LA NOCHE QUE BAJÓ UNA ESTRELLA

El traspaso dimensional los había llevado hacia el templo de Géminis, para ser más específicos, en la habitación del gemelo mayor y para ser aún más específicos, en la cama de Saga. En la mente de Mu, todo había pasado tan rápido; en un momento estaba celebrando su cumpleaños en el templo del Patriarca junto a sus compañeros, Shion y la Diosa Athena, y luego recordaba haber estado hablando con Saga en el balcón, bastante alegres y demasiado cerca. No supo en qué momento la amena conversación y las bromas inocentes pasaron a ser coqueteos, unos que despertaron una acalorada seducción entre ellos.

La enorme atracción que los llevó a juntar sus bocas en un beso poco inocente fue inesperada, rápida y necesitada. La sangre corría de manera tempestuosa dentro de sus venas que, mezclada con el vino de la celebración, lo tenía en una especie de adormecimiento placentero. Las manos tibias fueron quitando una a una sus prendas, sin poner resistencia alguna; después de todo, el calor iba en aumento y le molestaba la tela sobre su cuerpo.

La respiración de Saga era un verdadero hechizo, que recitaba constante sobre su oído y que en algunas ocasiones era mezclada con algunas palabras que, de no estar tan perdido entre su propio deseo, habría averiguado que significaban, pero el peso de su cuerpo, su calor y el toque de sus manos sobre su piel desviaban todo rastro de pensamientos coherentes, y si llegaba a haber una alerta en su cerebro, esta era rápidamente desechada por los besos hambrientos sobre su boca; besos que fueron mudando en un descenso lento por su cuello, hasta el centro de su pecho, donde se detuvieron unos instantes.

¿Por qué hacía tanto calor? ¿Por qué Saga lo estaba mirando de esa forma? Miró detenidamente los ojos verde agua de su amigo; algo en esa mirada le daba curiosidad, nunca lo había mirado de esa manera y, aunque le parecía extraño y curioso, también le provocaba cierta excitación, enviándole corrientes a través de su columna, estremeciéndolo de una forma agradable.

—Mu, vuelve a mí. —escuchó de su boca, ese timbre de voz tan conocido que a la vez tenía un toque distinto. Se preguntó si sería por su respiración agitada— No pienses en otras cosas. —¿Cómo podría pensar en algo más? Si no había parado de pensar en lo bien que se sentía estar siendo atendido de esta manera por su boca y sus manos, junto al roce de sus cuerpos acalorados.

—Estoy aquí. —respondió arrastrando las palabras, producto del alcohol que lo tenía relajado. Nuevamente, su boca fue presa de esos labios tibios y una ola de calor volvió a recorrer su cuerpo. ¿Así se sentía? Sus manos se movieron para rodear aquella espalda ancha, descubriendo que aún traía la ropa puesta.

Con total confianza desvió el curso de sus manos hasta llegar al cinturón de cuero, que fue desatando con una concentración desesperante. Lo lanzó hacia un lugar sin importarle demasiado donde terminara; su única intención era quitarle la blusa que traía y sentir mejor el calor de su piel. Metió sus manos debajo de la tela y, con suaves roces de sus dedos, comenzó a subirla; en medio de su tarea podía escuchar la respiración del griego, que parecía aumentar cada vez que tocaba su cuerpo, especialmente cuando pasó sus manos por el centro de su espalda.

Una vez concluida su misión, se dedicó a observar el torso firme y marcado, viendo que en el centro de su pecho una cicatriz decoraba su piel, larga y ancha, que había quedado un par de tonos más clara que su piel. Mu pasó los dedos por ese lugar con cuidado. Fue aquella acción que provocó esa cicatriz la que hizo que él recuperara el respeto por el griego; aquel acto de redención, de perdón y sacrificio por sus crímenes devolvió aquella admiración que había perdido hacia el geminiano, una que había nacido cuando él era tan solo un niño. Recorrió toda la longitud de esa cicatriz, queriendo hacerla también con sus labios, pero se detuvo al sentir como Saga se estremecía ante su toque, pensando que quizás le incomodaba más de lo que él pudiera imaginar.

—Continúa. —le sugirió Saga en un tono de voz aún más bajo, grave y agitado. Obedeció con gusto, dejando que sus manos abandonaran dicho lugar para descender, delineando su cintura hasta llegar al borde de sus pantalones, siguiendo la costura hasta la parte central para quitar el lazo que los mantenía ceñidos a sus caderas.

Metió los dedos con cuidado, jugando con el borde de la ropa. Saga salió de su trance ante las cosquillas que le daban los dedos del ariano, recorriendo un camino de pequeños besos desde su cuello hasta su boca para besar nuevamente sus labios, encendido por el toque de esas manos que lo habían estado desesperando, deseando internamente que lo tocara de forma más descarada; quería que Mu dejara de jugar con su paciencia y su deseo de sentirlo, estimulándolo con sus manos.

—Tócame. —pidió Saga. Un ruego que venía desde lo más profundo de su ser, como si lo necesitara para sobrevivir, como si fuera el mismo aire. Aquella súplica llegó a sus oídos como un cántico antiguo, hipnótico y mágico que le reclamaba obedecer como si se tratara de un hechizo, haciendo que sus manos se movieran hacia el interior de sus pantalones, pero que se detuvieron ante la pequeña muestra de inseguridad. Cuando su boca se apiadó de él, le dio un pequeño respiro, reorganizando sus ideas que no lograban llegar a término. ¿Tocar?, ¿Dónde?, ¿Cómo? No sabía qué hacer; Mu jamás había estado en una situación similar a esta, que se quedó congelado viendo a los ojos de Saga, quien tenía una mirada de deseo grabada a fuego en sus ojos, uno que tenía un toque de frustración que deseaba aplacar, pero no sabía cómo.

Sus manos que, en un principio, habían sido bastante audaces, ahora habían perdido el rumbo, volviendo por su camino, sosteniendo firme las caderas del griego, quien permanecía entre sus piernas, arrodillado sin rozarse siquiera, dándole tiempo y espacio para que el dueño de sus deseos tomara nuevamente el control de la situación y terminara por satisfacerlo como tanto deseaba. El ariano no sabía si su letargo se debía al alcohol o a su inexperiencia en esta área; pudo haber sido ambas, como pudo haber sido algo más que no sabía apreciar aún y que no lo dejaba pensar en bien, hasta que, vencido por la incertidumbre, decidió por relucir su ignorancia.

—No sé qué hacer. —confesó en un murmullo que llegó a los oídos del griego. Saga notó en la expresión del ariano cierto nerviosismo y cuando lo oyó supo por qué.

—Entonces déjame mostrarte. —y como si fuera una clase de rito, volvió a tomar sus labios en un beso apasionado, logrando hacer que el menor jadeara mientras intentaba seguir el ritmo de sus labios expertos y sedientos de él.

Y tal como le había prometido, tomó una de sus manos, las que parecían haberse fusionado con sus caderas, para llevarla lentamente hacia el frente, donde cuidadosamente metió la mano para que tocara aquella zona que yacía despierta desde que comenzó a quitarle la ropa. No le tomó mucho trabajo hacer que cerrara esa mano alrededor de su miembro, guiándolo en suaves movimientos, subiendo y bajando, haciéndolo suspirar entre besos. Saga podía sentir como todo le daba vueltas, como su corazón se aceleraba a tal punto de sentir que explotaría de satisfacción dentro de su pecho; se estremecía con cada movimiento de esa mano inexperta y rígida, deseando que llegara el momento para fundirse dentro de él y hacerlo gemir de placer.

—Mu… —gimió su nombre, mordiéndole el labio cuando el ariano decidió finalmente hacerlo sin su ayuda, acelerando los osados meneos de su mano.

Cuando recobró algo de lucidez, llevó su mano hasta el miembro despierto del ariano que, sin darse cuenta, había empezado a gotear emocionado y excitado. Imitó sus movimientos, siguiendo la misma velocidad con la que el menor lo estaba estimulando, oyendo los gemidos del ariano que cada vez se hacían más rápidos. Habían dejado de besarse, pero no se separaron demasiado, apoyando sus frentes para ahora mirarse a los ojos con tanto deseo, jadeando mientras jugaban con la velocidad de sus manos. La mano libre del ariano rodeó su cuello por detrás, deseando de algún modo apegarse más al cuerpo de Saga, quien mezclaba los movimientos de su mano con la velocidad, primero lento y después rápido, haciendo que se perdiera entre maravillosas sensaciones que encendían su cuerpo, llevándolo hacia un estado de euforia que no había sentido jamás.

Y antes de que Mu supiera lo que vendría si seguía un poco más. Saga dejó su miembro en paz para seguir su antigua misión de besar el cuerpo agitado que permanecía debajo de él, viendo como lo miraba molesto y frustrado al no sentir esa mano acariciando su entrepierna, soltando sin muchas ganas el pene del griego. Saga se apresuró en llegar hasta el lugar donde lo había dejado para repartir besos en todo el pecho, tomando entre sus labios el pezón más cercano y succionándolo hasta sentir como la espalda de Mu se arqueaba, quitando automáticamente esa expresión de molestia y cambiándola por una de satisfacción, gimiendo su nombre de vez en cuando, especialmente cuando golpeaba aquel trozo de carne con su lengua dentro de su boca mientras apretaba las sábanas entre sus dedos a un lado de su cabeza. Los distintos tipos de gemidos se escucharon de su boca, en tantos tonos, de tantas formas, que Saga estaría encantado de escucharlos todos los días y que de seguro se aprendería de memoria en muy poco tiempo.

Las manos ansiosas de Mu, que habían tenido que dejar su antiguo trabajo, ahora habían encontrado otra cosa que hacer, enredándose en las hebras azules de su cabello, apretándolas como única respuesta ante tales estímulos. Pensó que no podía sentir algo más placentero mientras miraba el techo de la habitación con los ojos entreabiertos, hasta que sintió como entre sus piernas algo presionaba masajeando con mucho cuidado. ¿Lo tomó por sorpresa? Sí. ¿Le disgustó? ¡Oh por todas las constelaciones!, claro que no. El masaje en su entrada lo estaba llevando hasta otra dimensión, y no fue capaz de contener a tiempo el gemido que salió de su boca al sentir como Saga tomaba con su boca el otro pezón, repitiendo el mismo tortuoso y delirante proceso.

El masaje había relajado demasiado esa zona que, cuando empezó a introducir uno de sus dedos, Mu ni siquiera hizo algún gesto que indicara alguna molestia. Y sí, Saga no se había perdido en ningún momento todas las expresiones del ariano, sintiéndose orgulloso de todo lo que estaba consiguiendo. Su dedo índice entró por completo, y cuando empezó a moverlo hacia afuera y adentro, lo sintió estremecerse apretando los muslos con fuerza contra su cintura.

—Saga… —llamó pidiendo sin saber bien qué cosa.

—¿Lo quito? —preguntó Saga, dejando en paz el pezón hinchado y colorado. Mu negó con su cabeza de inmediato— ¿Quieres que continúe así? —dijo moviendo su dedo más rápido. Mu se llevó una mano a su boca para evitar que sus gemidos salieran muy fuertes, pero estaba perdiendo esa batalla, traicionado por su propio cuerpo.

Saga introdujo otro dedo y siguió con el mismo movimiento, mientras Mu deliraba debajo, girando la cabeza, arqueando la espalda, apretando lo que fuera que se les cruzara a sus manos. Cuando supo que el lemuriano no podría seguir aguantando. Se acomodó mejor entre sus piernas, abriéndolas para mirar orgulloso, entre la escasa luz que emitía la luz de la vela sobre su velador, lo que había conseguido hacer con solo un par de sus dedos. El cuerpo agitado por el placer, su cabello revuelto sobre su cama, los labios rojos e hinchados exhalando con desesperación, era una imagen que alimentaba aún más su deseo y sus ganas que tenía por entrar en él.

Dejó que Mu rodeara su cintura al tiempo que él se acomodaba para guiar su miembro en la entrada que anteriormente había sido invadida por sus dedos, empujando lento, con un cuidado casi misericordioso. Mu, a pesar del gentil trato, no pudo evitar hacer un gesto de incomodidad y dolor, dejando al griego alerta, mientras entraba aún más despacio. Cuando llegó hasta el fondo, el ariano botó un quejido apretado, enterrando las uñas en los brazos del gemelo mayor.

—¿Duele mucho? —preguntó inclinándose hacia el frente, apoyándose con ambas manos sobre su cama, para mirar las facciones rígidas en la cara del ariano, que no había respondido nada— Voy a salir… —aseguró, preocupado. Lo que menos quería era que Mu se sintiera mal con esta experiencia, y estaba a punto de hacerlo, pero la voz encogida del menor llegó a sus oídos.

—Sigue... —pidió Mu, mirándolo fijamente a los ojos, completamente decidido. Sintió un par de manos sobre su cara, acercándolo hasta rozar sus narices— Hazme sentir bien otra vez. —confesó.

Saga se quedó un par de segundos pensando en aquellas palabras, pero el alcohol que aún estaba en su cerebro, junto con la mirada de Mu, no le hacían procesar nada. Salió de su pequeño trance cuando sintió como Mu movía sus caderas de manera lenta y torpe, apretando los dientes y arrugando la frente. Sostuvo su cadera con una mano, deteniendo sus movimientos antes de que pudiera hacerse daño, guiándolo con movimientos más gentiles.

Bastó unos cuantos minutos para que ese vaivén tomara su propio rumbo, abriéndose paso de manera más ligera y suave. Mu había vuelto a emitir gemidos de placer, relajando sus expresiones, cerrando sus ojos a la vez que sostenía entre sus manos el rostro de Saga, sin dejar que se alejara de él en ningún momento, para terminar, besándolo en un arranque por querer sentir una vez más sus labios sobre los suyos, rogando que lo hiciera suspirar como lo había hecho antes. Todo daba vueltas y el calor se estaba volviendo abrazador. El ariano había dominado los movimientos de cadera que impartía Saga con tanta dedicación, ayudando también a que la penetración fuera más profunda.

El griego, necesitado de algo más, se inclinó, soltando las caderas inquietas, para entrelazar sus manos con las de su amigo a un lado de su cabeza, quien no perdió oportunidad para apretar con desesperación. Sus bocas que no habían querido separarse botaban gemidos y mordidas, mezclando sus lenguas, recorriendo cada rincón, encontrándose para batallar de manera ansiosa; y esa sensación maravillosa volvía a extenderse en el pecho de ambos, intensificando y creando un nuevo estímulo que los cegó por completo.

Ya no había nada que ocupara lugar en sus mentes, ni siquiera el hecho de que ambos habían traspasado aquella fina línea de amistad que habían forjado hacía unos años atrás, sin miedo a que esta pudiera romperse y volverse irreparable.

Nada. En ese momento solo eran ellos, el calor de sus cuerpos y ese estremecimiento que recorría sus columnas en cada embestida. El sabor de sus bocas mezcladas con vino mantenía en ese hechizo que dejaba a sus mentes en un trance que parecía ser eterno y sin importancia.

—Abrázame. —pidió el gemelo, soltando sus manos y, como un acto reflejo, Mu obedeció aferrándose a su espalda, como si su vida dependiera de ello.

Sostuvo a Mu con una sola mano rodeando su cintura, atrayéndolo con fuerza hacia su cuerpo mientras este se aferraba con fuerza a él, maravillándose de la suavidad de su piel frotándose contra sí mismo, mientras se movía con insistencia dentro de él. La otra mano se ancló sobre la cama, impulsándose hacia arriba, levantando el cuerpo de Mu para quedar de rodillas sosteniendo el peso de ambos. El ariano se agarró con sus piernas sobre las caderas griegas tanto como pudo, suspendido en el aire gracias al fuerte abrazo de Saga. Besó su cuello dejando un rastro húmedo que llevó hasta el oído del mayor para suspirar algunas palabras cargadas de deseo, jadeos acelerados y mordidas que estremecían y aceleraban las embestidas.

Arrugó su frente, apretándose aún más con sus brazos y piernas cuando un cosquilleo extraño se concentró en su entrepierna, amenazando con salir pronto. Escondió su cara en su cuello; estaba tan pegado a aquel cuerpo caliente que podía sentir como el corazón del gemelo palpitaba con fuerza. Dentro de él, algo había estado creciendo con cada golpe que ejercía la punta del pene de Saga; una sensación placentera e increíblemente adictiva que lo desesperaba de tal manera que empezó a arañar la espalda de su compañero, quien se perdía en gemidos graves, mezclados con su nombre.

Era la energía de Saga la que inconscientemente se hacía presente en medio de todo, ahora de mayor manera, una que Mu podía captar en medio de todo ese frenesí y la cual desconoce, pero persiguió como polilla a la luz, sintiéndolo correr por todo su cuerpo, uniéndose con la suya, llevándolo a un éxtasis que jamás pensó en sentir. Ambos fueron llevados por la misma marea, siendo ignorantes de lo que eso significaba, pero que dejaron fluir dejándose llevar.

Desesperado y ya llegando a su cúlmine, Saga dejó que los hombros de Mu volvieran a sostenerse sobre el colchón, apoyando su frente en el hombro sudado de su amigo, afianzándose con ambas manos a la cintura estrecha del ariano que aún mantenía alzada, acelerando los golpes de su cadera contra la otra. Buscó los labios del menor, recibiendo la misma intensidad en sus besos, seguido de un gemido que devoró entre sus labios, sintiendo el apretón alrededor de su miembro y un temblor que recorrió por completo el cuerpo del ariano, liberando aquel líquido caliente sobre sí mismo.

El orgasmo que tuvo fue intenso y placentero, seguido apenas unos momentos después de que Mu se corriera, para luego correrse dentro de él, recitando su nombre entre sus labios, como si fuera el final de una plegaria.

Los últimos golpes que le dio fueron lentos y duros antes de caer rendido sobre su cuerpo, jadeando sin fuerzas ni pensamientos claros, solo la sensación de satisfacción de una maravillosa velada entre sus brazos, sumergido aún entre las suaves y calientes paredes de su cuerpo. Se separaron para descansar, pero no tanto, para que Saga pudiera rodear con su brazo la cintura de Mu, quien aún parecía perdido en alguna parte de su mente, brindándole pequeñas caricias en su espalda con la punta de sus dedos, sintiendo como se estremecía ante el roce y escuchando el sonido de su respiración, volviendo a su estado de reposo.

Afuera aún se mantenía la noche; la vela en la habitación se había consumido hacía unos buenos minutos atrás. Los recuerdos que quedaron de la fiesta se perdieron esa noche, mientras ambos seguían suspendidos en esa atmósfera, adormecidos aún por el placer de aquel momento, siendo completamente ajenos a que esto sería el inicio de una historia que cambiaría sus vidas para siempre.


Al fin!
La vida siempre me pone trabas cuando intento subir algo nuevo, no sé le encanta verme sufrir mientras tengo una ataque de ansiedad 😅

Mu ha tenido su regalo de cumpleaños, ¿Esta era una escusa para escribir lemon? Sí. ¿Me arrepiento? No.

Pero hay algo que tengo que contar... Ven acércate... Un poco más... No olvides este oneshot 😉

Bueno con eso me despido, subí unos fanarts bonito FB, para que chequeen a ver si les gusta 😉

Espero les guste y nos leeremos, pronto

Saludos 💙💜