El sonido y la vibración que empezaron a emitir el teléfono hizo que sus ojos parpadeasen a la vez que trataban de despertarse. El ordenador de su escritorio seguía con la pantalla encendida y sus brazos cruzados aplastaban el teclado. Shiho se rascó los ojos maldiciéndose por haberse quedado dormida en el laboratorio y se giró hacia el teléfono que seguía sonando sobre su escritorio para contestar la llamada antes de que colgasen. Carraspeó la garganta antes de poner el auricular en su oreja y se peinó el cabello hacia atrás con los dedos.

"¿Sí?" Preguntó intentando que no se notase su voz somnolienta.

Podía percibir que había alguien en el otro lado del auricular, pero apenas escuchaba más que su respiración y lo que parecía ser ruido de la gente, como si estuviese en la calle. Comprobó el número mientras esperaba una respuesta y se percató de que el remitente estaba llamando en oculto.

"¿Hola?" Preguntó frunciendo el ceño molesta de que se tratase de una broma.

La respiración era clara, pero seguían sin dignarse a decir palabra, y su paciencia, era muy corta a primera hora de la mañana, y todavía más cuando había dormido tan mal. Suspiró molesta y abrió la boca para insultarle y mandarle a la mierda, pero la llamada se colgó antes de que tuviese la oportunidad de desahogase.

"Idiota." Resopló chasqueando los dientes antes de devolver el auricular al teléfono de mala gana.

Se pellizcó el puente de la nariz mientras sentía el dolor de cabeza y de espalda crecer. No había sido muy buena idea trabajar de más en el laboratorio para no sentirse sola todo el fin de semana en una casa que nunca iba a sentir suya. Comprobó su móvil, sin mensajes ni llamadas, y agarró la taza de café que había utilizado el día anterior para lavarla y rellenarse el café. No le extrañaba que no la hubiese llamado, se lo podía imaginar absorto en el caso de la isla de las sirenas, pero le molestaba que descolocase todos sus horarios y responsabilidades para luego dejarla tirada a la primera de cambio y olvidarse completamente de ella. Olió el café humeante de su taza antes de beber un sorbo pequeño y volvió a su escritorio para ordenar un poco el desastre que había montado en una noche.

"¿Se puede saber que haces aquí un domingo a la mañana?" Preguntó Naoko apareciendo en el laboratorio con una sonrisa en la cara.

Shiho le sonrió amablemente volviendo a peinar su pelo con la yema de sus dedos. "Yo podría preguntarte lo mismo." Comentó antes de remover el café con la cuchara para darle un sorbo más grande.

En un simple vistazo pudo percatarse de que su visita iba a ser breve. Su vestimenta no era tan casual o cómoda como la que solía traer para trabajar e incluso podía ver que llevaba algo más de maquillaje en la cara e incluso el pelo semirecogido. Por no hablar del agradable perfume que había empezado a impregnar la sala con su presencia. Era una mujer observadora, puede que no tanto como el maniaco de los misterios con el que le había tocado vivir, pero si lo suficiente como para percatarse de los pequeños detalles.

"He venido a enviar un correo de estadísticas que se me olvidó enviar ayer." Comentó mordiéndose la lengua a la vez que guiñaba un ojo. "Podía haber esperado a mañana, pero no me quedaba tranquila si no lo hacía, además, vivo cerca de aquí. ¿Te molesto?"

"Para nada. Tú misma." Contestó Shiho dándole permiso para acomodarse.

"Seré breve." Contestó con una sonrisa antes de adentrarse al laboratorio. "¿Has pasado aquí la noche?" Preguntó Naoko al observar el área de trabajo de su compañera. "Me he topado en la calle con el chico policía, y cuando le comenté que tenía que venir, me dijo que era muy probable que también te encontrase aquí."

"¿El chico policía?" Preguntó Shiho girando la cabeza para mirarla con una ceja alzada.

"He sido yo." Intervino Rei apareciendo por la puerta con un café en la mano. "Ayer nos pasamos aquí todo el día, y cuando me fui, no parecías tener muchas intenciones de volver pronto a tu casa...y por lo que veo no me he equivocado."

"¿Qué haces aquí, Furuya?" Preguntó la pelirroja inclinando ligeramente la cabeza.

"He venido a verte." Contestó con su sonrisa brillante.

Naoko los miró y sonrió mientras intentaba enviar rápidamente el correo para desparecer de ahí. "Yo ya me marcho, podéis hablar de lo que queráis." Comentó guiñándole el ojo a la pelirroja antes de apagar la pantalla y coger su bolso para volver a salir.

Shiho rodó los ojos mientras la veía entrar en el ascensor para dejarlos solos, otra mañana más.

"¿Y bien?" Preguntó ella volviendo a mirar al rubio. "¿Qué haces aquí?" Repitió.

"Venía a traerte café y a agradecerte el trabajo de ayer, mi compañero se quedó sorprendido con la calidad de tu trabajo. Yo creía que los científicos de seguridad pública eran buenos, pero tú estás a otro nivel." Sonrió dejando su vaso a su lado. "La verdad, es que al principio me sorprendió que aceptaras a ayudarme."

"Ya te dije que era algo puntual. Solo fue una manera de devolverte el favor por entregarme el colgante de Akemi." Contestó restándole importancia. "Ya sabes que tengo un contrato con Yusaku, no creo que le haga ninguna gracia enterarse de que he utilizado su laboratorio para ayudarte a ti y a su hijo con los casos a los que os involucráis." Comentó algo molesta. "No debería relacionarme con la policía de esta manera."

"Lo sé, no pretendo abusar." Sonrió bajando levemente la mirada para ver la cadena dorada que percibía bajo el cuello de su camisa. "Sé que es arriesgado para ti. Solo quería que supieses que aprecio mucho tu ayuda. Es interesante trabajar contigo."

"¿Interesante?" Preguntó mirándole con una ceja alzada. "Déjalo, no sé si quiero que me respondas, al final voy a echarte de mi laboratorio." Dijo acabando la frase con una media sonrisa que acabó pareciéndose más a una mueca.

"Es un halago." Especificó. "Cuando hablo de ti, siempre son halagos." Le sonrió notando que parecía algo más estresada que el día anterior. "¿Todo bien?"

"Sí, solo quiero recoger todo esto para marcharme de aquí." Contestó levantándose de la silla mientras guardaba las cosas en su escritorio y apagaba el ordenador.

Rei se ofreció a llevarla a casa y ella aceptó con facilidad al notar que, pese a que solo fuese la mañana, el cansancio se había apoderado de ella muy rápidamente. Ella no dijo nada durante el trayecto de vuelta, pero ninguno de los dos se sintió incómodo con el silencio del otro, se despidió de él en la puerta de la casa y lo vio marcharse antes de buscar la llave dentro de su bolso. Había un coche aparcado muy cerca de la casa que no parecía ser de ningún vecino, lo veía raro y la hacía sospechar, pero no quería sentirse paranoica al relacionarlo todo con su pasado, así que decidió ignorarlo y entró finalmente al interior. La casa estaba fría, vacía y oscura y el eco de sus tacones resonaba por toda la entradita. Dejó sus cosas antes de descalzarse y caminó escaleras arriba para darse una ducha y quitarse de una vez la muda del día anterior.

Shinichi gruñó a la vez que palpaba sobre la mesita de noche intentando apagar la alarma de su teléfono, se había ido a dormir muy tarde y apenas había dormido más de cuatro horas. Bostezó estirando los brazos y se quedó un par de minutos mirando al techo. La cama era más pequeña a lo que estaba acostumbrado y el colchón no era ni la mitad de cómodo al que tenía en su casa, pero dormir era dormir y su cuerpo agradecía cualquier lugar blando en el que poder descansar. Se levantó rascándose los ojos cansados y se aseó y cambió antes de salir del hostal.

Sora ya estaba en su escritorio cuando volvió a aparecer en la carpa y le devolvió el saludo con una sonrisa amable mientras él se dirigía al suyo. Shinichi dejó el café que traía sobre la mesa antes de ponerse a buscar el libro de registro que tanto le había llamado la atención la noche anterior y frunció el ceño al no encontrarlo donde debía estar.

"Sora, ¿tienes tú los libros de registro del templo?" Preguntó mientras rebuscaba entre los pilones que tenía.

"Tengo solo algunas copias de algunas páginas que hice ayer." Comentó tachando otro de los nombres de su lista. "Los libros de registro los ha recogido hace un rato un agente de un grupo de oficiales que ha llegado esta mañana." Explicó sin despegar la mirada de sus hojas.

Shinichi la miró con el ceño fruncido, ¿Cuánta gente iba a aparecer para cerrar un simple caso de incendio? Era extraño y eso empezaba a oler de que se trataba de algo más gordo y serio. Ojeó la sala con lentitud y decidió salir a buscar las respuestas que por el momento no había encontrado ahí dentro.

Había más ajetreo que el día anterior, más movimiento y miradas algo más serias. Shinichi deseó por un momento ser fumador, porque ese sería el momento perfecto en el que posaría un cigarro en sus labios para encenderlo y tratar de pensar con claridad. Bajó los cuarto escalones de piedra y observó la parte oscura y quemada de la montaña.

"Es toda una suerte que se haya salvado una pequeña parte de la isla, ¿no crees?" Preguntó una voz conocida a la vez que paraba justo a su lado.

"¿Akai?" Preguntó arrugando la nariz frente a la sorpresa de encontrárselo justo ahí. "¿Qué haces aquí?"

"Trabajar." Contestó sin más mientras le daba los dos últimos tiros a su cigarro.

Que el FBI estuviese ahí, no era una buena señal. ¿Qué podía interesarle al FBI de un incendio en una pequeña isla de Japón? No tenía lógica.

"¿Has descubierto algo interesante con relación al incendio?" Preguntó Akai antes de girar ligeramente la mirada para mirar la montaña.

Shinichi pensó un par de segundos en si debía decirle o no que había encontrado el nombre de Shiho en uno de los libros de registro de hacía ya unos años, y frente a la duda, decidió negar con la cabeza. "Llegué ayer, apenas he conseguido ponerme al día y ojear cuatro cosas." Dijo sin mentir del todo.

"Agente Akai." Intervino el inspector Yoshikage. "Tiene la carpa a su disposición, el señor James Black ya ha conversado conmigo y acabo de avisar a mi equipo para que recogan sus cosas." Comentó haciendo que Shinichi se extrañase más.

"¿Ha pasado algo?" Intervino Shinichi sin poderse quedar callado.

"Detective Kudo, sé que esto ha sido apresurado y que apenas llegó ayer, pero a partir de ahora el caso lo dirigirá el FBI. Agradecemos su ayuda, pero ya hemos recibido órdenes para que nos apartarnos del caso, incluido usted." Intentó explicar con algo de tacto.

"¿A qué viene esto, Akai?" Preguntó apartando la mirada del inspector para empezar a reclamarle explicaciones a su antiguo compañero.

El inspector se marchó al darse cuenta de que sobraba y Shinichi se quedó con los brazos cruzados esperando a que respondiese.

"No puedo contarte mucho, pero tenemos la sospecha de que se trate de un pequeño grupo sobreviviente de la organización."

"¿Qué? Eso son tonterías. La organización ya no existe." Contestó negando con la cabeza.

"Nunca sabremos la cantidad de miembros que poseía esa organización, Kudo, eso es algo de lo que tú también eres consciente. Que hubiésemos conseguido derribar su jefe y los miembros principales, no significa que no quieran volver a intentar revivirla con el tiempo." Explicó sin querer dar mucho detalle. "Si estamos aquí, es para prevenir justo eso."

"Entonces, déjame ayudaros. Ya lo hice en un pasado y formamos un buen equipo para derribar la organización." Pidió el joven.

"Esta vez no puede ser." Negó algo más serio de lo que Shinichi esperaba.

"¿Por qué?"

"Porqué estás casado con ella." Contestó sin más.

El silencio que se formó entre ellos, fue bastante incómodo esta vez. Se miraron con cierta amenaza y Shinichi casi chirriaba los dientes.

"¿Esto la pone en peligro?" Preguntó el de Tokio sintiendo cierta preocupación de repente.

"Gin está muerto." El recordó Akai. "Pero he ordenado que le pongan un coche de vigilancia por si aparece algún tipo de amenaza."

"Akai, tienes que dejar que me quede." Pidió molesto de que sonase como una súplica. "Quiero ayudar con esto."

"Deberías coger el barco que sale de vuelta en un par de horas, por la tarde habrá muy mal temporal." Le recomendó Shuichi ignorando su petición mientras se daba media vuelta para entrar en la carpa.

"No me puedes apartar de esta manera, me conoces, sabes que no me mantendré al margen." Protestó intentando frenarle, sintiendo la impotencia crecer poco a poco dentro de él. Era toda una tortura alejarse sabiendo que la organización podría estar detrás de esto.

"Te mantendré informado en lo que pueda, no puedo prometerte más." Contestó Akai sin girarse, intentando calmar un poco de su enfado. "Vuelve a casa con tu mujer."

Era tarde, sin embargo, la luz del portal seguía encendida cuando Shinichi paró frente la puerta de su casa, entró sin querer hacer mucho ruido y se descalzó antes de subir al piso superior. Estaba todo en silencio y envuelto por la oscuridad de la madrugada, así que su primer pensamiento fue que se encontraría a su compañera dormida, pero mientras palpaba las paredes para llegar a la habitación percibió una pequeña luz que se escapaba desde la rendija de la puerta que le hacía saber que se equivocaba antes siquiera de entrar. Abrió lentamente la puerta sin saber si se habría quedado dormida con la luz encendida, y finalmente, la sorpresa le hizo topar con sus ojos abiertos y con el rostro concentrado en el libro que tenía entre las manos. Dio un par de pasos para entrar al interior todavía sin estar seguro de que ella se hubiese percatado de su presencia y se paró frente a la cama antes de hablar.

"Buenas noches." Saludó casi susurrando, esperando inútilmente que ella no se asustara.

"¿Quieres que me de un infarto?¿Por qué eres tan sigiloso?" Preguntó ella apoyando una mano en su pecho a la vez que alzaba la mirada para desafiarle.

"No es mi culpa, el problema es que estabas demasiado absorta con el libro." Contestó dejando su maleta en un rincón de la habitación antes de dirigirse al armario para aflojar su corbata y quitarse el traje.

"¿Qué haces aquí?" Preguntó ella a la vez que cerraba el libro para dejarlo en su mesita de noche.

"Hasta donde yo sé, vivo aquí." Sonrió mientras agarraba los pantalones que utilizaba para dormir.

"No es eso, idiota." Rodó lo ojos. "¿Qué haces en Tokio tan pronto? Pensaba que ibas a pasar unos días fuera."

"Me han echado del caso." Contestó con una línea recta en los labios.

"¿Qué? ¿Por qué?" Preguntó ella confundiéndose más.

"El FBI se ha quedado con el caso." Contestó mientras se acercaba a la cama y dejaba su teléfono sobre su mesita de noche.

Shiho se quedó en silencio, entendiendo poco a poco lo que sucedía. La noticia le había erizado el vello cuando la vio por televisión, recordándole con fuerza su pasado a la vez que cruzaba los dedos, deseado que Kudo no encontrase esas migas de pan que conducían a historias y hechos que ella no quería compartir. En estas situaciones, lo mejor que podía hacer, era callar.

"¿Podemos hablar?" Preguntó él reconociendo su cara seria.

Ella quiso decir que no, pero siguió callada.

"¿Me puedes explicar esto?" Insistió él a la vez que recuperaba su teléfono para mostrarle una de las fotografías más recientes.

Shiho miró la imagen solo un par de segundos, fingiendo no reconocer su propio nombre a la vez que sacudía los hombros.

"¿No ves nada raro? ¿en serio?" Preguntó Shinichi con un tono algo menos simpático. "Porqué yo me quedé bastante confundido al ver tu nombre escrito en uno de los registros de la isla, casualmente justo a lado de alguien con el nombre de Gin Kurosawa."

Ella tragó saliva y frunció el ceño. "Es solo un nombre, solo significa que visité el templo hace años. ¿Crees que tengo algo que ver con lo que está pasando?"

"Dímelo tú. Miyano, no te estoy culpabilizando, pero el FBI cree que esto puede ser un ataque provocado por gente relacionada con la organización." Explicó estudiando sus reacciones y gestos. "¿Sabrías decirme algo? O ¿tienes alguna suposición de por qué ha sucedido esto en la isla?"

Ella negó con la cabeza. "Ya te lo he dicho. Visité la isla un par de años antes de que tú lo hicieras, nada más." Contestó apartando la mirada.

"¿Qué fuiste hacer ahí?" Preguntó con el ceño fruncido. "Quiero saberlo, porque no creo que fueras para hacer turismo." Resopló él poco contento con su respuesta, desde luego que era una chica de pocas palabras.

Ella también resopló, pero esta vez decidió ignorarlo y darse media vuelta para taparse con la sábana y cerrar los ojos obligándose a dormir. La conversación había acabado. Era tarde y no le apetecía tener un reencuentro reiniciando otra discusión.

Al día siguiente, encontró el otro lado de la cama vacío y frío, como si el encuentro de anoche con Shinichi se tratase de un sueño incómodo, pero nada más bajar las escaleras, percibió el olor a café que le recordaba que la conversación sí que había sucedido. Shinichi estaba sentado en un taburete, leyendo el periódico mientras bebía de su café, como siempre, pero su rostro se seguía viendo inquieto y ella deseó que por lo menos la dejase tomar el café tranquila antes de volver a reanudar el tema.

"Bueno días." Lo saludó acercándose a la cafetera para llenar una taza vacía.

Se sentó en el taburete vacío y dio el primer sorbo mientras escuchaba algún pájaro piar fuera de la casa y el ruido de las hojas del periódico frotarse cuando pasaba a la siguiente. No debería tardar en acabar el café y recoger sus cosas para marcharse a trabajar, pero el lunes se sentía pesado y la pereza no se esfumaba ni con el café. No debería haber pasado todo el fin de semana trabajando con el cansancio acumulado que ya cargaba.

Shinichi se levantó para dejar la taza en el fregadero. "Voy a pasarme por la central, ¿te acerco al laboratorio?" Preguntó con un tono más amable del que esperaba.

Ella asintió y se acabó el café antes de buscar sus cosas y seguirle hasta el coche. Su amabilidad empezó a hacerla sentir culpable por cerrarse tanto a hablar con él. Los temas de la organización siempre la habían incomodado, pero también entendía que para él era importante. Ese sentido de justicia que tenía la había hecho rodar los ojos innumerables veces, pero era un valor valioso para él.

"Fui a estudiar." Comentó ella cortando el silencio del coche.

"¿Qué?" Preguntó apartando un par de segundos la vista de la carretera para mirarla confuso.

"A la isla, fui a estudiar." Especificó. "La organización sintió curiosidad cuando la leyenda de las sirenas y la vida eterna empezó a extenderse poco a poco por todo Japón y me mandaron unos días para comprobar si eso podía tener un mínimo de verdad o una base científica mínimamente sólida e interesante."

Shinichi bajó el volumen de la radio para escucharla con toda su atención, manteniendo silencio para que ella continuase hablando.

"Como tú descubriste dos años después al resolver los crímenes, las leyendas son leyendas, así que al final, como era de esperar, no saqué nada aprovechable de ello." Comentó recordando el tiempo que se había echo pasar por estudiante. "Sin embargo, tanto Gin como yo, nos dimos cuenta bastante rápido de los remedios que preparaban con tanto secretismo y discreción. Y ahí fue cuando descubrimos el alto dominio que tenían con las hierbas medicinales y nos enfocamos en algo distinto a lo que fuimos buscando."

"¿Acaso pretendías buscar la vida eterna?" Preguntó él con una media sonrisa.

"No trabajaba solo para crear un veneno, Kudo. Había muchos proyectos en ese laboratorio." Explicó abriendo la puerta para bajar del coche cuando llegaron al laboratorio, girándose para apoyarse en la ventana antes de marcharse. "Si buscas mi opinión, no creo que sea ningún sobreviviente de la organización. Ellos nunca hubiesen dejado el libro de registro si hubiesen quemado la montaña." Dijo antes de alejarse sin esperar a escuchar su opinión.

Shinichi se quedó mirándola mientras entraba al edificio y se quedó pensando en la declaración que acababa de escuchar. ¿Cómo podía alejarse con esa gracia después de darle esas pinceladas de lo que quería escuchar? Se había quedado con el néctar en la boca y ahora necesitaba pulir sus dudas con más preguntas.

La impaciencia fue algo difícil de controlar, las horas en el trabajo no parecen pasar cuando se tiene ganas de volver a casa, y Shinichi, casi lo celebra cuando al fin se hizo una hora mínimamente digna para ponerse a recoger sus cosas y marcharse de la central. Ahora que había conseguido hablar más abiertamente con ella, quería que se reencontrasen rápido para acribillarla con todas esas preguntas que todavía necesitaban respuesta. Esperó un rato en la entrada del laboratorio antes de verla rodar los ojos cuando lo vio esperándola justo delante del edificio. Se subió al asiento copiloto con una media sonrisa en la cara y se apartó el pelo de la cara mientras dejaba sus cosas.

"¿Qué haces aquí tan pronto?" Preguntó ella antes de ponerse el cinturón.

"Yo también podría preguntártelo. Hoy has salido un poco antes." Contestó devolviéndole la sonrisa.

"He salido antes porqué Sota me ha dicho que llevas media hora aquí abajo." Comentó mirándolo de reojo.

"¿Volvemos a casa entonces?" Preguntó sin dar explicaciones antes de poner el intermitente y reincorporarse en la carretera.

Ella bostezó y él subió el volumen de la radio decidiendo dejarle el trayecto en paz. Se paró por un restaurante de fideos para comprar la cena ya hecha, y pocos minutos después, ya se encontraban en la entrada de la casa.

"¿Reconoces ese coche?" Preguntó ella al ver que el coche que había visto días atrás seguía aparcado nos metros más allá. "Cada día lo aparcan en un sitio distinto, pero siempre está cerca de casa."

"Es por protección, debe ser el FBI." Contestó apagando el coche antes de abrir la puerta para salir.

"¿Acaso estamos en peligro?" Preguntó ella observando unos segundos más el coche antes de salir.

"No lo creo. Imagino que será parte del protocolo por la investigación, ya sabes, por ser quien eras."

"Entonces, supongo que la visita que nos espera en la entrada no viene precisamente a tomar el té" Comentó clavando su mirada en la puerta principal de la casa, observando de arriba abajo al agente del FBI que tan poco le gustaba ver.

Shinichi se asomó confundido con su pregunta y abrió los ojos al encontrarse a Akai y a Jodie justo delante de la puerta de su casa. Cerró con llave el coche antes de dirigirse a la entrada y se paró delante de ellos antes de abrir la puerta.

"Jodie, Akai, ¿A qué viene esta visita inesprada?" Preguntó mirándolos extrañado.

Shiho se había intentado quedar en un segundo plano, tratando de esconderse en la espalda de Shincihi, pero la mirada de Akai sobre ella era molesta y penetrante.

"Queríamos hablar con ella." Contestó Shuichi mirando por detrás de sus hombros. "¿Podemos pasar?"

Shinichi sintió como ella le agarraba del brazo y giró la cabeza para observar lo tensa que se había puesto antes de mirar a su antiguo compañero y asentir. La amistad que tenían, le hizo imposible a Shinichi negarse a dejarle entrar, pero aun así, se sentía algo incómodo cuando giró la llave para abrir la puerta. Encendió las luces camino al salón y entró a la cocina para dejar la bolsa de comida que traía.

"¿Queréis beber algo?" Preguntó al volver al salón.

Akai negó con la cabeza antes de sentarse en el sillón y Jodie le imitó sentándose en el sofá de al lado.

"¿Te sientas con nosotros?" Preguntó Akai mirando a la pelirroja, que se había quedado parada justo en la entrada del salón.

"Tú, como en tu casa." Contestó Shiho frunció el ceño, mordiéndose la lengua para no mandarlo a la mierda antes de decidir acercarse para sentarse en una distancia prudente.

"Supongo que puedes imaginarte porqué estamos aquí." Empezó a hablar Akai ignorando su molestia.

"¿Has venido para fastidiarme el día con tu presencia?" Preguntó levantando la mirada para enfrentarlo por primera vez. "Te sienta fatal el pelo corto."

Shinichi se sintió sorprendido por un momento, hacía mucho tiempo que no escuchaba su tono gélido y su mirada fría. Le recordaba a la chica que tanto había estudiado en todas aquellas imágenes y videos que había analizado de la organización.

Akai medio sonrió al notar que su molestia no había cambiado nada, y no la culpaba, pero estaba ahí por trabajo. "¿No te gusta el cambio? Será porque a ti siempre te han gustado más los de pelo largo."

Shiho se mordió la lengua a la vez que apretaba los puños y apartó la mirada sintiendo repugnancia. Shinichi recordó a Gin y todas esas veces en las que los había visto tan juntos y le entraron ganas de protestar e intervenir en la conversación.

"No tengo nada que ver con lo que ha sucedido en la isla." Contestó ella sin mirarle. Quería que esto fuese rápido y que se marchasen de ahí cuanto antes.

"Ya lo sé, sin embargo, años atrás pasaste un tiempo en ella con la compañía de Gin. ¿Podrías recordármelo un poco?"

"¿Y para qué preguntas algo que ya sabes, Rye?... Indagamos en la leyenda hasta que nos centramos en las plantas medicinales, mi trabajo era estudiarlas para encontrar substancias y propiedades que favorecieran nuestros proyectos activos. No volvimos a visitar la isla nunca más, al menos yo." Explicó a cuentagotas sabiendo que también contentaba las dudas del detective.

Akai se quedó callado unos segundos sin dejar de mirarla.

"Miyano, queremos preguntarte si alguien ha tratado de ponerse en contacto contigo o si has conocido o visto a alguien extraño estas últimas semanas." Intervino Jodie con un tono más amable, intentando calmar la tensión que habían formado.

"No, nada raro." Contestó cruzando los brazos.

"¿Estás segura? Cualquier cosa, por inútil que te parezca, puede ayudarnos." Insistió la rubia de la manera más amable que pudo.

"Completamente segura."

"¿También estás segura de que Gin no tenía pulso antes de que ardiera el edificio?" Preguntó Akai haciendo que todos se sorprendieran.

"¿A qué viene eso? Pues claro que estoy segura." Protestó si entender a qué venía ese cambio en la conversación.

"Ya sabes que el cuerpo no se recuperó después de incendio." Comentó Akai con sus dudas de siempre.

"Shuichi..." Dijo Jodie a ver que su compañero no se rendía con sus suposiciones. Akai siempre había necesitado ver el cuerpo.

Shiho recordaba ese momento a la perfección, recordaba tropezar con su cadáver mientras trataba de huir del edificio, muerto y blanco sobre un charco de sangre. Sus propias manos se habían manchado de su sangre al inclinarse para comprobar su pulso.

"No respiraba, Akai." Contestó segura de sí misma. "Creo que deberíais marcharos. No tengo nada más que deciros."

Shinichi sabía que sobraba en esa conversación, pero no podía marcharse ni aunque quisiera. El ambiente era bastante incómodo y Akai no había conseguido más que cabrear a la pelirroja. Jodie se levantó y segundos después lo hizo su compañero.

"Llámanos si sucede cualquier cosa o si simplemente te apetece hablar." Comentó Jodie entregándole su tarjeta a Shiho antes de que se marchasen.

La casa se quedó en silencio tras su salida y ella se quedó en el sofá pensando. Nunca se había llevado especialmente bien con Akai, pero lo odiaba más después de lo que había pasado con su hermana, por no hablar de que siempre hablaba de más cuando se trataba de Gin.

"¿Estás bien?" Preguntó Shinichi al ver que todavía tenía los puños apretados.

"Sí, genial." Contestó con ironía a la vez que se levantaba del sofá.

"¿Quieres cenar? Tardo solo un par de minutos en calentar la comida."

"No tengo hambre, me voy a ir a la cama." Contestó ella marchándose del salón.

"Espera." La frenó agarrándola del codo antes de que se escapase de su alcance.

"Tampoco continuaré con tu interrogatorio, Kudo."

Shinichi rodó los ojos negándose a soltarla y tiró de ella para acercarla a él y abrazarla. Su cuerpo estaba tenso y él enredó sus manos en su espalda antes de apoyar la cabeza en su hombro.

"No te marches tan rápido, quédate conmigo."