En el condado de Antrim una nueva mañana se hacía ver. Eran casi las 9:30 de la mañana, pero él se levantó a las 7:00 como todos los días cuando el gallo cantaba. Ordeñaba a las vacas y daba de comer a sus animales. Las gallinas eran las más contentas al verlo tirar el maíz en el suelo para ir a comérselo. Era parte de su rutina diaria.

— Estúpida hacha... — Se quejó al ver que el tronco de madera no se partió de un golpe. — Le falta filo.

Estaba cortando madera y tenía un buen montón de leña para cocinar y guardar para el invierno. Se sacó los guantes y se limpió el sudor de su frente. Sus mechones blancos y largos le molestaban bastante. Siempre usaba su gorra para trabajar, pero su esposa lo estaba lavando. Aparte, y muchas veces que se lo repetía, su mujer siempre le decía que si usaba mucha gorra quedaría pelón como su papá. Eso era algo que no quería. Se rascó la barba creciente que tenía y siguió.

Estaba tan ocupado cortando los troncos cuando un auto entró a su granja. Era una camioneta negra, grande y muy costosa. Se aparcó justo a las afueras de la reja y justo delante de su vieja camioneta. De ella se bajó una mujer rubia muy elegante y hermosa. De cabello liso y vestida como una oficinista.

— Carajo... — Apenas la vio se enojó. Dejó clavada el hacha en el gran tronco de madera que estaba partiendo y fue a donde la mujer. — ¿Qué mierda haces acá, Carol?

— Tranquilo peliblanco... — Con su actitud engreída y arrogante caminó con confianza por el caminito de piedras que daba hasta la casa. — Solo vengo a hablar con tu hermana, es todo. Después me iré. No es como si mi mañana ideal fuera pasar mi día en este... "Rústico" lugar.

Lincoln frunció el ceño ante ese comentario. No era sopresa de nadie saber que la rubia no le agradaba para nada.

— Estás en mi casa, Pingrey. Y no eres bienvenida. ¡Lárgate!

La rubia lo miró con fastidio y suspiró. Cambió su costoso bolso de mano y puso una mano en su cadera.

— Si no quieres que pase, entonces dile que salga.

— No me interesa a lo que viniste. Y menos me interesa lo que tengas que decirle a Lori aparte de mentiras. ¡Vete de mi granja, puta estafadora!...

— ¡¿Cómo me llamaste, Maldito campesino?!...

Lincoln estaba apunto de echarla a patadas de su tierra hasta que otra rubia salió de casa y lo paró.

— ¡Lincoln!, ¡Ya basta!... — Le gritó. Estaba en el pórtico mirando la discusión de ellos dos. — ¿Qué haces aquí, Carol?...

La rubia elegante la miró de pies a cabeza. Era una chica linda y rubia de cabello hasta los hombros. Ojos azules y unos labios gruesos y carnosos. Llevaba una camisa de caza azul y unos vaqueros negros, más unas botas cafés. La rubia sonrió.

— Valla, el aire de campo te sienta bien. Supongo que disfrutas tus vacaciones. ¿Verdad? — Su tono era burlesco y a Lincoln le enfermaba. — ¿Estás cansada de recojer popo de animal todo el día o ya estás lista para irte conmigo?

— Jodete, maldita de culo estirado. — El peliblanco no la dejaba insultar su hogar. — Lori no va ir a ninguna parte contigo. ¡Ella no va a terminar en la cárcel por culpa de una perra como tú!...

— Amor, me encantaría poder hablar. — Le dijo con una falsa sonrisa a Lori. — ¿Podrías quitar a tu cavernícola fortachón y poder charlar solo las dos?... Estoy segura que podemos arreglar nuestros problemas.

Lori solo limitó a verla. A pesar de que había pasado solo 3 meses desde la última vez que la vio, podría decirse que Carol había cambiado del cielo a la tierra. Bastaba solo ver su lujosa camioneta Ford negra y su bolso de diseñador.

— Lincoln. — Llamó a su hermano. — Solo serán unos minutos. Te prometo que después se irá.

Lincoln, enojado y apretando los dientes, accedió. Bufó molesto y le dijo que para cualquier cosa solo lo llamara. Le dió a la rubia una última mirada de desprecio y fue a partir el resto de leña que le quedaba.

— Es un gruñón. Es guapo y siempre me han gustado sus ojos. Pero su actitud... mmm... Deja mucho que desear.

— Pasa. — Lori tampoco estaba muy simpática para decir de menos, Pero a Carol no le importaba. Ambas entraron a la casa.

La decoración era igual a cualquier casa de campo. Algunos cuadros en la pared, muebles viejos, una radio obsoleta, una tele que capturaba algunos canales, unos cuantos jarrones con diseño, etc. Bastante rústico y... Aburrido. Toda la estancia tenía un extraño toque color damasco.

— Que... Lindo... — Era obvio que no lo pensaba. Para ella el lugar parecía una casa de ancianos pobretones. — ¿Ayudaste en la decoración? Parece ser tu toque.

— Estoy viviendo acá desde hace dos semana. Después de que me echaron de mi departamento. — Dijo con naturalidad. Invitó a Carol a sentarse en unos de los sofás de piel que tenían adentro. Carol limpió un poco el lugar donde se iba a sentar y finalmente se posó ahí. — Jamás volví a creer verte. ¿Cómo reuniste el valor para buscarme?... Con la descarada que eres no me sorprende que te hayas acostado con medio mundo hasta encontrarte conmigo.

— Je, je, je.. la misma Lori de siempre. — Su sonrisa falsa no hacía bajar la guardia a la rubia de ojos azules. — Tu cabello está más ondulado, cariño. Te ha crecido bastante ya que lo tenías más corto, Pero... Se ve algo seco. Tal vez te puedo recomendar un shampoo.

— ¿Ahora trabajas en Herbalife?... Y yo pensaba que no puedes caer tan bajo. Bueno, al final eres una estafadora así que igual ni tanta sopresa. — Se encogió de hombros restando importancia. — Ya, ve al grano para que te larges de acá.

— Uy, que delicada. Bueno. Solo vine a decirte que no fue mi culpa lo que pasó. James fue el que fue con chisme al Jefe. Cómo Michell no se fia de nadie, nos investigó y descubrió el desvío de fondos que hicimos...

— ¡Hiciste!... — Le interrumpió Lori.

— Sí... Que hice. — Se corrigió. — el punto es que Michell no vio mi ficha en esos papeles. Vio los tuyos por un error. La cuenta de banco no era tuya, era mía. Era mi cuenta en florida, pero está a tu nombre.

— ¡Está a mi nombre porque me hiciste firmar esos jodidos papeles!... — Le recriminó enojada. — ¡Me engañaste, Carol! ¡Me dijiste que solo era una formalidad!... ¡Casi me voy a la puta cárcel por tu culpa!

— Okey, okey... Lo entiendo. Fue un error mío pedirte que los firmaras. Realmente nunca creí que Michell se diera cuenta de mi engaño. Si no fuera por James, tú seguirías teniendo tu trabajo.

— Si no fueras una ladrona, yo seguiría teniendo mi trabajo. — Su paciencia se estaba agotando.

— Oye. Lo hice por las dos. Ese dinero iba a ser mío y tuyo. Nos íbamos a largar de esa maldita empresa y nos hubiéramos ido a vivir la buena vida. No puedes culparme por pensar por el bienestar de las dos.

Lori negó con incredulidad.

— No puedo creer que seas tan hipócrita...

Justo cuando Carol iba a decir algo alguien bajo por las escaleras. Era una rubia de la misma edad de Lori y Carol. De busto mucho más prominente y pelo largo y lacio. Usaba un vestido verde con flores bajo un delantal de cocina medio rosado.

— ¡Lori!... Tu cama ya está lista. Tuve que cambiar el colchón para fuera más cómodo. Sé que te molestaba mucho los resortes del... Otro... — Dijo viendo a la mujer bien vestida en su salón. — Amh... ¿Carol?

— ¡Hola, Leni!... — Le saludó con falso entusiasmo. — Valla, que hermosa estás. Realmente el matrimonio te ha sentado bien. Te ves hermosa vestida de... "Ama de casa granjera"

— Emh... Gracias. — Dijo no entendiendo el insulto oculto de la otra rubia. — No sabías que estabas acá. ¿Gustas un Té?...

— No. — Respondió Lori. — Carol ya se iba. ¿Verdad?...

— Por supuesto. Pero podemos dejar el Té para otro día. Claro, si el psicópata de tu marido no me asesina antes. — Le dijo con gracia a la rubia menor.

Carol se despidió de un beso en la mejilla de Leni. Le dijo que tenía un bello hogar y que le deseaba lo mejor. Luego pasó cerca de Lori y le susurró.

— Tengo una pequeña empresa en Miami. Me harías mucha falta ahí. — Le dió una tarjeta. — Sabes muy bien que te cuidé y velé por tí muchas veces. Soy tu amiga, corazón. Si te decides ven a buscarme.

Lori metió la tarjeta en su bolsillo y le abrió la puerta sin dejarla de mirar. Carol entendió.

— Nos vemos, Leni. Despideme de tu... Hermano-esposo. — dijo sonriente. Luego miró a Lori y le dijo en su oído. — Me llamas hipócrita cuando tú fuiste la que los persiguió y la que más los criticó por años. Les hiciste la vida imposible a los dos... Y ahora les pides ayuda como una perra aún más hipócrita que yo. — Se separó y le sonrió acariciando sus mejillas. — Eres una jodida perra, Lori. Y te quiero tanto. ¡Adiosito!...

— Zorra... — Dijo Lori con rabia.

Leni la observó por la ventana hasta que se fue en su camioneta y abandonó la granja.

— ¿Qué hacía acá?... — preguntó la rubia de pelo largo.

— Quería que me fuera con ella a Miami. Aún después de lo que me hizo.

Para Lori era una traición. Carol la había engañado de que hicieran una estafa a los recursos de la empresa dónde Lori trabajaba como contadora. Carol era jefa de marketing y ambas eran super amigas desde la secundaria. Ahora con esto, es un milagro que no le rompió la cara. Lori no cayó a la cárcel ya que se demostró que no tenía idea de la estafa. Fueron 3 meses de juicio hasta que la consideraron inocente. Aún así perdió su empleo y su departamento. Nadie la quiso contratar debido a sus papeles manchados y su relación con los juicios por estafa.

Cuando perdió su hogar fue a la casa de sus padres, pero estos no la recibieron. Sus padres tenían la filosofía de que a los 18 ya no tenían ninguna responsabilidad con ellos, por lo cual no la recibirían para ayudarla. Ellos eran fríos y poco empáticos con sus propios hijos. No les agradaba la idea de acoger vagos en su hogar.

Lori se enojó por eso y fue donde su hermana Luna; Pero esta estaba viviendo con su novia Sam y su estilo de vida lleno de alcohol y drogas no le gustaba. Aparte, Sam muchas veces le miraba con otros ojos y la ponía incómoda.

Fue con su hermana Luan; pero ella estaba peor que Lori. La castaña vivía en un departamento pequeño y apenas podía con la renta. La vida de una pequeña actriz fracasada le causaba una gran depresión. Lo último que supo de Luan es que se mudó a un pueblito cercano donde se dedicó a vender pasteles con formas divertidas y únicas.

Lynn también era una opción; pero esta le negó ya que aún estaba luchando por su divorcio con su esposo Francisco. El maldito italiano era un abusivo con ella y muchas veces sus peleas terminaban en golpes.

Lucy era un rotundo no ya que ni estaba en el país. Se había mudado a Francia junto a su novia Haiku. Ambas eran escritoras y decidieron mudarse a París. Era una de sus pocas hermanas que si tuvo un final feliz. Haiku era una chica rara y misteriosa, Pero se notaba que amaba a Lucy. Ambas solo siguieron su sueño y dejaron todo atrás para estar juntas.

Lana estaba desaparecida. Lo último que supo de ella presencialmente fue hace años. Abandonó la escuela y se fue con su moto a recorrer el mundo. Su última foto en facebook fue hace dos días y estaba comiendo empanadas en Buenos Aires. Su perfil estaba lleno de aventuras que tenía por sudamerica.

Lola era fotógrafa. Muchos creían que sería modelo, pero al tener el accidente que le dejó una horrible cicatriz en su nariz y mejilla decidió decirse a las fotos profesionales. No sabía dónde vivía, lo más seguro es que en New York ya que trabajaba para una revista de la gran manzana como fotografa de moda.

Lisa era una doctora bastante popular en un hospital de renombre en Washington. Pero ni de chiste le pide ayuda ya que lo más seguro es que la mande a cagar antes de darle dinero. Bueno, en realidad todos eran así.

Lily tenía solo 17 años y seguía estudiando. Vivía con su padres. Lily le dijo que fuera a pedirle ayuda a cierta pareja de hermanos que sabía que le extenderían una mano. Lori lo meditó por días hasta que se armó de valor y vino a la granja de Lincoln y Leni. Ambos no duraron ni un segundo y la abrazaron y la acogieron en su hogar.

No sabía nada de sus padres, y del resto de sus hermanas actualmente sabía muy poco. Realmente no era como si le importara mucho. Su familia siempre fue así. Sus padres rara vez se preocupaban por ellos. Desde pequeños tenían que ser independientes. Lori aprendió a cocinar a los 10 años y empezó a cuidar a sus hermanos menores. Tampoco eran tan malos padres. Nunca los golpearon y siempre se esforzaron en pagarles sus estudios, comida y salud. Eran padres mediocres, pero decentes. Lo que sí eran, eran seres muy desapegados a sus hijos. Eran más tutores que padres. Sus hermanos, y ella, tuvieron por bastantes años la misma visión; cumplir la mayoría de edad e irse al demonio. Hacer sus vidas y no saber nada de sus padres ni del resto de sus hermanos. No se llevaban mal, pero al no tener padres se preocupen por ellos, eso hacía que tuvieran muchas diferencias unos de otros. Algunos eran más amigos como Lincoln con Lynn o Leni. Y otros no se soportaban como Lucy y Lola. Ella siempre fue como la madre. Tratando de educarlos de la mejor manera posible para que sobrevivieran cuando ella fuera a la universidad. Una vez se fue de casa... No volvió nunca.

Ahora estaba viviendo con Leni y Lincoln. Grande fue la sopresa hace 8 años cuando se enteró de la relación de ellos dos. La llamaron muchas amigas diciéndole las noticas del pueblo. Resultaba que habían visto a Leni entrar a un motel con Lincoln. La ex de Lincoln, Una tal Ronnie, Los grabó y lo subió en venganza por terminar con ella. Obviamente fue tendencia por mucho tiempo en la ciudad. Lori se enojó y los enfrentó. Odiaba esa relación enferma de ellos dos, sentía que eran unos asquerosos y que manchaban toda educación que ella les había dado hace años. Aunque en el fondo de su ser sabía que ella era la culpable ya que no estuvo ahí para guiarlos.

Pasaron los años y ella solo se dedicó a lanzarle odio en las redes sociales y hacerle la vida imposible a Lincoln y Leni. Inventando cosas como eran unos locos retrasados o como siempre eran pervertidos que debían estar en un manicomio. Al resto de sus hermanas poco o nada les importó. A sus padres, les valía un pepino ya que Lincoln abandonó la universidad y se fue a vivir con Leni. Ambos pasaron muchas penurias, hambre y pobreza por mucho tiempo. Hace dos años que su abuelo había muerto y le dejó la granja a Lincoln como una herencia. Lincoln se ha esforzado profundamente para poder echar para arriba lo que era un peladero y una casa vieja, para convertirla en la hermosura campirana que es hoy. Bueno, Leni y Lincoln lo han hecho.

Lo más sorprendente es que a pesar de todo ese dolor y mierda que ella les lanzó... Aún así Lincoln y Leni la recibieron con los brazos abiertos apenas ella les pidió ayuda. Eso le estremeció el corazón. Ellos dos no tenían rencor a nadie. Vivían sus vidas solo con el amor que se tenían el uno al otro. Bueno, odiaban a Carol, ya que ella le hizo algo feo a Lori, Pero eso es aparte.

— ¿Y vas a aceptar?... — Dijo Lincoln serio. Estaban en la mesa comiendo. Leni había hecho un estofado delicioso y los tres comían con calma mientras conversaban los motivos de la rubia elegante que vino en la mañana. — Está demás decirte todo lo que te hizo esa mujer. No puedes volver a confiar en ella.

— Lo sé...— Dijo Lori pensativa. — Pero tampoco quiero estar para siempre aquí abusando de su hospitalidad. Necesito un trabajo, Lincoln. Necesito ganar mi dinero.

— ¡Puedes trabajar en la granja!— Dijo Lincoln no viendo mejor manera. — Tenemos un mercadillo en la plaza central donde vendemos leche, mantequilla, mermelada, queso, dulce de leche, etc. ¡Vendemos de todo! Puedes atenderlo y ganar tu dinero también. Leni lo atiende, pero ella no es muy buena para los números. Sin ofender, amor. — Dijo disculpándose con su mujer.

— No te preocupes, cariño. — Le dijo la rubia felíz. — Me parece una buena idea. La gente siempre pregunta cuando abrimos. Yo soy media dejada y abro cuando me siento con ánimos. Deberías atenderlo tú. Tú sabes de números y cuentas muy bien, Lori.

— Lo atendería con gusto. — Dijo con una sonrisa. — Lo haré para pagar la estadía que me están dando ya que no quiero ser una vaga. Pero necesito un trabajo mejor para pagar un alquiler e irme de acá. No malentiendan. Me gusta lo que hicieron con la granja del abuelo, pero no me puedo quedar a vivir con ustedes para siempre. Necesito hacer mi vida también.

— Lo entiendo a la perfección. — Dijo Lincoln con una sonrisa triste. — Pero esta es tu casa. Nunca lo olvides. Somos tu familia.

— Si alguna de las otras chicas viniera, ¿Les dirías lo mismo?

— Por supuesto. No tengo rencor con ninguna de ellas y Leni tampoco. Debemos admitir que sí te odiabamos al principio. Te odié tanto que incluso tenía fantasías donde llegué a desear tu muerte. — Lori solo bajó la mirada. Ella sabía lo que hizo. — Pero con el tiempo... Aprendimos que era estúpido vivir con ese rencor porque solo nos dañaba a nosotros. Aprendimos a soltar... Y nos alejamos de todo ese mal.

— ¿Qué me dices del odio en redes sociales? Yo hice muchas cuentas falsas funandote de violador y maltratador. — No estaba orgullosa de lo que decía.

— No lo sé. No sé si todavía soy tendencia. Hace cinco años que no uso ninguna red social. Leni tampoco. Lo borramos todo. No sé si no te has dado cuenta, pero no tenemos internet en esta casa. Algunas canales en la televisión donde veo el clima, las noticias y los partidos. No mucho en realidad. Nos no interesa mucho el mundo afuera, Lori. No nos interesa que el mundo nos odie... Porque aquí no somos nadie. Y eso está bien. — con una linda sonrisa tomó la mano de su esposa y la besó. Leni le sonrió con amor y se levantó de su silla para sentarse en sus piernas. — Te amo.

— Yo también te amo, mi linky...

Lori sonrió forzadamente. No era que le diera asco como antes, pero el hecho de ver a los dos hermanos que prácticamente crío y vivieron juntos a ella, juntos... De esta manera tan rara... Le hacía replantearse si quedarse en ese lugar era buena idea. Aunque también estaba el hecho de que no tenía a donde ir, y también el hecho de que le debía mucho a los chicos.

Esa misma noche Lori se encontraba en su cama leyendo un libro. Tenía una pequeña lamparita en su cómoda y enchufe donde cargaba su teléfono. Cómo había dicho Lincoln, no había internet en la casa, y Lori no tenía dinero para pagar sus datos. Lo único que tenía era un viejo teléfono fijo en la sala. Era algo aburrido estar ahí, pero Lincoln y Leni jamás se aburrían ya que siempre tenían cosas que hacer en la granja. En cambio ella, que estaba acostumbrada a la tecnología y las redes, se sentía desconectada del mundo.

Había encontrado ese libro que estaba leyendo en la estancia. El título le resultó llamativo. Se ajustó las gafas y leyó. Era una historia bastante entretenida de un hombre que sufrió por un amor no correspondido. Aún dando todo de si para enamorarla, no lo logra. La historia trata de todos los fracasos que obtiene por tener algo que no puede alcanzar. Su frustración y su tristeza que se convierten en ira a él mismo. Tras perder a su amada después de que ella escogiera a otra persona, el protagonista piensa en el suicidio, pero es demasiado cobarde para ello. El hombre se hunde en una depresión horrible y una soledad abrumadora. Aunque no todo es malo. El protagonista, aún en su soledad, reflexiona sobre su vida y se da cuenta que no estaba bien endiosar a una mujer y verla como la única del mundo. Se da cuenta que ella no tenía ninguna obligación de amarlo. Se da cuenta que sufrió más por su imaginación, que por lo que en realidad pasó. Reflexiona y sale a recuperar su vida perdida. Todo muy lindo... Hasta que en el final un camión lo mató.

— Pésimo final... —comentó Lori cerrando el libro que tardó semanas en leer. No era de mucha lectura, pero algo debía hacer para no volverse loca en la granja. Y leer le estaba empezando a gustar.

Estaba apunto de apagar la luz para ir a dormir cuando alguien llamó a la puerta. Se levantó sin ganas y abrió. Era su hermana que la venía a ver.

— Pensé que ya estabas dormida—le sonrió dulcemente—. No quería despertarte, pero me gustaría charlar un poquito contigo aprovechando que Lincoln fue a guardar a las ovejas al corral y asegurar la cerca del gallinero.

— Claro, Leni. Puedes charlar todo lo que quieras.

Ambas se sentaron en la cama y Lori notó que si hermana estaba nerviosa y jugaba con sus dedos.

— ¿Te has sentido cómoda en este lugar? Sé que es difícil adaptarse. A nosotros nos costó acostumbramos. Tuvimos mucha ayuda de Liam, el amigo de Lincoln. Él nos enseñó muchas cosas de como manejar una granja. Sé que no es tu primera opción, pero si quieres cambiar algo, o comprar algo para hacer tu vida mas cómoda acá, no tengo problemas en que lo hagas. En el pueblo hay tiendas nuevas y algunas tecnologicas y esas cosas. Puedes comprar cosas para tu habitación y sé que Lincoln no tendría problemas con ello.

— Pues comprarme un par de libros sería estupendo—sonrió a su hermana—. En la casa solo hay libros de crianza animal y sembrado. Estaba pensando en comprar una computadora, pero eso será cuando tenga un trabajo.

— Puedes ir al cibercafé del pueblo. El internet es algo lento por acá ya que no hay antenas, pero algo es algo—se acostó en la cama y Lori a su lado—. ¿Recuerdas cuando éramos niñas y siempre imaginamos el futuro? Casadas. Con hijos. Buenos maridos. Exitosas. Bueno, yo con un lindo marido me bastaba. Tú siempre decías: «¡Eso es tonto, Leni. Yo quiero dinero!»

— Y lo sigo queriendo. Je, je, je...

Ambas rieron colo los viejos tiempos como cuando compartían habitación. Leni sonrió con nostalgia y miró a Lori. Lori la miró y amabas tenían sus caras muy cercana a la otra. Pocos centímetros de distancia entre la punta de sus narices. Leni habló:

— Eres la persona más especial para mí junto con Lincoln. El hecho de que estes aquí conmigo me hace increíblemente feliz. Gracias, hermana.

Lori le respondió con una sonrisa mas honesta.

— Yo debo estará agradecida con ustedes. De otro modo tendría que estar moviendo mi bolso en una esquina y acostarme con algún hijo de puta para poder comer.

Leni rió. Miraron el techo una vez más y se tomaron de sus manos como hacían de niñas.

— Sé que te da asco mi vida.

— Leni. Yo ya dejé de juzgarlos hace mucho. Sus vidas no son mi incumbencia.

— Aún así, te incómoda que nos besemos o nos demos cariño. Lo noto en tus ojos.

— Es difícil para cualquiera ver sus hermanos besandose. Y sobretodo escucharlos coger. No quiero romper el momento, Leni, pero no eres precisamente silenciosa. No gritas así ni cuando te tenían que vacunar—miró a Leni con algo de curiosidad y preocupación—. ¿Acaso... le estás dando a Lincoln la puerta de atrás?

Leni se sonrojó. Hablar de sexo con su hermana siempre la ponía como una adolescente.

— ¡No digas esas cosas!—se ruborizó avergonzada. Su cara parecía un tómate—¡Yo jamás haría eso!... Dicen que... Duele mucho cuando se hace por esa parte—susurró lo último.

— Claro que duele. Sí no estás bien lubricada te hará mierda el ano.

— ¡No digas esas cosas tan groseras! ¡Es asqueroso!

A Lori le parecía divertido como su hermana era muy sensible a estos temas. Para ella era normal. No tuvo muchos novios después de la universidad, pero sí muchas citas. Algunos eran buenos, otros terribles, pero rara vez llegaban al sexo. Lori no se acostaba con cualquiera. Lamentablemente, muchos de los que llegaban a su cama nunca se quedaban. Sabía bien que Leni solo estuvo con Lincoln. Tenía muchos pretendientes que llegaban a casa como amigos, solo amigos. Su novio siempre fue su propio hermano.

— Ya no te enojes conmigo. Es solo que tus gritos me dan envidia. Hace más de 6 meses que no tengo nada con nadie. Mis deditos son mis únicos amigos—bromeó besando las puntas de sus dedos. Leni rodó los ojos.

— No seas así. Hay muchos chicos guapos en el pueblo. Hasta te arreglaría una cita con Liam, pero él está con Hattie. Sabías que ellos dos son— Lori la interrumpió.

— Primos. Lo sé. Lincoln me lo dijo. Al parecer en este pueblo es normal coger entre familiares.

— No. Es normal tener relaciones entre primos. No hacen mucho escándalo. Tampoco hacen muchas preguntas al respecto cuando tienen el mismo apellido, es por eso que Lincoln y yo encajamos muy bien aquí. La mayoría piensa que somos primos y no tenemos porqué dar explicaciones a nadie.

— Eso explica cómo pudieron casarse legalmente—mencionó Lori con ironía—. Oye, respóndeme algo; ¿Qué pasó con Clyde?, ¿No era el mejor amigo de Lincoln? Lo último que supe de él era que los estaba hospedando en su casa cuando papá y mamá los echaron. Lincoln simplemente me dijo que ya no son amigos.

Leni hizo una cara de disgusto. Aun así, habló:

— Clyde fue muy amable con nosotros al dejarnos vivir unos meses con él. Sus padres se mudaron a Florida y él vivía solo. Lincoln lo quería como un hermano y se notaba que Clyde también. Sin embargo, Clyde era un chico… Confundido. Él… Me llamaba Lori o a veces jugaba que yo era tú.

— ¿Qué?... ¿Por qué?...

— Clyde te tenía mucho cariño. Tenía una foto tuya en su habitación. Te amaba por así decirlo, pero de una manera bastante extraña. Lincoln se enojó por la foto tuya y cómo él prácticamente tenía un altar a tu persona desde los 11 años. Lincoln lo encaró, pero yo dije que lo dejara. Éramos invitados en su casa y no teníamos a donde ir. Lo dejó pasar. Clyde me veía como si fueras tú. Y un día… lo encontré espiándome mientras me bañaba.

— ¡Asqueroso, hijo de puta!—gritó Lori. Leni trató de hacer que bajara la voz—¡Sabía bien que ese idiota era un pervertido, pero jamás tanto!... Dime qué Lincoln lo molió a golpes.

— No. Yo no sé lo dije en ese momento.

— ¡Leni!

Lori se levantó de la cama enojada. Leni siempre fue ingenua y algo torpe, pero hasta ella sabía que no debía aguantar ese tipo de comportamiento de algún hombre.

— Lo sé. Pero me puse a pensar que Clyde era el único que nos podía ayudar. Rusty fue uno de los primeros amigos de Lincoln que le dieron la espalda. Zach recién salía de la academia de policía, por lo cual vivía en un departamento muy pequeño. Stella no volvió a hablar con Lincoln nunca más. Liam vivía muy lejos y Clyde nos ayudaba sin cobrar nada. No teníamos muchas opciones. Becky volvió a Rusia, Dana se casó. Obviamente no les pediría ayuda a ellas. Fiona vive en Londres y me envió algo de dinero que me ayudó muchísimo. Miguel me ofreció su departamento unos meses si lo requería. También fue de mucha ayuda. Fueron de mucha ayuda mientras vivíamos en un pueblo que estaba en nuestra contra. No podíamos trabajar. No podíamos estudiar. Ni siquiera podía ir a comprar a la tienda sin que me miraran raro o me insultaran. Era realmente triste salir de casa y ver cómo todo el mundo te veía como un fenómeno. Lincoln y yo lo vivimos por muchos años mientras estuvimos en Royal Wood.

Lori bajó la vista avergonzada. Sabía bien que ella tenía mucho que ver con ese odio, ya que no solo participó en él, si no que también incentivó los actos de odio hacia sus hermanos. Leni siguió hablando.

— Muchas veces le dije a Lincoln que tomáramos la oferta de Miguel y nos mudemos con él a la capital. Lincoln negó ya que no quería dejar a su amigo. Que Clyde nos cuidaba y no nos cobraba arriendo ni comida. Y yo sé bien que Clyde se aprovechaba de eso. Lincoln trabajó unos meses como recolector del camión de la basura, y tenía otros trabajos que le dejaban unos cuantos billetes. Yo no podía trabajar debido a… una enfermedad. Así que me quedé en casa de Clyde haciendo la limpieza y la comida. Una manera de pagar la amabilidad de Clyde—otra vez hizo un gesto de disgusto—. Pero Clyde llegaba más temprano de trabajar que Lincoln. Muchas veces mientras estaba cocinando me abrazaba por detrás. Otras veces frotaba su entrepierna detrás mío. Incluso me tocaba los pechos fuertemente.

— Leni. No puedo creer lo que me estás contando. ¿Cómo permitiste que ese degenerado te hiciera eso?

La rubia se abrazó a sí misma. Su rostro se contrajo y suspiró. Cómo si hubiera aguantado eso mucho tiempo.

— No lo sé. Cuando estaba en la casa con él a solas… No era yo. Me sentí pesada. Cada vez que me tocaba… No me movía. Quedaba muchas veces como una estatua. Lo dejaba hacer lo que quería conmigo y que luego se fuera. Ni siquiera recuerdo las cosas que me decía al oído. Lo único que hacía era ponerme tensa como una roca e implorar que Lincoln volviera temprano del trabajo. Yo no se lo dije a Lincoln temiendo romper la amistad entre ellos dos. También temía que Lincoln no me creyera.

— ¿Y cuando fue que le contaste?...

— Una vez que Clyde realmente me dió mucho miedo. Lincoln se levantaba a las 4 de la mañana para ir a trabajar. Un día, Clyde terminó acostándose en mi cama y me estaba… mamando un pecho mientras me acariciaba—la cara de Lori era de horror—. Desperté y mandé un grito enorme. Clyde me golpeó. Me dijo que si decía una palabra a Lincoln nos echaría y nadie nos iba a recibir. Que viviríamos en la calle comiendo mierda y pidiendo limosna.

— ¿Él te violó?— Leni negó.

— No. Nunca pudo llegar a eso. Pero si me hubiera quedado más tiempo, lo más probable es que lo hubiera hecho.

— Que puto cabrón— La rubia mayor apretaba sus dientes solo de la rabia—... Que se joda. ¡Yo lo hubiera matado ahí mismo!

— Lincoln casi lo hizo—Lori la miró mientras seguía relatando. Las lágrimas caían de los ojos de su hermana. Ella la abrazó. En todos estos años, no tenía con quien desahogarse. Debía ser la primera vez en años que podía hablar de esto con una amiga—. Le conté la verdad a Lincoln. Al principio no me dijo nada. Pensé que no me iba a creer. Tomó las maletas y empacó toda nuestra ropa. Me dijo que fuera al departamento de Miguel y él me alcanzaría dos días después. Te juro Lori que ese no era Lincoln.

— ¿No era? ¿A qué te refieres?

— Ese no era el hombre del que me enamoré. Lincoln se volvió una máscara. No era el chico sonriente y optimista de siempre. Cuando le conté la verdad sus ojos azules parecían de un rojo incandescente. Cuando me fui con Miguel recibí la noticia de que Lincoln fue arrestado. Encontraron a Clyde atado al sofá con cuerdas y cadenas. Tenía heridas en el cuerpo y completamente desnudo. Zach me contó que Lincoln lo torturó por dos días, tanto física como psicológicamente. Le daba de comer su propia orina y excremento. Lo había castrado y quemado partes del cuerpo. Clyde terminó vivo… Pero con un daño horrible. Lincoln pasó 3 meses en prisión preventiva hasta el juicio.

— ¿Lincoln?... ¡¿Nuestro Lincoln hizo eso?!...

Para Lori era algo impensable. Lincoln no era una persona muy violenta. Menos un enfermo para hacer algo así. Quedó pálida al escuchar a su hermana relatar esa historia.

— No era nuestro Lincoln en ese momento. Era algo… monstruoso. Lincoln tenía una rabia incontrolable.

— ¿Cómo se salvó de la cárcel?

— Gracias a Zach. Reunió las pruebas de lo que Clyde hacía conmigo y también tenía otras ordenes de acoso y abuso sexual a compañeras del trabajo que también testificaron. El juez sentenció a Lincoln a 1 año de cárcel por lo que hizo. Lo hubiera condenado a muchos más, pero el jurado declaró a Lincoln como un hombre confundido y fuera de sí. Se demostró que Lincoln actuó guiado por la venganza y lo tomó como un crimen de agresión. Aparte, Clyde tenía bastantes acusaciones por lo cual una vez salió del hospital se hizo un juicio y Clyde nos tuvo que pagar a todas sus víctimas de abuso veinte mil dólares a cada una. Gracias a eso pudimos subsistir.

— ¿Tan poco dinero? Me parece inaudito que ese imbécil no esté en prisión—a pesar de su rabia se la tragó para preguntar a Leni—. Oye, ¿Y cómo vivió Lincoln ese año?

— No hubo muchas preocupaciones. Yo estuve con Miguel, trabajando en una casa comercial. Lincoln estuvo encerrado y lo iba visitar siempre que podía. Había un preso llamado Guller Kraham. Era algo así como un guardaespaldas. Lo único que tenía que hacer era llevar comida suficiente para Lincoln y sus compañeros de celda, y él y sus hombres me lo iban a cuidar dentro. Fue difícil no tenerlo a mi lado. Pero lo superamos juntos. Sobretodo… sobre todas las dificultades que tuvimos en el camino. Cuando salió ocupamos el dinero que ahorramos más los veinte mil y nos fuimos del departamento de Miguel. Él nos agrada mucho, nos ofreció quedarnos con él, pero no queríamos interrumpir su vida con su novio. Nos viene a ver algunas veces. Es entretenido. Compramos una casa en los suburbios y Lincoln y yo conseguimos trabajos estables por un tiempo. Luego el abuelo murió y nos sorprendió inmensamente que nos haya dejado en el testamento sabiendo que él se había decepcionado de nosotros. Nos dejó la granja. Lincoln y yo decidimos vender la casa en la capital y con eso mudarnos acá y arreglar lo posible. Fue difícil. No teníamos idea qué hacer con una granja. Liam vivía cerca, él nos ayudó. Nos enseñó a sembrar, a trabajar la tierra. Nos enseñó a cuidar animales y que negocio es más rentable. Lincoln actualmente compró ovejas y está metido en el tema de la lana. Nos va bien. Tenemos una vaca llamada Bety. Dos caballos. Muchas gallinas. Patos. Gansos. Conejos… aunque esas son plagas. Lincoln quiere matarlos ya que se comen nuestra cosecha, pero a mí me dan pena. Y bueno… ya conoces el resto.

Lori se quedó pensando y procesando todo. El simple hecho de conocer la historia de su hermana le hacía ver todo lo que sufrieron en el camino. Odiaba no haber visto ese dolor antes. Odiaba no poder estar con ella en esos momentos. Se odiaba a sí misma por eso.

— Lamento no haber estado ahí para ti.

— No seas tonta, Lori—abrazó a su hermana con mucho cariño—. Siempre estuviste conmigo. Recordaba tus frases. Recordaba tu voz, tu guía. No sabes cuánto de tus consejos seguí para poder afrontar lo que venía. Tú me hiciste fuerte. Sabía que tarde o temprano te volvería a ver… y seríamos hermanas nuevamente.

Lori sonrió. Esa era Leni; su bondadosa hermana. Su corazón puro no tenía espacio para el odio ni la maldad. Leni era luz… Era muy diferente a ella.

Después de unos minutos Lincoln subió las escaleras y abrió la puerta de la habitación.

— ¡Listo!, las metí a todas en el corral. Pillé al maldito perro del vecino en el gallinero nuevamente. Si lo vuelvo a ver otra vez dejaré a Bobby suelto y no responderé lo que le haga.

— ¿Bobby? Ah, claro. Tu pastor alemán.

— Belga en realidad.

— ¿Bobby?... ¿No era el chico que te seguía todo el tiempo en la secundaria?—preguntó Leni.

— Era solo un amigo. Nunca le ví más que eso aunque todas chicas decían que estaba enamorado de mí. Debí darle una oportunidad.

— No lo creo. Bobby Santiago era hermano de Ronnie Anne Santiago. Y tú sabes lo que hizo esa zorra—dijo Lincoln enojado mientras se cruzaba de brazos y se recargaba en la pared—. No tan solo me acosaba en la escuela. La perra se obsesionó conmigo tanto que le dijo a todo el maldito pueblo que éramos novios, cuando solo nos dimos un beso y ni me gustó. Maldita sea mi hora cuando la conocí.

— Bueno, ya fue el día suficiente de muchas maldiciones—agregó Leni para que no continuará la conversación—. A todo esto; Lincoln, ¿No te ibas a duchar?

— Cierto. Huelo a estiércol y animal. Me iré a dar una ducha. Duerme bien, Lori. Mañana iremos a ver el negocio en el pueblo para que empieces a ordenarlo a tu estilo.

Lori suspiró cansada. Sus hermanos ya se iban de su habitación y ella solo tenía ganas de dormir. Le hubiera encantado ser más de ayuda en la granja, pero no tenía la misma preparación que Lincoln o Leni. Les pagaría su hospitalidad y su amabilidad sea como sea. Le pasaba por la mente la oferta de Carol, pero la negaba rotundamente. Prefería quedarse pobre y sin nada a volver con su vieja amiga.

Estaba en esos pensamientos cuando escuchó a sus hermanos afuera.

— ¡No me agrada que me nalguees el trasero! ¡No soy yegua, Lincoln! —le reclamó Leni.

— Ah, por favor, mi linda conejita. Vamos a darnos una ducha juntos. Sé que te encanta limpiarme tú misma.

— Mejor vete a bañar tú solo. Yo estoy cansada.

— ¡Dije que te vienes a bañar conmigo!... —se sintió como si la hubiera tomado a la fuerza. Lori se preocupó.

— Eres una animal… un… sexy animal…—no se sentía muy forzada.

— Te encanta cuando me pongo salvaje mi vaquita rubia. Vamos a bañarnos que después te voy a ordeñar.

— Mejor yo te ordeno a tí.

Entre risas y susurros indecorosos la pareja de hermanos se fue a bañar juntos. Dejaron a Lori sola en su cuarto con el rostro sonrojado y algo de fastidio. Se acostó en su cama y se tapó el rostro con las sábanas. Sabía muy bien que su hermana gimería como adolecente en pubertad y no la dejaría dormir. Incluso se formaban preguntas en su cabeza.

— Carajo… ¿Será que Lincoln le hace bien el trabajo?... La tendrá… ¿Grande? No es que importe mucho, pero es bastante curioso como Leni disfruta tanto de él. Debe ser todo un macho.

No era que sintiera envidia de su hermana. Es solo que el hecho de que ella estaba sola y su hermana no, le causaba algo de pena. Tal vez debería hacerle caso a Leni y pedirle que le presente a algún chico del pueblo. Tal vez haya por ahí algún chico lindo con quién pudiera salir.

Pero eso sería en la mañana.

Ahora, a dormir.

O bueno… eso pretende. La cama a su lado ya empezó a moverse y rechinar. Y ya llegaron los gritos nuevamente.

— ¡Más fuerte! ¡¡Más fuerte, Lincoln!!... ¡Aaaah! ¡Dale! ¡Dale!... ¡Nalguea a tu yegua!...

— maldición… no podré dormir…