12
Una mañana más cualquiera daba inicio, pequeños rayos de sol se colaron por la persiana de la ventana, iluminando parcialmente aquella silueta que descansaba plenamente recuperándose de una extraña noche, un quejido salió de su boca, se giró en su cama y se cubrió con la almohada, odiaba recibir directamente la luz y más si había dormido demasiado tarde, con torpeza busco su teléfono en la mesita para revisar la hora para darse cuenta de que era demasiado temprano y que probablemente la vida le estaba empezando a hacer una mala jugada.
Volvió a quejarse, giro en su cama y observo con pereza su techo, a pesar de ser completamente blanco, la oscuridad y la poca luz molesta que se adentraba por las hojas de esta le regalaban un tono naranja a su vista. Bostezo, se estiro un poco y coloco uno de sus brazos debajo de la almohada donde yacía, tomo nuevamente su teléfono y comenzó a revisar las notificaciones una por una, un pequeño suspiro se escapó de su cuerpo y al adentrarse a la aplicación de mensajes, noto uno en particular, logrando que del asombro brincara dentro de sus cobijas y se sentara en la cama, no podía creerlo ¿Qué mierdas había sucedido anoche?
No recordaba gran detalle de aquella asquerosa fiesta a la que fue arrastrado por Nichrome, si acaso algunos pequeños fragmentos de cuando llego a casa de Tamao y partieron hacia esa casa en los suburbios más cotizados de la ciudad. Abrió el mensaje.
-Mierda… -Susurró mientras agarraba su cabeza, los estragos de la noche anterior se hacían presentes, exaltarse repentinamente había sido mala idea.
Número sin registrar 6:30 a.m:
¿Llegaste bien?
- ¿En qué momento…? -Se pregunto a si mismo tapando uno de sus ojos con una de sus manos, el mismo brillo del celular le lastimaba.
Y es que no recordaba muchos detalles de la noche anterior, sabía que se encontraba en su casa, pero la incógnita era si había llegado junto a Tamao y Nichrome o si alguien más se tomó la molestia de llevarlo. Respiro hondo y cerro sus ojos, dejando de lado su celular con ese mensaje sin abrir, el reloj marcaba las 12:34 p.m. y su cabeza comenzaba a dolerle, los estragos de aquella fiesta empezaban a hacerse presentes. Se levanto para caminar hasta su baño, en donde tomaría una ducha caliente para intentar, al menos, despejar un poco su mente y tratar de recordar que había sucedido.
Le parecía una estupidez preguntarles a sus dos amigos, no quería ser la causa de las burlas de esa semana en la que, gracias a su resaca de after party no recordaba ni un carajo de su trayecto a casa.
Una ducha rápida para despertar era lo que necesitaba.
Con canciones de Mitski de fondo y dejando caer el agua sobre su cabeza y espalda, sintió como su cuerpo comenzaba a relajarse y así pequeños flash backs de la noche llegaban a él, tenía razón, un buen baño siempre lo solucionaba todo.
O al menos en esta ocasión así fue.
-Vamos Yoh, ¿tú bailando con tres chicas al mismo tiempo? No lo creo.
-Si, el único inconveniente es… que no era esa chica que vimos en la fiesta en casa de Kanna.
-La misma que te mando al carajo -Contesto Nichrome mientras cerraba la botella de agua que acababa de compartir con Tamao.
- ¿Cómo es que te enteraste de eso? -Rio un poco nervioso Yoh ante el comentario.
-Tengo mis fuentes -respondió levantando levemente sus hombros y sonriendo divertido.
-Creo que debes darte por vencido en que la volverás a ver, ya sabes… Amor de una noche -respondió esta vez Tamao, quien comía tranquilamente de su bolsa de frituras y agarrando a Ren de un brazo quien, empezaba a tener dificultades para caminar.
-Ren, ¿estás bien? -Pregunto Horo Horo al notar el andar de Ren, ya que también iba a un lado de él.
No contestó. Horo Horo lo tomó de uno de sus brazos y detuvo el andar de Tamao quien también noto algo extraño en su amigo, provocando que el grupo completo detuviera el caminar.
-Creo que voy a vomitar… -Dijo sin mirarlos y tapando su boca, Tamao buscó rápidamente un bote de basura cercano para no crear una escena en la calle, ya era suficiente con escapar de la policía en aquel domicilio de donde provenían.
Por suerte del grupo se encontraban cerca de un parque, soltó el agarre de su amiga y corrió hasta el arbusto más cercano, sacando todo lo que consumió esa noche, Horokeu preocupado se acercó a él entregándole la botella de agua que Nichrome llevaba, sin cruzar miradas el chico tomo la botella rozando levemente la mano del otro, un pequeño cosquilleo se presentó en su estómago ahora vacío y bebió un trago para enjuagar su boca, escupió y después volvió a tomar más para hidratarse, era asqueroso y más el saber que había vomitado por consumir alcohol de manera desmedida, cruzaron miradas sutilmente, ambos se sonrojaron y Horo Horo le regalo una sonrisa mientras esperaba de regreso la botella de agua, Ren solo lo observo y prefirió mirar a otro lado, no podía con tanto, no después de haber pasado un buen rato encerrado en una habitación junto a él.
¿Qué era lo que estaba pasando?
Una llamada interrumpió la canción de su sagrada Mitski, siempre repetía la misma después de una noche de fiesta, suspiro y tomo su celular respondiendo la llamada y colocando rápidamente en altavoz, una voz firme y cálida hablo.
- ¡REEEN!
Los demás se acercaron para vigilar los alrededores. Ren había terminado de vomitar, al menos por ese momento, Horo Horo cruzó la calle para encontrarse con los demás y atrás de él iba Ren un poco mareado y con la sensación extraña en su estómago, odiaba vomitar.
Después de recorrer unas cuantas calles más y sin amenazas de que Ren quisiese vomitar nuevamente, Tamao y Nichrome detuvieron su andar, la chica estaba revisando su celular para ver la hora y Nichrome su billetera, Yoh, Horo Horo y Ren se detuvieron al notar que sus amigos no avanzaban más.
-Chicos creo que nosotros nos despedimos aquí… -Hablo Tamao, guardando su celular en uno de sus bolsillos del pantalón.
-Buenos días, Jun. -Respondió de forma cortante y algo molesto.
-Hermanito, ¿estás en casa?
- ¿Por?
- ¿Por qué carajos no abres la puerta? Tengo más de una hora aquí esperando que abras, y necesito ayuda con las maletas.
La llamada fue interrumpida de manera abrupta, Ren encontró un cambio rápido de ropa y se dirigió a la entrada, encontrándose con su hermana mayor, Jun Tao.
Una chica de altura media-alta, bastante guapa, inteligente y de carácter fuerte, cabellera larga y verde como el jade al igual que sus ojos, quien solía viajar bastante como representante de la empresa de sus padres, estaba de regreso después de unos meses de estar fuera del país, abrazo a Ren quien respondió el abrazo de forma desganada.
Después de "desayunar" y que Jun terminara de desempacar sus cosas, Ren se recostó en el sillón de la sala, cubriendo sus ojos con uno de sus brazos intentando descansar su cabeza debido a las pocas horas de sueño que acumulo, si continuaba con ese estilo de vida a pesar de su temprana edad tendría problemas en el futuro. Ignorando completamente la presencia de su hermana mayor en la casa y continuando con sus lagunas mentales de la noche anterior, un mensaje llego a su celular llamando completamente su atención, tomo el aparato y de forma automática abrió el mensaje.
De un lanzamiento rápido y demasiado fugaz, arrojo su teléfono lejos de si en el sillón, había visto con más claridad de quien se trataba y, a pesar de tener no mucho tiempo conviviendo en la escuela o en el salón de clases, recordar de golpe las sensaciones que le provoco la noche anterior estar encerrado en un cuarto junto a él lo molestaban.
-Imbécil -Susurró para sí mismo insultándose, abrió el mensaje que llevaba toda la mañana evitando a pesar de que solo se trataba de un saludo común y corriente de buenos días, aunque ya pasaba de la hora en la que se suele decir.
Se levanto con pereza y camino hasta su habitación, trataría de tomar una siesta para recuperar algunas horas, se sentía tan jodido y a la vez confundido.
Y es que ver la fotografía de Horo Horo en sus notificaciones le provocaba demasiadas cosas que ni él mismo podía explicarse.
Entro a sus aposentos y cerro con seguro la puerta, no quería interrupciones ni mucho menos saludar a sus padres si es que en cualquier momento de la tarde llegaban de algún viaje de negocios o simplemente placer, se recostó en su cama y tomo el teléfono nuevamente, dispuesto a responder los mensajes de Nichrome y quizás, de Horo Horo.
Aunque simplemente solo quería recordar el cómo es que el chico obtuvo su número.
Después de contestar las estupideces de su amigo, procedió a responder el mensaje de Horo Horo, comenzaba a carcomerle la duda y por supuesto le preguntaría al desgraciado.
Número sin registrar 6:30 a.m:
¿Llegaste bien?
Número sin registrar 1:58 p.m:
Buenos días.
Tao 4:00 p.m
¿Cómo carajos conseguiste mi número?
Si, soltó de golpe la pregunta.
No le importaba el ser demasiado directo, no es que le importara demasiado el qué dirán simplemente odiaba andarse con bastantes rodeos y así se evita bastantes problemas, había mandado el mensaje, sintiéndose molesto y demasiado ansioso, odiaba mucho la sensación y mucho más el no poder recordar que carajos había sucedido después de que vomito. Horo Horo ya no se encontraba en línea en ese momento, por lo que dejo su teléfono a un lado y miro el techo de su habitación notando que la luz entraba desde sus persianas, cambió su posición y quedando justo frente a la ventana se percató de la iluminación que había a esa hora del día, se levantó fastidiado y decidió cerrar las persianas correctamente, no tenía ánimos de soportar tanta luz ese día, regreso a su cama, tomó nuevamente su celular, cero notificaciones, lo aventó a su buró y se giró, dándole la espalda al mueble.
Y sin darse cuenta, se quedó dormido, ignorando completamente su entorno.
A pesar de no haber dormido en toda la noche, Yoh y Horo Horo conservaban un poco de energías para realizar las tareas que tenían pendientes o eso aparentaban, pocas veces llegaban hasta el amanecer, pero esta vez se habían excedido. La abuela justo ese día por la mañana decidió que era buena idea salir a pasear desde temprano en el jardín, disfrutando de la fresca brisa de la mañana y de la tranquilidad que le regalaban las plantas que formaban parte de la casa Asakura, justo en el momento que acariciaba a unas florecitas que estaban botonando, la señora Kino se llevó la sorpresa de encontrarse a su nieto y a su amigo brincándose lo que parecía ser la reja que separaba el jardín del siguiente terreno del lugar simplemente se quedó de pie mientras hacía equilibrio con su bastón, intentando procesar la imagen de ambos, no tenía palabras ni siquiera para regañarlos y hacer escandalo para que los padres fuesen a ver, el estado de ambos estaba de la mierda, sus rostros llenos de tierra y claro, ojeras de que no habían dormido, los pantalones medio rasgados, sucios al igual que sus playeras y lo que podría considerarse como la cereza del pastel, aun iban algo alcoholizados, no notaron la presencia de la abuela observándolos, Horo Horo bostezaba e intentaba ponerse de pie mientras limpiaba su pantalón, en cuestión de segundos el sonido de algo cayendo detrás de ellos robando completamente la atención de ellos en el momento y al notar que se trataba de Hao y ver el rostro de este asustado, ambos voltearon al frente y notaron a la anciana.
Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro, pero no una sonrisa cualquiera, Yoh tragó saliva al ver esa expresión tan conocida de su abuela, Hao se levantó de golpe y por la acción se mareo un poco, se acercó hasta donde estaba su hermano y quedó en medio de ambos, Horo Horo continuaba limpiando su pantalón cuando sintió que Hao lo golpeo con su codo y vio como la abuela sostenía su bastón listo para darles una paliza.
Los tres corrieron hacia dentro de la casa, sabían que les esperaba el chantaje más grande de sus vidas si es que no querían que la señora se quejara con sus padres.
Unos cuantos minutos después de que la abuela y el trio de imbéciles ingresaran de nuevo a la casa, negociaron arduamente el que Kino guardará su secreto para no ser delatados, comenzaron con las actividades de mantener el templo intacto, y esto les cobraba las horas de sueño que no podrían recuperar por esa mañana, incluyendo hacer las tres comidas para toda la familia, ya que ese día, se esperaba la llegada del abuelo de Yoh y Hao.
Dos horas después, los padres de los gemelos despertaron, bajaron hasta la cocina, en donde Horo Horo ayudaba lavando algunos trastes sucios acumulados de la noche anterior, la mamá de su amigo sonrió al ver la acción por parte del joven y se sentó en la mesa seguido de su esposo, el joven solo podía sentir como la tensión y la tremenda manipulación provenían de un ser de tan pequeña estatura y unos cuantos años encima que lo observaba fijamente desde el otro lado del lugar mientras cocinaba, sus ojos pesaban del sueño y sobre todo, por las bebidas que había ingerido, a veces se preguntaba porque era tan necesario el mezclar tanta mierda junta para beberla, comenzaba a disociar mientras veía como el grifo dejaba caer el agua en sus manos que sostenían uno de los platos que había enjabonado con anterioridad aun le quedaban unos pocos por lavar, y un codazo en su pierna lo despertó del trance en el que se encontraba, lo estaba afectando demasiado esa trasnochada.
Yoh y Hao se encontraban limpiando, se habían repartido el trabajo dentro de las aguas termales para poder terminar lo más pronto posible, eran demasiado raras esas veces en que ambos como hermanos llegaban a acuerdos que Hao milagrosamente aceptaba, todo con el fin de poder dormir aunque fuera unas cuantas horas, Yoh por supuesto se estaba repitiendo a si mismo que ya no saldría en lo que restara del ciclo escolar, pero en parte aun mantenía la esperanza de poder toparse nuevamente a la chica que le había robado el corazón aquella noche, tallo el piso con suavidad y se detuvo a limpiarse el sudor con su misma camiseta, soltó un suspiro y cerro sus ojos recordando la vaga imagen que aun mantenía en su memoria.
-Chicos -una dulce voz trajo en si a Yoh, su madre se encontraba recargada en uno de los marcos que daban a la entrada de las aguas del lugar, sonriéndole con un toque cálido que era reconocible en ella. – El almuerzo está listo, llama a Hao y ambos vengan. -Se retiro dando una media vuelta, Yoh se levantó del piso dejando ahí los artículos de limpieza y salió de donde se encontraba para buscar a Hao.
A pesar de tener una mañana como el infierno mismo por parte de la abuela Kino y su capacidad de manipulación en niveles bastante dominantes para ser la cabeza de la familia Asakura y dejar todo preparado para los clientes que tenían el día agendado para disfrutar un rato del lugar, los tres se fueron a sus habitaciones, tanto Yoh como Horo Horo podían decir que ese día estarían librados de Hao, al menos por una buena cantidad de horas. Yoh dormitada en lapsos en los que veía su celular y contestaba mensajes, revisar sus redes sociales solía divertirle cuando se encontraba con videos de su artista favorito, sobre todo porque el feed estaba lleno de páginas creadas por fans de todo el mundo y consideraba uno de sus lugares favoritos para pasar el rato.
Horo Horo solía matar el tiempo en Twitter, no solía publicar cosas o pensamientos que le gustaba ver en el inicio, compartía de vez en cuando o prefería ser un simple fantasma, el único motivo por el cual mantenía esa red era porque su hermana Pilika compartía fotos de su pueblo, sobre todo del santuario a sus dioses y a las criaturas espirituales que habitan el bosque de Hokkaido, recostado en su cada dirigió la mirada hasta su escritorio en donde permanecía aquella figurita de un Koropokuru, soltó un suspiro lleno de nostalgia, tomo sus audífonos y coloco las canciones de su banda favorita, aun con su celular en mano se dirigió a aquella aplicación de mensajes donde ignoro completamente la burbuja donde marcaba la cantidad de chats sin leer, aunque solía olvidar alguno que otro y más si trataba de la escuela, el primer cuadro al que le prestó atención era su último mensaje recibido, vio la foto como si un rayo le revolviera el estómago de los jodidos nervios del momento, leyó sin abrir el mensaje, notando la agresividad que contenía, vio la hora y la comparo contra la que marcaba su celular, 5:20 p.m.
-Carajo… -susurró lo más bajo que podría, puesto que tenía sus audífonos puestos y sabia perfecto que si hablaba era seguro en un grito.
¿Cómo es que se le fue toda la mañana sin dormir en simplemente ayudar en el quehacer de la casa? Tenía claro que su llegada fue aproximadamente a las 7 a.m. claro, contando exactamente ese momento en el que la abuela Kino noto la presencia de los gemelos y la suya, abrió el chat y reviso el primer mensaje que envió el cual fue ignorado, por suerte el chico no se encontraba en línea supuso que estaba dormido, y quien carajos no estaría dormido si hace unas doce horas había olvidado lo que era estar plácidamente acostado en su propia habitación, trato de pensar en una respuesta pero el recuerdo de la noche anterior lo invadía provocando en él un pequeño sonrojo, se sentía bastante estúpido por reaccionar así y más porque una persona que apenas y conocía lo hacía sentir de una manera que no había sentido, ni siquiera en esa relación tan rara de primer año con Marion.
Hablar de esa única relación en la que Horo Horo se había involucrado era un tema que preferiría olvidar y jamás mencionar, pues Marion por su personalidad inexpresiva y extraño comportamiento, solía evadir a Horo Horo la mayor parte del tiempo sobre todo cuando estaban en la escuela, evitaba el contacto visual y se perdía junto a sus amigas Kanna y Matilda.
En parte se sentía agradecido de que no durara mucho, a pesar de que sus amigos le daban bastantes esperanzas a que "eran la pareja perfecta".
Al final solo se resumía en estupideces de adolescentes de primer año.
Hundió su rostro en uno de sus cojines, y gruño dejando salir todo el nerviosismo del momento, ¿debería responder? ¿dejaba pasar ese mensaje de largo y continuaba? Miro el techo buscando una respuesta, aunque no podía pensar muy claro porque le pesaba el sueño acumulado y sobre todo los efectos de la borrachera, pero, recordaba en pausas el momento en aquella habitación a solas, cuando huyeron de la policía como en otras fiestas anteriores con la adrenalina a tope, y ese pequeño momento en la tienda de conveniencia, a pesar del comportamiento difícil que mantenía Ren, podía sentir que le causaba un poco de tranquilidad al estar cerca de él.
Se decidió a contestar la pregunta con otra pregunta, quizás así obtendría una plática con aquel chico de ojos dorados que le había robado el aliento.
Hola hola, una disculpa por desaparecer. Han sucedido bastantes cosas en mi vida en este tiempo que estuve de "hiatus" improvisado, pero aquí sigo, escribiendo esta historia. La idea principal y el final que le tengo preparado siguen en mi mente lo cual es buena señal porque quiere decir que si le he puesto bastante amor a este escrito jaja. En fin, espero lo disfruten y una disculpa nuevamente, no la tengo abandonada, estuve escribiendo durante ratos libres en estos años.
Nos leemos!
