EQUIPO CUERVO

Capítulo 25: Los héroes están de vuelta

Por Okashira Janet

Itachi volvió a acomodar los papeles sobre su escritorio, esta vez en tres montones: papelería relacionada con la comisaria, papelería relacionada con el clan, papelería relacionada con la aldea. Luego se frotó la frente intentando alejar un incipiente dolor de cabeza.

Ser un líder de clan era extenuante. Y si a eso le agregaba que era el jefe de la comisaría aquello se volvía un trabajo colosal, realmente no entendía cómo es que su padre había parecido tan eficiente realizando el mismo trabajo (y hasta con tiempo para intrigas políticas).

Por fortuna el resto de los líderes de clan habían sido pacientes con él, sobre todo Nara-san había gastado un par de tardes en explicarle protocolos y la manera en la que debía entregar sus informes. Para sorpresa de Itachi Hiashi Hyuuga lo había tratado con la fría cortesía de siempre y aunque había esperado reclamos de su parte por lo que había sucedido con su hija aquello nunca había ocurrido.

Y bueno… ahora estaba aprendiendo ninjutsu médico. A ser sincero le parecía una soberana tontería no haberse interesado por el asunto anteriormente, el ninjutsu médico era fascinante, el interior de una persona, la razón por la que los órganos, el chakra, el cerebro funcionaba, ¡todo aquello lo apasionaba de una manera que no había conocido en el pasado!, ahora Itachi conocía el punto exacto de todos los puntos de chakra en el cuerpo, aunque no tuviera el Byakugan para verlos reconocía con una habilidad casi milimétrica el sitio donde tenía que golpear para abrir o cerrar un punto de chakra, por supuesto, un conocimiento tan fino no funcionaba en una batalla sin tener el dojutsu de los Hyuuga, pero sí que podía funcionar si una persona no se movía (Sasuke había sido su conejillo de indias y se había indignado muchísimo cuando estando almorzando le había cerrado un punto de chakra en la mano).

Arterias, venas, nervios, cada pequeño vaso en el cuerpo tenía un nombre, una función y una consecuencia si es que resultaba herido, ahora Itachi sabía dónde tenía que golpear para producir cierto resultado, sabía dónde ser certero, donde provocar poco daño, dónde ocasionar la muerte. Desde su punto de vista aquel conocimiento era algo que todos los ninjas debían saber, por desgracia especializarse en medicina llevaba años y mucha dedicación, era un proyecto imposible. No obstante Itachi intentaba pasarle las bases del saber médico a Sasuke y aunque su hermano no estaba tan interesado como él sí que le prestaba atención y se quedaba con el conocimiento más importante.

En sus ratos libres Itachi salía a leer al jardín e invariablemente su madre le llevaba una taza de té y lo dejaba a solas con su conocimiento. Infinidad de veces Itachi se había dado cuenta con perplejidad que se había hecho de noche y él seguía encorvado sobre un libro, intentando retener nombres, procedimientos y gráficas.

Tsunade-sama le había dicho que dentro de poco podría practicar en el hospital, aunque se imaginaba que más de uno iba a tener miedo de quedarse en sus manos.

"—Itachi, la medicina no es como el ninjutsu, tienes que pensar en tu paciente, tienes que hacerle sentir que todo irá bien". —Aquello lo frenaba en gran medida, los médicos debían ser personas a las que comunicarse y transmitir confianza les fuera sencillo, él en cambio solo sabía transmitir una sensación de temor a quien estuviera cerca.

Bueno, ya se había hecho a la idea de que nunca sería un médico de hospital y mucho menos uno especializado en el trato a los pacientes, pero podía ser un médico para su equipo, para… Sin poder evitarlo abrió mucho los ojos, de nuevo había pensado en el Equipo Cuervo, pero aquella agrupación ya no existía, de hecho, hacía dos años que se había disuelto.

Itachi giró a ver el calendario en la pared, ahí, sobre el número 28 había un gran círculo rojo, Sasuke lo había colocado desde hacía un par de semanas, pero no le había dicho a nadie qué significaba. Secretamente Itachi creía que aquel era el día en que su hermano, Naruto y Hinata se reunirían de nuevo.

—Ya estoy en casa. —Justo cuando pensaba en él Sasuke anunció abriendo el shoji con rudeza, su sombra se extendió a lo largo de todo el pasillo—. Me muero de hambre. —Sus pasos resonaron fuertes. En eso no se parecían, Itachi se deslizaba siempre en silencio, sin importar la situación, Sasuke no, él tenía presencia, tenía seguridad en cada uno de sus actos.

—Hola Sasuke. —Itachi apenas giró un poco la mirada para verlo, pero su hermano entró a su habitación y echó una ojeada al libro que tenía entre manos.

—¿Fisiología y anatomía? —Su ceja se arqueó—. Es el mismo libro que estaba leyendo Ino.

—Me atrase un poco hace unas semanas. —Itachi dejó el libro un momento.

—Seguramente, pero con lo perfeccionista que eres vas así de lento porque estas memorizándolo todo, de hecho me sorprende que no hayas usado el sharingan para grabarte todo eso.

—El sharingan puede copiar movimientos e información, pero no creo que uno de sus usos sea la memorización extensa de…

—Entendí. —Sasuke rodó los ojos—. Era una broma. —Luego dio media vuelta y se dirigió a la cocina, Itachi miró su espalda alejarse. Su hermano se había alargado muy rápido, aunque los músculos no le habían seguido la velocidad por lo que lucía un poco desgarbado, pero luego —y gracias a una rutina de entrenamiento casi espartana— se había llenado de músculos, la espalda se le había ensanchado y la voz se le había puesto gruesa.

Era un muchacho.

Itachi casi no se había dado cuenta de cuándo había ocurrido, un día Sasuke seguía siendo un niño que se colgaba de su brazo y al instante siguiente casi lo alcanzaba en altura. Un día lo veía con la ilusión de los niños y al otro momento le decía que si seguía leyendo en lugar de entrenar lo iba a dejar atrás.

Cierto, a veces se le olvidaba pero Sasuke ya era un jounnin.

—¡Itachi!, —desde la cocina le llegó lejana la voz de su hermano—, ¡ya deja de perder el tiempo en la comisaría! —Seguro se había encontrado los folletos sobre la mesa. A ser sincero hacía dos años seguir con la comisaria había sido más un asunto de estrategia que de verdadera necesidad. La comisaría era lo que le daba sentido a los ninjas de su clan, su razón de orgullo, Itachi se había esforzado en mantenerlo vivo para darle a los miembros de su clan un lugar al que pertenecer. Y sí, sin los miembros principales había sido condenadamente difícil, pero dentro de dos semanas podría delegar finalmente la comisaría en otra persona.

En Izumi para ser precisos.

A ser sincero convivir con quien en el pasado había sido su única amiga (o un triste intento de amiga) había sido bastante difícil al principio. A pesar de que Izumi intentaba ser profesional constantemente parecía guardar reservas en su contra, como si no pudiera liberarse de las palabras que le había dirigido en el pasado.

A Itachi le hubiera gustado pedirle una disculpa, explicarle los verdaderos motivos por los cuales la había lastimado al decirle aquello, pero al final sus labios habían permanecido sellados y ella había guardado hacía él una fría resistencia.

—"Esa chica es insufrible". —Sasuke había declarado un día—. "Solo es una Chunnin y siempre va por ahí caminando muy digna". —En realidad lo que Sasuke quería decir era que la odiaba por "caminar muy digna" frente a Itachi, como si su hermano no valiera la pena, pero todo aquello cambió el día que Itachi fue a llevar flores a la tumba de su padre.

Había sido un día cálido e Itachi había pasado a comprar un ramo de flores blancas a la florería Yamanaka, Ino lo había atendido y por un momento Itachi no la había reconocido, la niña se había convertido en una coqueta jovencita de cintura muy estrecha quien al verlo le había sonreído de una manera entusiasta.

—"Itachi-san, ¿cuándo va a volver Hinata?". —Pero Itachi no lo sabía, Hinata le escribía cada vez más abiertamente, pero a pesar de que (muy de vez en cuando) coincidían en la aldea no habían cruzado caminos. Itachi había tenido la intención de ir a visitarla en una o dos ocasiones, pero al final había desistido, ella había mencionado que tardaría dos años en su entrenamiento, quizás estaba siendo consecuente con sus palabras y él debía respetarlo.

Pensando en aquello Itachi había caminado al cementerio y ahí, rezando frente a la tumba de su padre, lo había encontrado Izumi.

—"¿Itachi-kun?" —Desde que tenían once años que no lo había llamado de esa manera y ambos parecieron sorprenderse ante aquel recuerdo. Después de eso ella se había puesto en cuclillas a su lado y le había dicho que lo sentía, que de verdad lo sentía. Su relación había mejorado desde entonces, Itachi incluso la había animado cuando ella le comentó que quería presentar su examen para jounnin y aquel gesto pareció conmoverla profundamente. Ahora Izumi era jounnin, una kunoichi excelente, disciplinada y responsable a la que podía dejarle el cargo de la comisaría. Era un paso importante y difícil pues a pesar de todo Konoha seguía siendo una aldea un tanto machista donde eran raras las mujeres en puestos de poder, pero Itachi se había convertido en líder de su clan justamente por eso, para abolir las viejas reglas que los ataban.

Dando un suspiro Itachi cerró el libro de medicina y caminó a la cocina para encontrarse con su hermano.

—Ya te dije que dejo el cargo en dos semanas.

—¿Esa chica se va a volver tu novia? —Sasuke soltó a bocajarro con muy malas pulgas, Itachi ni siquiera tuvo que preguntar de quien estaba hablando.

—Izumi-san es solamente una compañera. —Y aquella conversación era como darle explicaciones a una novia celosa—. Es una kunoichi excelente y capaz que…

—Ella está enamorada de ti. —Sasuke se sentó en la mesa y procedió a comer su onigiri con una ceja fruncida.

—No lo está. —Itachi lo sabría, siempre notaba cuando había un particular interés hacía él por parte de otra persona.

—Seguro. —Sasuke lo vio de malos modos—. Las mujeres solo quitan el tiempo, deberías entrenar más. —Y su hermano era un negado para el romance, entendible por otra parte, últimamente se había fundado un club de fans que tenían como única meta en la vida seguirlo, aunque al inicio Sasuke no les había prestado atención tanto acoso había terminado irritándolo. Itachi —bastante más acostumbrado a esa situación— no tenía ningún resentimiento hacia ellas.

—Okka-san opina que entreno bastante. —Itachi decidió cambiar el rumbo de la conversación—. De hecho ella opina que necesito una novia.

—No la necesitas. —Sasuke lo taladró con la mirada, como si aún tuviera cinco años y estuviera celoso de la atención de su hermano mayor—. Ninguno de nosotros la necesita.

—Las relaciones amorosas también son… —Itachi intentó iniciar una conversación acerca de la importancia de las relaciones interpersonales (aunque él fallara estrepitosamente en todo ese asunto) pero Sasuke lo interrumpió.

—Ninguno tiene tiempo para relaciones amorosas y aunque lo tuvieras, —le lanzó una mirada a su hermano—, no tendrías una novia, no sabes hablar con las mujeres, apenas y puedes tener una conversación decente con Hinata. —Y hasta eso era cuestionable.

—Quizás yo no sea muy bueno, pero tú eres otro asunto Sasuke.

—Yo tengo cosas más importantes en qué ocuparme. —Sasuke bebió rápidamente su té y se puso de pie—. Y cuando logre mi cometido tú también las tendrás. —Luego salió de la cocina, Itachi lo vio alejarse aguantando un suspiro, a pesar de sus maneras arrogantes lo seguía amando, de hecho lo amaba demasiado.

Tonto hermanito menor.

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Sasuke se levantó muy temprano aquel domingo y se colocó una chamarra blanca con el signo de su clan en la espalda, era un día fresco —aunque en Konoha el verano y el otoño parecían coexistir en un mismo día, seguramente haría calor en la tarde.

Dejó una nota sobre la mesa, un escrito escueto por el que seguramente su madre haría un escándalo.

"Tengo misión, regreso luego". La verdad no era tan exacta, pero Sasuke había planeado aquel día, aquel encuentro y aquellas circunstancias hasta la saciedad. No iba a cometer errores.

Con paso firme salió de su casa y abandonó el área Uchiha, caía un poco de llovizna así que había pocas personas en la calle, Sasuke dio vuelta para rodear la plaza principal y enfiló hacía el bosque, conforme avanzaba sus pies se hundían en el lodo aquí y allá. Finalmente encontró lo que estaba buscando, una casita de árbol que seguía en pie pese a que nadie se había ocupado de ella en dos años.

—Debimos buscar un punto de encuentro menos ridículo. —Sasuke chasqueó la lengua y usó chakra para subir por el grueso tronco, al llegar arriba la casita chirrió y tuvo que agacharse un poco pues ahora la cabeza le rozaba con el techo. Definitivamente no era un punto de reunión épico ni mucho menos. Como siempre era el primero en llegar así que se sentó con la espalda contra la pared y cerró los ojos notando como las gotas caían lentamente sobre el techo.

Tac, tac, tac, tac.

—¡Yoh!, —una voz retumbó fuerte, tal y como era la personalidad de su dueño—, ¡Naruto Uzumaki está aquí! —Enseguida el rubio tuvo que agacharse—. ¿No encogió un poco esto?

—Somos nosotros los que hemos crecido. —Sasuke abrió los ojos y arqueó una ceja.

—Ya decía yo. —Naruto se dejó caer sentado a su costado—. Pero la casita ha resistido muy bien. —Eso era cierto. Sasuke observó a su compañero de reojo, Naruto había crecido y al igual que él se había llenado de músculos, pero sus ojos inquietos seguían siendo los mismos y su sonrisa espontanea no había cambiado. Se preguntó si en esencia él tampoco lo había hecho.

—¿Y Hinata-chan? —Naruto tamborileó con los dedos en el suelo—. Es raro que aún no haya llegado, siempre llegaba antes que yo.

—Sí, es raro. —Sasuke concedió.

—Y… —Naruto miró a un lado inquieto—. ¿Cómo esta ella?, ¿tú la viste antes, no?, en el examen para jounnin al que no me invitaron.

—Deberías superarlo. —Sasuke resopló.

—¡No es justo!, —Naruto respingó—, ¡yo también quería hacerlo con ustedes!

—Puedes hacerlo solo.

—¡Pero quería hacerlo con ustedes!

—Ah. —Sasuke miró al frente—. Creo que ahí viene. —Al instante Naruto giró la vista a la entrada de la casita como si hubiesen puesto un resorte debajo, Hinata apareció luciendo ligeramente acalorada, como si hubiera llegado corriendo.

—¡Lo-lo siento! —La joven se puso de rodillas frente a ellos e intentó tomar aire—. Estaba entrenando con Hanabi-chan y no me di cuenta que se hacía tarde.

—No has llegado tarde. —Sasuke aclaró—. Te quedaban cincuenta y ocho segundos para el tiempo límite.

—Ah… —Por un momento Hinata tuvo la breve intención de reírse, Sasuke siempre era tan serio y estricto con todo. Pero al girar un poco la mirada se encontró con Naruto que la estaba viendo con la boca ligeramente abierta—. Na-Naruto-kun. —Y por alguna razón se sintió ridículamente tímida al decir su nombre.

—Hinata-chan. —Naruto tenía los ojos bien abiertos—. Has cambiado. —Bueno, los tres habían cambiado, Naruto había estado muy satisfecho de su altura, de su cuerpo y del rostro que le regresaba la mirada todos los días frente al espejo, pero Hinata… ¿cómo decirlo?, aunque seguía teniendo esa actitud tan inocente y esos ojos tan bonitos, ahora… Bueno, ahora tenía unos senos enormes, casi demasiado grandes para su cuerpo pequeñito. Pensar aquello lo sofocó, Hinata era su compañera, su mejor amiga, casi su hermana, uno no pensaba en los pechos de su hermana.

—Tú también has cambiado Naruto-kun. —Finalmente ella declaró con una sonrisa y Naruto casi dio un respingo, ¡pensar cualquier cosa que se relacionara, aunque sea mínimamente, con algo sexual acerca de Hinata era como un pecado!, lo tendría presente de ahí en adelante.

—Si estamos de acuerdo en que los tres hemos cambiado. —Sasuke fulminó con la mirada a Naruto, como si supiera lo que pasaba por su sucia cabeza, el rubio casi temió que lo atacara con una bola de fuego o algo parecido—. Vamos a poner nuestro plan en acción.

—Hai. —Hinata asintió con decisión y se inclinó hacia delante para prestarle mayor atención a Sasuke, Naruto la miró de reojo, su compañera de equipo llevaba pantalones a tres cuartos como los que usaba siendo pequeña, pero en lugar de su enorme chamarra llevaba un suéter largo que le llegaba a medio muslo marcándole ciertos puntos de los cuales Naruto no quería acordarse.

—Naruto. —Sasuke tronó los dedos, parecía cabreado—. Presta atención.

—¡Hai! —El rubio respingó y cerró los ojos para serenarse. Era Hinata, Hinata, Hinata. La misma chica con la que había vivido desde que tenía memoria, la niña con la que veía películas y se abrazaban para dormir los sábados por la noche, quien…

—¿Naruto-kun? —Escuchó su voz llamándolo preocupada y algo dentro de él, algo muy, pero muy profundo le dijo que estaba jodido.

—Estoy bien. —Aun así le dirigió una sonrisa sincera—. ¿Cuál es el plan?

—Éste es el plan. —Sasuke sacó un pergamino de su mochila—. He estado investigando todo este tiempo y sé un par de cosas.

—¿Qué clase de cosas? —Naruto frunció el ceño.

—Akatsuki está detrás de los bijuus y existen nueve bijuus en este mundo.

—¿Nueve? —Naruto dio un respingo, había creído que él y Gaara eran los únicos.

—Por ahora ocho se encuentran sellados, pero hay uno que se encuentra libre. —Sasuke señaló un punto en el mapa—. El Sanbi.

—El tres colas. —Hinata murmuró.

—Es de tipo agua. —Sasuke miró a sus compañeros con los ojos entrecerrados—. Y es terriblemente fuerte.

—¿Qué hay con él? —Naruto dio un parpadeo.

—Vamos a atraparlo.

—¿Atraparlo? —Naruto se quedó con la boca abierta.

—¿Nosotros? —Y Hinata no pudo más que unirse al desconcierto.

—Podemos hacerlo. —Sasuke sentenció.

—Quizás podemos hacerlo… —Hinata llevó una mano junto a su boca—. ¿Pero qué haremos con él?

—Sellarlo. —Sasuke replicó con rotundidad.

—¿Sellarlo? —Naruto abrió grandes los ojos—. ¿Quieres que alguien cargue con…?

—No ese tipo de sello. —Sasuke chasqueó la lengua—. No quiero que usemos el bijuu, solo quiero que Akatsuki no lo tenga, pero los bijuus son fuerza elemental, no pueden destruirse.

—¿Entonces? —Hinata titubeó.

—Las células de Hashirama.

—¿Hashirama? —Naruto negó con la cabeza—. ¿Hablas del primer Hokage?

—He descubierto que el ANBU que nos hizo esta casita las tiene.

—¿Un ANBU nos hizo esta casita? —Hinata miró a su alrededor con sorpresa.

—¿No era un fantasma? —Naruto pasó saliva.

—Atraparemos al bijuu, lo traeremos aquí con cadenas de chakra especiales y lo apresaremos con ese elemento madera.

—Así tendríamos dos bijuus. —Hinata frunció un poco el ceño—. ¿No… no haría eso que Akatsuki nos intentara atacar con mayor fuerza?

—Quizás. —Sasuke golpeó un puño contra la palma de su mano—. Pero una guerra se está urdiendo mientras la aldea pierde el tiempo. Debemos llevar la delantera, solo así vamos a derrotar a Shisui.

—No creo que nos den permiso de hacer un plan tan arriesgado… —Naruto golpeó sus rodillas—. Me gusta. —Hinata los miró como si ambos hubieran perdido el juicio.

—¿De-de verdad?

—Cuando tengamos a los dos bijuus la aldea tendrá que reconocer al Equipo Cuervo. —Sasuke apretó los dientes—. Itachi será nuestro capitán de nuevo.

—¿No demostraría eso que somos peligrosos? —Hinata titubeó.

—Está bien si somos peligrosos. —Sasuke se puso de pie, aunque perdió el efecto deseado porque el techo de la casita le quedaba bajo y tenía que doblar el cuello—. Lo importante es que la aldea sepa que puede usarnos.

—Me he estado preguntando… —Naruto lo miró con aquellos ojos brillantes—. ¿A ti te importa en verdad la aldea o no? —Sasuke miró a lo lejos, en su mente vio a Itachi sentado en la jardinera, el cabello ondeando ligeramente con el viento.

—Quien sabe.

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Hinata había tenido misiones difíciles, momentos en los que no estaba muy segura de su camino como ninja y eventos en los que sinceramente había deseado no ser un shinobi. Pero la presente situación era diferente en varios sentidos.

—Solo tenemos que caminar hasta la aldea del hielo. —Sasuke iba hasta adelante, liderando como si siguieran siendo los mismos niños de antaño—. Ahí usaremos los ojos de Hinata y lo encontraremos.

—Repítemelo de nuevo. —Naruto iba en segundo lugar, con ambas manos sobre los tirantes de la mochila—. ¿Cómo conseguiste que Oo-san nos dejara ir?

—Es una misión de reconocimiento. —Sasuke metió una mano en el bolsillo de su chaleco y sacó un papel—. Le dije que en mi última misión había escuchado algo acerca de Akatsuki y quería confirmarlo.

—Eso no se parece en nada a atrapar un bijuu. —Naruto frunció un poco el ceño.

—Sí. —Sasuke se encogió de hombros—. Se van a llevar una sorpresa seguro.

—Yo-yo creo que más que una sorpresa va a ser casi un infarto. —Hinata musitó y Sasuke no pudo evitar una sonrisa ladeada.

—Bueno, eso también, esta viejo después de todo.

—Lo que sea. —Naruto se llevó ambas manos detrás de la nuca—. Ni siquiera pude llegar bien a Konoha cuando ya me estaban sacando.

—Ah… —Hinata dio un parpadeo y giró a él—. Es cierto… no pudiste ver a Sakura-san.

—¿Sakura-chan? —Naruto la miró con sorpresa—. ¿Por qué habría de verla a ella?

—¿Uh? —Hinata paró de golpe, sus mejillas se sonrojaron, por un momento había tenido el impulso de decirle que ella le gustaba (en el pasado al menos), pero Naruto nunca había aclarado aquello—. Yo pensaba…

—Estabas bastante entusiasmado con ella antes de irte. —Sasuke aclaró, como si cualquier cosa, mientras seguía caminando sin perder de vista el mapa, Hinata sintió que el aire entre ellos se detenía, pero para su sorpresa Naruto ladeó la cabeza y caminó nuevamente tras Sasuke.

—¿Era así?

—No me vengas con "era así". —Sasuke gruñó.

—Bueno, ella era bonita. —Naruto se encogió de hombros—. Me gustaban esos ojos verdes tan grandes que tenía.

—Ella aun los tiene. —Sasuke replicó sin interés.

—Y nunca había visto un cabello de color tan llamativo. —Naruto cerró los ojos como intentando acordarse—. Me sentía bien cuando sonreía.

—Tal vez si la vuelves a ver volverán las mariposas. —Sasuke lo miró de reojo—. Así que mejor no te le acerques, no tenemos tiempo para esas cosas.

—¡Oii Sasuke! —Naruto correteó tras él—. ¡Ero-sennin dice que tener una novia es muy importante para un chico! —Mientras sus dos compañeros discutían Hinata se llevó una mano al pecho, no estaba muy segura del sentimiento que la embargaba, todo ese tiempo había creído que a Naruto le gustaba Sakura, pero quizás es que había magnificado el amor que creía que el rubio le tenía.

En las novelas el amor siempre era lo más importante, quizás por eso había creído que todo ese tiempo Naruto había pensado y añorado a Sakura… si lo pensaba analíticamente era tonto, Naruto mismo lo había dicho, Sakura le había gustado por su apariencia, era fácil que un enamoramiento tan superficial no llegara a ningún lado.

Y ella en tanto, ¿qué es lo que había hecho?, entrenar hasta que sentía que se volvía polvo, concentrarse en su objetivo, pensar solo en Neji, en los ojos de su primo al ser separados uno del otro, esa mirada que parecía decir que le habían fallado.

Pero en cuanto veía a Naruto sus aspiraciones y metas se perdían un poco, en cuanto veía a Naruto se sentía un tanto más tímida, un tanto más femenina, un tanto más inquieta. En cuanto veía a Naruto recordaba, tenía que recordarse, que para conseguir su objetivo no podía distraerse.

—Hinata. —Sasuke se paró unos pasos adelante, el sol caía sobre su cabellera negra y a Hinata le pareció que veía dentro de ella, casi como si se tratara de algún libro que le ofreciera sus páginas sin resistencia—. No te quedes atrás. —Sasuke era así, él no era del tipo que podía ser distraído por situaciones menores, él tomaba un camino y lo seguía sin desviarse.

—Voy. —Hinata se hizo visor con la mano y caminó tras él, no se dio cuenta de que Naruto la miraba sin poder evitarlo, tampoco se dio cuenta de que Sasuke miraba al rubio de reojo con el ceño fruncido. Las cosas entre ellos tres estaban cambiando, aunque les hubiera gustado que siguieran igual.

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—Es hora de acampar. —Sasuke los hizo detenerse después de un día de avanzar a marchas forzadas, ni Naruto ni Hinata se habían quejado y ambos asintieron cuando les dio la orden de parar, la estamina de los tres era alta, aquello era una ventaja.

—Voy a buscar agua. —Hinata le lanzó una mirada de reojo a Sasuke y él hizo un gesto vago con la mano.

—Sí, báñate y cuando termines vamos nosotros. —La joven asintió y tomando sus cosas partió activando el Byakugan.

—¿Por qué parece cómo que te pide permiso? —Naruto la vio alejarse entre los árboles.

—Es porque cuando estábamos en el examen para jounnin unos pervertidos intentaron verla mientras se bañaba. —Sasuke empezó a recoger madera cercana para hacer una fogata—. Nunca he entendido su necesidad por bañarse tanto cuando estamos en misión.

—¡¿Quiénes?! —Naruto se puso tieso al instante—. ¿Por qué…?

—El porqué es bastante evidente. —Sasuke miró a Naruto de reojo—. Y sé que te has dado cuenta. —Ante el ataque directo Naruto abrió la boca y su rostro se pintó de rojo a una velocidad abrumadora.

—Yo-yo no…

—Cualquiera se daría cuenta. —Sasuke empezó a apilar leña—. Incluso he escuchado a Ino murmurar sobre eso.

—Ah… —De pronto Naruto no tenía nada que decir.

—De hecho las escuché cuando entrenábamos con Gai-sensei dándole vueltas al lago, Hinata se estaba quejando de que no podía correr bien porque sus senos…

—¡Cállate! —Naruto apretó los dientes con los ojos bien abiertos, como si algo se hubiera violentado en él.

—Te voy a decir esto solo una vez. —Sasuke dio un paso atrás, hizo la técnica bola de fuego y el claro se iluminó con las llamas de la hoguera—. No tienes permitido acercarte a Hinata.

—¿Qué? —Naruto boqueó como un pez fuera del agua—. ¡Somos compañeros de equipo!, ¡somos amigos!

—Como amigo no tengo ninguna queja. —Sasuke se pasó el dorso de la mano por encima de la boca quitando el gusto a carbón—. Pero no se te ocurra arruinarnos con sentimientos por encima de eso.

—¿Arruinarnos? —Naruto balbuceó—. Hinata-chan es como mi hermana, yo la quiero como… ¡yo amo a Hinata-chan!

—No tengo hermanas. —Sasuke lo miró fijo—. Pero dudo mucho que alguien normal vea a su hermana con la boca abierta y pinta de estar flotando.

—¿Qué es todo esto? —Naruto agitó los brazos—. Hinata-chan es Hinata-chan.

—Hinata es bonita. —Sasuke pareció pensárselo—. Es muy bonita en realidad, a ti te gustan las cosas bonitas.

—¿Qué?, ¿esto es por lo de Sakura-chan?, ¡n-no es como si me hubiera fijado en Hinata-chan solo hasta ahora porque me pareció bonita!

—Aceptas que te fijaste en ella. —Sasuke procedió a levantar la tienda.

—¡No!, es decir, ¡cualquiera hubiera notado lo bonita que es!

—Por algún casual desconocido ella no lo sabe. —Sasuke frunció un poco el ceño mientras seguía levantando la campiña.

—¿Qué no sabe?

—Que es bonita.

—Eso es imposible. —Naruto parpadeó.

—Creo que nadie se lo ha dicho. —Sasuke se encogió un poco de hombros—. Y es muy densa para esas cosas, no lo ha comprendido cuando se lo han dicho con indirectas.

—¿Indirectas? —Naruto sintió que se le apretaba el estómago.

—Como sea, justo ahora ella está metida en esto con todo su ser, su meta es recuperar a Neji y en el camino vamos a reconquistar al Equipo Cuervo y derrotar a Shisui. —Sasuke le lanzó a Naruto una mirada de reojo—. No voy a perdonar a nadie que se meta en nuestro camino.

—¿Crees que soy un obstáculo? —Naruto dio un paso atrás herido—. ¿Crees que no formo parte de este equipo?

—Creo que tienes una personalidad que se deja llevar por sus sentimientos. —Sasuke resopló—. Y creo que cuando ves a Hinata te gusta lo que ves, si no lo paras vas a terminar jodiendo todo.

—No creo que enamorarse de alguien sea malo. —Naruto replicó.

—Enamorarse de Hinata lo es. —Sasuke frunció el ceño—. Y si te enamoras de ella voy a patearte de aquí a la aldea del rayo.

—A lo mejor eres tú quien está enamorado de ella. —Naruto gruñó, Sasuke simplemente se encogió de hombros.

—No peleo causas perdidas.

—¿Eso qué significa?

—Ya viene Hinata.

—¡No me cambies el tema!

—¿Chicos? —Pero efectivamente Hinata estaba de vuelta, el cabello aun húmedo le goteaba por la espalda—. Encontré agua. —Levantó las cantimploras pero Naruto solo pudo ver que iluminada por la luz de las estrellas era más bonita que de día.

—El dobe y yo también vamos a bañarnos. —Sasuke sujetó a Naruto del cuello y lo obligó a caminar a la par con él—. Tiene que aclarar sus ideas.

—Uh… entiendo… —Aunque por la cara que había puesto parecía que no entendía nada. Naruto le sonrió a la pasada, una sonrisa grande, de dientes blancos, en automático ella le sonrió de vuelta, una sonrisa cálida, de labios bonitos, Sasuke habría podido matarlo. La verdad.

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Naruto no podía dormir, algo que —la verdad— no le pasaba seguido. Hinata había invocado a dos de sus lobos para hacer guardia y ellos tres se habían metido en la casa de campaña como en los viejos tiempos. Y como en los viejos tiempos él se había dormido en medio. Aquello era ridículo, claro, cuando era niño prefería ese sitio porque le daban miedo los fantasmas, pero ya tenía catorce años, los fantasmas… bueno, seguían dándole miedo, pero no quería criar fama de miedoso.

De cualquier manera ni Sasuke ni Hinata le habían preguntado, Hinata se había arremolinado al fondo de la tienda, Sasuke junto a la puerta y solo había quedado un hueco en medio para él, bueno, lo cierto es que no estaban apretados porque aquella casa de campaña tenía sitio para cuatro (un recordatorio de que Itachi-taichou les hacía falta). Aun así Naruto se sentía inquieto.

Durante todo su viaje con Ero-sennin había dormido en muchos y pintorescos sitios, no solo al aire libre, Naruto había conocido hoteles de la mejor calidad y cantinas de mala muerte, había dormido en cómodos hostales y en malolientes centros nocturnos. En eso de dormir donde lo encontrara el día era un experto y ya se había acostumbrado a la rutina de dormir solo (que cuando podía Jiraiya prefería dormir en los brazos de alguna mujer bien dispuesta).

Dormir nuevamente con Sasuke y Hinata era… ¿cómo decirlo?, como regresar a la normalidad, como volver a casa.

Pero a pesar de que debía haberse sentido cálido, cómodo y feliz Naruto se encontraba a sí mismo agitado. Agitado por algo que no quería aceptar. Lo cierto es que ansiaba abrazar a Hinata, al acostarse había hecho un movimiento automático para girarse hacia ella como cuando ambos eran niños y veían películas juntos.

Pero ya no eran niños.

Sasuke tenía razón.

Pasándose la mano por la frente giró la mirada hacia ella, Hinata estaba de espaldas a él y en la oscuridad su cabello oscuro se regaba por el piso de la tienda, estaba envuelta en una frazada así que eso era todo lo que se veía de ella, un montón de cabello brillante, y era ridículo que sintiera tanta ansiedad solo por eso.

¿Es que vivir con Jiraiya tanto tiempo lo había echado a perder?, Hinata era su muy querida compañera de equipo y estaba seguro que los sentimientos que tenía por ella eran cálidos y nada sexuales. Aun así se reprimía a sí mismo dándose cuenta de que sus cuerpos habían cambiado y ya no habría nada de inocente en abrazarse a ella en la oscuridad.

Era una mierda.

Hinata, Sasuke e Itachi eran su familia, se suponía que uno podía ir y abrazarse con su familia, darse amor y cariño, pero la edad se había convertido en un obstáculo, la edad y el cambio en sus cuerpos lo estaba separando de Hinata. No era justo.

Por un momento Naruto consideró pegársele a Sasuke (lo hacía de pequeño de cualquier forma) luego recordó que Sasuke solía apartarlo con un empujón o una patada. Así que se quedó ahí, con los brazos inertes a los lados viendo el techo de la tienda de campaña.

Conforme pasaron los minutos escuchó la respiración de Sasuke volviéndose pesada y aunque sabía que se despertaría con cualquier leve ruido fue un alivio para él, Hinata hacía un ruido suave al dormir, como el ronroneo de un gatito, lo había hecho desde que era pequeña, pero a Naruto le causaba tanta gracia que no se lo había dicho nunca para no mortificarla.

Ahí estaban sus dos amigos, sus dos hermanos, quizás ya no era niños para pegarse los unos a los otros, pero se seguían queriendo (quizás igual, quizás más). Y estaban trabajando juntos para recuperar el equipo que tanto significaba para ellos.

Con mucho tiento adelantó una mano y sujetó con dos dedos un trozo de la manga de Sasuke, su amigo frunció ligeramente la nariz, pero no se despertó, como si presintiera que solo era Naruto haciendo el tonto, luego adelantó la otra mano y enredó un mechón de cabello de Hinata en uno de sus dedos, cabello largo, oscuro y sedoso.

—Los quiero. —Y no iba a echar a perder nada, lo prometía, iba a quererlos a los dos por siempre.

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Sasuke se despertó en la mañana con una pierna de Naruto sobre el estómago, así, como si volvieran a tener diez años. Claro, su pierna se había vuelto el doble de pesada y como que le cortaba la respiración así que se desembarazó del peso extra con un gruñido. Por lo menos el rubio había decidido mortificarlo a él y no abrumar a Hinata con su presencia (y con el peso de sus extremidades).

—Buenos días. —Anunció con voz fuerte para que los otros dos supieran que era hora de levantarse, al instante Naruto se removió musitando "5 minutos más" y Hinata se giró a él somnolienta frotándose un ojo.

—Buenos días Sasuke-kun. —Hacía mucho que Hinata no le daba los buenos días así (enredada en las cobijas, con el cabello desordenado y las mejillas sonrojadas), Sasuke no pudo evitar que una parte de su boca se torciera en media sonrisa.

—Te ves terrible.

—¿En serio? —Al instante Hinata se pasó el dorso de la mano por encima de la boca y las mejillas como buscando saliva que se le hubiera quedado pegada, su rostro enrojeciendo de vergüenza.

—Buenos días. —Naruto murmuró debajo de las cobijas.

—Buenos días. —Sasuke le dio con el puño en donde suponía que estaba su hombro—. Levántate.

—¡Au! —Naruto echó las sabanas hacia atrás—. ¡Eso dolió! —De ellos tres Naruto era quien siempre había tenido los amaneceres más espectaculares, con aquellos ojos azules tan brillantes y el cabello rubio, desordenado y resplandeciente como el oro.

—Tenemos que salir ya. —Sasuke se quitó la camisa de dormir sin ningún tapujo, Hinata desvió la mirada dando un bote—. Almorzamos y nos vamos.

—¿Qué vamos a almorzar? —Aun bostezando Naruto también se sacó la playera—. ¿Ramen?

—¿Siempre quieres comer ramen? —Sasuke se puso una camisa limpia y procedió a cambiarse los pantalones, Hinata seguía sentada muy tiesa en la esquina viendo hacia la pared, como una niña regañada, hasta era graciosa.

—El ramen tiene sabor y nutrientes. —Naruto se hizo un poco bola con los pantalones—. Bueno, no todos, pero la mayoría.

—El ramen instantáneo no tiene ningún nutriente. —Sasuke se colocó el cinto y busco su espada por el piso de la tienda, los últimos meses se había especializado en kenjutsu y aquella bonita espada era su última adquisición.

—¿Ninguno? —Naruto se colocó encima su chaqueta y tanteó por su protector de frente.

—Es agua con plástico.

—¡Oye! —Naruto por fin encontró su protector y se lo amarró, solo hasta entonces giró a ver a Hinata que seguía con la mirada fija en la pared de la casita, sin moverse ni para respirar—. Oii Hinata-chan, ¿no vas a cambiarte?

—Ella ya no se cambia frente a nosotros. —Sasuke comentó con burla.

—¡Ah! —Ella giró finalmente la mirada, pero estaba tan roja que parecía un jitomate.

—Pero antes se metía debajo de las cobijas, ¿no? —Naruto hizo memoria, su compañera de equipo siempre había sido muy recatada, pero usualmente encontraba la manera para llevar a cabo sus tareas.

—Ahora la princesa espera hasta que la dejamos sola. —Sasuke arqueó una ceja—. ¿Verdad Hinata-hime?

—N-no me llames así. —Hinata dio un rápido y vergonzoso parpadeo, Naruto los miró el uno al otro con la boca abierta.

—¿Qué ocurre con ustedes dos?

—Nada. —Sasuke tomó a Naruto del cuello de la chamarra y jaló de él hacia afuera—. Démosle su espacio a Hinata-hime.

—¡Sa-Sasuke-kun! —Pero ya los dos habían salido de la casa de campaña.

—¿Hinata-hime? —Naruto frunció el ceño—. ¿Así la llaman sus lobos no es cierto?

—Sí. —Yahiko que se encontraba junto a los restos de la hoguera movió lentamente la cola—. Hinata-hime.

—La princesa de la luna. —Kaoru corroboró con un asentimiento de cabeza. Los lobos de Hinata también se habían vuelto grandes y bonitos, tan bonitos que era fácil olvidar lo muy peligrosos que eran.

—Hablando de eso de la luna. —Naruto tronó los huesos de su cuello—. Díganle a ese príncipe de la luna que Hinata-chan es nuestra.

—Eso es imposible. —Yahiko ladeó la peluda cabeza—. Es un pacto del destino.

—En eso estoy de acuerdo con el dobe. —Sasuke se acercó a su mochila para sacar algunas barras energéticas y poner agua para un café—. Hinata es nuestra.

—El príncipe de la luna no se las va a dejar tan sencillo. —Kaoru los vio con aquellos bonitos ojos azules y justo en esos momentos Hinata salió de la tienda, llevaba un abrigo largo color lila que escondía su figura, Naruto casi pudo respirar con alivio, aunque no estuvo muy seguro de la razón.

—Gracias por hacer la guardia por nosotros. —Hinata les hizo una pequeña reverencia—. Pueden ir a descansar.

—¡Nos vemos Hinata-hime!

—¡Adiós Hinata-hime! —Los dos lobos desaparecieron en volutas de humo. Naruto lanzó un largo bostezo y declaró que si no lo dejaban comer ramen se comería las piezas de pan que habían comprado en la aldea antes de salir. Los tres se sentaron juntos sobre un tronco a tomar pan con café, sin hablar, solo rozando los hombros, como si en aquel silencio se asentaran todos los días, las semanas y los meses en los que habían estado separados.

Finalmente fue Naruto quien se puso de pie, le tendió una mano a Hinata y otra a Sasuke, sonriendo.

—¿Nos vamos?

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El quinto día Hinata se paró en seco, apuntó con el índice adelante y musitó despacio:

—Puedo verlo. —Naruto y Sasuke soltaron un suspiro de alivio. Llevaban dos días metidos en una especie de fango siguiendo el rastro del Sanbi y mientras ellos peleaban con mosquitos y lodo Hinata seguía a su objetivo casi sin pestañear. Lo cierto es que cuando Hinata estaba en una misión de rastreo todo ella se transformaba, dejaba de prestarle atención a todo para seguir el rastro con todos sus sentidos, intercambiando opiniones con sus lobos, siguiendo una pista en el viento, oteando con sus ojos en la lejanía.

Naruto y Sasuke la seguían en silencio, sin presionarla ni hacer preguntas, apenas dando asentimientos con la cabeza cuando ella les decía que debían cambiar la trayectoria. Y por fin sus ojos se habían iluminado con la satisfacción de una tarea llevada a cabo con eficiencia.

—Está ahí. —Por supuesto, ni Naruto ni Sasuke lograban ver nada, pero ambos pararon para trazar un plan de ataque.

—¿Dónde? —Sasuke dio un paso al frente, alrededor todo eran matorrales y pantano.

—Dos kilómetros al frente hay una cascada, detrás de ese lugar puedo verlo. —Hinata desactivo el dojutsu propio de su familia—. E-es… es un chakra imponente.

—Sí. —Sasuke no podía percibir su poder y sin embargo sus instintos le decían que diera media vuelta—. Y por eso vamos a atraparlo.

—Uh… —Naruto se había mantenido en silencio hasta ese momento, pero habló con un poco de atropello—. El zorro me ha estado llamando. —Usualmente Naruto no mencionaba al monstruo atrapado dentro de él así que tanto Hinata como Sasuke lo vieron con sorpresa.

—¿El Kyuuby? —Sasuke frunció un poco el ceño.

—Sí. —Naruto se apocó un poco, pero enseguida levantó la mirada con entereza—. Dice que somos un trio de idiotas.

—Muy amable de su parte. —Sasuke gruñó.

—Pero que nos va a echar una mano porque el Sanbi no le cae bien.

—¿Se conocen? —Sasuke frunció el ceño, pero casi enseguida recapacitó, se suponía que las nueve bestias con cola provenían de un mismo sitio, era lógico que se conocieran, prácticamente compartían la misma naturaleza.

—¿Va a ayudarnos? —Hinata observó a Naruto con inquietud, en el pasado nunca habían intentado usar el poder del zorro y cuando Naruto lo había intentado las consecuencias habían sido desastrosas.

—Dice que nos va a echar una mano. —Naruto abrió y cerró los dedos de las manos—. Miren, no es que confíe mucho en él, pero a veces cuando he estado en peligro me ha ayudado.

—Sospechoso. —Sasuke frunció ligeramente el ceño, cuando un jinchuriki moría el bijuu no lo hacía, era energía elemental, no podía destruirse, en todo caso al Kyuuby podría convenirle que Naruto muriera para obtener su libertad, no lo entendía.

—Bueno… —Hinata miró a uno y luego al otro—. ¿Qué vamos a hacer?

—Primero descansar. —Sasuke se sentó en el barro, tenían por delante una misión arriesgada cuyo principal factor para obtener la victoria era una serie de eventos rápidos y bien ejecutados—. Luego voy a explicarles el plan.

—Tú siempre tienes un plan. —Naruto sonrío y se sentó a su lado—. Me gusta.

—No me agrada mucho el gustarte. —Sasuke gruñó, con una sonrisa Hinata se sentó en medio de los dos.

—¿Y bien?

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Naruto fue muy consciente de que el plan dependía bastante de que nadie la palmara ni se equivocara, Sasuke se lo había repetido hasta la saciedad, bien, no es que no supiera seguir órdenes, era que quizás Sasuke había sido demasiado optimista con eso de que atraparan una cosa tan majestuosa como esa.

—Bien. —Sintió las manos hormiguearle y respiró hondo para serenarse, era la primera vez que volvía a insertarse en el equipo con Sasuke y Hinata, una misión donde no conocían bien a bien las habilidades de los otros, después de todo era un encuentro después de dos años de entrenamiento.

—Kage bunshin no jutsu. —Y sin embargo confiaba plenamente en los dos. Enseguida el claro se llenó de rubios y todos corrieron con un kunai en la mano hasta perderse por la cascada, como un ejército de un solo hombre.

—Cubierto. —Escuchó la voz de Sasuke por el intercomunicador y sintió algo extraño, como si todo aquello se hiciera real de pronto. Era la primera vez que usaban intercomunicadores, sentía la voz de Sasuke rebotándole en el cerebro.

—Cubierto. —Y luego la voz de Hinata, firme y tranquila, la voz que la caracterizaba cuando estaban dentro de una misión.

—Paso 1. —Naruto respondió corriendo tras de sus clones y saltando la cascada, enseguida el agua lo empapó y sintió que el frío se le metía entre los huesos, pero fue cosa de un instante, estaba demasiado lleno de adrenalina como para sentirlo por mucho tiempo.

—Estoy arriba, cambio. —Aquel era Sasuke, sobrevolando el espacio sobre un enorme cuervo que proyectaba una sombra inmensa con sus alas.

—Ya pase, cambio. —En ese momento no podía ver a Hinata, pero se imaginaba que ella y sus lobos tomaban posiciones. Bueno, aquel era el momento que habían planeado.

—¡Estoy en ello! —Naruto corrió y con él lo hicieron todos sus mojados clones, en aquel momento el Sanbi giró hacía él, era un monstruo imponente y tenía unos ojos que parecían pura oscuridad, casi la misma oscuridad que llevaba el zorro dentro de sí cuando le regresaba la mirada.

—¡Ahora! —Los clones se lanzaron a un mismo tiempo, todos presionaron un botón en su cinturón y una cuerda apareció en sus manos, enseguida corrieron y brincaron sobre el Sanbi intentando aprisionarlo.

Cuerdas de control de chakra

Las mismas cuerdas que usaban contra los prisioneros en el servicio de inteligencia, la verdad Naruto no tenía idea de cómo había hecho Sasuke para conseguirlas.

El Sanbi soltó un grito, fue un grito horrible, un grito que estremeció el agua, y entonces todo alrededor fue niebla.

—Genjutsu. —Naruto alcanzó a escuchar la voz de Sasuke por el intercomunicador—. La niebla te mete en genjutsu, no caigan. —Era más fácil decirlo que hacerlo, Naruto intentó evitar la niebla, pero pronto él y sus clones fueron sumergidos en aquella espesa consistencia que les impedía ver más allá de sus narices.

Naruto respiró hondo, nunca había sido particularmente bueno con genjutsu, era uno de sus puntos flacos. Su mirada se movió de un lado a otro esperando por la alucinación que lo atraparía, pero para su desconcierto nada sucedió.

—¿Naruto-kun? —Hinata llegó hasta él, lucía un tanto preocupada—. ¿Estás bien?

—Sí. —Naruto sabía que los ojos de Hinata veían a través de los genjutsus, para ella nada de aquello era un problema

—No sé por qué no puedo verlo. —Hinata activó el Byakugan, lucía concentrada intentando desmenuzar la niebla a su alrededor—. ¿Crees que este bloqueando mi visión?

—Seguro Sasuke puede ver desde arriba. —Naruto giró el cuello intentando buscar en lo alto a su amigo.

—Sasuke-kun. —Hinata llevó una mano al intercomunicador—. ¿Sasuke-kun? —Naruto sintió algo tirar dentro de su estómago, una risa floja y malvada que le retumbaba en los oídos.

Estas atrapado cachorro.

—¡Dispersar! —En automático colocó dos dedos frente a él—. ¡Dispersar! —Hinata lo observó con sorpresa.

—¿Naruto-kun? —Parecía la misma Hinata de siempre, pero Naruto intentó no mirarla.

—¡Dispersar!

—¿Estamos en un genjutsu?, —Hinata miró alrededor con los ojos bien abiertos, las venas características del Byakugan alrededor de sus ojos—, imposible.

¿Quieres ayuda? —La voz del Kyuuby se burló de él, como siempre lo hacía. Naruto sacudió la cabeza, dándose cuenta con irritación de sus limitaciones.

—¿Naruto-kun? —Hinata dirigió una mano hacía él, pero el movimiento quedó en el aire porque el Sanbi soltó un grito tremendo y entre la niebla apareció una de sus colas.

—¡Ah! —Hinata gritó cuando la cola la golpeó en el pecho arrojándola con violencia hacia atrás, pero Naruto ni siquiera se movió—. ¡Naruto-kun! —Hinata gimió angustiada—.¡Naruto-kun!

¿No vas a ayudarla? —Escuchó la voz sarcástica del Kyuuby dentro de él.

—Esa no es Hinata-chan. —Y si fuera más resistente a los genjutsus ni siquiera la hubiera visto en primer lugar.

Ya eres un poco más listo. —El Kyuuby se burló, pero Naruto simplemente cerró los ojos y respiró hondo colocando una mano al frente en posición de ataque. La niebla era la que le provocaba aquellas alucinaciones, la niebla era lo que debía evitar.

Se vio a sí mismo siendo muy pequeño curándose solo una herida en la frente luego de recibir un piedrazo en la cabeza.

Monstruo.

Recordó aquella vez que Hinata casi se ahogaba siendo pequeña.

Y no podía hacer nada.

Gaara era un monstruo y él era un monstruo y en la oscuridad la luna se pintaba de sangre.

Un jinchuuriki, un ser maldito.

Shisui estaba bañado de sangre y Sasuke gritaba que lo odiaba, pero él no podía moverse, los pulmones se le habían fundido.

Traición.

Y el papá de Sasuke decía que era un monstruo que debían controlar, un monstruo que debían usar.

Arma, en Raíz le enseñaron a ser un arma.

Y Hinata estaba tendida en medio del agua, con los ojos ausentes y el cabello flotando alrededor, sin moverse, sin respirar, con los ojos fijos.

No lo eches a perder.

Estaba solo y había un monstruo dentro de él, estaba solo y siempre echaba a perder las cosas.

Itachi caminaba dándole la espalda.

—¡Itachi-taichou! —Gritó adelantando una mano, aunque aquel hombre había dejado de ser su capitán y Naruto no era tan fuerte como para recuperarlo—. ¡Itachi-taichou!

Jiraiya muriendo, Jiraiya herido por su culpa.

Gritó, gritó muy fuerte agitando su cabeza, pero estaba gritando en una dimensión en donde nadie lo escuchaba, envuelto en la niebla, perdido en un genjutsu que parecía ser eterno.

De verdad que eres tonto. —El Kyuuby resopló, Naruto se vio impulsado afuera, como arrojado de vuelta al mundo real y a la niebla, sentía el pulso de sus arterias golpeando sus sienes, su corazón latiendo desbocado.

—Es un genjutsu. —Aun así intentó tranquilizarse, aunque aquel genjutsu había estado formado de eventos reales de principio a fin, aunque aquello no era más que un recuento de todos sus malos momentos—. Es un genjutsu. —Y Sasuke se enfadaría en serio si echaba a perder la misión—. Soy Naruto Uzumaki. —Y Naruto Uzumaki no se dejaba vencer por ningún recuerdo gris.

Sus ojos se abrieron de golpe y echó a correr en medio de la niebla, escuchó un silbido largo y demandante, una señal de que iba en la dirección equivocada. Sus pies patinaron sobre el agua y dio media vuelta.

—¡Naruto-kun! —Hinata apareció a su lado y supo que era la Hinata real porque montaba a Misao y todo en ella mostraba resolución—. ¿Estás bien?

—Lo estoy. —Naruto trepó de un salto tras ella, Misao corrió como si en sus patas llevara alguna clase de impulsor.

—Se encuentra a las nueve treinta. —Hinata hizo algo extraño con las manos, como si tensara un arco, aunque no había nada ahí, en sus ojos el Byakugan pareció acentuarse y entonces una flecha de agua salió disparada de sus manos, el impulso fue tan fuerte que se creó una ola expansiva y Misao tuvo que frenar para mantener el equilibrio.

—¿Dónde aprendiste eso? —Mojado y sorprendido Naruto se aferró del pelaje de Misao para no caer.

—Suigetsu-kun. —Hinata respondió de manera escueta, su atención estaba puesta en la reacción de la bestia frente a ellos que soltó un largo y furioso gemido. Arriba el cuervo de Sasuke graznó.

—Es mi turno. —Naruto bajó de la loba de un salto y echó a correr—. Gracias por el paseo.

—De nada. —Misao contestó con aire petulante para luego pasar a correr para alcanzar al resto de los lobos.

—Naruto. —La voz de Sasuke por el intercomunicador era seca—. No te distraigas.

—Ya lo sé. —Aunque caer en el genjutsu del enemigo no le parecía precisamente distraerse.

A su izquierda los lobos de Hinata avanzaron en formación: Yahiko, Kaoru y Sanosuke, Hinata iba sobre Misao, liderando la comitiva, con la espalda bien recta y aquel arco de agua que además de hermoso era terriblemente efectivo.

—¡Ahora! —No era el momento de caer en trampas mentales, Naruto corrió junto con el resto de sus clones. Los lobos soltaron sus ataques al mismo tiempo, golpes de agua y hielo que lanzaron a Sanbi varios metros a la izquierda.

—¡Ahora! —El grito de los clones se volvió uno cuando saltaron sobre el Sanbi amarrándolo con las cuerdas de chakra, algunas no alcanzaban y los clones tenían que amarrarlas entre sí en ese momento. El Sanbi se revolvió.

Que estúpido es. —El Kyuuby murmuró apático—. Sin un jinchuriki no sabe controlar sus poderes. —Una suerte para ellos por otro lado. Naruto terminó de amarrarlo y apenas logró salir del camino cuando la bestia lanzó una bola de energía por la boca, el agua del lago se dividió en dos.

—¡Ahora! —Sasuke gritó por el intercomunicador, Naruto desapareció a sus clones y saltó, Hinata y sus lobos también saltaron.

1, 2,3.

—¡Chidori! —Sasuke cayó desde su cuervo como una flecha, con el brazo hacía abajo chillando como mil pájaros endemoniados. Era un chidori inmenso, un ataque tan fuerte que por un momento el mundo se pintó de azul. El ataque eléctrico golpeó al Sanbi en el centro y electrocutó en un instante toda el agua, Naruto y Hinata notaron un resplandor azul que parecía quemar todo a su paso.

—¡Ahora! —El tiempo no solo era escaso si no que estaba en su contra. El Sanbi había perdido el conocimiento, pero no sería por mucho tiempo.

Hinata sacó un pergamino de su mochila, Saito-san, el lobo jefe, se iba a enojar en serio, pero no les quedaban muchas opciones. Sasuke lanzó sellos flotables en cinco direcciones y apuntó un kunai con lazo a cada uno de ellos, luego hizo varios sellos con las manos, Hinata se colocó en medio con el pergamino inverso que los llevaba al mundo de los lobos. Naruto trepó sobre Yahiko quien afianzó las patas.

Luego todo fue una horrible oscuridad.

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Itachi suspiró con resignación una vez más cuando su madre movió con estruendo las cazuelas, últimamente cocinaba así, como si en lugar de preparar tofu frito quisiera matar a alguien.

—Okka-san… —Con tiento se dirigió a la cocina, casi como si esperara encontrarse a un enemigo.

—No puedo creerlo. —Su madre volteó el tofu en el aire, como esos chefs de altura que a veces salían en la televisión, su ceño fruncido en molestia—. Escucha un rumor de la peor organización criminal de los últimos tiempos y sale corriendo. —Se refería a Sasuke, naturalmente, desde que su hermano se había ido de la casa dejando solo una nota escueta diciendo que regresaría su madre no había dejado de refunfuñar.

—Él ya es un jounnin. —Itachi intentó calmarla, cierto, Sasuke apenas tenía catorce años, pero a los trece él ya era un ANBU, y uno aterrador si se ponían en eso.

—Siempre tan cabezotas. —Su madre apretó los labios en una línea delgada, hubo un chisporroteo de aceite—. Tu padre era igual. —Era la primera vez que mencionaba a su padre de una manera tan casual desde que había muerto.

—Lo era. —Itachi se sentó a la mesa sabiendo que le tocaría una porción especialmente grande y que tendría que comérsela, su madre solía aplacar sus rabiosos sentimientos alimentándolo de más, era una suerte que hiciera tanto ejercicio.

—Debería ir tras él. —Mikoto sirvió un plato monstruoso—. Debería traerlo de una oreja.

—No creo… —Itachi empezó con voz calma, pero su madre lo interrumpió.

—¿No crees que pueda?, te recuerdo que yo también soy una jounnin. —Aunque hacía tanto tiempo desde que no entrenaba que Itachi sinceramente no podía recordarlo.

—No creo que sea necesario. —Itachi completó con voz cansada y tomó sus palillos, su madre se sentó a su lado, el ceño ligeramente fruncido.

—Ya ha pasado más de una semana. —Itachi mentiría si decía que no estaba inquieto, el Hokage simplemente le había dicho que Sasuke había solicitado una misión con otros dos integrantes para rastrear cierta información acerca de Akatsuki.

"Nada peligroso" había comentado el Sandaime con despreocupación, pero a lo largo de su vida Itachi se había dado cuenta de que lo que le parecía poco peligroso al gran dirigente de una aldea podía ser en realidad terriblemente complicado.

—Sasuke pediría ayuda si la necesitara. —Eso probablemente era mentira, Sasuke era una de las personas más orgullosas que conocía.

—Si no manda señales en tres días voy a ir a buscarlo. —Su madre dio un trago pesado, Itachi sintió ternura por ella.

—Creo que eso sería complicado incluso para mí. —Sasuke no había mandado coordenadas y ni siquiera había dado un sitio aproximado para la misión, rastrearlo en esas circunstancias era caso perdido.

—No lo sería para mí. —Su madre, no obstante, siguió comiendo con irritación—. Tsume seguro me ayudaría, por los viejos tiempos.

—¿Tsume Inuzuka? —Itachi dejó de comer, como nuevo dirigente de su clan se las había tenido que ver con los otros líderes de clan y Tsume Inuzuka había demostrado ser especialmente violenta, tratándolo siempre como si fuera un cachorro poco avispado.

—Éramos compañeras. —Su madre sorbió un par de fideos, seguía enojada y no notaba la curiosidad en la voz de su hijo, algo que rara vez sucedía—. Siempre peleaba con Kushina pero conmigo se llevaba bien.

—No sabía… —Itachi por fin comprendió porque aquella mujer le había dicho con desparpajo que no le había sacado lo mejor a su madre.

—Por alguna razón también le gustaba Hana. —Mikoto comió tempura con rapidez, seguro le dolería el estómago después—. Decía que era como una muñeca.

—¿Quién es Hana? —Itachi alzó los ojos, se encontró con los ojos de su madre, una mirada fija que parecía perderse en el pasado.

—Es la madre de Hinata. —Entre ellos reinó el silencio—. Bueno, era la madre de Hinata, a Tsume le gustaba tanto que le puso el mismo nombre a su hija, un acierto porque he escuchado que es guapa y tranquila. —Itachi recordó a una joven que trabajaba como veterinaria, habían estado juntos en la academia, aunque no recordaba que hubieran cruzado muchas palabras.

—Como sea, —su madre volvió a lo suyo comiendo—, Tsume es la mejor rastreadora que tiene la aldea, por algo es tokubetsu jounnin. —Itachi no tenía idea de que aquella mujer tan territorial cargara con uno de los pocos rangos especiales de la aldea—. Seguro que si le pido que busquemos a Sasuke se ríe y me dice que sí.

—¿Eran cercanas?

—Éramos buenas camaradas. —Su madre dejó los palillos en el aire—. De hecho casi todos lo éramos, de pronto todos mis amigos se convirtieron en líderes de clan y las chicas nos volvimos sus esposas. —Su madre pareció reflexionar—. Menos Tsume, ella siempre fue diferente, una vez me dijo que entrenar hasta casi morirme para terminar haciendo pasteles los domingos y limpiando mocos todos los días era una pena. —Itachi nunca lo había visto de esa manera, para él su madre siempre había sido la mujer atenta que los esperaba con su delantal y una sonrisa, la parte de aquella mujer que era una kunoichi era apenas un recuerdo borroso en su memoria.

—¿Se arrepintió? —No supo por qué lo preguntó, como si por primera vez viera realmente a su madre como era.

—Por supuesto que no. —Su madre dejó los palillos a un lado y sonrío—. Tsume es importante para la aldea y pone en alto a las chicas de nuestra generación, pero yo crie a dos de los mejores ninjas de todos los tiempos. —En el rostro de su madre se pintó una bella sonrisa y colocó una mano sobre la mano de su hijo—. Las chicas de las nuevas generaciones quizás no lo entiendan hasta que ellas mismas sean madres, pero cuando tienes un hijo lo que tú eras y lo que querías cambia, cuando tienes un hijo él es más importante que todo lo demás.

—Lamento todos los sacrificios que tuvo que hacer… —Itachi retrajo los dedos.

—Nada que no mereciera la pena por ti Itachi. —Su madre sonrió, pero casi al instante sus bonitas cejas se fruncieron—. Y por el desagradecido de tu hermano.

—Sasuke la ama muchísimo.

—Lo consentí de más. —Mikoto soltó un suspiro—. Lo mime demasiado. —O por lo menos lo había intentado, lo cierto era que el Equipo Cuervo se lo había arrebatado sin que pudiera evitarlo, Itachi no pudo evadir sentir pesar por aquello que hasta el momento no había considerado.

—Yo creo… —Pero antes de que pudiera terminar su frase se puso de pie con violencia, su madre hizo lo mismo condicionada por su reacción.

Había un chakra, un chakra horroroso que había surgido de la nada en medio de los campos de entrenamiento. Itachi ni siquiera se despidió de su madre, desapareció en un parpadeo.

Un ataque a Konoha, no podía ser de otra manera, corrió y en el camino sintió sombras que se le unían.

Kakashi Hatake.

Un escuadrón ANBU

¿Quién podría ser?, ¿quién podría tener un chakra tan aterrador?, ¿quién podría haber entrado de esa manera a Konoha?, a su mente regresó aquel evento con el Kyuuby hace 14 años, la naturaleza de aquel chakra le parecía similar.

—Vamos a necesitar refuerzos. —Kakashi se le emparejó, tenía una mirada fría, la mirada que lo volvía uno de los ninjas más escalofriantes de la aldea.

—¿Información? —Itachi siguió corriendo, casi como un rayo.

—Ninguna. —En el aire el jadeo entrecortado de los hombres que corrían le hizo darse cuenta de la velocidad a la que avanzaban. Aun así Shisui seguramente habría sido más rápido. Pensar en su primo le hizo tener un escalofrío, ¿es que acaso aquello era algo orquestado por Shisui?

De pronto Kakashi se detuvo y alzó un puño, la señal para que todo mundo se detuviera y tomara posiciones, Itachi trepó hasta lo alto de un árbol y desde ahí pudo ver el espectáculo caótico que se desarrollaba frente a él.

—¡Ya dije que no lo voy a poder detener por mucho tiempo dattebayo! —Había un centenar de Narutos, todos con el cabello dorado brillando bajo la luz del sol, todos con la chamarra arremangada hasta los codos y jalando un enredo de cuerdas retensoras de chakra, cadenas que se cernían sobre una bestia enorme, uno de ellos, el que probablemente era el original, tenía el cuerpo burbujeando en color rojo y era el que más tensión hacía sobre las cuerdas del pecho de aquella bestia, de su cuerpo salía una escalofriante cola roja y el instinto asesino del Kyuuby parecía rodearlo, aun así su consciencia estaba intacta.

—¡¿Por qué no te apuras?! —El Naruto original gruñó, sus ojos aun eran celestes, pero se habían afilado de una manera poco humana.

—Ya mandé el mensaje. —Sasuke replicó, tenía la camisa hecha jirones colgando de su cintura y su pecho desnudo y humedecido de sudor se expandía con cada respiración pesada—. Aguanta otro poco. —Su hermano tenía una mano sobre la nariz de aquella bestia, como si tocar a un ser tan monstruosamente poderoso no fuera cosa del otro mundo, sus ojos brillaban rojos.

Genjutsu.

Mientras Naruto lo retenía con fuerza física su hermano aplicaba en él el sharingan.

—¡Solo apúrense todos! —Una voz gruesa retumbó en el claro, Itachi se sorprendió de descubrir a cinco enormes lobos rodeando a la bestia, el que había hablado era un lobo café que recordó se llamaba Sanosuke, solo hasta entonces notó que alrededor de aquel monstruo había un campo de fuerza, cada pilar protegido por un lobo y en medio de ellos…

Al principio no la reconoció, solo fue capaz de observar a una joven de cabello largo y oscuro sentada en medio de una estrella, una joven que apretaba fuertemente sus dedos en un jutsu de represión, en realidad fueron los lobos los que le dieron la respuesta.

—¡Hinata-hime, se está perdiendo mi pilar!

—¡Hinata-hime!

—N-no se preocupen. —Su voz no había cambiado, una voz tranquila en medio de la desesperación, una voz musical en medio de la batalla. El campo de fuerza se reforzó como si hubieran puesto un reluciente espejo y el cabello de ella se azotó violentamente a causa del aire desatado.

—De-de verdad que no aguanto. —El Naruto original sacó otra de las colas del Kyuuby, sus ojos se afilaron aún más y una oleada de poder golpeó a todos, como si el chakra del zorro de nueve colas fuera un objeto cortante que pudiera rebanarlos en un instante.

—Aguanta. —Sasuke habló con voz monótona, su mirada perdida en las profundidades de la mente de aquella bestia, peleando con un genjutsu atroz que le requería toda su concentración.

Hinata cambió de posición, se arrodilló y puso ambas manos en el suelo, de sus manos surgieron cadenas negras que aprisionaron a la bestia en tres círculos, sus mejillas enrojecieron con el esfuerzo y sus brazos tambalearon ligeramente, pero enseguida levantó la mirada y apretó los dientes decidida, Itachi notó que el sudor corría por su frente y le humedecía el cabello, pero no cedió al cansancio ni por un momento.

—Me han convocado. —Un ANBU apareció de pronto, Itachi lo conocía, era uno de los ninjas más reconocidos de la aldea por su habilidad con el elemento madera—. Para encarcelar al Sanbi.

—¿Esa cosa es el Sanbi? —Kakashi apareció a su lado—. ¿Qué hace aquí?

—Creo que esos chicos lo han atrapado. —El ANBU señaló al frente—. No estoy seguro, el mensaje era muy críptico.

—Dejemos las averiguaciones para después. —Itachi se paró cuan alto era, el aire le hizo revolotear la ropa y justo en ese instante tanto Hinata como Naruto giraron a verlo.

—Itachi-taichou. —Itachi nunca en su vida había visto una mirada como aquella hacia su persona, la mirada de alguien que sabe que la salvación ha llegado… quizás una mirada con demasiado peso encima…

Hinata despegó las manos del piso, con lentitud, casi con cadencia, los lobos desaparecieron en un instante, los sellos de represión se fueron, el escudo se cayó. Naruto removió todo rastro del Kyuuby, sobre el Sanbi solo quedó parado un muchacho rubio de catorce años con unos brazos que temblaban por la fuerza exigida por tanto tiempo y luego, así, de la nada, Sasuke cayó al piso con los ojos cerrados, demasiado extenuado para seguir con el genjutsu.

—Entramos nosotros. —Kakashi se abalanzó hacia delante, el ANBU e Itachi hicieron lo mismo. El Sanbi rugió, fue un sonido aterrador, pero ya Itachi había suplido a Sasuke, su mano sobre la piel rugosa de la bestia, sus ojos en sus ojos y el peor de sus genjutsus desarrollándose.

Nunca había usado el sharingan en algo que no fuera humano, ni siquiera para practicar, la mente del Sanbi era una confusión de recuerdos antiguos, de jinchurikis que se superponían y que no lograban contenerlo, de épocas que pasaban.

—Estas atado. —Itachi se lo ordenó—. No puedes moverte. —El Sanbi intentó resistirse, pero era inútil, de manera confusa y rápida pudo ver sus últimos recuerdos.

Naruto, Hinata, Sasuke y los lobos atrapaban al Sanbi en el mundo de los lobos, un lobo enorme los veía con desaprobación.

—¡El reino de los lobos no es un acceso directo a donde quieras cachorra atrevida! —Pero Hinata no tenía tiempo de contestar, reteniendo aquella bestia con sellos de represión ayudada por el resto de los lobos.

—¡Recuerden!, —la voz de Sasuke retumbaba en sus recuerdos—, ¡tenemos que lograr que Itachi-niisan se lleve el crédito!

—¿Cómo vamos a hacer eso? —Naruto y sus clones preguntaron al tiempo.

—Solo lo sabrán.

¿Sería mi capitán dentro de dos años?

Bien, aquel plan era arriesgado desde todos los puntos, pero Itachi no iba a desperdiciar una oportunidad como esa. Forzó su sharingan hasta lo más profundo de aquel ser, así como habían dicho que en algún momento algún Uchiha había controlado al Kyuuby.

Quieto. —Pero mientras el Kyuuby había sido usado con violencia él no quería lo mismo para aquel ser— Quieto. —Intentó que la calma y la serenidad que habitaban en su cuerpo se pasaran a aquella enorme bestia, aquel ser de energía elemental que avanzaba causando destrucción a su paso, quizás porque así lo dictaba su naturaleza—. Duerme. —Muy dentro de su esencia sintió que el Sanbi se adormecía, como presa del hechizo de su voz.

Había oscuridad, niebla y sangre dentro de la mente de aquella bestia, pero Itachi se concentró por crear algo que le trajera paz, algo que fuera un alivio en aquella oscuridad.

Se recordó a sí mismo una noche sobre el camino de la serpiente viendo las estrellas con los tres pequeños del Equipo Cuervo encima suyo, tres niños que veían a las estrellas con los ojos bien abiertos y las mejillas arreboladas, quizás de frío, quizás de emoción.

—¡Qué bonito es! —Y la voz entusiasta de Naruto—. ¡Qué bonito es! —Aquel recuerdo tan íntimo, tan guardado dentro de su corazón y su mente pareció tocar algo dentro del Sanbi, de pronto le pareció que dejaba de resistirse, que su cuerpo dejaba de pelear y su mente se rendía a un recuerdo que no le pertenecía.

—Lo tenemos. —Muy lejos escuchó la voz de Kakashi—. Está preso. —Aun así Itachi abandonó lentamente su mente, dejándolo flotando en aquel recuerdo de una noche estrellada.

Cuando volvió a la realidad el Sanbi dormía, su cuerpo estaba rodeado por cadenas de represión y una extraña jaula de madera, no cualquier madera, claro, se trataba del elemento proveniente de Hashirama, el único material en el mundo capaz de retener a los bijuus, según se decía.

—No estoy muy seguro de sí atrapar esta cosa sea bueno o malo. —Kakashi se rascó la cabeza con pesar, pero Itachi giró alrededor buscando a su hermano, Sasuke se estaba vendando con fastidio la muñeca izquierda y no parecía ni por asomo que hasta hacía poco había quedado inconsciente de cansancio, quizás es que en realidad nunca había caído inconsciente…

—¡Itachi-taichou! —Naruto lo abrazó sorpresivamente, lo hizo como cuando era un niño de siete años que no sabía de rangos ni relaciones de trabajo. Por lo sorpresivo Itachi apenas alcanzó a rodearlo con un brazo intentando mantener el equilibrio, Naruto casi lo alcanzaba en altura y para su desconcierto parecía tener más masa muscular que él a pesar de ser apenas un adolescente.

—¿Qué te pareció Nii-san? —Sasuke se acercó del otro lado, complacido consigo mismo, como si traer bestias legendarias a la aldea fuera algo que celebrar de buena gana. Pero antes de que Itachi pudiera siquiera pensar si felicitarlo o regañarlo Hinata apareció frente a él, como todos tenía la ropa un poco maltratada y las mejillas encendidas por el esfuerzo, pero Itachi solo pudo notar, con abrumadora sorpresa, que mientras aquellos dos años habían convertido a Naruto y a Sasuke en dos hombres ella había seguido su transformación para convertirse en una bella señorita.

—Hinata-dono. —Para su desconcierto notó que, como le pasaba con todas las mujeres, su vocabulario parecía desaparecer cuando más lo necesitaba.

—Itachi-taichou… —Hinata caminó un paso, uno más, otro y al final quedó frente a él, con aquellos preciosos ojos del color de la luna que lo veían solo a él sin que Itachi, para su abrumadora desgracia, supiera que hacer a continuación.

Era solo Hinata, su valiosa subordinada, su querida estudiante, la primera mujer que había amado después de su madre.

—Estoy seguro de que nos vamos a meter en problemas por esto. —Así que decidió ser el capitán que ellos recordaban—. ¿Lo saben verdad?

—¡Itachi-taichou! —Los tres gritaron al tiempo, Itachi se vio de pronto apretado por dos jóvenes que al parecer no sabían medir su fuerza, en el último momento intentó sujetar a Hinata para que no cayera con ellos pero fue imposible, los tres se le fueron encima como si volvieran a ser niños que se colgaban de su brazo y —para su desconcierto— terminó en el suelo.

—Itachi-taichou debería ver su cara.

—¿Se encuentra bien?

—El Equipo Cuervo está de vuelta. —Itachi los dejó murmurar, con un brazo rodeó torpemente a Sasuke y con el otro apegó a él a Naruto y Hinata. No se había dado cuenta, que tonto había sido, como le habían hecho falta y que feliz era ahora… que inmensamente feliz era en ese momento.

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Itachi se colocó su ropa de gala y se miró el espejo para atarse el cabello en una coleta baja, en dos años el cabello le había vuelto a crecer para gran alivio de sus fans que por alguna razón lo preferían con el cabello largo (las mujeres sí que eran un enigma).

Itachi se despidió de su madre antes de salir de la casa y luego avanzó con paso firme por la aldea, intentando no ser muy consciente de la cantidad de mujeres que salía a verlo y lo seguían a lo lejos como alguna clase de estrella de cine.

De todas maneras no podía distraerse, el Hokage lo había citado y no podía darse el lujo de llegar tarde.

En la puerta de entrada algunos ninjas lo saludaron y por las escaleras uno que otro shinobi lo detuvo para decirle que atrapar al Sanbi había sido alucinante, Itachi intentó ser cortes y despedirse rápidamente de todos, finalmente pudo tocar aquella puerta donde lo habían convocado.

—¿Me mandó llamar Hokage-sama? —Estaban ahí los dos consejeros y Danzou, lo cual nunca era una buena noticia.

—Sí Itachi. —El Tercero le sonrió, una sonrisa que parecía decir que todo estaba bien y podía relajarse—. Siéntate. —Lo hizo, aunque hubiera preferido seguir de pie.

—Has conseguido todo lo que querías, ¿no? —Danzou lanzó a bocajarro, pero más que amenazante sonaba burlón.

—¿Cuánto tiempo has tejido este plan? —Koharu, la vieja consejera, soltó con voz cascada. Itachi sabía a qué se refería y también sabía que nadie le creería si admitía que hasta el último momento no había tenido la menor idea de los planes de Sasuke. En lugar de eso prefirió guardar silencio.

—Tenemos dos bijuus. —Danzou golpeó con su bastón en el suelo—. Eso nos convierte en la aldea más fuerte.

—Un bijuu sin jinchuriki no puede usarse. —Homura, el otro anciano consejero sentenció.

—Conseguiremos un jinchuriki apropiado. —Koharu replicó, pero Itachi prefirió concentrarse en el Tercero que lo veía de manera bondadosa con las manos entrelazadas.

—Itachi, les he explicado a Danzou y los consejeros que tú y yo habíamos trabajado mucho en esta misión. —Era una mentira, pero aun así Itachi asintió—. Por fortuna todo ha salido según lo planeado. —Según lo que Sasuke había planeado—. Así que, como lo habíamos acordado, el Equipo Cuervo vuelve a entrar en funciones contigo como su capitán.

—Muchacho astuto. —Danzou chasqueó la lengua—. Te estoy vigilando.

—Es un honor. —Itachi hizo una reverencia, los consejeros cruzaron miradas incomodas.

—He escuchado que estas aprendiendo ninjutsu médico. —El Tercero lo observó complacido—. Estoy seguro de que Tsunade jamás tendrá un alumno tan aplicado como tú.

—Intento esforzarme. —Itachi replicó con modestia.

—Tu equipo será usado para misiones clasificadas. —Danzou sentenció—. Muchas veces lejos de la aldea por lo que deberías pensar en dejar a alguien a cargo del clan Uchiha.

—Lo tendré en mente. —Aunque de primera instancia no podía pensar en nadie.

—Puedes retirarte. —Una entrevista corta y un tanto tirante, pero que le daba lo que había esperado por dos largos años.

Itachi volvió a hacer una reverencia para despedirse y salió de aquel lugar con la mente puesta en otro lado, quizás por eso no fue consciente de que lo estaban esperando hasta que casi chocó con sus tres subordinados.

—¿Y bien? —Sasuke tenía los brazos cruzados y esa mirada que decía que no se iba a quedar quieto si las cosas no habían salido como lo había planeado.

—¿Somos un equipo de nuevo? —Naruto estaba nervioso, moviendo su peso de un pie al otro.

—¿Itachi-taichou? —Hinata preguntó con timidez.

—Somos un equipo de nuevo. —Itachi sentenció y los tres jóvenes intercambiaron una mirada de alegría.

—¡Lo sabía!

—¡Lo hicimos!

—Y como primer evento luego de reunirnos vamos a tener un entrenamiento de castigo. —Itachi caminó con paso rápido dejando a sus pasmados subordinados tras él.

—¿Ca-castigo? —Naruto fue el primero en alcanzarlo.

—Por actuar a mis espaldas y depender tanto del azar, traer aquí a una bestia de esas dimensiones pudo haber resultado catastrófico.

—Lo tenía todo perfectamente planeado. —Sasuke lo alcanzó con el ceño fruncido.

—Tan planeado que los tres resultaron heridos. —Itachi le dirigió una mirada profunda, ciertamente sus heridas no habían sido de consideración, pero los tres jóvenes habían acabado tan faltos de chakra que se habían dormido un día entero y el día siguiente aun daban tumbos por ahí demasiado débiles para caminar correctamente.

—¡Pe-pe-pero…! —Naruto abrió la boca intentando defenderse.

—Como shinobis actuaron egoístamente con el fin de conseguir sus propósitos y no pensaron en la aldea.

—¡Sí que lo hicimos! —Sasuke frunció el ceño, sí, quizás habían pensado en términos fríos, pero lo habían hecho al fin y al cabo.

—Sé perfectamente que sus motivaciones fueron creadas por el lazo que nos une y eso me honra, pero como su líder no puedo dejar pasar una situación arriesgada como la presente solo porque también me beneficia.

—Ya… —Naruto caminó más despacio, con aire tristón. Itachi hubiera querido consolarlo, pero no era el momento.

—Lo-lo sentimos… —La voz de Hinata llegó tambaleante hasta él, la joven había dejado de caminar y tenía la mirada fija en el suelo por lo que no podía ver su rostro—. N-no queríamos meterlo en problemas, ni la-lastimar a nadie. —Había tartamudeado más de lo habitual y su voz había dejado de ser segura, Itachi recordó lo fácil que era hacer tambalear su confianza. No. Lo fácil que era que alguien que ella quería pudiera hacerla perder la confianza.

—Sé que no querían lastimar a nadie. —Itachi quería que levantara la cabeza y le sonriera, pero siempre había sido malo logrando consolarla.

—No pasa nada. —Naruto se puso a su lado y le tomó la muñeca—. Vamos a hacer el entrenamiento de castigo de Itachi-taichou como recompensación. —El rubio le sonrió—. Y él dejara de estar enojado con nosotros.

—Uh… —Hinata levantó la mirada para verlo—. S-sí. —Pero aquel tartamudeo muy seguramente se debía a que el rubio le estaba tomando la muñeca.

—Lo que sea. —Sasuke gruñó y en automático Naruto soltó a Hinata, luciendo repentinamente culpable—. Solo hagamos ese entrenamiento o castigo o lo que sea. —Los tres echaron a andar e Itachi los siguió dándose cuenta con estupor que algo había cambiado.

Era lógico, en dos años los niños se habían convertido en adolescentes y todo en ellos se había transformado, incluso los sentimientos.

Sintió como si aquellos tres jóvenes se alejaran lentamente de él, ahí donde él no era su amigo, ni su hermano, ni su padre si no su capitán, la persona que les daba órdenes y al que debían obediencia. La persona que siempre ponía una barrera por su título de líder.

Por primera vez en su vida el ser incapaz de ser cercano con las personas le pareció algo triste, le pareció algo sumamente triste.

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El siguiente lunes en el periódico matutino Itachi encontró un titular con una escandalosa noticia.

"Los héroes están de vuelta"

Luego se relataba una crónica de la vuelta del Equipo Cuervo y la captura del Sanbi (quizás un poco más heroica de como había ocurrido), había fotografías de cada uno de ellos y una pequeña reseña de sus habilidades ninjas.

En su foto Naruto salía parado sobre un poste viendo la aldea, en sus ojos se reflejaba un cariño inmenso por aquella tierra, la clase de mirada que tendría un Hokage, Itachi miró largo rato aquella imagen, aquel chico que pronto lo alcanzaría en altura.

La foto de Sasuke era intimidante, su hermano había girado al fotógrafo y había adelantado la mano (ahora que recordaba Sasuke había dicho algo acerca de romperle un lente fotográfico a alguien), de todas maneras la foto se había alcanzado a tomar, ojos oscuros y turbios, como los de un animal salvaje. Aquella no era la imagen que tendría un adolescente cualquiera, ni siquiera si era un adolescente enfurruñado como lo era Sasuke, aquella mirada hablaba de oscuridad y venganza.

Mientras Shisui siguiera vivo Sasuke no podía ser libre. A veces parecía olvidarlo, cuando estaba con Naruto y Hinata, pero luego volvía a poner el camino en esa dirección, una dirección que se iba forjando con fuego y cenizas.

Su foto era una foto aburrida, estaba comiendo dangos en la tienda de los Uchiha, su mirada parecía distraída, pero eso solo era porque aquel día había estado pensando muchas cosas, como siempre se encontraba solo y un montón de jovencitas salían en el fondo viéndolo con admiración. No era una foto épica como la de Naruto y tampoco demostraba su personalidad como la imagen de Sasuke, solo era una imagen robada de un día cualquiera.

La imagen de Hinata era, por otro lado, fabricada. Seguramente el camarógrafo le había pedido que posara y con lo amable que era ella había accedido. Se encontraba sentada en el pasto y uno de sus enormes lobos se encontraba echado a su lado, mientras ella le sonreía tímidamente a la cámara el lobo enseñaba los colmillos, un recuerdo de que aquella —inocente y en apariencia frágil— jovencita era parte del equipo más cotizado de la aldea.

Luego de leer el periódico y contabilizar mentalmente cuantas fans nuevas tendrían (y lo muy cabreado que estaría Sasuke por eso) dobló el articulo y lo colocó en uno de sus cajones, ahí donde estaba el reportaje del examen para Chunnin y la entrevista que les habían hecho luego de superar El Camino de la Serpiente, ahí donde se amontonaban todas las veces que sus logros habían terminado impresos en papel.

—Buenos días Nii-san. —Sasuke murmuró bostezando frente a su puerta abierta, tenía el cabello encantadoramente revuelto, a Itachi le provocó acariciárselo, aunque seguramente Sasuke se quejaría si lo hiciera.

—Buenos días. —A Itachi le había sorprendido que los tres lo siguieran tratando con tanta consideración luego de aquel entrenamiento de castigo donde los había tenido sin dormir por 76 horas, quizás es que sus subordinados eran más nobles de lo que pensaba.

—Hoy me he despertado porque unas chicas estaban respirando junto a mi ventana. —Sasuke se rascó el estómago—. Le voy a tener que pedir a Hinata que me preste a uno de sus lobos para tenerlo de guardián. —Como si lo hubieran invocado un gato se apareció frente a ellos y se enroscó en los pies de Sasuke ronroneando—. Tú no sirves de guardián. —Sasuke chasqueó la lengua—. Quizás si Nii-san te hubiera entrenado, pero no lo hizo.

—Lo siento por eso. —Itachi extendió una mano hacia el gato, pero el minino simplemente lo observó con sus enormes ojos y salió huyendo de allí.

—¿Seguro que es tuyo? —Sasuke se burló.

—Creo que es más de Okka-san. —Itachi se encogió de hombros.

—¿Cómo se llama?

—No le he puesto nombre.

—¿Gato?

—¿Gatito?

—No tienes imaginación. —Sasuke rodó los ojos—. No quiero saber lo que será de ti cuando le tengas que poner nombre a tus hijos.

—Creo que tendré que dejarle ese honor a mi esposa. —Itachi sonrío, aunque a su mente no llegó la imagen de ninguna mujer, lo que le quitaba bastantes puntos a su deseo de ser padre algún día.

—Ah, cierto. —Sasuke extendió la mano para darle una caja—. Esto llego ayer para ti, olvidé dártelo.

—¿Para mí? —Itachi sujetó la caja con curiosidad, aunque era común que le llegaran armas o pergaminos por paquetería no recordaba ningún envoltorio con esa marca en particular, Sasuke se alejó aun bostezando al comedor en busca de algo para desayunar e Itachi abrió la caja.

Mejor que no lo hubiera hecho.

Adentro había un ejemplar del Icha Icha Paradise, en la portada había un hombre de espaldas que curiosamente se parecía un poco a él (pero en el tiempo que se había cortado el cabello).

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¡No se parecía a él, era él!, por primera vez en su vida Itachi sintió una mortificación que lo atenazó entero, aturdido se sentó en la cama y abrió el libro con premura en la primera página, había ahí una dedicatoria del puño y letra de Jiraiya.

"Eres el protagonista más difícil que he tenido, ¡espero que te guste!".

No, no, no, debía ser una horrorosa pesadilla. Itachi pasó las páginas y se encontró con aquella espantosa primera línea.

"Taichi tenía unos ojos oscuros como la noche, unos ojos que encerraban oscuridad" no había que tener más que dos dedos de frente para darse cuenta de que Taichi era él, el libro abría describiéndolo en todo su esplendor, lo cerrado, frío y perfecto que era, lo muy indiferente que resultaba, cada nuevo párrafo era como si le dijeran una y otra vez lo imperfecto que era como humano en contraparte con lo exacto que era como shinobi.

Cuanto más leía Itachi más se horrorizaba de que Jiraiya hubiera puesto su vida a la venta y más se deprimía de que el mundo entero tuviera esa idea de él, como un apuesto lejano que en realidad no terminaba de existir en el mundo, un hombre cuyas relaciones sociales eran de cero.

Y entonces aparecía ella. En el libro Jiraiya la llamaba "Hima", una educada, tímida y encantadora jovencita… una jovencita ciega. A Itachi el corazón le martilló demasiado fuerte cuando comprendió que al ser ciega los ojos de aquella joven eran nublados… igual que los de Hinata…

Si Hiashi Hyuuga leía ese libro iba a matarlo, todo el mundo pensaría que era un pedófilo o algo igual de abominable. No, no. En el libro Hima tenía dieciséis años y él 21, no era tan grave, pero… ¡hasta las edades coincidían!, además, para su profundo bochorno, Hima se había desarrollado tal como Hinata lo había hecho, con una figura que cualquier hombre admiraría.

En el libro poco a poco Taichi iba cayendo por la dulzura y la timidez de Hima, siendo envuelto por ella sin ser siquiera consciente, por la chica ciega que a pesar de eso había logrado ver dentro de su corazón.

—¿Itachi-taichou? —Itachi levantó la cabeza culpable, por primera vez en su vida sintió que las mejillas se le coloreaban. En el quicio de su puerta Hinata se encontraba parada, llevaba una falda larga y un suéter azul que la hacían ver como la jovencita más adorable que hubiera conocido—. Mikoto-san me mandó llamarle para comer. —Era cierto, su madre había invitado a Hinata y a Naruto aquel día para comer como celebración por volver a reunirse.

—Gracias. —Itachi contestó de manera atropellada y en un acto furtivo escondió el libro debajo de la almohada. Ojala pudiera quemar todos los ejemplares existentes de ese Icha Icha Paradise, ojala le hubiera dicho a Jiraiya que no deseaba ser un modelo para sus personajes, ojala…

—¿Itachi-taichou? —Preocupada Hinata giró a verlo y solo hasta entonces Itachi notó que su cabello era hermoso y sedoso, que sus ojos eran como el reflejo de la luna y su rostro tenía una perfecta simetría que lo volvía encantador.

—No es nada. —Pero eso no significaba nada, porque era Itachi Uchiha, su capitán, y ella solo era una niña adorable que estaba bajo su cuidado—. ¿Nos vamos? —Y los dos caminaron juntos por el pasillo, Itachi intentando olvidar que por un momento aquel ridículo libro lo había atrapado.

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Notas de Okashira Janet: Capitulo arriba, gracias semana santa por darme un día libre.

Los lectores preguntan.

1 No, Shisui no le mando la carta a Itachi, solo la escribió, como él mismo aclara no tiene intención de mandarla, todas las ha escrito y las ha visto arder.

2 ¿Cuándo voy a actualizar? Buena pregunta, para empezar lamento decir que en Abril no vamos a tener actualización, la razón es porque me voy a Mordor, la tierra del sufrimiento y la oscuridad, así que voy a necesitar más que nunca que me manden sus buenas vibras para no morir en el intento. Ya saben, búsquenme en Facebook como Janet Gaspar y hagan feliz a un residente esclavizado.

3 Los niños tienen catorce años (y son unos vándalos, jaja).

A todos los que se pasaron por mi nueva historia de Wattpad "Gorda" quiero darles las gracias, es una historia boba que escribo para entretenerme y que no va a ser muy larga (espero cerrar un par de proyectos lo más pronto posible que el hospital no me da bola).

Y nada, besos, abrazos, apapachos y felices vacaciones.

29 de Marzo del 2018 Jueves