Aclaración: Los personajes de Robotech no me pertenecen y sólo los utilizo a modo de diversión.
Rick contra Lisa
Historia basada en "Robotech"
Parte I
La ambición de Rick nunca había sido tan grande como hasta entonces. Para embarcarse en la nueva misión de la nueva fortaleza espacial, dado que trataba de una misión que podría tomar años, había una condición; sólo podían embarcarse parejas casadas. Y en ese sentido, la solicitud de Rick, así como muchos otros solteros, fue rechazada.
Sí debía casarse, tenía que hacerlo en un plazo de un mes, y considerando que la reina del canto no dejaría su vida glamorosa para seguirlo a las profundidades del espacio, la lógica le indicaba, por simple compatibilidad, que la única opción era casarse con otra soltera que, a pesar de su condición de ser la de mas alto cargo en la fortaleza, era el blanco de los cuestionamientos del concejo, que, sin mediar en excepciones, exigía que ella cumpliera como todos aquellos en la tripulación.
Desde luego, cuando Rick le propuso a Lisa contraer matrimonio, ella aceptó de buena gana y la boda se llevó a cabo en una ceremonia privada muy sencilla, con los Sterling como testigos.
A un mes de ese evento la fortaleza espacial se encontraba orbitando en el espacio, preparando los últimos detalles antes de aventurarse hacia lo desconocido.
Ambos creían ilusamente que esa afinidad mantenida durante esos años sería suficiente para convertirse en una pareja; mientras Rick creía haber encaminado sus pasos hacia el espacio, Lisa por su parte palpaba el milagro que siempre necesitó para arrancarlo de las garras de Minmei. Pero a un mes exacto de firmar el papel que los unía, ella creía odiarlo, y él por supuesto, compartía ese sentimiento.
—¡Patán! Hoy no duermes en mi cuarto— dijo Lisa enojada arrojándole la almohada en las manos, para después cerrar la puerta tras de sí.
Rick se paralizó, si bien las cosas estaban difíciles y no lograban congeniar, conseguían dormir en la misma cama, uno a cada costado siempre dándose la espalda. Y ahora que ella había decidido echarlo, no sabía qué iba a hacer, donde iba a dormir, y lo peor de todo, es que la situación echaría más leña al fuego para aquellos que gozaban divirtiéndose con los rumores de su mala relación.
Se acercó a la puerta y llamó tímidamente, si la conocía bien, ella aún estaría con su enojo pegado a ella.
—Lisa, esto no se verá bien. Piénsalo un poco, ya tenemos suficiente con los rumores de que somos una pareja imposible.
—No me importa—siseó Lisa—. Nos casamos solo porque era obligación para venir en la misión y tú sabes que ser comandante en mi propia nave siempre fue mi sueño. Me iba a casar contigo o con cualquier otro. No me importa que a estas alturas que hablen de nuestra farsa de matrimonio.
Rick enterró sus uñas en la almohada, frustrado por las palabras de esa mujer.
—Yo quería venir tanto como tú, sabes que amo el espacio.
—No, no lo sabía.
—Minmei siempre fue la mujer que quise como esposa, de no haber sido por esta oportunidad jamás la hubiera dejado ir. ¿Ves como con eso te compruebo que mi sueño está primero que el amor por una mujer?
Se hizo el silencio por un instante, después se sintió el clic en la puerta antes de que se abriera. Rick pensó que era para permitirle entrar, pero solo se encontró con un rostro muy enojado y una mano que le arrojó una frazada.
—Piérdete. Ahí tienes que te vayas a dormir a cualquier rincón para que la gente no te vea y hable mal de nosotros—cerró la puerta nuevamente.
Rick se vio a sí mismo como un gran derrotado. Ahora sabía que debía tener más miedo a su mujer que a cualquier enemigo.
Echó andar sin ánimos por el pasillo. Imaginaba que tras esas puertas de oficiales muchos estaban disfrutando la situación. Arrastraba los pies sin saber dónde ir, pero en la última puerta, Max se asomó. Se veía medio adormilado. Miriya estaba atrás empujándole.
—No tenemos mucho espacio aquí, pero puedes dormir en el piso—dijo Max.
—Sí Rick, no hay problema, porque será una noche, ¿No es así? —dijo Miriya desde atrás.
—Así es. Mañana suavizaré la relación con esa fiera.
Varios días después Rick seguía durmiendo en el piso de los Sterling. Miriya ya no podía soportarlo, ni mucho menos entenderlo, consideraba que hombres y mujeres debían confrontar cada situación y llegar a un acuerdo de paz. La mañana del día diez, siendo su día libre y el de Rick, se levantó temprano y lo despertó con una suave patada mientras le daba el biberón a Dana.
Rick se despertó asustado.
—Es hora Rick, ve con Lisa y arregla la situación. Te queremos, pero ya no podemos hospedarte.
—Max me dijo que podía quedarme aquí más tiempo— se excusó Rick sin terminar de despertar.
—Vete porque si te quedas con el permiso de Max, créeme que no serás el único esposo que busque asilo con amigos. Y hablo en serio.
—Está bien. Muchas gracias, Miriya
Ese día Rick no comió, con la almohada y su manta como gran compañero se sentó cerca de la ventana del mirador para observar la imagen de la Tierra, sopesando la situación, pensando que podría anular el matrimonio en ese preciso momento. Por supuesto, sería enviado de regreso al planeta, pero también le jodería la vida a Lisa.
Una sonrisa siniestra se asomó en su rostro al día siguiente, cuando tenía que ir a vestirse antes de presentarse en su puesto.
Tocó la puerta, esta vez sin miedo, decidido. Había llegado a la conclusión de que amaba volar más que ir al espacio, y si se divorciaba, de todas formas, iba a volar en la tierra.
Lisa abrió y simplemente lo ignoró, pero le dejó entrar, como solía ser casi todas las mañanas.
Rick se vistió con toda la calma pudo, la sentía a ella dando vueltas, preparando todo para reportarse en la sala de reuniones.
—Necesitamos hablar—dijo finalmente mientras se terminaba de acomodar su uniforme.
—No tengo tiempo ahora, con suerte cinco minutos, mientras ordenó todo—respondió Lisa pasando de un informe a otro para elegir el más relevante.
—Solo tomará un minuto—dijo plantándose a su lado—. Me divorciaré de ti.
Lisa paró un momento su trajín, evaluando la situación.
—Imagino que será después del salto espacial —murmuró sin darle importancia.
—Ahora mismo iniciaré los trámites.
—¡Te volviste loco! —le dijo viéndole a la cara— No solo te enviarán a la Tierra, a mi me quitarán esta nave.
Rick puso sus palmas sobre el escritorio y se inclinó para susurrarle al oído.
—Acepta, te divorcias de mi, e inmediatamente te buscas un pobre desgraciado entre las excepciones que pueda aguantarte—dijo satisfecho—.Tu minuto ya acabó.
Cuando Rick atravesó la puerta y cerró, sintió que algo chocó duramente contra esa muralla.
Nuevamente sonrió triunfante.
.
El mundo no era color de rosa para Rick, pero Max, siendo su amigo, lo notó extrañamente vivo cuando se cruzó con él en la zona de hangares. Y eso realmente lo que tenía intrigado.
Apenas pudo, el de pelo azul abrió un canal de comunicación. Su amigo estaba en un recorrido de patrullaje, probando a los nuevos pilotos que se habían integrado al escuadrón Skull.
—Oye Rick, ¿Cómo te fue con Lisa? Por la cara que te vi en la mañana pienso que arreglaste las cosas con ella y quiero los detalles.
Rick se tomó unos segundos antes de contestar.
—Anoche dormí afuera, y hoy la vi. Creo que arreglé mi problema.
—Llegaron a acuerdo y ya no pelearán más—dijo asumiendo la probabilidad más ventajosa.
—Ya no pelearemos más, es un hecho— Max se sintió aliviado al oír eso—Vamos a divorciarnos con efecto inmediato.
—¿Qué?
—Lo que oíste. Me divorciaré, volveré a la tierra, y probablemente ya no te veré hasta tu regreso.
—¿Y Lisa está de acuerdo?
—No lo sé y no me importa.
—Eres un idiota —asestó Max—¿Te es tan difícil un poco de sacrificio?
—Lisa después de todo es una loca, la única forma de conseguir una buena relación con ella es que nos divorciemos o que uno muera—Rick suspiró —. Pero fue mi amiga durante mucho tiempo, así que su muerte a cambio de mi felicidad no es opción.
— Te aseguro que Lisa sí te quiere muerto en este preciso momento, estás renunciando no solo a tus aspiraciones y sueños, también a los de ella. Se casó contigo persiguiendo sus metas.
—Puede casarse con cualquier otro, pero yo no volveré a cometer ese error solo por ir al espacio. Prefiero morir solo, pero feliz.
—Soy tu amigo y te sugiero que lo consideres nuevamente.
Rick prefirió cortar el enlace para concentrarse en lo suyo. Lo más probable es que alguien más asumiría el cargo en su escuadrón y estaba dispuesto a preparar bien a sus muchachos. Tenía tres días antes de la última inspección que realizaría el alto mando antes de aventurarse en las profundidades del espacio.
Después de su patrullaje regresó a la plataforma, supuso que Lisa estaba esperándolo para una nueva batalla. En vez de ella, encontró el rígido rostro del sub almirante Maistroff, y él nunca había apoyado a Lisa en nada.
Saludó protocolarmente a su superior en cuánto lo tuvo a unos pasos. Ese hombre con un gesto hizo que todos salieran espantados del lugar.
—Entiendo que su matrimonio no va nada bien, capitán.
—Supongo que los rumores no se hacen esperar—sostuvo.
El sub almirante invitó a Rick a acompañarlo, lo llevó directo a la oficina de estrategias asegurándose de estar solos.
—¿Qué busca de mí? —preguntó Rick sospechando que él tramaba algo.
—En tres días realizaré la última inspección junto a un grupo especializado en varios aspectos de la misión, y seré sincero, no creo que una mujer como la Capitana Hayes pueda comandar una misión como esta, sencillamente no tiene lo que se necesita.
—Experiencia tiene, y mucha. Usted lo sabe —respondió Rick, si bien estaba molesto con esa mujer no iba a dejar de reconocer sus capacidades—.Estimo que lo que a usted no le gusta es que sea mujer.
—Tal vez—reconoció el hombre sin inmutarse—. Pero dado los rumores que recorren esta nave, y considerando la oportunidad que tengo de poner a otro oficial competente al mando, decidí recurrir a usted como mi apoyo.
Rick se cruzó de brazos viendo seriamente a su superior.
—Lo escucho.
—Si desea el divorcio y liberarse de las disputas que solo conseguirían que esto se aplace, vengo a otorgarle la opción de divorcio en tiempo récord. Hablo de obtenerlo mañana mismo, y antes de esa inspección.
—Si para su inspección Lisa está divorciada no tendría más opción que volver a la Tierra, ¿No? — preguntó suspicaz—Asumo que los dos volveríamos de la mano al planeta.
—No, le tengo una alternativa. Solo debe estar casado para esta misión, y si usted ha oído de mi sobrina, militar, muy bonita y e instruida…digamos que también puedo arreglar un matrimonio inmediato, y conservaría su deseo de embarcarse a las profundidades del espacio.
—No me parece la idea de un nuevo matrimonio. Con su permiso, debo volver con mi escuadrón — dijo parándose.
—Piénselo capitán Hunter, aunque tiene muy pocas horas para decidirlo.
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Rick entró al cuarto silencioso como un fantasma luego que nadie respondiera al llamar a la puerta. Recogió su almohada y manta en el armario y se giró para salir. La pequeña lámpara encendida en la mesa de noche iluminaba el rostro de una Lisa profundamente dormida.
Reconoció que era muy bonita cuando dormía, hasta parecía un bello ángel.
—Si no fueras una mujer loca al despertar, te juro que cambiaría de idea—susurró antes de salir.
Rato después se encontraba acomodándose sentado en el mismo sitio de la noche anterior, su almohada sirviendo de asiento, y su manta cubriéndolo por completo mientras su mirada se iba hacia la tierra.
—Hermano, si estuvieras vivo seguro me alentarías a seguir con mi matrimonio—sonrió—, y enviarías a Maistroff y sus ideas de vuelta a la tierra con una patada en el trasero.
Se fue quedando dormido poco a poco, comenzaba a soñar con su vida volando un avión cuando una sacudida lo sacó de bruces de su sueño.
Era Lisa.
—Levántate ahora mismo y vuelve al cuarto conmigo.
Él la miró como si no entendiera, pero era agradable que se lo pidiera sin enojo.
—Que te levantes, Maistroff está en la nave y si sabe que estás aquí, será mi fin.
Eso sí que no le gustó al piloto.
—Solo eso te importa—acusó molesto—, te dije que nos divorciaremos así que no tenemos que hacer este teatro de un matrimonio feliz.
Lisa se inclinó hacia él para mirarlo a los ojos.
—Piensa en el tiempo pasado, en lo bien que podíamos congeniar, ser cómplices. No creo que eso haya cambiado de la noche a la mañana.
—Tú cambiaste, eres insoportable. Eres como te describían en los comentarios de pasillo cuando me uní a la milicia.
Eso enfureció a Lisa, Rick lo notó en su impresión.
—No me desafíes.
—Vete a dormir, ya no quiero discutir contigo. Ves como haces que salga mi lado malo.
Lisa se irguió, hizo un gesto con la cabeza y dos informados se acercaron rápidamente.
—Llévenselo, en silencio. Directo al cuarto.
Tras esos macabros planes de Lisa, Rick se vio arrastrado por dos hombres como un vil criminal, sin derecho a gritar, porque en cuanto lo intentaba le cubrían la boca. Cuando finalmente fue arrojado al interior de la habitación que compartía con su mujer, esa mujer entró segundos después, no sin antes instruir a esos dos para que montaran guardia en la puerta durante toda la noche.
—La gran comandante Hayes usando su poder a conveniencia—atacó Rick dejándose caer sentado al pie de la cama, rendido. Asesinarla para quedar viudo tomaba forma, pero al fin y al cabo no sería tan fácil con ese séquito de hombres a su disposición—.Déjame decirte que me quedaré sentado aquí, no pienso compartir la cama contigo. Te miraré toda la noche solo para recordar cuánto necesito ese divorcio.
—Bien—sostuvo Lisa metiéndose en la cama.
Y aunque Rick se propuso mantener en pie sus dichos, en menos de media hora ya había caído de espaldas, dormido.
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Meditando sobre su divorcio, más bien, pensando si debía joderle los planes a Lisa tomando la oferta de Maistroff, Rick alistaba los detalles en su avión antes de salir al espacio con sus muchachos.
—Dices que el divorcio es inevitable —susurró de pronto Max a sus oídos—. Si quieres oír historias tristes de matrimonio te puedo contar detalles del mío, lo imperfecto que era. Algunas cosas ya las conoces, y otras que no, aquellas que hacían arrepentirme de un matrimonio con una mujer desconocida de otro mundo.
Rick se giró para ver a su amigo.
—Salgo en menos de quince minutos, no tengo tiempo para historias.
—Hablaremos como ayer—le señaló su traje y casco—, volando, y en un canal privado.
Más tarde Rick se negaba a la conversación, aunque su curiosidad pudo más, y es que saber cómo Max y Miriya se convirtieron en una gran pareja a pesar de sus diferencias culturales siempre había sido una incógnita.
—Cuéntame Max, decidiré si tus historias tristes valen la pena.
Max suspiró al otro lado de la línea, buscando por dónde empezar.
—La primera noche juntos…—comenzó tímidamente el piloto—no pude dormir porque la cama la compartíamos Miriya, un arma y yo.
—Un arma bajo la almohada – dijo Rick burlonamente.
—No, un arma con un dedo en el gatillo. El dedo de Miriya, específicamente.
Eso había atrapado la atención de Rick.
—Cada vez que me movía, cada vez que la tocaba en un intento de consumar nuestro matrimonio, me apuntaba directo entre los ojos. Dormida, por supuesto. Y ví mi vida en peligro—rio— y a la mañana siguiente dijo que quería preparar café, pero cuando fui a la cafetera y me explotó en la cara quemándome un poco las cejas, se me ocurrió que más que un intento inocente, era un atentado contra el hombre que la derrotó en batalla.
—Escuché la explosión y los gritos— contestó Rick divertido.
—Conocía muy poco a mi esposa, pero sabía que ella era una persona que odiaba perder, y la venganza hacia mí fue lo que la trajo a mis brazos.
—Sí, eso también lo sé.
—El peligro con ella siempre fue su subconsciente: dormía y le nacían esas ganas de matarme. Y créeme, quise divorciarme la tercera vez que desperté con sus manos apretando mi cuello. Creí que dormía con el enemigo, como todos decían. Y sí, vi mi vida peligrar.
—¿Cómo solucionaste eso?
—Paciencia amigo, solo paciencia—sostuvo Max suspirando —Ella era una desconocida y tuve que lidiar con ese lado desconocido para sobrevivir, en tu caso, conoces a Lisa, sabes quién es… ella no querría matarte en ningún caso mientras duermes, solo te odia un poco, necesitas conocer la razón de ese odio.
—¿Me creerías que anoche hizo que dos patanes con informe me sacarán de mi nuevo cuarto en los pasillos y me arrojarán dentro de su cuarto? —oyó una fuerte risa de Max—¿Acaso lo sabías?
Rick solo podía imaginar como los rumores volaban en la nave.
—Esos dos patanes fueron idea de mi esposa.
—Ya sabía que el diablo había metido la cola en ese asunto.
—El demonio llamado Miriya.
— Adiós Max y gracias, ahora tengo mucho que pensar.
Rick terminó su turno asustado de la sola idea de que Maistroff metiera también su cola en sus asuntos, pero si era el único que podía salvarlo, al final de cuentas tendría que recurrir a él, más temprano que tarde.
Fue a los comedores a última hora sabiendo que solo los más rezagados comían tarde, pidió una cena ligera y un té, y se sentó a pensar, y pensar más hasta que le pidieron que abandona el recinto sin haber probado nada. Con el estómago rugiendo, fue a su habitación a buscar sus cosas para dormir, aunque Lisa había sido más lista al esconder todo muy bien. La esperó hasta su llegada.
—¿Dónde están mis cosas?
—Hoy duermes aquí —dijo evadiéndolo para tomar sus pijamas y meterse rápido al baño.
—¡El divorcio va, lo quieras o no!
Después de gritar para que ella lo escuchara fue directo al bar, se sentó en la barra y pidió algo para beber. Su ángel malo no tardó en encontrarlo y sentarse a su lado, con un whisky en la mano.
—¿Lo pensó, capitán?
—Sí, lo pensé —respondió para verle a la cara.
—¿Y qué decidió?
—Decidí que, si Lisa quiere perseguir su sueño, no lo haga a costa de mi infelicidad.
—Muy bien —dijo el su almirante complacido, se bebió su vaso y levantó palmeándole el hombro—Mañana por la tarde conocerá a su futura nueva esposa, para entonces, mi amigo se encargará que usted sea un hombre libre de esa mujer.
Rick asintió.
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A la mañana del día siguiente Lisa tropezó con una chica, muy joven y bonita que no había visto en la nave. Con inocencia pensó que se trataba de alguien que venía con la comisión, y pasó de ella luego de regañarle por su falta de cuidado al caminar.
Por su parte, a la misma hora Rick firmaba la demanda, y aunque para entonces faltaba solo la firma de Lisa, confiaba en que el mismísimo Maistroff se encargaría. Como el abogado insinuó, le ofrecerían a Lisa una propuesta difícil de rechazar.
Luego el fue por su traje, con ánimo voló junto a sus muchachos, pero a su regreso, un témpano de hielo lo estaba esperando.
—Me traicionaste, y con Maistroff—le susurró Lisa muy dolida apenas lo tuvo cerca—. Jamás lo creí, a pesar de tus amenazas de divorcio.
—Me ofreció una vida, lejos de nuestro desgraciado matrimonio —respondió pasando a su lado para retirarse de ese lugar.
—Tengo que volver a la tierra y todo es tu culpa Rick Hunter.
Se detuvo sin intensión de volver a verla a la cara—Fue tu culpa, en tan solo un mes me convertiste en el hombre más desgraciado de la tierra. Adiós, nuestro cuento llegó a su fin.
Notas: Abril Caballero, una de mis grandes amigas de este mundo de los fics de Robotech, tiene la culpa de que esté posteando esta historia. Buena o mala, recuerdo que me divertí escribiéndola. Eso sí, dejé el final inconcluso y estoy avanzando en ello mientras puedo.
