No se posee ningún personaje, ni se gana nada con esta historia
Capítulo 8: Una Semana de Imprevistos

Al día siguiente, la rutina parecía repetirse. 18 se despertó con la firme intención de marcharse. Esta vez, no se dejaría distraer por desayunos tentadores o niños pegajosos. Se levantó con sigilo, dispuesta a escabullirse antes de que los Saiyajin se percataran.

Pero al abrir la puerta de la sala, se encontró con Goku sentado en el suelo, con Goten dormido plácidamente en su regazo. El pequeño Saiyajin tenía una de sus manitas aferrada a la camiseta de su padre.

"Buenos días, 18", dijo Goku con una sonrisa suave, sin hacer ruido para no despertar a Goten. "¿Ya te vas?"

18 suspiró. Parecía que el universo conspiraba para mantenerla en esta peculiar casa. "Sí, Goku. De verdad necesito irme hoy."

"¿Por qué tanta prisa?", preguntó Goku en voz baja. "Quédate un rato más. Goten se despertará pronto y le encantará verte."

Y así, una vez más, 18 se encontró desayunando con Goku y Gohan. La tortilla de Gohan había mejorado ligeramente, aunque seguía teniendo una textura extraña. Goku, fiel a su estilo, comía con voracidad, sin prestar demasiada atención a la calidad de la comida.

Después del desayuno, 18 intentó despedirse nuevamente. "Bueno, ahora sí que..."

Pero justo en ese momento, una fuerte lluvia comenzó a caer del cielo, acompañada de truenos y relámpagos.

"Vaya, parece que tendremos tormenta para rato", comentó Goku, observando la lluvia caer a través de la ventana. "Será mejor que te quedes hasta que pase."

18 refunfuñó en voz baja, pero no dijo nada. No tenía ganas de volar bajo una tormenta eléctrica.

El día transcurrió lentamente, con la lluvia azotando el tejado y Goten correteando por la casa, lleno de energía a pesar del mal tiempo. 18 se encontró jugando con él, casi sin darse cuenta. Goku y Gohan estaban absortos en su entrenamiento en el interior de la casa, generando ondas de choque que hacían temblar las ventanas.

Al día siguiente, el sol brillaba de nuevo. 18 estaba decidida a marcharse, pero al abrir la puerta, se encontró con un pequeño pájaro herido en el porche. Goten, al verlo, comenzó a llorar desconsoladamente.

"¡Pajarito malo! ¡Está triste!", exclamó el niño, con lágrimas corriendo por sus mejillas.

Goku y Gohan se acercaron, preocupados. 18, a pesar de su reticencia inicial, sintió una punzada de lástima por el pequeño animal. Pasó la mañana cuidando del pájaro, improvisando una pequeña jaula con una caja de cartón y dándole migas de pan. Su partida quedó pospuesta una vez más.

Y así continuó la semana. Cada día, cuando 18 se proponía abandonar la Montaña Paoz, algo sucedía para retenerla. Un día, Goku la convenció de ayudarlo a recolectar frutas silvestres en el bosque, perdiéndose en el camino y regresando a casa al anochecer. Otro día, Gohan la necesitó para practicar una nueva técnica de combate, insistiendo en que su perspectiva como androide sería invaluable. Incluso Goten, con su encanto infantil, encontraba constantemente nuevas formas de mantenerla a su lado, ya fuera pidiéndole que le contara historias o simplemente abrazándola con fuerza.

Las conversaciones se volvieron más largas y profundas. Goku le contó sobre su infancia, la búsqueda de las Esferas del Dragón y sus épicas batallas contra enemigos cada vez más poderosos. 18, a su vez, comenzó a revelar pequeños fragmentos de su pasado, de su vida antes de convertirse en androide y de su confusa relación con su hermano.

"Éramos diferentes", le contó a Goku una tarde, mientras observaban el atardecer desde el porche. "Número 17 siempre fue más... rebelde. No le gustaba que le dijeran qué hacer. Yo era más... pragmática, supongo."

"Aun así, se preocupaba por ti, ¿verdad?", preguntó Goku con su habitual perspicacia.

18 dudó por un momento. "A su manera. Supongo que sí."

Gohan también se unió a sus conversaciones, compartiendo sus inquietudes sobre el futuro y su deseo de proteger a sus seres queridos. 18 se sorprendió al descubrir que disfrutaba de sus charlas, a pesar de su naturaleza inicialmente reservada.

Una noche, mientras cenaban, Goku mencionó casualmente: "Ya llevas una semana aquí, ¿verdad, 18?"

18 se detuvo con el tenedor a mitad de camino hacia su boca. Una semana. ¿En qué momento había pasado tanto tiempo? Se había levantado cada mañana con la intención de marcharse, pero cada día, algo la había retenido. No había sido por obligación, sino por una serie de pequeñas circunstancias que, sumadas, la habían mantenido en este lugar.

Miró a su alrededor. Goku sonreía despreocupadamente, Gohan hablaba animadamente sobre sus estudios y Goten dormía profundamente en su cuna. Por primera vez desde que había sido convertida en androide, 18 sintió una extraña sensación de pertenencia. No era un hogar en el sentido tradicional, pero era un lugar donde se sentía aceptada, donde su presencia no era vista como una amenaza.

"Supongo que sí", respondió 18, con una pequeña sonrisa que sorprendió incluso a Goku. "El tiempo vuela cuando uno se divierte."

Goku rió alegremente. "¡Eso es! ¡Me alegra que te estés quedando!"

18 no corrigió a Goku. Por primera vez en una semana, la idea de marcharse no parecía tan apremiante. Quizás, solo quizás, este era el lugar donde debía estar por ahora. El futuro seguía siendo incierto, pero por el momento, la Montaña Paoz se había convertido en un refugio inesperado para la Androide número 18. Y aunque no lo admitiera en voz alta, una pequeña parte de ella comenzaba a pensar que quedarse un poco más no sería tan malo después de todo. Las largas conversaciones y la peculiar compañía de los Saiyajin habían comenzado a derribar lentamente las barreras que había construido a lo largo de los años.