruinar las cosas.
Un brazo rodeó su cintura, y unos labios besaron su nuca. Ese calor y ese aroma era irreconocible, sonrió cuando fue guiada a la pista de baile con lentitud. Su espalda pegada al pecho de Inuyasha en todo momento.
–Espero no te moleste, robaré a tu acompañante, abuelo.
Y así sin más, camino con ella. La miró a los ojos una vez que estuvieron frente a frente en la pista de baile, por un momento viajó a aquellos días donde fueron felices. Recordó el día que le pidió ser su novia. Y como olvidar cuando le pidió matrimonio… Fueron los dos días más felices que había tenido hasta ese momento. Pero el día de su vida y su luna de miel, todo se desmoronó.
Cuando dejó a Inuyasha en el hotel, huyó a la casa de una de las hermanas de su padre, su tía Rumiko, quien había pasado por un divorcio difícil. Pasó muchos días encerrada en la habitación, sintiéndose vacía y decepcionada. Experimentó enojo, decepción, pero sobre todo, una tristeza asfixiante. Sentía que jamás se recuperaría, que nunca volvería a ser feliz. Se sumió en una profunda depresión, convencida de que no lograría salir de ese abismo de dolor y desesperación… Sin embargo, poco después, comenzó a experimentar síntomas extraños: vértigos ocasionales, náuseas matutinas y un rechazo extremo hacia ciertas comidas. El temor comenzó a instalarse en su pecho, ante la sospecha de un posible embarazo.
Un día, le comentó a su tía que no se sentía bien, y Rumiko le sugirió que su vecino, el doctor Houyo Akitoki, la podría examinar en la casa. Aunque tenía sospechas de un posible embarazo debido a su notable retraso, accedió a la visita.
¿Recordaba con claridad aquel día. El miedo la paralizó. ¿Qué haría si estaba embarazada? Era joven, y la idea de enfrentarse a la maternidad la aterró. Había leído que el parto podía ser una experiencia dolorosa, incluso traumática, para algunas mujeres. ¿Y si no lograba vincularse con su propio hijo? ¿Y si no sobrevivía al parto? ¿Qué sería de su bebé? Las dudas y temores la consumían.
Mientras aguardó la llegada del médico, su amiga Ayame la llamó. Las primeras dos llamadas las ignoró, pero Ayame siguió insistiendo. Finalmente, Kagome contestó. Ayame parecía querer decirle algo importante, pero cuando mencionó que había visto a Inuyasha un día antes, fue como si le clavaran un cuchillo en el corazón. No quiso saber nada, y antes de que Ayame pudiera contarle algo crucial, le colgó, no sin antes decirle cosas hirientes por seguir insistiendo. Sabía que había sido injusta, ya que Ayame no conocía toda la historia a detalle, no tenía la culpa de nada. Pero el miedo y el dolor la superaron y actuó de manera impulsiva. Decidió que le pediría disculpas a Ayame, una vez que estuviera más tranquila.
Cuando el doctor Houyo llegó, notó lo joven que era, quizás solo unos pocos años mayor que ella. Era amable, con una sonrisa radiante que, en otra situación, habría sido tranquilizadora. Le hizo preguntas de rutina, pero cuando comenzó a preguntar sobre su última regla, supo que el médico sospechaba lo mismo que ella. Le sugirió hacerse unos análisis de sangre para descartar un embarazo, y le ofreció acompañarla al hospital donde trabajaba. Al ser amigo de su tía, le prometió que los resultados estarían disponibles esa misma tarde.
Kagome aceptó y lo acompañó. No era tonta, notó que el doctor coqueteaba con ella, pero no le dio importancia. Solo contestaba de manera corta y con monosílabos. No estaba de humor para socializar. Su mente estaba enfocada en el posible resultado. Cuando finalmente le entregaron los resultados y leyó que el nivel de hCG era positivo, supo que su vida estaba a punto de cambiar para siempre. Moroha venía en camino.
Decidió que necesitaba un tiempo para aislarse, buscar un trabajo lejos de los ojos curiosos y, con el tiempo, decidir cómo decirle a Inuyasha. Afortunadamente, su tía y sus padres la apoyaron, añadieron que la apoyarian en cualquier decisión que tomara. Tenían la esperanza de que volvería con Inuyasha… Pero eso no sucedería.
Unos días después, la madre de Ayame, que también era su abogada, la visitó con los papeles de su divorcio. Kagome ya era oficialmente una mujer divorciada, pero al recibir los documentos, no supo cómo sentirse. Una mezcla de alivio y tristeza la invadió. Alivio, porque ya no los unía un papel, y tristeza porque ahora tenían un bebé juntos. ¿Cómo se lo tomaría? ¿Y si no quería ser padre y la obligaba a abortar? No, él jamás podría hacer tal cosa… Pero ya no sabía que pensar, tampoco lo creyó capaz de coquetear con Kikyo, y lo había hecho. ¿Que debía esperar de él? Muchos pensamientos la invadieron mientras sostenía el acta de divorcio. Y notó que el mismo día que había firmado, fué el día que Ayame la llamó, el día que supo de la existencia de Moroha. Qué coincidencia…
Quiso preguntar qué debía hacer si tenían un hijo, que pasaría legalmente, pero antes de poder hacerlo, la abogada le tendió un sobre color manila, le dijo que lo había mandado Inuyasha. Al tomarlo y abrirlo, su sangre hirvió. Se encontró con una cantidad obscena de dinero, acompañado de un cheque con más. ¿Acaso Inuyasha pensaba que podía comprar su dolor con dinero? ¿Acaso era para limpiar su consciencia?
¿O acaso era para "encargarse" de alguna consecuencia de su única noche juntos? Esa última posbilidad la hizo llorar. Ofendida y dolida, le devolvió el sobre a la abogada, exigiendo que se lo regresara de inmediato.
Su dolor no valía ni un solo centavo de lo que contenía ese sobre. Fue en ese momento cuando pensó que aquello era una señal, y tomó la decisión definitiva: Inuyasha jamás sabría sobre su bebé. Decidió ser madre soltera y cargar sola con esa responsabilidad. Admitía que no había sido fácil, pues debido a su estado estaba sumamente sensible, y la situación de su corazón roto era más dolorosa con el paso del tiempo. Pasó noches sin poder dormir bien, llorando por haber tomado decisiones incorrectas, entre sus decisiones estaba enamorarse de Inuyasha y el haber aceptado casarse con él… Pero cuando vió a su bebé en el ultrasonido por primera vez, no pudo evitar sentir una felicidad diferente, una luz a final del tunel. Y cuando escuchó los latidos de su pequeño corazón, sintió que su mundo cobró sentido. Su mundo se torno de color otra vez, y sus deseos de mejorar para ser una buena madre fueron aumentando con el transcurso de las semanas. Porque ahora tenía una razón para vivir, alguien que la acompañaba y que sentía sus mismas emociones: Su bebé. Decidió echarle ganas a la vida sólo por el bebé.
Desde el nacimiento de su hija, no la había dejado sola ni un instante. Moroha había pasado su primer mes entero en el hospital, y sin el apoyo incondicional de sus padres y Sango, no sabía cómo habría sobrevivido a esa etapa. Nunca estuvo sola, y por ello les estaba eternamente agradecida… Al igual que al doctor Houyo Akitoki, pues la había ayudado con sus chequeos mensuales y con Moroha en el hospital. Cuando supo que ella había tenido un percance y le habían realizado una cesárea de emergencia, él dejó su trabajo y las alcanzó en el hospital donde estaban. Estuvo al tanto del avance de Moroha, y las llevó de regreso a casa de su tía cuando pudo salir del hospital. Hasta hoy en día la seguía visitando de vez en cuando, en especial en sus cumpleaños.
–¿En qué piensas? –le susurró Inuyasha al oído. La notaba distraída, con un gesto nostálgico.
Kagome negó con la cabeza, y él la acercó más hacia sí. Tal vez estaba pensando lo mismo que él, tal vez estaba recordando que así había sido su boda. La boda que él había arruinado por completo. Kagome fué la más bella esa noche, pero él ni siquiera la tomó en cuenta. Ojalá las cosas hubieran sido diferentes.
Kagome alejó su vista de la nada y se concentró en Inuyasha. Moroha tenía sus ojos, su cautivadora sonrisa... y también ese par de hoyuelos. Amaba a su hija... Y ahora sabía que nunca podría olvidarse de Inuyasha, porque cuando viera a su hija, él estaría en sus ojos. Malditos genes Taisho, se dijo pegando su mejilla en su pecho. Quería recordar esa noche, había pasado tanto en esos días. Había limado asperezas con Inuyasha, y el amor había resurgido de las cenizas, tal como un Fénix. Como el Fénix que Inuyasha tenía tatuado. Le resultaba sorprendente lo que habían vivido, de repente parecía como si no hubiera pasado el tiempo, como si ese amor siguiera tan intenso como antes.
–Kagome... ¿Puedo decirte algo? –le susurro al oído. Quería distraerla de lo que pasaba por su mente, porque los recuerdos de su boda no eran bellos.
–Si, dime.
–Cuando escuché que esa empleada te anunciaba como oferta de centro comercial, sentí mucha rabia.
–Pues no lo demostraste mucho que digamos, mantenías la atención en tu llamada telefónica. Tuviste la atención puesta en la subasta en todo momento, y, cuando fui nombrada, dejaste de hacerlo.
–¡Ajá! Eso quiere decir que me estabas prestando atención desde un principio –aquello lo halagó, tal parece que no había sido ignorado del todo.
Kagome iba a decir algo, pero se atragantó con su propia saliva y comenzó a toser, había sido descubierta. Inuyasha le dió unas palmadas en su espalda. Kagome rehuyó su mirada con las mejillas arreboladas.
–¿Tú expresión significa que no me equivoco? –curvó una sonrisa burlona y con un dedo recorrió su columna, comenzando desde su nuca. La sintió temblar entre sus brazos.
Kagome se estremeció, y se separó un poco de él. No podía provocarla en esos momentos, o iba a decirle que se escabulleran y continuaran con ello. Por ahora, solo quería disfrutar del momento.
Inuyasha miró a los alrededores, ahora eran el centro de atención de las miradas de la familia y sus amigos más cercanos. Desde la primera fiesta notó sus miradas de intriga hacia ellos. Sabía lo que pensaban.
"¿Cómo fué que volvieron?"
"¿Cuánto tiempo seguirán ocultándose ante los medios?"
"¿Habrá boda nuevamente?"
"Y sí era así, ¿un divorcio surgiría otra vez?"
–¿Qué sucede? –ahora Kagome lo cuestionó.
–Nos están viendo.
–¡Entonces mantén tus manos donde sean visibles! –le acomodó las manos en la cintura, e Inuyasha rió por tal acción.
–¿O qué? –la retó. Kagome elevó los ojos al cielo–. No me importa lo que ellos digan, sí soy mano larga contigo... Porque somos novios.
Inuyasha pensaba que aquella palabra los debía definir, porque los últimos días habían actuado como un par de novios acaramelados, incluso en privado así había sido. «Novios», eso eran ante todo, e Inuyasha tenía la esperanza de que así seguiría. Pero Kagome sabía que no, que sólo eran unos días soleados entre ellos, pero nuevamente volverían los días de lluvia, de tormentas sin fin... Porque no había vuelta atrás para ellos.
Sonaba fácil, iban a volver a su vida cotidiana. Pero, ¿por qué lo pensaba fácil y no sentía de la misma forma? Sabía que sus sentimientos habían aflorado, y con más intensidad. ¿Acaso era como las recaídas de una enfermedad? Se había curado hace unos años de la enfermedad llamada «Inuyasha Taisho», pero había vuelto a enfermar... Y al parecer, había estado tan baja de sus defensas, que ahora la había consumido en su totalidad. Y no creía que fuera fácil volver a curarse. Tal vez tendría que aprender a vivir con ello... a vivir enferma de él.
–¿Sucede algo? –su pregunta la regreso de sus pensamientos.
–Nada –sonrió y le dió un beso para tranquilizarlo.
Inuyasha, a juzgar por su tono de voz y sus acciones, estaba dando por sentado que volverían. Lamentaba no compartir esa idea. Debía tranquilizarlo, hacer de cuenta que no pasaba nada. Y volvería a desaparecer de su vida como si no hubiera pasado nada. Iba a darle esperanza para después romper su corazón, ese era su cruel plan… Sabía que lo iba a lastimar, de una manera cruel. Tal vez nunca la perdonaría, pero era lo mejor. Ella no pertenecía a su lado, tenía una vida hecha, una estabilidad. Lo mejor era continuar sus planes, y dar vuelta de hoja. Recordaría aquello hasta su vejez... «Al hombre que una vez amó».
–Estás extraña, Kag.
–¿Kag? –alzó una ceja.
–Para Miroku, Sango es «Sanguito», para mi, eres «Kag» de «Kagome». No quiero quedarme atrás, también necesito un apodo para ti –explicó con una sonrisa–. Estuve pensándolo bastante, estaba entre ese o «Kaggie».
–¡Kag está bien! –exclamó al instante.
–¿Por qué no te gusta «Kaggie»?
–Porque termina igual que el nombre de tu ex secretaria.
–¿Cuál secre..? ¡Ah! Ya sé a quién te refieres –le sonrió de lado–. Vaya, tal parece que desde antes no me eras indiferente. ¿Te pusiste celosa por Debbie?
Kagome evitó verlo, demonios, se había delatado.
–No, para nada.
–Yo creo que sí, Kag –le susurró cerca de su mejilla–. ¿Te puso celosa el que ella me haya intentado seducir? –No respondió–. Mi querida Kag, tu silencio te delata.
Ella negó con la cabeza, protestando.
–¿Y entonces yo puedo ponerte «Inu» como apodo? –intentó cambiar de tema.
–Claro –contestó al instante, dejando el tema zanjado. Aquel apodo hizo crecer una calidez en su corazón–. Ahora entre nosotros somos «Kag» e «Inu»... «InuKag», suena bien todo junto, ¿verdad?
–¿Por qué el tuyo va primero?
–Suena mejor así. Además fué mi idea
–No es justo, las damas van primero.
–Entonces serás «Kaggie» y lo dejaré como «KaggieInu».
Kagome le dio un golpe juguetón en el hombro.
–Pensándolo bien, me gusta más «InuKag».
–«InuKag», será.
Kagome asintió, sonriendo ante ello. Extrañaría tanto sus pláticas, aquellos momentos tan cotidianos y simples. La música paró y justo cuando iba a regresar con Totosai, Inuyasha la tomó nuevamente de la mano.
–Kag, hay algo más… Aún no acabo
Inuyasha la acercó de nuevo a él, posicionándose para seguir bailando.
–Me tenía furioso el pensar que un hombre libidinoso te tendría en su casa.
–Supongo que la única diferencia es que no es una casa –lo miró a los ojos con una ceja alzada–, sino que se trató de la mansión de un libidinoso.
Inuyasha soltó una carcajada mientras la giraba y pegaba su espalda contra su pecho.
–Despiertas al libidinoso de mi interior, Kag –ella sonrió al sentir su tibio aliento en el hombro–. Tuve que interferir en esa subasta. No podía permitir que otro te tuviera en su casa, las miradas de todos estaban puestas en ti… Pero yo hice más que solo mirar.
Ella no pudo evitar sonrojarse. Inuyasha, en cambio, sonrió ante el recuerdo del cuerpo desnudo de Kagome. Agradecía haberla visto en la lencería que su madre y Rin le habían dado. Y no sólo la vio, la tocó, la probó, la desnudó... Y le hizo el amor. Y eso es algo que no pudieron hacer ninguno de todos los hombres que solo la vieron. La había hecho suya, y él, había sido suyo. Suyo, tanto en cuerpo, como en alma… Como siempre debió haber sido y como quería seguir. Era hora de decírselo.
–Kag… –murmuró contra su cuello, en un tono más íntimo y más profundo.
–Inu… –susurró, pegando su mejilla en él.
Kagome se estremeció, últimamente era lo que su cuerpo hacía cada vez que el aliento de Inuyasha la rozaba, como una tibia brisa de verano. Quiso responder, pero en ese momento la música terminó y empezó la canción «The scientist» de Coldplay. Kagome conocía aquella canción, y la hizo sentir un nudo en la garganta, por el mensaje en su letra. Quiso separarse, huir, pero Inuyasha la sostuvo con firmeza, continuó bailando aquella pieza en esa misma posición.
"Come up to meet you, tell you I'm sorry."
–Me alegra haber ganado esa subasta... Pude tenerte esta semana, volver a conocer esta nueva versión tuya. Sentí nuevamente que nuestras vidas estaban entrelazadas. Pero lo que más agradezco... es que me enamoré aún más de la mujer en la que te has convertido con los años. Así que... –la giró suavemente hasta dejarla frente a él.
"You don't know how lovely you are".
Kagome sintió un nudo en el corazón cuando Inuyasha sacó la cadena que colgaba de su cuello, esa que guardaba con cautela bajo su ropa. Nunca se la había mostrado, siempre la ocultaba en un cajón o se la quitaba antes de hacer el amor, como si temiera perderla.
"I had to find you, tell you I need you…"
Pero ahí estaba, frente a ella, la cadena con el anillo de compromiso que una vez había usado en su dedo. Y junto a él, colgaban las alianzas matrimoniales de su boda. Kagome dejó de bailar, llevándose una mano al pecho y otra a la boca, intentando contener un sonido de asombro… Aún conservaba los anillos, justo a un costado de su corazón.
"And tell you I set you apart".
–Nunca dejé de amarte –dijo Inuyasha con voz firme–. Seguí amándote cuando huiste, incluso cuando no quisiste verme, seguí amándote con cada poro de mi ser... Y cuando subí al mando de Taisho Corp., solía verte desde lejos, como si fueras mi amor platónico, y yo un adolescente.
"Tell me your secrets and ask me your questions".
Aquella confesión cayó sobre Kagome como un balde de agua fría, helando todo a su paso. Lo observó sacar los alianzas de la cadena y las dejó extendidas en su palma.
"Oh, let's go back to the start…"
–Kag, sé que estas alianzas te traen malos recuerdos–continuó–, pero quiero cambiar eso.
"Running in circles, coming up tails".
–Quiero volver a usarlas contigo algún día, pero no como antes, no como un símbolo de alianza legal.
" Heads on a science apart".
–Quiero que esta vez simbolice algo más que un matrimonio de papel, quiero un matrimonio ante los ojos de Dios –Aquella confesión hizo que su corazón se acelerara y estrujara al mismo tiempo. Apretó los ojos con fuerza un segundo, intentando despertar, ¿esto sería un sueño?
"Nobody said it was easy".
Inuyasha volvió a colocar las alianzas en la cadena y luego tomó el anillo de compromiso. Se acercó a ella, justo a la altura de su oreja.
"It's such a shame for us to apart".
–Ahora quiero empezar de nuevo –susurró cerca de su oído–, quiero que este anillo simbolice algo nuevo... Que sea un anillo de promesa. Una promesa de que nunca más volveré a desconfiar de ti, de que jamás permitiré que el orgullo o las dudas se interpongan entre nosotros. No está vez.
"Nobody said it was easy".
–Quiero que este anillo sea una promesa de que protegeré lo que construiremos juntos –Kagome inhaló con fuerza un momento, sintiendo como su consciencia la torturaba–. No importa lo que pase... No me importa lo que ocurra con Taisho Corp., no más. Quiero pensar solo en ti, y en mi de ahora en adelante.
"No one ever said it would be this hard…"
–Porque, Kag, si algo aprendí, es que tú siempre serás mi complemento, mi razón para sonreír… Y no quiero perder eso nunca más –se alejó un paso. Cada palabra que salía de los labios de Inuyasha la desgarraba por dentro.
"Oh, take me back to the start…"
«No... Inuyasha, no lo hagas». Rogó en sus pensamientos cuando lo vió ponerse de rodillas.
"I was just guessing at numbers and figures".
Sentía el corazón latir a mil por hora, y comenzó a sentir una presión en el pecho. Ni siquiera la primera vez se había sentido así de nerviosa.
"Pulling the puzzles apart".
«¿Será porqué estás planeando decepcionarlo? ¿Romper su corazón? ¿Hacer añicos el amor que siente por ti?». Hablaba su consciencia.
"Questions of science, science and progress".
«¡Basta, basta, basta!». Pensó.
"Do not speak as loud as my heart…"
–Kag, mi vida es un completo caos, ese caos comenzó el día que partiste de nuestra luna de miel –la vió suspirar con tristeza, tomó su mano, y la llevó a sus labios–. Cometí errores que te alejaron de mí, pero si decides darme otra oportunidad, estaré aquí... esperando. Listo para mostrarte que podemos ser mejores que ayer.
"Tell me you love me, come back and haunt me".
Kagome sentía que comenzaba a faltarle el aire. No supo en qué momento su mano comenzó a temblar. Inuyasha tomó suavemente la mano de Kagome y la giró, colocando el anillo sobre su palma. Aquello no lo esperó, ¿acaso no era una propuesta de matrimonio?
"Oh, and I rush to the start…"
–Este anillo no quiero que sea una atadura, o una obligación para ti –susurró–. Es una promesa de que no te fallaré. No digas nada, sólo mantenlo contigo. Kag, no importa cuánto tiempo te tome, esperaré el momento que sea… Hasta que aceptes ser mi esposa, otra vez.
"Running in circles, chasing our tails".
Alzó la mano, temblorosa, sofocada, y miró el anillo frente a sus ojos. La pequeña joya tenía el mismo brillo que recordaba.
"Coming back as we are".
Era tal como lo recordaba, se lo colocó, sintiendo como se amoldaba a ella tan bien como hace años. Enfocó su mirada en Inuyasha, y notó que la miraba con intensidad, con un sentimiento contenido. Él estaba abriendo su corazón, ofreciendo una promesa de amor y confianza, y ella... estaba a punto de romperlo con una mentira.
"Nobody said it was easy".
Kagome cerró los ojos un momento, con la esperanza de que, al abrirlos, estaría en su departamento y se daría cuenta que todos esos días habían sido un sueño. Que seguían siendo simples extraños, como hasta hace poco… Pero al abrir sus ojos, ahí seguía, expectante, con ilusión y esperanza en la mirada.
"Oh, it's such a shame for us to apart…"
Mientras tanto, Inuyasha observaba a Kagome en silencio, en su corazón dominaba la esperanza y el miedo. Había puesto sus cartas sobre la mesa, había revelado sus sentimientos, sus deseos y sueños.
"Nobody said it was easy…"
Pero el silencio de Kagome lo llenó de ansiedad por un instante. ¿Por qué no decía algo? Se preguntó, pensaba que había visto algo en sus ojos durante la última semana, algo que le decía que aún había amor entre ellos.
"No one ever said it would be so hard…"
¿O estaba equivocado? ¿Y si todo este tiempo ella solo había estado actuando? Esa idea lo aterraba… pero no. Ella no era ese tipo de mujer. Estaba dispuesto a esperar el tiempo que sea por ella.
–Kag. –su voz tembló un poco–. No tienes que responder, solo quiero que sepas lo que siento. No importa cuánto tardes…. Solo necesito saber que aceptas mi corazón. –se levantó y llevó las manos de Kagome sobre su pecho, y la vio sonreír con lágrimas en los ojos.
"I'm going back to the start…"
Quería hablar, decir algo, pero no podía. Solo pudo sonreír, fue lo máximo que logró. Tenía que seguir su plan, tenía que fingir felicidad, tenía que elevar su esperanza para después dejarlo caer… Pero el peso de la culpa le impedía seguir ese plan, el peso de que lo iba a decepcionar empeoraba todo. Sentía como si un nudo de hierro se hubiera formado en su garganta, impidiéndole pronunciar palabra. Porque Inuyasha no lo merecía.
Kagome sintió miradas, levantó la vista, notando que eran el centro de atención de muchas personas. Algunas eran de personas cálidas, otras de personas detestables, las detestables, eran Hakudoshi y Kikyo. Hakudoshi parecía no creer lo que veía, y al lado, su prima Kikyo sonreía con deleite, como si estuviera viendo el espectáculo de su destrucción. Y no se equivocaba… Esto la destruiría, otra vez.
Kikyo sonreía. Estaba consciente de que Kagome no se quedaría. Sabía que, aunque le doliera, ella volvería a escapar de Inuyasha y le rompería el corazón después de armar ese ridículo show "romántico". Y ese dolor ajeno, el dolor de la mujer que odiaba y el hombre que la cambió, la hacía feliz. Muy, muy feliz.
Hakudoshi miró con detenimiento la cara de su prometida, y sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Aquella mirada ya la había visto antes, era la misma que mostró cuando destruyó la felicidad de Kagome e Inuyasha. Apretó los labios. Sí. Algo había hecho. Y tenía que averiguarlo.
–¡Sabía que planeaba algo! –escuchó el alegre susurro de Rin a su lado. Kagome giró la cabeza lentamente y notó que la familia de Inuyasha los veía atentamente. Incluso Sango y Miroku estaban ahí.
Sango no pudo evitar que sus ojos se humedecieran, pero no de felicidad. Sabía lo que Kagome planeaba, esas lágrimas, esas gotas que ahora resbalaban por sus mejillas, no eran de alegría, sino de tristeza. Sabía que Kagome estaba a punto de lanzarlos al agujero del dolor.
Kagome noto que los demás lucían felices por esa escena, daba a entender que Inuyasha le había propuesto matrimonio. Rin abrazaba a Seshomaru de la cintura con emoción, susurrando que le daba gusto aquello; Sesshomaru solamente asentía, dándole por su lado a su pequeña y emocionada esposa. Izayoi contenía las lágrimas echándose aire con las manos, no quería arruinar su maquillaje, el abuelo le decía con la mirada que cediera a ser feliz y comenzará una vida nueva con Inuyasha y Moroha... Entonces su vista llegó al papá de Inuyasha. Estaba nada feliz con esa escena, su mirada era profunda y gélida; la veía como una vulgar víbora, como un pequeño insecto que debía aplastar antes de que succionara toda la sangre de su hijo. Kagome pensó que estaba seguro de que no podría resistirse a «una propuesta de matrimonio». Pero se equivocaba con ella, había algo mas que le impedía estar con Inuyasha... Algo que nadie sabía.
–¿Qué dices, Kag? ¿Comenzamos de nuevo?
Kagome volvió su vista a Inuyasha, quién la veía con tanto amor, con tanta ilusión... con un brillo infantil, como si estuviera viendo el mayor tesoro del mundo. La imagen de Moroha cruzó su mente de inmediato. Moroha viéndola llegar, Moroha jugando con ella, Moroha haciendo rabietas… Oh, su dulce Moroha.
–Inu, yo... –intentó hablar, pero las palabras no llegaban.
De repente, el piso comenzó a moverse. Sintió que el aire se escapaba de sus pulmones, y antes de poder decir algo más, su vista se oscureció. El sonido desapareció, pero antes de desplomarse, notó la mirada preocupada de Inuyasha.
Inuyasha reaccionó rápido, atrapándola justo a tiempo.
–¡Kag!
Continuará...
¿No sienten que Kagome intenta justificar todo el tiempo lo que hará? Sí, así es. Por eso extendí el discurso de Inuyasha, en parte para hacerla sufrir un poco. Ya que también me está poniendo de malas xD MeGoKa, comparto tu sentimiento je, je.
¿Todas estamos de acuerdo en algo, verdad?
"¡Kagome, sé honesta, por Diosssss!"
Nos leemos en otra ocasión mis queridos lectores =D
¡Sayonara!
