*Tare: salsa dulce para carne asada, la comida dulce es más apreciada que la comida salada en Japón. Hay hasta tare de miel con manzana.
*Shochuu: destilado, normalmente de papa.
*Camisetas de tirantes: no están prohibidas per se, pero es casi como una regla social que las mujeres jamás deben mostrar los hombros ni las clavículas ni se debe notar el sostén. Si alguien muestra un poco el hombro, es considerada una mujer de moral distraída a la que se puede manosear sin consecuencias.
El 28 de septiembre Sesshoumaru sacrificó su sábado de estudio para ir a la estúpida fiesta en casa de Miroku. La habían establecido a finales del mes para que ya no hiciera tanto calor y pudieran hacer una carne asada en el jardín, lamentablemente eran las 12 del día y estaban a unos 31C, al principio todos se quejaban del calor, pero Rin aprovechaba todos los inconvenientes y los convertía en oportunidades. So pretexto de mantenerse hidratados, a cada rato le llevaba cerveza bien fría al abuelo Mushin, llamaba a Miroku para que Kagome se quedara sola haciendo la carne con Inuyasha y hacía lo posible porque ese par estuvieran siempre juntos y solo hablaran entre ellos.
Cuando terminaron de asar la carne y se sentaron a comer, de manera muy deliberada Rin manchó la mano de Inuyasha con el tare* de la carne. Con la mirada le dio la señal a Kagome para que actuara conforme al plan, Kagome atropelladamente tomó la mano de Inuyasha y la lamió.
—¡Eewww! ¡Ya me pegaste tus babas! —se quejó su hermano, lo que desencadenó una pelea entre ese par. Sango y Miroku suspiraron de hartazgo y Rin se desinfló.
Aunque todo el teatro le parecía francamente una pérdida de tiempo a Sesshoumaru, en lo único en lo que sí participó activamente y con devoción, fue en meter más cervezas en el refrigerador, para que el abuelo no dejara de beber y se le bajara la borrachera con la comida.
A las 3pm, Rin y Sango sacaron las pistolas de agua y comenzó la batalla, el problema es que Inuyasha se estaba tomando demasiado enserio el juego y estaba decidido a acribillar a sus amigos, incluso parecía que se ensañaba más con Kagome, a quien le disparaba directamente en la cabeza.
Él los observaba desde las sillas del jardín, al pendiente de que a Rin no le pasara nada. La única que llevaba blusa blanca era Kagome y ya se alcanzaba a marcar un poco el sostén de encaje negro, Sango se llevó lejos a Miroku para que no pudiera ver más y en ese instante Rin sacó una cubeta con agua, de quién sabe dónde y se la tiró encima a su amiga. Para su mala suerte Inuyasha reaccionó riendo —¡K.O. Kagome, estás completamente muerta, Rin y yo ganamos la contienda! —gritó y le aventó una toalla sin prestarle atención alguna. Parecía otro intento fallido.
Todos se turnaron para meterse a bañar, él se bañaría al último ya que todavía tenía que asegurarse de que el señor Mushin no pudiera ni levantarse de la silla del jardín y como ya estaba bastante ebrio, dejó de darle cerveza y ahora le puso en la mano un vaso de shochuu* con hielos, eso debía mantenerlo noqueado toda la noche.
Cuando Sesshoumaru salió de bañarse se topó a todos en la sala esperándolo para ver una película, tomó asiento al lado de Rin y comprendió que esta era la última estrategia, pues Sango y Rin llevaban pijamas veraniegos normales, playera y short decentes, pero el pijama de Kagome era un short extremadamente corto y una camiseta de tirantes, increíblemente su hermano estaba más concentrado en elegir la película que en la mujer semidesnuda al lado de él.
Las chicas pidieron una película de terror, pero Inuyasha eligió una de espías. Sesshoumaru estuvo a punto de sonreír por lo mal que estaba saliendo el plan. Definitivamente su hermano era un idiota.
En la mesa frente a los sillones había diferentes comidas preparadas por las chicas, Sango tomó una papa frita, la puso en sus labios y alimentó a Miroku boca a boca como si de un pajarito bebe se tratase. Rin tomó sus fresas con mantequilla de maní y le colocó una sobre sus labios de manera seductora, sabía que todo esto era una estrategia para para que Inuyasha se sintiera solo.
Kagome había picado fruta y la había bañado con chocolate derretido, pero cuando intentó darle a Inuyasha, el pendejo la rechazó —Naaa, mejor voy a hacerme un ramen…
Kagome, enfurecida y con lágrimas en los ojos, le aventó en la cara un trozo de plátano gritando que lo odiaba. Esa fue la señal que todos los demás necesitaron para retirarse del lugar.
Él se encerró con Rin en el cuarto donde se supone que dormirían las chicas y Miroku se llevó a Sango a su propia habitación, habían dejado el cuarto de los chicos para que Inuyasha y Kagome acabaran ahí, pero por el rumbo que tomaron las cosas, estaba seguro de que su hermano dormiría al lado del señor Mushin en el jardín.
Curioso se sentó en el futón a devorar su plato de fresas mientras observaba a Rin balbucear cosas y dar vueltas y vueltas por la habitación.
—Creo que me equivoqué, a Inuyasha no le gusta Kagome, ¿viste cómo le disparaba en la cabeza? Además, si al lado de mí una chica con esas piernas me ofreciera fruta bañada en chocolate, yo no podría resistirme… ¿será gay? No, pero anduvo con Kikyo…
—¿Debería yo ponerme unos shortcitos así de pequeños también? —preguntó él muy enserio. Si era algo que a ella le gustaba, lo haría.
—¡Qué! No, quiero decir... —Por primera vez en todo el día, Rin miró a su novio, de verdad. Estuvo tan concentrada en que todos los planes funcionaran que lo había descuidado —perdóname, no he estado contigo en todo el día —Se hincó frente a él, le quitó las pocas fresas que quedaban y lo abrazó.
Él correspondió el abrazo y se dejó caer de espaldas con ella encima —Sí le gusta.
—¿Hum?
—El olor de Inuyasha cambiaba en cada una de tus estrategias tontas.
—¿El olor? —preguntó ella zafándose de su abrazo para acostarse a su lado y verlo a la cara —¿Cambia el olor?
—Sí, una mezcla de sudor, feromonas, adrenalina y… otros fluidos aumentan exponencialmente cuando el cuerpo se excita.
—¿Y yo también huelo? —preguntó ahora verdaderamente mortificada, es que nada se le podía ocultar a este hombre, qué terrible…
—Sí. —Contestó él y como queriendo comprobarlo hundió la nariz en su cuello. Rin se erizó completa y olvidó cómo respirar, en especial cuando la lengua de Sesshoumaru comenzó a lamer su piel tímidamente. Sintió como un tirón entre sus piernas y las apretó más instintivamente, ante lo cual él gimió sobre su clavícula —Delicioso… huele delicioso.
Rin se mordió el labio tratando con todas sus fuerzas de no jadear, especialmente al sentir esa cosa dura haciendo presión contra sus muslos, finalmente no pudo contenerse más y exhaló todo el placer contenido. Él aprovechó para besarla mientras esas manos fuertes se aferraban a su espalda. Él siempre tuvo mucho cuidado de no tocar de más y ella podía sentir en ese agarre cómo Sesshoumaru reprimía sus deseos.
Tenía un poco de miedo de que las cosas se salieran de control, pero también se moría de ganas por sentir esas enormes manos recorrer todo su cuerpo, así que, sin romper el beso, ejerció presión en la muñeca derecha de él para hacer que bajara un poco más. Sesshoumaru un poco dubitativo abrió los ojos para asegurarse de que su interpretación era correcta, Rin le devolvió la mirada nerviosa, pero tratando de transmitir confianza al tiempo que dirigía esa mano masculina hacia su trasero.
Sesshoumaru emitió una especie de gruñido, apretó fuertemente y volvió a besarla con fervor. Así se manosearon y estrujaron casi todo lo que estaba a su alcance y siempre por arriba de la ropa. Ella podía sentir el corazón de él taladrando a través de la playera y eso la hacía sentir intoxicada y dispuesta a seguir hasta el final, pero él abruptamente la apartó, se sentó y se llevó una mano a la cabeza como tratando de calmarse. Ella se irguió también, con un poco más de dificultad, la tensión entre sus piernas era un poco dolorosa, además de que en cuanto logró sentarse por completo, se dio cuenta que tenía la ropa interior empapada. «Ojalá él no lo haya notado» pensó mortificada.
—Vamos por agua, necesito aire fresco —él ya más calmado habló.
—Dame un minuto, voy al baño… —confesó llena de vergüenza.
Una vez que los dos estuvieron listos, salieron de la habitación rumbo a la cocina, cuando de pronto la mano de Sesshoumaru le tapó la boca y la jaló hacia él —Shhh, escucha.
La verdad es que no escuchaba más que el sonido del refrigerador, pero al prestar más atención, le pareció percibir el sonido de un gemido.
Ella giró su cabeza hacia arriba buscando en la mirada dorada una respuesta.
—Funcionó, huele mucho a eso —le susurró al oído y con cuidado de no hacer ruido regresaron a la habitación.
—Me allegro por ellos, —comentó Rin en voz alta ahora que por fin estaban encerrados —pero de verdad quería beber agua. ¿El agua del lavabo es potable?
—No, huele a que es de pozo. Puedo salir por la ventana y volar rumbo al konbini más cercano.
—Voy contigo.
—No te voy a sacar en ese pijama. Ahorita vengo. —Sin decir más tomó dinero de su mochila y salió volando por la ventana.
Cuando estuvo de regreso, tomaron agua, se recostaron en la cama y se abrazaron ya más tranquilos. Rin le contaba que estaba muy feliz de que Inuyasha por fin se diera una oportunidad con Kagome, mientras Sesshoumaru lamía incesantemente su cuello al mismo tiempo que jugueteaba con su collar de bolitas azules con hojitas que simulaban moras.
—Nunca te había visto este collar, me gusta, pero me estorba —confesó él y a Rin le dio muchísima risa su comentario. Se quitó el collar y lo dejó en la mesita al lado del futón. Él continuó su tarea de lamerle todo el cuello.
—Me lo regaló mi mamá por mi cumpleaños —el paró de inmediato sus atenciones y la miró a los ojos.
—¿Cuándo fue? ¿Por qué no dijiste nada?
—Hum... fue el 2 de agosto y pues, estaba muy abrumada con lo de mi mamá y luego tú te enojaste y pues se me olvidó.
—Rin...
El pobre se veía algo contrariado, quizás sentía culpa, pero para ella lo pasado; pasado, además los cumpleaños no parecían ser tan importantes en Japón, ya que hasta ese día ella nunca presenció una felicitación o alguna fiesta de cumpleaños —¿Cuándo es el tuyo?
—El 6 de diciembre, ni se te ocurra darme nada, yo no te di nada, no sería justo —refunfuñó y a Rin le pareció adorable, asintió y se le tiró encima para volver a besarlo.
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El lunes en la mañana Rin fulminó con la mirada a Kagome y ella la evadió, durante el recreo todos actuaron como siempre, pero a la salida, corrió para esconderse de tras de un árbol y poder emboscar a su amiga. En cuanto Kagome pasó frente a ella, Rin la tomó del brazo, provocándole un buen susto que hasta la hizo gritar.
—Vamos al cementerio
—Pero tenemos tarea de matemáticas…
—Ni que fuera mucha, yo sé que pasaron cosas.
—¿Cómo lo sabes?
—Sesshoumaru y yo intentamos ir por agua en la noche y los escuchamos.
—¡Qué! —Kagome muy mortificada miró a su alrededor para asegurarse de que nadie hubiera escuchado eso —Está bien, vamos. —Cedió al fin.
Una vez que las dos estuvieron entre las silenciosas tumbas, Kagome le contó lo que sucedió —Pues después de que ustedes se fueron, yo me puse a llorar mientras él se comía el pedazo de plátano y limpiaba su mejilla con un pañuelo…
Flashback
—Sabes qué Inu, esto es mi culpa, ¡yo soy la estúpida que tiene tenía esperanzas de que tú sintieras algo por mí, pero ya me di cuenta de que yo nunca seré suficiente, nunca seré tan hermosa ni inteligente como Kikyo, ni tan tierna y alegre como Rin! Perdóname, no volveré a molestarte… —Kagome se levantó del sillón llorando con todas las intenciones de irse, pero la mano de Inuyasha aprisionando su muñeca se lo impidió.
—¡De qué estás hablando Kagome! ¿Acaso alguna vez te he dicho que no siento nada por ti? ¿Por qué siempre asumes mis sentimientos? ¡Nunca me has preguntado nada directamente!
—¡No hay nada que preguntar! ¡Es más que obvio que no te gusto! Mientras asábamos la carne dijiste que mis pláticas eran aburridas, te da asco mi saliva, no sientes nada al verme en encaje negro y te ensañaste conmigo en la contienda con pistolas de agua. Por si fuera poco, me pongo el pijama más ridícula y reveladora del universo ¡y tu estabas más entretenido con Tom Cruise!
Inuyasha sintiéndose enfadado y harto, soltó el brazo de Kagome con un poco de brusquedad y también se puso de pie para enfrentarla —¡Todo eso lo hice para protegerte de mí mismo! ¡¿Pero quieres saber la verdad?! ¡He! ¡Pues te la voy a decir! La verdad es que cuando por fin nos pudimos meter a bañar, ¡yo me la tuve que jalar pensando en tu estúpida playera transparente, imaginando en que la rasgaba junto con ese sostén negro y llenaba tus pechos con el tare de la carne asada para después limpiarlos con mi lengua mientras tú me rogabas que te la metiera en el coño también!
Kagome obviamente se quedó muda, con la quijada desencajada y tratando de procesar la vulgaridad que acababa de escuchar. Inuyasha estaba completamente rojo, aunque no sabía si era del coraje o avergonzado por lo que acaba de confesar. —Pues hazlo —confesó ella casi en un susurro, pero completamente segura de que quería traer esa fantasía a la realidad.
—¡Estás loca! Jamás me perdonaría el tratarse así... —incapaz de seguir viéndola a los ojos, Inuyasha bajó la mirada.
—Pero yo te deseo Inuyasha, como nunca he deseado a nadie más…
Fin del flashback
Rin estaba completamente roja como huachinango mordiendo una manga del blazer del uniforme para reprimir los gritos de loca que amenazaban con salir, nunca se imaginó que sus estrategias hubiesen funcionado tan bien, demasiado bien… —No inventes… ¡no me digas que lo hicieron!
—¡Qué! No... no. —Se notaba que Kagome ya no estaba ahí, estaba reviviendo aquella noche en su mente.
—Entonces, ¡qué pasó después!
—Pues... el me jaló de la cintura y me besó y… y sentí escalofríos, mi corazón latía muy rápido y el de él también. Acabé sentada a horcajadas sobre él en el sillón, pero él solo acarició mis piernas, yo quería más así que bajé mi mano para tocarlo ahí abajo, pero él detuvo mi mano a medio camino y me dijo que quería ir despacio… —Kagome se tapó la cara con las manos y chilló —¡Seguro creé que soy una fácil, urgida y desvergonzada!
—Ay Kagome, después de escuchar la fantasía de Inuyasha, lo dudo, se ve que están igual.
—Espero que tengas razón... y ustedes ¿ya lo hicieron?
—¡No! Creo que a los hermanos les gusta ir despacio.
