EQUIPO CUERVO
Capitulo 29: El vuelo de una mariposa
Por Okashira Janet
Sai tenía unos días libres.
"Fuera de rol" le habían avisado en la organización y por un momento se había quedado sin saber bien qué hacer. Antes, cuando era pequeño, no había días en los que tuviera que pensar por sí mismo, todo era entrenar y seguir órdenes. Pero a los doce años habían empezado las misiones como infiltrado en distintos equipos de la aldea, luego misiones de apoyo, misiones en solitario y al final a los catorce le habían asignado una habitación en el barracón de hombres y cuando no estaba de misión lo dejaban "fuera de rol".
Aquello había sido incomprensible la primera vez que había ocurrido, Sai se había quedado todo el día sentado en el colchón de la cama pensando que estaba haciendo algo mal, que se había equivocado, que lo estaban castigando. Luego un chico de unos tres cuartos a la distancia le había dicho que en realidad era un premio, muy pocos ninjas de Raíz lograban llegar a esa edad.
Sai no lo había pensado, pero era cierto, de sus múltiples compañeros en los años de enseñanza la mayoría había muerto en misión y había algunos que se iban de infiltrados a otras aldeas y nunca volvían a verlos. En el barracón de hombres solo había cuatro chicos que iban de los 14 a los 19 años, en el barracón de mujeres solo había una chica de quince años.
¿Y qué iba a hacer cuando estuviera fuera de rol?, el chico más grande le dijo que lo mejor sería que se inventara una personalidad, que tomara un personaje de algún comic e intentara imitarlo lo más posible, de ser posible que fuera un personaje secundario.
Sai no sabía lo que era un comic así que el chico le dejo unos cuantos, en general Sai no entendió nada de las relaciones que se retrataban, pero el dibujo llamó su atención, había trazos delicados y pinceladas fuertes, había artistas que llenaban todo de color y quienes pintaban en blanco y negro, había colores brillantes y mundos apagados.
Aquello le gustó.
Sai no sabía si antes le había gustado algo, es decir, no es que hubiera tiempo para gustos. Aunque lejanamente recordaba a un chico de cabello rubio que por alguna razón le hacía sentir diferente cuando estaba a su lado. ¿Eso sería gustar?, sí que recordaba su cabello dorado, en Raíz todo el cabello era negro, pero aquel chico tenía oro en la cabeza.
Sai empezó a pintar, no por hacer jutsus o estar en un combate, si no solo por el gusto de hacerlo. Sus días sin rol los pasaba en su cuarto, todo alrededor lleno de pintura y telas que ponía a al sol para que secaran.
Eran pinturas extrañas, oscuridad y dolor, soledad y demonios. Sai las pintaba así porque así salían de sus dedos y nadie en el barracón opinaba que fueran diferentes, como si todos ellos tuvieran metida la misma idea insistente en la cabeza.
En general Sai no salía del barracón, el líder les solía dar una cantidad semanal de dinero, pero fuera de la pintura, las armas y las telas Sai no tenía en qué gastarlo y solía acudir al comedor de Raíz así que tampoco es que fuera al exterior por comida.
Si le preguntaran por qué había salido en esa ocasión la verdad es que había sido una situación práctica. Necesitaba tinta para las pinturas y los jutsus y prefería elegir él mismo los botes porque así podía adquirir el tono exacto de negro, que no siempre era el mismo.
Konoha por las mañanas era un montón de gente bostezando, puestos que se abrían, chiquillos que corrían a la escuela y gente barriendo las entradas de sus negocios.
Y entonces la vio.
Saliendo del hospital, una chica rubia que corrió sin dejar de ver el reloj hasta llegar a la florería Yamanaka, en cuanto llegó aventó la mochila, se puso un delantal e inicio a barrer la entrada mientras sonreía a los que iban pasando y les pedía de manera coqueta que entraran a comprar flores.
Quién sabe por qué Sai la siguió, y más extraño aun fue cuando se escondió.
A veces hacía eso en una misión cuando encontraba a su objetivo, esconderse para poder analizarlo: fallas, posibles debilidades, potenciales… Pero aquella chica no era una misión y aun así la analizó de pies a cabeza.
Era una ninja.
Aquello lo desconcertó un poco, pero no podía equivocarse, los músculos de los brazos, las piernas torneadas, los callos en los dedos… a primera vista uno no lo notaba porque tenía la sonrisa de las personas que no matan. Pero Sai no se equivocaba en esto, aquella chica era una kunnoichi.
Su cabello era largo y dorado, le recordó otro cabello dorado, otra persona que le hacía sentir diferente. También sus ojos eran distintos, pero los de esta chica eran celestes, como los de un cielo en una mañana de verano.
La chica hizo más cosas, terminó de barrer, regó su banqueta, vendió algunas flores, luego llegó una mujer más grande que ella y la chica se quejó porque tenía que estar estudiando en lugar de cuidar de la tienda. Al final se fue con un gran menear de caderas y pisadas fuertes contra el suelo.
Sai la siguió.
Quién sabe por qué.
La siguió hasta que entró a su casa y luego se fue por sus pinturas, pero cuando pidió el bote negro mate, el negro metálico y el negro tono 2, por alguna razón, también pidió un amarillo.
…..
…
..
.
Seguir a una persona para un miembro de Raíz era sumamente fácil, la chica nunca se dio cuenta y Sai, sin preguntárselo, sin cuestionarlo y sin pensar si estaba mal, volvió aquello su nueva vida cuando estaba fuera de rol.
A veces durante una misión pensaba en volver a Konoha para verla. Aquello nunca había pasado antes, es decir, antes sabía que podría morir en cualquier misión que le pusieran, estaba preparado para eso. Pero ahora sentía que sería una pena morirse, sentía que quería regresar para verla.
Ahora sabía (porque había investigado) que ella era una discípula de la sannin Tsunade, que trabajaba en el hospital y que era bastante buena sin llegar a ser extraordinaria. Sabía también que los hombres del hospital estaban locos por ella.
Decían cosas como que "estaba buenísima", "era súper sexy" y que "la esperarían para cuando creciera un poco más". Así Sai se enteró que eran de la misma edad (más o menos tampoco estaba muy seguro de su edad).
A veces se infiltraba en el hospital y la seguía en sus labores diarios, en ocasiones se quedaba fuera y la veía por las ventanas, cada vez ella salía menos del hospital y seguirla era más difícil, pero eso le gustaba, siempre había sido buen espía.
Aunque hubo un ninja que lo notó desde el primer momento: Itachi Uchiha.
Un día, así sin más, se paró frente a él y le preguntó qué estaba haciendo.
―Observando. ―Sai había sido sincero e Itachi lo había visto con una mirada muy extraña, la misma que ponían en los comics para cuando alguien sentía lastima por otra persona. Itachi lo había sacado del hospital diciendo que no podía ir por ahí viendo a los pacientes, que aquello iba contra su privacidad.
―No me interesa ver a los pacientes. ―Sai contestó con sencillez y entonces Itachi lo vio de una manera más rara aun, pero no era lastima y aunque los dos se esforzaron muchísimo en descifrar al otro al final se rindieron.
―Eres de Raíz. ―Itachi afirmó, como si conociera absolutamente todo de él―. Y no sabes relacionarte ni sentir.
―Sí. ―Sai solo afirmó lo obvio.
―Yo también fui un ANBU, tampoco soy bueno en eso. ―Itachi respiró hondo, a Sai esta conversación no le hacía sentido.
―Creo que no puedes ir por ahí solo viendo, debes hablarle.
―¿Para qué? ―Sai lo miró con aquellos enormes ojos negros e Itachi deseó que estuviera ahí Hinata.
―Es importante.
―No entiendo.
―Así formaras un lazo. ―Itachi intentó que su voz fuera clara―. Un lazo es importante para las personas fuera de Raíz. ―Era probable que Sai no entendiera aquellos conceptos, tenía que ponerlo en palabras que a él le hicieran sentido.
―¿Debo hablarle?
―Imagínatelo como una misión para poder encajar en éste mundo exterior. ¿Te dijeron lo de los libros?
―Me dieron comics. ―Sai entendió, Itachi Uchiha era como él, un guía en el mundo exterior.
―¿Ya elegiste tu personalidad?
―Sí. ―Sai replicó―. Personaje secundario, sin diálogos, apoyo visual en el fondo.
―Bueno, intenta cambiar a uno que tenga unos cuantos diálogos. ―Itachi sonrío, fue muy, muy leve, imperceptible para alguien normal pero no para un chico de Raíz. Itachi Uchiha podía hacer esa sonrisa en el momento necesario lo que quería decir que estaba infiltrado correctamente en el mundo exterior.
―Entiendo. ―Así que elegiría a un personaje con unos cuantos diálogos.
….
La práctica hace al maestro. Eso decía Danzou-sama cuando los visitaba en los ejercicios. Así que Sai practicó un poco frente al espejo, otro poco frente a objetos inanimados y finalmente practicó frente a uno de sus compañeros del barracón, aunque su compañero no sabía si lo hacía bien o mal así que no sirvió de mucho.
Finalmente caminó y esperó en el camino que separaba el hospital de la casa de la chica (se había grabado los horarios y el camino, aunque ella en general no tenía un horario fijo).
Esperó repasando sus líneas hasta que se hizo de noche y la observó avanzar cabizbaja, con la mochila al hombro, la espalda que siempre mantenía recta encorvada, los pies arrastrando la parte delantera lentamente contra el asfalto en lugar de su andar vivo con movimiento de cadera incluido.
Se suponía que iba a decir "buenas noches", así iba a empezar el dialogo, así lo había ensayado y repasado, pero para su completa consternación lo que salió de su boca fue:
—¿Estás bien? —Aquella pregunta la hacía el protagonista a la coprotagonista en la página 40, aquella pregunta intempestiva no le pertenecía al personaje secundario con pocos diálogos. Ella levantó la mirada con premura ante su voz, Sai vio sus labios resecos por falta de agua, las pupilas rojizas por falta de sueño.
—Sí. —Y sin embargo contestó inmediatamente, como lo habría hecho cualquier protagonista fuerte de un comic.
—No lo parece. —Se preguntó si quien hablaba era él u otra persona, se preguntó de cuando a la fecha era capaz de cuestionar a alguien, el dialogo que había ensayado no era así, aquella frase era del protagonista, pagina 80, cuestionando a un amigo que intentaba engañarlo.
—No parece que tú estés bien tampoco. —Ella contestó con fiereza, eso tampoco estaba en el guion, las chicas eran suaves, dispuestas a dejarse consolar o cuidar por los hombres, esta chica tenía el cuerpo cansado pero los ojos llameantes de vida; ojos que lo recorrieron en segundos, que lo analizaron con descaro y por un momento Sai sintió que algo dentro de él punzaba.
—Estoy bien. —Contestó con voz monótona para recuperar la situación, sentía que había algo diferente dentro de él, algo que no había estado ahí nunca antes.
—Yo también lo estoy. —Ella arqueó ambas cejas, Sai ya no entendió muy bien de qué estaban hablando—. ¿Quién eres? —La rubia cuestionó achicando ligeramente los ojos.
—¿Yo? —En los ojos de él brilló un repentino titubeo, sí, los personajes de comic tenían nombre, pero justo ahora no se acordaba de cómo se llamaba el personaje secundario que había decidido seguir.
—Me preguntaste si estaba bien. —Ella levantó ligeramente la barbilla, pero Sai no entendía muy bien el contexto de la frase, si acaso era una afirmación, un reto o algo que se le escapaba.
—No te veías bien. —Sai contestó lentamente, era cierto, él se había equivocado al seguir los diálogos, había arruinado la misión de encajar en el mundo exterior y echado a perder el plan—. Me marcho. —Sin darle oportunidad para replicar realizó una cortes reverencia y dio media vuelta. Su primera misión del mundo exterior había sido un total fracaso, pero por alguna razón sentía que no todo estaba perdido, que ese lazo que había dicho Itachi Uchiha (fuera lo que fuera) había empezado a formarse.
….
Sai soñó esa noche. Era raro que soñara, de hecho, no recordaba cuando lo había hecho la última vez, pero soñó o tal vez recordó al chico de cabello rubio de Raíz.
Naruto.
Se llamaba Naruto, tenía un nombre, eso lo hacía diferente en la organización. Él, Sasuke y Hinata tenían nombres y por alguna razón no se los quitaron.
En aquel entonces Naruto había dicho que brindarían y tendría un nombre y él había pensado en Sai.
¿Sai era un nombre?, no recordaba de dónde había sacado esa idea, tenía la lejana sensación de que alguien lo había llamado así para una misión, pero no estaba seguro.
Ahora que ella le había pedido su nombre se preguntaba si podría usarlo.
Esperó que Itachi Uchiha regresara y le preguntó si Sai era un nombre y si podía usarlo, Itachi volvió a hacer eso, ese movimiento de cara y labios que parecía una sonrisa en el momento preciso y le dijo que aquella noche el equipo cuervo iría a un bar de muy mala muerte, que los buscara y que brindaran por su nuevo nombre.
Como había dicho Naruto.
Así que Sai fue a la hora y lugar que le había dicho Itachi, brindaron por su nuevo nombre y decidió que lo del sake no iba a ser algo que pudiera superar en su misión como infiltrado del exterior.
Pasaron un par de días, Sai fue a varias misiones cortas, volvieron a ponerlo fuera de rol y luego se enteró que el equipo de ella y el equipo Cuervo se enfrentarían a los Akatsuki, por primera vez en toda su vida fue con el líder de escuadrón y le preguntó si podía ir a esa misión.
Le dijeron que no.
Lo cuestionaron mucho acerca de sus razones para querer ir.
Sai supo que aquello había sido un error, un ANBU no debía sentir nada, no debía tener deseo por nada, no debía tener aspiraciones ni pensamientos propios.
Dijo que era porque quería probar una técnica nueva con el enemigo, nada más. Dejaron de hacer preguntas.
Sai supo que tenía que ser cuidadoso, de ahora en adelante y con aquello que Itachi había dicho que se llamaba lazo.
Muy temprano en la mañana espero a que ella saliera a su misión, ya no ensayó los diálogos, de todas maneras, ella hacía que se equivocara al decirlos. La vio salir de casa con aquel cabello dorado que vibraba en el viento y pensó que había sido muy tonto comparar aquel color con el cabello de Naruto, no se parecían en nada.
Le cortó el paso, enderezó la espalda y la miró lo más intensamente que pudo con la esperanza de que ella iniciara el dialogo en esta ocasión.
—¿Se te ofrece algo? —Ella encogió un poco los hombros, ¿miedo?, Sai aún no era muy bueno descifrando ese lenguaje no verbal.
—Sai. ―Intentó decir su nombre fuerte y claro.
—¿Sai? ―Pero al parecer ella no lo entendió.
—Me llamo Sai. —En los ojos de ella brillo el reconocimiento.
—Yo me llamo Ino.
—Ino… —Él repitió, sin acabar de creer que el dialogo hubiera funcionado y ella le hubiera dicho su nombre. Página 73, tomo 3, el protagonista ya sabe el nombre de ella, pero ella por fin se lo dice de su propia boca.
—¿Se te ofrece algo? —Le sorprendió que ella continuara hablando, no recordaba que seguía en el dialogo.
—No. ―Ya había avanzado, se habían presentado mutuamente.
—Hum… bueno… —Ella lució insegura, que raro, ella no era así normalmente—. Me voy de misión ahora así que…
—Buen viaje. —Eso sí que lo había estudiado—. Eso debe decirse cuando alguien se marcha.
—Eh… sí… Bueno adiós. —Ino se despidió torpemente con la mano, dio media vuelta y echó a andar, ¡que increíble!, aquel movimiento con la mano era un saludo de despedida que no se hacía a los desconocidos, era porque ahora ambos sabían el nombre del otro. Sai siguió viéndola, analizando su ropa y su equipamiento ninja, preguntándose si iba preparada adecuadamente para esa misión. De pronto ella giró a verlo de reojo, pero al ver que todavía la observaba dio un bote y siguió caminando cada vez más rápido.
Sai sintió algo extraño, ahí, en la boca del estómago.
Los días que siguieron Sai pintó mucho.
Cuadros oscuros y deprimentes.
Monstruos sin boca.
Demonios con ojos negros e inexpresivos.
Pero siempre, siempre, siempre, una chispita amarilla en la esquina superior derecha, como una lucecita tintineante.
Sus compañeros de barracón le preguntaron qué significaba la manchita.
―Ino.
―¿Qué es Ino?
―Es una persona. ―El líder supo que Sai, uno de sus mejores miembros en encubierto tenía una chispita amarilla que se llamaba Ino. Por supuesto que sabía quién era aquella lucecita.
Ino Yamanaka, la joven promesa de los Yamanaka, un clan reconocido, una estudiante de Tsunade, una promesa del control mental. Así que le dieron permiso para seguir con la chispa amarilla.
Sai compró más botes de pintura amarillos.
El día que el equipo Cuervo y el siete volvieron Sai había decidido que era hora de un nuevo dialogo, ya no tenía caso intentar hacer el dialogo del personaje secundario, por alguna razón con ella siempre le robaba las frases al protagonista.
Así que espero con una flor cerca de la entrada a la aldea. Al encuentro también fue Sasuke Uchiha quien le tiró la flor, le dijo que pensar en chicas iba a hacer que perdiera sus habilidades ninja y que de todas formas Ino iba a pensar que era súper raro si le daba una flor de la nada.
Qué raro, en los comics a las chicas les gustaba que les dieran flores de la nada.
Sasuke dijo que él le iba a prestar libros de verdad en lugar de comics ridículos con tramas románticas.
De cualquier forma Ino no era un romance, era su misión para el exterior, su lazo, eso había dicho Uchiha Itachi.
―No le hagas mucho caso a Itachi. ―Sasuke resopló―. Él tampoco es que sepa mucho de esas cosas. ―Pero no es como si Sai quisiera ser como todos los demás, solo quería ser capaz de sonreír como lo hacía Itachi, sin pensar si debía hacerlo, solo haciéndolo, era difícil de explicar.
Finalmente, ambos equipos cruzaron la entrada de la aldea cargando pedazos de un cadáver que aún se movía y hablaba (era tan extraordinario que algunas personas en la aldea se desmayaron). Sasuke fue enseguida y acaparó la atención de Naruto y Hinata, Itachi y Kakashi anunciaron que irían a entregar su informe. Los miembros del equipo siete echaron a andar juntos, Sai los siguió, esperando el momento en que se separaran.
―¿Quién de las dos tiene un nuevo admirador? ―Shikamaru preguntó con hastío girando levemente la vista atrás donde el chico las seguía.
―Creo que es mío. ―Ino comentó con un deje de angustia.
―¿Quieres que me deshaga de él por ti? ―Sakura tronó un puño.
―¿No te da pena matar las ilusiones de un hombre? ―Shikamaru refunfuño y volvió a girar la vista atrás, el chico que las seguía no tenía ninguna expresión en el rostro, casi como un perro que sigue a su objetivo―. Oye Ino… ―dubitativo se rascó la oreja―. Éste se ve raro.
―¿Verdad que sí? ―Ino intentó no mirarlo―. Habla muy extraño.
―Y no recuerdo haberlo visto en la aldea… ―Shikamaru entrecerró los ojos.
―¿Conoces a todos en la aldea? ―Sakura arqueó ambas cejas.
―Por lo menos a todos los extravagantes. ―Shikamaru finalmente se detuvo y encaró a Sai con ambas manos en la cadera y un suspiro de resignación―. ¿Se te ofrece algo?
―Quiero hablar con Ino. ―Sai contestó con simpleza.
―¿Qué necesitas? ―Ino tomó a Shikamaru del brazo y se escondió parcialmente detrás de él, aunque lo cierto es que no necesitaba protección de ningún tipo, eso sí que lo había visto en un comic.
―Felicidades por volver sana y salva de tu misión. ―Sai bajó levemente la cabeza, luego la miró fijo a los ojos, se suponía que ahí debía darle la flor y decirle que era muy bonita, pero Sasuke se la había tirado.
―Oh. ―Los ojos de Ino se iluminaron, Sai nunca había visto eso, sin poder controlarlo la boca se le entreabrió―. ¡Gracias! ―Era el dorado más brillante que había visto en su vida y algo latió fuerte en su estómago.
―No le des falsas esperanzas. ―Shikamaru la separó de su brazo de malos modos y luego la empujó para que siguiera caminando con Sakura, las dos chicas se alejaron entre risitas―. Como se ve que eres muy formal te voy a decir esto. ―Shikamaru resopló―. No te conviene fijarte en una de las chicas de mi equipo.
―¿Ya tienen lazos contigo?
―¿Qué?, ¡no! ―Shikamaru se veía entre aturdido y molesto, Sai realmente no entendía las expresiones de su cara―. Están locas.
―No me ha parecido en ningún momento que Yamanaka Ino padezca de sus facultades mentales. ―Sai frunció el ceño, ¿era acaso que Shikamaru intentaba alejarlo de su chispa amarilla por razones personales?
―Oye… ―Shikamaru lo observo fijo―. ¿Eres un ANBU verdad? ―Sai parpadeó.
―Me llamo Sai.
―No te pregunte tu nombre. ―Shikamaru suspiró―. ¿Eres de Raíz verdad?
―Soy Sai.
―Lo que faltaba. ―Shikamaru le puso una mano sobre el hombro―. La vas a tener difícil, buena suerte. ―Luego se fue. Sai se preguntó si toda aquella conversación había tenido algún sentido, no había entendido nada.
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Los días que el Equipo Cuervo había estado de misión sin él Sasuke había estado recluido en casa. Se suponía que estaba muerto y había una especie de ritual que tenía aquel Akatsuki que quizás podría matarlo en cualquier instante.
Sasuke tenía la inquietud de morir sin poder hacer nada al respecto. Pero Itachi había sido, por una vez, completamente inflexible al respecto: iba a quedarse.
Quizás era porque Itachi le había salvado la vida, Hinata y Naruto se lo habían contado, que su hermano había estado dos semanas a su lado para jalarlo desde el mundo de los muertos.
Le debía la vida a Itachi.
Hasta daba un poco de gracia. Itachi era más inteligente, más capaz, más fuerte y ahora incluso le debía la vida, como si su sombra creciera hasta cubrirlo todo.
A lo mejor verlo como un perro herido y moribundo había cambiado algo en Itachi también, Naruto había dicho con irritación que él había sido el único en llorar a moco tendido, que Itachi se había mantenido serio y eficiente y Hinata tenía los ojos tan secos que parecía que no lo quería nadita.
Sí, bueno, Hinata de por sí era rara.
Aunque el hecho de que no lagrimeara ni poquito lo cabreaba, ¿no había él despertado el sharingan cuando había creído que Gaara la había lastimado?, aunque bueno, Hinata había activado el sello maldito, quizás su cariño era así, un cariño de acciones.
Como sea, después de salvarle la vida Itachi le había ordenado quedarse en casa y Sasuke no era tan tonto como para replicar una orden a la persona que lo había traído desde el inframundo.
¿Deberle la vida a Itachi?, ya podían ir haciendo un club, sabía que el entretenimiento de su hermano era ir al hospital y salvarle la vida a los que llegaban al área de urgencias, ¿cómo sería salvarle la vida a alguien?, ¿era agradable o daba miedo?, seguro Itachi no lo veía así, Itachi lo veía como su deber, Itachi no veía las vidas que salvaba, solo veía las vidas que perdía.
Y por eso ahora él estaba ahí, encerrado en casa.
Ya que su madre ahora era una líder de clan y hacía un montón de cosas de madre-líder-del-clan Sasuke se encontraba más bien solo.
Los primeros días leyó libros de historia shinobi, sobre todo textos de su padre que hablaban de la historia de los Uchiha y la fundación de Konoha, en general eran escritos que ensalzaban a los Uchiha y con un marcado resentimiento a quienes no los habían favorecido. Sasuke no sentía eco por aquellas palabras.
Después de todo era cierto que Madara Uchiha había pertenecido a su clan y cualquier otra persona tendría miedo de sus ojos que podían manipular las mentes. Sasuke leyó que había personas que incluso metían en genjutsu a la persona que les gustaba y así uno nunca podía saber si el gusto fue genuino o implantado en la mente del otro.
Por eso y muchas otras razones los Uchiha solo se casaban entre Uchihas.
Se suponía que era para mantener la línea sucesoria, pero Sasuke no estaba tan seguro de la efectividad de aquello, los libros de genética decían que cuando la sangre seguía uniéndose a su misma sangre lo más probable es que los genes recesivos hicieran su aparición provocando descendientes débiles.
¿Es que nadie leía libros de medicina?, bueno, él tampoco lo había hecho hasta ahora que Itachi tenía su habitación llena de ellos y se había tirado a leer un poco. Sin nada importante que hacer empezó a hacer anotaciones y al final empezó a interesarse en serio.
―¿Sasuke? ―Su madre llegó como a las 9 de la noche, llevaba el cabello en una coleta alta y se veía cansada pero contenta.
―Okka-san. ―Sasuke salió a encontrarla con el cabello revuelto de no haberse peinado en todo el día, descalzo y con una hoja de papel garabateada en la mano.
―¿Comiste? ―Su madre arqueó una ceja, conocía a sus hijos y sobre todo conocía esa mirada desequilibrada que se les dibujaba en la cara cuando tenían un plan en mente.
―Tengo un plan para tu reinado. ―Sasuke declaró y Mikoto suspiró.
―No es un reinado.
―Nunca hemos sido muchos en el clan, por aquello de las guerras y que somos un clan guerrero. ―Aunque en los últimos años los habían recluido como policías de la aldea―. Y con lo que pasó… ―No tenían que mencionarlo, ambos sabían a lo que se refería―. Así que si seguimos con esa regla de solo casarnos entre nosotros vamos a tener problemas.
―¿Te gusta una niña de otro clan? ―Mikoto arqueó las cejas y por un momento sus ojos se abrieron grandes―. ¿Es Hinata-chan?
―¡Okka-san! ―Sasuke rodó los ojos con fastidio.
―Cariño, ―Mikoto le acarició la nuca―, Hinata-chan es…
―De Itachi. ―Ambos hablaron al tiempo, su madre con cariño y Sasuke con un bufido, luego los dos se rieron. Aquella era una broma entre los dos y seguro que si Itachi se enteraba se quedaría mudo de espanto, ni que decir de Hinata que con todo y entrenamiento seguro se desmayaba. Pero a lo largo de los años la única mujer de la que hablaba Itachi era de Hinata y en los últimos años sus ojos eran tan suaves al mencionarla que la broma empezó y no paró.
―De todas maneras, creo que ya no puedo boicotear más a Naruto. ―Sasuke negó con la cabeza.
―¡Sigue intentando!, ―Mikoto juntó las manos―, quiero a esa niña para tu hermano. ―Lo de boicotear a Naruto en teoría también era broma, pero a veces Sasuke se preguntaba si era broma o no, es decir, le fastidiaba pensar que Naruto y Hinata pudieran tener una relación y seguía empeñado en su idea de que el "amor" iba a arruinar sus habilidades ninja. No era mentira cuando declaraba que su equipo no necesitaba aquella clase de enredos. Pero a veces se preguntaba, muy en el fondo, si acaso todo aquello era porque sentía que la única oportunidad para ser feliz de Itachi era estar con Hinata.
Y siendo sinceros, ya le debía hasta la vida a Itachi, intentar dirigir a su hermano al sitio correcto parecía lo menos que podía hacer al respecto.
Aunque no es como que Naruto no la mereciera, de hecho, si veía atrás en el pasado era claro que Naruto la merecía más. ¿Y con quien iba a emparejar a Naruto si le quitaba a Hinata?, ninguna chica jamás en el mundo estaría al nivel de Hinata.
Y a todo eso, ¿por qué tenía que ser él quien decidiera aquello?, él no era ningún maldito casamentero y bien podía ser que Hinata terminara salvando a Neji y casándose con él, que en su tonto clan también existía esa ley de casarse entre ellos.
―¿Por qué frunces el ceño? ―Su madre le picó con el dedo entre las cejas―. Ya sabes que es broma.
―Pensaba tonterías. ―Sasuke respiró hondo para despejarse y luego recordó lo de su papel―. Hice una larga investigación y llegué a la conclusión de que el clan no puede seguir casándose entre sí.
―¿Qué? ―Mikoto caminó a la cocina sin prestarle mucha atención y él la siguió subiéndose al banco para poder picar y seguir hablando.
―Hice un árbol genealógico de todos los que quedamos y la gran mayoría estamos emparentados en algún grado.
―Ciertamente. ―Mikoto se puso un delantal.
―Además hay más mujeres que hombres… por aquello. ―Mikoto asintió con la cabeza, sin hablar, era un recuerdo doloroso.
―Entonces a menos que declaremos la poligamia o las mujeres terminen solteras toda su vida deberíamos aceptar las relaciones con personas fuera del clan.
―No es que exista una ley en contra propiamente. ―Mikoto empezó a cortas las verduras―. Pero el clan suele aislar a los que hacen eso.
―Habrá que fomentarlo. ―Sasuke le dio dos toques a su papel―. Si seguimos enlazándonos solo entre nosotros los genes recesivos empezaran a aparecer y tendremos una generación de Uchihas con problemas oculares… o cosas peores.
―¿Alguna idea? ―Mikoto sacó la carne, Sasuke aprovecho para comer jitomate ya picado y su madre le dio con la pala de madera en la palma.
―¡Au! ―Frunció el ceño, pero se le olvidó pronto―, podemos hacer reuniones amistosas con otros clanes.
―Eso va a ser muy difícil. ―Su madre suspiró, los Uchiha eran orgullosos, solitarios y recluidos, todo el mundo lo sabía.
―No lo será, ya lo pensé, iniciaremos con reuniones con los niños, los llevare a ver a Naruto, le diré que haga sus estúpidas técnicas ridículamente llamativas. Los niños hablarán en sus casas, se irán acostumbrando a la idea y luego continuare con los adolescentes. ―Sasuke le fue señalando a su madre el plan en el papel y Mikoto le pellizco un cachete.
―Tú también eres un adolescente.
―¿Y? ―Sasuke levantó los ojos.
―¿No deberías tú también relacionarte con chicas de otros clanes?
―Funcionaría bien como ejemplo. ―Sasuke pareció meditarlo y su madre le metió un pellizco.
―No quiero que salgas con una chica de otro clan para que los demás piensen que está bien, ¿no piensas en la pobre chica?
―Conozco a un par que entenderán. ―Sasuke se sobó el pellizco―. Son excelentes kunnoichis pero medio idiotas de amor por unos inútiles.
―Es bonito enamorarse. ―Mikoto le acarició el cabello―. Fue hermoso enamorarme de tu padre.
―Solo las mujeres pueden enamorarse así. ―Sasuke resopló, luego se lo pensó un poco―. Y quizás Naruto porque Hinata le lavo el cerebro con sus libros de niñas y ahora esta echado a perder.
―Tal vez tú debas leer unos cuantos libros de niñas. ―Mikoto suspiró y echó los vegetales y la carne al sarten, enseguida el olor de la cocina casera hizo que Sasuke suspirara―. Y también es hora de que aprendas a cocinar.
―¿Yo? ―Sasuke dio un brinco.
―Tú. ―Mikoto arqueó las dos cejas―. Si no vas a enamorarte de ninguna chica no esperes que una mujer te tenga comida hecha cuando llegues a casa.
―Eso sonó muy machista de tu parte. ―Sasuke anunció con retintín y su madre le aventó el trapo de la cocina a la cara.
―No es solo por eso, tu hermano lo intentó un par de veces, pero… ―Mikoto suspiró―. Es la única cosa en el mundo que Itachi no puede hacer.
―¿No puede? ―Enseguida Sasuke saltó emocionado.
―Así que vas a aprender tú. ―Mikoto lo señaló con la cuchara―. Tu misión es que tu hermano coma balanceado pase lo que pase. ―Sasuke se río, siempre era fácil reír con su madre cuando solo estaban ellos dos.
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Después de la misión contra Akatsuki Naruto entrenó, entrenó muchísimo porque un hombre que se parte en pedazos y sigue vivo era material de terror para sus pesadillas y porque no era tan fuerte como había creído que era.
Así que le pidió permiso a Itachi, que era su capitán, y por fin hizo el trato con los sapos para que lo llevaran a su mundo de sapos.
Aquello fue alucinante.
Todo en el mundo de sapos era para y por los sapos, lo malo es que la comida también era de sapos y a Naruto constantemente le dolía la panza.
Los sapos le contaron algunas cosas, cosas chiquitas pero extrañas, como que muy pocas personas habían estado ahí, que él era el más joven en ser invitado y que Jiraiya, había estado ahí antes, pero que la técnica no le había salido bien y no había alcanzado el modo sabio.
Ah, y que era su padrino.
¿Qué?, Naruto casi se convierte en sapo de la impresión cuando se lo dijeron, ¿es que nadie pensaba que aquello fuera impresionante?, ¿por qué Jiraiya no se lo había dicho nunca?, ¿y qué clase de padrino deja abandonado a su ahijado y se va por el mundo a espiar mujeres?, aunque ahora que lo pensaba, mejor que lo hubiera dejado abandonado, así había podido conocer a Itachi, Sasuke y Hinata.
¿Pero entonces Jiraiya sabía quiénes habían sido sus padres?, ¿por qué nunca le había dicho?, ¿era un secreto o algo así?, si los sapos sabían ellos tampoco le contaron nada.
En el camino de la serpiente Naruto había aprendido a absorber energía natural así que no fue difícil hacerlo, lo difícil era llegar a eso que los sapos llamaban "modo sabio" y es que había algo en su interior que se lo dificultaba, una voz rasposa que le decía que le diera más chakra, que se burlaba de él, que decía que presionara un poco más el sello y se liberaría.
Naruto, por supuesto, paraba de absorber energía cuando lo escuchaba.
Tanto él como los sapos estaban decaídos por aquello. El Kyuuby era un prisionero de lo más molesto, no lo dejaba avanzar pero tampoco le prestaba su fuerza. Simplemente lo retenía.
Estaba sentado sobre uno de esos enormes maderos que servían para meditar cuando uno de los sapos le llevó un pergamino y tuvo que detener su entrenamiento para leer el contenido: habían capturado al bijuu de cuatro colas.
Aquello lo dejo inestable, no quería pensar mucho en eso pero en ocasiones sentía que era como una presa, un conejo que corre intentado que el cazador no le de alcance.
No quería ser un conejo.
No quería tener miedo.
Así que entrenó más y más duro, aunque siempre con un límite, ese que ponía el Kyuuby cuando le decía entusiasmado que un poco más y se rompería el sello.
Naruto entrenó tanto que cuando un día miró el calendario se dio cuenta con estupor que ya había pasado su cumpleaños, había cumplido quince años y no se había enterado, para colmo seguro que había cenado caracoles y hojas ese día también. Le dio la risa. Luego se miró en el espejo a ver si algo había cambiado y se veía más inteligente, más fuerte o más guapo.
Le pareció que se veía más fuerte pero no sabía si había avanzado en inteligencia y solo una chica le podía decir si se veía guapo, pero claro, Hinata jamás se lo diría. Aunque tampoco es que él pudiera decirle que se veía guapa, y eso que muy seguido pensaba que se veía guapa.
Claro, si hubiera expresado sus pensamientos Sasuke lo hubiera matado y Hinata haría eso de encerrarse en sí misma como un caracol, pero la verdad Naruto pensaba que Hinata era guapa. Lo había pensado cuando a los doce años había aparecido con el traje de combate de los Hyuuga y el cabello perfectamente liso enmarcando su rostro.
Lo había pensado cuando después de estar dos años separados se la había encontrado en la casita del árbol y desde entonces lo había pensado cada vez más seguido. A veces estaban entrenando o caminando o conversando y giraba a verla y le parecía tan guapa que hubiera podido quedarse viéndola con la boca abierta.
Sasuke, por supuesto, lo habría golpeado así que prefería girar la mirada. Antes cuando eran niños Hinata era linda como un cachorro, pero ahora a veces le saltaba algo en el estómago cuando la veía. Y sí por error veía partes de su cuerpo que normalmente no veía como su estómago (cuando se le alzaba la chamarra) o su busto (que era imposible no ver cuando no llevaba chamarra) tenía que girar la mirada porque sentía que se ponía tonto.
Es decir, más de lo normal.
Y Naruto no era idiota, había leído suficientes libros para saber que le gustaba Hinata, no como te gustan los amigos, le gustaba como en los libros se gustaban los chicos que iban a terminar juntos.
Como los novios.
Aunque Sasuke nunca, nunca, nunca lo permitiría.
A veces Naruto se preguntaba si a Sasuke no le gustaba Hinata en modo represión, pero luego veía como la regañaba y se decía que no, si a Sasuke le hubiera gustado Hinata como a él no haría cosas como darle un zape porque se le había salido un tartamudeo.
Quien había cambiado lentamente y con el paso del tiempo su relación con Hinata era Itachi, Naruto siempre lo había visto como un hermano mayor/maestro/capitán/padre, pero luego lo habían alcanzado en musculatura y altura y ahora Naruto encontraba que Itachi era un poco más bajo que él, bastante más delgado que él y ya no parecía tan grande como cuando eran niños, de hecho Naruto a veces lo veía tan joven que le daba alarma habérsele colgado como un chango cuando era pequeño, casi como buscando una madre sustituta.
A lo mejor Itachi había sido su mamá postiza.
Algo así.
Ahora bien, llevaba un tiempo que Itachi era muy, pero que muy suave con Hinata y se notaba bastante que quería hablarle pero que no sabía bien cómo y volvía a usar la voz de capitán que hacía que Hinata se pusiera tiesa y Sasuke rodara los ojos.
¿A Itachi también le gustaría Hinata?, Naruto quería preguntarle, pero estaba casi seguro de que Itachi tampoco lo sabía, Itachi para esas cosas era más tonto que él.
De todas maneras, lo importante en todo el asunto era a quién le gustaba Hinata, ¿le gustaría alguien?, Naruto la había estado observando, pero no tenía ninguna pista, Hinata era tan amable con todo mundo que no había distinciones así que si le gustaba alguien no había manera de saberlo.
Mejor así, Naruto no estaba listo para saber quién le gustaba a Hinata, y no estaba listo para decirle que ella le gustaba porque quizás Sasuke tenía razón y arruinaría todo.
Esa noche soñó que Hinata estaba sentada muy cerca de él, que le tocaba la pierna y sentía que el corazón le latía tan fuerte que le iba a reventar el pecho, soñó que se besaban, soñó que el estómago se le retorcía.
Cuando despertó tenía una erección y escondido bajo las sabanas se dio apoyo con la mano hasta que su espalda se arqueó y apretó los labios para no emitir sonido. Se sintió un poquito culpable unos momentos, pero luego recordó que Hinata no era su hermana, que nunca había sido su hermana ni sería su hermana, y dio gracias por eso.
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El día de su cumpleaños número quince Hinata se despertó con la noticia de que los Akatsuki habían atrapado al bijuu de 5 colas. Enseguida se sintió inestable y apretó sus dedos unos contra los otros cerrando los ojos y pidiendo porque nunca atraparan a Naruto a Gaara y a Karin.
Hacía tiempo que no veía a Naruto, no habían podido pasar su cumpleaños juntos porque había estado entrenando con sus sapos y eso la apenaba. También ella había estado ocupada; entrenando con los lobos, entrenando las técnicas de su clan y entrenando con el sello maldito.
Había descubierto que el sello tenía tres grados para activarse, podía manejarse en el uno, tenía problemas con el dos, y el tres simplemente había estado a punto de matarla. No le gustaba el sello y hubiera preferido retirarlo de su cuerpo, pero no había manera, por más que había estudiado y leído no había encontrado la manera de extraerlo.
Y era un incordio.
El sello le quitaba chakra incluso cuando estaba desactivado, para poder compensar Hinata debía estar constantemente absorbiendo energía de la naturaleza y para llevar a cabo semejante proeza en medio de un combate debía estar completamente concentrada y tranquila.
El prototipo de un Hyuuga.
Todas las mañanas entrenaba con Hanabi y a escondidas de su padre le había enseñado jutsus de agua ya que también ella era afín, era como una travesura, un secreto entre hermanas. De cualquier manera, las técnicas del clan eran lo principal y Hanabi era una kunnoichi asombrosa, Hinata estaba convencida que habría hecho un papel más importante en el equipo Cuervo de haber nacido en el momento correcto.
Pero estaba bien, junto con Konohamaru Hanabi era una de las gennin más talentosas y se decía que les adelantarían el examen para chunnin cuando les consiguieran un tercer integrante para su equipo.
En las tardes Hinata entrenaba con Sasuke y cada dos días se les unía Itachi, ahora que Sasuke y ella eran jounnin solían mandarlos en misiones como líderes de sus propios escuadrones, era muy raro que el equipo Cuervo fuera llamado para una misión en conjunto y menos desde que Naruto no estaba en la aldea.
Así que Itachi entrenaba las técnicas médicas, entrenaba con ellos, hacía sus misiones en solitario y apoyaba a su madre con el clan.
Y de pronto ya era el día de su cumpleaños número quince. Naruto había prometido que aquel día volvería sin falta y Hinata sentía que el corazón le saltaba al pensar que volvería a verlo. Aunque de tanta tensión no sabía si tendría tiempo para verlo y mucho menos para hablarle.
El cumpleaños número quince del heredero de los Hyuuga era todo un acontecimiento, era el día en que se anunciaba que había sido elegida como próxima heredera de su clan luego de que su padre se retirara, también era el día en el que formalmente debía presentarse a su protector y guardián.
Hinata solo reconocía a un guardián, solo reconocía a Neji y aquel día tendría que hacer públicas sus intenciones de traerlo de vuelta.
Estaba nerviosa.
Aquel evento no era solo un cumpleaños, era una ceremonia formal con múltiples espectadores y con invitados de otras aldeas.
Su primer paso como heredera futura del clan. Se sentía terriblemente nerviosa.
Como primer paso de aquel largo día se bañó con Hanabi en una tina llena de pétalos de rosas, todo se sentía demasiado para una chica que había pasado meses sin bañarse en el camino de la serpiente, pero aquello era tradición en su clan. Luego la llevaron a un salón donde pasaron tres horas maquillándola y peinándola. Hinata casi no reconocía la cara frente al espejo como si de pronto dejara de ser una niña y se volviera una mujer.
Era atemorizador.
Luego ropa, ropa, más ropa. Getas altas, aretes, joyas. Esta era la otra cara de su clan, el clan que representaba la elegancia y el orgullo de Konoha. El clan que se decía que movía unas cantidades inmensas de dinero pero que en su día a día vivía con pulcritud y humildad, como debían ser las cosas en la vida.
Así debía ser. Hinata observó a la mujer que le regresó la mirada en el espejo, nunca había tenido la piel tan blanca y las mejillas tan rosas, todo era pintura, todo era engaño, o quizás no. Lo único que la consolaba era ver como Hanabi pasaba por el mismo proceso a su lado, el papel de Hanabi era el de "repuesto", el repuesto de la heredera por si Hinata fallecía en una misión, sería libre hasta que Hinata tuviera a su primer hijo, luego la sellarían.
Hinata se había jurado a sí misma que antes de tener a su primer hijo lograría que esa ridícula ley de su clan cayera.
Cuando por fin terminaron con ellas ambas hermanas tenían hambre, pero el estómago tan apretado que era seguro que nada entraría por su boca. Hinata notó que sus dedos se esforzaban por no temblar y respiró hondo.
Regla de raíz, un ninja no siente miedo ante su destino.
Con seguridad le dio la mano a Hanabi y su hermana le dirigió una mirada tímida, Hanabi se veía tan pero tan hermosa que Hinata supo sin temor a equivocarse que la superaría en belleza en unos cuantos años, también supo que Konohamaru caería a sus pies en cuanto la viera, así tuvieran nueve años.
Se preguntó si acaso Naruto también se impresionaría al verla a ella, pero borró rápido el pensamiento porque no necesitaba más nervios y ansiedad en esos momentos.
Las hermanas esperaron en el salón adjunto al de ceremonias hasta que fuera su momento de aparecer, mientras tanto el salón se iba llenando y Hinata y Hanabi se tomaron de la mano todo el tiempo acompasando sus respiraciones para mantenerse serenas. Finalmente, el maestro de ceremonias empezó a hablar, agradeció a los presentes y anunció a Hiashi Hyuuga, el actual líder Hyuuga, hubo aplausos, Hinata tomó aire.
―Con ustedes Hinata Hyuuga, próxima heredera del clan Hyuuga. ―Hinata se puso de pie y salió.
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Hacía mucho tiempo que Itachi no se ponía sus mejores prendas tradicionales para asistir a un evento de tanto protocolo. A Naruto y a Sasuke les habían tenido que comprar ropa nueva pues habían crecido demasiado y Mikoto no se había quedado en paz hasta que había logrado que el cabello de los tres hombres se viera formal y relamido, incluso el cabello revoltoso de Naruto había sido correctamente alisado hacía atrás lo que provocaba que pareciera por lo menos cinco años mayor.
Aquello desconcertó a todos. Si Naruto se quedaba serio con las manos cruzadas al frente escondidas bajo las mangas su porte era el de un héroe, quitaba el aliento, claro que el efecto se perdía en cuanto echaba a reír y se notaba muy a las claras que tenía quince años.
Sasuke, como siempre, era un joven atractivo, pero tenía ese mohín en la cara de un adolescente demasiado consentido por su madre. Itachi se miró al espejo y pensó que no se parecía a su padre, su piel era más clara y su rostro no reflejaba nada, como un lienzo en blanco.
Su madre por otro lado se veía hermosa y Naruto, el más expresivo de los tres había sonreído con todos los dientes diciendo que "se ve súper elegante dattebayo", Sasuke enseguida se había enfurruñado y adoptado el modo de guardián de su madre. Itachi sabía lo celoso que era y se imaginó que su madre tendría problemas en caso de que algún día quisiera tener alguna relación afectuosa con un hombre, después de todo hacía tres años que su padre había muerto.
De cualquier manera, como hombre mayor en esa familia, le extendió el brazo a su madre y Sasuke y Naruto caminaron detrás de ellos, y si alguien se preguntó qué hacía una cabellera rubia en medio de los Uchiha nadie dijo nada al respecto.
En cuanto se flanqueaba el portal de los Hyuuga iniciaba el espectáculo: jardines hermosamente cuidados, senderos de postal, música instrumental y una cantidad inaudita de personas de la alta sociedad y de ninjas de máxima categoría.
Al pasar los cuatro se detuvieron para hacerle una reverencia con la cabeza al Hokage quien les contestó el gesto con formalidad, pese a que Naruto susurró: "Hola viejo". Itachi sí que lo observó más viejo, más cansado, más frágil con aquella ropa elegante que le hacía ver muy delgados los hombros.
Los grandes clanes tenían su representación en el líder actual y el futuro gran líder; estaban los Yamanaka, los Nara, los Aburame… y alrededor la guardia más eficaz de la aldea, los ANBU.
Itachi supuso que eso era lo que siempre había deseado su padre, la distinción de la aldea y las otras naciones ninja.
―¡Gaara! ―Naruto rompió filas (estuviera o no dentro del protocolo) y caminó con decisión hacía donde su amigo pelirrojo se encontraba unos pasos por detrás de su padre.
―Naruto. ―Gaara esbozo una sonrisa, se notaba a las leguas que la expresión facial no era lo suyo.
―¿Cómo has estado? ―Por la animación en la voz de Naruto las personas empezaron a girar hacía ellos.
―Bien. ―Aunque no se veía bien, las ojeras habían crecido en su rostro y parecía, pese a la lujosa ropa que llevaba encima, que hubiese acabado de salir de una pelea.
―Después de la ceremonia de Hinata-chan deberíamos charlar. ―Naruto sonrío, cuando Naruto sonreía de esa manera era inevitable que las personas giraran a verlo, Itachi había escuchado que su padre era así también. El rayo amarillo de Konoha. El inalcanzable Minato Namikaze.
Sasuke le gruñó por lo bajo a Naruto que dejara de hacer el tonto y volviera así que Naruto volvió, se puso en su lugar y siguió avanzando con seriedad detrás de ellos. Itachi se preguntó en qué momento había crecido tanto.
Los pasaron al enorme salón ceremonial donde tomaron asiento y les ofrecieron bebidas y comida. Itachi, inconscientemente, buscó posibles salidas de emergencia y potenciales enemigos, vio a Gai y a Kakashi como ninjas en activo vigilando los alrededores, también miembros de la rama secundaria de los Hyuuga.
Pocos minutos después la ceremonia inició, el primero en aparecer fue Hiashi Hyuuga: sobrio, elegante e imponente, aunque Hiashi Hyuuga era imponente incluso cuando solo llevaba la ropa de estar en casa. Lo recordó de hace casi diez años, cuando le había dicho que podía llevarse a Hinata para su equipo.
¿Sabría Hiashi algo que él no sabía en aquel tiempo?, ¿era cierto que él y su padre movían fichas de ajedrez que a su escasa edad Itachi no había visto pese a su marcada inteligencia?, parecía que Hiashi había ganado, estaba ahí, vivo, con su futura heredera, mientras su padre…
―Con ustedes Hinata Hyuuga, próxima heredera del clan Hyuuga. ―Anunciaron a Hinata y Sasuke levantó el cuello para ver, Naruto tamborileó sobre sus rodillas nervioso, su madre sonrió y él…
¿Era Hinata?, no podía ser Hinata, Hinata era una niña, es decir, ¿cuánto hacía desde que la hacía ovillo en su estómago para darle calor en el camino de la serpiente?, ¿cuánto había pasado desde que cantaban y se contaban cuentos antes de dormir?, no podía ser que fuera la misma niña que…
Sí, era la misma niña.
Itachi lo comprendió de pronto al verla avanzar firme y elegantemente hacía su padre sin distraerse con los suspiros del público en general. Hinata siempre había sido así, una niña hermosa (se lo había recalcado Shisui) que tenía unos movimientos corporales de lo más elegantes y que se fijaba metas y las cumplía.
Una parte de Itachi siempre había sabido que era una niña bonita, era solo que ahora el resto del mundo podía verlo también. Sintió algo extraño, como orgullo, pero también como aflicción y se encontró a sí mismo sin entender que era lo que pasaba dentro de él.
Su madre le tendió la mano por debajo de la tela de su vestido y él se la apretó, en su rostro no cambió ni un ápice su expresión, pero sabía que su madre sabía, con aquel sexto sentido que solo puede dar el tener una vida dentro de uno mismo.
Quiso preguntarle qué le estaba pasando y si aquello era lo que sentía un padre cuando su hija que siempre ha sido hermosa de pronto aparece en mitad de todo el mundo y declara con toda la fuerza de sus quince años que no hay nada más bello en el mundo que ella.
¿Eso estaría sintiendo Hiashi?, se concentró en la expresión del líder Hyuuga, pero como siempre aquel clan estaba vendado para sus ojos y sería irreflexivo activar el sharingan por algo así en aquella reunión, se desataría el caos y creerían que intentaba atacar al líder Hyuuga.
Después de Hinata llamaron a Hanabi, la niña era simplemente encantadora, tenía una expresión decidida en los ojos, pero un rostro tan bonito y tierno que las señoras de la reunión no pudieron evitar cuchichear que querían tener otra hija. Itachi notó que Konohamaru, el nieto del tercero, miraba al piso y se ponía tan rojo que incluso así se le notaban arder las orejas.
Pobre niño.
Solo entonces se le ocurrió mirar de reojo detrás de él, Sasuke tenía el ceño fruncido, como si pensara que todo aquel espectáculo fuera a darles problemas a futuro. Naruto tenía la mirada clavada en el suelo, estaba tan rojo que daba pena y aun así se le notaban arder las orejas.
Pobre hombre.
Itachi tuvo que detenerse cuando pensó aquello y se dio cuenta con estupor que ya no podía pensar en Naruto como un niño y que la angustia y el alborozo que ahora atacaban el corazón del rubio eran los sentimientos de un hombre.
Miro de nuevo al frente y su madre entrelazó los dedos con los de él, Itachi giró a verla y ella le sonrió fugazmente, quizás para su madre todos ellos eran solo niños jugando a entender su corazón.
…
Shino Aburame sabía perfectamente bien que no era un hombre sociable y que no tenía amigos humanos. Sí que tenía amigos insectos. Muchos amigos insectos. En su clan la despersonalización era algo que se fomentaba.
Los Aburame eran uno con el mundo que los rodeaba, con el entorno y la naturaleza. Ser depositarios vivos de insectos era la fortaleza de su clan, pero ser un niño pequeño y aguantar que aquellas patas corrieran arriba y abajo, que aquellos insectos se metieran bajo la piel podía llegar a ser un suplicio.
Había muchísimos niños del clan que no paraban de llorar.
Por eso era importante entender que un Aburame no era del todo una persona, no tenían amigos, tenían compañeros, la vida se la podían confiar a sus insectos y a cambio los cuidaban con su propio cuerpo, alimentándolos de su propio chakra.
De muy pequeño Shino nunca se había cuestionado aquello, a veces cuando veía el entrenamiento de los niños más pequeños de su clan se preguntaba si acaso él también habría llorado, si en algún momento de su vida los insectos le habían dado miedo. Ahora él y los insectos eran uno mismo y aquello estaba muy bien.
Luego en la academia no había mostrado sus insectos a los demás, no eran un espectáculo, eran sus amigos, la convivencia con ellos le bastaba. Pero cuando había terminado en un equipo con otros dos chicos aquello había empezado a ser difícil.
Inuzuka Kiba era revoltoso, animado, molesto y tenía un perro que al principio había intentado pisar los insectos con sus patas delanteras. Kiba había anunciado que él no le gustaba, así, como si pudieras ir y decirle a un compañero de trabajo de la nada que no te gustaba, el otro, Akimichi Chouji solo había comido más rápido la bolsa de papas.
Su jounnin sensei, Kurenai, les había tenido muchísima paciencia y había tenido que darles tutorías a los tres por separado, a Kiba para ser más amable, a Chouji para ser más decidido y a él para ser más abierto.
Había funcionado solo porque al final los tres habían terminado queriéndola; en el clan de Kiba todas las mujeres eran rudas y malhabladas, para él había sido una sorpresa que Kurenai le acariciara el cabello y le diera consejos maternales, así que Kiba no quería defraudar a su segunda madre.
Chouji era inseguro, pero igual que Kiba no quería defraudar a quienes creían en él.
Para Shino que alguien lo tratara como un humano ya era una novedad.
Sí, el amor de Kurenai más que el entrenamiento era lo que los había hecho un equipo funcional, aunque sí que era ruda en los entrenamientos.
Shino pensó, en aquel entonces, que podía ser un humano para Kiba, Chouji y Kurenai, nada más. Aquel pensamiento se reafirmó cuando descubrió que en la aldea solían evitarlos y hacer comentarios desagradables acerca de sus insectos.
―Insectos.
―Que asco.
―Huelen a podredumbre. ―Aquello no era cierto, pero Shino no replicaba.
Sobre todo las chicas, fuera de Kurenai, los insectos le daban asco a las chicas. Hasta que apareció ella: Hyuuga Hinata.
A pesar de que en un inicio parecía retraída y silenciosa como él Shino supo enseguida que estaba fuera de su liga, sus insectos sabían que la comparación de sus poderes era abismal, Hyuuga Hinata hubiera podido barrerlo sin demasiadas contemplaciones, pero aun así era amable.
Aquello lo descolocó, aunque no es que alguien se hubiese dado cuenta.
En el examen para chunnin iniciaron su camaradería (Shino no sabía de qué otra manera llamarlo) y desde entonces no había podido dejar de pensar en ella. Por supuesto, Kiba se había dado cuenta (porque tampoco es que Shino escondiera su interés) y había hecho berrinche diciendo que a él también le gustaba.
Kiba siempre quería el juguete que tenían los otros niños.
Aun recordaba cuando notó que Neji Hyuuga la veía con aquellos ojos de rencor y deseo, más deseo que rencor. Eran ojos peligrosos, ojos de un adulto no de un niño. Así que había decidido seguirlo y protegerla, no es como si pudiera protegerla cuando ella era más fuerte que él, claro. Pero había cosas que solo un Aburame podía hacer, así que puso insectos en ambos, aunque Kiba le dijo que eso era acosador y que nunca tendría novia si se comportaba como un demente.
Shino sabía que Hinata jamás sería su novia. Era cuestión de lógica. Solo quería protegerla de esos ojos y ya está.
La noche que despertó porque sus insectos le avisaron que Neji y Hinata escapaban de la aldea supo que podía ser un héroe inútil y seguirla solo o podía ser una persona racional y llamar a quienes si podían hacer algo al respecto.
Asi que llamó a Sasuke y a Naruto.
Porque era un hombre, sobre todo, racional. Y porque Hinata Hyuuga, la única chica que no se había mostrado asqueada ante sus insectos estaba en peligro, y él quería tenerla a salvo, solo eso.
El tiempo había pasado, Shino no había hecho de nuevo lo de poner insectos sobre ella, porque estaba mal y porque el soplón de Kiba le había dicho a Kurenai y habían tenido una seria charla acerca de privacidad y "qué bueno que sirvió, pero no vuelvas a hacerlo". Chouji, que para algunas cosas era bastante gentil, le había sugerido que fueran a visitarla en grupo para que no se sintiera personal y ella no se asustara.
Shino dijo que estaba bien, aunque sabía que no había manera. Hinata Hyuuga estaba en el lugar donde brillan los astros que quedan marcados en la historia, él no era nadie y estaba bien, las aldeas necesitaban a los nadie para estar seguras.
Y ahora estaba ahí, con su padre el líder del clan, con aquella ropa ceremonial que no combinaba con los lentes oscuros, pero no podía ser de otra manera si no querían que los demás invitados se pusieran a gritar, de su lado derecho el clan Inuzuka quienes jamás dirían que olían mal o que les daba asco porque gracias a su convivencia con los perros eran amantes de la naturaleza y eso sí que lo entendían.
Del lado izquierdo los Akimichi, porque Chouji era demasiado amable y le había explicado a todo el clan que Shino era su amigo y que los Aburame eran sorprendentes y al parecer todo su clan era igual de amable, porque estaban ahí, sonriendo.
Y al frente estaba la chica más bonita de todo el mundo que brillaba como una estrella y que lo había hecho sentir humano, pero sabía, muy bien que lo sabía, que era demasiado para él, en todo sentido.
La ceremonia formal acabó y todos pudieron salir al jardín, la noche empezaba a entrar y los padres hablaron con otros padres de política y de proyectos, de lazos ceremoniales y de alianzas. Los jóvenes también empezaron a juntarse en círculos, Naruto Uzumaki, con su increíble porte y su sonrisa brillante iba de un circulo a otro saludando a todos y siendo amable y chispeante como si aquella noche también fuera la suya. Los adultos cuchichearon que se rumoraba que lo estaban preparando para Hokage y algunos se cuestionaban si sería aquello adecuado sabiendo lo que llevaba dentro.
Al fondo Uchiha Itachi recibía uno tras otro a los hombres de política que hablaban con él de su clan, de su entrenamiento, del equipo Cuervo, de sus técnicas de medic-ninja, el rumor de que había logrado salvar de la muerte a su hermano se había extendido por todas las aldeas y ahora le pedían acudir para dar cursos y congresos a sus médicos ninja. Como siempre Itachi Uchiha era reservado, un tanto distante.
Sasuke Uchiha estaba, curiosamente, hablando con Ino Yamanaka y Haruno Sakura, la última había llegado acompañando a los Yamanaka y ciertamente había sido extraño ver una cabellera rosa entre tantas cabezas rubias, casi como en el caso de Naruto en el que su cabello dorado desentonaba entre tantas cabezas con cabello negro. Suponía que Hinata le había dado una invitación especial a ella por el hecho de ser su amiga, aunque quien sabe, se decía que Sakura Haruno estaba en pasos de ser una medic-ninja brillante.
Fuera lo que fuera lo que Sasuke intentaba decirles les estaba haciendo poner una cara muy rara y ambas negaban con la cabeza a lo que él ponía más énfasis a sus razones. Shino pudo ver que se formaban las palabras:
"Es por el bien de la aldea", "Deberían hacerlo por Konoha" y "ni siquiera tienen novio ni lo van a tener" ante lo cual ambas fruncieron tanto el ceño que si no intentaban golpearlo era solo por el sitio en el que estaban.
Luego, despacio, muy despacio, giró a ver a Hinata, ella estaba ahí, con la tenue luna empezando a salir en el cielo que resplandecía contra el oro de sus aretes, se imaginó que era una princesa o una diosa o algo igual de magnifico.
Kiba estaba alrededor de ella, como un gamberro sin educación diciendo cosas ridículas, pero ella no estaba prestando atención porque enseguida alguien importante le daba sus felicitaciones o una comitiva de otro país intentaba hablar con ella.
Shino se retuvo a sí mismo, Hinata y él no eran cercanos, podía contar con los dedos de las manos las conversaciones que habían tenido, ¿con qué fin se iba a acercar a ella si no era para felicitarla? Y luego de felicitarla debía irse y aun no estaba preparado para eso.
Respirando hondamente se dirigió a la mesa de bebidas sin alcohol, no había nadie ahí, los adolescentes robaban las bebidas con alcohol de sus padres para sentirse más mayores de lo que eran, pero Shino sabía que cada etapa de la vida tiene belleza. Se sirvió un vaso por sí mismo y de pronto el aroma de las violetas lo golpeó dejándolo inestable y giró en redondo para encontrar a Hinata a un lado de él.
―Buenas noches Shino-kun. ―Se veía más alta con las getas, pero por fortuna él seguía siendo más alto que ella y eso le pareció importante, quien sabe por qué.
―Buenas noches Hinata. ―No agrego honoríficos porque en general su clan hablaba así y ella pareció no tomárselo a mal.
―Estoy un poco aturdida. ―Hinata se pasó la mano delicadamente por el cabello―. Con tantas personas hablándome.
―Es lógico, ¿por qué?, ―Shino le extendió la bebida que había servido para sí mismo―, porque eres la protagonista principal de esta celebración.
―Supongo. ―Hinata recibió el vaso―. Me siento halagada, pero…
―Es un mundo extraño para un shinobi. ―Shino asintió con la cabeza y ella le sonrío, era tan hermosa cuando sonreía que le dolió un poco.
―Sí, creo que sí. ―Hinata dio un trago a la bebida y suspiró―. Tenía sed.
―De tanto hablar. ―Shino solo expuso lo obvio.
―Y me duelen los pies. ―Hinata sonrió con pena―. Hacía mucho que no llevaba unas getas tan altas por tanto tiempo.
―Tal vez puedas ir atrás. ―Shino señaló el pequeño jardín detrás de él―. Y descansar un poco, como tu camarada te cubriré.
―¿Tú crees? ―Hinata miró alrededor, por un momento parecía que nadie había notado que no estaba ahí, en medio de la reunión.
―Te ofrecería hacer un kage bunshin y que tomara tu forma, pero me veo incapacitado para lograr que se vea de la manera en la que te ves esta noche. ―Hinata lo miró fijo a los ojos, ojos de luna que miraban sus lentes oscuros, a Shino le pareció una eternidad y luego ella se río, risita de cascabeles en medio de la noche.
―Entiendo, prometo no tardar mucho, gracias Shino-kun. ―Se sujetó las pesadas telas del kimono ceremonial y las capas extra a la altura de las caderas y las levantó para que no arrastrara el fondo contra el escaso lodo y se internó en el pequeño jardín tras él.
Shino se quedó ahí, viendo al frente. Hinata había puesto el vaso sobre la mesa así que Shino lo tomó y bebió del mismo sitio donde ella había bebido. Recordó la manera en la que había reído ante su extraña manera de expresarse, una risa de aceptación y confianza.
No se había equivocado al enamorarse de Hyuuga Hinata, aunque aquello nunca pudiera ser, estaba seguro de no haberse equivocado. Abrió la palma de su mano y dejó que escapara de entre sus dedos una mariposa azul, tan extravagante y brillante que parecía el cielo al amanecer, el día que iniciaba.
El amor que siempre, siempre, siempre, sentiría por Hinata Hyuuga.
…..
Sasuke gruñó cuando tanto Ino como Sakura le dijeron que su plan estaba re tonto y que no iban a fingir ser sus novias porque para empezar tenía que decidirse por una y no hacer como que tenía dos novias que eso solo lo haría parecer un vividor.
Ino había sugerido que primero intentaran ser amigos que bien que recordaba cómo había retorcido su mente en el examen para chunnin y que para empezar ella le tenía miedo. Sakura había sido un blanco un poco más fácil porque la había conmovido con aquello de que era por el bien de los Uchiha y la aldea, de los lazos dentro de la sociedad y todo lo que se le había ocurrido para chantajearla.
Pero igual Sakura creía que fingir ser novios era demasiado y que por qué no iniciaban intentando parecer amigos.
Así que ahora tenía que intentar parecer amigo de dos chicas antes de parecer que estaba saliendo con una de ellas para que su tonto clan dejara de insistir en casarse solo entre ellos.
Sasuke gruñó de nuevo.
Maldita fuera la hora en que se le había ocurrido ayudar a su madre con las cosas del clan.
Mirando alrededor intentó localizar a Hinata, pero no la vio por ningún lado, de todas formas con tanta gente alrededor de ella tendría que comportarse con rectitud y honorabilidad cuando lo único que quería era decirle que le habían puesto tanto maquillaje que parecía una de esas muñecas de porcelana sin expresión.
Al fondo su madre estaba hablando con la líder del clan Inuzuka que aun con ropa formal parecía que podría lanzarle un mordisco a cualquiera, su madre se veía demasiado bonita, a Sasuke aquello no le gustaba demasiado.
De pronto apareció frente a él una mariposa azul, no de un tono de azul normal, era un azul eléctrico, casi resplandecía en la oscuridad, por alguna razón Sasuke se quedó hipnotizado viéndola, la observó agitar suavemente sus alas, elevarse en la oscuridad. Por un momento se sintió único en el mundo, contemplando un momento que la naturaleza le había otorgado solo a él. Y así como había aparecido desapareció en la noche.
Sasuke cerró los ojos y agitó la cabeza. Luego pensó en Naruto que tenía los ojos casi de ese color y que igual que la mariposa se le había desaparecido durante toda la noche. Miró alrededor pero no lo encontró así que empezó a caminar entre la gente asintiendo con la cabeza por aquí y por allá ante los saludos. Finalmente lo encontró dirigiéndose al jardín del fondo, parecía ligeramente intrigado.
―¡Naruto! ―Pero a Sasuke no le importaba lo más mínimo lo que lo estaba intrigando―. ¿Dónde diablos estabas? ―Le susurró por lo bajo y parecía que Naruto iba a contestar, pero no lo dejó ni agarrar aire―. Les ofrecí mi valiosa compañía como novio falso a la tonta Yamanaka y a la inútil Haruno y han dicho que no.
―¿Qué? ―A Naruto los ojos casi se le salieron de las orbitas.
―Dicen que eso no se hace, que es infantil y que primero debemos fingir ser amigos.
―¿Por qué no son amigos en vez de fingir? ―Naruto no pudo evitar la burla en sus palabras, como si Sasuke fuera muy, muy tonto―. ¿Y por qué quieres una novia falsa?, dijiste que el romance estaba fuera de discusión.
―Está fuera de discusión. ―Sasuke rodó los ojos―. Por eso tiene que ser falso.
―De verdad que no te entiendo. ―Naruto le pasó el brazo por los hombros y Sasuke gruñó mientras lo jalaba para contarle su intricado plan para que los Uchiha dejaran de ser unos necios juntando sus genes recesivos entre sí, de tan gracioso y ridículo que era todo Naruto olvidó por qué iba a ir al jardín trasero en un principio.
….
Hinata estaba cansada y un poco aturdida. Aquella ceremonia había sido la razón por la que había pasado horas y horas perfeccionando sus movimientos, tomando las clases de etiqueta, caminando con libros en la cabeza y realizando ejercicios de meditación.
"La princesa Hyuuga" la habían llamado y a ella casi se le había caído la cara de la vergüenza cada que le daban aquel apelativo. Ella no era esa muñeca sin expresión y mejillas anormalmente rosas de maquillaje, ella era una kunnoichi que uno podía ver por la aldea sucia de tierra y con el cabello húmedo de sudor.
Sentía que aquel día era una ilusión y la gente se burlaría de ella cuando la vieran con su ropa habitual y notaran que solo era una niña simple que sin la ropa y el maquillaje pasaba completamente desapercibida.
Se sentía como una impostora.
Los invitados habían alabado su belleza y distinción, pero Hinata sabía bien quien era y ella no era esa mujer elegante de mirada distante que se reflejaba en el agua.
Con un suspiro se sentó como pudo en una banca cuidando de no ensuciar su ropa y se sacó las getas, enseguida sintió como sus pies descansaban y soltó lentamente el aire que retenían sus pulmones, sus pies se colocaron grácilmente sobre el pasto y pensó que no quería volver a usar unas getas tan altas en todo el año.
Y luego lo vio.
Una luz blanca tintineó frente a ella, desapareció y tintineó más adelante, ¿qué era eso?, a Hinata el corazón le empezó a latir rápido, pero a pesar de que activó su Byakugan no observo enemigos ni chakras extraños ni nada más que aquella luz que por alguna razón la llamaba.
―Kuchiyose no jutsu. ―Soltó su vestimenta sin preocuparse más por si se ensuciaba y frente a ella apareció Kaoru, la loba la observó con ojos extasiados un segundo, pero casi al instante olfateó y giró la mirada hacía las luces, parecía atónita.
―Es el príncipe de la luna.
―¿Quién? ―Hinata frunció el ceño.
―El príncipe de la luna. ―Kaoru hizo una cabriola―. Reconozco su olor, le aullamos todas las lunas llenas, es él.
―Pe-pensé que era una leyenda. ―De la mortificación Hinata tartamudeó.
―Te está llamando. ―Los ojos de Kaoru estaban brillosos de la emoción.
―Tienes que cubrirme. ―Hinata sujetó a la loba por las orejas y juntó su frente a la suya, luego pronunció el jutsu, al instante Kaoru se transformó en ella, con las getas, el traje, el maquillaje, todo.
―¿Vamos a volver a jugar a ser humanos?
―Esta vez no es un juego. ―Hinata respiró hondo, solo Kaoru era tan prudente para aquella misión, además era con quien más había practicado―. Es mi ceremonia de quince años.
―Entiendo. ―La voz de Kaoru fue firme.
―Tu misión es que no me descubran. ―Hinata la soltó y giró la vista una vez más hacía las luces.
―No le fallare Hinata-hime. ―Kaoru alzó la cabeza, se veía regia, por un instante Hinata vio lo que veían todos cuando la observaban. Pues vaya, sí que estaba imponente, ¡pero no era tiempo de tonterías!
―No tardare. ―Hinata le dio una patada a las getas desechadas bajo la banca y descalza siguió las luces que avanzaban por el jardín, cada vez que una luz se apagaba una se encendía unos metros más lejos guiándola a través del jardín, pasando por la cerca que dividía los terrenos Hyuuga del bosque.
Estaba haciendo una tontería, ¿verdad?, ¿entonces por qué no podía parar de avanzar?, sus pies eran fuertes y agiles por el entrenamiento, pero la ropa le dificultaba el camino y no quería ensuciarla por si tenía que volver a tomar su lugar en la ceremonia. Se estaba haciendo noche cerrada, seguramente los invitados empezarían a tomar de más, nadie notaría si la heredera estaba un poquito diferente y Kaoru imitaba su voz a la perfección.
Las luces saltaban frente a ella y cada que dudaba o se detenía brillaban con más fuerza, ¿esto era como los libros?, una noche mágica, una chica que era princesa por una noche y un príncipe de la luna…
Solo que el mundo real no era una historia de princesas y mucho menos de príncipes. Por alguna razón pensó en Naruto, Naruto que cuando por fin habían estado frente a frente esa noche solo le había sonreído ladeando la cabeza y diciendo que se veía rara.
Él por supuesto no estaba raro, él estaba tan guapo que quitaba el aliento y por alguna razón a Hinata le habían dado ganas de llorar, solo que otras personas le habían hablado y había tenido que hacer como que era la mujer elegante y segura que a todas luces no era.
Bueno, ella también se sentía rara con ese atuendo, era normal que Naruto pensara lo mismo, sintió que se le empañaban un poco los ojos y parpadeó tres veces mientras respiraba hondo.
Un ninja de Raíz no tiene sentimientos.
Aunque lo que de verdad recordó fue a Shisui diciendo que el amor iba a matarla.
Dejó de caminar.
Adelante había una cueva y era muy extraño porque Sasuke, Naruto y ella habían explorado aquellos parajes muchísimas veces y no recordaba ninguna cueva. La luz tintineaba con más fuerza frente a ella, como instándola a no detenerse y algo en su sangre quería avanzar, pero su mente shinobi le decía que era hora de dar media vuelta.
Al final avanzó, pero no porque quisiera hacerlo, sintió que sus pies se movían solos, que se deslizaba suave como un río, sus pies descalzos sobre la tierra, la tela de su vestimenta arrastrando tras ella, como un sueño.
Activó el Byakugan como un último acto de resistencia y vio cosas del pasado, vio a una mujer que era la diosa inicial, la mujer de la que habían nacido todos los ninjas, vio a sus hijos, entendió que el sharingan y el Byakugan eran los poderes oculares iniciales, los hijos de la diosa.
Entendió que ella era su descendiente, la princesa elegida del Byakugan y había un príncipe, ¿dónde estaba?
―¡Ah! ―Hinata logró liberarse de aquellas visiones del pasado, como si se arrancara a la fuerza una capa, jadeó dándose cuenta que estaba muy adentro de la cueva, alrededor estaba helado, su aliento hacía volutas de vapor.
―Princesa del Byakugan. ―Su voz era tan hermosa y varonil que no le tuvo miedo, solo miró al frente asombrada, él era tan blanco que resplandecía, cabello, piel, pestañas blancas y unos ojos entre la plata y un pálido azul.
―¿Quién eres? ―Hinata pensó, lejanamente, que debía ponerse en guardia, pero sentía los brazos sin fuerza a sus costados.
―Soy a quien estuviste esperando todos estos años. ―Él adelantó una mano, Hinata dio un paso atrás, como si de pronto reaccionara.
―No estaba esperando a nadie. ―Sentía que no quería dañarla, pero era peligroso, un chakra demasiado alto, ¿igualado con ella?, ¿tal vez superior?
―Soy tu príncipe, ―él sonrió―, Toneri.
―No te conozco. ―Hinata intentó, de verdad intentó ponerse en guardia, pero sentía que su cuerpo no le contestaba.
―¿Vendrás conmigo, cierto? ―Él estaba a unos cuantos metros, frente a ella, resplandeciendo en medio de la oscuridad, Hinata no quería ir con él, era su ceremonia de quince años, no sabía quién era, y sentía, cada vez con mayor fuerza, que no era dueña de sus acciones a su lado.
―N-no… ―Hinata negó con la cabeza, intentó retroceder un paso y en su lugar avanzó estirando la mano hacía él.
―Eso es. ―Toneri le sonrió, aunque su sonrisa no parecía real―. Eres mi princesa. ―Quería decirle que no era una princesa y que definitivamente no era la princesa de nadie, que había sido tonta pensando que un cuento de hadas era bonito en la vida real y que sentía que su cerebro se estaba apagando mientras más se acercaba a él.
―Tú eres mía y yo soy tuyo. ―Toneri estiró la mano hacía ella, Hinata sintió como el Byakugan se le desactivaba y toda ella se sentía como una marioneta que caminaba a su encuentro.
Y entonces una mano varonil la sujetó de la muñeca y la detuvo como si solo esa fuerza pudiera existir en el mundo.
―Ella no irá a ningún lado si no quiere hacerlo. ―Hinata giró la mirada y no pudo evitar que una lágrima le corriera por la comisura del ojo derecho cuando la presión dentro de su cabeza se detuvo y pudo ver junto a ella, en medio de la oscuridad, a Itachi Uchiha con los ojos rojos en los que brillaba el sharingan.
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Itachi sabía que las ceremonias como aquella no solo servían para que la familia Hyuuga creara lazos, también servía para que todos los invitados formalizaran tratos y se discutieran asuntos de política exterior e interna.
Era solo que Itachi no era líder de su clan y le molestaba que se dirigieran a él como si aún fuera el dirigente Uchiha y no hubieran hecho los arreglos necesarios para que la líder ahora fuera su madre. Aunque ciertamente su madre también estaba de lo más ocupada entre parar a hombres demasiado amables y discutir los asuntos de los Uchiha y su postura ante las naciones ninja.
Por supuesto él también había tenido que rechazar amablemente solicitudes para enlazarse con alguna joven desconocida, pero muy bien educada, según la palabra de todos los que se dirigían a él con ideas de un matrimonio de conveniencia.
Itachi no descartaba del todo la posibilidad, pero quizás más adelante, una vez que aquella era de guerras se hubiera acabado… esperaba que algún día se acabara.
Constantemente miraba alrededor para tener en su radar a Sasuke, Naruto, su madre y Hinata; sabía que aquellas reuniones protocolarias eran de lo más pesadas y no quería que ninguno de ellos pasara un mal momento con preguntas incomodas, indiscretas o desafiantes si él podía evitarlo.
Por ahora todos parecían llevarlo adecuadamente, pero de pronto observó que Hinata hablaba con el joven Aburame y después desaparecía en el jardín trasero, aquello lo inquieto un poco, parecía que nadie más lo había notado, pero que la protagonista de la noche desapareciera no se iba a ver bien, así fuera un momento. Se preguntó si acaso Hinata tenía algún problema y se dirigió al jardín, enseguida el joven Aburame lo detuvo preguntándole algo acerca de una misión, Itachi lo observó con curiosidad, aquel chico no era de los que socializaban ni preguntaban, apenas le estaba respondiendo con amabilidad, pero de manera escueta, cuando Hinata volvió a aparecer luciendo tan elegante y hermosa como hacía unos momentos.
Shino pareció relajarse al verla aparecer. Itachi no. Hinata se dirigió hacia ellos, hizo comentarios agradables acerca de la reunión que no hubieran sido sospechosos para nadie y luego se fue. Shino también se fue. Itachi se metió al jardín e inspeccionó el suelo, no le costó nada encontrar las huellas de la loba y las getas abandonadas debajo de la banca.
Hinata no había intentado borrar las huellas, como si pensara que no iba a tardar mucho haciendo lo que sea que tenía que hacer.
Se preguntó si sería prudente seguirla, es decir, no parecía que estuviera en problemas, quizás solo tenía que hacer alguna actividad de mujeres y él llegaría a volver todo aquello incómodo. Aunque lo cierto es que Hinata abandonando una reunión tan importante tampoco parecía ser algo que haría de buenas a primeras.
Un tanto inquieto giró la mirada atrás, sujetó las getas para que nadie fuera a encontrarlas como lo había hecho él y caminó detrás de las huellas en el pasto, pronto fue consciente de que, aunque Hinata iba caminando sin aparente prisa (por la forma y profundidad de las huellas) no parecía que fuera a hacer ninguna cosa de chicas, de hecho cada vez se alejaba más de la mansión y los jardines Hyuuga y cuando Itachi tuvo que brincar la cerca para pasar el bosque le quedo claro que había algo raro en todo aquello.
Aunque todavía no parecía nada peligroso o hecho por algún enemigo, así que siguió andando sin hacer mucho ruido por si era necesario desaparecerse en caso de que solo estuviera molestando a una señorita que quería hacer alguna actividad por su cuenta.
Llegó a pensar que era alguna actividad de su clan, los Hyuuga sí que tenían rituales extraños y no sería raro que en una noche de luna llena como aquella la ceremonia tuviera que ver con los lobos, ¿debía dar media vuelta y regresar?
Después de meditar un rato Itachi se dijo a sí mismo que seguramente Hinata lo perdonaría en caso de que solo estuviese siendo entrometido, ella sabía bien que solo le preocupaba su seguridad.
Siguió adelante, aunque se dio cuenta con un suspiro que al saltar la barda se le había deshilachado una pierna del pantalón, su madre iba a matarlo. Miró la luna y luego notó con algo de extrañeza que adelante había un genjutsu que ocultaba una cueva. Enseguida todo en él cambió, soltó las getas por si Naruto y Sasuke los seguían y necesitaban una pista, activó el sharingan, se echó atrás las pesadas mangas de su traje ceremonial y se introdujo en la cueva.
Adentro hacía mucho frío y varios genjutsu que disimulaban el camino, pero Hinata había pasado por ahí arrastrando la ropa contra el suelo así que había un rastro imposible de perder. Volvió a preguntarse si estaba echando a perder una ceremonia antigua o la estaba ayudando contra un potencial enemigo, si era lo primero jamás podría volver a levantar la cara frente a ella de la vergüenza.
Después de un rato de andar escuchó una voz masculina que no era normal, una voz que tenía genjutsu dirigido, un genjutsu contra ella.
"¿Vendrás conmigo, cierto?", Itachi se detuvo un segundo, pensando con desconcierto que quizás había interrumpido un encuentro amoroso del que no tenía idea, pero entonces escuchó la voz de ella, tambaleante, asustada, diciendo que no y echó a correr.
"Eso es", la voz del hombre era suave, joven, pero Itachi sintió que era la voz más repugnante que había oído en su vida "Eres mi princesa", por fin pudo verlos, él estaba de frente, Hinata le daba la espalda, él brillaba en una sorprendente luz blanca "Tú eres mía y yo soy tuyo" él extendió la mano hacía ella y por alguna razón Hinata dio un paso hacia él y extendió la mano al frente, pero Itachi ya estaba a un lado de ella y la sujetó de la muñeca para impedirle avanzar.
―Ella no irá a ningún lado si no quiere hacerlo. ―Hinata giró la mirada hacía él e Itachi notó como una lágrima de alivio le corría por la comisura del ojo derecho dejando un rastro suave en su perfecto maquillaje. Por primera vez en mucho tiempo, en muchísimo tiempo, sintió ira.
Hacía mucho que no veía a Hinata llorar.
En acto reflejo se colocó delante de ella, aquel hombre frente a ellos tenía muchísimo chakra, no que no pudiera vencerlo, pero sería complicado.
―Itachi Uchiha. ―No le sorprendió que él supiera su nombre―. No puedes evitar lo que está escrito en el destino. ―Luego adelantó la mano hacía Hinata―. Vendrás conmigo, está escrito. ―Luego dio un paso atrás y desapareció.
Itachi mantuvo el sharingan el tiempo suficiente para comprobar que realmente ya no estaba ahí, como una especie de transportación o un genjutsu que controlaba el tiempo y el espacio.
Un jutsu demasiado avanzado.
―Lo-lo siento. ―Hinata lo sujetó de la espalda de su traje ceremonial, sus dedos se enroscaron en la tela―. Lo siento Itachi-taichou. ―Itachi se dio la vuelta, estaban en la oscuridad ahora que el resplandor de aquel hombre se había ido, Itachi quería preguntarle muchas cosas, cuestionarla de por qué estaba ahí y cómo aquel hombre la había atraído hasta un lugar tan remoto en un día tan importante. En lugar de eso le paso las manos tras la nuca y le enderezó el cuello para que lo viera a los ojos.
―¿Estas bien? ―Muchas veces antes Hinata había pensado que Itachi Uchiha era un hombre amable, un hombre que no sabía relacionarse inusualmente amable para la vida que le había tocado, pero solo hasta ese momento se dio cuenta cabal de quien era realmente su capitán.
―Estoy bien. ―Hinata tomó aire profundamente y puso las manos sobre las muñecas de Itachi, no para que la soltara, solo para que su paciencia y bondad la envolvieran. Itachi observó cómo Hinata cerraba los ojos con el rostro levantado hacía él y sintió el deseo terriblemente masculino de soltarla y carraspear, en lugar de eso le masajeó la nuca con los dedos, casi como lo hacía con Naruto y Sasuke cuando eran pequeños.
Hinata abrió los ojos, lo vio mirándola con aquellos ojos que intentaban hacer lo que se esperaba de él en el momento correcto, los mismos ojos que había tenido siempre que ella estaba pasando por un mal momento y él estaba ahí, a su lado, siendo (generalmente) su más grande apoyo y sintiéndose inútil en el proceso.
Hinata entreabrió los labios al notar con turbación que nunca había observado así de fijo el rostro de Itachi, tenía unos ojos hermosos con pestañas largas, una nariz recta, unos labios muy masculinos y con aquel traje ceremonial quien parecía un príncipe era él.
Se sintió estúpida, ahí, en la oscuridad, con aquel hombre tan guapo que había sido su guardián desde que tenía seis años y que justo ahora le había hecho dar un bote el corazón. Notó que él la miraba apremiante, Uchiha Itachi que siempre estaba buscando si los demás estaban bien y nunca se preguntaba si era él quien necesitaba ayuda.
―Estoy bien. ―Hinata ahora sí que le bajó las manos, se quedaron los dos con las manos entrelazadas al frente, viéndose a los ojos, algo que no habían hecho en nueve años de convivencias en común.
Y entonces Itachi la soltó.
La soltó con tanta violencia y dio un paso atrás tan rápido que Hinata dio un paso atrás desconcertada.
―Lo siento. ―Itachi apretó los dientes―. Lo siento muchísimo. ―Parecía que había cometido un error imperdonable―. La seguí porque todo el asunto con su loba suplantando su ceremonia me pareció extraño y creo, me parece, que se encontraba en una situación difícil con ese hombre, sin embargo, no era mi intención mantener una cercanía inapropiada con una señorita como usted y aunque quizás me he confundido por nuestra relación pasada le ruego me perdone si he comprometido de algún modo su pudor y…
―Itachi-taichou. ―Hinata lo interrumpió suavemente―. Gracias.
―De nada. ―Itachi asintió con rigidez.
―Lamento que haya tenido que terminar aquí conmigo.
―No es ninguna molestia. ―Itachi estaba hablando tan educado, es decir, siempre había sido así de educado, pero casi parecían extraños.
―Itachi-taichou. ―Hinata era una niña, era cierto, acababa de cumplir quince años y apenas un par de años antes aun jugaba a las escondidas con Naruto y Sasuke, pero esa noche, solo esa noche había probado por unos momentos lo que era ser una mujer hermosa y sabía, de alguna manera sabía, que eso lo había cambiado todo―. Cuando fuimos al examen para Chunnin usted me llevó de la mano. ―Itachi asintió con la cabeza―. Y antes de eso usted me cargó contra su pecho. ―Itachi volvió a asentir con rigidez―. Y hemos dormido juntos en la misma casa de campaña.
―Ha sido un descuido por mi parte intentare… ―Itachi iba a seguir hablando, pero Hinata avanzó hasta él y lo tomó de la mano.
―Siempre me ha gustado un poco… ―Sus orejas se colorearon y se corrigió―. Siempre me ha gustado mucho que cuide de mí.
―Siempre voy a cuidar de usted. ―Itachi no se soltó de su agarre, sin más palabras de por medio y tomados de la mano caminaron todo el camino hasta salir de la cueva.
Hinata pensó que la mano de su capitán era menos grande que en el pasado, pero más confortante y amable que cuando era niña.
Itachi pensó que la mano de Hinata era ahora la de una señorita, que no debería llevarla más de la mano y que había roto como unas veinte reglas de decoro, si alguien se enteraba de todo aquello se armaría un escándalo y lo más sensato sería soltar a su joven protegida y regresar a su relación habitual, aquella sin muchas palabras y con un cariño que no se verbalizaba.
Pero no pudo.
Al salir de la cueva Hinata se río porque Itachi había llevado las gettas hasta ese punto, como en Cenicienta, aunque Itachi no sabía quién era Cenicienta. De todas maneras, el traje de Hinata estaba completamente sucio de la parte de abajo y el pantalón de Itachi estaba deshilachado así que se sentaron en un tronco en el lindero del bosque. Esperando.
Hinata le contó lo que había pasado a Itachi, la leyenda de los lobos, lo que le había dicho Toneri, la sensación de que su cuerpo se movía por su cuenta y que por un momento había visto el pasado. Itachi golpeteó su rodilla con dos dedos, pensando.
Como a las 2 de la mañana escucharon pasos y voces que no hacían nada por ser discretas.
―¿Cómo no te diste cuenta?
―¿Cómo tú no te diste cuenta? ―Hinata sonrió e Itachi respiró hondo, aparecieron Naruto y Sasuke con Hanabi en medio quien señaló felizmente a la pareja con su dedo índice y el Byakugan activado.
―Les dije que aquí estaban. ―Hanabi anunció orgullosa.
―¿Por qué diablos desaparecieron? ―Sasuke gruñó―. Esa loba-Hinata es escalofriante.
―Y todos se dieron cuenta que Uchiha Itachi se fue. ―Naruto se puso las dos manos tras la cabeza.
―Les dije que era un escape de enamorados. ―Hanabi palmoteó feliz.
―¡QUEEEE NOOO! ―Naruto y Sasuke berrearon al mismo tiempo. Hinata e Itachi se cuidaron mucho de tener las manos bien separadas… por si acaso…
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Notas de Okashira janet: Estoy de vuelta con lo que tanto me habían pedido, aquí está el romance adolescente, que bueno, ya tenemos quince años.
Les cuento que ahora doy clases en una universidad, además de mi trabajo y encima me metí a una maestría en educación así que la vida adulta como siempre tan pesada, pero ¡ahí vamos!
Los lectores preguntan.
1 Para los que pidieron más interacción con el equipo 8 Shino ha llegado a revolucionar mi fanfic, Shino es usted el alma de esta historia.
2 Para los que querían que Sasuke hiciera amigos fuera del equipo Cuervo pues está intentando hacer novias falsas que es casi lo mismo (risas), me ha causado gracia poner a esas dos en una situación donde no aceptan a Sasuke, pero espero que sean buenos amigos de acuerdo a su extravagante plan.
3 ¡Por fin apareció Toneri!, un poco más macabro de lo que había imaginado, pero bueno.
Muchas gracias a los que leen en Wattpad, pronto les traeré sorpresas con esta historia por allá, como siempre, gracias por estar todos estos años conmigo, son los mejores.
¡Feliz navidad adelantada!
09/12/23 Sábado
