Daba igual si estaba en clase turista o en primera clase, las trece horas de avión que lo habían traído de nuevo a Tokio, habían sido más pesadas que el camino de ida. Le dolía la cabeza, no había conseguido dormir y no había comido nada decente en horas. Cargó con su maleta por el aeropuerto y esquivó a los turistas mientras se dirigía a la salida más cercana, no eran ni las cinco de la mañana, pero el aeropuerto parecía no descansar nunca, aquí dentro siempre había movimiento, despedidas, reencuentros y lágrimas de todas las emociones.

"El avión se ha retrasado cuarenta y ocho minutos y treinta y seis segundos." Comentó Hakuba con una apariencia mucho menos cansada que la del moreno, tenía un control sobre el tiempo que Shinichi no llegaba a tener, un rasgo algo extraño para él.

El frío le hizo encoger los hombros cuando salió al exterior, la nieve también había llegado a Tokio y la sensación de familiaridad se instaló al ver de nuevo su ciudad.

"¿Quieres que le diga a mi chofer que te acerque?" Preguntó el rubio señalando el coche oscuro de alta gama que lo esperaba a pocos metros de ahí.

"No te preocupes, tomaré un taxi." Respondió intentando no sonar desagradecido. Nunca le había gustado contar con el servicio de un chofer, a él le gustaba conducir, le distraía y le concentraba y siempre que no tenía la obligación de ir en taxi, tomaba su propio vehículo.

"Está bien, estamos en contacto entonces." Contestó antes de arrastrar la maleta camino al coche.

Alzó la mirada para buscar la zona de los taxistas antes de que la nieve empezase a acumularse sobre su abrigo y la sorpresa chocó en su rostro cuando reconoció a Sato caminando hacia su dirección junto a Takagi, con un paso tan decidido que empezó a creer que se dirigían a él.

"¿Sato?" Preguntó algo confuso al ver que paraban justo delante de él. Le alegraba verlos, pero su ceño fruncido y la hora que era le hacía saber que no era una mera casualidad.

"Ha pasado un tiempo, Kudo. ¿Cómo ha ido todo?" Le saludó ella con una pequeña sonrisa.

"Ahora miso estoy con un poco de jet lag, pero bien." Contestó observándoles a ambos con el ceño fruncido. "¿Qué hacéis aquí?"

"Estábamos trabajando cerca y hemos decidido venir cuando nos hemos enterado de que tu avión llegaba ahora." Comentó Takagi.

"¿A las cinco menos cuarto de la mañana?" Preguntó alzando una ceja. No se habían eforzado mucho en buscar una buena excusa.

Sato miró a Takagi y suspiró lentamente antes de volver a mirar al antiguo detective. "Kudo, sabemos que has dejado los crímenes para centrarte en la empresa familiar, pero necesitamos tu ayuda en el caso en el que estamos trabajando."

Shinichi frunció un poco más el ceño a la vez que apretaba los dientes. Un caso. Estaban ahí para pedirle que volviese a trabajar con ellos.

Había resuelto un sinfín de casos junto a ellos, nunca había sido necesario preguntar nada, porque él mismo se acercaba para husmear detrás de todos los enigmas que la policía no conseguían resolver con facilidad. Había tenido una estúpida sonrisa en la cara durante mucho tiempo que derrochaba la seguridad que sentía.

"Me gustaría ir, pero no tengo tiempo para involucrarme en un caso, llevo casi tres semanas en Estados Unidos y en cuatro días tengo que coger otro avión." Contestó sorprendiéndose hasta a él mismo por su respuesta.

"Sabemos que estás muy ocupado, pero no te lo pediríamos si no fuese importante." Insistió la inspectora.

Takagi intervino al ver que la cara del joven no parecía mostrar más interés. "Estoy seguro de que si te explicamos el caso aceptarás a venir con nosotros, es bastante misterioso. El sospecho-"

"No quiero que me cuentes nada." Le frenó negándose a escuchar más. "No puedo, lo siento." Dijo apartando la mirada para dirigirse al primer taxi que encontró para alejarse de ellos lo más rápido posible.

Los cuarenta minutos que tenía de trayecto los pasó en silencio. Había sido él quien había decidido negar su oferta, y aún así se sentía enfadado y molesto. Era extraño, pero no tenía opción de cambiar ninguno de sus planes. Sabía que Hakuba era el mejor candidato para ocupar su cargo de directivo y que volvería a tener la oportunidad de recuperar su vida, pero hasta que su empresa no se volviese a estabilizar y Hakuba controlase la situación, tenía que seguir aguantando.

El cielo amaneció por la ventana mientras se acercaban al barrio de Beika y él se tapó la boca con la mano mientras bostezaba, nunca le había molestado viajar por trabajo, pero esos viajes no tenían encanto ninguno.

"Quédate con el cambio." Respondió al taxista después de entregarle el billete y sacar su maleta del maletero.

La valla chirrió cuando entró al jardín y recogió el periódico del día antes de abrir la puerta principal.

El olor a café le dio la bienvenida cuando cruzó la entradita, liberó sus pies al descalzarse y aflojó la corbata a la vez que suspiraba de cansancio.

"Buenos días." Le saludó ella asomándose con un café en la mano. "¿Cómo ha ido el vuelo?"

"Bien" Contestó sin más, no quería sonar borde, pero ahora que se encontraba en casa, el cuerpo le pesaba con mucho más cansancio y sus fuerzas apenas eran existentes.

"¿Quieres un café?"

Shinichi negó con la cabeza cargando su maleta con pesadez hasta las escaleras, observando lo infinitas que se veían. "Prefiero ir a descansar, necesito dormir un poco."

"Claro, yo pasaré por casa del profesor a recoger unas cosas del laboratorio. Creo que tengo avances que pueden volver a interesarle a tus inversores...puede que eso ayude a calmar un poco tus ajetreados viajes de negocios."

Él frunció el ceño. "Ya sabes que no tienes que volver a trabajar con ninguno de esos proyectos, por el momento, no estoy interesado a continuar con esa parte de la empresa."

Ella también frunció el ceño, no le gustaba que no aceptase su ayuda, esa era su parte del trato, colaborar en el sector químico por que era el que más beneficios daba. Estaba de acuerdo en hacerlo de una manera más privada, siendo solo ella, aunque tardase un poco más, ¿Pero negarse rotundamente? Entendía que el incendio había marcado un antes y un después en su vida, pero que ella supiese, él no era de los que se escondían detrás de las desgracias y sabía que ella no era de las que se quedaban con los brazos cruzados sin hacer nada.

"Simplemente, échale un ojo, ¿vale?" Comentó notando que su resoplido parecía algo molesto.

"Está bien, déjalo en mi escritorio, lo leeré antes de ir a Berlín." Contestó subiendo las escaleras para finalizar la conversación.

"Descansa." Dijo ella observando como subía las escaleras para encerrarse en la habitación.

Era raro tenerlo cerca cuando empezaba a pasar más tiempo fuera de casa que en ella. Nunca había sido un hombre de muchas palabras cuando se encontraba en la intimidad de su casa, y no sabía si era por la nostalgia de la lejanía o por lo fuera de lugar que se sentía cuando se encontraba a miles de kilometros de distancia, pero hacía ya unas semanas que sus palabras eran más cálidas a través de un teléfono en comparación a cuando se encontraban frente a frente. Detrás de los muros y de las pantallas siempre parecía que era más fácil hablar.

Shiho se paseó por la sala hasta la barra de bebidas y le pidió un daiquiri al camarero antes de observar la cantidad de invitados que habían venido al evento. No había tenido mucha suerte al ser la única de los Kudo en poder presentarse al evento de los Suzuki, pero en ese momento era lo único que podía hacer por Kudo y su madre, y cualquier plan parecía ser mejor que quedarse procrastinando en casa. Le dio un primer buen sorbo al cóctel y se fijó en todas las caras extrañas que había a su alrededor, se sentía como un pez fuera del agua y no le apetecía socializar con nadie así que no tardó en dirigirse a la terraza para alejarse de la multitud y encenderse un cigarro. No había tenido la oportunidad de saludar a la anfitriona de la fiesta, pero recordando el último encuentro que habían tenido, le faltaban ganas para hacerlo.

Exhaló el humo lentamente mientras observaba la ciudad a esa altura, recordaba muchos rincones desagradables de la ciudad, pero la vista de Tokio siempre parecía un poco más peculiar en los rascacielos y lugares que no todas las clases sociales podían pisar, como si el dinero y el poder se viese reflejado. Transmitían una sensación opuesta a la fiesta que se encontraba dentro del edificio y a la vez le causaban un vértigo que normalmente no tenía. Negó con la cabeza tratando de dejar la mente en blanco y se giró dándole la espalda a las vistas antes de acercar de nuevo a sus labios el cigarro.

"Es un vestido de Fusae, ¿verdad?" Preguntaron haciéndole levantar la mirada.

Shiho arcó una ceja al percatarse de la presencia de Ran y exhaló el humo con lentitud a la vez que asentía y se recolocaba uno de los tirantes.

"La colección de este año es espectacular, ¿no crees?" Preguntó acercándose a su lado para observar las vistas a las que ella seguía ignorando.

"Hay pocas colecciones que no me gusten." Contestó notando su apariencia cálida y tranquila antes de darle un último sorbo a su copa.

"Te sienta muy bien...el rojo es el color favorito de Shinichi, así que estoy segura de que está encantado con tu elección."

"Es una pena que no esté aquí para verlo, ¿no?" Preguntó bajando la mirada para observar el color burdeos de la tela.

"¿Shinichi no ha venido?" Preguntó Ran mirándola de reojo. "Me dijeron que llegaba de Berlín esta misma tarde."

"Al final ha tenido que cambiar de planes y hacer una parada en Seúl. Tenía que encontrarse ahí con su madre, volverá en un par de días." Contestó Shiho volviendo a darle otro tiro al cigarro. "¿Tú también has venido sola?" Preguntó al ver que ninguna de las personas que tenías alrededor se parecía al hombre con el que había entrelazado las manos en Okinawa.

"No...Eisuke está dentro hablando con un amigo." Contestó a la vez que sus mejillas se sonrojaban.

"Entonces, ¿has salido a la terraza con el frío que hace solo para alagar mi vestido?" Preguntó antes de aplastar la colilla del cigarro. "¿O esperabas encontrar a Kudo?"

"Solo me apetecía saludar, no hemos tenido muchas ocasiones para hablar." Comentó recordando que la mayoría de sus encuentros habían sido incómodos o extraños. Shiho asintió lentamente esperando a que continuase hablando. "No he vuelto a ver a Shinichi desde el funeral de Yusaku...me sorprendió leer que había dejado de ser detective para convertirse en un hombre de negocios...espero que esté mejor respecto a lo que ha sucedido."

"Está bien. Las cosas cambian constantemente queramos o no, es inevitable. Shinichi no va a abandonar su carrera profesional, simplemente se han complicado las cosas por el camino." Explicó sin dar detalles y sin revelar su tristeza.

"Tiene que ser raro dejar de escucharle hablar de casos, ¿no?" Preguntó con una pequeña sonrisa.

Shiho se quedó pensando antes de contestar. "Creo que no hay mucha diferencia, antes metía los morros en todos los casos con los que se tropezaba, pero ahora..." sus labios se cerraron, no sabía qué decirle y no se sentía cómoda soltarle lo mal que iban las cosas últimamente.

"¡Ran, estás aquí!" La llamaron desde lejos.

Ran observó a Sonoko antes de volver a clavar su mirada en ella, no quería acabar la conversación ahí, estaba intrigada.

"Debería ir dentro" Se excusó Shiho rápidamente antes de que Sonoko se acercase e incomodase más el ambiente.

No era muy tarde, pero había pasado el suficiente tiempo como para plantearse marcharse, nadie notaría su ausencia y podía decir que había cumplido con su presencia. Se dirigió al ascensor sin darle más vueltas y bajó a la planta baja para salir a la calle.

El ruido del tráfico era más sonoro que en las alturas y la cantidad de luces de neón eran más molestas a la vista. Miró arriba y debajo de la calle intentando ubicar la parada de metro más cercana y resopló debatiendo en si pedir un taxi era mejor idea.

"Qué rápido te marchas de las fiestas." La sorprendieron por la espalda.

"¿Qué haces aquí, Furuya?" Preguntó poniendo la mano sobre su corazón sintiendo el pulso acelerado por el susto. "¿Voy a tener que pedir una orden de alejamiento?" Bromeó alzando una ceja.

"Yo también estoy invitado, la señorita Sonoko siente cierto aprecio por mí, ¿no lo sabías?"

"Olvidaba que eres un rompecorazones." Comentó rodando los ojos.

"¿Rompecorazones? Por el momento, el único corazón roto, es el mío, y es por tu culpa." Respondió con cierta exageración.

"Eres un dramático."

"¿Ibas a volver a casa?" Preguntó al ver que estaban parados en medio de la acera, observándola asentir a los pocos segundos. "¿Quieres que te lleve? He aparcado cerca."

"Mi dirección no te pilla de camino, Furuya."

"¿Cuándo me ha importado eso?" Preguntó buscando las llaves dentro del bolsillo de su americana. "Vamos, tu vestido es muy bonito, pero hace frío y la parada de metro no está muy cerca que digamos." Comentó reanudando el paso mientras buscaba su coche con la mirada.

Ella le siguió comprobando que no viniese ningún coche antes de cruzar la carretera y él sonrió al verla esperando en la puerta copiloto.

"Me alegra que hayas decidido aceptar." Ensanchó la sonrisa a la vez que entraba en el coche y ponía la llave en el contacto.

"No esperes que te invite a una copa cuando lleguemos para compensártelo." Sonrió a la vez que se ponía el cinturón.

Etta James sonaba de fondo mientras el agua del baño corría y ella se perfilaba los labios.

"¿De verdad tienes que estar todo el fin de semana fuera?" Preguntó mientras cerraba el pintalabios. "Al menos te quedarás hasta que acabe la cena de esta noche, ¿no?" Preguntó escuchando el silencio y el agua caer como respuesta.

Estar casada con un Kudo, no tenía tanto encanto como el público pensaba que lo tenía y no era precisamente el lugar idóneo para una mujer familiar, por eso ella parecía ser la única que encajaba. Shinichi le había demostrado que era un hombre atento, pero desde que había entrado en el mundo de los negocios, no parecían más que aquel par de compañeros de piso que tanto habían discutido las primeras semanas de convivencia.

Shincihi llevaba meses prometiendo infinidad de cosas que nunca cumplía, su mirada se posaba en ella con poco interés, y con lo bien que se entendía con Hakuba, no parecía tener intención cambiar ningún aspecto de su vida. Parecía haber enterrado su vida para acomodarse en una nueva que no le encajaba nada, y ella cada vez parecía pintar menos en su historia.

Se puso los pendientes y se peinó el flequillo antes de apartarse del espejo con el ceño fruncido. No quería darle importancia de más, pero no sería tan molesto si no tuviese que aparecer en su nombre a eventos y citaciones cada dos por tres. Definitivamente, ser un Kudo, implicaba cargar con mucha presión mediática que a ella nunca le había interesado, más bien, siempre había tratado de mantenerse alejada.

Caminó hacia la cocina para servirse un vaso de agua y se quedó recostada en la encimera con la mirada pensativa mientras jugaba con la alianza de su dedo. Ya habían pasado cuatro años, pero todavía seguía recordando el inicio de esa extraña relación.

El amor que puede con todo, no era el lema idóneo de la relación que tenían, pero ella había aceptado a seguir adelante con todo eso, y con la sonrisa que le mostraba todos los días, había sido muy fácil engancharse a él. Y aunque odiase exteriorizarlo, le molestaba sentir esa angustia todas las veces que cruzaba la puerta para marcharse otra vez, daba igual que se tratase de un par de días o semanas.

"Frunces el ceño demasiado, ¿lo sabías?"

Shiho se giró para observarle entrar a la cocina mientras acababa de abotonarse la camisa todavía con el pelo húmedo.

"Llegaré el lunes a primera hora, será un viaje rápido." Dijo acercándose a ella para acariciarle la mejilla. "Casi como un parpadeo."

"Sí, lo sé" Contestó algo seca a la vez que apartaba ligeramente la cabeza. Su atención era lo único que no podía pedirle, pero eso no evitó que se sintiese decepcionada.

"Hey, cambia esa cara." Dijo insistiendo a acercarse, observando lo bien que le quedaba el rojo en los labios. "Te lo compensaré la semana que viene, ¿Los Big Osaka juegan en Tokio, no? Podríamos ir a ver el parido al estadio…hace mucho que no vamos."

"No sé si creerte." Contestó sin acabar de ceder, intentando no mirar mucho su sonrisa para que no tuviese poder sobre ella. Era difícil admitir que todos esos sentimientos que se negaba estaban relacionados con el cariño que le tenía y que tanto tiempo le había costado admitir, sería mucho más fácil si parte del desprecio que se sentían permaneciera entre ellos, sin embargo, él se había acercado a ella sin saber que estaba empezando a llenar un vacío que ella nunca había conseguido saciar. Él había conseguido tener el control sobre ella sin darse ni cuenta, pero ella no controlaba ningún aspecto en su vida.

Su relación era de todo menos perfecta. Se tenían cariño, pero en esos momentos en los que él se alejaba sin parecer importarle, le recordaba rápidamente que su matrimonio no era más que una herramienta que habían utilizado para arreglar sus vidas.

Shiho siempre se había sentido agradecida, pero sabía que todo eso solo había llegado a su fin para conseguir un trocito de su cerebro y conseguir un acuerdo político por otro lado. Toda esa obra teatral no era más que más peso en la mochila que cargaba. No sabía como había acabado aceptando esa locura. Nunca llegaría a entender como podían unir o destrozar las cosas un simple formulario de matrimonio.

Ellos nunca se habían exigido amarse, pero ella le había acabado queriendo de manera natural. Y Shinichi se metía muy bien en su papel de marido perfecto, sobretodo delante de las cámaras.

"Espero que consigas unas buenas entradas para la semana que viene." Comentó cediendo a dejarle marchar, sabiendo que nada lo retendría junto a ella.

"En primera fila, lo prometo." Sonrió besando su frente antes de separarse de ella. "¿puedes pedir un taxi?" Preguntó observando la hora, no llegaría a tiempo si se desviaba a dejarla en el restaurante.

"Claro, no te preocupes." Suspiró.

"Nos vemos el lunes entonces, pásatelo bien." Dijo Kudo calzándose con rapidez.

"Avísame cuando llegues..." Comentó siento cortada por el ruido de la puerta cerrarse.

Shiho agarró una copa de champán y observó a la lejanía como su marido charlaba con todos esos peces grandes. Intentó encontrar inútilmente su mirada en un par de ocasiones y se acabó la copa sin prestar atención a ninguna de las personas que pasaban por su alrededor. Daba igual es esfuerzo que hiciese, nunca sentía que llegase a él.

"Shiho, me gustaría presentarte a alguien." Le interrumpió Shinichi rodeando su cintura a la vez que llamaba su atención.

Ella sonrió intentando parecer agradable. No sabía cuantas veces había tenido esa misma conversación con las personas que Shinichi le presentaba. Una sonrisa bonita acompañada de una risa graciosa y cuatro halagos acertados en el momento adecuado de la conversación.

"Tu mujer es maravillosa." Dijo el hombre a la vez que se embriagaba con los cumplidos.

"Lo sé." Contestó acercándola más a ella.

Shiho mantuvo su sonrisa como si fuese una pegatina en su rostro mientras ellos hablaban de negocios y de todas esas cosas que a ella no le importaban, disoció con facilidad eludiendo todos los sonidos de su alrededor a excepción de la suave musica de fondo que acompañaba las conversaciones. Las palabras no llegaban a sus oídos, el piano sonaba casi melancólico, escondido entre el vibrato del saxofón y su mirada bajó al contenido de su copa, observando las burbujas del champán alborotarse hasta salir a la superficie. Si se concentraba un poco más, podía escuchar el ruido de hacían al chocar unas con otras.

El agarre de su cintura se hizo más fuerte y ella alzó la mirada para analizar el azul cobalto de los ojos que la miraban.

"Todo el mundo está encantado contigo." Comentó Shinichi chocando su copa con la suya para brindar. "¿Todo bien?"

Ella asintió sintiendo lo difícil que estaba siendo mantener la fachada esa noche, no tenía la paciencia ni la energía necesaria para tratar de mantener otra conversación civilizada con otro empresario que acabase posando la mirada en su escote. "Sería menos agobiante si n-"

"¡Kudo, estás aquí!" Intervino Hakuba saludando a su amigo y socio sin percatarse de que interrumpía una conversación. "¿Qué te parece? ¿El evento está aprobado por tus expectativas?" Preguntó señalando a su alrededor.

"Tienes el aprovado." Sonrió reconociendo que Hakuba había hecho un buen trabajo.

"Esperaba verte para comentarte como ha ido la negociación con los del grupo Yamara." Comentó agarrando una de las copas de las bandejas que paseaban los camareros.

Shiho hizo un esfuerzo por no rodar los ojos, le caía bien Hakuba, era amable, trabajador, respetuoso, ...pero había llegado un punto en el que parecían tener que compartir marido. No quería parecer una celosa empedernida, pero últimamente, daba la sensación de que tenía que coger número para poder tener dos minutos del tiempo de Shinichi, y sin pensárselo dos veces, dio media vuelta para dirigirse a otro lugar y tratar de alejarse de todo eso.

Shinichi la siguió al notar su huida y la agarró del codo en su intento para frenarla. "Shiho, espera." Dijo girándola para que pudiese verle. "¿A qué viene esto? ¿Por qué te marchas así?"

"Por nada." Contestó apartando la mirada.

"¿Estás molesta?" Preguntó alzando una ceja. "¿He hecho algo?"

"Déjalo, Kudo. Solo estoy cansada." Respondió Shiho dándole el último sorbo a la copa antes de dejarla sobre la mesa más cercana. La pregunta era, ¿Qué no había hecho?

"Hey, venga ya. Dime qué es lo que te pasa" Insistió frunciendo el ceño a a vez que se aceraba los dos pasos que me había alejado.

"Pasa que desde que diriges la empresa familiar me he convertido en tu chica trofeo." Contestó con seriedad, pero a la vez con un tono justo para que ningún curioso pudiese escuchar la conversación.

"Eso no es verdad." Protestó arrugando la nariz como si lo hubiese ofendido.

"¿En serio? Porque llevo dos años trabajando por mi cuenta en el laboratorio del profesor y no te has dignado a leer ni uno de los documentos y artículos que te he entregado, solo te interesas por mí cuando vuelves de un largo viaje y necesitas una cara bonita que te acompañe a los eventos o a alguien que caliente el otro lado de tu cama." Normalmente ella esperaría a llegar a casa para soltarle sus molestias, pero esa noche había tenido suficiente con mucha rapidez y su típica indiferencia estaba siendo la gota que colmaba el vaso.

Shinichi resopló todavía con el ceño fruncido. "No deberíamos hablar de esas cosas aquí." Comentó sin elevar el tono, encaminándose a la terraza para continuar con la conversación en una zona algo más privada. "¿Apenas he llegado del extranjero y ya quieres que empecemos otra discusión?" Preguntó apoyándose en la barandilla con un suspiro cansado. "Estos dos años han sido muy duros, tú lo sabes mejor que nadie, deberías tratar de comprenderme."

"¿Así es como lo ves? ¿De verdad crees que no he tratado comprenderte?" Preguntó rodando los ojos a la vez que la rabia empezaba a crecer dentro de ella. "Ese es tu problema, que crees que siempre gira todo en torno a ti y tu mundo, que tus problemas siempre son peores que los de los demás."

"Eso no es verdad, me preocupo por ti." Se defendió mirándola fijamente, acercando una mano para acariciar su hombro y tratar de apaciguar la situación. "Sabíamos que esto iba a ser difícil cuando aceptamos el acuerdo..."

Ella suspiró notando esas repentinas ganas de llorar que tanto conocía y tragó saliva a la vez que respiraba lentamente para que las lágrimas no afloraran. Shinichi no estaba haciendo nada malo, se dedicaba a mantener la empresa y a cumplir con todas las responsabilidades que podía, entonces, ¿por qué le molestaba tanto la brecha que había entre ellos dos? ¿Por qué quería tener sus muestras de afecto si ninguna iba a estar impresa con amor?

"Te odio." Soltó apretando los dientes a la vez que le daba la espalda para no mirarle. Se sentía irritable y dolida porque no tenía derecho a reclamar nada y mucho menos algo que nunca había existido en su relación.

"No me odias." Respondió él agarrándola de la cintura para girarla de nuevo hacia él e inclinarse a su rostro.

"No hagas esto, porque me haces sentir como una mierda." Contestó girando el rostro para que no alcanzara sus labios.

"¿Por qué?" Preguntó sin alejarse, alzando una ceja repentinamente confundido.

"Porque aunque siempre parezca que me importa todo una mierda y parezca que me de igual besarte o acostarme contigo, en realidad me duele...ya sé que te dije que nunca lo haría, pero, yo sí que he empezado a quererte, y desde que soy capaz de hacerlo, tú te estás volviendo otra vez otro extraño."

Shinichi se quedó completamente sorprendido, y por más que quisiera, la seriedad de su rostro le hacía saber que esta vez no se te trataba de una broma. Y él no supo como reaccionar, se quedó callado con una arruga entre las cejas y un montón de pensamientos que no era capaz de ordenar y digerir.

"¿Desde cuando?" Fue lo único que fue capaz de preguntar, todavía absorto en la sorpresa.

"No lo sé, todavía estoy tratando de entender que es esta mierda que siento...pero tengo claro que es algo mayor al aprecio que tienes tú por mí." Suspiró sintiendo algo de alivio después de soltarlo y dolor por seguir sin captar emoción en él. "Sé que puede parecerte raro porque tú y yo nunca hemos tenido una relación cariñosa, pero mis peores momentos contigo, eran mejores que mis mejores momentos con Gin... yo solo quería ayudar y devolverle el favor a tu familia, no me esperaba nada de ti, sin embargo, acabaste borrando el ceño fruncido para sonreírme y aferrarte a mí, y acabó dándome igual que me utilizaras si eso aliviaba tu dolor, pero cada vez que nos acostamos o te acercas a besarme, me creo que te acercas porque quieres y no porque me necesitas, y entro en una maldita espiral de mentiras en la que pierdo el control."

Shinichi no sabía que decir, era la primera vez que ella se abría de esa manera y no le salían las palabras con la rapidez que ella necesitaba. Sentían que se les estaban yendo las cosas de las manos, y ella, que no podía aguantar más su silencio, se dio media vuelta y volvió al interior de la sala con intención de marcharse de ahí. No se giró para comprobar si él la seguía, no quería verle, quería salir del edificio y perderle la pista el tiempo que pudiese.

Estaba enfadada consigo misma por no poder controlar la situación y se sentía avergonzada por no haberse mordido la lengua antes de soltar toda esa declaración. Pensó en tomar un taxi, pero tampoco le apetecía volver a la casa de los Kudo así que se puso a caminar sin destino en mente, cruzando las calles mientras notaba que llamaba la atención más de lo que deseaba. El vestido largo que llevaba era bonito y coqueto, pero algo llamativo para irse paseando por las calles con el rostro de disgusto que llevaba.

Los tacones altos la hicieron sentirse cansada pasadas unas cuantas calles más y frenó el paso sin saber si quiera a donde pretendía ir. La adrenalina que había sentido minutos atrás empezó a evaporarse, y el cansancio, la impotencia y el dolor, brotaron de nuevo y la dejaron sin saber que se suponía que iba a hacer ahora con todas esas emociones.