Los gritos de los aficionados se escuchaban desde las afueras del estadio aún sin haber empezado el partido y la sonrisa de Shinichi se amplió todavía más cuando llegaron a la entrada para mostrar sus tickets.
"Me muero de ganas por ver como los Big Osaka les dan una paliza a los Tokio Spirits." Dijo Heiji frotando sus manos con impaciencia mientras esbozaba una sonrisa juguetona en la cara.
"No seas malo, Heiji. Hemos venido a disfrutar del partido juntos." Intervino Kazuha buscando la paz entre ellos dos.
"Estamos en Tokio, ¿recuerdas? Esta es nuestra casa así que, estate atento, porque la paliza os la vamos a dar nosotros a vosotros." Se defendió Shinichi, desafiándole con los ojos entrecerrados.
"¿Es que tenéis que discutir en todos los partidos?" Preguntó Kazuha cruzando los brazos. "Heiji, ¿Compramos la bebida antes de sentarnos?" Cambió de tema para lograr separarlos unos segundos y apaciguarlos.
"Claro, necesito la cerveza de la victoria para ver el partido en condiciones." Contestó su novio alzando el puño.
Kazuha solo pudo suspirar y rodar los ojos. "¿Nos esperáis aquí?" Preguntó mirando a la otra pareja. "Hay mucha gente para ir todos juntos, nosotros invitamos a la primera ronda." Sonrió.
Shinichi asintió devolviéndole la sonrisa y volvió a poner la cara seria cuando sus ojos se encontraron con los de su amigo.
Shiho, sin embargo, rodó los ojos manteniendo silencio, sin separarse del círculo del grupo, pero sin aportar demasiado tampoco.
"¿Qué te parece la sorpresa?" Preguntó Shinichi una vez que sus amigos se alejaron, aprovechando que se había quedado de nuevo a solas con ella para observar mejor sus reacciones.
"No está mal." Admitió con una pequeña sonrisa. "No sabía que te gustaba ver perder a tu equipo en directo."
"¿Tú también?" Preguntó rodando los ojos.
"¿Qué quieres? Eres el único aficionado de los Spirits del grupo." Contestó alzando las manos. "Ya sabías a donde te metías cuando nos has traído aquí a los tres."
"Lo sé, lo sé. Pero luego no os voy a consolar cuando seáis vosotros los que perdáis." Continuó defendiendo a su equipo, acercándose a la parada de camisetas que había justo a su lado para echarle un ojo. "Creo que voy a coger una, ¿Quieres algo?" Preguntó mientras escogía entre las gorras.
"¿Vas a comprar una gorra de los Spirits estando sentado en la grada de los Big Osaka?" Preguntó Shiho confusa.
"No le tengo miedo a nada." Contestó él con una sonrisa orgullosa mientras sacaba la cartera de su pantalón para pagar.
Ella sonrió. Era muy llamativo llevar una gorra blanca con todo ese rojo a su alrededor, y aunque a ella le divertía, esperaba no encontrarse a ningún aficionado estúpido que se lo tomase como algo personal.
"Toma, esta es para ti." Dijo él ofreciéndole una de las dos gorras que había comprado, obviamente cada una de un equipo distinto.
Ese gesto fue toda una tontería, pero ella sonrió con felicidad. Hacía un tiempo que se consideraba aficionada de los Big Osaka, pero nunca había tenido nada más que un llavero o una taza representativa del equipo.
"Te queda bien, pero estarías más guapa con una de los Spirits." Dijo Shinichi sin poder callarse el comentario.
"Ya estamos aquí, ¿Habéis localizado los asientos?" Intervino Kazuha ofreciéndoles una cerveza de las que acababan de comprar a cada uno.
"Estamos cerca, vayamos antes de que empiece el partido." Comentó Kudo dirigiéndoles por el estadio.
El partido empezó algo mal para el equipo del detective de Tokio, una tarjeta amarilla y dos goles hicieron que su humor no se encontrase tan chispeante como en el inicio.
"Que callado estás." Comentó Shiho en un tono bajo mientras lo miraba con una sonrisa divertida. "¿Estás enfadado?"
"Todavía queda mucho partido, todo puede pasar, así que no voy a dar ninguna derrota por sentada." Contestó dándole un largo sorbo a su cerveza sin quitar el ceño fruncido de su cara.
"¿Quieres otra cerveza?" Preguntó dándose cuenta de que ambos acababan de vaciar los vasos.
"Sí, por favor." Suspiró queriendo quitarse ese sabor amargo que estaba dejándole el partido.
Kazuha se ofreció a acompañarla cuando la vio levantarse y las dos salieron de la grada buscando la parada de refrescos más cercana. Shiho notaba su nerviosismo, la había visto un par de veces abrir y cerrar la boca como si tuviese intención de empezar una conversación, pero el miedo o la duda parecía acabar frenándola.
"¿Te apetece algo para comer?" Preguntó la pelirroja observando que también había algo de comida.
Kazuha se sonrojó con algo de vergüenza, normalmente era una chica más echada para adelante y extrovertida, pero no conocía nada a la pelirroja como para saber cuanto podía soltarse y eso la cohibía.
Shiho no conocía mucho a la pareja de Osaka, pero era fácil intuir la amistad que Kazuha había mantenido con la exnovia de su pareja. ahora era una extraña que ocupaba su puesto y no la hubiese culpado si e hubiese dedicado a ignorarla, pero también notaba como, pese a todo, se esforzaba en intentar tener una buena relación con ella también. "¿Onigiris?" Preguntó con una sonrisa.
Kazuha sonrió asintiendo y ambas volvieron a sus asientos con las manos llenas de bebida y comida. "¿Y esa cara?" Preguntó la morena al ver como su novio fruncía demasiado el ceño.
"Se ha puesto triste porque ahora os llevamos un gol de ventaja." Sonrió Shinichi alzando un brazo con la ilusión, acercándose a la vez a la mejilla de Shiho para darle un beso con el impulso de la repentina alegría antes de coger una de las cervezas. "Este partido lo ganamos los Spirits."
Shiho rodó los ojos y se sentó volviendo su mirada a la pista. La cerveza y el partido tenían a su compañero demasiado animado, pero ella se sentía tranquila, su jugador favorito no jugaba en ese partido por una lesión en su último partido, sin embargo, aún así tenía el privilegio de poder verlo a la lejanía, sentado muy cerca del entrenador, con el rostro concentrado y la mirada seria.
"No hables muy alto, que hace nada estabais perdiendo, todo puede cambiar otra vez." No podía morderse la lengua si al final también se estaba metiendo con el equipo que ella apoyaba.
Shinichi rodeó su hombro con su brazo y la acercó a él. "Cuando acabe el partido, tienes mi hombro para las lágrimas, no te preocupes."
"Idiota." Contestó golpeándole en el pecho, haciendo que sus humos bajasen un poco. "Toma, a ver si con el estómago más lleno dices menos tonterías." Dijo dándole uno de los onigiris que acababa de comprar.
Shiho podría haber escuchado sus tripas sonar si no estuviesen rodeados de tanta multitud, pero él se limitó a asentir con un sonrojo tímido y agradeció el bocado sintiendo que esa era una de las mejores sensaciones del mundo.
Las pequeñas cosas de la vida que aprendía a empezar a agradecer.
Su corazón se paró cuando la pelota casi vuelve a marcar en su portería y suspiró de alivio antes de acabar la comida. "¿Quieres que al acabar el partido intentemos ir a pedirle un autógrafo a Higo?" Preguntó al notar como su pareja miraba de vez en cuando hacia su dirección.
Shiho se sonrojó fuertemente y negó rápido con la cabeza. "No lo necesito." Contestó vergonzosa.
Kazuha comía lentamente mientras observaba a la pareja desde su asiento y una pequeña sonrisa se escapó de sus labios.
"¿En que piensas?" Preguntó Heji en un tono audible para ambos, percatándose de sus reacciones.
"No es nada." Negó con la cabeza.
"¿Te ha pasado algo con ella?" Preguntó inclinando su cabeza ligeramente hacia la derecha.
"No, no es nada de eso. Creo que me cae bien." Especificó bajando la mirada a su onigiri. "Me sorprende lo distinta que es a Ran, pero parece agradable."
"No sé si agradable es la mejor definición, pero es buena gente." Contestó Heiji con una sonrisita.
"¡Goooool!" Gritó Shinichi haciendo que su amigo volviese su atención al partido.
"No puede ser, seguro que han comprado al árbitro." Comentó el de Osaka moviéndose la gorra con nerviosismo.
Finalmente, esta vez fue el turno de Shinichi para salir victorioso de ese partido y a Kazuha se le cargó el deber de frenar la lengua afilada del mal perdedor de Heiji mietras trataban de alejarse del estadio junto a toda la multitud.
"No llores, os invito a cenar para compensar los daños emocionales." Se burló Kudo agarrando del cuello de su amigo para sacudirle el pelo. Eran rivales tanto en profesión, como en el deporte, pero en todo lo demás la unión era lo principal.
No perdieron el tiempo en decidirse por un restaurante y finalmente pararon en uno de comida francesa que había propuesto la morena.
"Que sepas que voy a pedir lo más caro de la carta." Comentó Heiji ojeando bien los precios más altos. "¿Traes la tarjeta negra?"
"Se llama tarjeta centurión." le rectificó Kudo. "Y no me hagas comprar todo el restaurante, porque te dejo aquí limpiando los platos."
Kazuha rodó los ojos, pero Shinichi sonrió, el tiempo con amigos siempre era tiempo de calidad. Le daba igual lo que le fuese a costar esa cena si al final pasaban un día agradable.
La conversación fluyó durante toda la cena, ya era difícil hacer callar esos detectives por separado, así que esa noche no fue una excepción para hablar sobre sus casos y todos esos temas a los que debían ponerse al día. Sin embargo, Kazuha aprovechó esos momentos para entablar conversación y conocer mejor a la nueva pareja del detective y que todavía era desconocida para ella. Heiji ya le había hablado de ella en un pasado, su nombre había dado mucho revuelo cuando Heiji y Shinichi cerraron ese caso tan importante del que tan poco le hablaba, sin embargo, creaba más intriga y misterio del que le habían contado.
Era muy reservada y callada, algo totalmente distinto a ella misma.
Se mordió el labio y se atrevió a levantar la cabeza para hablarle con una sonrisa en la cara, como si no estuviese nerviosa. "Heiji me dijo que viajasteis a Grecia, cuéntame, ¿es tan espectacular como parece en las imágenes?" Kazuha sintió que sonaba un poco estúpida nada más acabar con la pregunta, pero para su sorpresa, Shiho le sonrió.
"No sé si puedo juzgar la apariencia de un país que solo he visto una semana, pero...supongo que poder disfrutar de las calles y oler el mar es mil veces mejor que cien fotografías."
La morena asintió. "Tienes razón, sin embargo, hay tantas ciudades europeas que desprenden romanticismo...me fascina."
"No es tan romántico cuando tu acompañante es un detective imán de cadáveres." Respondió Shiho llamando la atención de sus compañeros.
"¿A ti también te pasa?" Preguntó Kazuha recordando con los dedos las veces que podía salir por ahí con su pareja sin que nada raro sucediese a su alrededor.
"Es horroroso." Contestó Shiho rodando los ojos, provocando que ambas riesen brevemente.
"Hay veces que creo que mi vida se transforma en una película de acción." Bromeó Kazuha sin poder contar todas las aventuras que habían experimentado. "¿No te pasa lo mismo?"
Shiho esta vez intentó seguir sonriendo, aunque su mirada se apagase levemente. "Yo creo que la película de mi vida la catalogaría como una tragicomedia, sin embargo, siempre va a ser mejor después de tener que vivir una de terror."
Kazuha lo entendió, pero no quiso decir comentario, no encontraba tampoco ninguno acertado. Y para su suerte, el camarero apareció con la cuenta interrumpiendo cualquier conversación.
"¿Vais a querer tomar algo más?" Preguntó Kudo mientras buscaba la cartera.
"Creo que ya te he arruinado suficiente por hoy." Sonrió Heiji acabando la copa del vino caro que había pedido para molestarle.
Decidieron salir del restaurante antes de que los dos amigos continuasen con el tira y afloja de las discusiones del partido y Shinichi y Shiho se marcharon dando un paseo hacia el coche después de despedirse de la pareja de Osaka en la entrada del metro.
"Ha estado bien, ¿no crees?" Preguntó Kudo después de bostezar algo cansado.
Ella asintió, había sido una buena tarde, pero algo la mantenía inquieta desde que habían salido del restaurante. La conversación con Kazuha le había hecho remover el pasado y eso siempre le erizaba la piel y le revolvía el estómago. Odiaba no poder evitar esas reacciones y pensamientos.
El paseo hasta el coche duró lo suficiente como para congelar y enrojecer su nariz, pero al caminar también había conseguido desprenderse un poco de esa incomodidad.
Shinichi sacó la llave de su coche y se giró un momento para mirarla antes de abrir, captando su mirada baja y la arruga de sus cejas. "¿Tú también estás molesta por el partido?"
Shiho negó con la cabeza después de mirar a su alrededor, acercándose al coche para dirigirse al asiento copiloto. "Solo estoy cansada."
Los rayos del sol le hicieron fruncir el ceño antes de abrir los ojos y bostezó sintiendo una pesadez por todo su cuerpo. Habían llegado bastante tarde la noche anterior entre el partido y la cena con sus amigos y había sido difícil encontrar la manera de despertarse esa mañana. El piar de los pájaros le hizo rascarse la cara y girarse para mirar hacia el despertador, y el salto que dio de la cama al ver la hora, le hizo abrir los ojos y salir del colchón de un segundo a otro.
"Mierda, mierda, mierda." Protestó agarrando la primera muda limpia que encontró antes de meterse a la ducha con el paso ligero. Pasaban de las nueve de la mañana y le había prometido a Megure que estaría ahí a las ocho.
Cuando bajó las escaleras todavía tenía el pelo mojado y la casa se sentía demasiado silenciosa. No había visto a su compañera por el salón, pero vio una nota al lado de la cafetera preparada.
"Me he marchado muy temprano al trabajo, no sé a que hora volveré. El café está preparado." Leyó internamente mientras bebía el café en un par de sorbos. Él tampoco creía que llegase temprano después de lo mal que estaba empezando el día.
Se calzó y cogió su maletín sintiendo el aroma a café todavía en la boca y la marca de las sábanas por su piel, pero con el único objetivo de llegar cuanto antes a la central.
"Kudo, te estaba esperando." Le saludó Megure menos enfadado de lo que se mecía.
"Siento haber llegado tarde..." Se disculpó sin atreverse a decir que se había dormido. "¿Ha pasado algo?" Preguntó al ver a Sato bastante seria delante del ordenador.
"Ya sabes que aquí no tenemos ningún día tranquilo." Contestó su superior dándole un golpecito en el hombro para que le siguiese. "Me han llamado la atención para retomar unos casos abiertos que están a punto de prescribir y he mandado a Sato y a Takagi para que se encarguen de ayudar a la unidad que trabaja en ello. Como verás, tú y yo no podemos despistarnos con los casos que tenemos entre manos."
"No se preocupe, he estado comprobando un par de cosas sobre los casos que me comentó y estoy seguro de que nos pueden ayudar con el trabajo de hoy." Contestó Shinichi con una sonrisa en la cara. Sabía que era bueno en su trabajo y la presión solo conseguía motivarle más.
"Confío en ti, Kudo." Dijo Megure abriendo la puerta de su despacho. "Tengo que hacer unas llamadas y presentarme a un par de reuniones, pero si necesitas cualquier cosa, llámame."
Shinichi asintió antes de dirigirse a su mesa y abrir los informes de su portátil. Acompañó la mañana con un café bien cargado mientras leía cada frase y dato con atención, el rápido y tardío despertar que había tenido esa mañana le hacía sentirse adormecido por más que pasasen las horas, pero la cafeína consiguió mantenerlo atento y enfocado, al menos por un tiempo.
El ruido de sus tripas le obligó a desconectar unas horas después. Las agujas del reloj le hicieron darse cuenta de que pasaba de largo la hora de comer y la taza que tenía sobre el escritorio tenía el culo sucio de café seco. Se rascó los ojos cansados de no despegar la mirada de la pantalla y guardó todo su progreso antes de apagar la pantalla. Eran las seis de la tarde pasadas y el sol naranja bañaba todas las paredes de la oficina.
Quería pasar a visitar a dos testigos para resolver las cosas que no le cuadraban, pero ya era tarde y no vivían precisamente cerca como para llegar a sus casas a una hora decente.
El día estaba acabando igual de mal que como había empezado. Suspiró bastante cansado a la vez que estiraba los brazos y se levantó de la silla mientras que Megure entraba acompañado de Sato y Takagi.
"Kudo, ¿vienes a tomar algo con nosotros antes de volver a casa?" Preguntó Takagi.
Shinichi sonrió amablemente, pero negó con la cabeza. "Te agradezco la invitación, pero tengo faena que quiero acabar en casa y mañana tengo un par de visitas que hacer a primera hora."
"Está bien, pero no te colapses de trabajo. Ya sabes que nos encanta que colabores con nosotros, pero no tienes que cargar con todo."
"Lo sé, lo sé." Sonrió poniéndose la chaqueta. "Nos vemos mañana." Se despidió dirigiéndose a la salida.
Entró al coche dejando sus pertenencias en el asiento copiloto y encendiendo la radio antes de acomodarse en el asiento. Tenía decenas de mensajes y notificaciones en el teléfono que no había atendido ni visto en todo el día, pero decidió bloquear la pantalla e ignorarlo un rato más dejándolo en el reposa vasos. Eran casi las siete de la tarde y era el primer momento del día en que se relajaba y no pensaba en nada.
Subió el volumen de la radio y sacó el coche del aparcamiento. Tenía ganas de llegar a casa y comer algo caliente, pero intuía que no encontraría a nadie si se dirigía directamente, así que cambió de sentido y condujo varios minutos hasta el trabajo de la pelirroja. No podía obligarla a que redujese sus horas de trabajo, pero sabía que si él estaba ahí ella cedía más rápido en volver a casa. No estaba seguro si en realidad era porque la molestaba y estorbaba, pero funcionaba.
Que los dos fuesen unos adictos al trabajo siempre hacía más fácil el trato entre ellos. De lunes a viernes, prácticamente solo se veían para cenar; y los fines de semana, si no salían por compromisos, estaban demasiado cansados para cualquier cosa. Pero eso tampoco significaba que no existiesen los días agradables como el que habían compartido con Heiji y Kazuha ese último domingo. Era obvio que el roce hacía el cariño y que después de convivir todas esas semanas, ya había aprendido a contar con ella inconscientemente.
Saludó como de costumbre a Sota, el vigilante de seguridad del edificio y entró al ascensor para subir hasta su planta. El sol ya dormía cuando el ascensor se abrió y observó el exterior desde un ventanal, el edificio estaba en silencio y solo se escuchaba el sonido de las teclas que provenía de uno de los escritorios del laboratorio.
Shinichi la vio medio a oscuras, con la cara seria por la concentración y los ojos rojos del cansancio. Él entró a la habitación encendiendo la luz y ella dejó de teclear para rascarse los ojos y girarse a mirarle.
"¿Le estás haciendo compañía al vigilante de seguridad?" Preguntó Shinichi al ver que solo parecía quedar ella en el edificio.
"También les hago compañía a los chicos de la limpieza." Sonrió ella siguiendo el hilo de su broma.
Shinichi se fijó en su rostro más detenidamente, era fácil averiguar que llevaba demasiadas horas ahí dentro. "¿Qué tal si nos vamos a casa?" Preguntó apoyando los codos en su escritorio para poner su rostro a su altura.
"Todavía no he acabado..." Suspiró volviendo a mirar a su ordenador. "Aún faltan unos minutos para que finalicen los resultados de unas pruebas que he hecho a primera hora. Es algo importante en el proyecto y tengo que dejarlo todo redactado antes de irme." Explicó por encima.
Él se quedó pensando unos segundos, no iba a marcharse sin ella, pero tampoco pretendía perjudicar su trabajo. "Entonces, dame cinco minutos." Dijo antes de marcharse del laboratorio.
Ella frunció el ceño confundida, pero rápido reanudó el trabajo por donde lo había dejado, y Shinichi cumplió, y a los cinco minutos volvió a presentarse con una bolsa que desprendía un olor demasiado agradable.
"¿Qué tal si cenamos algo mientras acabas?" Preguntó sacando un bol de comida para cada uno.
"Creo que ya sabes que no se puede comer en el laboratorio." Sonrió ella a la vez que rodaba los ojos y se apartaba del ordenador.
"¿Pero has olido lo bien que huele? Podemos hacer una excepción por una noche, además, ya no son horas para seguir por aquí trabajando." Intentó convencerla mientras le entregaba un par de palillos.
Ella suspiró mientras aceptaba los palillos, podía decirle que no y que se esperasen unos minutos a que acabase, pero ella también se moría de hambre y Shinichi tenía razón cuando decía que olía demasiado bien. Al final comieron acompañados del ruido del ordenador, él compartió dudas de sus casos con ella, y ella se levantó un par de veces para revisar algunas de las máquinas del laboratorio que él tampoco entendía bien como funcionaban.
"Yo, lo que veo raro, es la coartada del cuñado." Comentó ella escribiendo en una libreta la numeración del resultado que le mostraba la máquina.
"¿La coartada?" Preguntó él entre bocado y bocado. "Yo creo que es menos fiable la del marido."
"No me hagas mucho caso, pero yo creo que según lo que has dicho, podría haber estado ahí perfectamente." Explicó volviendo a su ordenador para teclear en su informe. "La ruta en tren y coche son algo largas por los rodeos que hacen, pero los caminos de montaña de esa zona son muy viables...si el hombre es deportista, ese trayecto en bicicleta es pan comido para él. Incluso podría sobrarle tiempo."
Shinichi se quedó bastante pensativo y ella volvió su atención a la comida para dar otro bocado.
"Mañana iré a visitarle, quiero cerrar este caso de una vez. Los medios de comunicación empiezan a ser molestos y los periodistas tratan de colarse en la central." Comentó dejando los palillos en su bol vacío.
"Los medios siempre son molestos." Contestó ella entre bocado y bocado.
"¿Hay alguna máquina de cafés por aquí?" Preguntó Shinichi mirando a su alrededor. Si ella pretendía quedarse más rato, necesitaba otra dosis de café.
"Fuera, en el pasillo, justo al lado del ascensor." Explicó ella dejando los palillos en su bol vacío.
Él asintió levantándose de la silla para estirar los brazos. "¿Café?"
"Café." Confirmó volviendo al ordenador.
Shiho se quedó algo pensativa cuando Shinichi se marchó al pasillo. Le gustaba el gesto que había tenido de desviarse de su trayecto para pasar a recogerla cuando se pasaba tiempo de más en el laboratorio, o incluso el hecho de esperarla para volver juntos.
Ella tampoco lo miraba con malos ojos, ya sabía que él era una persona atenta, inteligente y cuidadosa. Y no quería acostumbrarse a él, pero convivir juntos era lo que implicaba, acostumbrarse a la presencia del otro, a sus gustos y a sus reacciones.
El olor a café le hizo saber que él había vuelto e intentó apuntar todos los datos agilizando los dedos para acabar rápido. Aceptó la bebida, le dio un largo sorbo y disfrutó del gusto amargo en su garganta. Tardó el tiempo justo que tardaron en acabarse el café.
"¿Ya has acabado?" Preguntó observándola apagar el ordenador.
Shiho asintió Se levantó de la silla para coger su chaqueta y volvió a coger el vaso antes de dirigirse a la salida. "¿Nos vamos?"
Shinichi la siguió por el pasillo hasta llegar al ascensor y ambos bajaron, despidiéndose del guardia, en dirección al coche. Los dos estaban cansados, así que no hablaron mucho de camino a casa. Ella se recostó en la ventanilla y no le faltó mucho para dormirse cuando Shinichi aparcó en el garaje.
Shiho se rascó los ojos y salió del coche siguiéndole hasta el interior. Shinichi se quitó la corbata y dejó sus cosas en el salón antes de sentarse en el sofá y ella fue a cambiarse de muda antes de volver a reunirse con él.
"¿Quieres beber algo?" Preguntó ella dirigiéndose a la cocina.
"Si me bebo otro café no voy a pegar ojo." Contestó tirándose el pelo hacia atrás.
Shiho volvió al sofá después de beber un poco de agua y se sentó a su lado entregándole una cajita pequeña.
Shinichi frunció el ceño mientras aceptaba la cajita. "¿Y esto?"
"Para ti." Contestó ella apoyando el codo en el sofá. "Feliz cumpleaños."
Shinichi se quedó parado unos segundos. Era su cumpleaños. ¿Cómo podía olvidarse de su propio cumpleaños? Por eso tenía tantos mensajes, llamadas y notificaciones...Desde luego que era algo que nunca le había pasado. Puede que al final si que deba hacerle más caso a la inspectora Sato y relajarse un poco, porque desde luego que ya no sabía ni en qué día vivía.
"¿No vas a abrirlo?" Preguntó ella algo confusa.
"Claro." Contestó deshaciendo el lazo azul que la adornaba mientras seguía pensando. Estaba nervioso y rompió el papel de regalo con un poco de desorden. "Vaya, esto sí que es un reloj con todas las letras." Contestó al ver el interior.
Nunca había sido un apasionado de los relojes, pero entendía lo suficiente como para apreciar el regalo que acababa de recibir. El reloj dorado se veía muy elegante y le llamaba la atención la delicadeza de la fabricación y el cuidado de cada detalle y acabado.
"No sé si es un regalo acertado, pero me gustó para ti cuando lo vi." Explicó ella mordiéndose el labio.
"Es perfecto, claro que me gusta." Sonrió él comprobando que encajaba bien en su muñeca. "Gracias." Sonrió.
Ella suspiró aliviada y sonrió al ver que su sonrisa parecía sincera. Había sido todo un dolor de cabeza pensar en que podía regalarle para su cumpleaños, al fin y al cabo, le apetecía también tener un detalle con él.
"En realidad, se me había olvidado por completo mi cumpleaños." Sonrió algo avergonzado. "Me he dormido esta mañana y he ido todo el día intentando recuperar el tiempo."
"Vaya, ¿de verdad?" Rió brevemente. "Desde luego que eres un friki de los casos."
"Gracias por acordarte." Agradeció ignorando su comentario.
Ella se sonrojó un poco, pero se limitó a asentir. Después de todo, fuese real o no, era su mujer, que menos que acordarse de una fecha como esa. Los hoyuelos que se le formaban con la sonrisa de su cara eran cautivadores. Ese detalle había merecido la pena.
Shinichi se sentía bien, ese pequeño gesto había hecho que su día cambiase y que sus ojos brillasen, y por una vez, no frenó las ganas de acercarse a ella por primera vez en la intimidad. Sus labios estaban calientes contra los suyos y su mano buscó su cuello para que no se alejase de él.
Ese beso no se parecía en nada a todos los que se habían dado frente a todas aquellas cámaras, se notaban la calidez y las ganas y su lengua se impacientó en recorrer su boca.
El cansancio, las preocupaciones, las obligaciones...todo desapareció cuando ella enterró su mano en su pelo y él la recostó en el sofá con pocas intenciones de separarse.
