No se posee ningún personaje, ni se gana nada con esta historia
Capítulo 26: Recuerdos Persistentes y un Sueño Compartido

La vida en la Montaña Paoz volvió a su ritmo habitual. Gohan y Goten asistían a la escuela diligentemente, y Androide 18 pasaba la mayor parte del día en su restaurante, donde su reputación como excelente cocinera seguía creciendo. Sin embargo, a pesar de la rutina establecida, los extraños eventos de la noche en la playa persistían en la mente de 18, como un recuerdo vívido y ligeramente desconcertante.

Pasaron varios días sin incidentes nocturnos. Pero una mañana, después de despedir a los niños, 18 decidió no abrir el restaurante. Se sentía extrañamente agotada y necesitaba un día de tranquilidad en la soledad de la casa.

Aprovechó para lavar la ropa, incluyendo su propio atuendo. Mientras esperaba que se secara, sintió frío y recordó el enorme y cómodo gi naranja de Goku que a veces veía tirado por la casa. Lo encontró doblado en una esquina y, sintiéndose inexplicablemente atraída por su tamaño y su familiar olor, decidió tomarlo prestado. Era tan grande que le llegaba hasta los tobillos y las mangas le cubrían las manos por completo, pero la tela suave se sentía reconfortante.

Sin nada más que hacer, 18 se dejó caer en el suelo de la sala común, apoyando la cabeza en un cojín. El cansancio la venció rápidamente, y se quedó profundamente dormida.

Despertó con una sensación de calor y una presión extraña en la espalda. Abrió los ojos lentamente y se encontró con una visión peculiar. Goku estaba durmiendo profundamente a su lado, y ambos parecían estar envueltos en el mismo gi naranja, la tela extendiéndose sobre sus cuerpos como una manta improvisada. La cercanía era innegable, y la situación, aunque extraña, no le resultaba del todo desagradable.

Entonces sintió ambas manos de Goku firmemente apoyadas en sus nalgas, justo por debajo de la tela del gi. Antes de que pudiera reaccionar, Goku apretó las manos en sueños, sobresaltando a 18 y atrayéndola aún más hacia él.

Una risa nerviosa escapó de los labios de 18. La situación era cómicamente íntima. Aparte del gran gi que compartían, ninguno llevaba nada más puesto. Intentó relajarse y volver a dormir, ignorando la sensación de las manos de Goku en su trasero.

Pasó un tiempo indeterminado antes de que 18 volviera a despertarse. Esta vez, Goku ya no estaba a su lado. El gi estaba doblado cuidadosamente sobre el cojín. Se levantó con una sensación confusa y se dirigió al baño.

Se miró en el espejo y, aunque no esperaba nada, revisó su trasero. Allí estaban de nuevo: las tenues marcas rojizas, la inconfundible huella de los dedos de Goku. Una risa nerviosa, casi histérica, comenzó a brotar de ella.

Volvió a revisar su pecho, y allí también estaban, aunque más difusas: las pequeñas marcas de manos y los leves roces que parecían mordiscos.

18 se apoyó contra el lavamanos, sintiendo una oleada de emociones contradictorias. Confusión, una pizca de vergüenza, y una extraña sensación que no podía identificar. Se quedó mirando su reflejo durante lo que le parecieron horas, una risa nerviosa y silenciosa escapando de sus labios de vez en cuando. La imagen de Goku durmiendo a su lado, sus manos en su cuerpo, y las marcas persistentes en su piel... todo era tan extraño, tan inesperado, tan... Goku. Y por alguna razón que no terminaba de comprender, una parte de ella no podía evitar encontrarlo, aunque desconcertante, ligeramente... divertido.