Sumario: Atrapada en un mal matrimonio, sacrificando todo a cambio de nada. Algo cambió en Hanji cuando su esposo le propuso «abrir el matrimonio» para que no cuente como infidelidad, entonces algo se rompió dentro de ella. Lo que menos hubiera imaginado Hanji era que su esposo abrió una puerta, rumbo a una vida sin él, mientras al otro lado alguien la estaba esperando.


Capítulo 08: Pérdida


Uri-san... por favor... venga a verla...dijo la voz de la mujer de mayor edad en un tono de súplica. —Ella no se encuentra bien... no deja de beber...

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Hanji se sentó en el piso, dejando a un lado la tablet mientras tomaba el celular y preguntaba sobre las configuraciones más avanzadas, como si era recomendable vincular la tarjeta para compras.

—Depende...— comentó Levi mientras tomaba la toalla que ella portaba alrededor del cuello y de manera inconsciente le secaba el cabello. —Si bien es cierto que te permite compras más rápidas, así mismo puede generar que hagas compras impulsivas.

Hanji asintió en comprensión, por el momento descartando ingresar los datos de la tarjeta. Soltó un suspiro involuntario al sentir que Levi aprovechaba la posición para masajear el tenso cuello.

—Eso se siente bien...— susurró Hanji en voz suave. Levi tomó los lentes de Hanji, lo cual hizo que ella sintiera su corazón acelerarse en anticipación, y los dejó encima del sofá. Él no la decepcionó al momento que deslizó una mano en la barbilla, haciendo que abriera la boca, mientras que la otra se deslizaba por encima de la ropa.

—¿Y esto?— preguntó Levi, bajando un tono su voz. Veía los ojos castaños brillantes de expectativa y ansiedad, los labios entreabiertos, invitándolo a volverlos a besar. Las manos de ella también se deslizaban sobre él, buscando el calor de su cuerpo, atrayéndolo tentadoramente hacia el piso.

—Me fascina.— admitió Hanji empezando a abrir los botones de la camisa de Levi, deslizando sus labios por la pálida piel.

Para Levi, sentir la ropa de ella directamente en su piel fue extrañamente erótico, una delgada barrera de tela que lo invitaba a ser parte de ese juego de seducción. Claramente sentía que Hanji iba colocándolo sobre su espalda y no le importaba, dejándose acomodar a como ella se sintiera mejor. Se acoplaba a las caricias, levantando su blusa lo suficiente para besarle los pechos, sintiendo en su boca el endurecimiento de los pezones. La ayudaba a restregarse sobre él, humedeciéndose de necesidad, aire caliente envolviéndolos.

Hanji nunca antes hubiera pensado ser tan osada en la intimidad, deslizando sus manos por la piel pálida y sudorosa de Levi, en la propia sala del departamento de él, haciendo que la respiración del hombre sea agitada y los ojos se le oscurecieran en ese gris que la hacían estremecer. Deslizó sus manos alrededor de las piernas de él, tocando sutilmente la cicatriz de su dura niñez.

Hace días atrás Levi le había dicho que un hombre recibía sexo oral para prepararse para tener sexo. Pero ahora ella buscaba solo darle placer, sintiéndose poderosa al verlo temblar por ella a causa de las succiones en la parte baja y las caricias que él mismo le había enseñado.

Levi parecía que en cualquier momento la pondría contra su espalda para embestirla como si no hubiera un mañana, sin embargo era impresionante el control que tenía para no ceder a sus deseos primitivos. Lo más brusco que él hizo fue tomarla del cabello y enredar los dedos, sintiendo los movimientos de la cabeza de ella, las succiones, la presión suave y rítmica de las manos de ella en el largo y tenso pene.

Hanji sentía cómo palpitaba y estaba más tenso el pene en sus manos, estando a nada de sentirlo explotar, pero Levi la detuvo, soltando un chasquido cuando la boca de ella perdió contacto con su pene.

Con los ojos brillantes y oscurecidos de excitación, Levi la besó, recostándola contra el piso, las manos de él deslizándose a través de la ropa de ella, haciéndola temblar de ansiedad.

No dejó de besarla, ya sea en la boca o en cualquier parte de su cuerpo, incluso mientras buscaba el preservativo para colocárselo antes de deslizarse dentro de la ansiosa vagina, amortiguando los gemidos de ella con su propia boca, empujando una y otra vez, perdiéndose en el sexo, acariciando el paraíso con sus propias manos, permitiéndose olvidar de todo a su alrededor, solo siendo consciente de ambos y del placer que compartían.

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La vida es una maldita perra que te desgarra, dejando heridas sangrantes y sin cicatrizar.

¿Cuál fue su crimen para estar pagando ahora con lágrimas y dolor en su alma?

«Esto fue un maldito error... No debió suceder...» Con esas crueles palabras habían iniciado todas sus desgracias.

Ella vació nuevamente el vaso en dos tragos largos, sintiendo el escozor en la boca deslizándose hasta lo más profundo de su ser.

A pesar de todo no se arrepentía de lo que para ella fue la fugaz felicidad, pero su desenlace ha sido tan tortuoso y no le encuentra fin a ese dolor.

Y cuando creía poder controlarlo todo... cuando creía tener una oportunidad de ser mejor de lo que jamás ha sido... vino ella y se lo arrebató.

—La odio tanto...— musitó Kuchel mientras llenaba su vaso con más licor. Luego revisó la imagen en su celular, observando la fotografía que alcanzó a tomar antes que Uri y Kenny se reunieran con ellos. En esa foto veía cómo Levi sostenía la mano de Hanji, su mirada cálida claramente buscando calmarla. —Zöe Hanji... Maldita perra...

Kuchel era consciente que aquella muchacha le había arrebatado el amor de Levi. Él, que nunca dejó a ninguna mujer llegar a su endurecido corazón, había caído ante los encantos de esa fulana... ¿Quién demonios era? ¿Y cómo carajos Levi la dejó entrar en su vida?

Kuchel amplió la imagen, notando con mayor detalle a Hanji. Con el alcohol recorriendo en sus venas, y siendo algo que jamás admitiría estando sobria, murmuró que Hanji tenía un bonito rostro.

Pero no era algo tan extraordinario, dijo más para sí misma, ella era bonita sin exagerar.

Levi debió interesarse más en su forma de ser o quizá su intelecto. Kuchel estaba segura que su hijo sí era exigente para tener pareja y no había tomado decisiones estúpidas, tal como lo hizo la idiota de su madre.

Kuchel sollozó un poco y bebió del vaso con mayor celeridad.

Aunque Levi ya no la consideraba como su madre.

Y otro sombrío pensamiento la atacó.

Kenny tenía tanta razón. Ella valía una mierda como madre. Jamás debió serlo. Solo fue una caprichosa estúpida que nunca supo tomar buenas decisiones ni logró manejar correctamente su vida.

Lagrimeó otro poco y en su torpeza de ebriedad el vaso cayó al piso, rompiéndose en miles de fragmentos. Aquello la hizo sonreír, gruesas lágrimas deslizándose por sus mejillas pálidas, imaginando que así de rota estaba ella misma.

Kuchel deslizó una mano por su vientre, recordando su pérdida, la voz ahogándose más con su propio llanto silencioso, como si deseaba que nadie la escuchara, pero en la mansión nadie más que ella vivía, pues Kenny se había casado y formado su familia, alejándose de ella. Uri... bueno, una vez que logró formarse como profesional de medicina, se marchó de la mansión, dejando todo fácilmente en el olvido. Y su querido hijo, siendo un adolescente influenciado por Kenny, también la abandonó, deshechándola de su vida, como un trapo inservible.

No servía como hermana, no servía como esposa, no servía como madre, no servía para ser amada.

Kuchel tomó directamente de la botella, tragos largos y sin pausa, teniendo dificultad hasta para respirar, pero necesitaba adormecer el dolor y ahogar en alcohol todo su pasado.

Quizá si perdiera la consciencia, lograría despertar y descubriría que todo ha sido una cruel pesadilla sin fin.

Tal vez pronto abriría los ojos y estaría en su habitación, siendo la inocente muchacha de dieciocho años y entonces jamás se hubiera atrevido a ir al cuarto de...

Kuchel sacudió la cabeza, aún en su estado de ebriedad.

No.

No.

Ella lo dio todo.

Ella fue sincera.

Y fue plenamente feliz.

Como nunca más lo volvió a ser.

Atormentada en sus recuerdos, creyó ver la sombra de su ex marido, burlándose de ella y del desastre de su existencia, lo cual le provocó náuseas. Tambaleante a causa de su borrachera, fue hasta el pasto, vomitando de inmediato, cayendo de rodillas en su abrupta carrera.

¿Más patética podía ser Ackerman Kuchel?

La vida decidió que sí.

No supo cómo fue que el pasado pareció querer perseguirla para atormentarla, porque sintió la mano de Uri recogerle el cabello negro para que no lo ensuciara entre sus arcadas y vómito.

Kuchel soltó una risa vacía y triste.

—¿Eres real o eres una alucinación?— soltó Kuchel con voz ronca, intentando parecer un poco digna, como si no fuera un desastre ambulante.

Uri le pasó un poco de agua para que se lavara la boca, sin atreverse a responderle. Esperó a que ella escupiera el agua y la instó a abrir la boca a lo que ella, de manera automática, hizo caso sin pensarlo demasiado.

Kuchel sintió que le puso una pastilla y la obligó a tomar más agua.

—Es un analgésico.— le dijo Uri, en su habitual tono de médico.— Inhibirá la liberación de prostaglandina que es lo que te produce resaca.

Kuchel secó sus lágrimas, tratando de levantarse pero sin conseguirlo, por lo cual estuvo a punto de caer en su propio vómito. Quizá alguna deidad tuvo compasión y evitó que su existencia fuera más patética.

No, fue Uri, quien la sostuvo y la apartó de su desastre digestivo, llevándola adentro de la mansión, aprovechando que ella estaba tan dócil, para guiarla hasta su propia habitación.

Los pensamientos de Kuchel se mezclaban en una marejada de autocompasión, odio y orgullo herido.

—Hanji... puede destruir a Levi...— divagó Kuchel, su mente regresando a la razón de su estado actual. —Si alguna vez tú...— las lágrimas evitaron que siguiera hablando con naturalidad, haciendo que bajara más la voz hasta que sea un susurro. —...no dejes que Levi sufra... Él solo te tiene...

Uri se preguntó si Kuchel sabía que Levi había puesto una advertencia a Kenny. Suspiró profundamente, deseando entender cómo los hermanos Ackerman son tan parecidos en su objetivo común y al mismo tiempo tan idiotas para estropearlo todo de una absurda manera.

Y más que nada, Uri no comprendía cómo es que él, siendo un médico especialista que económicamente ya no depende de nadie, es tan masoquista y sigue ahí junto a esos hermanos problemáticos.

—Hanji no es mala persona...— Uri insistió en su argumento mientras la ayudaba a sentarse en la cama. —Y Levi merece un poco de felicidad.— Los ojos violáceos la miraban, pero sus pensamientos parecían estar perdidos en su propio pasado. —La felicidad siempre es esquiva, hay que disfrutarla mientras la tenemos.

Kuchel estuvo a punto de decirle que ella solo fue feliz aquella noche.

Pero producto de aquello había desencadenado sus propias desgracias y pérdidas.

El desamor, el dolor, la soledad. Noches solitarias, cuerpos helados, orgullo pisoteado... Todo lo que vivió a causa de una fugaz felicidad.

Y ella debe ser una estúpida porque, a pesar de todo, no se arrepiente. Sin importar de cuánto le duela y cuán destruída quedó.

—Levi no me ama...— murmuró Kuchel. —Creo que jamás lo hizo... es mi destino en esta vida... perderlo todo...

Uri negó lentamente y en silencio. Quizá si Kuchel deja enfriar las emociones en Levi y si ella deja de portarse como una víbora venenosa, poco a poco podrían reconstruir la relación. Después de todo, creía Uri, Kuchel era solo una viuda que no supo canalizar bien la muerte de su amado esposo.

—No lo has perdido...— trató de hacerla razonar con voz conciliadora.

Pero Kuchel se tapó los oídos, negando continuamente.

Lo perdí...— lloró con más fuerza. —Siempre pierdo...— se resignó a su triste realidad, dejando caer sus manos en su vientre. —Cuando Levi nació... tuve complicaciones... me quitaron el útero... perdí la oportunidad de tener más hijos...— aprisionó la ropa con fuerza, como si quisiera cubrirse. —También perdí a Ralph...— sonrió con burla contra sí misma al mencionar a su esposo muerto, empezando a divagar en sus recuerdos. —Perdí la dignidad... perdí mi orgullo...— se limpió la boca, su expresión volviéndose sombría. —Perdí a mi hermano... y te perdí...

Escondió el rostro entre sus manos, llorando desconsolada.

Uri se pasó la mano por el cabello, dudando entre hacerla sentarse para abrazarla y consolarla o recostarla para que llorara en paz en su cama.

—No es así...— Uri se decidió por calmarla ante su desgarrador llanto.

Kuchel pareció recordar algo y buscó en su mesa de noche, abriendo con brusquedad el segundo cajón, revolviendo entre fotografías antiguas de Levi.

Siempre pierdo...— insistió Kuchel en un susurro, como si alguien más pudiera escucharla. Encontró lo que estaba buscando, mostrando un documento amarillento, arrugado y doblado. Le entregó el documento al médico, como si con aquello lograría reafirmar su argumento, sin imaginar lo que estaba a punto de desatar. —Perdí a nuestro hijo... Uri.

Y con esas palabras ella se dejó caer en la cama, encogiéndose sobre sí misma.

Las palabras resonaban en la mente del médico, sin poderlo procesar de manera adecuada.

¿Nuestro hijo?

La cabeza empezó a emitir un zumbido interno mientras abría aquel papel desgastado. Era un certificado de nacimiento emitido en un lugar perdido de Japón. ¿Eldia? ¿Dónde demonios quedaba aquel sitio? ¿Y cómo rayos Kuchel llegó a ese irreconocible lugar?

Nacido vivo. Masculino...tres libras y cinco onzas...leyó Uri con el corazón acelerado, observando la fecha de nacimiento, haciendo cálculos mentales. Eso fue hace veintiocho años. Con una punzada en el pecho cayó en cuenta que Levi tenía veintiseis años. Uri dedujo entonces que Levi había tenido un hermano mayor.

Uri buscó en el segundo cajón de Kuchel, deseoso de respuestas ante miles de preguntas que se estaban formando, encontrando varias fotos envueltas en un cuidadoso plástico. La primera era de una joven Kuchel sosteniendo entre sus brazos a un bebé de cabellos rubios, en otras se veía al bebé con los ojos abiertos, tan violáceos como los de Uri, mordiendo su pequeño puño, o tomando la mano de Kuchel, enn todas las imágenes se veía ropas desgastadas y demasiado grandes para el pequeño bebé, mientras Kuchel parecía vestir ropas remendadas y viejas.

Por la anotación en el pie de foto, las fotos fueron tomadas cuando el bebé tendría entre dos a siete meses. Y no hubieron más fotos después de eso.

Kuchel dijo que lo perdió.

¿Murió al poco tiempo de los siete meses?

Lágrimas amargas recorrieron el rostro de Uri, arrepintiéndose de haber atendido la llamada de la ama de llaves.

Había conocido a su hijo y lo había perdido al mismo tiempo.

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Hanji deslizaba una mano por el pecho de Levi mientras pensaba en algunas extrañas manías de su actual amante.

Tenía una rara obsesión por la limpieza, siendo prácticamente un ritual ducharse después del sexo, como si quisiera limpiar los restos de sus encuentros sexuales y... ¿hacer de cuenta que nunca tuvo sexo? ¿Acaso, aparte de los latigados, su cruel padre cometió abuso sexual contra su propio hijo?

Se estremeció de tan solo pensarlo y aquello fue algo que Levi notó.

—¿Pasó algo?— le preguntó Levi, sin imaginar hacia dónde estaban los pensamientos de la fémina. —¿Sigues preocupada por la universidad?

Hanji soltó un sonido suave de negativa.

—Iré a la universidad a pedir la malla académica.— dijo ella, suspirando de manera inconsciente al sentir la mano de Levi acariciarle la nuca. —De ahí buscaré las ofertas académicas internacionales y requisitos, pero antes... no sé si conozcas a algún abogado, necesito tramitar mi divorcio y no quiero irme al extranjero estando casada con Zeke.

Levi pensó unos instantes.

Sí, conocía a alguien.

Molestoso, metiche, mamá gallina, que le había reprochado haberse vuelto un cínico.

Y era abogado.

Muy independiente de su personalidad fastidiosa, era bueno en su profesión, por ello tenía plena confianza en su desempeño profesional.

—Smith Erwin.— le respondió Levi. —Podemos tener una reunión mañana en mi oficina...

—¿Y querrá venir así, tan de repente?

Levi soltó una suave risa.

—Su esposa está embarazada, por lo cual se la pasa pidiéndole los más extraños antojos.— Levi continuó sus palabras con un claro sarcasmo. —Y Erwin usa mi oficina como Sala de Espera.

Hanji sonrió en comprensión.

—Es otro gran amigo tuyo entonces.— dedujo ella, leyendo entre líneas, envidiando la suerte de Levi al estar rodeada de grandes personas que no se quejaban de todos los problemas que él les presentaba y estaban presto a ayudarlo a solucionarlos.

Aunque todos los problemas de Levi fueron a causa de ella. Con Farlan, por un nuevo celular, con Isabela haciendo unos cambios a su imagen, con Uri para reingresar a las prácticas de medicina y ahora con Erwin por el divorcio.

Y Levi la complace mucho en la intimidad.

Demonios.

Con un hombre así, haciendo más fácil su camino, eran tan complicado no enamorarse.

Hanji volvió a soltar otro suspiro.

No iba a complicar la relación que tiene con Levi involucrando los sentimientos. Están bien así.

Hanji se volvió hacia Levi, empezando a besarlo sutilmente en la barbilla.

Levi no entendió el repentino interés de ella en buscar afecto físico. ¿Será que la excitó la idea de divorciarse del barbudo imbécil? Aquello lo hizo sonreír sutilmente, sin saber que ese gesto en él era mortal para Hanji, haciendo que se sienta más excitada aún.

—Creo que necesitaré otra ducha.— dijo ella en voz baja.

—¿Para enfriar tus pensamientos?— preguntó Levi en tono burlón. Hanji mordisqueó la manzana de Adán, quitándole a Levi todas las ganas de burlarse. —Mierda...— soltó en voz ronca y tensa.

Levi no supo si Hanji tenía la costumbre de dormir desnuda, al menos con él siempre ha sido así, y no es que se estuviera precisamente quejando, solo que ahora más que nunca veía la ventaja de aquello porque fácilmente deslizó la sábana fuera de la cama y podía contemplar el tentador cuerpo de Hanji, aún con las marcas que él mismo había provocado horas atrás y que ella parecía mostrar como una orgullosa guerrera mostraría sus medallas.

—¿Tienes preservativos aquí?— preguntó Hanji, sin dejar de besarlo, su aliento golpeando con la piel blanca y tensa de Levi.

Levi tragó un poco de su propia saliva, tratando de ordenar sus pensamientos.

—En la mesa a tu derecha...— dijo con dificultad, tratando de formar palabras coherentes en su mente antes de pronuciarlas. —...segundo cajón.

Hanji le dio una caricia a través de la tela de su pantalón, depositando al mismo tiempo un beso en el ombligo, como señal de agradecimiento, antes de buscar en donde él le había indicado. Al abrir en el cajón notó un par de cajas de preservativos, su corazón latiendo con intensidad al notar que eran cajas de color negro que contenía condones de silicona y extralubricado. Además también había un frasco sellado de lubricante, guantes, plug anales de diferentes tamaños en sus paquetes, completamente sellado, todo siendo lo idóneo para practicar sexo anal.

¿Levi tenía esos gustos?

Tomó una de las cajas de preservativos y la abrió con dedos temblorosos, obteniendo un paquete también de color negro aunque se veía metalizado.

Hanji tembló de expectativa.

Nunca antes ella había practicado sexo anal y ni siquiera había pensado en hacerlo.

«Porque nunca antes me había sentido tan segura con algún hombre.» pensó para sí misma. «Levi es la excepción.»

Era capaz de darle todo lo que él le pidiera. Y eso debería asustarla.

Pero por ahora, decidió mientras iba hacia él y se sentaba sobre sus propias piernas, iba a disfrutarlo todo lo posible, sin arrepentimientos posteriores.

Hanji le colocó en el pecho el pequeño paquete del condón, los guantes y el lubricante, notando que Levi se extrañó de aquello, mientras ella tenía en la otra mano la caja con el kit de plug anales y empezaba a rasgar la caja.

Levi tomó el lubricante y leyó las instrucciones. Por unas milésimas de segundos estuvo procesando de dónde salió todo esto hasta que recordó que, en la despedida de soltero de Farlan hace cuatro meses atrás, su amigo había insistido en costumbres occidentales, por lo cual se pasaron jugando cartas, bebiendo alcohol y apostando en juegos de mesa. Levi nunca supo si fue una mala broma de Farlan pero, cuando le ganó en una partida de mahjong , el premio fue el llamado «kit de iniciación.» Levi no habia abierto el regalo hasta que estuvo en su propio departamento y lo dejó guardado en... el segundo cajón, donde él suele colocar las cosas que pronto estarán en el olvido.

Él mismo se había equivocado diciéndole a Hanji que buscara en el segundo cajón, en vez del primero.

O quizá era su subconsciente hablando.

Y ella parecía aceptar su propuesta no dicha en voz alta.

—¿Estás segura?— preguntó Levi notando que Hanji observaba la estructura de un objeto de silicona, con punta suave que se expandía, de color violeta. Él deseaba que su voz no se escuchara ansiosa. —No quiero lastimarte.

Aquello hizo que Hanji se sonrojara, pareciendo sentirse más afectada por cómo Levi se preocupaba por ella y no porque estaba completamente desnuda en su cama.

—Nunca lo he hecho... admitió Hanji. —Soy consciente que hay que ir con cuidado, no eres precisamente pequeño y delgado...

Eres muy tentadora.— la interrumpió Levi mientras la puso contra su espalda en el colchón, haciéndola reír nerviosa al momento en que él empezaba a colocarse los guantes y abría el lubricante. Colocó una generosa cantidad de lubricante en sus dedos de la mano izquierda y luego lo untó en la entrada de su trasero, haciendo suaves movimientos alrededor. Levi sintió que Hanji estaba nerviosa y tensa, por lo que, con la mano derecha acarició la pierna a su alcance. Sus ojos parecieron brillar al apreciar la tersa piel. —La primera vez que te vi, tus piernas me llamaron la atención.

Hanji sonrió. Ella se había dado cuenta de aquello. Se acomodó fácilmente cuando Levi colocó una almohada en su espalda para que no forzara la columna, sin poder evitar morderse el labio inferior cuando Levi presionó ligeramente su entrada trasera.

—A mí me gustaron tus ojos...— admitió ella luego de soltar un suspiro, relajando su cuerpo ante las caricias de Levi. —Son de color azul grisáceo pero suele cambiar de tonalidades. Creo que va ligado con tus emociones.

Levi pareció analizarlo unos instantes antes de tomar el más pequeño plug e insertarlo suavemente en ella.

—¿Entonces no sería capaz de mentir?— preguntó, como si buscara distraerla y no estuviera expandiendo su interior.

Hanji soltó otro suspiro sin poder evitar el temblor en su cuerpo.

—No sé si seas capaz de mentir...—dijo Hanji. —Pero tus ojos se oscurecen cuando estamos de manera íntima... Y eso...— tuvo que contenerse al momento de sentir cómo Levi deslizaba la lengua en su vagina necesitada. —Uh... me encanta...

Levi aprovechó aquel instante para terminar de insertar el plug en ella, sin dejar de deslizar la lengua dentro del interior de Hanji. La vio aprisionar las sábana y colocar los talones contra el colchón. Como si sus ojos quisieran reafirmar las palabras de ella, los ojos se oscurecieron al imaginarla envuelta en el éxtasis.

—Tócate...— le pidió Levi, buscando en la base del plug un pequeño botón el cual vibró suavemente, haciendo sobresaltar a Hanji por la impresión. Levi la sostuvo de las caderas, como si no deseara que se apartara. —Enséñame todo lo que te gusta.

Hanji asintió, empezando a respirar con dificultad, mientras una de sus manos se dirigía temblorosa hacia su pecho, sopesándolo como en otras ocasiones él hubiera hecho. Sus dedos jugueteando con uno de los pezones mientras la otra mano abría más su vagina.

Levi siguió jugando con su interior, aprovechando la entrega ciega de Hanji, para expandirla un poco más. Aquello lo endureció más pero aún no se colocaba el preservativo, porque aún era muy pronto para probar consigo mismo. Notó que Hanji parecía aceptar el tamaño del plug y en recompensa volvió a deslizar la lengua a través de la ansiosa vagina. Jugueteó entre caricias en la vagina y la suave vibración del plug hasta hacer llorar su entrepierna de lubricación natural.

Tomó otro poco de lubricante para ubicarlo en el plug de un tamaño mayor que el anterior. Su oscurecida mirada se dirigió hacia Hanji, notando que sus temblorosos dedos se deslizaban a través de su pezón mientras ella lagrimeaba de necesidad.

Levi deslizó su boca hasta el pecho que ella parecía ofrecer y le dio calor húmedo con su boca, escuchándola suspirar de alivio. La mano de ella, aún temblorosa y que tocaba su seno, se deslizó entre sus cuerpos en una suave caricia hasta llegar a la espalda de él, sensible por sus cicatrices, lo cual lo hizo estremecer.

Eres tan perfecta...— murmuró Levi con satisfacción, colocando su barbilla entre los senos de ella para estar pendiente de cada una de sus expresiones mientras se deshacía del vibrador más pequeño y ubicaba el siguiente de mayor tamaño. La vio morderse los labios, conteniendo un grito quizá de sorpresa o dolor. Hanji parecía sopesar si podía tolerar ese nuevo tamaño, cerrando los ojos y suspirando al sentir que había logrado hacerlo.

Levi besó la piel a su alcance, acariciando la piel temblorosa y sudada. Con la otra mano hacía penetraciones suaves usando el plug, estirando más a Hanji. Ella pareció ayudar a su propia excitación deslizando sus dedos en la ansiosa vagina, sintiendo el calor húmedo de su propio interior.

Él no supo cuánto tiempo estuvo en aquella actividad hasta que la escuchó suspirar temblorosamente, respiración agitada, mirada brillante y ansias consumiéndola.

Levi.— pareció suplicar Hanji con voz ansiosa al sentir que él se apartaba.

Como si fuera un humano ante el canto de una sirena, Levi cedió a la petición silenciosa de Hanji, abriendo el paquete negro metalizado, deslizando el preservativo en su ansioso pene. Se deshizo del plug y utilizó, en una generosa capa, el lubricante en la entrada dilatada.

La primera presión fue más sencilla que antes. Hanji suspiró agradecida por sentir que Levi nuevamente la complacía. Se tocó más de manera íntima para seguir sintiendo esos temblores de excitación en todo su cuerpo sensible. Y una vez que Levi ingresó un poco más de lo que los plug la hubieran dilatado, ella misma abrió más sus piernas y levantó sus caderas de manera ansiosa y hambrienta, como si no quisiera retroceder una vez que lo hubiera abarcado.

Sentir el cuerpo de Levi sobre el de ella fue una sensación potente que hizo que lo abrazara, aferrándolo contra sí. Y una vez que Levi estuvo completamente dentro de ella se permitió saborear el momento que Levi acompañó con un ronco y bajo quejido que aún así resonó en la habitación.

De manera inconsciente Hanji había mordido el hombro de Levi, acallando sus propios quejidos Levi, intoxicado de placer, no sintió dolor ante aquella efusiva muestra de Hanji. Respirando con dificultad, Hanji murmuró contra la piel de Levi una única súplica.

Fóllame.

Levi se quitó los guantes y los lanzó hacia algún lado de la habitación, para acunar con sus desnudas manos el rostro de Hanji y besarla, embistiendo suavemente. Hanji bajó las manos hasta el trasero de Levi para sostenerse, sus piernas recogidas contra si misma en una postura que permitía sentirlo completa y profundamente.

Aquel encuentro fue suave pero no por ello dejó de ser intenso. Respiraciones agitadas, corazones latiendo desbocadamente, sudor empapando la piel del otro, gemidos entrecruzados entre las bocas que parecían insaciables, todo rodeando el acto carnal que ambos jamás habían vivido con anterioridad.

Hanji se sentía tan diferente a antes, una estimulación que generaba emociones que ella había creído que era miedo y ansiedad, se transformó pronto en un delirio de placer tan poderoso que le nubló los pensamientos. No imaginaba cómo debía sentirse Levi, solo rogaba porque él estuviera así de complacido, sin imaginar que él estaba más excitado por la presión en su pene, sintiendo un paraíso que se negaba a soltarlo y se expandía en cada embestida.

Sobreestimulada como estaba, Hanji fue consciente de su propio orgasmo por el incontrolable temblor de su cuerpo, respirando por la boca, sintiéndose tan agitada, con los ojos dejando caer lágrimas de placer a la vez que una sonrisa de satisfacción embelleciendo más su rostro.

Verla de esa manera fue mortal para Levi, dejando caer el rostro entre los senos suaves y sudados de Hanji, sintiendo que su pene expulsaba lo que parecía interminables descargas de semen. Con el cuerpo relajado, tensión muscular disminuida, se permitió disfrutar de aquel tiempo post orgasmo entre los brazos de ella, sintiendo cómo Hanji deslizaba las manos por su espalda sin un patrón de caricias.

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No era anormal para Uri pasar noches sin dormir. Tanto por acciones del pasado que lo dejaban desvelado en preguntas sin respuestas y reproches contra sí mismo, como por la formación de su carrera profesional en la rama de medicina, siendo esto lo último que le había quedado seguir a ciegas para no sentirse un completo fracasado.

Lo había conseguido hasta cierto punto, era alguien respetado en la rama de la medicina a pesar de su corta estatura que resaltaba más en especial porque solía estar acompañado de Kenny. Y hace muchos años atrás se había rendido en ser feliz, conformándose con que su familia estuviera bien.

De eso hace tantos años que había pensado en sí mismo que hacerlo en estos momentos ardía profundamente.

Si tan solo hubiera sido más valiente.

Si hubiera seguido su corazón.

¿Estuviera con vida su hijo? ¿Hubiera sido un buen hermano mayor?

¿Levi hubiera nacido tal como lo conoce ahora y hubiera podido llamarlo orgullosamente suyo?

Lágrimas amargas recorrieron el rostro de Uri, observando a la causante de su destrozo emocional.

Solo por esta vez se permitiría desfogarse. Cuando el sol asomara por el horizonte, volvería a su vida de siempre. El profesional médico que se preocupa por salvar vidas mientras evitaba que Kenny se excediera en cobrar los honorarios profesionales por sus servicios.

Uri se dirigió al armario de Kuchel y buscó una ropa más adecuada para que ella descansara. Es lo mínimo que podía hacer por ella, asumiendo las consecuencias de sus actos que seguramente la orillaron a tomar decisiones precipitadas como huir de la mansión estando embarazada aunque Uri desconocía si Kuchel era consciente de su estado cuando se marchó sin mirar atrás y apareció años después con el imbécil de su esposo y el inocente Levi.

Empezó a despojarla de la ropa, con sus pensamientos aún aferrados a lo que pudo haber sido, pero aquellas ideas fueron inmediatamente reemplazadas al sentir la piel de Kuchel, en otros tiempos suave y tierna, reemplazada con rugosidad de claras marcas.

Aquello lo hizo recordar un desagradable momento, posterior a la llegada de Kuchel y su familia a la mansión, en la cual quiso hablar con ella en privado, estando a punto de tocar la puerta de la habitación, deteniéndose al escuchar los ahogados gemidos de Kuchel y las palabras toscas de su esposo diciéndole que bajara la voz o todos en la casa escucharían lo depravada que ella era. Rebuscando más en sus recuerdos, Uri cayó en cuenta que los extraños sonidos que escuchaba eran de látigos.

De manera automática y en sueños, Kuchel se había recogido sobre sí misma, temblando ligeramente, murmurando palabras incomprensibles y sin sentido. En esa posición, Uri pudo distinguir claramente el trayecto de las marcas de los latigazos que ella había recibido.

Aprisionando los labios, Uri deslizó un dedo por las cicatrices visibles y que veía grotescas. No conocía esos gustos de Kuchel para dejarse lesionar de aquella manera tan brutal. Era obvio para él que el amor de Kuchel por ese bastardo fue tan tóxico y pasional, dejándola desolada de por vida ante su partida.

Su mente médica pensó por breves instantes que podría minimizar altamente esas cicatrices con cirugía, pero quizá Kuchel quiera vivir con aquello, aferrada a su amor del pasado. Así que empezó a vestirla con una cómoda bata de mangas largas y la acomodó para que descansara lo mejor posible.

«Hasta que el sol asome por el horizonte.» se repitió mentalmente. De ahí se marcharía, sin obtener las respuestas que deseaba porque conoce tanto a Kuchel que sabe que ella volverá a su postura de ser la viuda de mirada fría y palabras hirientes contra todos que no acaten sus deseos.

Y Uri hace tantos años que perdió el derecho a complacer cada deseo de ella.

En aquella madrugada eterna, un hombre que perdió todo, se mantuvo sentando en el piso, vigilando los sueños de la única mujer que lo había llevado al paraíso para soltarlo abruptamente en un infierno.

Continuará...