No se posee ningún personaje, ni se gana nada con esta historia
Capítulo 6: Una Mañana y una Siesta Inesperadas
Al amanecer, los primeros rayos de sol se filtraban por las ventanas de la humilde casa de la Montaña Paoz. Androide 18 se despertó en el futón que le habían preparado en la sala. La noche había sido sorprendentemente tranquila. A pesar de su inicial desconfianza, se había sentido relativamente cómoda en este hogar tan peculiar.
Se levantó en silencio, decidida a marcharse antes de que Goku y Gohan se despertaran. No quería abusar de su hospitalidad, y la idea de quedarse más tiempo la hacía sentir incómoda. No estaba acostumbrada a depender de nadie.
Mientras se acercaba a la puerta, sintió una presencia acercándose por el pasillo. Era Goku, con el cabello aún revuelto por el sueño y una sonrisa matutina en el rostro.
"¡Oh, buenos días, 18!", exclamó Goku, sorprendido de verla despierta tan temprano. "¿Ya te vas?"
"Sí", respondió 18 con un tono firme. "No quiero molestarlos más."
"¡Tonterías!", replicó Goku con su habitual entusiasmo. "No molestas para nada. ¿Ya desayunaste?"
18 negó con la cabeza.
"¡Entonces quédate a desayunar con nosotros!", insistió Goku, haciendo un gesto hacia la cocina. "Gohan ya debe estar preparando algo."
A pesar de su deseo de irse, la idea de una comida caliente sonaba tentadora. Además, sentía una extraña curiosidad por observar la dinámica familiar de estos Saiyajin.
"Está bien", accedió 18, cediendo ligeramente. "Pero solo un poco."
En la cocina, Gohan estaba revolviendo una sartén con una mezcla de verduras y huevos revueltos. El olor era agradable, aunque la apariencia dejaba un poco que desear.
"¡Buenos días, 18!", saludó Gohan con una sonrisa amable. "Espero que hayas descansado bien."
"Sí, gracias", respondió 18, observando la forma en que Gohan cocinaba. Sus movimientos eran torpes y poco precisos, aunque parecía ponerle empeño.
Goku se unió a la preparación del desayuno, intentando cortar algunas verduras con un cuchillo que parecía desafiar las leyes de la física. 18 no pudo evitar una ligera mueca al ver sus habilidades culinarias. Aunque la comida tenía un sabor razonablemente bueno, era evidente que la cocina no era su fuerte.
Durante el desayuno, la conversación fluyó de manera relajada. Goku y Gohan le contaron más sobre sus vidas, sus entrenamientos y sus amigos. 18 escuchaba en silencio, observando sus interacciones llenas de cariño y camaradería. Le resultaba extraño ver una familia tan unida, tan diferente a la suya propia.
Una vez que terminaron de comer, 18 se levantó de la mesa. "Bueno, ahora sí me voy. Gracias por la hospitalidad."
"¿Tan pronto?", preguntó Goku con un tono ligeramente decepcionado. "Podrías quedarte un poco más. Podríamos entrenar juntos, o..."
"Lo agradezco, Goku, pero tengo mis propios asuntos", interrumpió 18, tratando de sonar firme.
En ese momento, Goten, que había estado jugando tranquilamente en el suelo, se acercó a 18 y la agarró de la pierna, mirándola con sus grandes ojos inocentes.
"¡Aba!", exclamó el pequeño Saiyajin, sonriendo y extendiendo sus brazos hacia ella.
18 lo miró con sorpresa. No estaba acostumbrada a este tipo de afecto.
"Parece que le agradas", comentó Gohan con una sonrisa.
"Sí, es muy amigable", añadió Goku. "Oye, 18, ¿te importaría hacerle compañía un momento? Gohan y yo tenemos que ir a buscar unas cosas al pueblo. No tardaremos mucho."
18 dudó. No le gustaba cuidar niños, pero la mirada de Goten era difícil de ignorar. Además, la idea de quedarse sola en la casa le resultaba menos desagradable que marcharse sin rumbo fijo.
"Está bien", accedió finalmente, suspirando levemente. "Pero solo un momento."
Goku y Gohan sonrieron agradecidos y salieron de la casa, dejando a 18 a cargo del pequeño Goten. Al principio, la androide se limitó a observarlo mientras jugaba con algunos bloques de madera. Pero Goten era insistente y pronto comenzó a gatear hacia ella, tratando de llamar su atención.
A regañadientes, 18 comenzó a interactuar con él, mostrándole los juguetes y haciéndole pequeños gestos. Para su sorpresa, Goten reaccionaba con alegría, riendo y balbuceando con entusiasmo. Poco a poco, una tenue sonrisa se dibujó en el rostro de la androide.
Pasaron varias horas. El sol estaba en lo alto del cielo cuando Goten, después de jugar incansablemente, comenzó a mostrar signos de cansancio. Se acurrucó junto a 18, apoyando su pequeña cabeza en su regazo y cerrando los ojos. En cuestión de minutos, se quedó profundamente dormido, con una expresión de total paz en su rostro.
18 se quedó inmóvil, observando al niño dormido. Nunca se había imaginado en una situación como esta. Sentía una extraña calidez emanar del pequeño cuerpo apoyado en ella.
Poco después, Goku y Gohan regresaron a la casa, cargados con algunas bolsas. Al entrar, se detuvieron en seco al ver la escena. Goten dormía plácidamente sobre el regazo de 18, quien lo miraba con una expresión sorprendentemente suave.
"Oh, se durmió", susurró Goku con una sonrisa.
18 levantó la mirada hacia ellos, con un ligero rubor en sus mejillas. "Sí. Parece que estaba cansado."
"Parece que le agradas mucho", comentó Gohan, repitiendo las palabras de su padre.
Goku se acercó y observó a su hijo con ternura. "No podemos despertarlo ahora. Está muy tranquilo."
Luego, miró a 18 con una sonrisa traviesa. "¿Qué te parece si te quedas otra noche? No querrás despertarlo, ¿verdad?"
18 suspiró, resignada. En realidad, la idea de tener que mover al niño dormido le resultaba más molesta que la de quedarse un poco más.
"Supongo que no tengo otra opción", dijo finalmente 18, aunque su tono no sonaba del todo infeliz.
Goku y Gohan intercambiaron una mirada cómplice. Parecía que su inesperada invitada se quedaría un poco más de lo previsto. Y aunque ninguno de ellos sabía lo que el futuro les depararía, una nueva y peculiar dinámica familiar comenzaba a tomar forma en la tranquila casa de la Montaña Paoz.
