EQUIPO CUERVO

ESPECIAL

Días del pasado

Este capítulo es un especial y aunque retoma el fanfic en su recta final, no es necesario leerlo para seguir la trama principal, ¡gracias por llegar a los mil reviews! y en especial gracias a Mimi Tachikawa08 por ser el review número mil, solo estaba esperando eso para subir el especial.

Sin más, disfruten la lectura.

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Mikoto realmente disfrutaba ir a la Academia…

—¡Voy a matarte ttebane! —Una chica de larga cabellera roja corrió furiosa detrás de un bastante angustiado chiquillo.

—Kushina Uzumaki es todo un caso, ¿ne? —Yoshina soltó un suspiro—. No ha hecho más que causar escándalos desde que llegó.

—A mí me parece bastante entusiasta. —Mikoto la miró de reojo, Kushina había logrado alcanzar a su objetivo y lo golpeaba con singular placer.

—Con Tsume ya tenemos suficiente de chicas violentas. —Yoshina echó hacía atrás su largo cabello castaño.

—Supongo… —Mikoto se encogió de hombros.

—Aunque prefiero eso a que luzca como ella. —Yoshina susurró por lo bajo señalando a la derecha, en el banco pegado a las ventanas se encontraba sentada una niña de largo cabello negro con tintes azules, su espalda estaba rígida como si se encontrara en alguna clase de modales y mantenía las manos apretadas al frente, casi como una estatua.

—Okka-san dice que así son los Hyuuga. —Mikoto susurró de vuelta. En todo el tiempo que llevaban siendo compañeras de academia Hana Hyuuga (1) jamás había hablado con ellas.

—Tienes razón. —Yoshina puso una mano frente a su boca—. Hiashi y Hizashi son iguales, creo que solo se hablan entre ellos. —Los gemelos Hyuuga que asistían a un grado superior eran como seres de otro planeta, siempre rectos, siempre sin reír, enojarse, llorar o frustrarse, con aquellos ojos pálidos que parecían ver en el fondo del alma de cualquiera.

Hana Hyuuga era diferente, aunque no hablaba con nadie en particular cuando lo hacía su voz era suave y amable.

—¡Viene Fugaku-kun! —Una chica gritó y enseguida el salón se llenó de chillidos y corazones, un corro de chicas se abalanzó a la ventana para ver pasar a Fugaku Uchiha.

—Sí que es popular. —Yoshina se cruzó de brazos y levantó la nariz—. No sé qué le ven, siempre tiene ese gesto de enojo. —Mikoto no dijo nada, pero observó por la ventana de reojo. Fugaku Uchiha, ciertamente, mantenía el ceño fruncido, como si toda la atención de aquellas chicas lo irritara. A su lado Shikaku tenía las manos tras la cabeza y bostezaba.

—¡Fugaku-kun! —El pasillo se llenó de chillidos, pero como siempre Fugaku ignoró a todas las niñas y siguió caminando.

—Es un maleducado. —Yoshina puso ambas manos en su cintura—. Engreído y arrogante, ¿qué le cuesta girar a verlas un poco?, ¡y ellas son idiotas por hacerle tanto escándalo! —Justo cuando Fugaku iba a perderse de su vista Mikoto notó, no sin cierta sorpresa, que giraba ligeramente la cabeza con el sharingan activado, fue apenas un segundo, pero Mikoto hubiera jurado que observaba en dirección a donde, como siempre, Hana Hyuuga se encontraba en su pupitre, como si no atinara a moverse. Quizás es que quería comprobar si no se había convertido en estatua y ya está.

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A Mikoto realmente le gustaban los ejercicios de expedición.

—Así que dejen de estar haciendo al vago y hagan equipos de cuatro. —Su sensei ordenó al frente, tenía la cara roja de sudor y aspecto de que le faltaba poco para desmayarse o algo por el estilo.

—¡Odio esto! —Yoshina se mató un mosquito contra el brazo—. Somos dos, ¿a quién más unimos?

—¡A mí, únanme a mí dattebane! —Kushina Uzumaki se acercó a ellas saltando alegremente con un brazo en alto, la verdad la pelirroja no parecía tener ningún reparo en hacer escandalo e inmiscuirse en donde no la llamaban.

—Uh… bueno… —Yoshina no parecía muy segura.

—¡Yei! —Kushina dio un salto y luego hizo visor poniendo una mano sobre su frente—. ¿A quién más?

—Bueno… —Mikoto giró alrededor, casi todas las demás chicas ya tenían equipo para ese entonces.

—¿Qué tal ella?, —Kushina señaló con un dedo a Hana Hyuuga que no parecía hacer esfuerzos por conseguir equipo, estaba parada en medio del campo sin más—, se ve que está sola, aunque luce rarita, como sea, ¡ey tú! —Kushina se alejó corriendo y tanto Mikoto como Yoshina cruzaron una mirada de advertencia.

—¿Le va a decir a Hana Hyuuga? —Pero antes de que pudieran intervenir Kushina apareció jalando por los hombros a Hana, que dicho sea de paso, tenía las mejillas tan rojas como si le hubieran levantado la falda en público.

—¡Dijo que sí! —Bueno, en realidad no le había dado tiempo de contestar, pero dudaba que dijera que no.

—De acuerdo. —Mikoto intentó no pensar demasiado en el equipo tan raro que se había formado y sacó un pergamino de su mochila—. Nuestra meta es llegar hasta aquí.

—Qué lejos. —Yoshina suspiró y después de girar la mirada alrededor señaló a Shikaku que se ocupaba en bostezar—. ¡Tú, vago!, ¡llévame cargada hasta allá!

—¡¿Estás loca?! —Shikaku puso cara de horror—. Con lo mucho que pesas.

—¡¿Qué dices?! —Yoshina alzó un puño amenazadora, pero Mikoto no le prestó atención, generalmente su amiga era tranquila, pero siempre se ponía violenta cuando el asunto tenía algo que ver con Shikaku.

—¿Van a partir ya? —Minato se acercó amable, sus ojos azules lanzaban destellos con la luz del sol. A Mikoto siempre le había parecido algo así como un príncipe, nunca lo había comparado con el resto de sus compañeros, Minato era caballeroso, centrado y tenía una sonrisa realmente amable.

—Es la idea. —Mikoto soltó un suspiro, Kushina estaba unos pasos atrás viendo al rubio con los brazos cruzados, por alguna razón no parecía llevarse bien con él.

—Nosotros también. —Minato señaló a sus espaldas, Fugaku, Chouza, Inoichi y Shikaku recogían sus mochilas para partir—. Como Fugaku sobraba nos dejaron hacer un equipo de cinco.

—Yo no sobraba. —Fugaku apretó los dientes.

—¿Quieren ir con nosotros? —Sin prestarle atención al gruñido de su compañero Minato preguntó amable.

—Eso sería de ayuda. —Mikoto le sonrió de vuelta a pesar de que Kushina soltó un bufido fuerte y claro.

—En marcha. —Fugaku se puso a la cabeza, asumiendo el liderazgo de manera natural, Minato se entretuvo esperando que todos estuvieran listos y animándolos para que no quedaran rezagados.

—¿Por qué tenemos que subir hasta allá? —Chouza realmente lucía desdichado y sudoroso intentando seguir adelante.

—¿Por qué se quejan tanto ttebane? —Kushina parecía no tener ningún problema en cargar la mochila y avanzar con grandes trancos entre las rocas—. Somos ninjas.

—En realidad tú eres más como una cabra. —Shikaku susurró lo suficientemente bajo para que no lo oyera, sabía lo violenta que podía ser la pelirroja. Mikoto sonrió ante las pullas, al frente Fugaku avanzaba con la espalda recta y ambas manos en los tirantes de la mochila, como el ejemplo perfecto de un guía, sin movimientos de más y el sol bañando de rayos su cabello negro como el carbón.

—¡Iaa! —De pronto Inoichi gritó y salió corriendo tan rápido que apenas alcanzaron a verlo—. ¡Derrumbe, derrumbe, derrumbe!

—¡Ah! —Todos corrieron a la cima, entre el polvo y el temblor de tierra Mikoto alcanzó a ver como Minato intentaba darle la mano a Kushina, pero la pelirroja ni siquiera notó el gesto (y tampoco era como si lo necesitara) saltó más rápido que cualquiera de ellos hasta la rama de un árbol y de ahí dio un salto espectacular hasta tierra segura.

—¿Todos están bien? —Viendo frustrado su papel caballeresco Minato giró alrededor cuando ya la tierra había dejado de moverse.

—Sí. —Shikaku suspiró con una mano en la rodilla y Yoshina colgada de su otro brazo como un costal de papas—. Maldición, sí que pesas.

—¡Nadie dijo que me cargaras! —Yoshina tenía las mejillas tan rojas que parecían que explotarían, pero Mikoto no sabía si era por vergüenza o por rabia.

—Sobre que estoy aquí intentando salvarte. —Shikaku la puso en el suelo, y pese a todo fue amable al hacerlo.

—Uh… —Minato abrió grandes los ojos—. ¿Dónde ésta Hana?

—Aquí. —Todos giraron la mirada, allá en lo alto, con el cabello ondeando con el viento Fugaku se encontraba de pie con la joven Hyuuga entre los brazos, cargando con ella como si fuera una princesa.

—Gracias… —Hana tenía las mejillas rojas y lucía avergonzada. Fugaku la bajó al suelo con rudeza, luego se acomodó nuevamente la mochila como si salvar compañeras de morir a causas de derrumbes no mereciera la consideración de un par de palabras.

—Vamos atrasados. —Y sin más siguió caminando.

—¿Estas bien? —Minato se acercó a Hana solicito.

—Sí. —La joven llevó una mano junto a su boca—. Fugaku-kun me salvó antes de que me diera cuenta siquiera que estaba en peligro. Lamento haber causado tantas molestias.

—Los compañeros están para ayudarse. —Minato le sonrió, con aquel gesto que hacía sentir mejor a cualquiera.

—Para la otra harías bien en traer ropa más de ninja. —Kushina la miró con los ojos entornados—. No creo que esa falda tan larga ayude en nada.

—Hai… —Hana bajó ligeramente la vista, pero luego levantó la mirada con una chispa de decisión en los ojos—. ¡Kushina-chan fue increíble antes!

—¿Uh? —La pelirroja dio un parpadeo.

—Tu reacción fue instantánea, ¡cuando quise ver ya estabas saltando por los aires!

—No es como si yo pueda darme el lujo de esperar que alguien me salve. —A Mikoto le pareció que los ojos de la pelirroja se ensombrecían y Minato la miraba con tristeza, pero no pudo reflexionar más en eso, Fugaku ya caminaba lejos y todos tuvieron que apresurarse a alcanzarlo.

Pudiera ser que Fugaku fuera seco con las palabras y metódico en sus actos, pero era la clase de ninja que se preocupaba por sus compañeros. Sin darse cuenta una leve sonrisa apareció en el rostro de Mikoto, la verdad es que, si le preguntaban, diría que en el fondo Fugaku era un chico amable.

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Aunque daban miedo en ocasiones a Mikoto le gustaban las misiones.

—¿Por qué tenemos que hacer esta ridícula misión todos nosotros juntos? —Yoshina apretó los dientes—. ¡Ni siquiera estamos en los mismos equipos! (2) —Desde que habían salido de la Academia todos habían pasado a formar parte de equipos gennin de tres. O bueno, casi todos, lo cierto es que algunos compañeros se habían retirado de la formación ninja que otorgaba Konoha para seguir con la preparación específica de su clan, en especial los miembros del clan Hyuuga de la familia principal.

—Porque somos gennin y las misiones sin relevancia son nuestras tareas. —Shikaku avanzó con un par de tablas bajo el brazo—. Gusto en verte también.

—¡Acabemos esto pronto y vayamos por barbacoa! —Chouza era quien más tablas podía cargar al mismo tiempo para arreglar la desvencijada barda que rodeaba el campo aledaño a los terrenos del clan Hyuuga.

—Si pudiéramos terminar solo con entusiasmo… —Inoichi suspiró.

—¿Vamos a esforzarnos, bien? —Mikoto intentó aligerar el ambiente, llevaba un cajón lleno de clavos entre brazos y le era un poco difícil caminar.

—Lo voy a detener y tú lo afirmas, ¿de acuerdo? —Al frente Minato colocaba las maderas en posición vertical y Fugaku martillaba los clavos para unir la barda. Llevaba una playera de resaque blanca que le marcaba los brazos y la chamarra con el símbolo del clan amarrada a la cintura, hacía mucho calor.

—Es Fugaku-kun.

—¡Fugaku-kun! —Muchas chicas se arremolinaban del otro lado solo para verlo trabajar lo que entorpecía bastante sus labores.

—¿No puedes hacer algo con ese club de fans tuyo? —Shikaku gruñó cuando una chica intentó lanzarle a Fugaku una carta de amor y el viento desvió el sobre dándole en un ojo—. Minato ya habló con sus seguidoras y las convenció de ir a casa.

—No tengo nada que hablar con ellas. —Fugaku contestó con una voz sin matiz y Shikaku rodó los ojos.

—¡Si siguen jodiendo voy a darles una paliza a todas! —Tsume Inuzuka gritó con ferocidad y más de la mitad de las chicas chillaron y corrieron, Tsume se caracterizaba por golpear a hombres y mujeres por igual y a ser sincera incluso a Mikoto le daba algo de miedo, se vestía como los chicos, con el cabello largo y alborotado y más que ninja parecía alguna especie de delincuente juvenil.

—Creo que voy a ir a hablar con las que se han quedado. —Minato sacudió sus manos en su pantalón y soltó un suspiro—. Quizás puedo convencerlas de irse.

—¡Te lo encargamos! —El equipo Ino-Shika-Cho hizo una reverencia y Minato se alejó con la sonrisa que hacía que todos lo siguieran hasta el fin del mundo.

—Supongo que debe ser cansado tener a esas chicas siempre detrás. —Mikoto se inclinó junto a Fugaku para dejar el cajón de clavos y luego se levantó sacudiendo las manos—. ¿Te ayudo a sostener el tablón hasta que regrese Minato?

—Sería de ayuda. —Fugaku contestó con su voz seria de siempre así que Mikoto sostuvo la tabla; mientras Fugaku martillaba le contó algunas cosas que supuso que le interesarían, lo que se sabía del examen para Chunnin y algunos avances que habían tenido sus compañeros así como algunas misiones. Fugaku la escuchó sin interrumpirla, pero sin dar muestras de que lo molestara.

Bueno, era de esperarse, Fugaku y ella habían sido amigos desde que eran pequeños y sus casas estaban una junto a la otra en el clan. Mikoto sabía lo que le gustaba y lo que no le gustaba, sabía lo que le interesaba y lo que despreciaría y también sabía que mientras fuera ella quien hablara él la escucharía, porque así era su relación, así había sido siempre.

—Los gemelos Hyuuga. —De pronto Fugaku la interrumpió, algo que no solía ocurrir a menudo—. ¿Sabes algo de ellos?

—Bueno, —Mikoto hizo memoria—, cuando terminamos la Academia Hiashi se quedó a entrenar en su clan como parte de la rama principal y Hizashi entró a un equipo de tres. Ahora que lo pienso Hana tampoco formó parte de los equipos gennin. (3)

—Ah. —Fugaku no parecía más interesado en aquella conversación así que Mikoto colocó otra tabla a un lado.

—¡Las chicas prometieron irse y traernos almuerzo más tarde! —Minato regresó agitando una mano.

—¡Eres un buen negociante! —Tsume le puso una palmada en la espalda que casi lo mandó a besar el suelo.

—¡Almuerzo gratis! —Chouza chilló extasiado.

—Bueno, a por ello. —Shikaku señaló una parte de la reja—. Vamos a reforzar esta parte y tratemos de aprovechar la sombra de los árboles para no estar tanto tiempo bajo el sol.

—¡Sí! —El resto de la mañana y parte de la tarde siguieron arreglando la barda, las chicas cumplieron con su palabra y llevaron bentos con comida que Minato les agradeció efusivamente, no así Fugaku que se encontraba lejos y taciturno.

—Apuesto 100 yenes a que van a cambiarse de club de fans. —Yoshina le susurró mientras comían un onigiri. Era habitual que algunas de las fans de Fugaku pasaran a ser seguidoras de Minato luego que éste les premiara con una sonrisa o con alguna palabra amable.

—Quizás. —Mikoto se encogió de hombros, en realidad no sentía nada en particular por las chicas que gritaban como locas cada que veían a Fugaku, él no parecía ver en ellas más que meros objetos del paisaje.

—Hablando de eso, ¿dónde está Fugaku? —Yoshina hizo visor con la mano—. ¿No piensa comer?

—No creo. —Mikoto alzó la mirada y lo encontró sobre la rama de un árbol, viendo al frente con la mirada serena—. Nunca come lo que las chicas le preparan.

—Pues debería hacerlo que no vamos a comer nada en todo el día además de esto, ¿por qué no vas y lo convences? —Yoshina le dio un golpecito con el hombro—. Son amigos, ¿no?

—Lo intentaré. —Mikoto soltó un suspiro—. Pero no creo que quiera.

—Tú inténtalo. —Con un gesto se despidió de su amiga y caminó con chakra por el tronco del árbol, generalmente los Uchiha eran malos para todo lo que implicara control del chakra, su sensei había dicho algo acerca de que eran demasiado apasionados para esa clase de tareas delicadas y apacibles. Aun así Mikoto había logrado un control de chakra que le permitiera avanzar en superficies sólidas y fuera de una o dos muescas en la madera lo hacía considerablemente bien.

—Fu… —Apenas llegar a la rama detrás de la que se encontraba intentó hablarle, pero la palabra murió en su boca, Fugaku se encontraba observando hacía los territorios Hyuuga, ahí delante había un lago, era un lugar hermoso, con árboles alrededor y aguas cristalinas. Hiashi Hyuuga se encontraba realizando ejercicios Junken caminando sobre el agua, su rostro era serio, impasible, y en sus manos destellaban chispas de chakra que iluminaban la laguna con luz.

Unos metros por atrás Hana Hyuuga se deslizaba lentamente sobre el agua, muy probablemente apenas se familiarizaba con mantener un control de chakra sobre una superficie tan inestable. Llevaba el cabello suelto cayéndole por debajo de los hombros, una falda hasta los tobillos y los pequeños pies descalzos cubiertos con un bonito chakra plateado, Mikoto nunca había visto un chakra como ese antes.

—¡Ah! —Hana perdió la concentración y cayó al agua, enseguida fue cubierta con el líquido hasta la cintura.

—Debes mantenerte concentrada. —Hiashi avanzó hasta ella, la tomó de la mano y la ayudó a salir, sin demasiada delicadeza, pero tampoco llegando a ser brusco—. El Junken necesita un control del chakra perfecto.

—Hai. —Hana contestó suavemente, la falda se le pegaba a las piernas, tenía una linda figura. Sin previo aviso Hiashi activó el Byakugan y giró hacía ellos, Mikoto sintió un ramalazo de sorpresa y culpa cuando aquellos ojos plateados se clavaron en ella y Fugaku.

—Uh… —Hana miró también en su dirección y enrojeció avergonzada, inmediatamente se escondió detrás de Hiashi, sujetándolo de la playera. Mikoto pensó en pedir disculpas o decirle que en realidad no quería espiarlos, pero que no había podido evitar mirar porque sus técnicas eran demasiado bonitas (era la verdad, pocas veces en su vida había pensado que una técnica ninja fuera bonita, pero el Junken lo era). Sin embargo no pudo hacerlo, Fugaku activó el sharingan, arqueó una ceja y dio media vuelta para después saltar del árbol. Mikoto se quedó ahí, sin saber bien qué decir o hacer, pero Hiashi desactivo el Byakugan y al igual que Fugaku dio media vuelta y se alejó entre los árboles, Hana se quedó ahí, igual de aturdida que ella.

—Ah… —Mikoto dio un parpadeo—. Lo-los hombres son raros.

—Sí. —Los ojos de Hana eran bonitos, como la luna cuando estaba llena—. Sí lo son.

—Tienes… —En realidad nunca se había caracterizado por ser una chica tímida, era una Uchiha y los Uchihas eran hombres y mujeres de pasiones y decisiones—. ¡Tienes un lindo chakra!

—¡Gracias! —En los ojos de Hana brilló la simpatía—. Creía que era un poco raro así que estaba angustiada.

—¡Es muy bonito! —Envalentonada Mikoto apretó los puños—. ¡Como plata derretida!

—Plata derretida… —Hana entreabrió los labios, a Mikoto le pareció que nunca había visto una chica más cándida y bonita que ella—. ¡Ya veo!

—Algún día enséñame a caminar sobre el agua. —Mikoto puso una mano al frente a modo de rezo, le guiño un ojo y saltó del árbol.

La cerca estuvo terminada y a pesar de que se lo sugirió Fugaku no quiso comer nada de lo traído por las chicas, lo cual era curioso porque cuando era ella quien le llevaba un bento Fugaku se cuidaba mucho de terminárselo todo.

Pero bueno, eran amigos de la infancia, por supuesto que su relación era especial.

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Mikoto se sintió increíblemente orgullosa cuando fue promovida a Chunnin.

No solo ella, ese año muchos de sus compañeros fueron promovidos a Chunnin y todos hacían una linda estampa parados enfrente de un auditorio lleno de personas con el chaleco verde que los reconocía como un ninja capacitado para la aldea.

—Adiós pasear perros. —Yoshina estaba radiante, el cabello castaño recogido en una coleta alta y la figura que a sus catorce años empezaba a estilizarse.

—Hola misiones complicadas. —Shikaku estaba bostezando a un lado, como la imagen más grafica de un hombre perezoso.

Adelante Minato estaba dando el discurso de agradecimiento en nombre de todos los promovidos. Mikoto giró levemente la mirada a la izquierda, Hiashi, Hizashi y Hana estaban parados muy serios con sus chalecos verdes, los gemelos y Hana habían hecho el examen Chunnin juntos y para todos había sido una sorpresa lo muy capaces que eran usando la técnica de su familia. También había sido una sorpresa que les otorgaran una licencia especial para presentarse juntos.

Bueno, Hizashi era algo así como el protector de Hiashi, la verdad Mikoto no entendía muy bien la política dentro del clan Hyuuga.

—Uh… —Hana sintió su mirada y giró la vista para después sonreírle y agitar una mano en el aire.

—Ho-la… —Mikoto espació las silabas para que la entendiera aun sin emitir sonido. Durante la Academia no habían sido cercanas en lo absoluto, pero después de aquel incidente en el árbol se habían reunido en varias ocasiones para que Hana le ayudara con su control de chakra en el agua, lo cierto era que había sido una buena maestra, Mikoto incluso superaba a Fugaku cuando se trataba de controlar el chakra (aunque Fugaku tenía más reservas que ella así que no es como si importara mucho).

—Es un honor para nosotros… —Minato siguió hablando, Kushina estaba de pie tras de él, intentando verlo sin ser muy obvia, aunque no es como si Kushina Uzumaki brillara por su discreción. Mikoto esbozó una sonrisa, de alguna manera Minato había logrado que sus sentimientos alcanzaran a la explosiva pelirroja, ya iba siendo hora.

La ceremonia oficial se terminó y todos pasaron a despedirse, felicitarse y quedar para ir a comer juntos. Mikoto buscó con la mirada a Fugaku, había estado rabiando por verlo durante toda la ceremonia, pero no quería ser tan obvia como Kushina.

—Vi que se fue por allá. —Yoshina arqueó una ceja y señaló a la derecha, tenía una sonrisa burlona, pero Mikoto se las cobraría luego.

—¡Ok! —Quería ser la primera en felicitarlo, su batalla había sido por mucho de las mejores y sus técnicas de fuego simplemente habían sido impresionantes. Sin hacer ruido para sorprenderlo avanzó entre el pasto hacía los árboles con una sonrisa entusiasta en el rostro, pero tuvo que detenerse en seco.

—¿Para mí? —Hana estaba ahí enfrente, con sus bonitos ojos muy abiertos, tenía una cajita en las manos, parecía ser el estuche de algún broche.

—Felicitaciones por convertirte en Chunnin. —Fugaku la observó, con los ojos oscuros que hacían suspirar a las chicas de Konoha, con la actitud del que sabe lo que quiere y no se detiene para lograr sus objetivos.

—Yo… —Angustiada Hana miró alrededor—. Yo no compré nada para Fugaku-kun.

—No es necesario. —La voz de Fugaku era fuerte, sin titubeos—. Es mi compensación por esa vez cuando me ayudaste.

—E-eso fue hace mucho. —Hana abrió grandes los ojos—. Estábamos en la Academia, solo ayude a vendar tu pierna y te di la mitad de mi bento.

—Me lo diste todo. —Fugaku sonrió, una sonrisa pequeña, apenas un leve movimiento fugaz—. Y nunca he vuelto a probar algo más delicioso en toda mi vida. —Mikoto retrocedió un paso, otro, otro más.

Corrió.

Sí. Fugaku se comía todo lo que hacía, pero nunca le decía que había estado bueno, nunca le había comprado algo, nunca le había dado las gracias.

Había sido uno de los días más felices de su vida. Pero al final lo único que había hecho era echarse a llorar.

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A Mikoto le gustaban las flores.

La familia de Inoichi tenía una florería "Florería Yamanaka", a veces Inocihi era el encargado de atenderla y se lo encontraban tras el mostrador con un pañuelo sobre la cabeza y pinta de estar muy aburrido.

—Hay flores para todo, —aun así hacía bien su trabajo—, ¿qué es lo que quieres decirle a esa persona? —Mikoto quería flores para llevarle a Yoshina, había tenido una misión difícil y estaba en el hospital, actualmente estaba estable, pero su vida había corrido peligro y Mikoto aún seguía preocupada por ella.

—Quiero unas flores para decir "espero que te mejores".

—Entiendo. —Aunque cuando Inoichi estaba con Shikaku solían ser un par de tontos lo cierto es que ambos eran bastante sensibles cuando se hablaba con ellos en solitario. Inoichi le envolvió un bonito ramo de flores y se lo entregó, no sin antes soltar un suspiro.

—Si vas a ver a Yoshina lo mejor sería que esperaras un poco.

—¿Por qué? —Aprehensiva Mikoto dio un respingo.

—Uh… Shikaku me va a matar por decirte esto, pero acaba de comprar un gran ramo de rosas rojas y… bueno, ya sabes, fue a verla.

—Ah… —Mikoto dio un parpadeo, bueno, ya tenían diecisiete años, era normal que algunas cosas tuvieran que aclararse—. Ya era hora.

—Él realmente se asustó mucho pensando que la perdería. —Inoichi sonrió, la clase de sonrisa que se guarda exclusivamente para un mejor amigo—. Ese gran tonto.

—Les daré una hora antes de ir entonces. —Mikoto salió con el ramo bajo el brazo, no tenía otra cosa en la cual entretenerse así que dedicó a vagar por la aldea un rato, pronto se aburrió, un par de chicos intentó coquetear con ella así que los esquivo trepando a un tejado.

—Que molestos. —A lo mejor y tenía que ir al hospital aunque interrumpiera una escena conmovedora (igual y podía burlarse de ellos para siempre)—. Uh… —A lo lejos observó a Hana sentada en una banca y a un lado… no, no podía ser cierto. Activó el sharingan porque estaba demasiado lejos para escuchar lo que decían, con su línea de sangre activada pudo leer a la perfección los labios de Fugaku, pudo saber lo que decía.

—Así que sal conmigo. —Directo, simple, audaz, como todo lo que hacía en la vida. Hana tenía una expresión encantadora, con las mejillas rojas, los hermosos ojos abiertos al máximo y aquel kimono que se pegaba a su bonita figura.

—Yo… yo no creo…

—Soy Fugaku Uchiha. —La tomó de la mano y ella lo miró con arrobo—. Y ninguna regla anticuada entre clanes va a detenerme.

El ramo de Yoshina se le cayó, las flores se desperdigaron por el tejado, algunas volaron en el viento.

Espero que te mejores.

Pero Mikoto no estaba segura de que alguien pudiera mejorar un corazón quebrado.

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A Mikoto siempre le había parecido que las bodas eran como un sueño.

—¡¿Por qué tienes que casarte con él?! —Fugaku tenía a Hana sujeta de ambas muñecas, tan fuerte que le dejaría marcas—. ¡¿Por qué?!

—Es la decisión de mi clan. —Hana tenía la mirada fija al frente, en un punto que Fugaku no podía alcanzar.

—¡Eso no importa!, —los ojos de Fugaku, negros y profundos parecían querer aferrarla con todo lo que tenían—, ¡te lo dije!, ¡que no importaban las leyes, ni los clanes!, ¡qué pasaría por encima de eso!

—Y yo te dije que esto ya estaba decidido, lo sabía desde que era niña. —Hana estaba hablando lenta y dulcemente, como si intentara consolarlo incluso en el último momento.

—¡Huyamos! —Y era una orden, no una petición.

—Eres el futuro líder de tu clan Fugaku-kun. —Hana sonrió, una sonrisa triste—. Y yo voy a casarme con el futuro líder de mi clan.

—¡No! —Volvió a sacudirla, le estaba haciendo daño. Mikoto quería decirle que dejara de hacerlo, pero se suponía que ella no estaba ahí, que no estaba viendo, ella solo había estado ahí recogiendo fresas con Kushina, ellos eran los que habían llegado con su discusión sin que ellas pudieran intervenir y ahora estaban ahí, tras de los setos, sin saber bien qué hacer.

—Mi clan me lo ordena y voy a obedecer a mi clan. —La voz de ella era calma, pero su espíritu era inamovible, no importaba todo lo que dijera Fugaku, ella no cambiaría de opinión.

—¡Él no te ama! —Finalmente rugió, como lo hacía cuando la situación lo sobrepasaba.

—No me ama, —con calma Hana se soltó lentamente de su agarre—, pero me quiere, siempre hemos estado juntos, desde que somos pequeños, me ha dicho que cuidara de mí, que me atesorara, aunque no me ame. —Sus ojos claros, esos ojos que eran tan bonitos se enfrentaron a los ojos tempestuosos de Fugaku—. Fugaku-kun, tú no me has dicho que me quieres, ni siquiera una sola vez.

—¡Eso no importa!

—Sí importa. —Hana puso una delicada mano en su pecho, apartándolo—. Estas equivocado, quieres escapar de los lazos que te unen con tu clan, quieres escapar de la oscuridad, los secretos y las intrigas, yo soy solamente el objeto que podría ayudarte en esa tarea.

—Estas equivocada. —Sus dientes apretados.

—Hiashi-kun tampoco es muy efusivo. —Hana colocó un mechón de cabello tras su oreja—. Y no sé qué es lo que está pensando, pero él es el elegido de mi clan, tengo que pensar por mi familia, por mi línea de sangre.

—¿Y por ti? —Fugaku respiró rápido—. ¿Cuándo vas a pensar por ti?

—Nunca. —Los ojos de Hana se empañaron, Fugaku dejó caer los brazos inertes a los lados, derrotado—. Adiós Fugaku-kun. —Una lágrima surcó su mejilla y a Mikoto le pareció que a Fugaku le hubiera gustado enjugarla, limpiarla con sus labios y decirle que jamás la haría llorar de nuevo—. No sé si sirva de algo decirlo pero hubo un tiempo en que de verdad te amé. —Hizo una reverencia, con la elegancia que los Hyuuga demostraban siempre y se alejó con paso firme, sin girar la vista atrás.

—¿Qué alguna vez me amaste?, —Fugaku susurró, el sharingan activado sin ver a ningún sitio en específico—, yo aún te amo. —Mikoto sintió como Kushina le sujetaba la mano y la apretaba, dedos cálidos que se entrelazaron con los suyos.

Solo hasta ese momento se dio cuenta de que estaba llorando.

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El reloj seguía avanzando.

—Así que hemos decidido comprometerte con Mikoto-chan, serás el nuevo líder del clan y no hay una mejor opción para tu esposa que ella.

—Entendido. —Ni una muestra de alegría, rechazo o desilusión. Nada.

—Felicidades Mikoto-chan. —Pero no sentía la alegría por ningún lado.

Mikoto realmente disfrutaba ir a la Academia porque día tras día vería a Fugaku sentado en el pupitre de adelante, sería capaz de contemplar su espalda y su cabello oscuro.

A Mikoto realmente le gustaban los ejercicios de expedición. Porque de una u otra manera terminaba yendo en grupo con Fugaku, rozándolo por error, compartiendo sus experiencias, agregando una nueva anécdota a su historial juntos.

Aunque daban miedo en ocasiones a Mikoto le gustaban las misiones. Porque sabía que si se encontraba en peligro Fugaku la ayudaría, porque si él estaba en problemas ella intentaría apoyarlo, porque si estaban juntos sentía que eran invencibles.

Mikoto se sintió increíblemente orgullosa cuando fue promovida a Chunnin. Porque Fugaku estaba ahí a su lado, porque aprobaría su fuerza, porque notaría que ella también podía hacerlo, que era una ninja capaz, una kunoichi disciplinada, su apoyo en ese momento y en el futuro.

A Mikoto le gustaban las flores. Y su sueño de toda la vida había sido que Fugaku le diera una, aunque sea una, no era tan codiciosa para pedir un ramo, ni siquiera una flor elegante, se conformaba con una sencilla flor del campo, solo quería que se la diera él.

A Mikoto siempre le habían parecido que las bodas eran como un sueño. Porque cuando pensaba en las bodas pensaba en su boda con él, en su kimono nupcial y en lo guapo que luciría sentado frente a ella intercambiando sus votos.

Y ahora ese sueño se estaba cumpliendo, iban a casarse, pero no así, Mikoto no lo quería así, no lo merecía así.

—¿Estas bien con esto? —Fugaku le habló en el jardín, estaban solos y era de noche, adentro los dirigentes seguían tomando y conviviendo por la próxima boda.

—¿Estás tú bien? —Porque seguía siendo tonta y pensaba en él primero.

—Ya no importa. —Fugaku se recargó contra la pared, miró hacia la luna—. Ya no importa.

—Pues… —Mikoto tembló, todo su cuerpo se estremeció—. A mí sí me importa. —Fugaku giró a verla, y por primera vez en la vida fue como si la viera de verdad—. Porque yo… —Recordó a Hana, recordó sus lágrimas—. Porque yo te amo. —Y no lloró al decirlo, levantó la cabeza, irguió la espalda—. Siempre te he amado. —Y era una Uchiha, arrogante y poco sensible, apasionada como el fuego mismo—. Así que si vas a casarte conmigo comprométete a amarme, ¡promete que vas a amarme Fugaku! —Lo sujetó de la playera y notó sus ojos aturdidos, una expresión que nunca nadie había logrado ver en él—. Si me amas Fugaku, nunca, nunca en la vida te arrepentirás de haberte casado conmigo. —Y su corazón latía como un tambor, sus dedos lo sujetaban trémulos.

—Nunca… —Fugaku cubrió su mano con la suya, la luna pintó de plata su cabello, sus hombros, sus labios—. Es una promesa.

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—Ese asunto no tiene nada que ver. —Fugaku besó el hombro desnudo de su esposa, Mikoto ahogó un suspiro—. Era una promesa, ¿lo recuerdas?, y desde entonces nunca me he arrepentido de casarme contigo. —Porque seguía siendo el hombre estoico que nunca le diría que la amaba, pero Mikoto no era como Hana, ella sabía leer entre líneas.

—Itachi solo es un niño… —Su hijo mayor, siempre tan dulce, siempre tan amable.

—Es un ninja. —Fugaku deslizó las manos por el cuerpo de su esposa, piel suave en medio de la oscuridad—. Es un Uchiha.

—Lo es todo. —Mikoto se refugió en su hombro—. Es pesado ser todo.

—Se parece a ti. —Fugaku besó su oreja—. Nunca intentará huir, nunca cejara en su empeño, nunca se rendirá.

—Somos persistentes, ¿no? —Mikoto se alejó un poco de él, para verlo a los ojos, con una sonrisa suave.

—Nunca. —Los ojos de su esposo se encendieron en pasión, porque Fugaku también era una llama que ardía sin apagarse. Lo amó, lo amó como lo había amado desde que era una niña. Y él la amo de regreso, recorriendo con sus dedos la profundidad de su cuerpo, agotando con sus labios toda la superficie de su piel. Mikoto se entregó a él, sensual, entera, sin miedos.

—Te amo. —Cuando estaba dentro de ella siempre se lo decía—. Te amo Fugaku. —Aunque él nunca respondiera.

Por la ventana abierta entraban lentos rayos de luna, pero cuando los veía Mikoto ya no pensaba en Hana Hyuuga y sus lágrimas al decirle a Fugaku que lo había amado, cuando veía la luna pensaba en Hinata Hyuuga y lo bonitos que eran sus ojos, más bonitos incluso que los de su madre.

—Es una buena niña. —Se lo susurró mientras le acariciaba el cabello, a su esposo que la cubría con su cuerpo desnudo.

—Y necesitamos que su lealtad éste con nosotros.

—Itachi podría enamorarse de ella, no ahora, pero si lo fuerzas…

—Es extraño ese hijo mío. —Fugaku se rodó abrazando a su esposa contra él, los ojos oscuros que sin importar cuanto pasaran los años seguían siendo penetrantes y profundos—. No sabe amar, ama demasiado, es gentil, es aterrador.

—Es demasiado amable. —Mikoto se acunó contra su pecho, ahí donde podía escuchar su corazón—. Nuestro hijo demasiado amable.

—Debería aprender de Sasuke, —Fugaku sonrió, porque en la intimidad de su futon siempre sonreía cuando hablaba de su hijo menor—, se parece más a mí.

—Es cierto. —Con cariño se apretó a él rodeando su cuello—. Pero Sasuke es más guapo.

—Supongo. —Porque contrario a toda expectativa Fugaku no había sido consciente de su belleza y, años después, le había confesado a su esposa que creía que eso del club de fans era una broma que se habían montado para burlarse de él comparándolo con Minato. Sus tres hombres Uchiha en materia de amor eran muy, muy tontos.

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—¿Qué dijeron que estábamos buscando? —Naruto sacó la cabeza de en medio de un montón de cajones, el cabello rubio estaba sucio de polvo.

—Algún pergamino con jutsus o algo guay. —Sasuke estaba colgado con chakra de una pared examinando una estantería.

—No hagan tanto ruido. —Hinata llevó un dedo a sus labios con aprehensión—. Se supone que no podemos entrar aquí.

—Tampoco podíamos entrar a los archivos clasificados de mi clan y entramos. —Sasuke se dejó caer al suelo—. Ahora toca saquear los archivos Hyuuga.

—De todas maneras no encontramos nada divertido en tu clan. —Naruto se sentó ceñudo en el suelo—. Lo más divertido es cuando abrimos ese pergamino y le quitamos el sello sin querer a ese gato salvaje.

—Sí. —Sasuke se frotó la mejilla donde aún tenía un arañazo—. Hicimos tanto escándalo que estuvimos a punto de que nos atraparan.

—Y dejamos todo hecho un desastre. —Hinata apretó sus manos preocupada—. Cuando entramos todo estaba bien organizado.

—¡El gato tuvo la culpa! —Naruto y Sasuke chillaron.

—Además, —Sasuke continuó cruzándose de brazos—, si los guardias del clan no se dan cuenta que tres niños se cuelan en el almacén…

—Escuché al jefe de escuadrón de Raíz decir que nosotros habíamos pasado el nivel de gennin hace mucho. —Naruto miró al techo y se golpeó con un dedo la barbilla—. ¿Qué sigue de gennin?

—Chunnin. —Hinata contestó y luego colocó una pila de libros alineados a un lado—. Pero para ser Chunnin se necesita un examen, ¿cierto?

—Muchos de esos chicos de Raíz son muy fuertes y no tienen ningún grado ninja. —Sasuke se encogió de hombros—. Creo que eso no importa mucho, ahora pónganse a buscar. —Sasuke siempre tan mandón.

—Oye Hinata-chan, —mientras buscaba Naruto le habló a su compañera—, el otro día vi que te estaban enseñando a usar agujas, ¡era muy guay!

—Mmm… —Hinata observó distraída los libros que hablaban acerca de historia y plantas medicinales—. Sí, pero leí que algunos de mis antepasados podían hacer agujas de chakra.

—¡Eso sería genial! —Naruto abrió la boca—. Yo por fin pude desviar kunais en trayectoria.

—Era hora. —Sasuke comentó burlón, pero luego los llamó—. Oigan, miren, creo que encontré los tesoros viejos de los Hyuuga.

—¿Tesoros viejos? —Tanto Hinata como Naruto se asomaron por detrás, curiosos.

—Miren, —Sasuke sacó un espejo con marco de oro—, ¿por qué tu clan tiene cosas tan caras ocultas y llenas de polvo?

—No sé. —Hinata dio un parpadeo.

—Si lo vendiera en el mercado negro ganaría una dotación de ramen para un mes. —Naruto silbó, hacía poco en Raiz los habían infiltrado en el mercado negro como niños de la calle, en lugar de pasar desapercibido Naruto se había hecho amigo de todo mundo y algunos traficantes lo habían dejado ver sus transacciones, ahora cuando veía cualquier cosa cara decía que lo vendería en el mercado negro.

—Mejor cómprate un poco de verduras a ver si le das un respiro a tu cerebro. —Sasuke le aventó el espejo y Naruto se lo metió dentro de la chamarra, luego de un par de segundos soltó una carcajada y lo sacó.

—No te creas Hinata-chan, no vendería tus polvosas reliquias en el mercado negro.

—Eso sonó como un insulto. —Sasuke arqueó una ceja y luego dio un parpadeo—. Miren, esto parece bueno. —Con delicadeza sujetó una caja que a pesar del polvo lucía como un estuche muy caro.

—¿Joyas? —Hinata se inclinó hacia delante curiosa, Sasuke abrió el estuche, adentro había un broche delicado que lucía como nuevo.

—¡Qué bonito! —Naruto abrió la boca extasiado—. ¡En el mercado negro…!

—No lo vamos a vender al mercado negro. —Sasuke lo sacó y lo examinó con atención, era un broche de plata con tres delicados colgantes, parecía muy caro—. Creo que te luciría bien Hinata. —Para probar el efecto lo colocó por encima del cabello de su compañera—. Parece como de princesa. —Hinata se sonrojó al instante y dio un respingo, Sasuke también dio un respingo retirando rápidamente la mano, Naruto que no se había enterado de nada le quito el broche a Sasuke.

—Nee, nee, Sasuke, mira esto.

—¿Qué?

—¿No se parece un poco al emblema de tu clan? —Era cierto, el broche tenía una pequeña esfera con un dibujo rojo, casi no se veía pero se parecía un poco al emblema de los Uchiha.

—Casi no se ve. —Sasuke puso el broche contra la luz.

—Pff. —Naruto se tapó la boca con ambas manos—. Sasuke-teme le regaló a Hinata-chan un broche y como es un creído le puso el emblema de su clan.

—¡Yo no le regale nada!, ¡estaba en esa estantería tarado!

—¡Oh!, —Naruto saltó alegre—, ¡podemos ponerle también el emblema de mi clan y así cuando Hinata-chan lo use estaremos los dos ahí!

—Ni tienes emblema ni tienes clan. —Sasuke entrecerró los ojos—. Idiota. —Antes de que Naruto se pusiera artístico e intentara ponerle aditamentos al broche Sasuke lo puso en las manos de Hinata.

—No sé de quién era o por qué estaba aquí tirado, pero deberías quedártelo.

—Sí. —Naruto puso ambas manos tras la nuca—. Se te ve muy bonito, hace que te brillen más los ojos. —Hinata parpadeó con las mejillas encendidas.

—¿S-sí?

—¡Claro! —Naruto sonrió cerrando los ojos, Sasuke lo vio con incredulidad, siempre le sorprendía lo muy honesto que Naruto podía ser y como decía las cosas que a él le costaba tanto decir como si nada.

—Como sea, —de cualquier manera el encargado de decirle halagos a Hinata en ese equipo era Naruto, el rubio podía (perfectamente bien) exteriorizar los pensamientos de los dos—, usa el broche o bótalo, ahora sigamos buscando ese jutsu.

—¡Hai! —Hinata y Naruto asintieron con energía y los tres siguieron curioseando en las estanterías. Sasuke vio de reojo como Hinata regresaba el broche a su estuche para después meterlo en la bolsa de su chamarra. Tenía una sensación muy rara con ese prendedor y aunque Naruto era (la mayor parte del tiempo) un tonto, a él también le había parecido que se parecía al emblema de su clan.

Encogiéndose de hombros siguió buscando. Naruto tenía razón, se le veía lindo a Hinata, era lo único que importaba.

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Notas de Okashira Janet: Hasta aquí el extra, gracias por leer.

Aclaraciones.

1 Como bien deben saber en la serie y el manga nunca se supo cuál era el nombre de la madre de Hinata, pero en el fandom muchas veces la han bautizado como "Hana" así que decidí utilizar ese nombre para ella.

2 De la misma manera fuera del equipo Ino-Shika-Chou no se sabe quién hizo equipo con quien mientras fueron gennin, como no quería meterme en camisa de once varas preferí reunirlos en una misión.

3 Si recuerdan cuando Hinata se graduó de la Academia Kurenai fue a pedirle permiso a Hiashi de que se integrara en un equipo gennin de tres, algo que no se hizo con ningún otro chico. Aparentemente no es normal que la familia principal del clan Hyuuga forme parte de las misiones gennin, por eso Hana y Hiashi siguieron su entrenamiento en casa y Hisazhi sí siguió con la educación habitual de la aldea.

Y nada, nunca había trabajado con esos personajes como protagonistas y fue agradable. Un beso.

25 de Abril del 2017 Martes.