No se posee ningún personaje, ni se gana nada con esta historia
Capítulo 11: La Economía de la Montaña Paoz
La segunda semana de la estancia de Androide 18 en la Montaña Paoz transcurría con una lentitud sorprendente. Los días se deslizaban uno tras otro, marcados por las rutinas sencillas y la compañía inesperadamente agradable de Goku y sus hijos. La idea de marcharse seguía rondando por su mente, como una vieja melodía que uno no puede terminar de olvidar, pero la resolución inicial se había desvanecido, reemplazada por una sensación de inercia y una creciente curiosidad por este peculiar modo de vida.
Durante esos días, 18 comenzó a notar un patrón extraño en la forma en que Goku y Gohan obtenían sus provisiones y, ocasionalmente, algo de dinero. No parecía haber un trabajo formal, ni una fuente de ingresos regular. En cambio, salían de casa casi a diario, pero no regresaban con bolsas de compras tradicionales.
Un día, por ejemplo, Goku regresó cargando un enorme saco de arroz, con una sonrisa radiante. "¡Mira, 18! El viejo granjero del valle necesitaba ayuda para cosechar, ¡y nos dio todo este arroz a cambio! Es el mejor arroz que he probado en mucho tiempo."
Otro día, fue Gohan quien volvió con una cesta llena de frutas y verduras frescas. "Una señora del pueblo necesitaba ayuda para arreglar su tejado después de la tormenta de la semana pasada. ¡Nos dio todo esto como agradecimiento!"
18 observaba estas transacciones informales con una ceja levantada. No entendía muy bien cómo funcionaba este sistema. "¿Así es como consiguen todo lo que necesitan?", preguntó a Goku una tarde mientras estaban sentados en el porche, observando a Goten jugar con unas piedras.
Goku asintió con entusiasmo. "¡Exacto! Siempre hay gente cerca de la montaña que necesita una mano con algo. Nosotros somos fuertes, así que podemos ayudarles, y ellos nos dan cosas a cambio. Es una buena forma de ayudarnos mutuamente, ¿no crees?"
"¿Y siempre funciona?", preguntó 18, escéptica.
"Casi siempre", respondió Goku con una sonrisa despreocupada. "A veces nos dan comida, a veces ropa, a veces incluso un poco de dinero si lo necesitan. Lo importante es ayudar a los demás."
Gohan, que estaba escuchando la conversación, añadió: "Mamá también lo hacía mucho. Siempre estaba dispuesta a ayudar a los vecinos con lo que necesitaran. A cambio, ellos nos traían huevos frescos, leche o incluso algún pastel casero." Su tono era dulce y lleno de cariño al recordar a Chi-Chi.
18 comenzó a comprender. Era una especie de trueque comunitario, basado en la ayuda mutua y la buena voluntad. Era un sistema muy diferente al mundo que ella conocía, un mundo donde la supervivencia a menudo dependía de la fuerza bruta y la desconfianza.
"¿Y nunca se aprovechan de ustedes?", preguntó 18, todavía un poco escéptica.
Goku se encogió de hombros. "Puede que alguna vez haya pasado, pero la mayoría de la gente es buena. Además, si alguien intenta aprovecharse, ¡siempre podemos defendernos!" Dijo esto último con una sonrisa traviesa.
Durante los días siguientes, 18 tuvo la oportunidad de presenciar estas interacciones de primera mano. Un día, acompañó a Goku y Gohan a ayudar a un anciano a mover unos troncos pesados. El anciano, agradecido por su ayuda, les ofreció una gran cantidad de leña y un tarro de miel casera.
Otro día, mientras paseaban por el pueblo, una mujer reconoció a Goku y le pidió ayuda para encontrar a su gato, que se había escapado. Goku, con su olfato y su agilidad, no tardó en localizar al felino en la copa de un árbol alto. La mujer, aliviada, les ofreció una generosa cantidad de dinero como recompensa, pero Goku solo aceptó una pequeña parte, insistiendo en que lo había hecho por ayudar.
18 observaba estas escenas con una mezcla de asombro y confusión. La generosidad y la falta de interés material de Goku y Gohan eran algo que no terminaba de comprender. Ella siempre había tenido que luchar por todo lo que había conseguido, y la idea de ayudar a otros sin esperar una recompensa inmediata le resultaba extraña.
Una tarde, mientras estaban cenando la deliciosa comida que 18 había preparado, Goku se dirigió a ella con una sonrisa. "Sabes, 18, eres muy buena cocinera. ¿Alguna vez has pensado en abrir un restaurante?"
18 se sorprendió por la pregunta repentina. "Yo... ¿un restaurante? Nunca se me había ocurrido."
"Serías genial", insistió Goku. "A todo el mundo le encantaría tu comida. Podríamos conseguir los ingredientes ayudando a la gente del pueblo, ¡y así todos estarían contentos!"
Gohan asintió con entusiasmo. "¡Sería increíble! Podríamos tener un montón de clientes."
18 sonrió levemente ante la idea, aunque la descartó rápidamente. No se veía a sí misma como dueña de un restaurante. Sin embargo, la sugerencia de Goku, aunque descabellada, le había hecho darse cuenta de algo. A pesar de su naturaleza fría y distante, estaba comenzando a sentirse parte de esta peculiar familia. La forma en que la incluían en sus vidas, sin hacer preguntas y sin esperar nada a cambio, era algo que nunca antes había experimentado.
Mientras recogía los platos después de la cena, 18 pensó en su hermano. ¿Dónde estaría? ¿Estaría viviendo de forma similar, ayudando a la gente a cambio de comida y refugio? No lo sabía. Su relación siempre había sido complicada, marcada por la desconfianza y la necesidad de sobrevivir.
Miró a Goku, que estaba jugando en el suelo con Goten, riendo a carcajadas mientras el pequeño Saiyajin intentaba atrapar su cola. Luego miró a Gohan, que estaba estudiando en la mesa, con una expresión de concentración en su rostro. A pesar de sus diferencias y su pasado conflictivo, estos Saiyajin la habían acogido en su hogar sin dudarlo.
Por primera vez en mucho tiempo, Androide 18 sintió que quizás, quedarse en la Montaña Paoz no era una mala idea después de todo. La vida era sencilla, la compañía era agradable y, aunque no lo admitiera en voz alta, estaba comenzando a disfrutar de esta extraña y nueva forma de vida. La idea de marcharse seguía ahí, en algún rincón de su mente, pero cada día se sentía más lejana, como un recuerdo desvanecido de una vida que ya no parecía encajar con la persona en la que se estaba convirtiendo.
