El sol brillaba en el cielo, era una mañana esplendida, sin duda alguna, pero, en el aeropuerto de Tokio, se podía ver a tres personas caminar llamando bastante la atención, un adulto bien vestido y portando un sombrero de copa café resaltaba sobre todo, sus acompañantes eran dos niños, un joven de alrededor de 10 años años de boina azul y un pequeño de 5 años se dirigían con paso tranquilo a la entrada de aquel aeropuerto, aunque, de todos ellos, el mas joven parecía el mas estresado.
—Asi que esto es Japón, cuando me dijeron que esa escuela estaba sitiada aquí no pude evitar preguntarme cómo sería el lugar.
El hombre de copa hablo con una sonrisa mientras sujetaba su sombrero de la parte frontal con elegancia, el de traje azul parecía sorprendido y el más chico solo hacia muecas mientras parecía querer decir algo, pero no parecía con muchas ganas de dejarlo salir.
—Profesor ¿Esto es realmente necesario?
El sujeto al que se refería como "Profesor" miro al más joven de sus acompañantes con sorpresa inicial que fue reemplazada por una sonrisa comprensible, era verdad que era un continente diferente, una cultura muy lejos de su hogar, pero, aún así, el hombre tenía de en el joven al que había estado cuidando.
—Recuerda siempre por qué hacemos esto, Robert.
Robert suspiro recordando lo que había sucedido hace unos días, en la oficina de aquel famoso profesor donde sus aprendices estaban ayudando, aquel conocido como Profesor Layton parecía leer un par de cartas enviadas por un antiguo amigo que trabajaba en informática hablando de un caso... especial.
—Ya veo, este es un caso realmente único y sin precedentes, tal vez... Quizá...
Robert notaba que el profesor estaba distraído, pese a su corta edad, el joven había demostrado ser un asistente ejemplar para aquel hombre al que la mayoría solo se refería como el profesor.
—Profesor ¿Hay algo que lo este preocupando?
El profesor desvío su atención de la carta que tenía en sus manos hacia su joven discípulo y sonrió antes de sacudir la cabeza, más que preocupado, sentía curiosidad, un caso sin precedentes que era traído a él de manera que no podía solo ignorarlo, pero... ¿Debía ser el quien resolviera el enigma? o tal vez...
—No, para nada, Robert, un nuevo caso —El profesor se levantó de su asiento y camino con las manos en su espalda hacia la ventana de su despacho, se preguntaba si tal vez era hora —Dime, pequeño Robert, ¿Que define una vida? ¿Crees que los seres vivos se definen por su inteligencia? ¿Su origen? Tal vez ¿De que están hechos? Lo cierto, joven Robert, es que nadie puede definir realmente que es la vida, incluso nosotros, como habitantes terrestres, somos tan solo un capricho del universo —El profesor moto con una sonrisa al joven antes de volver a hablar— Lo que me lleva a preguntarte ¿Quieres ir a Japón conmigo?
Robert se agarró el mentón con curiosidad ante las palabras del profesor, japón, no había pensado en ese país desde aquel incidente cuando sus padres... En cualquier caso, suponía que tenía que ver con esa carta que el profesor tenía antes, se preguntaba, que estaba pasando por la cabeza del hombre que lo había acogido como discípulo.
—Supongo que tiene que ver con esa carta que recibió está mañana ¿No es verdad, profesor?
El hombre vio al más joven con una sonrisa y afirmó con la cabeza antes de tomar su sombrero de copa y bajarlo levemente cubriendo sus ojos un momento, antes de volver a levantarlo para continuar con lo que estaba pasando por su cabeza.
—No te falta razón, pequeño Robert, cuando nos conocimos te prometí que siempre te protegería, pero me temo, que está tarea, me hará romper mi promesa, aún así, debo preguntar ¿Estás listo para enfrentar tu destino?
El joven se preocupo, era probable que tuviera que ver con aquello que paso cuando fue a vivir a Londres con el profesor, pero, aún así, no podía evitar tener curiosidad. Así fue como, finalmente, se encontraban en el presente en Japón.
—Mi viejo colega dijo, al anochecer, algo grande pasará en el barrio de Hikarigaoka, y es ahí a dónde vamos, Luke, no te retrases.
El niño de 10 años, llamado Luke corrió detrás del profesor al escucharlo, sus padres lo habían dejado acompañarlo a esta aventura, sin embargo, estaba emocionado.
—Japon, caspita, esto si que es diferente a Londres, Profesor ¿Tu que opinas, Robert?
El pequeño pensó en la pregunta de Luke, claro, por qué el no tendría que ir a una escuela al otro lado del mundo y acostumbrarse a una cultura tan diferente a la suya, pero era un caballero, iba a aceptar esta tarea, no solo por el profesor o este particular caso, si no, por qué el profesor le dijo que esto tenía que ver con su padre.
—Somos caballeros, Luke, hay que comportarnos, está es una cultura diferente, no debemos parecer simples turistas.
Luke lo miro con los ojos entrecerrados, si era él el que esa mañana leia libros sobre como comportarse en el país oriental, en cualquier caso, se acomodo el sombrero y decidió que tenía razón, el también debía comportarse, era asistente del profesor Layton también.
—Muy bien, dicho, somos caballeros dicho lo cual, que les parece si continuamos, el tiempo apremia y me gustaría comer algo antes de comenzar con nuestra investigación.
El profesor calmó los ánimos entre ambos jóvenes, le parecía interesante la dinámica entre ambos jóvenes, pero no tenían tiempo que perder, si la carta de su amigo era correcta, necesitaban concentrarse. Así pues, una vez comidos y preparados, el trio caminaba por aquel barrio, caida la noche, no parecía que hubiera nada fuera de lo extraordinario, al menos lo parecía hasta que algo se diviso en el cielo nocturno, un enorme objeto blanco se diviso en el cielo, era un...
—Profesor, creo que estoy alucinando, hay un enorme huevo en el cielo.
Luke fue el que habló, Robert estaba demasiado asombrado como para decir cualquier cosa, el profesor, quien rara vez ponía una expresión negativa, tenia una expresión seria, pero algo contraída, como si lo que viera le parecía peligroso.
—No lo estás alucinando, querido Luke, yo también lo veo, y creo que Robert también.
El profesor vio a Robert que parecía tenso, podría jurar que si no estuviera tan acostumbrado a que pasen cosas raras en su vida, habría gritado. El enorme huevo del cielo volvió a llamar la atención del profesor cuando se abrió y desapareció la cáscara, dejando solo tras de si 0 y 1 en el aire y un enorme pájaro que parecía una especie de loro mutante.
—Profesor, creo que acabo de ver datos de computadora cuando el huevo se fue ¿Como es posible?
El profesor no respondió de inmediato a Robert, por otro lado puso a ambos niños detrás de él cuando el enorme pájaro paso cerca de ellos, el viento de sus alas al batir no era ninguna ilusión, así que está cosa era a lo que se refería su viejo colega, no era solo que la vida estuviera dañando la red local, de algún modo estaban escapando al mundo real. Robert miraba aquello preocupado, pero el animal se perdió de su vista.
—Profesor, ya no puedo verlo por ningún lado.
El profesor se acomodo su sombrero de copa y busco al animal cuando escucho un estruendo viniendo de la calle más adelante, ahí debía estar. Si querían resolver este misterio, entonces debían apresurarse a encontrar al pájaro.
—Vamos, no podemos perder de vista esto, quédense detrás de mi.
Layton corrió con sus aprendices detrás de aquel enorme pájaro, ninguno podía creerlo, frente a ellos, aquel enorme pájaro peleaba contra una especie de Tiranosaurio anaranjado con una coraza en el craneo, sus golpes causaban ráfagas de viento y Layton sostenía su sombrero para que no saliera volando con las ráfagas mientras se mantenía frente a ambos chicos. Robert se tapo los oídos al escuchar el grito del pájaro gigante, era como la voz de un loro normal, pero mucho más humana y potente, mientras que aquel monstruo naranja gruñía con fuerza.
—Profesor ¿Que es lo que estamos viendo?
El profesor miraba esas cosas mientras la carta le venía a la mente, así que eso era un Digimon, el profesor no respondió de inmediato, no por qué no quisiera, si no por qué tomo a ambos niños y salto a un lado cuando aquel pájaro lanzó al dinosaurio contra el suelo causando una ráfaga de viento que levantó tierra y escombros, eso podría hacerlos lastimado severamente si no hubiera actuado el ese momento, esto era peligroso pero debían resolver el misterio.
—Eso, mi querido Luke —Layton suspiro mientras se aseguraba de estar fuera del rango de los Digimon, antes de terminar su respuesta —Es lo que llaman "Digital Monsters" en otras palabras... Digimons.
Los tres miraban al pájaro intentar rematar al Dinosaurio, pero repentinamente un ruido de silbato dejo a los tres aturdidos, parecía venir de dónde el dinosaurio estaba tirado y, como si eso lo llamara, se despertó furioso apuntando a aquel pájaro.
—¡Mega Flame!
El enorme disparo del Tiranosaurio acorazado impacto en aquel pajarraco, una luz blanca cegó por un momento a todos y ambos monstruos desaparecieron, como si nunca hubieran estado ahí, el profesor pensaba en este enigma, era uno de los más complejos que había enfrentado y aún así, no podía decir, que no tenía ganas de resolver el misterio.
—Profesor, creo que tenemos un misterio muy curioso entre las manos.
Robert quería evitar demostrar su ansiedad, pero Layton le sonrió, entendía que se sintiera abrumado, este caso era personal para el, además, acababan de presenciar algo sin precedentes, lo que le hacia preguntarse como es que su colega sabía que esto pasaría, aunque no tardarían en averiguarlo.
—Siempre, en donde hay un misterio, se encuentra Hersel Layton ¿No es así, Profesor?
El profesor se giro, ahí estaba, su antiguo colega, aunque ambos estudiaron juntos, finalmente la arqueología no era lo suyo, sin embargo, no perdieron el contacto aún cuando se volvió un reconocido informático, el hombre que trabajaba con el padre de Robert en el proyecto Digital Monsters.
—Jonathan, el viejo Jonathan Jacobo, Viejo loco, no puedo explicar cómo, pero de algún modo sabías que esto pasaría ¿Por eso me enviaste la carta?
Jonathan sonrió a su viejo amigo, saliendo de las sombras, iba vestido con ropa negra, cuello de tortuga y una bata de laboratorio, se acomodo las gafas y paseando su mano por su cabello castaño le dijo algo a Layton que hizo a todos los presentes quedar confundidos y en silencio.
—Yo no te envíe una carta, hace una hora descubrí que alguien te envío una carta, pero te lo aseguro Layton, no fui yo.
El silencio se sentía pesado alrededor del grupo mientras Layton dejaba escapar un sonido de sorpresa, tomo su sombrero con su mano y un pensamiento paso por su cabeza, este caso, se estaba volviendo más interesante. Un 1 de agosto de 1999, 7 niños fueron enviados al mundo digital, sin embargo, esto no fue del todo correcto, había ocho niños en ese viaje, así es como comienza la historia de Robert Layton, mejor recordado por los niños elegidos como Ryuuzaki Nanohudou.
